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11 de noviembre de 2024

MEDIO MARATÓN 21K CIUDAD DE HUELVA 2024

En enero, vi que se iba a celebrar en marzo, en Huelva, la segunda edición de una de esas medias maratones organizadas a lo grande en ciudades de una cierta entidad, que tanto me gustan. En vista de eso, me apunté. Sin embargo, a menos de una semana del día señalado, la carrera se suspendió por desavenencias entre los responsables municipales y la policía local. El tema fue un poco lamentable, pero me devolvieron el dinero con presteza, y nadie está libre de que se le compliquen las cosas en el último momento, incluso las importantes, así que no quedó en mí ningún poso de rencor por la repentina cancelación del evento. Por ello, cuando vi, hace un mes, que estaba previsto que la prueba se disputara finalmente el 3 de noviembre, me inscribí de nuevo sin dudarlo.


Yo no era consciente, pero en Huelva ya se celebraba una media maratón desde 2014. Sin embargo, no estaba homologada, a su circuito se le daban dos vueltas, no acababa ni empezaba en el centro onubense, y, desde luego, no era objeto de una campaña de marketing demasiado potente. En 2023, en el Ayuntamiento de Huelva, que era el organizador de la prueba, pensaron que la ciudad tenía que contar con una carrera de 21 kilómetros de primer nivel, pero, en lugar de impulsar la que existía, la defenestraron y empezaron de cero. Esa conducta no se entiende muy bien, en mi opinión, puesto que todo lo que se ha cambiado se podría haber hecho igual, sin enterrar las nueve ediciones anteriores, pero me parece que los actuales responsables del consistorio han querido ponerse la medalla de ser los creadores del gran evento. O subyace algo que yo desconozco. El caso es que, quizás algún día se fusionen las historias de la antigua y de la nueva cita, pero, de momento, lo que yo disputé el pasado domingo fue la segunda Media Maratón 21K Ciudad de Huelva.


En cualquier caso, por lo que a mí respecta, al enterarme, en su día, de la existencia de la media, enseguida me entraron ganas de disputarla, sobre todo por la buena pinta que tenía su circuito, ya que no solo estaba homologado, sino que recorría por completo la ciudad. Cuando las mayores avenidas de una población se ponen a disposición de una carrera, queda claro, desde el primer momento, que la misma cuenta con recursos y con apoyos, y en los 21K Ciudad de Huelva eso sucedió, hasta el punto de que se usó la principal calle del centro de Huelva como pista de salida y como recta de llegada. De hecho, el arco se colocó delante del edificio del Ayuntamiento.


En definitiva, la Media Maratón 21K Ciudad de Huelva se veía que iba a estar bien organizada, y a mí no me decepcionó en ningún sentido. Aparte, Huelva es una ciudad bastante llana, por lo que es un lugar agradable para correr.

Por lo que respecta a mi experiencia, yo no quería líos. Por ello, me fui con mucha antelación, por si me encontraba con imprevistos. Dado que tenía que conducir una hora, y que pretendía encontrar aparcamiento cerca de la salida sin conocer la ciudad, me puse en marcha temprano, con la idea de tener margen. Al final, no hubo percances, por lo que llegué muy pronto. Gracias a eso, disfruté de los prolegómenos, pude darme un paseo, e incluso tuve tiempo de desayunar relajadamente. Esta vez no apuré tanto como en otras ocasiones, me arranqué antes de casa, y lo acabé agradeciendo bastante. Mi intención original era ir a Huelva con la familia y alargar la estancia allí, aprovechando el día. Ese plan lo tuve que suspender, pero, aun así, eché una agradable mañana.

Por otro lado, la carrera tampoco me fue mal, partiendo de la base de que mi objetivo era, simplemente, mejorar el tiempo de la última media maratón que había corrido, que fue la de Ibiza en abril. Aquel día, paré el crono en 1h38:27. El bajón físico que pegué en 2022 ya está asumido, por lo que solo aspiraba a no superar esa marca, y lo logré... por cuatro segundos. 


Tras el confinamiento, todavía corrí una media maratón en 1h33, pero después la cuesta abajo parecía no tener fin. Así, mis siguientes carreras de 21.097 metros las cubrí, sucesivamente, en 1h34, 1h35, 1h36 y 1h38. En Huelva, lo único quería era detener un poco la caída. Al parar el crono en 1h38:23 lo conseguí, aunque fuera por los pelos.

Lo cierto es que fui cómodo durante la primera mitad de la prueba, entre otras cosas porque fue plana. En efecto, hasta el kilómetro 7 no recuerdo que hubiera apenas desnivel, ni ascendente ni descendente. No es raro, por tanto, que me encajara en un ritmo muy estable, y que fuera clavando los miles a 4:32, segundo arriba, segundo abajo. A pesar del rictus de mi cara, en ese tramo fui relativamente a gusto.


Luego, entre el kilómetro 7 y el 10'5, aproximadamente, subimos un par de tachuelas, pero el perfil fue bondadoso a más no poder hasta el ecuador de la carrera. 


No obstante, a mí los kilómetros 9 y 10 se me atragantaron. Por eso, marqué 46:11 al paso por el 10.000. Había ido a 4:37 de media, y marchaba en el puesto 204. 

A partir de ese punto, el trazado se endureció. Así, desde los 10.300 hasta los 16.600 metros, ascendimos cuatro rampas importantes. Dos fueron bastante largas. También fueron tendidas, pero corrimos mucho rato picando arriba. Además, después del tramo en pendiente de mayor longitud, tras un descansillo, sufrimos una subida muy brusca. Fueron 500 metros, casi llegando ya al kilómetro 17, que hicieron mella. Por suerte, desde ahí hasta la meta fue todo cuesta abajo. De hecho, el final de esta media resultó ser de los más agradecidos que recuerdo. 

En total, hice los últimos 11.097 metros en 52:12, avanzando a 4:42. Sin embargo, creo mi ritmo fue más lento en el segundo tercio de la carrera, y, en cambio, pude maquillar la media en los postreros 4.000 metros. El caso es que acabé con buen sabor de boca.


Lo curioso es que acabé en el puesto 204, es decir, en el mismo en el que iba en el kilómetro 10. En la segunda parte de la carrera pasé a gente, y también me adelantaron corredores, pero se ve que hubo un equilibrio sorprendente. Entraron en meta 722 personas.

Para finalizar, como se puede comprobar en la foto superior, terminé con el dorsal en la mano. No se si fue el material del que estaba hecho, o la camiseta que me puse, pero el trozo de papel se desgarró al mojarse con el sudor, de una manera que nunca me había pasado. El incidente no tuvo mayor importancia. 

En resumen, me gustó la Media Maratón 21k Ciudad de Huelva. Es de las carreras por las que merece la pena desplazarse unos cuantos kilómetros. Si todo va bien, en años venideros llevaré a cabo el plan que tenía previsto el otro día, y, además de disputar la prueba, ya con conocimiento de cómo es, echaré en Huelva el resto de la jornada, cosa que me apetece mucho.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 257.
% del Total de Carreras a completar: 25'6%.

Reto Atlético 102 MEDIAS
Medias Maratones completadas: 45.
% del Total de Medias Maratones a completar: 44'1%.

Reto MEDIAS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Media Maratón en la PROVINCIA DE HUELVA.
En 2024, % de Provincias en las que he corrido una Media: 26'4%.


27 de abril de 2024

IBIZA MEDIA MARATÓN 2024

Tengo el propósito de correr, al menos, una media maratón en cada una de las 50 provincias de España, además de otra en Ceuta, otra en Melilla y otra en Portugal. Sin embargo, desde que escribo este blog, no había avanzado nada en este reto, hasta ahora.


En efecto, el pasado domingo terminé la Ibiza Media Maratón, y ya puedo sumar Islas Baleares a la la lista de provincias en las que he finiquitado una prueba de 21.097 metros.

En parte, llevaba casi una década sin avanzar en este proyecto, porque no ha sido una prioridad hacerlo, pero también es cierto que los dos intentos que he protagonizado, desde 2016, para sumar alguna nueva provincia al listado, acabaron en fracaso. No he llegado a pensar que estuviera gafado, porque, aunque en Albacete y en Getafe pegué el petardazo, la verdad es que, en estos años, he corrido sin percances otras medias maratones. Lo de esas dos carreras, en las que no llegué a cruzar la meta (en Getafe, ni siquiera tomé la salida, pese a haberme ido hasta allí), fue solo mala suerte. Sin embargo, cuando decidí ir a Ibiza a retomar el reto, en mi fuero interno sabía que no tenía margen para un nuevo traspiés. Por fortuna, logré completar el recorrido de la prueba ibicenca.


El nivel de la Ibiza Media Maratón ralló muy alto. Para empezar, la organización no escatimó esfuerzos, a la hora de darle lustre a la cita. Se notó, porque el Passeig de Vara de Rey, que es una de las principales plazas de la ciudad, se dedicó al evento en plan festivo, durante todo el fin de semana. Aparte, el recorrido resultó ser una preciosidad, y la puesta a punto del circuito me pareció impecable. En ocasiones, he criticado las carreras proscritas, pero la media maratón ibicenca estuvo lejos de serlo. Además, el trato a los corredores fue exquisito, a pesar de que la salida y la meta distaban 21 kilómetros y la logística era complicada.

Por otro lado, la cita estuvo plagada de elementos novedosos, que ayudaron a hacerla especial. En efecto, me encontré con una media maratón con un punto de exotismo, por la cantidad de extranjeros (un 41'7% de los 1.600 inscritos) y por lo variado que era el origen de los españoles (había personas de 32 provincias). Resulta muy curioso, que hubiera más gente de la provincia de Barcelona, que de las propias Islas Baleares, y que los atletas italianos y los británicos fueran casi tan numerosos como los locales. Aparte, el porcentaje de mujeres superó el 40%, lo que destaca igualmente. Desde el principio, me di cuenta de que estaba inmerso en un evento diferente. 

Además, como premio extra, a pocos instantes de echar a correr me percaté de que Reyes Estévez iba a participar en la prueba.


Al ver tan cerca en la salida a Reyes Estévez me quedé alucinado. Luego, en meta incluso me crucé con él. Soy muy tímido para esas cosas, pero me hubiera gustado decirle que el día que tocó el cielo, acabando tercero en la prueba de 1.500 metros del Campeonato del Mundo de Atletismo, que se celebró en Sevilla en 1999, yo estaba en la grada. Para él, fue su segundo bronce en un Mundial, tras haber pillado chapa también en Atenas, en 1997. Era un máquina, y el que tuvo retuvo. Sin embargo, en Ibiza no corrió para ganar. Con 47 tacos ya no da para tanto, pero se marcó un brutal séptimo puesto. De todas formas, venció Ilias Fifa, otro ilustre. Coincidir con él me hizo ilusión de igual modo.

El caso es que la cita, al margen de lo deportivo, me deparó un montón de excitantes sensaciones. Para colmo, María y yo nos alojamos en el hotel oficial del evento, que resultó estar petado de corredores. Yo suelo ir por libre en este tipo de coyunturas, pero en Ibiza me apeteció no complicarme la vida, y acabamos en el Hotel Ibiza Playa. Desde el punto de vista turístico, la elección fue un acierto, como ya he contado en el post anterior, pero, aparte, me encontré hospedado en el centro neurálgico del acontecimiento, en mayor medida que las otras veces que he optado por reservar en los establecimientos que las organizaciones recomiendan. La verdad es que me vi rodeado de decenas de estilizados atletas de ambos sexos. La prueba era el sábado por la tarde, y a desayunar yo bajé con mis vaqueros y mi camiseta de Metallica, preparado para irme a dar una vuelta por la ciudad. No pensaba machacarme haciendo turismo, pero tampoco me había ido hasta Ibiza para pegarme la mañana sentado en la terraza del hotel. Yo lo tenía claro, pero eso no evitó que me intimidara un poco el desfile matutino de personas venidas de lugares variopintos, con su fina estampa, con sus piernas depiladas, con sus relojes Garmin y con sus camisetas de las más llamativas carreras. Yo no tenía una idea real del nivel de toda esa gente, pero me fui a dar un paseo con la impresión de que estaba durmiendo en una especie de villa olímpica. Luego, quedé el 198, de los 1.321 runners que tomaron la salida, así que he sacado la conclusión de que, en estas circunstancias, no es indispensable comportarse como si se estuviera a unas horas de jugar la final de Roland Garros.

De todas formas, por lo que a mí respecta, es innegable que hubo nervios en los momentos previos al pistoletazo inicial. El pellizco lo notaba, y este se vio reforzado durante el desplazamiento en autobús a la salida. La cita empezaba en Sant Josep de Sa Talaia, una localidad del interior de la isla de Ibiza, y el circuito se había diseñado para llevarnos desde allí, hasta el mismo meollo de la capital ibicenca. Por eso, la organización trasladó a los atletas al punto de partida. Lo gracioso fue que, después de un interesante trayecto, el bus nos abandonó en la carretera, a las afueras del pueblo. La zona de salida estaba en el otro extremo de la población, y no parecía haber impedimentos para que nos acercaran más, pero no lo hicieron. Tras bajarme del vehículo, yo eché a andar siguiendo a la gente, esperando que el primero de la comitiva supiera adonde iba. Como, efectivamente, alcanzamos nuestro destino sin percances, la cosa quedó en anécdota. Yo he llegado a pensar que nos dejaron en ese emplazamiento tan peculiar, para que tuviéramos que atravesar andando Sant Josep, y así le echáramos un ojo y pusiéramos el sitio en valor, dado que esta entidad local no le saca demasiado provecho al evento, pero sí es responsable de mucha de su logística, puesto que la carrera discurre, en gran parte, por sus carreteras, y además es el municipio que monta la salida.


Lo cierto es que luego he visto en un mapa que había un camino algo más corto, entre el lugar donde nos dejó el autobús y la zona de salida, pero se ve que ninguno de los que íbamos en el grupo lo sabíamos. No tiene importancia, porque teníamos tiempo de sobra. Yo, siendo sinceros, incluso agradecí el relajado paseo. 


Con respecto al área de salida, esta se encontraba muy bien delimitada, en un parking público al aire libre, ubicado al sur del centro del pueblo. En esa espaciosa zona, estaba todo muy pensado, para que no hubiera follones, se pudiera calentar con comodidad, y no faltaran letrinas.


La carrera dio comienzo a las 18'00 horas, con puntualidad británica. Como ya he comentado, su recorrido fue muy atractivo. Eso sí, el pueblo lo abandonamos enseguida.


Los primeros metros discurrieron por una carretera de una cierta entidad, pero pronto cambiamos a una secundaria, denominada Camí des Verger. Sin abandonar en ningún momento un buen asfalto, esta vía y otra algo más ancha, llamada Carrer de Porroig, nos dirigieron hacia el sur, por una zona de pinares. Algunos tramos fueron abiertos, pero, por regla general, corrimos entre árboles, lo que nos protegió del sol y del viento en ese trecho inicial de la carrera. En el kilómetro 7, cuando llegamos a Cala Jondal, giramos al este, pero la prueba circuló por un terreno arbolado hasta que dejamos de bordear el Mar MediterráneoSa Caleta, poco después del kilómetro 10.


Tras dejar atrás San Caleta, durante unos 4 kilómetros corrimos entre parcelas rurales. Sus muros no eran muy altos, por lo que pude ver que no abandonamos el campo, pero el panorama fue cambiando, mientras nos acercábamos a Ibiza. Antes de arribar a la capital atravesamos uno de los extremos de Sant Jordi de Ses Salines, una población que pertenece al municipio de Sant Josep de Sa Talaia. Ese tramo urbanizado estaba en el kilómetro 15. No obstante, como antesala de la verdadera parte urbana de la carrera, todavía quedaba recorrido campestre. La ciudad comenzó realmente cuando pasamos el puente que salva la circunvalación EI-20. Por suerte para nosotros, era la autovía la que se encontraba soterrada, y la pasarela que cruzamos no tuvo desniveles. Después de hacerlo, nos adentramos en un polígono, y luego en un barrio de pisos modernos. Habíamos llegado a Ibiza. Tras un breve callejeo, al salir a la Avinguda de Sant Josep de Sa Talaia se acabó la historia del circuito, ya que los 2.500 metros que faltaban nos condujeron por una calle recta, que pasó a denominarse Avinguda d'Espanya en un momento dado, pero que no varió ni un ápice su trayectoria, hasta terminar en el Passeig de Vara de Rey, donde estaba la meta. Ahí sí me topé con unas cuantas revueltas, pero de eso hablaré más adelante. Ahora, solo diré que el final del trazado de la media nos llevó, por la columna vertebral de Ibiza, hasta su corazón. No se le puede poner ni un pero al itinerario.

No obstante, que el recorrido fuera casi perfecto, no significa que no resultara duro. De hecho, el perfil me pareció criminal durante bastantes kilómetros. 


Sin duda, cualquiera que vea este perfil me llamará exagerado, por decir que el mismo fue muy leñero. Ciertamente, descendimos mucho más de lo que ascendimos. Sin embargo, bajar corriendo no tiene por qué ser fácil, y, además, se ve en la gráfica que el trazado fue un tanto quebrado. En efecto, en los primeros 7.600 metros nos encontramos con una sucesión de cuestas de todos los colores, que hicieron infructuoso cualquier intento por mantener un ritmo estable. A ratos, los desniveles negativos fueron tendidos, lo que, al margen del peligro que supone dejarse llevar y acelerar demasiado, debería haber favorecido el hecho de avanzar sin sobresaltos, pero esos tramos estuvieron trufados de subidas asfixiantes, cortas pero intensas, seguidas de bajadas brutales, de esas que te castigan, porque te obligan a frenar.


Ascendimos menos de lo que descendimos, sí, pero al alcanzar el punto más bajo de la carrera, poco antes de llegar al kilómetro 8, yo no había visto el momento de correr a un ritmo constante. En concreto, las peores subidas estuvieron en el kilómetro 2 y en el 3. Unos metros después de pasar el cartel del 4 hubo otra. Sin embargo, fue en la del 7 donde nos esperaba la guadaña.


A estas alturas, no voy a decir que la rampa de Cala Jondal fuera la peor que he subido, disputando una media maratón. He corrido muchas, y he visto ya de todo. Sin embargo, en una competición de dureza, yo creo que esa cuesta sí estaría en puestos de podio. Fue demoledora. Yo no me eché a caminar de puro milagro.


Afortunadamente, los 2.000 metros siguientes fueron muy favorables, y me permitieron recuperar el resuello, si bien pronto tuve que renunciar, de manera definitiva, a mis aspiraciones de engancharme y avanzar medio cómodo, porque entre el kilómetro 11 al 14 no hicimos otra cosa que subir. No obstante, pese a que, a priori, ese pedazo era el de mayor dureza de la carrera, el simple hecho de poder correr con estabilidad, aunque fuera picando arriba, me alivió. En realidad, yo no note más desniveles acusados. Luego, alternamos leves ascensos e imperceptibles bajadas. 

Para acabar, disfrutamos de un tramo final muy benévolo, por la Avinguda d'Espanya. Este me lo esperaba, porque lo conocía. Para mí, el resto del trazado había sido un misterio, y lo había ido descubriendo sobre la marcha, pero ese postrero trozo sí había visto, el día antes, que era cuesta abajo. Sin embargo, los últimos 500 metros fueron harina de otro costal, porque no me esperaba las revueltas que dimos, por los alrededores del Passeig de Vara de Rey y por su interior. Empecé a esprintar cuando vi la plaza, y luego me encontré conque me quedaba más de lo esperado. El trecho final se me hizo largo.


El sprint eterno fue la traca final de una carrera que me resultó dura, como he dicho. En ella empecé bien, pero en la primera mitad no conseguí rodar cómodo, con tanta subida y con tanta bajada. A ratitos, logré unirme a alguien y disfrutar de un pelín de estabilidad, pero fueron breves instantes, interrumpidos por desniveles constantes. Pese a esto, avancé con brío, de manera que al llegar al kilómetro 7 había logrado mantener un ritmo medio de 4:24. Luego, llegó la cuesta asesina, que salvé como pude. El punto kilométrico estaba justo en su ecuador, por lo que el desnivel afectó a los parciales del kilómetro 8 (4:53) y del 9 (4:36). El 10.000 lo hice en 45:12. No está mal, pero ya iba con la sensación de que mis piernas eran de mármol. De hecho, en la segunda parte de la prueba mi media empeoró, y tuve que pelear a muerte cada metro. Fui muy exigido, y terminé con la sensación de que había logrado esquivar la debacle, pero poco más. Para mí sorpresa, en las clasificaciones he visto que en el kilometro 10 marchaba en el puesto 199, y que atravesé la línea de meta el 198. En consecuencia, queda claro que el declive fue muy relativo. A mí me adelantó un buen puñado de gente, y no pude seguirle la estela a nadie, pero se ve que yo también fui recogiendo cadáveres. La otra alegría, al consultar los resultados, fue que comenzaron la competición 1.321 personas, y la completaron 1.297. Yo, como he señalado, entré el 198. Esa posición realza algo el modesto tiempo de 1h38:27 que logré. Estuvo lejos de mi objetivo, pero es que este lo fijé en abstracto, y en el momento de la verdad se impone siempre la realidad. El mismo Reyes Estévez venía con una mejor marca en la distancia de 1h06:09, y tenía la intención explícita de batirla, por lo que he leído. Acabó en 1h11:15. Si a uno de los atletas españoles de mayor renombre de la historia se le va el objetivo 5 minutos, como no va a pasarme a mí...

En definitiva, en Ibiza viví una de esas carrera que perduran en la memoria y en el corazón. Por disfrutar de experiencias así, es por lo que, de vez en cuando, atravieso media España para correr.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 249.
% del Total de Carreras a completar: 24'8%.

Reto Atlético 102 MEDIAS
Medias Maratones completadas: 44.
% del Total de Medias Maratones a completar: 43'1%.

Reto MEDIAS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Media Maratón en la PROVINCIA DE ISLAS BALEARES.
En 2024, % de Provincias en las que he corrido una Media: 26'4%.


19 de diciembre de 2023

MEDIA MARATÓN SEVILLA-LOS PALACIOS 2023

La Media Maratón Sevilla-Los Palacios y Villafranca ya es la carrera que más veces he terminado en mi vida. En total, he traspasado once veces la meta de la Decana de Andalucía. No está mal. En concreto, he corrido las ediciones 23, 25, 26, 27, 29, 31, 34, 35, 40, 43 y, desde el pasado domingo, también la 44.

Queda claro que la Media Maratón Sevilla-Los Palacios es una de mis carreras favoritas. El hecho de que sea una de las medias más antiguas de España ayuda a que me guste, sin duda. En Andalucía, es algo tan aceptado que es la media maratón más veterana de la comunidad autónoma, que esa circunstancia hasta aparece escrita en los carteles oficiales de la prueba, como se puede ver. 


Yo, en el post que escribí en 2018, cuando participé en la 40ª edición, hice un repaso de las medias más veteranas de España, y dije que no se celebra en territorio andaluz ninguna que remonte tanto sus orígenes como la clásica palaciega. Sin embargo, hace poco he visto que en Baza se enorgullecen de haber celebrado, el pasado mes de marzo, la 46ª edición de su media maratón. De repente, ha surgido en Andalucía una carrera de 21.097 metros más vetusta. El truco, creo yo, está en el hecho de que en el pueblo granadino consideran que la actual Media Maratón de Baza y la precedente Carrera de Fondo Ciudad de Baza son la misma prueba. En 2010, esta última ya constaba de 21 kilómetros, pero parece que, durante años, no se pretendió ajustar su distancia a los parámetros exactos de una media maratón.


Todo apunta a que la cita bastetana no nació como una media maratón, aunque ahora sus organizadores la hayan equiparado, e incluso hayan adaptado el nombre. Por eso, no creo que sea casualidad que, de manera paralela al cambio de denominación de la carrera de Baza, en Los Palacios y Villafranca hayan empezado a reivindicarse, llamando a su media, de manera explícita, la Decana de Andalucía.  

Sea como fuere, lo que está claro es que la Media Maratón Sevilla-Los Palacios y Villafranca es una de las más importantes de España. La primera prueba de esto es su mencionada veteranía. La segunda es que se coincide en ella con bastantes atletas de otros lugares de nuestro país. También destaca por su alta participación, aunque esta haya ido bajando, al menos en las ediciones a las que yo he asistido. En este sentido, en 2001, cuando debuté, terminamos la carrera 2.004 personas, y la cifra de finishers no paró de crecer hasta alcanzar su cénit, en 2013, coincidiendo con el boom del atletismo popular. Ese año, atravesaron la meta de Los Palacios 3.040 corredores. Sin embargo, un lustro después, en 2018, cuando todavía no se le podía echar la culpa a la pandemia, la cifra ya se había reducido a 1.652 almas, y en 2022 se tocó fondo, dado que solo acabaron 1.436 runners. Este 2023 lo han logrado 1.549. Ojalá la cita vaya recuperando brío poco a poco.

Por lo que a mí respecta, la verdad es que esta edición no pasará a estar escrita con letras de oro en mi pequeña historia personal, salvo por el hecho de que cumplí con el objetivo de superar las diez participaciones en la carrera. 


Por lo demás, mi participación en la edición de este año acabo viniendo a contrapelo, y eso hizo que todo me terminara importunando un poco. En principio, tenía ganas de competir, pero estaba a la expectativa de que saliera la fecha de un ejercicio de oposición que tengo que hacer, y en el que me juego mucho. Cuando me apunté a la carrera de Los Palacios, aún no tenía ni idea de cuando me iba a examinar. Tras esperar bastantes meses, finalmente la citada fecha se hizo pública el pasado 1 de diciembre. La importante prueba será el 20 de enero. No falta tanto, y las Navidades están por medio, con su infinidad de líos ineludibles, por lo que empecé la cuenta atrás del examen justo en el momento en el que me enteré del día exacto de su celebración. En consecuencia, me he metido ya de lleno en el papel de opositor, y el otro día me sentó como un tiro dedicarle la mañana entera a correr.

Está claro que, dado que no me venía bien competir, podría haber renunciado a participar, pero, una vez que estaba apuntado, también me daba coraje cambiar los planes, por lo que decidí seguir con lo que había previsto. Pese a esto, la verdad es que iba con pocas ganas de movidas, y en la Media Maratón Sevilla-Los Palacios tuve que afrontar unas cuantas. La primera fue la de ir hasta Los Palacios y Villafranca, que es un pueblo que queda a 45 minutos de mi casa, pero la más importante resultó ser la de tener que esperar en la salida una hora y pico, como siempre he tenido que hacer cuando he hecho uso del autobús que lleva hasta ella, desde el lugar junto al que se deja el coche, cerca de la meta. Hay que decir que el servicio de lanzaderas funciona a la perfección, pero no se puede negar que te suelta muy temprano en el punto de partida. Este 2023, incluso me metí en un bar a tomarme un café y media tostada, pero, aun así, la espera se me hizo larga y pesada. Es curioso, porque otros años he disfrutado del ambiente, de la charla con algún compañero, de la tranquilidad de vivir los prolegómenos sin estrés, así como del frescor mañanero invernal, pero, en esta ocasión, más bien me incordió pasar frio y estar tanto rato de pie, o sentado en un bordillo. No tenía ganas de hablar con nadie, y, en definitiva, me llegué a preguntar qué hacía allí perdiendo el tiempo, en lugar de estar aprovechando la mañana para estudiar.

Luego, lo cierto es que me vine arriba, porque llegaba en buen estado y había tratado de cuidar los detalles, para hacer un buen papel. De hecho, la carrera no empezó mal. En efecto, los dos kilómetros iniciales los hice a 4:23, y los tres siguientes apenas si bajé el ritmo unos segundos. Durante un buen rato, mantuve las buenas piernas y la sensación de fuerza. Al final, se me habían avivado las ganas de conseguir mi objetivo, que no era otro que bajar de 1h35. No obstante, los primeros toboganes y la tremenda cuesta del kilómetro 7 me obligaron a aflojar un poco el paso. Cuando marqué 44:52 en el kilómetro 10, ya supe que lo de lograr una media global de 4:29 iba a estar difícil.



Al poco de cruzar el ecuador de la media maratón me superó la liebre de 1h35. Tras mi mala experiencia con el práctico, el pasado año en esta carrera, tuve la tentación de no echarle demasiada cuenta, pero, por el paso que yo llevaba, intuí que, esta vez, el de la banderola de 1h35 iba bien. Al principio intenté seguirle, pero se marchó pronto. No obstante, no lo perdí de vista hasta mucho después, lo que, en el fondo, me animó. En efecto, en los kilómetros que transcurrieron desde el 10 al 18, que fueron los más duros, porque estaban plagados de toboganes, lo fui viendo a lo lejos. Hubo un momento, incluso, en el que me pareció que le recortaba terreno. Fue un espejismo... o no, no lo se, pero lo que está claro es que al adentrarnos en las calles de Los Palacios dejé de tenerlo controlado, en parte porque no logré avivar mi ritmo. Es raro, porque en los kilómetros finales no me sentí mal, y me dio la sensación de ir rápido, pero no fue así. Los últimos 2.097 metros los hice a 4:40, a pesar de que apreté, en teoría. En 2022 hice el postrero mil en 4:17, pero en este 2023 no hubo cambio de marcha para rematar. Mi impresión general es que me vacié, pero pienso que, de no haber estado con la cabeza en otro sitio, cosa que noté en varios tramos del recorrido, habría llegado al kilómetro 19 algo menos justo, y, sobre todo, habría sido capaz de bajar, como mínimo, de 1h36, acelerando de verdad en el kilómetro definitivo.
 

No importa. Pese a lo dicho, lo que logré no está mal, la verdad. Con 46 tacos, en un día en el que no se puede decir que estuviera rebosante de motivación, terminé en 1h36:21. Curiosamente, es justo la misma marca que hice en 2013, en este mismo evento. Meses después de aquello, volví a acabar una media en 1h28. Es cierto que han transcurrido diez años, y no han pasado en balde. Ese nivel ya no lo voy a recuperar, es obvio, pero tampoco está claro que no pueda mejorar aún un par de minutitos, o tres, la marca del otro día. De momento, toca seguir corriendo solo como terapia anti estrés, hasta que haga el examen el 20 de enero. Luego, tiempo habrá de buscar objetivos atléticos motivantes para la primavera.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 247.
% del Total de Carreras a completar: 24'6%.

Reto Atlético 102 MEDIAS
Medias Maratones completadas: 43.
% del Total de Medias Maratones a completar: 42'2%.

Reto MEDIAS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Media Maratón en la PROVINCIA DE SEVILLA.
En 2001 (año de la primera Media corrida en la Provincia de Sevilla), % de Provincias en las que había corrido una Media: 1'8% (hoy día 24'5%).

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en LOS PALACIOS Y VILLAFRANCA.
En 2001 (año de la primera carrera corrida en Los Palacios y Villafranca), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 2'8% (hoy día 37'1%).

Reto PRINCIPALES CARRERAS DE ESPAÑA
Completada MEDIA MARATÓN SEVILLA LOS PALACIOS.
En 2001 (año de la primera Media Maratón Sevilla-Los Palacios), % de Principales Carreras de España que había corrido: 2'3% (hoy día 27'9%).


25 de diciembre de 2022

MEDIA MARATÓN SEVILLA-LOS PALACIOS 2022

Por décima vez, enfilé la Avenida de Sevilla de Los Palacios y Villafranca con el corazón a mil por hora, y la recorrí casi entera, intentando ir lo más rápido posible hacia la meta. La diferencia con las nueve ocasiones anteriores fue que, en esta edición de la Media Maratón Sevilla-Los Palacios y Villafranca, la calle no estuvo vallada, de manera que la muchedumbre que se agolpó en ella formó un estrecho y largo pasillo humano. Solo en los últimos metros la gente se tuvo que conformar con ver a los corredores desde la barrera.


En todo caso, como digo, el pasado domingo participé por décima vez en la Media Maratón Sevilla-Los Palacios y Villafranca, que es una de las medias más antiguas de España. Este año se ha celebrado la edición 43. Ahí es nada.


La prueba se disputa, casi por completo, por carreteras interurbanas, pero sus últimos 2.500 metros, aproximadamente, ya sí se corren por las calles palaciegas, y son espectaculares. Cuando uno participa en carreras por los pueblos, es muy habitual que lo haga sin ver un alma en las aceras, sobre todo si son los domingos por la mañana. En Los Palacios y Villafranca, en cambio, los vecinos se vuelcan, y el gentío en el postrero tramo es brutal. Ese apoyo es uno de los puntos fuertes de esa media. Siempre lo ha sido, pero este año, además, resulta que permitieron, por la razón que sea, que en la infinita recta de meta los espectadores se adentraran en la calzada y formaran un multitudinario pasillo. Debido a eso, los corredores vivimos un final de los que ponen los vellos como escarpias.


Cuando corrí por última vez la Media Maratón Sevilla-Los Palacios ya escribía este blog, por lo que no me voy a repetir acerca de las cosas que conté. Solo voy a recalcar, para poner la prueba en contexto para el presente post, que el recorrido de la cita, pese a que empieza y termina en sendas zonas urbanizadas, y que no abandona el asfalto en ningún momento, discurre en su mayoría por terreno rural.


Además, también quiero añadir ahora, que el trazado, a pesar de que parece que es llano, está plagado de toboganes, que provocan que la carrera, sin ser explícitamente dura, sí acabe cascando más de lo normal. En efecto, hay dos datos demostrados, que dicen que la Media Maratón Sevilla-Los Palacios comienza en un lugar que se encuentra a 7 metros sobre nivel del mar, y que termina en otro que está a 6. Eso implica que se sube tanto como se baja. Ahí no hay trampa ni cartón. Sin embargo, al ir corriendo por la Carretera de la Isla y por la SE-9024, uno tiene la impresión de que siempre va cuesta arriba. No es así, pero lo cierto es que se hace frente a un buen puñado de rampas tendidas. Para empezar, en el primer mil se ascienden 10 metros. Se trata de una pendiente del 1%. No es una locura, pero te pilla motivado, y hay que tener cuidado, para no atacar ese desnivel en plan encendido, acelerando el desgaste. Después, la estabilidad es la nota predominante, durante la larga recta de 4 kilómetros que lleva a la SE-9024. Al tomar esta, no obstante, se inician las ondulaciones, que se desmadran en el gran repecho del kilómetro 7. Este es corto, pero es muy empinado. Lo bueno que tiene es que no engaña. Esto significa que, desde abajo, se atisba su punto álgido, que no guarda nuevas subidas detrás de ningún descansillo. De hecho, tras el brusco ascenso, la carretera se llena de árboles en sus márgenes, y tiende a descender. En consecuencia, los kilómetros 8 y 9 son bastante favorables.



Sin embargo, a partir del momento en el que se deja atrás la entrada al Parque Periurbano La Corchuela, en el kilómetro 9'5, empieza lo peor. Desde ahí, lo que queda hasta el kilómetro 17 es una interminable recta, que atraviesa un terreno pelado y ondulado. Es el tramo de los toboganes. En ellos, es donde se consuma el éxito o el fracaso en la prueba.

En el kilómetro 17, se pasa por encima de la N-IV. En ese punto, se asciende la segunda cuesta llamativa de la carrera. Subirla es la traca final al tramo complicado. Efectivamente, tras coronar el pequeño puente, este se baja, y ya no se sufre ninguna otra pendiente. Ni para arriba, ni para abajo. También se empieza a ver gente. Primero se cruza un polígono industrial muy feo, ahí todavía no hay mucha animación, pero, a partir del kilómetro 18, se penetra de lleno en el casco urbano palaciego, y comienza lo bueno. No se callejea demasiado. Los Palacios y Villafranca es un pueblo muy cuadriculado, por lo que se sigue corriendo de frente, doblando alguna esquina de 90 grados, pero poco más. En consecuencia, en el último trecho se puede volar, jaleado por las cientos de personas que salen de sus casas para animar. Es flipante. En la recta de meta, que mide unos mil metros, es donde la cosa se despendola. En ella, se crea el pasillo humano del que hablaba antes, y se avanza en volandas.

Así es la Media Maratón Sevilla-Los Palacios. Yo pienso que tiene tanto éxito, porque hay pocas carreras en las que tengas más sensación de tener que vivir una travesía en el desierto tan explícita, corriendo por un interminable sube y baja, recto y desnudo, para alcanzar una especie de paraíso, en forma de baño de masas. Todo el mundo eso es lo que recuerda. 

Por lo que a mí respecta, después de haber disputado la Media Maratón Sevilla-Los Palacios diez veces, he de decir que no creo que haya llegado mi última participación en esta carrera. El pasado fin de semana volví a disfrutar a saco del trazado, y sé que volveré a tener ganas de repetir, a pesar de que los prolegómenos de esta prueba son un poco incómodos. En efecto, como la misma empieza en un lugar y acaba en otro tan alejado, la logística es algo historiada. Pese a esto, tras más de 40 ediciones, los organizadores saben lo que hacen. Así, el domingo volví a dejar el coche bien aparcado en una calle de Los Palacios, y usé de nuevo el autobús de la modélica organización, para ir a la salida. Allí dejé las cosas en el guardarropa, y en la zona de meta me devolvieron la mochila ipso facto. No tuve ningún problema.

Por otro lado, en relación a la carrera en sí, lo cierto es que quería bajar de 1h35, como siempre, y no lo logré. Me sobraron 7 segundos. En realidad, me temía que iba a andar muy justito, y lo corroboré pronto. A lo largo de la prueba, hice bastantes parciales en torno a 4:29 y 4:30, e incluso tuve 4 kilómetros felices, en los que marqué entre 4:22 y 4:24, pero la verdad es que noté que tendía más a perder segundos, con respecto a la media final de 4:29 que quería hacer, que a ganarlos. De hecho, al acabar, mi promedio fue de 4:30. El último mil lo hice a 4:17, pero no llevaba suficiente margen, y no pude evitar terminar en 1h35:07. 

De todas formas, tengo que decir que parte de la culpa del desfase la tuvo el puñetero globito que ejercía de pacemaker. Los globos, también llamados prácticos, los ponen los organizadores de las competiciones para hacer de liebres, llevando un ritmo determinado. En mi opinión, los mismos sirven, a grandes rasgos, cuando lo ves a lo lejos, pero para afinar marcas no hacen más que estorbar. En este caso, en el kilómetro 6 miré para atrás, y vi que llevaba, a unos 30 metros, al globo que, teóricamente, aseguraba un tiempo final inferior a 1h35. Temí que me iba a adelantar, pero no lo hizo. En el transcurso de la carrera, llegué a mirar a mi espalda en otro par de ocasiones, y lo llevé siempre a una distancia similar. Pensé que esa circunstancia implicaba que estaba en condiciones de bajar de 1h35. Sin embargo, el práctico iba marcando una referencia equivocada. De hecho, como se puede ver en la foto inferior, el que lo llevaba entró a lo suyo. Para eso, se podían haber ahorrado la supuesta ayuda.


El caso es que yo fui controlando los parciales con el reloj, no llevaba la media total en mí cabeza, pero era consciente de que iba justo. Por eso, fue el globo de 1h35 el que me fue indicando que, en teoría, sí iba en disposición de bajar de ese tiempo, dado que lo llevaba detrás. Sin embargo, en realidad, lo que me fue es engañando, porque, cuando alcancé el punto kilométrico 19, vi que el crono marcaba 1h25:57 y eché una cuenta aproximada de lo que iba a señalar en la meta. Ahí me percaté de que no llegaba. Tendría que haber hecho el cálculo en el kilometro 16, a falta de 5, para tener más margen para apretar, pero me confié por culpa de la liebre. Cuando, a falta de 2.097 metros, reparé en que se me escapaba el objetivo, ya era tarde. Apreté, pero no es igual recortar 25 segundos en 5 kilómetros, que en 2. Para haber conseguido acabar en menos de 1h35, tendría que haber corrido los últimos 2.097 metros a 4:18. Logré hacerlo a 4:22, le pegué un bocado de unos segundos a la marca, pero no fueron 25, y resultó insuficiente. En consecuencia, entré en 1h35:07.

En fin, tampoco es tan grave. Acabé en el tiempo en el que acabé, y así son las cosas. En verdad, ese detalle no empaña la buena mañana que pasé. Al llegar, estuve charlando con mi cuñado Luis, que había ido a hacerle el soporte logístico a su sobrino Dani, que se estrenaba en la distancia (terminó en 1h52). A pesar del esfuerzo, me recuperé muy rápido, pude disfrutar del ambiente, vi entrar a algún que otro conocido, y, tras un rato, tiré para casa. Como he dicho arriba, desde que debuté en 2001, he corrido esta carrera diez veces, y la de este 2022 no ha sido la última.

Antes de acabar, quiero poner una foto, que me ha dejado de piedra. Se trata de la imagen que está incluida en el banner principal de la página oficial de la media maratón. Esa página lleva siendo la misma varios años, y la instantánea me sonaba, pero no me había fijado en que en ella... salgo yo.


Es cierto que salgo cortado, soy el que va de amarillo. Estoy en el centro de la imagen, tapado parcialmente por uno que va de verde, que está en primer plano. Solo se me ve una pierna y una mitad del cuerpo. No obstante, soy yo, en la edición de 2013, lo cual no deja de ser simbólico. No en vano, esta es la media en la que debuté en la distancia, y en la que he participado en un mayor número de ocasiones. Para mí, es una carrera muy especial, y esto es como un pequeño premio a la vinculación que me une a ella. En años venideros, más...


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 241.
% del Total de Carreras a completar: 24%.

Reto Atlético 102 MEDIAS
Medias Maratones completadas: 42.
% del Total de Medias Maratones a completar: 41'1%.

Reto MEDIAS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Media Maratón en la PROVINCIA DE SEVILLA.
En 2001 (año de la primera Media corrida en la Provincia de Sevilla), % de Provincias en las que había corrido una Media: 1'8% (hoy día 24'5%).

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en LOS PALACIOS Y VILLAFRANCA.
En 2001 (año de la primera carrera corrida en Los Palacios y Villafranca), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 2'8% (hoy día 37'1%).

Reto PRINCIPALES CARRERAS DE ESPAÑA
Completada MEDIA MARATÓN SEVILLA LOS PALACIOS.
En 2001 (año de la primera Media Maratón Sevilla-Los Palacios), % de Principales Carreras de España que había corrido: 2'3% (hoy día 27'9%).


31 de enero de 2022

MEDIO MARATÓN DE SEVILLA 2022

Los turnos de trabajo y la COVID-19 sabotearon el calendario atlético que me había hecho en Navidades para enero y febrero de 2022. Lo cierto es que lo del curro era previsible. Hace unos meses me apunté para hacer servicios extraordinarios en la biblioteca, lo que implica, en mi caso, trabajar seis domingos al año, a lo largo de los tres periodos de exámenes universitarios. En este cuatrimestre me tocaban dos domingos. Lo que pasa es que en diciembre aún no tenía el cuadrante y me anoté en la agenda un par de pruebas para finales de enero y principios de febrero, confiando en que no coincidieran con los días en los que iba a tener que cumplir con mis obligaciones laborales. Sin embargo, Murphy volvió a hacer de las suyas y me fastidió sendas citas, porque tras las Navidades supe que los dos domingos de las carreras elegidas por desgracia coincidían con los que yo tenía que ir a la biblioteca. En teoría podía correr en otros lugares los demás fines de semana, pero la pandemia hizo el resto para que tuviera muy complicado hacerlo, dado que el virus hizo estragos entre mis compañeros, y en el primer tramo de apertura extraordinaria de la biblioteca de este curso no voy a tener más remedio que trabajar cuatro domingos. Eso está bien, porque casi me voy a quitar ya todas las horas que tengo que echar en 2022, pero, en contrapartida, me di cuenta de que no iba a poder participar en nada hasta marzo. En efecto, teniendo en cuenta lo del trabajo y que los dos últimos findes de febrero voy a estar de viaje, solo tenía libre el fin de semana del 29 y 30 de enero, pero en él parece que el universo atlético de Andalucía occidental y del sur de Extremadura se detienen para rendirle pleitesía al Medio Maratón de Sevilla


Ese fin de semana no había ninguna prueba además de esa, pero yo no estaba apuntado y las inscripciones estaban cerradas. En consecuencia, renuncié a competir hasta casi primavera. No obstante, hace pocos días surgió la posibilidad de aprovechar el dorsal de un conocido y decidí obviar que no está permitido correr en nombre de otra persona. Lo se. No es buena idea participar en una carrera con un número ajeno. Sin embargo, al hacerlo el riesgo que ello conlleva lo asume el corredor, ya que no va cubierto por el seguro, pero eso solo implica que si a uno le da un jamacuco, el dinero que cueste su asistencia lo tendrá que pagar de su bolsillo. Aparte, si a un desgraciado le da por morirse compitiendo con un dorsal que no sea suyo, pues su familia será la que tenga que hacerse cargo del marrón, sin que ninguna compañía aseguradora mueva un dedo. Por ello, no es para nada recomendable correr así. No tengo la intención de hacerlo más, pero lo cierto es que el peligro que acarrea es moderado, y el perjuicio que causa dicha acción no es comparable con el que supone ir sin dorsal o hacerlo con uno fotocopiado. En definitiva, pese a que creo que se deben hacer las cosas por lo legal, y así lo he hecho siempre en las 231 carreras precedentes que he acabado en mi vida, tampoco me pesa en la conciencia haber corrido una vez aprovechando la inscripción de un conocido que había pagado religiosamente su cuota. Gracias a mi compi benefactor completé mi séptima participación en la cita antes conocida como Media Maratón Isla de la Cartuja, y que en este 2022 ha vuelto a denominarse Medio Maratón de Sevilla por las buenas.

Mi anterior participación en este evento fue en 2018. Por aquel entonces ya escribía este blog y pude hablar de la evolución que ha seguido la media maratón de la ciudad de Sevilla desde 2003, año en el que debuté en ella. No me voy a repetir. Solo quiero añadir que en 2018 aún se terminaba la prueba en el Estadio de la Cartuja, pero que, desde 2020, la meta se ubica en el Paseo de las Delicias. Yo viví un final en esa gran avenida en la última edición del Maratón de Sevilla que he disputado, pero me faltaba hacerlo también en la media. Lo hice ayer y comprobé que merece la pena. 

Por otro lado, el trazado del Medio Maratón de Sevilla también me pareció brillante. Es un gran acierto dejar para el final el paso por el centro de la ciudad. En efecto, fue una gozada pasar en los últimos kilómetros bajo las Setas, cruzar La Campana, y recorrer, sucesivamente, la Calle Tetuán, la Plaza Nueva, la Avenida de la Constitución, la Puerta de Jerez y la Calle San Fernando. Después, el paso por la Plaza de España y por el Parque de María Luisa fue hasta emocionante, y la citada recta de meta es de las que te hacen flipar.


Yo, además, tuve la suerte de acabar hecho un torpedo. Por la marca, tengo la sensación de que me limité a cumplir, pero la verdad es que corrí de maravilla, es decir, de menos a más.

Con respecto al tiempo final que me salió, que fue de 1h34:39, en realidad mi objetivo inicial era terminar en torno a 1h32, pero pronto lo reajusté y lo dejé en 1h34, buscando ser realista. En noviembre marqué 1h33:31 en la Media Maratón Entreparques y, desde entonces, creo que he apretado un poco en los entrenamientos, por lo que pensé que el reto de 1h34 no era descabellado. De todas formas, tengo que tener en cuenta que ese día apenas si perdí unos segundos antes de poder echar a correr, pero ayer se me fue 1:16. Lo cierto es que el compi que me dio el dorsal tenía asignado el cajón cuatro en la salida, lo que hizo que me viera de inicio bastante atrás. Dentro del cajón avancé todo lo que pude, pero aun así no pude evitar que se me fuera más de un minuto antes de pasar por el arco de salida. Los 76 segundos por supuesto van incluidos en la 1h34:39. Eso implica que mi marca real fue de 1h33:23. Se puede decir, por tanto, que los tiempos desde la salida hasta la meta, en mis dos últimas medias, han sido casi calcados.

Aparte, es muy diferente la manera de correr una media en la que no se llega a los 400 participantes, con respecto otra en la que hay más de 7.700. Ayer, tras conseguir arrancar, me pegué avanzando a base de esprints más de dos kilómetros. Había tanta gente, que me encontré varios tapones que me ralentizaron y, aunque intenté echarme a un costado para poder seguir una línea lo más recta posible, la verdad es que para lograr ir adelantando corredores tuve que pegar un buen número de acelerones y de quiebros. En La Rinconada, en noviembre, cogí el ritmo crucero a los 100 metros y ya gestioné yo mi avance sin injerencias. Ayer tardé algo más en poder poner el piloto automático, en lo que a la trayectoria se refiere. La foto que voy a poner a continuación, que es la única que tengo en la que salgo (en la segunda fila vertical, empezando por la derecha) está hecha en el kilómetro dos y pico. La aglomeración de gente ahí era aún considerable.


Otra particularidad de la carrera de ayer fue que corrí sin saber qué tiempo llevaba. Creo que es la primera vez que me pasa eso en una media maratón. En efecto, en la salida me armé un lio con el pistoletazo inicial y le di tarde al reloj. Luego, encima, me confundí y en uno de los puntos kilométricos, en vez de darle al botón con el que se registran los parciales, lo que hice fue parar el cronómetro. Tardé un rato en darme cuenta. Parece mentira a estas alturas. En definitiva, lo que iba viendo en mi muñeca pronto dejó de ser una referencia, así que me fui centrando en mirar cuanto iba tardando en recorrer cada kilómetro, pero hasta que no enfilé la línea de meta no tuve una idea clara de la marca que iba a hacer.

Un elemento más de confusión, a la hora de poder ir controlando el ritmo, fue el de los globos que hacían de liebre. A veces los mismos me han sido muy útiles como referencia, pero la verdad es que en otras ocasiones son un elemento que, más que ayudar, provoca dudas. Ayer, al darse la salida tardé en ver al globo más cercano. Lo llevaba lejos, por lo que no fui capaz, durante mucho rato, de ver qué tenía escrito. Me imaginé que marcaba el ritmo para bajar de 1h35. Con el transcurso de los kilómetros le fui comiendo terreno, pero hasta que no lo alcancé, cumplidos ya los 5.000 metros, no supe que, en realidad, era el de 1h40. En ese momento creí que mi objetivo de bajar de 1h35 era una quimera. Sin embargo, pronto lo dejé atrás y volví a centrarme en mi ritmo por kilómetro, que estaba siempre entre 4:22 y 4:32. Sabía que si lograba una media final de 4:30 iba a bajar de 1h35, así que era consciente de ir corriendo dentro de los límites de lo planeado. Me quedaba la duda de si iba a conseguir recortarle al crono el 1:16 que había perdido en la salida. Luego me he enterado de que marqué 23:22 en el kilómetro 5, es decir, que hasta ahí mi ritmo oficial era de 4:40. No obstante, el real era de 4:25. Le iba recortando unos 5 segundos por kilómetro a los 76 que había perdido en el arranque. Tenía opciones, por tanto, pero estaba la cosa justita.

Poco antes del kilómetro 7 nos internamos en Triana y atravesamos el barrio por sus arterias principales, que son bien anchas. Luego nos dirigimos hacia Los Remedios. Este es el barrio donde viven mis padres y mi hermana, por lo que voy por allí con mucha frecuencia. Durante una década, además, también fue mi barrio. Sabía que a las 9:40 de la mañana, ni mi padre, ni mi madre, ni mucho menos mi hermana, iban a estar en la acera animándome, pero aún así la familiaridad del perímetro del Parque de Los Príncipes, por donde he entrenado cientos de veces, así como de las Calles Santa Fe y Virgen de Luján, me hicieron venirme arriba. Precisamente, al final de esta última estaba el kilómetro 10. Lo pasé en 45:34 y fue ese el peor momento de la carrera para mí. Me quedaba mucho, iba hecho un lío con el reloj, por lo que no sabía si iba en tiempo de cumplir con el objetivo o no, y encima acababa de vivir un subidón al principio de Virgen de Luján, que provocó el consiguiente bajón posterior. Por fortuna, el momento de debilidad, física y mental, duró un suspiro. En el kilómetro 11 decidí poner el crono a cero y tomarme el resto de la prueba como un diezmil, en el que tenía que bajar en cada parcial de 4:30. Por la razón que sea, al resetear el cronómetro me reseteé yo también, y a partir de ahí avancé mucho más suelto. Hasta el punto kilométrico 15, aunque iba bien, me mostré más conservador, pero al pasar por él tomé la decisión de apretar... y a ver hasta donde llegaba. Los últimos seis kilómetros los hice a 4:22, no es que sea una locura, pero hay que tener en cuenta lo que ya llevaba encima. Lo cierto es que gané 83 puestos en ese tramo. A lo mejor tampoco sorprende, pero a mí me produce una gran satisfacción haber corrido los tramos de cinco, cinco, cinco y seis kilómetros a una media sucesiva de 4:25, 4:26, 4:28 y 4:22.

El caso es que la última parte del Medio Maratón de Sevilla, tal y como está planteada ahora, es alucinante, y yo encima la hice pleno de energía y adelantando gente. El paso por la Plaza de España, que estaba en el último kilómetro, lo disfruté a tope. Aún no sabía si estaba en disposición de bajar de 1h35, pero confiaba en que sí. Evidentemente, teniendo en cuenta el tiempo real sí iba a ser capaz, dado que la gran mayoría de los parciales de la carrera habían sido inferiores a 4:30. Ese detalle sí lo había ido viendo. Sin embargo, no llevaba en el reloj el tiempo total y sabía que se me habían ido en la salida un buen puñado de segundos. Para mi tranquilidad, al enfilar el Paseo de las Delicias ya vi al fondo el cronómetro que había sobre la meta, y calculé que iba a conseguirlo. No quise dormirme en los laureles y seguí apretando, pero esta vez pude disfrutar de la recta final sin agonías. Acabé, oficialmente, en 1h34:39 (puesto 1.709 de 7.702 finishers). Ni que decir tiene que hubiera logrado adelantar al globo de 1h35, pero luego me he enterado de que esa liebre nunca existió. Da igual. Aparte, me hubiera gustado mejorar la marca de la media maratón de noviembre, y también es verdad que he llegado a liquidar los 21.097 metros de Sevilla hasta cinco minutos más rápido un par de veces, pero lo cierto es que eso fue hace mucho y me pone muy contento seguir pudiendo correr medias de manera natural a menos de 4:30 el kilómetro.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 231.
% del Total de Carreras a completar: 23%.

Reto Atlético 102 MEDIAS
Medias Maratones completadas: 41.
% del Total de Medias Maratones a completar: 40'1%.

Reto MEDIAS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Media Maratón en la PROVINCIA DE SEVILLA.
En 2000 (año de la primera Media corrida en la Provincia de Sevilla), % de Provincias en las que había corrido una Media: 1'8% (hoy día 24'5%).

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 37'1%).


30 de noviembre de 2021

MEDIA MARATÓN ENTREPARQUES 2021

Al final, entre unas cosas y otras me presenté en la salida de la Media Maratón Entreparques La Rinconada sin haber participado en ninguna carrera en el último mes y medio. Eso, unido a que llevaba casi tres años sin disputar una media, hizo que estuviera un poco nervioso. En las dos pruebas que corrí en septiembre, así como en la de principios de octubre, ya comprobé que el largo parón competitivo a causa de la pandemia no me había castigado en exceso, pero desde el día de la Carrera Popular Nervión San Pablo, el 3 de octubre, no había vuelto a ponerme un dorsal, por diversas circunstancias. Eso implica que llegué a San José de la Rinconada con mi rodaje habitual en las piernas, aunque sin haber hecho esfuerzos intensos desde entonces.

Como digo, estaba nerviosillo, pero todo ayudó a que me fuera tranquilizando poco a poco. En efecto, la mañana de finales de otoño salió preciosa, hacía frío, aunque no demasiado, el cielo estaba despejado y el ambiente en el Parque Las Graveras, donde se dio la salida, era muy cordial. Yo había elegido participar en esta media porque se que el municipio de La Rinconada es llano. Además, como ya he contado en este blog, a lo largo de 2020 y de 2021 he ido a San José de La Rinconada varias veces a ver los partidos que el Real Betis Féminas ha jugado en el Estadio Municipal Felipe del Valle. Ahora está la cosa mejor, pero durante los meses duros de la pandemia, en los que estábamos confinados en nuestros pueblos y ciudades, las excursiones a San José a ver al Betis Féminas fueron como un bálsamo. Por ello, un lugar que en principio no ofrece mayor atractivo, se ha convertido en un sitio entrañable para mí. De repente, la posibilidad de competir allí no solo tenía alicientes deportivos, sino también sentimentales.

En consecuencia, mi regreso al mundo de las carreras de 21.097 metros lo planeé para el pasado fin de semana. La tercera edición de la Media Maratón Entreparques La Rinconada estaba llamada a ser mi cuadragésima media completada. Ahí es nada.


He de reconocer que me costó un poco encontrar el Parque Las Graveras. Al buscarlo en Google Maps me dio la sensación de que estaba más cerca de San José de la Rinconada, pero resulta que es casi un parque periurbano. Realmente, está junto a un polígono industrial, que está junto a las vías del tren, que a su vez dan por el otro lado a las casas de San José, por lo que el parque no está aislado, ni mucho menos. Sin embargo, sobre el terreno parece estar en mitad de la nada. En cualquier caso, a la hora de correr su ubicación no solo no fue un problema, sino que le sumó atractivo a la cita.

Con respecto a la carrera en sí, a mí me encantó. El trayecto, nada más abandonar el Parque Las Graveras, se dirigió hacia el oeste, cruzó San José de la Rinconada en línea recta, salió por el lado opuesto, transitó por un tramo interurbano de un par de kilómetros, atravesó La Rinconada, salió por el noroeste de esta población, y tras recorrer por un camino otro trozo que discurría entre naranjos, llegó al Parque El Majuelo. El mismo sí parece ser interurbano del todo, bordea el Río Guadalquivir y nos lo pateamos de extremo a extremo. Lo de avanzar un buen rato por el margen del rio me gustó mucho. 


Al entrar en el Parque El Majuelo abandonamos el primer trecho no asfaltado de la carrera. Después de recorrer los dos kilómetros bordeando el Río Guadalquivir, nos separamos de él y emprendimos la vuelta. Regresamos al punto de partida, pero el trayecto no fue exactamente el mismo. No desandamos nuestros pasos, salvo por el tramo interurbano entre La RinconadaSan José. Tras llegar a esta pedanía otra vez, tiramos por dentro hacia el norte y luego hacia el este. Reconocí en esa parte de la prueba varios sitios por los que estuve cuando fui a ver al Betis. A continuación volvimos a abandonar la población, en esta ocasión por el norte. Este último trozo de la media transcurrió de nuevo por caminos, que como los anteriores, estuvieron en buen estado. En él, fuimos bordeando la vía del tren por un lado, la pasamos por arriba y retornamos por el otro en sentido opuesto, buscando ya el Parque Las Graveras. A la ida habíamos atravesado la línea ferroviaria por abajo y a la vuelta lo hicimos por un puente.

La carrera tuvo campo y tuvo asfalto, atravesamos parques y también zonas urbanas céntricas, tanto de La Rinconada, como de San José. Que el recorrido fuera tan diverso me encantó.

A nivel deportivo, el sabor de boca fue igualmente bueno. Como he dicho al principio, antes del pistoletazo inicial estaba nervioso, pero la intranquilidad desapareció cuando me vi corriendo. 


El primer mil lo hice en 4:19. Como iba decidido a rondar los 4:25-4:30 de media, tras ese arreón inicial bajé un poco la intensidad y me acomodé en un ritmo exigente, pero sostenible. Hasta el kilómetro 7 fui siguiendo la estela de varios corredores que, sin ir juntos, marchaban más o menos a la par. Por alguna razón, desde muy pronto se abrió un hueco enorme detrás de mí. Eso no impidió que me fueran alcanzando algunos máquinas que venían más rápidos desde lejos. Sin embargo, fui solo mucho rato. En el kilómetro 7, justo cuando acababa de entrar en el Parque El Majuelo, se me desató un cordón. Juré en arameo, pero no tuve más remedio que pararme a atarlo. Era imposible correr así todo lo que me quedaba. Después de solventar el imprevisto intenté recuperar el tiempo perdido, y realmente creo que logré minimizar la pérdida en parte, sin cebarme demasiado. En el kilómetro 10 marqué 44:18. Iba a 4:26 de media, por lo que el plan marchaba conforme a lo previsto.

Hasta el 12 fui controlando los parciales al pasar por los puntos kilométricos, pero ahí empecé a ver que el ritmo, tras cubrir el primer diezmil, había empezado a bajar de 4:30 el mil. Por ello, sin dejar de ir a tope, me olvidé del crono y me concentré en guiarme por las sensaciones, más que por lo segundos. Ya me estaba empezando a notar exigido y me asaltaron los miedos por un posible pinchazo. Por suerte, este no solo no llegó, sino que empecé a ver que, conforme avanzaba, poco a poco le iba comiendo terreno a otros corredores que habían ido delante mía largo rato. Pasé el kilómetro 16 en 1h11:05 y en ese momento sí miré el reloj. Con un rápido cálculo aproximado comprobé que, yendo más o menos a 4:30, iba a lograr bajar de 1h35, que era mi objetivo. Lo vi factible y me vine arriba. Tanto, que finalmente marqué en meta 1h33:31. En realidad, toda la carrera me mantuve muy estable: a 4:26 me salió la media de los primeros 10.000 metros y a 4:26 me salió también la final. Entré en el simbólico puesto 100. Acabaron la prueba 376 personas. 

En definitiva, me fui de La Rinconada feliz. Me gustó la carrera y encima sigo comprobando que los meses de inactividad competitiva no me han pasado factura. Estoy en el mismo estado de forma que en 2019, pero con tres años más. No me puedo quejar.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 230.
% del Total de Carreras a completar: 22'9%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en LA RINCONADA.
% de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que he corrido una Carrera: 37'1%.

Reto Atlético 102 MEDIAS

Medias Maratones completadas: 40.
% del Total de Medias Maratones a completar: 39'2%.

Reto MEDIAS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Media Maratón en la PROVINCIA DE SEVILLA.
En 2001 (año de la primera Media corrida en la Provincia de Sevilla), % de Provincias en las que había corrido una Media: 1'8% (hoy día 24'5%).