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3 de febrero de 2019

OROPESA Y CORCHUELA 2019

Es bastante fácil confundir al pueblo toledano de Oropesa con Oropesa del Mar, el municipio de Castellón donde veraneaba José María Aznar cuando era presidente del gobierno y donde surgió de la nada a finales del siglo XX Marina d'Or, el célebre resort vacacional. Nada tienen que ver, sin embargo, ambas poblaciones. Quizás algún día me deje caer por la Costa del Azahar para ver con mis propios ojos los efectos que tuvieron allí los años dorados del aznarismo y del boom del ladrillo, y también para disfrutar de los encantos que seguro que tiene la zona, pero antes me apetecía conocer bien la Oropesa castellano-manchega, que me pilla bastante más a mano (está junto a la autovía A-5, por lo que paso cerca cada vez que voy en coche de Sevilla a Madrid o viceversa). Hace unos días volvía con mis padres de Alcorcón, adonde los había acompañado con la idea de intentar hacer más llevadera la última fase del tratamiento médico que mi padre está siguiendo allí, y decidimos partir el viaje a Sevilla en dos etapas para hacerlo más liviano, durmiendo precisamente en Oropesa. Fue la oportunidad perfecta para conocer la población, mis padres pasaron la tarde descansando y yo me dediqué a recorrer la misma de arriba a abajo.


Oropesa, principal población del municipio de Oropesa y Corchuela, cuenta con unos 2.600 habitantes y es un pueblo muy monumental. No tiene demasiadas cuestas, pero su parte más antigua se encuentra sobre una colina que sobresale en medio de la tremenda llanura que se extiende a su alrededor. No es ilógico, por tanto, que en ese montículo se construyera una fortaleza musulmana en el siglo XI. Esta era de planta rectangular y tenía cuatro torreones, aunque en la actualidad solo se conservan dos (ese es el denominado Castillo Viejo). Con posterioridad, cuando Alfonso VI conquistó Toledo y toda la zona circundante en 1085, el Castillo pasó a manos cristianas, pero hasta tres siglos después no se alteró en exceso su estructura. Fue ya en el siglo XIV cuando se le añadió un nuevo sector, que es conocido como Castillo Nuevo.



El conjunto resultante está muy bien conservado, de hecho es la típica fortificación que, tras sufrir a lo largo de sus historia toda clase de avatares, ha sido perfectamente restaurada, de manera que al recorrerla se imagina uno a la perfección como era la vida allí cuando tenía un fin defensivo (me encantó el detalle del fuego encendido en mitad del Patio de Armas).


La visita al Castillo tuvo para mí un sabor especial, ya que creo que fui la única persona que anduvo por él la tarde del pasado jueves. La realidad es que no estoy en disposición de hacer turismo en momentos raros, de hecho suelo viajar solo en verano y durante los fines de semana del resto del año. Esta vez, sin embargo, tuve la oportunidad de conocer Oropesa un día laborable de enero. Eso hizo que, sin duda alguna, fuera el único turista que curioseó por el pueblo esa tarde. En el Castillo eso se notó especialmente, porque abría de 16 a 18 horas, yo entré en él a las 16'20 y el encargado aún ni había abierto el acceso al primer tramo de escaleras. Luego yo no vi a nadie, pese a que estuve allí una hora. Al irme, el encargado seguía en el mostrador de acceso ayudando a un niño a hacer los deberes y no vi indicios por ningún lado de que hubiera entrado o fuera a entrar alguien más. De todas formas, la soledad cuando voy a conocer sitios no es para mí algo negativo, y este caso no fue distinto, ya que recorrí el Adarve, subí a la Torre del Homenaje, bajé al Patio de Armas y vi las Caballerizas en medio de las más absoluta tranquilidad. Creo que nunca había visto con tanto detenimiento un edificio así.




Gracias a la calma de la que gocé me pude recrear especialmente con las vistas que se disfrutan desde lo alto de las torres, que son espectaculares en todas las direcciones.




Como he dicho, el Castillo de Oropesa es uno solo, pero está formado por dos partes diferentes, la vieja y la nueva. Además, dentro del recinto amurallado que rodea al propio Castillo está la otra gran referencia arquitectónica que hay en Oropesa, que es el Palacio Condal.


Hay cierta confusión con respecto a estas construcciones, porque se dice en muchos sitios que el Castillo Viejo es la parte musulmana de la fortaleza, y que el Palacio y el sector cristiano del Castillo conforman el Castillo Nuevo. Esto no es del todo así, realmente el Palacio Condal se levantó a la vez que el Castillo Nuevo, pero ambas edificaciones son diferentes, pese al hecho de que todo está rodeado por la misma pequeña muralla. El caso es que en 1366, al final de la guerra civil entre Enrique II y Pedro I El Cruel, el primero concedió el señorío de Oropesa a García Álvarez de Toledo, momento en el que se iniciaron las obras para modernizar y reforzar la antigua fortificación musulmana y, aparte, se erigió al lado un Palacio bien protegido y seguro para que los señores pudieran vivir cómodamente. Un siglo después, cuando la ampliación del Castillo ya estaba acabada, la residencia palaciega fue agrandada y a lo que ya existía se le añadió, adosado, un gran edificio de desnuda arquitectura (en la foto inferior se aprecian ambas partes, la antigua es la que tiene la terraza corrida con columnas, aunque esta es fruto de otra remodelación del siglo XVIII, y la sección nueva se corresponde con el inmueble alto de piedra).


En la actualidad en el Palacio está el Parador de Oropesa "Virrey de Toledo". El sobrenombre del hotel recuerda a Francisco Álvarez de Toledo, que nació en el edificio y llegó a ser virrey del Perú entre 1569 y 1581, es decir, que durante más de una década fue la máxima autoridad de todos los dominios españoles en Sudamérica, solo por debajo del rey. Este ilustre oropesano fue para algunos el gran organizador del enorme virreinato peruano, al que dio una adecuada estructura legal, pero para otros fue un tirano que toleró la explotación de los indios y que se cargó a Tupac Amaru I, el último monarca inca. Sea como fuere, lo cierto es que nació en el Palacio Ducal, que ahora es un Parador de Turismo. Yo tuve la suerte de alojarme en él, por lo que pude explorarlo a fondo.


Ya he hablado de los Paradores de Turismo en otros post, desde que escribo en este blog he dormido en tres de ellos y he asistido también a un evento en otro. En total, los Paradores son 97 y a mí me gustaría conocerlos todos.


Contando con este de Oropesa ya he dormido en quince Paradores (en Zafra y en Soria dos veces), por lo que aún me faltan bastantes, ya veremos como avanza el reto. El de Cádiz, del que hablé en un post el pasado mes de diciembre, fue el segundo en inaugurarse, mientras que el de Oropesa fue el tercero y el primero que se abrió, en 1930, aprovechando un edificio histórico. Después ha sufrido varias remodelaciones, pero en la actualidad es uno de los establecimientos más espectaculares de la red, es un lujo estar alojado en un verdadero palacio de gruesos muros que se conserva como tal, lleno de tapices, alfombras y grandes muebles. En su interior desayuna uno bajo un artesonado mudéjar del siglo XV y se pasea por los mismos salones en los que estuvieron no hace tanto Gerald Brenan, Graham GreeneWilliam Somerset Maugham o Frank Sinatra.


Además de esto, me llamaron especialmente la atención las maravillosas vistas que se ven desde el comedor, que son una gozada.


En él comedor estuvimos desayunando el viernes por la mañana, como es normal, pero también almorzamos el día anterior (la calidad del desayuno bufé se quedó solo en el aprobado, pero la comida en el Restaurante El Señorío fue un privilegio, me tomé un delicioso arroz caldoso con pato, alcachofas y hongos, probé las Migas del Campo Arañuelo, que era el plato emblemático de la carta, y caté, igualmente, la Tarta de San Alonso, que era la especialidad dulce local.


Por la noche cenamos en la cafetería, muy a gusto, porque el Parador, sin estar vacío, es un remanso de paz en esta época del año.

Además del Restaurante, otro lugar especialmente llamativo del Parador es la Celda de San Pedro de Alcántara, que se conserva en un sótano, convertida en una pequeña capilla. Este santo, nacido en 1499, fue un fraile franciscano que no solo destacó por su ascetismo y por llevar una vida especialmente contemplativa, sino que pudo a la vez viajar mucho por Extremadura, Castilla y Portugal, y también entró en contacto con personalidades de su época como Carlos I o Santa Teresa de Jesús. El caso es que uno de los principales amigos de San Pedro de Alcántara fue Fernando Álvarez de Toledo, conde de Oropesa, hermano del mencionado virrey del Perú y descendiente directo de García Álvarez de Toledo, el que había agrandado el Castillo y erigido el Palacio seis generaciones atrás. Fernando Álvarez de Toledo lógicamente vivía en su mansión y en ella alojaba a su amigo el santo, siempre que este pasaba por allí, pero por lo visto el fraile no quería dejar de ser consecuente con sus creencias, ni siquiera estando rodeado de nobles, por lo que solicitó que su alcoba fuera la más modesta del edificio. Dicho y hecho, el conde le reservó un cubículo al que se descendía por unas estrechas escaleras, en el que San Pedro podía manejarse sin abandonar su estricto modo de vida: allí dormía sobre una tarima de madera y se alimentaba a base de pan y agua.



Hoy día se ha montado en ese lugar un pequeño oratorio, pero en su memoria se han colocado una tabla y una estera de esparto a modo de cama, y un pedrusco como almohada. Además, pude comprobar que la calefacción no llega a esa estancia, por lo que hacía una rasca pelona, me imagino que allí el santo pudo añadir sin problemas el frío a su lista de padecimientos.

El Palacio y el Castillo son los dos edificios más destacados de Oropesa. Aparte, yo estuve más de dos horas recorriendo el pueblo y vi que tiene rincones muy atractivos. No obstante, solo entré en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, ya que fue lo único que vi abierto. La misma estaba desierta, la iluminación en su interior era escasa y el silencio era total, por lo que la visita fue un poco sobrecogedora. Más allá de eso, lo más interesante del templo es su portada plateresca, porque su interior es muy sencillo.


Del resto del pueblo destaca el tramo de Muralla, la Plaza de la Constitución y la Calle La Iglesia. Con respecto a la Muralla, solo se conserva la base, aunque lo que queda está en buen estado.


La Plaza de la Constitución, por su parte, se ve que fue el antiguo epicentro de la villa, ya que a ella da la antigua sede del Ayuntamiento y también el lateral de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (que no se ve en la foto de abajo).


Por último, en la bonita Calle La Iglesia está El Pasadizo, que son dos arcos que cruzan la vía de lado a lado y que formaron parte en su día de un pasaje elevado que Fernando Álvarez de Toledo hizo construir para poder ir del Palacio a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción sin mezclarse con la gente.


Aparte, es muy bonita también la Plaza del Navarro, que sustituyó a la de la Constitución como punto neurálgico del pueblo. A ella dan el actual Ayuntamiento y el edificio que alberga el Reloj de la Villa, bajo el que se puede pasar, caminando y en coche.


Más allá del edificio del Reloj se encuentra la parte más moderna y menos vistosa de la población, pero en la zona más cercana al Castillo son varios los rincones que merecen ser visitados. Yo recorrí el pueblo en un momento en el que fui, sin duda, el único turista del lugar. No coincidí con ninguna otra persona que estuviera por allí deambulando, pero en cambio sí vi niños con mochilas escolares, técnicos de telefonía, obreros de la construcción, personas que venían del supermercado, comercios abiertos, repartidores y adolescentes en chándal que apretaban el paso. En definitiva, anduve por Oropesa un día normal y corriente, lo cual me gustó especialmente.

Además, tras esta visita ya he estado en el 100% de las poblaciones que quería conocer en la provincia de Toledo: estuve en la capital toledana en 1990 y en 1998, y a Talavera de la Reina fui en 2015. Al ir a Oropesa he logrado el pleno en esta provincia, aunque aún quiero volver a las otras dos ciudades para conocerlas mejor y hablar de ellas en el blog, pero con Oropesa creo que ya he cumplido.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado OROPESA Y CORCHUELA.
% de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Toledo: 100%.
% de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 34'2%.


26 de octubre de 2018

CIUDAD REAL 2018

Ciudad Real es uno de esos sitios a los que la gente no suele ir si no es para hacer algo concreto. Yo mismo, que no había estado nunca allí hasta el pasado fin de semana, he acabado yendo para correr un maratón, también tenía ganas de conocer la población, pero sin la excusa de la carrera probablemente no hubiera ido hasta no se sabe cuando. La razón es que Ciudad Real, a priori, no parece tener grandes atractivos ni destaca por nada en particular. De hecho, en Castilla-La Mancha es la cuarta capital de provincia menos poblada (no llega a 75.000 habitantes) y no tiene una historia demasiado llamativa, ya que la villa nació en el siglo XIII y su único periodo de esplendor duró solo unos veinte años, en tiempos de los Reyes Católicos, cuando fue sede del Tribunal de la Santa Inquisición (1483-1485) y luego de la Real Chancillería (1494-1500). Con la expulsión de los judíos y de los moriscos, y tras el traslado de las dependencias de las citadas instituciones a Toledo y a Granada, respectivamente, comenzó un periodo de decadencia para la población que se extendió hasta el siglo XIX. Con la llegada del ferrocarril y la mejora de las comunicaciones la ciudad pudo empezar a crecer poco a poco a lo largo del siglo XX, pero siguió estando en una especie de limbo hasta los años noventa. En esa década dos fueron las circunstancias que la dinamizaron un poco: en primer lugar, la Universidad de Castilla-La Mancha, que tiene allí la sede central y uno de sus campus, y que se había fundado en 1985, se asentó definitivamente y empezó a crecer. Además, en 1992 Ciudad Real se vio beneficiada por la inauguración de la primera línea de alta velocidad ferroviaria de España, que cubría el trayecto Sevilla-Madrid, ya que se estableció en su estación una de las pocas paradas del recorrido. Esos dos hechos no provocaron una revolución, pero motivaron que Ciudad Real se revitalizara un poco, siendo precisamente ese dinamismo el que pone en muchos casos a la ciudad manchega en el mapa, a falta de lugares históricos llamativos. Cierto es que los eventos que acoge son modestos, pero me da la impresión de que en ellos se echa toda la carne en el asador y eso es, al final, lo que cuenta. Yo viví en persona uno de ellos, el Quixote Maratón, y puedo decir que me sorprendió el nivel de entusiasmo con el que se organizó la cita: a nivel institucional la implicación fue máxima, las autoridades pusieron las calles y edificios a disposición del evento, y gracias a eso me fui con la sensación de que Ciudad Real es una población pequeña pero segura de si misma. La manera de sus gentes de promocionar el limitado patrimonio que tienen reforzó para mí esa imagen, allí hay poco que ver, pero se vuelcan sin ningún tipo de complejo para que el visitante lo disfrute. Por el centro, además, vi un montón de movimiento diurno, lo que acabó de causarme una buena impresión.

Gracias a ese compendio de cosas me he quedado con ganas de volver a Ciudad Real, la verdad. Lo que me resta por conocer allí es de una importancia relativa, pero da igual, cuando siento que en un lugar me están poniendo la alfombra roja se ganan mi simpatía para siempre, y en los dos días que pasé en Ciudad Real tuve todo el rato la sensación de que el objetivo de todos era ponerme las cosas fáciles para que estuviera a gusto, pese a que no dejé de ser un visitante anónimo más.


Como he dicho, Ciudad Real no es una referencia a nivel turístico, pero conserva algunos elementos de un cierto interés. A nivel histórico, dado su nombre es evidente que en el pasado estuvo ligada a la realeza de manera explícita. En concreto, fue Alfonso X el que, en 1255, amuralló y renombró como Villa Real un pequeño asentamiento preexistente, marcando así el destino del pueblo. En 1420 Juan II aumentó el estatus de este y Villa Real adoptó su actual denominación. 

El corazón de la ciudad es la Plaza Mayor. En uno de sus extremos está el Ayuntamiento, un curioso edificio de inspiración neogótica que me pareció muy original, aunque estoy seguro de que fue muy polémico cuando se construyó en 1976.


En el otro extremo de la Plaza está la Estatua de Alfonso X, que homenajea al padre de la ciudad y a cuya derecha se alza la Casa del Arco, originaria del siglo XV y que fue el consistorio hasta 1864. En ella hay un Reloj con Carillón que suena cuatro veces al día y que acompaña a un breve espectáculo de muñecos animados protagonizado por las figuras de Don Quijote y Sancho, la pareja manchega por excelencia, y la del propio Miguel de Cervantes. En la actualidad el conjunto es toda una atracción, pero es bastante moderno, ya que se instaló en 2005 con motivo del 750 aniversario de la fundación de Ciudad Real. Nosotros lo vimos en funcionamiento en el pase de las 20'00 horas (de milagro, porque inexplicablemente el jolgorio empezó antes de tiempo, como se puede ver en la foto).


La Plaza Mayor es el punto por el que uno pasa una y otra vez cuando pasea por el centro de Ciudad Real. En sus soportales hay multitud de bares y nosotros a mediodía no nos fuimos de allí sin tomarnos una caña, que vino acompañada de su correspondiente tapita (este es otro sitio donde se estila esta buena costumbre, al final va a ser Sevilla el único lugar de España donde uno se toma las cervezas a cara de perro). El bar donde hicimos nuestra parada, elegido al azar, fue el Mesón El Ventero. Lo de servirnos la jarra helada fue un detalle que me enamoró.



Tras degustar la tapa llegó el momento de comer de verdad. Para ello busqué en TripAdvisor un restaurante italiano céntrico donde poder comerme un buen plato de pasta, no en vano me esperaba al día siguiente todo un señor maratón y no quería romper con las tradiciones. Ciertamente, no encontré muchos restaurantes donde elegir, pero solo necesitaba uno que estuviera bien y por suerte apareció sin demasiada dificultad el lugar perfecto: en la Taberna Napoletana, ubicada en la Calle Lanza, me tomé unos tagliatelle zucchini perfectos para la ocasión.


Con independencia de los paseos, y más allá de los sitios donde comimos y bebimos, cuatro fueron los enclaves de Ciudad Real que visitamos en profundidad y en los que entramos. El primero fue el Antiguo Gran Casino, un inmueble inaugurado el 7 de junio de 1887 para ejercer de lugar de reunión de la burguesía ciudadrealeña, que hoy día alberga un conservatorio y también se usa para actos culturales (allí se dieron los dorsales del Maratón y en sus dependencias nos agasajaron de lo lindo, tanto a nosotros los corredores como a nuestros acompañantes, aunque de esto hablaré en el post dedicado a la carrera). En el Antiguo Gran Casino destacan los detalles, es el típico edificio que hay que ver con calma, pero que no tiene nada que sobresalga especialmente, por lo que es bueno tener una excusa para entrar y pasar en él un rato (si no, lo más normal será entrar por una puerta y salir por la del otro lado en un par de minutos). Nosotros echamos en sus salones más de una hora, entre unas cosas y otras, lo que hizo que me fijara bien en sus molduras, en los radiadores art decó con decoración vegetal y en las bellas lámparas de araña.


También estuvimos visitando con relajación el Museo Municipal Manuel López-Villaseñor, sito en la Casa Natal de Hernán Pérez del Pulgar, un noble que se ganó el favor de los Reyes Católicos por su valentía y su buen hacer guerrero durante la última fase de la reconquista, hasta el punto de que está enterrado en la Catedral de Granada no muy lejos de ellos. La casa donde nació Pérez del Pulgar es la más antigua que se conserva en Ciudad Real, está en la Calle Reyes y es interesante en sí misma, en ella no se pueden sacar fotos, pero los patios merecen la pena.


Con respecto al Museo, el mismo alberga la obra de Manuel López-Villaseñor, uno de los máximos exponentes de la pintura española de la segunda mitad del siglo XX. Yo la verdad es que no lo conocía, pero la exposición me impresionó, no solo pintaba muy bien, sino que además muchos de sus cuadros realistas me parecieron impactantes.

Me llamó mucho la atención también la exposición temporal que vimos allí, que ocupaba otra dependencia de la casa y que estaba dedicada a Darkphoto, el certamen internacional de fotografía de terror y ciencia ficción que se celebra en el marco de Hemoglozine, el festival internacional de cine de terror y cine fantástico de Ciudad Real, que ha celebrado su undécima edición este 2018 .


El caso es que en una de las salas del museo estaba expuestas las mejores 40 fotografías del concurso de este año, el cine de terror no me gusta nada, pero el lado siniestro y gótico del arte me atrae, sobre todo desde el punto de vista musical, pero también en lo que se refiere a la fotografía. Por ello disfruté de la exposición, había fotos realmente tétricas.



Al fondo estaban expuestas las ganadoras de la presente edición, con la cosa de que coincidimos en la sala con Miriam Martínez Sánchez, la fotógrafa ganadora de este año, que se estaba inmortalizando con su propia foto. En el próximo certamen será esta la que aparezca en el cartel.


Las otras dos visitas que hicimos fueron a iglesias. En primer lugar entramos en la Catedral de Ciudad Real. La misma es del siglo XV, salvo la puerta de la cabecera, que pertenecía a una iglesia que estaba en el mismo emplazamiento desde el siglo XIII.


La Catedral de Ciudad Real es de una sola nave y, por lo visto, es la segunda más ancha de España con esa característica, tras la de Girona.


En el templo estaba a punto de celebrarse una boda, lo que hizo que nuestra visita tuviera que ser un tanto exprés.


La Puerta de los Reyes, que es la de la foto de arriba, da a los Jardines del Prado, que son sin duda el otro corazón de la ciudad, ya que no solo tienen a la Catedral por un de sus lados, sino que tienen por otro al Museo Manuel López-Villaseñor y por el tercero al Antiguo Casino.

El otro templo que vimos por dentro fue la Iglesia de San Pedro, que es de la segunda mitad del siglo XIV. En su interior destaca la Capilla de los Coca.


Fernando de Coca fue confesor de Isabel la Católica y se hizo enterrar en un sepulcro de alabastro que tiene encima una estatua suya que se asemeja mucho al Doncel de Sigüenza. Por respeto no hice más que una foto furtiva, ya que dentro había gente rezando.

Aparte de todo, las vías peatonales del centro de Ciudad Real, donde se encuentran la gran mayoría de los lugares de los que he hablado, son agradables y sus edificios más destacados están cuidados con esmero, pero ese meollo es realmente pequeño, no es necesario caminar mucho para encontrar, sin salir del centro, calles funcionales mucho menos vistosas. En una de ellas, llamada Calle de Pedrera Baja, nos alojamos nosotros.


En definitiva, Ciudad Real me pareció una población que ha sabido cuidar y dar lustre a lo poco que conserva del pasado, a la vez que afronta el presente sin complejos. Por ello, pese a no ser un lugar al que se suela ir por el simple hecho de hacer turismo, sí ofrece suficientes atractivos como para pasar en sus calles un par de días amables si las circunstancias lo llevan a uno allí.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado CIUDAD REAL.
% de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Ciudad Real: 50%.
% de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 33'9%.