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12 de agosto de 2025

BURGOS 2025

Al terminar agosto, habré estado dos veces en la casa que mi madre tiene en el municipio de Llanes. La segunda estancia tendrá lugar durante la segunda quincena del mes, pero la primera ya ha acabado. Ha sido breve, dado que en Asturias he pasado apenas tres noches. Sin embargo, en esos días he tenido tiempo de ir a Mieres y a Covadonga, y también me he podido dejar caer, como no, por el propio pueblo de Llanes. No obstante, de lo que voy a hablar ahora, es de la jornada que echamos en Burgos, cuando regresábamos a Sevilla. Fue de lo más completa.


De todas formas, antes de hablar de la capital burgalesa, adonde llegamos a mediodía, quiero hacer referencia a la entrañable experiencia que vivimos por la mañana en Quintanadueñas. Esta localidad de 1.500 habitantes, se encuentra a tan solo 6 kilómetros de la ciudad de Burgos, por lo que está muy vinculada a ella.


El caso es que en Quintanadueñas nació, en 1828, Fernando Calleja, que fue el padre de Saturnino Calleja. De este último ya he hablado en En Ole Väsynyt, no solo porque fue el abuelo de mi abuela, sino también porque se convirtió en una de las figuras más relevantes de la cultura española de la segunda mitad del siglo XIX, gracias a la editorial que fundó. En realidad, Saturnino no nació en Quintanadueñas, sino en Burgos, adonde su familia se había trasladado, pero no perdió el contacto con el pueblo durante su niñez. 

La Editorial Calleja

En 1868, siendo aún un adolescente, Saturnino Calleja se trasladó a Madrid. No tengo muy claro si lo hizo con su familia o solo, pero sí sé que fue en la capital donde el joven se metió en el mundillo de la impresión, de la encuadernación y de la edición de libros. También es seguro que su padre estaba allí en 1876, porque ese año abrió una librería e imprenta en la Calle de la Paz. En 1879, Saturnino le compró el negocio a su progenitor y lo transformó en una editorial. Con el tiempo, llegó a convertirla en la segunda más importante de España (al poco de su muerte, en 1915, con su hijo ya al frente, la Editorial Calleja incluso alcanzó la cima). 

Sin embargo, el mérito de Saturnino Calleja no fue solo que hizo que una pequeña librería acabase siendo la versión decimonónica de la Editorial Planeta, sino que, a la vez que triunfó como empresario, revolucionó el mundo de la enseñanza en España. En efecto, en 1860 en torno al 75% de la población española era analfabeta, con la cosa de que las escuelas estaban muy poco preparadas. Calleja pertenecía a una minoría ilustrada y regeneracionista, que se había percatado de que el retraso de España partía del ínfimo nivel formativo de sus gentes. Para empezar a solucionar tal carencia, el editor se propuso intentar alfabetizar al mayor número posible de personas. Para ello, pensó que lo primero era acercar la lectura a los niños, convirtiéndola en algo atractivo y asequible. Esa es la razón de que acortara su margen de beneficios, para abaratar las publicaciones y para llegar a más lectores, y de que centrara el grueso de su actividad en poner en circulación libros infantiles bien ilustrados, así como clásicos de la literatura universal en versión adaptada.



Además, también dedicó parte de sus esfuerzos editoriales a renovar el escaso y anticuado material escolar con el que contaban los maestros. En definitiva, innovó en los materiales de los libros, en los contenidos y en los procedimientos didácticos, haciendo tiradas muy amplias, que vendía a un precio muy bajo, llegando así a una cantidad de población muy alta. Gracias a él, en gran medida, leer dejó de ser cosa de ricos. Por otro lado, se implicó en la mejora de la enseñanza pública y se comportó como un decidido impulsor de la modernización de la educación en España, hasta el punto de denunciar la precaria situación de las escuelas primarias, de llevar ese debate a las Cortes, y de enfrentarse a los sectores más conservadores por ello.

Por desgracia, la Editorial Calleja languideció tras la Guerra Civil, y acabó desapareciendo en 1958, pero, la mejor prueba de la relevancia de Saturnino Calleja es que, 110 años después de su muerte, la gente sigue diciendo "tienes más cuento que Calleja". Para mí, es un orgullo ser descendiente, aunque sea lejano, de un personaje así.

El Museo Calleja de Quintanadueñas

El caso es que Saturnino Calleja tuvo cuatro hijos y tres hijas. Una de estas últimas, llamada Pilar, tuvo, a su vez, otras dos hijas. La mayor fue bautizada también como Pilar y era mi abuela. Yo hice muchísima vida con ella en mi niñez, así que don Saturnino tampoco me queda tan lejos. No obstante, lo que han montado en Quintanadueñas para honrar la figura del eminente editor no ha tenido nada que ver con mi rama de la familia.


Porque, en efecto, en mayo de 2022 se inauguró en Quintanadueñas un museo dedicado a la figura de Saturnino Calleja. La idea de montarlo partió de uno de sus nietos, Enrique Fernández de Córdoba (un primo hermano de mi abuela), que había recopilado, a lo largo de los años, mucho material sobre su abuelo y lo quería donar. 


En vista de eso, sondeó la posibilidad de que el museo se montara en Burgos, pero, dado que sus autoridades le dieron largas, Gerardo Bilbao, el alcalde de Alfoz de Quintanadueñas, que es como se llama el municipio al que pertenece Quintanadueñas, estuvo vivo y recogió el guante. A raíz de esto, en el pueblo se construyó un edificio que está genial, destinado a albergar el consistorio médico, la biblioteca y la exposición permanente sobre Saturnino Calleja.



La encargada de seleccionar lo más interesante de la donación de Enrique Fernández de Córdoba, así como de darle un sentido a la exposición, fue María Victoria Sotomayor, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, la cual ya había intervenido en un par de muestras sobre Calleja en León y en Burgos. Por su parte, el diseño expositivo corrió a cargo de Alberto Urdiales, ilustrador y doctor en bellas artes, que también donó fondos qué él tenía, relacionados con el editor.


En la actualidad, una vez que el Museo Calleja ya es una realidad, los que tiran del carro en su día a día son Guillermo Martín, que es el bibliotecario municipal, y la escritora Concha Condado, o Emecé Condado, que es el nombre con el que publica. Esta última es vecina de Quintanadueñas.

Una mañana en el museo

Todo esto que he relatado viene a cuento, porque mi madre, que es bisnieta de Saturnino Calleja, no participó para nada en la puesta en marcha del museo, pero se enteró de su existencia poco después de su inauguración, localizó a Concha Condado y le transmitió su deseo de ir con nosotros a verlo. Lo que pasa es que hemos tardado tres años en encontrar el hueco, porque Burgos no nos queda muy a mano. Por fin, este verano cuadramos planes, y mi madre pudo comunicarle a Concha y a Guillermo que íbamos a ir. Tengo que decir que, el recibimiento que nos dieron ambos me dejó impresionado, ya que nos dedicaron gran parte de la mañana, nos enseñaron el Museo Calleja y la biblioteca, y se comportaron con una amabilidad que me alucinó.


Con respecto al Museo Calleja, el mismo es pequeñito, pero transmite seriedad. No es la típica exposición que inspira ternura, por estar montada con más buena voluntad que medios. En Quintanadueñas han hecho las cosas bien, de forma que el museo se encuentra en un edificio moderno y equipado, en el que se ha dedicado una parte a una muestra iluminada de una manera impecable, en la que no faltan las infografías de calidad y los expositores apropiados.


En las vitrinas, se muestran un montón de cosas vinculadas con la vida de Saturnino Calleja y con la trayectoria de su editorial.


Uno de los rincones más curiosos del museo es el que reproduce el despacho en el que trabajaba Saturnino Calleja. Todo lo que se muestra en esa parte de la exposición es original, y realmente estaba en el lugar donde el prócer llevaba a cabo su actividad profesional.


Otra cosa que me llamó poderosamente la atención, además del dibujo original de Forges dedicado a Enrique Fernández de Córdoba que he puesto arriba, fue un ejemplar del ABC del 9 de abril de 2012. En él, se incluyó un autorretrato de Antonio Mingote, que había muerto 6 días antes, en el que hacía referencia a Calleja y a sus cuentos.


Concha y Guillermo nos explicaron la exposición con todo lujo de detalles, por lo que la experiencia fue muy completa.
 
Tarde en Burgos

Y ya, por fin, después de un largo prólogo que no quería dejar de escribir, hemos llegado a Burgos, que era el objeto real del post.


Burgos es la segunda ciudad más poblada de Castilla y León. Cuenta con unos 175.000 habitantes. Se fundó en el año 884, por lo que nunca fue musulmana. No obstante, su origen sí es medieval, y estuvo relacionado con la llamada Reconquista, ya que la idea de Alfonso III de León fue crear un burgo fortificado a orillas del Río Arlanzón, a unos 85 kilómetros de la frontera con los territorios musulmanes en aquella época, la cual rondaba el Río Duero. Se inició así la repoblación de esa zona, que estaba destinada a convertirse en un nudo comunicativo básico, puesto que pasaba por allí la ruta que unía la Meseta con el Cantábrico, con Francia y con el resto de Europa, además del Camino de Santiago. Por tanto, la relevancia de Burgos durante la Baja Edad Media y el principio de la Edad Moderna no fue poca. Eso ha tenido como consecuencia, que el patrimonio gótico que atesora es de primer nivel. A la cabeza de los edificios medievales destaca la imponente Catedral de Santa María de Burgos, a la que le voy a dedicar un post aparte. Junto a ella, sobresale el Monasterio de Las Huelgas, la Cartuja de Miraflores y un buen puñado de iglesias, al igual que un castillo y los vestigios de la muralla. Por otro lado, todas las calles peatonales en las que se encuentran la mayoría de los citados inmuebles, merecen también mucho la pena. 


Por último, dado que Burgos se construyó a orillas del Río Arlanzón, y que este lleva bastante agua a esa altura, en tiempos más modernos se han podido arreglar sus orillas, que también son dignas de un buen paseo.

Con todo esto, lo que quiero decir es que Burgos no se explora en condiciones en un día. Yo, hasta ahora había estado allí dos veces, pero la primera fue un visto y no visto. La segunda también, pero al menos entré en la Cartuja de Miraflores y en la Catedral de Burgos. En esta ocasión, a la tercera, me he parado con un poco más de calma a tomar conciencia de como es la ciudad, pero lo cierto es que me quedan un montón de cosas por ver.

Paseo por el centro y por la orilla del río

Burgos está dividido en 25 barrios y en 3 polígonos industriales, que se integran en 6 distritos. Nosotros almorzamos en el barrio Huelgas-El Pilar, dormimos en Centro Sur y nos paseamos, principalmente, por Casco Antiguo.

Con respecto al almuerzo, nuestra idea era darnos un homenaje a base de lechazo asado, que es lo que pega en Burgos, por lo que acabamos en el Asador Los Trillos. Yo no soy muy de carnaca, la verdad, y, si lo pienso en frío, lo de zamparme un corderito me da un poco de reparo, pero me gusta meterme en el contexto más que nada, y en el corazón de Castilla lo suyo era comer en un sitio así.


Asador Los Trillos es un restaurante bastante poco refinado, como se puede ver. Está en la zona universitaria burgalesa, que se encuentra al suroeste de la ciudad. Sin embargo, para lo que íbamos buscando nos vino de lujo, ya que nos comimos un cordero lechal que habíamos encargado. Tampoco faltó a la mesa una ración de Morcilla de Burgos.


El restaurante donde comimos no fue muy distinguido, pero cambiamos de tercio para dormir, ya que nos alojamos en el NH Collection Palacio de Burgos, que está situado en el barrio Centro Sur.


Como es evidente, me gustó lo de dormir en un hotel de cuatro estrellas, pero no fue eso lo que convirtió en sobresaliente la experiencia en el Hotel Palacio de Burgos. Lo que me encantó, realmente, es que este está ubicado en el antiguo Convento de la Merced.

El Convento de la Merced se construyó a finales del siglo XV y principios del XVI, coincidiendo con los años de esplendor de Burgos. Luego, como tantos otros edificios desamortizados en 1836, el cenobio vivió unos azarosos siglos XIX y XX, ya que fue usado como hospital militar, como academia para ingenieros del ejército y como colegio jesuita. En 2002, se transformó en hotel, y, desde entonces, vive una plácida existencia. Yo he dormido en bastantes establecimientos de la cadena Paradores de Turismo, por lo que sé lo que es alojarse en un inmueble histórico adaptado, y el Hotel Palacio de Burgos no tiene nada que envidiarle a ninguno. El desayuno en el claustro rehabilitado del antiguo monasterio fue de los más flipantes que recuerdo.


Por otro lado, la iglesia del antiguo convento, llamada Iglesia de la Merced, está anexa al hotel, pero se mantiene independiente y no se ha desacralizado. Por eso, no se puede acceder a ella desde dentro del establecimiento hotelero, que yo sepa. Sin embargo, yo la vi abierta, en un momento dado que pasé por delante de su portada, y pude entrar a conocerla.


Por lo que respecta al resto de Centro Sur, el mismo me pareció el típico barrio de ensanche del centro de una gran ciudad. Eso significa, que lo que hay allí son bloques de pisos con muy buen aspecto, que flanquean a amplias calles con comercios de todo tipo.


En realidad, lo que sobresale de verdad de Burgos está al otro lado del Río Arlanzón, aunque uno de sus puentes más destacados, que es el de Santa María, une precisamente Centro Sur con Casco Antiguo.


El Puente de Santa María no es el más antiguo de los nueve puentes que tiene Burgos, porque el de San Pablo parece que tiene un origen anterior, pero, de todas formas, es históricamente el más importante, ya que da al Arco de Santa María, que es el que daba paso al entorno de la Catedral de Burgos desde el exterior de la muralla.



El Arco de Santa María data del siglo XIV, aunque en ese punto había una puerta desde el XI, por la cual salía y entraba en la ciudad El Cid, según se cuenta en el Cantar del Mío Cid.

No obstante, antes de meterse de lleno en el meollo de Burgos, llaman también la atención la sucesión de paseos arbolados que bordean el Río Arlanzón por el lado del casco histórico. Nosotros anduvimos por el tramo denominado Paseo del Espolón, que va pegado a la línea de casas, así como por el que recibe el nombre de Paseo de Marceliano Santa María, que discurre paralelo al primero, pero más cerca del río.


Una vez que se atraviesa el Arco de Santa María, se ve ya la Catedral, pero realmente adonde se llega primero no es la Plaza de Santa María, que está delante de la icónica portada de la seo, sino a la Plaza del Rey San Fernando, que se encuentra en uno de sus laterales.


Al oeste de la Plaza del Rey San Fernando hay unas escaleras, que son las que conducen a Plaza de Santa María. En el centro de esta, la Fuente de Santa María queda totalmente empequeñecida y eclipsada por la grandeza de la Catedral de Santa María de Burgos.


La tercera plaza importante del centro de Burgos es la Plaza Mayor, que no está muy lejos. En parte, su aspecto es el típico de las plazas mayores castellanas, ya que todo su perímetro se encuentra porticado. Sin embargo, presenta la particularidad de que su planta es irregular, y también de que los edificios que se asoman a ella no tienen fachadas uniformes, como pasa, por ejemplo, en lugares como Salamanca, Almagro o Madrid.



Todas las calles que unen esas plazas, así como las que las rodean, son peatonales, lo que convierte el centro de Burgos en un lugar magnífico para pasear, como dije antes. Nosotros dimos una vuelta de día, y también salimos a cenar por allí. Nuestra primera intención fue hacerlo en un sitio que nos habían recomendado, pero estaba hasta la bola y teníamos hambre, por lo que optamos por improvisar. En la terraza donde nos sentamos, yo estuve muy a gusto.


El bar en cuestión se llamaba Tapería El Soportal. Su carta era larga, y me encantó acabar la jornada burgalesa allí. A mí, la misma se me hizo corta, porque, como he dicho, Burgos tiene categoría para ser objeto de una visita más organizada. Tendré que buscar el hueco para volver...


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado BURGOS.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Burgos: 16'7% (hoy día 33'3%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 11'5% (hoy día 36'8%).


4 de marzo de 2025

ARCOS DE LA FRONTERA 2025

Arcos de la Frontera es como Ronda, en el sentido de que es un pueblo que aúna un tamaño aceptable, con un emplazamiento natural espectacular, y con un entramado urbano histórico precioso y muy bien conservado. Por ello, es un destino turístico de primer nivel. En efecto, a él acuden personas de toda Andalucía, además de una buena cantidad de españoles, e incluso de extranjeros. Al igual que Ronda, está enclavado en un territorio de forma poligonal, cuyos vértices son Sevilla, Córdoba, la costa de Cádiz y la de Málaga, pero, en vez de haber quedado opacada en mitad de la nada, por el brillo de esos gigantes del turismo, Arcos de la Frontera ha sabido hacerse un hueco y construirse un nombre propio. Sin embargo, esto no significa que haya tenido que convertirse en una especie de parque temático. En Arcos, el otro día comprobé que la esencia no se ha perdido.



Hay que reconocer, no obstante, que María y yo fuimos a Arcos de la Frontera en un momento muy propicio. En efecto, el primer día era laborable, y el siguiente salió lluvioso. Si a eso le sumamos que estamos en invierno, pues da como resultado que pasamos en el pueblo gaditano un par de jornadas en las que no estuvimos solos, pero en las que disfrutamos de aquello con un grado de tranquilidad considerable. Basta con decir que, ni para cenar el jueves, ni para almorzar el viernes, tuvimos que reservar sitio, y que ambas comidas las hicimos en dos bonitos restaurantes. En ambos casos, fue llegar y encontrar mesa. Además, nos trataron con cercanía y pagamos poco. Para nada nos sentimos como turistas.

El primero de los restaurantes se denominaba Taberna Jóvenes Flamencos, y su decoración era un canto al tipismo. A mí no me gusta el flamenco, pero tengo que admitir que cada vez lo siento como algo más cercano a mí cultura. Tampoco soy religioso, ni mucho menos taurino, pero me resulta familiar entrar en un bar lleno de imágenes de vírgenes y de cristos. Ni siquiera me choca ver una cabeza de toro en la pared. En la Taberna Jóvenes Flamencos, por tanto, me sentí como en casa.


Con esa pinta y estando en la Calle Dean Espinosa de Arcos de la Frontera, podría pensarse que la Taberna Jóvenes Flamencos era una trampa para guiris, pero lo cierto es que no era así, como he dicho. Además, ofrecían la posibilidad de probar recetas de la gastronomía típica arcense, y yo es lo que hice. En concreto, cené un plato de Abajao.


El Abajao está compuesto de pan, espárragos, patata, cebolla, tomate, pimiento, ajo, aceite y sal. En origen, era un plato de agricultores, en el que se aprovechaba todo lo que había. Ya entonces, los más pudientes le echaban huevo, y así me lo pusieron a mí. Me gustó mucho. Al día siguiente, comimos en el Bar San Marcos, que también me encantó, por su relación calidad-precio, por la amabilidad de su servicio, y por el ambiente del comedor.


Como contrapunto, el primer día almorzamos en el Asador Bar Andalucía, que está junto a un polígono industrial, a la entrada de Arcos. Lo cierto es que salimos de Sevilla tarde, de manera que llegamos a nuestro destino a una hora en la que la necesidad de llenar el estómago ya era patente. Por ello, antes de hacer el check in en el hotel, y sin ponernos a callejear por el pueblo, nos metimos a comer en un sitio al azar. Lo curioso, es que el Asador Bar Andalucía parece ser un restaurante tradicional con una trayectoria dilatada, pero ahora lo regentan unos chinos. Estos, incluso han filtrado unos cuantos platos de su tierra en la carta, aunque la mayoría de la oferta sigue siendo la típica de un bar restaurante poligonero. Yo, sin ir más lejos, me tomé un bocadillo de pollo, tomate y lechuga. Sin embargo, lo de ver un bar de carretera español servido por orientales tuvo un impagable punto surrealista.

Tras esa primera toma de contacto con Arcos de la Frontera, ajena por completo a los estándares turísticos, ya nos metimos de lleno en la parte monumental del pueblo, y nos dirigimos a nuestro hotel, que era el Parador, nada más y nada menos. Cuando era niño, comí en su restaurante con mis padres una vez, pero no había vuelto.


Con el de Arcos, ya he pernoctado en 26 de los 98 Paradores de Turismo que hay (de ellos, en Tordesillas, en Soria y en Salamanca me he alojado dos veces, y en Zafra tres). Los establecimientos de la cadena Paradores siempre intentan destacar por algo, y este sobresale por su ubicación, al borde de la Peña de Arcos. Nosotros no tuvimos la suerte de dormir en las habitaciones que que se asoman al talud, pero nuestras ventanas daban a la Plaza del Cabildo, por lo que no me quejo. Además, desde el salón donde desayunamos sí se divisaba la campiña desde lo alto.


Por desgracia, como el día estaba muy lluvioso, no pudimos desayunar en la terraza, pero después sí nos asomamos al cortado. 



Desde el nivel superior de la terraza del Parador, contemplamos unas vistas espectaculares, que compensaron el hecho de que estuviera cerrada por obras la Plaza del Cabildo. Efectivamente, al Mirador de la Peña Nueva esta vez no pudimos asomarnos, pero disfrutamos de la misma perspectiva desde el Parador.



María y yo tuvimos ocasión de recorrer Arcos de la Frontera con detenimiento, pero antes de relatar lo que vimos, es menester explicar por qué este pueblo es tan especial. El mismo tiene 22.000 habitantes, y se ha extendido bastante, pero su parte más antigua está emplazada encima de un enorme peñón, que sobresale en mitad de una gran llanura, y que, a lo largo de millones de años, ha sido limado por el Río Guadalete, tanto por el norte, como por el sur. En la siguiente foto satélite, se ve como el río llega hasta el espolón rocoso y lo bordea, trazando un amplio meandro que encierra una zona menos abrupta, por la que se ha expandido la población, y que se denomina Barrio Bajo (se muestra dentro del círculo verde).


Debido a la acción erosiva del río, el peñón se ha estrechado mucho en su parte más alta (está marcada con una flecha azul en la imagen).

Por su lado, el casco antiguo de Arcos lo he rodeado con un círculo azul. En él, el epicentro es la citada Plaza del Cabildo, que se encontraba un poco desmejorada por las obras, que según parece se están alargando más de la cuenta, pero que sigue siendo el punto de referencia y el lugar adonde dan varios importantes edificios arcenses, entre ellos el Parador y la Basílica de Santa María de la Asunción. También el Castillo, que es privado y que no se puede visitar, salvo un par de días al año, y de manera muy limitada.



El caso es que Arcos tiene dos amplias zonas modernas, una a cada lado del casco histórico, pero es este el que concentra el mayor interés. Nosotros, la tarde y la noche del primer día ya nos dimos un paseo por él, por lo que disfrutamos de una visión muy pintoresca de su entramado de callejuelas.


No obstante, queríamos sacarle todo el jugo a la población, y para ello es indispensable que alguien que sepa ponga sus rincones en contexto. Por eso, contratamos un tour con la empresa Arcos Tour. Fue un acierto, porque un guía llamado Manuel nos condujo durante dos horas por la zona histórica de la localidad, contándonos un montón de cosas. La visita fue casi personalizada, porque la mañana amaneció lluviosa, por lo que la mayoría de la gente que la tenía reservada por lo visto se rajó. A la cita, solo acudimos nosotros y otra pareja. Luego, resultó que no cayó tanta agua, por lo que pudimos pasear sin problema por las calles arcenses, que estaban muy tranquilas. Manuel, además, era de Arcos, por lo que hizo algo más que soltarnos un rollo aprendido. Teniendo en cuenta la cantidad de gente que saludó, es evidente que ha vivido su pueblo con intensidad.

La ruta la comenzamos en la Cuesta de Belén, que es la empinada calle que conduce, desde la parte noroeste de Arcos, hasta el mismo meollo de su casco histórico. Siguiendo el sentido de la pendiente, subimos a la roca, visitamos los principales emplazamientos del centro, y descendimos un poco por el otro lado, hasta llegar al Mirador de Abades, que se asoma al Barrio Bajo.


En nuestro recorrido, pasamos por un buen número de vistosas calles del centro, y vimos por fuera los edificios más destacados.


Gracias a Manuel, nos enteramos de un montón de curiosidades. Una que me llamó mucho la atención, es que la pendiente de la Cuesta de Belén fue atenuada en 1852, año en el que se derribó la Puerta de Jerez, que era una de las tres que tenía la villa desde la Edad Media. El caso es que, al echarse abajo la citada puerta, se aprovechó para moderar la inclinación de la vía, lo que provocó que quedaran elevados los portones de las casas que estaban en el tramo en el que se rebajaron la calzada y las aceras. Desde entonces, hay viviendas y palacios de la calle que se han construido enteros, a esa nueva altura, pero se ven otros en los cuales se han mantenido las entradas, y lo que se ha hecho ha sido construir escaleras en los zaguanes, así como adaptar las portadas, como se ve en la foto que pongo a continuación. 


Antaño, el nivel del suelo estaba donde acaba la portada de piedra del palacete de la izquierda, y la entrada se ajustaba al marco. Tras la obra de ingeniería, se bajó el portón, se le añadió a las jambas la parte encalada, y se construyó un panel entre el dintel primitivo y la nueva puerta, en el que se puso un azulejo decorativo. Jamás me habría fijado si no me lo hubieran dicho.

Otra curiosidad que Manuel nos explicó, es la del significado del Círculo Mágico que se encuentra delante de la Puerta del Evangelio de la Basílica de Santa María de la Asunción. Se trata de un vestigio de la etapa musulmana de la población, creado en su día por los sufíes, que son los practicantes de una corriente del islam que tiene tendencia al ascetismo, que potencia la espiritualidad, y que tiene una importante base esotérica.  


Por lo visto, en época musulmana el Círculo Mágico se encontraba dentro de la mezquita de la villa, pero, tras la reconquista, dado que parecía claro que iba a ser destruido al convertir la mezquita en iglesia, los que creían en sus propiedades mágicas lo trasladaron, piedra a piedra, al exterior del recinto, con el objetivo de hacerlo pasar por un adorno del suelo. Tuvieron éxito, porque ahí sigue. Manuel nos contó que hay gente que sigue acudiendo allí para beneficiarse de las energías telúricas y cósmicas que dicen que desprende el Círculo. Supongo que saben que, en origen, este estaba a una decena de metros. Es posible que, pese a eso, el dibujo pétreo sea un punto de conexión con energías que emergen en toda esa zona, es decir, que de igual que se plante justo en ese sitio, o en otro cercano. No se. Yo la única certeza que tengo es que las piedras rojas de fuera representan a la tierra y las blancas al cielo. También, que estas últimas tienen unos agujeros que simbolizan las constelaciones.

Lo tercero que me resultó llamativo, de lo que nos contó Manuel, es que en Arcos de la Frontera hay dos iglesias, que rivalizaron por alcanzar la distinción de basílica. Son la Basílica de Santa María de la Asunción, que es la que se llevó el gato al agua, como es evidente, y la Iglesia de San Pedro. La primera es la de la foto que pongo a continuación a la izquierda (la instantánea está tomada desde la ventana de nuestra habitación en el Parador), y la segunda es la de la imagen de la derecha.


La Basílica de Santa María de la Asunción es mayor, aunque su torre está sin acabar. Lo cierto es que, antes de la que se eleva ahora había otra, pero se cayó por culpa del terremoto de Lisboa de 1755. Tras la catástrofe, se empezó a levantar una nueva, pero el proyecto inicial no se culminó. La Iglesia de San Pedro, por contra, a pesar de que también sufrió las consecuencias del cataclismo, sí se terminó por completo. El tema es que, para alcanzar la dignidad basilical, además de por su tamaño, las dos iglesias intentaron destacar por lo que tenían dentro de sus muros, con la cosa de que Santa María de la Asunción la dejaron más armoniosa, mientras que San Pedro ha quedado recargada en exceso, en mí opinión. Como se puede ver a continuación, el interior de la primera es espectacular.


En cambio, sin ánimo de herir susceptibilidades, a mí la Iglesia de San Pedro me gustó menos, porque está demasiado abigarrada. 


De hecho, en Santa María solo se conservan las reliquias de un santo (San Félix), pero en San Pedro hay hasta dos cadáveres momificados, detrás de sendas vitrinas (son San Víctor y San Fructuoso). Por lo visto, dado que las dos iglesias rivalizaban por ser la principal de Arcos, ambas se preocuparon de custodiar reliquias, con la cosa de que, en ese concepto, fue la Iglesia de San Pedro la que se impuso, ya que fue capaz de hacerse con los cuerpos de un par de mártires, mientras que la otra se tuvo que conformar con uno. Eso sí, no está muy claro cual de todos los San Félix y de todos los San Víctor que hay en el santoral católico son los que reposan en Arcos. Tampoco yace en la Iglesia de San Pedro el San Fructuoso de mayor renombre, es decir, que los finados que, con tanto orgullo, se muestran en los templos arcenses más señeros, son beatificados de segunda fila. No importa mucho, porque yo no hice ni intención de mirar de cerca sus restos amojamados. Me da igual quienes fueran.

En cambio, sí me detuve a observar con detenimiento un cuadro que tienen en San Pedro. Dicen que es de Francisco Pacheco. Yo me lo había creído, y, realmente, me hubiera encantado disfrutar de la visión de alguna obra del suegro y maestro del gran Velázquez, pero lo que vi en San Pedro fue una pintura que está hecha papilla, y que se encuentra colocada en un sitio donde se ve de pena.


Por suerte, en el cartel que acompaña al lienzo, titulado San Ignacio de Loyola, han puesto que el autor es Francisco Pacheco, pero, entre paréntesis, han añadido la palabra Atribuido. Menos mal, porque quiero pensar que no estaría conservado en esas condiciones el cuadro, si se supiera con certeza que fue pintado por Francisco Pacheco en 1625.

En resumen, la visita a la Iglesia de San Pedro me pareció interesante, pero más por lo pintoresco que vimos allí, que porque me gustara demasiado. En la Basílica de Santa María de la Asunción también sufrimos a su Rascar Capac particular (los aficionados a Tintín me entenderán), aunque en ella pudimos subir a su torre, lo que compensó el impacto de los detalles gore.



Me encantó ver el interior de la torre, y también contemplar Arcos de la Frontera desde lo alto, en todas las direcciones.

Otro edificio que vimos por dentro fue el Palacio del Mayorazgo. Se construyó en el siglo XVII, y es sede, hoy día, de la Delegación Municipal de Cultura. Lo bueno es que, debido a eso, la casa palacio no solo se halla muy cuidada, sino que también está en uso, ya que en sus múltiples dependencias se encuentran, tanto la Pinacoteca Municipal, como unas cuantas salas que albergan exposiciones temporales y permanentes. De estas últimas, la que más me gustó fue la de la Sala de la Memoria Histórica y Democrática, que se inauguró hace menos de dos años, y que me resultó interesante y emotiva a partes iguales. Sin embargo, lo que me pareció llamativo de verdad del Palacio del Mayorazgo es su laberíntica estructura, organizada a partir de un par de patios porticados preciosos.



Aparte, enfrente de la suntuosa fachada del Palacio del Mayorazgo se encontraba abierta la Capilla de la Misericordia, que está desacralizada, pero que se halla perfectamente conservada, dado que se usa como sala de conferencias.


El segundo día, después de la ruta que hicimos con Manuel, María y yo decidimos ir a ver un par de lugares que no habíamos podido visitar con él, pero que parecían merecer mucho la pena. Para ello, nos dimos un largo paseo, en el que tuvimos que hacer verdaderos esfuerzos para no partirnos la crisma, dado que subimos y bajamos un montón de cuestas, y el suelo empedrado estaba mojado y resbaladizo. La caminata y el riesgo merecieron la pena, porque conseguimos llegar hasta la Puerta Matrera, que es la única puerta que subsiste del recinto amurallado de Arcos, de las tres con las que contó. La misma comunica la parte más antigua del pueblo con el Barrio Bajo. En la actualidad, se encuentra rodeada de viviendas, y tiene encima del arco una pequeña capilla con una imagen.


Al ir hacia la Puerta Matrera, pudimos ver los restos de la Muralla Almohade de la villa. Son muy escasos, y se distinguen regular, pero datan del siglo XII, así que merece la pena echarles un ojo. Otro lugar interesante que vimos, al ir hasta el extremo este del casco histórico, fue el Mirador de la Peña Vieja.


En realidad, la Peña de Arcos tiene un cortado por el lado que da al norte y otro por el que da al sur. Al primero es al que se asoman la Plaza del Cabildo y la terraza del Parador, y se le denomina Peña Nueva. El acantilado que da al norte, en cambio, es conocido como Peña Vieja. De ahí, que el mirador desde el que se contempla se llame Mirador de la Peña Vieja.

El caso es que recorrimos Arcos de la Frontera en un día lluvioso, pero eso fue hasta bueno, porque el agua que cayó no impidió que nos moviéramos por el pueblo, pero creo que sí achantó a mucha gente, por lo que lo vimos todo sin bullicios.


El tiempo que pasamos en Arcos lo aprovechamos lo suficientemente bien, como para ver en condiciones muchos de sus lugares más atractivos. No obstante, es un pueblo que da para algo más. No en vano, es de los sitios que aparecen en cinco de mis siete retos. En concreto, se incluye en los dos andaluces, en los dos españoles, y en el de Tesoros del Mundo. Solo Sevilla, Granada, Córdoba y Arcos de la Frontera pueden decir eso. Lo primero que quiero hacer, el día que pueda volver, es una ruta que discurre a los pies de la Peña Nueva, dado que la Peña de Arcos es Monumento Natural y me gustaría explorarla mejor. Una gran parte ya nos la pateamos, porque está debajo de las calles del casco histórico, y asimismo vi el acantilado desde arriba, pero quiero completar la visita, descendiendo hasta su base por un camino por donde es posible. Cuando haga esto, escribiré el correspondiente post, que duda cabe.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado ARCOS DE LA FRONTERA.
En 1986 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Cádiz: 7'1% (hoy día, confirmada ya esta visita, 78'6%).
En 2005 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 2'2% (hoy día, confirmada ya esta visita, 36'5%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado ARCOS DE LA FRONTERA.
En 1986 (primera visita incompleta), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 2'3% (hoy día, confirmada ya esta visita, 59'1%).
En 1986 (primera visita incompleta), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 0'4% (hoy día, confirmada ya esta visita, 22'4%).

Reto Viajero MONUMENTOS DE ESPAÑA
Visitado ARCOS DE LA FRONTERA.
En 1986 (primera visita incompleta), % de Monumentos Destacados de España visitados en Andalucía: 6'2% (hoy día, confirmada ya esta visita, 81'3%).
En 1985 (primera visita incompleta), % de Monumentos Destacados de España visitados: 4% (hoy día, confirmada ya esta visita, 43%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado ARCOS DE LA FRONTERA.
En 1986 (primera visita incompleta), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 30% (hoy día, confirmada ya esta visita, 50%).
En 1986 (primera visita incompleta), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'6% (hoy día, confirmada ya esta visita, 4'7%).

Reto Viajero MARAVILLAS DE ANDALUCÍA
Visitado ARCOS DE LA FRONTERA.
En 1986 (primera visita incompleta), % de Maravillas de Andalucía visitadas en la Provincia de Cádiz: 5'6% (hoy día, confirmada ya esta visita, 75%).
En 1986 (primera visita incompleta), % de Maravillas de Andalucía visitadas: 1'6% (hoy día, confirmada ya esta visita, 40'5%).