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28 de enero de 2025

MURALLA COSTERA DE CÁDIZ CON SUS BALUARTES 2025

En 2017, cuando escribí el primer post dedicado a la Muralla Costera de Cádiz, establecí que, al margen de los dos castillos, esta tiene 15 elementos defensivos, sin contar los 5 desaparecidos del Frente Portuario y los 2 del Frente del Vendaval. Esos números estaban sacados de un mapa que consulté en la página de la Asociación Española de Amigos de los Castillos.

Ahora, en este nuevo artículo voy a precisar bastante los datos mencionados, partiendo de la información más detallada que he encontrado, tanto en el blog de Rafael Lara, denominado Fuertes, Castillos y Fortalezas, como en un capítulo, escrito por Pilar Chías Navarro y por Tomás Abad Balboa, que se titula La Bahía de Cádiz: Territorio Fortificado y Paisaje, y que está incluido en el libro El Patrimonio Fortificado: Cádiz y el Caribe, una Relación Transatlántica.

Después de cotejar la información de esas fuentes, he visto que las tres coinciden en lo básico, pero que presentan divergencias. Por ello, de cara a escribir este post, he tomado yo algunas decisiones sobre qué datos adoptar como válidos. 

La primera diferencia entre las fuentes viene dada por el hecho de que la Muralla Costera de Cádiz se puede dividir en cuatro frentes o en cinco. En cuatro de esos frentes coinciden todos (son el Frente de Tierra, el Frente Portuario o Frente de la Bahía, el Frente del Sur o Frente del Vendaval y el Frente de Poniente). Lo que pasa es que Rafael Lara desgaja el llamado Frente de la Caleta del Frente de Poniente. A mí, esta opción me parece la más lógica. 

Partiendo de esa base, hay consenso en que el Frente de Tierra está compuesto por el Baluarte de Puertas de Tierra, que se conoce como Puertas de Tierra a secas, así como por el Baluarte de Santa Elena y el Baluarte de San Roque.

Más conflictivo es el Frente Portuario o Frente de la Bahía, y no porque haya desaparecido en gran parte, sino porque hay una cierta divergencia con respecto a dónde acaba. Yo, con la versión que me quedo es con la que dice que el frente empezaba en la Batería de las Cañas, que pasó a ser Baluarte de Santiago en 1775, y que aún se conserva. Después, delante de lo que era la alhóndiga (que luego pasó a ser la fábrica de tabacos, y en cuyo solar, hoy día, se ubica el Palacio de Congresos de Cádiz) estaba el Baluarte de los Negros. A continuación, se encontraban la Puerta de la Mar, la Batería de la Cruz, la Puerta de Sevilla y el Baluarte de San Antonio. Estos son los cinco elementos que hablaba arriba que desaparecieron en el Frente Portuario. Todos se eliminaron al hacer el Puerto de Cádiz

Más allá, en la Muralla están el Baluarte de San Felipe y el de San Carlos (aunque ambos parecen haberse unido a posteriori, de manera que el de San Carlos ya no sobresale), la Batería de San Francisco o de la Escalerilla, el Baluarte de la Candelaria, el Baluarte de la Soledad o de la Bomba, y, por último, el Baluarte del Bonete. Mi opinión es que todos estos elementos conforman el Frente de Poniente.

A partir de ahí, empezaría el Frente de la Caleta, que estaría integrado por la Batería de San Pedro, la Batería de San Pablo, la Puerta de la Caleta y el Baluarte del Orejón. También estarían en este frente el Castillo de Santa Catalina y el Castillo de San Sebastián.

Por último, el Frente del Vendaval incluiría el Baluarte de los Mártires, el Baluarte de Capuchinos, la Plataforma de San Rafael y de San Miguel, así como los desaparecidos Baluarte de San Nicolás y Baluarte del Matadero.

Por tanto, al final he establecido 17 elementos que se conservan (dos más que los que se marcaban en el mapa de la Asociación Española de Amigos de los Castillos), además de los 7 que se han eliminado y de los 2 castillos. Con respecto a estos últimos, en el post de 2017 hablé del Castillo de Santa Catalina, y ahora voy a narrar la visita que hice el otro día al Castillo de San Sebastián.


Tuve suerte, porque Castillo de San Sebastián se reabrió el pasado 12 de agosto, después de 6 años cerrado, y no está muy claro que vaya a ser visitable de manera indefinida. De momento, el jueves nosotros pudimos acceder a él sin pagar nada.

El Castillo de San Sebastián no pasa desapercibido en cualquier imagen área o mapa de Cádiz que se mire, porque está en medio del mar, separado de la ciudad, pero se ha unido a ella mediante un estrecho espigón artificial de 500 metros de longitud, que acaba marcando la fisonomía del casco histórico gaditano. 



Para acceder al malecón del Castillo de San Sebastián, en tierra firme hay que atravesar dos arcos, que forman la Puerta de la Caleta. Esta data de 1748, y no solo conecta el barrio de La Viña con el paseo que lleva al Castillo, sino que también permite alcanzar el lado sur de la Playa de la Caleta. El primer arco está encalado, y tiene un aspecto indiano. El segundo es de piedra, y se encuentra alineado con la Muralla.


En el espacio que hay entre los dos arcos, en su día se habilitó un barracón, destinado a dar cobijo a la primera avanzadilla de la guardia del Castillo. En la actualidad, en esa escondida edificación se ubica la Peña Flamenca Juanito Villar.

Al otro lado del espigón, es donde se encuentra el Castillo de San Sebastián. La fortaleza se asienta en la Isla de San Sebastián, que está conformada realmente por dos islotes, los cuales se hallan muy juntos. El más cercano a Cádiz fue el primero en fortificarse, en el año 1706.


Esa parte original del Castillo ocupó toda la superficie del pequeño islote, de manera que los muros de la fortaleza dan directamente al mar, formando un polígono de nueve lados. En cinco de las esquinas se construyeron garitas, dos de planta hexagonal, flanqueando la puerta de acceso, y otras tres de planta circular.


Actualmente, esa puerta de entrada al Castillo de San Sebastián desde el malecón se denomina Puerta de la Ciudad.


Al atravesarla, se accede al Patio de Armas de la parte más antigua del Castillo, alrededor del cual se construyeron almacenes, un polvorín y una capilla, así como estancias para los militares.


Y es en este punto, en el que hay que decir que, lo que se consideró, en origen, como Castillo de San Sebastián, acababa ahí, pero que, en 1860, se amplió la fortificación, edificándose la Avanzada de Santa Isabel. Esta ocupó toda la superficie del otro islote que había a continuación del primero, que era bastante más extenso. En él, se había construido una ermita en 1457, y luego una torre atalaya en 1613, que en 1766 había sido reconvertida en faro.
 En el siguiente croquis, que está elaborado por Rafael Lara, y que se incluye en un post de su blog, se ve a la perfección como quedó la estructura completa del Castillo de San Sebastián, cuando este se agrandó.


Como se puede ver en el plano, el Castillo de San Sebastián propiamente dicho es solo la fortaleza que se edificó en el islote pequeño. La del grande es la que se denominó Avanzada de Santa Isabel. Hoy día, sin embargo, se considera que todo es el Castillo de San Sebastián. La puerta que se abrió, para comunicar las dos partes de la fortificación, se llama Puerta de la Avanzada.


Desde el lado de la Avanzada de Santa Isabel, se ve mejor como la Puerta de la Avanzada ejerce de apertura occidental del bastión fortificado que se construyó originalmente en la Isla de San Sebastián


En mi opinión, el Patio de Armas del sector antiguo del Castillo no llama demasiado la atención. Este ha quedado como una especie de zona de paso, ya que la mayoría de las construcciones que tiene adosadas a los muros parecen estar sin rehabilitar, y las que se han remodelado no se encontraban abiertas a las visitas. Por otro lado, las vallas rojas que han puesto, para proteger los laterales a los cuales no quieren que la gente se acerque, desentonan una barbaridad. Incluso, desde el cielo se puede ver como la parte primigenia de la fortaleza se ha habilitado como un simple pasillo de acceso a la Avanzada.


La Avanzada, por su parte, aunque también tiene murallas, es un espacio mucho más amplio y diáfano, en el que no hay tantas construcciones. En ella, tampoco hay demasiados elementos que ver. En realidad, el interés del Castillo de San Sebastián reside en lo bien conservada que está la estructura. Lo de dentro es menos interesante. 

De todas formas, sí me pareció curiosa la base de la antigua torre atalaya, que luego se convirtió en faro. En la siguiente foto, dicha base es el círculo de piedra que está a la izquierda.


Esa estructura cilíndrica de 10 metros de alto, es lo que queda del faro primitivo, que fue demolido en 1898, para evitar que fuera usado como referencia por los artilleros de los barcos de EEUU, país que en ese momento estaba en guerra con España. En su lugar, en 1913 se inauguró el Faro actual, que se solo usa con fines civiles.


Cabe destacar, que el actual del Castillo de San Sebastián fue el segundo faro eléctrico erigido en España y el primero de estructura metálica. Mide 41 metros. Junto a él, hay un montículo con una construcción, que estaba cerrada, y que no he conseguido averiguar para qué se usa o se usó.



Rodeando todo el recinto, hay una serie de edificaciones de una planta, a cuyos tejados se puede subir por unas grandes rampas. 


En una de esas construcciones estaban habilitados unos baños que me salvaron la vida, pero la mayoría las vi cerradas o abandonadas. Sin embargo, como se puede acceder a su parte superior, los inmuebles ejercen de adarve. Este bordea los muros de la Avanzada por dentro, y permite ver el mar desde lo alto. 

Por lo demás, en el Castillo de San Sebastián no hay mucho más. No obstante, es pertinente destacar que la fortaleza es Lugar de Memoria Histórica de Andalucía. La razón la he sabido después. Por lo visto, el 17 de julio de 1936, cuando Franco y los suyos dieron el golpe de estado que provocó la Guerra Civil, las autoridades fieles a la legalidad se refugiaron en la sede del Gobierno Civil, y resistieron 48 horas. El 19, todos los leales al orden establecido fueron detenidos, y los que eran militares fueron conducidos al Castillo de San Sebastián, donde se les condenó a muerte. El 6 de agosto, fueron ejecutados allí mismo el comandante Mariano Zapico, el teniente coronel Leoncio Jaso, el capitán Antonio Yáñez-Barnuevo y el oficial Luis Parrilla. Por desgracia, no fueron los últimos en ser fusilados en ese sitio. Es impactante.

El caso es que nosotros, tras recorrer aquello con calma, salimos y aprovechamos que es posible bajar del malecón, si la marea lo permite, y que se puede caminar por la base de roca sobre la que está construida el Castillo, contemplándolo desde otras perspectivas.



Precisamente, gracias a que se puede descender del malecón por varios puntos, nosotros, antes de atravesar de nuevo la Puerta de la Caleta, bajamos también a la Playa de la Caleta. Hacía una tarde invernal maravillosa.


María y yo nos tumbamos en la arena, y nos quedamos cuajados. Me encanta dormir la siesta en la playa, en días así. Tras el breve receso, abandonamos el entorno del Castillo de San Sebastián, habiéndolo explorado bastante bien.

Con esto, ya he hablado en este blog de los dos castillos que están insertos en la Muralla Costera de Cádiz, así como de la Puerta de la Caleta. En 2017, también dije que conozco el Baluarte de los Mártires, desde que entré en él en los años 2003 y 2012, pero me quedaría hablar de los otros 14 elementos defensivos que se conservan. Cuando los visite, haré igualmente mención a los 7 que han desaparecido.


Reto Viajero MARAVILLAS DE ANDALUCÍA
Visitada MURALLA COSTERA DE CÁDIZ CON SUS BALUARTES.
En 2003 (primera visita), % de Maravillas de Andalucía visitadas en la Provincia de Cádiz: 33'3% (hoy día 66'7%).
En 2003 (primera visita), % de Maravillas de Andalucía visitadas: 13'2% (hoy día 40'5%).


28 de junio de 2024

VEJER DE LA FRONTERA 2024

Ispavilia es una empresa que combina el ocio cultural y el turismo, organizando rutas guiadas por Sevilla desde 2013. Durante muchos años, Jesús Pozuelo, que es su alma mater, se limitó a idear recorridos por la capital hispalense, en los que hacía gala de sus vastos conocimientos culturales y artísticos, así como de sus dotes de comunicador. Sin embargo, con el tiempo, el radio de acción de Ispavilia se amplió a diversos lugares de las provincias de Cádiz y de Huelva, y últimamente Jesús se ha desatado, y está montando viajes organizados, en los que replica su modus operandi habitual, pero a mayor escala. Yo no soy nada aficionado a viajar en grupo, pero en diciembre, por diversas circunstancias, superé mis prejuicios y me animé a hacerlo con Ispavilia. Fuimos a Madrid, y la experiencia me encantó. El mes que viene, daré un paso más y me dejaré llevar por Grecia, pero antes he ido a Vejer de la Frontera, a echar una mañana aprendiendo cosas, en una de las rutas gaditanas de las que hablaba arriba. 


Vejer de la Frontera es un pueblo blanco, que se desparrama por un prominente monte, el cual está situado apenas a 8 kilómetros del litoral atlántico. Dada su cercanía al mar, no se trata de una localidad de sierra, pero tampoco es apta para el turismo de playa, porque se encuentra más lejos de la costa de lo que toleran la mayoría de los aficionados a las jornadas de sol, olas y arena. Por tanto, en apariencia, Vejer se halla en tierra de nadie, pero, pese a esto, lo cierto es que ha sabido hacerse notar de una manera admirable, por lo que se llena de visitantes. El secreto de su éxito radica en que es una población repleta de rincones de gran belleza, que se han sabido cuidar y poner en valor. 


Yo estuve por primera vez en Vejer en 2005, pero se ve que anduve por el pueblo un tanto distraído, porque no recordaba nada. El pasado domingo regresé con Ispavilia, y ahora ya puedo corroborar que es una de las localidades más pintorescas que hay en España.


El caso es que Jesús nos citó en Vejer de la Frontera a las 11'30. Yo iba con mi madre desde Sevilla, y como salimos con tiempo y no hubo percances, logramos llegar un poco antes de la hora marcada. En vista de eso, decidimos buscar un sitio donde echar un cafelito y una tostada. La empresa parecía fácil, pero no lo fue tanto. El problema fue doble. En primer lugar, nos metimos directamente en la zona atractiva del pueblo, por lo que se complicó la opción de desayunar en un bar normal y corriente. Supongo que en Vejer es posible tomar una media mañana de andar por casa en otros barrios, pero en los alrededores de la Calle Corredera solo estaba abierto un negocio de los que sirven brunchs


No entraba en nuestros planes tomar huevos benedictinos, ni tortitas, y además el sitio estaba abarrotado, por lo que nos adentramos en el centro buscando una alternativa. La encontramos en una cafetería que tenía un aspecto más normal, pero en la que nos topamos con el segundo problema, que fue que no se despachaban desayunos a partir de las 11'00. Eran las 11'05, y allí habían comenzado con los aperitivos. En Andalucía occidental, por la mañana se sirven tostadas hasta mediodía. No lo digo yo, es así. Lo de rebajar la hora límite solo tiene una explicación, y es que el negocio en cuestión, aparte de ser un tanto sacacuartos, está enfocado al turismo foráneo. En este caso, la camarera que nos atendió, y que nos dijo al principio, con un marcado acento de Cádiz, que no nos podía poner tostadas a esa hora, parece que sintió un pelín de vergüenza y regresó al poco, para avisarnos, por lo bajini, de que nos iba a servir dos medias tostadas a nosotros. Supongo que teníamos pinta de casi paisanos. Se lo agradecí mucho. 

Luego, resultó que el lugar donde desayunamos es especial. Se llama Gran Taberna de la Plazuela, y pertenece al Hotel Convento de San Francisco. Este se encuentra ubicado en una parte del Antiguo Convento de San Francisco, y en su día fue la primera hospedería del pueblo.



El convento está irreconocible en la actualidad, pero tuvo su punto simbólico lo de empezar nuestra mañana de turismo en un edificio emblemático. Precisamente, en el ensanchamiento que tiene delante, que se denomina La Plazuela, fue donde arrancó la ruta con Jesús Pozuelo. Nuestra toma de contacto con Vejer me había hecho temer que nos íbamos a encontrar con un pueblo-decorado montado para guiris. Por suerte, tras el recorrido con Ispavilia, me he quedado con la impresión de que la locura turística no se ha ido de madre en ese precioso rincón de Andalucía.

No voy a tratar de reproducir en este post todo lo que Jesús nos contó sobre Vejer de la Frontera. Es imposible. Tan solo voy a presentar el municipio, después voy a resumir el contexto en el que se desarrolló el pueblo, y, por último, voy a relatar de manera sucinta las cosas concretas que vimos.

Vejer de la Frontera cuenta con unos 12.600 habitantes. De ellos, 9.000 pueblan la homónima capital municipal. Los demás, viven dispersos en multitud de pequeños núcleos de población. El mayor de estos, y el más famoso, es El Palmar, que ronda los 700 vecinos censados. El Palmar es el más célebre, porque ocupa la estrecha franja del municipio que se abre al Océano Atlántico. En este artículo no voy a hablar de ese trozo de costa, que está ocupado por la maravillosa Playa de El Palmar, porque esta vez no nos arrimamos al mar.  

No obstante, tengo que resaltar que el océano sí lo vi a lo lejos. Incluso, pude contemplar la costa de África. Resulta impresionante lo cerca que está Marruecos de España


En la imagen que pongo arriba, se distingue perfectamente, al fondo, el litoral marroquí. Más cerca, todavía en suelo español, se aprecia bien la Sierra de la Plata, y, a sus pies, la espectacular Playa de Zahara.

Pese a lo enamorado que estoy de esa parte del litoral de Cádiz, esta vez el mar solo lo vi de lejos, por lo que me voy a centrar en el pueblo de Vejer, que se sitúa encima de un promontorio que domina todo su entorno. 


Como es lógico, ese monte estuvo habitado desde el Paleolítico, pero fue durante los cinco siglos y medio en los que la población estuvo integrada en Al-Ándalus, cuando se conformó la fisonomía urbana que aún hoy la define. 



En 1285, Vejer pasó definitivamente a manos cristianas, y en 1307 se incorporó a las posesiones de la Casa de Medina Sidonia. Durante un puñado de siglos, esta estirpe nobiliaria tuvo mucho que decir en el pueblo y en su entorno. Ya en el XIX, las desamortizaciones y los acontecimientos políticos repercutieron en la titularidad de las propiedades, pero, a nivel urbanístico, lo relevante es que nunca se modificó en la población el entramado que se había gestado a principios de la Edad Media. Gracias a eso, Vejer de la Frontera está conformado por un conjunto de blancas y angostas calles, que serpentean por la montaña, y que son las responsables de que sea una de las localidades más bellas de España.




Así pues, en época islámica quedó fijado el tejido urbano de Vejer, que se adaptó a la irregular orografía de la elevación donde estaba. Sus calles se enmarcaron por una muralla, y quedó constituido un recinto fortificado de unas 4 hectáreas, con forma de polígono irregular de seis lados, comunicado con el exterior a través de cuatro puertas, que se conservan en su estado primitivo. 

No me gusta coger imágenes o fotos de otras páginas, sobre todo si son originales de sus autores, pero en este caso me voy a tomar la libertad de poner un mapa, enlazando el blog en el que está, que se titula Torres, Castillos y Fortalezas, y diciendo que su autor es Rafael Lara. Lo voy a hacer, porque el plano es una maravilla, e ilustra a la perfección lo que voy a contar.


En el mapa, se pueden ver las cuatro puertas de la Muralla de Vejer. La que da al norte se denomina Puerta de la Segur. Hasta el siglo XVII, se la llamó Puerta de la Villa, ya que era la principal del recinto amurallado.


En el sentido de las agujas del reloj, la siguiente apertura de la Muralla es la Puerta de Sancho IV, que está situada prácticamente en el punto donde el lienzo norte de la cerca se une con el este.


La actual Puerta de la Villa da al este. Antaño, desembocaba en una explanada, donde hoy día se sitúa la Plaza de España, que ejerce de corazón del pueblo.


Por último, en el extremo sur de la Muralla se ubica la Puerta Cerrada. Se llama así, porque estuvo tapiada entre los siglos XV y XVIII. En aquellos tiempos, los piratas berberiscos asolaban con cierta frecuencia la costa gaditana, y esa puerta era la que miraba al mar, por lo que era la más vulnerable, dado que era la primera que se encontraban los saqueadores al llegar a Vejer. Por eso, estuvo muchos años clausurada.


En la actualidad, no muy lejos de la Puerta Cerrada hay otra abertura en el cercado, que es posterior, y que confunde a la gente, por lo que he visto en Internet, ya que muchos creen que ese vano es la propia Puerta Cerrada. No lo es. En realidad, se trata del Arco de Santa Catalina, que se abrió en el siglo XVIII para permitir un paso más fluido desde el centro hacía el sur de la ciudad. Por eso, no se suele considerar como una de las puertas históricas de la Muralla de Vejer.


Intramuros, el pueblo de Vejer de la Frontera está compuesto por un blanco dédalo de calles, que se conservan limpias, cuidadas y arregladas. Los puntos destacados concretos de ese bonito casco histórico están encabezados por la Iglesia del Divino Salvador, que se alza encajonada entre las casas de una manera peculiar, porque no es su cabecera la que da a una plaza un poco espaciosa, sino que es uno de sus laterales.


Dado que la cabecera da a una estrecha calle, parece que la puerta principal de la iglesia es la que se asoma a la Plaza del Santo Ángel, pero en teoría no lo es.

La Antigua Iglesia del Convento de las Monjas Concepcionistas también es un edificio notorio. Lo es, en parte, porque hoy día alberga un museo etnográfico, pero sobre todo llama la atención porque tiene cuatro arcos adosados a la cara exterior de su muro sur, que se levantaron para soportar la pared y la bóveda de la capilla mayor. Los mismos reciben el nombre de Arcos de las Monjas, y dan acceso al Barrio de la Judería, que está atravesado por la Calle Judería y se encuentra pegado a la Muralla.


Otro enclave representativo de Vejer es el Castillo, residencia histórica de los Duques de Medina Sidonia, que fueron los dueños y señores del pueblo desde la Edad Media hasta el siglo XIX. En origen, la fortaleza fue una construcción musulmana, erigida entre los siglos IX y X, que luego fue acondicionada por los Duques para convertirla en su morada. A lo largo del XIX y del XX, el Castillo cambió de manos varias de veces, y fue objeto de nuevas y profundas reformas, que provocaron que, hoy día, de época islámica solo podamos ver el arco de la puerta, que data del siglo XI.


El Castillo permanece casi oculto desde el exterior, tapado por un montón de casas, que están adosadas a sus muros. Ni siquiera la entrada musulmana original se ve, ya que se encuentra como en una especie de zaguán, que está situado tras una puerta que tiene una pinta normal. 


Por fortuna, en el interior de la fortificación el Patio de Armas mantiene su estructura intacta. El mismo se ha modificado y ajardinado, pero en él se pueden apreciar sin problema las almenas, el adarve y los muros.


Otro edificio emblemático de Vejer es la Casa del Mayorazgo. Data del siglo XVI, y es llamativo por su pasado, pero también por su presente. Con respecto a este último, lo relevante es que la casona es privada, pero no se encuentra habitada por una sola persona, sino que se se ha transformado en una especie de corral de vecinos, vertebrado por dos patios adyacentes. Gracias a eso, está abierta, pero, con independencia de esa circunstancia, lo curioso es que los actuales inquilinos hacen vida en el inmueble con total naturalidad, hasta el punto de que yo vi a varios sentados en sus puertas, echando un rato de cerveza y de charla, como si las visitas no fueran con ellos. Sin embargo, están involucrados, porque son los que mantienen aquello precioso, sin esperar a cambio nada más que la voluntad del visitante. 


Desde el segundo de los patios de la Casa del Mayorazgo, que es el de la foto superior, y que no da tan directamente a las viviendas de los vecinos, se puede subir a la Muralla, justo en el punto en el que se alza la Torre del Mayorazgo.


Aparte de las cuatro puertas citadas, la Muralla de Vejer conserva cuatro torres, incluida la del Mayorazgo. Desde sus almenas, se obtiene una bella panorámica del Río Barbate y del Estrecho de Gibraltar, pero además se puede ver la Plaza de España, ya que se asoma a ella.



La Plaza de España es el meollo actual de la villa de Vejer, como dije antes. En su centro, en una gran isleta, desde 1957 se sitúa la Fuente de los Pescaitos, rodeada de bancos y de palmeras. Todo el conjunto cerámico que adorna la fuente y los bancos procede de Triana.




Todo esto que he venido describiendo, con cierta brevedad, lo fuimos visitando con Jesús Pozuelo a lo largo de dos horas. En Vejer, su grupo guiado estuvo formado por ocho personas. Tengo que decir que, de las visitas que he hecho con Ispavilia, esta ha sido la que me ha gustado en mayor medida. En Sevilla, he realizado cuatro rutas, y ninguna me ha defraudado, pero en Vejer noté más la diferencia que hay, entre deambular solo por un pueblo desconocido, y hacer un recorrido con alguien que sabe y que te va explicando lo que vas viendo. Por mi parte, chapeau para Ispavilia y para Jesús.

Tras acabar, mi madre y yo decidimos almorzar como está mandado, y para ello regresamos a la Calle Corredera. Allí, nos sentamos en la terraza del Hakuna Tapas, un negocio que, por lo visto, solo lleva abierto desde marzo. No suelo poner fotos de platos, pero ahora voy a hacerlo, porque las dos tapas que degusté fueron una delicia. En primer lugar, pedí un Tartar de Atún de Almadraba. En esa zona de Cádiz, es casi un delito no tomar atún cuando se come. Esta vez, el pescado venía servido sobre un pan brioche tostado, untado con una emulsión de sésamo. 


En segundo lugar, pedí Gambones al Ajillo y Manzanilla. Estaban servidos con chips de ajo. En vista del saborazo que tenía este plato, y también el otro, no he podido evitar ser tan detallista con lo que tomé. 


Eso sí, si en La Corredera, por la mañana, no hubo manera de desayunar nada que no fuera un brunch, para almorzar no menguó el nivel de modernez. En efecto, todos los bares que vi tenían un toque cool, incluido el Hakuna Tapas, donde hay que perderle el miedo a soltar 12 euros por cada por plato. En este caso, no obstante, el dinero estuvo muy bien gastado.

En definitiva, en 2005 estuve en Vejer de la Frontera, pero no recordaba nada de lo que vi. Sabía, por referencias, que es uno de los pueblos más bonitos de la provincia de Cádiz, de Andalucía, y de España, pero no tenía en la cabeza ni una sola imagen de sus calles, ni de sus edificios. Realmente, no sé en qué estaba pensando cuando fui hace 19 años. Pese a esto, me he desquitado, y ahora ya puedo decir, por mí mismo, que Vejer de la Frontera es una población que todo el mundo debería conocer.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado VEJER DE LA FRONTERA.
En 2005 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Cádiz: 64'3% (hoy día 78'6%).
En 2005 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 23'3% (hoy día 36'3%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado VEJER DE LA FRONTERA.
En 2005 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 31'8% (hoy día 59'1%).
En 2005 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 9'2% (hoy día 21'8%).