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25 de agosto de 2025

MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 2025

Felipe II accedió al trono de España con 28 años. La edad era perfecta para comenzar un reinado. Además, el hombre gozaba de la principal virtud que tienen las personas de éxito, que es que saben rodearse de gente que suma. Para colmo, se dice que era adicto al trabajo, austero, disciplinado y prudente, por no hablar de que fue un hábil estratega. Por último, sabía como separar su vida privada de la pública. En la actualidad, mantener una imagen intachable es imposible a ciertos niveles, pero antaño tampoco era fácil pasar a la posteridad como un gobernante ejemplar. Si lo hubiera sido, todos lo habrían hecho, pero la historia del planeta está llena de reconocidos dirigentes mequetrefes e inútiles. Por tanto, aunque hoy en día sabemos que Felipe II también era altivo, desconfiado, puritano y supersticioso, y pese a que la fama de asesino, de cruel, de déspota y de tirano ya le persiguió en vida, gracias a la leyenda negra que crearon sobre él sus enemigos europeos, la verdad es que su católica majestad, sin salir nunca de la Península Ibérica, conservó un imperio en el que no se ponía el sol.

No es que los dominios de Felipe II fueran una Arcadia feliz, precisamente, ni yo le debo nada, pero, si se acerca uno a su figura huyendo del peligroso presentismo histórico, es decir, cuando no se le juzga con la mentalidad actual, sino que se le compara con lo demás dirigentes que gobernaron el mundo durante la Edad Moderna, creo que el rey español sale muy bien parado.

Todo esto lo digo, para hacer hincapié en que Felipe II no hacía las cosas al tun tun. Por eso, es significativo que, apenas dos años después de heredar el trono, ya se pusiera manos a la obra para que se construyera un edificio que estuvo llamado a ser el centro del mundo occidental desde su concepción. El rey tenía un plan, y el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue el eje del mismo.


El caso es que Felipe II, al ser coronado en 1556, decidió que iba a promover la creación de un magno edificio, con la excusa de que acogiera la tumba de su padre, la suya y la de los de su estirpe. Para hacerlo, eligió un lugar estratégico en la Península Ibérica, dado que, de manera paralela, el monarca tenía la intención de trasladar la corte a Madrid, cosa que hizo en 1561, para alejarla de los tradicionales núcleos de poder eclesiásticos y de la nobleza. En consecuencia, el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial quedó emplazado muy cerca del nuevo epicentro de España, lo que ayudó a que pudiera pasar, de ser un mero panteón, a convertirse en el corazón del mayor imperio del mundo, que era la idea. Por eso, además de una iglesia y de un monasterio, al mausoleo se le anexó también un enorme palacio, un colegio y un seminario, el cual garantizaba la salud y la supervivencia futura del cenobio y del propio proyecto, así como una brutal biblioteca, destinada a servir de apoyo a las políticas reales.


Con respecto al palacio, que es una parte esencial de El Escorial, lo cierto es que Felipe II, cuando mandó construir su residencia, lo hizo pensando en su potencial estratégico, no en poder corretear por sus jardines o por sus salones. Por ello, no es casual que su morada estuviera unida a un monasterio, ya que pretendía institucionalizar su papel como estandarte del catolicismo. Por esa razón también, aunque podría haber sido más discreto, el soberano diseñó un edificio aislado que brillaba por sí mismo, y no tuvo reparos en gastar una fortuna para que causara el mayor impacto posible. 

El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial se empezó en 1563 y se dio por terminado en 1586. 439 años después de que se pusiera su última piedra, todas las partes en las que se encuentra dividido siguen en uso, con la cosa de que, salvo en el caso del sector palaciego, que está musealizado, la utilización que se le da a los espacios es la misma para la que fueron concebidos.

Espero que esta larga introducción haya puesto en contexto la descripción que sigue del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. En parte, he repetido lo que dije tras la visita de 2023, pero creo que es importante tener claros ciertos aspectos, a la hora de entender como está organizado el gran edificio. En lo que queda del post, voy a tratar de contar cosas nuevas, sin ser reiterativo, para que este artículo sirva de complemento al que escribí hace dos años.

De todas maneras, la estructura de la narración sí la voy a mantener. Así, en 2023 dividí el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en ocho partes, y ahora voy a hacer igual. En aquella ocasión, recorrí el edificio integrado en un grupo organizado, con la cosa de que, en algunos momentos, el tour me pareció que fue un poco atropellado. En este caso, íbamos por libre, pero consideré que ninguno de nosotros estaba preparado para sacarle el jugo al mastodóntico inmueble, si nos dedicábamos a deambular por sus salas por nuestra cuenta.


Por ese motivo, compramos la entrada con antelación y nos unimos a una visita de las oficiales del Monasterio. Fue un acierto, porque la guía, cuyo nombre no recuerdo, nos condujo con maestría por seis de las ocho partes del edificio. Gracias a ella, me enteré de un montón de cosas, y también me eché unas risas, ya que avivó las explicaciones con su humor ácido y un poco sarcástico.

La división en ocho partes de la que hablaba antes, es más didáctica y funcional que real, pero lo que sí que es patente, de manera formal, es que el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial tiene tres pisos (la planta baja, la planta primera y el sótano). Lo de intentar repartir los 33.327 m² de la superficie del edificio en sectores, se debe que me gustaría aclarar un poco como está organizada su laberíntica estructura interior.

La Zona Exterior, la Basílica y el Palacio de Felipe II

Todas las visitas al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial empiezan y terminan en la Lonja, por lo que este es el enclave más relevante de la Zona Exterior.


La Lonja es el nombre que reciben las explanadas que se extienden frente al Monasterio por sus lados norte y oeste. Alrededor de estas, hay unos cuantos edificios más pequeños que no conozco.

En 2023, accedí al Monasterio por su flanco oeste, que es el principal. El otro día, en cambio, lo hice por la puerta dispuesta para los visitantes que van por libre, es decir, por la que da paso al Zaguán del Personal de Boca. Antaño, por ahí entraba en el edificio el personal de servicio del rey. En la actualidad, las taquillas están un poco más allá, en la Antigua Cocina de Boca, que es donde se cocinaban las viandas que comía la familia real. 

El tema es que el orden en el que vimos las diferentes partes del complejo varió en esta ocasión, con respecto a lo que hicimos en 2023. Además, tampoco pudimos entrar en la Basílica de San Lorenzo de El Escorial, porque estaba cerrada. Por suerte, yo ya la traía vista de la otra vez. En ese sentido, la explicación de la guía, relativa a la gran iglesia, la escuchamos en el nártex de la misma, debajo de su sobria fachada. 



En la iglesia no entramos, pero, a pesar de ello, fue interesante el trayecto que hicimos para ir desde el lugar donde se había formado el grupo, cerca de las taquillas, hasta el mencionado nártex, ya que pude atravesar el Patinejo de Boca y el Patinejo de Oficios. Estos vertebraban las dependencias por las que se movía el servicio del rey, que estaban situadas en la parte del Monasterio conocida como Palacio de Felipe II.

  

Después de dejar atrás el Patinejo de Oficios, pasamos al Patinejo de Palacio, que ya colinda con la Basílica, atravesamos por debajo la Torre de Campanillas, y accedimos al nártex.

Ya he mencionado el Palacio de Felipe II, por lo que voy a seguir hablando de él, pese a que nuestra visita guiada dejó para el final la mayor parte de ese sector. 

El Palacio de Felipe II se distribuye en dos partes. Se denominan Casa del Rey y Palacio Público. En la primera, se diferencia a su vez entre el Palacio de Verano y el Palacio de Invierno. La mayoría de este último está en la planta baja del Monasterio, al nivel de las dependencias conventuales, y a la espalda de la Basílica. Sin embargo, la Casa del Rey se extiende también al sótano, donde se encuentra situado el Palacio de Verano. Hoy en día, esas salas se usan como un museo que yo no conozco, en el que se hallan expuestas muchas de las obras de arte de la colección de Felipe II.

Por lo que respecta al Palacio Público, el mismo se ignora en la visita, salvo la parte por la que se accede al edificio para llegar a las taquillas, que es el sector donde están las estancias en las que se manejaba el servicio, como ya conté antes, y también a excepción de otra sala de la que voy a hablar ahora. 


En efecto, hay una pieza del Palacio Público que se avista siempre, y que no deja indiferente a nadie. Se denomina Salón de Las Batallas o Galería Real. Se trata de un largo corredor, que comunica el Palacio Público con la Casa del Rey. Las paredes del mismo se encuentran pintadas con varios frescos, en los que se muestran escenas guerreras en las que las tropas españolas salieron victoriosas. En origen, el objetivo de esa profusa decoración era indicar a los visitantes, que estaban obligados a pasar por allí para ser recibidos por el soberano, que las campañas de Felipe II por la hegemonía europea, representadas por la Batalla de San Quintín y por la Batalla de la Isla Terceira, entroncaban con la actitud combativa demostrada por los monarcas cristianos castellanos de la Edad Media, que se refleja en las imágenes de la Batalla de la Higueruela. La ornamentación, por tanto, tenía un punto propagandístico.


Por su parte, el Palacio de Invierno de la Casa del Rey es uno de los sectores del Monasterio que se suele visitar con más detenimiento, ya que llama la atención, dado que nos acerca al lado humano de Felipe II y de su familia.

Cuando Felipe II se trasladó a vivir al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial contaba 59 años. En 1580, seis años antes, había enviudado por cuarta vez, y no se había vuelto a casar, por lo que se mudó sin reina. Sin embargo, sí había una mujer en su vida, y no estoy hablando de su querida, que amantes no se si tenía ya por aquel entonces. Me refiero a que, a esas alturas de su reinado, Felipe II se apoyaba para gobernar en su empoderada hija Isabel, que fue la mano derecha del monarca hasta su muerte. El caso es que, en el Palacio de Felipe II, está por un lado el Cuarto del Rey, y por otro el Cuarto de la Reina. Este iba a ser para Isabel de Valois primero, y para Ana de Austria después, pero no lo pudieron ver terminado ninguna de las dos. En efecto, Isabel era la reina consorte en el momento en el que se comenzó El Escorial, y Ana la sustituyó en el trono al fallecer la francesa, pero ella tampoco logró ver finiquitado el edificio. Tras estos últimos matrimonios, Felipe II no se desposó más, pero sí se dejó ayudar mucho por su vástaga, que se acabó instalando en el Cuarto de la Reina. Por eso, también se le conoce como Cuarto de la Infanta.

En general, todo el sector privado del Palacio de Felipe II destaca por la mesura, a pesar de lo exagerado que fue el monarca con las proporciones del edificio y con el nivel de los elementos decorativos de otras dependencias del mismo. Aparte, la estructura del Cuarto del Rey y del Cuarto de la Reina es simétrica. En efecto, en ambos, la Pieza Principal de la Cámara tiene dos puertas. La primera da paso a la Alcoba y la segunda al Escritorio.

 
El dormitorio de la foto de la izquierda es el de la parte de la infanta, pero, en cambio, el despacho es el de Felipe II. En ese lugar, el rey burócrata pasó muchos ratos trabajando. Los muebles no son los originales, pero sí son igual de antiguos. En líneas generales, el mobiliario de las habitaciones responde a lo que se sabe que había en ellas en el siglo XVI.

Por otro lado, tanto el pequeño despacho del rey, como el espacio equivalente de la reina, tenían una puerta, que se ve en la fotografía que he puesto arriba. Ese portón daba acceso al Oratorio, que se asomaba directamente al interior de la Basílica. Por su parte, los dormitorios tienen también sendos ventanucos, que permitían ver desde la cama, de manera directa, la zona principal de la iglesia.

Más allá de las estancias privadas del rey y de la reina, la parte de uso personal del segundo continuaba. En efecto, atravesando una puerta, Felipe II podía pasar de sus cámaras más íntimas a la Sala del Rey, que era donde comía.


Después, desde la Sala del Rey Felipe II tenía la posibilidad de acceder, a través del magnífico portón de marquetería alemana de la imagen, a la Galería de Paseo de Invierno. Sin embargo, nosotros tiramos por una puerta lateral, que nos condujo a la Pieza Grande de Secretarios.


En esa estancia hay dos puertas. La del fondo comunica con la Sala de Retratos o de Audiencias, y la segunda, que es la que cogimos nosotros, nos llevó a la mencionada Galería de Paseo de Invierno, que es por donde el rey se movía un poco los días en los que no podía salir al exterior por el mal tiempo.


Desde la Galería de Paseo de Invierno también hay un acceso a la Sala de Audiencias o de Retratos, que era donde Felipe II recibía a las visitas inexcusables.


Por explicarlo un poco mejor, el monarca pasaba mucho tiempo en sus aposentos, ya que en ellos dormía, trabajaba, comía e incluso paseaba. Estas últimas dependencias, es decir, las estancias en las que almorzaba o por la que estiraba las piernas en los días malos de invierno, estaban conectadas con las habitaciones en las que los secretarios curraban, las cuales, a su vez, daban a la Sala de Audiencias. A ella, el rey podía acceder directamente desde la Galería de Paseo de Invierno. Por su parte, el afortunado que llegaba a ser recibido en El Escorial (lo habitual era que el interesado se viera obligado a esperar a que Felipe II se trasladara al Real Alcázar de Madrid), hasta que le daban permiso para encontrarse con el soberano en la Sala de Audiencias permanecía en la Pieza de Guardias.


Cuando el personaje que iba a ser recibido ya estaba en la Sala de Audiencias, el rey entraba en ella desde la Galería de Paseo de Invierno, que también conectaba por dentro con la secretaría y con sus aposentos más privados. En la Sala de Audiencias, el monarca recibía al visitante. Esa habitación, daba también directamente a los despachos de los secretarios, de manera que, si había algún documento que estudiar, o había algo que estos tenían que ver, lo podían hacer en la dependencia contigua. 

En definitiva, el Palacio de Invierno del Palacio de Felipe II es uno de los sectores de El Escorial donde más se detienen las visitas. En él, destaca la moderación, la sencillez y la ausencia de ornamentos. Parece claro que Felipe II quería dar una imagen de hombre austero y sobrio a los que le trataban de cerca.

La Zona Conventual

La otras dos partes del Monasterio que se ven con más detenimiento son el sector conventual y el de los enterramientos. El primero de ellos está comunicado con la zona privada de Felipe II, pero la entrada principal se encuentra en el propio nártex de la Basílica. Desde este, se accede a una estancia, que se ubica bajo la Torre del Reloj o de las Campanas, la cual ejerce de zaguán del cenobio. A continuación, se pasa a la Sala de la Trinidad, que era el que hacía las veces de locutorio del mismo.


En la imagen, es el cuadro que se ve en el centro es que le da el nombre a la sala. Se titula La Santísima Trinidad, y lo pintó José de Ribera en 1635. Realmente, todo el sector conventual que se muestra a los visitantes está trufado de obras de arte. En origen, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial era un museo en sí mismo, ya que Felipe II lo llenó de lienzos de nivel top. Hoy día, muchos de estos se exponen en el Museo del Prado, pero hay unos cuantos que se han dejado en el cenobio. La Santísima Trinidad es el primero que uno se encuentra.

El sector conventual del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial ocupa la esquina sureste del edificio, y se vertebra a partir de un gran patio central, que no se puede ver. A su alrededor, el Claustro Principal Bajo ejerce de elemento distribuidor de un montón de estancias.


Las galerías del claustro están decoradas con 54 frescos, que narran la historia de la redención. Son obra de Pellegrino Tibaldi, que los pintó entre 1588 y 1595. En uno de ellos, se puede comprobar que ya había cretinos en el siglo XIX, dado que se observan grafitis incluso de 1825.


Cuando el efecto de una gamberrada es capaz de sobrevivir dos siglos, acaba adquiriendo su propio valor histórico, por lo que se han dejado para la posteridad las firmas que hay en los frescos de Tibaldi, los cuales ahora están protegidos por un panel de metacrilato.

Probablemente, el elemento más espectacular del Claustro Principal Bajo es la Gran Escalera. En su techo, está pintado un fresco de Luca Giordano, que se titula La Gloria de la Monarquía Española


Luca Giordano era famoso por su capacidad de trabajo y por la rapidez con la que pintaba, usando las dos manos. Ese par de circunstancias posibilitaron que fuera muy prolífico. En concreto, La Gloria de la Monarquía Española la terminó en 7 meses, cuando ya tenía casi 60 tacos.

Unos años antes de que Giordano plasmara su fresco, Pellegrino Tibaldi había pintado debajo cinco murales, titulados Cristo Resucitado de entre los Muertos, que le aportan una espectacularidad extra a la Gran Escalera. En ella, todas las visitas guiadas se detienen bastante, por las obras de arte y por la escalinata en sí, dado que esta es una de las primeras de tipo imperial erigidas en España. La misma une el Claustro Principal Bajo con la zona donde siguen viviendo los monjes del Monasterio.

Otro punto de referencia en el Claustro Principal Bajo es la Iglesia Vieja. Esta, en realidad, es solo una habitación que se habilitó para celebrar misas durante el tiempo en el que la Basílica estuvo en construcción.


La sillería de la Iglesia Vieja es la original del siglo XVI. Sin embargo, el elemento estrella de la sala es el gran cuadro de Tiziano que está colgado de una de sus paredes. Se titula El Martirio de San Lorenzo, y es otra de las obras de arte inmortales que se pueden seguir contemplando en El Escorial.


Las demás estancias destacadas que se abren al Claustro Principal Bajo son la Sala Vicarial y la Sala Prioral. En ellas, se celebraban antaño las asambleas de los monjes del cenobio. Hoy en día, en las paredes de ambas brillan más lienzos de primer nivel. Uno de los sobresalientes es El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana, de El Greco

El cretense Doménikos Theotokópoulos pisó España por primera vez con 36 años. Llevaba una década instalado en Italia, pero, en ese periodo, en el que empezó a ser conocido como Il Greco, su genialidad estuvo todavía en formación. En 1577, merced a unos contactos que había logrado hacer, tras una breve estancia en Madrid se instaló en Toledo, que era una de las mayores ciudades de Europa por aquel entonces. Allí vivió 37 años, hasta la misma fecha de su muerte, convertido ya en El Greco. El caso es que el Monasterio del El Escorial se encontraba en plena construcción en 1577, y Felipe II había invitado a los más reputados artistas italianos de la época a que se implicaran en su decoración. Por eso, en El Escorial hay obras de Tiziano, de Tintoretto, de Veronés, de Luca Giordano, de Pellegrino Tibaldi o de Federico Zuccaro. El Greco, que en Italia se había visto un tanto eclipsado por todos ellos, en España decidió apostar fuerte, logrando que Felipe II le encargara un cuadro. El mismo lo entregó en 1579, y trajo consigo otro encargo, que estaba destinado a ir colocado en el altar de la capilla noroccidental de la Basílica de San Lorenzo de El Escorial. Parece que El Greco sintió que, si se lucía con el nuevo lienzo, tenía opciones de pasar a ser el pintor de cabecera del rey, por lo que se empleó a fondo entre 1580 y 1582, y dio a luz El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana


Por desgracia para El Greco, a Felipe II su creación no le gustó nada. Por lo visto, no le moló la escena que se representó, ni la disposición de los personajes, ni el hecho de que el lienzo inspirara más a la reflexión que a la oración. En consecuencia, El Martirio nunca llegó a colocarse en la Basílica y El Greco no volvió a trabajar para el monarca. No obstante, este admitió la calidad de su cuadro y le pagó bien por él, por lo que el El Greco regresó a Toledo con su reputación intacta, y ya no se movió de allí. La pintura, por su parte, se quedó en El Escorial. En la actualidad, está ubicada en el Zaguán de las Salas Capitulares, entre la Sala Vicarial y la Sala Prioral. Por lo demás, las obras que hay en las paredes de estas son espectaculares. Dos ejemplos son La Túnica de José de Velázquez (en la foto de la izquierda), y La Última Cena de Tiziano (en el centro de la foto de la derecha).

  

En relación con La Ultima Cena de Tiziano, resulta curioso que esta obra estaba al principio en el refectorio del Monasterio, que era donde comían los monjes, con la cosa de que se recortó el lienzo original por sus cuatro lados, para que encajara bien en la pared de esa sala. Hoy en día, no se le pasa a nadie por la cabeza mutilar un cuadro de Tiziano, pero en aquella época no lo dudaron.

San Jerónimo Penitente es otra obra notable de Tiziano que se expone en la Sala Vicarial. Junto a ella, hay una puerta, a través de la cual se puede bajar a los Panteones.

Los Panteones

Desde su concepción, una de las funciones primordiales de El Escorial fue albergar las tumbas de los reyes de España. Sin embargo, al fallecer Felipe II los Panteones no existían. De hecho, la primitiva cripta sepulcral en la que el soberano enterró a su padre, Carlos I, estaba situada justo debajo del Altar Mayor de la Basílica, y él mismo murió, en 1598, pensando que iba a reposar para siempre en el presbiterio de esta. No obstante, en el siglo XVII se excavó el suelo del panteón original, y se construyó el Panteón Real, que se terminó en 1654. Por su lado, el segundo sector de los Panteones, que se corresponde con el Panteón de Infantes, se concluyó en 1888.

Nosotros accedimos a los Panteones por la escalera que los conecta con la Sala Vicarial, como he dicho. Después, fuimos recorriendo una a una las nueve cámaras sepulcrales del Panteón de Infantes, en las que reciben sepultura las reinas que no han sido madres de reyes, y también otros miembros de la familia real. En esas salas, todo está hecho de mármol. En ellas, yo destacaría, en primer lugar, la tarta poligonal de la Cámara IV, en la que se entierra a los infantes muertos antes de cumplir los 8 años. En total, hay 34 niños y niñas en el Mausoleo de Párvulos.


En la Cámara V, sorprende la especial preeminencia que se le dio a Don Juan de Austria, que fue un hijo ilegítimo que tuvo Carlos I, cuando su heredero Felipe tenía ya 20 años. El Sepulcro de Don Juan de Austria, esculpido por Giuseppe Galeotti, evidencia la reputación como militar que llegó a alcanzar el medio hermano de Felipe II, que había sido reconocido por su padre, por lo que siempre estuvo considerado como un miembro más de la familia real.


En la Cámara VI está enterrada buena parte de la familia directa de Isabel II, que fue la promotora del Pabellón de Infantes en el siglo XIX. 


No solo hay sepulcros vacíos en la Cámara VIII, pero sí es en esta sala donde se ven un mayor número de huecos para los cadáveres de los miembros de la familia real que mueran en el futuro.


Alfonso de Borbón-Dos Sicilias es la última persona que ha recibido sepultura en el Panteón de Infantes. Era nieto de Alfonso XII y sobrino de Alfonso XIII, y fue trasladado a su morada definitiva desde el Pudridero en 2004.

El Pudridero es una cámara no visitable de los Panteones, en la cual se reservan los cadáveres durante tres décadas, a la espera de que se descompongan y se pueda depositar lo que quede de ellos en la tumba que le corresponda a cada uno, ya esté esta en el Panteón Real o en el Panteón de Infantes. En momento presente, aguardan para ser llevados al primero Juan de Borbón y María de las Mercedes de Borbón, es decir, los padres de Juan Carlos I. Aparte, en el Pudridero hay otros tres miembros de la realeza, que serán trasladados al Pabellón de Infantes en los próximos años.

Por lo que respecta al Panteón Real, en él hay 26 tumbas. Todas están llenas, menos las que acogerán a Juan de Borbón y a María de las Mercedes de Borbón. Lo que va a pasar con Juan Carlos I y con la reina Sofía cuando fallezcan, así como con los actuales monarcas, es un misterio, porque parece que no tienen un sitio definido.

El Palacio de los Borbones

Quitando el Colegio de Alfonso XII, al que no pueden acceder los turistas, el Palacio de los Borbones es la parte del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial que peor he visto. Las razones son que no lo he recorrido con un guía, sino que he ido por libre, y también que las dos veces lo he dejado para el final. Por eso, he pasado por sus dependencias estando ya cansado, tras un par de horas de ruta por el resto del edificio, y sin que nadie me haya explicado un poco las cosas. Aun así, yo he tratado siempre de fijarme en algunos detalles concretos.

El Palacio de los Borbones ocupa la primera planta de la esquina noreste de El Escorial. Con los Habsburgo, en esas habitaciones era donde se alojaba la familia real, salvo el rey y la reina, así como los gentileshombres de la Corte que tenían categoría para dormir cerca de sus majestades. En el siglo XVIII, Carlos III hizo que se reformara todo ese sector, para que su parentela se sintiera más cómoda, dado que él seguía usando los aposentos que habían sido de Felipe II. Lo curioso es que estos también estuvieron decorados al gusto borbónico hasta hace unos 70 años, que fue cuando se les devolvió la apariencia original. Sin embargo, las demás estancias se dejaron con el aspecto barroco que mantienen hoy día.


En nuestro recorrido por el Palacio de los Borbones, pasamos, por ejemplo, por la Antecámara y por la Pieza del Ujier, que están en la zona conocida genéricamente como Cuarto de la Reina, así como por la Pieza de Entrada o por la Sala de Telémaco del Cuarto de la Infanta. En este, me volví a parar en el espectacular Salón Pompeyano, que en su día fue el cuarto de las amas de cría. 


En general, todas las dependencias borbónicas son una sucesión de habitaciones profusamente decoradas, que cumplían unas funciones concretas. Para verlas bien hay, que echar allí un buen rato. Mi idea es centrarme en esa parte la próxima vez.

La Biblioteca Laurentina

La Biblioteca Laurentina tampoco forma parte de las visitas guiadas. La nuestra acabó en el Patinejo de Boca, es decir, al lado de donde había empezado. Por tanto, para ir a la biblioteca desde allí volvimos a dirigirnos al Patio de los Reyes


En uno de los extremos de este se encuentra la Basílica, mientras que en el otro está el Zaguán Principal (en la foto que acabo de poner, es lo que hay tras los tres arcos que se ven al fondo). Desde el Zaguán Principal se puede subir a la biblioteca.

Con independencia del enorme valor de sus fondos, la Real Biblioteca Laurentina aparece a la cabeza de la mayoría de los listados en los que se detallan cuáles son las bibliotecas más grandiosas de España


Gran parte de la espectacularidad de la biblioteca de El Escorial se debe a las pinturas al fresco de los techos, que fueron ejecutadas por Pellegrino Tibaldi. El lombardo trabajó durante una década en el Monasterio, y es responsable de varias de las obras maestras del mismo, como ya ha quedado claro.

Realmente, lo que se visita en la Biblioteca Laurentina es el Salón Principal, que alberga libros impresos, pero, por lo visto, en ella hay más dependencias. En una, creo que se conservan los manuscritos, y antaño, he leído que había otra en la que se guardaban a buen recaudo las obras prohibidas. 

En las estanterías del Salón Principal, los libros se encuentran colocados con las cantos de las hojas hacia fuera. Están así para que el papel respire, parece ser. Por otro lado, en el centro de la gran sala hay una serie de mesas de la época de Felipe II, sobre las que reposan globos terráqueos, astrolabios y vitrinas con mapas.

El Colegio de Alfonso XII

El Real Colegio de Alfonso XII no se visita, porque se sigue usando como centro educativo. Este no es exactamente el que creó Felipe II, pero es heredero del mismo. En la actualidad, es concertado en infantil, en primaria y en la secundaria obligatoria, por lo que está al alcance de casi todos los habitantes de San Lorenzo de El Escorial. Para el bachillerato, en cambio, la institución sí pasa a ser privada al 100%, lo que la sitúa a otro nivel. Aparte, como se puede deducir con facilidad, se trata de un colegio religioso, pero, con independencia de eso, yo opino que estudiar en un sitio con tanta historia debe ser alucinante.

En el último par de años, he ido dos veces al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La visita de 2023 fue un pelín apresurada, pero la del otro día la pude saborear a la perfección. En realidad, la mayoría de las zonas del edificio que están abiertas a los turistas ya las he visto muy bien, salvo la parte del Palacio de los Borbones y la del Palacio de Verano, que aún tengo que recorrerlas con calma. También me gustaría echarle un ojo a los rincones del complejo que no se enseñan normalmente, que no son pocos, pero esto soy consciente de que va a ser más difícil. No obstante, nunca se sabe lo que deparará el futuro...


Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitado REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL.
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados en la Comunidad de Madrid: 50% (hoy día, confirmada ya esta visita, 50%).
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados: 1% (hoy día, confirmada ya esta visita, 43%).


13 de marzo de 2025

SEVILLA 2025

Desde que empecé con este blog en mayo de 2016, hasta 2022, escribí una docena de post sobre Sevilla. Sin embargo, hacía casi tres años que no le prestaba atención a la ciudad en la que nací. La había mencionado con motivo de mi participación en varias carreras que discurrieron por sus calles, y también le había dedicado artículos concretos a la Giralda, a la Catedral y a la Plaza de España, pero Sevilla, como población, no había sido la protagonista en En Ole Väsynyt desde junio de 2022. Ahora, en marzo de 2025, ha llegado el momento de volver a apuntar el foco a la capital de Andalucía.


La razón de que haya decidido volver a escribir sobre Sevilla es que, tras un montón de meses en los que hemos podido salir muy poco de la rutina, de repente, en cuatro fines de semana consecutivos se nos han juntado una serie de atractivos planes, sobre los que no puedo dejar de hablar. 


A modo de resumen previo, voy a decir que, en el primer fin de semana, los planes se enmarcaron en lo que serían un par de días divertidos para mí, pero normales, después de todo. El segundo, en cambio, vino nuestra amiga Ruth a vernos desde Madrid, por lo que nos centramos más en hacer verdadero turismo. Así pues, hicimos cosas como ir al Real Alcázar de Sevilla. El tercero, quedamos, por un lado con mi hermana y con mi madre la noche del viernes, y, por otro, con algunos compañeros míos de trabajo el sábado, para hacer una visita en grupo, que se alargó a la comida. Por último, el cuarto finde nos unimos a mi familia política, y no solo cenamos con ellos el viernes, sino que también regresamos el domingo al Alcázar, por segunda vez, para realizar un tour guiado, que fue el colofón perfecto a lo vivido durante el mes.


Como se puede comprobar, es tanto de lo que quiero hablar, que voy a dividir los momentos en categorías. Primero, voy a referirme a los sitios donde hemos comido, luego voy a nombrar otros lugares donde lo que hemos consumido no han sido almuerzos ni cenas, voy a continuar con los planes no turísticos que he hecho, y acabaré con los highlights objetivamente destacados que hemos visitado.

Comer y cenar, todo es empezar

Con respecto a lo de los lugares donde cenar y donde almorzar, no tengo queja de ninguno de ellos. De hecho, volvería a todos, pero voy a plantear la narración poniendo el contrapunto entre lo que más me gustó de cada uno, y lo que menos.
 
De Balcón Real, me quedo con el sitio en el que está, que compensó el caótico servicio. Sin embargo, lo que recordaré con el tiempo, es que eché un rato entrañable con María, con Ana, con Julia y con su amiga Lucía, el primer sábado, después de haber pasado una tarde de cine.


La Chalá, que es donde comimos con Ruth el segundo sábado, se encuentra en la misma placita que Balcón Real, por lo que su velador fue igual de agradable. De este restaurante, lo malo fue que la cerveza que me pusieron estaba un pelín caliente. En el paraíso de la Cruzcampo a -2º, es un crimen que te sirvan una cortaita pasada de temperatura. No obstante, tanto Balcón Real como La Chalá son muy recomendables.

En Manducare, el día después de comer en La Chalá, almorzamos a la hora de los guiris. Dio igual, porque unas papas aliñás tan buenas como las que nos pusieron, entran a cualquier hora. Además, esta vez me sirvieron una Cruzcampo cortada en vaso de sidra a temperatura perfecta. Chapeau. Manducare abrió en 2019 en la Calle San Esteban, en una de las partes del centro de Sevilla que más me gustan, y pone mesas en la Calle Vidrio, que es peatonal. Es un sitio para regresar. 

Un lugar parecido es el Ombú, pero este está en el barrio de Los Remedios. Allí cenamos el viernes del tercer fin de semana, con mi madre, con mi hermana... y con David. Me gustó el talante de los camareros, aunque en el local había un poco más de ruido de la cuenta.

En Caballito de Mar cenamos el cuarto viernes, pero esta vez con mi suegra, con mis cuñadas y con mis sobrinos. Durante muchos años, en el local de la Calle José Laguillo donde está, se ubicaba La Cigala de Oro, que era unos de los restaurantes de comida de batalla más míticos de Sevilla. La Cigala cerró en 2022, no porque fuera mal, ya que siempre estaba lleno, sino porque se jubiló su propietario. El negocio lo cogieron cuatro jóvenes inversores, de esos que tienen pasta para reventar aunque no lo parezca, le modificaron el nombre y le lavaron la cara. Ahora, es una marisquería, que yo creo que no ha cambiado de clientela, pero que tiene un aspecto un poco menos hardcore. Para mí, no tuvo nada negativo.


Por último, el de La Industrial fue mi almuerzo menos estándar, porque estuve allí con un amplio grupo de compañeros de trabajo, con los que había asistido a una visita guiada al CAAC. Aunque no me vi tan relajado como cuando tapeo en familia, lo pasé bien, y La Industrial no me decepcionó, porque, al ser una franquicia que se ubica en el Centro Comercial Torre Sevilla, me temía que iba a ser una trampa para víctimas del consumismo, pero comimos rico. 

Lo cierto es que el Centro Comercial Torre Sevilla, aunque permita perpetrar un plan en el que se combine una comida en el Burger King con una visita al Primark, por ejemplo, también es uno de los centros comerciales más amables que conozco. En primer lugar, no me resulta desagradable, porque está montado como una calle con tiendas al aire libre, pero, aparte, en él se ubica el CaixaForum Sevilla, que es un espacio expositivo interesante.

Desayunos y meriendas sin ColaCao

La mayoría de los sitios en los que tomamos algo, al margen de los almuerzos y de las cenas, los visitamos con Ruth. Dos de ellos estuvieron en la Alameda de Hércules. En el primero, denominado El Viajero Sedentario, desayunamos el día que ella llegó. Se trata de una cafetería de corte moderno, pensada para echar el rato con calma, saboreando productos de calidad. Nosotros, es lo que hicimos, sentados en la terraza que tiene delante.


En cambio, en el otro sitio de la Alameda en el que paramos, llamado Terraza Patio Alameda, estuvimos después de comer. En este caso, se trata de un pintoresco bar, frecuentado por sevillanos, que se ha habilitado en la terraza del Hotel Patio de la Alameda. En ella, se puede tomar café o una copa, disfrutando de las vistas desde lo alto. La pega fue que había bastante jaleo. Lo cierto es que un sábado por la tarde, la experiencia en un lugar así no es precisamente zen, ya que está muy lleno, y, aparte de las parejitas, hay que compartir espacio con grupos de personas que, quieras que no, llevan bebiendo alcohol un buen rato.

Menos tópico, y también menos bullanguero, fue el lugar donde nos tomamos una caña para rematar el primer día con Ruth, ya a última hora de la tarde. 


De la Sala El Cachorro cualquiera podría decir que se ubica en la Calle Procurador, en pleno barrio de Triana, en las antiguas instalaciones de una fábrica de gaseosa, que fueron rehabilitadas y convertidas en un espacio cultural a finales de los años 80 del siglo XX. Yo, además, puedo añadir que el establecimiento está regentado, desde 1996, por una prima hermana de María, por lo que lo he visitado por activa y por pasiva, para multitud de planes, y en todas las circunstancias imaginables. El otro día, al tomarnos una cerveza en su agradable patio interior, sumamos uno nuevo a la lista de buenos ratos pasados allí.

El cuarto lugar en el que estuvimos en estos cuatro fines de semana, integrado en la categoría de negocios de restauración en los que no almorzamos ni cenamos, serviría para finiquitar cronológicamente este post, ya que desayunamos allí el último domingo, después de la segunda visita al Alcázar, que culminó también los planes turísticos de los que voy a hablar en este artículo. El sitio en cuestión se denomina Bar Los Niños, y en él nos tomamos unos cafés y unas tostadas por las buenas, pero la experiencia está a años luz de la que vivimos en El Viajero Sedentario, por lo que sirvió para cerrar un poco el círculo y para devolvernos a la realidad.


El Bar Los Niños es el prototipo de bareto de barrio, en el que el trato es cercano y amable, pero donde los formalismos brillan por su ausencia. En su interior, un puñado de mesas y sillas de derrumbe se reparten, de manera un tanto caótica, por un local con una estructura peculiar, en el que todo, desde el suelo y la barra, hasta algunos de los clientes, presentan un nivel de desgaste considerable.

Diversión cotidiana

Y paso a hablar de tres lugares, que fueron el escenario de otros tantos planes, de esos que son más o menos normales, es decir, que se insertan en la vida diaria de uno, pero que se salen un poco de la rutina, y que se disfrutan a lo grande. Uno de ellos fue el rato de cine del primer fin de semana, que ya he mencionado, y los restantes fueron sendos partidos de fútbol, que se disputaron en dos sitios diferentes. 

Por lo que respecta a lo del cine, la película la vimos en el Centro Comercial y de Ocio Plaza de Armas. De él ya hablé en septiembre de 2019. El edificio en el que está la sala se construyó en 1901, para ejercer de estación de ferrocarril, pero se adaptó para convertirlo en un centro comercial varias décadas después, y como tal se usa desde 1999.


La reforma no fue muy profunda, porque el inmueble es Bien de Interés Cultural. Por eso, es un lugar espectacular. Pese a esto, el multicines siempre parece estar en peligro, pero, de momento, sigue funcionando. 


De hecho, nosotros esta vez vimos la película La Infiltrada, y la sala estuvo llena de gente, por lo que hay esperanzas para el Cine Plaza de Armas.

También vi hasta la bola el Estadio Benito Villamarín


En el estadio del Real Betis Balompié tuve la oportunidad de presenciar en vivo, una vez más, lo que es el fútbol de élite hoy día. Los partidos son espectáculos masivos, en los que todo se hace a lo grande. Al duelo con la Real Sociedad asistimos la friolera de 48.578 personas. Es una locura. 


Además, más allá del ambiente, tuve la suerte de presenciar un recital de mi equipo, por lo que fue una noche redonda.


No obstante, yo no soy socio del Betis masculino. En realidad, desde hace siete temporadas adonde voy regularmente es a ver los partidos del equipo femenino, que se disputan, por lo general, en la Ciudad Deportiva Luis del Sol, que está cerca del Estadio Benito Villamarín.


Lo que se contempla en los partidos de fútbol femenino en España es totalmente diferente a lo que se ve en los masculinos. En el Campo 1 de la Ciudad Deportiva Luis del Sol, que es donde juega el Real Betis Féminas desde hace un par de años, caben 2.100 personas, y nunca se llena ni siquiera a la mitad. Sin embargo, yo me divierto mucho. Todo es más relajado, más íntimo, y es necesaria menos parafernalia para ir a echar un rato de fútbol. Otra cosa es que el Real Betis Féminas no deje de darme disgustos, pero eso ya son temas deportivos que no puedo controlar. En este caso, el choque fue contra el Granada Club de Fútbol, fui con María, y el enfrentamiento acabó 1-3. O cambia una barbaridad el panorama, o esta temporada habrá segundazo del equipo femenino del Betis...

De turista por Sevilla

A continuación, voy a hablar de los planes eminentemente turísticos que hice en Sevilla en estos cuatro fines de semana, que tuvieron lugar en un museo, en un antiguo monasterio, en un mirador y en un palacio.

El museo al que he hecho referencia es el de Bellas Artes de Sevilla. A pesar de su excepcional importancia, en él solo había entrado dos veces. La segunda fue en 2019, por lo que ya lo mencioné en En Ole Väsynyt. Lo que escribí entonces no lo voy a repetir, aunque sí tengo que recalcar que la pinacoteca se ubica en el antiguo Convento de la Merced. Este se construyó en el siglo XIII, si bien su iglesia es del XVII y su portada data del XVIII. El otro día volví a comprobar que el edificio es una maravilla en sí mismo, y que conserva todo su atractivo, pese a que está perfectamente adaptado a su actual función.


El inmueble del antiguo Convento es enorme, y evidencia que la orden a la que perteneció, que fue la de la Merced, tenía bastantes posibles, ya que en él abundan los azulejos y los mármoles, por no hablar de que era más grande aún de lo que vemos hoy, puesto que un sector, que estaba en ruinas tras el paso por Sevilla de las tropas napoleónicas, se derribó en el siglo XIX para construir la actual Plaza del Museo. La parte que se conservó se organiza entorno a un patio y a tres claustros, denominados Claustro Grande, Claustro de los Bojes y Claustro del Aljibe.


Alrededor de los espacios abiertos, y distribuidas en dos plantas, se reparten un total de catorce salas, a las que se suman el vestíbulo y la sala de exposiciones temporales. En esta última nos encontramos una muestra muy interesante, titulada Del Greco a Zuloaga. Obras Maestras del Arte Español del Museo de Bellas Artes de Bilbao. La misma se inauguró el 2 de diciembre de 2024, y estará abierta hasta el próximo domingo. De lo que se exhibe en ella, guardé en la retina La Anunciación de El Greco. Se trata de una de las dos reducciones del inmenso lienzo denominado, como no, La Anunciación, que El Greco pintó entre 1597 y 1600, y que se conserva en el Museo del Prado. Por lo visto, Doménikos Theotokópoulos repetía en un formato menor todos los cuadros que le encargaban, para guardarlos él. De La Anunciación, se conserva una versión en pequeño en el Museo Thyssen-Bornemisza, y también la del Museo de Bellas Artes de Bilbao que yo vi en Sevilla.


Lo siento por los visitantes que haya tenido el Museo de Bellas Artes de Bilbao en los meses pasados, porque lo han debido dejar pelado, dada la cantidad de cuadros de esa pinacoteca que había en Sevilla.

En la exposición permanente del Museo de Bellas Artes de Sevilla, vi igualmente un montón de cuadros sensacionales. No en vano, se dice que esa colección es la segunda más importante de España. Yo, me fijé en lienzos de Murillo (en concreto, en San Pedro en Lágrimas, en San Jerónimo Penitente y en Inmaculada Concepción del Coro o La Niña), de Valdés Leal (en Inmaculada Concepción y en Las Tentaciones de San Jerónimo), de Herrera El Viejo (en Visión de San Basilio), y de Bartolomé Bermejo (en San Juan Bautista). En otro lugar, también estaba expuesta la obra Santa Catalina de Alejandría, de Murillo, que fue adquirida por el museo en 2022. 

De todas las estancias del Museo de Bellas Artes, es la sala V la que llama más la atención, ya que está situada en la antigua iglesia del Convento


La primera vez que yo visité la pinacoteca, allá por 1995, la sala V era diáfana. La segunda, ya la vi compartimentada por una serie de paredes artificiales, pero entonces creí que la división se debía a que había habido allí, hasta hacía poco, una importante exposición sobre Murillo, y que no habían desmantelado las estructuras. El otro día, la antigua iglesia seguía llena de paneles, supongo que para aprovechar más el espacio. Debido a eso, se contemplan a la perfección cuadros como Jesús Crucificado Expirante de Zurbarán, pero la sala ha perdido gran parte de su esplendor.

Hay que mencionar, que el Museo de Bellas Artes de Sevilla también tiene expuestas importantes obras escultóricas. Yo destacaría San Juan Neonato, que es de Juan de Mesa, así como San Jerónimo Penitente, que fue esculpida por Pietro Torrigiano. Esta última, en la instantánea que pongo a continuación a la derecha, aparece al fondo.


En la foto de San Jerónimo Penitente, el cuadro que se ve en primer plano es Retrato de Jorge Manuel, de El Greco.

Es muy llamativo que, en el Museo de Bellas Artes sevillano, San Jerónimo aparece por todos lados. Ya lo he nombrado en cuadros de Murillo, de Valdés Leal, y también se le ve en otros de Pacheco, de Pedro de Campaña o de Zurbarán, además de en San Jerónimo Abandona a su Familia, que es de Juan de Espinal.


Tengo que reconocer que esta pintura me hizo gracia, aunque después me he enterado de que me reí un poco por error, porque yo creí que San Jerónimo era el barbudo de la derecha, que parece que está diciendo "ahí os quedáis", antes de salir por la puerta, lo que concordaría con el título del cuadro, pero luego ha resultado que San Jerónimo es el joven del centro de la imagen, lo que implica que el de la barba blanca no se va ningún sitio, sino que solo quiere retener al santo. Con la interpretación real, la obra gana en seriedad, evidentemente.

Bromas aparte, y antes de dar por finalizada esta breve enumeración de cuadros, no quiero dejar de resaltar que no me olvidé de echarle un vistazo detallado a algunos lienzos de artistas que me sonaban menos, por aquello de ampliar los horizontes de mi conocimiento. Por ejemplo, estuve detenido un rato frente a Adoración de los Reyes, que es una obra del flamenco Cornelis de Vos, y también le eché un detenido ojo a Vista de Sevilla, que fue pintado por Nicolás Jiménez Alpériz


Antes de irme, me hice un selfie delante de Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer, que es el cuadro que Valeriano Domínguez Bécquer pintó de su hermano. La mirada que me lanzó el gran escritor sevillano por ello, me partió por la mitad...


No me voy a enrollar más con este museo, porque todavía quiero hablar de otro trío de sitios muy relevantes, que me van a ocupar un buen espacio. Sí quiero añadir, que me he dado cuenta de que, ya que soy sevillano, y que lo tengo fácil, tengo que hacer una visita detallada al Museo de Bellas Artes de Sevilla. Lo suyo es que sea guiada, aunque también me valdría si sigo el recorrido que he visto que se recomienda en la web. Me lo apunto para el futuro.


El sábado que estuvo Ruth con nosotros, además de ir al Museo de Bellas Artes, también aprovechamos para subir a la Terraza-Mirador Atalaya de la Torre Sevilla. Yo lo tenía pendiente, y ya tenía ganas. 


La Torre Sevilla se inauguró en 2015, después de casi una década de obras. Se trata de un rascacielos de 180 metros, que se ha convertido en el edificio más alto de Andalucía y en el octavo de España.


A la Torre Sevilla, en Sevilla todo el mundo la llama Torre Pelli, porque su arquitecto fue el argentino César Pelli. En mi opinión, el edificio es un auténtico pegote, y fue muy criticado al principio, pero lo cierto es que nos hemos acostumbrado a él. De hecho, en su subsuelo se hizo un aparcamiento enorme, que es gratis durante tres horas, y que se ha convertido en el lugar más cómodo para dejar el coche, cuando se quiere ir a Triana o al centro de la ciudad. Además, al lado se construyó el Centro Comercial Torre Sevilla, que ya he dicho que no está mal. Al final, el roce hace el cariño.

El caso es que la planta 37 de la Torre Sevilla, que es la última, está abierta a todos. Subir a ella vale dinero, claro, pero es un lugar que merece la pena. Lo primero que llama la atención es su ascensor, que tarda apenas unos segundos en subir 180 metros. Luego, una vez arriba, se puede gozar sin límite de las vistas, tomando algo en el bar, o sin consumir.



A mi me chiflan las vistas cenitales de las ciudades, así que disfruté a tope de esta visita, ya que pude contemplar Sevilla y sus alrededores en todas las direcciones.

El penúltimo sitio sevillano del que voy a hablar, en esta ocasión, es el Monasterio de Santa María de las Cuevas, que es un edificio que destaca, sobre todo, por haber tenido más vidas que un gato. En 2019 ya me referí a él, pero es ahora cuando he ahondado en sus encantos.

Por ponerlo en contexto, y aunque voy a reiterar un poco lo que conté hace unos años, no quiero dejar de comentar que el Monasterio se fundó en 1401 por monjes cartujos, en un lugar donde había una ermita, y que vivió varios siglos de una prosperidad tal, que recibió las visitas de reyes como Carlos I y como Felipe II, y de celebrities de la talla de Santa Teresa de Jesús o de Cristóbal Colón. De hecho, este llegó a estar enterrado entre sus muros, desde 1509 hasta 1536. También trabajaron en el cenobio artistas como Zurbarán o como Martínez Montañés. Sin embargo, su estatus no le libró de las implacables tropas napoleónicas, que lo usaron de cuartel, ni de la posterior desamortización de Mendizábal, que provocó la definitiva exclaustración de los monjes, en marzo de 1836. Hasta ese momento, la historia del Monasterio de Santa María de las Cuevas había sido brillante, pero normal. Lo que le ha sucedido al edificio en los últimos 150 años, en cambio, es lo que le confiere un atractivo especial. Para empezar, tras quedarse vacío, fue utilizado como prisión, pero pronto, en 1838, las instalaciones fueron arrendadas por un avispado empresario británico, llamado Charles Pickman, que pertenecía a una familia de comerciantes, la cual regentaba un negocio de loza en Liverpool. La actividad de ese business llevó a Charles a Cádiz, y luego a Sevilla, lugar donde comprendió que, ante la elevada demanda de productos cerámicos ingleses en la ciudad, podía ganar mucho más dinero si fabricaba y vendía in situ el género, que si lo importaba del Reino Unido. En vista de eso, el londinense formó una sociedad y adecuó el antiguo monasterio, que pasó a convertirse en una fábrica de utensilios cerámicos. 

En principio, las obras que Pickman acometió en el edificio fueron las indispensables para instalar la fábrica en él, pero el negocio prosperó, por lo que se acabaron adaptando más espacios, y también nacieron otros nuevos. 


En los albores del siglo XX, la empresa, convertida ya en una sociedad mercantil anónima, y regentada por los descendientes del fundador, alcanzó su cénit. A partir de ahí, comenzó un lento declive, motivado por la compleja coyuntura que caracterizó a Europa durante la centuria, así como por la incapacidad de los sucesivos dueños de la fábrica para adaptarse a la organización empresarial contemporánea. El paso de los años no le hizo ningún bien al edificio, que fue siendo abandonado por partes, hasta que, en 1981, el negocio se trasladó por completo a otras instalaciones, que llevaban años funcionando en Salteras. Hay que decir que, pese a los vaivenes, y aunque lleva varias décadas inmersa en el proceloso mundillo de las altas finanzas, curiosamente la firma sigue viva.

El Monasterio, por su parte, en 1981 fue vaciado, y entró en su quinta etapa, que fue la del abandono. En efecto, a mediados de los años 80 del siglo XX, el enclave estaba en ruinas, y era posible darse una vuelta por sus alrededores y regresar a casa con todos los trozos de cerámica que uno quisiera recoger de entre los matojos. Por fortuna, la decisión de organizar la Expo'92 en los terrenos de la Isla de la Cartuja lo colocaron en el lugar perfecto, en el momento idóneo. De cara a la muestra universal, el Monasterio fue totalmente restaurado, y, como premio a su histórico pasado, se le dio el estatus más importante de la exposición. Gracias a ello, el edificio se convirtió en Pabellón Real, por lo que se utilizó a diario para recibir a los jefes de estado que fueron viniendo a Sevilla. Los visitantes de andar por casa también podían verlo, pero, a pesar de que yo me pateé la Expo hasta la saciedad, ese fue de los pocos pabellones que no vi. Yo tuve que esperar a la séptima etapa, que es la actual, para penetrar los muros del antiguo complejo monástico. Hoy día, el enorme inmueble se usa para múltiples cosas, por lo que su salud es magnífica. 


En primer lugar, es sede del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. Además, está allí ubicado el rectorado de la Universidad Internacional de Andalucía, y, por último, alberga el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, que es lo que yo fui a visitar el otro día. En el croquis, todos los números que aparecen, identifican los diferentes espacios que componen el CAAC

El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo es una institución que se creó en 1990. Se dedica a la investigación, a la conservación y a la difusión del arte contemporáneo. En 1997, el Centro trasladó su sede al Monasterio de Santa María de las Cuevas, momento en el que absorbió los fondos del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla, que desapareció como tal, tras 27 años de existencia. Eso hace que el CAAC tenga un patrimonio de casi 1.000 obras, aunque lo cierto es que las mismas se hallan tan escondidas, que yo creo que no están ni expuestas. Se habla de ellas, e incluso se puede saber cuáles son, pero no hay ninguna información sobre su paradero, ni oficial ni extraoficial. Debí preguntarle a la guía de nuestra visita por su misterioso emplazamiento, pero no lo hice, y me he quedado con la duda de dónde se exponen. Espero poder resolverla en el futuro.

En todo caso, en el CAAC se desarrolla un amplio programa de actividades, que incluyen exposiciones temporales, cursos, talleres, ciclos de cine, conferencias, y, como no, espectáculos de música en directo... y digo "como no", porque la verdad es que yo no había ido mucho al CAAC hasta ahora, pero tres de las veces que lo había hecho, había sido para ir a conciertos. El último tuvo lugar en los Jardines del antiguo cenobio, que están señalados con un 12 en el plano que he puesto arriba. Se enmarcó en el festival Pop CAAC 2024, y tocaron Los Planetas.


El Pop CAAC se organiza desde 2016. Yo he tardado nueve ediciones en ir. Antes, en la misma pradera se celebraron once ediciones de Nocturama, entre 2005 y 2015. En 2016, este ecléctico festival, que ha dicho adiós definitivamente en 2024, después de veinte ediciones, cambió el Monasterio por otros escenarios sevillanos, aunque yo no he llegado a ir a ninguno de sus conciertos. Nunca he sido tan moderno...

... y no es que no me guste salir a veces de mi zona de confort musical, porque el segundo concierto al que asistí en el Monasterio también fue el año pasado, y la artista no fue de un estilo que yo tenga muy trabajado, precisamente.


Jazz en el CAAC se organiza en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo desde hace más de una década, y, a diferencia del Pop CAAC, tiene lugar en el interior del recinto. Al menos, el concierto al que fuimos María y yo se celebró justo delante del Claustrón Este (el 7 en el mapa), a la espalda de la antigua iglesia (marcada con un 5). La música fue Natalia Ruciero, y el aforo se llenó por completo, lo que implica que es una artista de un cierto renombre, aunque yo no la conociera. 

Como he dicho, yo no se nada de Jazz, pero fue un placer pasar una velada veraniega en el Monasterio, escuchando buena música, mientras me tomaba una cerveza y me comía un pincho de tortilla.

Del tercer concierto al que fui en el antiguo monasterio, hablé en un post que escribí en 2019, por lo que ahora solo voy a añadir que, el mismo, se enmarcó en el Soulville Festival, que celebró cinco ediciones, pero que no sobrevivió a la pandemia. Yo estuve en la cuarta, que tuvo lugar en un espacio cuadrangular que no tiene número en el croquis que he puesto, pero que se identifica con claridad, ya que está situado entre el 9, el 10 y las instalaciones de la Universidad Internacional de Andalucía.

Por terminar un poco con la oferta musical del CAAC, que no puedo evitar que sea la que me llama la atención en mayor medida, quiero añadir que en los Jardines del Monasterio de Santa María de las Cuevas también se celebraron 18 ediciones de un festival denominado Territorios, que pasó a la historia en 2015, pero que resurgió de sus cenizas en 2016, convertido en Interestelar. La edición de 2025 de la nueva versión será la novena, por tanto. Jamás fui a Territorios, que era igualmente un festival muy ecléctico, ni he pisado Interestelar. Este año, los cabezas de cartel serán Viva Suecia y Mikel Izal. En mi opinión, estos, y muchos otros de los que van a tocar, se dejan oír, pero prefiero gastarme el dinero en ver a Guns 'n' Roses en Coimbra, más o menos por las mismas fechas. 

Pero volviendo a la visita que hicimos al CAAC, la misma la organizó el Grupo de Sostenibilidad de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Yo ya he asistido a otras excursiones promovidas por ellos, porque no tengo problemas en gastar una pequeña porción de mi tiempo libre con los compañeros de trabajo o con los jefes, y me parece que lo de programar actividades culturales es una iniciativa sensacional. En este caso, lo que hicimos fue recorrer el Monasterio de Santa María de las Cuevas con una guía. A mí, las exposiciones temporales que vimos me interesaron menos, aunque pongo una foto de la antigua iglesia del conjunto, para que se vea como se ha reconvertido el edificio en espacio expositivo.


Personalmente, lo que de verdad me interesaba de la visita era conocer la historia del antiguo monasterio, y lo cierto es que, gracias a la explicación de la guía, recopilé toda la información que ya he comentado arriba, y más.


A lo largo de dos horas, recorrimos las instalaciones del antiguo cenobio, mientras nos explicaban qué era cada cosa, y como había sido la evolución del edificio. No me voy a enrollar más, porque creo que ya ha quedado claro por qué se mezclan en el interior de ese espacio las antiguas dependencias monacales, que se conservan muy bien, junto con elementos que denotan su pasado industrial.


Para acabar, voy a hacer mención a las dos visitas que hicimos, en dos fines de semana diferentes, al Real Alcázar de Sevilla. En 2018, ya hablé largo y tendido en el blog de este edificio, por lo que no me voy a repetir. Ahora, solo voy a relatar cuáles fueron las novedades, con respecto al recorrido de hace siete años.

La primera de las dos visitas fue la más estándar, y la realizamos con Ruth. A pesar de que ella ha venido a Sevilla una treintena de veces en los últimos 25 años, no conocía el Alcázar, lo cual era imperdonable. En vista de eso, el domingo por la mañana, aprovechando que salió un día sensacional, decidimos ir, y recorrimos el edificio de la misma manera en la que lo hacen todos los turistas que vienen a la ciudad. También los sevillanos hemos ido al Alcázar en ese plan, pero lo cierto es que yo, siendo adulto, solo había entrado en el palacio en dos ocasiones, y la segunda fue la de 2018, por lo que no me venía mal dar un paseo por sus maravillosas estancias, así como por un pequeño sector de sus impresionantes jardines, para actualizar mis recuerdos.


Hay que decir que los jardines del Alcázar son enormes, aunque, en realidad, se encuentran divididos en diferentes zonas. Las más visitadas estás dibujadas en verde oscuro en el siguiente mapa, mientras que las que van en verde claro, y en parte no se ven en el croquis, se suelen recorrer menos. 


Este sensacional mapa lo he cogido de la Wikipedia, y está creado por un usuario llamado Anual, a quien no conozco, pero al que le agradezco su gran trabajo. 

Como decía, los jardines del Alcázar son muy extensos, y están compartimentados en varias partes. Estas se subdividen en hasta 25 espacios concretos, cada uno de los cuales tiene un nombre. Yo, por el sector verde claro, y por el que queda más allá, solo había paseado una vez, que es diferente a las dos visitas al Alcázar que mencioné antes que había hecho como adulto. El otro día, cuando fui con Ruth, me interné un poco por esa zona del parque, pero fue un momento y no me detuve apenas, por lo que no voy a hablar ahora de cómo se reparten los elementos en él.

No obstante, sí recorrí mejor la parte coloreada en verde oscuro. En ella, se encuentra el Estanque de Mercurio, que está señalado con un 7 en el mapa que he puesto arriba, con la cosa de que, precisamente desde un lateral de esa antigua alberca de origen musulmán, se puede acceder a la Galería de los Grutescos, que es un peculiar pasillo de 160 metros de largo, el cual bordea por dentro lo que fue, en su día, un lienzo de la muralla almohade que protegía el Alcázar.


La muralla fue construida en el siglo XII, y la transformó Vermondo Resta entre 1613 y 1621, creando una galería que permitía ver, desde lo alto, la parte de los jardines del Alcázar que habían estado, en origen, al abrigo del cercado.


En la segunda visita, en teoría íbamos a recorrer por encima esa galería, que está recién restaurada, además de los tejados del Palacio Gótico. Eso nos iba a permitir ver el Alcázar desde otra perspectiva. La iniciativa de que los sevillanos podamos disfrutar de ese privilegio, acompañados por un guía, en pequeños grupos organizados, y entrando en el edificio una hora antes de que se abran las puertas al público en general, me parece digna de elogio. Nosotros nos apuntamos los cuatro, y a la vez lo hicieron mi cuñada y mis sobrinas. Luego, resultó que la mañana salió lluviosa.


La lluvia en principio fue un fastidio. Para empezar, lo de estar a las 9 de la mañana de un domingo tormentoso, en la puerta del Alcázar que da a los jardines, puso a prueba nuestra motivación. Luego, al llegar a ella nos topamos con un papel, que nos decía que el acceso trasero se encontraba cerrado por el mal tiempo, y que teníamos que dar toda la vuelta, para entrar en el recinto por la Puerta del León, que es la normal. Nadie nos había dicho que la visita se fuera a suspender por la climatología, pero esa circunstancia nos escamó. Sin embargo, al final, nos benefició que la mañana estuviera metida en agua, porque, a los pocos valientes que no nos habíamos echado atrás por las inclemencias meteorológicas, nos informaron de que el tour programado se tenía que cambiar de día, porque no se podía andar por los tejados con esa llovizna, pero que, en contrapartida, se nos iba a obsequiar con un recorrido por el Alcázar, realizado antes de que este se abriera al resto de la gente. Eso fue un privilegio.



Las fotos que acabo de poner son del Patio del Yeso, que se inserta en el Palacio del Yeso. El patio normalmente se tiene que observar desde la puerta. No obstante, a nosotros nos acompañó una guía llamada Irene, que no tuvo problemas en quitar la cinta que impedía el paso, y en dejarnos entrar a los 16 que estábamos con ella. Ese patio, que se encuentra en la zona marcada con un 2 en el plano de arriba, es el único musulmán de todo el Alcázar.

Otro sitio un poco peculiar que vimos con Irene, fue la Casa del Asistente, que en el mapa que he puesto está sin número y en blanco, debajo de la parte marcada con un 4. 


La Casa del Asistente se encuentra abierta, pero es menos llamativa. Por eso se suele dejar de lado en las visitas estándar que uno hace al Alcázar. A nosotros, Irene nos contó que esa porción del edificio se adaptó, para que fuera la residencia de Pablo de Olavide, que fue nombrado asistente de Sevilla en 1767, es decir, que fue una especie de alcalde de la ciudad. La remodelación realizada dio lugar a varios patios, que se convirtieron en epicentro de la vida cultural propiciada por Olavide, que era un ilustrado.

Tras ver parte de la Casa del Asistente, y escuchar allí un buen número de interesantes explicaciones, regresamos a las zonas más vistosas y conocidas del Alcázar, que seguían estando cerradas a los demás turistas. Gracias a eso, pudimos explorar el Palacio del Rey Don Pedro sin cruzarnos con nadie (está marcado con un 5 en el mapa). Pocos días antes, habíamos recorrido el mismo lugar como visitantes normales, en medio de una multitud de gente, y la diferencia fue abismal.


En el Palacio del Rey Don Pedro, nos detuvimos especialmente en el Patio de las Doncellas, que está fotografiado justo aquí arriba, así como en la Alcoba Real y en el Salón de Embajadores.


El Alcázar es impresionante, mires adonde mires, pero el hecho de que pudiéramos verlo de la mano de una persona entendida, que nos fue poniendo el edificio en contexto, realzó enormemente la experiencia. Yo, en el plazo de un par de semanas, recorrí las diferentes salas y patios con y sin la compañía de un guía, y aprecié más que nunca la diferencia que hay entre los dos tipos de visita.

Por poner un simple ejemplo de lo que supone ir acompañado de un cicerone, en el Patio de las Muñecas nos paramos delante de una mancha que había en el suelo, en la que yo no habría reparado jamás sin ayuda. 


Cuenta la leyenda, que el churrete que se distingue en el piso lo creó la sangre de Fadrique Alfonso, que fue asesinado por su medio hermano, el rey de Castilla Pedro I. Las crónicas, realmente hablan de que el padre de Pedro, Alfonso XI, tuvo diez hijos con su amante, Leonor de Guzmán, los cuales le disputaron el trono al heredero legítimo, que era Pedro. Este, que fue apodado el Justiciero por sus seguidores, y el Cruel por los partidarios de sus medio hermanos, lo cierto es que mandó matar a tres de estos, y al final fue asesinado por otro de ellos, que subió al trono con el nombre de Enrique II. Fadrique fue el primero en ser liquidado por Pedro, y, aunque la leyenda del Alcázar cuenta que la muerte se debió a un asunto de faldas, y hasta se disculpa a Pedro I diciendo que el deceso fue producto de un accidente, lo más probable es que el asesinato tuviera una motivación política. Tampoco creo que la mancha sea de la sangre de Fadrique, pero la historia mola.

Después de ver bien el Palacio del Rey Don Pedro, accedimos al Palacio Gótico (el 6 en el mapa), y allí finiquitamos la visita. Al poco, abrieron las puertas, y el Alcázar se empezó a llenar, pero, para ese entonces, nosotros ya estábamos terminando. 

Nos dijo Irene que las cubiertas las vamos a poder ver otro día que queramos, por lo que no hemos perdido la oportunidad, y, en cambio, hemos ganado una visita privada al Alcázar de Sevilla. Fue una gozada. La misma fue el colofón perfecto a los cuatro fines de semana sevillanos que he narrado en este largo post. En ellos vimos muchos lugares, a los cuales puede que vuelva, porque para eso soy local, pero que quedaron bien explorados, en todo caso.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Sevilla: 14'2% (hoy día 100%).
En 1977, % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 0'2% (hoy día 36'5%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado SEVILLA.
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 10% (hoy día, completada ya esta visita, 50%).
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'1% (hoy día, completada ya esta visita, 4'7%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 0'9% (hoy día 67'6%).
En 1977, % de Municipios de Andalucía ya visitados: 0'1% (hoy día 22'4%).