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30 de abril de 2023

PUNTA UMBRÍA 2023

No esperaba ir a Punta Umbría esta primavera, y, realmente, aunque he ido dos veces en menos diez días, ambas visitas han sido bastante fugaces, por lo que me podría haber ahorrado el post. Sin embargo, si no lo hubiera escrito, habría condenado al olvido a unos cuantos momentos que han merecido mucho la pena, por lo que me he tomado la libertad de dedicarles unas palabras, y también algunas fotos.


En verano estuvimos una semana en Punta Umbría. Ya lo recuerdo con nostalgia. Antes, en junio de 2020, pasamos allí uno de los primeros findes en los que pudimos traspasar los límites provinciales, después del confinamiento. Esas dos estancias tan entrañables están grabadas a fuego en mi memoria, por lo que no me ha supuesto ningún suplicio volver al pueblo ahora, y rememorarlas. Para mí, Punta Umbría se ha convertido en un lugar especial. No obstante, los dos desplazamientos de los últimos días han venido dados por una situación sobrevenida, a la que he tenido que hacer frente, y que no estaba relacionada con el ocio propiamente dicho. Otra cosa es que haya hecho de la necesidad una virtud.

El caso es que mis padres viven a dos pasos de la Feria de Abril de Sevilla, y decidieron que no querían estar en su piso durante esa semana festiva, en la que el caos se apodera del barrio donde residen. Por eso, buscando un lugar tranquilo, alquilaron en Punta Umbría un apartamento muy coqueto. Yo, el primer sábado fui a ayudarles a aterrizar allí, y, al siguiente, me he desplazado para echarles un cable con la partida. En realidad, este segundo día he hecho poco, porque mi madre lo tenía todo empaquetado cuando llegué, pero me he podido asegurar de que la salida se ha realizado con orden. De cualquier modo, sobre esto tampoco es menester entrar en detalles. Lo que quería contar viene a continuación.

Resulta que en verano ya visité la mayoría de enclaves destacados de Punta Umbría. Allí, algo me queda por conocer, pero sabía que esta vez no iba a ser la más oportuna para hacerlo. Lo primordial era cumplir con el objeto del viaje. Sin embargo, hay tiempo para todo, o suele haberlo. En esta ocasión, lo ha habido, porque he comido, en buena compañía, en dos sitios que se merecen unas palabras, he disfrutado de un par de deliciosos ratos en la Playa de Punta Umbría, y he podido recorrer las calles de la parte del casco urbano de Punta Umbría que están en su punta, valga la redundancia. 


Con respecto a la Playa de Punta Umbría, la misma ya es, por derecho propio, una de mis favoritas. Su amplitud es impresionante, hasta el punto de que no parece una playa urbana.


Esta vez no he podido bañarme. De hecho, el primer día hacía tanto viento, que tuve que protegerme bien para lograr tumbarme en la arena.


No pasa nada. Después de comer buscamos un sitio resguardado, y el viento no impidió que me echara una pequeña siesta. Eso sí, me levanté medio sepultado. Los que de verdad agradecieron el ventoso día fueron los windsurfistas y los kitesurfistas. Menudos máquinas...


El segundo día la cosa fue diferente. Tampoco pude bañarme, no soy tan valiente, pero sí disfruté del sol al descubierto.


En realidad, lo más destacado de las dos escapadas a Punta Umbría fueron los homenajes que nos dimos a la hora de almorzar. Ambos, además, estuvieron precedidos de su correspondiente aperitivo. El primer sábado, las cervezas, los refrescos y las patatas fritas de la una de la tarde nos las tomamos en el mismo sitio donde comimos. Fue en el Restaurante Miramar.




Como se puede comprobar, el nombre del restaurante está bien elegido. Se encuentra a pie de playa, pero su comedor es interior. Eso hace que, aunque haya en él gente en chanclas y en bañador, también abunden los comensales vestidos de calle. Nosotros, incluso coincidimos con la celebración de una primera comunión. Como el local es enorme, hubo sitio para todos. Aparte, nos comimos una paella notable. Me pareció que tenía algo más de sal de la cuenta, pero el arroz estaba en su punto. Fue un rato muy agradable.

El segundo día, en cambio, el aperitivo y el almuerzo nos los pegamos en lugares distintos, dado que acabamos pronto con la faena y pudimos darnos una vuelta, que nos llevó a la Calle Almirante Pérez de Guzmán, así como a la Plaza Pérez Pastor. Realmente, detrás del nombre de la mencionada calle se esconde el paseo marítimo de Punta Umbría.


La Calle Almirante Pérez de Guzmán y la Plaza Pérez Pastor dan a la Ría del Odiel, que está en el lado opuesto de la punta, al de la Playa de Punta Umbría. En la citada plaza nos tomamos una caña, mirando a los barcos del puerto deportivo, pero después, para comer, cambiamos de vertiente y acabamos en el Chiringuito Calypso.


El Chiringuito Calypso tiene una curiosa particularidad, y es que solo se ve desde la playa. Yo me había fijado en él el día anterior, casi por casualidad, y por eso sabía de su existencia, pero no tiene acceso desde la calle, ni está indicada su presencia por ese lado. Dando a la calle, lo que se anuncian son los Apartamentos Calypso, cuya entrada está situada en una casa normal, igual a las demás de la hilera. Pues bien, detrás de ese alojamiento turístico, mirando a la playa, se encuentra el chiringo. Supongo que se puede llegar a él atravesando la recepción de los apartamentos, pero como no ponía nada en la puerta, nosotros dimos la vuelta a la manzana, por pura intuición, y llegamos hasta la terraza andando por la arena. No vimos ni un cartel, por lo que fuimos a ciegas, hasta que ya oteé el nombre del establecimiento en el lateral del toldo. Todo muy raro. Luego resultó que el restaurante es normal. En él, nos sirvieron con una amabilidad digna de elogio, y comimos de lujo. Nos pedimos unas papas aliñás que estuvieron entre las mejores que he tomado en mi vida, unas coquinas riquísimas y una dorada a la plancha también sobresaliente. No se puede pedir más.

En resumen, a la hora de comer no nos privamos de nada. En relación con Punta Umbría como pueblo, los dos días que estuvimos por allí paseamos por su extremo este, que es el que queda dentro del círculo, en la imagen que he puesto arriba. Punta Umbría es un pueblo con todas las de la ley, pero esa parte se ve que es la que está dedicada a las viviendas vacacionales, porque se encontraba extremadamente tranquila.


Yo, por ese sector del pueblo no me había movido en ninguna de mis visitas anteriores, por lo que estuvo bien la posibilidad de hacerlo. El segundo día, llegamos hasta la zona de la ría, como ya he dicho, e incluso alcanzamos el principio de la Calle Ancha, que es la que vertebra la parte del pueblo que permanece más ajena a la estacionalidad, pero no llegamos a recorrerla. También pasamos por la Calle Lepanto, a la cual se asoma la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, que creo que es el único edificio relevante de Punta Umbría que me falta por conocer. Por desgracia, estaba cerrada.


En definitiva, esta estancia en Punta Umbría se centró más en la vertiente culinaria del turismo, que en la de las visitas, pero comer bien, allá adonde voy, también es un placer para mí, por lo que disfruté mucho. En todo caso, este pueblo onubense siempre se merece unas palabras.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado PUNTA UMBRÍA.
En 1996 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 5%  (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 30'4%).
En 1996 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 2'5% (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 21'3%).


31 de agosto de 2022

PUNTA UMBRÍA 2022

En el año 2020 me pegué todo el confinamiento y el principio de la desescalada diciendo que, en cuanto me dejaran, iba a ir a pasar un día a Punta Umbría. No se por qué, pero estando encerrado ese fue el paraíso al que me apeteció ir. Seguramente, fue por la sensación de amplitud espacial que me transmite la Playa de Punta Umbría.


Ni que decir tiene que, en cuanto pudimos salir de nuestra provincia, fui a echarle un ojo al mar desde el litoral de Punta Umbría, como tenía previsto. En aquella ocasión estuvimos en junio y acabamos durmiendo una noche en el pueblo. Esta vez hemos pasado allí una semana, en pleno mes de agosto. Ha sido, por tanto, temporada muy alta, pero eso no ha impedido que hayamos disfrutado de la Playa de Punta Umbría en todo su esplendor.


Para mí, lo bueno que tiene la Playa de Punta Umbría es que es urbana. No lo parece, pero el inmenso arenal de las fotos da a una zona urbanizada. Lo que pasa es que en el pueblo, que tiene unos 15.000 habitantes, aunque hay pisos, son pocos, están espaciados y se encuentran separados de la costa. 


En efecto, Punta Umbría es un lugar turístico, pero está muy bien montado. De hecho, tiene una amplia zona de hoteles, pero esta se encuentra a la entrada de la población, como escondida. Estas vacaciones la he visto un par de veces mientras corría, y, realmente, en ella lo que hay son muchos turistas todoincluido, pero, como digo, los hoteles están correctamente integrados en el entorno y no condicionan, ni el ambiente del pueblo, ni el de la playa.

El caso es que este verano hemos viajado bastante, pero nos faltaba echar unos días de playa y los hemos dejado para el final. Por una vez, hicimos las cosas con tiempo y cerramos la estancia de una semana en el Albergue Inturjoven Punta Umbría en enero. Ya he hablado en otros posts de los albergues juveniles de Andalucía donde he estado. Han sido varios y se que están muy bien. Por ello, como en esta ocasión nos movilizamos pronto, aún había plazas disponibles para agosto en el de Punta Umbría, por lo que vimos la oportunidad, no lo dudamos y fijamos el plan.


En consecuencia, la postrera semana de asueto estival de este 2022 la he pasado gozando de un plan playero con mi familia política. Por supuesto, no es la primera vez que paso parte de mis vacaciones con ellos. En realidad, lo hago desde hace años, aunque la costumbre se ha visto interrumpida por la pandemia. En efecto, en este blog ya han quedado reflejados los planes que hicimos desde 2016 a 2018. Al de 2019 yo no pude ir, por motivos laborales, y luego se nos chafaron los de 2020 y 2021 por el impacto del virus, pero este verano hemos vuelto a las andadas. Para recordar como son las vacaciones con mi suegra y mis cuñadas, puedo decir que se basan en buscar el frescor del agua, a ser posible del mar, pero si no de una piscina, comer y descansar. Lo de moverse menos que los ojos de Espinete yo es lo que peor solía llevar, pero he aprendido a adaptarme, manteniendo un mínimo de independencia, y disfrutando de lo de comer y descansar, que a nadie le amarga un dulce. Por otro lado, María, que a la hora de divertirse no se parece demasiado a sus hermanas y a su madre, últimamente tiende a involucrarse en la organización del plan, para tener voz y voto a la hora de elegir adonde vamos. Por tanto, no ha sido casualidad que este mes de agosto hayamos acabado en un lugar como el Albergue Inturjoven Punta Umbría, que está en un emplazamiento mínimamente céntrico y accesible, en el que nos lo daban casi todo hecho, factores que acaban favoreciendo la movilidad. Asimismo, este año me he encontrado conque mi familia política estaba con más ganas de acción que de costumbre. No es que se hayan convertido en Jesús Calleja, pero dándoles un lapso de tiempo suficientemente amplio (una semana), preparando el terreno y poniéndoles los planes en bandeja, lo cierto es que hemos conseguido llevar a cabo un par de actividades de corte explorador. Buscando yo algunos huecos aparte, resulta que, al final, además de descansar mucho, de explotar la playa a tope y de pegarme un buen número de buenas comilonas, he tenido la oportunidad conocer bien Punta Umbría.


Con respecto al Albergue Inturjoven Punta Umbría, el mismo tiene varias cosas buenas. Realmente, es un alojamiento modesto, pero está bastante nuevo y limpio. Además, sus zonas comunes son muy agradables, tanto de día como de noche.


En general, coincide con los otros establecimientos de la sección andaluza de la Red Española de Albergues Juveniles, en que es muy barato para lo que ofrece, que es una habitación cuádruple que limpiaban cada mañana, con media pensión incluida. Además, el Albergue Inturjoven Punta Umbría ofrece un valor añadido extra, y es que no es que esté cerca de la playa, es que está en la playa. La comodidad de tener nuestro cuartel general al borde de uno de los mejores arenales que uno pueda ver fue un lujo impagable.


Desde el punto de vista playero, por tanto, la cosa prometía, pero, aparte, como he dicho, esta vez he tenido la oportunidad de explorar con más detalle Punta Umbría. Yo lo conocía, pero me quedaban cosas por ver. Ahora ya no son tantas, porque me he pateado bien las calles de su centro, incluida la Calle Ancha, que es la principal arteria del pueblo. La misma la recorrí desde su inicio, en las inmediaciones de la Torre Umbría, hasta la Plaza 26 de Abril de 1963.



El meollo de Punta Umbría no es demasiado antiguo, dada lo corta que es la historia del municipio. Su centro tiene la pinta típica de los pueblos andaluces desarrollados en el siglo XX.


Aun así, Punta Umbría presenta una particularidad, y es que tiene calles cuyo suelo es de arena. Aunque parezca raro, la de la foto que he puesto abajo, llamada Calle Palos de la Frontera, es bastante céntrica.


El secreto de la extraordinaria idiosincrasia de Punta Umbría es que su casco urbano está ubicado en una lengua de arena, que queda entre el Océano Atlántico y la Ría de Punta Umbría


Mirando a la ría, el pueblo tiene un paseo marítimo, dividido en varios trozos, pero en la vertiente de la Playa de Punta Umbría lo que hay es una hilera de casas unifamiliares, construidas dando a la arena, por un lado, y a la Avenida del Océano por el otro. Esta calle es la que aparece en la foto inferior.


Precisamente, el Albergue Inturjoven Punta Umbría está en esa hilera de construcciones que quedan entre la Avenida del Océano y la playa. Las mismas no creo que cumplan la ley de costas, pero lo cierto es que son bajas, por lo que no estropean el entorno.

Por otro lado, en Punta Umbría no había visitado ningún enclave concreto, pero en esta ocasión investigué un pelín y pude entrar en los dos principales lugares de interés que tiene la localidad. Son la Torre Umbría y la Casa de los Ingleses. Conociéndolos, puede uno dibujar, sin problema, la corta historia puntaumbrieña. La misma comienza a finales del siglo XIX, cuando lo que había en el sitio donde hoy se asienta el pueblo no era más que un poblado de pescadores, dependiente de Cartaya, que estaba ubicado en soledad, entre pinos y arena. Entonces, la única construcción estable que acompañaba a las chozas de los pescadores era una torre, erigida en el siglo XVII, en tiempos de Felipe IV, que se enmarcó en un proyecto acometido en esa época. Este buscaba defender el litoral de los piratas berberiscos. En el anterior post hablé de los torreones equivalentes que se edificaron en la costa de Málaga durante el reinado de Carlos III. Las onubenses son un poco anteriores, pero su objetivo era similar.


El caso es que, en 1873, en la lengua de tierra comprendida entre el mar y la ría solo había pinos, arena, una veintena de chozas, que los pescadores usaban de manera estacional, y un torreón de vigilancia, pero ese año el devenir de la zona, así como el de toda la provincia de Huelva, se vio alterado por la venta de las Minas de Riotinto a la compañía Rio Tinto Company Limited. Esta provocó el desembarco, en el sudoeste de la Península Ibérica, de un montón de ingleses. El impacto de estos se hizo notar principalmente en la comarca minera y en Huelva capital. No obstante, pasado un tiempo, el destino de los terrenos en los que hoy se asienta Punta Umbría quedó igualmente marcado por la presencia inglesa, aunque el mérito del descubrimiento de aquel cercano paraíso hay que atribuírselo más bien a dos teutones. En efecto, en 1864, un alemán de mente preclara, llamado Wilhelm Sundheim, se había instalado en Huelva, previendo que su sierra era una mina, tanto en el sentido literal de la palabra, como en el figurado. Poco después, Sundheim había posibilitado que los empresarios ingleses que acabaron comprando las minas de la Cuenca Minera, se fijaran en ellas. Por lo que respecta a Punta Umbría, el papel de Sundheim no fue menos relevante, porque resulta que el alemán, siguiendo los pasos de otro compatriota suyo, llamado Karl Moncke, que se había hecho una cabaña allí, se construyó cerca la suya propia. En un primer momento, los bungalows de Moncke y Sundheim, ubicados en los alrededores de la torre almenara, fueron los únicos, pero pronto este último debió pensar que lo que era bueno para él también lo iba a ser para los ingleses instalados en Huelva. Por eso, una vez que ya estaba acomodado en su paraíso particular, el avispado alemán abrió la puerta para que la Rio Tinto Company levantase unas cuantas viviendas de veraneo junto a la suya. Estas se empezaron en 1883, pero fue en 1896 cuando una real orden otorgó a la compañía minera el permiso para montar un asentamiento más estructurado, pensado para que sus empleados (los directivos ingleses, no los mineros) se establecieran en él en determinados periodos, para curarse de sus achaques. Con esa idea, se edificaron doce nuevos bungalows, junto a los de Sundheim y Moncke, que fueron utilizados por el staff de la Rio Tinto Company y por sus familias, para ir a respirar aire puro y para aprovechar las propiedades regeneradoras del agua de mar. En total, se erigieron catorce casas en los alrededores de la Torre Umbría, que es desde donde se tomó esta foto.


Con todo, en los albores del siglo XX las actividades en la zona eran muy reducidas y tenían un marcado carácter estacional veraniego, tanto por parte de los pescadores, como por parte de los ingleses. Durante el año completo solo permanecía, en el entorno de la torre, una partida de carabineros con sus familias, encargada del control del contrabando, que subsistía de la pesca y de pequeños huertos. Sin embargo, según avanzaban las décadas, cada vez fue desarrollándose más el núcleo primigenio. En un principio, los ingleses eran los únicos que iban sus bungalows a recuperarse de los efectos nocivos del aire sulfuroso existente en el entorno de las minas, pero pronto se corrió la voz de lo bien que se estaba en ese rincón de la costa onubense, por lo que fue aumentando la llegada de personas. Fueron, así, proliferando las casas particulares y, ya después, incluso los hoteles. Además, las costumbres vacacionales de los extranjeros prendieron en la sociedad española, de manera que empezaron a dejarse ver por allí, en época estival, onubenses y también otros andaluces de buena posición. Como consecuencia, en la primera mitad del siglo XX el pueblo de Punta Umbría creció a un ritmo vertiginoso, entorno a esas viviendas y a esos hoteles, hasta el punto de que el asentamiento se independizó de Cartaya en 1963.

Esta historia la verdad es que a mí me parece flipante. La única pega es que de ella no queda ningún vestigio, ya que las efímeras casas primigenias sucumbieron por completo al paso del tiempo. La Casa de los Ingleses que hoy día ejerce de museo es una réplica, que se proyectó a imagen y semejanza de dos viviendas, la número trece y la catorce, que se erigieron en 1917, y que fueron las que completaron el complejo inglés asociado a las minas y a sus empleados. Se ha construido en un parque que se mantiene como debió ser toda la zona a principios del siglo XX. No obstante, data de 2002 y fue abierta como museo en 2006.


Para diseñar la casa se siguieron las pautas constructivas originales, como, por ejemplo, la edificación del suelo sobre pilotes, para dificultar la entrada de la arena en las habitaciones. Con respecto al museo, se trata de un centro de interpretación que pretende ahondar en el legado británico de la provincia de Huelva. La vivienda en sí es un reflejo de esa herencia. En sus estancias se recrean las actividades y las costumbres de los miembros de la Rio Tinto Company durante sus veraneos en Punta Umbría.


Nuestro recorrido por la Casa de los Ingleses fue conducido por un guía, llamado José Luis, que resultó ser un fenómeno. Efectivamente, no solo era buen comunicador, sino que además era enérgico y estaba bien informado. Por otro lado, era un tío de la zona y, más que un simple guía, me pareció que era el técnico responsable de la gestión turística del municipio, por lo que dio la sensación, en todo momento, de que controlaba el fondo y la forma de lo que estaba haciendo. Él fue el que nos enseñó la vivienda y también la torre almenara, que fue lo otro que vimos. En efecto, el día anterior al de la visita a la casa-museo habíamos estado conociendo la Torre Umbría. La misma mide casi 15 metros de altura y está compuesta por dos plantas, que se encuentran unidas por una escalera de caracol. Esta se halla inserta dentro del grueso muro de la construcción.



Resulta curioso que la puerta de la torre está a cinco metros del suelo de la calle. Se trata, como es lógico, de una medida defensiva, ya que la altura de la entrada dificultaba el asalto a la edificación.


Además, la elevación del suelo de la torre posibilitaba la existencia de un aljibe bajo la primera planta. Por otro lado, desde el segundo piso se puede acceder a la azotea, desde donde hay unas bonitas vistas de los tejados de Punta Umbría.



En la actualidad, la Torre Umbría está alejada de la primera línea de costa y ha quedado inserta en el casco urbano de Punta Umbría. En su interior también se ha montado un centro de interpretación, en el que se explica la historia de la fortaleza y la importancia que ha tenido en el desarrollo de la localidad.

Como anécdota, no puedo dejar de comentar que, mientras estábamos en la Casa de los Ingleses, entró en ella José Luis Gómez. Puede que por el nombre, este actor no sea muy conocido, pero la verdad es que su filmografía es impresionante. En efecto, ha salido en películas de Carlos Saura, Gonzalo Suárez, Pilar Miró o Pedro Almodóvar. Además, su trayectoria en el teatro es igualmente rica y exitosa, actuando y dirigiendo. Por ello, supongo que se ha prodigado menos en el cine, y nada en la televisión, pero lo cierto es que ganó el premio a la mejor interpretación masculina, en 1975, en el Festival de Cannes, y ha sido nominado a los Premios Goya tres veces, como mejor actor de reparto. También ganó el prestigioso Premio Nacional de Teatro en 1988. El hombre es onubense y tiene 82 años. Yo no se que hacía, a su edad y siendo de Huelva, yendo a visitar la Casa de los Ingleses, pero allí estaba.

En otro orden de cosas, hay que decir que, a pesar de las dos visitas que llevamos a cabo y de los paseos, la verdad es que la mayor parte del tiempo de este periodo de las vacaciones lo pasamos en la Playa de Punta Umbría. Fue una semana de sol y de mar. Me pegué unos cuantos baños diarios, jugué a las palas, corrí por la playa y hasta practiqué paddle surf, por primera vez en mi vida.


También me di un buen número de paseos por la arena. Otra atractivo plan que tuvimos tiempo de hacer fue el de llegar paseando por ella hasta el Espigón donde termina la Playa de Punta Umbría.




Luego, desde allí recorrimos toda la punta en la que acaba la península sobre la que se asienta Punta Umbría. En 2020 había llegado hasta el final de la zona urbanizada, pero entre ese lugar y el borde mismo del agua hay un trecho de tierra sin construir, que en esta ocasión sí bordeamos.


Por último, por lo que respecta a los homenajes culinarios que nos dimos, esta vez teníamos media pensión, por lo que desayunamos y comimos en el Albergue a diario, salvo el último día, que almorzamos en el Chiringuito Oliver. Para las cenas, lo que hicimos fue comprar las viandas en un supermercado y comérnoslas en las instalaciones del Albergue, aprovechando que había muchas mesas y un microondas a disposición del que quisiera usarlo. Solamente salimos a cenar fuera una noche. Lo hicimos en el Restaurante El Gallo Negro.

En definitiva, esta última fase de las vacaciones salió muy bien. Descansamos mucho, echamos unos días en un buen ambiente, y, en general, disfrutamos de una experiencia sobresaliente en todos los sentidos.



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado PUNTA UMBRÍA.
En 1996 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 5%  (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 30'4%).
En 1996 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 2'5% (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 21'3%).


12 de junio de 2020

PUNTA UMBRÍA 2020

La parte dura del periodo de cuarentena, declarado el pasado 15 de marzo para luchar contra la epidemia de COVID-19 que aún nos está azotando, se extendió hasta el 11 de mayo. Un día después empezó en la provincia de Sevilla el desconfinamiento progresivo, que ha sido dividido en fases. En ellas, las restricciones están siendo eliminadas progresivamente. La fase 1 duró hasta el 24 de mayo y el 25 empezó la 2, que ha acabado el domingo 7 de junio. El lunes 8 de junio hemos entrado en Andalucía en la fase 3 de la desescalada, que es la que todavía se mantiene.

La crisis sanitaria que estamos sufriendo no está dejando a nadie indiferente. Pocas cosas recuerdo que hayan afectado a tanta gente. Nadie en el mundo se ha podido mantener ajeno a la pandemia. A nivel mundial, no obstante, está habiendo diferencias a la hora de encarar el bache. En España no, toda la población del país está en el mismo saco, cosa que no ocurría desde hace décadas. Casi todos nos hemos pegado 57 días metidos en casa y eso ha provocado un torrente de sensaciones que, dado el desarrollo actual de las comunicaciones, ha sido retransmitido a través de múltiples vías. Hemos vivido, y estamos aún viviendo, un acontecimiento que entrará en los libros de historia igual que las guerras o las epidemias medievales.

Desde el punto de vista personal, nosotros no hemos estado mal. María y yo encaramos la cuarentena con cuatro trabajos y hemos salido de ella con uno, pero lo cierto es que dos de los que se han quedado por el camino eran temporales. La COVID-19 solo adelantó unas semanas su final. Lo del otro trabajo de María sí ha sido más jodido, pero tampoco va a llegar la sangre al río. En cuanto a mí, ha quedado reflejado en este blog que, tras quedarme a finales de diciembre de 2018 sin mi ocupación de los últimos siete años, en febrero de 2019 empecé a trabajar tres o cuatro días semanales en un negocio turístico. Ese ha sido mi único curro durante 2019. Desde 2018, además, estaba estudiando para presentarme a un examen de oposición que me permitiera entrar en la Universidad de Sevilla. En noviembre me examiné por fin y desde entonces hasta el 2 de enero de 2020 me dediqué tan solo a trabajar en la tienda mientras esperaba las notas. Ese 2 de enero, sin embargo, recibí una providencial llamada de la Universidad que no estaba directamente relacionada con el examen que había hecho: resulta que en 2010 ya me había examinado para el mismo puesto que el de la prueba de noviembre, aprobé y entré en bolsa, pero quedé en el penúltimo lugar. La vida continuó y casi había olvidado esa situación. El día 2 llegó mi turno en esa bolsa y de forma totalmente inesperada me llamaron para una sustitución en una de las bibliotecas de la US. Cuando comenzó el estado de alarma todavía no había dejado el trabajo en el negocio de bicis, iba allí los fines de semana y trabajaba en la biblioteca de lunes a viernes. Con el confinamiento hubo que cerrar la tienda y en ese momento pasé a ser ex-trabajador de Bici4city. Por fortuna, sigo en la biblioteca universitaria... y que dure. 

Todo esto en principio no viene a cuento, pero me apetecía recalcar que la cuarentena la hemos llevado bien. A pesar de los vaivenes, hemos estado los cuatro en casa aprovechando para tiempo juntos tras un año de mucho trajín, y eso al final ha sido positivo. Pese a esto, hemos permanecido en stand by y teníamos muchas ganas de hacer planes que fueran divertidos. Por ello, yo me he pegado el confinamiento diciendo que en cuanto nos dejaran nos íbamos a ir a pasar el día a la playa. Durante las fases 1 y 2 eso no ha sido posible, pero en la 3 ya está permitido, de manera que al poco de estrenar la nueva etapa hemos cogido el coche y hemos atravesado por primera vez en medio año el limite de la provincia de Sevilla, camino de la costa de Huelva. Nuestro destino ha sido Punta Umbría.


Punta Umbría es un municipio de la provincia de Huelva que se asoma al Océano Atlántico y que consta de tres núcleos de población. El más importante, con diferencia, es la capital municipal. La ubicación de la misma explica por qué lleva la palabra punta en su nombre.


Como se puede ver en la imagen, la ubicación de Punta Umbría hace que esté rodeada de bonitos parajes. Es verdad que en la parte que da a la ría lo que se ve a lo lejos es el Polo Químico de Huelva, pero está suficientemente alejado como para que no se rompa el encanto.


Por el otro lado, la playa que da al Atlántico es sensacional y por el este, más allá del pueblo, solo hay pinos. En general, la costa onubense es una maravilla natural que ha sido respetada en un alto grado. En todos los municipios que dan al mar se han desarrollado, hasta cierto punto, las infraestructuras turísticas, pero por suerte los parajes naturales se han respetado bastante desde la desembocadura del Guadalquivir hasta la frontera con Portugal.

Yo ya había estado en Punta Umbría dos veces. En mi segunda visita eché con María una bonita jornada en la primavera de 2007. Más intensa fue, de todas formas, mi estancia de 1996, ya que fui con 18 años a disfrutar de un fin de semana veraniego con cuatro amigos. 


De esta visita recuerdo que lo pasamos muy bien (en la foto superior yo soy el de la izquierda). Para mí sorpresa, el lugar donde nos alojamos de manera increiblemente improvisada (eran otros tiempos, supongo), sigue casi igual de aspecto después de 24 años.


Recuerdo a la perfección que nosotros dormimos en la habitación cuya reja azul está más cerca en la foto. Entrábamos en el edificio por la puerta que se ve en el centro. El ventanuco que está a su izquierda era el de nuestro baño. Sin embargo, ahora por ningún lado pone que Oliver sea una pensión, en la actualidad es un chiringuito, aunque su nombre no ha cambiado. Ignoro si se sigue pudiendo dormir ahí (yo no vi ninguna indicación) y tampoco puedo recordar si en 1996 ya era un bar restaurante. Lo que sí recuerdo es que aquel viernes del mes de julio mis cuatro amigos y yo llegamos allí preguntando por un sitio donde pernoctar y accedieron a darnos cobijo, sin formalismos de ningún tipo, en la comentada habitación, donde solo había tres camas (yo me acosté en el suelo junto a la puerta del baño). La ubicación del alojamiento, como se puede ver en la foto, era inmejorable. El otro día me topé con el lugar por casualidad y me hizo ilusión.

Volviendo a la realidad actual, hay que decir que, dado su carácter y su ubicación, Punta Umbría se ha convertido en el destino veraniego de miles de personas. Al estar más lejos de Sevilla que otras playas el número de sevillanos se reduce, pero en cambio para los onubenses es un destino primordial. Sin embargo, la Playa de Punta Umbría en muy extensa y eso hace que la sensación de masificación se mitigue. El crecimiento del casco urbano, además, ha sido controlado, porque los bloques de diez pisos que hay en la localidad son monstruosos, pero no están junto al mar y se encuentran ordenados y separados los unos de los otros, por lo que no resultan atosigantes.



En Punta Umbría cerca de la costa predominan las casas unifamiliares con jardines independientes. Por otro lado, en el centro no hay apenas rastro de edificaciones antiguas, pero no han caído en el error de construir pisos. En lineas generales se ha guardado una cierta armonía con la naturaleza.


En cualquier caso, podría parecer que dejarse caer por Punta Umbría en los albores del verano es como meterse en la boca del lobo, pero pese a esto yo me empeñé en ir, porque sabía que dos días después de que empezara la fase 3 y siendo miércoles no iba a encontrarme con grandes multitudes. Acerté. 

Tengo que decir que la pandemia que estamos padeciendo ha sido una catástrofe para mucha gente. Yo tampoco me he librado de sus efectos, como ha quedado explicado arriba, pero eso no significa que la situación no haya traído cosas buenas. Incluso la más oscura de las sombras nocturnas puede a veces ser iluminada por la luz de la luna. Poder ver Punta Umbría en total calma con clima veraniego ha sido uno de esos rayos de luz. De no ser por las excepcionales circunstancias en las que estamos inmersos yo no habría podido estar allí un día entre semana de junio (ya me he reincorporado al trabajo, pero no tengo que ir todos los días).

En efecto, lo que vi en Punta Umbría fue muy reconfortante. Para empezar, dado que estamos hablando de una población de 15.000 habitantes, no nos encontramos allí con el típico ambiente decadente que pueden llegar a tener algunos núcleos turísticos cuando vas fuera de temporada. Además, se veían por todas partes detalles que demostraban que el sector turístico estaba saliendo del letargo, de cara a intentar aprovechar la temporada de verano, aunque fuera empezando tarde: los parkímetros estaban listos de cara a ser activados el 21 de junio, vi alojamientos que estaban siendo adecentados, y la mayoría de los negocios de restauración ya estaban funcionando y preparados para dar servicio a más clientes. Aún así, era evidente que el pueblo apenas estaba arrancando la temporada estival, dado que junto a la playa había aparcamientos por doquier, que la tranquilidad era la nota predominante, que se veía que la mayoría de las viviendas estaban vacías y, por último, que fue posible comer y cenar en plan relajado en lugares que estoy seguro que otros años en junio han estado a tope.

Tanto nos gustó el ambiente al llegar que, a pesar de que íbamos con la idea de regresar por la noche, decidimos buscar sobre la marcha un sitio donde pernoctar. Realmente fue María la promotora de la idea. Íbamos con lo puesto y, además, solo teníamos las mudas de playa, pero tanto Julia y Ana, como yo, nos dejamos convencer rápido. Necesitábamos, eso sí, un alojamiento barato donde instalarnos, pero por suerte apareció rápido lo que buscábamos: en el Hostal Patio Andaluz encontramos una habitación para los cuatro por 80 euros. El hostal estaba céntrico y luego resultó que estaba muy limpio y reformado. No se puede pedir más.


Una vez solucionado el tema del alojamiento nos dispusimos a disfrutar de la playa a tope. El miércoles nos comimos un bocata en la arena y estuvimos allí desde el final de la mañana hasta media tarde. Al día siguiente nos fuimos para el mismo lugar a mitad de mañana y no nos movimos hasta la hora de comer. Hacía viento y eso hizo que no me bañara, porque el aire redujo la sensación de calor, pero eso también tuvo su lado positivo. Yo estuve en la gloria.


El miércoles por la tarde tras abandonar la playa nos fuimos al hostal, y después de ducharnos (y de ponernos la ropa de la mañana, lo reconozco), nos fuimos a dar un paseo. El Hostal Patio Andaluz está en la Calle Falucho, que es una bocacalle de la Calle Ancha, la más emblemática de Punta Umbría.


Realmente desconozco por qué la Calle Ancha tiene ese nombre, porque es más larga que ancha, pero lo que sí se es que estaba muy animada. En la siguiente foto he tenido cuidado de no sacar a nadie en primer plano, pero lo cierto es que la artería principal puntaumbrieña estaba llena de gente autóctona paseando.


Tras recorrer gran parte de la Calle Ancha nos volvimos bordeando la ría y anduvimos tanto que llegamos hasta el lugar donde se acaba el pueblo, cerca de la punta de la península donde se asienta. En Punta Umbría el paseo marítimo no está por el lado de la gran playa que da al océano, donde lo que llegan hasta la arena son los jardines de las casas que están en primera línea.


En Punta Umbría el paseo marítimo bordea el pequeño arenal que da al puerto y a la ría. En efecto, por ese lado sí se puede andar en paralelo al mar, aunque el trayecto está dividido en varios tramos: al principio se camina por la acera de la Avenida de la Ría, luego esta se convierte en el Paseo de Pascasio, una vez que se deja atrás la zona del muelle pesquero y del puerto deportivo, y al llegar a la amplia Plaza Pérez Pastor ese paseo se convierte en la Calle Almirante Pérez de Guzmán, que al ser peatonal sigue ejerciendo realmente de paseo marítimo.



Al igual que la Calle Ancha, la zona para pasear junto al mar y la estrecha lengua de arena que la separa del agua estaban llenos de personas que disfrutaban de la maravillosa tarde. Las medidas de distanciamiento social funcionaban solo a veces. Es verdad que la provincia de Huelva es la tercera menos castigada de España por la pandemia, es normal que allí la preocupación sea menor, pero vi algún caso flagrante (el peor, el de los jóvenes que se estaban dedicando a fumar en grupo de la misma cachimba). Es lo que hay.

Pese a todo, el ambiente era bueno. No había miedo en la gente, eso era evidente, pero por lo general se guardaban las formas. Nosotros tras estirar las piernas volvimos a la Calle Ancha y elegimos uno de los muchos sitios para cenar que vimos. Había numerosos veladores con mesas y elegimos el de la Pizzería Il Marinelo. No era tarde y fuimos los primeros en sentarnos. Sin embargo, al irnos el restaurante ya estaba hasta los topes. No me extraña, porque estuvimos muy a gusto y comimos de lujo. María y yo compartimos una pizza muy original (llevaba anchoas, gambas y atún) y el tomate con mozzarella que también pedimos estaba soberbio.

 

Las niñas optaron por unos ravioli con salsa boloñesa y ambas se fueron más que satisfechas. Los camareros fueron muy amables y escrupulosos a la hora de mantener las medidas de seguridad exigibles. Fue un buen rato en familia.


Después de cenar no faltó el pertinente helado. La oferta también era amplia en la Calle Ancha, pero por recomendación del camarero de Il Marinelo nos decidimos por la heladería que estaba enfrente, llamada Porto Bello.

No fue este el único homenaje culinario que nos dimos durante nuestra estancia en Punta Umbría, porque en mi lista de cosas que quería hacer para desquitarme de los días de confinamiento estaba incluida la comida en un chiringuito. En consecuencia, el domingo reservé en el Chiringuito El Loro y encargué una paella mixta.




Fue otro acierto. Para empezar pedimos una ración de gamba blanca autóctona que estuvo muy bien servida. También tomamos un tomate con melva. El chiringuito no se llenó, pero tampoco se quedó vacío. Eso hizo que la comida fuera una gozada.


En definitiva, me fui de Punta Umbría habiéndome quitado por completo el mal sabor de boca de las semanas de confinamiento. La escapada fue una bocanada de aire fresco, un pequeño recordatorio de que, pese al golpetazo del virus y a la precaución que habrá que tener aún durante bastante tiempo, todavía nos quedan por delante muchísimos buenos ratos.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado PUNTA UMBRÍA.
En 1996 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 5% (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 30'4%).
En 1996 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 2'5% (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 20'6%).