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4 de marzo de 2025

ARCOS DE LA FRONTERA 2025

Arcos de la Frontera es como Ronda, en el sentido de que es un pueblo que aúna un tamaño aceptable, con un emplazamiento natural espectacular, y con un entramado urbano histórico precioso y muy bien conservado. Por ello, es un destino turístico de primer nivel. En efecto, a él acuden personas de toda Andalucía, además de una buena cantidad de españoles, e incluso de extranjeros. Al igual que Ronda, está enclavado en un territorio de forma poligonal, cuyos vértices son Sevilla, Córdoba, la costa de Cádiz y la de Málaga, pero, en vez de haber quedado opacada en mitad de la nada, por el brillo de esos gigantes del turismo, Arcos de la Frontera ha sabido hacerse un hueco y construirse un nombre propio. Sin embargo, esto no significa que haya tenido que convertirse en una especie de parque temático. En Arcos, el otro día comprobé que la esencia no se ha perdido.



Hay que reconocer, no obstante, que María y yo fuimos a Arcos de la Frontera en un momento muy propicio. En efecto, el primer día era laborable, y el siguiente salió lluvioso. Si a eso le sumamos que estamos en invierno, pues da como resultado que pasamos en el pueblo gaditano un par de jornadas en las que no estuvimos solos, pero en las que disfrutamos de aquello con un grado de tranquilidad considerable. Basta con decir que, ni para cenar el jueves, ni para almorzar el viernes, tuvimos que reservar sitio, y que ambas comidas las hicimos en dos bonitos restaurantes. En ambos casos, fue llegar y encontrar mesa. Además, nos trataron con cercanía y pagamos poco. Para nada nos sentimos como turistas.

El primero de los restaurantes se denominaba Taberna Jóvenes Flamencos, y su decoración era un canto al tipismo. A mí no me gusta el flamenco, pero tengo que admitir que cada vez lo siento como algo más cercano a mí cultura. Tampoco soy religioso, ni mucho menos taurino, pero me resulta familiar entrar en un bar lleno de imágenes de vírgenes y de cristos. Ni siquiera me choca ver una cabeza de toro en la pared. En la Taberna Jóvenes Flamencos, por tanto, me sentí como en casa.


Con esa pinta y estando en la Calle Dean Espinosa de Arcos de la Frontera, podría pensarse que la Taberna Jóvenes Flamencos era una trampa para guiris, pero lo cierto es que no era así, como he dicho. Además, ofrecían la posibilidad de probar recetas de la gastronomía típica arcense, y yo es lo que hice. En concreto, cené un plato de Abajao.


El Abajao está compuesto de pan, espárragos, patata, cebolla, tomate, pimiento, ajo, aceite y sal. En origen, era un plato de agricultores, en el que se aprovechaba todo lo que había. Ya entonces, los más pudientes le echaban huevo, y así me lo pusieron a mí. Me gustó mucho. Al día siguiente, comimos en el Bar San Marcos, que también me encantó, por su relación calidad-precio, por la amabilidad de su servicio, y por el ambiente del comedor.


Como contrapunto, el primer día almorzamos en el Asador Bar Andalucía, que está junto a un polígono industrial, a la entrada de Arcos. Lo cierto es que salimos de Sevilla tarde, de manera que llegamos a nuestro destino a una hora en la que la necesidad de llenar el estómago ya era patente. Por ello, antes de hacer el check in en el hotel, y sin ponernos a callejear por el pueblo, nos metimos a comer en un sitio al azar. Lo curioso, es que el Asador Bar Andalucía parece ser un restaurante tradicional con una trayectoria dilatada, pero ahora lo regentan unos chinos. Estos, incluso han filtrado unos cuantos platos de su tierra en la carta, aunque la mayoría de la oferta sigue siendo la típica de un bar restaurante poligonero. Yo, sin ir más lejos, me tomé un bocadillo de pollo, tomate y lechuga. Sin embargo, lo de ver un bar de carretera español servido por orientales tuvo un impagable punto surrealista.

Tras esa primera toma de contacto con Arcos de la Frontera, ajena por completo a los estándares turísticos, ya nos metimos de lleno en la parte monumental del pueblo, y nos dirigimos a nuestro hotel, que era el Parador, nada más y nada menos. Cuando era niño, comí en su restaurante con mis padres una vez, pero no había vuelto.


Con el de Arcos, ya he pernoctado en 26 de los 98 Paradores de Turismo que hay (de ellos, en Tordesillas, en Soria y en Salamanca me he alojado dos veces, y en Zafra tres). Los establecimientos de la cadena Paradores siempre intentan destacar por algo, y este sobresale por su ubicación, al borde de la Peña de Arcos. Nosotros no tuvimos la suerte de dormir en las habitaciones que que se asoman al talud, pero nuestras ventanas daban a la Plaza del Cabildo, por lo que no me quejo. Además, desde el salón donde desayunamos sí se divisaba la campiña desde lo alto.


Por desgracia, como el día estaba muy lluvioso, no pudimos desayunar en la terraza, pero después sí nos asomamos al cortado. 



Desde el nivel superior de la terraza del Parador, contemplamos unas vistas espectaculares, que compensaron el hecho de que estuviera cerrada por obras la Plaza del Cabildo. Efectivamente, al Mirador de la Peña Nueva esta vez no pudimos asomarnos, pero disfrutamos de la misma perspectiva desde el Parador.



María y yo tuvimos ocasión de recorrer Arcos de la Frontera con detenimiento, pero antes de relatar lo que vimos, es menester explicar por qué este pueblo es tan especial. El mismo tiene 22.000 habitantes, y se ha extendido bastante, pero su parte más antigua está emplazada encima de un enorme peñón, que sobresale en mitad de una gran llanura, y que, a lo largo de millones de años, ha sido limado por el Río Guadalete, tanto por el norte, como por el sur. En la siguiente foto satélite, se ve como el río llega hasta el espolón rocoso y lo bordea, trazando un amplio meandro que encierra una zona menos abrupta, por la que se ha expandido la población, y que se denomina Barrio Bajo (se muestra dentro del círculo verde).


Debido a la acción erosiva del río, el peñón se ha estrechado mucho en su parte más alta (está marcada con una flecha azul en la imagen).

Por su lado, el casco antiguo de Arcos lo he rodeado con un círculo azul. En él, el epicentro es la citada Plaza del Cabildo, que se encontraba un poco desmejorada por las obras, que según parece se están alargando más de la cuenta, pero que sigue siendo el punto de referencia y el lugar adonde dan varios importantes edificios arcenses, entre ellos el Parador y la Basílica de Santa María de la Asunción. También el Castillo, que es privado y que no se puede visitar, salvo un par de días al año, y de manera muy limitada.



El caso es que Arcos tiene dos amplias zonas modernas, una a cada lado del casco histórico, pero es este el que concentra el mayor interés. Nosotros, la tarde y la noche del primer día ya nos dimos un paseo por él, por lo que disfrutamos de una visión muy pintoresca de su entramado de callejuelas.


No obstante, queríamos sacarle todo el jugo a la población, y para ello es indispensable que alguien que sepa ponga sus rincones en contexto. Por eso, contratamos un tour con la empresa Arcos Tour. Fue un acierto, porque un guía llamado Manuel nos condujo durante dos horas por la zona histórica de la localidad, contándonos un montón de cosas. La visita fue casi personalizada, porque la mañana amaneció lluviosa, por lo que la mayoría de la gente que la tenía reservada por lo visto se rajó. A la cita, solo acudimos nosotros y otra pareja. Luego, resultó que no cayó tanta agua, por lo que pudimos pasear sin problema por las calles arcenses, que estaban muy tranquilas. Manuel, además, era de Arcos, por lo que hizo algo más que soltarnos un rollo aprendido. Teniendo en cuenta la cantidad de gente que saludó, es evidente que ha vivido su pueblo con intensidad.

La ruta la comenzamos en la Cuesta de Belén, que es la empinada calle que conduce, desde la parte noroeste de Arcos, hasta el mismo meollo de su casco histórico. Siguiendo el sentido de la pendiente, subimos a la roca, visitamos los principales emplazamientos del centro, y descendimos un poco por el otro lado, hasta llegar al Mirador de Abades, que se asoma al Barrio Bajo.


En nuestro recorrido, pasamos por un buen número de vistosas calles del centro, y vimos por fuera los edificios más destacados.


Gracias a Manuel, nos enteramos de un montón de curiosidades. Una que me llamó mucho la atención, es que la pendiente de la Cuesta de Belén fue atenuada en 1852, año en el que se derribó la Puerta de Jerez, que era una de las tres que tenía la villa desde la Edad Media. El caso es que, al echarse abajo la citada puerta, se aprovechó para moderar la inclinación de la vía, lo que provocó que quedaran elevados los portones de las casas que estaban en el tramo en el que se rebajaron la calzada y las aceras. Desde entonces, hay viviendas y palacios de la calle que se han construido enteros, a esa nueva altura, pero se ven otros en los cuales se han mantenido las entradas, y lo que se ha hecho ha sido construir escaleras en los zaguanes, así como adaptar las portadas, como se ve en la foto que pongo a continuación. 


Antaño, el nivel del suelo estaba donde acaba la portada de piedra del palacete de la izquierda, y la entrada se ajustaba al marco. Tras la obra de ingeniería, se bajó el portón, se le añadió a las jambas la parte encalada, y se construyó un panel entre el dintel primitivo y la nueva puerta, en el que se puso un azulejo decorativo. Jamás me habría fijado si no me lo hubieran dicho.

Otra curiosidad que Manuel nos explicó, es la del significado del Círculo Mágico que se encuentra delante de la Puerta del Evangelio de la Basílica de Santa María de la Asunción. Se trata de un vestigio de la etapa musulmana de la población, creado en su día por los sufíes, que son los practicantes de una corriente del islam que tiene tendencia al ascetismo, que potencia la espiritualidad, y que tiene una importante base esotérica.  


Por lo visto, en época musulmana el Círculo Mágico se encontraba dentro de la mezquita de la villa, pero, tras la reconquista, dado que parecía claro que iba a ser destruido al convertir la mezquita en iglesia, los que creían en sus propiedades mágicas lo trasladaron, piedra a piedra, al exterior del recinto, con el objetivo de hacerlo pasar por un adorno del suelo. Tuvieron éxito, porque ahí sigue. Manuel nos contó que hay gente que sigue acudiendo allí para beneficiarse de las energías telúricas y cósmicas que dicen que desprende el Círculo. Supongo que saben que, en origen, este estaba a una decena de metros. Es posible que, pese a eso, el dibujo pétreo sea un punto de conexión con energías que emergen en toda esa zona, es decir, que de igual que se plante justo en ese sitio, o en otro cercano. No se. Yo la única certeza que tengo es que las piedras rojas de fuera representan a la tierra y las blancas al cielo. También, que estas últimas tienen unos agujeros que simbolizan las constelaciones.

Lo tercero que me resultó llamativo, de lo que nos contó Manuel, es que en Arcos de la Frontera hay dos iglesias, que rivalizaron por alcanzar la distinción de basílica. Son la Basílica de Santa María de la Asunción, que es la que se llevó el gato al agua, como es evidente, y la Iglesia de San Pedro. La primera es la de la foto que pongo a continuación a la izquierda (la instantánea está tomada desde la ventana de nuestra habitación en el Parador), y la segunda es la de la imagen de la derecha.


La Basílica de Santa María de la Asunción es mayor, aunque su torre está sin acabar. Lo cierto es que, antes de la que se eleva ahora había otra, pero se cayó por culpa del terremoto de Lisboa de 1755. Tras la catástrofe, se empezó a levantar una nueva, pero el proyecto inicial no se culminó. La Iglesia de San Pedro, por contra, a pesar de que también sufrió las consecuencias del cataclismo, sí se terminó por completo. El tema es que, para alcanzar la dignidad basilical, además de por su tamaño, las dos iglesias intentaron destacar por lo que tenían dentro de sus muros, con la cosa de que Santa María de la Asunción la dejaron más armoniosa, mientras que San Pedro ha quedado recargada en exceso, en mí opinión. Como se puede ver a continuación, el interior de la primera es espectacular.


En cambio, sin ánimo de herir susceptibilidades, a mí la Iglesia de San Pedro me gustó menos, porque está demasiado abigarrada. 


De hecho, en Santa María solo se conservan las reliquias de un santo (San Félix), pero en San Pedro hay hasta dos cadáveres momificados, detrás de sendas vitrinas (son San Víctor y San Fructuoso). Por lo visto, dado que las dos iglesias rivalizaban por ser la principal de Arcos, ambas se preocuparon de custodiar reliquias, con la cosa de que, en ese concepto, fue la Iglesia de San Pedro la que se impuso, ya que fue capaz de hacerse con los cuerpos de un par de mártires, mientras que la otra se tuvo que conformar con uno. Eso sí, no está muy claro cual de todos los San Félix y de todos los San Víctor que hay en el santoral católico son los que reposan en Arcos. Tampoco yace en la Iglesia de San Pedro el San Fructuoso de mayor renombre, es decir, que los finados que, con tanto orgullo, se muestran en los templos arcenses más señeros, son beatificados de segunda fila. No importa mucho, porque yo no hice ni intención de mirar de cerca sus restos amojamados. Me da igual quienes fueran.

En cambio, sí me detuve a observar con detenimiento un cuadro que tienen en San Pedro. Dicen que es de Francisco Pacheco. Yo me lo había creído, y, realmente, me hubiera encantado disfrutar de la visión de alguna obra del suegro y maestro del gran Velázquez, pero lo que vi en San Pedro fue una pintura que está hecha papilla, y que se encuentra colocada en un sitio donde se ve de pena.


Por suerte, en el cartel que acompaña al lienzo, titulado San Ignacio de Loyola, han puesto que el autor es Francisco Pacheco, pero, entre paréntesis, han añadido la palabra Atribuido. Menos mal, porque quiero pensar que no estaría conservado en esas condiciones el cuadro, si se supiera con certeza que fue pintado por Francisco Pacheco en 1625.

En resumen, la visita a la Iglesia de San Pedro me pareció interesante, pero más por lo pintoresco que vimos allí, que porque me gustara demasiado. En la Basílica de Santa María de la Asunción también sufrimos a su Rascar Capac particular (los aficionados a Tintín me entenderán), aunque en ella pudimos subir a su torre, lo que compensó el impacto de los detalles gore.



Me encantó ver el interior de la torre, y también contemplar Arcos de la Frontera desde lo alto, en todas las direcciones.

Otro edificio que vimos por dentro fue el Palacio del Mayorazgo. Se construyó en el siglo XVII, y es sede, hoy día, de la Delegación Municipal de Cultura. Lo bueno es que, debido a eso, la casa palacio no solo se halla muy cuidada, sino que también está en uso, ya que en sus múltiples dependencias se encuentran, tanto la Pinacoteca Municipal, como unas cuantas salas que albergan exposiciones temporales y permanentes. De estas últimas, la que más me gustó fue la de la Sala de la Memoria Histórica y Democrática, que se inauguró hace menos de dos años, y que me resultó interesante y emotiva a partes iguales. Sin embargo, lo que me pareció llamativo de verdad del Palacio del Mayorazgo es su laberíntica estructura, organizada a partir de un par de patios porticados preciosos.



Aparte, enfrente de la suntuosa fachada del Palacio del Mayorazgo se encontraba abierta la Capilla de la Misericordia, que está desacralizada, pero que se halla perfectamente conservada, dado que se usa como sala de conferencias.


El segundo día, después de la ruta que hicimos con Manuel, María y yo decidimos ir a ver un par de lugares que no habíamos podido visitar con él, pero que parecían merecer mucho la pena. Para ello, nos dimos un largo paseo, en el que tuvimos que hacer verdaderos esfuerzos para no partirnos la crisma, dado que subimos y bajamos un montón de cuestas, y el suelo empedrado estaba mojado y resbaladizo. La caminata y el riesgo merecieron la pena, porque conseguimos llegar hasta la Puerta Matrera, que es la única puerta que subsiste del recinto amurallado de Arcos, de las tres con las que contó. La misma comunica la parte más antigua del pueblo con el Barrio Bajo. En la actualidad, se encuentra rodeada de viviendas, y tiene encima del arco una pequeña capilla con una imagen.


Al ir hacia la Puerta Matrera, pudimos ver los restos de la Muralla Almohade de la villa. Son muy escasos, y se distinguen regular, pero datan del siglo XII, así que merece la pena echarles un ojo. Otro lugar interesante que vimos, al ir hasta el extremo este del casco histórico, fue el Mirador de la Peña Vieja.


En realidad, la Peña de Arcos tiene un cortado por el lado que da al norte y otro por el que da al sur. Al primero es al que se asoman la Plaza del Cabildo y la terraza del Parador, y se le denomina Peña Nueva. El acantilado que da al norte, en cambio, es conocido como Peña Vieja. De ahí, que el mirador desde el que se contempla se llame Mirador de la Peña Vieja.

El caso es que recorrimos Arcos de la Frontera en un día lluvioso, pero eso fue hasta bueno, porque el agua que cayó no impidió que nos moviéramos por el pueblo, pero creo que sí achantó a mucha gente, por lo que lo vimos todo sin bullicios.


El tiempo que pasamos en Arcos lo aprovechamos lo suficientemente bien, como para ver en condiciones muchos de sus lugares más atractivos. No obstante, es un pueblo que da para algo más. No en vano, es de los sitios que aparecen en cinco de mis siete retos. En concreto, se incluye en los dos andaluces, en los dos españoles, y en el de Tesoros del Mundo. Solo Sevilla, Granada, Córdoba y Arcos de la Frontera pueden decir eso. Lo primero que quiero hacer, el día que pueda volver, es una ruta que discurre a los pies de la Peña Nueva, dado que la Peña de Arcos es Monumento Natural y me gustaría explorarla mejor. Una gran parte ya nos la pateamos, porque está debajo de las calles del casco histórico, y asimismo vi el acantilado desde arriba, pero quiero completar la visita, descendiendo hasta su base por un camino por donde es posible. Cuando haga esto, escribiré el correspondiente post, que duda cabe.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado ARCOS DE LA FRONTERA.
En 1986 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Cádiz: 7'1% (hoy día, confirmada ya esta visita, 78'6%).
En 2005 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 2'2% (hoy día, confirmada ya esta visita, 36'5%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado ARCOS DE LA FRONTERA.
En 1986 (primera visita incompleta), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 2'3% (hoy día, confirmada ya esta visita, 59'1%).
En 1986 (primera visita incompleta), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 0'4% (hoy día, confirmada ya esta visita, 22'4%).

Reto Viajero MONUMENTOS DE ESPAÑA
Visitado ARCOS DE LA FRONTERA.
En 1986 (primera visita incompleta), % de Monumentos Destacados de España visitados en Andalucía: 6'2% (hoy día, confirmada ya esta visita, 81'3%).
En 1985 (primera visita incompleta), % de Monumentos Destacados de España visitados: 4% (hoy día, confirmada ya esta visita, 43%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado ARCOS DE LA FRONTERA.
En 1986 (primera visita incompleta), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 30% (hoy día, confirmada ya esta visita, 50%).
En 1986 (primera visita incompleta), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'6% (hoy día, confirmada ya esta visita, 4'7%).

Reto Viajero MARAVILLAS DE ANDALUCÍA
Visitado ARCOS DE LA FRONTERA.
En 1986 (primera visita incompleta), % de Maravillas de Andalucía visitadas en la Provincia de Cádiz: 5'6% (hoy día, confirmada ya esta visita, 75%).
En 1986 (primera visita incompleta), % de Maravillas de Andalucía visitadas: 1'6% (hoy día, confirmada ya esta visita, 40'5%).


19 de agosto de 2024

GRANADA 2024

Hay veces que un desastre acaba provocando situaciones inesperadamente agradables. La semana pasada, eso es justo lo que me sucedió.


Resulta, que la segunda parte de las vacaciones familiares de este verano la hemos pasado en un pueblo granadino llamado Restábal. Del mismo, voy a hablar como se merece en otro post, pero ahora tengo que adelantar que nuestra llegada a él fue un tanto accidentada, hasta el punto de que una de las ruedas delanteras del coche se reventó contra un escalón. Para nosotros, el percance no tuvo ninguna repercusión física, pero el Seat León acabó varado en una plaza de Restábal, en pleno mes de agosto, y a las puertas de un puente de tres días. Ni que decir tiene que necesitábamos un taller, pero no logramos encontrar en el Valle de Lecrín ninguno que fuera a abrir durante el fin de semana largo que teníamos por delante. Tampoco en la vecina Alpujarra la cosa pintó mejor. Tras un montón de pesquisas, nos quedó claro que dependíamos, necesariamente, del Norauto de Granada capital. En vista de eso, el sábado, que era laborable, lo ajustamos todo con la grúa y con el taxi que nos puso el seguro, y a primera hora de la mañana logramos dejar el coche en manos de los mecánicos granadinos. Estos estaban a tope, y nos dijeron que las ruedas no iban a estar cambiadas antes de media tarde, así que no tuvimos más remedio que echar la jornada entera en Granada. Como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga.

No voy a descubrir nada, si digo que Granada es una de las ciudades más maravillosas del mundo. Mi relación con ella es extensa, y ya quedó reflejada en el post que escribí en 2018, cuando estuve por última vez allí. Desde entonces, no había tenido la oportunidad de volver. En aquella ocasión, además, lo que hicimos, principalmente, fue ir al Parque de las Ciencias, pero no nos paseamos por el centro granadino, ni por su barrio estrella, que es el Albaicín. El otro día, en cambio, no dejamos de ver lugares emblemáticos.


Antes, sin embargo, nos dimos un buen paseo por una serie de vecindarios granadinos, que están lejos de las rutas turísticas, pero que son esenciales para mí. En efecto, me encontré conque, en Granada, Norauto está situado en Joaquina Eguaras, que es un barrio por el que yo me moví mucho, durante los dos años en los que residí en la ciudad. Fui tanto por él, porque yo vivía en otro barrio cercano, llamado Campo Verde. Ambos se encuentran en el Distrito Norte.


En Granada, el Norte es el distrito más chungo, y dentro de lo malo, lo peor está en un barrio llamado Almanjáyar, que ocupa toda su esquina noroeste. No obstante, esto no impide que la Estación de Autobuses de Granada esté en su extremo sur, colindante con el oeste de Joaquina Eguaras. Precisamente, en el borde meridional de Joaquina Eguaras se encuentra Norauto, y yo vivía en el recuadro que, en el mapa superior, aparece coloreado en rojo fuerte. Dado que yo iba y venía en autobús a Sevilla cada dos por tres, me recorrí esa parte de la ciudad cientos de veces. Eso hizo que sufriera varios percances nada agradables. En uno, un par de yonkis me quitaron 40 euros a punta de navaja. Fue en la Calle Profesor Francisco Dalmau.


Eran las 8 de la mañana, y, aunque ya se había hecho de día, no había nadie en la calle. Yo me dirigía a la Estacióny me pillaron por sorpresa. Por suerte, pese a que los dos chavales tenían un severo problema de drogas, se ve que no habían perdido del todo el buen corazón, porque me dejaron con 15 euros, para que pudiera, finalmente, coger el autobús. En otra ocasión, unos canis, que en cambio no tenían nada que rascar en el cerebro, estuvieron a punto de meterme una paliza, mientras corría por el bulevar de la Calle Joaquina Eguaras


Como se puede ver en la foto, el parquecito no mete miedo. Lo que pasa es que es largo, hasta el punto de que abandona los confines del barrio Joaquina Eguaras y penetra en lo más complicado de Almanjáyar, que es donde termina. Fui un pardillo, lo reconozco, porque corría mucha gente por la parte sur del bulevar, pero yo me iba hasta el final, y un día me dieron un susto muy gordo. Afortunadamente, estaba en forma y no me pillaron frio, porque ya iba a buen ritmo, de manera que pude esquivar las zancadillas de los pandilleros, que intentaron echarme al suelo, y escapé metiendo el turbo. Fue brutal. Por supuesto, jamás volví a ir por allí.

El tercer susto me lo dieron en Campo Verde, justo abajo de donde residía. El mismo es un barrio obrero, que es seguro de día, porque está lleno de gente trabajadora, de estudiantes y de inmigrantes que no se meten con nadie, pero que es atravesado con frecuencia por los que van y vienen de Almanjáyar, por lo que se ve de todo. Yo presencié, en el Camino de Alfacar, como se estrellaba un coche desbocado contra el de delante. Tras el impacto, salieron del vehículo que había causado el accidente, y se fueron corriendo, dos gitanillos de unos doce años, con la cosa de que se dejaron en el asiento de atrás, berreando, a un bebé de unos dos o tres años, al que, por suerte, habían atado a una silla. Aún hoy me sigue pareciendo una escena surrealista. Y lo del susto que me dieron... fue más bien otro atraco... aunque en este caso no me quitaron nada, porque estaba en chándal, a las 11 de la noche de un domingo, hablando por teléfono en una cabina, y solo tenía encima las llaves de mi piso. De nuevo, pequé de pánfilo. Sin embargo, a pesar de que, como digo, Campo Verde es un vecindario transitado, a veces, por individuos poco recomendables, también es un sitio repleto de comercios, habitado por personas honradas y amables. No lo digo por echarle un capote, sino porque viví allí dos cursos y lo sé.


El caso es que, pese a las historias para no dormir que he contado, yo viví muy a gusto en Campo Verde, fui muy feliz, me moví hasta la saciedad por sus alrededores, y aprendí a saber qué era seguro hacer, por dónde no se debía ir, y cuándo era mejor no andar solo por la calle. Por esa razón, sabía que el otro día, aprovechando que el destino nos había llevado por la zona, pude pegarme el gustazo de guiar a las niñas por esos lugares, por los que yo anduve cuando estudié en Granada, antes de que ellas nacieran.

Una vez que recorrimos la Calle Santiago Lozano, y que les enseñé el bloque donde yo estuve alquilado, además de por dónde entraba en él y cuál era exactamente la ventana de mi habitación, dejé de imitar al Abuelo Cebolleta, cogimos el autobús, y nos dirigimos al centro de Granada, con la idea de ver partes de la ciudad que destacan para todos, no solo para mí.



En Granada, pasear por la calle ya es un espectáculo, sobre todo en el Albaicín, pero también es menester visitar los edificios más importantes de la ciudad. Por supuesto, la Alhambra está a la cabeza de ellos. Explorarla bien es indispensable para cualquier persona. Yo lo he hecho en tres ocasiones, pero esta vez, dada la improvisación, ese plan no nos daba lugar. Por eso, pensamos en una alternativa que pudiera atraer a las niñas, y acabamos entrando en la Capilla Real. Ellas saben de sobra quiénes son los Reyes Católicos, de manera que les pareció mínimamente atractivo ver el sitio en el que están enterrados. 


La Capilla Real se puede decir que forma parte de la Catedral de Granada, porque está anexa, se comunica con ella y se concibió a la vez, pero también es posible estimar que se trata de un edificio totalmente independiente. Yo prefiero considerarla así, sobre todo porque estaba terminada en 1517, y la primera piedra del templo catedralicio se puso en 1523. Además, ambas construcciones no conforman un conjunto unitario, hasta el punto de que la Capilla Real es gótica, mientras que el estilo arquitectónico de la Catedral ya es renacentista. Eso se debe, entre otras cosas, a que tuvieron arquitectos distintos. Por último, la Capilla Real sigue activa como lugar de culto autónomo, y en la actualidad tiene un acceso diferente. 


En definitiva, creo que la Capilla Real es un edificio independiente. Ya desde el principio, se concibió como el lugar de enterramiento de Isabel I de Castilla y de su esposo, Fernando II de Aragón, pero, después, se instalaron junto a ellos las sepulturas de Juana I y de Felipe I (La Loca y El Hermoso, para que nos entendamos). El acceso desde la calle no es directo, sino que primero se entra en una lonja, que sirve de antesala a la capilla en sí. Esta es más amplia que muchas iglesias, tiene sus propias capillas laterales, y también cuenta con una gran reja, que separa las naves del presbiterio. Todo ello ayuda a que uno considere aquello como algo autónomo. En el centro del crucero, tras la reja, están las dos sepulturas. El Sepulcro de los Reyes Católicos es obra de Domenico Fancelli, y el Sepulcro de Juana I y de Felipe I lo llevó a cabo Bartolomé Ordóñez. En realidad, son monumentos conmemorativos, dado que los restos en sí se encuentran en la cripta que está debajo.


Hay que decir, que en la Capilla Real no se pueden echar fotos. Por eso, la he descrito sin adjuntar ninguna instantánea. Esta que he puesto aquí arriba la saqué de estranjis. Quizás no debería utilizarla en el blog, pero tampoco creo que haga mal a nadie. Por último, quiero añadir que se ha habilitado, en la antigua sacristía de la capilla, el Museo de la Capilla Real, en el que vi varios cuadros de gran calidad, pero los elementos que más me llamaron la atención fueron la Corona de la Reina Católica y la Espada de Fernando el Católico, así como el Cetro de la Reina Católica y el Cofre de la Reina Católica. Todo era auténtico, por lo que son artefactos que estuvieron en algún momento en las manos de los Reyes Católicos. Esa sensación de estar viendo historia me flipa.

Una vez que nos bajamos del autobús que nos traía desde Campo Verde, al margen de entrar en la Capilla Real, también nos dimos un paseo por el Distrito Centro de Granada. El mismo está dividido en dos barrios. De ellos, el que concentra la mayor parte de los highlights de la ciudad es Centro-Sagrario, que tiene en la Plaza de Bib-Rambla uno de sus epicentros. 


Ya ha quedado claro que yo viví dos años en Granada, y también tengo allí familia, pero, a pesar de que la capital nazarí está en el top five de las poblaciones en las que más tiempo he pasado en mi vida, hay sitios emblemáticos de ella que no conocía. Uno de ellos es la Alcaicería.


La Alcaicería granadina está constituida por un entramado de estrechas callejuelas, que se extienden entre la Plaza de Bib-Rambla y la Gran Vía de Colón, justo al este del conjunto que forman la Catedral de Granada, la Capilla Real y la Iglesia Parroquial del Sagrario. El principal punto fuerte de la Alcaicería radica en el hecho de que, en el lugar donde se encuentra situada, se ubicó el zoco durante la larga etapa musulmana de la ciudad. Por eso, ese bazar no es algo impostado, sino que es heredero directo del que existió en época andalusí.


Hay que aclarar, no obstante, que el mercado se quemó el 20 de julio de 1843. Eso significa que, lo que hoy vemos, es una nueva versión del anterior. Efectivamente, al reconstruir la Alcaicería, esta se redujo un poco, y sus calles se alinearon. Además, se llenó de elementos neo árabes, que pueden dar la impresión de que se está en un decorado, pero lo cierto es que allí ha existido un bazar desde hace siglos, por lo que el espectáculo es real.


Tras echar un buen rato en la Alcaicería, nosotros, después de una mañana bastante activa, que había empezado en Restábal cuando llegó la grúa, decidimos hacer un alto en el camino y comer algo, antes de ascender al Albaicín. En Granada, lo de tapear es siempre una opción, pero ese plan suele ser un tanto ajetreado, y queríamos tomarnos un respiro, por lo que almorzamos en el Ristorante Pizzeria La Piccola Carmela.


La Piccola Carmela es un restaurante italiano, que pertenece a un grupo gastronómico denominado Carmela. El mismo tiene cinco negocios en Granada, parecidos, pero con una seña de identidad diferente cada uno. Por ejemplo, hay uno que está centrado en la cocina mediterránea, y otro sirve comida casera. La Piccola, por su parte, es un ristorante italiano de los de siempre. Almorzamos de lujo. Después, nos acercamos a la vecina Plaza Nueva, que se encuentra situada a los pies, tanto del célebre Albaicín, como de la Alhambra.


Partiendo de la Plaza Nueva, nosotros tiramos en dirección al Albaicín, que se encarama por el comienzo de las laderas del Cerro San Miguel. Esa es la zona que vio nacer a la ciudad de Granada, y ha sido testigo del paso de múltiples pobladores a lo largo de los años, aunque parece que la etapa andalusí es la que le ha dado su seña de identidad.


Cuando uno visita el Albaicín, puede darse una vuelta por sus calles, para quedarse con una impresión de cómo es, o puede profundizar en sus muchos encantos, que es algo que lleva más tiempo. Yo, en esta ocasión me tuve que conformar con el paseo general, que, no obstante, puede servir para presentar el barrio en este blog. En el futuro, regresaré a él, para ir desgranando sus detalles, que son cientos. Uno que desconocía, por ejemplo, y con el que me topé por casualidad, fue el de la presencia, en la Cuesta de San Gregorio, de la casa natal del gran Enrique Morente.


Me encantaría verla por dentro, aunque creo que está muy reformada. No obstante, como he dicho, no era el día de hacer visitas concretas. En este caso, el objetivo era refrescar mi memoria, acerca de como se encuentra conformado el Albaicín. En él, abundan las calles en cuesta, cuyo trazado es heredero de la mencionada etapa andalusí de la ciudad. Como se va subiendo, son varios los miradores que uno puede llegar a encontrarse, pero hay uno que destaca por encima de todos, desde que Bill Clinton, en 1997, supuestamente dijera que, desde él, se contempla el atardecer más maravilloso del mundo. Se trata del Mirador de San Nicolás


Yo, el otro día no pude ver el crepúsculo desde el Mirador de San Nicolás, pero tampoco pasa nada. De hecho, me he enterado hace poco de que, en realidad, Bill Clinton, cuando estuvo en él, se limitó a asentir con educación, a la afirmación del jefe de protocolo de la Casa Real española, Paco Fernández Fábregas, que fue el que hizo la aseveración de que no había en el mundo ninguna puesta de sol tan bonita como esa. Resulta que, al final, Clinton tan solo fue amable, y que la famosa frase la lanzó... un granadino, porque, en efecto, Fernández Fábregas lo es. Sea como fuere, la panorámica desde el Mirador de San Nicolás es una maravilla a cualquier hora. Desde allí, la visión de la Alhambra es espectacular, y si uno es capaz de despegar la vista de ese magnífico edificio, también puede contemplar Granada y la parte sur de la Vega de Granada.


Nosotros subimos por el Albaicín a primera hora de la tarde, soportando un intenso calor, y eso tuvo el lado positivo de que no nos encontramos demasiada gente en el Mirador de San Nicolás, pero también nos dejó bastante cascados. Por esa razón, antes de emprender el camino de vuelta, buscamos un lugar donde tomarnos un refrigerio. El sitio que encontramos fue todo un bálsamo.


La puerta que se ve en la foto pertenece a la Tetería del Bañuelo, que es famosa por las espectaculares vistas de la Alhambra que se ven desde su terraza. Nosotros, sin embargo, le dimos prioridad a estar frescos, y obviamos la posibilidad de sentarnos fuera. Dentro, en una sala refrigerada, estuvimos en la gloria. Al acabar, bajamos hasta la Carrera del Darro y recorrimos el final de esta calle, que discurre paralela al Río Darro.



Al término de la Carrera del Darro está la Plaza Nueva. Desde allí, nos dirigimos hasta la Gran Vía de Colón, donde cogimos el autobús que nos devolvió a las inmediaciones de Norauto. En el taller, nuestro coche ya estaba arreglado, por lo que dimos por finiquitada una inesperada jornada, que perdurará para siempre en mi memoria. 

Para acabar, quiero decir que Granada no se ve en un día. Son miles los detalles que ofrece, y a los que hay que prestar atención. Esta visita fue improvisada, y no la llevaba preparada, por lo que terminó destacando, sobre todo, por lo a gusto que estuve con María, con Ana y con Julia. En el futuro, y sin renunciar, ni por asomo, a seguir viendo la ciudad en la mejor compañía, empezaré a sacarle el jugo a Granada de una manera más minuciosa, para poder escribir sobre ello.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado GRANADA.
En 1995 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Granada: 12'5% (hoy día 12'5%).
En 1995 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 9'9% (hoy día 36'3%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado GRANADA.
En 1995 (primera visita real, aunque incompleta aún para este reto), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 40% (hoy día, estando aún esta visita incompleta 50%).
En 1995 (primera visita real, aunque incompleta aún para este reto), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 1'6% (hoy día, estando aún esta visita incompleta 4'7%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado GRANADA.
En 1995 (primera visita consciente), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Granada: 1'2% (hoy día 6'9%).
En 1995 (primera visita consciente), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 1'9% (hoy día 21'9%).