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27 de agosto de 2025

SANTANDER 2025

No hace mucho le dediqué un post a la Catedral de Burgos, y en él establecí, de manera razonada, que en España tienen dignidad catedralicia 72 catedrales, 15 concatedrales, 7 antiguas catedrales y una basílica. Suman 95 grandes edificios. También dije que ya han salido 12 catedrales en En Ole Väsynyt, además de una concatedral. La pasada semana, durante nuestras vacaciones en Llanes, decidimos ir un día a Santander, que es algo que a veces hacemos cuando estamos allí. En la visita de esta ocasión, entramos en la Catedral de Santander, por lo que pude engrosar un poquito más la lista de seos nombradas en este blog.


En principio, no era mi idea destinar parte de nuestro día en la capital cántabra a conocer la magna iglesia santanderina, pero surgió la posibilidad de visitarla por la tarde, dado que habíamos aparcado cerca, y que ya habíamos acabado la actividad que realmente teníamos planeada para la jornada, que era recorrer la Bahía de Santander en barco. 


Por eso, voy a dedicarle una líneas a la Catedral de Santander, pero no quiero dejar de referirme también a la actividad marítima que llevamos a cabo, así como a alguna otra cosa que hicimos.

Santander y su bahía

En total, el presente es el cuarto post que escribo acerca de Santander en En Ole Väsynyt. Los otros tres datan de 2019, 2022 y 2024, con la cosa de que, en el primero de ellos, ya conté que nos habíamos montado en un barco de la empresa Los Reginas y que habíamos recorrido la Bahía de Santander en él. Además, con anterioridad yo había realizado esa travesía en 1998 y en 2002. Sin embargo, el paseo de una hora es tan maravilloso, que lo puede uno hacer 100 veces y nunca sobra. Por eso, cuando en este 2025 se planteó la posibilidad de repetir la actividad, no puse ningún reparo. Eso sí, como novedad, hay que decir que, en esta ocasión, no cubrimos el trayecto en el Bahía de Santander, sino en la segunda embarcación más moderna de la flota de Los Reginas, que es el Regina 14.



El caso es que el barco de Los Reginas nos llevó, una vez más, bordeando la ciudad hasta Cabo Mayor. Las vistas de Santander que se disfrutan a lo largo de todo el paseo son espectaculares.



El inicio del paseo tuvo lugar, como siempre, en el Puerto de Santander, que es enorme. El mismo se encuentra dividido en un buen número de tramos. La empresa Los Reginas opera en el Muelle de Calderón, que es el trozo de 270 metros que va desde el Palacete del Embarcadero, hasta el edificio del Real Club Marítimo de Santander.


En ese tramo del muelle destaca el Monumento a los Raqueros. Este está compuesto por cuatro estatuas de bronce, que fueron creadas por el escultor José Cobo, y que llevan en ahí desde 1999.


Los raqueros eran los niños que, a finales del siglo XIX y principios del XX, pululaban por la zona portuaria de Santander viendo a ver qué pillaban. Dada su pobreza, lo mismo sisaban a los incautos, que pedían limosna, pero no solo eso. También saltaban a menudo al mar a buscar monedas, o cualquier otra cosa que les tirara la gente y que les pudiera servir de sustento. No sé como empezó esa práctica, pero está claro que se convirtió en una tradición. Probablemente, algún pasajero les lanzó algo desde un barco, que cayó al agua por accidente, y los zagales se zambulleron para cogerlo de todas formas. 


El tema es que, con independencia de cómo se gestara la costumbre, lo que es seguro es que, con el tiempo, el Puerto de Santander se llenó de niños pobres, que correteaban semidesnudos y se lanzaban al mar cuando los pasajeros de los barcos les tiraban cosas. La práctica prosperó, hasta el punto de que se acabó convirtiendo en una cruel atracción turística, la cual, afortunadamente terminó desapareciendo. Sin embargo, el recuerdo de los raqueros ha perdurado, y en 1999 se les homenajeó de manera justa, haciendo que pervivan para siempre en la memoria en el extremo del Muelle de Calderón.

Un tradicional homenaje en Rampalay

Lo de navegar durante un rato era el principal plan para el que fuimos a Santander el otro día, pero comer en Rampalay también se convirtió en un objetivo prioritario, cuando vimos que la travesía la íbamos a tener que hacer por la tarde.

El Mesón Rampalay es un restaurante que fue fundado en 1984. Se encuentra en la Calle Daoiz y Velarde.


Hace años, mis padres, que iban con frecuencia a Santander, se encontraron un día por la zona Centro con necesidad de almorzar, pero sin saber dónde meterse. En vista de eso, ni cortos ni perezosos, vieron que estaba saliendo gente de una iglesia, se fueron derechos a por una señora que parecía ser local, y le preguntaron abiertamente que adonde iría ella a tomar algo por los alrededores, si fuera a comer en ese momento. Ella contestó que iría a Rampalay.


Desde entonces, ir a saborear unos pinchos al Mesón Rampalay se convirtió para mis padres en una tradición, cada vez que se dejaban caer por Santander. Yo, por supuesto, también he ido en muchas ocasiones. El otro día regresamos, y su comida volvió a no defraudarme.

En general, Santander siempre está a la altura. Para mí, es un gustazo pasear por lugares como la Plaza Porticada o por la Plaza de Pombo.


Bonus extra

En la primera parte de mi estancia en Santander de la semana pasada, no evitamos los clásicos, como he venido contando, de manera que a las 6 de la tarde todavía no podía decir que hubiera hecho nada novedoso en la ciudad. Yo, cada vez que voy a un lugar, al margen de disfrutar de lo que me gusta, siempre trato de profundizar un poco más en lo que no conozco. Por eso, en Santander me guardé una carta en la manga, para después del viaje en barco. Fue la visita a la Catedral.

Antes, sin embargo, me encontré con otro bonus extra, porque Julia había visto en sus redes sociales que, en Santander, la Heladería Regma es toda una referencia. Yo eso no lo sabía.


La primera Heladería Regma la abrió Marcelino Castanedo en 1933, en la Calle Hernán Cortés. 92 años después, hay 40 sucursales del negocio repartidas por España. Fuera de la cornisa cantábrica solo hay 3, que están en Madrid, en Burgos y en Pamplona, pero luego se pueden comer helados Regma en otros 37 establecimientos, que se distribuyen por diversas poblaciones del norte de España. La más oriental se encuentra en Santurce y la más occidental en Langreo. En la ciudad de Santander hay 11. Nosotros paramos en la heladería del Paseo de Pereda.


Después, ya sí nos encaminamos a la cercana Plaza de las Atarazanas, que es la que queda a los pies de la Catedral de Santander.



La Catedral de Santander es un edificio complicado donde los haya. Su principal particularidad es que está compuesto por dos iglesias diferentes, que se encuentran una encima de la otra. Además, la superior también tiene un claustro con dependencias anejas, así como un campanario.


En realidad, se podría decir que Santander tiene dos catedrales, pero se prefiere considerar que la Catedral de Santander está formada por un par de iglesias superpuestas. La más antigua es la de abajo, como es lógico. Se llama Iglesia del Cristo, y se construyó para que albergara las reliquias de San Emeterio y de San Celedonio. Antes, en ese lugar había existido un primitivo asentamiento romano, en el que no faltaban unas termas. Al parecer, en la cámara del horno de estas fue donde se escondieron, de inicio, los cráneos de los santos, que eran dos legionarios que habían sido martirizados. Después, durante la Edad Media se erigieron en esa ubicación sucesivas iglesias, hasta que, a principios del siglo XIII, se levantó la Iglesia del Cristo. Recientemente, en su suelo se han dejado algunos restos arqueológicos a la vista, bajo un cristal traslucido.


Como se puede comprobar, la Iglesia del Cristo tiene el techo bastante bajo, porque encima se construyó, a finales del siglo XIII, la otra iglesia, aprovechando el desnivel del terreno. 



Lo del desnivel del terreno significa que una iglesia está encima de la otra, pero ambas dan a la vía pública, aunque sea por sitios distintos. En efecto, a la Iglesia del Cristo se accede por el lado norte del conjunto, tras subir la escalinata que se ve en la primera foto que he puesto en este post. En cambio, al templo catedralicio propiamente dicho, que es la Catedral de la Asunción, se entra por oeste, tras salvar un cierto desnivel por la calle.


En un principio, las dos iglesias tenían la misma planta. Luego, junto a la Catedral de la Asunción se derribaron unas casas, a comienzos del XIV, y eso permitió la construcción del precioso claustro.



Mucho tiempo después, en 1941, un terrible incendio arrasó parte del casco histórico de Santander, incluida la Catedral de la Asunción, que sufrió daños importantes. A raíz de aquello, el templo se reconstruyó, y se aprovechó la coyuntura para ampliarlo, duplicando su capacidad. Así pues, a la Catedral se le añadió el crucero y el gran cimborrio, en la cabecera se erigieron un ábside y una girola, y el conjunto quedó como se ve hoy día. En la imagen aérea que he puesto arriba, todo el sector levantado en el siglo XX es el que está marcado con el número 2.

En el interior de la Catedral de Santander, el elemento más llamativo es la tumba de Marcelino Menéndez Pelayo.


Menéndez Pelayo, además de dar nombre al colegio en el que yo estudié la mayor parte de la EGB, en el pueblo sevillano de Tomares, fue un santanderino ilustre de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Durante un par de décadas, su presencia en la primera línea de la cultura española fue patente, puesto que fue director de la Biblioteca Nacional a lo largo de 14 años, director de la Real Academia de la Historia y académico de la lengua de la Real Academia Española, entre otras cosas. No obstante, lo que era, sobre todo, al margen de los cargos, era escritor. No se dedicó a la ficción, sino a la filología, a la filosofía y a la historia, pero su obra es extensa en esos campos. Aparte, también estuvo metido en política, ya que fue diputado y senador. En definitiva, fue uno de los grandes personajes de su época. 

El caso es que Menéndez Pelayo falleció en 1912 y fue enterrado en el Cementerio de Ciriego, en Santander. Sin embargo, dado que era muy católico, y que tendía al conservadurismo desde el punto de vista ideológico, durante el franquismo su figura fue bastante ensalzada. Por ello, en 1956, al cumplirse el centenario de su nacimiento, se trasladaron sus restos a la Catedral de Santander para darles una cierta preeminencia, y allí es donde siguen.

Bastantes cosas por ver

He garabateado en un papel una serie de lugares de la ciudad de Santander que aún quiero conocer. Lo cierto es que he ido a la capital cántabra un montón de veces, pero no siempre lo he hecho con la intención de profundizar en sus atractivos, por lo que tengo allí unas cuantas cuentas pendientes. Al ir a la Catedral, me he quitado ya una de ellas, pero trataré de volver el verano próximo, para poder tachar algo más del listado de cosas por ver.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SANTANDER.
En 1997 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Cantabria: 33'3% (hoy día 100%).
En 1997 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 12'7% (hoy día 36'8%).


7 de agosto de 2024

SANTANDER 2024

Santander es un lugar magnífico para celebrar un cumpleaños, sobre todo si es el de mi madre, que es una enamorada de esa ciudad. Por eso, el pasado 5 de agosto nos fuimos para allá, con la intención de darnos un homenaje junto a ella en el Restaurante Cañadío.


El Restaurante Cañadío se inauguró en 1981, y parece que en su día fue un negocio de restauración muy innovador. Como referencia, en Tripadvisor está situado en el puesto 15, de los 634 restaurantes de Santander que aparecen en esa web. En ella, cuenta con más de 2.300 reseñas, por lo que los clientes satisfechos son muchos. Formalmente, la puerta del local se asoma a la Calle Gómez Oreña, pero sus mesas exteriores están ubicadas en la Plaza Cañadío, que se encuentra enfrente.


Con lo que he dicho, queda claro que Cañadío es toda una institución en Santander. Sin embargo, a mí me decepcionó un poco. No es que no sea un buen restaurante, ni mucho menos, pero uno se pone exigente, cuando paga 27 euros por un trozo de rodaballo al horno con patatas panaderas, así como 15 euros por un plato de croquetas, por poner dos ejemplos de lo que costaron las cosas que pedimos. En mi opinión, en Cañadío, ni el emplazamiento, ni el servicio, ni el tamaño de las raciones valen ese dinero. Con respecto a lo primero, en la foto superior se puede apreciar que la Plaza Cañadío es muy bonita, pero que las mesas de la terraza del restaurante están colocadas en una simple acera en pendiente. En ella, comes debajo de una carpa y con la hilera de coches aparcados a un metro. El lugar está lejos de ser idílico. Aparte, nos sirvió un camarero en prácticas que estaba tremendamente verde, lo cual no es grave, porque tampoco soy marqués de nada, pero resulta raro que en un sitio de esa categoría, el camarero tenga tantas lagunas, que la encargada le acabe enmendando la plana y le llegue a reprender allí mismo. Por último, el rodaballo estuvo rico, pero a mí se me quedó corto, para el precio que tenía.

No obstante, una vez que he he puesto a parir al restaurante, voy a decir lo bueno que tiene, que también lo hay. En efecto, puedo confirmar que la tortilla de patatas que ponen en Cañadío entra, sin ningún problema, en el Top 3 de las mejores que yo he probado en mi vida, que han sido muchas. De hecho, está tan deliciosa, que no le doy directamente la medalla de oro de milagro. Por otro lado, a la tarta de queso le sucede un poco lo mismo. 


A mí los dulces me llaman más bien poco, y casi se me cayeron dos lagrimones al probar la tarta de la foto. Con eso lo digo todo.

En definitiva, lo que pasa es que el Restaurante Cañadío tiene truco. En efecto, se vende como un elegante restaurante, y en parte lo es, pero, en realidad, también dispone de una zona de bar, es decir, en su interior tiene una barra y mesas altas, y en la terraza cuenta, igualmente, con varias de estas últimas. Las mismas no se reservan, y se petan, pero es en ellas en las que hay que acomodarse, pidiendo del tirón los platos estrella. De hecho, mi cuñado, que es santanderino, nunca había comido a la carta en Cañadío, pero nos dijo que allí sí había picado unas raciones un montón de veces. Desde luego, había cola para coger los sitios menos formales, y yo, incluso, vi a gente zampándose una porción de tortilla de patatas de pie en la acera, apoyando las bebidas en el alfeizar de la ventana. Me da la impresión de que la fama del establecimiento proviene más de los que se dan un homenaje sentados en un taburete, o ni eso, que de los que se dejan en almorzar más de 50 euros por comensal. Tomo nota para la próxima.

De todas maneras, nosotros íbamos a celebrar un cumpleaños, y estuvimos muy a gusto. En esta ocasión, no tuve tiempo de sacarle más jugo a Santander, pero sí nos pudimos dar un breve paseo por la zona de la ciudad que mejor conozco, que es la del Centro y la del barrio de Puertochico. El primero lo pisé tan de refilón, que lo único que hice fue cruzar los Jardines de Pereda, tras aparcar. Por lo que respecta al segundo, dado que en su extremo oeste es donde está la Plaza Cañadío, el ir allí nos permitió pasar por la Plaza de Pombo y por el Paseo de Pereda. Aparte, a pesar de que no nos eternizamos en Santander, después de comer nos dimos el gustazo de ir hasta el Paseo Marítimo, para asomarnos desde él a la Bahía de Santander.


Ya he hablado en este blog de Santander un par de veces, además de esta, pero tengo pendiente regresar allí, a recorrer bien la ciudad, para contarlo en un post. Seguramente, ese día vuelva a Cañadio... a comer en las mesas altas.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SANTANDER.
En 1997 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Cantabria: 33'3% (hoy día 100%).
En 1997 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 12'7% (hoy día 36'7%).


6 de agosto de 2024

PARQUE NACIONAL DE LOS PICOS DE EUROPA 2024

El Parque Nacional de los Picos de Europa es el segundo Parque Nacional más grande de España, tras el de Sierra Nevada. Sus 67.127 hectáreas de superficie se reparten entre tres provincias, y en tres macizos. El macizo oriental está integrado por completo en Cantabria, pero es el menor, en altura y en extensión, por lo que queda totalmente eclipsado por los otros dos. 


Por lo que respecta al macizo occidental, este se reparte entre Asturias y León, aunque la vertiente leonesa es inaccesible de una manera normal, mientras que el sector asturiano concentra gran parte de los highlights del espacio protegido, por lo que acapara toda la atención de esa zona del Parque

El tercer macizo es el central, que se extiende por las tres provincias. Por la vertiente leonesa, de nuevo no hay forma de acceder con soltura. Por contra, por el lado asturiano el acercamiento vuelve ser mucho más cómodo, por lo que esa zona se lleva otra vez toda la fama. Sin embargo, en este caso la comparte con Cantabria, donde hay un enclave de gran afluencia, que también ejerce de puerta de entrada a las montañas, llamado Fuente Dé.


En resumen, al Parque Nacional de los Picos de Europa se puede acceder por cuatro caminos. El primero parte de Cangas de Onís y lleva hasta los Lagos de Covadonga, que están en el macizo occidental. En 2016 y en 2021, hablé en este blog de esa zona del Parque, tan famosa y tan visitada. El segundo camino sale de Arenas de Cabrales y conduce a Poncebos. Ahí empieza la Ruta del Cares, que yo recorrí hasta Caín en 2016. Esta vía de entrada también es muy célebre, y además es muy importante, ya que el Río Cares separa físicamente el macizo occidental del central, por lo que, por la garganta que ha creado, se pueden atravesar los Picos de Europa de lado a lado. 

La tercera vía de acceso, que es la única que tengo pendiente, es la que va a parar al Desfiladero del Cares desde León. Como he dicho, desde Castilla y León es muy difícil penetrar en los macizos, pero sí se puede llegar hasta el cañón horadado por el Río Cares, partiendo de Posada de Valdeón. Por último, el cuarto camino de entrada es el que va a protagonizar este post. Me refiero al que sale de Fuente Dé, en Cantabria.


Fuente Dé es el pequeño núcleo habitado de la foto superior. En él, solo viven nueve personas de manera estable, según el Instituto Nacional de Estadística. En realidad, se trata de un lugar bastante recóndito, ubicado en un fondo de saco, que ya está inserto dentro de Parque Nacional de los Picos de Europa.


Como se puede ver en el mapa, la N-621, que viene de bordear por fuera el macizo oriental de los Picos de Europa, se va alejando de él hasta que atraviesa Potes. De este pueblo sale la CA-185, que se vuelve a meter en el Parque, siguiendo el curso del Río Deva, y que termina en Fuente Dé. Al llegar allí, ya no se puede seguir más por carretera, porque lo impide el murallón que forma el extremo oriental del macizo central de los Picos de Europa.


Lo que pasa es que, en Fuente Dé, se puso en funcionamiento en el año 1966 un Teleférico, que salva la pared rocosa, y que se ha convertido en toda una atracción turística. Desde su inauguración, más de 15 millones de personas han viajado en sus cabinas.



El Teleférico sale de la estación inferior, que está a 1.070 metros sobre el nivel del mar, y deja a los pasajeros junto al Mirador del Cable, que se ubica a 1.823, ascendiendo 753 metros en menos de 4 minutos. Ni que decir tiene, que la subida no es apta para gente con vértigo. Yo, la verdad es que no tengo un severo problema con ese asunto, pero, con los años, las alturas han pasado de no gustarme, a acojonarme un montón. Tengo claro que no me voy a achantar, y que no voy a renunciar a ciertas cosas, por mucho desasosiego que me produzca la altitud, pero en ocasiones sí he decidido que paso de aventuras, si el tema no me compensa (por ejemplo, en la noria grande de la Feria de Abril de Sevilla no me he montado las últimas veces que he tenido la oportunidad, porque ya lo he hecho antes y se que no me va a aportar nada nuevo). El caso es que, a mí, la parte inicial de la travesía en el Teleférico de Fuente Dé, en la que íbamos a una barbaridad de metros del suelo, no me causó demasiado trastorno, curiosamente. De hecho, me encantó ver detalles, como que hay un camino, por el que se puede superar andando la cresta de la muralla de roca.


Sin embargo, el rato en el que tuvimos que rebasar el pedazo de pared vertical, viendo la rocosa montaña a pocos metros, me dio un vértigo tal, que tuve que cerrar los ojos. De esa parte no hay fotos. 

En cualquier caso, el Teleférico de Fuente Dé es realmente grandioso. No en vano, es el tercero más largo del mundo y el primero de Europa. Ahí es nada. 


Por lo que a mí respecta, logré llegar arriba sin montar el número. Yo ya había subido en 1998, y no noté cambios significativos, más allá de que he sumado 27 años a mi edad desde entonces.


Podría ser peor. Sin embargo, el Teleférico sí que ha sido remozado en ese tiempo, afortunadamente. Para empezar, en 2006 se sustituyeron sus cabinas, y la capacidad de transporte de estas se redujo de 28 a 20 pasajeros, para adaptarlas a la normativa europea. Luego, en 2015 se cambiaron los motores, los frenos y los mecanismos de control de la maquinaria, por lo que ahora todo está nuevecito. Aparte, también hay arriba una plataforma de lo más escalofriante, que no existía en 1998. Yo llegué a situarme en ella unos segundos, para sacar la siguiente foto. 


No me acerqué a los bordes de la plataforma, ni me eternicé en ella, pero la fotografía sí me la hice. Por lo demás, las vistas de la Dehesa de Fuente Dé desde el Mirador de El Cable son sensacionales.


Arriba, aparte del Mirador, solo hay una cafetería. Después, se sube una pequeña cuesta y ya todo lo demás es naturaleza.



Los aficionados al trekking usan el Teleférico de Fuente Dé para salvar la muralla de roca de una manera más liviana y segura, e iniciar arriba alguna de las rutas de senderismo que parten desde allí. A mí me encantaría, en el futuro, llevar a cabo ese plan, pero, tanto el otro día, como en 1998, subí como un simple turista. Por eso, en ambas ocasiones, tras dar un paseo por las inmediaciones de la estación superior del Teleférico, nos bajamos de nuevo en él.

Sin embargo, esta vez no abandonamos el Parque Nacional de los Picos de Europa, porque dentro de sus límites hay un establecimiento de la red de Paradores de Turismo. Yo soy muy aficionado a dormir en los hoteles de esa cadena, y el Parador de Fuente Dé no lo conocía, por lo que pensé en saldar esa cuenta pendiente. Como he dicho, quiero volver a Fuente Dé, para poner en práctica allí un plan que sea activo, pero en esta ocasión me centré en redondear la visita sosegada a la parte cántabra del espacio protegido. Lo hice, pernoctando en las instalaciones de uno de los Paradores más originales que hay.



El Parador de Fuente Dé me parece original, porque su verdadero punto fuerte no su edificio, sino el entorno que lo rodea. No es el único Parador así, pero sí es uno de los que están en un paraje más espectacular, lo cual se puede apreciar, incluso, desde las ventanas de las habitaciones.


Con respecto al entorno, tras bajar en el Teleférico pretendíamos hacer una pequeña ruta por la Dehesa de Fuente Dé, que se corresponde con la zona llana que queda cerca del Parador. Toda esa llanura, realmente es un antiguo circo glaciar, por lo que no es un lugar de interés menor.


Sin embargo, la Ruta Dehesa de Fuente Dé no está bien señalizada, porque nosotros fuimos desde el punto amarillo, que se encuentra situado junto al Parador, hasta el rosa... y se acabó, dado que no encontramos ningún indicador más. Anduvimos cerca, porque hicimos un recorrido muy parecido al que se muestra en la imagen, pero lo cierto es que no llegamos a ver ninguna otra señal. Pese a esto, no cabe duda de que nos pateamos la Dehesa a fondo, y de que la avistamos desde todos sus lados.



No empezamos a encaramarnos a la pared, por el camino que habíamos visto desde el Teleférico, a pesar de que vimos gente que subía en plan dominguero y se la jugaba un poco, y pese a que, también, nos encontramos con dos señoras de una edad considerable, que bajaban por allí como si no fuera con ellas, desde no se sabe dónde. No obstante, llegamos lo suficientemente arriba de la Dehesa, como para ver el Parador bastante pequeño, a lo lejos, en medio de lo que fue el principio de la lengua del glaciar.


En definitiva, en esta ocasión mi objetivo era visitar la entrada al Parque Nacional de los Picos de Europa por su lado cántabro, y disfrutar de las atracciones turísticas que hay allí. Como he dicho, me falta calzarme las botas, para emular lo que hicimos María y yo en 2016, cuando nos pegamos dos preciosas rutas por el espacio protegido. Quiero hacerlo desde Fuente Dé, y desde Poncebos, pero en este caso tirando hacia arriba por el macizo central, en vez de recorrer el Desfiladero del Cares. También me gustaría patearme el tramo de la Ruta del Cares que va de Posada de Valdeón a Caín. Todo se andará, pero, de momento, me quedo con el buen sabor de boca de la subida en el Teleférico y de la estancia en el Parador.



Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitado PARQUE NACIONAL PICOS DE EUROPA.
En 1997 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados en el Principado de Asturias: 100% (hoy día 100%).
En 1997 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados: 20% (hoy día 43%).