Mostrando entradas con la etiqueta Torre del Oro y Paseo Colón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Torre del Oro y Paseo Colón. Mostrar todas las entradas

22 de enero de 2022

TORRE DEL ORO Y PASEO COLÓN 2022

Hace unos meses decidí que iba a dejar de darle bola en los posts a la COVID-19 y a sus efectos. Es evidente que la pandemia está marcando nuestras vidas, pero me niego a que afecte a mi motivación por hacer cosas. Desde siempre, en cada momento he hecho lo que se ha podido, en lo que a viajes y a carreras se refiere, adaptándome a las circunstancias. Por ejemplo, cuando he tenido más dinero he viajado más, y cuando he estado tieso me he movido menos. Sin embargo, ni en uno ni en otro caso he hecho referencia al dinero en los posts. Doy por hecho que se sobreentiende que hago siempre todo lo que estoy en posición de hacer. Partiendo de esa mentalidad, en relación con la COVID-19 tomé una postura similar, por lo que empecé a obviar al virus al escribir. El bicho persiste y limita, pero yo sigo exprimiendo las posibilidades que nos va dejando. Por ello, las cortapisas por la pandemia las puse al mismo nivel que las monetarias y, en vista de eso, dejé también de mencionarla en cada artículo. Pese a esto, en algunos posts no me ha quedado más remedio que nombrarla. Este va a ser uno de ellos: resulta que en diciembre le regalé a María por su cumpleaños un par de entradas para ir al ballet. Tras las navidades, es bien sabido que el SARS-CoV-2 está campando a sus anchas por España y, por lo que a nosotros respecta, tras varias falsas alarmas, entró en casa la semana pasada. El bache se ha sobrellevado bien, pero María ha tenido algo de fiebre y ha estado una semana aislada. Los demás no nos hemos contagiado, no me explico como. El caso es que el sábado, María y yo teníamos previsto ir al ballet, pero ella, como es lógico, no pudo ir. Yo sí fui, no era plan de que se echaran a perder las entradas, y tanto Ana como Julia se mostraron bien dispuestas a acompañarme. De hecho, llegué a intentar comprar otra entrada para que vinieran las dos, pero me encontré conque ya no había. En consecuencia, lo eché a suertes y, finalmente, fue Julia la que vino conmigo. Dicen que no hay mal que por bien no venga, y esto es una prueba más, porque pasé con mi hija en el Teatro de la Maestranza una velada que perdurará en mi memoria para siempre. Además, puede entrar en el edificio.


En cualquier caso, todo esto lo cuento porque, a raíz de pensar en ir con María al Teatro de la Maestranza, se me ocurrió que era el momento perfecto para terminar de explorar uno de los lugares que están en mi lista de enclaves andaluces que hay que conocer sí o sí. En efecto, en dicho listado hay uno que fijé como Torre del Oro y Paseo Colón, incluyendo el Kiosco. En diciembre de 2020, tras ver la Torre del Oro, escribí el primero de los posts que tenía pensado dedicar a este edificio y a la calle en la que está. El presente complementa a aquel. La visita al Maestranza ha provocado la coyuntura idónea para diseccionar el Paseo Colón.


Como ya conté en el post de 2020, toda la orilla oriental del Río Guadalquivir forma un continuo de varios kilómetros, desde el Puente de San Telmo hasta el del Alamillo. En todo ese tramo hay un camino peatonal al nivel del agua y, pocos metros por encima, una calle asfaltada paralela, por donde circulan los coches (realmente, el nivel de la ciudad se encuentra por encima del río, como queda patente). Paseo de Cristóbal Colón es el nombre completo que recibe el tramo de esa larga arteria que va desde su confluencia con la Calle Almirante Lobo hasta el Puente de Isabel II. Por uno de sus lados tiene una acera normal, a la que dan un buen número de inmuebles de varios tipos. Por el opuesto, en cambio, lo que tiene es un amplio paseo, a cuyos pies está el otro que va al nivel del Río Guadalquivir.

Se podría decir que los enclaves destacados del Paseo Colón se agrupan en cuatro grupos. En primer lugar, están los edificios especialmente destacados, entre los que se encuentran la Torre del Oro, la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y el Teatro de la Maestranza. De los dos primeros ya he hablado en este blog, y del tercero lo haré un poco más abajo. 


El teatro y la plaza de toros están en el lado edificado de la calle, mientras que la torre se encuentra en el que da al río. La acera de este último es, en sí misma, otro de los lugares sobresalientes de la avenida. En efecto, dado su destacado emplazamiento al borde del río y frente a Triana, las vistas desde el flanco oeste del Paseo Colón son una maravilla, que lo convierten en una atracción turística. 

El tercer grupo de enclaves destacados de la calle, además de los inmuebles y de los sitios desde donde hay bonitas vistas, es el de los muchos bares de copas que están emplazados en la acera edificada, así como el de los dos kioscos que, en cambio, están en la que da al río. Por último, en cuarto lugar, la avenida tiene diseminadas, por sus 770 metros, hasta siete esculturas, que son independientes, pero que tienen una cierta relación.

Como he comentado, el pasado sábado fui con Julia al Teatro de la Maestranza. De los edificios más destacados del Paseo Colón, este era el que tenía pendiente. 



Vimos en él una representación de El Lago de los Cisnes, que es un auténtico clásico del ballet. Su partitura es de Piotr Ilich Chaikovski y tiene un fragmento que se repite en cada acto, que es muy conocido. En este caso, la pieza musical fue interpretada por la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Aparte, El Lago de los Cisnes es la obra de danza por excelencia. Se estrenó en 1877 y en un primer momento no tuvo mucho éxito, pero en 1895 se representó de nuevo con una nueva coreografía, creada por Lev Ivanov y Marius Petipa, y ahí sí pegó el pelotazo. Desde entonces, se han sucedido las revisiones a esa versión, hasta el punto de que, en la actualidad, El Lago de los Cisnes está considerado como el paradigma del ballet. Por tanto, para un absoluto desconocedor de lo que es este arte, como lo soy yo, es perfecta. En el Teatro de la Maestranza la puesta en escena correspondió al Aalto Ballet Essen. Vi bailarinas con tutú blanco, bailarines que eran como juncos, giros por doquier y movimientos llenos de lirismo, es decir, no faltaron ninguno de los elementos que yo identifico con el ballet. Eso sí, no fui capaz de seguir la historia. En efecto, disfruté de la función y capté el sentido de la trama, pero lo hice sin tener apenas idea de por donde iba el hilo argumental. Aún así, como buena expresión artística que es, me da la impresión de que el espectáculo no pretendía contar una historia en plan realista, sino que era como un cuadro abstracto, que te transmite sensaciones sin que entiendas demasiado bien lo que ves. En todo caso, con independencia de esto, me encantó ver que el Teatro de la Maestranza se llenó a tope. En el patio de butacas, que tiene capacidad para 1.800 personas, no cabía ni un alfiler, lo que fue bastante estimulante. 


Además, el público fue muy variado, en lo que a edad se refiere: había muchos veteranos, pero yo no desentonaba en absoluto, y también vi a jóvenes, a adolescentes e incluso a niños. Julia no estuvo fuera de lugar, ni mucho menos. En el entreacto, bajamos abajo y nos tomamos un piscolabis en el bar. Antaño, parece que este estaba en el interior del edificio, pero ahora, con la pandemia, lo han montado en el rellano de la entrada, que está bajo unos soportales, pero al aire libre. 


En definitiva, las tres horas que eché con Julia en el Teatro de la Maestranza fueron inolvidables para mí.


He dicho antes que los enclaves destacados del Paseo Colón se agrupan en cuatro grupos. El primero es el de los edificios. El segundo sería el de los sitios outdoors con vistas destacables, que realmente son solo uno, dado que todo el frente occidental de la avenida forma un continuo, abierto por completo al río. En un buen tramo de esa parte, además, el acerado se ha ensanchado, con la idea de que se pueda pasear con más facilidad, disfrutando del lugar.


El tercero de los puntos fuertes del Paseo Colón sería el de los bares. A este respecto, el propio sábado vi que el extremo norte de la calle es un auténtico foco de marcha pureta. Nosotros aparcamos en un aparcamiento subterráneo que recorre el subsuelo de la avenida, y salimos a la superficie a la altura de los veladores de los baretos. Hace tres o cuatro siglos, cuando yo salía, estos eran de ambiente. Yo una vez estuve en uno de ellos. Desde hace años, el perfil ha cambiado, y tanto esos pubs, como lo que hay a la vuelta de la esquina, en la Calle Reyes Católicos, son locales de copas para gente de mi quinta, sin que la orientación sexual de los clientes esté ya tan definida. En uno de los de Reyes Católicos sí estuve una noche, hace un par de años o tres. 

Pese a todo, del conjunto de bares que hay en la vía, yo adonde quería ir esta vez era a uno de los dos kioscos que hay en la otra acera. No en vano, en mi lista de lugares andaluces de imprescindible visita, la maravilla que ha originado este post se fijó como Torre del Oro y Paseo Colón, incluyendo el Kiosco. Así estaba en la relación de sitios que me sirvió de base para elaborar mi listado, y así la incluí yo. Lo que pasa es que, para ir a alguno de los kioscos tenía que volver en otro momento que no fuera el sábado por la noche. Para hacerlo, aproveché que, apenas un par de días después de ir al teatro, tuve que ir al centro de Sevilla. En efecto, el lunes no me fui para casa después del trabajo y, antes de ir a hacer los mandaos que tenía pendientes, me fui hasta el Paseo Colón para dar un paseo, valga la redundancia. En ese rato hice dos cosas: la segunda fue ir a ver todas las estatuas que están repartidas por la calle, pero antes me tomé un café en el Kiosco del Agua.


De los dos kioscos que hay en el Paseo Colón, el Kiosco del Agua es el que es apropiado para tomar un café tranquilo. El otro está más enfocado a las copas. Yo, por tanto, me senté en el lugar correcto. En principio, estaba dispuesto a que me clavaran. Era consciente de que el emplazamiento se paga y, sin duda ninguna, el del Kiosco del Agua es soberbio. Por eso, la minúscula bebida me costó dos euros, pero di por bien gastado el dinero.


Lo que pasa es que, además, el café estuvo muy bueno. No daba un duro por la calidad de lo que me iban a poner en el Kiosco del Agua, dado que es un lugar tan enfocado al turismo, que yo nunca había parado en él. Sin embargo, para mí sorpresa, lo que me tomé me gustó mucho. Eso que me llevé.

El cuarto punto fuerte del Paseo Colón es el comentado de las estatuas. En efecto, a lo largo de la avenida hay siete obras escultóricas de diversa factura, que representan a personas concretas. Se han ido colocando a lo largo del tiempo, por lo que no forman ningún conjunto. No obstante, no se si por lo turístico que es el emplazamiento o por qué, pero seis de las siete esculturas son de lo más costumbrista: hay tres de toreros, una de un cantaor flamenco, otra de una condesa vestida de corto y, por último, otra de una cigarrera gitana. La séptima es de Mozart.

Por orden cronológico, la más antigua es la Estatua de Carmen La Cigarrera, que data de 1973. Se encuentra enfrente de la Plaza de Toros de la Real Maestranza, en la acera contraria. Como digo, es la estatua más veterana, pero también es la que menos se ve, ya que desde su lado de la calle queda oculta por la vegetación que hay, en ese tramo, entre el bordillo y la zona por la que se pasea. Además, la acera opuesta queda un poco alejada. Por ello, desde donde mejor se aprecia es desde el asfalto por el que pasan los coches, pero cuando uno va circulando no se repara en ella. Sin embargo, ahí lleva casi medio siglo, homenajeando a Carmen, la gitana que trabajaba en la Real Fábrica de Tabacos, y que sirvió de inspiración en 1845 a Prosper Mérimée para escribir su novela Carmen, que años después fue convertida en una ópera por Georges Bizet


Algo posterior a la de Carmen es la segunda estatua que se erigió en el Paseo de Cristobal Colón. Está situada en la zona ajardinada, denominada Jardines de Rafael de Montesinos, que se encuentra en el extremo norte de la calle, en el lado del río, enfrente de la zona de bares de copas. En medio de ese pequeño espacio de parterres y glorietas se erige, desde 1990, la Estatua de Antonio Mairena. Por lo visto, Antonio Mairena es uno de los cantaores más relevantes de la historia del flamenco, y por eso se le inmortalizó cantando. Hace años, cuando estaba recién inaugurado el monumento y yo estaba entrando en la adolescencia, un amigo mío dijo de broma que, en vez de cantar, parecía que se estaba quemando. Aquel día me entró la risa floja con el comentario jocoso, y desde entonces cuando la veo ya no se me viene a la cabeza otra cosa que el "¡Ay! Que me quemo".


Bromas aparte, lo que sí que es cierto es que el busto debería estar más limpio. Yo mismo eché la foto e inmortalicé a una paloma sobre la testa del cantaor. No queda muy bien que la representación de la cabeza calva de Antonio Mairena esté llena de heces de paloma. No obstante, el jardín urbano en el que está el monumento es agradable.


La Estatua de Mozart es la tercera más antigua, y es la única que se sale del costumbrismo sevillano. Se colocó ahí en 1991, unos meses después de que se inaugurara el Teatro de la Maestranza, que ahora está al lado. No obstante, pese a que parece lógica su ubicación, el monumento y el teatro no siempre formaron un tandem. En efecto, la estatua estuvo durante trece años no muy lejos de la Torre del Oro. En 2004 se desmontó para su restauración y, dado que había sufrido ataques vandálicos, se fue a colocar en los Jardines de La Caridad, que están junto al Teatro de la Maestranza y que, por la parte de atrás, dan al Paseo Colón. Sin embargo, Wolfgang Amadeus Mozart nunca llegó a estar en ese recinto vallado, ya que al final se ubicó en el lugar donde sigue hoy día, delante de esos jardines, pero fuera.


En 1991 la estatua conmemoraba el segundo centenario de la muerte del genio, que situó en Sevilla la trama de dos de sus óperas más famosas, Las Bodas de Fígaro y Don Giovanni, a pesar de que nunca estuvo en España.

De vuelta al costumbrismo, en el presente siglo se colocaron, en tres puntos no muy alejados de la Plaza de Toros de la Maestranza, otras cuatro estatuas, tres de toreros y otra de un personaje de la familia real española. La más antiguas de las taurinas es la de Curro Romero, que data de 2001. En realidad, la misma no está en el Paseo Colón, sino en una pequeña plaza que da a ella, que se ha denominado Glorieta de Curro Romero


Sin embargo, esa minúscula zona ajardinada realmente no es más que un ensanchamiento de la acera oriental del Paseo Colón, por lo que considero que la Estatua de Curro Romero no debe faltar en este post.

Enfrente de la Plaza de Toros de la Maestranza, pero en la otra acera, están las otras dos estatuas de toreros. De ellas, la más antigua es la de Pepe Luis Vázquez, que se inauguró en 2003.


La otra es la de su hermano, Manolo Vázquez, que data de 2006. Los dos diestros eran sevillanos y tienen una calle en el recinto de la Feria de Abril, al igual que Curro Romero. Pepe Luis fue el más importante, pese a que toreó a pleno rendimiento menos de tres lustros, en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. Su hermano pequeño, Manolo, recibió la alternativa en 1951 y toreó hasta los años ochenta.


Por último, la séptima estatua de la calle es la de María de las Mercedes de Borbón y Orleans, condesa de Barcelona y abuela del actual rey de España. Se inauguró en 2008. Mercedes de Borbón vivió en Sevilla entre los diez y los veinte años, aunque realmente estuvo interna en el mismo colegio de Castilleja de la Cuesta en el que mi madre pasó dos años, como ya conté en su día. Por ello, su relación con la ciudad hispalense fue siempre especial. De todas las obras escultóricas que hay en el Paseo Colón, la suya es la que mejor se ve.


En definitiva, con este post el Paseo Colón queda analizado con detalle. El enclave que denominé Torre del Oro y Paseo Colón, incluyendo el Kiosco ya no tiene secretos para mí.



Reto Viajero MARAVILLAS DE ANDALUCÍA
Visitado TORRE DEL ORO Y PASEO COLÓN, INCLUYENDO EL KIOSCO.
En 1988 (primera visita), % de Maravillas de Andalucía visitadas en la Provincia de Sevilla: 18'7% (hoy día 68'7%).
En 1988 (primera visita), % de Maravillas de Andalucía visitadas: 4'1% (hoy día 38%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado SEVILLA.
En 1988 (aún incompleto este reto), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 10% (hoy día 50%).
En 1988 (aún incompleto este reto), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'1% (hoy día 4%).


16 de diciembre de 2020

TORRE DEL ORO Y PASEO COLÓN 2020

En mi lista de lugares andaluces de imprescindible visita hay uno que está fijado como Torre del Oro y Paseo Colón, incluyendo el Kiosco. En total, el listado incluye 121 maravillas, tanto naturales como manufacturadas por el hombre, y la de la Torre del Oro ha quedado reflejada como he escrito. Yo ya había estado en ella en una ocasión, gracias a una excursión del colegio que hice cuando tenía diez años. Aparte, por el Paseo Colón he pasado cientos de veces. Aún así, quería volver para hablar de ambos en mi blog.

Torre del Oro y Paseo Colón

He de decir que no atravieso el mejor momento de mi vida. No. No voy a convertir En Ole Väsynyt en un panegírico. Su razón de ser es transmitir buen rollo y ganas de ir adelante, de manera que no hay lugar en estos artículos para nada que no sea relatar experiencias positivas. Además, no estoy tan mal. De hecho, estoy bien, objetivamente hablando. Tengo salud, amor y no mucho dinero, pero sí suficiente. Mi familia está sana, que es lo más importante. Sin embargo, vivimos tiempos convulsos. Desde el primer post que escribí tras el confinamiento, en mayo, en todos he tenido que hacer referencia a la pandemia de COVID-19 que nos asola. 2020 está siendo complicado y, pese a que pasamos con buen ánimo el verano, el otoño ha sido un quiero y no puedo, apenas hemos podido poner los pies en la calle con normalidad y esa circunstancia a mí, que soy un culo de mal asiento, me ha acabado pasando algo de factura. Lo bueno es que en casa también estoy disfrutando, pero ha llegado un momento en el que he notado un bajón y, desde que nos dijeron en octubre que no podíamos traspasar los límites de nuestros municipios, he visto como me iba apagando, o mejor dicho, como me iba adormilando. Al final, tras dos meses sin salir del pueblo para nada que no sea ir a trabajar, y tras un trimestre casi privado por completo de poder maquinar planes, me he adaptado y estoy cerca de convertirme en una planta. Me he autoimpuesto seguir haciendo deporte, me he puesto a escribir en un periódico digital sobre fútbol femenino y estoy disfrutando de la vida familiar un montón, pero al margen de eso he notado como cada vez se me venía más abajo el ánimo para hacer cosas. No es buena señal. Llevo cuatro años y medio escribiendo en este blog y seguro que ha quedado claro que no llevo bien la inactividad.

Por ello, hace unos días decidí que se acabó la desgana. He de seguir adaptándome a la coyuntura, pero no voy a dejar de luchar por inventar planes... y eso es lo que he hecho: vencer la pereza y visitar la Torre del Oro para poder hablar de ella. De las 121 maravillas andaluzas que quiero ver en mi vida llevo 45. Esta ya la conocía, por lo que no puedo tachar nada de la lista, pero como tengo la intención de hablar de las 121, pues a algunas estoy teniendo que ir de nuevo, así que no hay problema. 

Como decía al principio, la denominación exacta de la maravilla es Torre del Oro y Paseo Colón, incluyendo el Kiosco. Paseo Colón es el nombre de la calle donde se erige el torreón. En realidad, toda la orilla oriental del Río Guadalquivir forma un continuo desde el Puente de San Telmo hasta el del Alamillo. Son un buen puñado de kilómetros en los que hay un paseo peatonal al nivel del agua y, a pocos metros, una calle asfaltada paralela, por donde circulan los coches y que discurre más alta (el nivel de la ciudad queda algo más arriba que el del río). 


Paseo Colón es el nombre que recibe esa larga arteria desde su confluencia con la Calle Almirante Lobo hasta el Puente de Isabel II. Por uno de sus lados cuenta con una acera normal, a la que dan una serie de edificaciones, pero por el opuesto, el de la Torre del Oro precisamente, lo que tiene es un amplio paseo, a cuyos pies está el otro que va al nivel del agua y, algo más allá, el propio Río Guadalquivir.


Del Paseo Colón hablaré otro día, porque se merece un post aparte que complete este. Me gustaría recorrerlo, visitar algunos de sus emblemáticos edificios y, por supuesto, hacer una paradita en el kiosco que aparece en el enunciado de la maravilla, tal y como está planteada. Hoy, no obstante, me voy a centrar en lo que vi el pasado jueves, que fue la preciosa Torre del Oro.


La Torre del Oro es uno de los monumentos sevillanos más emblemáticos, no tanto por lo que contiene, sino más bien por su belleza como edificio. Desde la otra orilla del río forma parte de una de las estampas más espectaculares de la capital andaluza y, por sí sola, también destaca especialmente. El Paseo Colón es un punto clave de concentración de turistas en Sevilla, por lo que la Torre del Oro tiene siempre decenas de visitantes a sus pies. 

Como he dicho, yo solo había entrado una vez en la fortificación, y de eso hacía 33 años. Apenas recordaba nada de lo que hay dentro. Aún así, tenía grabada en la memoria sus escaleras. 


El otro día, a priori no tenía previsto ir a ver la torre. De hecho, debido al confinamiento perimetral no tengo permiso para ir a Sevilla por ocio. A pesar de esto, tuve que bajar temprano a la ciudad para resolver un papeleo que tenía pendiente, la cosa avanzó rápida y me vi a media mañana en el centro, sin mucho más que hacer. Tenía el día de vacaciones y la apatía me invitaba a volverme a casa directamente, pero caer en la desidia a ese nivel hubiera sido impropio de mí, por lo que vencí a la pereza, despejé la mente y me encaminé a la Torre del Oro. Ahora lo agradezco.

La Torre del Oro se construyó en época almohade como baluarte defensivo para proteger la entrada al puerto. Formaba parte de las defensas perimetrales que defendían Sevilla, por lo que estaba unida a un lienzo de muralla por el lado opuesto al del río. Después, fue usada como capilla, almacén de pólvora, oficina del puerto o prisión. Finalmente, en 1944 se reinauguró como espacio expositivo con el nombre de Museo Naval de Sevilla. En la actualidad, su función museística no ha cambiado, aunque ahora se llama Museo Marítimo Torre del Oro.

Hasta 1760 el torreón no tuvo el aspecto que presenta hoy día. Los almohades solo construyeron hasta las almenas, su segundo cuerpo es del siglo XIV y el superior, cilíndrico y rematado por una cúpula dorada, se construyó a raíz de la restauración a la que fue sometida tras sufrir bastantes desperfectos durante el Terremoto de Lisboa de 1755. 


Por lo visto, nunca estuvo recubierta de azulejos, como me contaron a mí, ni su nombre se debe a que se guardaran tesoros en ella. Lo que sí parece ser cierto es que se llamó Torre del Oro desde época almohade, porque estaba encalada y brillaba con el sol. 

Entrar en la fortificación y en el museo vale tan solo 3 euros. Debido a su pequeño espacio, en el monumento no caben más de 50 personas por planta. Son demasiadas, si se juntan 100 personas allí dentro la visita seguro que se desluce. 


Yo, sin embargo, creo que elegí el día perfecto para entrar. La pandemia está siendo un desastre y una ruina para el turismo, pero ahí sí tengo que reconocer que me aproveché de ella, ya que estuve solo en el museo. Al llegar había arriba otra pareja, pero la misma estaba terminando su recorrido y se marchó. Yo vi aquello con una tranquilidad inaudita, teniendo en cuenta que el monumento es uno de los lugares más visitados de una ciudad como Sevilla. Eché dentro 45 minutos y pude leerme todos los cartelitos, así como acercarme pausadamente a cada elemento expuesto.

Nada más entrar, lo primero que hice fue subir a la terraza del primer cuerpo, que es lo más alto que se puede llegar. Por las vistas, esa parte es, sin duda, la más espectacular de la visita.



Luego bajé a la primera planta e hice el recorrido por esta, que es circular, dada la forma del edificio. En la exposición de ese piso se hace un repaso por las diferentes etapas por las que ha pasado la navegación en España.



Lo que vi me resultó entretenido. La muestra se divide en pequeños sectores, dedicado cada uno a una etapa. La primera reflejada es la de los descubrimientos, luego hay una sección dedicada a los años del poder naval, otra para la época en la que la Armada Española estuvo en la vanguardia de la revolución científica, otra para la fase de decadencia y, por último, una quinta zona dedicada a la vuelta al esplendor, que es el periodo actual. Cada sector está ilustrado con una maqueta de un barco de esa época. En la etapa descubridora la maqueta es de la nao Santa María de Colón (primera foto inferior) y en la última es del buque de acción marítima Audaz (segunda foto inferior), un patrullero de altura de la Armada, botado en 2017, que evidencia la recuperada capacidad de diseño y construcción naval de España.



La exposición se completa en la planta que está al nivel de la calle, en la que se hace un repaso por la evolución de la propia Torre del Oro.


A nivel museístico, lo que se ve en el interior de la Torre del Oro no es para tirar cohetes. Las maquetas son chulas, pero los cuadros y los mapas son copias, y apenas si se enseñan algunos utensilios históricos relacionados con la navegación, que más parecen piezas de decoración que otra cosa. Aún así, por 3 euros merece la pena recorrer las tripas del edificio, y los carteles que se pueden leer son muy buenos y didácticos.

Pocas horas después de la visita las autoridades anunciaron que las medidas de confinamiento se van a relajar durante las Navidades. Me temo que eso tendrá consecuencias nefastas para la evolución de la pandemia, pero nosotros, ajustándonos con escrúpulo a la normativa y teniendo un cuidado extremo, intentaremos aprovechar las posibilidades. Con un poco de suerte aún escribiré otro post antes de que acabe el año.


Reto Viajero MARAVILLAS DE ANDALUCÍA
Visitado TORRE DEL ORO Y PASEO COLÓN, INCLUYENDO EL KIOSCO.
En 1988 (primera visita), % de Maravillas de Andalucía visitadas en la Provincia de Sevilla: 18'7% (hoy día 68'7%).
En 1988 (primera visita), % de Maravillas de Andalucía visitadas: 4'1% (hoy día 37'2%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado SEVILLA.
En 1988 (aún incompleto este reto), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 10% (hoy día 50%).
En 1988 (aún incompleto este reto), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'1% (hoy día 4%).