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29 de mayo de 2025

POZUELO DE ALARCÓN 2025

En 2022, la renta neta anual declarada de los cerca de 90.000 vecinos de Pozuelo de Alarcón fue de 29.258 euros de media. No obstante, el municipio más rico de España también es lo que se ve en la foto que pongo a continuación.


Tengo que reconocer que esta imagen de la Calle del Olivar induce a pensar algo que no es verdad. Lo he hecho a posta. Lo cierto es que yo quería encontrar la zona modesta de Pozuelo, pero me costó identificar un bloque de viviendas que se pareciera a los que suele haber en las barriadas humildes de las poblaciones. En Pozuelo de Alarcón hay por doquier miles de adosados de diversos tipos, así como chalets y casas, y en su casco urbano también hay pisos, pero la gran mayoría son bastante modernos. La realidad es que yo no vi que allí hubiera barrios chungos. En esa ciudad, el grueso de la gente no es salvajemente opulenta, pero los distritos de renta más baja, que son los céntricos, la tienen similar a todos los de mi pueblo, por dar una referencia. Ese dato es significativo. Aparte, en el siguiente mapa se ve como están rodeados de un mar de desahogo económico.



En el plano, en el distrito que está bordeado en negro es donde se encuentra La Finca, que es una célebre urbanización ultrasegura de extremo lujo, en la que hay unas 650 viviendas de diferentes tipologías. Todas las cifras económicas relacionadas con ese lugar son mareantes, y elevan mucho la renta neta anual media de los habitantes de Pozuelo, es decir, que en esta localidad no hay agujeros negros, como he comentado, además la mayoría de sus vecinos tienen unos ingresos bastante altos, y, para colmo, las 650 familias de La Finca, y otras cuantas que habrá en algunos núcleos residenciales parecidos, engordan aún más los números de las ganancias de los pozuelenses. 

En todo caso, yo no voy a hablar de La Finca, puesto que sus mansiones solo las he visto en fotos. Yo me voy a centrar en lo que conocí el otro día, que fue el Casco Antiguo de Pozuelo de Alarcón

El término de Pozuelo no es muy grande, pero sí presenta una densidad de población bastante elevada. De hecho, Pozuelo pertenece al selecto club de los municipios madrileños que superan los 2.000 habitantes por kilómetro cuadrado. Su territorio se halla dividido en cuatro zonas, bautizadas como Grandes Urbanizaciones, Zona Norte, Zona Sur y Zona CentroCasco Antiguo es el meollo de esta última. En él están los distritos que decía antes que tienen la menor renta, pero también se encuentran allí los puntos más llamativos de la ciudad, partiendo de la base de que en Pozuelo de Alarcón no hay ninguna piedra que sea anterior al siglo XVIII.

Yo acabé en Pozuelo de Alarcón por casualidad. La verdad es que fui con mi madre, de una forma un tanto improvisada, a ver a mi tía abuela, que vive en Las Rozas de Madrid. En su casa, comimos, echamos la tarde y cenamos, pero necesitábamos un lugar donde dormir, y, para mi sorpresa, cuando quisimos encontrar un hotel para la noche del pasado martes, no hubo manera de reservar nada en ese pueblo. En consecuencia, ampliamos el área de búsqueda, y el alojamiento más cercano que apareció fue el Hotel Sercotel Pozuelo.


Al Hotel Sercotel Pozuelo llegamos ya para acostarnos, por lo que no vi nada de Pozuelo de Alarcón hasta la mañana del miércoles. Al rayar el alba, como siempre me gusta hacer cuando viajo, me levanté y salí a correr. Pozuelo es un lugar lleno de amplias avenidas y zonas verdes, por lo que no tuve problema. 


Después, tras el entrenamiento de 10 kilómetros, me puse una camiseta seca que llevaba, y me di un buen paseo por Casco Antiguo, para ver los enclaves de la ciudad que destacan especialmente.

Pozuelo de Alarcón y su patrimonio

El Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón ha editado una publicación, titulada Catálogo de Patrimonio, que es útil para saber qué es lo que se debe conocer de la localidad, dado que no es muy evidente. En ese catálogo, se especifican ocho lugares de interés histórico-cultural, y otras ocho esculturas de gran formato, que están dispersas por el casco urbano pozuelense. Estas últimas, en mi opinión tienen un atractivo moderado, salvo una, pero, en cualquier caso, yo no las vi, de manera que no voy a hablar de ellas de momento. 

Con respecto a los ocho sitios de interés histórico-cultural, el más antiguo es la Cruz de la Atalaya, que data de 1731. Yo no pude echarle un ojo, como tampoco tuve tiempo de buscar el Conjunto de la Poza (1880), ni el Lavadero y la Fuente de Húmera (siglo XIX), ni la Fuente de la Salud (1905). En cambio, sí vi La Fuentecilla (1785) y la Fuente del Cura (principios del siglo XX), pero en ambos casos fue de pasada y a lo lejos, por lo que no puedo poner ni una fotografía de ellas.

El Abrevadero (1880-1885) sí lo visualicé con detenimiento, ya que estaba justo enfrente del hotel, e incluso se veía desde la ventana de mi habitación, pero su foto no ha salido bien. Aparte, el octavo lugar de interés histórico-cultural de Pozuelo de Alarcón es la Barbacana (1882). A mí manera de ver, se trata del hito patrimonial más relevante de la localidad.


La Barbacana es el muro que salva el desnivel que hay entre la Calle Iglesia y la Plaza de la Coronación. Desde su construcción, se instaló en ella el Mercado Municipal, con la cosa de que algunos de sus puestos estuvieron abiertos hasta los años 70 del siglo XX.


La Plaza de la Coronación fue el centro de Pozuelo de Alarcón hasta los años 50 del pasado siglo. Eso significa que, hasta ese momento, ejerció de Plaza Mayor. De hecho, hasta la Guerra Civil su nombre fue, precisamente, Plaza Mayor. Desde el final de la contienda, pasó a llamarse Plaza del Generalísimo, por razones obvias. 


La actual denominación se le puso en 1998. No se si se había mantenido hasta ese año el nombre que hacía referencia a Franco, pero, teniendo en cuenta que la Plaza de Miguel Ángel Blanco, que estaba al lado del hotel, se llamó Plaza de José Antonio hasta 2016, pues yo apostaría por que sí.

El caso es que la Plaza de la Coronación fue el epicentro de la vida pozuelense mientras Pozuelo de Alarcón fue un pueblo. Pozuelo rondaba los 2.500 habitantes en 1940, había excedido los 4.000 diez años después, en 1960 llegó a los 9.000, y todavía no ha parado de crecer, pese a que ya supera las 90.000 almas. En 1952, cuando comenzaba el despegue, el Ayuntamiento se trasladó a la Plaza del Padre Vallet, y la Plaza de la Coronación pasó a un segundo plano. Si no me equivoco, en el lugar donde se encontraba el edificio del consistorio, hoy día están los pisos que se ven al fondo, en la siguiente foto.


La Plaza de la Coronación se remodeló en los años 80 del siglo XX. La cercana Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, por su parte, se erigió en los 40, por lo que ni siquiera se destaca como elemento patrimonial de Pozuelo


Aparte de ver la Plaza de la Coronación, mi objetivo al pasear por Pozuelo de Alarcón era asomarme a las otras dos grandes plazas de su centro. Curiosamente, el Ayuntamiento ha pasado por las tres. Así, en la Plaza del Padre Vallet se localizó desde 1952 hasta 2011. Hoy día, el edificio donde estuvo es un centro cultural.


Desde 2011, el consistorio está ubicado en la vecina Plaza Mayor, que ha heredado el nombre que antaño tuvo la Plaza de la Coronación.


En Pozuelo de Alarcón, la Plaza Mayor está totalmente reformada, y no trata de rememorar para nada la disposición habitual de las plazas principales de los pueblos castellanos. Pese a eso, es un lugar muy agradable.


Uniendo esas tres plazas, hay una serie de calles peatonalizadas, que conforman el corazón de la población. Por debajo, el tráfico se ha soterrado. En la Calle Luis de Béjar, que es una de las más importantes de Pozuelo, tiene su sede la Hermandad del Rocío de Pozuelo de Alarcón, lo cual me resultó muy pintoresco.


Dando vueltas por los alrededores de la Plaza de la Coronación, conseguí encontrar un entorno que era parecido al de la Calle del Olivar. Así, en la Calle Demetrio de la Guerra vi alguna casita baja de aspecto pueblerino, y la Calle Hospital me recordó a una calle típica de barrio.


En definitiva, busqué en Pozuelo de Alarcón lo menos obvio. Me temo que nunca podré entrar en La Finca, pero me llevé una idea clara de como es el núcleo central de la localidad que encabeza, año tras año, el ranking español de riqueza. Desde luego, en Pozuelo de Alarcón hay pasta a saco. Se nota que cuando algo se estropea, lo cambian, que se limpian las calles, que se mantiene arreglada la vegetación, y que se modernizan el mobiliario urbano y los edificios cada cierto tiempo. Realmente, parece un lugar muy agradable para vivir.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado POZUELO DE ALARCÓN.
% de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Comunidad de Madrid: 34'6%.
% de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 36'8%.


30 de septiembre de 2017

BERLÍN 2017

Berlín forma parte del selecto club de ciudades que no solo destacan por su importancia objetiva, sino que van más allá y han alcanzado un estatus casi mítico. En esas ciudades se junta todo: bienes culturales de primer nivel, eventos de importancia mundial, lugares que han marcado la historia, monumentos que se han convertido en iconos de la grandeza humana, sitios que nos resultan familiares incluso sin haberlos visto en persona,... Berlín es una metrópoli pródiga en todo eso.

Hasta la fecha yo había estado en Alemania dos veces, pero siempre me había movido por el suroeste del país. No obstante, la idea de correr el Maratón de Berlín la tenía en la cabeza desde hacía tiempo, así que sabía que tarde o temprano acabaría volviendo al país teutón para visitar su capital. Este año por fin me decidí a organizar el viaje al citado maratón y, en consecuencia, hemos cerrado el verano pasando tres días en Berlín. La mañana del tercero de los días la dediqué a correr la carrera, esa había sido la excusa para montar la escapada, pero el resto del tiempo lo gastamos en explorar, en la medida de lo posible, la ciudad germana. Debido a la magnitud de la prueba que iba a disputar intenté reducir un poco el efecto machacante que uno sufre cuando visita grandes urbes y, ciertamente, el ritmo que nos marcamos fue algo menor que el que llevamos el pasado mes de agosto en Amsterdam, sin ir más lejos, pero aún así no está la cosa como para dejar pasar oportunidades, por lo que intentamos sacarle a Berlín todo el jugo posible.


Las maravillas que hay que ver en Berlín son muchas y el tiempo del que disponíamos era poco, así que intenté organizar los días para que pudiéramos echarle el ojo a las cosas que más nos apetecían. Sin embargo, esta vez solo llevábamos una visita reservada con antelación, la de la cúpula del Reichstag.

El Reichstag es un edificio con una larga historia. Durante años fue la sede del parlamento (llamado Reichstag) en cada uno de los diferentes regímenes que se sucedieron en Alemania desde la segunda mitad del siglo XIX hasta 1944. Tras la Segunda Guerra Mundial el edificio quedó muy maltrecho y, pese a que estaba en el lado occidental de Berlín, la situación en la quedó la ciudad hizo que cayera en desuso. En 1955 el parlamento de la República Federal Alemana, que se había trasladado a Bonn y era llamado desde 1949 Bundestag en vez de Reichstag, decidió restaurar el edificio, las reformas acabaron en 1973, pero nadie se planteó entonces volver a utilizarlo como sede del parlamento, ya que la parte occidental de Berlín estaba completamente rodeada por la RDA y Bonn seguía siendo una ciudad mucho más idónea como capital. Con la reunificación alemana la sede del Bundestag ya sí se trasladó a Berlín y el Reichstag recuperó su estatus de sede del poder legislativo de Alemania.


Sin embargo, para que el edificio pudiera cumplir de nuevo su recuperada función era necesario modernizarlo y en el marco de esas reformas se construyó su cúpula transitable de cristal, diseñada por el arquitecto Norman Foster, que se ha convertido en una gran atracción turística en Berlín y que es lo que nosotros fuimos a ver.

La visita al tejado del Reichstag fue gratuita, pero para poder subir tuve que hacer una reserva previa en la que di nuestros datos y luego, una vez allí, tuvimos que atravesar un control de seguridad similar al de un aeropuerto. Tras el trámite nos montamos en un ascensor que subió directamente al nivel superior.



La visita la realizamos con una audioguía que nos dieron nada más salir del ascensor. Con ella subimos la rampa que va ascendiendo hasta la parte superior de la cúpula, de manera que fuimos oyendo de manera paulatina cosas acerca de la propia estructura y de las vistas de Berlín que se iban viendo. Fue muy interesante.



Como colofón, pudimos dar un paseo por la azotea del edificio. La verdad es que tuvimos mucha suerte, porque la tarde era maravillosa.


Por desgracia, no vimos nada del interior del parlamento (debajo del cristal que se ve en la foto de abajo está, por lo visto, la sala de plenos del Bundestag, pero no se distingue nada).


Por una casualidad para nada planeada (como es lógico), el fin de semana que nosotros estuvimos en Berlín se celebraron en Alemania elecciones generales, de manera que la persona que maneja los hilos del país desde el Reichstag podría haber cambiado tan solo dos días después de haber estado nosotros allí. Finalmente no fue así y Angela Merkel fue reelegida canciller por otros cuatro años. 


Ya que estábamos en Berlín, el día de las elecciones le propuse a María que fuéramos a votar, al fin y al cabo lo que se decide en Alemania acaba afectando bastante a la Unión Europea y, por tanto, a España, pero pronto llegamos a la conclusión de que con eso no iba a ser suficiente para que nos dejaran meter allí el papelito en la urna...

Bromas aparte, además del edificio del Reichstag los otros dos platos fuertes de Berlín que quería ver sin falta eran el Museo de Pérgamo y el Mauermuseum - Haus am Checkpoint Charlie (el museo que está dedicado al Muro de Berlín).

El Museo de Pérgamo es uno de los cinco grandes museos de la Isla de los Museos berlinesa y fuimos a verlo el domingo por la tarde, una vez que yo ya había acabado el maratón.


Una de las principales joyas del Museo de Pérgamo es el Altar de Pérgamo, que por desgracia no se podía ver, dado que están reformando su sala, pero en cambio sí pudimos disfrutar sin problemas de la Puerta de Ishtar y de la Vía Procesional de Babilonia.



También me dejó con la boca abierta la Puerta del Mercado Romano de Mileto.


El Museo de Pérgamo es un solo museo, pero en él están diferenciadas tres colecciones: una dedicada a las antigüedades clásicas, otra centrada en el arte del Próximo Oriente y otra tercera dedicada al arte islámico. En esta última parte me impresionó ver un trozo de la Alhambra (la mayor parte de las maravillas del museo son obras de arte arquitectónicas que se han trasladado allí tal cual).


Con respecto a lo de la Alhambra, no tenía ni idea de que hay trozos de la misma que no están en Granada. Por lo visto, el techo que está en el Museo de Pérgamo se lo llevó a Alemania un banquero llamado Arthur von Gwinner en el siglo XIX, en una época en la que partes del palacio eran todavía privadas (digamos que no expolió la Alhambra, sino que se llevó algo que consideraba suyo). En los años siguientes la vicisitudes que sufrió el techo no fueron pocas, pero en la actualidad parece que esa obra maestra de la carpintería ya ha encontrado acomodo definitivo en Berlín (en la Alhambra, en la Torre de las Damas, que es donde estaba, por lo visto lo que hay es una réplica).

El otro museo que vimos, como he dicho, fue el Mauermuseum - Haus am Checkpoint Charlie. El Muro de Berlín dividió la ciudad en dos partes durante casi tres décadas, miles de ciudadanos vieron su vida marcada por ese lamentable hecho, pero me sorprendió muchísimo que los berlineses, lejos de tratar de esconder ese pedazo de su historia, han convertido el Muro de Berlín en uno de sus signos de identidad. Hay tramos de Muro por todos lados, toda la ciudad está plagada de recuerdos al mismo, lo que, a mi modo de ver, es un síntoma de la fuerte personalidad de los alemanes (el trozo de la foto de abajo estaba justo enfrente de nuestro hotel).


En Niederkirchnerstrasse, no muy lejos de Checkpoint Charlie, había otro tramo que se ha conservado tal cual.


Los alemanes han corregido su pasado, no se enorgullecen de sus errores, pero tampoco esconden su historia, de hecho te recuerdan continuamente lo que sucedió, quizás para que no vuelva a pasar. El Mauermuseum va en esa dirección, no es un museo al uso, de hecho lo que uno hace en él es leer paneles, pero te da la posibilidad de enterarte de un montón de cosas.


En las diferentes salas se van desgranando historias humanas que tuvieron el Muro como telón de fondo, a mí me entretuvo y a las niñas más, si cabe, porque lógicamente no se pudieron poner a leer carteles en inglés, pero estuvieron dos horas preguntando con bastante interés por muchas de las historias que se mostraban (es muy llamativo como lograron algunas personas cruzar el muro, las historias de las fugas les llamaron mucho la atención).


Julia incluso se llevó a casa un verdadero (dicen) pedazo de Muro de Berlín que compró en la tienda. En la misma, sin que tenga nada que ver, vivimos en primera persona hasta que punto los alemanes pueden llegar a ser cuadriculados: antes de ver el Mauermuseum entramos por casualidad en dicha tienda, que tiene una salida directa a la calle. En el mostrador de la misma vi que se podían comprar las entradas al Museo, a pesar de que para acceder al mismo había que salir de nuevo a la acera y entrar por otra puerta, pero como vi que allí no había cola me pareció cómodo ir ya con los tickets sacados. El problema fue que decidí pagar con tarjeta y el dependiente, que era un alemán de origen chino (oriental de aspecto y yo creo que alemán en todo lo demás) no se que hizo, que se lió con el TPV y marcó una cantidad que no era. Primero tardó en reaccionar, se quedó un tanto bloqueado, pero la cantidad que me había marcado era mínima (eran un par de euros o así) y yo creo que se habría solucionado el tema cogiendo una calculadora y marcando en el TPV lo que quedaba en una nueva operación, pero decidió, no sin titubeos, que lo que iba a hacer era devolverme el dinero en mano y empezar de nuevo. Para ello, nos pidió que comprobáramos que la operación se había hecho realmente, por suerte María pudo consultar la web del banco desde su móvil y se lo pudimos enseñar, podría haber sido suficiente, pero no lo fue, porque a continuación sacó el extracto de la operación del TPV y comenzó a escribir en el dorso una especie de Quijote en alemán, explicando lo que había ocurrido, que se había confundido, pero que había comprobado que la operación se había hecho y que procedía a devolverme los pocos euros en monedas. Luego me tradujo al inglés lo que había redactado en alemán, y, tras comunicarle expresamente que estaba conforme con lo que había reflejado en el papel, tuve que firmar el texto. Fueron cinco minutos de espera, porque el chico se pensó bien lo que poner, yo no se si es que redactó aquello en plan Goethe o es que pensaba que le podían fusilar por una equivocación de dos euros y quería dejarlo todo constatado hasta el más mínimo detalle, pero el caso es que cuando acabamos estaba un poco ofuscado y me pidió por favor que finalmente sacara el ticket en la taquilla de la entrada y no allí. Yo accedí, evidentemente...

Más allá de las anécdotas, como digo el Museo, si bien es raro, es muy instructivo y además está al lado del verdadero Checkpoint Charlie, el paso más famoso que había entre Berlín oriental y Berlín occidental. En la actualidad han dejado la casetilla, pero la misma está en mitad de una calle con bastante tráfico, por lo que resulta complicado imaginarse como era aquello cuando el Muro estaba operativo (de hecho, no hay apenas parecido).



Además, no se por qué habían escogido para hacer el papel de guardias de la frontera a tres tipos con tanta pinta de trasnochados (al menos cuando eché la foto el de la izquierda ya había guardado el móvil).


Aparte del Mauermuseum, el otro lugar de referencia en Berlín para ver el Muro es la East Side Gallery. Se trata del trozo más largo que se conserva del mismo, con lo cual es un sitio que hay que ver sin falta.


En ese tramo, por un lado el Muro lo han cubierto de pintura blanca y tiene algunos grafitis, pero por el otro se decoró a conciencia entre febrero y septiembre de 1990, unos meses después de que dejara de dividir la ciudad.


Pese a estar al aire libre, todas las pinturas están firmadas, por lo que se ha creado una auténtica galería de arte, tal y como el nombre que se le ha dado indica.


En 2009 se restauraron la mayoría de las pinturas, lo que hace que estén muy bien conservadas (hay alguna que no se reparó y se nota la diferencia, pero son muy pocas, la mayoría lucen espectaculares).


A pesar de lo famosa que es la East Side Gallery, el lugar en el que está se sale un poco del Berlín más céntrico, lo cual está bien. No es que en esa zona no haya turistas, pero nosotros fuimos a la caída de la tarde del viernes y en ese momento los autóctonos eran mayoría en los alrededores, de hecho cuando íbamos hacia la estación de tren para volver al hotel me di cuenta de que por allí se reúne la gente para salir de fiesta.

Por otro lado, como dije al principio, la excusa para ir a Berlín fue correr su maratón, pero no quise en ningún momento dejar de sacarle el jugo al fin de semana por ese hecho. Finalmente, tanto el viernes como el sábado los pasamos sin parar de ver cosas, como ya va quedando patente, pero intentamos que el ritmo fuera algo más pausado que otras veces y también intentamos reducir un poco las caminatas. Aún así, nos dimos unos cuantos paseos que son ineludibles. El mejor fue el que nos llevó desde la Isla de los Museos hasta la Puerta de Brandenburgo a través de Unter den Linden (por desgracia, el mítico bulevar estaba en obras y no lo pudimos disfrutar en todo su esplendor).


El punto de partida del paseo fue el Lustgarten, allí echamos un buen rato.


Caminando por Unter den Linden llegamos hasta la Pariser Platz y, tras atravesar la Puerta de Brandenburgo, paramos en la Platz des 18. März, el punto de llegada del Maratón de Berlín.


Allí estaban acabando de montar toda la parafernalia de la meta y se encontraban ya funcionando a pleno rendimiento un montón de negocios ambulantes de comida rápida.


Nosotros ya habíamos almorzado, por lo que nos adentramos en el Tiergarten y echamos en él una relajada hora. Este parque es enorme, así que nos quedamos en su parte este, en concreto estuvimos en una zona llamada Grosse Hain en la que había una pradera que invitaba a la siesta.


Todo lo hicimos con calma, finalmente cumplí el objetivo de no machacarme en exceso, pero el domingo inevitablemente se notó la actividad de los dos días anteriores. De hecho, el sábado por la tarde nos dimos otro buen paseo desde los alrededores de Checkpoint Charlie hasta la Postdamer Platz, recorriendo parte de Leipziger Strasse, otra gran avenida que es paralela a Unter den Linden por el sur. Allí presenciamos, casi sin querer, la prueba de patines en línea que se celebra en el marco del Maratón de Berlín, prácticamente por el mismo circuito. Primero vimos a los patinadores que iban en cabeza, pero luego empezaron a pasar miles de rollers más, muchos de los cuales ya eran evidentemente sufridos populares. Verlos fue como un recordatorio de que yo, al día siguiente, también tenía un trabajito que hacer.


En cualquier caso, como contaré en el próximo post, lo que torció un poco más de la cuenta el maratón no fue el cansancio de piernas, que estaba asumido, sino los problemas de estómago. Realmente, durante todos los días en Berlín intenté minimizar la ingesta de alimentos contraproducentes, las cenas las hicimos en la habitación del hotel y lo que compré en el supermercado para tomar por la noche fue de lo más suave, y para los desayunos fui muy cuidadoso con el bufé del hotel. Las comidas, sin embargo, fueron otro cantar, aunque realmente solo la primera fue poco apropiada, ya que me comí una salchicha en un puesto callejero que estaba cerca de la Puerta de Brandenburgo (me tomé una Berliner Currywurst mit Brötchen, para ser exactos).


El entorno para comer fue alucinante, nada más que por eso mereció la pena, pero la salsa que le echaron al perrito caliente picaba a saco y acabé echando fuego por la boca.


Como era viernes a mediodía pensé que el exceso de pique y la dosis de comida basura no iba a tener consecuencias y, de hecho, no tengo muy claro que ese bombazo fuera el responsable del desastre estomacal del domingo, pero el sábado volví a almorzar una comida muy picante y quizás ahí sí que traspasé ya la línea roja. La verdad es que en ese almuerzo tuve mala suerte, porque comimos en la Trattoria Da Vinci, un restaurante italiano con una amplia carta.


Mi idea era comerme un plato de pasta ligera y por ello pedí unos spaghetti aglio e olio. Esa receta me encanta, incluso la hago en casa a veces y la he comido en muchos restaurantes, pero nunca la había probado tan tremendamente picante (la receta lleva ajo y guindilla, suele tener un toque picantón, pero la pido mucho y no es normal salir del restaurante con la boca como el infierno). En cualquier caso, en la trattoria estuvimos muy a gusto.


Aparte de la comida, también traté de tener cuidado con la bebida. Por ello apenas si tomé otra cosa que agua en los dos días previos a la carrera (salvo con la salchicha), aunque el domingo, una vez que ya había corrido, a última hora de la tarde sí me tomé una cerveza alemana como está mandado.


Para acabar, quiero dedicarle unas palabras al lugar donde dormimos, el Hotel Abba Berlin. Como esta vez planeamos el viaje a través de una agencia, que es la única manera de correr el Maratón de Berlín, pues no tuve nada que ver en la elección del alojamiento, pero la verdad es que estuvo al más alto nivel: dormimos los cuatro en una misma habitación (al reservar con varios meses de antelación nos pudimos quedar con la única junior suite del hotel), la misma era enorme y rayaba la perfección en cuanto a comodidades y a estado general, el desayuno bufé estuvo de diez, el trato del personal fue magnífico, es un hotel que está muy bien situado y, además, incluso hicimos uso del gimnasio, que estaba simpático (las niñas quisieron bajar y echamos en él un rato, no había nadie y pudimos divertirnos sin molestar).


En definitiva, los tres días en Berlín estuvieron un poco condicionados por mi participación en el maratón, pero no quise que esa circunstancia nos impidiera disfrutar de la ciudad y, por ello, prácticamente hicimos planes turísticos normales, no tan exhaustivos como otras veces, pero sí bastante completos. Me gustaría volver a la capital alemana algún día, porque es una ciudad que da para mucho, pero de momento me fui con la sensación de que había podido vivir la ciudad de una manera apropiada.



Reto Viajero PRINCIPALES CIUDADES DEL MUNDO
Visitado: BERLÍN.
% de las Principales Ciudades del Mundo que están en Europa que ya están visitadas: 43'2%.
% de las Principales Ciudades del Mundo ya visitadas: 18%.