Mostrando entradas con la etiqueta Restos Prehistóricos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Restos Prehistóricos. Mostrar todas las entradas

28 de agosto de 2021

CANGAS DE ONÍS 2021 (VISITA DE AGOSTO)

El pasado julio visité Cangas de Onís por primera vez este verano, y en el correspondiente post comenté que había allí tres sitios que quería haber visto. Sin embargo, de ellos, finalmente solo pude poner mis ojos en uno, el Puente Romano. Los otros dos los conocía desde el año 2000, pero no pude refrescar mi memoria viéndolos de nuevo. No obstante, me di por satisfecho y pensé que en el futuro seguro que tendría la oportunidad de regresar a Cangas a verlos. Lo que no podía imaginar es que esa ocasión iba a llegar tan pronto. En efecto, el día que fuimos a los Lagos de Covadonga bajamos de allí a media tarde en el autobús, y al llegar a Cangas, donde habíamos aparcado el coche, como teníamos ganas de tomar café buscamos un lugar en el que hacerlo. No tardamos mucho en parar en la Confitería Obrador La Pedrera, que está en la Calle Ramón A. Prada Vicente.


Hasta ahí todo normal. Lo que no esperaba era que, tras el ratillo del café, todo el mundo quisiera darse un paseo por el pueblo. Fue de esas veces en las que, sin que yo lo busque, me veo explorando ciertos lugares con mucho más detenimiento del que me hubiera atrevido a soñar. En Cangas de Onís, esta vez nuestra rutilla fue amplia y pausada, y eso me permitió ver los dos enclaves que no había logrado visitar en julio, además de pasar por calles que no conocía, como la Calle San Pelayo.


Con respecto a los dos lugares mencionados que, junto con el Puente Romano, conforman el power trio de highlights cangueses, los mismos son la Iglesia de Santa Cruz y la Plaza de la Iglesia.

En esta última está el Monumento a Don Pelayo Guerrero, obra del escultor asturiano Félix Alonso Arena, así como la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Ya conté en julio que ni el uno ni la otra son demasiado antiguos, pero es innegable que ambos conforman una imagen de Cangas de Onís que es emblemática.


Tras ver la Plaza de la Iglesia estuve a punto de entrar en la susodicha, pero llamó mi atención otro lugar que no estaba muy lejos y que no conocía, la Plaza del Mercado


La Plaza del Mercado está separada de la Plaza de la Iglesia por unos soportales, que supongo que, cuando llueve, jugarán un papel importante para los comerciantes que ponen sus puestos en el mercado.


Tras ver la Plaza del Mercado tiramos por la Calle Mercado y por su continuación, la antes mencionada Calle San Pelayo


De ellas ya dije en julio que fueron las vías principales del pueblo hasta el siglo XIX. La Calle San Pelayo acaba, precisamente, en el Puente Romano, pero nosotros en esta ocasión no llegamos hasta allí, sino que nos quedamos en la Calle El Parque, que realmente es otra plaza, en la que no faltan los cacharritos para los niños.


Toda esa zona de Cangas no la conocía, pese a que conforma el meollo de la población. Sin embargo, ha perdido protagonismo en beneficio de la Avenida de Covadonga, que es por donde pasa la carretera y que ejerce de travesía. 

Nosotros echamos un buen rato en Cangas, pero cuando llegó el momento de irnos no vi a la gente todavía demasiado cansada. Por eso, lancé la bomba y dije que quería entrar en la Iglesia de Santa Cruz. Sabía que nos pillaba de camino al coche y, además, me pareció que lo de ver una iglesia que tiene un dolmen en su interior podía gustar. En julio, mi intento por visitar el templo fue infructuoso, pero esta vez se encontraba abierto.


Acceder a la iglesia costaba solo dos euros por adulto, pero era gratis para los niños e incluía la visualización de un pequeño documental. Dani y Ángela no mostraron mucho interés, pero, sin poner ninguna pega, me dijeron que esperaban fuera, sentados en el césped. María, por contra, dijo que sí tenía ganas de entrar. Con nosotros, hicieron lo propio todos los considerados peques, Ana, Julia, Lucía y Hugo, que mostraron cierta curiosidad.

Tengo que decir que la Iglesia de Santa Cruz merece mucho la pena. A pesar de que no es tan antigua como puede parecer, su historia me resulta apasionante. Por lo visto, el sitio donde está erigida era, desde tiempo inmemorial, un enclave sagrado prehistórico. En él había un montículo artificial y a Favila, hijo de Pelayo, le debió parecer que el mismo podía venir que ni pintado para erigir encima una pequeña capilla, en la que guardar la cruz de roble que su padre había llevado durante la Batalla de Covadonga. Dicho y hecho, sobre la colinita en el 737 se consagró la Iglesia de Santa Cruz, donde llegaron a estar enterrados el propio Favila y su mujer Froiluba. El tema es que, debajo del montículo se halla el Dolmen de Santa Cruz, que convivió en paz y armonía con el templo religioso durante más de doce siglos, hasta que las autoridades locales, en agosto de 1936, decidieron echarlo abajo para dejar a la vista el monumento megalítico, que parece que para ellos tenía preferencia. Debido a la maravillosa idea de los lumbreras que mandaban en Cangas en 1936, el dolmen estuvo al aire catorce años, hasta que la Iglesia de Santa Cruz fue reconstruida en 1950 en el estilo barroco típico de la zona. Se hizo muy bien y no desentona, de hecho parece una iglesia milenaria, pero lo cierto es que tiene la misma edad que mi padre. En cualquier caso, aunque el Dolmen de Santa Cruz fue devuelto a su lugar original, es decir, al interior del montículo artificial, la obra se hizo de tal modo que en el suelo del santuario se dejó un agujero, por el que se puede ver desde arriba el megalito. 


Gracias al agujero, lo que ahora se ve es muy interesante. Yo la recomiendo, sin duda. De todas formas, hay que decir que el audiovisual que proyectan, un poco para justificar el precio de la entrada, es de los peores que he visto en mi vida en estos contextos. 


Da igual, porque realmente no hace falta video para que los dos euros se den por bien pagados, pero opino que, si se emite un audiovisual, lo deseable sería que ilustrara lo que se está viendo in situ. El que ponen en la Iglesia de Santa Cruz dura unos diez minutos, pero no dice más que vaguedades en plan poético, acerca de Favila, la cruz y la Batalla de Covadonga. Todo muy intrascendente en ese lugar. De la verdadera historia de la capilla y del dolmen no dice ni pio, supongo que para no divulgar en exceso que el edificio es más joven que Bruce Springsteen, o quizás para echar un poco de tierra sobre la tropelía que fue echar abajo la iglesia medieval en 1936. 

El video fue un timo y tampoco se prodigaron demasiado con el tiempo que estuvo iluminado el dolmen. Yo aún lo estaba disfrutando cuando la luz se apagó y dejé de verlo.


Ello no es óbice para que la visita me gustara, realmente el dolmen y la iglesia, con su historia a cuestas, merecen verse. El recinto es muy pequeño, pero estuvimos solos. Aparte, la mujer que nos vendió las entradas y nos puso el video fue muy amable. Yo me fui de allí encantado.

En definitiva, la estancia de agosto completó a la de julio y me permitió terminar de conocer perfectamente Cangas de Onís. En realidad, el concejo cuenta con unos 6.200 habitantes y en la capital solo viven 3.800, por lo que hay en el municipio otros núcleos de población que merecen ser visitados. En ellos intentaré centrarme en el fututo.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado CANGAS DE ONÍS.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 20% (hoy día 60%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de Asturias ya visitadas: 12'1% (hoy día 35'7%).


10 de marzo de 2020

VALENCINA DE LA CONCEPCIÓN 2020

En 2009 tuve la ilusa ocurrencia de ir por las buenas a ver el Tholos de Matarrubilla. Por aquel entonces había oído hablar bastante de él y del de La Pastora, que está muy cerca, tanto que pensé que tenían que estar abiertos a las visitas sin más. Esos dos monumentos megalíticos están muy cerca del casco urbano de Valencina de la Concepción, una localidad de 7.800 habitantes que dista unos 8 kilómetros de Sevilla capital. Por fortuna, el pueblo donde vivo tampoco está muy alejado de Valencina y no me supuso un gran esfuerzo ir hasta las inmediaciones del tholos, porque al llegar allí lo único que vi fue una especie de solitario bunker rodeado de maleza en mitad de un campo de olivos, que protegía a la tumba prehistórica y que estaba cerrado a cal y canto. Eso sí, el día que hacía era maravilloso y, al menos, disfruté durante un rato del encanto que siempre regala el entorno campestre del Aljarafe sevillano en primavera.

Durante once años no he vuelto a hacer el más mínimo esfuerzo por intentar ver los megalitos de Valencina. En ese tiempo, tanto Ana como Julia han ido con el colegio a conocer esas joyas del calcolítico, pero yo no me había planteado hacer otro intento. El otro día, sin embargo, mientras buscaba alguna excursión que hacer que fuera compatible con mis complicadas circunstancias actuales se me encendió la bombilla, me metí en Internet y vi que, en efecto, con un poco de previsión los monumentos se pueden ver, aunque están sujetos a un régimen de visitas que se basa en las reservas previas. No hay taquillas por ningún lado y en el caso del Tholos de Matarrubilla ni siquiera hay un recinto vallado que impida llegar hasta el bunker protector. En mi caso, no tuve inconveniente en reservar, el problema es que, hasta que cambie mi situación, trabajo de lunes a domingo y solo puedo ir a los sitios de lunes a viernes entre las 9'30 y las 13'00 horas, siempre que no me aleje demasiado y pueda entrar a trabajar en Sevilla a las 14'15. Los fines de semana ni eso. Para visitar el llamado Enclave Arqueológico Dólmenes de La Pastora y Matarrubilla te citan a las 10'30 en el Museo de Valencina, que está en el centro del pueblo, y luego, tras desplazarte por tus propios medios, te abren las construcciones y te las enseñan en la siguiente hora. Para mí, por tanto, el horario era perfecto y realicé una reserva para el pasado viernes.

Por lo que respecta al Museo, el mismo está en la Casa de la Cultura de Valencina, es decir, no tiene un edificio propio. Lo que han hecho ha sido habilitar allí una sala para montar una exposición relacionada con los tholos y usar un salón de actos anexo para poner tres documentales introductorios.




A mí me gustaron tanto la exposición como los documentales. Las instalaciones están muy bien mantenidas, allí tampoco hay taquillas ni nada que se le parezca, es un trabajador del Ayuntamiento el que le abre las puertas a los que han reservado y se va, pero no resulta cutre, la sala donde ponen los audiovisuales es como un cine y la zona de exposición no es muy grande, pero estéticamente no tiene nada que envidiarle a ningún museo arqueológico que yo haya visto, los paneles que leí me resultaron muy ilustrativos, hay buenas maquetas y las piezas de las vitrinas están expuestas con orden y cuidado.


Los documentales, por otro lado, también me parecieron resultones. El primero fue una simple introducción a lo que íbamos a ver (es el típico documental que parece una clase con imágenes), en el segundo estaba recreada con brevedad una ceremonia de enterramiento y el tercero fue un corto de dibujos animados infantiles en el que se podía contemplar de manera idealizada como vivía la comunidad que levantó los tholos. Por desgracia, parece que los documentales tienen 30 años y se han quedado algo desactualizados. Por ello, se dicen cosas que después de tres décadas de nuevas investigaciones ya no son verdad. Chasco. En cualquier caso, están bien hechos y la mayoría de las cosas que cuentan son ciertas. Con respecto a la exposición, por lo visto lo que se muestra es solo una pequeña parte de lo que se ha sacado de la tierra en el entorno de los monumentos funerarios (lo demás está bajo llave en dos depósitos). No me parece mal, es imposible enseñarlo todo y entiendo que es más acertado enseñar poco y bien que mucho y mal, el dinero es el que hay y pienso que allí está bien aprovechado.


Una vez que recorrimos con calma el Museo el señor del Ayuntamiento nos indicó que podíamos ir a conocer los monumentos, empezando por el Tholos de La Pastora. Para llegar a él cogí mi coche, las otras seis personas que estaban haciendo la visita conmigo se fueron por su cuenta y al rato nos juntamos de nuevo en la puerta de la valla metálica que protege el megalito y sus inmediaciones. La misma está como a 150 metros de las últimas casas de Valencina, de hecho tiene anexas las instalaciones de una empresa de telecomunicaciones, pero estando allí tienes la sensación de estar en mitad del campo. El sitio es fascinante.


Junto a la puerta del recinto había una caracola prefabricada de donde salió Juan, el guía que nos iba a acompañar y que empezó por conducirnos por un camino de tierra hasta la entrada del bunker que protege el tholos.

Yo, personalmente, estoy llamando tholos a estos monumentos, porque realmente no son dólmenes, por lo que he leído, pese a que a menudo se les llama así. En los dólmenes las grandes losas que cubren el enterramiento se apoyan sobre piedras verticales. Sin embargo, lo megalitos de Valencina son construcciones de planta circular y revestidas de piedra a las que se accedía por un pasillo, que era estrecho porque no tenía en medio ningún tipo de viga vertical que sustentara el techo.

Hecha esta puntualización, hay que decir que el Tholos de La Pastora es una pasada y no tiene nada que enviadiarle, por ejemplo, al de Antequera, que hace poco fue nombrado Patrimonio de la Humanidad. El de La Pastora está impecable, tiene tres partes y dos de ellas no hubo que reconstruirlas. Solo se ha conservado peor el primer tramo, que perdió con los años la cubierta y el grueso de los muros laterales.


Todo lo demás se ve tal y como fue erigido hace 4.000 años. Además, pese a que su cámara es relativamente pequeña (mide 2'5 metros de diámetro), el pasillo subterráneo que llega hasta ella es el más largo que se ha descubierto en construcciones similares en la Península Ibérica (creo recordar que Juan dijo que era el segundo más largo de Europa, pero de esto no estoy seguro). Mide 45 metros y no es apto para clautrofóbicos.


Se da la circunstancia, por otro lado, de que la orientación astronómica de la embocadura del túnel es anómala, ya que apunta al ocaso, no al lugar por donde sale el sol, como suele ser habitual en este tipo de estructuras funerarias. En resumen, aquello es una joya, por lo que me fui muy satisfecho de haber disfrutado de esa visita casi personalizada.



Tengo que añadir, aparte de esto, que coincidimos en La Pastora con un grupo escolar que estaba de excursión. Ellos ya habían salido del tholos cuando nosotros llegamos y estaban fuera con algunos monitores, participando en unas actividades educativas relacionadas con la prehistoria.


Los niños y niñas no tendrían más de 5 o 6 años y la situación me resultó entrañable, porque al verlo me pude imaginar con facilidad lo bien que se lo debieron pasar Ana y Julia cuando hicieron lo mismo con sus compañeros de colegio. La ilusión y la inocencia pura de esos niños que correteaban por allí me enterneció y a eso se sumó la sensación de feliz nostalgia que me produjo la visión del campo que rodea el tholos, que estaba muy verde y cuajado de esas flores silvestres que en primavera son tan características en el Aljarafe y que me recuerdan a mi niñez, cuando yo tenía precisamente 6 o 7 años y, dado que vivía no demasiado lejos, pasaba los días de fiesta jugando en descampados similares, más feliz que una perdiz.

En definitiva, la divertida mañana tuvo para mí también un componente sentimental importante. Aparte, la visita está montada de tal manera que uno tiene tiempo de observar aquello con tranquilidad. Gracias a eso pude incluso subir al túmulo bajo el cual está la tumba.


La zona arqueológica en la que están el Tholos de La Pastora y el de Matarrubilla es enorme, puesto que supera las 400 hectáreas, lo que indica que el gran promontorio sobre el que se situaba fue un sitio de mucha importancia allá por el 2.000 a. C. De hecho, se conocen en los alrededores otros tres monumentos del calcolítico además de los dos visitables, y se sabe que bajo la tierra puede haber de todo, no solo por la parte que aún es campo, sino también debajo de las casas de Valencina, que es donde estuvo el asentamiento que dio lugar a los megalitos.

La última parada de la mañana fue en el Tholos de Matarrubilla. Como pude comprobar, los alrededores del bunker de hormigón que lo protege están más arreglados de lo que lo estaban hace una década, pero eso no significa que aquello parezca un yacimiento prehistórico, ya que no hay ni valla. Resulta que aquel olivar es privado y el dueño permite que se acceda a la finca para enseñar el monumento, pero poco más.



El Tholos de Matarrubilla es menos vistoso que el de La Pastora, en parte porque está más reconstruido. La razón de esto es que fue literalmente volado con dinamita en 1917, que es cuando se descubrió. Por lo visto, un agricultor que estaba arando el campo se encontró con un pedrusco que le molestaba y que no fue capaz de quitar, por lo que decidió volarlo por los aires. La piedra era, realmente, un saliente del tholos, por lo que el mismo se vino abajo con la explosión e incluso hubo rocas que salieron despedidas varios metros. Algunas se han dejado donde cayeron.


El megalito, por su parte, se reconstruyó intentando dejarlo como estaba, aunque no se consiguió del todo. Además, es menos grande que el de La Pastora, está hecho de ladrillos de arcilla, no de pizarra, y no tiene el suelo de piedra, sino de tierra apelmazada.


Sin embargo, en su cámara guarda una novedad que sí lo hace especial: se trata de un gran bloque de roca tallada con un rebaje en la parte superior, que no se sabe para qué se usaba (quizás era una mesa de ofrendas o un altar), pero que es único y que llama mucho la atención.


En definitiva, la visita fue entretenida, distendida, relajada y muy personalizada. Como éramos solo siete personas se puede decir que lo que hicimos con el guía fue charlar sobre lo que íbamos viendo. Eso es siempre mucho más ameno e instructivo que asistir a una clase magistral.

Por lo que a mí respecta, la mañana dio para un poco más, ya que no quise dejar de aprovechar la ocasión para conocer un poco Valencina como población. Yo en ella con anterioridad había estado dos veces, pero en la primera estuve comiendo en un lugar que no he conseguido ubicar y en la segunda no me moví del entorno del Polideportivo Municipal Diego de Paz Pazo, puesto que fui a correr una carrera que empezó y acabó allí. Del pueblo, por tanto, apenas si recordaba nada. Por ello, dado que nos habían citado en la Casa de la Cultura y que la misma está muy céntrica, me fui un poco antes y aparqué algo más lejos, para dar un paseo y acceder al meollo de Valencina a pie. En concreto, aparqué en la Calle Mariana de Pineda, que es muy larga y que va del extremo este de la localidad hasta el centro. Su comienzo atraviesa la zona de chalés con jardín que compone el sector occidental del casco urbano valencinero, pero en un determinado momento el pavimento pasa a ser de adoquines y a partir de ahí se accede la parte más tradicional de Valencina.


En ella está la Plaza de España, que tiene unas curiosas gradas en uno de sus lados y que es adonde se asoma la Casa de la Cultura.


No muy lejos, en la Plaza Nuestra Sra. de la Estrella está el edificio del Ayuntamiento y la Iglesia de Nuestra Sra. de la Estrella.


Tras la visita, a eso de las 12 de la mañana, como todavía tenía tiempo conduje de nuevo hacia el pueblo y esta vez aparqué en el lado oriental. Desde allí me volví a dar un paseo que me llevó otra vez a la Plaza Nuestra Sra. de la Estrella. Gracias a eso vi el centro desde varios ángulos, por lo que comprobé que en general está muy cuidado y que guarda un cierto aire tradicional que hace que resulte atractivo.


Al filo de las 13 horas acabó mí jornada turística en Valencina de la Concepción. En ella vi cosas muy relevantes que hay que conocer, sobre todo si se vive en el entorno, ya que no es lógico irse al fin del mundo a ver cosas si luego se ignoran relevantes maravillas que están a 5 kilómetros de casa. También conocí el casco urbano del pueblo, por lo que di la mañana por muy bien empleada.



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado VALENCINA DE LA CONCEPCIÓN.
En 2006 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 31'4% (hoy día 62'9%).
En 2006 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 10'8% (hoy día 20'6%).


25 de agosto de 2018

LLANES 2018

Hace un año pasamos unos días de vacaciones en Llanes, como es costumbre desde 1997, y a raíz de aquello comenté que nunca había estado allí tanto tiempo. En este 2018, curiosamente, hemos igualado el récord, aunque realmente llegamos a la casa que mis padres tienen en La Galguera el día 2 de agosto y nos fuimos el 15, por lo que el periodo total ha sido más largo, pero en cambio estuvimos en medio tres noches de excursión por las provincias de Burgos y Soria, lo que implica que el número total de jornadas ha sido el mismo.

El caso es que en 2017 me quedé con la sensación de que me había movido más que nunca por el casco urbano de Llanes y por los alrededores de la casa de mis padres. Este año, en cambio, hemos hecho más excursiones a otros lugares, pero, pese a esto, algo sí hemos paseado por La Galguera y un día llegamos incluso hasta el Lavadero de la vecina aldea de Soberrón.



Con respecto al casco urbano de Llanes, el verano pasado nos pateamos sus calles más pintorescas un buen número de días, las mismas quedan al oeste de la ría que divide la población, pero resulta curioso que este año no hemos llegado a atravesar dicha ría ni siquiera en las visitas funcionales que caen siempre (al supermercado, a la farmacia,...), sino que toda la vida la hemos hecho por su parte este. En esa dirección la localidad se ha extendido bastante, es una zona en apariencia menos atractiva y por ello la recorre menos gente, pero esconde uno cuantos lugares de interés. Yo llevaba tiempo queriendo subir al Tendedero de Redes y bajar a la Playa de Puertu Chicu, que quedan a ese lado, por lo que los dos paseos más relajados que nos hemos dado esta vez por Llanes nos han llevado a ese sector oriental del pueblo.

El Tendedero de Redes es una estructura de hormigón que se creó a mediados del siglo XX con la intención de utilizarla para secar los aparejos de pesca, pero apenas se usó, ya que está alejada del muelle y su emplazamiento no era muy funcional.


A pesar de esto, se conserva intacta junto a un mirador desde el que se observan a la perfección la costa oriental del municipio de Llanes, si se mira hacia el este, y Los Cubos de la Memoria, si se mira hacia el oeste.



Para subir al Tendedero recorrimos la Calle San Antón, desde la cual se van viendo bonitas vistas del Puerto, y nos detuvimos en el Monumento a la Muyerina, una estatua de bronce, obra de Hamilton Reed Armstrong, que homenajea a las mujeres de los pescadores (de ahí que tenga una paciente postura y su mirada, que apunta al mar, esté perdida en el horizonte).


Por su parte, la Playa de Puertu Chicu, que queda muy cerca del Tendedero, era la única playa urbana de Llanes que no conocía. La misma es muy pequeña y el lugar en el que está es bastante incómodo por la falta de aparcamiento, por lo que no es una opción para la mayoría de la gente, pero a pesar de eso cuando nosotros fuimos estaba hasta los topes.


La masificación se debe a que es la playa a la que van a pie todos los llaniscos que viven cerca, que no son pocos. Yo estaba empeñado en visitarla y en pegarme en ella un chapuzón, por lo que nos aventuramos a acercarnos con el coche. Conseguir aparcar cerca no es fácil, pero a nosotros nos sonrió la suerte. Ya en la arena comprobé que, en efecto, allí abundaban los lugareños, de hecho como era lunes por la mañana la playa estaba llena de niños, de gente joven y de personas mayores (o sea, los vecinos que no trabajan en agosto). En cualquier caso, hay en esta parte de la costa opciones mejores para el baño, salvo que se viva cerca y se baje en chanclas.

Más al este de la de Puertu Chicu hay otra playa, la de Toró, que se encuentra justo en el límite del casco urbano de Llanes. Este verano también la visitamos, por lo que ya he hecho mención en este blog a las tres playas urbanas que tiene el pueblo (el año pasado hablé de la tercera, la del Sablón). En efecto, más allá de la Playa de Toró ya no hay casas, por lo que esta es más abierta que la de Puertu Chicu y está rodeada de naturaleza, aspectos que se pueden apreciar bien desde el mirador que tiene en uno de sus extremos.


De todas formas, desde la misma playa se pueden contemplar aún Los Cubos de la Memoria a lo lejos, por lo que en ningún caso deja uno de ser consciente de que está en Llanes.


El día del Tendedero de Redes, por otro lado, no faltamos a nuestra tradicional cita con el Café Bitácora. La novedad para mí este año fue que en vez de tomar churros me tomé primero una Coca Cola y luego una cerveza Mahou, pero el rato en la terraza de la cafetería fue tan agradable como siempre.


Aparte, cierto es que este 2018 hemos hecho bastantes excursiones que nos han llevado lejos del término municipal de Llanes, pero también ha habido un par de ellas que nos han permitido explorar dos de los enclaves más destacados del concejo, el Ídolo de Peña Tu y el Complejo de Cobijeru.

El primero es un conjunto de pinturas y grabados del neolítico conservado en una roca que se encuentra a un kilómetro de la localidad llanisca de Puertas de Vidiago. Las pinturas apenas se ven y el grabado principal también se encuentra muy deteriorado, debido a que todo está al aire libre, pero este último se aprecia perfectamente desde detrás de la valla con la que está protegido el peñasco.



Uno de los principales atractivos del Ídolo, a mi juicio, es que no está en un lugar fácilmente accesible: la roca está ubicada en lo alto de un monte y aunque se ha habilitado un sendero muy cómodo, para llegar a ella es inevitable tener que andar un kilómetro cuesta arriba, lo que hace que no sea un lugar frecuentado por los turistas de salón.


El coche se deja abajo, en un aparcamiento que delimitaron cuando construyeron el Aula de Interpretación del Ídolo de Peña Tú, y desde allí se asciende por un empinado camino que es muy bonito.



Yo visité el Aula en 2009, cuando llevaba menos de tres años abierta, pero en la actualidad está cerrada al público, lo cual me parece una pena (la inauguración en 2006 contó con la presencia, incluso, del presidente del Principado de Asturias, después de que se hubieran gastado casi dos millones de euros en crearla, pero aguantó abierta apenas un lustro).




El caso es que el trayecto de subida al Ídolo está casi desierto, incluso en temporada alta (nosotros solo nos cruzamos con otra pareja), lo cual hace que su visita merezca más la pena, si cabe, dado que arriba se respira la más absoluta calma.



En lo alto de la montaña el grabado rupestre está protegido por un doble perímetro de verjas que da que pensar. La primera valla es más amplia y se encuentra abierta, pero la segunda no se puede salvar con facilidad y obliga a ver el Ídolo a un metro de distancia, lo que impide percibir los detalles. En ese lugar tan aislado la obra de arte está totalmente desprotegida y se ve que se tomaron medidas contundentes para evitar actos vandálicos. De hecho, en los alrededores del grabado de la edad del bronce se añadieron cruces y signos hace años, antes del siglo XX, que al estar tallados en la piedra ya forman parte del conjunto de manera inevitable. Hoy día la primera valla impone, más que proteger, pero la segunda hace imposible cualquier acercamiento accidental al Ídolo.



Para mí fue la segunda subida para ver el vestigio prehistórico, después de la de 2009, pero en aquella ocasión Ana tenía ocho meses (subimos con ella) y Julia no había nacido, así que tenía ganas de que conocieran realmente el sitio.

El otro lugar destacado del concejo que visitamos este año, en cambio, no lo conocía. Se trata del Complejo de Cobijeru, que incluye dos playas interiores, un bufón, dos cuevas y un tramo de acantilado.


Al Complejo de Cobijeru se llega también a pie, tras recorrer un camino de un kilómetro, esta vez sin cuestas, que une el pueblo de Buelna con la costa.


De las dos playas del Complejo nosotros visitamos la Playa de Cobijeru, también conocida como Playa de las Acacias. Su principal particularidad es que no da directamente al mar, sino que es interior y se comunica con el Cantábrico a través de dos conductos subterráneos.



Me llamó la atención en la Playa de Cobijeru la existencia al fondo de una pequeña construcción que resultó ser una antigua cetárea, es decir, una estructura que se usaba como vivero para encerrar en ella a los seres marinos y mantenerlos con vida en el propio agua del mar.


Por otro lado, para ver el Bufón de Cobijeru subí por las rocas que están detrás de la playa y vi el agujero, aunque no estaba el mar encrespado y el bufón no estaba activo. Luego podría haber seguido bordeando el acantilado para pasar por encima del Salto del Caballo, una especie de puente de piedra que el mar ha creado, pero me di la vuelta antes de hacerlo.


Por último, de las dos cuevas integradas dentro del Complejo de Cobijeru solo vi sus entradas. La primera, llamada Cueva de las Raíces, está a mano izquierda antes de llegar a la Playa de las Acacias.




La segunda, la Cueva de Cobijeru, es la más famosa, porque mide 120 metros y desciende hasta el mar por debajo de los acantilados. Pese a esto, lo cierto es que no íbamos con nadie que nos guiase un poco, ni llevábamos linternas, por lo que no nos atrevimos a entrar con las niñas en ninguna de las dos. En el Complejo de Cobijeru me quedan varias cosas pendientes, por tanto.

Aparte, en el concejo, también fuimos un día a comer a El Sucón y otro al Bar Restaurante La Playa San Antolín de Bedón, un chiringuito que está ubicado junto a la Playa de San Antolín. Estos dos lugares, junto con el Bitácora, conforman el trío de visitas inexcusables a negocios de restauración que hacemos cada año en algún momento.

Por último, una mañana me fui con el coche hasta La Pereda, otro de los pequeños núcleos de población que salpican el término municipal de Llanes. Este, en concreto, está bastante cerca de La Galguera y tiene una zona céntrica muy bonita en la que no faltan una Bolera y un cuidado Lavadero.




En conclusión, en este 2018 volvimos a disfrutar de nuestros días estivales en Llanes. Todos los años son distintos y en esta ocasión nos movimos menos por el casco urbano de la capital, pero en cambio exploramos el concejo con más ahínco que, por ejemplo, el pasado verano. Seguro que en 2019 volveremos a vivir allí nuevas experiencias.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado LLANES.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 13'3% (hoy día 53'3%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 11'8% (hoy día 33'9%).