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26 de julio de 2025

PORTUGAL 2025 (VISITA DE JULIO)

Este año, teniendo en cuenta las perspectivas, parecía que se nos iba a ir el verano sin echar ni un fin de semana de playa. En vista de eso, decidimos buscar un alojamiento en algún lugar que estuviera cerca de la costa, con la idea de poder pasar un par de días de sol y de mar. Dada la improvisación y las fechas, para no dejarme un riñón, opté por alquilar un apartamento que aparentaba tener sus pegas, pero que era asequible. Su principal inconveniente era, en apariencia, que estaba en Vila Real de Santo António


Vila Real de Santo António es un municipio de Portugal que se encuentra justo en la esquina sureste del país. En principio, se halla en una zona muy propicia para el turismo veraniego, pero lo cierto es que su capital no está en primera línea de costa, por lo que no parece un buen sitio para pernoctar, si el plan es ir a la playa.


Como se puede ver en la imagen satélite, el pueblo de Vila Real de Santo António se asoma a la desembocadura del Río Guadiana, y se encuentra enfrente de Ayamonte. En realidad, es una localidad muy bonita, pero la definen dos características, que hacen que sea raro alquilar allí un apartamento. La primera es la que he comentado de que está alejada del mar, en una zona en la que el turismo playero lo copa casi todo. En ese contexto, queda como un destino incómodo. La segunda es que sus calles llaman poco la atención, porque la población surgió de la nada en 1774, diseñada ex novo con el objetivo de controlar la entrada de pescado y de otras mercancías a través del Guadiana. En aquella época, España era aliada de Francia, mientras que Portugal lo era de Inglaterra, por lo que los dos estados vecinos siempre estaban a la gresca, y Vila Real nació solo para plantar cara a la cercana Ayamonte. Debido a eso, tiene una estructura funcional tan cuadriculada, que parece artificial. 


En Finlandia, la tradición marca otra cosa, como conté hace poco, pero en Portugal se admiran las callejuelas serpenteantes, no las ciudades que parecen un tablero de ajedrez. En España también. Por eso, y por la ausencia de edificios destacados, es raro que los españoles vayan a Vila Real de Santo António a hacer turismo propiamente dicho. Hace años, los andaluces atravesaban el Guadiana e iban a comprar las célebres toallas portuguesas al país vecino. De este, Vila Real era el sitio más cercano donde se podía parar, lo que convirtió la localidad en el principal punto de venta de productos textiles de algodón del sur de Portugal. Hoy día, en los tiempos de Internet y de la globalización, todo llega a todos lados, y, si no, todo te lo llevan a casa, por lo que ya nadie hace excursiones para ir a por el ajuar. 

En consecuencia, las razones para ir de visita a Vila Real de Santo António han desaparecido, salvo que la diversión consista en coger la embarcación que cruza el Guadiana en 10 minutos y lleva de Ayamonte al Puerto de Vila Real. Por lo visto, durante esa breve travesía se ve una bonita panorámica del entorno del río, por lo que hay españoles que echan un rato en Vila Real con la excusa de disfrutar del paseo en barco, pero, desde luego, no es un lugar para ir a dormir. Por eso, yo localicé en él un apartamento a buen precio.

El tema es que, en realidad, yo lo que quería era aprovechar la playa, pero como nunca he necesitado alojarme en primera línea para eso, pues muchas veces he encontrado sitios para pernoctar baratos, no excesivamente lejos del mar. Es verdad que, a cambio, me veo obligado a coger el coche o a andar, según, y tengo que ir ligerito de bártulos, pero a mí me merece la pena. Además, gracias a la costumbre de salirme de los circuitos preparados para el turismo playero, he podido conocer pueblos como Vila Real, que, al final, resulta que tienen su atractivo. 


Realmente, Vila Real de Santo António es un pueblo digno de ser visitado, porque tiene un frente fluvial bonito, y porque no deja de ser curioso que una localidad en la que viven casi 12.000 personas, mantenga una estructura tan cuadriculada, dispuesta como una malla, a partir de un epicentro muy definido, situado en la Praça do Marquês de Pombal.


A mí, Vila Real de Santo António me pareció un pueblo pintoresco, que está muy cuidado, y que cuenta con un Paseo Fluvial que es maravilloso, tanto de día, como de noche. 


Resulta que, tras la puesta de sol, es una delicia ir a tomar un mojito al borde del Río Guadiana. Allí, en el Jardím da Avenida da Republica, ponen unos chiringuitos con mesas, en los que se puede beber algo en un ambiente relajado y fresco, mientras se echa un rato de agradable charla, en el que no falta la suave música de fondo. El primer día paramos en Boa Praça.


El segundo, nos quedamos en Saal, que era otro cocktail bar de carácter efímero, montado para despachar bebidas en plan tranquilo.


Aparte, es cierto que el pueblo de Vila Real de Santo António no tiene playa, pero en su término municipal sí hay unas cuantas. Sin embargo, los dos días nosotros optamos por irnos un poco más lejos.

Echando el día en la Praia da Alagoa

El litoral del Algarve, como el de la vecina Huelva, más que tener playas, tiene playa. Esos significa que, realmente, con lo que cuenta es con una uniforme barra de arena infinita, que se asoma al Océano Atlántico, la cual se denomina de diferentes maneras en función del municipio por el que discurra, o en base a lo que tenga a su espalda. El primer día, nosotros nos movimos hasta el trozo de costa que está delante de una localidad llamada Altura, la cual pertenece al concelho de Castro Marim


En ese tramo, el trecho de fina arena dorada se denomina Praia da Alagoa. Es un privilegio tener, no muy lejos de casa, arenales interminables de esa categoría.


Regreso a la Ilha de Tavira

El segundo día nos fuimos más al oeste. A partir de la Praia de Manta Rota, un brazo de agua de mar, que se va agrandando conforme avanza hacia occidente, separa del continente el cordón de arena del que hablaba antes. Se forma así una laguna salada, llena de canales e islotes, que es una zona húmeda de gran importancia medioambiental. Desde 1987, la misma conforma el Parque Natural da Ría Formosa.


Pertenecen al Parque Natural da Ría Formosa un total de 60 kilómetros de costa, que son los que van desde Manta Rota hasta Vale do Lobo. Por el este, el último tramo lo ocupa la citada Praia de Manta Rota, que todavía no se encuentra en ninguna isla. A partir de ahí, hacia el oeste, en el litoral se suceden, en forma de barrera, cinco islotes que están separados del continente por un canal de agua, así como dos penínsulas. A pesar de la cantidad de turismo que soporta el sur de Portugal, toda esa franja inmediata al mar conforma un paraíso natural, en el que la gran barra de arena se ha mantenido casi virgen.

De esas cinco islas comentadas, la Ilha de Armona y la Ilha de Tavira son las que yo conozco. Precisamente, a una playa que se ubica en esta última, es adonde fuimos el segundo día.


La Ilha de Tavira es toda de arena, y mide 11 kilómetros. Por el este, está separada de la Ilha de Cabanas por un canal artificial. En cambio, por el oeste, el espacio con la Ilha de Armona se formó de manera natural. En el post que le dediqué a Portugal en 2018, ya hablé de la Ilha de Tavira, porque accedimos a ella a la altura de la Praia do Barril, que se encuentra en su sector central. Por contra, en esta ocasión, y en las demás en las que he visitado la isla, he estado en su extremo oriental. Allí, hay un complejo turístico, integrado por un camping y por varios restaurantes.



A ese complejo se llega con un pequeño barco, que se coge en Quatro Águas, y que atraviesa la Ría Formosa.



Quatro Águas es un asentamiento en el que no tiene pinta de vivir nadie. Allí, lo que hay es un pequeño puerto deportivo, un hotel, un par de restaurantes, dos edificios que parece que pertenecen a la policía y al servicio de guardacostas, así como una caseta, en la que se compran los billetes para ir a la Ilha de Tavira.


La ruta desde Quatro Águas hasta Ilha de Tavira es breve, pero el entorno es precioso, por lo que se disfruta una barbaridad.


Tras el paseo, se arriba al muelle de la isla, y, desde allí, la distancia hasta la Praia da Ilha de Tavira no es grande. Para llegar a ella, hay que recorrer un camino de cemento, que se abre paso entre un buen número de restaurantes. La entrada al Parque de Campismo da Ilha de Tavira también da a ese sendero pavimentado. 


Dada la cantidad de gente que vi en esa zona, temí que nos estábamos metiendo en la boca del lobo, pero lo cierto es que, al poco, llegamos a la paradisiaca Praia da Ilha de Taviraque se abre al Océano Atlántico sin trabas, y la aglomeración se diluyó.


Yo he estado en esa parte de la Ilha de Tavira en bastantes ocasiones. Son muchas las historias que he vivido ese sitio, desde que me estrené, yendo de camping con mis amigos en 1997. A pesar de su reducido tamaño, también podría contar alguna que otra anécdota acaecida en Quatro Águas. La próxima vez será. Ahora, del pasado solo voy a añadir que, en 2010, pasé una noche en el Hotel Vila Galé Albacora, que es el hotel de Quatro Águas al que antes hice referencia. El mismo se encuentra en el lugar donde el Río Gilão desemboca en la Ria Formosa, pero en el lado opuesto al del resto de Quatro Águas.


El hotel lleva abierto desde el año 2000, en las instalaciones rehabilitadas de un antiguo arraial atunero, es decir, de un asentamiento en el que vivían, de manera semipermanente, los pescadores de atún que faenaban en la costa del Algarve, y en el que preparaban el pescado. Alojarme en ese establecimiento fue un privilegio, que no he querido dejar de recordar.

Dos chiringuitos y un restaurante

Pero volviendo al último fin de semana, no quiero terminar el post sin hablar de los tres lugares donde comimos. En el primero, realmente lo que hicimos fue cenar. Estaba en la Avenida da República de Vila Real de Santo António, justo enfrente del puerto deportivo, y se llamaba Restaurante O Pescador.


De él, me gustó que pusieron de su parte para hacernos un hueco, dado que íbamos sin reserva y que estaban los restaurantes hasta la bola. Además, el bacalao dorado y los salmonetes a la brasa que nos sirvieron estuvieron buenos. También disfruté del hecho de que la inmensa mayoría de los comensales que atiborraban el salón eran gente local. Incluso, había allí una familia enorme celebrando un cumpleaños, así como otros grupos de personas que, evidentemente, no eran turistas. En resumen, cenamos en medio de un cierto caos, en un ambiente bastante poco refinado, pero la verdad es que todo fue muy auténtico.

Al día siguiente, ya cambiamos de tercio y comimos en un chiringuito de playa puro y duro. En concreto, reservamos una mesa en el Restaurante Das Marés, que está, literalmente, en la Praia da Alagoa.


Para mí, Das Marés fue el mejor restaurante de los tres que visitamos. El tercero se llamaba Restaurante Água Viva, se encontraba en la Ilha de Tavira, y tampoco estuvo mal, pero era más turístico, es decir, que si en O Pescador y en Das Marés nos atendieron con transparencia sendos camareros, que eran tan eficientes como antipáticos, en Água Viva nos captó un lisonjero vende motos, que nos despachó el pescado que le dio la gana, tras decirnos, estando ya sentados en la mesa, que no tenía carta, y luego se ocuparon de nosotros un par de jovenzuelos desganados, con pinta de estar trabajando como castigo, por no haber dado palo al agua en el instituto durante el curso. En consecuencia, la experiencia podría haber sido nefasta, pero lo cierto es que, al final, nos comimos unas sardinas asadas y un robalo bien cocinados. La relación cantidad-precio solo rozó el aprobado, pero, al menos, conseguimos salir de allí sin ser estafados.  

En definitiva, el improvisado fin de semana me ha dado la oportunidad de hablar de la parte oriental de la Ilha de Tavira. Tenía muchas ganas de hacerlo. Además, he podido reflejar en este post que ya acaba, otros cuantos momentos puntuales que me apetece guardar en la memoria. No obstante, continúa estando pendiente el viaje por Portugal que tengo pensado.


Reto Viajero TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO
Visitado PORTUGAL.
En 1987 (primera visita), de los 44 Países del Mundo que están en Europa, % de visitados: 4'5% (hoy día 43'2%).
En 1987 (primera visita), de los 196 Países del Mundo, % de visitados: 1% (hoy día 10'2%).


12 de junio de 2025

PORTUGAL 2025 (VISITA DE JUNIO)

Es el momento de que vuelvan a aparecer Guns N' Roses en este blog.


Pues sí, el presente va a ser un post menos turístico de lo normal, porque el pasado fin de semana no fui a Portugal a conocer monumentos, ni a explorar algunas de sus muchas maravillas naturales. Fui a un concierto. No obstante, siempre que me muevo, aunque sea al pueblo de al lado, miro el entorno con ojos curiosos, y tengo la teoría de que los sitios, para conocerlos realmente, hay que visitarlos también con planes alternativos. No todo es ver iglesias y museos. Por eso, este artículo encaja a la perfección en el blog.

El caso es que en diciembre, mi amigo Raúl me comió el coco para que fuéramos a Coímbra a ver a Guns N' Roses. Lo cierto es que no tuvo que hacer demasiado esfuerzo para convencerme, porque la banda angelina está en el Top 5 de mis favoritas. Por eso, me dejé un riñón en una entrada para mí y en otra para María, él compró una para él y otra para su mujer Ana, y los cuatro nos hemos escapado dos días, yendo de Sevilla a Coímbra en coche.

Antes de hablar brevemente de lo que vimos, voy a dedicarle unos párrafos a Guns N' Roses, y también a su concierto, que fue la excusa para internarnos en Portugal


Guns N' Roses llevan activos desde 1985. A pesar de lo que pueda parecer, nunca se han tomado un descanso, ni se han separado formalmente. Lo que sucede es que su line up mítico, que fue el que grabó en 1987 Appetite for Destruction, no pasó de 1990. A partir de este último año, y hasta 1998, todos los miembros que habían participado en el álbum debut del grupo se fueron marchando, salvo el cantante, Axl Rose, que se quedó al frente de una especie de banda tributo de su propia banda. Entre 1991 y 2008, además, Guns N' Roses no sacaron ni un disco con canciones nuevas. En esa época, dejaron de despertar interés en mí. Sin embargo, en 2016 regresaron Slash y Duff McKagan, y ahí la tortilla dio la vuelta, porque ver a un combo legendario, con tres de sus cinco miembros clásicos en escena, merece mucho la pena. Desde entonces, Guns N' Roses habían actuado en España y en Portugal en sus tres giras mundiales, con la cosa de que, en la segunda, llamada We're F'N' Back! Tour, tocaron en Sevilla. Yo, no solo fui a ese concierto, sino que hablé de él en un post

Por lo que respecta a esta cuarta gira, desde que SlashDuff McKagan y Axl Rose se rejuntaron, en ella están programados 43 conciertos. El de Coímbra fue el undécimo y el segundo en Europa.


Because What You Want & What You Get Are Two Completely Different Things Tour es como Guns N' Roses han bautizado a la gira 2025.  El nombre está elegido con cierta sorna, e indica que ellos mismos parecen ser conscientes de que Axl Rose ya no canta demasiado. En 2022, yo lo vi todavía en plena forma, pero el viernes, quitando las pocas canciones en las que su destreza vocal era menos importante y pudo subir el volumen del micro, en el resto se le oyó regular. De hecho, cuando su voz emergía clara de entre el sonido de los instrumentos y de las voces corales de Duff McKagan y de Melissa Reese, lo que se escuchaban eran más chillidos que otra cosa. Axl Rose tenía una voz impresionante, y parte de la grandeza de Guns N' Roses se forjó sobre la base de su capacidad para alternar agudos profundos con tonos rasgados, a un volumen considerable y vocalizando a la perfección. Su voz era macarra y sentida a la vez. Ahora, por lo que yo vi, la mayoría del tiempo, cuando se le oye, es porque a duras penas grita.

Pese a todo, también tengo que resaltar lo bueno que vi en el concierto de Coímbra, que para mí fue bastante. Lo primero es que el espectáculo fue soberbio, ya que el Estadio Cidade de Coimbra casi se llenó, lo cual tiene mérito, dado que tiene un notable tamaño.


El ambiente, por tanto, acompañó, pero, además, vimos sobre el escenario a siete músicos que lo dieron todo a lo largo de tres horas. Es innegable que la voz de Axl Rose flaqueó durante mucho rato, pero su tono físico ha mejorado con respecto a 2022, y su derroche de energía fue encomiable. Aparte, Duff McKagan, sin dejar de cubrir las espaldas vocales del frontman de la banda, demostró que sigue siendo un titán al bajo, por no hablar de que cantó una versión de New Rose de The Damned de una manera más que solvente.


Por su lado, los dedos de Slash no han perdido destreza con la guitarra, e Isaac Carpenter, que es el nuevo batería de la banda, no solo se salió del pellejo interpretando los temas, sino que, además, resultó ser un robaplanos de libro, ya que le vimos a menudo en pantalla en plan espectacular. Junto a ellos, Richard Fortus, Dizzy Reed y Melissa Reese, encargados, respectivamente, de la guitarra rítmica, del piano y de los teclados, no explotaron tanto su faceta rock star, pero demostraron un gran talento. En resumen, las canciones sonaron de maravilla, salvo por la voz. Aparte, fue bastante brillante, en conjunto, la interpretación de Estranged, que es más lenta, así como de Knockin' on Heaven's Door y de Live and Let Die, que son versiones. En ellas, Axl se vio menos exigido y todo cuadró mejor. Lo cierto es que fue un conciertazo.


Además, hay tres cosas que me gustaron especialmente del concierto. La primera fue que Axl Rose presentó a los demás integrantes de Guns N' Roses. La mayoría de las bandas no lo hacen, y yo creo que es algo que las realza. Aparte, no hubo bises, porque Guns N' Roses se saltaron el teatro típico de los grupos, que simulan que se despiden, se van en apariencia, y vuelven al escenario un minuto después. Los bises tienen sentido si son de verdad, pero el numerito de irse diciendo adiós y regresar enseguida, para interpretar cuatro canciones más, siempre me ha parecido un poco ridículo. Axl y compañía se lo ahorraron. Ellos tocaron del tirón la apabullante cantidad de 28 temas, y al terminar se fueron sin pantomimas. Por último, me encantó que salieron todos a saludar como colofón, poniéndose en fila y haciendo una reverencia al publico. Ese es otro detalle de gente grande.

En definitiva, no se como va a aguantar la voz de Axl Rose los 19 bolos que le quedan hasta el 31 de julio. Ojalá mejore su capacidad para cantar. Después, podrá descansar un par de meses, antes de dar otros 13 conciertos por Sudamérica.

En cualquier caso, la nuestra fue toda una experiencia, y, con la excusa de ir a ver a Guns N' Roses, pasé dos días sensacionales en Portugal, aunque es verdad que no vi demasiado de Coímbra. Allí, el plan era comer en algún lugar céntrico, y después tirar para los alrededores del Estadio Cidade de Coimbra, apurando un poco. Sin embargo, al llegar a la ciudad ya nos encontramos cortados los accesos a las inmediaciones del recinto. Era importante no alejarnos para soltar el coche, con la idea de que no estuviera a tomar por culo al acabar, y, entre pitos y flautas, para cuando aparcamos eran las cuatro de la tarde y no nos habíamos echado nada a a boca. Esa hora era tardía incluso para España, por lo que no nos quedó más remedio que pensar en almorzar en un restaurante tipo McDonald's. Tras una rápida búsqueda en Internet, vimos que había varios en un centro comercial que estaba junto al estadio, así que cortamos por lo sano, nos olvidamos de los enclaves pintorescos de Coímbra, y nos fuimos a hacer una previa como Dios manda al Alma Shopping.


Antes de asistir a un concierto de Rock, comerse una hamburguesa en un Burger King y beberse unas cuantas latas de cerveza no es un plan que desentone.


Con respecto a la cerveza, como estábamos en Portugal, lo que pegaba era que fuera autóctona. Yo iba pensando en beber Sagres, pero Super Bock es otra marca portuguesa que me encanta. La misma es originaria de Oporto, que se encuentra a 115 kilómetros de Coímbra, por lo que es lógico que se despache con normalidad en esta ciudad.

El tema es que pillamos una mesa cojonuda en el centro comercial, donde estábamos frescos y cómodos. A nuestra edad, si las cervezas nos las podemos tomar sentados y sin pasar calor, pues mejor. Por eso, estuvimos un par de horas allí apalancados, charlando y bebiendo la mar de a gusto. La parte negativa es que apenas me paseé por Coímbra.

Casi todo por descubrir en Coímbra

Y es ahora cuando voy a dedicarle unas palabras a esta ciudad de 106.000 habitantes, que se encuentra enclavada en un municipio que ronda los 140.000. Coímbra fue capital de Portugal entre 1131 y 1255, y es sede de una universidad, que no solo es de las más antiguas de Europa, sino que tiene el privilegio de ser la primera que se fundó en Portugal. No estamos hablando, por tanto, de una localidad cualquiera. 

Hoy día, el municipio coimbrense se halla dividido en 18 freguesias (la freguesia es la división administrativa equivalente a los distritos o barrios en España). Lo que sucede es que apenas cinco de ellas se considera que son urbanas. De esas cinco, nosotros estuvimos en Coímbra y en Santo Antonio dos Olivais. No obstante, pese a que Coímbra se corresponde con la zona más céntrica de la ciudad homónima, en nuestro caso solo anduvimos por su extremo este, camino del Estadio, que se encuentra ya en Santo Antonio.


En efecto, la freguesía de Coímbra se divide, a su vez, en 4 zonas extraoficiales, que son Sé Nova, Santa Cruz, Almedina y São Bartolomeu. Puestos a rizar el rizo, se puede decir que en Santa Cruz se diferencian una serie de barrios históricos. Uno de ellos es Baixa, que es el más famoso, pero yo por ahí no me moví, por lo que no voy a hablar de él en esta ocasión. Nosotros dejamos el coche en la Avenida Doutor Dias Da Silva, en el tramo en el que cruza la freguesia de Coímbra por Se Nova.

La zona de Se Nova tiene un carácter eminentemente residencial. Por lo que respecta a la Avenida Doutor Dias Da Silva, se ve que perteneció a la periferia noble de la ciudad de Coímbra hace muchas décadas, ya que en ella se alternan casas de un aspecto decimonónico, con otras equivalentes más modernas.


Coímbra se extiende por un terreno encrespado, por lo que es una ciudad en la que no faltan las cuestas. La Avenida Doutor Dias Da Silva va de norte a sur, descendiendo suave, pero constantemente, desde lo alto de una elevación que supera los 150 metros. Nosotros, aparcamos en esa calle y comenzamos a bajar, hasta alcanzar su final. 


Después, continuamos descendiendo, hasta que llegamos a una zona más llana, que pertenece ya a la freguesia de Santo Antonio dos Olivais. Esa llanura empieza cerca del Estadio Cidade de Coimbra y se extiende hacia el sur.


El Estadio Cidade de Coimbra se construyó con vistas a ejercer de sede de la UEFA Euro 2004. Por eso, se inauguró en 2003 y acogió dos encuentros de la primera fase de ese torneo de selecciones nacionales. Sus gradas tienen aforo para más de 29.000 espectadores. No obstante, caben en él 50.000 personas, cuando se organizan conciertos y se aprovecha el terreno de juego para meter gente. Para ver a Guns N' Roses, nos juntamos allí 48.000 incondicionales. Se registró un lleno casi total, aunque la organización fue modélica y no hubo problemas, ni al salir ni al entrar. 


Por otro lado, adosado a su gol norte, se encuentra el centro comercial del que hablaba, que también tiene un tamaño importante.

El concierto de Guns N' Roses duró tres horas, y al acabar nos moríamos de hambre. Dado que era más de medianoche, al salir del estadio temí que nos íbamos a quedar sin cenar, porque Alma Shopping estaba ya cerrado, pero, por fortuna, en los bajos de un edificio residencial que había enfrente, dimos con un restaurante abierto llamado Noodles Massas do Oriente.


Noodles Massas do Oriente no era un restaurante asiático de comida rápida, sino que tenía mesas y camareros, pero se encontraron con un montón de gente hambrienta y supieron potenciar sobre la marcha su vertiente take away. Nosotros le echamos paciencia, y nos llevamos una ración de Chow Mein cada uno. Aún tardamos un buen rato en llegar a nuestro alojamiento, pero, al hacerlo, fue un alivio tener la cena lista.

Ruralismo en Portugal

Con respecto al sitio donde pernoctamos, fue un poco original, pero me permitió conocer un pueblo del Portugal rural. Mi intención original era alquilar en Coímbra un apartamento donde dormir, pero descarté rápido esa opción, porque no había absolutamente nada. En vista de eso, busqué algo bueno, bonito y barato, que estuviera en las afueras, lo más cerca posible. Encontré A Casa do Barbeiro, que se ubica en Casais da Granja.


Casais da Granja es una pequeña población que pertenece al municipio de Ansião, en el que viven unas 11.000 personas. Casais se encuentra a 8 kilómetros de la capital municipal y a 40 de Coímbra. La cosa es que A Casa do Barbeiro cumplió plenamente con nuestras exigencias, pero nos obligó a meternos en carretera tras el concierto, y a llegar de madrugada a un lugar un tanto recóndito. Yo me acosté medio muerto. Sin embargo, al día siguiente, antes de marcharnos, pude darme una vuelta por la diminuta aldea. 



A media mañana del sábado, el ambiente en Casais da Granja era de tranquilidad absoluta, pero, por la tarde, dio la casualidad de que iban a comenzar las fiestas del pueblo. Por lo que vi, las mismas iban a durar cuatro días. A la hora a la que yo me paseé, estaban ultimando los preparativos en la zona que ejerce de plaza principal de la aldea. En ella, ya habían montado el escenario para las actuaciones.



Elvas, ciudad de frontera

Tras el paseo por Casais da Granja, llegó el momento de volver a casa. Sin embargo, no quisimos despedirnos tan rápido de Portugal, y decidimos comer en Elvas, justo antes de atravesar la frontera.


En Elvas viven 16.000 personas, las cuales mantienen una relación casi simbiótica con los habitantes de Badajoz, dado que ambas localidades solo distan unos 20 kilómetros. Por lo visto, los elvenses van con frecuencia a ciudad extremeña a comprar, mientras que los pacenses acostumbran a ir a comer a Elvas, aprovechando que es una población pintoresca, que cuenta con un buen número de restaurantes destacados.

Yo ya había estado dos veces en Elvas. La primera fui a disputar el Medio Maratón Elvas-Badajoz. Fue en abril de 2009. Sin embargo, en aquella ocasión solo vi el pueblo de refilón, porque la carrera empezó en el Parque da Piedade, que se encuentra a las afueras de la zona moderna de la población. Pese a esto, me quedé con la copla de que Elvas merece la pena, y regresé con María un par de meses después, con la intención de hacer turismo. Incluso, dormimos allí una noche, en el Hotel São João de Deus.

Lo cierto es que recuerdo aquella escapada con mucho cariño, porque María y yo fuimos con Ana, cuando no había siquiera cumplido el año, y pasamos en Elvas un par de días entrañables, paseando y descansando. Entonces, ya vi que su casco histórico está en una elevación, y que la ciudad conserva todo su perímetro amurallado. 


Además, Elvas presenta la particularidad de que, antes de la Muralla, en el lugar en el cual estaría el foso, han dejado un amplio espacio sin construir, incluso en la vertiente meridional de la elevación, que tiene una inclinación moderada, de manera que el recinto fortificado brilla en mayor medida. Después, la localidad ha crecido, sobre todo por ese lado sur, pero el casco histórico está bien definido y conservado. Realmente, es una población para visitar. Nosotros, el otro día aparcamos en la céntrica Praça 25 Abril, que se halla muy cerca del hotel donde pernoctamos en 2009. Fue una casualidad, puesto que lo que íbamos buscando era un restaurante que había visto recomendado en Tripadvisor. Comer en el Restaurante El Cristo hubiera sido un pelotazo, porque María y yo ya comprobamos en 2009 que hace honor a su fama, pero en esta ocasión optamos por controlar un poco el gasto. Lo que pasa es que, cuando llegamos a la puerta del sitio elegido, nos lo encontramos cerrado. Por suerte, enfrente había una alternativa abierta. Se llamaba Restaurante Girassol


De nuevo, era tarde para almorzar en Portugal, pero la verdad es que no importó. El trato que nos dispensaron en el Restaurante Girassol fue exquisito, comimos muy bien, a un precio moderado, y nos dejaron a nuestro aire, sin meternos prisa para nada. 


Con respecto a Elvas, como nos habíamos internado en su casco histórico, recorrimos un par de calles buscando el restaurante, y, además de la Praça 25 Abril, pude ver también Largo da Miséricordia, que es una plaza que está presidida por la Estatua del Rei Don Manuel I. Este monarca es el que reinó en los años más lustrosos de Portugal como potencia descubridora.


No obstante, no era el día de dar mayores paseos por Elvas, ni tampoco profundizamos demasiado en otros encantos portugueses. Lo pasé genial en buena compañía, pero sigue pendiente el viaje exploratorio que tengo previsto por el país vecino. De hecho, ha quedado patente que es pertinente que espabile, porque no es de recibo que, viviendo a 130 kilómetros de su frontera, la presente sea tan solo la segunda vez que Portugal aparece en En Ole Väsynyt, teniendo en cuenta, además, que, como digo, en esta ocasión ni siquiera he ido a hacer verdadero turismo.


Reto Viajero TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO
Visitado PORTUGAL.
En 1987 (primera visita), de los 44 Países del Mundo que están en Europa, % de visitados: 4'5% (hoy día 43'2%).
En 1987 (primera visita), de los 196 Países del Mundo, % de visitados: 1% (hoy día 10'2%).


7 de abril de 2018

PORTUGAL 2018

Siempre he considerado a Portugal como nuestro país hermano, aunque por desgracia hay españoles que miran a los portugueses un poco por encima del hombro, e incluso se quejan de que nos tienen manía, así en general. Es evidente que habrá de todo, pero yo estuve varios meses compartiendo piso en Génova con un portugués, mi casa estaba siempre llena de compatriotas suyos, hice bastante vida con ellos y no sufrí ni un mal gesto en todo ese tiempo, lo que vino a confirmarme que la leyenda negra es falsa. Es cierto que a pesar de vivir apenas a 125 kilómetros de la frontera con Portugal conozco muy poco el país, pero las veces que lo he visitado tampoco he visto nada que indique que nos tengan hambre por sistema.

Pese a lo dicho, es evidente que avinagrados los hay, como pudimos comprobar María y yo el pasado viernes nada más entrar en tierras lusas, pero eso me temo que es más achacable al carácter intrínseco de algunos ejemplares de la raza humana que a la nacionalidad de los mismos. Lo que pasó fue que al llegar al lugar que habíamos elegido para pernoctar durante el fin de semana, que no era otro que el Parque de Campismo de Monte Gordo, la recepcionista nos dijo que las niñas sin su Documento Nacional de Identidad allí no se quedaban. También hubiera valido el Libro de Familia, pero era la primera vez que intentábamos dormir con ellas fuera de España sin haber cogido antes un avión y no caímos en la cuenta de que íbamos a estar en el extranjero (a quince minutos de la frontera, pero en el extranjero). Fue culpa nuestra, pero afortunadamente no siempre que se comete un error así se las ve uno con una señora a la que dan ganas de regalar un bizcochito de All-Bran. En cualquier caso, como decía antes, esa actitud no es achacable al lugar de nacimiento, también hay españoles reveníos que además de hacer su trabajo (el de la señora era no dejarnos pasar, estaba en su derecho de ser más papista que el Papa), te ponen cara de asco, como si tú fueras el responsable de todas sus desgracias.

Dada la entrada nada triunfal en Portugal estuvimos a punto de dar media vuelta y tirar para la costa de Huelva, ya que pensamos que no íbamos a poder dormir fuera de España con las niñas sin documentación, pero por fortuna decidimos hacer otro intento antes de arrojar la toalla y buscamos sobre la marcha otro camping en el que probar. El más cercano resultó ser el Caliço Park. El mismo se encuentra más al interior y por eso no lo habíamos considerado al principio, pero al final no tenía tan lejos el mar (de hecho se veía a lo lejos) y, en cambio, se encontraba en un lugar más apartado y atractivo. 



Además, lo importante fue que allí no nos pusieron pegas para que durmieran Ana y Julia (menos mal). El Caliço Park está lleno de casas prefabricadas que parece que están habitadas de manera perenne, o que, al menos, se usan como viviendas estacionales siempre por las mismas personas. En esta época el camping estaba muy tranquilo, pese a lo cual tenía la piscina y el bar abiertos. La terraza del bar era un lugar muy agradable.


Nunca habíamos ido de camping a principios de primavera con las niñas y no es de extrañar que el área de acampada del Caliço Park estuviera casi desierta, porque dormir en tienda de campaña a finales de marzo tiene un puntillo de dureza que hay que asumir. En efecto, en nuestro caso tuvimos que montar la tienda en medio de un auténtico huracán (resultó harto difícil), la primera noche se calmó el viento, pero en cambio llovió de lo lindo, y los dos días cayó tanto la temperatura cuando se puso el sol que nos fuimos todos a dormir a las 22'00 horas sin ninguna pena, con tal de meternos en el saco. Por contra, la sensación de sacar la cabeza de la tienda en mitad del campo con los primeros rayos de sol y respirar el aire fresco de la mañana en esta estación del año, es una delicia que no experimentaba desde que estaba en los scouts. 

Como he dicho al principio, apenas conozco Portugal, fuera del Algarve solo he estado en Lisboa (dos veces), en Elvas (otras dos), en Oporto y en Serpa. Por otro lado, en el propio Algarve solamente me he movido por el litoral y más allá de Olhão solo he estado tres veces en Vilamoura y otro par en Quarteira. Es poco bagaje para un país con tantas posibilidades.

Pese a esto, el tramo costero que va desde la frontera hasta Olhão sí lo conocía un poco y este fin de semana hemos profundizado más en él. El punto de referencia en toda esa franja de 45 kilómetros es Tavira, una bonita población de 26.000 habitantes que tiene un poderoso poder de atracción, el cual hace que acabe allí siempre que voy por el Algarve. Esta vez, sin embargo, cuando decidimos pasar los últimos tres días de la Semana Santa en la zona me propuse hacer un esfuerzo por mirar un poco más allá y explorar otros rincones.

El comentado trecho tiene una particularidad y es que una gran parte del mismo está integrado en el Parque Natural da Ría Formosa. Todo ese pedazo costero del Algarve es una maravilla natural formada por cinco islas y dos penínsulas que se hallan separadas de la costa por muy poco espacio. Las islas forman una barrera o cordón discontinuo que crea, entre ellas y el continente, una especie de laguna en la que hay un montón de canales e islotes.


Dicha laguna es una zona húmeda de gran importancia medioambiental que fue declarada Parque Natural en 1987. Eso ha hecho que a pesar de la alta densidad turística del sur de Portugal, toda la franja inmediata al mar desde Manta Rota hasta pasado Faro, incluidas las islas que están frente a ella, sea un paraíso natural en el que las infinitas playas de arena se han mantenido casi vírgenes y los pueblecitos conservan un cierto encanto marinero.


De esas cinco islas comentadas la Ilha de Armona y la Ilha de Tavira son las que yo conozco. En el extremo este de la de Tavira hay un camping al que fui tres veces, en 1996, 1997 y 1998. Se llega allí con un barquito que cruza desde el continente. En ese punto de la costa, un kilómetro hacia el interior, separado por una zona de salinas, está la ciudad de Tavira.

En la Ilha de Armona ocurre lo mismo que en la de Tavira: la isla, al ser Parque Natural, se ha conservado virgen y se accede a ella por medio de un barco que llega hasta Fuzeta, que a diferencia de Tavira sí está al borde de la ría. En el año 2000 estuve allí en otro camping que se encuentra junto a la marisma, en plena población, pero en aquella ocasión apenas si visité Fuzeta y no había vuelto. El pasado sábado por la mañana regresé después de 18 años y esta vez sí paseamos por el pueblo, que tiene un cierto atractivo, gracias a la desgastada belleza que muestran muchos de sus edificios.



Atravesando Fuzeta llegamos hasta la zona donde está el camping. Este tiene a un lado una preciosa explanada, el Jardim da Fuseta, que se asoma plácidamente a la ría


A espaldas del camping está el Puerto, el lugar donde más destaca el sabor marinero de la población. En él se coge el ferry que lleva a la Ilha de Armona.


Esta vez no cogimos ningún barco, pero sí volvimos a la Ilha de Tavira. La misma cuenta con cuatro playas, la Praia da Ilha de Tavira, que es la que yo conocía, la Praia da Terra Estreita, la Praia do Barril y la Praia do Homen Nu. Para acceder a la Praia do Barril no hacen falta barcos, ya que se ha construido un puente de carácter efímero que salva el estrecho.


Una vez en la isla hay que atravesarla, o bien cogiendo un simpático trenecito, o bien caminando por el camino de cemento que va paralelo a la vía.



Al final del recorrido uno se encuentra con la misma playa arenosa que empezaba en el extremo este de la isla, aunque aquí ya tiene otro nombre.


En nuestro caso, para ir hasta la playa hicimos el camino andando, no tanto por ahorrarnos el dinero del tren (cada billete vale 1'20 euros), como por dar el paseo. A la vuelta ya sí hicimos el viaje de diez minutos en el trenecito, para deleite, no solo de Ana y de Julia, sino también de las hijas de Fran y Belén, dos amigos con los que compartimos la jornada del sábado.


La Praia do Barril estaba espectacular, la primavera ha resultado ser maravillosa para disfrutar de estos arenales, que en marzo se encuentran desiertos y azotados por el viento. El premio extra de la visita a la Praia do Barril es contemplar el Cemitério das Âncoras, un curioso museo de anclas creado junto a las remozadas casas de una antigua aldea cuyos habitantes se dedicaban a la pesca de atunes, antes de abandonar el asentamiento en los años 60 del pasado siglo.



Las casas daban cabida a unas 80 familias que vivían ahí de abril a septiembre, durante la temporada de pesca del atún. Ahora las construcciones han sido restauradas, de manera que dan cobijo a varios establecimientos de restauración, también sirven de apoyo a los servicios que en época estival se prestan en la playa (enfermería, alquiler de toldos,...) y se usan, igualmente, para guardar material náutico y deportivo.


Precisamente el tren, en origen, servía de apoyo a la industria pesquera del lugar, aunque ahora, como tantas otras cosas, se utiliza para un fin mucho más lúdico.

El otro trozo del Parque Natural da Ría Formosa que conocimos esta vez fue el extremo este del mismo, que está situado en el pueblo de Manta Rota. La playa de esta población, la Praia de Manta Rota, es tan bonita como las demás de la costa, pero no está en ninguna isla, sino que en esa parte el continente da directamente al Océano Atlántico.

En Manta Rota, después de dar un buen paseo por la playa nos separamos un poco del mar, nos adentramos en la zona interior del Parque y volvimos hasta el pueblo por el terreno de marisma.



Manta Rota, al igual que Fuzeta, es un núcleo costero que conserva un cierto encanto, en especial la zona de la Praça da Manta Rota y las calles adyacentes.




Los otros dos pueblos que vimos dentro de los límites del Parque fueron Luz de Tavira y Santa Luzia. Todos están cortados más o menos por el mismo patrón, aunque su tamaño varía. Luz de Tavira gira entorno a Largo da República, adonde dan sus principales edificios.


A Largo da República se asoma el Café Luzense, un curioso establecimiento de decadente aspecto exterior que por dentro no deja de ser una tasca, pero que tiene curiosos guiños al rock & roll en la decoración.


Allí nos tomamos unos botellines de rica cerveza Sagres con Belén y con Fran antes de ir a comer, mientras las niñas se divertían con el futbolín.


El homenaje culinario del fin de semana nos lo pegamos en Santa Luzía, ya que comimos en el Restaurante Cervejaria O Chico.


Llegamos allí rebotados de otro lugar que nos habían recomendado y que estaba lleno. O Chico, por no encontrarse delante de la ría sí tenía sitio, para desgracia de su dueño, que nos comentó que tiene más problemas para llenar su local que los restaurantes que están más visibles, a pesar de lo bien que se come.

Realmente, doy fe de que almorzamos de lujo, bueno, barato y casero. Siempre es un placer comer bacalao en Portugal (en este caso fue Bacalhau na Caçarola), pero el mayor triunfo fue pedir feijoada de lingueirão, una receta típica del Algarve que es como un potaje de alubias blancas con navajas. Además, el dueño del restaurante, que hablaba bastante bien español, fue muy amable. Por lo visto, el establecimiento lo abrió su padre y él es el que está lidiando en la actualidad con los nuevos tiempos.

La mañana del domingo al dejar el camping ya no entramos en los limites del Parque de nuevo, sino que nos fuimos al trozo de la costa que está ubicado entre la frontera y Manta Rota, que no es espacio protegido. Esa parte es la más cercana al Río Guadiana y a España, y en ella hay una población llamada Castro Marim que se merece una visita, sobre todo por su castillo, que tiene una privilegiada situación.


Desde el Castelo de Castro Marim se divisa perfectamente Ayamonte al otro lado del Río Guadiana.


Yo conocía el Castelo de mi anterior visita a Castro Marim en 2007, en aquella ocasión me gustó y por eso aprovechamos el día tan claro que hacía para volver con las niñas. Lo mejor que tiene son las vistas, pero el propio Castillo en sí también merece la pena por lo bien que se conserva, lo que hace que se pueda imaginar uno a la perfección como estaba organizado cuando se encontraba en uso. Originalmente se construyó en el siglo XIII, aunque hubo en ese estratégico emplazamiento fortificaciones desde la prehistoria. Lo que se ve, sin embargo, es mayoritariamente del siglo XVII. 


En el Castillo destaca la zona fortificada interior, que era el corazón del mismo. Allí, en el edificio que está más restaurado hay una muestra del patrimonio arqueológico recuperado en las excavaciones.



Dentro del Castillo está también la Iglesia de Santiago, construida en el siglo XIV y hoy día desacralizada, que alberga una especie de museo bastante gráfico sobre el lado oscuro de la Inquisición, en el que está reproducida una sala de interrogatorios y en el que se muestran también una serie de instrumentos de tortura, humillación y ajusticiamiento.



Castro Marim también tiene otros lugares atractivos. Me gustó especialmente la Praça 1º de Mayo.


Tras el ratito en Castro Marim volvimos a cruzar la frontera rumbo a casa. El fin de semana supo a poco y se impone una visita más concienzuda a un país tan cercano y que ofrece tiene tanto potencial como Portugal.



Reto Viajero TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO
Visitado PORTUGAL.
En 1987 (primera visita), de los 44 Países del Mundo que están en Europa, % de visitados: 4'5% (hoy día 36'4%).
En 1987 (primera visita), de los 196 Países del Mundo, % de visitados: 1% (hoy día 8'7%).