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14 de diciembre de 2024

EL PUERTO DE SANTA MARÍA 2024

Decía en el post anterior, dedicado a Madrid, que María está de exámenes, y que el segundo episodio de nuestro periplo Opositores on Tour iba a tener lugar en Cádiz, apenas un día después de la prueba que había hecho en las dependencias de la Universidad Complutense madrileña, perteneciente al proceso destinado a dotar de personal a un buen número de archivos de titularidad estatal. Yo, que la había acompañado a la capital, también fui con ella a que hiciera este otro ejercicio, con el que se busca cubrir un puesto de archivero en la Diputación de Cádiz. Sin embargo, en esta ocasión no pisé la Tacita de Plata, porque no hallé ningún alojamiento a un precio razonable allí. En cambio, sí apareció una aceptable opción para pernoctar en El Puerto de Santa María, que se encuentra muy bien comunicado con Cádiz mediante tren. 


La mañana del examen, acerqué en coche a María a la estación, y todo salió rodado. No obstante, yo no me moví de El Puerto, por lo que el presente artículo está centrado en este pueblo, y complementa al que ya escribí sobre él en 2021. 

Antes de pasar a comentar qué es lo que vi en El Puerto de Santa María, en las 20 horas en las que estuve allí, es importante decir que, si bien a Madrid fuimos solos María y yo, a esta segunda parte del periplo también nos acompañaron Ana y Julia, así como David, que es un amigo de Ana que, de momento, se ha ganado el derecho a venir de vez en cuando con nosotros. En efecto, tanto María como yo, teníamos ganas de que los tres se unieran a la comitiva, por lo que hicimos una parada técnica en Sevilla y los recogimos, antes de seguir hacia el sur.

Al llegar a El Puerto, lo primero que hicimos fue ir al apartamento que habíamos alquilado, y luego, en seguida, nos fuimos a cenar. María venía de hacer un examen agotador por la mañana, y tenía el otro al día siguiente, así que necesitaba un rato de distensión. Por eso, decidimos darnos una alegría, y acabamos en la Pizzería Napolitana Ditaly.


Ditaly es una franquicia, que tiene locales por toda España. Eso le podría restar atractivo al restaurante de El Puerto, pero lo cierto es que el trato en él fue bastante personalizado, hasta el punto de que nos atendió, en parte, el capo del lugar. Además, la carta me pareció original, la comida era de calidad, y tenía un toque muy particular. El Ditaly portuense a lo mejor comparte la oferta con las demás pizzerías de la cadena, pero tampoco vamos buscando una exclusividad absoluta. A mí, me vale conque lo que me sirvan esté bueno, y la focaccía y la pizza de Ditaly me encantaron.


Más allá de eso, también me gustó el agradable paseo nocturno que nos dimos por el centro de El Puerto. Era domingo, y aunque no era demasiado tarde, lo vimos todo muy tranquilo, pero ya iluminado para las Navidades.


Al día siguiente, volví por esas calles, para verlas con luz natural. Realmente, la mañana tuvo tres fases. En la primera, estuve yo solo, ya que, tras dejar a María en la Estación de Tren de El Puerto de Santa María y correr un rato, me duché y salí sin compañía, a dar una vuelta matutina por la localidad. A la juventud la dejé durmiendo. 

El Puerto de Santa María es un pueblo que se merece una detallada visita, porque tuvo más importancia en la Edad Moderna de lo que parece, dado que su puerto estuvo muy vinculado al comercio con América en esa época. Efectivamente, ya en 1680 se decidió que la flota de Indias empezara a descargar sus mercancías en Cádiz, en vez de en Sevilla, pero fue en 1717 cuando la Casa de la Contratación, y, con ella, el monopolio de las transacciones, se trasladó a la Tacita de Plata. Eso hizo que El Puerto de Santa María, que se encuentra situado justo enfrente, en mitad de la Bahía de Cádiz, y en la desembocadura del Río Guadalete, pasara a jugar un destacado papel, desde el punto de vista mercantilista. Allí, se asentaron multitud de comerciantes, se estableció la Capitanía General del Mar Océano, y se fijó el sitio donde las galeras reales fondeaban en invierno. Por ello, la localidad está repleta de casas-palacio, de conventos, de iglesias, de hospitales y de otros edificios de interés. 

En consecuencia, El Puerto de Santa María no se ve en un rato, porque hay mucho patrimonio inmueble en el que entrar. Sin embargo, el dinero que llegó al pueblo no solo dejó huella en los edificios, sino también en el urbanismo, por lo que es igualmente interesante recorrer las calles del centro con calma, para tomar conciencia, en plan general, de lo que fue El Puerto de Santa María en su época de esplendor. En ese sentido, en la población hay un número importante de llamativas plazas que explorar. La Plaza del Polvorista, por ejemplo, se hallaba cerca de nuestro alojamiento, y, aunque está muy reformada, alberga una notable casa-palacio, así que es una buena muestra de lo que es, hoy día, el meollo portuense. En él, no se han dejado de hacer renovaciones, pero aún se conservan un montón de vestigios del pasado reciente de la localidad.



El Palacio de Juan Vizarrón es la casa-palacio que se encuentra situada en la Plaza del Polvorista, y es un buen ejemplo de cómo son este tipo de construcciones en El Puerto. Lo suyo sería verlas por dentro, dado que los interiores están llenos de ricos elementos característicos, pero los exteriores son igualmente peculiares. En ellos, destacan las portadas de piedra arenisca labrada. También llama la atención el forjado de las ventanas, las rejas y los balcones. Las fachadas suelen ser de piedra encalada, y, en ocasiones, presentan ornamentos, que pretendían hacer ostentación del estatus y de la fortuna de sus propietarios. El Puerto de Santa María es conocida como La Ciudad de los Cien Palacios, y, si bien hoy día ya no quedan tantos, la verdad es que se van viendo construcciones así, en el centro de la localidad, de manera constante. Otro enclave paradigmático es la Plaza de la Herrería. En ella, sobresale la Casa de los Diezmos.


En la Plaza de la Cárcel lo que destaca es la Fuente de la Cárcel. Se construyó en 1839, y tiene forma de pilar. En el edificio que tiene enfrente, se ubicaba la antigua cárcel de la ciudad (no se ve en la siguiente foto, ya que era el inmueble que me quedaba a la espalda cuando la hice).


La Plaza de Cristóbal Colón también es singular. Antaño, se la llamó, tanto Plaza del Carbón, como Plaza de la Aduana Vieja. En aquella época, se caracterizaba por su intensa actividad pesquera y comercial, dado que estaba cerca de los muelles. En ella, destaca la Casa-Palacio de Pablo Vizarrón, que albergó la Real Aduana durante un tiempo. En 1938, la plaza se reformó, y fue entonces cuando se dedicó a Cristóbal Colón. El marino está representado en los azulejos sevillanos que decoran la Fuente de Colón, que, si bien ya no se usa, sí se conserva aún al fondo.


No obstante, la plaza más señera, de las que yo vi, es la Plaza de Alfonso X El Sabio, que se abre en uno de los laterales del Castillo de San Marcos.


El Castillo de San Marcos es tremendo, y denota que El Puerto de Santa María ya destacaba en la Edad Media. Su visita es obligada, y yo no tuve tiempo de entrar, por lo que hablaré de él cuando pueda verlo de manera adecuada.

Además de las plazas, el centro de El Puerto también está lleno de atractivas calles, que unen aquellas y que se merecen un paseo.


Algunas de esas calles comparten las características de las plazas, ya que tienen inmuebles modernos, pero están salpicadas de palacios decimonónicos, y también de históricos edificios en los que, aún hoy, hay bodegas. Otras vías, como la Calle Luna, que es en la que estaba Ditaly, se han peatonalizado, y presentan bastantes casas arregladas, con cuidadas fachadas y con comercios en sus bajos.

Con respecto a las mencionadas bodegas, en El Puerto de Santa María también es menester visitar alguna de las muchas que hay, ya que el turismo del vino es otro de los puntos fuertes de la localidad. Todo se andará.

Otra calle que pude ver en mi rutilla matutina, y que es muy destacada, es la Calle Micaela Aramburu de Mora. Esta importante arteria, que al principio tiene pinta de avenida con palmeras, que se estrecha después, y que acaba cambiando de nombre en su tramo final, va todo el rato paralela al Rio Guadalete, pero la separa del curso del agua una manzana de casas, por lo que no ejerce de paseo fluvial.


Hay tres cosas concretas en El Puerto de Santa María que pude ver bien al pasear, y a las que voy a hacer referencia. La primera es el Mural de la Carta Universal, que está hecho de azulejos


La Carta Universal es el primer mapa cartográfico en el que se representó América. Hace menos de un año, yo vi el original en el Museo Naval de Madrid, tal y como ya conté. Sin embargo, no era consciente de que Juan de la Cosa realizó la carta en El Puerto de Santa María. Eso lo he aprendido ahora.

Otro elemento significativo concreto que vi, mientras paseaba, fue el Arco de la Santísima Trinidad, que se erigió en el Siglo XVIII. Se trata de un arco barroco, que sigue el modelo que se repite en la entrada de las casas dieciochescas de El Puerto. No obstante, esta vez la construcción no da paso a un inmueble, sino que comunica la Plaza de los Jazmines con la Calle de la Santísima Trinidad.


El tercer sitio destacado en el que estuve es el Paseo de la Victoria. El terreno en el que se encuentra, en origen lo ocupaban las huertas del Monasterio de la Victoria, que fueron cedidas para que se trazara este primer paseo público de El Puerto. En la actualidad, el parque conserva huellas de su pasado como bulevar.


Decía antes, que la mañana que pasé en El Puerto de Santa María tuvo tres fases. En la segunda, ya se unieron al plan Ana, Julia y David. Efectivamente, a eso de las 11'00 volví al apartamento y toqué diana. El trío se levantó con cierta diligencia, y, para empezar, nos fuimos a desayunar. Para hacerlo, tiramos en dirección opuesta a la que yo había tomado a primera hora, es decir, nos dirigimos a la parte del casco urbano portuense que queda al suroeste de la Plaza de Toros. Esa zona colinda con el centro de la localidad, pero en ella el panorama cambia bastante.


En efecto, el barrio que queda entre el casco histórico y el Parque Periurbano Dunas de San Antón es puramente residencial, y es más moderno. Nosotros nos paramos a desayunar en el Bar La Jarra, y luego nos dirigimos hasta la Playa de la Puntilla. Para llegar allí, callejeamos un poco, y tuvimos que bordear el mencionado parque periurbano, que, en El Puerto, separa el espacio habitado del litoral costero.

El municipio de El Puerto de Santa María cuenta con otros arenales, además de la Playa de la Puntilla, que tienen un carácter diferente al de esta. La Playa de Valdelagrana, por ejemplo, se llena de jerezanos y de sevillanos, mientras que las playas que quedan al este dan servicio a todos los chalets y urbanizaciones que han proliferado por esa parte del término municipal de El Puerto. Por lo que respecta a la Playa de la Puntilla, la misma la usan los portuenses, porque es la que está más pegada al centro. Desde luego, sus dimensiones son espectaculares. 


Otra cosa es que, por su ubicación, cerca de la entrada de la zona portuaria, nos encontramos la playa algo sucia. Además, la arena estaba como apelmazada y dura. Supongo que le darán una vuelta de cara al verano. En todo caso, nosotros no teníamos la intención de tumbarnos, sino que pretendíamos llegar hasta el final del Espigón de la Puntilla, que separa la playa de la embocadura del Río Guadalete


El espigón mide unos 1.800 metros, por lo que es el más largo de la provincia de Cádiz. Recorrerlo entero parecía una buena idea, pero, en primer lugar, nos topamos conque estaba lleno de basura. Eso, ya de inicio, le restó atractivo. Sin embargo, lo que nos hizo desistir de andar hasta el extremo de la escollera fue la aparición de Susi.



Lo de llamar Susi al enorme bicho que se cruzó en nuestro camino, con toda la tranquilidad del mundo, fue cosa de David. Yo me eché unas risas con la ocurrencia, pero lo cierto es que el animal se apostó en medio del espigón, y se quedó inmóvil. Además, ya habíamos visto otro enorme roedor entre las rocas, por lo que dejó de hacernos gracia lo de ir caminando por ese estrecho camino infestado de ratas, y nos dimos la vuelta a la mitad.

Una vez que acabó la segunda fase de la mañana, comenzó la tercera y última. En ella, Ana, Julia, David y yo cogimos el coche, y fuimos a buscar a María a la Estación de Tren de El Puerto de Santa María. La opositora llegó cansada, pero nos habíamos prometido un buen homenaje, después de un fin de semana muy intenso, y eso, en El Puerto, es sinónimo de ir al Restaurante Romerijo.


El germen del actual Romerijo hay que buscarlo en la empresa de venta de marisco cocido que montó José Antonio Romero en 1946. Durante mucho tiempo, este negocio fue un simple cocedero, que empaquetaba y distribuía su género para llevar, pero uno de los hijos de José Antonio tuvo la idea, en 1975, de inaugurar una cervecería, con una amplia terraza en la que podían despachar el producto para su consumo instantáneo. La versión evolucionada de esa marisquería primigenia sigue en el mismo local, que da a la Calle Ribera del Marisco. Nosotros fue donde almorzamos. Hoy en día, Romerijo tiene seis establecimientos, ubicados en El Puerto de Santa María, en Cádiz y en Sevilla, pero el originario es ese. A mí me recuerda a los veranos de mi adolescencia, porque estuve en él varias veces en esos años, comiendo con mis padres en las mesas que ponen, en época estival, en el Parque Calderón. Sin embargo, nunca había comido a mesa y mantel en el propio restaurante.

Como expliqué en el post anterior, tanto el examen que hizo María en Cádiz, como el de Madrid, fueron simples ensayos para la verdadera prueba importante, que es la que aspiramos a que le de estabilidad de una vez por todas. Esta será en Sevilla, y ya me buscaré la manera de hablar de ella. Cuando tenga lugar, será un placer para mí reflejar el éxito en el artículo que escriba.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado EL PUERTO DE SANTA MARÍA.
En 1993 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Cádiz: 21'4% (hoy día 78'6%).
En 1993 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 9% (hoy día 36'3%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado EL PUERTO DE SANTA MARÍA.
En 1993 (primera visita consciente), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 6'8% (hoy día 59'1%).
En 1993 (primera visita consciente), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 1'1% (hoy día 22'2%).


28 de junio de 2024

VEJER DE LA FRONTERA 2024

Ispavilia es una empresa que combina el ocio cultural y el turismo, organizando rutas guiadas por Sevilla desde 2013. Durante muchos años, Jesús Pozuelo, que es su alma mater, se limitó a idear recorridos por la capital hispalense, en los que hacía gala de sus vastos conocimientos culturales y artísticos, así como de sus dotes de comunicador. Sin embargo, con el tiempo, el radio de acción de Ispavilia se amplió a diversos lugares de las provincias de Cádiz y de Huelva, y últimamente Jesús se ha desatado, y está montando viajes organizados, en los que replica su modus operandi habitual, pero a mayor escala. Yo no soy nada aficionado a viajar en grupo, pero en diciembre, por diversas circunstancias, superé mis prejuicios y me animé a hacerlo con Ispavilia. Fuimos a Madrid, y la experiencia me encantó. El mes que viene, daré un paso más y me dejaré llevar por Grecia, pero antes he ido a Vejer de la Frontera, a echar una mañana aprendiendo cosas, en una de las rutas gaditanas de las que hablaba arriba. 


Vejer de la Frontera es un pueblo blanco, que se desparrama por un prominente monte, el cual está situado apenas a 8 kilómetros del litoral atlántico. Dada su cercanía al mar, no se trata de una localidad de sierra, pero tampoco es apta para el turismo de playa, porque se encuentra más lejos de la costa de lo que toleran la mayoría de los aficionados a las jornadas de sol, olas y arena. Por tanto, en apariencia, Vejer se halla en tierra de nadie, pero, pese a esto, lo cierto es que ha sabido hacerse notar de una manera admirable, por lo que se llena de visitantes. El secreto de su éxito radica en que es una población repleta de rincones de gran belleza, que se han sabido cuidar y poner en valor. 


Yo estuve por primera vez en Vejer en 2005, pero se ve que anduve por el pueblo un tanto distraído, porque no recordaba nada. El pasado domingo regresé con Ispavilia, y ahora ya puedo corroborar que es una de las localidades más pintorescas que hay en España.


El caso es que Jesús nos citó en Vejer de la Frontera a las 11'30. Yo iba con mi madre desde Sevilla, y como salimos con tiempo y no hubo percances, logramos llegar un poco antes de la hora marcada. En vista de eso, decidimos buscar un sitio donde echar un cafelito y una tostada. La empresa parecía fácil, pero no lo fue tanto. El problema fue doble. En primer lugar, nos metimos directamente en la zona atractiva del pueblo, por lo que se complicó la opción de desayunar en un bar normal y corriente. Supongo que en Vejer es posible tomar una media mañana de andar por casa en otros barrios, pero en los alrededores de la Calle Corredera solo estaba abierto un negocio de los que sirven brunchs


No entraba en nuestros planes tomar huevos benedictinos, ni tortitas, y además el sitio estaba abarrotado, por lo que nos adentramos en el centro buscando una alternativa. La encontramos en una cafetería que tenía un aspecto más normal, pero en la que nos topamos con el segundo problema, que fue que no se despachaban desayunos a partir de las 11'00. Eran las 11'05, y allí habían comenzado con los aperitivos. En Andalucía occidental, por la mañana se sirven tostadas hasta mediodía. No lo digo yo, es así. Lo de rebajar la hora límite solo tiene una explicación, y es que el negocio en cuestión, aparte de ser un tanto sacacuartos, está enfocado al turismo foráneo. En este caso, la camarera que nos atendió, y que nos dijo al principio, con un marcado acento de Cádiz, que no nos podía poner tostadas a esa hora, parece que sintió un pelín de vergüenza y regresó al poco, para avisarnos, por lo bajini, de que nos iba a servir dos medias tostadas a nosotros. Supongo que teníamos pinta de casi paisanos. Se lo agradecí mucho. 

Luego, resultó que el lugar donde desayunamos es especial. Se llama Gran Taberna de la Plazuela, y pertenece al Hotel Convento de San Francisco. Este se encuentra ubicado en una parte del Antiguo Convento de San Francisco, y en su día fue la primera hospedería del pueblo.



El convento está irreconocible en la actualidad, pero tuvo su punto simbólico lo de empezar nuestra mañana de turismo en un edificio emblemático. Precisamente, en el ensanchamiento que tiene delante, que se denomina La Plazuela, fue donde arrancó la ruta con Jesús Pozuelo. Nuestra toma de contacto con Vejer me había hecho temer que nos íbamos a encontrar con un pueblo-decorado montado para guiris. Por suerte, tras el recorrido con Ispavilia, me he quedado con la impresión de que la locura turística no se ha ido de madre en ese precioso rincón de Andalucía.

No voy a tratar de reproducir en este post todo lo que Jesús nos contó sobre Vejer de la Frontera. Es imposible. Tan solo voy a presentar el municipio, después voy a resumir el contexto en el que se desarrolló el pueblo, y, por último, voy a relatar de manera sucinta las cosas concretas que vimos.

Vejer de la Frontera cuenta con unos 12.600 habitantes. De ellos, 9.000 pueblan la homónima capital municipal. Los demás, viven dispersos en multitud de pequeños núcleos de población. El mayor de estos, y el más famoso, es El Palmar, que ronda los 700 vecinos censados. El Palmar es el más célebre, porque ocupa la estrecha franja del municipio que se abre al Océano Atlántico. En este artículo no voy a hablar de ese trozo de costa, que está ocupado por la maravillosa Playa de El Palmar, porque esta vez no nos arrimamos al mar.  

No obstante, tengo que resaltar que el océano sí lo vi a lo lejos. Incluso, pude contemplar la costa de África. Resulta impresionante lo cerca que está Marruecos de España


En la imagen que pongo arriba, se distingue perfectamente, al fondo, el litoral marroquí. Más cerca, todavía en suelo español, se aprecia bien la Sierra de la Plata, y, a sus pies, la espectacular Playa de Zahara.

Pese a lo enamorado que estoy de esa parte del litoral de Cádiz, esta vez el mar solo lo vi de lejos, por lo que me voy a centrar en el pueblo de Vejer, que se sitúa encima de un promontorio que domina todo su entorno. 


Como es lógico, ese monte estuvo habitado desde el Paleolítico, pero fue durante los cinco siglos y medio en los que la población estuvo integrada en Al-Ándalus, cuando se conformó la fisonomía urbana que aún hoy la define. 



En 1285, Vejer pasó definitivamente a manos cristianas, y en 1307 se incorporó a las posesiones de la Casa de Medina Sidonia. Durante un puñado de siglos, esta estirpe nobiliaria tuvo mucho que decir en el pueblo y en su entorno. Ya en el XIX, las desamortizaciones y los acontecimientos políticos repercutieron en la titularidad de las propiedades, pero, a nivel urbanístico, lo relevante es que nunca se modificó en la población el entramado que se había gestado a principios de la Edad Media. Gracias a eso, Vejer de la Frontera está conformado por un conjunto de blancas y angostas calles, que serpentean por la montaña, y que son las responsables de que sea una de las localidades más bellas de España.




Así pues, en época islámica quedó fijado el tejido urbano de Vejer, que se adaptó a la irregular orografía de la elevación donde estaba. Sus calles se enmarcaron por una muralla, y quedó constituido un recinto fortificado de unas 4 hectáreas, con forma de polígono irregular de seis lados, comunicado con el exterior a través de cuatro puertas, que se conservan en su estado primitivo. 

No me gusta coger imágenes o fotos de otras páginas, sobre todo si son originales de sus autores, pero en este caso me voy a tomar la libertad de poner un mapa, enlazando el blog en el que está, que se titula Torres, Castillos y Fortalezas, y diciendo que su autor es Rafael Lara. Lo voy a hacer, porque el plano es una maravilla, e ilustra a la perfección lo que voy a contar.


En el mapa, se pueden ver las cuatro puertas de la Muralla de Vejer. La que da al norte se denomina Puerta de la Segur. Hasta el siglo XVII, se la llamó Puerta de la Villa, ya que era la principal del recinto amurallado.


En el sentido de las agujas del reloj, la siguiente apertura de la Muralla es la Puerta de Sancho IV, que está situada prácticamente en el punto donde el lienzo norte de la cerca se une con el este.


La actual Puerta de la Villa da al este. Antaño, desembocaba en una explanada, donde hoy día se sitúa la Plaza de España, que ejerce de corazón del pueblo.


Por último, en el extremo sur de la Muralla se ubica la Puerta Cerrada. Se llama así, porque estuvo tapiada entre los siglos XV y XVIII. En aquellos tiempos, los piratas berberiscos asolaban con cierta frecuencia la costa gaditana, y esa puerta era la que miraba al mar, por lo que era la más vulnerable, dado que era la primera que se encontraban los saqueadores al llegar a Vejer. Por eso, estuvo muchos años clausurada.


En la actualidad, no muy lejos de la Puerta Cerrada hay otra abertura en el cercado, que es posterior, y que confunde a la gente, por lo que he visto en Internet, ya que muchos creen que ese vano es la propia Puerta Cerrada. No lo es. En realidad, se trata del Arco de Santa Catalina, que se abrió en el siglo XVIII para permitir un paso más fluido desde el centro hacía el sur de la ciudad. Por eso, no se suele considerar como una de las puertas históricas de la Muralla de Vejer.


Intramuros, el pueblo de Vejer de la Frontera está compuesto por un blanco dédalo de calles, que se conservan limpias, cuidadas y arregladas. Los puntos destacados concretos de ese bonito casco histórico están encabezados por la Iglesia del Divino Salvador, que se alza encajonada entre las casas de una manera peculiar, porque no es su cabecera la que da a una plaza un poco espaciosa, sino que es uno de sus laterales.


Dado que la cabecera da a una estrecha calle, parece que la puerta principal de la iglesia es la que se asoma a la Plaza del Santo Ángel, pero en teoría no lo es.

La Antigua Iglesia del Convento de las Monjas Concepcionistas también es un edificio notorio. Lo es, en parte, porque hoy día alberga un museo etnográfico, pero sobre todo llama la atención porque tiene cuatro arcos adosados a la cara exterior de su muro sur, que se levantaron para soportar la pared y la bóveda de la capilla mayor. Los mismos reciben el nombre de Arcos de las Monjas, y dan acceso al Barrio de la Judería, que está atravesado por la Calle Judería y se encuentra pegado a la Muralla.


Otro enclave representativo de Vejer es el Castillo, residencia histórica de los Duques de Medina Sidonia, que fueron los dueños y señores del pueblo desde la Edad Media hasta el siglo XIX. En origen, la fortaleza fue una construcción musulmana, erigida entre los siglos IX y X, que luego fue acondicionada por los Duques para convertirla en su morada. A lo largo del XIX y del XX, el Castillo cambió de manos varias de veces, y fue objeto de nuevas y profundas reformas, que provocaron que, hoy día, de época islámica solo podamos ver el arco de la puerta, que data del siglo XI.


El Castillo permanece casi oculto desde el exterior, tapado por un montón de casas, que están adosadas a sus muros. Ni siquiera la entrada musulmana original se ve, ya que se encuentra como en una especie de zaguán, que está situado tras una puerta que tiene una pinta normal. 


Por fortuna, en el interior de la fortificación el Patio de Armas mantiene su estructura intacta. El mismo se ha modificado y ajardinado, pero en él se pueden apreciar sin problema las almenas, el adarve y los muros.


Otro edificio emblemático de Vejer es la Casa del Mayorazgo. Data del siglo XVI, y es llamativo por su pasado, pero también por su presente. Con respecto a este último, lo relevante es que la casona es privada, pero no se encuentra habitada por una sola persona, sino que se se ha transformado en una especie de corral de vecinos, vertebrado por dos patios adyacentes. Gracias a eso, está abierta, pero, con independencia de esa circunstancia, lo curioso es que los actuales inquilinos hacen vida en el inmueble con total naturalidad, hasta el punto de que yo vi a varios sentados en sus puertas, echando un rato de cerveza y de charla, como si las visitas no fueran con ellos. Sin embargo, están involucrados, porque son los que mantienen aquello precioso, sin esperar a cambio nada más que la voluntad del visitante. 


Desde el segundo de los patios de la Casa del Mayorazgo, que es el de la foto superior, y que no da tan directamente a las viviendas de los vecinos, se puede subir a la Muralla, justo en el punto en el que se alza la Torre del Mayorazgo.


Aparte de las cuatro puertas citadas, la Muralla de Vejer conserva cuatro torres, incluida la del Mayorazgo. Desde sus almenas, se obtiene una bella panorámica del Río Barbate y del Estrecho de Gibraltar, pero además se puede ver la Plaza de España, ya que se asoma a ella.



La Plaza de España es el meollo actual de la villa de Vejer, como dije antes. En su centro, en una gran isleta, desde 1957 se sitúa la Fuente de los Pescaitos, rodeada de bancos y de palmeras. Todo el conjunto cerámico que adorna la fuente y los bancos procede de Triana.




Todo esto que he venido describiendo, con cierta brevedad, lo fuimos visitando con Jesús Pozuelo a lo largo de dos horas. En Vejer, su grupo guiado estuvo formado por ocho personas. Tengo que decir que, de las visitas que he hecho con Ispavilia, esta ha sido la que me ha gustado en mayor medida. En Sevilla, he realizado cuatro rutas, y ninguna me ha defraudado, pero en Vejer noté más la diferencia que hay, entre deambular solo por un pueblo desconocido, y hacer un recorrido con alguien que sabe y que te va explicando lo que vas viendo. Por mi parte, chapeau para Ispavilia y para Jesús.

Tras acabar, mi madre y yo decidimos almorzar como está mandado, y para ello regresamos a la Calle Corredera. Allí, nos sentamos en la terraza del Hakuna Tapas, un negocio que, por lo visto, solo lleva abierto desde marzo. No suelo poner fotos de platos, pero ahora voy a hacerlo, porque las dos tapas que degusté fueron una delicia. En primer lugar, pedí un Tartar de Atún de Almadraba. En esa zona de Cádiz, es casi un delito no tomar atún cuando se come. Esta vez, el pescado venía servido sobre un pan brioche tostado, untado con una emulsión de sésamo. 


En segundo lugar, pedí Gambones al Ajillo y Manzanilla. Estaban servidos con chips de ajo. En vista del saborazo que tenía este plato, y también el otro, no he podido evitar ser tan detallista con lo que tomé. 


Eso sí, si en La Corredera, por la mañana, no hubo manera de desayunar nada que no fuera un brunch, para almorzar no menguó el nivel de modernez. En efecto, todos los bares que vi tenían un toque cool, incluido el Hakuna Tapas, donde hay que perderle el miedo a soltar 12 euros por cada por plato. En este caso, no obstante, el dinero estuvo muy bien gastado.

En definitiva, en 2005 estuve en Vejer de la Frontera, pero no recordaba nada de lo que vi. Sabía, por referencias, que es uno de los pueblos más bonitos de la provincia de Cádiz, de Andalucía, y de España, pero no tenía en la cabeza ni una sola imagen de sus calles, ni de sus edificios. Realmente, no sé en qué estaba pensando cuando fui hace 19 años. Pese a esto, me he desquitado, y ahora ya puedo decir, por mí mismo, que Vejer de la Frontera es una población que todo el mundo debería conocer.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado VEJER DE LA FRONTERA.
En 2005 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Cádiz: 64'3% (hoy día 78'6%).
En 2005 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 23'3% (hoy día 36'3%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado VEJER DE LA FRONTERA.
En 2005 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 31'8% (hoy día 59'1%).
En 2005 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 9'2% (hoy día 21'8%).