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29 de agosto de 2022

MANILVA 2022

Últimamente, hacer una visita estival a Manilva se está convirtiendo en una tradición. Hasta 2019, yo jamás había puesto un pie en la parte occidental de la costa de la provincia de Málaga, pero desde que nuestra amiga Rosalba alquila una casa en Aldea Beach, para veranear el mes de agosto, solo hemos faltado a la cita el año del confinamiento. Este 2022 tampoco hemos dejado pasar la oportunidad de echar un día en la Playa de los Toros y en su entidad poblacional anexa.



En este caso, solo pasamos una jornada en Manilva, dado que nos limitamos a ir a buscar a Ana, que ha estado allí en el periodo comprendido entre nuestra llegada de Italia y nuestra partida a Punta Umbría. Precisamente, el día antes de tirar para la costa de Huelva fue cuando María y yo nos fuimos hasta la casa de Rosalba, para recoger Ana y que pudiera cambiar el litoral malagueño por el onubense. Lo que pasa es que, para darle un poco de chicha al hecho de cascarse 230 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, para ejercer de padres, nos fuimos temprano y aprovechamos la coyuntura para visitar el Castillo de la Duquesa, que es uno de los pocos enclaves del municipio costasoleño que no conocía.


Nosotros salimos de casa a eso de las 9'45 de la mañana y llegamos al entorno del Castillo de la Duquesa aproximadamente las 12'15 horas. Esta fortaleza se halla en un núcleo poblacional llamado también Castillo de La Duquesa.


En Manilva, si se hace una lista de las poblaciones que integran el municipio, en primera línea de costa, desde el extremo oeste del mismo, hasta su límite por el este, se pueden individualizar La ChulleraAldea BeachAlcorrínCastillo de La Duquesa y San Luis de Sabinillas. Manilva capital se encuentra ya en la sierra, y al norte del término municipal, más retirado aún, está Honda Cavada.

Con respecto a Castillo de la Duquesa, el ente lo conforman una serie de calles urbanizadas de trazado más o menos cuadriculado, que tienen a su espalda la fortaleza y un terreno no construido, que ha resultado tener restos arqueológicos. Luego, ese núcleo no se encuentra aislado, y habría que incluir como parte integrante del mismo una serie de urbanizaciones que tiene al norte, así como el Puerto Deportivo manilveño. En todo caso, el meollo del enclave habitado es el que está conformado por el fuerte y por la zona de casas que este tiene delante.

Ese fuerte es el Castillo de la Duquesa propiamente dicho, que es llamado a veces Castillo de Sabinillas. Se trata de la típica construcción que el 90% de los veraneantes de Manilva probablemente no se han molestado en conocer, pero que tiene más importancia histórica de la que parece. Fue construido en 1767, durante el reinado de Carlos III, que fortificó la costa del antiguo Reino de Granada, aprovechando y recuperando las estructuras existentes, y construyendo también hasta 32 nuevas.

En ese sentido, el litoral andaluz está jalonado de tal cantidad de torres almenara, que sería una pasada consultar un censo y visitarlas todas. En concreto, en la provincia Málaga hay 41. El número ya lo conozco. Ahora solo queda ir a verlas. El Castillo de la Duquesa no es una de esas torres, pero sí quedó incluido en el entramado defensivo que montó Carlos III. En origen, estaba destinado a defender el tramo costero cercano de las constantes incursiones de piratas y corsarios. Tiempo después, a principios del XIX, durante la Guerra de la Independencia, la fortaleza fue ocupada por los franceses y se erigió en enclave estratégico, por lo que llegó a ser atacada por los ingleses desde el mar. Tras el fin de la contienda regresó a manos españolas, pero al ser tomada Argelia por los franceses, en 1830, la piratearía prácticamente se extinguió en la zona, por lo que perdió su función primigenia. No obstante, siguió sirviendo de puesto de vigilancia, dado que a mediados de siglo pasó a convertirse en cuartel del Cuerpo de Carabineros, un cuerpo armado que se había creado en 1829 para vigilar las costas y las fronteras del contrabando. Los carabineros utilizaron el Castillo hasta 1890, año en el que se construyó otro cuartel a 100 metros y lo dejaron vacío. En ese momento, se empezó a usar como almacén, cuadra y pajar por las autoridades municipales, y durante parte del siglo XX estuvo literalmente okupado, ya que sirvió de vivienda a más de 70 personas, que se instalaron entre sus muros y lo convirtieron en su vivienda. En 1975 fue abandonado, y eso acabó provocando que se promoviera su rehabilitación, llevada a cabo en 1998.

Por lo que respecta a su estructura, el Castillo de La Duquesa es un importante ejemplo del tipo de fuerte que se construía en España en el convulso siglo XVIII.


En primer lugar, destaca su batería semicircular orientada al mar, que tenía cuatro cañones, y que también se utilizaba para vigilar.


En la actualidad, entre el Castillo y el mar ya no hay una zona natural, pero sí es verdad que se ha mantenido un espacio muy abierto, que ayuda a poner a la fortificación en contexto. La población de Castillo de la Duquesa no está justo delante, sino un poco a la derecha.


A la espalda de la batería semicircular está situado el cuerpo principal de la fortaleza, que cuenta con una terraza a su alrededor, la cual permitía la defensa del enclave mediante fusilería.


El cuerpo principal de la construcción se distribuye entorno a un patio rectangular, al que se asoman todas las dependencias existentes. 


La entrada estaba precedida por un muro, por un foso y por un puente levadizo. Estos dos últimos ya no se conservan, por lo que hoy día se accede directamente al revellín (el número, 1 en el plano que he puesto arriba), luego se atraviesa el vestíbulo y, sin trabas, se accede al patio.


Por el lado opuesto del patio, es decir, por el que da al mar, se puede subir al tejado aterrazado por una escalera y también se accede a la batería semicircular.


Con respecto a las dependencias, la construcción tenía capacidad para albergar un destacamento de caballería, otro de infantería, así como un pajar, una cocina y una capilla. Nosotros vimos abiertas varias de las estancias. De estas, la que ejercía de almacén está restaurada, pero se encontraba vacía (es el 10 en el plano que he puesto arriba).


Las demás dependencias restauradas y que estaban abiertas sí se hallan en uso. Dos de ellas las utiliza el Club de Esgrima Internacional de Andalucía. Así, la habitación que se usaba como cuartel de caballería (la 6) alberga la mejor colección privada de España dedicada a la esgrima.


Todo lo que se expone en el Museo de Esgrima es propiedad de Alberto Cerrada, un médico aficionado a ese deporte, que cedió su colección para que fuera pública.

La muestra es entrañable, aunque esa parte del fuerte es la que está peor, como se puede apreciar en las fotos. Cuesta trabajo aislar lo expuesto del lamentable estado del techo y de las paredes. Aun así, no cabe duda de que es una colección impresionante, en la que hay de todo. A mí, lo que más me gustó fue la Camiseta Olímpica que perteneció a José Luis Abajo Pirri, el esgrimista que ganó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008. Otras medallas no las recuerdo tanto, pero el día en que Pirri ganó la suya lo tengo grabado en la memoria. Esa jornada fue entrañable para mí, por otros motivos, y esa felicidad quedó unida para siempre a la medalla. Por eso me hizo ilusión encontrarme en Manilva con el homenaje al deportista.


Aparte, vimos que el Club de Esgrima Internacional de Andalucía también usa otra estancia, la que antaño albergaba la capilla (la 5), para entrenar. Me alegra que los deportes minoritarios tengan santuarios así, en algunos sitios, aunque sean puntuales y convivan con la humedad.


La otra parte del Castillo que está en uso es la que alberga las salas del Museo Arqueológico Municipal de Manilva. Esas estancias, que eran las que estuvieron destinadas a ejercer de cuartel de infantería, sí que se han rehabilitado por completo.


Todo lo expuesto en el Museo Arqueológico proviene del Yacimiento Arqueológico Romano Entorno del Castillo de la Duquesa, que colinda con el Castillo, aunque no es visitable. Las cosas que se muestran, lo mismo que el yacimiento en sí, pertenecen a los siglos que van del I al IV d. C. Así, en unas cuantas vitrinas se pueden ver objetos de cerámica común romana, cerámica de lujo, útiles de pesca u ornamentos. Igualmente, se expone una tumba de inhumación.

En definitiva, el Castillo de la Duquesa da para un buen rato y, desde luego, se merece una visita. Nosotros no vimos a mucha gente, pero tampoco estuvimos solos. En plena Costa del Sol está un poco descontextualizado, pero a mí me gustó mucho.


Después, cambiamos radicalmente de tercio. En efecto, la segunda parte de la jornada estuvo centrada en el sol y en la playa. También encontramos un hueco para tomarnos una cervecita fresca en un chiringuito. En concreto, nos dimos el refrescante homenaje en el Chiringuito Andrés y María, que está en el mismo Paseo Marítimo, tan cerca del Castillo, que no dejamos de verlo mientras nos tomábamos la cerveza.




El resto del día ya lo echamos en Aldea Beach. En casa de Rosalba comimos, y en la Playa de los Toros pasamos una relajada tarde. La jornada no dio para mucho más, pero lo cierto es que con esta tercera visita he dado un paso más en la exploración del municipio de Manilva. Empiezo a tenerlo bastante peinado.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado MANILVA.
En 2019 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Málaga: 16'6% (hoy día 19'4%).
En 2019 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 20'4% (hoy día 21'3%).


31 de julio de 2021

MANILVA 2021

A finales de verano de 2019 estuve un par de días alojado en casa de unos conocidos que tienen mucha amistad con Rosalba, una amiga y vecina nuestra. Esa propiedad se encuentra en una urbanización llamada Aldea Beach, que pertenece a Manilva, el municipio malagueño costero más occidental. La vivienda está en primera línea de playa.


El caso es que este último fin de semana regresé a esa casa, ya que Ana estuvo en ella con dos amigas, disfrutando de unos días de playa con la familia propietaria y con Rosalba. Para ir allí se fue con ellos, pero para traerla de vuelta sí tuvimos que desplazarnos nosotros. Eso nos dio pie a echar el sábado y el domingo en la Costa del Sol. Para dormir, nos fuimos hasta Benarrabá, como conté en el post anterior, pero para ir a la playa sí aprovechamos la costa manilveña. En concreto, pasamos la primera de las dos jornadas en la Playa de Sabinillas, a la que se asoma San Luis de Sabinillas, que es una de las poblaciones que se han desarrollado junto al mar en Manilva


El segundo día lo pasamos en la Playa de los Toros y en la casa de nuestros conocidos. Por mi parte, cayeron un par de baños en el Mar Mediterráneo, uno en cada playa. El agua estaba increíblemente fría, pero no me quise ir sin darme sendos chapuzones.

Con respecto a San Luis de Sabinillas y a Aldea Beach, por ponerlos en contexto he de decir que, según el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), en el municipio de Manilva hay seis núcleos habitados. Son Manilva, Castillo de la Duquesa, La Chullera, Honda Cavada, San Luis de Sabinillas y Alcorrín. Hay cierta confusión con la nomenclatura de algunos de estos entes poblacionales y tampoco, a priori, parece estar claro al 100% donde empiezan y donde terminan todos, ya que muchos se hallan unidos entre sí y, en ocasiones, es difícil individualizarlos. Además, mirando un mapa satélite se observa que Aldea Beach está bastante mejor definido que otros enclaves y, sin embargo, no se ha incluido en los seis que he mencionado. En definitiva, en Manilva si hiciera un listado de las poblaciones que integran el municipio mirando una imagen desde el aire, en primera línea de costa, desde el extremo oeste del mismo hasta el este, yo hablaría de La Chullera, Aldea Beach, Alcorrín, Castillo de La Duquesa y San Luis de Sabinillas. Luego, el casco urbano de Manilva se encuentra ya en la sierra y, al norte del término municipal, más aislado aún, está Honda Cavada, que la verdad es que en la imagen satélite parece estar formado apenas por cuatro casas. Yo hablé, en el post de 2019, de Manilva pueblo y de Aldea Beach, que son dos núcleos claramente separados de los demás, aunque sean muy distintos. El pasado fin de semana donde estuvimos fue en San Luis de Sabinillas.


San Luis de Sabinillas cuenta con más de 7.000 habitantes y es el núcleo más poblado de Manilva. De hecho, vive allí el doble de gente que en la capital municipal. En apariencia, parece que no hay solución de continuidad entre sus pisos y las primeras edificaciones que ya pertenecen a Castillo de la Duquesa, por un lado, o al término municipal de Casares, por el otro. Sin embargo, por ambos extremos San Luis de Sabinillas está bien delimitado por sendos arroyos. Ninguno de ellos corta la playa, ya que las desembocaduras se han soterrado, pero sí provocan que las líneas de casas sufran dos pequeñas cesuras y que esté bien señalado donde se encuentran los límites de San Luis de Sabinillas. En consecuencia, entre el Arroyo de la Peñuela y el Río Manilva lo que queda es una población compuesta, en su mayor parte, por calles dispuestas en cuadrícula, paralelas al paseo marítimo o perpendiculares a este. 


En esas calles predominan los bloques de pisos. Las construcciones no se han elevado demasiado, por lo que no es una población que apabulle, aunque sí hay algunos edificios de cinco o seis plantas. 

Ni que decir tiene que en pleno mes de julio San Luis de Sabinillas está en temporada alta, aunque quizás vimos aquello más tranquilo que nunca, ya que en la Costa del Sol abunda el turismo guiri y el mismo es el que ha sido más golpeado por la pandemia. Quizás por eso nosotros pudimos aparcar con relativa facilidad al llegar, lo que no significa que no nos tuviéramos que alejar un poco de la primera línea de playa. No obstante, esa circunstancia posibilitó que pudiera ver bien una mayor parte de la población. Por ejemplo, recorrimos entera la Avenida de Manilva, que es la principal calle perpendicular al mar de San Luis de Sabinillas.


La Avenida de Manilva empieza en la rotonda donde acaba la A-377, que es la vía interurbana que lleva desde Manilva capital a San Luis de Sabinillas. Esta avenida es como la continuación de dicha carretera y, además, ejerce de calle bisagra del asentamiento, de modo que, a sus dos lados, este ha crecido de manera simétrica. Andando por la Avenida de Manilva, camino de la playa, pasamos por la Plaza de San Luis, que podría ser considerado el epicentro de la población.


De todas formas, la playa era nuestro destino y, por ello, tiramos directos hacia el paseo marítimo sin explorar más. Cuando llegamos era mediodía, pero, para no encontrarnos sin sitio donde almorzar, un par de horas antes habíamos reservado en un restaurante. El objetivo que llevábamos era claro: degustar un espeto de sardinas, la gran especialidad de la costa malagueña. Por esa razón, buscamos en Tripadvisor en qué lugar de San Luis de Sabinillas podíamos pegarnos el homenaje con garantías. Por suerte, no fallamos el tiro. De hecho, antes de sentarnos en la mesa que habíamos reservado en el Restaurante Marymar ya nos dimos cuenta de que comer sardinas no iba a ser un problema.


Comer en el Restaurante Marymar fue un acierto. Las sardinas me encantaron y también pedimos un espeto de pulpo, hecho igualmente a la brasa, que tampoco defraudó. En San Luis de Sabinillas hacía un calor apañado. Soplaba Terral, que es el viento que viene del monte en Málaga, y que en verano es abrasador, ya que provoca una densa bruma caliente que, al mezclarse con la humedad marítima, no deja ni respirar. Aún así, en la terraza del restaurante estuvimos a gusto y pudimos comer con mucha calma.


He de decir que se llenaron, tanto el Restaurante Marymar, como el que tenía al lado. Me da la impresión de que la afluencia de extranjeros este año ha disminuido en la Costa del Sol, pero en esos dos negocios, al menos durante el fin de semana, parece que no se notó.

Una vez que nos quitamos el antojo de sardinas nos adentramos en la Playa de Sabinillas y echamos en ella la tarde en remojo. El calor era brutal, pero la bruma evitó que el sol pegara tanto, y junto al agua pudimos mitigar el sofoco provocado por el Terral, por lo que estuvimos bien. A media tarde llegó el momento del helado. Para saborearlo fuimos a la Heladería Da Vinci, que vimos que estaba en la Calle Duquesa de Arcos, la cual es paralela al paseo marítimo. Allí, en el cartel de la puerta ofertaban 55 sabores, nada menos. En las vitrinas no llegaban a tantos, pero las 40 opciones reales nos tuvieron un buen rato cavilando. Los helados fueron sensacionales y los despacharon muy bien.


Antes de marcharnos no quise perder la oportunidad de recorrer parte del Paseo del Carmen, que es el nombre que recibe el paseo marítimo de San Luis de Sabinillas. Como no podía ser de otra forma, está muy cuidado y, si bien no es muy ancho, a mí me resultó agradable.


El domingo estuvimos en Aldea Beach y no vi nada que no conociera ya de mi visita de 2019. En definitiva, en Manilva aún hay cosas que ver, sobre todo en Castillo de la Duquesa y en La Chullera. Las dos visitas que ya he hecho a esta zona de la costa de Málaga me han permitido entender bien como se encuentra organizada y qué ofrece. La próxima vez que vaya, por tanto, podré dirigirme a tiro hecho a profundizar en los detalles que me faltan. 


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado MANILVA.
En 2019 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Málaga: 16'6% (hoy día 17'5%).
En 2019 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 20'4% (hoy día 20'8%).


26 de agosto de 2019

MANILVA 2019

Planificar viajes es algo que me encanta, pero he de reconocer que las escapadas improvisadas que caen del cielo me gustan casi más.

A falta del fin de semana que tengo previsto pasar en Córdoba, yo este verano ya lo daba por finiquitado en lo que a excursiones se refiere, había gastado del todo mis vacaciones y me había incorporado diligentemente a mi trabajo, relativamente satisfecho por haber exprimido las escasas posibilidades viajeras que ha tenido el presente mes de agosto. Es por esto que me alegró el doble la inesperada posibilidad de pasar dos días en la localidad costasoleña de Manilva.


La célebre Costa del Sol es para mí un territorio bastante desconocido, no me atrae en exceso y supongo que por esa razón no han sido muchas las ocasiones en las que he acabado tirando para allá. Las comparaciones son odiosas, pero en mi opinión las playas de la provincia de Málaga no pueden ni de lejos competir con las de Cádiz y Huelva. Eso ha hecho que, en Andalucía, me haya bañado con mucha más frecuencia en el Atlántico que en el Mediterráneo. Aún así, el litoral malagueño tiene un atractivo que no puede ser desdeñado: allí no hay kilométricos arenales casi vírgenes ni áreas protegidas que llegan hasta el mar, pero en cambio alcanza el más alto grado de refinamiento el modelo opuesto, en el que la costa está puesta al servicio del ser humano hasta el extremo. A mí en abstracto ese arquetipo me gusta menos que el semisalvaje, pero no por ello minusvaloro el interés que tiene, de hecho me llama mucho la atención y siempre que he ido a sitios así he observado con bastante curiosidad los mil detalles que ofrecen esas zonas tan humanamente abigarradas.

La Costa del Sol abarca todo el litoral de la provincia de Málaga, pero tradicionalmente se divide en dos partes, la occidental y la oriental. En medio queda la ciudad de Málaga, que ejerce de eje. De las dos partes, es la primera la más famosa y desarrollada, de hecho sus municipios conforman una comarca formalmente establecida llamada Costa del Sol Occidental. Los del lado oriental, por el contrario, no tienen tanta fuerza como para unirse en solitario y están integrados en la comarca de la Axarquía, que incluye también a otros 26 entes locales del interior. El factor diferenciador entre la parte del oriente y la del occidente es, por supuesto, el turismo, que ha convertido a los ocho municipios con playa que van desde el límite de la provincia de Cádiz hasta Málaga capital en unos auténticos gigantes. De hecho, siete de ellos están incluidos entre los diez con más oferta de plazas de alojamiento en la provincia de Málaga (solo se intercalan en el ranking correspondiente a 2018 la capital en la segunda posición, y Nerja y Vélez-Málaga en la octava y la novena, respectivamente). El resultado de ese desarrollo turístico se traduce en que está todo un poco masificado. La sensación de abarrotamiento, además, se ve agravada por el hecho de que la franja que forma la Costa del Sol, que corre paralela al mar, es muy estrecha, ya que por el norte está encerrada por una serie de sierras cercanas que llegan a superar los 1.000 metros de altura. Lo positivo de esto es que la provincia de Málaga en cuanto se separa un poco del Mediterráneo empieza a escarparse, volviéndose el entorno más rural y sosegado. La parte negativa es que todas las infraestructuras turísticas se comprimen en una estrecha faja costera en la que el cemento es la nota predominante, salvo en las playas propiamente dichas, que no suelen ser demasiado anchas.

Manilva es uno de los ocho municipios que están incluidos en el selecto club de la Costa del Sol Occidental, aunque es el que colinda con la provincia de Cádiz. Además, en el ranking de municipios malagueños con más oferta de plazas de alojamiento ocupa el décimo puesto, es decir, está en el top ten, pero de las nueve entidades locales de la Costa del Sol Occidental solo Casares y Benahavis están menos desarrolladas turísticamente. Yo, como dije antes, no he ido demasiado a la costa malacitana, pero es que Manilva no sabía bien ni donde estaba (todo lo que acabo de escribir lo he descubierto después). Por eso la inesperada posibilidad de ir a pasar allí un par de noches a una casa me hizo tanta ilusión.


La casa en cuestión está enclavada en un lugar magnífico. Manilva, pese a estar a la cola de los municipios de la Costa del Sol Occidental, en lo que a desarrollo turístico se refiere, es toda una potencia en ese sentido (sus 897 establecimientos y sus más de 8.500 plazas de alojamiento lo atestiguan, teniendo en cuenta que tiene una población fija que no llega a los 15.000 habitantes). Por ello, lo que encontré allí es lo habitual en la provincia de Málaga: la carretera que recorre el litoral, que legalmente es una nacional, pero que realmente es un desdoblamiento de la A7 y tiene hechuras de autovía, corre muy pegada a la costa y deja apenas una estrecha franja de terreno entre ella y el agua. En esa parte que queda en medio se amontonan las construcciones más privilegiadas, que son las que se abren directamente al Mediterráneo. Al otro lado de la carretera quedan otro buen número de edificaciones que no están mal situadas, pero que tienen por medio ese caótico obstáculo. En Manilva el litoral es así también, aunque hay que decir que en la parte de su término más cercana a Cádiz tiene tramos pegados al mar incluso sin construir, los últimos en muchos kilómetros. En una casa de primera línea de playa que está junto a una de estas últimas zonas vírgenes es donde estuve la semana pasada, todo un privilegio.


En concreto, la casa es propiedad de unos conocidos de Villanueva que tienen mucha amistad con Rosalba, una amiga y vecina nuestra. Esta pareja tiene una hija y, en origen, Rosalba, su propia hija y dos amigas de esta eran las invitadas a esa casa, pero a todo el mundo le pareció buena idea que María, Ana y Julia se fueran para allá un par de días y se sumaran a la reunión, aprovechando que yo estaba fuera de juego por motivos laborales. En realidad, todas las niñas que se juntaron son amigas, por lo que tanto Ana como Julia estuvieron encantadas del plan, y María también vio con buenos ojos lo de irse con Rosalba a rematar el verano con un par de jornadas de playa. Yo no iba a ir, pero por unos imprevistos en el trabajo me dieron sobre la marcha justo esos dos días libres, así que tampoco me lo pensé dos veces, María me echó el bañador y dos camisetas en la maleta, pasaron a buscarme y tiramos para Manilva encantados de la vida.

La estancia allí por mi parte tampoco ha tenido mucho misterio. La casa resultó estar en una urbanización llamada Aldea Beach que da a la Playa de Los Toros, un largo arenal que por sus dimensiones parece más propio de otras partes de la costa. Al principio del post le he dado un poco de caña a las playas de esta zona y las he tachado, incluso, de estrechas. Es de justicia reconocer que no todas son así.


Como he dicho, a ambos lados de esta urbanización, que está formada por dos ristras paralelas de casas, están las dos últimos tramos de litoral de la Costa del Sol Occidental que, teniendo un mínimo de amplitud, se conservan vírgenes. Uno medirá unos 300 metros y el otro tendrá 700, aproximadamente. Lo que sucede es que Aldea Beach está además unos 50 metros apartada de la playa y no tiene paseo marítimo, por lo que aquello da una sensación de amplitud inusitada para estar al borde del mar en la Costa del Sol.


Realmente, salvo para hacer la pequeña excursión a Manilva pueblo de la que hablaré a continuación, de esa urbanización con piscina y de ese trozo de playa no salimos en los dos días, pero una vez más yo me aproveché de mi condición de corredor aficionado y pude explorar corriendo un tramo de unos cuatro kilómetros en total. Gracias a eso vi que no muy lejos de donde estábamos el litoral se ajusta más a lo que uno tiene en mente cuando habla de la Costa del Sol, pero no se puede negar que ese kilómetro y medio en el que está enclavado Aldea Beach es muy agradable.

Por otro lado, para no quedarme a medias, para mí era preceptivo conocer el pueblo de Manilva. En la Costa del Sol hay municipios cuyas principales poblaciones están al borde del Mediterráneo (Estepona, Fuengirola o Marbella, por ejemplo) y hay otros que tienen la capital varios kilómetros tierra adentro. En los primeros el casco histórico ha quedado rodeado por completo por los alojamientos vacacionales, pero en los segundos, en cambio, los asentamientos conservan un cierto aire rústico al estar alejados de las infraestructuras turísticas, con la cosa de que la Costa del Sol, como he dicho, se escarpa a pocos kilómetros del mar, por lo que estas poblaciones mantienen un aire típicamente andaluz gracias a sus casas encaladas que suben por las laderas. Manilva es así.


Desde el mar hasta el pueblo de Manilva hay apenas tres kilómetros, pero una vez que se aleja uno de las primeras líneas de playa el entorno cambia radicalmente.


Lo cierto es que Manilva es un pueblo muy bonito en el que además se nota que hay dinero para invertir en su mantenimiento, ya que es el típico lugar en el que todo está limpio, repintado, reparado y homogéneo. Ni siquiera los adosados modernos que rodean la zona más antigua rompen la armonía. Nosotros dejamos el coche en la Calle Pedreta, que es la que se abre, en dirección noreste, al maravilloso paisaje que se ve en la foto inmediatamente superior. Después recorrimos gran parte de la principal calle manilveña, que recibe varios nombres (Calle Jimena, Calle Mar y Calle Dóctor Álvarez Leiva) y que en realidad no está céntrica, sino que corre paralela a Pedreta, en ese sector noroeste del conjunto urbano. Mirando el mapa se comprende que esa arteria ejercía de travesía en el pasado, ya que da directamente a la A-377 por el sureste y enfila la salida del pueblo por el otro lado. Ahora se ha hecho una circunvalación y la travesía ha pasado a ser una agradable calle.



En esa vía está el edificio del Ayuntamiento y en ella se ven detalles como la Fuente de la Plaza de Manilva, que se inauguró en 1961 (no es muy antigua, por tanto), pero que ejerce de centro neurálgico del pueblo.



Al resto de la población, que se extiende hacia el sureste, solo me asomé. Su aspecto, en general, es atractivo, ya que todo es blanco y está cuidado. Con un rápido vistazo comprobé que la capital municipal de Manilva, que cuenta apenas con 2.600 habitantes, parece vivir ajena al bullicio de la costa, es decir, se beneficia del dinero que deja el turismo, pero no sufre su parte negativa.


En definitiva, Manilva me gustó más de lo que hubiera esperado. Gracias a esta visita mi percepción de lo que es la Costa del Sol ahora es más certera.



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado MANILVA.
% de Municipios ya visitados en la Provincia de Málaga: 16'5%.
% de Municipios de Andalucía ya visitados: 20'4%.