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16 de agosto de 2025

SAN NICOLÁS DEL PUERTO 2025

San Nicolás del Puerto tiene unos 600 habitantes, que se reparten entre dos núcleos de población. En el principal, que es el que da nombre al municipio, viven algo más de 500 personas.


El pueblo de San Nicolás del Puerto está vertebrado por la SE-163, que corta su pequeño casco urbano por la mitad. En el sur de la localidad, esa vía se orienta de sureste a noroeste. En ese tramo, que también se denomina Avenida del Huéznar, a ambos lados la carretera solo hay una hilera de casas. 


Sin embargo, en un momento dado, a la altura del lugar donde se encuentra el edificio del Ayuntamiento, la carretera pasa a llamarse Calle Real, cambia de orientación, y continúa con una trayectoria sur-norte.


En este último tramo, el pueblo se engrosa, y la SE-163 pasa a tener una calle paralela a cada lado, con la cosa de que, entorno a la del oeste, que se denomina Calle Tinado, es donde está ubicado el meollo de San Nicolás.


Hasta hace unos años, el extremo sureste del casco urbano lo marcaba una gasolinera. Más allá, solo había una hilera de casas aisladas, que se asomaban a la Vía Verde de la Sierra Norte, y unas instalaciones deportivas, que estaban ubicadas en mitad de la nada. En un momento determinado, a continuación de la gasolinera se construyeron 44 nuevas viviendas unifamiliares, que han hecho que el campo de fútbol y las otras pistas para hacer deporte estén menos apartadas. En esa urbanización, en el adosado que, a día de hoy, se encuentra en los confines del pueblo por ese lado, he pasado el último fin de semana.
 
                


Dado su reducido tamaño, es normal que haya tenido tiempo de explorar todos los rincones de San Nicolás del Puerto en un par de días. Es verdad que no entré en la Iglesia de San Sebastián, pero sí volví a echarle un ojo al Crucero de Piedra, al Puente Romano y al Nacimiento del Río Huéznar. También me bañé de nuevo en la Playa de San Nicolás del Puerto y recorrí la gran mayoría de calles de la población que no conocía de mis anteriores visitas. Eso me permitió ver el exterior de la Casa Natal de San Diego de Alcalá y lo que queda de una fortaleza, que parece ser que es de época musulmana. 


Como se puede ver en la foto, lo que queda del Torreón es francamente poco y está muy mal conservado.

Un par de lugares de interés limitado

Pues sí, lo cierto es que no creo que nadie deba ir a San Nicolás del Puerto a ver el Torreón o la Casa Natal de San Diego. Una cosa es que uno esté en el pueblo, tenga la oportunidad de darse un paseo y vaya a echarles un vistazo, pero no son sitios que se puedan recomendar.

A propósito del Torreón, ese montón de ladrillos comido por la maleza, que corta la acera e invade la calzada, es lo que sobrevive de una fortaleza que parece que se erigió en ese lugar en la Edad Media, pero que no se puede decir ni que esté medio conservada. Supongo que los restos siguen ahí, porque costaba más trabajo quitar el mogollón rocoso, que usarlo como trozo de valla. Realmente, si lo que queda del Torreón supera los ocho siglos, da un poco de lástima verlo así.


No hay ni una sola referencia in situ de lo que era el Torreón, y en Internet se repiten hasta la saciedad las dos mismas frases, que pasan de una web a otra sin reparo, y que yo no voy a reproducir, porque no tienen ni un mínimo de base histórica. Yo me quedo conque era una torre de vigilancia, que se erigió en un cerro en época islámica, y con eso me aseguro de que no meto la pata.

Con respecto a la Casa de San Diego de Alcalá, sí es verdad que me llamó la atención que el célebre franciscano naciera de San Nicolás del Puerto. No lo sabía. Por lo visto, durante muchos años fue Diego de San Nicolás, pero el hombre murió en Alcalá de Henares en 1463 y allí permanece incorrupto, por lo que se le ha pasado a conocer como San Diego de Alcalá en el santoral. Parece ser que el religioso viajó bastante, y llegó a ser popular en vida, pero fue después de morir cuando su fama creció de forma exponencial, ya que Felipe II, que era muy supersticioso, atribuyó a su cadáver la curación de su hijo Carlos, que debía heredar el trono de España a su muerte, y que tuvo un grave accidente, estando precisamente en Alcalá de Henares. No creo que la momia de fray Diego tuviera demasiado que ver, pero el caso es que el príncipe Carlos sanó, y, a raíz de eso, su devoto padre inició una campaña para que canonizaran al fraile, cosa que logró en 1588. El hecho de ser uno de los santos favoritos del hombre más poderoso de la tierra, hizo que se disparara la popularidad de San Diego de Alcalá, que es el nombre que se le quedó. Por ello, en 1613 Lope de Vega lo hizo protagonista de una comedia en verso, y, a partir de ahí, fue retratado por Zurbarán, por Ribera, por Murillo y por Alonso Cano, entre otros, lo que selló para siempre su inmortalidad. 

El tema es que se sabe muy poco de como fue vida de San Diego de Alcalá cuando era joven, y eso ha eclipsado su origen sevillano. San Nicolás del Puerto en 1400 debía ser una aldea minúscula, lo cual hace que, lo que se considera en la actualidad la Casa Natal de San Diego sea un lugar claramente adaptado. Quizás, ha trascendido el sitio exacto donde estaba la verdadera vivienda en la que vino al mundo el niño Diego, pero es evidente que no queda ni rastro de ella.


Eso sí, la Calle San Diego tiene su encanto, y el recodo adonde se asoma la casa en la que se dice que nació y pasó su humilde infancia el futuro santo, es un rincón precioso de San Nicolás del Puerto, que está muy cuidado.


Las verdaderas atracciones de San Nicolás del Puerto

Más allá de los dos puntos concretos de los que he hablado, los ítems verdaderamente interesantes que se pueden visitar en San Nicolás del Puerto son el Puente Romano y la colindante Playa de San Nicolás del Puerto, así como el Nacimiento del Río Huéznar. Esos ya sí que son lugares de un cierto interés.

Con respecto a la playa, ya conté en 2019 que es mejor no esperar encontrarse allí la Playa de Bolonia. No hay que olvidar que estamos hablando de un pueblo que se ubica en plena Sierra Norte. En realidad, la Playa de San Nicolás del Puerto no es más que un tramo del Río Galindón, en el que se han instalado unas compuertas, que se cierran y embalsan el agua de junio a septiembre, formando una piscina natural. Los márgenes de la misma se han habilitado, y eso hace posible que la gente se pueda refrescar en ella en los calurosos días de verano.



En la Playa de San Nicolás del Puerto hay que tener cuidado a la hora de meterse en el agua, para no resbalar con la verdina y acabar malparado. Por otro lado, tampoco es lo mismo extender la toalla en el cemento de su orilla, que en una verdadera playa marina. No obstante, me agradó regresar y pasar un buen rato de la tarde del sábado al borde del Río Galindón. En 2016, fui a la Playa de San Nicolás un domingo de agosto, en hora punta, y me quedé con una visión equivocada del lugar. Esta vez, estuve mucho más a gusto. Además, el enclave estrella del pueblo está justo allí. Se trata del Puente Romano.


La pregunta del millón es sí queda algo del puente original que construyeron los romanos en ese lugar, hace cientos de años. Por lo que parece, lo que se ha mantenido es el emplazamiento y el aspecto, pero lo que se ve hoy en día es del medioevo.

En realidad, como se puede comprobar, más que por tener sitios concretos destacados, San Nicolás del Puerto es un pueblo chulo para ser paseado. Yo lo fui recorriendo por partes, y, al final, creo que no me dejé prácticamente ninguna calle importante sin ver. 



Otra cosa que hice fue comer y cenar en dos de sus bares. Uno de ellos es una especie de chiringuito, que se encuentra cerca de la entrada del pueblo, y que se asoma al bosque en el que está enclavado el Nacimiento del Río Huéznar.


En ese negocio yo ya había estado tomando café en 2019, aunque ha cambiado de nombre ligeramente. En efecto, hace un lustro se llamaba Bar El Venero, y ahora ha sido rebautizado como Dame Venero Bar. En cualquier caso, cenamos allí en familia la noche del viernes. Fue un rato sensacional.

Al día siguiente, para almorzar nos fuimos hasta la Plaza de España, que, como es evidente por el nombre que tiene, es el corazón de San Nicolás. La Calle Tinado, que dije antes que es la vía entorno a la cual se ubica el meollo del pueblo, se asoma a ella. 


En la Plaza de España hay un bar, que se llama Bar La Plaza. No se trata de un sitio selecto. De hecho, había bastante follón en él, pero nosotros también éramos muchos y nos encontraron un hueco, en el que estuvimos de lujo. Lo cierto es que comimos muy bien.

Para acabar, tengo que decir que San Nicolás del Puerto es el segundo municipio menos poblado de Sevilla, pero que, a la vez, cuenta en su término con dos de las atracciones naturales más señeras de la provincia. De una de ellas voy a hablar en el siguiente post.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado SAN NICOLÁS DEL PUERTO.
En 2004 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 22'8% (hoy día 67'6%).
En 2004 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 8'1% (hoy día 22'4%).


20 de diciembre de 2021

UMBRETE 2021

Umbrete es un pueblo engañoso, porque tiene una iglesia enorme. Tanto, que se la conoce como La Catedral del Aljarafe. También tiene un gran palacio arzobispal, unido a esa iglesia mediante un llamativo arco, por el que se podía ir de un edificio a otro.



Por esa monumentalidad que muestra en su meollo, Umbrete aparenta ser una población de más entidad, pero realmente tiene unos 9.000 habitantes. Está en la segunda corona metropolitana de Sevilla, de las tres que tiene la capital por el lado del Aljarafe. En esta comarca, esa segunda corona está compuesta por diez municipios y Umbrete es el quinto más poblado. Con independencia de eso, desde un punto de vista personal, este pueblo es uno de los tres a los que voy más a menudo. Los otros dos son Espartinas y Olivares. Yo vivo en Villanueva del Ariscal, que queda en medio de todos. 


EspartinasOlivares y Umbrete están tan cerca de mi casa, que llego hasta ellos corriendo con frecuencia, pero aparte, son numerosas las circunstancias en las que tengo la oportunidad de visitarlos. Con respecto a Umbrete, lo cierto es que paso por su casco urbano cada vez que voy y vengo en coche de Sevilla. Llevo viviendo en Villanueva casi 14 años y siempre he trabajado en la capital, por no hablar de que toda mi familia vive allí, por lo que he atravesado Umbrete conduciendo miles de veces. Parar, no he parado tanto, pero sí lo suficiente como para conocer bien el pueblo. Actualmente, por ejemplo, llevo a Ana y a Julia a clases de atletismo un día a la semana a la Ciudad Deportiva Manuel Ruiz Vargas.

En definitiva, Umbrete es una localidad muy familiar para mí. Para hablar de ella en este blog estaba esperando a que se presentara una ocasión especial. La misma no ha aparecido sola, me la tuve que buscar, pero el pasado sábado lo hice, conocí Bodegas Salado y, a raíz de eso, voy a hablar de ese día y de los otros cuatro que he estado en Umbrete este mes. Entre todos, conforman una gran súper visita, en la que el pueblo ha quedado bastante explorado.

Para empezar, en tres de las cinco ocasiones en las cuales he estado en Umbrete en lo que va de diciembre, lo que he hecho ha sido ir a llevar a Ana y a Julia a atletismo. La escuela en la que están apuntadas entrena los miércoles en Villanueva, pero los viernes utilizan la magnífica pista de la Ciudad Deportiva Manuel Ruiz Vargas.


La Ciudad Deportiva Manuel Ruiz Vargas es otro lugar que hace que Umbrete parezca una población mucho más grande de lo que es, porque es digna de una gran ciudad. En efecto, en ella hay una zona de piscinas al aire libre, un gran gimnasio con una piscina cubierta, un estadio dedicado al atletismo, denominado Estadio Vicente Bautista García, otro para jugar al fútbol al que han bautizado como Estadio Carlos Ruiz Moreno, así como varias pistas de tenis, pádel y futbito. Por último, tiene un pabellón cubierto con capacidad para 500 personas. Con respecto a los estadios, que están contiguos, resulta muy curioso como se ha diseñado el graderío de ambos, ya que comparten la misma estructura rectangular, que por un lado tiene gradas a las instalaciones de atletismo, y por el opuesto las tiene mirando al campo de fútbol. En cada sector caben también medio millar de personas.

De los tres días de diciembre que he llevado a las niñas a la Ciudad Deportiva Manuel Ruiz Vargas, en dos me fui a correr por Umbrete y sus alrededores mientras ellas entrenaban. La tercera vez, sin embargo, lo que hice fue darme un buen paseo. Con idea de reflejar en este post como es el pueblo, quería recorrer con tranquilidad sus zonas más emblemáticas. Por eso, desde el extremo oeste del casco urbano umbreteño, que es donde están ubicadas las instalaciones deportivas, me encaminé al centro, que rodea la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación. Desde donde me encontraba, mi objetivo estaba claro.


Lo curioso es que elegí para pasear por Umbrete uno de esos días en los que todo el mundo parece que se ha echado a la calle. En efecto, conforme me acercaba a la Plaza de la Constitución, que está situada frente a la iglesia, empecé a sentir un poco de tumulto, luego oí unas notas de bajo y un breve redoble de batería, y cuando desemboqué en la plaza me percaté de que estaba montado un pequeño escenario tras la Estatua de Santa Ángela de la Cruz, que se inauguró en 2008 (la primera vez que recuerdo haber estado en Umbrete, allá por 2006, aún no existía). En ese estrado había músicos y un coro. La función empezó justo cuando yo llegué a su altura, como si me hubiesen estado esperando a mí para empezar.


Por lo visto, los artistas eran alumnos de la Escuela de Música de Umbrete y estaban promocionando sus actuaciones navideñas con un pequeño concierto de adelanto. Eso no fue, sin embargo, el único jaleo que me encontré en el centro de Umbrete, porque en el Antiguo Palacio Arzobispal había otro evento. Este edificio alberga en la actualidad un colegio, y en su entrada principal había una fila de gente esperando para acceder al interior. Aparte, la puerta lateral del palacio da acceso a una zona en la que se han habilitado varias dependencias municipales, y en estas también había algo organizado, a lo que estaban accediendo un montón de padres con niños. Por último, un poco más allá, en los Jardines del Arzobispo, todo parecía preparado para que diera comienzo una obra teatral. La animación era tal, que incluso habían montado en la Plaza del Arzobispo, frente al palacio, algunos puestecillos de dulces, de artesanía y de juguetes.

Se puede decir que el ambiente prenavideño era entrañable, pero desde luego no era el mejor día para explorar con tranquilidad el centro de Umbrete. Yo ya sabía que no iba a poder entrar en la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, pero mi intención era poder acceder al Antiguo Palacio Arzobispal, tanto al Colegio Marcelo Spinola, como a las dependencias municipales, en la que también hay un bar. En principio, pensaba hablar de ambas partes en este post, pero como no logré entrar en ninguna de las dos, pues dejaré la explicación para la próxima. 


Sin embargo, ahora sí diré que el edificio primigenio, que es donde está el colegio y que, en la imagen superior, tiene los tejados recubiertos de tejas de color marrón oscuro, tiene adosado en su esquina inferior derecha uno cuadrado, más moderno, con el tejado más claro. Ahí es donde se encuentran el Centro Cívico umbreteño, la Casa de la Juventud y el Bar Tercera Edad al que me referí antes. Desde la calle, parece que el Antiguo Palacio Arzobispal tiene dos puertas. No obstante, solo la más cercana al arco permite entrar en su parte histórica. La otra entrada (la que se ve más cerca, en la foto inferior), a pesar de su aspecto exterior da acceso a la zona anexa al palacio, que es la moderna.


Yo, esta última puerta sí la crucé, pero dentro me encontré con un patio de más reciente construcción en el que, como ya he dicho, había muchos padres con niños haciendo cola para entrar a ver algo en el Centro Cívico. Por eso, me di la vuelta y me fui. 

Con respecto a los Jardines del Arzobispo, que tienen su entrada a la derecha del edificio palaciego, los mismos eran, como es fácil deducir, la zona ajardinada del Antiguo Palacio Arzobispal. Datan de la segunda mitad del siglo XVIII y se construyeron aprovechando la existencia de una alberca. En ellos se instalaron más de 50 esculturas de mármol y una fuente. En 1844, este jardín artístico, propio de una residencia cortesana, fue desmantelado y las estatuas, hoy día, solo se conservan en parte, repartidas por diversas ubicaciones. Actualmente, el espacio es público y se ha habilitado como parque. Dentro, destaca el Merendero, que es heredero de la estructura de una antigua noria. 


El Merendero está muy cuidado, pero se encontraba cerrado y vacío. En los Jardines también hay un pequeño bar, que tiene un buen número de mesas repartidas por allí. Cuando yo estuve, tanto las mismas como la zona de juegos infantiles que hay cerca, estaban a tope. La tarde se había puesto muy agradable y reinaba un ambiente muy amable. Sin embargo, la mitad de los jardines los habían vallado y a esa parte no pude acceder, ya que había empezado a representarse la obra de teatro navideña a la que antes hice mención.

Se quedó un poco a medias, por tanto, la visita al patrimonio umbreteño que está ligado a la figura de Luis de Salcedo y Azcona. Fue este el arzobispo que impulsó la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación y que reconstruyó el Palacio Arzobispal, con el objetivo de que sirviera de lugar de descanso a los obispos y arzobispos de la diócesis de Sevilla. No obstante, el turismo de Umbrete no tiene como único eje a las obras de mecenazgo obispal. Los atractivos umbreteños también giran entorno a otro pilar bastante más prosaico: el mosto. En relación a esto, hay que explicar, antes de nada, que Umbrete es uno de los vértices del Triángulo Vinatero Aljarafeño, que está integrado, además, por Villanueva del Ariscal y por Espartinas. En realidad, toda la comarca del Aljarafe sevillano es famosa por el mosto que se produce en ella, pero el corazón de ese enclave vitivinícola está conformado por esos tres pueblos. Yo, en este blog ya he hablado de Villanueva y de Espartinas. Me quedaba hacerlo de Umbrete, que realmente es la población que está considerada como la capital del mosto. Por esa razón, el Centro de Interpretación dedicado a ese vino joven supuestamente se abrió allí, en una antigua bodega. Y digo "supuestamente", porque realmente, pese a lo que se anuncia en los carteles turísticos que hay por la localidad, el Centro de Interpretación del Mosto de Umbrete no existe como tal. Sí existe un edificio, que fue la sede primigenia de Bodegas Salado, empresa vinícola de la que hablaré en breve, y que se rehabilitó para albergar el pequeño museo.


Ese inmueble lo venden, incluso en el cartel de la puerta, como el Centro de Interpretación del Mosto de Umbrete. Dentro, sin embargo, apenas hay nada. Recuerdo que se inauguró con bastante boato en febrero de 2013, pero yo nunca llegué a verlo abierto. Un día, en 2017, me enteré de que había en él una exposición de pintura y me fui hasta Umbrete, no para ver los cuadros (que me perdone el artista, que no recuerdo ni quien era), sino para poder entrar en el Centro de Interpretación. Ni que decir tiene que lo que vi me decepcionó totalmente, ya que lo que allí había, aparte de los cuadros del pintor que exponía, eran unos cuantos barriles y unas máquinas con unos escuetos carteles, repartidos por un amplio espacio tremendamente desangelado. Aquello era una mierda de centro de interpretación, hablando mal y pronto. No me extraña que lo tuvieran cerrado. El otro día pasé por delante en coche y vi que volvía a estar abierto, dado que habían montado dentro un belén. Por eso, el viernes, tras ver los Jardines del Arzobispo, entré de nuevo y vi que aquello no solo no ha mejorado, sino que está casi desmantelado. De todas formas, el edificio por dentro está muy cuidado, por lo que se puede ver una antigua nave bodeguera bien conservada. En esta ocasión, vi también un portal de belén.

En Umbrete, además de lo ya comentado son dignas de mención las cruces del término. En el pasado, estas cruces estaban colocadas un poco a las afueras, en los diferentes caminos de entrada al pueblo. En la actualidad, se conservan seis, cinco de las cuales han sido engullidas por el casco urbano. Yo vi dos de ellas. Ambas, a pesar de que ya se erigen en un entorno totalmente urbanizado, se encuentran en zonas un poco más tranquilas de la población. La primera que vi fue la Cruz de Almarchar, que antaño delimitaba los términos municipales de Umbrete y Bollullos de la Mitación


La otra que pude fotografiar fue la Cruz de la Carrera, que, por su ubicación, yo deduzco que marcaba el inicio del camino que conducía a Sanlúcar La Mayor.


En cualquier caso, este post lo imaginé a raíz de la visita que hice a Bodegas Salado. La razón de ser de esta tuvo que ver con el hecho de que el pasado 9 de diciembre fue mi aniversario con María. Por eso, el día 8 yo había planeado una celebración redonda, que incluía un recorrido por la citada bodega, con degustación incluida, y un homenaje en forma de almuerzo en Casa Rufino. Sin embargo, al final ese gran plan tuve que partirlo en dos, porque lo de Bodegas Salado se aplazó al sábado 11 de diciembre. En consecuencia, el 8 nos limitamos a almorzar en el restaurante. Umbrete es un lugar de referencia para comer y, por tanto, los fines de semana se llena de sevillanos que van hasta allí, igual que a otros pueblos aljarafeños, a disfrutar de la buena mesa y del buen mosto. En ese sentido, a mí en Umbrete también me encanta el Bar Batato, pero es el Restaurante Casa Rufino el sitio de referencia para disfrutar de una comida sobresaliente.


Casa Rufino está en la Calle Traspalacio, es decir, en la vía que queda a las espaldas del Antiguo Palacio Arzobispal. Por fuera, el restaurante se parece a otros casoplones típicos del pueblo, pero por dentro está reformado. No obstante, parte de su encanto radica en que el interior del inmueble mantiene la estructura de la casa primigenia, de manera que las mesas están repartidas por las diferentes estancias y salones, que no han perdido su aire sevillano, dado que conservan todos los azulejos.


En Casa Rufino comimos de miedo. La celebración de aniversario con María estuvo a la altura de las circunstancias. Al finalizar, nos dimos un pequeño paseo, que nos llevó, sin pretenderlo, hasta la Plaza de la Constitución. El día 8 estaba mucho más tranquila que cuando la vi, casi diez días después, el viernes que ya he relatado.


Tres días después de nuestro almuerzo en Casa Rufino, exploramos Bodegas Salado y se completó lo que yo tenía previsto inicialmente. Podría parecer que el hecho de tener que partir el plan fue un fastidio, pero lo cierto es que al final el cambio fue para bien. Efectivamente, gracias al imprevisto, el almuerzo del día 8 adquirió todo el protagonismo de la celebración de aniversario y, por su parte, el 11 por la mañana pudimos ver la bodega, sin tener que guardar fuerzas para luego poder comer (y beber) en el almuerzo de celebración. A este respecto, tengo que decir que hacía tiempo que no me divertía tanto con una visita turística. El rato que echamos en Bodegas Salado fue sensacional.


El primer punto a favor que tuvo la visita a Bodegas Salado fue que salió una mañana maravillosa de finales de otoño. A las 11, nos juntamos cinco parejas desconocidas en la tienda donde, en horario comercial, la empresa despacha sus caldos al público. 


El grupito tenía el tamaño perfecto, ya que no era tan grande como en otras visitas similares que he hecho, pero era suficientemente numeroso como para que la experiencia no fuera fría en exceso. A todos los presentes nos unía, además, el gusto por los placeres de la vida. En mi día a día yo no soy muy de vinos, pero da igual. Se apreciar lo bueno, y a los demás tenía pinta de pasarles lo mismo. El tour comenzó en el patio central de la bodega.


Durante una hora, Paco, uno de los capos actuales de Bodegas Salado, que fue el que ejerció de cicerone, nos desgranó cual es el proceso de creación del mosto y de los demás tipos de vino que vende su empresa vinícola. El hecho de fuera uno de los jefes, y no un guía profesional, el que nos enseñó las instalaciones, le dio un punto extra de interés a la visita, porque nos contó muchas cosas que él sabe, por que sí, no porque se las haya estudiado. Quizás no fue tan exhaustivo con los datos y las explicaciones de los procesos como lo habría sido un guía, pero en cambio nos habló con la naturalidad del que ha mamado el entorno. Nos dijo, por ejemplo, que las bodegas se fundaron en 1810, que el negocio sigue siendo familiar y que las tierras donde estuvieron plantadas las vides estaban en Umbrete hasta 1984, pero que desde entonces la uva se cultiva en otras dos fincas aljarafeñas (una de 20 hectáreas, llamada Finca Las Yeguas, que está en Carrión de los Céspedes, y otra de 40, denominada Finca La Serrana, que se halla en Huevar del Aljarafe). También nos enseñó las instalaciones con detalle. En el propio patio vimos el sitio donde se descarga la uva de los camiones y donde se le da el primer meneo. Junto a ese lugar hay una nave que alberga la maquinaria para procesar los primeros caldos.




Después, vimos los tanques modernos, donde el vino pasa la primera etapa de su vida. Las explicaciones, que no tiene sentido reproducir aquí, fueron muy interesantes. 


Sin embargo, la parte más divertida de la visita fue la última. En ella accedimos a la gran nave en la que están los bocoyes, en los cuales el vino pasa su etapa final. Ese espacio, lleno de barriles, tiene el aspecto típico de las bodegas.


En esa nave acabaron las explicaciones. Una de las cosas más curiosas que nos dijo Paco, en ese lugar, fue que una serie de bocoyes, que estaban un poco apartados del resto, eran los que la familia propietaria de la bodega se reservaba cada año para ella. Eran unos cuantos barrilitos, más pequeños, que se hallaban como en una esquina, sin distintivos y más sucios que los demás. Su aspecto era el peor, pero resulta que eran los barriles apartados para los jefes y sus invitados, nada menos.


Fue tras recorrer la zona de barriles de la bodega cuando llegó el momento de la degustación, que iba incluida en el precio. En principio, la misma constaba de tres vinos, pero ahí se vio, una vez más, que lo de ser solo diez personas, además de convertir la visita en algo más personal y cercano, tuvo otras ventajas. En efecto, nosotros probamos cuatro vinos distintos, no tres, y nos bebimos cuatro o cinco copas en total. Yo, al apurar la quinta copa de vino decidí parar, porque no era plan de salir a rastras, pero nadie nos metió prisa ninguna, ni nos puso límites. Por ello, nos relajamos y el vino se nos subió un poco a todos. Eran las 12 de la mañana, y allí el que más y el que menos tenía el estómago medio vacío. Debido a eso, la lengua se nos soltó y acabamos hablando de nuestra vida con algunos, como si nada, pero lo más interesante fue que salió a relucir el tema de la política. Paco, nuestro guía, resultó ser de esas personas que, aprovechando cualquier excusa, desliza, como el que no quiere la cosa, opiniones personales sobre temas de lo más variopinto. Esas personas, ya sean de corte conservador o de corte progresista, suelen estar bastante politizadas, por lo que, al final, no es difícil que se les acabe viendo el plumero. De hecho, que se les vea el plumero es lo que pretenden. Por lo que respecta a Paco, sus opiniones eran más bien de corte tradicional, y a lo largo del recorrido abonó bien el terreno para que, después, con unas cuantas copichuelas de más, afloraran entre algunos de nuestros compis ciertas opiniones relativas a cómo nos vendemos los andaluces y a cómo es el trato que se dispensa a Andalucía, en general, por parte de la clase política española. De ahí saltamos a hablar de los políticos, y de ahí se pasó a sacar a colación el tema de Cataluña, los pactos de la izquierda con los amigos de los terroristas, etc. En fin, se montó un polvorín de lo más divertido. Es evidente que nos excedimos bastante de la hora a la que, teóricamente, acababa la visita. Tanto, que Paco acabó por dejarnos bebiendo y se fue a hacer algo. Luego volvió y entonces sí se tomó una copita de vino, pero hasta ese instante había estado debatiendo a pelo. Hay que decir, en todo caso, que el ambiente nunca dejó de ser afable. Como he dicho, me lo pasé muy bien, e incluso las personas que tenían ideas más distintas a las mías, fueron correctas y amables al 100%. En el debate no hubo energúmenos, ni actitudes reprobables, y así da gusto. Por otro lado, para compensar nuestra relajación a la hora de alargar nuestra estancia en Bodegas Salado, la mayoría acabamos yéndonos a casa con un buen puñado de botellas de vino.


En definitiva, de los tres días de diciembre que he llevado a las niñas a Umbrete a entrenar, en uno me di un largo paseo, y luego fueron especiales el día de la comida y el de las bodegas, por lo que he conseguido el objetivo, que era que cuando hablase del pueblo en el blog, el post tuviera suficiente chicha.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado UMBRETE.
En 2006 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 28'6% (hoy día 64'8%).
En 2006 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 10% (hoy día 21%).


24 de agosto de 2021

SALAMANCA 2021

A finales del agosto de 2020 estuve en Salamanca. Hacía cinco años que no pisaba esta ciudad y, por ello, me gustó ir de nuevo y echar allí un día. Sin embargo, el pasado verano fue muy complicado, dado que la pandemia estaba aún en su punto álgido, por lo que la visita fue un poco tensa. Me di un buen paseo por las calles salmantinas más llamativas y tuve la oportunidad de dormir en el Parador, pero el sabor de boca que se me quedó fue agridulce.

Por otro lado, este 2021 hemos vuelto a Llanes. Lo hemos hecho, incluso, en un par de ocasiones, aunque las dos estancias han sido un tanto diferentes. De la de julio hablé en su día y la de agosto será objeto de uno de los próximos posts, pero en ambos casos la ruta de subida ha sido la misma, aunque la primera vez fuimos del tirón y la otra no. Normalmente, cuando vamos de Andalucía a Asturias ya no hacemos noche en el camino. Ha dejado de ser necesario, porque las niñas han crecido. Pese a esto, en este segundo viaje a Llanes de este verano decidimos tomarnos las cosas con calma y pensamos en pernoctar en algún punto intermedio del trayecto. Salamanca es un lugar que queda casi equidistante en la ruta y yo tenía el regusto amargo de la estancia extraña del año pasado, por lo que pensé que esta era una buena oportunidad para borrar de un plumazo esa sensación. Por eso, busque un apartamento para alojarnos y, si bien no encontré nada bueno, bonito y barato en la propia ciudad salmantina, lo que necesitaba apareció en Santa Marta de Tormes. Este pueblo es bastante moderno y está muy a mano del casco histórico de la capital. Dormir allí fue un acierto rotundo. 

Con respecto a la estancia de 2020 en Salamanca, la misma se basó en dar el típico paseo por las calles del centro de la ciudad, por lo que tenía claro que ahora no quería limitarme a repetir aquello. Siempre que uno vuelve a algún sitio tiene que intentar profundizar un poco más en él y esta vez no iba a ser menos. Yo barajé varias opciones y, finalmente, fijé mi mirada en las catedrales, dado que nunca había entrado en ninguna de las dos que tiene Salamanca. Sin embargo, viajaba con las niñas y con mi sobrina, es decir, con tres niñas de entre once y trece años, por lo que sabía que iba a ser un error meterlas en una iglesia con el simple objetivo de mirar al techo. No obstante, cuando vi que había una visita a las torres y cubiertas de las catedrales, que permitía, más que mirar desde el suelo hacia arriba, hacerlo desde lo alto hacia abajo, tanto por dentro de los templos como por fuera, pensé que en ese plan podían confluir los intereses de todos. Por un lado, incluso los preadolescentes disfrutan viendo vistas espectaculares y andando por los tejados, y, por otro, para María y para mí ver las magníficas catedrales salmantinas desde una perspectiva tan atractiva era, sin duda, un buen plan. En consecuencia, calculé que a mediodía estaríamos ya en Salamanca y reservé entradas para subir a las torres catedralicias a las 19'00 horas. Finalmente, tras viajar por la mañana, llegamos a nuestro destino a la hora de comer e incluso pudimos dormir la siesta, por lo que no hubo nadie que estuviera a disgusto con el plan vespertino.

Realmente, la visita a las torres está enmarcada en una exposición permanente más amplia, que recibe el nombre de Ieronimus. La subida es el aliciente principal de la exposición, pero al ascenso se le da coba, de manera que mientras se va para arriba se van viendo las diferentes salas en las que se dividen las torres. En ellas se encuentran expuestos diversos objetos, y también está explicado que funciones tenían las estancias en el pasado. 

Antes de continuar, es conveniente explicar lo de que Salamanca tenga un par de catedrales contiguas. Resulta que en la ciudad charra se erigió un primer templo catedralicio entre los siglos XII y XIII. Ya en el siglo XVI, este se había quedado pequeño y se proyectó al lado uno más grande, pero las obras se debieron prever largas, porque decidieron no derruir la antigua seo hasta que no acabaran la nueva, para poder así seguir manteniendo un lugar abierto al culto. En el siglo XVIII, cuando, por fin, la nueva catedral estuvo terminada, reconsideraron la idea de tirar la otra. Después de todo, las dos juntas no quedaban mal. De hecho, desde fuera son difíciles de distinguir, puesto que están pegadas. Además, la torre de la Catedral Nueva está erigida sobre el campanario de la primigenia, que también perdió uno de sus brazos y vio como se tapaba su fachada.


Desde el aire se aprecia bien como hay dos edificios adyacentes, uno mucho más grande que el otro, pero que comparten la torre (rodeada en la foto con un círculo azul).


Esa torre, precisamente, es una de las que nosotros fuimos a ver. No resultó complicado estar a la hora convenida en la base de la otra, llamada Torre Mocha. Por una puerta lateral de esta, que da a la Plaza de Juan XXIII,  accedimos a la visita. 


La Catedral Vieja fue proyectada, en origen, con dos torres sobre su frente principal. La de la izquierda quedó, a la postre, debajo del campanario de la Catedral Nueva, pero la de la derecha ni siquiera llegó a acabarse. Por ello, se le dio el nombre de Torre Mocha. En la visita esta es la primera que exploramos, ya que subimos por ella hasta su terraza. El ascenso no fue directo, dado que la torre está dividida en diferentes estancias en las que nos fuimos deteniendo. Estas tienen nombre propio (Sala del Alcaide, Estancia del Carcelero,...). En algunas de ellas había vitrinas, con documentos, objetos y libros antiguos. Como siempre, yo me dedique a buscar originales, y comprobé que había uno muy interesante.


En efecto, en una de las vitrinas estaba el Inventario de los Libros de la Biblioteca de la Catedral de Salamanca. Me gano la vida como bibliotecario, así que ese manuscrito, que era un original de 1533, no podía dejar de gustarme.

Tras ir dejando atrás las diversas salas acabamos esa primera parte de la visita en la terraza de la Torre Mocha. Desde allí, ya vimos más cerca el trozo superior de la torre de la Catedral Nueva.


Tras la correspondiente sesión de fotos en la terraza de la Torre Mocha accedimos al tejado de la Catedral Vieja


Gracias a eso pudimos acercarnos a la Torre del Gallo, que se eleva sobre el crucero de la catedral. Esa torre es un cimborrio con escamas, que se ha bautizado con ese nombre por su veleta, que es un gallo de chapa.


El gallo que se ve es una copia de 1927. El original se conserva en el interior de la catedral.

Después de ver bien la Torre del Gallo pasamos a la Catedral Nueva por una puerta que da al tejado de la Catedral Vieja. Como ya estábamos a una buena altura, adonde accedimos fue a una especie de balcón corrido que tiene aquella.


Ni que decir tiene que la balconada nos encantó a todos. Desde ella se puede mirar abajo y arriba, y en ambas direcciones las vistas son espectaculares.



Me pareció también curioso estar tan cerca de los desperfectos que el Terremoto de Lisboa de 1755 ocasionó en la catedral. Las grietas dan un poco de yuyu, pero lo cierto es que llevan ahí más de 250 años y el edificio no se ha caído.


Tras recorrer entera la balconada pasamos al tejado de la Catedral Nueva, subiendo por una escalera de caracol. Aunque después íbamos a ascender más, desde allí las vistas ya fueron chulas y fue interesante caminar por lo alto de la fachada principal del templo catedralicio.

 

Desde la cubierta de la Catedral Nueva volvimos a observar otra bonita panorámica de la Torre del Gallo.


Caminando por el tejado de la Catedral Nueva nos acercamos a su torre, que recibe el nombre de Torre de las Campanas. Junto a ella tuvimos que esperar para seguir ascendiendo, ya que los que suben y los que bajan no caben a la vez por la escalera. Para evitar atascos han instalado una especie de semáforo. 


Cuando llegó el momento en el que pudimos subir, comenzamos el ascenso al nivel más alto. La Torre de las Campanas tiene un piso intermedio, la Sala del Reloj, pero nosotros apenas si pudimos detenernos en él, por una razón de la que ahora hablaré.

Antes, voy a hacer referencia a la planta más alta, que es donde están las campanas. Desde que accedimos por la puerta inferior de la Torre Mocha todo había estado encaminada a llegar a ese nivel superior y, por eso, para rematar el tour intentamos tomarnos allí las cosas sin prisa... y digo intentamos, porque en realidad no nos lo pusieron fácil. Hicimos lo posible por ver aquello, incluida la Sala del Reloj, con cierta calma, pero resulta que la visita de las 19'00 había que despacharla en menos de 45 minutos, porque los cuidadores de las salas se marchaban a las 19'45 horas. En consecuencia, desde que estábamos en la balconada de la Catedral Nueva una señora bastante siesa se nos pegó a la espalda y comenzó a meternos presión para que fuéramos abreviando. Nadie nos había avisado de que el recorrido tuviera que realizarse en un tiempo determinado y, tanto nosotros, como la veintena de personas que estaban en nuestro turno, nos estábamos tomando las ascensión con cierta pachorra. Por ello, cuando la mujer nos dio el toque, a pesar de que, como digo, no nos habían advertido de que hubiera un límite de tiempo, aceleramos un poco. Lo malo es que parece que no fue suficiente, por lo que la presión de la señora, que ya había metido sus pertenencias en una bolsa que llevaba consigo y no era capaz de disimular su impaciencia, fue en aumento. Esa circunstancia empañó un poco la parte final de la subida.

Yo, en la Torre de las Campanas no quise dejar de asomarme por sus cuatro lados. Pude, gracias a eso, disfrutar las bonitas vistas que se contemplan desde el punto más elevado de la catedral. También logré, incluso, sacarme una foto, pero en ella lo más destacado que ha quedado para la posteridad ha sido la postrera bronca que nuestra cancerbera nos dedicó, cuando dejó atrás su actitud hosca y pasó, directamente, a la hostil. Por lo visto, su jornada acababa a las 19'45 y se quería ir.


Yo no quise dejar que aquello me inflara las pelotas y me lo tomé con filosofía. No en vano, estaba en mi primer día de vacaciones. Tampoco es que fuera solo culpa de la señora, la verdad. Su actitud debería haber sido menos huraña, pero realmente los responsables son los promotores de la exposición, que encajan con calzador el último turno de visitas. No tiene sentido ninguno que te vendan una entrada para las 19'00 horas sin avisarte de que a las 19'45 tienes que estar fuera. Si lo hubieran hecho, a lo mejor hubiera comprado la entrada antes, que se podía, o bien me hubiera entretenido menos en las salas inferiores de las torres. No fue así y nos tuvimos que fastidiar. Hubo gente que protestó en taquilla y la chica que allí estaba, que era bastante más profesional y que demostró tener mejor carácter que la otra, les ofreció la posibilidad de volver al día siguiente sin pagar más. Nosotros no teníamos esa opción, porque por la mañana teníamos que salir temprano para Llanes, así que no le di más vueltas. En cualquier caso, logré verlo casi todo bastante bien, aunque a la última parte tuviera que echarle sangre fría.

Tras bajar, me gustó pasar por delante de la fachada de la Catedral Nueva, viendo desde el suelo la altura del lugar desde el que habíamos asomado la cabeza. Por la noche también disfruté de la visión de la torre desde su base, sabiendo que había estado junto a las campanas.



Por lo demás, al final también nos dimos por Salamanca el paseo típico, que nunca está de más. Mientras nos dirigíamos a las catedrales ya cruzamos el precioso Puente Romano y pasamos por delante de la Cruz de los Ajusticiados, que estaba ubicada junto a la que era la puerta más antigua de acceso a la ciudad. Hoy día, el puente ha dejado de conducir a esa puerta, que ha desaparecido, pero se conserva la cruz, sita en el lugar donde dice la tradición que se colgaban, a modo de advertencia pública, las cabezas de los ejecutados por algún delito.



Después de la visita a las torres de las catedrales nos dirigimos al norte por la Rua Mayor, siguiendo las huellas de las miles de personas que recorren esa famosa calle cada año. Nuestro caminar fue distraído, no teníamos intención de ir a ningún sitio concreto. Más bien, íbamos buscando ya un bar donde cenar, pero nuestros pasos nos llevaron, como no podía ser de otro modo, a la Plaza Mayor. Accedimos a la misma por el arco que da a la Plaza del Corrillo y, como novedad, salimos por la esquina opuesta, atravesando el que da a la Plaza del Mercado. Para no acabar de nuevo en la Rua Mayor anduvimos buscando un bar por la parte oriental de la plaza y acabamos sentados en Llamas Casa de Comidas, que pone sus mesas en un ensanchamiento de la Calle Clavel.


Por lo visto, Llamas Casa de Comidas es el negocio heredero de otro, denominado Bar Llamas, que se pegó en ese sitio desde 1960 hasta bien entrada la pasada década. Cuentan que el antiguo bar, castizo y cutre a partes iguales, era un lugar lleno de sabor, frecuentado por autóctonos. En un momento determinado cerró, en el mismo local hubo un negocio distinto, y ahora alguien ha reabierto allí el Bar Llamas, lavándole la cara y modificando un poco su nombre. Lo que comimos me gustó y la camarera fue muy simpática.

En definitiva, el paseo fue un tanto estándar, pero aportó alguna novedad. Lo principal, sin embargo, fue la visita que hicimos a las catedrales. En cualquier caso, Salamanca es una ciudad maravillosa que volverá a ser objeto de nuestra atención, por supuesto. Ocasiones habrá muchas para seguir desentrañando sus encantos.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SALAMANCA.
En 1989 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Salamanca: 20% (hoy día 40%).
En 1989 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 4'7% (hoy día 35'7%).