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9 de agosto de 2024

OVIEDO 2024

Comencé a desgranar en este blog los encantos de Oviedo en abril de 2023, cuando estuve allí la última vez. En aquella ocasión, empecé el repaso de los cinco lugares ovetenses que son Patrimonio de la Humanidad, y que definen el estilo prerrománico asturiano. Yo ya los conocía todos, pero decidí volver, para poder hablar de ellos en En Ole Väsynyt. Por eso, vi entonces Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, dos iglesias que realmente se ubican a las afueras de la ciudad, pero que se suele considerar que forman parte de ella. Como complemento, el presente mes de agosto he visitado San Julián de los Prados, la Fuente de Foncalada y la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, por lo que he completado el repóker de monumentos prerrománicos de la capital de Asturias.


La sexta obra de arte prerrománica que está reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco es Santa Cristina de Lena. Se encuentra ubicada en el concejo de Lena. En ella he entrado en tres ocasiones, aunque han pasado ya más de 20 años desde la última vez.

Con respecto a los tres emblemáticos elementos ovetenses que he visto este verano, los mismos los he visitado en momentos diferentes, porque, en el transcurso de una semana, fui en dos ocasiones a Oviedo. La primera vez, el objetivo real era recoger a María, que llegó en autobús para pasar unos días con nosotros en Llanes. Ella llegó muy temprano, después de viajar toda la noche, y yo no tenía claro qué iba a querer hacer, pero finalmente desembarcó con ganas de pasear, y dado que teníamos tiempo, nos acabamos marcando una mañana bastante turística. Antes, eso sí, desayunamos. Para ello, paramos en el Restaurante Cafetería Peña Tú, que no nos defraudó.


La Estación de Autobuses de Oviedo se halla al noroeste del casco histórico, en un barrio denominado Pumarín. Se trata de una zona residencial, multicultural y amable, algo más antigua en la parte cercana al meollo ovetense, y más moderna en el sector que circunda la estación. En este último está, por ejemplo, la Plaza de Eduardo Úrculo.

 
Nosotros queríamos ir al Centro, lo que nos permitió atravesar Pumarín. Después de dejar atrás este vecindario, nuestro paseo nos llevó a la Fuente de Foncalada. Como he dicho, yo no tenía previsto visitar nada esa mañana. De hecho, sabía que iba a regresar tras unos días, y era entonces cuando pensaba hacer turismo por Oviedo. Sin embargo, nos topamos con el monumento prerrománico, y no perdimos la oportunidad de echarle un ojo.


La Fuente de Foncalada es una fuente que data del siglo IX. Se trata del único edificio civil que puede encuadrarse dentro del estilo prerrománico asturiano. De hecho, es una de las obras altomedievales de carácter no religioso más notables de Europa. Por eso, la Unesco lo integró en el conjunto de monumentos que declaró Patrimonio de la Humanidad en Asturias.

       

Hay voces que afirman que la Fuente de Foncalada hunde sus raíces, incluso, en época romana. Sea como fuere, lo que parece evidente es que no se usó solo para beber. Su importancia radica en que es un elemento arquitectónico de utilidad pública, que se ha conservado durante doce siglos, lo cual ya es raro de por sí, pero que, además, no ha dejado de estar en uso.


Tras ver la Fuente de Foncalada con total tranquilidad y sin cruzarnos con nadie en los alrededores, María y yo seguimos nuestro camino, que nos llevó hasta la Plaza de Alfonso II el Casto


Dicen que Dios ayuda al que madruga. En general, dudo que eso sea cierto, pero, en este caso, tengo que reconocer que el hecho de estar muy temprano en la plaza de la Catedral de San Salvador hizo que la viera de una forma que, a otra hora, hubiera sido imposible. Nosotros, no solo contemplamos, libre de trabas, la parte delantera del edificio, sino que rodeamos la manzana sin ver un alma. 


Sinceramente, merece la pena descubrir las ciudades antes de que se llenen de gente. También entrar en los monumentos a primera hora acaba siendo un premio. En el caso de la Catedral ovetense, sus puertas no abren hasta las 10'00, por lo que tampoco se puede decir que, para verla sin personas alrededor, tenga uno que madrugar como si fuera un panadero. Basta con mostrarse un poco vivo por la mañana. Por lo que a nosotros respecta, eso no hizo ni falta, dada nuestra situación. En realidad, íbamos con tanto tiempo, que incluso pudimos tomarnos un segundo cafelito. Lo hicimos en un establecimiento muy peculiar, llamado Bar La Belmontina


Y digo que La Belmontina es un bar peculiar, porque está en un sitio muy relevante, pero no es nada refinado. De hecho, tenía aires de tasca de barrio, por lo que resultó curioso. En la era de la gentrificación, ya no es habitual ver negocios así, fundados en 1954, en los lugares emblemáticos de las ciudades.

El caso es que María y yo nos tomamos otro relajado café, pero a las 10 de mañana fuimos los primeros del día en entrar en la Catedral de San Salvador. Hacer eso es algo que recomiendo, porque luego se peta, y no se ve igual la Cámara Santa sin gente que con ella. Nosotros, para empezar, nos dirigimos a esa parte del templo catedralicio.



Unos minutos después, ver el piso superior de la Cámara Santa como se muestra en la foto ya era imposible. De hecho, antes de salir yo de la estancia, la gente ya había tenido que empezar a ponerse en fila, para asomarse a la reja y observar de cerca lo que hay detrás.

La Cámara Santa hay que visitarla prestando atención, porque no se ve de golpe, sino en tres veces, y se corre el riesgo de no percibirla como algo unitario. Realmente, es un pequeño edificio, que se encuentra adosado al Claustro de la Catedral por un lateral, y encajado, por delante, entre el extremo suroeste de dicho Claustro y la Capilla de Covadonga de la propia Catedral.


En su interior, la Cámara Santa tiene dos pisos, que no están comunicados por dentro. Cada uno se abre al exterior mediante de una celosía de piedra.


El tema es que a cada una de las plantas se accede por puertas diferentes, que se ubican, una en el Claustro, y la otra en el interior de la Catedral, a distintos niveles y en diversos lados, por lo que es fácil creer que son dos estancias que no tienen nada que ver. El que, además, no salga al Cementerio de Peregrinos, que es desde donde están tomadas las fotos que hay justo arriba, no tendrá ni idea de que está visitando un edificio independiente.

En definitiva, en la planta superior de la Cámara Santa es donde se encuentra la reja que se ve en la imagen que he puesto antes. Los menos curiosos se quedan ahí, y creen que la Cámara Santa es solo esa habitación, que se denomina Capilla de San Miguel. La misma está dividida en una antecámara y una cámara. En esta última, tras la citada verja, es donde se guardan las reliquias de la Catedral de San Salvador. Entre ellas, sobresalen el Santo Sudario de Oviedo, que es el pañuelo con el que, supuestamente, taparon la cara de Jesucristo al enterrarlo, la Cruz de los Ángeles, que data del 808, y la Cruz de la Victoria, que fue donada por Alfonso III en el año 908, y que es el principal símbolo representativo del Principado de Asturias, ya que aparece en el escudo y en la bandera de la región. 


El piso de abajo de la Cámara Santa tiene su puerta de acceso en el Claustro. Esa estancia se denomina Cripta de Santa Leocadia. Se construyó a finales del siglo IX o a principios del X, para albergar los restos de dos mártires cordobeses. Hoy día, en ella solo hay un par de laudas sobre el suelo, es decir, dos losas que recubrían sendas tumbas. Son valiosas, porque se tallaron en la Alta Edad Media, pero no pertenecen a nadie en concreto.


El caso es que la visita al segundo de los monumentos prerrománicos ovetenses del día la realizamos con detenimiento. Además, también recorrimos con interés el resto de las partes de la Catedral de San Salvador que están abiertas al público. Una de ellas es el Museo de la Iglesia.


De las muchas cosas que se custodian en el Museo de la Catedral de San Salvador, yo destacaría el Santiago Apóstol, que es una figura de madera del siglo XIII, el Díptico Consular Bizantino de Flavio Strategio Apión, que se hizo en marfil en el 539, así como el Díptico de la Pasión, que es también de marfil, aunque data del siglo XIV.



Otras partes de la Catedral que recorrimos, a lo largo de la visita, fueron la Sala Capitular, el Coro y el Claustro gótico.
 

Por lo que respecta al Cementerio de Peregrinos al que antes hice mención, el mismo no tiene tumbas, ni aspecto de camposanto. En él, lo que destaca es un Olivo, que dicen que ya ha cumplido 800 años, y cuya semilla fue traída por un peregrino desde Tierra Santa.


Por supuesto, también nos dimos una vuelta por las naves de la Catedral, que es gótica, por lo que destaca por su altura.


Decía al principio, que los tres sitios que he visto este verano en Oviedo los he visitado en dos momentos diferentes. El segundo tuvo lugar pocos días después del primero, pero mi compañía fue distinta. En efecto, esta vez no estuvo María conmigo, sino Ana, Julia y mi madre. Juntos, fuimos a la Iglesia de San Julián de los Prados, que es el monumento prerrománico ovetense que me faltaba por revisitar. En el siglo IX, ese templo se construyó extramuros de la ciudad, en un nudo de comunicaciones. Por eso, en la actualidad está apartado del centro, y se ha quedado un pelín marginado, a pesar de su valor. Ciertamente, choca ver lo cerca de él que pasa la autovía A-66.



No obstante, creo que está en marcha un proyecto, para acabar con el sinsentido de que la principal vía de acceso a Oviedo, pase a escasos metros de una iglesia que lleva ahí 1.300 años. Realmente, por el otro lado, lo que rodea el monumento no tiene mala pinta.



En efecto, a su espalda, San Julián de los Prados tiene una amplia zona verde, llamada Parque de Santuyano. De todas maneras, con independencia de los avatares por los que ha pasado la iglesia en el último siglo, debido a su ubicación, es indispensable entrar a verla por su valor histórico. Por lo visto, mucha gente que va a Oviedo se salta esa visita, pero eso es un error. 



Por el interior de San Julián de los Prados no se puede ir por libre, sino que hay que hacer un tour guiado y en grupo. Pese a eso, nosotros estuvimos casi solos. Al principio, nos acompañaban también unos octogenarios, que llegaron a la puerta con sus hijas y con sus yernos, por lo que pude deducir. Estos últimos, demostrando una desgana bastante patente, pasaron de la iglesia. La única que parecía interesada en que sus padres la vieran era una de las hijas. Tanto, que al final los señores entraron, pero hicieron un recorrido muy atropellado, obviando la explicación de la guía, y salieron. En consecuencia, nuestra visita se puede decir que fue privada. Esa marginalidad que sufre una de los monumentos más notables de Asturias, se explica por el hecho de que se ha quedado un poco escondido, en una zona residencial de Oviedo, y la gente no se molesta en ir hasta allí.

Como siempre pasa, el bonus de recorrer la iglesia con una guía realzó la visita. Gracias a ello, me enteré de que, a principios del siglo XX, su pinta por dentro era muy distinta, ya que estaban encalados los muros y el techo era más bajo. Entre 1912 y 1915, el historiador y mecenas Fortunato Selgas, sufragó la restauración del templo, con la intención de devolverle un aspecto parecido a como era en origen. Debido a eso, salieron a la luz los frescos y se suprimió la bóveda interior, quedando a la vista la cubierta primigenia. En la siguiente foto, se puede ver como perdura aún, en la pared, la marca semicircular de lo que fue la techumbre postiza.


Con respecto a los frescos originales, también me pude fijar en que no se representa en ellos ningún motivo de temática religiosa, salvo una cruz. Además, como si de un edificio musulmán se tratase, tampoco hay dibujos de personas, ni de animales, ni hay ilustraciones de los evangelios. Por otro lado, a diferencia de lo que se impondría en el románico, en el recinto religioso no hay retablos, ni imágenes, salvo el crucificado que cuelga. 

Por último, es muy llamativo que, encima de la capilla central, hay una cámara cerrada, cuyo fin es desconocido. La misma no está comunicada por dentro, y solo es accesible desde fuera, a través de una ventana, a la que es francamente difícil llegar. 


En definitiva, la Iglesia de San Julián de los Prados la vi a la perfección. Por lo demás, en esta segunda estancia del verano en Oviedo, también entré en el patio central del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, que es como se denomina al primer edificio que se construyó para albergar el principal centro asturiano de enseñanza superior, así como en la Capilla de la Balesquida, que está enfrente de la Catedral, al otro lado de la Plaza de Alfonso II El Casto.


Precisamente, en la Plaza de Alfonso II el Casto comimos este segundo día, en un restaurante donde seguro que no hubiéramos parado, si no nos hubiera invitado la abuela, sobre todo porque está en un sitio donde sabes que te van a cobrar el emblemático emplazamiento.


En la Taberna de la Catedral me pegué un buen homenaje. Aparte, como novedad, dado que mi madre se unía a un viaje organizado al día siguiente, y nosotros ya tirábamos para el sur, dormí en Oviedo por primera vez en las seis ocasiones en las que he estado en la ciudad. En concreto, nos alojamos en el Iberik Santo Domingo Plaza Hotel. No puedo decir que no fuera un buen establecimiento, porque tenía cuatro estrellas, pero su gimnasio daba pasión de ánimo, y su acceso principal, que se asoma directamente a la Ronda Sur, no puede ser más hostil. Por detrás, el hotel da a una zona residencial de pisos, que es también bastante fría. Caminando un rato por ella, podríamos haber llegado al centro ovetense, pero había que atravesar un puñado de calles desiertas, lloviznaba y estábamos cansados, por lo que nos quedamos a cenar en la Sidrería Galmar, que era el único lugar abierto por allí. En ese bareto nos trataron de lujo, y nos pusieron, por poco dinero, una cantidad ingente de comida, aunque fuera de batalla. El final de esta visita, por tanto, puso el contrapunto a la imagen que yo tengo de Oviedo, que se parece más a lo que se muestra en la siguiente foto. 


De todas formas, me encanta ver los contrastes de los sitio que visito, así que me fui de Oviedo tan contento y satisfecho como las otras veces.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado OVIEDO.
En 1998 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 33'3% (hoy día 60%).
En 1998 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 14% (hoy día 36'3%).


10 de abril de 2023

OVIEDO 2023

En Semana Santa hemos estado en Llanes. De esto hablaré en otro post, así como de la visita que hicimos a Santa María del Naranco y a San Miguel de Lillo, pero antes, voy a dedicarle unas palabras al día que pasamos en Oviedo. En esta ciudad, es indispensable conocer las dos joyas del prerrománico asturiano que he mencionado, y que se encuentran situadas a las afueras, en las laderas del Monte Naranco. No obstante, eso no significa que la capital de Asturias no ofrezca mucho más.


Yo, a pesar de ir anualmente a Asturias desde 1997, a veces en más de una ocasión, llevaba justo 20 años sin pisar Oviedo. Fui en 1998, por primera vez, y luego en 2000, 2002 y 2003, pero no me dejaba caer por allí desde hace dos décadas. De hecho, Ana y Julia no habían estado. No obstante, esta Semana Santa llegó el momento de regresar. En verano, es como si los encantos de Llanes nos impidieran alejarnos de sus alrededores, pero ahora la excursión nos pareció una opción perfecta. Por eso, el pasado martes nos movilizamos pronto y nos dirigimos hacia el centro de Asturias. Para empezar, fuimos a ver Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, pero, al acabar, nos bajamos a comer a Oviedo. Por la tarde, teníamos reservada una visita a la torre de la Catedral, por lo que parte del plan vespertino ya lo teníamos maquinado.



La Catedral de San Salvador de Oviedo es una de las más importantes de España, pero no brilla tanto por sus aspectos arquitectónicos, pese a que son destacados, como por las reliquias que alberga. En efecto, el edificio se empezó a construir en el siglo XIII, en el lugar en el que se alzaba una iglesia prerrománica anterior, y tardó tres siglos en estar acabado, aunque siguió recibiendo añadidos hasta el siglo XVII. Por eso, contiene partes prerrománicas, góticas (sobre todo), renacentistas y barrocas. Sin embargo, no es ningún pastiche. Realmente, su aspecto es muy armónico. No obstante, sí es cierto que, en España, la de Oviedo queda un poco eclipsada por otras catedrales De hecho, en una encuesta, realizada en 2021, por la editorial especializada en guías de viajes Lonely Planet, para elegir las seos españolas más bonitas, quedó en el puesto 13.


Como se puede observar en la foto, la Catedral de Oviedo es soberbia, por lo que su decimotercer puesto en la encuesta de Lonely Planet se debe más a los méritos de sus homólogas españolas, que a un demérito suyo. Además, a pesar de que parece que su aspecto no impacta tanto a la gente, lo cierto es que la Catedral ovetense sobresale de manera especial por las reliquias que guarda en su Cámara Santa, como he dicho. Gracias a ellas, gana puestos y se convierte en uno de los edificios religiosos punteros de España. Yo vi esos bienes históricos en 1998, pero ahora decidí prestarle atención a su torre, que no se podía visitar hasta el año pasado. Esta vez no había tiempo para todo, y pensé que subir a las alturas iba a resultar más entretenido para las niñas, que ver obras de arte sacro. Creo que no me equivoqué.


La torre de la Catedral de Oviedo mide 68 metros y tiene 187 escalones. Afortunadamente, está dividida en tres pisos, lo que hace más llevadera la subida. 

Dado que la visita a la torre es independiente a la del resto de la Catedral, a nosotros nos hicieron entrar en el recinto por la puerta más cercana a las escaleras, y, desde allí, iniciamos el ascenso enseguida. En total, subimos 43'5 metros por una infinita escalera de caracol.


En el primer tirón salvamos 56 escalones, y paramos en la planta en la que están las contrapesas del reloj. Este se encuentra situado en el nivel superior, pero hay una abertura en el techo que permite el paso de sus cuerdas metálicas.



Después de la primera parada, y, tras escuchar las explicaciones de la guía, continuamos subiendo. El segundo tramo de escaleras estuvo compuesto por otros 67 escalones, y nos llevó al piso en el que está la maquinaria del reloj y las campanas.



Lo que vimos en este segundo piso fue lo más interesante de la visita, a mi modo de ver. El reloj es del siglo XVIII y está por fuera de la torre. Su maquinaria, en cambio, se halla en un compartimento cerrado, ubicado dentro, que se encuentra separado del suelo 


Las campanas, por su parte, se pueden observar de cerca, desde una tarima de madera. Son siete. Como es lógico, ya no hay campanero. En la actualidad, las que se usan, que no son todas, están automatizadas.


Una de las que se utiliza es la llamada Wamba. Se fundió en 1219, lo que la convierte en la campana en activo más antigua de Europa.


Otra campana importante es la Santa Cruz, que es la más grande. Pesa 1.684 kilos. Aparte, en el piso segundo también me gustaron los grafitis. Estos son una muestra de que el tiempo puede convertir en historia incluso las gamberradas. En efecto, en las paredes de la torre de la Catedral de Oviedo hay grabados varios nombres, que han quedado marcados como fotografías de momentos históricos determinados. Uno llamativo es el de un tal Rafael Díaz, que dejó su sello durante la Guerra Civil. Por lo visto, tras el golpe de estado de Francisco Franco, Oviedo fue la única población del norte de España que quedó en manos de los sublevados. Durante tres meses, la ciudad se mantuvo sitiada por los tropas leales a la República. Luego, tras la ruptura del aislamiento por una división del ejército franquista que provenía de Galicia, la capital asturiana siguió siendo un punto caliente hasta el final de la guerra en el norte, que tuvo lugar a finales de octubre de 1937, cuando las tropas de Franco se hicieron con el control de toda la cornisa cantábrica. Durante ese año y medio, y, principalmente, durante los tres primeros meses de la contienda, Oviedo fue objeto de bombardeos y de luchas por sus calles. Algunos barrios quedaron arrasados, y gran parte del patrimonio cultural fue dañado o destruido. La Catedral, en concreto, que ya había sido muy castigada durante la Revolución de Asturias de 1934, terminó hecha papilla. En su torre, durante esos meses iniciales de la Guerra Civil, se instaló una ametralladora, que estuvo a cargo del citado Rafael Díaz. Este, el 24 de abril de 1937, parece que se aburría allí arriba, y se dedicó a rascar en la piedra su nombre y la fecha. La huella ha quedado como ejemplo de las microhistorias, tan puntuales, como significativas, que conforman la historia en sentido amplio.


El de Rafael Díaz no es el único grafiti de la torre de la Catedral de Oviedo. Hay muchos. Otro que llama la atención es el de Luis Vermell, que es más antiguo. Este hombre se quedó, igualmente, a gusto, dejando su huella en la pared. Hoy día, lo que hizo sería considerado un acto vandálico, pero, lo curioso, es que Vermell no era ningún cani del siglo XIX. De hecho, era un retratista y escultor de cierta fama, que, eso sí, se dedicó a ir dejando su nombre grabado por los lugares que visitaba. Por ejemplo, su rastro también está en el Monasterio de Santes Creus, con la cosa de que, en su caso, tallaba las letras de una forma tan currada, que es evidente que, al menos en Oviedo, tuvo que sobornar a alguien para que le dejaran trabajarse la inscripción.

Por lo que a nosotros respecta, tras echar un buen rato en el segundo piso, subimos al tercero. En él, ya se ve la aguja calada de la Catedral, desde abajo.


También destaca, en esa tercera planta, la gárgola del niño cagando. Es de muy mal gusto, y, encima, el culo de la escultura se ha llenado de hongos oscuros, lo que no ayuda, precisamente, a que de menos asco, pero, pese a todo, no cabe duda de que es un detalle original.


En todo caso, lo mejor del tercer piso son las vistas, como es lógico. Abajo, pongo, en primer lugar, la panorámica que se observa desde el lado oeste de la torre, y, en segundo, la que se ve cuando se mira al norte.



En resumen, la subida a la torre de la Catedral de Oviedo es muy recomendable. A lo largo de la misma, nos acompañaron dos guías tela de apañados, que nos contaron mil historias. Yo no puedo reproducirlas todas aquí, pero mereció la pena escucharlas.

Nosotros realizamos la visita a las 16'30 horas. Antes, por tanto, ya habíamos hecho unas cuantas cosas por Oviedo. Así, tras aterrizar en el centro de la ciudad, lo primero que hicimos fue ir a comer. Almorzamos en un sitio un poco raro, para mí gusto. Yo hubiera preferido ir a un bar de pinchos, o a algún lugar más propio de la capital de Asturias, pero lo cierto es que acabamos, por decisión popular, en un restaurante tailandés llamado Wok Thai Fusion, que estaba ubicado en la Calle Cavada.


Comimos bien, la verdad, aunque hubo una confusión que fue un pelín irritante, y que empañó un poco el principio del almuerzo. Resulta que queríamos comer de menú, dado que habíamos visto en una pizarra, que había en la puerta, que costaba 13 euros y que era apetecible. Al entrar en el establecimiento, nos sentamos cerca de la barra, pero, antes de instalarnos del todo, nos dimos cuenta de que estábamos cerca de unos altavoces y en un lugar de paso. En vista de eso, preguntamos si podíamos cambiarnos a alguna de las mesas del fondo. En el local apenas había gente. Se veían sitios libre por doquier, y no nos pusieron pegas, pero, cuando, tras habernos acomodado en el nuevo lugar, decidimos pedir, nos dijeron que allí no servían menús. Estos solo se podían degustar junto a la barra. Las mesas eran exactamente iguales, el restaurante estaba casi vacío, como he dicho, y por ningún lado ponía que el menú de la pizarra se tuviera que consumir en un emplazamiento determinado. A María, el tema le dio tanto coraje, que hizo el amago de irse. Yo preferí decirle a la camarera que nuestra idea era la de tomar menús, y que íbamos a volver a nuestra ubicación primigenia. No puso problemas, por lo que terminamos comiendo en la mesa que se encontraba junto a la barra. No pasa nada. Como digo, la comida estuvo buena, pero la situación ridícula y el vaivén se podrían haber evitado. Dado que no estaba clara la diferencia entre las mesas del fondo y las otras, si se quieren servir cosas distintas en ellas, hay que indicarlo cuando entran los clientes. A la camarera, que era muy joven, le faltaron tablas, pero, en cualquier caso, me tomé un delicioso rollo de sushi y un rico plato de ternera con verduras, por lo que la experiencia acabó siendo positiva.

Al terminar de comer nos dio la bajona, y decidimos dejar el paseo para después de la visita a la Catedral. Se imponía descansar, así que nos encaminamos al Campo de San Francisco. El mismo es un arbolado parque, que está pegado al centro de Oviedo, pero que no se encuentra vallado. Es, por tanto, un espacio grande y diáfano, que está perfectamente integrado en la ciudad. No es una placita con vegetación. Es un verdadero parque, que además tiene praderas de césped muy cuidadas.


En una de esas praderitas verdes nos tumbamos. Mi idea tan solo era la de descansar un poco la espalda, pero la verdad es que me quedé frito. En realidad, los cuatro nos echamos una corta siesta, al más puro estilo homeless. La desconexión cerebral de unos minutos tuvo para mí un efecto revitalizante difícil de explicar. Me desperté como nuevo.

Tras el breve descanso, llegó la hora de ir a la Catedral. Gracias a los minutos de reposo, la visita fue bastante más agradable. Tras bajar de la torre, ya sí llegó el momento de dar un paseo por el centro de Oviedo. En este destacan, entre otras cosas, las muchas estatuas que hay, que son cercanas y que están repartidas por sus calles. Una de ellas es de Woody Allen. A su lado, hay una placa, con una frase atribuida al director de cine americano, que dice textualmente: "Oviedo es una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada. Es como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera... Oviedo es como un cuento de hadas". Salvo lo de "exótico", que es muy subjetivo y no lo comparto, lo demás lo clavó. Para describir el casco urbano ovetense no hay que añadir nada, salvo, quizás, que tiene mucha vida. Tranquilo no siempre es sinónimo de aburrido, como se puede comprobar allí.


Con respecto a lo de las estatuas, como decía las mismas no están en pedestales, ni en alto, ni representan a vetustos personajes del pasado. Muy al contrario, su escala es humana y están integradas en las calles. A mí me gustaron especialmente tres. Una es la mencionada Estatua de Woody Allen, que es obra de Vicente Santarúa. Vale que el genio neoyorquino es un tipo bastante oscuro, con una considerable leyenda negra a sus espaldas. Sin embargo, no puedo negar que algunas de sus películas me marcaron en mi adolescencia (por ejemplo, Hanna y sus Hermanas, Maridos y Mujeres o Misterioso Asesinato en Manhattan, por citar tres). Qué le vamos a hacer...


También llamó mi atención la Estatua de Tino Casal, que no se puede decir que sea un músico que me guste, pero que grabó a fuego la canción Eloise en mi mente, cuando yo apenas tenía 10 años. De nuevo, qué le vamos a hacer...


El autor de la Estatua de Tino Casal es Anselmo Iglesias Poli. No sabía quién era hasta ahora, lo mismo que Vicente Santarúa, pero es de justicia nombrarlos. Por último, mi preferida, sin reservas, fue la Estatua de Mafalda que había en el Campo de San Francisco. Es sublime.


La obra pertenece al escultor argentino Pablo Irrgang, y es un homenaje a Quino, el creador de Mafalda y de su universo, que recibió uno de los Premios Príncipe de Asturias en 2014. Esto es lo que le une a Oviedo. Woody Allen ganó otro en 2002, y eso es, también, lo que le ha acercado tanto a la ciudad.

En definitiva, después de bajar de la torre de la Catedral nos dimos un buen paseo, que me encantó. No obstante, no me voy a alargar mucho más. De hecho, no voy a hablar de una cosa que tenía pensada, y es que, en 2003, María y yo empezamos el Camino de Santiago en Oviedo.


Aquella fue una de las experiencias más bonitas de mi vida, pero, me detendré a contar como fue su comienzo en el futuro, cuando tenga la oportunidad de regresar a Oviedo. Seguro que no faltan otros 20 años...


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado OVIEDO.
En 1998 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 33'3% (hoy día 60%).
En 1998 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 14% (hoy día 36%).