Mostrando entradas con la etiqueta Anfiteatro Romano de Itálica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anfiteatro Romano de Itálica. Mostrar todas las entradas

20 de mayo de 2024

ANFITEATRO ROMANO DE ITÁLICA 2024

En junio del año pasado visité el Anfiteatro Romano de Itálica, porque quería hablar de él en este blog. En aquella ocasión, hice un somero repaso de las veces que había estado en el Conjunto Arqueológico de Itálica. También relaté la evolución histórica del antiguo asentamiento romano, y de su principal edificación, que a diferencia de las casas italicenses, nunca llegó a verse enterrada del todo, dadas sus dimensiones. Por último, describí un poco la estructura del coliseo, gracias a que lo estuve explorando con detenimiento. Pese a esto, el reconocimiento que llevé a cabo fue el estándar. Me resultó interesante, porque las ruinas se encuentran abiertas al público en gran parte, y porque, además, se pueden recorrer con independencia, pero es evidente que hubo sectores del monumento a los que no pude acceder. Entonces, tampoco me acompañó nadie que me ilustrase sobre lo que fui viendo. 

El caso es que en 2023 me quedé satisfecho con la visita que realicé, y no parecía que fuera a tener la posibilidad, a corto plazo, de profundizar en el edificio. Sin embargo, hace unas semanas surgió una magnífica ocasión para ver Itálica y su Anfiteatro de una manera un poco especial. Resulta que María, que es archivera y ha desarrollado proyectos en multitud de organismos y entidades, recibió el encargo de organizar un fondo fotográfico que han donado al Conjunto Arqueológico de Itálica. En consecuencia, durante un mes y pico va a ir a currar, de lunes a viernes, a las oficinas del yacimiento, con la cosa de que ha conocido a su director, a los arqueólogos y a todos lo que trabajan en ese singular emplazamiento. Eso le dio la oportunidad de unirse a dos actividades especiales, que tuvieron lugar allí hace unos días. La segunda fue de carácter público, pero la primera fue totalmente privada. Por descontado, yo aproveché la coyuntura para engancharme a ellas, y obtener así una visión detallada de una de las mayores maravillas que nos ha dejado el mundo romano. Aparte, el pasado viernes regresé a Itálica por tercera vez, para acabar de explorar yo solo sus entresijos, y también los del Anfiteatro.


Sin duda, de las tres visitas al Anfiteatro, la más especial fue la privada. En ella, el mayor privilegio que disfruté fue el de poder bajar a la Fossa Bestiaria del coliseo. Este espacio, que se abre en mitad de la Arena, en su día estuvo cubierto por una tarima de madera, y albergaba la tramoya que permitía, entre otras cosas, salir a los animales en los espectáculos en los que estos intervenían. 




Yo, hasta ahora siempre había visto desde arriba el agujero, pero es posible bajar a él. Lo pude hacer, porque Daniel González Acuña, el director del Conjunto Arqueológico, organizó la citada visita privada, en la que él mismo hizo de guía para los colegas de trabajo de su mujer. Algunos de estos, en el pasado también han sido compañeros de María, e incluso míos, durante un tiempo. En consecuencia, la suerte quiso que, ni ella ni yo, estuviéramos de pegote en ese grupo. Es cierto que nos sumamos a la comitiva de pura chiripa, debido a que María está desempeñando en la actualidad sus labores profesionales en Itálica, pero, en última instancia, nuestra presencia en la comitiva fue de lo más normal.
 
Lo que vimos del yacimiento en esta visita tan especial lo voy a contar en el próximo post, que voy a dedicar a Santiponce, pero, con respecto al Anfiteatro, en este sí quiero resaltar que, gracias a que Daniel no quiso que se sus invitados se quedaran donde lo hacen todos los turistas, y retiró una valla en la que había un cartel en el que ponía "Prohibido el Paso", pudimos adentrarnos en sus entrañas con total tranquilidad.


Para mí, fue una alegría poder bajar por una escalera, hasta el nivel que está por debajo de la Arena del Anfiteatro. En él, vi que hay pasillos abovedados, que recorren todo el subsuelo del edificio. Uno de esos túneles, conduce hasta la misma Fossa Bestiaria.




No obstante, lo positivo de la visita no se quedó ahí, porque Daniel fue guiando todo el recorrido, y ya en la superficie del Anfiteatro nos contó otro montón de cosas de lo que fuimos viendo. Voy a tratar de no repetir lo que dije en el post de 2023, pero sí quiero recalcar que, por debajo de sus gradas, hay un entramado de galerías, estas sí abiertas al 100% de los visitantes, por las que merece la pena transitar con detenimiento, ya que serían dignas de cualquier edificio moderno destinado a albergar espectáculos. Desde luego, no parecen tener casi 1.900 años.


El tema es que el Anfiteatro tuvo tres niveles de gradas, de las que luego hablaré, las cuales estaban comunicadas por el interior, por medio de una serie de galerías, escaleras y vomitorios, que hacían posible el acceso a todos sus sectores. Por desgracia, el piso superior del graderío ha desaparecido casi por completo, ya que, a lo largo de los siglos, ha sido desmantelado y reutilizado en otros lugares. Por su parte, el segundo se encuentra parcialmente derruido. Sin embargo, el inferior se mantiene en pie, y muchos de sus pasillos se hallan intactos, como he mencionado.



Al hilo de lo de las gradas, hay que señalar que el Anfiteatro se erigió aprovechando una vaguada natural, que permitió encajar la edificación entre dos laderas, usando estas de base para los cimientos de parte de los asientos.


Gracias a su estratégica posición, la construcción del edificio fue más sencilla, pero el hecho de estar en una especie de rambla, provocó que sus niveles inferiores tendieran a colmatarse de tierra con facilidad, y necesitaran un mayor mantenimiento. En relación con esto, en el lado oeste del coliseo, que es el que da a la torrentera, vimos como se habilitaron canalizaciones, para absorber las riadas, y para conducir el agua por debajo del Anfiteatro.


Esos desaguaderos se encuentran junto a la Porta Libitinaria, que es por donde salían de la Arena los vencidos (Libitina era la diosa de los funerales y de los entierros, así que no es difícil deducir como salían los derrotados en los espectáculos romanos). Por desgracia, en la puerta se han perdido los niveles superiores, por lo que ha quedado convertida en un pasillo. 


En cambio, en ese lado, que está más escondido y es menos visitado, se conservan una pareja de escalinatas bastante llamativas. 


Las escaleras llaman la atención, porque en el Anfiteatro de Itálica hay muy pocas, en parte debido a que los niveles superiores de las gradas han desaparecido, pero también porque estas están construidas sobre la pendiente de un par de colinas, como he dicho. Las elevaciones sí hay que subirlas, para alcanzar los vomitorios de los sectores que se conservan, pero escalones no hay muchos.

Aparte, en el lado opuesto del recinto en el que se halla la Porta Libitinaria, está la Porta Triumphalis. Cuando uno accede al Conjunto Arqueológico de Itálica es lo primero que ve, de manera que ejerce de tarjeta de presentación del yacimiento, y se usa por todo el mundo para llegar a la Arena. En su día, esta era la puerta por la que los gladiadores saltaban al terreno de juego, y también la que utilizaban para marcharse, si habían salido victoriosos del envite.

Por otro lado, las tres partes comentadas, en las que se encontraba dividido el graderío, estaban construidas a partir de una estructura inferior, denominada Podium, que era la que separaba la Arena de las primeras filas. 


Por encima del Podium estaba la Ima Cavea, que tenía seis gradas y ocho puertas de acceso. En ella, se situaban los asientos de los representantes de la clase senatorial, que estaba conformada por los altos cargos de la administración romana en la zona, y que se sentaban lo más cerca posible de la Arena. Justo detrás, en el denominado Maenianum Primun, se acomodaban los equites, que eran los integrantes de la clase noble no senatorial.


El segundo nivel era el de la Media Cavea, que tenía doce gradas y catorce puertas de entrada. Estaba destinado a los plebeyos, es decir, a los ciudadanos romanos que, pese a no ser ricos, tenían un cierto estatus. Por último, la Summa Cavea era la del populacho, los extranjeros y las mujeres. En todo el graderío, los sectores se encontraban separados por unos pasillos, denominados Praecintiones. Hoy día, uno aún puede pasearse por los de la Ima Cavea, contemplar la altura que conservan algunas de las bóvedas, y asomarse a los vomitorios del lado sur. Desde cerca, se aprecia bien como la mayoría del material de cantería que lo revestía ha sido expoliado, 


No obstante, una curiosidad que me comentaron, es que si no se controlara la vegetación, con intervenciones periódicas, la maleza se comería el Anfiteatro en pocos años. En efecto, en 2023 hice una foto similar a la que he puesto justo arriba, y en las gradas no quedaba ni un solo yerbajo. Entonces era junio, y estaban limpias. Esta vez, según nos dijo Daniel, ya se habían rociado las mismas con herbicida, y en unos días se iba a proceder a retirar a mano la hierba seca. Por lo visto, uno de los principales retos, a la hora de gestionar un lugar como el Conjunto Arqueológico de Itálica, no es desenterrar lo que se mantiene oculto, sino conseguir que lo que se ha sacado a la luz no vuelva a desaparecer. 

En definitiva, la visita guiada por Daniel González Acuña fue muy ilustrativa. Cuando uno ve el Anfiteatro por libre, pasa por alto muchos detalles, sin más remedio, pero nosotros nos detuvimos, incluso, en algunas de las salas interiores del edificio, y no solo las vimos, sino que nos enteramos de para qué se usaban.


Tampoco me voy a meter en más detalles, porque, si no, no acabo, y aún quiero hablar de la visita de carácter público, pero especial, a la que me referí antes. 


En realidad, se puede ver en la foto superior que la actividad pública a la que acudimos no fue, ni mucho menos, minoritaria. Otra cosa es que yo no me entere, normalmente, de que se organizan iniciativas como Itálica Euterpe. Concierto para las Estrellas


Resulta que este 2024, Sevilla es la Capital Europea del Espacio, y debido a eso, al día siguiente de nuestro tour con Daniel, se celebró una actividad nocturna, organizada por los responsables del Conjunto Arqueológico y por la Asociación Astromares, en la que se unieron las astronomía y la música. La misma estuvo dividida en dos partes. De la primera hablaré en el siguiente post, pero sí voy a hacer referencia ahora a la segunda, que fue un espectáculo auditivo y visual que tuvo como sede el Anfiteatro. En él pudimos ver objetos del firmamento en directo, reflejados en una pantalla, mientras escuchábamos explicaciones y piezas musicales. Estas últimas estuvieron interpretadas por la Banda Sinfónica de Tomares.



A mí, de la parte del evento que se celebró en el Anfiteatro, lo que más me gustó fue verlo de noche. Caminar por las galerías en la oscuridad me pareció una pasada, y ver la Fossa Bestiaria iluminada también. 


Aparte, la calidad del sonido me impresionó, a pesar de que el recinto no se creó para representar espectáculos musicales. Luego, las explicaciones habladas también tuvieron su interés, pero todo lo relativo a la proyección de astros lo disfruté menos, porque estuvimos un rato largo sentados en la oscuridad, escuchando relajantes melodías, y mi día había sido muy intenso. El letargo que me entró, no ayudó a que le sacara partido a las imágenes astronómicas.


A pesar de esto, me lo pasé a lo grande, y me encantó que la actividad tuviera una acogida tan sensacional. María y yo teníamos pensado ir, porque ella se enteró de que se iba a celebrar, gracias a que va al Conjunto Arqueológico de Itálica todos los días, pero, aun así, las 600 entradas se agotaron en minutos, y en principio nos quedamos sin sitio. Es evidente que la gente está atenta a ciertos canales que yo no miro. Sin embargo, al final pudimos ir, porque en el último momento le sobraron un par de entradas a una de las conservadoras del yacimiento, a la que María ve cada mañana.

En resumen, si el año pasado vi el Anfiteatro como un visitante normal y corriente, hace dos sábados lo vi de noche, también realicé un tour guiado muy especial un día antes, y el viernes siguiente recorrí por mi cuenta los recovecos abiertos al público que me quedaban por ver. Gracias a esa triple visita, doy por explorado a fondo ese espacio tan singular y tan espectacular. Del resto de la zona arqueológica excavada, y del pueblo que tiene encima la parte no excavada, hablaré en el próximo post.


Reto Viajero MARAVILLAS DE ANDALUCÍA
Visitado ANFITEATRO ROMANO DE ITÁLICA.
En 1994 (primera visita consciente), % de Maravillas de Andalucía visitadas en la Provincia de Sevilla: 31'2% (hoy día 75%).
En 1994 (primera visita consciente), % de Maravillas de Andalucía visitadas: 9'9% (hoy día 40'5%).


28 de junio de 2023

ANFITEATRO ROMANO DE ITÁLICA 2023

Está la cosa tan cortita de planes, como en los tiempos chungos de la pandemia, pero ahora no puedo responsabilizar de eso a ningún virus. Actualmente, la culpa de que no pueda correr carreras es de una lesión, que me tiene en dique seco, y tampoco estoy teniendo la oportunidad de organizar escapadas, por motivos de lo más variopinto. Por ello, se me iba junio sin escribir nada en el blog, pero como mantengo el objetivo de redactar, al menos, un post al mes, pues tuve que sacarme de la manga un plan, con el que poder visitar algún lugar que, sin dejar de formar parte de mis retos, estuviera a mano. Así, rebusqué entre los sitios pendientes que están incluidos en dichos retos, hasta encontrar uno al que pudiera sacarle el jugo sin demasiada parafernalia. El destino que apareció fue el Anfiteatro Romano de Itálica.


El Anfiteatro Romano de Itálica es uno de los 121 enclaves de Andalucía que quiero conocer. En realidad, ya he estado en 48, y he hablado en En Ole Väsynyt de 23 de ellos. El coliseo italicense lo había visitado varias veces en el pasado, pero aún no le había dedicado un post, por lo que pensé que podía regresar y aprovechar para escribir unas líneas sobre él.

En efecto, yo ya había estado antes en el Conjunto Arqueológico de Itálica. Siendo muy niño, fui en un par de ocasiones, que no tengo muy fijadas en el tiempo, y desde 1994 había vuelto otras cuatro veces. Precisamente, la visita de ese año fue la que estuvo más relacionada con el Anfiteatro, por lo que me voy a referir a ella con detenimiento.

Resulta que en 1994 yo estudiaba 3º de BUP en un instituto de Sevilla, y a los profesores de latín y de literatura se les ocurrió ir de excursión al Conjunto Arqueológico de Itálica... andando (los profes se llamaban, respectivamente, Álvaro y Leonardo, aunque, como eran otros tiempos, los llamábamos de usted y nos dirigíamos a ellos anteponiendo un rimbombante "Don" a sus nombres de pila). Mi instituto no estaba en Sevilla Este, sino en Tablada, por lo que el paseo era factible, pero no deja de sorprenderme, que a aquellos dos eminentes docentes se les ocurriera proponer la actividad y acompañar a un grupo de revoltosos adolescentes, en una caminata de no menos de 10 kilómetros. Gran parte de nuestra ruta discurrió por el recorrido que sigue la primera etapa de la Vía de la Plata del Camino de Santiago, eso sí. Lo cierto es que todo salió bien. Nadie se perdió, me lo pasé genial, y recuerdo aquella jornada con cariño, pero a lo que iba es a que el eje del plan tuvo como escenario el Anfiteatro Romano de Itálica. En realidad, a las ruinas les echamos un vistazo, pero lo que se me ha quedado grabado fue que nos sentaron a los alumnos en el graderío sur del coliseo, y que Leonardo bajó a la Arena a leer, o a declamar, más bien, un poema de Rodrigo Caro, que venía muy a cuento. Este señor fue un polifacético utrerano, que vivió de lleno en el Siglo de Oro. Aunque era sacerdote, se hizo notar, en mayor medida, como arqueólogo, como historiador, como bibliófilo, como anticuario y, por supuesto, como poeta. Así, entre 1595 y 1614 escribió cinco versiones de un poema, titulado Canción a las Ruinas de Itálica, que fue el que nos leyó Leonardo aquel día. El mismo empieza así:

Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
Aquí de Cipión la vencedora
colonia fue; por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.

A pesar de que tenía 16 años, no he olvidado el momento de la lectura. Supongo que a mi antiguo profesor, allá dónde esté, le gustaría saberlo. 

De todas formas, mi visita más cuidadosa al Anfiteatro, hasta ahora, probablemente fue la que hice con mis amigos Ruth y Gabriele, una vez que vinieron a Sevilla y quisieron ver las ruinas de Itálica. Fuimos un sábado por la mañana, y nos encontramos conque el yacimiento estaba hasta arriba de gente. El pasado domingo, en cambio, lo vimos casi vacío, en parte porque se anunciaba una de esas jornadas de calor sevillano, en las que el termómetro sube de los 40 grados. A pesar de las apocalípticas previsiones, la verdad es que no nos amilanamos, madrugamos, y a las 9'00 de la mañana nos presentamos en la puerta del recinto arqueológico, cuando acababan de abrir. Habíamos quedado con Alicia y con Isra, que son otros dos amigos que se apuntan a este tipo de planes.

Tampoco me quiero enrollar mucho, ni voy a ser demasiado prolijo. A modo de explicación descriptiva, acerca de cómo es el Anfiteatro Romano de Itálica, voy a poner una serie de fotos, que saqué de varios paneles explicativos que vi en los alrededores del coliseo. En la primera, se ve que la zona que conocemos como Conjunto Arqueológico de Itálica (coloreada en amarillo), se corresponde con la nova urbs, es decir, con la ampliación de la ciudad romana que tuvo lugar en el siglo II d. C. Para entonces, Itálica ya llevaba existiendo más de 300 años (la superficie total que ocupó la ciudad, en su época de mayor expansión, es la que está rodeada por la línea roja, que representa lo que fue la muralla).


En el siglo XII, Itálica ya era un despoblado. Parte de sus restos, los de la vetus urbs, acabaron enterrados bajo las viviendas modernas de Santiponce, asentamiento que surgió a principios del siglo XVII. Las ruinas de la nova urbs, en cambio, estuvieron desperdigadas por el campo durante muchos años. Las casas se las tragó la tierra, en gran medida, pero los vestigios del Anfiteatro nunca estuvieron enterrados del todo, dadas sus dimensiones. Por ello, en la época en la que Sevilla era la capital del mundo, a pocos kilómetros se podían ver los "campos de soledad" de los que hablaba Rodrigo Caro. El hecho de que un erudito del siglo XVII le escribiera un poema, demuestra que Itálica era un sitio conocido, y que los estudiosos sabían que aquellas piedras eran de origen romano. La imagen más antigua conocida del Anfiteatro data de 1862.


Hoy día, desde el aire el Anfiteatro aún luce espectacular, ubicado junto al sector excavado de las ruinas, y no muy lejos, también, de la parte del yacimiento que no está desenterrada. Al fondo, a lo lejos, abrazando al conjunto, se ve el actual pueblo de Santiponce.


El caso es que el magno edificio se construyó, entre el 117 y el 138 después de Cristo, en época del emperador Adriano, extramuros de la ciudad, tal y como se ve en la imagen que he puesto arriba, en la que la nova urbs aparece coloreada en amarillo. Se erigió aprovechando una vaguada natural, que permitió encajar la edificación entre dos laderas, y usar estas de base para la cimentación de un graderío de tres niveles, destinados, cada uno, a una clase social. En el Anfiteatro cabían 25.000 espectadores, por lo que era el cuarto más grande del Imperio romano y el de mayor tamaño fuera de la Península Itálica
 

Itálica nunca pasó de los 8.000 habitantes, lo que implica que la construcción del monumental anfiteatro fue un despropósito, que no creo que se haya igualado, pese a la cantidad de vaciladas arquitectónicas que hemos llegado a ver a lo largo de la historia. Me temo que allí nunca se pudieron permitir el lujo de colgar el cartel de No hay billetes.

La entrada al recinto se realizaba a través de la Porta Triumphalis, que era la puerta por la que los gladiadores saltaban a la Arena, y también la que usaban para irse, si habían ganado el combate. Hoy día, el principal acceso al Conjunto Arqueológico de Itálica está ubicado junto al Anfiteatro, por lo que, lo primero que uno suele hacer es dirigirse a él, buscando lo que queda de esa Porta.
 

 
La Porta Triumphalis forma un eje este-oeste con la Porta Libitinaria, siguiendo el sentido de la vaguada. Esta última puerta era la que tenían que usar, para irse, los vencidos en los juegos, y está en el extremo opuesto del Anfiteatro (los derrotados solían salir con los pies por delante, lo que explica que esa puerta fuera la de Libitina, la diosa romana de los funerales).
 
En el centro de la Arena se conserva la impresionante Fossa Bestiaria. Este era el espacio que albergaba la tramoya, que permitía salir a los animales, en los espectáculos en los que estos intervenían.
 
 

En la actualidad, el Anfiteatro está muy castigado. La mayor parte del material de cantería que revestía sus muros ha sido expoliado, y el sector más alto del graderío ya no está en su emplazamiento original. 

 


Efectivamente, el tercer nivel de gradas que tenía el Anfiteatro, o ha sido desmantelado y reutilizado, o está caído, después de siglos de abandono.
 

De todas formas, lo que se conserva es espectacular. Para empezar, pisar la Arena ya impresiona, pero es más impactante, si cabe, caminar por los túneles que hay debajo de las gradas, que se conservan intactos, en muchos casos.
 

Esa foto superior podría estar sacada en cualquier recinto taurino de la actualidad, y no chocaría en absoluto. Por otro lado, uno puede pasearse por las gradas, accediendo a las mismas por vomitorios que conservan su estructura. En general, es bastante sencillo hacerse una idea de como debió ser aquello, cuando estaba en uso.
 


La pena es que hay muchas partes que están cerradas al paso. Hace años, yo recuerdo que estaba permitida una mayor movilidad por allí. De hecho, cuando lo de la excursión del instituto, mis compañeros y yo estuvimos sentados en las gradas, como si tal cosa. Hoy día, parece que hay más restricciones.
 

Hace un mes, participé en la Carrera Popular Santiponce, como ya conté, y pasamos corriendo por el interior del Conjunto Arqueológico de Itálica. El Anfiteatro lo bordeamos por su extremo norte, el cual da a un bosquecillo, que se puede ver en la foto hecha a vista de pájaro que he puesto arriba. Aparte de recorrer el interior del edificio, mi idea, al programar esta excursión, era completar andando el camino que hice corriendo en la carrera, para ver el coliseo desde esa perspectiva. Por desgracia, los caminos que permiten rodear el Anfiteatro también estaban cerrados, no se por qué. Eso, en todo caso, me da la excusa perfecta para volver, quizás en una época del año en la que haya más gente visitando las ruinas y no haya tantas limitaciones.


Reto Viajero MARAVILLAS DE ANDALUCÍA
Visitado ANFITEATRO ROMANO DE ITÁLICA.
En 1994 (primera visita consciente), % de Maravillas de Andalucía visitadas en la Provincia de Sevilla: 31'2% (hoy día 75%).
En 1994 (primera visita consciente), % de Maravillas de Andalucía visitadas: 9'9% (hoy día 39'7%).