Mostrando entradas con la etiqueta Monumentos Destacados de España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monumentos Destacados de España. Mostrar todas las entradas

25 de agosto de 2025

MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 2025

Felipe II accedió al trono de España con 28 años. La edad era perfecta para comenzar un reinado. Además, el hombre gozaba de la principal virtud que tienen las personas de éxito, que es que saben rodearse de gente que suma. Para colmo, se dice que era adicto al trabajo, austero, disciplinado y prudente, por no hablar de que fue un hábil estratega. Por último, sabía como separar su vida privada de la pública. En la actualidad, mantener una imagen intachable es imposible a ciertos niveles, pero antaño tampoco era fácil pasar a la posteridad como un gobernante ejemplar. Si lo hubiera sido, todos lo habrían hecho, pero la historia del planeta está llena de reconocidos dirigentes mequetrefes e inútiles. Por tanto, aunque hoy en día sabemos que Felipe II también era altivo, desconfiado, puritano y supersticioso, y pese a que la fama de asesino, de cruel, de déspota y de tirano ya le persiguió en vida, gracias a la leyenda negra que crearon sobre él sus enemigos europeos, la verdad es que su católica majestad, sin salir nunca de la Península Ibérica, conservó un imperio en el que no se ponía el sol.

No es que los dominios de Felipe II fueran una Arcadia feliz, precisamente, ni yo le debo nada, pero, si se acerca uno a su figura huyendo del peligroso presentismo histórico, es decir, cuando no se le juzga con la mentalidad actual, sino que se le compara con lo demás dirigentes que gobernaron el mundo durante la Edad Moderna, creo que el rey español sale muy bien parado.

Todo esto lo digo, para hacer hincapié en que Felipe II no hacía las cosas al tun tun. Por eso, es significativo que, apenas dos años después de heredar el trono, ya se pusiera manos a la obra para que se construyera un edificio que estuvo llamado a ser el centro del mundo occidental desde su concepción. El rey tenía un plan, y el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue el eje del mismo.


El caso es que Felipe II, al ser coronado en 1556, decidió que iba a promover la creación de un magno edificio, con la excusa de que acogiera la tumba de su padre, la suya y la de los de su estirpe. Para hacerlo, eligió un lugar estratégico en la Península Ibérica, dado que, de manera paralela, el monarca tenía la intención de trasladar la corte a Madrid, cosa que hizo en 1561, para alejarla de los tradicionales núcleos de poder eclesiásticos y de la nobleza. En consecuencia, el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial quedó emplazado muy cerca del nuevo epicentro de España, lo que ayudó a que pudiera pasar, de ser un mero panteón, a convertirse en el corazón del mayor imperio del mundo, que era la idea. Por eso, además de una iglesia y de un monasterio, al mausoleo se le anexó también un enorme palacio, un colegio y un seminario, el cual garantizaba la salud y la supervivencia futura del cenobio y del propio proyecto, así como una brutal biblioteca, destinada a servir de apoyo a las políticas reales.


Con respecto al palacio, que es una parte esencial de El Escorial, lo cierto es que Felipe II, cuando mandó construir su residencia, lo hizo pensando en su potencial estratégico, no en poder corretear por sus jardines o por sus salones. Por ello, no es casual que su morada estuviera unida a un monasterio, ya que pretendía institucionalizar su papel como estandarte del catolicismo. Por esa razón también, aunque podría haber sido más discreto, el soberano diseñó un edificio aislado que brillaba por sí mismo, y no tuvo reparos en gastar una fortuna para que causara el mayor impacto posible. 

El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial se empezó en 1563 y se dio por terminado en 1586. 439 años después de que se pusiera su última piedra, todas las partes en las que se encuentra dividido siguen en uso, con la cosa de que, salvo en el caso del sector palaciego, que está musealizado, la utilización que se le da a los espacios es la misma para la que fueron concebidos.

Espero que esta larga introducción haya puesto en contexto la descripción que sigue del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. En parte, he repetido lo que dije tras la visita de 2023, pero creo que es importante tener claros ciertos aspectos, a la hora de entender como está organizado el gran edificio. En lo que queda del post, voy a tratar de contar cosas nuevas, sin ser reiterativo, para que este artículo sirva de complemento al que escribí hace dos años.

De todas maneras, la estructura de la narración sí la voy a mantener. Así, en 2023 dividí el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en ocho partes, y ahora voy a hacer igual. En aquella ocasión, recorrí el edificio integrado en un grupo organizado, con la cosa de que, en algunos momentos, el tour me pareció que fue un poco atropellado. En este caso, íbamos por libre, pero consideré que ninguno de nosotros estaba preparado para sacarle el jugo al mastodóntico inmueble, si nos dedicábamos a deambular por sus salas por nuestra cuenta.


Por ese motivo, compramos la entrada con antelación y nos unimos a una visita de las oficiales del Monasterio. Fue un acierto, porque la guía, cuyo nombre no recuerdo, nos condujo con maestría por seis de las ocho partes del edificio. Gracias a ella, me enteré de un montón de cosas, y también me eché unas risas, ya que avivó las explicaciones con su humor ácido y un poco sarcástico.

La división en ocho partes de la que hablaba antes, es más didáctica y funcional que real, pero lo que sí que es patente, de manera formal, es que el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial tiene tres pisos (la planta baja, la planta primera y el sótano). Lo de intentar repartir los 33.327 m² de la superficie del edificio en sectores, se debe que me gustaría aclarar un poco como está organizada su laberíntica estructura interior.

La Zona Exterior, la Basílica y el Palacio de Felipe II

Todas las visitas al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial empiezan y terminan en la Lonja, por lo que este es el enclave más relevante de la Zona Exterior.


La Lonja es el nombre que reciben las explanadas que se extienden frente al Monasterio por sus lados norte y oeste. Alrededor de estas, hay unos cuantos edificios más pequeños que no conozco.

En 2023, accedí al Monasterio por su flanco oeste, que es el principal. El otro día, en cambio, lo hice por la puerta dispuesta para los visitantes que van por libre, es decir, por la que da paso al Zaguán del Personal de Boca. Antaño, por ahí entraba en el edificio el personal de servicio del rey. En la actualidad, las taquillas están un poco más allá, en la Antigua Cocina de Boca, que es donde se cocinaban las viandas que comía la familia real. 

El tema es que el orden en el que vimos las diferentes partes del complejo varió en esta ocasión, con respecto a lo que hicimos en 2023. Además, tampoco pudimos entrar en la Basílica de San Lorenzo de El Escorial, porque estaba cerrada. Por suerte, yo ya la traía vista de la otra vez. En ese sentido, la explicación de la guía, relativa a la gran iglesia, la escuchamos en el nártex de la misma, debajo de su sobria fachada. 



En la iglesia no entramos, pero, a pesar de ello, fue interesante el trayecto que hicimos para ir desde el lugar donde se había formado el grupo, cerca de las taquillas, hasta el mencionado nártex, ya que pude atravesar el Patinejo de Boca y el Patinejo de Oficios. Estos vertebraban las dependencias por las que se movía el servicio del rey, que estaban situadas en la parte del Monasterio conocida como Palacio de Felipe II.

  

Después de dejar atrás el Patinejo de Oficios, pasamos al Patinejo de Palacio, que ya colinda con la Basílica, atravesamos por debajo la Torre de Campanillas, y accedimos al nártex.

Ya he mencionado el Palacio de Felipe II, por lo que voy a seguir hablando de él, pese a que nuestra visita guiada dejó para el final la mayor parte de ese sector. 

El Palacio de Felipe II se distribuye en dos partes. Se denominan Casa del Rey y Palacio Público. En la primera, se diferencia a su vez entre el Palacio de Verano y el Palacio de Invierno. La mayoría de este último está en la planta baja del Monasterio, al nivel de las dependencias conventuales, y a la espalda de la Basílica. Sin embargo, la Casa del Rey se extiende también al sótano, donde se encuentra situado el Palacio de Verano. Hoy en día, esas salas se usan como un museo que yo no conozco, en el que se hallan expuestas muchas de las obras de arte de la colección de Felipe II.

Por lo que respecta al Palacio Público, el mismo se ignora en la visita, salvo la parte por la que se accede al edificio para llegar a las taquillas, que es el sector donde están las estancias en las que se manejaba el servicio, como ya conté antes, y también a excepción de otra sala de la que voy a hablar ahora. 


En efecto, hay una pieza del Palacio Público que se avista siempre, y que no deja indiferente a nadie. Se denomina Salón de Las Batallas o Galería Real. Se trata de un largo corredor, que comunica el Palacio Público con la Casa del Rey. Las paredes del mismo se encuentran pintadas con varios frescos, en los que se muestran escenas guerreras en las que las tropas españolas salieron victoriosas. En origen, el objetivo de esa profusa decoración era indicar a los visitantes, que estaban obligados a pasar por allí para ser recibidos por el soberano, que las campañas de Felipe II por la hegemonía europea, representadas por la Batalla de San Quintín y por la Batalla de la Isla Terceira, entroncaban con la actitud combativa demostrada por los monarcas cristianos castellanos de la Edad Media, que se refleja en las imágenes de la Batalla de la Higueruela. La ornamentación, por tanto, tenía un punto propagandístico.


Por su parte, el Palacio de Invierno de la Casa del Rey es uno de los sectores del Monasterio que se suele visitar con más detenimiento, ya que llama la atención, dado que nos acerca al lado humano de Felipe II y de su familia.

Cuando Felipe II se trasladó a vivir al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial contaba 59 años. En 1580, seis años antes, había enviudado por cuarta vez, y no se había vuelto a casar, por lo que se mudó sin reina. Sin embargo, sí había una mujer en su vida, y no estoy hablando de su querida, que amantes no se si tenía ya por aquel entonces. Me refiero a que, a esas alturas de su reinado, Felipe II se apoyaba para gobernar en su empoderada hija Isabel, que fue la mano derecha del monarca hasta su muerte. El caso es que, en el Palacio de Felipe II, está por un lado el Cuarto del Rey, y por otro el Cuarto de la Reina. Este iba a ser para Isabel de Valois primero, y para Ana de Austria después, pero no lo pudieron ver terminado ninguna de las dos. En efecto, Isabel era la reina consorte en el momento en el que se comenzó El Escorial, y Ana la sustituyó en el trono al fallecer la francesa, pero ella tampoco logró ver finiquitado el edificio. Tras estos últimos matrimonios, Felipe II no se desposó más, pero sí se dejó ayudar mucho por su vástaga, que se acabó instalando en el Cuarto de la Reina. Por eso, también se le conoce como Cuarto de la Infanta.

En general, todo el sector privado del Palacio de Felipe II destaca por la mesura, a pesar de lo exagerado que fue el monarca con las proporciones del edificio y con el nivel de los elementos decorativos de otras dependencias del mismo. Aparte, la estructura del Cuarto del Rey y del Cuarto de la Reina es simétrica. En efecto, en ambos, la Pieza Principal de la Cámara tiene dos puertas. La primera da paso a la Alcoba y la segunda al Escritorio.

 
El dormitorio de la foto de la izquierda es el de la parte de la infanta, pero, en cambio, el despacho es el de Felipe II. En ese lugar, el rey burócrata pasó muchos ratos trabajando. Los muebles no son los originales, pero sí son igual de antiguos. En líneas generales, el mobiliario de las habitaciones responde a lo que se sabe que había en ellas en el siglo XVI.

Por otro lado, tanto el pequeño despacho del rey, como el espacio equivalente de la reina, tenían una puerta, que se ve en la fotografía que he puesto arriba. Ese portón daba acceso al Oratorio, que se asomaba directamente al interior de la Basílica. Por su parte, los dormitorios tienen también sendos ventanucos, que permitían ver desde la cama, de manera directa, la zona principal de la iglesia.

Más allá de las estancias privadas del rey y de la reina, la parte de uso personal del segundo continuaba. En efecto, atravesando una puerta, Felipe II podía pasar de sus cámaras más íntimas a la Sala del Rey, que era donde comía.


Después, desde la Sala del Rey Felipe II tenía la posibilidad de acceder, a través del magnífico portón de marquetería alemana de la imagen, a la Galería de Paseo de Invierno. Sin embargo, nosotros tiramos por una puerta lateral, que nos condujo a la Pieza Grande de Secretarios.


En esa estancia hay dos puertas. La del fondo comunica con la Sala de Retratos o de Audiencias, y la segunda, que es la que cogimos nosotros, nos llevó a la mencionada Galería de Paseo de Invierno, que es por donde el rey se movía un poco los días en los que no podía salir al exterior por el mal tiempo.


Desde la Galería de Paseo de Invierno también hay un acceso a la Sala de Audiencias o de Retratos, que era donde Felipe II recibía a las visitas inexcusables.


Por explicarlo un poco mejor, el monarca pasaba mucho tiempo en sus aposentos, ya que en ellos dormía, trabajaba, comía e incluso paseaba. Estas últimas dependencias, es decir, las estancias en las que almorzaba o por la que estiraba las piernas en los días malos de invierno, estaban conectadas con las habitaciones en las que los secretarios curraban, las cuales, a su vez, daban a la Sala de Audiencias. A ella, el rey podía acceder directamente desde la Galería de Paseo de Invierno. Por su parte, el afortunado que llegaba a ser recibido en El Escorial (lo habitual era que el interesado se viera obligado a esperar a que Felipe II se trasladara al Real Alcázar de Madrid), hasta que le daban permiso para encontrarse con el soberano en la Sala de Audiencias permanecía en la Pieza de Guardias.


Cuando el personaje que iba a ser recibido ya estaba en la Sala de Audiencias, el rey entraba en ella desde la Galería de Paseo de Invierno, que también conectaba por dentro con la secretaría y con sus aposentos más privados. En la Sala de Audiencias, el monarca recibía al visitante. Esa habitación, daba también directamente a los despachos de los secretarios, de manera que, si había algún documento que estudiar, o había algo que estos tenían que ver, lo podían hacer en la dependencia contigua. 

En definitiva, el Palacio de Invierno del Palacio de Felipe II es uno de los sectores de El Escorial donde más se detienen las visitas. En él, destaca la moderación, la sencillez y la ausencia de ornamentos. Parece claro que Felipe II quería dar una imagen de hombre austero y sobrio a los que le trataban de cerca.

La Zona Conventual

La otras dos partes del Monasterio que se ven con más detenimiento son el sector conventual y el de los enterramientos. El primero de ellos está comunicado con la zona privada de Felipe II, pero la entrada principal se encuentra en el propio nártex de la Basílica. Desde este, se accede a una estancia, que se ubica bajo la Torre del Reloj o de las Campanas, la cual ejerce de zaguán del cenobio. A continuación, se pasa a la Sala de la Trinidad, que era el que hacía las veces de locutorio del mismo.


En la imagen, es el cuadro que se ve en el centro es que le da el nombre a la sala. Se titula La Santísima Trinidad, y lo pintó José de Ribera en 1635. Realmente, todo el sector conventual que se muestra a los visitantes está trufado de obras de arte. En origen, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial era un museo en sí mismo, ya que Felipe II lo llenó de lienzos de nivel top. Hoy día, muchos de estos se exponen en el Museo del Prado, pero hay unos cuantos que se han dejado en el cenobio. La Santísima Trinidad es el primero que uno se encuentra.

El sector conventual del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial ocupa la esquina sureste del edificio, y se vertebra a partir de un gran patio central, que no se puede ver. A su alrededor, el Claustro Principal Bajo ejerce de elemento distribuidor de un montón de estancias.


Las galerías del claustro están decoradas con 54 frescos, que narran la historia de la redención. Son obra de Pellegrino Tibaldi, que los pintó entre 1588 y 1595. En uno de ellos, se puede comprobar que ya había cretinos en el siglo XIX, dado que se observan grafitis incluso de 1825.


Cuando el efecto de una gamberrada es capaz de sobrevivir dos siglos, acaba adquiriendo su propio valor histórico, por lo que se han dejado para la posteridad las firmas que hay en los frescos de Tibaldi, los cuales ahora están protegidos por un panel de metacrilato.

Probablemente, el elemento más espectacular del Claustro Principal Bajo es la Gran Escalera. En su techo, está pintado un fresco de Luca Giordano, que se titula La Gloria de la Monarquía Española


Luca Giordano era famoso por su capacidad de trabajo y por la rapidez con la que pintaba, usando las dos manos. Ese par de circunstancias posibilitaron que fuera muy prolífico. En concreto, La Gloria de la Monarquía Española la terminó en 7 meses, cuando ya tenía casi 60 tacos.

Unos años antes de que Giordano plasmara su fresco, Pellegrino Tibaldi había pintado debajo cinco murales, titulados Cristo Resucitado de entre los Muertos, que le aportan una espectacularidad extra a la Gran Escalera. En ella, todas las visitas guiadas se detienen bastante, por las obras de arte y por la escalinata en sí, dado que esta es una de las primeras de tipo imperial erigidas en España. La misma une el Claustro Principal Bajo con la zona donde siguen viviendo los monjes del Monasterio.

Otro punto de referencia en el Claustro Principal Bajo es la Iglesia Vieja. Esta, en realidad, es solo una habitación que se habilitó para celebrar misas durante el tiempo en el que la Basílica estuvo en construcción.


La sillería de la Iglesia Vieja es la original del siglo XVI. Sin embargo, el elemento estrella de la sala es el gran cuadro de Tiziano que está colgado de una de sus paredes. Se titula El Martirio de San Lorenzo, y es otra de las obras de arte inmortales que se pueden seguir contemplando en El Escorial.


Las demás estancias destacadas que se abren al Claustro Principal Bajo son la Sala Vicarial y la Sala Prioral. En ellas, se celebraban antaño las asambleas de los monjes del cenobio. Hoy en día, en las paredes de ambas brillan más lienzos de primer nivel. Uno de los sobresalientes es El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana, de El Greco

El cretense Doménikos Theotokópoulos pisó España por primera vez con 36 años. Llevaba una década instalado en Italia, pero, en ese periodo, en el que empezó a ser conocido como Il Greco, su genialidad estuvo todavía en formación. En 1577, merced a unos contactos que había logrado hacer, tras una breve estancia en Madrid se instaló en Toledo, que era una de las mayores ciudades de Europa por aquel entonces. Allí vivió 37 años, hasta la misma fecha de su muerte, convertido ya en El Greco. El caso es que el Monasterio del El Escorial se encontraba en plena construcción en 1577, y Felipe II había invitado a los más reputados artistas italianos de la época a que se implicaran en su decoración. Por eso, en El Escorial hay obras de Tiziano, de Tintoretto, de Veronés, de Luca Giordano, de Pellegrino Tibaldi o de Federico Zuccaro. El Greco, que en Italia se había visto un tanto eclipsado por todos ellos, en España decidió apostar fuerte, logrando que Felipe II le encargara un cuadro. El mismo lo entregó en 1579, y trajo consigo otro encargo, que estaba destinado a ir colocado en el altar de la capilla noroccidental de la Basílica de San Lorenzo de El Escorial. Parece que El Greco sintió que, si se lucía con el nuevo lienzo, tenía opciones de pasar a ser el pintor de cabecera del rey, por lo que se empleó a fondo entre 1580 y 1582, y dio a luz El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana


Por desgracia para El Greco, a Felipe II su creación no le gustó nada. Por lo visto, no le moló la escena que se representó, ni la disposición de los personajes, ni el hecho de que el lienzo inspirara más a la reflexión que a la oración. En consecuencia, El Martirio nunca llegó a colocarse en la Basílica y El Greco no volvió a trabajar para el monarca. No obstante, este admitió la calidad de su cuadro y le pagó bien por él, por lo que el El Greco regresó a Toledo con su reputación intacta, y ya no se movió de allí. La pintura, por su parte, se quedó en El Escorial. En la actualidad, está ubicada en el Zaguán de las Salas Capitulares, entre la Sala Vicarial y la Sala Prioral. Por lo demás, las obras que hay en las paredes de estas son espectaculares. Dos ejemplos son La Túnica de José de Velázquez (en la foto de la izquierda), y La Última Cena de Tiziano (en el centro de la foto de la derecha).

  

En relación con La Ultima Cena de Tiziano, resulta curioso que esta obra estaba al principio en el refectorio del Monasterio, que era donde comían los monjes, con la cosa de que se recortó el lienzo original por sus cuatro lados, para que encajara bien en la pared de esa sala. Hoy en día, no se le pasa a nadie por la cabeza mutilar un cuadro de Tiziano, pero en aquella época no lo dudaron.

San Jerónimo Penitente es otra obra notable de Tiziano que se expone en la Sala Vicarial. Junto a ella, hay una puerta, a través de la cual se puede bajar a los Panteones.

Los Panteones

Desde su concepción, una de las funciones primordiales de El Escorial fue albergar las tumbas de los reyes de España. Sin embargo, al fallecer Felipe II los Panteones no existían. De hecho, la primitiva cripta sepulcral en la que el soberano enterró a su padre, Carlos I, estaba situada justo debajo del Altar Mayor de la Basílica, y él mismo murió, en 1598, pensando que iba a reposar para siempre en el presbiterio de esta. No obstante, en el siglo XVII se excavó el suelo del panteón original, y se construyó el Panteón Real, que se terminó en 1654. Por su lado, el segundo sector de los Panteones, que se corresponde con el Panteón de Infantes, se concluyó en 1888.

Nosotros accedimos a los Panteones por la escalera que los conecta con la Sala Vicarial, como he dicho. Después, fuimos recorriendo una a una las nueve cámaras sepulcrales del Panteón de Infantes, en las que reciben sepultura las reinas que no han sido madres de reyes, y también otros miembros de la familia real. En esas salas, todo está hecho de mármol. En ellas, yo destacaría, en primer lugar, la tarta poligonal de la Cámara IV, en la que se entierra a los infantes muertos antes de cumplir los 8 años. En total, hay 34 niños y niñas en el Mausoleo de Párvulos.


En la Cámara V, sorprende la especial preeminencia que se le dio a Don Juan de Austria, que fue un hijo ilegítimo que tuvo Carlos I, cuando su heredero Felipe tenía ya 20 años. El Sepulcro de Don Juan de Austria, esculpido por Giuseppe Galeotti, evidencia la reputación como militar que llegó a alcanzar el medio hermano de Felipe II, que había sido reconocido por su padre, por lo que siempre estuvo considerado como un miembro más de la familia real.


En la Cámara VI está enterrada buena parte de la familia directa de Isabel II, que fue la promotora del Pabellón de Infantes en el siglo XIX. 


No solo hay sepulcros vacíos en la Cámara VIII, pero sí es en esta sala donde se ven un mayor número de huecos para los cadáveres de los miembros de la familia real que mueran en el futuro.


Alfonso de Borbón-Dos Sicilias es la última persona que ha recibido sepultura en el Panteón de Infantes. Era nieto de Alfonso XII y sobrino de Alfonso XIII, y fue trasladado a su morada definitiva desde el Pudridero en 2004.

El Pudridero es una cámara no visitable de los Panteones, en la cual se reservan los cadáveres durante tres décadas, a la espera de que se descompongan y se pueda depositar lo que quede de ellos en la tumba que le corresponda a cada uno, ya esté esta en el Panteón Real o en el Panteón de Infantes. En momento presente, aguardan para ser llevados al primero Juan de Borbón y María de las Mercedes de Borbón, es decir, los padres de Juan Carlos I. Aparte, en el Pudridero hay otros tres miembros de la realeza, que serán trasladados al Pabellón de Infantes en los próximos años.

Por lo que respecta al Panteón Real, en él hay 26 tumbas. Todas están llenas, menos las que acogerán a Juan de Borbón y a María de las Mercedes de Borbón. Lo que va a pasar con Juan Carlos I y con la reina Sofía cuando fallezcan, así como con los actuales monarcas, es un misterio, porque parece que no tienen un sitio definido.

El Palacio de los Borbones

Quitando el Colegio de Alfonso XII, al que no pueden acceder los turistas, el Palacio de los Borbones es la parte del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial que peor he visto. Las razones son que no lo he recorrido con un guía, sino que he ido por libre, y también que las dos veces lo he dejado para el final. Por eso, he pasado por sus dependencias estando ya cansado, tras un par de horas de ruta por el resto del edificio, y sin que nadie me haya explicado un poco las cosas. Aun así, yo he tratado siempre de fijarme en algunos detalles concretos.

El Palacio de los Borbones ocupa la primera planta de la esquina noreste de El Escorial. Con los Habsburgo, en esas habitaciones era donde se alojaba la familia real, salvo el rey y la reina, así como los gentileshombres de la Corte que tenían categoría para dormir cerca de sus majestades. En el siglo XVIII, Carlos III hizo que se reformara todo ese sector, para que su parentela se sintiera más cómoda, dado que él seguía usando los aposentos que habían sido de Felipe II. Lo curioso es que estos también estuvieron decorados al gusto borbónico hasta hace unos 70 años, que fue cuando se les devolvió la apariencia original. Sin embargo, las demás estancias se dejaron con el aspecto barroco que mantienen hoy día.


En nuestro recorrido por el Palacio de los Borbones, pasamos, por ejemplo, por la Antecámara y por la Pieza del Ujier, que están en la zona conocida genéricamente como Cuarto de la Reina, así como por la Pieza de Entrada o por la Sala de Telémaco del Cuarto de la Infanta. En este, me volví a parar en el espectacular Salón Pompeyano, que en su día fue el cuarto de las amas de cría. 


En general, todas las dependencias borbónicas son una sucesión de habitaciones profusamente decoradas, que cumplían unas funciones concretas. Para verlas bien hay, que echar allí un buen rato. Mi idea es centrarme en esa parte la próxima vez.

La Biblioteca Laurentina

La Biblioteca Laurentina tampoco forma parte de las visitas guiadas. La nuestra acabó en el Patinejo de Boca, es decir, al lado de donde había empezado. Por tanto, para ir a la biblioteca desde allí volvimos a dirigirnos al Patio de los Reyes


En uno de los extremos de este se encuentra la Basílica, mientras que en el otro está el Zaguán Principal (en la foto que acabo de poner, es lo que hay tras los tres arcos que se ven al fondo). Desde el Zaguán Principal se puede subir a la biblioteca.

Con independencia del enorme valor de sus fondos, la Real Biblioteca Laurentina aparece a la cabeza de la mayoría de los listados en los que se detallan cuáles son las bibliotecas más grandiosas de España


Gran parte de la espectacularidad de la biblioteca de El Escorial se debe a las pinturas al fresco de los techos, que fueron ejecutadas por Pellegrino Tibaldi. El lombardo trabajó durante una década en el Monasterio, y es responsable de varias de las obras maestras del mismo, como ya ha quedado claro.

Realmente, lo que se visita en la Biblioteca Laurentina es el Salón Principal, que alberga libros impresos, pero, por lo visto, en ella hay más dependencias. En una, creo que se conservan los manuscritos, y antaño, he leído que había otra en la que se guardaban a buen recaudo las obras prohibidas. 

En las estanterías del Salón Principal, los libros se encuentran colocados con las cantos de las hojas hacia fuera. Están así para que el papel respire, parece ser. Por otro lado, en el centro de la gran sala hay una serie de mesas de la época de Felipe II, sobre las que reposan globos terráqueos, astrolabios y vitrinas con mapas.

El Colegio de Alfonso XII

El Real Colegio de Alfonso XII no se visita, porque se sigue usando como centro educativo. Este no es exactamente el que creó Felipe II, pero es heredero del mismo. En la actualidad, es concertado en infantil, en primaria y en la secundaria obligatoria, por lo que está al alcance de casi todos los habitantes de San Lorenzo de El Escorial. Para el bachillerato, en cambio, la institución sí pasa a ser privada al 100%, lo que la sitúa a otro nivel. Aparte, como se puede deducir con facilidad, se trata de un colegio religioso, pero, con independencia de eso, yo opino que estudiar en un sitio con tanta historia debe ser alucinante.

En el último par de años, he ido dos veces al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La visita de 2023 fue un pelín apresurada, pero la del otro día la pude saborear a la perfección. En realidad, la mayoría de las zonas del edificio que están abiertas a los turistas ya las he visto muy bien, salvo la parte del Palacio de los Borbones y la del Palacio de Verano, que aún tengo que recorrerlas con calma. También me gustaría echarle un ojo a los rincones del complejo que no se enseñan normalmente, que no son pocos, pero esto soy consciente de que va a ser más difícil. No obstante, nunca se sabe lo que deparará el futuro...


Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitado REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL.
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados en la Comunidad de Madrid: 50% (hoy día, confirmada ya esta visita, 50%).
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados: 1% (hoy día, confirmada ya esta visita, 43%).


14 de agosto de 2025

CATEDRAL DE BURGOS 2025

No está muy claro cuantas catedrales católicas hay en España en la actualidad. No debería ser difícil establecer el número, porque el vocablo catedral hace referencia a la iglesia en la que los obispos tienen su sede. Cada uno de estos ostenta la potestad sobre una diócesis, lo que significa que, si el territorio español se divide en 71 diócesis, que eso sí es incuestionable, tendría que haber 71 catedrales activas (en realidad, serían 70, porque hay una diócesis que abarca todo el país, de acuerdo con un criterio diferente, y comparte sede). Sin embargo, en la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia Católica, que se puede consultar en la página web de la Conferencia Episcopal Española, se afirma que hay 87 catedrales. Como no se detallan, no sabemos cuáles son, pero es evidente que existen diócesis que tienen más de una catedral, o, mejor dicho, que cuentan con una catedral y con una concatedral. Las concatedrales son iglesias que tienen obispo y rango de catedral, pero que se encuentran subordinadas a alguna otra catedral principal de la misma diócesis.

Para encontrar un listado razonado de las catedrales españolas, una fuente oficial válida es el Plan Nacional de Catedrales, que se aprobó en 1990 y se revisó en 2012.


El Plan Nacional de Catedrales fue una publicación del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que estableció unas pautas y una metodología a la hora de desarrollar el programa de intervenciones sobre las catedrales españolas, dado que son unos bienes culturales complejos, que requieren actuaciones coordinadas y controladas. Como es lógico, en ese documento se definió qué edificios eran los que se veían afectados por las normas. El problema es que esa relación contiene 93 catedrales. Por tanto, los números, incluso los oficiales, empiezan a bailar. Una de las claves de la variación es que en el plan de conservación se incorporan 7 antiguas catedrales con título canónico y honorífico, que también están sujetas a las medidas de especial protección. En la lista, sí se precisa el nombre de estas. Sin embargo, no se especifica cuáles de las 86 iglesias restantes son catedrales y cuáles son concatedrales.

En consecuencia, se necesita una tercera fuente para averiguar la identidad de las 70 sedes diocesanas y de las concatedrales, y también para intentar esclarecer por qué es diferente el número de iglesias con rango vigente de catedral de la web de la Conferencia Episcopal (87) y la cifra equivalente del Plan Nacional de Catedrales (93 menos 7, es decir, 86). Esa tercera fuente que he usado es la página gcatholic.org, que recoge, de manera exhaustiva, una impresionante cantidad de datos relacionados con la iglesia católica. La web la mantiene y la actualiza desde 1997 un canadiense, llamado Gabriel Chow. En una de sus listas, detalla todas las catedrales del mundo separadas por países, y distingue, además, entre catedrales, concatedrales y antiguas catedrales. 

El tema es que, tras cuadrar las tres fuentes, se podría establecer que existen en España 72 catedrales (ahora explicaré por qué no son 70, que es el número de diócesis que he dicho arriba que tienen una sede concreta), 13 concatedrales (Monzón, Logroño, Cáceres, Mérida, Alicante, Soria, Ferrol, Castellón, Guadalajara, Albarracín, Vigo, Tudela y Ceuta) y 7 antiguas catedrales (son iglesias que ya no son sede de cátedra, y que están en Roda de Isábena, Cádiz, Cartagena, Madrid, Lleida, Vitoria y Salamanca). Además, hay que incluir 3 excepciones en la relación. La primera es la Colegiata Basílica de Santa María de la Aurora de Manresa, que, por lo visto, tiene cabildo desde tiempos muy pretéritos, pero que no tiene a nadie que ejerza la prelatura, no sé por qué, por lo que no es una catedral ni una concatedral. Son también excepciones contempladas en las fuentes la Iglesia Mayor de Baza, que dejó de ser concatedral en 1851, así como la Catedral de Baeza, que es otra rareza, porque tuvo obispo de 1227 a 1249 y no ha perdido del todo su estatus, como sí que le ha pasado a iglesias similares, dado que el cabildo catedralicio de la diócesis de Jaén se compone de canónigos de Jaén y de la propia Baeza. En total, la cifra final es de 95 templos.

Dicho todo esto, quedarían por aclarar dos cosas, por tanto. La primera es por qué hay 72 catedrales, pero solo 70 diócesis con sede independiente. La segunda es por qué nos ha salido un listado de 95 iglesias que, o tienen el rango de catedral, o lo rozan, pero la Conferencia Episcopal habla de 87 y Plan Nacional de Catedrales de 93 (86 más 7).

La primera de las incógnitas es la más fácil de responder. Dejando a un lado el ordinariato para los católicos orientales de España, que es la diócesis 71, pero cuyo obispo es el de Madrid, por lo que comparte sede con la diócesis de la capital, existen 70 diócesis con sede propia. No obstante, hay un par de ellas que, en vez de manejarse con una catedral y con una concatedral, lo hacen con dos catedrales. Se trata de sendas diócesis, en las que la prelatura se asienta en dos catedrales cercanas, por decirlo de otra forma. Las dos diócesis singulares con dos catedrales son la de Zaragoza, que cuenta con la Seo del Salvador y con la Catedral Basílica del Pilar, y la de Calahorra y La Calzada-Logroño. Esta tiene la sede episcopal tanto en la Catedral de Calahorra, como en la de Santo Domingo de la Calzada, además de contar con una concatedral en Logroño.

Aparte, la respuesta a por qué la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia Católica habla de 87 catedrales activas y el Plan Nacional de Catedrales de 86, es algo más enrevesada. Para empezar, ambas cifras comprenden la catedrales (72) y las concatedrales ya enunciadas (13). Sin embargo, la Conferencia Episcopal solo tiene en cuenta además, yo creo, a la Iglesia Mayor de Baza y a la Catedral de Baeza, ignorando a las 7 antiguas catedrales y a la Colegiata Basílica de Manresa. Por su lado, el Ministerio de Cultura suma a las 85 catedrales y concatedrales las 7 excatedrales, la Iglesia Mayor de Baza, la Catedral de Baeza y la Colegiata Basílica de Manresa, pero, en cambio, no incluye en el listado del Plan Nacional de Catedrales las concatedrales de Ferrol y de Vigo. No sé por qué.

Por último, en gcatholic.org se mencionan otras 12 antiguas catedrales, aparte de las 7 ya enumeradas, que fueron sede episcopal durante breves periodos de la historia, pero que no son edificios suficientemente significativos como para que se hayan incluido en el Plan. Yo en esas no voy a entrar.

Fijamos, por tanto, que en España tienen dignidad catedralicia, del todo o en parte, 72 catedrales, 15 concatedrales (sumando las iglesias de Baza y Baeza a las 13) y 7 antiguas catedrales relevantes, más la Basílica de Manresa. Son, en total, 95 grandes edificios. Yo, en este blog he hablado ya de una de las concatedrales (la Catedral Vieja de Salamanca) y de 8 catedrales (he narrado que he entrado en las de Oviedo, Sevilla, San Sebastián, Salamanca, Jaén, El Burgo de OsmaAlbacete y la Almudena de Madrid). También he hecho referencia a visitas pasadas a la Mezquita-Catedral de Córdoba, a la Catedral de Granada y a la Catedral de Zamora. Ahora, por fin, le ha llegado el turno a la Catedral de Burgos.


La Catedral Basílica Metropolitana de Santa María

La Catedral de Burgos es la tercera más grande de España por superficie. Se empezó a construir el 20 de julio de 1221, dos años después de que Fernando III se casara en la anterior catedral románica de Burgos y a todos les diera la impresión de que esta se había quedado pequeña, a pesar de que se había ampliado su cabecera hacía unas décadas.


En la maqueta, se ve como se supone que era el templo románico y hasta donde llegó la ampliación de la cabecera. En 1221, se puso la primera piedra de la nueva catedral, que se empezó por el presbiterio, para poder seguir usando la otra mientras se avanzaba con la sustituta. No obstante, la faena avanzó a buen ritmo, por lo que, apenas una década después del inicio de la construcción del edificio, ya se podía celebrar culto religioso en él, de manera que se demolió la antigua seo. 

40 años después del comienzo de las obras, la nueva Catedral de Burgos pudo ser consagrada, con su estructura básica acabada. Sin embargo, el edificio no ha dejado de sufrir modificaciones de cierta importancia hasta el siglo XVIII. Sus icónicas agujas, por ejemplo, se erigieron entre 1442 y 1458. 


La rotura de gran parte de sus vidrieras en 1813, durante la Guerra de la Independencia, fue la última gran vicisitud que vivió la Catedral de Burgos. Después, los sobresaltos se terminaron para ella, al menos los negativos, ya que, desde el punto de vista positivo, en 1984 se convirtió en la primera catedral española en ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con la cosa de que, aún hoy, es el único templo catedralicio de nuestro país que ostenta esta distinción de forma independiente, sin estar unido a otros edificios o al centro de su ciudad. En 2024, recibió a 425.000 visitantes, lo que certifica que es un referente turístico en España.


Mi primera visita real

Yo quería empezar este post diciendo que le tengo un cariño especial a la Catedral de Burgos, pero me he enrollado un poco con la introducción, por lo que lo digo ahora. La razón de ese apego es que me preguntaron por ella en el examen de historia del arte de selectividad, allá por el Pleistoceno. Puede parecer una tontería, pero aquella mañana del mes de junio de 1996 estaba como un flan, y, al ver en el folio las fotos de la catedral burgalesa, casi di un grito de alegría, porque, no solo la reconocí al instante, lo cual fue básico, sino que, además, es que me sabía el tema de la arquitectura gótica a la perfección. Todos mis conocimientos los apliqué a lo que se veía en las imágenes, y saqué tan buena nota que no lo he olvidado.

El caso es que, a pesar de esa querencia, yo solo había entrado en la Catedral de Burgos una vez. En la ciudad había estado en un par de fugaces ocasiones, y en la segunda pude asomarme al interior del templo catedralicio, pero la visita fue un poco atropellada. Tanto que, hasta hace unos meses, mi único recuerdo de la Catedral burgalesa se parecía más bien a lo que se ve en la siguiente fotografía.


En efecto, la visión de la Puerta de Santa María desde la plaza homónima era todo lo que yo guardaba en la retina de la Catedral de Burgos


Lo cierto es que en mis dos visitas anteriores apenas si había tenido ocasión de recrearme en el edificio, que tiene tres portadas más. El otro día, la que vi mejor, aparte de la de Santa María, fue la del lado sur, que se denomina Pórtico del Sarmental.


Por una pequeña puerta que está a la izquierda del Pórtico del Sarmental, pero al nivel de la Plaza del Rey San Fernando, es por donde se suele entrar en la Catedral hoy día. En nuestro caso, yo había comprado las entradas por anticipado a una hora concreta, pero llegamos un poco tarde, por lo que estuvimos a punto de quedarnos fuera. Por suerte, el personal de la taquilla se portó y nos dejaron acceder al templo por la salida de la tienda. Esta se encuentra situada a la derecha de la Puerta de Santa María.


La tienda de la Catedral es el recuadro pintado en verde no numerado que, en el plano anterior, está situado abajo a la derecha. Aparte, en el magnífico croquis se señalan 33 lugares concretos del templo que merecen ser visitados. Entre ellos, hay 19 capillas. Yo vi 4, pero me faltaron las dos más importantes, que son la Capilla de los Condestables (marcada con un 22) y la Capilla del Santísimo Cristo de Burgos (9).

Sí vi la Capilla de Santa Ana o de la Concepción (12). En ella, destacan dos de las principales joyas artísticas de la Catedral. Son el Sepulcro del Obispo Luis de Acuña, que fue esculpido por Diego de Siloé, así como el Retablo Mayor, que es obra de su padre, Gil de Siloé.

 
En la Capilla del Corpus Christi (26), el elemento estrella es el Cofre de El Cid


Rodrigo Díaz de Vivar fue un caballero castellano que existió realmente. Le llamaban El Cid (el término proviene de sīdī, que significa mi señor en árabe andalusí. La segunda ī actúa como posesivo, así que la palabra sin esa letra quiere decir señor a secas). El Cid murió en 1099, año aproximado en el que se compuso el Cantar del Mío Cid, que está inspirado en parte de su vida.

Por su relevancia, el Cantar del Mío Cid es fundamental, dado que es la primera obra poética extensa de la literatura española. Consta de 3.735 versos. Además, es el único cantar épico castellano conservado casi completo. Aparte, el Cantar lo que hizo fue mitificar la figura de Rodrigo Díaz. En la cultura popular de España, la imagen que ha trascendido de él es la de un guerrero valiente, piadoso, sensato, justo y fiel. Por otro lado, una de las principales virtudes del Cantar es que no incluye demasiados elementos sobrenaturales y expone acontecimientos hasta cierto punto verosímiles, a la vez que refleja con relativa prudencia las hazañas de El Cid, lo que ha ayudado a crear un héroe de talla humana. Más allá de esto, parece claro que el Cantar se ajusta a una clase de literatura que se sigue cultivando hoy día, en la que se funden realidad y ficción. Precisamente, por lo que respecta al cofre, lo que se cuenta acerca de él mezcla una situación verídica (el destierro de Rodrigo Díaz, que se vio obligado a abandonar Burgos con 300 vasallos, y se dedicó a ganarse la vida en plan mercenario) con un pasaje inventado para adornar los hechos y darles interés (en el Cantar, se narra que El Cid necesitaba cash para mantener a sus huestes, por lo que engañó a dos judíos burgaleses, a los que entregó, a cambio de 3.000 marcos, un arcón lleno de arena, diciéndoles que contenía todas sus joyas. Para cuando los judíos lo abrieron, el caudillo y sus mesnadas ya estaba bien lejos con las monedas. Queda patente que lo de engañar y robar a los judíos no era algo indigno en la Edad Media...). El caso es que la historia no es real, y el baúl que hay en la Catedral de Burgos ni siquiera es del siglo XI, sino que data del XIII o del XIV, pero da igual. Supera los 700 años de existencia, y, solo por eso, se merece una ojeada.

Continuando con la visita, también me detuve en la Capilla de la Presentación (8). En ella, llama la atención la talla que se ve en la siguiente foto, abajo a la derecha. Representa a Cristo en pose yacente, a tamaño natural. Sin embargo, lo que más destaca en esa capilla es la Sagrada Familia de Sebastiano del Piombo, que fue un notable pintor renacentista italiano.


Del Piombo fue amigo de Miguel Ángel y no tan amigo de Rafael. El cuadro suyo que se conserva en la Catedral de Burgos, y que se ve en la imagen superior arriba a la izquierda, es de primer nivel.

Aparte, en la Catedral, la Capilla Mayor (16) es el espacio más destacado, como es lógico. En ella sobresale su imponente retablo.


Sobre el crucero, que se encuentra también en la Capilla Mayor, el cimborrio (15) se culmina con una espectacular bóveda con forma de estrella de ocho puntas, que está calada, lo que aligera el peso de la estructura y permite que penetre la luz.


La bóveda que se observa hoy día en la Catedral de Burgos no es la original, porque esta, que se había acabado en torno a 1470, se hundió en la noche del 3 al 4 de marzo de 1539, sin matar a nadie. La actual se concluyó en 1568.


Debajo de la bóveda yacen, como no, El Cid y su esposa, Doña Jimena. Lo que quedaba de ambos fue enterrado ahí en 1921.


Por lo visto, Rodrigo Díaz y su señora reposaban apaciblemente en el Monasterio de San Pedro de Cardeña cuando España fue invadida por los franceses, en 1808. Como consecuencia del paso de las tropas napoleónicas por la zona, algunos huesos fueron llevados a Europa, y los demás se trasladaron a Burgos durante un tiempo, antes de ser devueltos al Monasterio de San Pedro de Cardeña. Al final, en 1835 esta última parte de los restos óseos se volvieron a transportar a Burgos. Por su lado, unos años después se consiguieron recuperar los que los franchutes habían expoliado, y todos juntos se depositaron, en 1921, en el lugar en el que aún están enterrados.

Otras partes de la Catedral de Burgos que vi fueron la Sacristía Mayor (23) y el Claustro. La primera fue remodelada en el siglo XVIII, y presenta un estilo barroco rococó que ya nada tiene que ver con el del resto del edificio.


Con respecto al Claustro, este tiene dos plantas, que salvan el desnivel entre la piso principal de la Catedral y la calle de su lado sur, que se halla a menos altura. Realmente, el Claustro Bajo (33) solo lo vi a través de una ventana del Claustro Alto que estaba un poco abierta.


El Claustro Alto (24) se corresponde con la fila alta de cristaleras de la foto superior. Por dentro, es como una galería interior llena de ventanas, que estaban todas cerradas, salvo la que me sirvió para asomarme y echar la instantánea que acabo de poner.


Aparte, la Catedral de Burgos tiene una serie de elementos muy destacados que no se hallan en ninguna capilla concreta. Uno de ellos es la Escalera Dorada (13), que se ubica en el brazo norte del Transepto. Su factura también se debe a Diego de Siloé. La escalinata permite subir a la Puerta de la Coronería (31), que da acceso al templo por el norte. Por ese lado, la calle no solo se encuentra más elevada que la que bordea por el sur la iglesia, sino que está igualmente más alta que el propio suelo de esta.


Justo enfrente, en el muro del brazo sur del Transepto, destaca el Rosetón que se ubica sobre el Pórtico del Sarmental (1). Se trata de la única vidriera de la Catedral que ha permanecido casi intacta desde que fuera construida, a mediados del siglo XIII.


Otro elemento genial es el conjunto de relieves que hay en el trasaltar. Son cinco espectaculares retablos cincelados en piedra. Los tres del centro son obra de Felipe Vigarny, que los estuvo tallando desde 1497 hasta 1503. Se titulan Jesús con la Cruz a Cuestas, La Crucifixión y El Descendimiento y la Resurrección. Los de los extremos se labraron muchos años después, entre 1679 y 1683. Se deben a la mano de Pedro Alonso de los Ríos, y se titulan La Oración del Huerto y La Ascensión. Todos se ven desde la girola (21).


El último elemento destacado que vi en la Catedral es el Papamoscas (10, aproximadamente). Se trata de un muñeco articulado, que data del siglo XV, y que se encuentra sobre un reloj que está situado cerca del techo. Cuando ese reloj da las horas, el Papamoscas abre la boca y hace sonar una campana. 


Yo lo vi allí arriba, pero no estuve vivo y no pude observar como se mueve. La verdad es que la hora en punto me pilló despistado, y, para cuando me quise dar cuenta, el Papamoscas ya se había detenido. Por desgracia, era tarde y no pude esperar a que se pusiera de nuevo en movimiento.

En realidad, me quedan muchas cosas por ver en la Catedral de Burgos. Cuando tenga la oportunidad de volver, no me costará trabajo seguir por donde lo he dejado.


Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitado CATEDRAL DE BURGOS.
En 2002 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados en Castilla y León: 41'2% (hoy día, confirmada ya esta visita, 58'8%).
En 2002 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados: 26% (hoy día, confirmada ya esta visita, 43%).