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2 de septiembre de 2019

CÓRDOBA 2019

Las vacaciones veraniegas de este año acabaron y ya casi hemos vuelto al día a día, pero antes de cambiar el chip definitivamente y de entrar en la rutina otoñal aún tuvimos tiempo María y yo de disfrutar la pasada semana de un finde de relax. Este mes de agosto no ha podido ser tan movido como otros pasados, pero hemos aprovechado las oportunidades que se nos han presentado para viajar. Aún así, me faltaban un par de días de esos que se disfrutan en pareja, por lo que lo maquinamos todo para poder escaparnos una noche a algún lugar que fuera cercano, bonito y asequible. Córdoba se presentó como el sitio que cumplía con los tres requisitos indispensables, así que finalmente fue el destino elegido. En este blog este será el segundo post que le dedique a la ciudad califal, pero dado que allí todavía me quedan muchas cosas por descubrir estoy seguro de que no será el último.


La narración del día y medio que pasamos en Córdoba se podría dividir en cuatro grandes bloques: el alojamiento, la noche del sábado, el rato de turismo dominical y el broche de oro en los baños árabes. Con respecto al alojamiento, fue determinante a la hora de ir a Córdoba a pasar el fin de semana el hecho de que dormir en el Parador de La Arruzafa costara relativamente poco gracias a una oferta, yo nunca había estado en él y había que aprovechar. Los Paradores suelen estar en castillos o en palacios erigidos hace siglos, pero no todos son así. El de Córdoba es uno de los que están en edificios de nueva construcción, se inauguró en 1960 y, pese a que se erigió en los terrenos que albergaron el palacete de verano de Abderramán I, lo cierto es que su atractivo en este caso no tiene que ver con su relación con el pasado, sino más bien con su emplazamiento y sus instalaciones. En efecto, el hotel está situado en El Brillante, el barrio que ejerce de limite de la ciudad por el norte y se encarama ya a la sierra. Por ese lado Córdoba se acaba en esa zona, por allí solo hay adosados y chalets de nivel medio-alto, por lo que todo es tranquilo y abierto. El Parador contribuye a esa sensación, ya que está rodeado de un sensacional jardín en el que destaca una gran piscina.



Además, gracias a que El Brillante es un barrio que está en cuesta, el Parador se abre a la ciudad desde lo alto y ofrece unas estupendas vistas de la misma. En él, por tanto, no se disfruta tanto del edificio como en otros Paradores, pero en cambio sí se obtiene desde una posición de retaguardia una magnífica panorámica global de Córdoba, que es historia en estado puro.

Nosotros llegamos al Parador a eso de las 7 de la tarde, porque yo trabajé hasta las 15 horas y salimos después de comer. Pese a esto, tuvimos tiempo de darnos un chapuzón en la piscina. Yo casi nunca me baño en las piscinas, no me suele apetecer, pero en este caso hacerlo era algo inexcusable, no solo porque esta es espectacular, sino también porque nos pilló uno de los días más calurosos que recuerdo. En ese contexto, nos pegamos media hora en remojo, y no estuvimos más tiempo porque a las 20 horas cerraron las instalaciones y nos tuvimos que salir.

Del resto del Parador también disfrutamos de la cafetería, donde nos tomamos una cerveza por la noche, y de las habitaciones, que fueron tan agradables como siempre. El domingo tampoco nos privamos del bufé, con la cosa de que desayunamos con tanta calma que eso acabó provocando que tuviéramos que cambiar los planes que teníamos para la mañana.

Antes de desayunar, sin embargo, hubo que cenar la noche antes, este fin de semana no quise dejar nada al azar y, aparte de reservar en el Parador, que siempre es una apuesta segura, me lo curré para encontrar en Córdoba un restaurante donde pudiéramos cenar a gusto. El sitio que elegí se llama El Patio de María, por lo que tiene un nombre que vino al pelo. El motivo de la elección no fue ese, realmente pesaron más las críticas en Tripadvisor, la descripción del lugar que leí en Internet y su magnífico emplazamiento en la Calle Don Rodrigo, pero me resultó atractivo ir con María a cenar en plan relajado a un restaurante con ese nombre.


En cualquier caso, elegí El Patio de María por lo bien que pintaba, pero luego tenía que estar a la altura de las expectativas y la verdad es que cumplió. La única pequeña pega que tengo que ponerle es que al fondo del susodicho patio había una celebración de cumpleaños, o algo así, tan multitudinaria que había camareros con bandejas y la gente estaba de pie. Los asistentes al festejo se comportaron con tremenda corrección, pero eran muchos y charlaban alegremente en corrillos, por lo que el ruido de fondo era considerable. En un sitio así hubiera pegado más oír el rumor del agua que las risas y los ecos de la animada charla de una treintena larga de personas, pero pese a esto María y yo pudimos hablar entre nosotros sin problema, por lo que no se puede decir que la situación llegara a ser molesta. Aparte, la comida estuvo muy buena, el encantador patio cordobés del restaurante es magnífico para cenar en pareja en una noche de verano, y nos atendieron perfectamente. El Patio de María no nos defraudó.

Como apunté antes, a la hora del desayuno disfrutamos del bufé como se merecía y se nos hizo tarde para la actividad que había previsto, que era un recorrido guiado por Córdoba que incluía una visita a la Judería. Fue una pena, pero llegamos quince minutos tarde al punto de encuentro y ya no hubo nada que hacer. Afortunadamente, el tour era de los gratuitos (se paga al final el dinero que cada uno estima oportuno) y, además, me dio la impresión de que María no tenía demasiadas ganas de pegarse un pateo de dos horas, pero aún así me dio coraje el retraso. Mi consuelo fue que al menos volví a la Plaza de las Tendillas, un lugar al que hacía muchos años que no iba.


Como alternativa al tour, a María se le ocurrió que intentáramos alquilar un par de bicicletas para recorrer Córdoba. Los que hayan leído los últimos post dedicados a Sevilla que he escrito en este blog ya sabrán que desde febrero trabajo en un negocio de alquiler de bicis a turistas, por lo que la idea de ver Córdoba sobre dos ruedas debería haberme entusiasmado. Sí que es cierto que tenía ganas de ver desde el otro lado, como cliente, como es un establecimiento como el mío en otra ciudad, por ese lado me apeteció el plan de pillar una bici, pero he de reconocer, aunque no se si debería, que yo prefiero hacer turismo a pie, me encanta caminar y mi manera preferida de ver los sitios es andando. El destino me ha llevado a un empleo en el que mi misión primordial consiste en alquilar velocípedos a personas que, precisamente, lo que no quieren es andar. También tiene sus ventajas conocer las ciudades a pedales, yo hago bien mi trabajo y esa es la visión que transmito. Además, tengo pinta de deportista, he hecho triatlones y, aparte, uso la bici como medio de transporte, por lo que no me resulta difícil meterme en mi papel, pero la verdad es que a la hora de hacer turismo, salvo en momentos puntuales, que los ha habido, prefiero ir a pata. El caso es que, pese a esto, pensé que esta vez alquilar una bicicleta no era mala idea, ya pasaban las 12 del mediodía y empezaba a cascar el calor de nuevo, María estaba para pocas palizas andariegas y yo, en realidad, tenía interés por acercarme a un negocio similar al mío desde el lado opuesto del mostrador. En consecuencia, buscamos en Internet si había alguno y, aunque parece que la oferta en Córdoba no es demasiado amplia, encontramos uno llamado Elektrik que se ubica en la Calle María Cristina, cerca de donde nos hallábamos.

Luego resultó que en Elektrik están especializados en bicicletas eléctricas, patinetes, segway y otros artilugios similares. Además, nos atendió un chico que no me recordó demasiado a mí en el talante, yo soy bastante más protocolario. De hecho, el propio negocio de alquiler era bastante menos formal de lo que lo somos nosotros a la hora de arrendar nuestro material. No es que yo me haya tragado un palo, ni tampoco nos ponemos pejigueras con el alquiler de nuestras bicis a los guiris, pero sí es cierto que allí era menos evidente cual era la función principal del establecimiento, había bicicletas eléctricas en venta, material para tours, toda clase de vehículos eléctricos de alquiler y muchos utensilios. Por otro lado, todo se encontraba menos bien dispuesto de lo que lo tenemos nosotros. El chico también parecía dedicarse a más cosas de las que yo hago, ya que lo pillamos reparando no se qué en otra habitación y me pareció entender que en ocasiones ejercía de guía, de hecho por un momento pareció que se había puesto a despacharnos casi por casualidad. Yo tomé nota. Prefiero darle a mi perfil un talante más profesional, pero está claro que el desparpajo con el que nos atendió y su seguridad me dieron que pensar. Con algo de eso también me he quedado, lo mismo que con su talante más polifacético.

Volviendo a Córdoba, que es lo que nos atañe, la verdad es que salimos de Elektrik con dos bicis eléctricas. Nunca había montado en ninguna y me pareció divertido, son como pequeñas motitos en las que no se hace esfuerzo alguno, al menos en ese contexto turístico. Es cierto que con ellas abarcamos mucho más espacio que si hubiéramos ido caminando. Primero fuimos hacia el norte e hicimos una parada junto a la Torre de la Malmuerta, que da a la ronda que bordea el centro por ese lado.


A continuación recorrimos las avenidas que forman esa ronda de circunvalación por el norte y por el noreste, y nos volvimos a meter hacia el corazón de Córdoba por la Calle María Auxiliadora, que atraviesa el Barrio de San Lorenzo. Este es el que está al noreste del centro de Córdoba, en el extremo opuesto a la zona más popular del casco histórico. En la Calle María Auxiliadora nos alojamos la última vez que fuimos a Córdoba y por ello en aquella ocasión pasamos varias veces por delante de la Iglesia de San Lorenzo, que data del siglo XIII y que por fuera es imponente.


Por dentro, sin embargo, no llegamos a visitarla, por lo que esta vez al verla abierta no dudamos en aparcar las bicis en la puerta y entrar.


Tras esta parada continuamos la marcha. En el rato siguiente dimos muchas vueltas y me desorienté en poco. Para mí es importante, cuando visito los sitios, hacerme una idea de como están estructurados a nivel interno, fijándome en su disposición urbana. Para ello no me importa ir con el mapa en la mano, prestando atención a la ruta que voy siguiendo. Me gusta saber como se configuran los barrios de las ciudades y como se distribuyen las calles en ellos, pero circulando en bicicleta percibir eso es harto difícil, en primer lugar porque no se puede ir pedaleando y mirando un mapa, y además porque va uno mucho más rápido. Si a esto le sumamos que yo me desoriento en mi propio cuarto de baño, pues el resultado es que yendo en bici en un contexto como este acabo teniendo la sensación de que voy dando vueltas por la ciudad como un pollo sin cabeza. Esa es la razón de que prefiera caminar cuando hago turismo.

Por todo lo dicho, en Córdoba lo único que recuerdo del final de la primera parte de nuestro recorrido es una serie de sitios concretos descontextualizados. Uno de ellos, por ejemplo, es la Plaza de San Agustín, que está en el meollo del centro, aunque no se como llegué allí.


No obstante, lo positivo de lo de las bicis es que, en efecto, pudimos unir puntos distantes de la ciudad casi sin esfuerzo, de hecho yo estaba empeñado en ver la Judería y, dado como se había desarrollado la mañana, no hubiera podido hacerlo si no hubiéramos ido sobre ruedas. Gracias a esto, tras dar unas cuantas vueltas por el centro bajamos hasta el paseo que corre paralelo al Río Guadalquivir y bordeamos por el sur todo el casco histórico cordobés hasta llegar al entorno de la Judería, en el Barrio de la Catedral. Antes de meternos en ese entramado de callejuelas aparcamos las bicicletas, por lo que recorrimos el antiguo sector judío a pie. Yo ya había visitado Córdoba, pero en esa parte nunca había estado y tenía ganas de que, en esta ocasión, ese lugar no se quedara pendiente.

Mi idea inicial era ver la Judería, comer sin alejarnos mucho de ella y cerrar nuestro fin de semana con una actividad que es ya casi indispensable si se va a Córdoba, que es ir a unos baños árabes. Yo en 2007 estuve en los Baños Árabes Medina Califal, que estaban en la Calle Corregidor Luis de la Cerda, junto a la Mezquita-Catedral, y que siguen en el mismo sitio, aunque ahora han cambiado de nombre. Esta vez, sin embargo, me decanté por otros que están precisamente en la Judería. Yo había planeado que nos quedáramos por allí después de verla, pero tuvimos que ir a devolver las bicicletas, por lo que regresamos al punto de partida. Finalmente, para ir al spa tuve la oportunidad de andar...

Con respecto a la Judería, no me extraña que sea uno de los enclaves más afamados de Córdoba, porque es espectacular. Realmente es una zona pequeña que ocupa una especie de triangulo isósceles al que parece que se le hubiera cortado el vértice a la altura de la Puerta de Almodóvar.


Los límites del triángulo los conforman las calles JudiosTomás Conde por el oeste, la Calle Almanzor, la Calle Romero y el extremo de la Calle Deanes por el este, las calles ManríquezJudería por el sur, y la Calle Puerta de Almodovar por el lado en el que debería estar el pico del triángulo.


En la pintoresca Calle Judios (es la de la foto que está justo abajo) se juntan tres de los principales highlights de la Judería: la Estatua de Maimónides, la Sinagoga de Córdoba y el Zoco Municipal.



Ver la Sinagoga era el principal objetivo turístico que me había marcado este fin de semana, dado que no la conocía a pesar de su importancia. Esta radica en el hecho de que es una de las tres únicas sinagogas de época medieval que sobreviven en España.


El templo judaico es una maravilla, su entrada es gratuita y está muy bien conservado, por lo que no se puede pedir más.



En la Calle Judios, a pocos metros, está también la entrada al Zoco Municipal. El mismo engaña un poco, porque está tan bien hecho que uno se cree que lleva ahí 1.000 años y que era el mercado de la Judería en época medieval, pero lo cierto es que tiene poco más de 60 años.


Lo bueno que tiene es que es precioso y, realmente, es tan espectacular que uno se imagina que en tiempos de Al-Andalus era el zoco del barrio judío. Pese a esto, en realidad hasta los años 50 de siglo XX esa gran sucesión de patios formaba parte de la Casa de las Bulas, cuya fachada da a la Plaza de Maimonides. Esta casa data del siglo XVI y fue adquirida a mediados del XX por el Ayuntamiento de Córdoba, que montó un museo en ella y habilitó los patios a modo de zoco para otorgar a los artesanos locales un lugar donde fabricar y exponer su género. Nosotros lo vimos un domingo casi a la hora de comer y quizás eso ayudó a que estuviera muy tranquilo. Es evidente que está en uso, se ve que hay negocios de artesanía en activo, pero el día que nosotros fuimos estaban casi todos cerrados, gracias a lo cual vimos muy bien la sucesión de patios.





Por último, nuestro fin de semana acabó de la mejor manera, en los Baños Árabes de Córdoba, que para mí también estuvieron a la altura de las expectativas. Están ubicados en una bocacalle sin salida de la Calle Almanzor.


Yo tenía el recuerdo de los Baños Árabes Medina Califal, que han perdurado en mi memoria como los mejores que he visitado.


Pese a esto, decidí no repetir y me decanté por reservar en los otros, que creo que son más pequeños, pero que cumplieron con los tres requisitos básicos que deben tener este tipo de sitios, que son estar bien ambientados, no abusar de la cantidad de gente para que se preserve el ambiente relajado y que las aguas tengan temperaturas apropiadas. Con respecto a todo esto, a los Baños Árabes de Córdoba no les puedo poner ninguna pega, el masaje que nos dieron también estuvo a la altura y se me pasaron las dos horas en un suspiro, por lo que la experiencia fue el colofón perfecto a un fin de semana que, ya sí, da por finiquitado para mí el verano de 2019, en lo que a excursiones y viajes se refiere. El otoño estará mediatizado por un examen muy importante que tengo que hacer en noviembre, por lo que van a ser pocos los post que escribiré en los próximos meses. Gracias a estos dos días empiezo este periodo con las pilas bien cargadas.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado CÓRDOBA.
En 2000 (primera visita real), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Córdoba: 16'6% (hoy día 50%).
En 2000 (primera visita real), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 17'1% (hoy día 34'7%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado CÓRDOBA.
En 2000 (primera visita real, aunque incompleta aún para este reto), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 50% (hoy día, estando aún esta visita incompleta, 50%).
En 2000 (primera visita real, aunque incompleta aún para este reto), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 2'6% (hoy día, estando aún esta visita incompleta, 4%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado CÓRDOBA.
En 2000 (primera visita real), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Córdoba: 1'3% (hoy día 5'3%).
En 2000 (primera visita real), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 4'3% (hoy día 20'6%).


29 de noviembre de 2016

CÓRDOBA 2016

En junio me apunté a la Media Maratón de Córdoba con la idea de correr ahora en noviembre esta célebre prueba de una vez por todas. Entonces pensé que si, llegado el momento, no se daban las circunstancias adecuadas para organizar un desplazamiento familiar a Córdoba, siempre podría ir yo solo muy temprano a la carrera y volverme después. No obstante, en octubre María me dijo que le apetecía que fuéramos todos juntos a pasar un par de días, así que al final organizamos un plan más completo.


Hace un par de semanas mi cuñada, sin saber nada de nuestros planes, nos pidió el favor de que nos quedáramos con mis sobrinas la noche que teníamos pensada pasar en Córdoba. A María y a mi nos supo mal decirle que no, así que decidimos liarnos la manta a la cabeza y llevarnos a la ciudad califal a las cuatro niñas: mis sobrinas de 5 y 7 años y mis hijas de 6 y 8. 

El día antes de la carrera me hice daño entrenando y vi que finalmente no podría correrla. El contratiempo me jodió de una manera infinita, pero esto prefiero no recordarlo demasiado. Lo que cuenta ahora es que el infortunio terminó de cambiar el plan del todo: al principio, en junio, me vi yendo yo solo a correr en media mañana, pero, llegado el momento, ahora en noviembre, ya no solo no ha habido carrera para mí, sino que el fin de semana ha girado en torno a visitar Córdoba con cuatro niñas. No obstante, fue precisamente el atractivo de este plan un poco atrevido lo que me ayudó a olvidar pronto la decepción de haberme quedado a las puertas de correr por fin la media maratón cordobesa.

El alojamiento lo teníamos pillado con Airbnb y los seis nos metimos en él sin problema. El mismo se ajustó perfectamente a nuestras necesidades, aunque no pudimos instalarnos en el apartamento hasta pasadas las siete de la tarde: es muy raro que yo tenga que trabajar un sábado por la mañana, pero en este caso tuve que hacerlo, por lo que no pudimos salir de Sevilla hasta después de comer. Una vez que estábamos ya ubicados decidimos salir a dar un paseo por el centro de la ciudad, a pesar de que a esa hora ya era de noche y lloviznaba.

Yo a Córdoba he ido bastantes veces, pero, al igual que me pasa en Madrid, Granada y Cádiz, allí tengo familia y eso ha hecho que en muchas ocasiones no haya visto más que cuatro paredes y un jardín particular. Ya a partir de 2000 sí he tenido la oportunidad de explorar la ciudad en varias ocasiones, pero no tengo recuerdos de haber visitado nada antes de ese año. No obstante, desde 2000 he ido a Córdoba cuatro veces con ánimo de conocerla (y alguna vez más, de nuevo, solo de visita familiar).


La zona donde estuvimos alojados en esta ocasión, sin embargo, no la conocía en absoluto, pero gracias a la ubicación del apartamento (estaba en la Calle María Auxiliadora) pudimos recorrer el Barrio de San Lorenzo, que es el que está al noreste del centro de Córdoba (justo en el extremo opuesto a la zona más célebre del casco histórico).

 

El sábado, dada la tardía hora a la que llegamos a la ciudad, tuvimos que olvidarnos de los planes que habíamos pensado para esa tarde y simplemente decidimos salir a dar un paseo y a cenar. Para no vagar sin rumbo nos fijamos como destino la Plaza de las Tendillas, pero nos despistamos y en vez de llegar a esta plaza acabamos frente al Palacio de Viana, después de dar una vuelta tremenda que nos llevó incluso a ver el Monumento a Manolete y la Plaza de Santa Marina. Afortunadamente, para volver nos orientamos mejor. Antes, también por suerte, encontramos en la Plaza de Don Gome, justo enfrente del Palacio de Viana, un lugar perfecto para cenar. Allí nos quitamos todos el hambre y eso hizo que la vuelta, pese a que seguía lloviendo, no se hiciera tortuosa (cenamos en la Taberna Viana, que debe petarse en otros momentos, pero que en esa noche lluviosa y algo desangelada estaba vacía, por lo que estuvimos a nuestras anchas, pese a que el bar no es muy grande. Allí nos pedimos unas tapas de tortilla, unos pinchos de pollo y media ración de croquetas de jamón, y con eso nos dimos todos por cenados. Nos atendieron con cordialidad y el precio estuvo ajustado).

La excursión del sábado por la noche no tenía un objetivo claro, solo queríamos pasear y por eso tampoco nos importó demasiado perdernos, pudimos ver el Barrio de San Lorenzo y el de Santa Marina, y con eso nos fuimos felices a la cama. El domingo, sin embargo, sí que teníamos un objetivo claro, por lo que espabilamos para no volvernos a perder. La mañana empezó tranquila, nos levantamos sin despertador y desayunamos bien en el apartamento para coger fuerzas, pero a las once nos pusimos en marcha con la idea fija de llegar atravesar el Barrio de la Catedral y llegar hasta el Alcázar de los Reyes Cristianos. En Córdoba, el atractivo de la Mezquita-Catedral hace que siempre que voy de turismo acabe visitándola (he entrado tres veces). Sin embargo, esta vez quería conocer algo nuevo, por lo que decidimos que íbamos a prescindir de entrar de nuevo allí y que íbamos a explorar el Alcázar. En nuestro periplo matutino tuvimos que pasar junto a la Mezquita-Catedral y estuvimos tentados de volver a entrar, pero nos resistimos a sus cantos de sirena y continuamos un poco más. Para entonces llevábamos caminando con las niñas más de una hora, ya que atravesamos el centro de extremo a extremo. Durante el trayecto hicimos breves paradas en la Plaza del Poeta Juan Bernier, en los Jardines de Orive y en la Calle Claudio Marcelo, donde nos hicimos unas fotos delante de las ruinas romanas que allí hay.


Luego recorrimos la Calle San Fernando y atravesamos el Arco del Portillo para llegar a la Mezquita-Catedral por esas calles tan bonitas que conformaban el corazón de la ciudad en época musulmana. En nuestra visita a Córdoba del año 2014 ya habíamos estado por esa zona.



El pateo que nos dimos fue apañado, las niñas respondieron como campeonas, hubo que poner cuidado en que ninguna se nos descalabrara o se nos perdiera, como es normal con la edad que tienen, pero se portaron como auténticas jabatas. Por ello, al llegar a la Plaza Campo Santo de Los Mártires, que está frente al Alcázar, se merecían un tentempié antes de visitar el mismo.


Para dar un respiro a las chicas nos metimos en La Flor del Azahar, el bar más cercano que encontramos, con la idea de tomar una media mañana. Lo malo fue que la mitad de la mañana, tras nuestro periplo, quedaba ya algo lejos, pasaban las 12 y en el bar ya no servían tostadas. Por suerte, en Andalucía, las tostadas con jamón y aceite de oliva, a partir de las 12 pasan a llamarse bocadillo de jamón. En muchos sitios ambas cosas son lo mismo, solo que desde el mediodía el pan no va tan tostado y la consumición vale el doble. No obstante, en este caso el bocadillo de jamón que nos pusieron tenía un buen tamaño, no se como sería la tostada, pero con el bocata bastó para que todos recobráramos fuerzas y afrontáramos con energía la visita al Alcázar, de la cual hablaré en otro post.

La visita la hicimos con total parsimonia, las chicas volvieron a portarse de miedo y pudimos explorar con detenimiento el edificio, pero al salir el hambre apretaba de nuevo y la papeleta ya no se solventaba con un piscolabis, porque eran casi las tres. En ese momento se planteó la típica circunstancia en la que las cosas pueden salir muy bien o muy mal, dependiendo de la suerte: no teníamos pensado ningún lugar adonde ir a comer, no conocíamos la zona y la misma es muy turística, así que eran altas las probabilidades de acabar siendo timados en un restaurante para guiris y/o acabar comiendo con cuatro niñas en un lugar poco apropiado para peques (por estar muy lleno, por la distribución,...). En este caso, sin embargo, la diosa fortuna decidió que el último detalle del fin de semana también iba a salir redondo y el lugar donde nos metimos por pura casualidad, llamado La Posada del Caballo Andaluz, fue perfecto: el restaurante, al que se entra por la Calle San Basilio, ocupa una casa entera y conserva la estructura de la misma, con una serie de habitaciones distribuidas alrededor de un patio central techado. Gran parte del restaurante estaba hasta los topes, pero en el piso de arriba había aún una habitación bastante grande que estaba medio vacía. A un lado de la misma había una familia bastante amplia, pero al otro lado, tras una zona de mesas que no estaban llenas, junto a una ventana con bonitas vistas (no nos arrinconaron), había sitio de sobra para que comiéramos a nuestras anchas. Estábamos en el centro de Córdoba e iba a comer tranquilo y rico, por ello hubiera pagado medio riñón, pero lo mejor es que no hizo falta: nos atendieron a la perfección, pedimos lo que quisimos (salmorejo, ensalada, croquetas, huevos fritos e incluso dos tartas de chocolate de postre) y el precio fue más que ajustado.



El fin de semana acabó, por tanto, de maravilla. Tras comer volvimos a pasar por la zona de la Mezquita-Catedral y nos dimos un paseo por la orilla del Río Guadalquivir, ya no por turismo, sino porque el coche lo habíamos dejado en la zona del apartamento y atravesar de nuevo el centro, andando en dirección contraria, no era una opción. Por ello buscamos la forma de volver en bus y fue eso lo que posibilitó que nos diéramos ese paseito tan agradable junto al río. Ese último rato fue el colofón perfecto a un día y medio muy diferente al que había pensado en un principio, pero que acabó siendo entrañable.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado CÓRDOBA.
En 2000 (primera visita real), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Córdoba: 16'6% (hoy día 33'3%).
En 2000 (primera visita real), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 17'1% (hoy día 31'7%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado CÓRDOBA.
En 2000 (primera visita real, aunque incompleta aún para este reto), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 50% (hoy día, estando aún esta visita incompleta, 50%).
En 2000 (primera visita real, aunque incompleta aún para este reto), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 2'6% (hoy día, estando aún esta visita incompleta, 4%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado CÓRDOBA.
En 2000 (primera visita real), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Córdoba: 1'3% (hoy día 4%).
En 2000 (primera visita real), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 4'3% (hoy día 18'9%).