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27 de septiembre de 2025

CASTELLAR DE LA FRONTERA 2025

En primavera de 2011, María y yo fuimos a Cádiz a echar unos días con las niñas. Uno de ellos, se nos ocurrió que era muy buena idea ir a Gibraltar, por los que nos plantamos en la frontera sin dudarlo. Por aquel entonces, Julia tenía un año y Ana tres. En el paso fronterizo, los policías españoles, al mirar dentro del coche y ver a los dos micos, nos pidieron el libro de familia. Nosotros no habíamos caído en que nos iba a hacer falta, por lo que no lo llevábamos. En consecuencia, tuvimos que volvernos por donde habíamos venido. 

El caso es que, aquel día, nos vimos a media mañana en la Línea de la Concepción, sin saber adónde ir ni cómo aprovechar la jornada. En principio, no llevábamos preparado un plan B, pero pronto caí en que un amigo me había contado hacía poco, que en Castellar de la Frontera, cerca de La Línea, hay un castillo muy bonito, dentro de cuyas murallas vive gente. En 2011, ni María ni yo teníamos smartphones, ni nada parecido, así que, a la antigua usanza, cogí el mapa de carreteras del maletero, busqué Castellar, nos encaminamos hacia allí, y conseguimos llegar... a Castellar Nuevo


Lo que se ve en la foto no es desagradable, pero tampoco es pintoresco. Entonces, no acabé de entender qué cojones había pasado, porque lo que yo sabía de Castellar se limitaba a un comentario de un amigo, cazado al vuelo, no tenía manera de mirar Internet en ningún lado, y en el mapa ponía bien claro que aquello era Castellar de la Frontera, pero en ese lugar era evidente que no había castillos. Es verdad que podría haber preguntado, o que podría haber mirado el mapa con un pelín más de detalle, pero la realidad es que Ana y Julia iban ya hasta las narices de coche y estaban empezando a inquietarse, así que me di cuenta de que no iba a ser el día de ir a buscar la fortaleza, estuviera donde estuviera.

Unos días después de aquella fallida experiencia, ya sí me metí en Internet y descubrí que Castellar de la Frontera es un municipio que se divide en tres núcleos de población. Son La Almoraima, Castellar Viejo y Castellar Nuevo. Nosotros habíamos estado en este último, que es donde se encuentra el Ayuntamiento, y que, hoy por hoy, es lo que se suele llamar Castellar de la Frontera. El Castillo de Castellar, en cambio, es el eje del asentamiento primigenio del pueblo, que se denomina Castellar Viejo, y que dista unos cuantos kilómetros.

He tardado 14 años en volver a Castellar de la Frontera. Siempre lo había tenido en mente, pero no había visto el momento de hacerlo. A principios del verano, a María le hablaron de las excelencias del Hotel Casa Convento La Almoraima, que se encuentra en el término municipal de Castellar, y me regaló la estancia de una noche en ese alojamiento. Ella no se dio cuenta de que ya habíamos estado en Castellar Nuevo, pero yo sí vi que era la oportunidad perfecta para regresar a Castellar de la Frontera, a completar por fin la visita. 

Castellar Nuevo y su interesante origen

Castellar Nuevo es un asentamiento extraño, que tiene pinta de decorado de cine. Está conformado por un montón de casas que son muy similares. Se ve que la mayoría las construyeron a la vez, siguiendo un modelo común. Así, desde que uno entra en el pueblo, percibe que todo surgió de la nada en la misma época. Lo que pasa es que, a diferencia de otras localidades similares, que se planificaron de una forma cuadriculada, en Castellar Nuevo el trazado urbano es más o menos irregular. Me imagino que lo hicieron queriendo, para reducir un poco la sensación de artificialidad del lugar. Sin embargo, lo cierto es que lo consiguieron solo a medias, porque nosotros no vimos a nadie hasta que llegamos a la Plaza de la Constitución. La impresión de sitio irreal no me abandonó hasta que vislumbré esa plaza, que es donde se concentraba la gente, a pesar de que la amplia explanada aparezca vacía en la foto que pongo a continuación.


En Castellar Nuevo no hay desniveles, las calles son espaciosas y abundan las zonas verdes. Por resumir como se ha llegado a desarrollar un sitio de esas características, resulta que en 1939 se creó el Instituto Nacional de Colonización, con la intención de reestructurar y de reactivar el sector agrícola español. Este objetivo estaba muy relacionado con el plan de autarquía que el gobierno de Franco preparó, al acabar la Guerra Civil, para que España sobreviviese a la contienda sin necesidad de depender de terceros. En ese contexto, el Instituto Nacional de Colonización fue el órgano responsable de repartir a un montón de agricultores, de una manera un poco sistemática, por el territorio nacional, de cara a que pudieran sacarle partido a las tierras de labranza infrautilizadas que había. Con esa idea, se financió la edificación de una buena cantidad de asentamientos de nueva planta por todo el país. A ellos, se trasladaron las familias que se mostraron dispuestas a mudarse a cambio de una casa y de un trabajo en el campo. El primer pueblo de colonización erigido fue El Torno, que pertenece al municipio de Jerez de la Frontera. Su construcción se aprobó en agosto de 1943, y en menos de dos años se encontraba ya operativo. Tras El Torno, se crearon más de 300 localidades de repoblación hasta 1971, que fue cuando el Instituto Nacional de Colonización desapareció. Algunas fueron realmente agrandamientos de otras preexistentes, pero la mayoría surgieron de la nada. Castellar Nuevo, que se fundó en 1971, fue una de las últimas.


Por lo visto, el primer encargado de dirigir el Instituto Nacional de Colonización fue el arquitecto falangista Víctor D'Ors, que tenía una idea muy clara de cómo debían ser todos los pueblos que se erigieran. Parece ser que este señor era un tanto inflexible, lo que provocó que le destituyeran en 1943. El régimen necesitaba a gente más moderada al frente de los diseños de las nuevas poblaciones, por lo que, desde ese momento, le dio la potestad creativa a varios constructores. Estos, en muchos casos terminaron planificando asentamientos que son perfectos ejemplos vanguardistas del racionalismo constructivo, que fue la principal tendencia arquitectónica en el mundo en los años centrales del siglo XX. 


En España, los proyectos del Instituto Nacional de Colonización acabaron siendo un laboratorio de pruebas sensacional para los arquitectos.

El tema es que, en 1968, en Castellar Nuevo se dieron los últimos coletazos del programa de repoblación. Por aquel entonces, Castellar de la Frontera era un municipio de una notable extensión, que tenía dos núcleos habitados. El primigenio estaba ubicado dentro de las murallas y en los alrededores del Castillo de Castellar, y el otro había surgido junto a las instalaciones de la empresa corchera La Almoraima. Los residentes de la antigua fortificación sobrevivían sin luz ni agua, y en La Almoraima muchas de las viviendas eran simples chabolas. Precisamente, fue a La Almoraima a quien el Instituto Nacional de Colonización le expropió las 700 hectáreas de terreno que se usaron para erigir el nuevo asentamiento, y para roturar parcelas para los colonos. En 1971, Castellar Nuevo estuvo terminado, y hasta allí se trasladaron la gran mayoría de los vecinos del original asentamiento de Castellar, que empezó a ser conocido como Castellar Viejo. Por tanto, en este caso el grueso de los desplazados no vino de lugares lejanos, sino del entorno del Castillo de Castellar, que fue casi abandonado. 

La segunda juventud del Castillo de Castellar

En 1971, la fortaleza de Castellar de la Frontera estaba destinada a sufrir una inevitable degradación, ya que en sus modestas viviendas, salvo alguna excepción, no quedó nadie. Sin embargo, casi sobre la marcha, salieron a escena una serie de personas, que le dieron un inesperado giro de tuerca a la historia del castillo. En efecto, en 1967, 1968 y 1969, a la vez que alcanzaba su cenit en EEUU, el movimiento hippie había dado el salto a Europa, de manera que el viejo continente se había llenado de un considerable número de jóvenes de origen burgués, que se habían entregado a un modo de vida contracultural y ajeno a lo establecido. En 1971, a unos cuantos de ellos, naturales de distintos puntos de Alemania, de Reino Unido, de España y de Países Bajos, el recién despoblado Castillo de Castellar les pareció un sitio perfecto para acomodarse. Lo que se formó entonces allí no fue exactamente una comuna. Fue, más bien, un asentamiento de gente con un proyecto vital similar. Tras la progresiva adquisición de las casas, los nuevos pobladores las arreglaron, de acuerdo con sus necesidades, y durante unas décadas el enclave ha sido una pintoresca aldea, habitada por una curiosa comunidad de herederos del hippismo primigenio. Lo bueno es que eso ha contribuido a la conservación del lugar, al que se llega después de conducir un rato por una endemoniada carretera, que atraviesa una zona campestre deshabitada.

Por esa carretera, nosotros fuimos a ver el Castillo de Castellar a última hora de la tarde del sábado. Esta vez no hubo dudas de lo que buscábamos. Arriba, dejamos el coche en una explanada que han habilitado extramuros, y subimos a pie el trecho final del camino.


Antes de llegar al Arco de la Villa, que es el sitio por el que se puede atravesar la puerta de la fortaleza, nos cruzamos con dos hippies alemanes bien entrados en años, que venían andando por la carretera, no se sabe desde dónde. Uno de ellos iba caminando descalzo por el asfalto, como si la vida no fuera con él. Aquello me pareció la mejor tarjeta de presentación de Castellar Viejo. Pese a esto, dicen que el ambiente allí ya no es lo que era. Ahora, los verdaderos bohemios escasean en las casas de la fortificación, y los alojamientos rurales han proliferado por todos lados. Digamos que la fama ha acabado un poco con la autenticidad del lugar, pero, no obstante, en mi opinión el Castillo de Castellar está lejos de asemejarse a un parque temático. De momento, conserva su sabor.


Además, a mí me habían dado a entender que dentro de los muros del castillo había cuatro casas, y no es verdad, como se puede comprobar en el siguiente plano, que es magnífico.


Como se puede ver en la imagen, al Castillo de Castellar se accede por el norte, por la única parte en la que uno tiene la impresión de estar entrando en un recinto fortificado.


Luego, se empieza a callejear y se pierde un poco la noción de estar dentro de un castillo, ya que durante mucho rato no se ve la muralla, ni se camina por ningún adarve. Eso sí, no se dejan de ver esquinas y rincones que se merecen una foto. 



El sitio más pintoresco de todo el pueblo es el Balcón de los Amorosos. Se trata del único lugar público de la fortaleza en el que uno puede asomarse desde la muralla. Desde él, las vistas del Embalse de Guadarranque y de sus alrededores son sensacionales.



En definitiva, el Castillo de Castellar está compuesto por un entramado de calles preciosas y cuidadas, por las que merece la pena deambular durante un rato. En la población, hay ya más alojamientos rurales y turistas que hippies, pero no es un lugar que parezca impostado. A mí me gustó mucho.

La cena del sábado... y la comida

Nosotros subimos al Castellar Viejo con la intención de cenar algo tras el paseo, pero nos encontramos conque no es un lugar donde haya demasiada oferta culinaria. Allí, las opciones se limitaban a un restaurante de más postín del deseado, a la desierta cafetería del único hotel que hay en el Castillo, y a un pequeño bistró situado extramuros, en el que había, dentro una ruidosa actuación musical en su punto álgido, y fuera una serie de parejas alemanas de mediana edad muy animadas, pero también muy borrachas. Ninguno de los tres sitios nos llamó ni mínimamente.

Dado que cenar en Castellar Viejo no era una opción, decidimos regresar a Castellar Nuevo, a ver qué nos encontrábamos. Allí, acabamos en el Pub Los Naranjos, que me encantó por cuatro razones. Primero, porque tenía una terraza exterior, en la cual estuvimos tranquilos y relajados. Además, la chica que nos atendió resultó ser eficiente y amable. También disfruté de la comida, pero, por encima de todo, lo que más me gustó fue que me di cuenta de que aquel era el sitio de referencia de los vecinos de Castellar, a la hora de salir el sábado a picar algo. 

Realmente, lo de cenar en un bar de copas fue extraño, porque lo cierto es que el Pub Los Naranjos lo era, de puertas para adentro. Lo que pasa es que tenía fuera la agradable terraza mencionada, y, aparte, no solo contaba con cocina, sino que esta daba por atrás a la zona de las mesas exteriores. El tema es que, en esa salida trasera de la cocina habían puesto una barra portátil, por la que despachaban pizzas para llevar, y por la que también sacaban lo demás que ofertaban en la carta. Aquello era un rudimentario apaño, porque, para ir al baño, se entraba en el pub por las buenas, pero, como digo, me comí un churrasco de pollo que estaba muy bien hecho, la camarera fue un encanto, y nos juntamos allí con la verdadera gente del pueblo. Yo no pedía más.

He de añadir que habíamos comido a mediodía en otro restaurante de Castellar Nuevo, llamado Restaurante Virgil, que tampoco me decepcionó. En él, la experiencia fue diferente, porque este negocio es la referencia en todos los alrededores para darse un buen homenaje de sábado, por lo que vimos. En consecuencia, en su terraza no cabía un alfiler, con la cosa de que los dos camareros encargados de la logística habían petado un poco. A ambos se les veía sobrepasados, pero no lo reflejaban con nervios, sino que estaban en shock, hasta el punto de que, las dos veces que me dirigí a ellos para que me anotaran en la lista de espera de los sitios, me miraron como si fueran Homer Simpson, se dieron la vuelta y no hicieron nada. Junto a mí, había más personas que tenían reserva y que querían sentarse. Sin embargo, los dos chavales sacaban platos y recogían el menaje sucio, pero, cuando llegaba el momento de mirar el cuaderno y de cuadrarlo con los puestos que se iban vaciando, se quedaban mirando las hojas como pillados y no reaccionaban. La cosa avanzaba a trancas y barrancas. El tema es que el asunto pintaba mal para nosotros, porque el resto de Castellar era un desierto, como dije antes, pero, por fortuna, María afinó el instinto y tuvo el ojo de darse cuenta de que dentro había una barra con clientes tapeando, así como una sola mesa con dos plazas, que se encontraba vacía.
 

En vista de eso, fue a preguntar, y se dio cuenta en seguida de que la que partía el bacalao en Virgil era la camarera de la barra. La chica nos dijo que nos podíamos sentar en la mesa y que, para tapear, nos atendía desde su puesto. Nosotros no necesitábamos más. Tampoco teníamos prisa, de manera que no atosigamos a la chavala, que era la que estaba haciendo de enlace entre la cocina y lo que se pedía en el exterior. Sin pisar la terraza, controlaba las comandas de una forma increíble. Fuera, lo que no funcionaba era lo que físicamente no alcanzaba a dirigir. El resto, marchaba gracias a ella. Además, ponía las bebidas y servía el mostrador, con la cosa de que todo lo hacía con eficacia, con un talante agradable y a buen ritmo. La hostelería es una profesión especializada, no el refugio de los que no valen para nada y no saben qué hacer con su vida, y ahí se volvió a demostrar. 

Una vez que nos sentamos a comer, yo desconecté, y no sé como se arregló el cierto descontrol con los sitios que había en la terraza. Nosotros almorzamos tranquilamente, y cuando acabamos nos fuimos. Además, en general, lo que nos sirvieron me gustó.

El hotelazo que nos hizo ir a Castellar

El Hotel Casa Convento La Almoraima tiene 4 estrellas, es decir, su nivel de exclusividad no es exagerada. No obstante, su historia es tan notable como la de cualquier establecimiento de la cadena Paradores.



Lo de que el Hotel La Almoraima esté en un convento en desuso no lo hace destacar especialmente, porque hay muchos establecimientos hoteleros que aprovechan las instalaciones de antiguos cenobios. Este, sin embargo, cuenta con la particularidad de que está en la Finca La Almoraima, que tiene una trayectoria bastante curiosa.


La Finca La Almoraima es la segunda más grande de España. Su superficie es de 14.113 hectáreas, por lo que estamos hablando de un señor latifundio. Por poner esa cantidad de tierras en contexto, solo hay que decir que en España hay 8.133 municipios, y que 7.366 tienen un término que es menor que La Almoraima


A mí, lo de que una porción tan grande de campo sea de una sola persona no me da muy buen rollo, pero, en este caso, lo cierto es que todo pertenece al Estado español desde 1982. La historia de cómo terminó esa heredad convertida en terreno público comenzó en 1434, año en el que fue conquistada para Castilla por las tropas que dirigía Juan Arias de Saavedra. Este gentilhombre, a raíz de su triunfo se erigió en señor de aquel feudo. Con el paso de los siglos, sus descendientes se emparentaron bien, hasta el punto de que entroncaron con la casa de Medinaceli, que es, seguramente, la segunda casa nobiliaria más importante de España, tras la casa de Alba. Por tanto, los duques de Medinaceli acabaron siendo propietarios de la inmensa finca, que abarca el 77'88% de lo que hoy es el municipio de Castellar de la Frontera, así como un trozo del de Los Barrios y otro del de San Roque.


El devenir de la finca no tuvo nada de particular durante muchas décadas, pero los acontecimientos dieron un giro en 1973, cuando el jerezano José María Ruiz-Mateos compró La Almoraima a los duques de Medinaceli, lo que implicó que esta pasó a estar integrada en Rumasa. Por poner en contexto el remate de la historia, hay que decir que Ruiz-Mateos fundó Rumasa en 1961, y convirtió esa sociedad, en 20 años, en el mayor holding de España, gracias a su habilidad, como no, pero también gracias a que era miembro supernumerario del Opus Dei y a que tenía interesantes contactos entre los que mandaban en época de Franco. El caso es que Rumasa creció tanto, que acabó siendo un peligro para la economía del país, ya que daba trabajo a 60.000 personas y generaba el 1'8% del PIB nacional. En 1983, Rumasa agrupaba, oficialmente, unas 400 empresas, en las que se incluían 18 bancos. Eso significa que controlaba cerca del 25% del mercado bancario español. 

Sin embargo, el mayor problema de Rumasa no era su tamaño, sino el reguero de deudas que iba dejando, la escasa confianza que provocaba el modus operandi de Ruiz-Mateos, el cierto descontrol en la gestión que translucía este, así como la opacidad con la que se manejaba, amparado por el poco control fiscal que había en aquellos tiempos y por sus provechosos apoyos. La cosa era que el rastreo de las finanzas de la sociedad de Ruiz-Mateos era imposible de seguir, sobre todo porque él no permitía auditorias externas, pese a que los informes del Banco de España se hacían eco de las dudas que suscitaba su heterodoxa política empresarial, e indicaban que Rumasa ponía en riesgo la estabilidad de España. La realidad era que la corporación era un gigante con pies de barro y una especie de agujero negro incontrolado, valorado en 300.000 millones de pesetas de la época, que tenía suficiente entidad como para arrastrar al resto de la economía española si quebraba. En 1982, con la llegada del PSOE al poder, el gobierno intentó poner algo de orden en ese disloque, pero Ruiz-Mateos no se avino a razones, por lo que, al final, le quitaron la macroempresa sin más. 

La historia de Rumasa y de Ruiz-Mateos no había acabado, como es lógico. De hecho, el empresario se convirtió en una figura pública muy pintoresca, lo que no evitó que fundara otro holding y modernizara las estrategias para ganar dinero a manta de manera oscura, mientras peleaba en los juzgados para que le devolvieran lo que él decía que era suyo. No obstante, lo que nos atañe a nosotros ahora, es que la Finca La Almoraima pasó a ser del Estado cuando Rumasa fue expropiada. Hoy día, ese extenso latifundio es un bien público, que está administrado por el Organismo Autónomo Parques Nacionales, el cual se adscribe en la actualidad al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

El caso es que, dentro de la Finca La Almoraima había un edificio religioso, denominado Convento de San Miguel, que se había construido en 1603 junto a una torre de vigilancia de época musulmana y a una ermita, la cual databa de 1526. Esta se había integrado como capilla del monasterio al erigirse este. 


En el Convento de San Miguel vivieron frailes hasta que el cenobio fue desamortizado en 1839. La expropiación implicó que el inmueble dejó de pertenecer a la Casa de Medinaceli durante un tiempo. Esta, tras años de litigios, consiguió recuperar su posesión en 1865, pero los monjes no volvieron. Poco después, el duque de turno acometió la remodelación del edificio, transformándolo en un palacete que sirviera de base para organizar monterías por la gran finca. Así, convertido en casa-palacio, el antiguo monasterio vio pasar lo que quedaba de siglo XIX y todo el XX. En 2010, cuando estaba ya en manos estatales, en él se inauguró el Hotel Casa Convento La Almoraima.


Ni María ni yo somos de los que van a los hoteles y no salen de ellos, pero reconozco que, en este caso, al ver el Hotel Casa Convento La Almoraima optamos por cambiar los planes que teníamos para el domingo, con la idea de sacarle todo el jugo posible a sus instalaciones. Para empezar, por la mañana nos marcamos una ruta por el Sendero de la Duquesa, que no abandona los límites de la Finca La Almoraima. El itinerario es circular y solo mide 1.608 metros. 


La Finca La Almoraima da para hacer senderismo del modo más exigente, pero la ruta que han apañado por los alrededores del hotel nos permitió conocer el entorno sin palizas. Además, dado que este, y el 90'4% de la finca, están en pleno Parque Natural de los Alcornocales, que eso no lo había comentado, pues fue chulo caminar bajo los alcornoques, los quejigos y los acebuches que caracterizan ese precioso territorio protegido.


Después del paseo, nos quedamos a comer en el magnífico Restaurante La Gañanía, que es el restaurante del hotel. El tema fue que, por la mañana, cuando habíamos decidido lo que íbamos a hacer, quisimos reservar, pero nos dijeron que ya iba a ser complicado. Por fortuna, como habíamos estado alojados allí, nos ofrecieron que podíamos almorzar a las 13:30, antes que nadie, y dijimos que sí. Fue un acierto, sin duda, porque dejaron que nos sentáramos en la mejor mesa de todas.


El nombre del restaurante me resultó curioso, porque una gañanía es un conjunto de gañanes. Sin duda, es una denominación original.


Lo cierto es que pasamos un rato muy bueno comiendo en La Gañanía. Por último, de nuevo nos volvimos a beneficiar de que habíamos estado alojados en el Hotel Casa Convento La Almoraima, porque nos dieron la posibilidad de echar unas horas en su magnífica piscina, y no la desaprovechamos.



Yo soy muy de secano, siempre lo digo, pero eché en esa piscina una tarde sensacional. En primer lugar, se estaba de maravilla a la sombra, por lo que me eché la siesta y no me moví de la hamaca en mucho rato. Aparte, estuvimos casi solos. Al final, incluso me di un chapuzón. Así da gusto.

Antes de acabar, tengo que decir que, en la explanada trasera del Hotel Casa Convento La Almoraima se celebró, durante todo el fin de semana, la primera edición del Mercado Artesanal La AlmoraimaEl evento fue un éxito de tal calibre, que sorprendió a los propios empleados del hotel con los que yo hablé. 


En efecto, tanto el domingo a última hora de la mañana, como el sábado por la tarde, que fue cuando yo me acerqué, la zona de puestecillos estuvo hasta la bola, la barra que habían montado en el lado de la explanada que pegaba con el hotel también, y las actividades paralelas que se planificaron tuvieron un éxito que ni los organizadores esperaban. La gente del entorno se volcó con el evento, cosa de la que yo me alegro. 


La principal particularidad del Mercado Artesanal La Almoraima fue que estaba ambientado en 1915, año en el que la Reina Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII, visitó la Finca La Almoraima. Por lo visto, en 1911 Luis Fernández de Córdoba, que era el duque de Medinaceli por aquel entonces, se había casado con Ana María Fernández de Henestrosa y Gayoso de los Cobos (ahí es nada...), la cual era dama de la reina. Eso explica por qué Victoria Eugenia de Battenberg se dejó caer por La Almoraima en 1915.

Debido a ese hilo conductor, tanto los que habían montado los puestos, como los responsables de las actividades paralelas, iban vestidos como si fueran insignes ciudadanos de principios del siglo XX. Nosotros, le echamos un vistazo al mercado, nos tomamos una cerveza en la barra, y nos unimos a una ruta guiada por las instalaciones del hotel y por sus alrededores. La misma la condujo una voluntariosa chica, que se esforzó por poner en contexto el edificio. No obstante, incluso el más avezado guía turístico hubiera sufrido para dinamizar una visita en la que se juntaron medio centenar de personas, por lo que la joven, que tenía muy pocas tablas, se las vio y se las deseó para contar lo que llevaba preparado y que viéramos algo. Por eso, después de un rato, María y yo decidimos aligerar el nutrido grupo y nos fuimos ya a Castellar Viejo.

En definitiva, los dos días en Castellar de la Frontera fueron un bálsamo. La segunda mitad del verano ha tenido un punto complicado, y el otoño se presenta intenso, por lo que necesitaba esta breve desconexión. Eso sí, nos quedamos sin ir a Gibraltar, que era el plan original para el domingo, a pesar de que estaba tan cerca, que se veía el Peñón desde el Castillo.


Lo de ir a Gibraltar continúa pendiente, pero no va pasar mucho tiempo antes de que salde esa cuenta. Seguiremos informando...


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado CASTELLAR DE LA FRONTERA.
En 2011 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 45'5% (hoy día 59'1%).
En 2011 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 16'6% (hoy día 22'4%).


13 de julio de 2025

FINLANDIA 2025

Estuve por primera vez en Finlandia hace casi 12 años. Desde 2011, María y yo estudiábamos finés a distancia, con una profesora que residía en Turku y se llamaba Sarah. Ella era finlandesa nativa, pero había vivido en Andalucía y hablaba español a la perfección. Con el paso de las clases virtuales, los lazos se fueron estrechando, y, finalmente, tras estar Sarah en casa en dos ocasiones, la segunda de ellas un mes entero, la relación se afianzó, de manera que le devolvimos la visita en agosto de 2013.


Este mes de julio, Ana, Julia, María y yo hemos vuelto por segunda vez a Turku, en esta ocasión con motivo de la boda de Sarah.


Con la excusa del evento, hemos estado una semana en Finlandia. Realmente, en 2013 la visita estuvo adaptada a la corta edad que tenían las niñas entonces. Julia estaba a punto de cumplir 3 años, y Ana recién estrenaba los 5, por lo que nos pateamos Turku a fondo e hicimos varias excursiones por los alrededores, pero no nos pudimos mover más por el país, quitando los tres días que estuvimos en Helsinki y la tarde que echamos en Tampere, antes de coger el avión de regreso a España. En esta ocasión, la estancia ha vuelto a ser peculiar. De hecho, voy a dividir la narración en tres bloques. Primero, voy a hablar de los ratos turísticos más corrientes que hemos vivido, a continuación voy a hacer referencia a los planes sociales de los que hemos sido partícipes, y, por último, voy a terminar con unas cuantas experiencias un tanto surrealistas que hemos disfrutado.

Visitando Turku, Rauma y Naantali

En la categoría de planes turísticos, y partiendo de la base de que voy a dejar lo que hicimos en Helsinki para otro post, hay que decir, para empezar, que solo dedicamos dos días a ver Finlandia de un modo estándar. El primero nos quedamos en Turku, visitando de nuevo su Castillo, y recorriendo parte de su zona más céntrica. El segundo, fuimos de excursión a Rauma y a Naantali.

Con respecto a Turku, pocos saben que es la ciudad más antigua de Finlandia. Se fundó en 1229, en los primeros tiempos de la conquista, por parte del Reino de Suecia, del actual territorio finlandés, que estaba poblado por tribus culturalmente emparentadas, pero independientes desde el punto de vista político. Desde su creación, Turku se convirtió en la capital de esa nueva región sueca, que fue creciendo hasta abarcar lo que hoy es Finlandia. En 1809, Suecia perdió la llamada Guerra de Finlandia contra Rusia, lo que provocó el nacimiento del Gran Ducado de Finlandia como entidad desgajada del Reino de Suecia e integrada en el Imperio Ruso. Por decirlo claro, todo lo que abarcaba lo que es Finlandia en el presente, pasó a ser un gran ducado, que se incorporó al Imperio Ruso y se desligó por completo de Suecia. En ese momento, los rusos consideraron que Turku estaba demasiado influida por Suecia, por lo que trasladaron la capitalidad del ducado a Helsinki, que les quedaba más a mano, aunque todavía fuera una población modesta.


Finlandia alcanzó la independencia total en 1917, pero la capital ya no se movió de Helsinki. En la actualidad, Turku tiene 206.000 habitantes, por lo que es la sexta ciudad más grande del país, aunque la seutukunta en la que se ubica es la tercera sub región más poblada de Finlandia (una seutukunta o sub región es el equivalente a lo que es una provincia en España).

Más allá de los datos y de su pasado histórico, Turku se vertebra a partir del Río Aura. En realidad, es una población que se encuentra al borde del Mar Báltico, pero su costa se halla protegida por un sinfín de grandes islas, que hacen que el mar ni se intuya. Supongo que, por eso, el verdadero eje de la ciudad es su río, que no es muy largo, pero que lleva una buena cantidad de agua al atravesar Turku


A los dos lados del río, la ciudad se extiende de una manera muy cuadriculada, sobre un terreno que es llano en su mayoría, aunque haya colinas dispersas puntuales. En mi opinión, la principal característica de Turku es que sus altos edificios de viviendas están bastante separados. Además, salvo en el centro, se han mantenido muchas zonas verdes entre los bloques, y al hacerlos se han acordado de dejar espacio para que se puedan estacionar los coches. En relación con estos, en Turku no solo se aparca en cualquier lugar de una forma sorprendentemente sencilla, sino que también se conduce con comodidad, porque las calles son anchas y están dispuestas con orden. Sin ir más lejos, la de la siguiente foto es Linnankatu.


Linnankatu es una larga vía, que discurre paralela al Río Aura, aunque no se asome a él en ningún momento, atravesando el centro de Turku de un extremo a otro, e incluso yendo más allá por los dos lados. Es, por tanto, uno de los ejes de la circulación por la población, y, sin embargo, está muy lejos de ser una calle caótica.

De hecho, Turku es una de las ciudades más amigables para vivir que he visto. En general, todo lo que conozco de Finlandia es así. Supongo que allí ya tienen suficiente con lo de pasar medio año sepultados por la nieve, soportando un frío extremo y en la oscuridad, como para encima construir poblaciones hostiles. También las viviendas en las que he entrado, que han sido unas cuantas, son muy acogedoras por dentro. 

En definitiva, en Turku pasamos siete días en 2013, y ahora hemos vuelto a alojarnos allí una semana. En esta ocasión, nos hemos movido más por otros lugares de Finlandia, pero, aun así, he tenido tiempo de recorrer sin prisa Läntinen Rantakatu, que es una larga vía, mitad paseo fluvial, mitad calle, que avanza entre Linnankatu y el Río Aura, de manera paralela a ambos.


También he tenido la oportunidad de darme un pequeño garbeo por Yliopistonkatu, que es la principal calle comercial de Turku...


... así como de visitar la Kauppatori en día de mercado, de hacerme una foto delante de la Estatua de Paavo Nurmi, y de echarle un vistazo a la Estatua de Per Brahe.



Paavo Nurmi es el cuarto deportista con más medallas de oro en la historia de los Juegos Olímpicos, y nació en Turku, por lo que es lógico que allí hayan colocado una imagen suya en un lugar bien visible. Per Brahe El Joven, por su parte, fue un sueco que ejerció de gobernador general de Finlandia durante nueve años, a mediados del siglo XVII. Por lo visto, en ese periodo de tiempo no dejó pasar la oportunidad de introducir numerosas reformas, que posibilitaron que la región diera un importante salto adelante. Su estatua se encuentra en el Brahenpuisto, delante de la Catedral de Turku

Además, como nos alojamos en Kivikartontie, tuvimos ocasión de comprobar lo que comentaba, de que en Turku los bloques de pisos de los barrios residenciales están bastante separados entre sí y rodeados de zonas verdes.



Por ponerlo todo en contexto, hay que decir que el municipio de Turku se encuentra dividido en nueve áreas o palvelualueet. Keskusta es como se denomina la primera de ellas. Teniendo en cuenta que keskusta significa centro, pues queda claro qué zona es esa. Después, cada área se divide en distritos o kaupunginosat. Keskusta tiene 17, que están coloreados en marrón en el siguiente mapa. 


Los kaupunginosat de Keskusta que van del 1 al 9 se han bautizado con números romanos correlativos. Se corresponden con el meollo de Turku, y son los que bordean el Río Aura por las dos orillas. Los distritos numerados del 10 al 14 ya sí tienen nombre, y están en la ribera este, separados del río por los que van del 1 al 5. Por ese lado, algo más allá, se pasa al área 3, que se denomina Skanssi, y que es eminentemente residencial. En esa área, en el distrito 36 (Luolavuori), estaba nuestro apartamento.



Justo enfrente de nuestro bloque, estaba el piquito marrón que se ve en el mapa que he puesto arriba. Ese saliente pertenece al distrito 11 (Kurjenmäki). Yo salí a correr varios días por la mañana, y, además de a Luolavuori y a Kurjenmäki, que los recorrí paseando en otros momentos, también pude echarle un ojo, mientras corría, a Kupittaa (distrito 10) y a Mäntymäki (distrito 12).

Por otro lado, aparte de pasear, volvimos a visitar por dentro el Castillo de Turku, que está en Satama (distrito 16). El mismo es el castillo más antiguo de Finlandia. Se empezó a construir en 1280, en un lugar que estaba cerca del mar. 


Hoy día, desde el Castillo el agua ni se intuye, porque el litoral se ha retranqueado bastante. En cualquier caso, la fortaleza fue creciendo con los siglos. En origen, no era más que un campamento fortificado en un saliente costero.


Sin embargo, antes de acabar la Edad Media ya se había convertido en una recia estructura de piedra, de carácter defensivo. Posteriormente, durante el Renacimiento se le añadió el patio de armas principal y la torre redonda, que le dieron un aspecto más palaciego. En el siguiente plano, se distingue bien cuál es la parte erigida en la etapa medieval (es la estrecha y más alargada), y cuál es la renacentista (es la cuadrada que tiene un patio mayor).




Al visitar el edificio, también se percibe perfectamente que la parte más estrecha y elevada es la medieval...


.... y la más chata y superficialmente más amplia, que está adosada a la otra, es la renacentista.


De la visita de 2013, Ana y Julia recordaban la sala de los disfraces y la mazmorra. La primera era una habitación llena de espadas, cotas de malla, armaduras, trajes de princesa y cosas similares, que los visitantes podían usar con libertad. Echar allí un rato fue divertido. Por su parte, la mazmorra era un profundo agujero en el suelo, en el que antaño se metía a los detenidos menos afortunados. A mí, se me cayó en ella la funda de la cámara de fotos, circunstancia que impactó a las niñas de una manera muy tierna (ahí se quedó y nunca la recuperé, lógicamente).


Yo iba buscando actualizar esos recuerdos, pero salí un poco decepcionado, porque la mazmorra, o bien la han modificado, o yo tenía una imagen idealizada de ella. Viéndola había mucha más gente que hace 12 años, pero, además, yo recordaba un agujero más centrado, en el que se veía mejor el fondo. Ahora, el boquete lo han rodeado con una barrera. Con respecto a la sala de los disfraces, lo cierto es que nos liamos en esta ocasión, y nos fuimos sin ver el sector renacentista del Castillo. Yo creo que el cuarto con las armaduras y los trajes se encontraba en la parte medieval de la fortaleza, pero ya no se si también me estoy confundiendo y estaba en lo que no vimos, o simplemente es que lo han quitado.

El caso es que el Castillo de Turku está conformado por una sucesión de salas, que conservan la estructura del momento en el que se crearon, pero que han sido muy reformadas.


Yo, aunque esta vez me fui sin ver la parte renacentista del edificio, sí recorrí de manera relajada todas las estancias medievales, reparando en detalles curiosos, como el váter muy bien conservado que había en un rincón. Ese lugar también lo recordaba de la visita de 2013, y, en este caso, lo identifiqué sin problema.


Aparte del Castillo, en 2013 también entramos en el nuevo edificio de la Biblioteca Central de Turku, en la Catedral de Turku y en la Mikaelinkirkko, que es otra iglesia luterana. Incluso, fuimos un día a la playa. En concreto, pasamos una tarde en la Ispoinen Uimaranta, es decir, en la Playa de Ispoinen (Ispoinen es el distrito 41, que está en Skanssi). 

De cualquier modo, en aquella tarde de playa los protagonistas no fueron ni el sol ni la arena, sino que todo giró entorno a una sauna, porque, en la Ispoinen Uimaranta, no muy lejos del mar, están las instalaciones del Turun Avantouimarit Ry, que es un club de natación en aguas gélidas. Para bañarse en un agujero en el hielo, disponer de una sauna es indispensable, por lo que los de ese club tienen la suya bien a mano, con la cosa de que se puede usar por los no socios pagando una módica cantidad de dinero.
 

A las instalaciones se accede igual que como se entraría en una piscina pública en España, es decir, se paga la entrada, te dan la llave de una taquilla, hay vestuarios donde la gente se pone el bañador, se acomoda uno en la sauna, y, tras un rato, puedes salir a tirarte al mar. Al hacerlo, no notas el frío del mismo modo que si te bañaras sin haber subido tu temperatura corporal. La sensación es similar a la de meterte en el agua con un traje de neopreno. Realmente, es un gustazo, que te deja como nuevo.

Nosotros fuimos a bañarnos en verano, por lo que la experiencia fue algo más light que la de los recios nadadores del hielo, pero, aun así, teniendo en cuenta que a mí me cuesta meter los pies en el Mar Mediterráneo, lo del chapuzón en el Mar Báltico fue todo un reto. Gracias a la sauna, logré remojarme. La misma es muy buena para el organismo, ya que libera toxinas mediante el sudor y activa la circulación sanguínea. A las sesiones de calor siempre les siguen otras de enfriamiento. Es por ello que las saunas suelen estar cerca de lagos o del mar. 

Resulta curioso, por último, que el Báltico tenga tan poca sal. No parece un mar. Además, la Playa de Ispoinen tiene enfrente la Isla de Hirvensalo, que se encuentra tan cerca y es tan grande, que no deja ver el horizonte, por lo que yo tuve la sensación de que el chapuzón me lo estaba pegando en un lago.

En resumen, queda patente que ya en 2013 no faltaron las experiencias interesantes en Turku. Cuando llegue el momento de hablar de los planes sociales de este viaje, voy a mencionar algunas otras.

Antes, sin embargo, voy a hacer referencia a las visitas a Rauma y a Naantali, que son las otras dos localidades que vimos esta vez en modo turista. Con respecto a la primera, en Finlandia hay siete sitios que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Vanha Rauma es uno de ellos. 


Hoy en día, Rauma es una ciudad de 36.000 habitantes, que está dividida en 40 áreas. 39 de ellas no parecen llamar demasiado la atención. De hecho, la localidad tiene un puerto mercante importante, por lo que no es el sitio para acercarse al mar. Sin embargo, la cuadragésima área es Vanha Rauma, que se corresponde precisamente con la zona declarada Patrimonio de la Humanidad (vanha significa antigua). Vanha Rauma la conforma una extensa red de calles, llena de casas de madera policromada, que data de la Edad Media.
 

En España, los cascos históricos pintorescos suelen estar compuestos por un entramado de estrechas callejuelas, casi siempre, pero en Finlandia los pueblos medievales eran cuadriculados, sus calles eran anchas, sus casas de una planta estaban construidas de madera, y las mismas se encontraban aisladas del suelo por medio de un zócalo de piedra. En Rauma, se halla el único barrio urbano de viviendas de madera dispuestas al modo tradicional, que se conserva vivo y completo en Finlandia.


Lo que me gustó especialmente de Vanha Rauma es que se ve gente por sus calles, y que está claro que la mayoría no son turistas. También hay comercios típicos y negocios de restauración. Sin ir más lejos, nosotros comimos en Jubupizza, que da a la Kauppatori.



En Jubupizza solo había gente de Rauma, a pesar de que está en el casco antiguo de la ciudad. El sitio no era barato, pero es que en Finlandia todo es caro a nuestros ojos, porque, en las mesas contiguas lo que había eran parejitas de adolescentes, así como familias que era evidente que habían salido con lo puesto para cenar por la vía rápida y cómoda. Jubupizza era un restaurante de batalla, por tanto, pero las cuatro pizzas y las bebidas nos costaron más de 80 euros. Para un bolsillo español, eso es algo de locos. No obstante, me encantó el lugar, por la comida y por el ambiente. Con respecto a la Kauppatori, esa plaza es el centro neurálgico de Rauma. Desde allí, unas 600 casas de madera se reparten a lo largo de 28 hectáreas. 


Otra plaza importante de Vanha Rauma es Kalatori


En español, tori puede ser traducido como mercado, como plaza, o como plaza del mercado. Kauppa es tienda, lo que implica que kauppatori sería algo así como plaza de las tiendas o plaza del mercado (estrictamente hablando, kauppatori es una palabra un poco redundante, si consideramos que tori a secas ya significa plaza del mercado). Kala, por su parte, es pescado, por lo que es fácil deducir qué es lo que había antaño en Kalatori. En la actualidad, lo relevante es que a su lado hay una zona arbolada, por la que se esparcen las ruinas de la Iglesia de la Santísima Trinidad. La misma se erigió en el siglo XIII, pero el fuego la devastó en 1640 y no la han reconstruido.


No obstante, tampoco se han llevado todas las piedras de la iglesia, por lo que se conservan los cimientos en un lugar bastante céntrico de Rauma. Al lado de las ruinas, también hay restos de un pequeño cementerio.

Otro punto destacado de Vanha Rauma es la praderita que hay en Helsingitori (o Plaza de Helsinki, si traducimos). En ella, se instaló la Nyplääjäpatsas en 1976. Nypläis es encaje de bolillos y patsas es estatua.


Resulta que en Rauma es un lugar de referencia, a la hora de hablar de la técnica del encaje de bolillos. Por eso, se instaló una estatua en honor de las encajeras locales en ese bonito sitio.

Al norte del centro está la Kirsti House (una casa museo de un marinero, la cual no vimos), así como la Iglesia de la Santa Cruz, a la que tampoco pudimos acceder.

 

En concreto, en la Iglesia de la Santa Cruz me hubiera gustado entrar, porque es muy importante. Lo es, porque su antecesora se levantó en madera, para ejercer de templo de un monasterio franciscano que se fundó ahí, a principios del siglo XV. Alrededor del mismo, se acabó generando un pequeño asentamiento (Rauma), el cual recibió los derechos de ciudad en 1442. La cosa es que Rauma es la tercera población más antigua de Finlandia, lo que implica que el desaparecido cenobio y la iglesia, que se terminó de construir en piedra en 1520, tienen un relevante papel en la historia finlandesa.

Como dije antes, Turku data de 1229, lo que significa que, del podio de ciudades finlandesas más vetustas, solo me falta por conocer Porvoo, que se fundó en 1346.

El caso es que echamos un día estupendo en Rauma. Antes de irnos, todavía tuvimos tiempo de tomarnos un café en el Espresso House del Kauppakeskus Potkur


Kauppakeskus Potkur es un centro comercial que está situado en Savilankatu. Esta calle es la que ejerce de frontera, por el oeste, entre Vanha Rauma y la zona moderna de la ciudad.


Después de abandonar Rauma, nos dirigimos a Naantali, que es un lugar muy diferente. La principal atracción allí es Muumimaailma, que es un parque temático que se basa en el universo de los Mumin. Estos personajes fueron creados por la escritora y dibujante finlandesa Tove Jansson en 1939. En España, no son demasiado conocidos, pero en su país de origen los libros que protagonizan siempre fueron superventas (la mayoría han sido traducidos al español y publicados aquí, en todo caso). Además, a comienzo de los años 90 del siglo pasado, se produjo una serie de dibujos animados, que tuvo un éxito arrollador, no solo en Finlandia, sino también en Japón. Eso provocó que se inaugurara el parque, que ocupa toda la superficie de la Isla de Kalio. Esta se encuentra enfrente de Naantali, y está unida a la costa por un malecón. Nosotros visitamos Muumimaailma en 2013, por lo que ya había estado en esa ciudad marítima. Sin embargo, en aquella ocasión, aunque tuvimos que atravesar parte de la población para adentrarnos en el mundo de los Mumin, no nos detuvimos en ella. 


El otro día, en cambio, echamos allí un buen rato.


Naantali es la una ciudad costera de 20.000 habitantes, que se encuentra a unos 15 kilómetros de Turku. Se caracteriza, aparte de por ser sede del parque temático, por ser un destino vacacional de gente acomodada. Por eso, su corazón es el puerto deportivo, que se abre a un impresionante archipiélago de más de 1.000 islas. Sin embargo, pese a que la gran mayoría de la superficie del municipio es insular, su centro está en el continente. Naantali Marina forma parte de él. 



Nosotros dejamos el coche en Mannerheiminkatu, que es una de las principales calles de Vanhakaupunki, es decir, del casco viejo de Naantali. Por tanto, empezamos viendo algunas casas similares a las que habíamos contemplado en Rauma, pero pronto desembocamos en Naantali Marina, y ahí el panorama cambió por completo.


En Finlandia, los bosques están por todos lados, y eso lo volvimos a comprobar en Naantali, porque allí la construcción del puerto deportivo no ha implicado la destrucción del entorno. Al contrario, justo a la espalda de la zona de los muelles hay un enorme parque, llamado Nunnalahden Puisto, que es una gozada. En él, hay una torre, desde la que se ven unas vistas brutales del Archipiélago de Turku.


Después de pasear por los muelles del puerto deportivo y de subir a la Näkötorni (näkö significa visión y torni es torre), nos tomamos una cerveza, antes de irnos, en el After Sail Ravintolat & Satamat, que es el bar restaurante de Naantali Marina. La verdad es que eso de que, en verano, en Finlandia la noche sea tan corta, hace que se aprovechen los días hasta el límite. A nosotros, nos dieron las 11 en Naantali como si nada. 

La boda, y lo que trajo consigo

Y es en este punto donde voy a empezar a hablar de los planes sociales de los que hemos sido partícipes. Los mismos han sido el eje del viaje, y todos han estado relacionados con la boda de Sarah. De hecho, ella fue la que nos buscó el apartamento en el que nos alojamos, ya que nos alquiló su casa una compañera suya de trabajo, que se trasladó durante la semana a su residencia de veraneo, que estaba en Naantali, precisamente. 

La boda era el sábado 5, pero nuestro primer contacto con la celebración tuvo lugar el 4, ya que Sarah nos pidió que acudiéramos a su rescate. Resulta que le había dado por ponerse el traje con el que se iba a casar, y se había percatado de que había perdido peso en los últimos diez días y de que no le quedaba del todo bien. Inmediatamente, había telefoneado a la modista, que el viernes no trabajaba, y esta la había citado sobre la marcha, con la cosa de que Sarah no tenía forma de desplazarse en ese momento a la tienda, que se llamaba Fiancé, y que estaba en Linnankatu. Como es lógico, nosotros no tuvimos problema en coger el coche alquilado y llevarla.

    

Una vez salvado ese pequeño obstáculo, al día siguiente todo estuvo preparado para el gran evento. El mismo fue una experiencia sobresaliente para nosotros. Lo primero que me gustó, fue que tuvo lugar en el Akatemiatalo, que es un edificio histórico de Turku, en el que no habría podido entrar en circunstancias normales. Está situado en un emplazamiento emblemático, justo a la espalda de la Catedral de Turku.


Antaño, el Akatemiatalo albergó las instalaciones de la Royal Academy of Turku, que fue la primera universidad fundada en Finlandia. Su labor docente comenzó en 1640. En 1827, cuando la institución fue trasladada a Helsinki, el edificio continuó teniendo funciones judiciales, religiosas y administrativas. Actualmente, una parte sigue siendo sede del Tribunal de Apelaciones de Turku, pero el Salón Ceremonial se usa para actos de las dos universidades modernas que hay en Turku, que son la Universidad de Turku y la Universidad Åbo Akademi, así como para celebrar conciertos, y, por lo visto, también bodas. 


Por lo que respecta a la boda de Sarah, en realidad el concepto global de la celebración fue similar a lo que conocemos en España, pero hubo diferencias concretas, que hicieron que viviera un día sensacional. Para empezar, la ceremonia religiosa, que fue en el mismo Akatemiatalo, la ofició una mujer, es decir, una pastora, que llevaba alzacuellos y todo.


Al acabar el acto religioso, los novios y sus familiares más cercanos se pusieron en fila, y todos los asistentes hicimos cola para saludarlos uno a uno. Tras hacer el paseillo completo, nos dieron una copa de champán a cada invitado.


Después de saludar a los novios y a sus padres, nos sentamos en nuestros sitios con la copa de champán, y no nos movimos de allí en cinco horas. En todo ese tiempo, la celebración fue avanzando de una manera muy organizada y pautada.


Para un español, lo de comer a las 4 de la tarde no es raro, pero nosotros decidimos tomarnos aquello como una cena, que es lo que era para ellos. Con respecto al menú, unos meses antes habíamos tenido que elegir el segundo plato, y yo había optado por el "pecho de res". Me hubiera gustado que la carne de res hubiera sido carne de reno, pero resulta que los renos son cérvidos, no reses, y que lo que nos pusieron fue ternera, por las buenas. No obstante, es innegable que lo que comimos estaba delicioso.


Lo curioso fue que el convite era un bufé, es decir, que los camareros solo quitaban la vajilla sucia, y había que acercarse a por la comida a una gran mesa. Yo me levanté dos veces, con la idea de no mezclar la carne con los entrantes, pero observé que la mayoría de la gente se iba a su sitio con platos rebosantes de un revoltijo de alimentos. Los extranjeros allí no llegábamos a la veintena, de un total de 120 invitados, por lo que deduzco que, al igual que en España, en Finlandia hay muchos que no le temen a la experimentación culinaria un poco bruta.

Como se ve en el planning que he puesto arriba, el corte de la tarta estaba programado para las 18'00 horas, y la fiesta no comenzaba hasta las 20'30, por lo que nos preguntamos qué se hacía en medio. Lo de empezar a comer a las 16 y no llegar al postre hasta las 18 también nos pareció que no era ir estresado, precisamente, pero no sabíamos por qué había tanto margen de tiempo para todo. Pronto, descubrimos que el plan era que esa fase de la celebración estuviera trufada de parones. En ellos, se hicieron juegos con los asistentes, hubo amigos que cantaron algunas canciones, y una decena de invitados pronunciaron discursos, de manera dispersa. Lo de los juegos fue divertido. En uno, por ejemplo, se levantaron cartulinas con frases escritas, que los novios no veían, del tipo "primos de los novios" o "personas que han viajado en avión con la novia", o lo que fuera. Cuando salía una categoría en la que unos cuantos se sentían incluidos, estos se ponían de pie, y los novios tenían que adivinar cuál era el nexo que los unía.

Total, que a lo largo de cinco horas comimos y bebimos a voluntad, alternando los ratos de charla con los comensales que teníamos cerca, con los momentos protocolarios más generales. Cada vez que iba a haber un discurso o un juego, sonaba una campanita. En ese instante, todos nos callábamos y prestábamos atención. A mí, se me pasó la tarde volando.

Aparte, quería conocer como se gestionaba en Finlandia el tema del alcohol en esta clase de eventos, y lo cierto es que hubo menos que en una boda tipo española. Esto contrasta con la idea que yo tenía, de que allí se bebe más. Realmente, no es así. Según las estadísticas, en España se consumen al año 10 litros de alcohol puro por persona y en Finlandia 10'7. Es casi lo mismo. Pese a esto, un dato significativo es que en el país nórdico la tasa de mortalidad atribuible a la priva es de 6'98 por cada 100.000 habitantes, mientras que aquí es de 0'61. La clave, entonces, es la manera de beber. Por lo visto, en España el alcohol tiene un rol social, y eso, a la postre, hace que se ingiera más repartido. En Finlandia, en cambio, unos pocos se dan grandes atracones, y en soledad. Ese hecho, quizás, explica por qué lo único que se pudo beber en público en toda la celebración fue cerveza y vino, pero había licor del duro en el baño, para que el que fuera a mear se pegara en privado un discreto lingotazo, en plan salvaje oeste.


La botella de whisky de la foto la fueron reponiendo conforme avanzaba la tarde, y en el baño de mujeres había también otra de licor de ruibarbo. Sin embargo, no hubo barra libre después de la cena. Lo que sí hubo fue baile. En efecto, a las 20'30 llegó el momento de soltarse la melena, para lo cual subimos a la segunda planta del Akatemiatalo. Allí, amenizó la fiesta una banda, llamada Isengard Funk House. Sus músicos eran muy buenos, la verdad, aunque empezaron tocando boleros y cosas parecidas, que no tuvieron nada de éxito. Tras un rato, incluso me dio apuro ver como todo el mundo pasaba de ellos.


En un momento dado, la banda hizo un alto, sus miembros se quitaron las corbatas, y empezaron a tocar Funk. Al poco, la cosa se animó, y eso hizo que pudiera ver como se las gastan los finlandeses más bailongos.


Tengo que reconocer que yo no soy muy aficionado al Funk. Evidentemente, hay estilos que me gustan menos, pero Finlandia es el país con más bandas de Metal per cápita de Europa... 


... por lo que yo esperaba escuchar leña. Sin embargo, la única concesión que hicieron al Rock fue cuando interpretaron Are You Gonna Go My Way? de Lenny Kravitz

De todas formas, la gran boda finlandesa fue una experiencia sensacional. Me encantó ver como disfrutaron Ana y Julia con el evento. Además, los hispanohablantes amigos de Sarah acabamos haciendo piña, como es lógico, lo que hizo que lo pasáramos aún mejor.

La cosa fue que, al día siguiente, a una parte de los extranjeros que asistimos a la boda nos invitaron a casa de los padres del novio a comer. Fue un gran detalle, que me permitió ampliar aún más mi conocimiento sobre como viven los finlandeses. 


En efecto, lo que hicimos en casa de los padres de Jaakko fue comer a la finlandesa. Nos dieron salchichas, karjalanpiirakka, que es una especie de pastelito de arroz, y también plátanos a la parrilla con crema de leche. Más auténtico, imposible. No obstante, lo que más me gustó de la experiencia fue comprobar que muchos finlandeses aparentan ser secos, distantes y herméticos, pero realmente son bellísimas personas, que se desviven por exteriorizar su afecto a su manera. Lo de los discursos de la boda iba en esa dirección, porque los finlandeses necesitan prepararse para ser expresivos, y es posible que eso nos choque a los latinos, que somos, incluso yo, que tengo un puntito asperger, mucho más efusivos y afables. Sin embargo, como todos los seres humanos, los finlandeses tienen sentimientos que expresar, y me pareció entrañable presenciar como lo hacen. A mí, desde luego, me llegó el mensaje de la familia de Jaakko.

Aparte, también me gustó ir a Yli-Maaria, que es donde viven los padres del novio.


Antaño, Maaria era un pueblo independiente, pero fue anexado a Turku en 1967. Ahora, en el extremo norte de su término municipal está Yli-Maaria, que, además de ser un distrito (el 77), es un núcleo más o menos definido, formado por urbanizaciones dispersas, en las que las casas se reparten de una manera ordenada y distante. El modelo de la zona residencial es similar al de España, pero en Finlandia todo se separa más.

Antes de seguir con las experiencias, voy a hacer un inciso, porque, cuando íbamos a comer a casa de los Pullinen, nos detuvimos en un pueblo-museo que había de camino, llamado Kuralan Kylämäki.


Kylä significa pueblo y mäki es colina. Kurala, por su parte, es el distrito 58 de TurkuKuralan Kylämäki, por tanto, es algo así como el pueblo de la colina de KuralaEn cualquier caso, a pesar del aspecto campestre de ese conjunto de granjas musealizadas, no nos alejamos mucho del casco urbano de Turku. De hecho, el bloque de pisos en el que vivía Sarah, cuando estuvimos en su casa en 2013, estaba en Kuralaque es un barrio tan residencial como Yli-Maaria, pero que no se encuentra aislado, sino que alberga el noroeste de los suburbios de Turku. Lo que pasa es que, en el extremo de Kurala, ya sí empieza el campo, y, no muy lejos, se conserva un antiguo asentamiento rural, tal y como estaba en los años 50 y 60 del siglo XX.

La visita a Kuralan Kylämäki implicó que nos diéramos un agradable paseo por esa bonita zona campestre de los alrededores de Turku, explorando los edificios de las granjas que formaban parte del pequeño núcleo rural.


Las casas estaban como conservadas en formol, con la cosa de que había actores en algunas de ellas, caracterizados como los antiguos habitantes de las viviendas. Yo no los he sacado en las fotos, pero los figurantes se metían en el papel cuando nos oían llegar, y actuaban con fingida cotidianeidad, como si nosotros no estuviéramos. 

    

Además de casas, en el pequeño conjunto de granjas, en el que se ve que residían unas cuantas familias, había una sauna y varios talleres.


Aquello estaba tan bien caracterizado, que no me resultó difícil imaginar como se vivía allí hace 80 o 90 años, al menos en verano.



No obstante, me pareció muy curioso que existiese en medio del campo esa especie de museo etnográfico con figurantes, teniendo en cuenta que no nos costó nada entrar, y que estuvimos casi solos. Allí, el único gasto que hicimos fue en la Kahvila Omena ja Kaneli, que era una cafetería que era algo más que un decorado, pero que también estaba montada a la antigua usanza.


En Kuralan Kylämäki eché, con Ana, con Julia y con María, un rato sensacional, totalmente improvisado. Lo pasamos genial.

Tras el inciso, voy a acabar el apartado de las experiencias que trajo consigo la boda de Sarah, hablando de nuestra noche en la mökki de los padres de Jaakko.



Una mökki es una cabaña, ubicada en un entorno natural, que los finlandeses usan, sobre todo en verano, para pasar las vacaciones. 

En Finlandia, se estima que hay medio millón de cabañas de verano. Teniendo en cuenta que hay 2'8 millones de hogares, pues eso significa que 1 de cada 6 familias finlandesas tiene una mökki


Si al dato anterior le añadimos que, normalmente, cada cabaña suele estar compartida por varias familias emparentadas (por ejemplo, a la de los padres de Jaakko también van él y Sarah, así como su hermana y su gente), pues el resumen es que en el país nórdico casi todo el mundo tiene ocasión de ir a una mökki. Por eso, para que pudiéramos conocer de primera mano algo tan típico allí, Sarah nos invitó a pasar una noche al borde del Särkijärvi.


En Finlandia hay más de 187.000 lagos. En España hay unos 2.400, lo que pone de manifiesto que lo del país nórdico es algo brutal. Esa cantidad de lagos, quizás explica por qué hay varios que se llaman Särkijärvi. Yo estuve en el que se encuentra en el municipio de Tammela. Tiene 2.200 metros de largo y 900 de ancho, que se traducen en 6.500 metros de orilla, por lo que no es muy grande. Sin embargo, impresiona lo apartado que está. Nosotros, llegamos a él después de conducir durante 20 minutos por un camino de tierra, que atravesaba un bosque, en el que no vimos ni rastro de vida humana. Al asomarnos al Särkijärvi, sí observamos que había otras cabañas en diversos puntos de la ribera, pero la sensación fue de aislamiento casi total.

Luego, sí es verdad que la cabaña tenía todas las comodidades. Por lo visto, antaño las mökki eran mucho más rústicas, pero, hoy día, no solo tienen luz, sino que también cuentan con calefacción, Internet, televisión y agua corriente.


Lo único que no tenía la cabaña de Jaakko era retrete en el cuarto de baño de dentro, es decir, que había que salir al campo a hacer pis, y que había que ir a una letrina exterior para hacer aguas mayores. No obstante, me dio la sensación de que esto era más por romanticismo, que por imposibilidad real de instalar una fosa séptica en la casa rústica.

En todo caso, lo cierto es que la principal particularidad de la mökki era que estaba en mitad del bosque y al borde de un lago, y que contaba con una sauna anexa. Esta se encontraba delante de la cabaña, y se comunicaba con el agua por un camino de madera.



El caso es que mökki significa cabaña, pero la palabra también hace referencia a un concepto, que está relacionado con la cultura finlandesa. Es por eso por lo que casi todos los finlandeses buscan la forma de tener una cabaña con sauna, perdida en la naturaleza y a la orilla de un lago, porque la misma ejerce un poco de refugio emocional. En ella, conectan con sus raíces, poniendo en práctica, de manera relajada, un plan que parece ancestral entre los finlandeses. Nosotros nos dejamos llevar, por lo que empezamos la tarde con una cena, a hora local, en la que no volvieron a faltar las salchichas, las patatas asadas, la cerveza y los plátanos a la plancha.


Mientras cenábamos, la sauna se empezó a calentar, y, al rato de terminar, llegó el momento de ponerse el bañador y de meterse en faena.

  

Entrar en la sauna no es como ir a la iglesia, pero los finlandeses se lo toman como un acto en el que se hace algo más que sudar. Para ellos, pegarse un rato en la sauna, de vez en cuando, es una necesidad física y psicológica. Esa actividad está en su cultura, y han nacido y han crecido con ella, de manera que parece que la usan para reconectarse con el mundo, cuando este se les acelera. Yo, ese momento de paz espiritual no lo viví, como es lógico, pero la parte corporal sí la disfruté. Así, a los diez minutos de estar dentro empecé a transpirar a chorros por todos mis poros. Entonces, me puse a beber, agua y cerveza, y, a fuerza de resistir allí, acabé notando como mi cuerpo se convertía en un colador. Ciertamente, en la sauna la temperatura fue subiendo, y cuanto más sudaba, más líquido me pedía el organismo, más lo ingería, y más sudaba. Al final, tuve la sensación de que lo que tragaba salía filtrado casi de forma instantánea a través de la piel. Yo ya había estado en una sauna seca, pero nunca había aguantado tanto, a base de beber al ritmo al que transpiraba.

Tras un buen rato, pasé a la segunda fase, en la cual debía saltar al lago. La realidad es que eran como las ocho de la tarde, y que había tenido el chaleco puesto hasta un minuto antes de meterme en la sauna. El agua del Särkijärvi estaba lo siguiente a fría, pero no era el momento de ponerse en plan pusilánime, así que me fui hasta el extremo del pantalán y me zambullí. Apenas si aguanté sumergido unos veinte segundos, a lo sumo, y después me salí rápido por la escalerilla, pero el objetivo lo había cumplido.



Los finlandeses suelen repetir el ciclo de sauna y baño varias veces, pero yo me adelanté directamente a la parte final del proceso, es decir, me volví a meter a pasar calor, y cuando estaba sudando de nuevo, me salí a la antesala de la sauna, me eché agua templada por encima con un cazo, me enjaboné, y luego me enjuagué.


En Finlandia, la manera atávica de ducharse es esa, y doy fe de que termina uno limpio como una patena. A mí, el cuerpo se me quedó también perfecto para coger el camino de la cama. Antes, sin embargo, nos tomamos el tradicional tentempié del final del día, que estuvo compuesto por más salchichas, por más cerveza, y por unos chupitos de whisky Laphroaig de 10 años. Ni que decir tiene que dormimos todos como bebés, incluidas las niñas, que se saltaron la parte del alcohol. 

Dando rienda suelta a mi lado friki

Ya dije antes, que Finlandia es un referente en el universo del Metal, y yo soy un fanático de la música heavy, hablando en plan genérico. Son muchos los grupos finlandeses que me gustan. Como integrantes de mi ranking de favoritos podría nombrar a Nightwish, a Amorphis, a Finntroll, a Stratovarius, a Ensiferum o a Korpiklaani, pero hay una banda que está por encima de todas esas. En realidad, está por encima de casi todas los del mundo. Es de Espoo, y se llama Children of Bodom, o más bien se llamaba, porque se disolvió en 2019. Poco después, falleció su cantante, Alexi Laiho, el 29 de diciembre de 2020, lo que implica que el punto y final es definitivo. Estilísticamente, se puede decir que tocaban Melodic Death Metal, pero el mismo estaba trufado de elementos de Power Metal y de Metal Sinfónico, que le daban a sus composiciones un toque mucho más accesible. Su legado lo componen 10 álbumes de estudio, dos en directo, uno de versiones y un bar...

Pero, antes de hablar del Bodom Bar, voy a hacerlo del Bodomjärvi o Lago Bodom, que es otro de los 187.000 lagos que hay en Finlandia. En este caso, mide 3.300 metros de largo y 1.500 de ancho, lo que implica que cuenta con 12.450 metros de litoral. Por tanto, es algo más grande que el Särkijärvi, pero tampoco es el Lago Baikal, precisamente. Lo que ocurre es que está bastante concurrido, porque se encuentra en Espoo, que es la segunda ciudad finlandesa más poblada. Además, Espoo es uno de los cuatro municipios integrados en la Pääkaupunkiseutu, es decir, en el corazón del área metropolitana de Helsinki.


Lo que quiero decir, es que el Lago Bodom no está en un lugar remoto, sino que tiene en su orilla sur uno de los complejos playeros más impresionantes que he visto.


En efecto, la ribera sur del Lago Bodom es llana, y en ella hay una gran playa, que cuenta con todos los servicios necesarios para disfrutar de los días de sol y de calor. Esas instalaciones incluyen hasta un par de piscinas naturales, creadas con pantalanes, con escalerillas y con calles para nadar. 


Se trata de una playa grande, que debe llenarse, pero el día que nosotros fuimos, aunque estábamos en pleno verano, hacía fresco y se hallaba desierta. 


No se yo cuantos días al año serán capaces de disfrutar de ese complejo los habitantes de Espoo. En él, había también un restaurante, un minigolf, zonas deportivas variadas y un gran parque de recreo infantil.


Sin embargo, yo no estaba allí por todo eso. De hecho, no esperaba que el Lago Bodom contara con semejante infraestructura, porque yo lo que quería era poner en contexto la historia que hizo que los integrantes de Children of Bodom le pusieran ese nombre a su grupo. La misma no pega con esas instalaciones dedicadas al ocio sano y familiar, sino que es más bien siniestra...


La citada historia acaeció la madrugada del 5 de junio de 1960. Esa noche, dos chicas de 15 años y dos chicos de 18 fueron salvajemente atacados, mientras hacían acampada libre en la orilla sur del Lago Bodom, no muy lejos de donde está, en la actualidad, la mencionada Playa del Lago Bodom. Tres murieron, y uno se salvó, a pesar de las heridas. El culpable nunca fue encontrado, por lo que el suceso es uno de los hits más importantes de la crónica negra de Finlandia. El caso es que los miembros fundadores de Children of Bodom pasaron su infancia en Espoo, en la década de los 80 del siglo XX, supongo que sugestionados por el misterio de los asesinatos no resueltos, que entonces todavía estaba fresco. En 1993, siendo apenas unos adolescentes, esos jóvenes músicos formaron una banda, llamada Inearthed, pero tuvieron que rebautizarse en 1996, cuando iban a grabar su primer álbum. El nuevo nombre elegido fue Children of Bodom. En aquella época, Alexi Laiho, Jaska Raatikainen, Henka Sepälä y Janne Wirman eran aún menores de edad, lo que implica que el hecho de hacer referencia a los niños del Bodom tenía un doble sentido. En vista de todo eso, yo quise empezar mi frikitour siendo bendecido por las aguas del lago inspirador. 


Fuera de broma, lo cierto es que el Lago Bodom tiene poco de siniestro, a pesar del trágico suceso que acaeció en su orilla, y es un lugar donde uno puede tomarse una foto sonriendo sin que sea raro.


Después de tocar las aguas del Lago Bodom, llegó el momento de ir a buscar el Bodom Bar. La visión del Bodomjärvi me podría haber supuesto un bajonazo, si yo fuera un tío siniestro, que tuviera idealizadas las cosas tétricas. No es así. Por eso, ni me decepcionó el Lago Bodom, ni tampoco me sentí desengañado cuando descubrí que el Bodom Bar está en una calle random de Espoo, que no tiene nada de lúgubre.


El caso es que el Bodom Bar da a una espaciosa acera, que bordea una amplia y diáfana calle de una zona residencial de Espoo, que es de todo menos sórdida. De hecho, el mismo bar es muy poco sombrío.


En efecto, el Bodom Bar cuenta con un buen número de amplias cristaleras, que se abren a la ancha calle que corre por delante, y a un desahogado camino que tiene en el lateral, el cual da a un bonito bosque. Me encantó, porque Children of Bodom siempre hicieron canciones agresivas y duras, que hablaban de la muerte, de la depresión, de la oscuridad, del odio y del dolor, pero eran unos tipos de maneras afables, habituados a reírse de ellos mismos y de la propia intensidad de sus canciones. Eran así en los vídeos, en las entrevistas y en los conciertos. Yo los vi actuar en directo en 2013, por lo que puedo corroborar que no desprendían un aire macabro en absoluto. Por eso, el bareto que han apadrinado Jaska Raatikainen, Henka Sepälä y Janne Wirman los representa. Aparte, en él, sonaba heavy, por supuesto. De hecho, escuché canciones suyas, como Are You Dead Yet? y como Downfall, pero también oí temas de varios grupos minoritarios que me fliparon. Estaba deseando ir en Finlandia a un sitio así.

No obstante, la razón de ser de irme hasta Espoo al Bodom Bar no era solo tomarme una cerveza escuchando buena música, sino que también quería ver el pequeño museo de Children of Bodom que está montado en las paredes del local. En él, vi una guitarra de Alexi Laiho, otra de Alexander Kuoppala, que era el guitarrista que grabó los cuatro primeros álbumes de la banda, así como material usado en el backstage de sus conciertos, un montón de magníficas fotos, y, como no, un considerable número papeles utilizados por ellos en escena, con las canciones anotadas que tenían previsto tocar en cada bolo.

       


En definitiva, tengo que reconocer que estuve en un lugar muy mítico para mí. Larga vida a Children of Bodom y al COBHC.


De cualquier modo, no todo fue Children of Bodom en Espoo. También nos dimos una vuelta por lo que se supone que es el centro de la ciudad, que es lo que aparece resaltado en rojo en el mapa que pongo a continuación (el Lago Bodom es el que está un poco más arriba de ese recuadro rojo).


El problema es que Espoo es una ciudad dormitorio, en la que no hay nada que destaque. A mediados del siglo XX, vivían en ella unas 20.000 personas, y ahora la cifra asciende a casi 300.000. Sin embargo, el objetivo siempre fue que el brutal desarrollo no rompiese la armonía con la naturaleza, lo que ha llevado a una peculiar planificación urbana, basada en la construcción de numerosos núcleos habitados, separados entre sí por amplias zonas verdes y por bosques. Yo pensé que el denominado Espoon Keskus ofrecería algo que no fuera solo funcional, dado que Espoon keskus significa, literalmente, centro de Espoo. No obstante, me equivoqué. 


En efecto, en Espoon Keskus hay una estación de tren, dos grandes centros comerciales y muchos bloques de pisos, repartidos en un área tan amplia como todas las demás del municipio. La única diferencia, quizás, es que hay una mayor concentración de servicios, pero allí no encontré nada que ejerciera de núcleo simbólico de Espoo, ni ningún edificio que destacase por su historia. Espoon Keskus es un enorme barrio dormitorio, surgido en un lugar donde tampoco había demasiado pasado que custodiar. 


Sí me pareció ver en Espoon Keskus, en cambio, un mayor porcentaje de descuideros, es decir, que había varios grupitos de hombres ociosos de aspecto equivoco, repartidos por las esquinas y por los poyetes. Eso no impidió que comiéramos en el Hesburger del Espoontori, que es uno de los centros comerciales a los que me refería antes. De nuevo, se nos había hecho tarde y solo logramos almorzar en un fast food. No obstante, Hesburger es una cadena de hamburgueserías originaria de Turku, y no nos podíamos ir sin catar su propuesta culinaria, así que aprovechamos la coyuntura para hacerlo.


En el Espoontori, el ambiente era normal y corriente, e incluso fuera, el grado de hostilidad era mínimo. En Finlandia, hasta los quinquis ociosos de un sitio como Espoo parecen inocentes ciudadanos. El peligro es confiarse por ello, y como yo tenía la mosca detrás de la oreja, después de un breve paseo nos volvimos y nos fuimos a buscar el Bodom Bar a Niittykumpu, que es otro barrio de Espoo que está cortado por el mismo patrón que Espoon Keskus, aunque se encuentre distante y separado.

Y hablando de negocios de restauración, no quiero acabar sin mencionar dos de Turku a los que no he hecho referencia, pero que son curiosos y que merecen ser nombrados. El primero es Café Manuela.


Café Manuela se fundó en 1994, y tiene una terraza agradable. En ella, nos paramos a merendar un día, aunque, dada la hora que era, yo opté ya por pasar al aperitivo. En cualquier caso, lo que me pareció curioso de ese negocio fue su particular nombre español. No sé quien es Manuela, porque en Internet no hay información al respecto, pero me resultó muy exótico encontrarme en Turku, en pleno Läntinen Rantakatu, un bar así llamado.

El otro negocio digno de mención que visitamos en Turku, no se parecía en nada a Café Manuela. De hecho, realmente era un antro en toda regla.


En efecto, el día que estuvimos comiendo en casa de los padres de Jaakko, parte de los que habíamos coincidido allí, una vez que regresamos al centro de Turku nos fuimos a dar una vuelta, y acabamos en el Pocket Bar & Billiard.


Ir al Pocket fue otra experiencia. Para empezar, el hecho de que no fuera noche cerrada hizo que pareciera menos loco entrar a tomar unas cervezas en un sitio así, aunque la hora pasara de las 10, y pese a que íbamos con dos menores. Incluso, cuando salimos del local era medianoche, pero la claridad seguía sin desaparecer del todo. Fue raro, pero esa circunstancia le dio al rato un toque irreal, que yo disfruté mucho. Aparte, lo que vi dentro no fue menos surrealista. 


El local del bar era muy grande, y la parte del fondo estaba repleta de mesas de billar, en algunas de las cuales estaban jugando unos cuantos rubios de aspecto fornido, con los brazos llenos de tatuajes. En un momento determinado, presenciamos incluso una fuerte bronca, entre una mujer, que parecía estar queriendo sacar a un tío del bar, y el propio maromo, que se veía que había bebido bastante. El problema no llegó a mayores, pero el hombre no se fue. De hecho, el tipo estuvo después un buen rato sentado con otro, en una mesa cercana a la nuestra. Cuando nos fuimos, la mujer seguía fuera del local. Yo no sé en qué movida andaban metidos, la verdad. En todo caso, a pesar del cuadro, el ambiente del local no era para nada hostil. Si no, no me hubiera arriesgado a entrar allí con las niñas. A ellas no les vendieron alcohol, y el resto de la concurrencia fue a lo suyo sin molestar a nadie. Lo que pasa es que la clientela era de lo más variopinto, porque aquello, aparte de ser un bar con billares, era un karaoke. 


Por lo que vi, los usuarios del karaoke eran de dos tipos. Por un lado, estaban las cantantes frustradas, que iban con amigas, o con sus parejas, y que salían a cada rato a demostrar que tenían una capacidad vocal bastante notable. Ciertamente, a la mayoría de la gente que subió a cantar la escuchamos con mucho gusto. Sin embargo, había otras personas que iban solas, y que, además de ahogar sus penas en alcohol, se lanzaban al escenario con más actitud que aptitudes. Esa noche, nosotros, que no pertenecíamos a ninguno de esos dos grupos, pusimos la nota exótica.

Porque, efectivamente, en nuestra improvisada cuadrilla, bautizada como Sarah's Friends, no faltaron los valientes. La primera en arrancarse fue Marta, que era una chica catalana. También le echaron valor dos colombianos, llamados David y Tatiana. No obstante, la estrella de la velada fue Ana, que interpretó This is the Life de Amy MacDonald. Lo hizo muy bien. Me dio la impresión de que los habituales del bar fliparon, dado que era adolescente, que era española, y que salió sola a cantar en inglés. Sin duda, le dio un toque pintoresco a la noche. Ya al final, casi todos nos atrevimos a destrozar juntos Despacito, de Luis Fonsi. Yo no tuve cojones de subir sin compañía, pero sí me marqué unas cuantas estrofas de Despacito, protegido por el grupo.  

El caso es que a los parroquianos, en apariencia les agradó nuestra presencia, por como se comportaron. En contrapartida, nosotros aplaudimos también, la mayoría de las veces con sinceridad. Incluso, lo hicimos con un solitario hombre, entradito en años, que parecía tener el corazón partío, y que interpretó varias canciones de desamor, intentando, supongo, recomponerse así de algún desengaño. En la última, en la cual ya se dejó el alma, le jaleamos tanto por el sentimiento con el que se manejó, que nos hizo una amable reverencia, claramente complacido. Cantaba fatal, pero sus actuaciones fueron tan sentidas, que nos enterneció.

Y esto ha sido todo. He contado mil cosas, en uno de los post más largos que he escrito en este blog. La experiencia lo ha merecido. Yo he disfrutado tanto de cada instante, que hasta ir al supermercado me ha parecido algo sobresaliente. 


No obstante, todavía tengo otra circunstancia surrealista que contar, y es que nos hicieron una entrevista a María y a mí, y la misma se publicó en un periódico de Turku. Resulta que nosotros nos alojamos en el apartamento de Carola, que era una compañera de trabajo de Sarah, la cual se ofreció a alquilárnoslo a un precio bastante módico, yéndose ella a su casa de verano durante la semana, como ya conté hace un buen rato. La tarde que llegamos, Carola nos recibió amablemente, nos dio café y pastel de manzana, y pronto se marchó, pero antes, nos comentó que su pareja era periodista del Åbo Underrättelser, que es un rotativo que se publica en Turku, y que es el más antiguo de Finlandia, nada menos. Ese diario se escribe en sueco, que es un idioma que es cooficial en la zona, y que todos hablan, aunque el primer idioma del 77% de la gente de Turku sea el finés. El caso es que nosotros veníamos de padecer en Sevilla una de esas olas de calor que te hacen la vida casi imposible, con noches de 30º y máximas de 45º. En vista de eso, Kim Lund, que así se llamaba nuestro reportero, quiso aprovechar la oportunidad para escribir un artículo acerca de cómo viven las personas normales en esas condiciones climáticas extremas. Digamos que nos tenía muy a mano, y María y yo estuvimos encantados de que recurriera a nosotros. Fue curioso, porque quedamos con él, nos hizo preguntas durante 20 minutos en el salón de Carola, mientras tomaba notas, luego bajamos y nos hizo unas cuantas fotos, y ahí acabó la cosa... hasta que, pasados unos días, vimos que Kim nos había metido el Åbo Underrättelser del 8 de julio por debajo de la puerta. En él, estaba la noticia que había escrito.


Verme ahí, en un periódico en papel de Turku, que se vende en los supermercados a 4'5 euros, fue la bomba. Todavía no me lo puedo creer.

Junto al periódico, Kim nos había dejado unos folios mecanografiados, en los que estaba traducido el texto al español. Fue todo un detalle. Por Whatsapp, también nos mandó pantallazos de la misma noticia, tal y como se había publicado en la versión digital del diario.




En conclusión, en este blog he hablado de un montón de experiencias que he ido viviendo, pero en pocos viajes se han concentrado tantos momentos espectaculares y únicos como en este. Todavía tengo que volver a Finlandia, a hacer verdadero turismo por el país y a ir más al norte, pero, por ahora, ya atesoro un puñado de recuerdos en mi memoria, que me van a acompañar de por vida.


Reto Viajero TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO
Visitado FINLANDIA.
En 2013 (primera visita), de los 44 Países del Mundo que están en Europa, % de visitados: 29'5% (hoy día 43'2%).
En 12013 (primera visita), de los 196 Países del Mundo, % de visitados: 7'1% (hoy día 10'2%).