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7 de junio de 2025

CARRERA POPULAR TRIANA 2025

Hace unos meses, vi que la Carrera Popular Triana había regresado al Circuito de Carreras Populares de Sevilla, y supe enseguida que tenía que volver a correrla. 


Yo participé en ella desde 2012 a 2015, y luego la disputé en 2017 y en 2019. Dado que en 2018 también tomé la salida, y que llegué casi hasta el kilómetro 9, antes de lesionarme y retirarme, pues se puede decir que la carrera que discurre por los barrios sevillanos de Triana y de Los Remedios era una cita clásica para mí. Sin embargo, por alguna razón que desconozco, desde 2020 la prueba se había excluido del calendario, y yo ya temía que nunca iba a volver. Por suerte, ha regresado, y su edición 29 se celebró el pasado domingo. 


Tengo que decir que le guardo tanto cariño a la Carrera Popular Triana, porque yo viví una década en Los Remedios. Además, mi madre, por un lado, y mi hermana, por otro, siguen residiendo allí. Lo que pasa es que este barrio hace años que dejó de mencionarse en el nombre oficial del evento, por lo que parece erróneamente que este solo tiene lugar en Triana. En efecto, la cita se llamaba Carrera Popular Triana cuando yo la conocí, allá por 2001. En 2012 y en 2013, pasó a denominarse Carrera Popular Parque de los Príncipes, porque acababa en esa zona verde, que está en Los Remedios. No obstante, este barrio seguía sin ser mencionado. Con posterioridad, en 2015, y hasta 2019, la meta se trasladó al Parque Vega de Triana, y la prueba se rebautizó. Ahora que ha resucitado, y que ya no termina en ningún parque, se ha vuelto al apelativo primigenio. Me parece bien, aunque Los Remedios siga en el ostracismo. Entiendo que es un vecindario muy gris, y que Triana, en cambio, es un reclamo en todos los sentidos.

En relación con el recorrido, no puedo dejar de comentar que ha mejorado mucho. Antaño, yo era asiduo a la carrera por motivos sentimentales, pero el trazado era feo, dado que se le daba preferencia, en los dos barrios, a la amplitud de las calles, más que a su relevancia estética. Además, todos los años que finalizó en el Parque Vega de Triana, los últimos tres kilómetros fueron un horror, porque aquel no tenía apenas vegetación, por lo que no era demasiado agradable dar vueltas por él. Por fortuna, lo malo ha cambiado. Ahora, el circuito es espectacular.


En efecto, el domingo la salida y la meta estuvieron situadas a los pies de la Torre Sevilla, y nos pudimos olvidar de recorrer parques dejados de la mano de Dios. Además, los organizadores hicieron pasar la prueba por una serie de destacadas vías que ya estaban ahí, pero que se habían ignorado hasta ahora. Con una participación tan alta como la que tiene este evento, es imposible transitar por ciertas calles trianeras, pero la Calle Betis, la Calle Castilla y el Paseo de Nuestra Señora de la O son un emblema en Triana, y ha quedado patente que se pueden integrar en el trazado de una carrera, incluso aunque sea masiva. En Los Remedios ha sucedido igual, de manera que corrimos, por primera vez, por la Calle Asunción, que es la más atractiva del barrio.

Total, que desde el punto de vista del recorrido, me encantó disputar de nuevo la Carrera Popular Triana. Otra cosa es que yo ya no sea capaz ni de acercarme a los 45 minutos de marca final. La verdad es que me lo tengo merecido, porque estoy yendo al gimnasio desde hace unos meses. Gracias a eso, me siento menos alcayatado y más armónico, pero he cogido cuatro o cinco kilos de masa muscular que, sí, lo reconozco, quedan muy bien, pero que me penalizan para correr rápido. 


Teniendo en cuenta que hace un par de años ya di un bajonazo enorme por culpa de la edad, lo que me faltaba era haber perdido, en parte, el look keniata. El caso es que, hace dos meses, terminé en Huevar un diezmil en 45 minutos pelados, pero, desde entonces, me he puesto más serio con las pesas, he cambiado incluso el entrenamiento atlético por el gimnasio alguna vez, cosa que ha sido toda una novedad para mí, y en la Carrera Popular Triana pagué un poco el precio. Aparte, el domingo estábamos en alerta naranja, y, aunque se adelantó la salida a las 8'30 de la mañana, corrimos con 26º de temperatura.

Objetivo inalcanzable

En definitiva, mi idea era tratar de seguir a la liebre de los 45 minutos. Ir con la de 40, como hace años, ya ni se me pasa por la cabeza, porque es que no aguanto su ritmo ni 200 metros, pero mi objetivo era correr junto al peacemaker que debía avanzar a 4:30 el kilómetro. Por eso, me puse cerquita suya en la salida.


Sin embargo, al darse el pistoletazo inicial, el que llevaba la banderola no sé qué hizo, que se coló entre la gente, y le perdí la estela. Al principio lo veía cerca, e intenté pillarlo, pero vi enseguida que me iba a tener que pegar un calentón suicida para alcanzarlo. Además, pronto noté que, en cualquier caso, no iba a ser capaz de ir a 4:30 todo el rato. No me equivocaba. En el primer 5.000 marqué parciales de 4:46 (incluyendo un buen puñado de segundos que perdí antes de echar a correr), 4:45, 4:37, 4:41 y 4:51. Pasé por el ecuador de la carrera en 23:42. 


Después, durante el séptimo kilómetro me entró la crisis, me empezaron a pesar las piernas como si fueran de mármol (puto gimnasio), comencé a sentirme como Robocop, y sufrí como un bellaco para no bajar demasiado el ritmo. Por suerte, al enfilar la Calle Asunción, que es parte de mi vida, me vine arriba, y el cuerpo me acompañó. 


Gracias a eso, me solté un poco en el último dosmil, y las sensaciones positivas regresaron. Ni siquiera los suaves adoquines de la Calle Betis, ni los bastos de la Calle Castilla y del Paseo de Nuestra Señora de la O, me hicieron volver a ir mal. Otra cosa fue el ritmo, que mejoró con respecto al kilómetro fatal, pero que no superó el de la primera mitad de la carrera. Así, en la segunda marqué, sucesivamente, 4:45, 4:46, 4:55 en mi peor momento, 4:43 y 4:42. 

El postrero kilómetro lo corrí a gusto. No me mermó la rampa de 40 metros al 20% de inclinación que tuvimos que subir justo antes de la recta de meta, por lo que avancé por esta con sorprendente agilidad, pero, eso sí, paré el crono en 47:33.
 

A pesar del bochornoso clima, me recuperé rápido del esfuerzo. Por otro lado, me resulta sorprendente lo estable que fui, en lo que al ritmo se refiere, sobre todo porque, en lo relativo a las sensaciones, sí fui de más a menos, y, luego, de menos a algo más. Desde el punto de vista del fuelle, hubo vaivenes, pero a nivel de crono apenas se notó.

En resumen, traspasé por séptima vez en mi vida la meta de la Carrera Popular Triana, y no se me han quitado las ganas de hacerlo de nuevo en el futuro. Por ello, si se sigue organizando así de bien, tengo claro que volveré.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 262.
% del Total de Carreras a completar: 26'2%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 39%).


22 de febrero de 2025

CARRERA POPULAR EN MARCHA POR LA SALUD 2025

En 2018, participé en la sexta Carrera Solidaria En Marcha por la Salud. Después de aquello, obvié la edición de 2019, y entre 2020 y 2022 la cita no se celebró. Yo le perdí la pista, hasta que, hace unos meses, un amigo me dijo que la había corrido en febrero de 2024. Gracias a eso, supe que se estaba organizando de nuevo, por lo que este año he estado pendiente y me he vuelto a inscribir.


El recorrido de la Carrera En Marcha por la Salud es llano, como el de todas las pruebas atléticas de Sevilla, y siempre es el mismo. Va del Hospital Universitario Virgen Macarena al Hospital Universitario Virgen del Rocío. A mí, este tipo de circuitos, que en vez de dar una vuelta van de un lugar a otro, me encantan. Por esa razón, he puesto tanto interés en volver a disputar la cita. Su lado negativo es que se trata de una carrera con una logística complicada, dado que une dos puntos de la ciudad que están bastante distantes, por lo que se termina muy lejos de donde se empieza. Además, la organización no habilita un guardarropa, es decir, que nadie transporta a la meta las prendas de abrigo que uno se quita para correr. En 2018, eso lo solucioné yendo andando, vestido de corredor y con una sudadera encima, desde casa de mi suegra hasta la salida. Luego, competí con la sudadera atada a la cintura, y al acabar me la puse. En aquella ocasión, María también participó, e hizo igual. Tras finalizar, ambos regresamos en tren. 

En el presente 2025, María no ha corrido, por lo que me ha dado soporte y todo ha sido más sencillo. En efecto, ella me llevó con el coche a la salida y me dejó allí, ya listo. Después, aparcó cerca de la meta y me esperó con la ropa de recambio preparada. Gracias a ese apoyo, esta vez el preámbulo y el epílogo de la carrera fueron muy cómodos.

Por lo que respecta al desarrollo de la prueba en sí, los runners que se congregaron en la salida de la misma superaron el millar. Frente a la puerta del Hospital Universitario Virgen Macarena, se notaba que el ambiente era muy popular. En las carreras de Sevilla suele ser así, y en esta, además, toman parte muchos sanitarios que no son corredores habituales, por lo que el clima festivo es aun más acusado, si cabe. No obstante, había pros en primera línea, sin duda alguna. 


Por mi parte, al echar a correr me dio la sensación de que llevaba por delante un montón de gente, pero entré en meta en el puesto 63, así que fui más en cabeza de lo que me pareció en un principio.


El circuito fue igual al de 2018, lo cual me gustó. Los primeros 500 metros nos acercaron al Río Guadalquivir, y luego bordeamos su cauce durante varios kilómetros, corriendo por el Paseo Juan Carlos I, que discurre al nivel del agua. Casi al final, al llegar al Acuario de Sevilla lo rodeamos por su lado interior, y ya volvimos a las calles de Sevilla, buscando el Hospital Universitario Virgen del Rocío

El recorrido, además de ser totalmente plano, presentó otras dos particularidades. La primera fue que tuvo un piso muy heterogéneo. Sobre esa circunstancia ya hablé la vez pasada, y ahora hago de nuevo hincapié en que corrimos por una amplia variedad de superficies. No faltó, incluso, un largo tramo de enormes adoquines. Aparte, la segunda singularidad de la prueba fue que el Paseo Juan Carlos I es peatonal, pero estaba abierto al público. Por eso, dado que era domingo por la mañana, el camino ribereño se encontraba lleno de corredores ajenos a la carrera que avanzaban en dirección contraria, así como de caminantes, de paseadores de perros, de familias con niños pequeños, de turistas, de gente en bici y de pescadores. Todos iban a lo suyo, por lo que tuve la impresión de competir en medio de un cierto caos. Pese a esto, la Carrera En Marcha por la Salud me volvió a agradar. 

Con respecto a mis sensaciones, la verdad es que me vi bien al principio, y pronto me estabilicé. En esta carrera, los kilómetros estaban marcados, pero los carteles los habían puesto fatal, y no señalaban distancias reales. No obstante, en el paseo del río hay hitos permanentes cada 500 metros, ya que por allí entrena mucha gente. Gracias a eso, conseguí tomar alguna referencia fiable. Mi ritmo rondó los 4:30 bastante rato. Sin embargo, no logré mantener la frescura hasta el final. No en vano, el pasado 12 de enero amanecí con molestias en la zona del pubis, y he sufrido después un rosario de pequeños percances físicos, que me han tenido casi parado un mes. Por suerte, antes de la cita había podido enlazar diez días medio normales a nivel muscular, pero, a una semana de la misma, pillé un resfriado tremendo, que me tuvo mermado un finde entero. El resumen fue que me planté en la salida cogido con alfileres, tras una racha muy accidentada. Por ello, es lógico que la prueba se me hiciera larga, a pesar de que solo tenía 7.500 metros. En recta de meta, me superaron tres corredores, y no fui capaz ni de intentar seguirlos. 


Mi marca final fue de 34:42, y me salió un ritmo medio de 4:38. En 2018, corrí exactamente por el mismo circuito a 4:14. El tiempo no ha pasado en balde, pero tampoco me quejo de mi estado de forma.


Por otro lado, últimamente siempre digo que he perdido punch en los metros finales, pero que me repongo rápido cuando atravieso la meta. Esta vez no fue así, dado que me sentía un tanto fatigado al parar, y tardé unos cuantos minutos en recuperar el resuello. Supongo que se debió a que apreté demasiado, para lo complicado que ha sido el pasado mes. No importa. Al rato ya me encontraba repuesto, y una hora después me estaba tomando una tostada con jamón y un café en un bar, muy a gusto. No obstante, quiero correr pronto la siguiente carrera, para comprobar que he recobrado el brío.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 260.
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30 de septiembre de 2024

CARRERA NOCTURNA DEL GUADALQUIVIR 2024

Desde diciembre de 2021, mi puesto en la Universidad de Sevilla está en la Biblioteca Rector Machado y Núñez. La misma se encuentra a dos pasos de la Avenida de la Palmera, por lo que se halla muy cerca del lugar donde se sitúa, desde hace unos años, el principio y el final de todas las carreras más multitudinarias de Sevilla. Una de ellas es la Carrera Nocturna del Guadalquivir, que se disputa el último viernes de septiembre, desde 1989.


En 2023, el día de la Nocturna me tocó trabajar por la tarde, por lo que acabé mi jornada a las 20'30 horas. Dado que me pegué desde mediodía en el interior del edificio, no noté nada, pero, al salir, me encontré con el dispositivo de la prueba ya montado. Teniendo en cuenta que el evento junta a 22.000 personas, la parafernalia que vi era tremenda. Tanto, que los alrededores de la biblioteca estaban vallados, y habían cortado el paso por delante. Esa circunstancia no tuvo mayores repercusiones para mí, puesto que me dejaron irme a casa, pero sí hizo que volviera a tomar contacto con la carrera sevillana más popular, tras varios años sin prestarle demasiada atención. Yo la había corrido nueve veces, desde mi debut en el 2000, pero no había participado en ella desde 2019, y me entraron unas ganas enormes de hacerlo otra vez. Por eso, en la edición número 36 de la cita, me he fundido de nuevo con la marea naranja.


Ya conté, en el post que escribí en 2019 sobre la Carrera Nocturna del Guadalquivir, que esta cita tan clásica estuvo muchos años venida a menos, pero que se revitalizó a partir de 2013. El pasado viernes, comprobé que su estado de salud sigue siendo bueno. La verdad es que se trata de un evento masivo, y, pese a eso, está muy bien organizado. No siempre fue así, pero es evidente que los responsables han aprendido de sus errores, por lo que, hoy día, todos los detalles se cuidan al máximo.

Entre los aciertos, el más importante es que empieza y termina en la Avenida de la Palmera, que es larga y ancha, por lo que puede dar cobijo a miles de personas. De hecho, se trata de una calle tan espaciosa, que permite que se puedan alcanzar las filas cabeceras por los laterales, incluso llegando a la salida con el tiempo relativamente justo. Además, a posteriori también tiene capacidad para ir absorbiendo a los que van acabando. Aparte, se ponen vallas al principio del kilómetro inicial, para evitar que la gente se sume a la carrera sin haber pasado por el arco de salida y cree un tapón, que es algo que sucedía antes. Por otro lado, el recorrido lo han pensado bien, porque se rodea el centro de Sevilla por su primer anillo, que es bastante vistoso, y que está formado por avenidas muy amplias. El circuito no tiene ni una sola esquina, lo que es un acierto, porque posibilita que corran grandes multitudes por él con un mínimo de soltura.


Otro punto a favor de la la Nocturna es que congrega a bastante público en las calles, a pesar de que no es demasiado competitiva. Por eso, se corre por grandes avenidas, flanqueadas por un montón de personas que forman un pasillo humano bien nutrido. 

Por último, gran parte del éxito de la carrera radica en que ofrece alicientes para todos. Primero, los que quieren pelear por los puestos de honor pueden hacerlo. No hay premios en metálico, pero los galgos salen en los periódicos mucho más que en otras pruebas. De hecho, a los cracks se les reserva el cajón delantero en la línea de salida, lo que demuestra que se mima a los que compiten de verdad. Segundo, a los que no optamos a ganar nada, pero queremos correr a tope, tampoco se nos ponen trabas. Realmente, resulta muy sencillo salir cerca de la cabeza y encontrar espacio para ir a muerte sin obstáculos. Y tercero, los que prefieren ir tranquilos, o, incluso, los que van a jurdear, está claro que no se sienten intimidados. Este año, María me acompañó, se quedó por los alrededores, sentada en una terraza, y me confirmó que, diez minutos después del pistoletazo inicial, todavía había grupos de personas que iban camino de la salida, sin estresarse ni un poco. En efecto, se dan dos horas para completar 8.500 metros, por lo que casi es posible ir a gatas. En vista de eso, no es raro ver padres y madres empujando carritos de niño, gente disfrazada, abuelos andarines y señoras con bolso. 

Yo, como habrá quedado claro, soy de los que se apuntan para ir al máximo, aunque no se tomen tiempos oficiales. Siempre lo he hecho. Por ello, en 2015 me vi corriendo relativamente delante, y me encantó avanzar, con poca gente a mi alrededor, por las amplias avenidas de la ronda histórica, llenas de público en las aceras. Eso es lo que me reenganchó a esta carrera. En 2019, busqué repetir esa sensación, y el otro día pretendía lograr lo mismo. Por suerte, lo conseguí, pese a que cada vez me cuesta más. La verdad es que en 2015 fui a 4:12 el kilómetro, cuatro años después lo hice a 4:17, y este 2024 me he tenido que conformar con marcar una media de 4:28.

Sin embargo, es difícil correr de una manera más estable, que como lo hice el viernes. La prueba es que tomé dos tiempos, uno en el kilómetro 3 y otro en el 8, y la media no se movió de 4:29 hasta el final, cuando mejoró un pelín. Lo cierto es que me aislé, y me adapté de una forma perfecta a avanzar en mitad del caos. 


Efectivamente, si la semana pasada, en La Campana, me vi corriendo solo, en la Nocturna me fui al extremo opuesto, que es hacerlo todo el rato rodeado de gente, que te adelanta por los dos lados, o a la que tu mismo sobrepasas, sin que sea posible encontrar a nadie que te sirva de referencia. A pesar de esto, me centré en mis sensaciones, y no me moví de los 4:29 por kilómetro de los que hablaba, hasta que rebasé la banderola del 8. En ese momento, tuve capacidad para meter el turbo, cosa que me alegra infinito.


Recorrer la recta de meta, sita en la Avenida de la Palmera, fue una gozada. Al encararla no iba solo, ni mucho menos, pero pude disfrutar de la calle despejada, antes de que empezaran a llegar las hordas de corredores.


En definitiva, la Nocturna del Guadalquivir es una carrera diferente, y es tan entrañable, que me da igual que no haya ni clasificaciones. Han pasado 24 años desde que debuté en ella, y me produce unas sensaciones indescriptibles. No soy un incondicional, de manera que entre una y otra vez que la corro pasa tiempo, pero, al hacerlo, todas esas emociones vuelven, por lo que sé que repetiré en el futuro.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
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% del Total de Carreras a completar: 25'4%.

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En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 37'1%).


19 de junio de 2024

CARRERA NOCTURNA DEL ALAMILLO 2024

Este año estoy corriendo pocas carreras, en parte porque no estoy sintiendo demasiada necesidad de hacerlo. Lo habitual es que, para salir a rodar, yo no precise de la motivación de tener alguna cita especial en el horizonte. Normalmente, los objetivos ayudan a poner algo más de carne en el asador, pero la constancia la suelo mantener sin ayudas externas. Por eso, a veces atravieso rachas en las que apenas compito. Desde enero de 2024, he vivido una de esas fases, ya que solo he participado en una media maratón. Sin embargo, a principios de junio me apeteció volver al ruedo. Debido a ello, busqué opciones, y he marcado en el calendario tres o cuatro pruebas que me apetecen. Todas son cómodas, es decir, no tienen un kilometraje muy elevado, ni se celebran lejos de casa. La primera la disputé el viernes pasado. 


En efecto, a última hora de la tarde del viernes de la semana pasada me fui hasta el Parque del Alamillo de Sevilla, y allí participé en una nueva edición de la Carrera Nocturna del Alamillo, que discurrió por el interior ese parque y por sus alrededores más inmediatos. Eso significa que la prueba fue prácticamente llana.


Hasta ahora, nunca me había planteado correr la Nocturna del Alamillo. Se celebró por primera vez en 2014, con el nombre de Carrera Noche de San Juan, y al principio me dio la impresión de que era la típica prueba organizada por no se sabe muy bien quién, conmemorativa de algo tan volátil como la Noche de San Juan, y con un recorrido de 9.500 metros que parecía diseñado, sobre todo, para que el evento pasara desapercibido para el que no fuera corredor. Yo no le auguraba demasiado futuro. Lo cierto es que, en Sevilla, ya había habido otra carrera similar, llamada exactamente igual. De ella, se habían disputado tres ediciones por el interior del Parque Miraflores, con motivo de la noche más corta del año. Yo participé en dos, y ambas experiencias las recuerdo con cariño, pero la cita no cuajó. En 2014, pensé que la del Alamillo iba a seguir el mismo camino. Me equivoqué.



Así pues, ha transcurrido más de una década desde la edición inaugural de la cita con la que se saluda al verano en el Parque del Alamillo, hemos salvado una pandemia, y la prueba no solo se sigue organizando, sino que goza de muy buena salud. Eso sí, para sobrevivir se ha tenido que reinventar, dado que ha dejado de llamarse Noche de San Juan, y ahora se denomina Nocturna del Alamillo. También ha reducido su kilometraje casi a la mitad. Efectivamente, en la cuarta edición, en 2017, la carrera ya incluyó el subtitulo Nocturna del Alamillo, en 2018 se introdujo otra sutil variación en el nombre, que se cambió a Nocturna del Alamillo "Noche de San Juan", y en 2019 el evento se rebautizó y desapareció cualquier referencia a la Noche de San Juan. Fue entonces cuando recortó su trazado, y el mismo se fijó en 5.000 metros. Con ese formato, se ha disputado cinco años seguidos.

El caso es que yo andaba buscando una carrera apropiada a mis circunstancias actuales, me topé con la Nocturna del Alamillo, y me pareció perfecta. Luego, me encontré con una cita que superó mis expectativas, en primer lugar porque estuvo muy bien montada, pero también porque el avituallamiento fue notable, porque tuvo una participación más que decente (entraron en meta 799 personas), porque lo de la recta final flanqueada por antorchas fue un puntazo, y porque el recorrido al completo fue atractivo, partiendo de la base de que era por dentro de un parque. Sin embargo, la organización supo sacarle todo el jugo al entorno, porque el circuito nos llevo por un sector del recinto que está pegado al Río Guadalquivir y que es menos conocido. De hecho, creo que fuimos por fuera del área vallada durante un tramo. Además, corrimos 5.000 metros sin repetir ningún camino, y sin que hubiera demasiadas revueltas. El evento me gustó.

Aparte, mi participación volvió a ser llamativa. Fui cómodo de piernas, y avancé con cierta soltura, pero el reloj no engaña, y en este caso dijo que mi media final fue de 4:21 el kilómetro. Estoy comprobando en mis carnes como se hace viejo un atleta aficionado, y eso resulta muy interesante. Podría pensarse que, al envejecer, los años empiezan a pesar cuando se corre, y que uno se va encontrando peor, hasta que tiene que abandonar la actividad atlética, pero tal cosa no es lo que yo estoy viviendo. Con casi 47 tacos, yo no he dejado de sentirme bien corriendo. No obstante, soy incapaz de ir más rápido. Puedo decir que, al darlo todo, las sensaciones son similares a las que experimentaba cuando iba a 4:00 el kilómetro, pero voy 20 segundos más lento, por mucho que haga. 

Un ejemplo de como va menguando con los años la capacidad de respuesta del cuerpo, la tuve en último kilómetro de esta carrera. En él, iba avanzando junto a un tío bastante joven, que parecía que se iba a morir, por como jadeaba. Yo también iba al límite. En un momento determinado, a falta de unos 300 metros, intercambié unas breves palabras con el veinteañero, y comprobé que él a duras penas podía articular una frase. A mí, por contra, me salió un torrente de voz tremendo, alto y nada entrecortado. Cualquiera que nos hubiera visto, habría deducido que yo iba sobrado, y que el sprint final me lo iba a llevar de calle. Sin embargo, iba muerto, por lo que, pese a las apariencias, la realidad nos puso a los dos en nuestro sitio al encarar la recta de meta. En ella, a falta de 100 metros, tanto el chico como yo aceleramos, pero, de repente, él mutó en el Correcaminos, mientras que yo me tuve que contentar con no caerme de boca. El chaval daba la impresión de que iba KO, pero me sacó tal distancia en una simple recta, que ni siquiera llegué a verlo entrar. Fue flipante.


Total, que disfruté a tope del rato vespertino de carrera. Afortunadamente, no hizo demasiado calor, por lo que pude pelear los 5.000 metros sin impedimentos climatológicos. Entré en el puesto 160. Durante casi una década, no le había echado cuenta a esta cita, pero salí tan contento, que es muy probable que repita.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 250.
% del Total de Carreras a completar: 24'8%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 37'1%).


25 de octubre de 2022

CARRERA POPULAR CASCO ANTIGUO 2022

El pasado 17 de septiembre me fui hasta Villaverde del Río para participar en su carrera popular, y después de darlo todo, acabé corriendo los 8.800 metros de los que constaba a una media de 4:27 el kilómetro. Ya se terminó para mí lo de ir a 4:00, pero rondar los 4:30 tras dejarme los higadillos no es normal... o no lo ha sido hasta ahora. Por ello, quería hacer una prueba fiable de como andan mis capacidades. Con ese fin, cambié mi planificación y me apunté a la Carrera Popular Casco Antiguo Caixabank.


En un principio, había desestimado lo de participar en la última cita del circuito sevillano de carreras populares de este 2022, pero finalmente decidí que hacerlo podía ser una buena idea, dado que sabía que la prueba iba a ser llana y que iba a estar bien medida. Era, por tanto, una excelente piedra de toque para comprobar el estado de forma en el que me encuentro. Por eso, quise verificar la situación de mis aptitudes en la actualidad, lo hice... y corroboré que he pegado un bajón, porque volví a correr a 4:27 de media. Acabé los diez kilómetros en 44:33.


Desde que el circuito de carreras populares de Sevilla se empezó a organizar de una manera seria, había disputado 24 pruebas. La del pasado domingo fue la vigesimoquinta. De todas, esta última ha sido la tercera peor. Además, para echarle leña al fuego, puedo decir que las dos más lentas fueron las primeras. En ellas participé en 2013, al poco de salir de una lesión, que me tuvo parado por completo cuatro meses. Dada esa circunstancia, los resultados que coseché fueron lógicos. El del otro día ya no lo fue tanto. Por ello, es normal que acabara bastante decepcionado, porque estoy entrenando bien, y porque en septiembre aún corrí en Almensilla a 4:18. Habrá que ver por qué, un mes después, ni dejándome la piel en el intento he sido capaz de ir a 4:20 el kilómetro.

Lo cierto es que, tras el pistoletazo inicial, ya vi pronto que el objetivo no lo iba a cumplir. Los tres primeros kilómetros los hice en 13:04, a 4:21 de media. En los siete mil metros restantes apenas si tenía que bajar dos segundos por kilómetro para lograr mi meta, pero iba forzado, por lo que supe que, no solo no llevaba margen para apretar ese pelín, sino que más bien se anunciaba un bajón. El mismo no tardó en llegar, y me hizo recorrer los dos siguientes miles a 4:29. Pasé el ecuador de la carrera en 22:02.


A esas alturas veía peligrar incluso un tiempo sub 45, pero, por fortuna, tras salir al Paseo Colón me estabilicé. Gracias a eso, en el kilómetro 8, que estaba en la Calle Torneo, marqué 35:39. Había corrido los 3.000 metros anteriores a 4:32, por lo que al menos había detenido la decadencia. Ya solo me quedaba el arreón final, atravesando parte del centro de Sevilla. Eché el resto en el dosmil definitivo, logré correr a 4:27, y entré con el consuelo de haber bajado de 45 minutos. La verdad es que en ningún momento fui hundido. Como es tradicional, los últimos 300 metros por la Calle Martín Villa y por la Calle Laraña fueron cuesta arriba y por adoquines, pero ni siquiera en ese tramo me vi roto.


Lo que pasa es que no di para más. En realidad, corrí de una manera bastante homogénea, y fui estable (apenas si hubo 5 segundos de oscilación por kilómetro entre el 3 y el 10). Lo que pasa es que me sentí como un coche que, aunque vaya a 110 kilómetros hora, va forzado en quinta.


Dadas las circunstancias, he decidido suspender mi participación en la carrera de Olivares de este próximo fin de semana, donde me esperaba otro diezmil, pero bastante más duro. Paso de escabechinas. En lugar de eso, voy a introducir en mis entrenamientos de cada día una serie de cambios, que pienso que me van a venir bien, y dentro de un mes haremos otra prueba.

En cualquier caso, tras cruzar la meta, mi plan de domingo, relacionado con la Carrera Popular Casco Antiguo, aún daba para más. Hacía mucho que no disfrutaba de un tentempié, en buena compañía, tras haber corrido una carrera, y en esta ocasión pude recuperar la buena costumbre de desayunar otra vez en algún bar, tras el esfuerzo. En efecto, María, tras casi cinco años años sin participar en ninguna competición, se apuntó a la de 5 kilómetros, que se disputó un rato después que la mía. La corrió con Rosalba, que es amiga nuestra. Cuando terminaron, los tres fuimos a tomarnos un café y una tostada con una compañera de trabajo de Rosalba y con su marido. Ella también es aficionada al running, aunque el domingo fue de acompañante de su pareja, que acabó el 10K en 47:46. Al finalizar todos los eventos, los cinco nos pegamos un pequeño homenaje en la cafetería del Restaurante Pando. Lo cierto es que mi segundo objetivo era haber corrido en un poco menos de tiempo y ese no lo logré, pero en cambio, mi propósito principal, que era echar una mañana cojonuda, lo cumplí con creces.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 239.
% del Total de Carreras a completar: 23'8%.

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Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 37'1%).


31 de mayo de 2022

CARRERA POPULAR PARQUE MIRAFLORES 2022

¡Lo conseguí! Me apunté a la Carrera Popular Parque Miraflores, para intentar bajar de 43 minutos en un diezmil, este curso, y lo logré. Desde que empecé a correr, en el año 2000, he ido anotando mis mejores marcas de las temporadas en 10.000 metros, en media maratón y en maratón. En el caso de las carreras de 10 kilómetros, había participado en alguna en 17 de las 21 temporadas precedentes, sin contar la presente. En 2006-07, el mejor 10K la acabé en 39:55, y, en el otro extremo, en 2003-04 y en 2012-13, el top quedó fijado en 43:43 y en 44:50, respectivamente. En las restantes 13 temporadas, siempre terminé alguno en 40, 41 o 42 minutos. 

Por lo que respecta a 2021-22, en octubre paré el crono en 43:14 en la Carrera Popular Nervión San Pablo. Después, no había podido cuadrar en mi calendario más pruebas de 10 kilómetros, hasta el otro día. Por fin, el pasado domingo sí pude ir a la cuarta cita de 2021 del circuito de carreras populares del IMD de Sevilla, la del Parque Miraflores, por lo que tuve una última oportunidad para lograr el objetivo de bajar de 43 minutos en 10.000 metros esta temporada. Lo conseguí, pero solo me sobraron 3 segundos.


Lo cierto es que no corrí bien, pese a que los prolegómenos esta vez no me depararon sorpresas. En efecto, me aseguré de llegar a tiempo, y también me coloqué bien en la salida. Además, la mañana salió menos calurosa de lo esperado, por lo que todo eran buenos augurios. Sin embargo, tras dar las primeras zancadas no me vi enérgico. Había dormido muy mal, pero sé, por experiencia, que eso no siempre es determinante. De todas formas, a pesar a verme algo acartonado al arrancar, no se me pasó por la cabeza cejar en el empeño de ir a 4:17, que era el ritmo que sabía que me conduciría al éxito. De hecho, llevado por la inercia de la salida, el primer mil lo hice en 4:10 y el segundo en 4:12. Luego, marqué 4:15 en los dos siguientes parciales, y, después, ya noté que me había salido un poco de punto. Había ido forzando demasiado, sin ir suelto. Realmente, quitando el kilómetro inicial, en los demás intenté ajustar el ritmo a 4:17, pero no quise arriesgarme a perder segundos y al final lo pagué. Tanto, que el quinto kilómetro lo hice en 4:23, con muy malas sensaciones.

Desde hace unos años, el circuito de la Carrera Popular Parque Miraflores pasa por Pino Montano, una barriada de calles cuadriculadas, que está más allá de la Ronda Urbana Norte. Allí, se recorren 1.700 metros totalmente rectos por una calle, en una dirección, y otros 1.700, en sentido inverso, por esa misma calle, pero por el lado opuesto de la mediana. Entre ambas rectas solo hay una acera de un par de metros, con algunos árboles.


Me encantan las largas rectas llanas. Pino Montano es una barriada poco vistosa, por decirlo finamente, pero, aun así, esos 3.400 metros parecen estar hechos para mí. El domingo, la pena fue que avancé ese rato sin fuelle y tieso de piernas. El kilómetro 6 lo recorrí en 4:20, mejorando un pelín mis prestaciones, pero en el 7 y en el 8 volví a bajar, en esta ocasión a 4:24 en ambos. Yo iba echando números, mentalmente, y al marcar el parcial del kilómetro 8 me di cuenta de que me había quedado sin margen. A ese ritmo, no llegaba en menos de 43 minutos.

A partir de ahí, podría haber pasado de todo. Me temía lo peor, pero la verdad es que me recuperé en los últimos 2 kilómetros. En un momento determinado, me adelantó un corredor y, aprovechando su estela, pegué un acelerón y el cuerpo respondió. El tirón podría haber sido la puntilla para mí, pero lo cierto es que pude apretar y, lo que es más importante, pude mantener un ritmo un poco más elevado, pese al esfuerzo agónico. Así, hice el kilómetro 9 en 4:18, me mantuve estable en los primeros 500 metros del último mil, y cuando pasé el cartel que anunciaba que solo quedaban los otros 500, me lancé a tumba abierta, como se dice en el argot ciclista. Ese medio kilómetro final lo hice en 1:59. Me parece una pasada, para como había ido. Me vacié, y gracias al calentón de la recta de meta, conseguí el objetivo. 



Fui tan al límite, que decidieron los detalles. De todos modos, la clave no fue la cabeza, sino la capacidad de respuesta del cuerpo al esfuerzo. Es cierto que el hecho de no rendirme, ni cuando iba corriendo a 4:24, fue importante, pero la clave real fue que tenía un cambio... o dos, reservados para el final. Otras veces, pese a ir mal, quieres marcarte ese postrero arreón, pero en vez de hacer los últimos kilómetros a 4:18 y 4:09, los haces a 4:21 y 4:16, y el objetivo se va a la mierda. Mi capacidad para recorrer los 500 metros finales a un ritmo de 3:58 fue clave.

En definitiva, corrí una carrera más, y ya van 236. Además, completé por décima vez la Carrera Popular Parque Miraflores, por lo que entra en el grupito de citas en las que más veces he traspasado la meta. Aún no está sola en lo alto del podio, pero todo apunta a que reinará en solitario dentro de no muchos años. Lo digo, porque esa recta final, por la tierra del Parque Miraflores, me produce sensaciones entrañables, y no tengo intención de privarme de ellas en el futuro.


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31 de enero de 2022

MEDIO MARATÓN DE SEVILLA 2022

Los turnos de trabajo y la COVID-19 sabotearon el calendario atlético que me había hecho en Navidades para enero y febrero de 2022. Lo cierto es que lo del curro era previsible. Hace unos meses me apunté para hacer servicios extraordinarios en la biblioteca, lo que implica, en mi caso, trabajar seis domingos al año, a lo largo de los tres periodos de exámenes universitarios. En este cuatrimestre me tocaban dos domingos. Lo que pasa es que en diciembre aún no tenía el cuadrante y me anoté en la agenda un par de pruebas para finales de enero y principios de febrero, confiando en que no coincidieran con los días en los que iba a tener que cumplir con mis obligaciones laborales. Sin embargo, Murphy volvió a hacer de las suyas y me fastidió sendas citas, porque tras las Navidades supe que los dos domingos de las carreras elegidas por desgracia coincidían con los que yo tenía que ir a la biblioteca. En teoría podía correr en otros lugares los demás fines de semana, pero la pandemia hizo el resto para que tuviera muy complicado hacerlo, dado que el virus hizo estragos entre mis compañeros, y en el primer tramo de apertura extraordinaria de la biblioteca de este curso no voy a tener más remedio que trabajar cuatro domingos. Eso está bien, porque casi me voy a quitar ya todas las horas que tengo que echar en 2022, pero, en contrapartida, me di cuenta de que no iba a poder participar en nada hasta marzo. En efecto, teniendo en cuenta lo del trabajo y que los dos últimos findes de febrero voy a estar de viaje, solo tenía libre el fin de semana del 29 y 30 de enero, pero en él parece que el universo atlético de Andalucía occidental y del sur de Extremadura se detienen para rendirle pleitesía al Medio Maratón de Sevilla


Ese fin de semana no había ninguna prueba además de esa, pero yo no estaba apuntado y las inscripciones estaban cerradas. En consecuencia, renuncié a competir hasta casi primavera. No obstante, hace pocos días surgió la posibilidad de aprovechar el dorsal de un conocido y decidí obviar que no está permitido correr en nombre de otra persona. Lo se. No es buena idea participar en una carrera con un número ajeno. Sin embargo, al hacerlo el riesgo que ello conlleva lo asume el corredor, ya que no va cubierto por el seguro, pero eso solo implica que si a uno le da un jamacuco, el dinero que cueste su asistencia lo tendrá que pagar de su bolsillo. Aparte, si a un desgraciado le da por morirse compitiendo con un dorsal que no sea suyo, pues su familia será la que tenga que hacerse cargo del marrón, sin que ninguna compañía aseguradora mueva un dedo. Por ello, no es para nada recomendable correr así. No tengo la intención de hacerlo más, pero lo cierto es que el peligro que acarrea es moderado, y el perjuicio que causa dicha acción no es comparable con el que supone ir sin dorsal o hacerlo con uno fotocopiado. En definitiva, pese a que creo que se deben hacer las cosas por lo legal, y así lo he hecho siempre en las 231 carreras precedentes que he acabado en mi vida, tampoco me pesa en la conciencia haber corrido una vez aprovechando la inscripción de un conocido que había pagado religiosamente su cuota. Gracias a mi compi benefactor completé mi séptima participación en la cita antes conocida como Media Maratón Isla de la Cartuja, y que en este 2022 ha vuelto a denominarse Medio Maratón de Sevilla por las buenas.

Mi anterior participación en este evento fue en 2018. Por aquel entonces ya escribía este blog y pude hablar de la evolución que ha seguido la media maratón de la ciudad de Sevilla desde 2003, año en el que debuté en ella. No me voy a repetir. Solo quiero añadir que en 2018 aún se terminaba la prueba en el Estadio de la Cartuja, pero que, desde 2020, la meta se ubica en el Paseo de las Delicias. Yo viví un final en esa gran avenida en la última edición del Maratón de Sevilla que he disputado, pero me faltaba hacerlo también en la media. Lo hice ayer y comprobé que merece la pena. 

Por otro lado, el trazado del Medio Maratón de Sevilla también me pareció brillante. Es un gran acierto dejar para el final el paso por el centro de la ciudad. En efecto, fue una gozada pasar en los últimos kilómetros bajo las Setas, cruzar La Campana, y recorrer, sucesivamente, la Calle Tetuán, la Plaza Nueva, la Avenida de la Constitución, la Puerta de Jerez y la Calle San Fernando. Después, el paso por la Plaza de España y por el Parque de María Luisa fue hasta emocionante, y la citada recta de meta es de las que te hacen flipar.


Yo, además, tuve la suerte de acabar hecho un torpedo. Por la marca, tengo la sensación de que me limité a cumplir, pero la verdad es que corrí de maravilla, es decir, de menos a más.

Con respecto al tiempo final que me salió, que fue de 1h34:39, en realidad mi objetivo inicial era terminar en torno a 1h32, pero pronto lo reajusté y lo dejé en 1h34, buscando ser realista. En noviembre marqué 1h33:31 en la Media Maratón Entreparques y, desde entonces, creo que he apretado un poco en los entrenamientos, por lo que pensé que el reto de 1h34 no era descabellado. De todas formas, tengo que tener en cuenta que ese día apenas si perdí unos segundos antes de poder echar a correr, pero ayer se me fue 1:16. Lo cierto es que el compi que me dio el dorsal tenía asignado el cajón cuatro en la salida, lo que hizo que me viera de inicio bastante atrás. Dentro del cajón avancé todo lo que pude, pero aun así no pude evitar que se me fuera más de un minuto antes de pasar por el arco de salida. Los 76 segundos por supuesto van incluidos en la 1h34:39. Eso implica que mi marca real fue de 1h33:23. Se puede decir, por tanto, que los tiempos desde la salida hasta la meta, en mis dos últimas medias, han sido casi calcados.

Aparte, es muy diferente la manera de correr una media en la que no se llega a los 400 participantes, con respecto otra en la que hay más de 7.700. Ayer, tras conseguir arrancar, me pegué avanzando a base de esprints más de dos kilómetros. Había tanta gente, que me encontré varios tapones que me ralentizaron y, aunque intenté echarme a un costado para poder seguir una línea lo más recta posible, la verdad es que para lograr ir adelantando corredores tuve que pegar un buen número de acelerones y de quiebros. En La Rinconada, en noviembre, cogí el ritmo crucero a los 100 metros y ya gestioné yo mi avance sin injerencias. Ayer tardé algo más en poder poner el piloto automático, en lo que a la trayectoria se refiere. La foto que voy a poner a continuación, que es la única que tengo en la que salgo (en la segunda fila vertical, empezando por la derecha) está hecha en el kilómetro dos y pico. La aglomeración de gente ahí era aún considerable.


Otra particularidad de la carrera de ayer fue que corrí sin saber qué tiempo llevaba. Creo que es la primera vez que me pasa eso en una media maratón. En efecto, en la salida me armé un lio con el pistoletazo inicial y le di tarde al reloj. Luego, encima, me confundí y en uno de los puntos kilométricos, en vez de darle al botón con el que se registran los parciales, lo que hice fue parar el cronómetro. Tardé un rato en darme cuenta. Parece mentira a estas alturas. En definitiva, lo que iba viendo en mi muñeca pronto dejó de ser una referencia, así que me fui centrando en mirar cuanto iba tardando en recorrer cada kilómetro, pero hasta que no enfilé la línea de meta no tuve una idea clara de la marca que iba a hacer.

Un elemento más de confusión, a la hora de poder ir controlando el ritmo, fue el de los globos que hacían de liebre. A veces los mismos me han sido muy útiles como referencia, pero la verdad es que en otras ocasiones son un elemento que, más que ayudar, provoca dudas. Ayer, al darse la salida tardé en ver al globo más cercano. Lo llevaba lejos, por lo que no fui capaz, durante mucho rato, de ver qué tenía escrito. Me imaginé que marcaba el ritmo para bajar de 1h35. Con el transcurso de los kilómetros le fui comiendo terreno, pero hasta que no lo alcancé, cumplidos ya los 5.000 metros, no supe que, en realidad, era el de 1h40. En ese momento creí que mi objetivo de bajar de 1h35 era una quimera. Sin embargo, pronto lo dejé atrás y volví a centrarme en mi ritmo por kilómetro, que estaba siempre entre 4:22 y 4:32. Sabía que si lograba una media final de 4:30 iba a bajar de 1h35, así que era consciente de ir corriendo dentro de los límites de lo planeado. Me quedaba la duda de si iba a conseguir recortarle al crono el 1:16 que había perdido en la salida. Luego me he enterado de que marqué 23:22 en el kilómetro 5, es decir, que hasta ahí mi ritmo oficial era de 4:40. No obstante, el real era de 4:25. Le iba recortando unos 5 segundos por kilómetro a los 76 que había perdido en el arranque. Tenía opciones, por tanto, pero estaba la cosa justita.

Poco antes del kilómetro 7 nos internamos en Triana y atravesamos el barrio por sus arterias principales, que son bien anchas. Luego nos dirigimos hacia Los Remedios. Este es el barrio donde viven mis padres y mi hermana, por lo que voy por allí con mucha frecuencia. Durante una década, además, también fue mi barrio. Sabía que a las 9:40 de la mañana, ni mi padre, ni mi madre, ni mucho menos mi hermana, iban a estar en la acera animándome, pero aún así la familiaridad del perímetro del Parque de Los Príncipes, por donde he entrenado cientos de veces, así como de las Calles Santa Fe y Virgen de Luján, me hicieron venirme arriba. Precisamente, al final de esta última estaba el kilómetro 10. Lo pasé en 45:34 y fue ese el peor momento de la carrera para mí. Me quedaba mucho, iba hecho un lío con el reloj, por lo que no sabía si iba en tiempo de cumplir con el objetivo o no, y encima acababa de vivir un subidón al principio de Virgen de Luján, que provocó el consiguiente bajón posterior. Por fortuna, el momento de debilidad, física y mental, duró un suspiro. En el kilómetro 11 decidí poner el crono a cero y tomarme el resto de la prueba como un diezmil, en el que tenía que bajar en cada parcial de 4:30. Por la razón que sea, al resetear el cronómetro me reseteé yo también, y a partir de ahí avancé mucho más suelto. Hasta el punto kilométrico 15, aunque iba bien, me mostré más conservador, pero al pasar por él tomé la decisión de apretar... y a ver hasta donde llegaba. Los últimos seis kilómetros los hice a 4:22, no es que sea una locura, pero hay que tener en cuenta lo que ya llevaba encima. Lo cierto es que gané 83 puestos en ese tramo. A lo mejor tampoco sorprende, pero a mí me produce una gran satisfacción haber corrido los tramos de cinco, cinco, cinco y seis kilómetros a una media sucesiva de 4:25, 4:26, 4:28 y 4:22.

El caso es que la última parte del Medio Maratón de Sevilla, tal y como está planteada ahora, es alucinante, y yo encima la hice pleno de energía y adelantando gente. El paso por la Plaza de España, que estaba en el último kilómetro, lo disfruté a tope. Aún no sabía si estaba en disposición de bajar de 1h35, pero confiaba en que sí. Evidentemente, teniendo en cuenta el tiempo real sí iba a ser capaz, dado que la gran mayoría de los parciales de la carrera habían sido inferiores a 4:30. Ese detalle sí lo había ido viendo. Sin embargo, no llevaba en el reloj el tiempo total y sabía que se me habían ido en la salida un buen puñado de segundos. Para mi tranquilidad, al enfilar el Paseo de las Delicias ya vi al fondo el cronómetro que había sobre la meta, y calculé que iba a conseguirlo. No quise dormirme en los laureles y seguí apretando, pero esta vez pude disfrutar de la recta final sin agonías. Acabé, oficialmente, en 1h34:39 (puesto 1.709 de 7.702 finishers). Ni que decir tiene que hubiera logrado adelantar al globo de 1h35, pero luego me he enterado de que esa liebre nunca existió. Da igual. Aparte, me hubiera gustado mejorar la marca de la media maratón de noviembre, y también es verdad que he llegado a liquidar los 21.097 metros de Sevilla hasta cinco minutos más rápido un par de veces, pero lo cierto es que eso fue hace mucho y me pone muy contento seguir pudiendo correr medias de manera natural a menos de 4:30 el kilómetro.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 231.
% del Total de Carreras a completar: 23%.

Reto Atlético 102 MEDIAS
Medias Maratones completadas: 41.
% del Total de Medias Maratones a completar: 40'1%.

Reto MEDIAS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Media Maratón en la PROVINCIA DE SEVILLA.
En 2000 (año de la primera Media corrida en la Provincia de Sevilla), % de Provincias en las que había corrido una Media: 1'8% (hoy día 24'5%).

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 37'1%).


8 de octubre de 2021

CARRERA POPULAR NERVIÓN SAN PABLO 2021

Volvieron las carreras populares organizadas por el Instituto Municipal de Deportes de Sevilla. Si no me equivoco, son más de 30 los años que este organismo, dependiente del Ayuntamiento de Sevilla, lleva montado sus pruebas. En el pasado ya he hablado varias veces sobre cómo he vivido las diferentes etapas que han atravesado estas citas a lo largo de más de tres décadas. El último trance que han sufrido ha sido, como no, el de la suspensión de todas las carreras en 2020 y el retraso de las de 2021 al otoño, debido a la pandemia de COVID-19. Una vez que parece que estamos regresando a la normalidad, el circuito ha logrado arrancar. En esa vuelta a las andadas, la Carrera Popular Nervión San Pablo ha sido la primera del calendario.


Yo otros años he tenido el objetivo de correr las cinco pruebas que componen el circuito. Lo he logrado dos veces (2014 y 2017). En 2013 solo me faltó la primera y en 2019 la última, a la que no pude ir por motivos laborales. Después de esta, nos paralizó el virus y hasta ahora no se ha reactivado en Sevilla el tema de atletismo popular. Yo, en principio, este año tenía la intención de pasar del circuito. Si no le he hecho, finalmente, ha sido porque en la Carrera Popular Nocturna de Almensilla logré una media de 4:14 y me vine arriba. Por fin, tras un periodo oscuro, que empezó ya en 2019 y que ha durado hasta hace poco, me estoy volviendo a motivar de verdad. A principios de 2021 recuperé el gusanillo por la competición, pero el pasado mes, de cara a las dos primeras carreras que he corrido después de la pandemia, todavía me he notado un poco pesimista. Sin embargo, el otro día, tras correr en Almensilla a 4:14, de repente me sentí aún competitivo... y no hay nada que me guste más, cuando me siento así, que correr un diezmil homologado.

La Carrera Popular Nervión San Pablo, además, es una de mis preferidas el circuito del IMD. Me gusta por motivos subjetivos, porque su recorrido no es bonito, pero esta y la prueba que discurre por La Macarena me traen un montón de buenos recuerdos.

En consecuencia, el domingo pasado me planté en las inmediaciones del Pabellón de los Deportes de San Pablo dispuesto a darlo todo. Al llegar, noté que la afluencia de gente era menor que en ediciones anteriores. Luego he comprobado que había menos de la mitad de las personas que en 2019. Eso hizo disminuir las complicaciones en los prolegómenos de la prueba. De hecho, me metí en mi cajón de salida pocos minutos antes del inicio y, aún así, me vi colocado en una buena posición de partida. Con respecto a los protocolos derivados de la pandemia, los mismos no fueron muy pesados. Evidentemente, la disminución de participantes está relacionada con el virus pero, más allá de eso, fue como si nada hubiera sucedido. Yo eché a correr con la mascarilla, pero enseguida me la pude quitar.

Por lo que respecta a la carrera en sí, lo más llamativo fue que en los primeros 4 kilómetros mantuve una regularidad que asusta. En efecto, el ritmo en cada uno de ellos fue de 4:17. Impresionante. Lo que sí es cierto es que al principio iba muy suelto a esa velocidad, pero a los 3.500 metros, yendo por la Avenida Ramón y Cajal, noté un bajón, por lo que la media ya fue un poco más esforzada en ese cuarto kilómetro. 


Debido a ese ligero bajonazo, los dos siguientes kilómetros los hice a 4:23. No es que fuera mal, pero perdí brío. A ese ritmo iba cuando pasé por el ecuador de la carrera.



El séptimo kilómetro lo volví a clavar en 4:17, pero después de ese breve paréntesis la cuesta abajo continuó, ya que marqué 4:24 y 4:26 en los dos siguientes parciales. Fui a menos sin que pudiera evitarlo. Lo que es curioso es que mi peor mil en toda la carrera fue el noveno, que es precisamente donde vi a mi cuñada. Para mí fue un aliciente y creo que apreté, pero lo cierto es que no se notó mucho. Pese a esto, se ve que guardaba fuerzas para el arreón final, porque el último kilometro, aunque picaba arriba en parte, fue el que hice más rápido. Lo corrí en 4:13. Quise apretar y pude hacerlo.

En la meta paré el cronometro en 43:14. El objetivo mínimo de correr, como mucho, a 4:19 de media, lo cumplí... por un pelo. Dos segundos más y se me hubiera ido. Del 4:14 de la carrera de Almensilla me quedé lejos, aunque la de Nervión San Pablo fue 4 kilómetros más larga que aquella. Por otro lado, las cuatro pruebas de distrito que disputé en 2019, que son mi última referencia, las acabé sucesivamente en 42:59, 42:30, 42:12 y 42:41. En consecuencia, con mi 43:14 del pasado domingo he bajado el rendimiento con respecto a todas ellas. No obstante, no me he despeñado, solo ha sido un leve descenso. De hecho, quedé en el puesto 232 de los 1542 llegados a meta (en la foto inferior estoy a pocos metros de cruzar el arco).


La siguiente carrera de distrito me la voy a saltar, pero a finales de octubre intentaré participar en la tercera, la del Parque Miraflores. Allí me encantaría pegarle un bocado de quince segundos al crono.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 229.
% del Total de Carreras a completar: 22'8%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 36'1%).


1 de octubre de 2019

CARRERA NOCTURNA DEL GUADALQUIVIR 2019

La noche del 24 de septiembre de 1999, volvía a mi casa a una hora inusualmente temprana para ser viernes, cuando, al llegar al Puente de Los Remedios, me cortó el paso una interminable hilera de personas corriendo. Estaban disputando la undécima edición de la Carrera Nocturna del Guadalquivir y yo nunca había visto nada igual. Cuando me topé con la carrera, estaban pasando los atletas más rápidos y era casi imposible cruzar la calle sin liarla. Poco a poco, los corredores que se aproximaban comenzaron a ir más lentos, pero durante un buen rato siguió siendo harto difícil encontrar un hueco por el que colarse. Finalmente, tras 20 o 25 minutos viendo pasar gente, los grupitos empezaron a estar algo espaciados y pude llegar a la otra acera sin molestar. 

Si ejerciendo de espectador de aquella Nocturna solo hubiera visto pasar a los primeros me habría ido a mi casa con una idea tan equivocada de lo que son las carreras populares que a lo mejor me lo hubiera pensado dos veces antes de tirarme yo a correrlas. Sin embargo, gracias a que aguanté mucho pude ver que el nivel de los participantes en aquella prueba fue bajando hasta alcanzar el que yo, que ya salía a trotar de vez en cuando, podía tener por aquel entonces. La Nocturna del Guadalquivir es la carrera popular por excelencia en Sevilla y el mismo día que la descubrí vi también que la disputa hasta el gato. Eso me quitó el miedo y fue clave para que me apuntara doce meses después a la siguiente edición, que a la postre sería mi primera carrera.


Han pasado muchos años y durante este tiempo he mantenido con la Nocturna una relación bipolar de amor y de odio, porque en 2000 debuté y hasta 2007 esa cita fue para mí casi ineludible, pero a la vez me fui metiendo en el mundillo del running, conocí otras pruebas y, de repente, tras seis participaciones me di cuenta de que la Nocturna había dejado de gustarme. Efectivamente, en 2007 tomé conciencia de que había decenas de carreras mejores. La Nocturna, como todas las carreras que se organizaban en Sevilla en aquella época, se había convertido en un evento un tanto arrinconado, ya que con la excusa de que terminaba en el Estadio de la Cartuja tenía un trazado que apenas salía de la Isla de la Cartuja. Eso significaba que la gran mayoría de su recorrido era un desierto de público, de hecho La Cartuja, que es una zona donde no hay más que empresas y edificios universitarios, los viernes por la noche sigue siendo un lugar oscuro y solitario hasta el extremo. Para colmo, la carrera era la más popular del calendario, pero aún así fue alargando su circuito de una manera absurda, hasta el punto de que en 2006 y 2007 llegó a medir 12.060 metros. No acababa de entender por qué medía 12 kilómetros una carrera destinada a ser disputada por varios miles de personas que solo son corredores ocasionales. Por último, no se sacaban clasificaciones y solía hacer mucho calor (esas circunstancias no han cambiado), por no hablar de que a mí no me gustan demasiado las nocturnas, y menos si son en viernes (suelo estar cansado, el cuerpo me puede dar para salir a tomar algo, pero no tanto para correr a tope).

En consecuencia, después de 2007 no volví a participar en la Nocturna hasta 2013. Ese año, con la inscripción al circuito completo de carreras populares de Sevilla regalaron el dorsal de la Nocturna y me vi inscrito de nuevo en ella sin comerlo ni beberlo. Yo no tenía especial interés por correrla, pero en el último momento decidí hacerlo, con la cosa de que lo que me encontré en esa edición distó mucho de lo que había vivido anteriormente. Su cartel promocional fue tela de feo, pero dejaba patente el carácter popular que aún tenía la cita.


Aún así, muchas cosas habían cambiado y me encontré conque la carrera ya no empezaba ni terminaba en el Estadio de la Cartuja, sino que daba comienzo en la Avenida de la Palmera y acababa en plena Plaza de España, después de pasar incluso por Triana. Además, pese a que podría recordar esa edición de 2013 como un desastre debido a la climatología, lo que pervive en mi memoria es que me lo pasé genial, fue una de las experiencias atléticas más divertidas de mi vida. Ese año el día de la carrera estuvo metido en agua, hacía calor, pero se pegó la tarde diluviando, lo que no fue óbice para que se mantuvieran fieles a la cita varios miles de personas. La lluvia amainó en los instantes previos a la salida, pero poco a poco fue a más tras el pistoletazo inicial y en el momento en el que yo estaba atravesando Triana por la Calle San Jacinto el cielo decidió caerse. Jamás en mi vida me había llovido tanto encima, ni corriendo ni sin correr. En cuestión de dos minutos cayó tal tromba de agua que pasé a estar como si me hubiera tirado vestido a una piscina. Durante el medio minuto más virulento sentí como si estuviera debajo de una ducha con el grifo abierto a tope. Apenas podía ver por donde iba, pero me lo pasé bomba. Ni que decir tiene que ese año mi carrera no acabó en la meta, estaba tan empapado que al llegar seguí corriendo y no paré hasta que me metí en el coche, unos diez minutos después.


Fue mala suerte, pero solo con lo que vi me di cuenta de que la Nocturna había cambiado. Ya medía solo 8.500 metros y se había diseñado un recorrido urbano que atraía al público, lo de dar mil vueltas por la desierta negrura de la Isla de la Cartuja había quedado atrás. En 2014 no corrí, puesto que fue María la que lo hizo y yo me quedé con Ana y con Julia, pero en 2015 volví a tener la oportunidad de ponerme el dorsal y entonces sí que se cerró el círculo, porque prescindieron de la Plaza de España como final, debido a que en 2014 había sido tal el volumen de participantes que se había colapsado y los últimos casi que no habían podido ni traspasar la línea de meta. Por ello, en 2015 se decidió habilitar para la llegada el mismo lugar que para la salida, en la Avenida de la Palmera. Esta vía es ancha e infinita, por lo que permite que se junten allí 20.000 personas antes de la carrera y tiene capacidad también para recibirlas un rato después, favoreciendo que se vayan dispersando.



Además, en la salida por primera vez se dividió a la multitud en cajones por tiempos, para tratar de organizar a los corredores y que aquello, en la medida de lo posible, dejara de ser el coño de la Bernarda (perdón por la expresión, pero no hay ninguna manera mejor de expresar que hasta entonces en la Nocturna daba igual donde te pusieras, porque siempre tenías delante a gente disfrazada y a novatos a cascoporro que echaban a correr al tran tran).

El ambiente festivo era la seña de identidad de la carrera, pero en 2015 la organización comprendió que el mismo no está reñido con un mínimo de competitividad, de manera que desde ese año se estructura la salida por cajones, aunque los mismos son muy laxos con los rangos de tiempo: hay uno para los que corren a menos de 4:00 minutos el kilómetro (este lo había desde siempre) y otro para los que acreditan menos de 50 minutos en 10.000 metros. Por detrás, ya sí se sitúan las miles de personas que solo disputan esta carrera, los que no tienen marca y los que quieren tomarse la cita como una fiesta. De esa forma, ahora los que optan por salir escopetados pueden hacerlo sin obstáculos y los que piensan ir al trote o, directamente, quieren ir vestidos de pingüino, de novia o de flamenca, pueden tomárselo con calma sin molestar.

Yo ese 2015 estuve en el cajón sub 50. Había bastante gente, pero llegué temprano y me pude poner sin problemas delante en el mismo. Luego quitaron la valla que nos separaba de los más rápidos, avancé y, sin meter codos, acabé en la primera fila. Estaba en una posición tan preeminente, que me dio vergüenza y di un paso atrás para que se me pusieran delante unas cuantas personas... tampoco era plan de quitarle el sitio a los máquinas. Lo bueno fue que al darse la salida arranqué y cuando me di cuenta estaba corriendo muy adelante por el nuevo circuito, el definitivo hasta hoy, que rodeaba el centro de Sevilla por la ronda de circunvalación.


Esa ronda es ancha y es apta para recibir a una marea humana de más de 20.000 personas, pero aquel año avancé por ella en el puesto 200 o 300, por lo que me vi corriendo por el centro de una enorme avenida iluminada y casi vacía de corredores, a cuyos lados se agolpaba un infinito pasillo humano de espectadores. Yo, que recordaba como era la carrera hasta 2007, aluciné.

Desde aquel día han pasado cuatro años y no había vuelto a correr la Nocturna por diversas razones. Sin embargo, después de la experiencia de 2015 sabía que volvería más pronto que tarde para repetir aquello. Desde hace unos meses, salvo para casos muy concretos y especiales, solo puedo ir a carreras los viernes por la noche, por lo que me pareció que este era un buen momento para volver a participar.

Por lo que he visto, la cita en las últimas ediciones ha mantenido su nivel, digamos que los responsables tardaron en encontrar la manera de conjugar en un mismo evento el carácter festivo y la seriedad organizativa, y tampoco resultó fácil que se dieran cuenta de que si se quieren recoger los frutos mediáticos de una prueba deportiva masiva no se puede pretender que no moleste ni un poco. Ahora todo eso ya está solucionado, es cierto que se colapsa la Avenida de la Palmera durante doce horas un viernes de septiembre, con los perjuicios que ello conlleva, pero a cambio a las 10 de la noche logran que se congreguen allí 20.000 personas, en el que se ha convertido en el acontecimiento atlético más numeroso de Andalucía (yo creo que es Top Five de España). Ahora dan con el clavo en el tema del marketing y uno desde dentro siente que forma parte de algo grande, también esas estrategias de publicidad hacen que acuda el público a animar, se corre por lugares emblemáticos y han conseguido que los que quieren ir a tope puedan hacerlo sin que eso impida que haya miles de personas que se tomen el evento en plan de guasa. En definitiva, han convertido un tostón, al que dije que no iba a volver, en una fiesta deportiva que le deja un buen sabor de boca a casi todos. No hay clasificaciones ni se ofrecen tiempos oficiales salvo para los primeros, pero eso es algo de lo que puede prescindirse por un día.

El pasado viernes, por tanto, me arranqué de mis estudios a última hora de la tarde y me fui con ganas a meterme de lleno en el meollo de la Nocturna. La logística cuadró y me planté a una buena hora en la línea de salida, donde vi que el ambiente, gracias a la música, a las luces y a la cantidad de gente, era mágico.


Sin problemas me inserté en mi cajón, y aunque esta vez no llegué a estar en primera línea, sí conseguí sin apenas esfuerzo una buena posición para cuando echara a correr.


Con respecto a la carrera en sí, acabé bastante satisfecho, me sentí algo corto de pulmones, pero llevaba casi tres meses sin correr a tope y las sensaciones fueron las normales en esas circunstancias. Mi idea era ir a un ritmo inferior a 4:18, dado que mi primer objetivo de la temporada es acabar el circuito de populares de Sevilla habiendo completado las cinco pruebas en menos de 43 minutos, con las cuatro primeras lo conseguí y ya solo me falta rematar la faena el próximo 20 de octubre en la última. Ese día tendré que volver a rondar todo el rato los 4:17 como mucho, por lo que quería comprobar hasta que punto es factible ese reto después de haber sobrevivido al verano. Afortunadamente, comprobé que el propósito no es descabellado, es más, creo que tendré algo de margen, porque si bien es cierto que mi media en la Nocturna fue justo de 4:17, también es verdad que llevaba bastante tiempo sin buscar mis límites y que marqué ese ritmo a una hora que no me va nada, como ya he explicado.

En cualquier caso, aunque logré el objetivo fue una carrera de las sufridas, salí mejor de lo esperado e hice los dos primeros miles en 4:14 y 4:13, pero a mitad de la Calle Torneo ya noté que había perdido la frescura y los siguientes 6 kilómetros fueron una lucha titánica por no hundirme. Iba muy justo, pero logré mantenerme estable, marcando sucesivamente 4:21, 4:21, 4:19 y 4:19. En todo momento sentí que a ese ritmo iba por el filo de la navaja, de hecho el kilómetro 7 lo hice en 4:24 y pensé que ahí había empezado el hundimiento, pero el octavo lo volví a hacer en 4:21 y como aún me quedaba punch pude hacer los últimos 500 metros a 4:09.

Puede parecer raro que me vaciara de este modo en la Nocturna del Guadalquivir, precisamente la prueba menos competitiva del calendario sevillano, pero la verdad es que yo siempre doy el máximo y en esta carrera tenía especiales ganas de volver a ir a tope. También quería sentir de nuevo la sensación de correr formando parte de la punta de lanza de una muchedumbre de 20.000 personas y, como no, la de atravesar la línea de llegada y andar el largo trecho de la Avenida de la Palmera que acotan para la meta, sintiendo la calma que precede a la tormenta (en cuestión de 20 minutos ese tramo es un hervidero de gente).



Lo de disfrutar de la sensación de ir por delante de miles de personas esta vez lo viví algo menos que en 2015, porque fui un poco más atrás. Además, fui más asfixiado y tuve menos capacidad para disfrutar del entorno, pero de todos modos me lo pasé genial, ya he corrido la Nocturna nueve veces y no me cabe duda de que esta carrera entrará pronto a formar parte del selecto club de pruebas en el que he alcanzado la decena de participaciones.



Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 224.
% del Total de Carreras a completar: 22'3%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 35'2%).