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16 de noviembre de 2023

ALCALÁ DE GUADAIRA 2023

El otro día fui a una actividad organizada, fuera del horario laboral, por la entidad que me da de comer, que es la Universidad de Sevilla. Lo hice de manera voluntaria. Hay gente que preferiría ir a la guerra, antes que gastar su tiempo libre con los compañeros de trabajo o con los jefes, pero ese no es mi caso. El Grupo de Sostenibilidad de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla organizaba una visita a los molinos que se integran en el Monumento Natural Ribera del Guadaira, así como al Barrio de San Miguel de Alcalá de Guadaira, y yo no dudé en apuntarme, después de preguntarle a María. Fuimos los dos con Julia, que no tenía ninguna gana, pero que creo que al final se lo pasó bien. También vino con nosotros mi amiga Ruth, que estaba pasando el fin de semana en casa. Yo, desde luego, me quedé con un sabor de boca sensacional, gracias a la experiencia que vivimos.


Finalmente, el tour por el entorno de los molinos resultó agradable, pero me aportó poco. Lo que hicimos, que fue adentrarnos en la zona que pertenece al Monumento Natural Ribera del Guadaira, y recorrer un pequeño tramo de uno de los senderos que lo atraviesa, viendo por fuera las aceñas que hay allí, yo ya lo había hecho en 2020, tal y como quedó reflejado en este blog. En principio, pensaba escribir un post también sobre esa parte del día, porque creí que íbamos a poder entrar en alguno de los molinos, lo que hubiera sido una novedad. Sin embargo, la visita se limitó a dar un paseo por el camino que va, desde uno de los puntos de acceso al monumento, sito junto al Puente de Jesús Nazareno, hasta el Molino de Oromana.


En medio, nos paramos en un par de ocasiones junto a otros molinos, para escuchar las explicaciones de las guías que nos acompañaron, pero, en realidad, el recorrido fue más breve y menos exhaustivo que el que hice en 2020, por lo que he decidido no dedicarle un espacio individualizado al mismo. Por lo visto, uno de los que venían con nosotros tiene la posibilidad de entrar en algunos molinos, pero esta vez no había tiempo. En consecuencia, esa parte de la excursión se quedó un poco descafeinada, pero a los responsables del Grupo de Sostenibilidad se les ocurrió que, a lo mejor, se puede montar una visita, en unos meses, para ver expresamente las aceñas por dentro. Si eso se hace, trataré de ir, y entonces sí le dedicaré un nuevo post a la ribera del Río Guadaira.

De momento, me voy a centrar en la segunda fase de la visita, que discurrió por Alcalá de Guadaira, y que terminó siendo toda una experiencia.

Alcalá de Guadaira es una ciudad de 76.000 habitantes, que se ha convertido en uno de los núcleos de apoyo habitacional más potentes de la ciudad de Sevilla. No es una ciudad dormitorio, porque, pese a que se encuentra tan solo a 17 kilómetros de la capital, y de que está llena de gente que trabaja en ella, no ha perdido del todo su idiosincrasia y conserva un patrimonio muy importante. El otro día comprobamos ambas cosas.

Antes de contar como fue la visita a Alcalá, es menester ponerla en contexto, porque el Grupo de Sostenibilidad de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, que he mencionado antes, realmente fue el promotor del plan, pero este lo montaron, de manera conjunta, integrantes de la Asociación de Vecinos Tres Arcos y del Proyecto Castillo Vivo. La primera es una de las asociaciones veteranas de Alcalá de Guadaira, hasta el punto de que lleva casi 50 años trabajando por el desarrollo del Barrio de San Miguel, que es uno de los más humildes de la ciudad. Castillo Vivo, por su parte, es una iniciativa puesta en marcha por Palina Seliverstova, que también busca dinamizar ese vecindario. Palina, a pesar de su nombre, es alcalareña, y estudia en la Universidad de Sevilla. Ella, y otras tres compañeras de clase, en el marco de la asignatura Educación Comunitaria y de las Personas Adultas, que pertenece al tercer curso del Grado de Pedagogía, han elaborado un proyecto, que pretende potenciar el cambio social en el Barrio de San Miguel, a través de la participación vecinal y de la visibilización de su riqueza cultural. Ese proyecto lo que desarrolla, en concreto, es una actividad consistente en reunir a grupos, pasearlos por el barrio, haciendo hincapié en su historia y en sus bondades, y conducirlos a La Cueva de Jacinto, para que se integren, entre ellos y con los vecinos de la barriada.

Dicho esto, ahora toca explicar como es el Barrio de San Miguel, y por qué, para visibilizar su patrimonio, es buena idea llevar a los grupos con un guía para recorrer sus calles. El Barrio de San Miguel no tiene orígenes obreros. Está un escalón por debajo. Se formó a principios del siglo XX, cuando se fueron asentando, en las cuevas naturales que hay en la ladera sur de Cerro del Castillo, bajo el paño oeste de las murallas del Castillo de Alcalá de Guadaira, un indefinido número de gitanos, de arrieros y de personas sin apenas recursos. 


Con el paso de los años, y partiendo de las cuevas, el barrio se desarrolló de una manera anárquica, encajonado entre la muralla y el lecho del Río Guadaira, a base de la solidaridad vecinal, sin agua corriente y sin saneamiento. Hoy día, viven allí unas 900 personas. Ya no subsisten, dejados de la mano de Dios y abandonados, pero el vecindario sigue siendo algo más que humilde. Las dificultades económicas y la marginalidad aún lastran su desarrollo.


Evidentemente, el Barrio de San Miguel no es el sitio por donde uno se suele dar un paseo, si va a Alcalá de Guadaira. No obstante, gente como Palina, y como Merchi, que es una de las cabezas visibles de la Asociación Tres Arcos, tienen el propósito de terminar con esa lacra, eliminando el aire de gueto que desprenden lugares así.

Por lo visto, las integrantes del Proyecto Castillo Vivo tienen la intención de llevar a cabo más veces lo que hicieron con nuestro grupo, pero nosotros fuimos los primeros en realizar la actividad. Ellas se dirigieron a Ana y a José Antonio, que son los cabecillas y principales dinamizadores del Grupo de Sostenibilidad de la Biblioteca, y les propusieron que reunieran a un grupo de trabajadores, para que, con sus familiares, rompieran el fuego e inauguraran su proyecto. A mí me apeteció desde el primer momento.

El caso es que, tras acabar el recorrido por el Monumento Natural Ribera del Guadaira, la visita al Barrio de San Miguel comenzó en la Plaza del Perejil, que se extiende a los pies del Cerro del Castillo, no muy lejos del cauce del Río Guadaira. Desde allí, guiados por Merchi, subimos por la Calle Sánchez Perrier.


Después, giramos 180º y enlazamos con la Calle San Miguel, que, como se puede deducir, es la que nos introdujo de lleno en el Barrio de San Miguel.


En un momento determinado, nos topamos con el Arquillo de San Miguel, la verdadera puerta de acceso a lo que era el Arrabal de San Miguel.



El Barrio de San Miguel está coronado por el Castillo de Alcalá de Guadaira. Nosotros subimos callejeando, pero lo normal es atravesar la barriada en coche, por su principal arteria, que es la Avenida del Águila, y aparcar en la explanada que se extiende junto a la fortaleza. 


El Castillo de Alcalá de Guadaira fue una grata sorpresa. Lo cierto es que es una fortificación imponente, que está muy bien conservada.


Los orígenes de lo que se puede ver hoy día se remontan a finales del siglo XII, momento en el que los almohades erigieron una pequeña fortaleza en el extremo oeste del Cerro del Castillo. La misma se fue desarrollando con los años, hasta alcanzar unas dimensiones considerables. Resulta sorprendente que una construcción así esté tan poco valorada en Sevilla, porque no conozco a nadie que la haya visitado, ni me lo han recomendado nunca. Ni siquiera nosotros hicimos una exploración demasiado detallada, ya que en ella nos dejaron a nuestro aire. Eso hizo que pudiera recorrerla bien, pero, a pesar de que nos habían contado un montón de detalles del Barrio de San Miguel, de la fortificación no nos explicaron nada.

Sin alargarme mucho, yo sí quiero hablar de cómo es el Castillo de Alcalá. Para empezar, está rodeado por una barbacana exterior, que encerraba un desaparecido poblado medieval.



La fortaleza está emplazada en un lugar magnífico. Desde lo más alto de ella, las vistas de Alcalá de Guadaira son privilegiadas. Nada más que por eso, merece la pena subir las empinadas escaleras que conducen a la parte superior de algunas de sus once torres.


En el interior del Castillo se distinguen dos patios, separados entre sí. Se denominan Patio de los Silos y Patio de la Sima. Para pasar de uno a otro hay que atravesar la Torre Entrepatios.


Hasta 1812, cruzar la Torre Entrepatios era la única manera de acceder al Patio de los Silos. La fortaleza tiene una estructura un tanto compleja, por lo que, para entender como está organizada, voy a poner una imagen extraída de un folleto que editó hace tiempo el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira.


En la imagen, se ve como el interior del Castillo está dividido en tres partes. La superior es la del Alcázar Real. Nosotros, ese sector nos lo encontramos cerrado.


Más al sur, se encuentra el primer patio que nosotros vimos, al acceder al recinto por la Puerta Real. Se trata de el Patio de los Silos, que es muy diáfano.


El Patio de los Silos está comunicado con el Patio de la Sima por la mencionada Torre Entrepatios. Por la misma se entraba originalmente al Castillo en sí, dado que este empezó estando formado solo por el Patio de los Silos. El Patio de la Sima se estructuró ya a finales del siglo XV, pero el acceso que se le construyó fue la citada Puerta Real. Así, cuando se traspasaba esta, había que bajar hacia el sur por una especie de pasillo, que separaba la muralla exterior de otra interior. Luego, se desembocaba en el Patio de la Sima, y, desde él, a través de la Torre Entrepatios, se llegaba al Patio de los Silos. Fueron los franceses, durante la Guerra de la Independencia, los que se hartaron de dar ese rodeo y abrieron, en la muralla interior, el Acceso de los Franceses, que se encuentra marcado en el croquis que he puesto arriba. Nosotros, es el que usamos. Después, pasamos al Patio de la Sima por la puerta de la Torre Entrepatios.



El Patio de la Sima tiene diversos restos repartidos por su superficie. En efecto, en él se aprecian los cimientos de una casa-palacio, los de unos baños árabes, así como la sima o pozo que da nombre al recinto.



Tras visitar el Castillo de Alcalá, el grupo se volvió a reunir en la puerta, y, desde allí, nos internamos en las profundidades del Barrio de San Miguel. En concreto, nos dirigimos a la Calle Arrabal, donde disfrutamos del rato más interesante de la jornada. 


La Calle Arrabal está dividida en dos partes, debido a la presencia del Postigo del Arrabal, que se ve en la foto inmediatamente superior. La calle bordea el Barrio de San Miguel por el oeste, y da al cauce del Río Guadaira.


Lo más pintoresco de todo el Barrio de San Miguel es lo que se ve al atravesar el Postigo del Arrabal. Allí es donde están las cuevas que dieron origen al suburbio. 


Lo que pasa es que las grutas tienen construcciones anexas, que las cierran, y que agrandan un poco su espacio interior. Por eso, desde fuera solo se ven unos humildes muretes encalados.


Nosotros pudimos ver, por dentro, una verdadera cueva, y también otra simbólica. La primera es la que se encuentra detrás de la puerta negra, en la foto que pongo a continuación. La cueva no estaba habilitada como casa, sino que es utilizada a modo de local de ensayo. En ella se practica y se enseña baile flamenco.


Por otra parte, la cueva simbólica a la que he hecho referencia es La Cueva de Jacinto. Jacinto es un habitante del Barrio de San Miguel, que es todo un referente. Nos lo presentaron así. Regenta un desavío en la misma Calle Arrabal, frente al que tiene un recinto techado, habilitado para que los vecinos echen en él buenos ratos de cerveceo flamenco, pero, además, gestiona, justo al lado, el local al que llaman La Cueva de Jacinto. Se trata del típico espacio para pequeñas celebraciones, con mesas, sillas y una cocinita. En este caso, no es realmente una cueva, pero hace las veces. Está decorado con multitud de aperos y de utensilios tradicionales, como si de un museo etnográfico se tratase.


En La Cueva de Jacinto, Palina, sus tres compañeras, Merchi y algunas personas más, nos dieron de comer, muy rico, por poco dinero. Las bebidas se las compramos al propio Jacinto en su negocio. Fue el lugar de la verdadera convivencia, porque hubo gente del barrio, que estaba de cerveceo en el desavío de Jacinto, que se acabó uniendo a nosotros. Allí, uno sacó una guitarra, y otra se puso a cantar, y los aficionados al flamenco se dispusieron a liarla buena. No fue mi caso. Yo eché una mañana entrañable, pero, aprovechando que teníamos que llevar a Julia a un cumpleaños, tras la comida decidimos marcharnos. Dimos por concluido así un día, en el que pude conocer una serie de sitios, que, a pesar de tenerlos a mano, eran desconocidos para mí. Además, me lo pasé genial.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado ALCALÁ DE GUADAIRA.
En 2003 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales visitadas en la Provincia de Sevilla: 71'4% (hoy día, confirmada ya esta visita en 2013, 100%). 
En 2003 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 21'2% (hoy día, confirmada ya esta visita en 2013, 36%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado ALCALÁ DE GUADAIRA.
En 2003 (primera visita consciente), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 16'2%  (hoy día, confirmada ya esta visita en 2013, 65'7%).
En 2003 (primera visita consciente), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 6'4% (hoy día, confirmada ya esta visita en 2013, 21'7%).


5 de junio de 2020

RIBERA DEL GUADAIRA 2020

Seguramente no hay nadie en España, ni tampoco en el mundo, que sea ajeno a las circunstancias en las que nos hemos visto envueltos en los últimos meses. En concreto, en nuestro país todo quedó en stand by el pasado 15 de marzo, cuando se declaró el estado de alarma para luchar contra la COVID-19, el virus que parece que surgió en China y que se ha extendido por el planeta. Ese 15 de marzo, con el estado de alarma comenzó un periodo de confinamiento obligatorio, que nos ha tenido casi sin salir un total de 57 días. No todos han estado tan encerrados, porque ciertos servicios han continuado funcionando (los sanitarios y los que se dedican a proveer de alimentos a la gente, por ejemplo), pero el grueso de la población se ha pegado semanas en casa. María y yo hemos sido de los que no podíamos cruzar la puerta de la calle para nada que no fuera esencial.

Lejos queda, por tanto, el día en el que escribí el último post en este blog. Dado que el mismo está dedicado a mis experiencias viajeras y a mi actividad atlética, desde el mismo momento en el que nos tuvimos que confinar dejé de poder plasmar algo en él, ya que han estado terminantemente prohibidos los desplazamientos y también hacer deporte fuera de casa (por supuesto, no ha habido carreras de ningún tipo). En la primera fase de la cuarentena, que en Sevilla duró desde el 15 de marzo hasta el 11 de mayo, estaba prohibido salir a la calle salvo para ir a comprar comida, ir a la farmacia, y cosas así. Mi blog, al igual que tantas cosas, durante ese periodo ha estado sin actividad alguna.

El 11 de mayo comenzó la desescalada. Gracias al confinamiento el número de contagios y la cantidad de fallecidos por COVID-19 empezó a descender y se comenzaron a levantar poco a poco las restricciones. Así pues, se decretaron unas fases de desconfinamiento, cuya periodización está siendo diferente según el lugar de España que sea, debido a que no todos los sitios han sufrido por igual el impacto del virus. A día de hoy, en Sevilla estamos a punto de acabar la fase 2, pero en Madrid, por ejemplo, aún están en la 1. En la primera fase ya se puede pisar la calle para algo más que para ir a por comida, pero con muchas limitaciones (ni siquiera está permitido atravesar la linde del propio municipio). En la segunda, que en Sevilla comenzó el 25 de mayo, se avanza otro pasito, por lo que pasa a ser posible salir a cualquier hora y se amplia a la provincia el límite de la movilidad.

Dadas esas circunstancias, yo estaba loco por volver a inventar planes, he sido muy escrupuloso y he mantenido el confinamiento a rajatabla, pero quiero aprovechar los permisos hasta donde se pueda. Aun así, en las primeras jornadas de la fase 2 no había podido hacer nada reflejable en este blog, no tanto por las restricciones, sino más bien por motivos de organización, puesto que volví, en parte, al trabajo presencial el mismo 25 de mayo, y durante mis días libres era menester hacer cosas pendientes. Ya tenía pensado, sin embargo, cual iba a ser el primer plan compatible con la situación. Solo tenía que aparecer el hueco. Este surgió el pasado miércoles 3 de junio.


El caso es que las limitaciones para idear planes son enormes. Aún no se puede cambiar de provincia, no están abiertos los museos y no tiene sentido darse paseos por ningún pueblo en el que permanezcan cerrados los monumentos o la mayoría de los bares, por lo que tuve que rebuscar en mis listas para ver qué podía hacer que estuviera en ellas. Por fortuna, hay un monumento natural en la provincia de Sevilla del que todavía no había hablado, y que es fácilmente accesible desde casa: la Ribera del Guadaira.


El Río Guadaira es un afluente de 110 kilómetros del Río Guadalquivir, que nace en la provincia de Cádiz y que pasa por Alcalá de Guadaira, antes de su desembocadura. Lo más característico del tramo alcalareño es la abundancia de molinos harineros que jalonan el curso del río. 


La importancia de ese patrimonio cultural, así como del patrimonio natural que lo circunda, hicieron que en el año 2011 el trecho que pasa junto a Alcalá de Guadaira fuera declarado Monumento Natural. Mi reto es conocer todas las maravillas que en Andalucía han recibido esa distinción, por lo que esta se encuentra, como es lógico, en la lista. 

Hay que decir, no obstante, que yo ya había estado dos veces en las orillas del Río Guadaira. La primera vez fue en 1986, gracias a una excursión que hice con el colegio, de la cual guardo pocas cosas en mi memoria. La segunda tuvo lugar en 2014. De esta ocasión sí tengo más recuerdos, pero aun así, lo que hice en aquella visita fue ir de pícnic con un grupo de amigos y darme luego un paseo por la ribera del río. No tuve, realmente, pretensiones de explorar el monumento natural. 


Esta vez, sin embargo, sí quería sacarle el jugo al sitio, por lo que empecé por estudiarme previamente como estaba organizado lo que iba a ver y lo que contenía: el Monumento Natural Ribera del Guadaira está conformado por una lengua de 10 kilómetros de longitud, que incluye el lecho del río y su ribera inmediata. 


En ella hay doce molinos harineros, además de una serie de senderos. La margen izquierda del río es transitable en toda su extensión, pero por la derecha hay tramos por los que no se puede pasar. 


Los molinos están a ambos lados, aunque a todos se puede acceder desde la orilla izquierda, que es realmente por donde se transita, si se pretende ir del principio al final del sector declarado Monumento Natural

Nosotros elegimos el miércoles para hacer la rutilla, porque no iba a hacer mucho calor y, además, porque, dadas las circunstancias actuales, los otros impedimentos normales de los días entre semana no se daban: yo esa tarde no curraba, las niñas están sin colegio presencial desde el inicio del confinamiento y las tareas que tienen que hacer en casa las llevan incluso adelantadas, y María tuvo que dejar su trabajo durante la cuarentena, por lo que, pese a que se halla inmersa en el planteamiento de nuevos proyectos, no tiene problema en tomarse libre una mañana cualquiera. En consecuencia, en cuanto amanecimos el miércoles, nos preparamos y tiramos para Alcalá de Guadaira, adonde llegamos a eso de las 10'30 horas.

Para empezar, accedimos al monumento natural por la mitad del mismo, ya que dejamos el coche en el Recinto Ferial de Alcalá de Guadaira, que se encuentra a esa altura en la margen derecha del río. 


Desde allí nos acercamos al Guadaira y lo alcanzamos justo donde está el Molino de Benarosa y la casa del molinero, que tiene no muy lejos. En ese punto el azud del molino permite vadear el río y acceder a la margen izquierda, que, como he comentado, es la que cuenta con la mayor parte de los senderos protegidos.


En esta ocasión, el citado azud estaba seco y pudimos pasarlo por encima sin aventuras, pero recuerdo que en 2014, dado que fuimos a principios de mayo, un poco de agua aún rebosaba la pequeña presa.


El otro día, una vez que llegamos a la orilla izquierda decidimos tirar hacia el norte. El principio por ese lado lo conocía, pero a partir de un recodo que hace el Guadaira ya no sabía qué había, por lo que preferimos ir en esa dirección. El extremo sur del área protegida, por tanto, lo dejamos para la próxima.

En la parte que recorrimos los senderos están perfectamente habilitados. Nosotros intentamos ir cerca del cauce, por lo que en ocasiones abandonamos el camino estándar, pero en ningún momento tuvimos que meternos por lugares complicados.


Como he dicho, la zona preservada a lo largo de los 10 kilómetros incluye solo el cauce del río y su terreno inmediatamente aledaño. Hay un tramo, no obstante, en el que el espacio incluido en el monumento natural sí se ensancha un poco, para dar cabida a los Pinares de Oromana, un bosque de pinos del que se ha querido salvaguardar su riqueza botánica típica. Allí es donde estuvimos en 2014, disfrutando de nuestro picnic, por lo que esta vez no nos internamos en el pinar.


Conforme avanzamos fuimos viendo los diferentes molinos que forman parte del monumento. Tras el de Benarosa, el siguiente con el que nos encontramos fue el Molino de San Juan, que está en la orilla derecha y al que solo nos acercamos al final, ya que por su azud fue por donde cruzamos el río, camino del coche, al acabar nuestra ruta.


A continuación, de nuevo en nuestra orilla pasamos por debajo del arco del Molino de Oromana, que no se alimenta del agua del cauce del Guadaira, sino de un manantial que va a dar a él (de ahí que tenga un canal bajo el que se pasa).


Más adelante vimos el Molino del Algarrobo, que está justo antes del llamado Camino del Bosque, un tramo de 600 metros con abundante vegetación.


En la actualidad, todos los molinos están sin uso y permanecen cerrados (uno incluso estaba cegado, los demás tienen rejas y están vacíos, aunque se ve perfectamente que por dentro están rehabilitados).


Nosotros fuimos siguiendo siempre el camino más pegado al río, ignorando las bifurcaciones. El siguiente que vimos fue el Molino de la Tapada, que también se alimenta de un manantial cercano.


Hacia el norte, yendo por tierra, el monumento se compone, en realidad, de dos sectores, ya que en un momento dado se llega a un punto en el que hay que salir de la zona protegida y subir a la parte urbana de Alcalá, para sortear un puente que no se puede cruzar por debajo. 


Luego, en seguida se retoma el sendero, por el otro lado de la embocadura del puente, y se vuelve a la zona considerada Monumento Natural. Ese segundo tramo está más preparado y tiene pinta de parque urbano.



En ese sector se acerca uno bastante a los pies del Castillo de Alcalá.


Nosotros continuamos caminando, hasta que llegamos al Puente del Dragón, que es famoso por la originalidad de su forma. Este sí se puede atravesar por debajo, allí hay una agradable zona de hierba en la que nos paramos a comernos nuestra media mañana. 




Después del ratito de descanso, seguimos un poco más y vimos el Molino de Vadalejos. Aún era posible continuar, pero nosotros ya nos volvimos.



La ida y la vuelta nos llevaron unas dos horas y media. En total, recorrimos un tramo de unos 4 kilómetros y vimos seis molinos. La zona central del monumento natural la doy por explorada, queda pendiente, para el futuro, visitar sus extremos sur y norte.




Decir, por último, que me gustó el ambiente que me encontré. Dadas las circunstancias, iba con un poco de respeto. La tesitura en la que estamos inmersos es histórica, es un golpetazo de dimensiones brutales, que ha tenido lugar a escala mundial. No es ninguna broma y no sabía con lo que me iba a topar. Por fortuna, vi bastante gente, incluso familias, lo cual me quitó el miedo de que hacer algo de senderismo, en medio este trance, sea una excentricidad, pero, por otro lado, no vi tantas personas como para que la situación me causara rechazo, ya que no había visos de masificación y se mantuvieron las medidas de distanciamiento que son pertinentes.


Reto Viajero MARAVILLAS DE ANDALUCÍA
Visitado RIBERA DEL GUADAIRA.
En 1986 (primera visita), % de Maravillas de Andalucía visitadas en la Provincia de Sevilla: 12'5% (hoy día 62'5%).
En 1986 (primera visita), % de Maravillas de Andalucía visitadas: 2'4% (hoy día 35'5%).