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30 de julio de 2024

ACRÓPOLIS DE ATENAS 2024

En septiembre del año pasado, el gobierno griego decidió limitar el acceso a la Acrópolis de Atenas. Por lo visto, en temporada alta el monumento recibía unos 23.000 visitantes al día de media, y se consideró que la masificación había alcanzado niveles inasumibles. Sin embargo, el tope se dejó en 20.000 personas, por lo que siguen entrando en el recinto más de 1.500 almas cada hora, en época estival. 




Teniendo en cuenta que una hora tiene 3.600 segundos, el hecho de que pasen 1.500 personas en ese tiempo, por el torno que da acceso al recinto vallado de la Acrópolis, significa que, en verano, el pobre artilugio de control gira sin parar cada 2'5 segundos, desde las 8'00 hasta las 19'00. Es de locos.

Con tales datos, está claro que a la Acrópolis, hoy día, no sube uno para sentir el espíritu de Pericles, ni es el sitio en el que se va a padecer el síndrome de Stendhal. Con ver el monumento sin morir en el intento ya va uno sobrado. No obstante, yo visité la mítica colina en el momento de mayor afluencia. Es evidente que el que pueda ir un martes lluvioso de febrero, a las 8 '00 de la mañana, tendrá una experiencia distinta. Por eso, no me voy a centrar demasiado en el discurso de la masificación. El pasado 17 de julio, alrededor de las 16'30, yo también estaba en la Acrópolis como un turista cualquiera. No soy mejor que toda la peña que me encontré allí arriba. La ciudad alta hay que pisarla, al menos una vez en la vida, y yo no he podido ir en otra época del año, igual que tantas personas. No hay más. 


Con todo, hay que decir que la superficie de la Acrópolis es de 3 hectáreas, por lo que, una vez que uno ha dejado atrás los Propileos, se puede mover con relativa soltura por el espacio que circunda los diferentes edificios. 


Por otro lado, yo iba en grupo, y eso es algo que agradecí mucho de cara al acceso, porque me despreocupé de las entradas y no hice colas. En ese sentido, fue bueno ir en una excusión organizada.

Antes de describir lo que vi de la Acrópolis de Atenas, y antes, también, de reflejar mis impresiones con respecto a la misma, voy a introducir el monumento, pero en esta ocasión no me voy a enrollar demasiado. Para entrar en detalles, se puede consultar la Wikipedia, por ejemplo. No obstante, sí tengo que empezar diciendo, que la palabra acrópolis proviene de la unión de dos vocablos griegos, que son ακρος (cima) y πολις (ciudad), por lo que el término hace referencia a la parte más elevada de las ciudades de la Antigua Grecia. En ella, normalmente estaban sus edificios y espacios de mayor importancia. En el caso de Atenas, la excepcional presencia de una prominente meseta en su meollo, convirtió su Acrópolis en el paradigma de la zona alta de las polis griegas.


Hoy día, lo que vemos en la Acrópolis de Atenas se lo debemos al citado Pericles, ya que lo que había antes fue destruido por los persas en el 480 a. C. En ese año, Pericles no era más que un adolescente, pero en el 463 apareció en escena, y de ahí hasta su muerte dominó la política ateniense, y condujo a la ciudad a su apogeo. En relación con la Acrópolis, en sus lustros de gobierno ordenó el inicio de su reconstrucción, encargándole la dirección de las obras a Fidias. Así, a lo largo de su mandato se estructuró el espacio, y se erigieron el Partenón y los Propileos, que son dos de los monumentos que aún definen el complejo. A sus pies, también hizo levantar un Odeón, junto al Teatro de Dioniso

No obstante, tras el fallecimiento de Pericles, en el 429 antes de Cristo, el ritmo constructivo no bajó en la Acrópolis. Después, la ciudad alta ha sufrido un sinfín de vicisitudes, que la han convertido en un formidable yacimiento arqueológico, en el que se pueden ver restos superpuestos de muchas etapas.


Realmente, la Acrópolis está repleta de vestigios de diferentes épocas, por lo que habría muchísimo que explorar allí. Sin embargo, yo, como la inmensa mayoría de los turistas, me tuve que conformar con ver algunos de sus highlights. De ellos voy a hablar, dejando para el futuro, si tengo la suerte de poder regresar, la descripción de otros restos.

El caso es que el actual perímetro vallado de la Acrópolis abarca la ciudad alta, propiamente dicha, así como las laderas de la colina, en las cuales también hay multitud de monumentos. De las dos entradas que tiene ese recinto, nosotros accedimos por la lateral. 


El hecho de entrar por ahí nos permitió pasar por delante de esos monumentos que se desparraman por la ladera de la colina. Sin embargo, no nos paramos. Quizás, el Teatro de Dioniso fue el edificio más notable que tuvimos que ignorar. 


El Teatro de Dioniso dicen que fue el teatro más grande e importante de la Antigua Grecia. Sin embargo, nosotros teníamos el tiempo justo para ver bien los edificios principales de la Acrópolis, así que no perdimos de vista cual era el objetivo.


A la Acrópolis de Atenas solo se puede acceder por un sitio, salvo que se sea Spiderman. Ese lugar de entrada se denomina Puerta Beulé.


La Puerta Beulé fue construida en el siglo III de nuestra era por los romanos, y marcó el inicio de una nueva etapa en la vida de la Acrópolis, en la que pasó a ser considerada como un bastión defensivo en el corazón de Atenas. Cuando se construyó el estrecho pórtico, la escalinata que hay detrás ya existía, aunque la misma también es romana (en este caso, del siglo I). Hasta ese momento, parece que lo que había era una gran rampa. 


En cambio, desde entonces hay que pegarse un buen lote de subir escalones para llegar a los Propileos. Estos sí se erigieron en época de Pericles, y son la tarjeta de presentación del complejo. Hoy día han perdido gran parte de la cubierta, pero siguen ejerciendo de monumental pórtico de entrada a la Acrópolis


Al cruzar los Propileos, es conveniente salirse de la ingente marea humana que los atraviesa constantemente, y detenerse a contemplarlos, porque son una atracción en sí mismos. No obstante, hay que reconocer que cuesta hacer oídos sordos a los cantos de sirena que emite el Partenón, una vez que se accede a la meseta de la Acrópolis.


El Partenón es tan mítico, que atrae como un imán en cuanto se divisa. Rodearlo, mirando con detenimiento sus detalles, es algo indispensable. Sin embargo, tengo que decir que a mí me decepcionó un poco el templo, que está dedicado a Atenea, por varias razones. Para empezar, no se puede entrar en él. No digo que no sea lógico, en aras a su conservación, pero la visita se queda un tanto descafeinada, contemplándolo tan solo desde fuera. Aparte, su fachada este, que es la primera que uno divisa, estaba llena de andamios. 


Por último, está muy desmontado. Esto se sabe de sobra, pero a mí me pareció que es un monumento que gana más cuando se contempla de lejos, ya que desde la distancia es desde donde se aprecia bien la armonía de su estructura, sus tremendas dimensiones y la majestuosidad con la que domina el entorno. De cerca, no me impactó tanto.



Además, hacía mucho calor, y la cantidad de personas que deambulaban por allí, entre las que me incluyo, difuminaban su aura por completo. Algo parecido me pasó con el Erecteón, que es el otro edificio clave de la Acrópolis.



Las famosas Cariátides del Erecteón se me quedaron grabadas en la memoria cuando estudié historia del arte en COU, allá por el Pleistoceno. Por eso, tras rodear el Partenón, me fui directamente a por ese otro templo, y de nuevo la visita me dejó un poco desencantado. Para empezar, las Cariátides son réplicas. Ya era consciente de ello, porque acababa de ver cinco de las seis originales en el Museo de la Acrópolis.


En cambio, lo que no me esperaba era que no pudiéramos acercarnos. En este caso, ni siquiera era posible rodear el templo, para ver bien, al menos, su original estructura. Me tuve que conformar con hacer cola, para poder situarme unos segundos en el punto más próximo posible, y echar una simple foto.


Aparte, como he dicho antes, por la superficie de la Acrópolis se reparten un buen número de restos arqueológicos de diversas épocas, que obligan a que la visita sea un poco ordenada y pausada, si uno quiere enterarse de algo. Yo no pude hacerlo así. No obstante, sí me detuve a ver qué eran un montón de piedras que había junto al Partenón, y me enteré de que pertenecían al Templo de Roma y Augusto, que se levantó durante los primeros años del Imperio Romano, entre el 17 y el 10 a. C. 



Como se puede apreciar en las fotos, se trata de un edificio que está muy derruido. Por eso, hay que verlo con calma, para interpretar lo que son ese montón de columnas y sillares de mármol. Esto, se puede hacer con muchos de los restos de la Acrópolis, porque allí el follón grande se concentra en unos pocos puntos concretos. Sin embargo, hay que ir con tiempo.

Yo hice un amago por regresar a la Acrópolis el día que tuvimos libre en Atenas. De hecho, me planté en las taquillas a las 8'05. Llevaban solo cinco minutos abiertas, pero ya había una cola tremenda, y para acceder al recinto, tras sacar el ticket, también había otra larga fila. Yo, por entrar de nuevo en la Acrópolis no quería sacrificar las demás visitas que quería hacer en la capital helena, así que me marché. Si puedo, volveré.

De todas formas, antes de pasar a hablar del Museo de la Acrópolis, que ya no está dentro de la Acrópolis, pero sí muy cerca, quiero mencionar que en el extremo de esta hay un Mirador, con una imponente bandera encima, en el que merece la pena hacer un alto, para ver desde allí las espectaculares vistas de Atenas.


Con respecto al Museo de la Acrópolis, este estuvo durante décadas en la misma Acrópolis, pero su emplazamiento se había quedado pequeño, por lo que se decidió hacer uno nuevo, fuera del recinto. Finalmente, se hizo tan cerca, que desde su tercera planta las vistas son sensacionales.


En efecto, para el nuevo Museo de la Acrópolis se construyó un moderno edificio, en el barrio de Makryianni, tan solo 300 metros al sur del recinto de la Acrópolis. Se inauguró en el año 2009. Ya sí se considera que los restos del magno yacimiento se conservan en un sitio digno.


El edificio del antiguo museo aún se conserva en la Acrópolis, aunque ahora se utiliza para tareas administrativas. La estructura interior del nuevo, por su parte, pretende recordar a la del Partenón. Quizás haya que echarle un poco de imaginación, pero a mí me gustó mucho.



Dentro del Museo, hay cientos de vestigios encontrados en la Acrópolis. Dada la categoría de ese recinto y su larga historia, el nivel de las piezas expuestas es tremendo. Sin embargo, todo queda eclipsado por los elementos estrella de la colección, que son las Cariátides, de las que hablé arriba, así como los Frontones, el Friso y las Metopas del Partenón. Las primeras se pueden contemplar de cerca, por detrás, por delante y sin límite de tiempo. Antes critiqué que las réplicas del Erecteón se ven de mala manera, pero es de justicia reconocer que, en cambio, las originales están muy bien expuestas.



En la cartela que hay junto a las Cariátides, se atribuye su factura al escultor Alcámenes. De las seis originales, una se la llevó al Reino Unido el diplomático británico Lord Elgin, a comienzos del siglo XIX, y está en el Museo Británico. Las otras cinco se conservan en el de la Acrópolis, aunque una se encuentra mucho mas destrozada que las demás, por culpa de un cañonazo otomano que sufrió el Erecteón, durante la Guerra de la Independencia de Grecia.

Con respecto a las Metopas, al Friso y a los Frontones del Partenón, para hablar de esos elementos es preciso nombrar de nuevo al inglés Lord Elgin, que se llamaba en realidad Thomas Bruce. Este noble escocés, amante de las artes, fue embajador del Reino Unido en el Imperio Otomano, entre 1799 y 1803, lo que le permitió entrar en contacto a fondo con la Acrópolis, y quedarse maravillado por la calidad de sus esculturas. Aunque Lord Elgin ha pasado a la historia como un expoliador de primera, parece que su intención no era mala, a la hora de quedarse con los mármoles del monumento ateniense. Por lo visto, la idea inicial del diplomático fue traer del Reino Unido a una serie de artistas, para que documentaran con detalle el conjunto escultórico de la Acrópolis. Sin embargo, conforme fueron avanzando los meses, Bruce se fue enterando de la cantidad de barrabasadas que se habían cometido con los templos de la ciudad alta, por lo que decidió cortar por lo sano y llevarse lo que pudiera a su civilizado país, en aras de su preservación futura. Para ello, incluso falsificó documentos. Finalmente, además de piezas del Erecteón, de los Propileos y del Templo de Atenea Niké, Lord Elgin se llevó más de la mitad de las decoración del Partenón que había resistido al devenir del tiempo, empezando por 56 de los 115 bloques que tenía el Friso (solo quedaban 97), siguiendo por 15 de las 92 Metopas (sobrevivían 64) y acabando por 19 de las 28 figuras de los Frontones que no se habían echado a perder. Huelga decir, que se llevó lo que estaba en mejor estado. Con los años, Lord Elgin sacó pingües beneficios de lo que se había agenciado, lo que dificulta en mayor medida lo de no considerarlo un saqueador, pero gracias a que vendió su botín al Museo Británico, ahora al menos lo podemos ver en Londres. Por suerte, como no pudo arramplar con todo, en el Museo de la Acrópolis también hay partes de la ornamentación del Partenón. En concreto, de los 160 metros que medía el Friso, se conservan unos 131, de los cuales, redondeando un poco, el 0'8% se encuentran en el Museo del Louvre, el 61'1% están en el Museo Británico y el 38'1% se pueden contemplar en el Museo de la Acrópolis.



Por su parte, las Metopas eran 92, pero solo sobreviven las 64 comentadas. Las 15 de Lord Elgin están el Museo Británico, y el Louvre guarda una. Las 48 restantes están en el Museo de la Acrópolis.


Por último, de las 28 figuras de los Frontones, aparte de las 19 del Museo Británico, las otras 9 están en el museo ateniense.


La polémica con las figuras del Partenón está servida entre Grecia y el Reino Unido. Los británicos no suelen estar por la labor de desprenderse de las cosas de las que se apropian un poco por la cara, como bien sabemos en España, gracias a una colonia de cuyo nombre no quiero acordarme. Por eso, no parece que la diatriba por los mármoles de la Acrópolis vaya a tener fin. Así, nosotros nos tenemos que conformar conque nos hablen en llanito en ese pedazo de la costa de Cádiz, y los griegos no tienen más remedio que hacer lo propio con sus esculturas, y se tienen que resignar a ver en su Museo de la Acrópolis la parte menos lustrosa de ellas. 


Por lo que a mí respecta, me encantaría regresar a la Acrópolis, la verdad. No es para mí una cuenta pendiente, porque considero que vi lo indispensable de ella, pero no puedo negar que me he quedé un poco frío, por la manera de verla, y creo que, realmente, el lugar no lo merece. Por tanto, si tengo la oportunidad de repetir la siguiente foto, será una gran noticia.



Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitada ACRÓPOLIS DE ATENAS.
% de Tesoros ya visitados de Atenas: 50%.
% de Tesoros del Mundo ya visitados: 4'3%.


29 de julio de 2024

ATENAS 2024

Atenas es un puro contraste, y por eso no creo que pueda dejar indiferente a nadie. Por un lado, se trata de una población clave en la historia de la humanidad. Es cierto que hay otras civilizaciones en el mundo, además de la occidental, y, por tanto, no se puede considerar que en Atenas esté ubicado el epicentro de todo, pero es innegable que en ella se gestaron muchos de los planteamientos vitales que definen la cultura europea, y esto, de manera indefectible, hace que se halle en la élite de las ciudades preeminentes a nivel global. Según mi parecer, Atenas fue la polis griega más relevante, y la Antigua Roma bebió de las fuentes la Antigua Grecia, antes de pasar a conquistar Europa y el Mediterráneo. Con los años, varios estados europeos dominaron gran parte del planeta, por lo que la herencia helena ha acabado llegando a la mayoría de los lugares. Actualmente, la mezcla cultural es la nota predominante, pero es innegable que el viejo continente es fundamental en el devenir de la humanidad, y que su germen se localizó en el núcleo urbano sobre el que, hoy día, se sitúa este de la foto.


No obstante, Atenas tiene un lado oscuro, como he dicho. El mismo no está relacionado con la forma en la que trata su pasado, porque los vestigios de este se pueden disfrutar a la perfección. No tengo ninguna queja sobre la manera en la que los atenienses ponen en valor su patrimonio. Es cierto que la Acrópolis estaba masificada, pero en la actualidad todos los lugares míticos del mundo lo están. Ese es un tema aparte. En realidad, el talón de Aquiles de Atenas es que Grecia ha sufrido una crisis económica brutal, de la que ya hablé en el post dedicado al país heleno, y sus consecuencias se ven a tope en su capital. Eso significa que las maravillas arquitectónicas se encuentran a salvo, porque parece que el grueso de los esfuerzos se han centrado en salvaguardarlas, pero estas conviven con la ruina y con el caos. Por desgracia, esto es normal en otros sitios del mundo, pero sorprende verlo en Europa en tan alto grado, y choca percibir tan entremezclados los extremos. Sin ir más lejos, es un hecho que en Atenas la suciedad está por doquier, pero lo que de verdad impacta es toparse con una decena de ratas correteando a su aire por una plaza de la zona noble de la ciudad.


El seto y el parterre de hierba de la foto están situados en el lateral del Museo de Historia Natural, y al fondo a la izquierda, lo que se ve es la Calle Stadiou, que es una de las principales del sector más honorable de la ciudad. Lo de que Atenas es un puro contraste no es una exageración. Lo de las ratas es, quizás, lo más salvaje, pero son muchos los casos que se ven. Por ejemplo, en la Plaza Klauthmonos hay un montón de sintecho acampados, pero en la Calle Skouleniou, que sale de esa plaza, comienza una zona repleta de restaurantes chic, donde la gente come en las terrazas, sin inmutarse porque enfrente haya una veintena de personas sin hogar tiradas por los suelos. Realmente, en cualquier calle se ven indigentes durmiendo entre cartones, y se alternan, con sorprendente frecuencia, negocios de postín, con edificios que se cerraron y se están cayendo. Esa cierta anarquía, los atenienses parecen llevarla con naturalidad. Otra anécdota, protagonizada por el caos, la viví mientras compraba en un supermercado normal y corriente. Resulta que, sin previo aviso, se fue la luz en la manzana, por lo que nos quedamos a oscuras. Se apagaron hasta las neveras. En consecuencia, solté lo que había cogido y me fui, pero no solo yo, sino todos los que se encontraban en las numerosas tiendas de moda de los alrededores.

En definitiva, yo me moví por el meollo de Atenas, no por los barrios, y aun así vi que allí la vida no es fácil para muchos. Sin embargo, hay que decir que no hay sensación de inseguridad, en absoluto, y que la dignidad de los atenienses es patente. Yo salí cada mañana a correr, poco después de las 6'00, y además de encontrarme conque hacía ya un calor apabullante, pude también comprobar como la gente estaba en marcha desde primera hora, e iba a trabajar con una notable buena predisposición.

Yo estuve en Atenas cuatro noches, pero en total solo le dediqué a la ciudad una mañana, una tarde y una jornada completa, aparte de un rato vespertino, tras regresar de una de las excursiones, y otro par de tempranas horas, el día que ya nos íbamos. Como iba en un viaje organizado, la mayoría del tiempo no fui a mi aire, pero el ritmo del grupo me pareció perfecto, por lo que yendo sin compañía no le habría sacado más partido a la estancia.


Además, en la jornada completa a la que he hecho referencia sí tuvimos tiempo libre, los que decidimos quedarnos en la capital, por lo que pude ir a ver cosas que me apetecían, y que no entraban en el plan del grupo.

Antes de pasar a relatar qué es lo que vi en Atenas, voy a explicar con brevedad como está organizada la ciudad. En realidad, el nombre Atenas puede designar a la municipalidad, a la Gran Atenas y al área metropolitana de Atenas. En el siguiente mapa, que he sacado de la Wikipedia, se ven con claridad esos tres niveles, dentro de un cuarto, que sería la periferia llamada Ática.


La Gran Atenas es un área urbana que incluye 40 municipios, entre ellos el de Atenas, y también otros como Marusi, Eleusina o El Pireo. Al área metropolitana abarca, incluso, unos cuantos más. 

Con respecto al municipio de Atenas, que es de lo que voy a hablar, el mismo se encuentra estructurado en siete distritos oficiales, que parecen no tener nombre. Los que sí que están bautizados son el casi medio centenar de barrios en los que se divide la ciudad, pero estos, en cambio, son fruto de una partición oficiosa. Hay más o menos consenso en cuáles son, pero la verdad es que surgen algunas divergencias, acerca de los límites de cada uno. En todo caso, sí tengo claro que yo estuve en Monastiraki, Emporiko Trigono, OmoniaPlaka, Kolonaki, Makryianni, Akadimia, Exarcheia, Thiseio, Syntagma y Pangrati. La mayoría se hallan al noreste de la Acrópolis.


La Acrópolis hace de eje en Atenas, sin que se pueda decir que pertenece a ningún barrio. De los once que he nombrado arriba, unos cuantos solo los pisé para visitar algún edificio puntual. Por ejemplo, en el caso de Pangrati, apenas si estuve en el Estadio Panathinaiko, que está en su extremo norte. A este mítico coliseo deportivo le voy a dedicar un post independiente, por lo que no voy a hablar ahora de él.

Tampoco puedo decir demasiado de Makryianni, que es conocido a veces como Acrópolis, porque se extiende al sur de esta. En consecuencia, la peatonal Calle Dionysiou Areopagitou, que ejerce de borde meridional de la ciudad alta ateniense, es el límite norte del barrio. En este, el principal edifico es el Museo de la Acrópolis, que da precisamente a la citada calle. De nuevo, por tanto, lo único que vi del vecindario fue algo muy concreto, que se halla en uno de sus extremos, para más inri. Además, a la Acrópolis también le voy a dedicar otro post aparte, y, aunque su museo no se encuentra inserto en ella, es innegable que está muy ligado a la misma, por lo que me voy a referir a él en el próximo artículo.

Por lo que respecta a Exarcheia, se trata del barrio más septentrional en el que estuve. Fuimos a él a tiro hecho en autobús, para ver el Museo Arqueológico Nacional


El gran museo arqueológico estatal de Grecia, que es un país top, si hablamos de patrimonio histórico, tiene que ser alucinante seguro. En efecto, el Museo Arqueológico Nacional heleno alberga la mayor y mejor colección de objetos de la Antigua Grecia que existe. Allí, incluso alguien que solo conozca de pasada la historia del arte, encontrará un buen puñado de piezas que le suenen. Una de las más significativas es la Máscara de Agamenón.


La máscara de oro del siglo XVI antes de Cristo, hallada en el Yacimiento Arqueológico de Micenas, podría estar en el Museo Arqueológico de Micenas, pero es tan importante que se llevó al Nacional. Lo mismo ocurre con otras piezas que se muestran en este, como el Diadúmeno, el Jinete de Artemisión, la Estatua de Zeus o Poseidón o la Atenea Varvakeion. Todas se encontraron en diferentes yacimientos, pero se han reunido en la soberbia colección nacional, que yo pude ver muy bien, gracias a las explicaciones de Giordani, el guía que nos acompañaba.



Continuando con los barrios que vi de refilón, hubo dos en los que puse mis pies en sus calles, pero solo en emplazamientos concretos, situados en sus extremos. Fueron ThiseioOmonia. Al primero fui el último día en metro, para comenzar, en la Estatua de Teseo de Georgios Vitalis, una ruta guiada que enseguida se metió en Monastiraki


En Omonia, por su parte, estuve en la modernizada Plaza Omonia, que siempre ha sido la más importante de Atenas. A ella desembocan seis de las principales avenidas de la ciudad, por lo que ejerce de nudo gordiano de la circulación ateniense. Yo cogí allí el metro.


Ni el lugar concreto donde se encuentra la Estatua de Teseo, ni la ajetreada Plaza Omonia, son sitios especialmente bellos, pero me alegra haberlos visto.

De todos los barrios que nombré antes, los seis de los que aún no he hablado son los que realmente visité en condiciones. Se trata de Monastiraki, Emporiko Trigono, Plaka, AkadimiaKolonaki y Syntagma. Para un foráneo, en ellos está lo básico que hay que conocer de Atenas.

Si cogiéramos un mapa y fuéramos de norte a sur, y de oeste a este, el primer barrio que nos encontraríamos, de todos los comentados, sería Akadimia. En él nos alojamos. En concreto, dormimos en el Hotel Titania.

    

Lo que hace único al Hotel Titania es la terraza de su Olive Garden Bar. Este es un bar que tiene unas vistas de la Acrópolis que quitan el sentido. Por la mañana, el desayuno lo servían en sus instalaciones, ubicadas en la undécima planta del hotel, por lo que era posible comenzar el día en un marco incomparable. Por la noche, de igual modo era posible tomar algo viendo iluminado el monumento.



El Hotel Titania se halla en la Calle Panepistimiou. Esta es una de las principales de Akadimia, que no es un vecindario muy grande, pero que sí es bastante relevante, ya que en él están algunos de los edificios más emblemáticos de Atenas. El barrio lo forman cinco avenidas paralelas, rectas y largas, que bordean por el noreste el considerado como casco histórico ateniense. Entre los importantes edificios referidos, se encuentran el que alberga las oficinas del Banco de Grecia, el de la sede central de la Universidad de Atenas, la Biblioteca Nacional griega y la Catedral de San Dionisio Areopagita. Este último inmueble es el único que yo pude ver por dentro, en esta parte de la ciudad. 


Atenas tiene dos catedrales, y la de San Dionisio Areopagita es la católica. Se terminó por fuera en 1865 y por dentro en 1869. Su mayor momento de gloria lo vivió en 1962, cuando se celebró en ella el matrimonio católico entre los futuros reyes de España, Juan Carlos y Sofía.



La Calle Stadiou separa Akadimia de Emporiko Trigono, que es el barrio de las tiendas. En Stadiou es donde vi el parterre con las ratas, por lo que me reafirmo en lo de que ese espectáculo no tuvo lugar en los bajos fondos atenienses, precisamente. De hecho, Emporiko Trigono es, junto con Monastiraki, el eje de la vida comercial y de ocio de Atenas


Emporiko Trigono significa, literalmente, triángulo comercial, por lo que es fácil deducir que es un barrio con forma de triángulo rectángulo. En él, Stadiou ejerce de hipotenusa, la Calle Ermou actúa como cateto por el sur y lo separa de Monastiraki, y la Calle Athinas hace de cateto por el oeste. En los vértices, están tres de las plazas más emblemáticas de Atenas. Son Omonia en el del norte, Monastiraki en el del oeste y Syntagma en el del este. Una cuarta plaza, ya mencionada antes, denominada Plaza Klauthmonos, se erige en centro neurálgico de la zona.


Una de las cosas curiosas de los barrios del centro de Atenas es que, a pesar de que se encuentran llenos de edificios modernos, en ellos se han mantenido intactas varias iglesias centenarias, que están fuera de contexto, pero que, a la vez, le dan a las zonas un toque surrealista y pintoresco. Así, en la Calle Ermou, a caballo entre Emporiko Trigono y Monastiraki, hay una capilla denominada Iglesia de Panagia Kapnikarea


La Iglesia de Panagia Kapnikarea es una de las más antiguas de Atenas. Data del siglo XI, y está formada por la unión de tres partes. La principal está consagrada a la Virgen María


Aparte, tiene adosada una capilla dedicada a Santa Bárbara y un nártex, que es del siglo XII. No obstante, lo más significativo, para mí, es que se trata de una iglesia ortodoxa, que ha sobrevivido en ese sitio a la transformación total del entorno.


En horario comercial, Emporiko Trigono y Monastiraki son un auténtico hervidero de gente. Luego, una vez que cierran las tiendas y las oficinas, allí cobran protagonismo los bares y los restaurantes de diseño.


Merece la pena visitar esos barrios antes de que despierten, para ver detalles que pasan desapercibidos cuando hay cientos de personas alrededor. Sin ir más lejos, yo recorrí entera, muy temprano, la Calle Aiolou, que atraviesa de norte a sur, tanto Emporiko Trigono, como Monastiraki, y a primera hora me percaté de que esa larga artería apunta directamente a la Acrópolis, que se puede vislumbrar al fondo.


Con respecto a Monastiraki, este es el barrio en el que conviven, en más alto grado, el presente y el pasado ateniense. El presente está representado por los cientos de pequeñas tiendas y negocios de restauración que llenan el vecindario. Todos juntos, convierten sus pintorescas callejuelas y plazas en un imán para la gente, que abarrota la Plaza Monastiraki (en la primera foto que pongo abajo), la Plaza Mitropoleos, así como las calles que hay en medio.




Sin embargo, no todo es modernez en Monastiraki, dado que en sus calles ya nos encontramos con vestigios de lo que fue la mítica Atenas de la Antigüedad Clásica. En efecto, allí están los restos de la Biblioteca de Adriano y del Ágora Romana, así como el acceso a la Antigua Ágora. Esta es tan grande, que supera los limites del barrio.

Nosotros, en el recinto de la Biblioteca de Adriano no entramos, y la del Ágora Romana fue, probablemente, la visita más atropellada que hicimos, en la semana que pasamos en Grecia. No obstante, en el poco tiempo que tuvimos, sí pude ver con detenimiento la Torre de los Vientos, que es la estación meteorológica más antigua que se conoce.


La Torre de los Vientos se construyó en el siglo I antes de Cristo, y contaba con un reloj de sol, con un reloj de agua y con una veleta. Sin embargo, se usó poco para menesteres meteorológicos, y, en cambio, tuvo diversas funciones religiosas a lo largo de la historia, que fueron fundamentales para que haya sobrevivido. En el siglo XVIII, las ruinas que circundan al torreón se encontraban bajo tierra, y el propio edificio estaba enterrado hasta la mitad de la puerta. En la actualidad, todo está de nuevo al aire.


Hoy día, la Torre de los Vientos llama la atención por lo bien conservada que se encuentra. No obstante, el Ágora Romana no tiene la entidad de la vecina Antigua Ágora, que fue el corazón de Atenas durante la Antigüedad Clásica. Ese amplio espacio, situado a los pies de la Acrópolis, estaba lleno de edificios públicos, y era el centro de la actividad política, administrativa, judicial, comercial, cultural y social de la ciudad.


En el recinto de la Antigua Ágora, la joya de la corona es el Hefestión. De nuevo, esta edificación de origen griego se usó como iglesia durante mucho tiempo, en este caso hasta el siglo XIX, por lo que se ha conservado bastante bien.



El Hefestión es un templo dedicado a Hefesto, dios de la metalurgia, y a Atenea, en este caso en su faceta de diosa de la artesanía. Eso justifica la presencia de ese gran edificio en un lugar como el Ágora.

Nosotros, tras ver el Hefestión nos dirigimos al Museo de la Antigua Ágora, que está ubicado en la Estoa de Átalo


La Estoa de Átalo estaba aceptablemente bien conservada, por lo que se pudo reconstruir casi igual a mediados del siglo XX. En su interior, me llamó la atención una escupi de niño de hace 2.500 años (Child's Commode, ponía en el cartelito), así como una numerosa colección de Ostraca, que dan fe de que, en la Atenas de la Antigüedad Clásica, a los indeseables se les llegaba a desterrar, mediante un proceso denominado Ostracismo, que consistía en escribir en un trozo de cerámica el nombre de alguien a quien se considerase persona non grata. Si ese individuo llegaba a los 6.000 detractores, se tenía que marchar de la ciudad durante una década.



Entre la Antigua Ágora y la Acrópolis se encuentra el Areópago. Se trata de una gran roca, que está en la misma colina que la que sirve de base a la de la Acrópolis, pero que no tiene un tamaño tan bestial. 


En ella, durante 900 años se reunió el Consejo del Areópago, que dictaba leyes y juzgaba los crímenes importantes. También aparece en la Biblia, que San Pablo pronunció allí un discurso.

Volviendo al barrio de Monastiraki, propiamente dicho, el mismo no solo destaca por sus tiendas y por las ruinas, sino que también tiene interesantes edificios más modernos, que lo convierten, junto con Plaka, en el epicentro turístico ateniense. El principal de esos edificios es la Iglesia Catedral de la Anunciación de la Virgen o Catedral Metropolitana de AtenasSu nombre popular es Mitropoli. Se trata de la catedral ortodoxa de la ciudad.


En este templo, Juan Carlos y Sofía también se casaron en 1962, esta vez por el rito ortodoxo. Está ubicada en la Plaza Mitropoleos.


Si la catedral católica se inauguró en 1865, la ortodoxa tampoco es mucho más antigua, ya que fue consagrada en 1862. Ciertamente, los templos catedralicios no son ningún must en Atenas, pero Mitropoli tuvo para mí el atractivo de que he visto muy pocas iglesias cristianas que no sean católicas. En ese sentido, Monastiraki me pareció un barrio interesante, porque allí entré también en la Iglesia de Agios Eleftherios y en la Iglesia de Santa María Pantanassa. La primera es conocida como Mikrí Mitropoli, porque está al lado de Mitropoli, pero es de menor tamaño.



La Iglesia de Agios Eleftherios es mucho más antigua que el templo catedralicio, aunque hay discrepancias acerca de su año de construcción. Por eso, yo solo voy a decir que es medieval, y así no me equivoco. En todo caso, su principal punto fuerte es que se erigió por completo con materiales reutilizados de otros edificios, por lo que sus muros muestran un curioso collage de relieves, que, pese a su variopinto origen, queda muy armónico.


Por dentro, la Iglesia de Agios Eleftherios es muy sobria, afirmación que me sirve para introducir el otro templo cristiano que vi en Monastriraki, que está en la homónima Plaza de Monastiraki. Se trata de la Iglesia de Santa María Pantanassa.


Por fuera, lo que llama la atención de la Iglesia de Santa María Pantanassa es que el nivel de la plaza ha subido y se ha quedado hundida, pero, lo que impacta de este templo es que su decoración interior es tan abigarrada, que el edificio parece más un trastero que otra cosa.


Siguiendo con los barrios, ya he dicho que Plaka es, junto con Monastiraki, el gran epicentro del turismo en Atenas.  


Una parte del barrio, que es atravesada por la Calle Adrianou, es eminentemente comercial. No cabe duda de que la misma tiene mucha vida, y, como es peatonal, resulta cómodo ir por ella disfrutando del entorno, pero yo no noté demasiada diferencia con lo que había visto en Monastiraki


No obstante, el punto fuerte de Plaka es que su parte meridional empieza a encaramarse por la ladera norte de la colina de la Acrópolis. Por el sur de esta, el barrio de 
Makryianni es mucho más moderno y exclusivo, y está algo menos pegado a la colina, por lo que la zona de Plaka denominada Anafiotika, acapara todo el protagonismo como sector pintoresco ligado al gran monumento ateniense. Por desgracia, esas calles yo no las vi. La próxima vez será.

Lo que sí hice en Plaka fue ir a un restaurante. Lo cierto es que en Atenas todas las cenas las hicimos en el hotel, y solo almorcé un día en la ciudad, por lo que la experiencia culinaria no fue muy amplia, pero sí nos dio para comer en Plaka un mediodía. En concreto, disfrutamos de un agradable rato en la terraza de la Taverna Vyzantino, que está situada en la Plaza Filomousou Eterias.


La Taverna Vyzantino tenía todas las papeletas para ser una trampa para guiris, y además hacía bastante calor, pero la verdad es que comimos muy bien y estuvimos a gusto.

He dejado para el final los dos barrios que me han marcado más en mi visita a Atenas. Lo han hecho por razones diferentes. Son Syntagma y Kolonaki

La palabra griega Syntagma significa Constitución, por lo que es fácil deducir que la Plaza Syntagma del homónimo barrio de la capital de Grecia, es el epicentro simbólico del país, desde el punto de vista político.


La actual Constitución griega data de 1975, pero la primera se dictó en 1843. La Plaza Syntagma acababa de ser diseñada, y se construyó a su vera el Palacio Real, que se terminó, precisamente, en 1843, poco antes de la revuelta que provocó la promulgación de la primera carta magna en Grecia. La monarquía no fue abolida allí hasta 1975, pero el suntuoso edificio ya no era morada de reyes y albergaba el Parlamento desde 1934. Por lo que respecta a la Plaza Syntagma, esta está atravesada por la Avenida Vasilisis Amalias, que la divide en dos. El sector oeste es más bajo, y tiene el aspecto de una plaza normal. El este, por su parte, queda delante del Antiguo Palacio Real, y es donde tiene lugar, cada hora en punto, un pintoresco cambio de guardia, protagonizado por un par de soldados del ejército heleno. Yo no llegué a verlo bien, así que dejo para la próxima la narración de cómo es.

En Syntagma también está el palacio presidencial. No obstante, para mí, lo que destaca en ese barrio es el Jardín Nacional de Atenas. Esa zona verde se halla a la espalda del Antiguo Palacio Real, y mide tan solo 15'5 hectáreas (el Parque del Retiro madrileño ocupa 118, por poner en claro las escalas). Se trata del típico parque decimonónico, montado como un jardín botánico, y conformado por un laberíntico conjunto de caminitos, que desembocan en cuidadas placitas. En él no falta alguna que otra pérgola, ni un lago. A su lado, están el Zappeion y sus Jardines


El Zappeion tiene una dilatada historia olímpica a sus espaldas, y por eso me gustó tanto verlo. Se acabó de construir en 1888, por lo que fue el primer edificio erigido de cara a los Juegos Olímpicos de Atenas 1896. En él, se celebró la competición de esgrima. Posteriormente, ejerció de Villa Olímpica en los Juegos Intercalados de Atenas 1906, y de Centro de Prensa en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. En otro ámbito, en 1979, en su atrio se produjo el simbólico acto de firma, que certificó la adhesión de Grecia a la Comunidad Económica Europea, es decir, al antecedente de la Unión Europea. En la actualidad, se usa para impartir conferencias y para organizar exposiciones.

Por último, en el barrio de Syntagma está la iglesia más pintoresca que vi en Grecia. No es la más bonita, ni destaca demasiado por sí misma, pero es inverosímil el lugar en el que se conserva.


Se trata de la Iglesia de Agia Dinami. Data del siglo XVI, y está ubicada en los soportales de un hotel. Evidentemente, la iglesia es anterior a todo lo que le rodea. Por lo visto, a mediados del siglo XX, el gobierno griego se empeñó en construir en ese lugar un edificio ministerial, y lo terminó haciendo, pero, por suerte, respetó la existencia previa de la capilla. Años después, el ministerio se trasladó, el inmueble se remozó, y hoy día alberga un hotel de 5 estrellas. Más surrealista, imposible.

Para acabar este largo artículo, voy a hablar de Kolonaki, que es el barrio que me falta. En él, vi un museo que me habían recomendado, llamado Museo Bizantino y CristianoEn abstracto, se trata de una institución de primer nivel, porque alberga una de las colecciones de arte bizantino más importantes del mundo. 


Sin embargo, yo soy un completo ignorante en todo lo relativo a esa rama de la historia del arte, por lo que me costó sacarle el jugo a las piezas, a pesar de que llevé a cabo una visita muy calmada. De lo que vi, destacaría los Frescos de la Iglesia de la Dormición de la Virgen. Este templo estaba en un pueblo llamado Episkopi, y desapareció debajo de las aguas del Embalse de Kremasta, cuando se construyó en 1965. 


El edificio pasó a mejor vida tras la construcción de la presa, pero los frescos de los siglos IX, XI y XIII, que decoraban sus paredes, se trasladaron al Museo Bizantino y Cristiano. También intenté fijarme en algún icono, dado que se exponían muchas de esas tablas, que están pintadas con técnica bizantina. 


En concreto, me llamaron la atención el Icono de la Virgen Hodigitria y el Icono del Cristo Pantocrator. Ambos son obras del pintor cretense Miguel Damasceno


Damasceno era paisano de El Greco, y solo tenía entre 5 y 10 años más que él. Este dato a mí me sirve para ponerlo un poco en contexto.

En definitiva, me pegué en el Museo Bizantino y Cristiano bastante rato, y traté de asimilar lo que pude. Pese a que iba solo, lo pasé bien. Sin embargo, el momento más divertido en Kolonaki, y seguramente en todo el tiempo que eché en Atenas, fue el de la subida al Monte Licabeto, que está en medio de la ciudad, y cuya cima se halla a 277 metros sobre el nivel del mar (en la foto inferior, que está tomada desde el Areópago, es la montaña que queda a la derecha)

 

En el municipio de Atenas viven 1.500.000 personas, pero su área metropolitana cuadruplica esa población, lo que explica que no se vean sus límites desde la cima de la montaña. A esta se puede llegar en funicular o andando. Yo subí con Carmen y con Conchi, dos compañeras de mi grupo, en la tarde que tuvimos libre. Nosotros no dudamos en echarle valor y ascender a pie, a pesar del calor que hacía. Eso me permitió recorrer parte de las cuadriculadas calles del meollo de Kolonaki, que se caracteriza por ser uno de los barrios atenienses más elegantes y selectos. El inicio de la subida al monte empezó en sus aceras, pero, en un momento dado, se acabaron las casas y empezamos a serpentear por la colina, hasta que llegamos al Mirador de Licabeto


En la pequeña explanada, que hace las veces de mirador, había muchísima gente, pero, con paciencia, pude acercarme a todos los bordes, y disfruté de unas vistas, al atardecer, que no tienen parangón. Para mí, ese lugar justifica por sí solo una visita a Atenas


Luego, en nuestro caso, como bonus pudimos presenciar la ceremoniosa arriada de la bandera que había en el centro de la pequeña explanada. La llevaron a cabo dos militares, exactamente a las 20'00 horas. Fue un acto muy solemne.




Con las maravillosas panorámicas desde el Monte Licabeto acabo este post. En los dos siguientes voy a hablar de sendos enclaves atenienses, a los que quiero dar una especial relevancia. Son la Acrópolis y el Estadio Panathinaiko.



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