Mostrando entradas con la etiqueta Colunga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colunga. Mostrar todas las entradas

30 de agosto de 2025

COLUNGA 2025

Colunga es un concejo del Principado de Asturias que tiene unos 3.100 habitantes. Los mismos se reparten en un total de 27 núcleos de población, por lo que he podido ver en la página del INE. De estos, yo solo conozco los dos más populosos, que son Colunga y Lastres. Este último es uno de los pueblos mejor valorados de Asturias por los visitantes, pero donde hemos estado en las pasadas vacaciones ha sido en la capital municipal.


Desde el punto de vista turístico, en Colunga capital hay diez edificios de interés. Seis son casonas o palacios, otro ejerce de mercado, y los tres restantes son iglesias. De los primeros, el Palacio de Estrada es la sede del Ayuntamiento, por lo que se puede ver por dentro. También parecen ser visitables, en parte, la Casa de los Pablos, que tiene en sus bajos una sucursal del BBVA, así como la Casa de la Torre o Casa Vallespín, que alberga una confitería. En cambio, son inmuebles cerrados a los curiosos la Casa de los Soportales, el Chalé Francés y el Palacio de los Alonso Covián. En este último, cuenta la tradición que pernoctó una noche Carlos I, unos días después de desembarcar en España, allá por 1517.


Sin embargo, hay una teoría reciente que contradice la historia tradicional. Según los nuevos estudios, el emperador durmió en realidad en la desaparecida Casa de los Argüelles. A mí, me gustaría profundizar en este tema en el futuro, porque hace unos años ya investigué acerca de la ruta que siguió Carlos I, desde que llegó en barco a Tazones y pisó España por primera vez, el 19 de septiembre de 1517, hasta que fue jurado rey en Valladolid, el 9 de febrero de 1518. En ese sentido, es seguro que el 23 de septiembre se alojó en Colunga. No obstante, en esta ocasión no he visto ninguna de las casonas del pueblo, por lo que dejo para más adelante el asunto del lugar exacto donde hizo noche, que me puede servir de hilo conductor para profundizar un poco en la arquitectura civil de la localidad.

Con respecto al resto de los edificios colungueses destacados, el mercado tampoco lo conozco, pero, de las tres iglesias que he dicho que tiene el pueblo, el otro día sí visité la Iglesia de San Cristóbal. La Capilla de Santa Ana y de San Hilarión, así como la Capilla de Nuestra Señora de Loreto, quedan pendientes para la próxima vez.

La actual Iglesia de San Cristóbal

La Iglesia de San Cristóbal es el más moderno de los tres edificios religiosos de Colunga, además del más importante. Data de finales del siglo XIX. 


El elemento más significativo de la Iglesia de San Cristóbal es la torre, que marca el perfil de Colunga desde que se construyó. Parece ser que existía en ese lugar, hace mucho, una iglesia románica, de la que no queda nada. Aparte, en el cerro en el que hoy día se sitúa el cementerio de la localidad, había antaño otro templo, que también estaba dedicado a San Cristóbal. De este, apenas si se conservan contados restos en el mencionado cementerio. En la actualidad, la que ejerce de parroquia es la moderna Iglesia de San Cristóbal, que es la que pudimos entrar a ver. Su estilo es neorrománico y consta de tres naves.


No obstante, lo cierto es que nosotros no habíamos ido a Colunga a conocer su iglesia. Más bien, fuimos allí a comer.

Almuerzo en Casa Laureano

Yo estuve en Casa Laureano en 2021, y recordaba que es un restaurante que tiene un par de cosas muy positivas. La primera es que resulta fácil aparcar cerca. La segunda, y más importante, es que su terraza, que se encuentra en la Plaza del Mercado, es bastante agradable para comer.


Por otro lado, en su día, lo que comimos en Casa Laureano estuvo aceptablemente bueno, por lo que opté por reservar allí de nuevo la semana pasada, cuando tuve que pensar en un lugar en el que pudiéramos almorzar por la zona. Hice bien, porque el sitio está a la altura. En esta ocasión, además, me marché con la sensación de que la relación calidad-cantidad-precio del restaurante fue mejor que la vez anterior, y el camarero me pareció muy eficiente, por lo que es probable que vuelva.

Después de comer, nos dimos un paseo por la parte sur de Colunga, que es donde se encuentra Casa Laureano, y también fuimos hasta la Avenida de la Reconquista, que es la que ejerce de travesía del pueblo. Sin embargo, luego nos dirigimos a la iglesia, por lo que no llegué a callejear por el centro de la localidad. La visita exhaustiva a Colunga está pendiente.

Lo que sí que hicimos esta vez, no obstante, fue alargar un poco más la estancia en el término municipal colungués, parando en la Playa de la Griega


Allí, fuimos a ver las huellas fósiles de dinosaurios que hay en uno de sus extremos.

Icnitas en Asturias

Las icnitas son huellas dejadas por seres vivos en sedimentos blandos, que se han endurecido con el paso de los años, transformándose en fósiles rocosos. Durante el periodo jurásico, los dinosaurios campaban a sus anchas por lo que hoy es el concejo de Colunga, que entonces se encontraba unido al resto de la tierra emergida. En aquella época, todo estaba junto en un gran continente, llamado Pangea. Lo que sucede es que, después, la Pangea se desgajó y los trozos se desplazaron, de manera que el pedazo de superficie de la corteza terrestre por el que un saurópodo y un estegosaurio se dieron un paseo y dejaron sus pisadas, un día cualquiera de hace unos 150 millones de años, ha acabado convertido en el litoral del Principado de Asturias.

El tema es que la costa oriental asturiana está llena de rastros de dinosaurios. Por esto, la zona es un centro neurálgico para la ciencia que estudia a esos enormes animales extintos, hasta el punto de que se inauguró en Colunga, en 2004, el Museo del Jurásico, que es uno de los grandes referentes españoles en la materia. Además, las huellas de la Playa de la Griega son algunas de las que mejor se distinguen en el Principado.


En efecto, las icnitas que hay en el extremo oriental de la playa más grande de la costa de Colunga se pueden identificar por cualquiera. Por eso, se han dispuesto unas mínimas infraestructuras, para que sea sencillo acercarse a verlas. 


El caso es que, para echarle un ojo a las huellas de dinosaurios de la Playa de la Griega hay que hacer una pequeña rutita, que discurre por una senda muy bien habilitada que bordea la costa. 


El breve recorrido merece la pena, por la belleza del paisaje y por las preciosas vistas que se disfrutan.


Sin embargo, lo que uno va buscando, al realizar el trayecto de 700 metros, son las icnitas. Al final del camino, se llega a una escalera, que baja a la zona del pequeño acantilado. En su superficie, se ven las huellas de dinosaurios más claras que hay por los alrededores. 


Por desgracia, lo único que se ha logrado deducir, a partir de las huellas, es que las grandes las dejó un saurópodo, y que las otras que mejor se aprecian son de un estegosaurio, es decir, se sabe a qué orden pertenecían los bichos, pero no se ha conseguido descender más en la taxonomía. En ese sentido, hay que aclarar que, cuando hablamos de tiranosaurios, de triceratops, de diplodocus o de brontosaurios, nos referimos a géneros de dinosaurios. En cambio, al identificar a un ser vivo como un saurópodo o como un estegosaurio, le estamos asignando una categoría menos específica, que se halla dos niveles por encima en el árbol taxonómico, de manera que podemos precisar poco acerca de qué animales exactamente plantaron sus zarpas en el rincón de Asturias que nos ocupa. No obstante, sí nos hacemos una idea de que eran dos herbívoros, de que uno era menor, caminaba a cuatro patas y tenía sobre el lomo una doble hilera de púas o de placas óseas, mientras que el otro era un gigantesco cuadrúpedo, que contaba con un largo cuello. A mí, lo que me llamó la atención fue el tamaño de la pisada de este último, que, por lo visto, es de las mayores que se conocen.

Hay que decir, por otro lado, que hay más marcas por los alrededores de las huellas reconocibles, pero que las mismas apenas son distinguibles para los ojos de un profano. Da igual. Con disfrutar del camino y con ver las icnitas llamativas a mí me bastó. Seguramente volveré a Colunga, y también a la Playa de la Griega, pero ese rincón concreto de la costa de Asturias lo doy por explorado. 


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado COLUNGA.
En 1999 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 46'6% (hoy día, confirmada ya esta visita desde 2011, 60%).
En 1999 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales de Asturias ya visitadas: 15'9% (hoy día, confirmada ya esta visita desde 2011, 35'7%).


29 de agosto de 2021

COLUNGA 2021

Otra de las excursiones que hemos hecho este verano, durante nuestra estancia en Llanes, ha sido a Lastres, aprovechando que han estado con nosotros Dani y Ángela, y que, por ello, era preceptivo hacer un recorrido por los lugares más destacados del oriente del Principado de Asturias. El día de Lastres también fuimos al Museo del Jurásico, que se halla muy cerca. Eran dos planes indispensables en nuestras circunstancias. Además, para redondear la jornada comimos en Colunga, que ejerce de capital del concejo del mismo nombre. Lastres está en él, al igual que el museo.


Con respecto al Museo del Jurásico, yo ya estuve en él en 2016, pero en aquella ocasión no comenté nada en este blog. Ahora sí pega hacerlo, porque exploramos el concejo de Colunga con más intensidad y la visita museística encaja en el contexto de este post.

El Museo del Jurásico (MUJA) se inauguró en 2004 y tiene varias cosas a su favor. Una de ellas es que está en un sitio precioso.


Aparte, realmente es un museo entretenido. No obstante, es un lugar al que solo es lógico ir si se tienen niños y, aunque yo he ido dos veces, no tiene mucho sentido hacer doblete en él, porque no aporta más que un rato de entretenimiento, similar al de ir al cine. Yo, cuando voy a un museo, lo que quiero es ver piezas originales. Poner tus ojos en ellas es lo que le da valor a la experiencia. Para mí, ver reproducciones detrás de una vitrina es como mirar fotos sentado en el sofá de casa. De hecho, a nadie se le ocurriría visitar el Museo del Prado si estuviera lleno de réplicas de los cuadros. Se va hasta allí y se paga la entrada para disfrutar las obras de arte que crearon los grandes pintores, las que tuvieron entre sus manos. Por eso, cuando voy a un museo, ya sea una pinacoteca, uno arqueológico o uno paleontológico como el MUJA, lo que no espero es encontrarme copias. Por desgracia, en el Museo del Jurásico casi todas las cosas expuestas son duplicados. Me parece que solo eran auténticos algunos fósiles.



Lo de que el museo sea muy divulgativo lo valoro positivamente, pero eso no está reñido con el hecho de mostrar piezas originales, que es lo que le da sentido al desplazamiento que uno hace. Ir y pagar una entrada para ver una réplica de unos huesos, modelados con láser hace quince años, no me motiva mucho. Ni siquiera aunque me reproduzcan los esqueletos de dos Tyrannosaurus rex copulando...



Sí, sí, uno de ellos le está dando fuerte y flojo al otro. No me podía creer que hubieran hecho ese montaje, pero es así.

En el museo hay bastantes esqueletos reconstruidos de dinosaurios, pero los demás no están tan jocosamente colocados como los de los tiranosaurios. Por ejemplo, en la imagen que sigue hay un Camarasaurus en una posición bastante menos chocante.


En cualquier caso, lo cierto es que cuando uno va al cine normalmente echa un buen rato, y en el MUJA, pues también se pasan un par de horas relajadas, la verdad. Además, si uno tiene suerte, como tuvimos nosotros, y sale una mañana climatológicamente deliciosa, pues acaba echando casi una hora extra de gozoso relax en la pradera exterior del edificio, en la que hay numerosas distracciones para los niños.


En definitiva, en el contexto de la semana asturiana que hemos pasado, en la que ha primado el hecho de pasar el tiempo entretenidos con la familia de Dani, por encima de nuestras habituales pretensiones de profundizar en el conocimiento del Principado de Asturias, la visita al Museo del Jurásico estuvo simpática.

Tras la misma, llegó el momento de comer. En la semana de vacaciones que nos hemos pegado con Dani, Ángela y Hugo, nuestros almuerzos se han basado, casi por completo, en los bocadillos. Sin embargo, el día de Colunga decidimos darnos un homenaje y reservé en Casa Laureano.

Casa Laureano es un restaurante del que había oído hablar bien, pero nunca había almorzado en él. Por ello, corrí un cierto riesgo a la hora de llevar allí a Dani y a Ángela, porque no tenía ninguna referencia real de primera mano. La apuesta no salió mal, aunque no es el mejor sitio donde he comido. Como primera cosa positiva que nos encontramos, estuvo el hecho de que resultó muy fácil aparcar cerca del restaurante. Además, la terraza que tiene me resultó muy agradable.


Por último, lo que comimos estuvo bien, yo volvería, aunque, como he dicho, a lo que tomamos no le pude dar un sobresaliente. Tuvimos la oportunidad de pedir un menú, pero aún así no fue barato. Además, me resultó raro que ni la cerveza ni el café estuvieran incluidos en dicho menú. Para beber, las opciones eran vino peleón con gaseosa o agua. En ese aspecto, el menú estaba al nivel de uno del comedor de la universidad. Tampoco pude cambiar el postre por un café, como ocurre casi siempre. En consecuencia, me pedí aparte, tanto la bebida como el café, y eso subió el precio de un menú que, ya de por sí, tenía un coste medio. Al final, lo que comprobamos es que en el Restaurante El Sucón, donde habíamos estado unos días antes, a la carta habíamos comido más y mejor, por menos dinero. Las comparaciones son odiosas, pero hay veces que las cosas caen por su propio peso. De todas formas, la comida estuvo buena y tampoco quiero que parezca que nos clavaron. El almuerzo en Casa Laureano fue correcto, sin más. No es poco.

Después de comer me di un pequeño paseo para ir a ver la Plaza del Monumento. Yo ya había estado una vez en Colunga capital y la recordaba. Lo gracioso es que, a pesar de su nombre, en esa plaza no hay ningún monumento. Por lo visto, el espacio fue remodelado en 2009 y se diseñó para que en su centro hubiera una fuente, pero la misma no está...



Me hubiera gustado ir también a la Plaza del Ayuntamiento, que la recuerdo de la visita de 2011, pero no tuve tiempo. No obstante, conservo esta foto de Anita en ella, cuando era un mico.


En esta ocasión, para rematar la excursión, tras la comida nos acercamos a Lastres, que realmente es el principal lugar del concejo en cuanto a capacidad de atracción. De hecho, Lastres es de esos pueblos que todo el mundo visita cuando va a Asturias. Sus casas se desparraman por una ladera y van a caer a la zona de la playa y del puerto. Es un sitio muy pintoresco, lleno de callecitas empedradas en cuesta. 



Entre 2009 y 2011 el pueblo se hizo especialmente famoso, porque se usó de escenario en la serie Doctor Mateo, que tuvo cierto éxito en la televisión. La misma tenía lugar en una localidad llamada, en teoría, San Martín del Sella. En realidad, era Lastres. Dicha serie tenía un montón de exteriores y la población multiplicó su notoriedad. Yo ya había estado allí en 1999. Luego regresé en abril de 2010, justo cuando se encontraba en la cresta de la ola y habían hecho, incluso, una ruta mostrando las localizaciones que aparecían en la tele.


En esta ocasión, nosotros aparcamos en la zona portuaria y, por un momento, me temí que la visita iba a ser un desastre, porque acabábamos de comer, llevábamos en danza desde la mañana, y el pueblo es una sucesión de calles en cuesta y escaleras.



Sin embargo, nos pusimos a pasear con calma, charlando, y cuando nos dimos cuenta habíamos subido hasta arriba, recorriendo la Calle Real. Llegamos hasta el Monumento a las Sardineras y hasta el Antiguo Lavadero. Más allá ya queda poco pueblo.



Luego bajamos por otro camino, disfrutando del entramado de pequeñas callejuelas y escalinatas. Eso nos permitió pasar por delante de la Torre del Reloj, ubicada en una especie de ensanchamiento que tiene la Calle Reloj. Es muy bonita.



Tirando hacia abajo por unas estrechas escaleras también vimos, en un pequeño callejón, la Capilla del Buen Suceso, que data del siglo XVI y estaba ligada a los mareantes, es decir, a las personas relacionadas con el mundo de la navegación. 


Al grupito de casas en el que está la capilla se le denomina Barrio del Buen Suceso. Por lo visto, el mismo era, antaño, el barrio de los balleneros. Desde allí, enlazamos con las Escaleras de la Fragua, construidas en el siglo XVII sobre el sendero que los pescadores de Lastres usaban cada madrugada, desde hacía 300 años, para ir desde sus casas hasta el puerto, para coger sus embarcaciones. En esa escalinata había comenzado nuestra subida y acabó, igualmente, la bajada.

En definitiva, ya he presentado el concejo de Colunga. Lastres es un referente en él y no descarto volver, con la idea de hablar de los puntos de la población que el otro día no pisamos. Aparte, en el término municipal también hay cositas aún por ver, así como en la capital del concejo. En esta, es posible que la próxima vez que vuelva hayan construido, por fin, el monumento en la plaza del ídem.


Mientras, el próximo post estará dedicado a Llanes, que, como de costumbre, fue donde más horas echamos a lo largo de nuestra semana de vacaciones.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado COLUNGA.
En 1999 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 46'6% (hoy día, confirmada ya esta visita desde 2011, 60%).
En 1999 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales de Asturias ya visitadas: 15'9% (hoy día, confirmada ya esta visita desde 2011, 35'7%).