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14 de agosto de 2025

CATEDRAL DE BURGOS 2025

No está muy claro cuantas catedrales católicas hay en España en la actualidad. No debería ser difícil establecer el número, porque el vocablo catedral hace referencia a la iglesia en la que los obispos tienen su sede. Cada uno de estos ostenta la potestad sobre una diócesis, lo que significa que, si el territorio español se divide en 71 diócesis, que eso sí es incuestionable, tendría que haber 71 catedrales activas (en realidad, serían 70, porque hay una diócesis que abarca todo el país, de acuerdo con un criterio diferente, y comparte sede). Sin embargo, en la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia Católica, que se puede consultar en la página web de la Conferencia Episcopal Española, se afirma que hay 87 catedrales. Como no se detallan, no sabemos cuáles son, pero es evidente que existen diócesis que tienen más de una catedral, o, mejor dicho, que cuentan con una catedral y con una concatedral. Las concatedrales son iglesias que tienen obispo y rango de catedral, pero que se encuentran subordinadas a alguna otra catedral principal de la misma diócesis.

Para encontrar un listado razonado de las catedrales españolas, una fuente oficial válida es el Plan Nacional de Catedrales, que se aprobó en 1990 y se revisó en 2012.


El Plan Nacional de Catedrales fue una publicación del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que estableció unas pautas y una metodología a la hora de desarrollar el programa de intervenciones sobre las catedrales españolas, dado que son unos bienes culturales complejos, que requieren actuaciones coordinadas y controladas. Como es lógico, en ese documento se definió qué edificios eran los que se veían afectados por las normas. El problema es que esa relación contiene 93 catedrales. Por tanto, los números, incluso los oficiales, empiezan a bailar. Una de las claves de la variación es que en el plan de conservación se incorporan 7 antiguas catedrales con título canónico y honorífico, que también están sujetas a las medidas de especial protección. En la lista, sí se precisa el nombre de estas. Sin embargo, no se especifica cuáles de las 86 iglesias restantes son catedrales y cuáles son concatedrales.

En consecuencia, se necesita una tercera fuente para averiguar la identidad de las 70 sedes diocesanas y de las concatedrales, y también para intentar esclarecer por qué es diferente el número de iglesias con rango vigente de catedral de la web de la Conferencia Episcopal (87) y la cifra equivalente del Plan Nacional de Catedrales (93 menos 7, es decir, 86). Esa tercera fuente que he usado es la página gcatholic.org, que recoge, de manera exhaustiva, una impresionante cantidad de datos relacionados con la iglesia católica. La web la mantiene y la actualiza desde 1997 un canadiense, llamado Gabriel Chow. En una de sus listas, detalla todas las catedrales del mundo separadas por países, y distingue, además, entre catedrales, concatedrales y antiguas catedrales. 

El tema es que, tras cuadrar las tres fuentes, se podría establecer que existen en España 72 catedrales (ahora explicaré por qué no son 70, que es el número de diócesis que he dicho arriba que tienen una sede concreta), 13 concatedrales (Monzón, Logroño, Cáceres, Mérida, Alicante, Soria, Ferrol, Castellón, Guadalajara, Albarracín, Vigo, Tudela y Ceuta) y 7 antiguas catedrales (son iglesias que ya no son sede de cátedra, y que están en Roda de Isábena, Cádiz, Cartagena, Madrid, Lleida, Vitoria y Salamanca). Además, hay que incluir 3 excepciones en la relación. La primera es la Colegiata Basílica de Santa María de la Aurora de Manresa, que, por lo visto, tiene cabildo desde tiempos muy pretéritos, pero que no tiene a nadie que ejerza la prelatura, no sé por qué, por lo que no es una catedral ni una concatedral. Son también excepciones contempladas en las fuentes la Iglesia Mayor de Baza, que dejó de ser concatedral en 1851, así como la Catedral de Baeza, que es otra rareza, porque tuvo obispo de 1227 a 1249 y no ha perdido del todo su estatus, como sí que le ha pasado a iglesias similares, dado que el cabildo catedralicio de la diócesis de Jaén se compone de canónigos de Jaén y de la propia Baeza. En total, la cifra final es de 95 templos.

Dicho todo esto, quedarían por aclarar dos cosas, por tanto. La primera es por qué hay 72 catedrales, pero solo 70 diócesis con sede independiente. La segunda es por qué nos ha salido un listado de 95 iglesias que, o tienen el rango de catedral, o lo rozan, pero la Conferencia Episcopal habla de 87 y Plan Nacional de Catedrales de 93 (86 más 7).

La primera de las incógnitas es la más fácil de responder. Dejando a un lado el ordinariato para los católicos orientales de España, que es la diócesis 71, pero cuyo obispo es el de Madrid, por lo que comparte sede con la diócesis de la capital, existen 70 diócesis con sede propia. No obstante, hay un par de ellas que, en vez de manejarse con una catedral y con una concatedral, lo hacen con dos catedrales. Se trata de sendas diócesis, en las que la prelatura se asienta en dos catedrales cercanas, por decirlo de otra forma. Las dos diócesis singulares con dos catedrales son la de Zaragoza, que cuenta con la Seo del Salvador y con la Catedral Basílica del Pilar, y la de Calahorra y La Calzada-Logroño. Esta tiene la sede episcopal tanto en la Catedral de Calahorra, como en la de Santo Domingo de la Calzada, además de contar con una concatedral en Logroño.

Aparte, la respuesta a por qué la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia Católica habla de 87 catedrales activas y el Plan Nacional de Catedrales de 86, es algo más enrevesada. Para empezar, ambas cifras comprenden la catedrales (72) y las concatedrales ya enunciadas (13). Sin embargo, la Conferencia Episcopal solo tiene en cuenta además, yo creo, a la Iglesia Mayor de Baza y a la Catedral de Baeza, ignorando a las 7 antiguas catedrales y a la Colegiata Basílica de Manresa. Por su lado, el Ministerio de Cultura suma a las 85 catedrales y concatedrales las 7 excatedrales, la Iglesia Mayor de Baza, la Catedral de Baeza y la Colegiata Basílica de Manresa, pero, en cambio, no incluye en el listado del Plan Nacional de Catedrales las concatedrales de Ferrol y de Vigo. No sé por qué.

Por último, en gcatholic.org se mencionan otras 12 antiguas catedrales, aparte de las 7 ya enumeradas, que fueron sede episcopal durante breves periodos de la historia, pero que no son edificios suficientemente significativos como para que se hayan incluido en el Plan. Yo en esas no voy a entrar.

Fijamos, por tanto, que en España tienen dignidad catedralicia, del todo o en parte, 72 catedrales, 15 concatedrales (sumando las iglesias de Baza y Baeza a las 13) y 7 antiguas catedrales relevantes, más la Basílica de Manresa. Son, en total, 95 grandes edificios. Yo, en este blog he hablado ya de una de las concatedrales (la Catedral Vieja de Salamanca) y de 8 catedrales (he narrado que he entrado en las de Oviedo, Sevilla, San Sebastián, Salamanca, Jaén, El Burgo de OsmaAlbacete y la Almudena de Madrid). También he hecho referencia a visitas pasadas a la Mezquita-Catedral de Córdoba, a la Catedral de Granada y a la Catedral de Zamora. Ahora, por fin, le ha llegado el turno a la Catedral de Burgos.


La Catedral Basílica Metropolitana de Santa María

La Catedral de Burgos es la tercera más grande de España por superficie. Se empezó a construir el 20 de julio de 1221, dos años después de que Fernando III se casara en la anterior catedral románica de Burgos y a todos les diera la impresión de que esta se había quedado pequeña, a pesar de que se había ampliado su cabecera hacía unas décadas.


En la maqueta, se ve como se supone que era el templo románico y hasta donde llegó la ampliación de la cabecera. En 1221, se puso la primera piedra de la nueva catedral, que se empezó por el presbiterio, para poder seguir usando la otra mientras se avanzaba con la sustituta. No obstante, la faena avanzó a buen ritmo, por lo que, apenas una década después del inicio de la construcción del edificio, ya se podía celebrar culto religioso en él, de manera que se demolió la antigua seo. 

40 años después del comienzo de las obras, la nueva Catedral de Burgos pudo ser consagrada, con su estructura básica acabada. Sin embargo, el edificio no ha dejado de sufrir modificaciones de cierta importancia hasta el siglo XVIII. Sus icónicas agujas, por ejemplo, se erigieron entre 1442 y 1458. 


La rotura de gran parte de sus vidrieras en 1813, durante la Guerra de la Independencia, fue la última gran vicisitud que vivió la Catedral de Burgos. Después, los sobresaltos se terminaron para ella, al menos los negativos, ya que, desde el punto de vista positivo, en 1984 se convirtió en la primera catedral española en ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con la cosa de que, aún hoy, es el único templo catedralicio de nuestro país que ostenta esta distinción de forma independiente, sin estar unido a otros edificios o al centro de su ciudad. En 2024, recibió a 425.000 visitantes, lo que certifica que es un referente turístico en España.


Mi primera visita real

Yo quería empezar este post diciendo que le tengo un cariño especial a la Catedral de Burgos, pero me he enrollado un poco con la introducción, por lo que lo digo ahora. La razón de ese apego es que me preguntaron por ella en el examen de historia del arte de selectividad, allá por el Pleistoceno. Puede parecer una tontería, pero aquella mañana del mes de junio de 1996 estaba como un flan, y, al ver en el folio las fotos de la catedral burgalesa, casi di un grito de alegría, porque, no solo la reconocí al instante, lo cual fue básico, sino que, además, es que me sabía el tema de la arquitectura gótica a la perfección. Todos mis conocimientos los apliqué a lo que se veía en las imágenes, y saqué tan buena nota que no lo he olvidado.

El caso es que, a pesar de esa querencia, yo solo había entrado en la Catedral de Burgos una vez. En la ciudad había estado en un par de fugaces ocasiones, y en la segunda pude asomarme al interior del templo catedralicio, pero la visita fue un poco atropellada. Tanto que, hasta hace unos meses, mi único recuerdo de la Catedral burgalesa se parecía más bien a lo que se ve en la siguiente fotografía.


En efecto, la visión de la Puerta de Santa María desde la plaza homónima era todo lo que yo guardaba en la retina de la Catedral de Burgos


Lo cierto es que en mis dos visitas anteriores apenas si había tenido ocasión de recrearme en el edificio, que tiene tres portadas más. El otro día, la que vi mejor, aparte de la de Santa María, fue la del lado sur, que se denomina Pórtico del Sarmental.


Por una pequeña puerta que está a la izquierda del Pórtico del Sarmental, pero al nivel de la Plaza del Rey San Fernando, es por donde se suele entrar en la Catedral hoy día. En nuestro caso, yo había comprado las entradas por anticipado a una hora concreta, pero llegamos un poco tarde, por lo que estuvimos a punto de quedarnos fuera. Por suerte, el personal de la taquilla se portó y nos dejaron acceder al templo por la salida de la tienda. Esta se encuentra situada a la derecha de la Puerta de Santa María.


La tienda de la Catedral es el recuadro pintado en verde no numerado que, en el plano anterior, está situado abajo a la derecha. Aparte, en el magnífico croquis se señalan 33 lugares concretos del templo que merecen ser visitados. Entre ellos, hay 19 capillas. Yo vi 4, pero me faltaron las dos más importantes, que son la Capilla de los Condestables (marcada con un 22) y la Capilla del Santísimo Cristo de Burgos (9).

Sí vi la Capilla de Santa Ana o de la Concepción (12). En ella, destacan dos de las principales joyas artísticas de la Catedral. Son el Sepulcro del Obispo Luis de Acuña, que fue esculpido por Diego de Siloé, así como el Retablo Mayor, que es obra de su padre, Gil de Siloé.

 
En la Capilla del Corpus Christi (26), el elemento estrella es el Cofre de El Cid


Rodrigo Díaz de Vivar fue un caballero castellano que existió realmente. Le llamaban El Cid (el término proviene de sīdī, que significa mi señor en árabe andalusí. La segunda ī actúa como posesivo, así que la palabra sin esa letra quiere decir señor a secas). El Cid murió en 1099, año aproximado en el que se compuso el Cantar del Mío Cid, que está inspirado en parte de su vida.

Por su relevancia, el Cantar del Mío Cid es fundamental, dado que es la primera obra poética extensa de la literatura española. Consta de 3.735 versos. Además, es el único cantar épico castellano conservado casi completo. Aparte, el Cantar lo que hizo fue mitificar la figura de Rodrigo Díaz. En la cultura popular de España, la imagen que ha trascendido de él es la de un guerrero valiente, piadoso, sensato, justo y fiel. Por otro lado, una de las principales virtudes del Cantar es que no incluye demasiados elementos sobrenaturales y expone acontecimientos hasta cierto punto verosímiles, a la vez que refleja con relativa prudencia las hazañas de El Cid, lo que ha ayudado a crear un héroe de talla humana. Más allá de esto, parece claro que el Cantar se ajusta a una clase de literatura que se sigue cultivando hoy día, en la que se funden realidad y ficción. Precisamente, por lo que respecta al cofre, lo que se cuenta acerca de él mezcla una situación verídica (el destierro de Rodrigo Díaz, que se vio obligado a abandonar Burgos con 300 vasallos, y se dedicó a ganarse la vida en plan mercenario) con un pasaje inventado para adornar los hechos y darles interés (en el Cantar, se narra que El Cid necesitaba cash para mantener a sus huestes, por lo que engañó a dos judíos burgaleses, a los que entregó, a cambio de 3.000 marcos, un arcón lleno de arena, diciéndoles que contenía todas sus joyas. Para cuando los judíos lo abrieron, el caudillo y sus mesnadas ya estaba bien lejos con las monedas. Queda patente que lo de engañar y robar a los judíos no era algo indigno en la Edad Media...). El caso es que la historia no es real, y el baúl que hay en la Catedral de Burgos ni siquiera es del siglo XI, sino que data del XIII o del XIV, pero da igual. Supera los 700 años de existencia, y, solo por eso, se merece una ojeada.

Continuando con la visita, también me detuve en la Capilla de la Presentación (8). En ella, llama la atención la talla que se ve en la siguiente foto, abajo a la derecha. Representa a Cristo en pose yacente, a tamaño natural. Sin embargo, lo que más destaca en esa capilla es la Sagrada Familia de Sebastiano del Piombo, que fue un notable pintor renacentista italiano.


Del Piombo fue amigo de Miguel Ángel y no tan amigo de Rafael. El cuadro suyo que se conserva en la Catedral de Burgos, y que se ve en la imagen superior arriba a la izquierda, es de primer nivel.

Aparte, en la Catedral, la Capilla Mayor (16) es el espacio más destacado, como es lógico. En ella sobresale su imponente retablo.


Sobre el crucero, que se encuentra también en la Capilla Mayor, el cimborrio (15) se culmina con una espectacular bóveda con forma de estrella de ocho puntas, que está calada, lo que aligera el peso de la estructura y permite que penetre la luz.


La bóveda que se observa hoy día en la Catedral de Burgos no es la original, porque esta, que se había acabado en torno a 1470, se hundió en la noche del 3 al 4 de marzo de 1539, sin matar a nadie. La actual se concluyó en 1568.


Debajo de la bóveda yacen, como no, El Cid y su esposa, Doña Jimena. Lo que quedaba de ambos fue enterrado ahí en 1921.


Por lo visto, Rodrigo Díaz y su señora reposaban apaciblemente en el Monasterio de San Pedro de Cardeña cuando España fue invadida por los franceses, en 1808. Como consecuencia del paso de las tropas napoleónicas por la zona, algunos huesos fueron llevados a Europa, y los demás se trasladaron a Burgos durante un tiempo, antes de ser devueltos al Monasterio de San Pedro de Cardeña. Al final, en 1835 esta última parte de los restos óseos se volvieron a transportar a Burgos. Por su lado, unos años después se consiguieron recuperar los que los franchutes habían expoliado, y todos juntos se depositaron, en 1921, en el lugar en el que aún están enterrados.

Otras partes de la Catedral de Burgos que vi fueron la Sacristía Mayor (23) y el Claustro. La primera fue remodelada en el siglo XVIII, y presenta un estilo barroco rococó que ya nada tiene que ver con el del resto del edificio.


Con respecto al Claustro, este tiene dos plantas, que salvan el desnivel entre la piso principal de la Catedral y la calle de su lado sur, que se halla a menos altura. Realmente, el Claustro Bajo (33) solo lo vi a través de una ventana del Claustro Alto que estaba un poco abierta.


El Claustro Alto (24) se corresponde con la fila alta de cristaleras de la foto superior. Por dentro, es como una galería interior llena de ventanas, que estaban todas cerradas, salvo la que me sirvió para asomarme y echar la instantánea que acabo de poner.


Aparte, la Catedral de Burgos tiene una serie de elementos muy destacados que no se hallan en ninguna capilla concreta. Uno de ellos es la Escalera Dorada (13), que se ubica en el brazo norte del Transepto. Su factura también se debe a Diego de Siloé. La escalinata permite subir a la Puerta de la Coronería (31), que da acceso al templo por el norte. Por ese lado, la calle no solo se encuentra más elevada que la que bordea por el sur la iglesia, sino que está igualmente más alta que el propio suelo de esta.


Justo enfrente, en el muro del brazo sur del Transepto, destaca el Rosetón que se ubica sobre el Pórtico del Sarmental (1). Se trata de la única vidriera de la Catedral que ha permanecido casi intacta desde que fuera construida, a mediados del siglo XIII.


Otro elemento genial es el conjunto de relieves que hay en el trasaltar. Son cinco espectaculares retablos cincelados en piedra. Los tres del centro son obra de Felipe Vigarny, que los estuvo tallando desde 1497 hasta 1503. Se titulan Jesús con la Cruz a Cuestas, La Crucifixión y El Descendimiento y la Resurrección. Los de los extremos se labraron muchos años después, entre 1679 y 1683. Se deben a la mano de Pedro Alonso de los Ríos, y se titulan La Oración del Huerto y La Ascensión. Todos se ven desde la girola (21).


El último elemento destacado que vi en la Catedral es el Papamoscas (10, aproximadamente). Se trata de un muñeco articulado, que data del siglo XV, y que se encuentra sobre un reloj que está situado cerca del techo. Cuando ese reloj da las horas, el Papamoscas abre la boca y hace sonar una campana. 


Yo lo vi allí arriba, pero no estuve vivo y no pude observar como se mueve. La verdad es que la hora en punto me pilló despistado, y, para cuando me quise dar cuenta, el Papamoscas ya se había detenido. Por desgracia, era tarde y no pude esperar a que se pusiera de nuevo en movimiento.

En realidad, me quedan muchas cosas por ver en la Catedral de Burgos. Cuando tenga la oportunidad de volver, no me costará trabajo seguir por donde lo he dejado.


Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitado CATEDRAL DE BURGOS.
En 2002 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados en Castilla y León: 41'2% (hoy día, confirmada ya esta visita, 58'8%).
En 2002 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados: 26% (hoy día, confirmada ya esta visita, 43%).


12 de agosto de 2025

BURGOS 2025

Al terminar agosto, habré estado dos veces en la casa que mi madre tiene en el municipio de Llanes. La segunda estancia tendrá lugar durante la segunda quincena del mes, pero la primera ya ha acabado. Ha sido breve, dado que en Asturias he pasado apenas tres noches. Sin embargo, en esos días he tenido tiempo de ir a Mieres y a Covadonga, y también me he podido dejar caer, como no, por el propio pueblo de Llanes. No obstante, de lo que voy a hablar ahora, es de la jornada que echamos en Burgos, cuando regresábamos a Sevilla. Fue de lo más completa.


De todas formas, antes de hablar de la capital burgalesa, adonde llegamos a mediodía, quiero hacer referencia a la entrañable experiencia que vivimos por la mañana en Quintanadueñas. Esta localidad de 1.500 habitantes, se encuentra a tan solo 6 kilómetros de la ciudad de Burgos, por lo que está muy vinculada a ella.


El caso es que en Quintanadueñas nació, en 1828, Fernando Calleja, que fue el padre de Saturnino Calleja. De este último ya he hablado en En Ole Väsynyt, no solo porque fue el abuelo de mi abuela, sino también porque se convirtió en una de las figuras más relevantes de la cultura española de la segunda mitad del siglo XIX, gracias a la editorial que fundó. En realidad, Saturnino no nació en Quintanadueñas, sino en Burgos, adonde su familia se había trasladado, pero no perdió el contacto con el pueblo durante su niñez. 

La Editorial Calleja

En 1868, siendo aún un adolescente, Saturnino Calleja se trasladó a Madrid. No tengo muy claro si lo hizo con su familia o solo, pero sí sé que fue en la capital donde el joven se metió en el mundillo de la impresión, de la encuadernación y de la edición de libros. También es seguro que su padre estaba allí en 1876, porque ese año abrió una librería e imprenta en la Calle de la Paz. En 1879, Saturnino le compró el negocio a su progenitor y lo transformó en una editorial. Con el tiempo, llegó a convertirla en la segunda más importante de España (al poco de su muerte, en 1915, con su hijo ya al frente, la Editorial Calleja incluso alcanzó la cima). 

Sin embargo, el mérito de Saturnino Calleja no fue solo que hizo que una pequeña librería acabase siendo la versión decimonónica de la Editorial Planeta, sino que, a la vez que triunfó como empresario, revolucionó el mundo de la enseñanza en España. En efecto, en 1860 en torno al 75% de la población española era analfabeta, con la cosa de que las escuelas estaban muy poco preparadas. Calleja pertenecía a una minoría ilustrada y regeneracionista, que se había percatado de que el retraso de España partía del ínfimo nivel formativo de sus gentes. Para empezar a solucionar tal carencia, el editor se propuso intentar alfabetizar al mayor número posible de personas. Para ello, pensó que lo primero era acercar la lectura a los niños, convirtiéndola en algo atractivo y asequible. Esa es la razón de que acortara su margen de beneficios, para abaratar las publicaciones y para llegar a más lectores, y de que centrara el grueso de su actividad en poner en circulación libros infantiles bien ilustrados, así como clásicos de la literatura universal en versión adaptada.



Además, también dedicó parte de sus esfuerzos editoriales a renovar el escaso y anticuado material escolar con el que contaban los maestros. En definitiva, innovó en los materiales de los libros, en los contenidos y en los procedimientos didácticos, haciendo tiradas muy amplias, que vendía a un precio muy bajo, llegando así a una cantidad de población muy alta. Gracias a él, en gran medida, leer dejó de ser cosa de ricos. Por otro lado, se implicó en la mejora de la enseñanza pública y se comportó como un decidido impulsor de la modernización de la educación en España, hasta el punto de denunciar la precaria situación de las escuelas primarias, de llevar ese debate a las Cortes, y de enfrentarse a los sectores más conservadores por ello.

Por desgracia, la Editorial Calleja languideció tras la Guerra Civil, y acabó desapareciendo en 1958, pero, la mejor prueba de la relevancia de Saturnino Calleja es que, 110 años después de su muerte, la gente sigue diciendo "tienes más cuento que Calleja". Para mí, es un orgullo ser descendiente, aunque sea lejano, de un personaje así.

El Museo Calleja de Quintanadueñas

El caso es que Saturnino Calleja tuvo cuatro hijos y tres hijas. Una de estas últimas, llamada Pilar, tuvo, a su vez, otras dos hijas. La mayor fue bautizada también como Pilar y era mi abuela. Yo hice muchísima vida con ella en mi niñez, así que don Saturnino tampoco me queda tan lejos. No obstante, lo que han montado en Quintanadueñas para honrar la figura del eminente editor no ha tenido nada que ver con mi rama de la familia.


Porque, en efecto, en mayo de 2022 se inauguró en Quintanadueñas un museo dedicado a la figura de Saturnino Calleja. La idea de montarlo partió de uno de sus nietos, Enrique Fernández de Córdoba (un primo hermano de mi abuela), que había recopilado, a lo largo de los años, mucho material sobre su abuelo y lo quería donar. 


En vista de eso, sondeó la posibilidad de que el museo se montara en Burgos, pero, dado que sus autoridades le dieron largas, Gerardo Bilbao, el alcalde de Alfoz de Quintanadueñas, que es como se llama el municipio al que pertenece Quintanadueñas, estuvo vivo y recogió el guante. A raíz de esto, en el pueblo se construyó un edificio que está genial, destinado a albergar el consistorio médico, la biblioteca y la exposición permanente sobre Saturnino Calleja.



La encargada de seleccionar lo más interesante de la donación de Enrique Fernández de Córdoba, así como de darle un sentido a la exposición, fue María Victoria Sotomayor, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, la cual ya había intervenido en un par de muestras sobre Calleja en León y en Burgos. Por su parte, el diseño expositivo corrió a cargo de Alberto Urdiales, ilustrador y doctor en bellas artes, que también donó fondos qué él tenía, relacionados con el editor.


En la actualidad, una vez que el Museo Calleja ya es una realidad, los que tiran del carro en su día a día son Guillermo Martín, que es el bibliotecario municipal, y la escritora Concha Condado, o Emecé Condado, que es el nombre con el que publica. Esta última es vecina de Quintanadueñas.

Una mañana en el museo

Todo esto que he relatado viene a cuento, porque mi madre, que es bisnieta de Saturnino Calleja, no participó para nada en la puesta en marcha del museo, pero se enteró de su existencia poco después de su inauguración, localizó a Concha Condado y le transmitió su deseo de ir con nosotros a verlo. Lo que pasa es que hemos tardado tres años en encontrar el hueco, porque Burgos no nos queda muy a mano. Por fin, este verano cuadramos planes, y mi madre pudo comunicarle a Concha y a Guillermo que íbamos a ir. Tengo que decir que, el recibimiento que nos dieron ambos me dejó impresionado, ya que nos dedicaron gran parte de la mañana, nos enseñaron el Museo Calleja y la biblioteca, y se comportaron con una amabilidad que me alucinó.


Con respecto al Museo Calleja, el mismo es pequeñito, pero transmite seriedad. No es la típica exposición que inspira ternura, por estar montada con más buena voluntad que medios. En Quintanadueñas han hecho las cosas bien, de forma que el museo se encuentra en un edificio moderno y equipado, en el que se ha dedicado una parte a una muestra iluminada de una manera impecable, en la que no faltan las infografías de calidad y los expositores apropiados.


En las vitrinas, se muestran un montón de cosas vinculadas con la vida de Saturnino Calleja y con la trayectoria de su editorial.


Uno de los rincones más curiosos del museo es el que reproduce el despacho en el que trabajaba Saturnino Calleja. Todo lo que se muestra en esa parte de la exposición es original, y realmente estaba en el lugar donde el prócer llevaba a cabo su actividad profesional.


Otra cosa que me llamó poderosamente la atención, además del dibujo original de Forges dedicado a Enrique Fernández de Córdoba que he puesto arriba, fue un ejemplar del ABC del 9 de abril de 2012. En él, se incluyó un autorretrato de Antonio Mingote, que había muerto 6 días antes, en el que hacía referencia a Calleja y a sus cuentos.


Concha y Guillermo nos explicaron la exposición con todo lujo de detalles, por lo que la experiencia fue muy completa.
 
Tarde en Burgos

Y ya, por fin, después de un largo prólogo que no quería dejar de escribir, hemos llegado a Burgos, que era el objeto real del post.


Burgos es la segunda ciudad más poblada de Castilla y León. Cuenta con unos 175.000 habitantes. Se fundó en el año 884, por lo que nunca fue musulmana. No obstante, su origen sí es medieval, y estuvo relacionado con la llamada Reconquista, ya que la idea de Alfonso III de León fue crear un burgo fortificado a orillas del Río Arlanzón, a unos 85 kilómetros de la frontera con los territorios musulmanes en aquella época, la cual rondaba el Río Duero. Se inició así la repoblación de esa zona, que estaba destinada a convertirse en un nudo comunicativo básico, puesto que pasaba por allí la ruta que unía la Meseta con el Cantábrico, con Francia y con el resto de Europa, además del Camino de Santiago. Por tanto, la relevancia de Burgos durante la Baja Edad Media y el principio de la Edad Moderna no fue poca. Eso ha tenido como consecuencia, que el patrimonio gótico que atesora es de primer nivel. A la cabeza de los edificios medievales destaca la imponente Catedral de Santa María de Burgos, a la que le voy a dedicar un post aparte. Junto a ella, sobresale el Monasterio de Las Huelgas, la Cartuja de Miraflores y un buen puñado de iglesias, al igual que un castillo y los vestigios de la muralla. Por otro lado, todas las calles peatonales en las que se encuentran la mayoría de los citados inmuebles, merecen también mucho la pena. 


Por último, dado que Burgos se construyó a orillas del Río Arlanzón, y que este lleva bastante agua a esa altura, en tiempos más modernos se han podido arreglar sus orillas, que también son dignas de un buen paseo.

Con todo esto, lo que quiero decir es que Burgos no se explora en condiciones en un día. Yo, hasta ahora había estado allí dos veces, pero la primera fue un visto y no visto. La segunda también, pero al menos entré en la Cartuja de Miraflores y en la Catedral de Burgos. En esta ocasión, a la tercera, me he parado con un poco más de calma a tomar conciencia de como es la ciudad, pero lo cierto es que me quedan un montón de cosas por ver.

Paseo por el centro y por la orilla del río

Burgos está dividido en 25 barrios y en 3 polígonos industriales, que se integran en 6 distritos. Nosotros almorzamos en el barrio Huelgas-El Pilar, dormimos en Centro Sur y nos paseamos, principalmente, por Casco Antiguo.

Con respecto al almuerzo, nuestra idea era darnos un homenaje a base de lechazo asado, que es lo que pega en Burgos, por lo que acabamos en el Asador Los Trillos. Yo no soy muy de carnaca, la verdad, y, si lo pienso en frío, lo de zamparme un corderito me da un poco de reparo, pero me gusta meterme en el contexto más que nada, y en el corazón de Castilla lo suyo era comer en un sitio así.


Asador Los Trillos es un restaurante bastante poco refinado, como se puede ver. Está en la zona universitaria burgalesa, que se encuentra al suroeste de la ciudad. Sin embargo, para lo que íbamos buscando nos vino de lujo, ya que nos comimos un cordero lechal que habíamos encargado. Tampoco faltó a la mesa una ración de Morcilla de Burgos.


El restaurante donde comimos no fue muy distinguido, pero cambiamos de tercio para dormir, ya que nos alojamos en el NH Collection Palacio de Burgos, que está situado en el barrio Centro Sur.


Como es evidente, me gustó lo de dormir en un hotel de cuatro estrellas, pero no fue eso lo que convirtió en sobresaliente la experiencia en el Hotel Palacio de Burgos. Lo que me encantó, realmente, es que este está ubicado en el antiguo Convento de la Merced.

El Convento de la Merced se construyó a finales del siglo XV y principios del XVI, coincidiendo con los años de esplendor de Burgos. Luego, como tantos otros edificios desamortizados en 1836, el cenobio vivió unos azarosos siglos XIX y XX, ya que fue usado como hospital militar, como academia para ingenieros del ejército y como colegio jesuita. En 2002, se transformó en hotel, y, desde entonces, vive una plácida existencia. Yo he dormido en bastantes establecimientos de la cadena Paradores de Turismo, por lo que sé lo que es alojarse en un inmueble histórico adaptado, y el Hotel Palacio de Burgos no tiene nada que envidiarle a ninguno. El desayuno en el claustro rehabilitado del antiguo monasterio fue de los más flipantes que recuerdo.


Por otro lado, la iglesia del antiguo convento, llamada Iglesia de la Merced, está anexa al hotel, pero se mantiene independiente y no se ha desacralizado. Por eso, no se puede acceder a ella desde dentro del establecimiento hotelero, que yo sepa. Sin embargo, yo la vi abierta, en un momento dado que pasé por delante de su portada, y pude entrar a conocerla.


Por lo que respecta al resto de Centro Sur, el mismo me pareció el típico barrio de ensanche del centro de una gran ciudad. Eso significa, que lo que hay allí son bloques de pisos con muy buen aspecto, que flanquean a amplias calles con comercios de todo tipo.


En realidad, lo que sobresale de verdad de Burgos está al otro lado del Río Arlanzón, aunque uno de sus puentes más destacados, que es el de Santa María, une precisamente Centro Sur con Casco Antiguo.


El Puente de Santa María no es el más antiguo de los nueve puentes que tiene Burgos, porque el de San Pablo parece que tiene un origen anterior, pero, de todas formas, es históricamente el más importante, ya que da al Arco de Santa María, que es el que daba paso al entorno de la Catedral de Burgos desde el exterior de la muralla.



El Arco de Santa María data del siglo XIV, aunque en ese punto había una puerta desde el XI, por la cual salía y entraba en la ciudad El Cid, según se cuenta en el Cantar del Mío Cid.

No obstante, antes de meterse de lleno en el meollo de Burgos, llaman también la atención la sucesión de paseos arbolados que bordean el Río Arlanzón por el lado del casco histórico. Nosotros anduvimos por el tramo denominado Paseo del Espolón, que va pegado a la línea de casas, así como por el que recibe el nombre de Paseo de Marceliano Santa María, que discurre paralelo al primero, pero más cerca del río.


Una vez que se atraviesa el Arco de Santa María, se ve ya la Catedral, pero realmente adonde se llega primero no es la Plaza de Santa María, que está delante de la icónica portada de la seo, sino a la Plaza del Rey San Fernando, que se encuentra en uno de sus laterales.


Al oeste de la Plaza del Rey San Fernando hay unas escaleras, que son las que conducen a Plaza de Santa María. En el centro de esta, la Fuente de Santa María queda totalmente empequeñecida y eclipsada por la grandeza de la Catedral de Santa María de Burgos.


La tercera plaza importante del centro de Burgos es la Plaza Mayor, que no está muy lejos. En parte, su aspecto es el típico de las plazas mayores castellanas, ya que todo su perímetro se encuentra porticado. Sin embargo, presenta la particularidad de que su planta es irregular, y también de que los edificios que se asoman a ella no tienen fachadas uniformes, como pasa, por ejemplo, en lugares como Salamanca, Almagro o Madrid.



Todas las calles que unen esas plazas, así como las que las rodean, son peatonales, lo que convierte el centro de Burgos en un lugar magnífico para pasear, como dije antes. Nosotros dimos una vuelta de día, y también salimos a cenar por allí. Nuestra primera intención fue hacerlo en un sitio que nos habían recomendado, pero estaba hasta la bola y teníamos hambre, por lo que optamos por improvisar. En la terraza donde nos sentamos, yo estuve muy a gusto.


El bar en cuestión se llamaba Tapería El Soportal. Su carta era larga, y me encantó acabar la jornada burgalesa allí. A mí, la misma se me hizo corta, porque, como he dicho, Burgos tiene categoría para ser objeto de una visita más organizada. Tendré que buscar el hueco para volver...


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado BURGOS.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Burgos: 16'7% (hoy día 33'3%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 11'5% (hoy día 36'8%).