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7 de junio de 2025

CARRERA POPULAR TRIANA 2025

Hace unos meses, vi que la Carrera Popular Triana había regresado al Circuito de Carreras Populares de Sevilla, y supe enseguida que tenía que volver a correrla. 


Yo participé en ella desde 2012 a 2015, y luego la disputé en 2017 y en 2019. Dado que en 2018 también tomé la salida, y que llegué casi hasta el kilómetro 9, antes de lesionarme y retirarme, pues se puede decir que la carrera que discurre por los barrios sevillanos de Triana y de Los Remedios era una cita clásica para mí. Sin embargo, por alguna razón que desconozco, desde 2020 la prueba se había excluido del calendario, y yo ya temía que nunca iba a volver. Por suerte, ha regresado, y su edición 29 se celebró el pasado domingo. 


Tengo que decir que le guardo tanto cariño a la Carrera Popular Triana, porque yo viví una década en Los Remedios. Además, mi madre, por un lado, y mi hermana, por otro, siguen residiendo allí. Lo que pasa es que este barrio hace años que dejó de mencionarse en el nombre oficial del evento, por lo que parece erróneamente que este solo tiene lugar en Triana. En efecto, la cita se llamaba Carrera Popular Triana cuando yo la conocí, allá por 2001. En 2012 y en 2013, pasó a denominarse Carrera Popular Parque de los Príncipes, porque acababa en esa zona verde, que está en Los Remedios. No obstante, este barrio seguía sin ser mencionado. Con posterioridad, en 2015, y hasta 2019, la meta se trasladó al Parque Vega de Triana, y la prueba se rebautizó. Ahora que ha resucitado, y que ya no termina en ningún parque, se ha vuelto al apelativo primigenio. Me parece bien, aunque Los Remedios siga en el ostracismo. Entiendo que es un vecindario muy gris, y que Triana, en cambio, es un reclamo en todos los sentidos.

En relación con el recorrido, no puedo dejar de comentar que ha mejorado mucho. Antaño, yo era asiduo a la carrera por motivos sentimentales, pero el trazado era feo, dado que se le daba preferencia, en los dos barrios, a la amplitud de las calles, más que a su relevancia estética. Además, todos los años que finalizó en el Parque Vega de Triana, los últimos tres kilómetros fueron un horror, porque aquel no tenía apenas vegetación, por lo que no era demasiado agradable dar vueltas por él. Por fortuna, lo malo ha cambiado. Ahora, el circuito es espectacular.


En efecto, el domingo la salida y la meta estuvieron situadas a los pies de la Torre Sevilla, y nos pudimos olvidar de recorrer parques dejados de la mano de Dios. Además, los organizadores hicieron pasar la prueba por una serie de destacadas vías que ya estaban ahí, pero que se habían ignorado hasta ahora. Con una participación tan alta como la que tiene este evento, es imposible transitar por ciertas calles trianeras, pero la Calle Betis, la Calle Castilla y el Paseo de Nuestra Señora de la O son un emblema en Triana, y ha quedado patente que se pueden integrar en el trazado de una carrera, incluso aunque sea masiva. En Los Remedios ha sucedido igual, de manera que corrimos, por primera vez, por la Calle Asunción, que es la más atractiva del barrio.

Total, que desde el punto de vista del recorrido, me encantó disputar de nuevo la Carrera Popular Triana. Otra cosa es que yo ya no sea capaz ni de acercarme a los 45 minutos de marca final. La verdad es que me lo tengo merecido, porque estoy yendo al gimnasio desde hace unos meses. Gracias a eso, me siento menos alcayatado y más armónico, pero he cogido cuatro o cinco kilos de masa muscular que, sí, lo reconozco, quedan muy bien, pero que me penalizan para correr rápido. 


Teniendo en cuenta que hace un par de años ya di un bajonazo enorme por culpa de la edad, lo que me faltaba era haber perdido, en parte, el look keniata. El caso es que, hace dos meses, terminé en Huevar un diezmil en 45 minutos pelados, pero, desde entonces, me he puesto más serio con las pesas, he cambiado incluso el entrenamiento atlético por el gimnasio alguna vez, cosa que ha sido toda una novedad para mí, y en la Carrera Popular Triana pagué un poco el precio. Aparte, el domingo estábamos en alerta naranja, y, aunque se adelantó la salida a las 8'30 de la mañana, corrimos con 26º de temperatura.

Objetivo inalcanzable

En definitiva, mi idea era tratar de seguir a la liebre de los 45 minutos. Ir con la de 40, como hace años, ya ni se me pasa por la cabeza, porque es que no aguanto su ritmo ni 200 metros, pero mi objetivo era correr junto al peacemaker que debía avanzar a 4:30 el kilómetro. Por eso, me puse cerquita suya en la salida.


Sin embargo, al darse el pistoletazo inicial, el que llevaba la banderola no sé qué hizo, que se coló entre la gente, y le perdí la estela. Al principio lo veía cerca, e intenté pillarlo, pero vi enseguida que me iba a tener que pegar un calentón suicida para alcanzarlo. Además, pronto noté que, en cualquier caso, no iba a ser capaz de ir a 4:30 todo el rato. No me equivocaba. En el primer 5.000 marqué parciales de 4:46 (incluyendo un buen puñado de segundos que perdí antes de echar a correr), 4:45, 4:37, 4:41 y 4:51. Pasé por el ecuador de la carrera en 23:42. 


Después, durante el séptimo kilómetro me entró la crisis, me empezaron a pesar las piernas como si fueran de mármol (puto gimnasio), comencé a sentirme como Robocop, y sufrí como un bellaco para no bajar demasiado el ritmo. Por suerte, al enfilar la Calle Asunción, que es parte de mi vida, me vine arriba, y el cuerpo me acompañó. 


Gracias a eso, me solté un poco en el último dosmil, y las sensaciones positivas regresaron. Ni siquiera los suaves adoquines de la Calle Betis, ni los bastos de la Calle Castilla y del Paseo de Nuestra Señora de la O, me hicieron volver a ir mal. Otra cosa fue el ritmo, que mejoró con respecto al kilómetro fatal, pero que no superó el de la primera mitad de la carrera. Así, en la segunda marqué, sucesivamente, 4:45, 4:46, 4:55 en mi peor momento, 4:43 y 4:42. 

El postrero kilómetro lo corrí a gusto. No me mermó la rampa de 40 metros al 20% de inclinación que tuvimos que subir justo antes de la recta de meta, por lo que avancé por esta con sorprendente agilidad, pero, eso sí, paré el crono en 47:33.
 

A pesar del bochornoso clima, me recuperé rápido del esfuerzo. Por otro lado, me resulta sorprendente lo estable que fui, en lo que al ritmo se refiere, sobre todo porque, en lo relativo a las sensaciones, sí fui de más a menos, y, luego, de menos a algo más. Desde el punto de vista del fuelle, hubo vaivenes, pero a nivel de crono apenas se notó.

En resumen, traspasé por séptima vez en mi vida la meta de la Carrera Popular Triana, y no se me han quitado las ganas de hacerlo de nuevo en el futuro. Por ello, si se sigue organizando así de bien, tengo claro que volveré.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 262.
% del Total de Carreras a completar: 26'2%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 39%).


11 de abril de 2019

CARRERA POPULAR TRIANA 2019

Dos de dos. Tras correr 10 kilómetros en 42:59 en la primera carrera del circuito del Instituto Municipal de Deportes de este año, el pasado domingo también logré acabar la segunda en menos de 43 minutos, que es mi objetivo para las cinco pruebas. En esta ocasión transitamos por Triana y por Los Remedios, y me sentí como en casa, por razones que ya expliqué hace casi dos años, cuando corrí por esos barrios la última vez.

Aquel día paré el crono en 42:57 y acabé esta carrera por quinta vez en mi vida. Esta ha sido, por tanto, la sexta, aunque resulta curioso que podría haber sido la octava, ya que el evento atlético del distrito trianero tiene el dudoso honor de ser el único en el que me he retirado dos veces. La segunda fue en 2016 y se debió a una lesión, pero la otra se remonta a 2001, nada menos, y en esa ocasión lo problemas físicos no tuvieron nada que ver, sino que el fiasco estuvo más bien motivado por temas extradeportivos. Por aquel entonces solo había participado en dos pruebas, y la que transcurre por Triana y por Los Remedios iba a ser la tercera, pero en ese año 2001 las carreras de distrito entraron en un túnel del que estuvieron a punto de no salir y yo me vi afectado por esa circunstancia.

El caso es que hasta el año 2000 las populares del IMD de Sevilla, que tenían unos quince años de vida, fueron gratis, pero en 2001 el Ayuntamiento decidió empezar a cobrarlas a 500 pesetas. En aquellos tiempos había menos carreras, pero muchas de ellas eran gratuitas y algunos clubes sevillanos montaron en cólera por la supuesta mercantilización de los eventos deportivos en la capital. La Carrera Popular Triana (hoy día llamada Carrera Popular Parque Vega de Triana) fue la primera en la que hubo que pagar, las inscripciones no menguaron, pero el día en cuestión unos pocos intentaron boicotear la cita como medida de protesta. Pese a esto, la salida se dio. El recorrido en esas ediciones de principios de siglo daba una vuelta al Parque de los Príncipes, recorría un par de calles de Los Remedios y volvía a pasar en el kilómetro 3 por la que había sido la salida, antes de alejarse hacia Triana. Esa circunstancia la aprovecharon los piquetes para no echar a correr, quedarse allí para taponar la calle y evitar que la competición se siguiera disputando a partir del tercer kilómetro. Por desgracia para ellos, la avenida en ese punto era muy ancha y hubo corredores de los que iban en cabeza que rompieron el piquete y continuaron corriendo. La prueba estuvo parada unos minutos, pero yo no me vi afectado, porque para cuando llegué al kilómetro 3 la normalidad se acababa de restablecer. En consecuencia, seguí corriendo, aunque aquello había dejado de ser divertido. Visto su escaso éxito, los piquetes, que representaban a los principales clubes de Sevilla, optaron por seguir una táctica más cabal y empezaron a correr intentando explicar a los que iban alcanzando el por qué de su actitud. A mí un tipo me pidió que me uniera a la causa y que entrara sin dorsal. Yo por aquel entonces aún no tenía una opinión formada acerca del tema de que se cobre en las carreras (ahora sí) y decidí solidarizarme con la reivindicación, lo del piquete me había tocado las narices porque no son formas, pero esa otra manera de alentar la protesta sí me pareció lógica y el hombre en primera instancia me convenció. Por otro lado, la competición ya estaba totalmente desvirtuada, por lo que cuando llegué al final y vi que eran decenas las personas que estaban entrando sin dorsal, comprendí que en esas condiciones no tenía sentido ni aparecer en la clasificación. En consecuencia, pasé bajo el arco de meta sin el número puesto y no quedó constancia en ningún sitio de que yo hubiera completado esos 10.400 metros. Realmente no me retiré, pero en mis estadísticas no cuenta esa participación.

El problema tardó bastante en solucionarse. A partir de ese día los clubes decidieron protestar de una manera más civilizada, simplemente no yendo a las carreras, por lo que la cantidad de corredores bajó. Luego el Ayuntamiento para las últimas citas de esa edición del circuito decidió dejar en suspenso lo de cobrar por la inscripción, quizás buscando el consenso. Ese acuerdo no se produjo y en 2002 las pruebas volvieron a costar dinero (ya 3 euros). Ante esa circunstancia los clubes decidieron reventar otra vez las carreras a lo bestia, evitando que se dieran las salidas. La de Triana no se disputó por ello, yo en esa no iba a tomar parte en cualquier caso, pero en mayo sí me apunté a la del Parque Amate, me fui para allá y me encontré conque no pude correr debido a la barrera humana que formaron unos cuantos al darse el pistoletazo inicial. Poco después recibí en mi casa esta carta, firmada por el delegado de deportes del Ayuntamiento de Sevilla, en la que se explicaba con detalle la situación:


Lo que argumentaba Pablo de los Santos en esa carta me pareció muy lógico. En ese momento ya sí definí mi postura, no estoy en contra de que se cobre un precio lógico por participar en una carrera, aunque este es un tema largo de explicar. Como digo, tomé partido por los responsables del consistorio, pero no volví a ir a ninguna prueba de distrito hasta 2007, pese a que en 2003, tras las elecciones municipales y con un nuevo edil como delegado de deportes, el problema se solucionó, los clubes ganaron el pulso y las inscripciones volvieron a ser gratuitas.

Dicen, no obstante, que la venganza es un plato que se sirve frío, en apariencia los clubes se salieron con la suya, pero no creo que fuera casualidad que a partir de ese año 2003 las carreras de distrito en Sevilla empezaran a estar cada vez más escondidas, hasta el punto de que en 2005 solo se celebraron tres, no cinco, y todo sus recorridos discurrieron por parques, dando vueltas a los mismos por dentro en plan hamster. En definitiva, las carreras estuvieron casi muertas durante un par de años, en 2007 las mismas empezaron a regresar con timidez a las calles, lograron asentarse y cuando en 2012, en plena crisis, se asumió que los ayuntamientos no estaban para costear eventos deportivos, aprovechando el primer arreón del boom del atletismo popular se decidió volver a cobrar por las pruebas de running en Sevilla y ya nadie protestó.

Estamos en 2019 y es bien sabido que el circuito está ya más que afianzado. A mí me encanta y es mi ilusión correr este año de nuevo todas las carreras que lo componen, pero, como comenté cuando participé en la de Nervión y San Pablo, desde hace dos meses trabajo los fines de semana y entro a currar normalmente los domingos a las 10. Gracias al permiso de las jefas ese día pude entrar a las 11, pero para lograr cuadrarlo todo tuve que organizar una especie de yincana que implicó ir al coche nada más terminar de correr, coger la mochila con la ropa limpia, montarme en una bicicleta de Sevici y tirar sin respiro para la tienda, donde logré estar a la hora fijada, limpio y dispuesto para el trabajo. Este pasado domingo fue la segunda edición de esa yincana, en esta ocasión su punto de partida no era San Pablo, sino Triana, pero el destino era el mismo. Por fortuna, si el pasado día 4 la cosa salió bien, el otro día fue mejor aún y a las 10'50 ya estaba al pie del cañón en la tienda. Afortunadamente el clima acompañó y no empezó a llover hasta un buen rato después, lo que ayudó al correr y también evitó complicaciones en ese periplo posterior.


Con respecto a la carrera, como digo se disputó bajo unas condiciones climatológicas mucho mejores que las de hace dos años, cuando a las 9:30 de la mañana el termómetro marcaba 25º y la humedad apretaba de lo lindo (en aquella ocasión, no obstante, estaba ya avanzado el mes de mayo). El domingo, por suerte, la mañana salió fresca, el termómetro no subió de los 13º y no llegó a llover.

Después de haber andado tan justo para cumplir mi objetivo en la primera carrera mi idea era intentar no pasar tantos apuros, aunque se de sobra que las intenciones en estas lides muchas veces se quedan en agua de borrajas, ya que al final son las piernas las que dictan su ley. En cualquier caso, había que intentarlo, por lo que busqué desde el primer momento el globo de los 40 minutos para seguir mi táctica favorita en estos casos, que consiste en aguantar su ritmo medio kilómetro y luego empezar a dejarme ir lenta pero controladamente. Hace dos semanas en San Pablo me situé mal en la salida, el globo salió muy delante desde el principio y no hubo forma de correr de manera estable, pero esta vez no estaba dispuesto a que me pasara lo mismo y busqué al del globito antes de que dieran el pistoletazo inicial, me pegué a el y lo perseguí un rato.


Fui con el globo medio kilómetro y me vi bien, luego lo dejé marchar poco a poco y fui controlando en todo momento mi propio ritmo (los kilómetros 2, 3 y 4 los hice sucesivamente en 4:11, 4:11 y 4:09).


Por el ecuador de la carrera pasé en 21:17, el kilómetro quinto se me había ido un poco y pensé que si se me empezaban a escapar los segundos lo tenía crudo, pero iba cómodo y tras hacer los dos siguientes kilómetros en 4:14 y 4:13 me di cuenta de que podía conseguir el reto.

En esta carrera los 3.000 últimos metros discurren por el interior del Parque Vega de Triana, no voy a repetir lo que comenté de ese último tramo hace dos años y solo diré ahora que no es fácil dar vueltas yendo a tope por un enorme parque casi pelado de árboles, pero esta vez iba mejor que en 2017 y lo acusé menos.


Finalmente la segunda parte de la prueba la hice en 21:13, y aunque apreté al final, al igual que hace dos semanas, el sprint fue menos agónico. Finalmente volví a lograr el objetivo y acabé en 42:30 (puesto 418 de 2.723 llegados a meta), para la próxima carrera del circuito falta más de un mes, será en mayo y ahí ya volverá a entrar en juego el tema del calor, aunque esa cita será en una zona de Sevilla más alejada del río, lo cual es bueno para evitar la humedad.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 220.
% del Total de Carreras a completar: 21'9%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 35'2%).

24 de mayo de 2017

CARRERA POPULAR TRIANA 2017

Hasta los 19 años no me gustaba nada correr. Hacer deporte sí me encantaba, pero correr me parecía un coñazo supino. Poco antes de entrar en la veintena, me mudé de Tomares a Sevilla, y, casi a la vez, entré en la universidad. Esas dos circunstancias combinadas, hicieron que lo de practicar deporte se complicara bastante para mí. Tras unos meses de inactividad absoluta, lo único que se me ocurrió para escapar del sedentarismo definitivo fue salir a trotar, porque era barato y no necesitaba quedar con nadie para hacerlo. Pese a esto, durante tres años, no llegué a convertir esa actividad en un hábito, ni mucho menos. Corría 3 o 4 kilómetros de higos a brevas, y como no podía ser de otra forma, lo pasaba fatal.

Realmente, no cogí el hábito de correr hasta el año 99, cuando ya tenía 22 años cumplidos, pero al principio ni se me pasaba por la cabeza la idea apuntarme a una carrera. De hecho, en aquella época yo ni siquiera sabía que existían carreras por las calles en las que podía participar la gente normal (en 1999 ciertamente muchas no había). El hecho totalmente casual de toparme con los participantes de la décima edición de la Carrera Nocturna del Guadalquivir fue lo que me abrió los ojos. Corriendo aquella prueba vi a mucha gente que no tenía una pinta mucho más atlética que la mía, y eso fue como una revelación. El veneno quedó ese día inoculado, ya solo era cuestión de tiempo que hiciera efecto.

Un año después, con motivo de la siguiente edición de la Nocturna del Guadalquivir, se produjo mi debut competitivo. Aquella fue mi primera carrera y este pasado domingo he corrido la que hace la número 200. Han pasado casi 17 años, en los cuales he acabado 16 maratones, 36 medias maratones, seis ultramaratones, dos trails, un cross y 139 carreras urbanas de menos de 21 kilómetros.

200 carreras en 17 años no es una locura, realmente nunca he abusado de las competiciones, porque siempre voy a tope y es conveniente dosificar física y mentalmente. Lo que sucede es que he mantenido una gran constancia, y salvo los meses posteriores al nacimiento de Ana y de Julia, y los periodos en los que no he podido correr por motivos físicos, nunca he dejado de participar en alguna carrera cada cierto tiempo.

El caso es que el pasado domingo atravesé una línea de meta por ducentésima vez. Fue, curiosamente, en la prueba que discurre por Los Remedios, que es el barrio al que me mudé desde Tomares, y en el que siguen viviendo mis padres y mi hermana (yo viví allí más de once años). No ha sido la primera vez que he participado en esta carrera de distrito en Sevilla, por supuesto (de hecho, esta ha sido la quinta vez, tras haberla corrido previamente todos los años entre 2012 y 2015), pero ha sido curioso que la efeméride haya caído en ella (no era algo que estuviera planeado, ni mucho menos).

Hasta hace tres años esta prueba acababa en el Parque de los Príncipes (ese parque está a dos minutos de donde yo vivía, a su perímetro le he dado vueltas cientos de veces), pero ahora acaba en el Parque Vega de Triana, que está junto al Río Guadalquivir y lleva abierto poco más de cuatro años (de ahí que la carrera, que antes llevaba el nombre de los barrios que atraviesa, ahora se llame Carrera Popular Parque Vega de Triana).


La carrera a mí me encanta, porque Los Remedios es como mi barrio, pero, realmente, de las cinco carreras de distrito que ahora se celebran, esta es, junto con la de Nervión San Pablo, la que tiene un atractivo menor. De hecho, los últimos 3 kilómetros por el Parque Vega de Triana son un auténtico peñazo, porque el mismo es un desierto en el que aún escasean los árboles y la carrera se dedica a transitar por él haciendo eses, sin que haya ningún obstáculo visual que oculte a la hilera de gente que te precede. Recortar no se contempla, evidentemente, pero no es por falta de ganas.


Además, el trozo de recorrido que discurre por Triana no se mete por la zona más pintoresca del barrio, sino que circula por las vías más amplias y más impersonales.

Pese a todo, las carreras en Sevilla me gustan por las razones que ya he enunciado otras veces, y esta, además, discurre por calles que me resultan entrañables, por lo que el pasado domingo no me faltaban ganas para ponerme las zapatillas. Quería, además, quitarme el mal sabor de boca del año pasado, cuando me lesioné precisamente en esta cita (llegando casi al kilómetro 9, el isquiotibial derecho me pegó un leñazo y me tuve que retirar). Resulta curioso que de las ocho veces que he tomado la salida en una carrera y no he llegado a meta, dos hayan sido en esta prueba (la primera fue en 2001 y no me retiré por una lesión, pero esa es una larga historia que contaré la próxima vez que corra aquí). El caso es que el pasado año sí me lesioné y en este 2017 me apetecía sustituir ese último recuerdo por otro más agradable. Afortunadamente, esta vez todo salió como la seda desde el principio, y, tras dejar a las niñas con mis padres, María y yo nos pudimos encaminar relajadamente a la salida.

La cosa prometía, pero finalmente la carrera no salió tan redonda como me hubiera gustado. Hace un mes, en la anterior cita del circuito, la excusa de no ir bien del todo fue el cansancio, y en este caso ha sido el clima el que no ha ayudado. No será solo eso, entran en juego muchos factores, pero la semana pasada en Guillena corrí 7.000 metros a 3:59 y los 10.000 de Triana los he completado yendo a 4:17, por lo que el bajón ha sido considerable. Realmente, el día salió bochornoso, a las 9:30 el termómetro ya marcaba 25º, y pese a que no salió el sol, la sensación de humedad fue un lastre.

En mi caso, las piernas respondieron bien al principio, pero en ningún momento tuve opciones reales de seguir al globo de los 40 minutos, de hecho pasé el kilómetro 5 en 21:14.


Luego me mantuve estable un par de kilómetros más, pero los 3.000 metros exactos por el Parque Vega de Triana se me hicieron muy largos.


Finalmente acabé en 42:53 (puesto 325 de 2.640 corredores), en las carreras de distrito de este año en vez de mejorar estoy yendo a peor (marqué 42:17 en la primera y 42:27 en la segunda). El lado positivo es que parar tres veces seguidas el crono en 42 minutos y pico no está mal, y la regularidad también tiene su mérito.



Dentro de dos semanas se disputará la cuarta carrera del circuito del IMD de este año. Después, ya solo quedará la última, en otoño. Antes de correr por La Macarena, sin embargo, tengo la semana que viene el Triatlón de Sevilla, que es harina de otro costal. 


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 200.
% del Total de Carreras a completar: 19'9%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 34'2%).