Mostrando entradas con la etiqueta Bodegas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bodegas. Mostrar todas las entradas

24 de febrero de 2023

VILLANUEVA DEL ARISCAL 2023

En 2017 y en 2018 le dediqué a Villanueva del Ariscal sendos posts, a raíz de la celebración en el pueblo de las segundas y de las terceras Jornadas Enoturísticas. El mosto es la principal seña de identidad ariscaleña, y, por ello, me pareció muy lógico hablar de las bondades de la localidad, en un fin de semana que estaba centrado en ensalzar las excelencias de ese vino joven. En los años siguientes, las Jornadas se siguieron organizando, pero no me mereció la pena escribir más sobre la población en la que vivo. Este 2023, no obstante, he decidido volver a dedicarle otro artículo, aprovechando que hemos podido vivir la séptima edición de un evento gastronómico, que parece que se ha asentado.


Las Jornadas Enoturísticas de Villanueva del Ariscal se celebraron por primera vez en diciembre de 2015. En aquella ocasión, el evento aún no se había definido bien y fue algo distinto. Sin embargo, para la segunda edición, que tuvo lugar en 2017, el mismo ya se pasó a febrero, y la forma en la que se organizó es la que ha cristalizado. Así, desde ese año, junto a las visitas a las bodegas de la localidad, lo que más destaca del acontecimiento es una ruta gastronómica por los bares del pueblo. En esta, una serie de establecimientos se comprometen a ofrecer una tapa específica y un vasito de mosto, o equivalente, a un módico precio, durante el fin de semana. Los clientes, lo que hacemos es comer y beber en todos los sitios posibles, para ir poniendo sellos en una especie de pasaporte. Al acabar el finde, si se han logrado un mínimo de sellitos, se entra en un sorteo. Aparte, en ese pasaporte se puede elegir la mejor tapa que se haya probado, y también el mosto más rico. Los negocios y los vinos ganadores reciben una mención honorífica, por parte de los responsables municipales.

Yo solo había ido a muerte a rellenar el pasaporte en 2018. En esa tercera edición, pasé revista a 7 de los 19 bares y restaurantes participantes. Con eso, ya entré en el sorteo, que no me tocó. Luego, otros años, entre ellos 2017, me he tomado una o dos tapitas, pero sin pretender realizar ninguna ruta. En 2021, las Jornadas Enoturísticas no se celebraron, debido a la pandemia, y en 2022 las obvié. En consecuencia, el presente mes de febrero el evento me ha pillado con ganas, y la verdad es que lo he dado todo en él, principalmente desde el punto de vista culinario. No obstante, comer no ha sido lo único que he hecho. En efecto, tal y como hice en 2017 y en 2018, también he aprovechado el acontecimiento para hacer alguna visita. Este 2023, además, me he montado en el Tren Turístico.


Lo de darme una vuelta en el tren lo tenía pendiente, y pensé que se me había pasado la oportunidad, porque ya no puedo usar a las niñas de coartada... en teoría. Lo cierto es que, finalmente, me monté con Ana, que se apunta a un bombardeo. Listo. Hice el viajecito, al son de El Chacachá del Tren, por las calles que recorro miles de veces cada día, y la experiencia tuvo su gracia. Por lo demás, la otra cosa que hice fue volver a Bodegas Silva.


Como he dicho, Villanueva del Ariscal es un pueblo vinícola. Otros lugares destacan por alguna especialidad culinaria, o por algún elemento artesanal que producen, o por algún monumento famoso que tienen, pero Villanueva descolla por sus bodegas, y, por extensión, por su mosto. Es muy fuerte, que la segunda bodega más antigua de España, de las que continúan en funcionamiento, sea ariscaleña. Efectivamente, la actividad de Bodegas Góngora se remonta a 1682. Tras siete generaciones, la hacienda donde opera Góngora sigue teniendo 11.400 m² de superficie, dedicados al almacenamiento de vino. En antigüedad, solo es superada por Bodegas Codorniú, que está en Sant Sadurní D’Anoia (Barcelona), y que remonta su nacimiento a 1551. En 2017 ya hablé de Bodegas Góngora, por lo que, dado que esta vez no realizamos esa visita, no me voy a repetir. En cambio, sí me voy a referir a las mencionadas Bodegas Silva.


Yo ya entré en las instalaciones de Bodegas Silva en 2018, y hablé de ellas. Por aquel entonces, las estaban rehabilitando. Ahora, las obras han concluido, y me apetecía ver como ha quedado aquello. En consecuencia, el domingo, antes de empezar nuestra ruta gastronómica, María y yo fuimos a la bodega, y allí tuvimos la suerte de poder charlar, durante un rato, con su actual alma mater. Eso le dio un valor añadido a la visita, en la que pudimos ver la pequeña prensa donde hacen el vino.


Resulta que Bodegas Silva puede presumir de una larga trayectoria como factoría de caldos. Sin embargo, su producción cesó hace años, pero, recientemente, una nueva generación de bodegueros la ha reanudado. Así, cuando entramos a verla, nos encontramos allí con Francisco Bohórquez, que, casualmente, fue el electricista que nos cambió la instalación eléctrica de nuestro piso en 2008. Él, en su día, tenía una empresa de electrificaciones, no se si sigue con esa actividad, pero, desde luego, lo que sí ha hecho ha sido insuflarle aire a la bodega, que creo que le ha llegado por herencia a su mujer. El caso es que Francisco nos recibió y nos estuvo contando cosas muy interesantes. Él no produce vino a lo grande, sino en plan artesanal, pero sí tiene suficientes barricas, como para suministrar a unos cuantos bares de la localidad. Normalmente, suele vender a granel. No obstante, de cara a las Jornadas, sí había embotellado un poco de mosto. Como es lógico, nosotros nos llevamos a casa una botellita.


María y yo vimos solos Bodegas Silva. Al rato de estar allí, entró otra pareja, por lo que aprovechamos para pasarle el testigo y nos marchamos. Cuando salíamos, nos cruzamos con Martín Torres, el alcalde, y con María del Mar García, la primera teniente de alcalde, que estaban encabezando un nutrido grupo de visitantes, provenientes de algún lugar de la provincia. Lo cierto es que las autoridades municipales lo suelen dar todo, para que las Jornadas Enoturísticas sean un éxito. Una de las cosas que logran es que se monten auténticas excursiones, con gente que viene a ver las bodegas y a comer. 

Por lo que a nosotros respecta, nada más abandonar Bodegas Silva nos dirigimos a nuestro primer destino culinario del día... y es en este punto donde voy a empezar con el verdadero objeto del presente post, que no es otro que reflejar un estudio exhaustivo que he hecho, del conjunto de negocios de restauración que operan en Villanueva del Ariscal en la actualidad. Desde hace tiempo, tenía ganas de realizar un censo y escribir sobre todos ellos. Dado que, a lo largo del fin de semana, en el que se ha desarrollado la séptima edición de las Jornadas, he visitado 8 de los 12 establecimientos que tomaban parte en la ruta de la tapa, pues me ha parecido que no había mejor ocasión.

El caso es que en Villanueva del Ariscal, dejando a un lado los 2 bares de copas que existen, a día de hoy están abiertas 2 cafeterías, 3 bares de desayunos y cañas, 12 bares-restaurante, 6 restaurantes de diferentes niveles, un fast food y un chiringuito de carácter estacional, además de otro bar que está ubicado en el campo de fútbol. En total, la localidad cuenta con 26 negocios de restauración, es decir, 1 por cada 257 habitantes. Aparte, en el pueblo resisten las huellas de 7 bares-restaurante y de 3 restaurantes más, que cerraron, sin que sus locales se hayan reconvertido. No voy a nombrar a los establecimientos que existieron, pero de los que no queda ni rastro, pero sí voy a hacer referencia a algunos de esos 10 negocios, que vivieron momentos de gloria antes de desaparecer, y que todavía mantienen los carteles en sus puertas. Algunos llegaron a estar incluidos en antiguas ediciones de las Jornadas, y, dado que la ruta de la tapa la voy a usar para vertebrar la explicación, es inevitable que salgan a la palestra.

Aparte, antes de entrar en detalles, quiero señalar que, desde 2017 a 2023, han tomado parte en las jornadas, sucesivamente, 20, 19, 13, 14, 15 y 12 establecimientos. Este año, curiosamente, ha sido el que menos repercusión ha tenido el evento, entre los negocios de restauración. Ojalá en 2024 el número vuelva a subir. 

Por mi parte, como he dicho, este fin de semana he visitado 8 de los 12 negocios que participaban en la ruta de la tapa en 2023. De todos ellos voy a hablar ahora, narrando nuestra experiencia alimenticia, desde el viernes al domingo. Después, mencionaré, con más brevedad, a los otros 18 bares, restaurantes y cafeterías que existen en Villanueva.

Por lo que respecta a las Jornadas, las mismas dieron comienzo el viernes, y María y yo no esperamos mucho para empezar nuestra ruta. Por eso, para cenar, lo primero que hicimos fue dirigirnos al Café Bar Alondra. No fue un mal inicio, porque, si hay en Villanueva del Ariscal un establecimiento que pueda considerarse Bar del Pueblo, ese es el Alondra.


El Café Bar Alondra está en la Plaza de España, la de la iglesia principal y el Ayuntamiento, y se abrió en 1910. Esos datos explican por qué es el bar de Villanueva por antonomasia. Por dentro, es un lugar muy poco lustroso, pero las mesas que ponen en la plaza son una delicia, y no se come mal. Nosotros vamos de vez en cuando, a sentarnos fuera. Sin embargo, el pasado viernes nos metimos en el interior. La tapa con la que participaron se llamaba Ensaladilla Alondra. Estaba muy buena, aunque hay que reconocer que jugaron a caballo ganador. Ofreciendo ensaladilla, no corrieron riesgos.


La segunda parada fue en la Peña Bética. Allí, ya se nos unió nuestra amiga Rosalba, que nos acompañó hasta el final de la noche. La Peña Bética Villanueva del Ariscal es otro de los bares ariscaleños que parecen resistir incólumes el paso del tiempo. Se fundó en 1959, por lo que ha tenido tiempo de coger solera. No obstante, es un lugar que da un poco de miedito. Yo soy bético a muerte, pero no puedo negar que la Peña Bética es la tasca más costras que uno puede encontrarse. Su ambiente es el prototípico de una peña futbolística. Tampoco hace falta que entre en más detalles. Pese a todo, en Villanueva, la Peña Bética tiene fuera un patio enorme, donde no se está mal. Nosotros, dejándonos llevar por las ganas de seguir la ruta, nos fuimos para allá, después de abandonar el Alondra, y nos pedimos la tapa, que era una pavía de bacalao.


Dentro, la Peña Bética estaba hasta los topes, pero en el patio no había nadie, por lo que estuvimos bien. La pavía, al igual que todas las tapas que nos tomamos, tuvo una relación cantidad-precio sobresaliente. Además, no estaba mala, aunque lo cierto es que, en un sitio así, las frituras tienden a ser fritangas. En este caso, la pavía no cruzaba la línea roja, se dejaba comer, pero, evidentemente, no superó a la ensaladilla del Alondra.

La tercera, y última parada de la noche, la hicimos en la Taberna El Mellizo. De este lugar hablé en el post de 2018, porque se trata la bodega más señera de Villanueva, y ya estuve allí en las Jornadas de ese año. Se abrió en 1954. Antes, dije que el Café Bar Alondra es el bar ariscaleño por antonomasia, pero el negocio conocido, más allá de los límites del pueblo, es la Taberna El Mellizo


Cuando los sevillanos urbanitas quieren pegarse un homenaje gastronómico, los fines de semana de buen tiempo, y buscan una bodeguilla buena, típica y barata, con frecuencia vienen a El Mellizo.

En la Taberna El Mellizo el suelo es de albero, por lo que las normas de sanidad no se cumplen, en aras de mantener la tradición. Allí, se come lo de siempre y se bebe buen vino, arrejuntado a la clientela en sillas de enea y en inestables mesas de madera, que están rodeadas de barriles. El Mellizo es como un escenario perfectamente montado, donde los foráneos sienten que están catando lo auténtico. Lo que pasa es que, en él, no solo hay gente de fuera. También hay muchos ariscaleños asiduos. Con respecto a las Jornadas Enoturísticas, en El Mellizo nos pusieron una tapa, muy bien servida, de espinacas con garbanzos.


Las espinacas estaban buenas, pero las he comido mejores, por lo que no superaron a la ensaladilla. Tras acabar con ellas, nos fuimos a dormir, con nuestras tres tapas ya tomadas. En el concurso, la propuesta del Café Bar Alondra marchaba a la cabeza. 

El sábado teníamos planes en Sevilla, por lo que nos fuimos por la mañana y regresamos al pueblo, cansados, al caer la tarde. Ni María ni yo teníamos ganas de mucho lío, pero, aun así, no le hicimos ascos a tomarnos un vinito y otra tapita, antes de cenar. Por ello, nos dejamos caer por Casa Roberto, que nos pilla muy cerca.


Yo paso por delante de Casa Roberto bastantes veces al día, y tengo que decir que su ambiente no me atrae. Abre a las 6'00 de la mañana, y, desde esa hora, ya tiene en las mesas de fuera a tres o cuatro incondicionales, bebiendo anís. A partir de ahí, da igual la hora a la que uno pase, que siempre verá a un puñado de personas, codo en barra, o en mesa, dándole al vino, a la cerveza o a las copas, a palo seco. Con esto quiero decir, que Casa Roberto aparenta ser el típico bareto de borrachines... Así lo pienso, y así lo digo. La verdad es que no es el único bar de Villanueva frecuentado por parroquianos de ese perfil, pero, en esos casos, se complementa semejante panorama con otro menos hardcore. En cambio, en Casa Roberto, a simple vista, no hay nada que desvíe un poco la atención sobre lo que no mola. 

Ya he vestido de limpio a Casa Roberto. Ahora, toca poner el contrapunto. Lo cierto es que, en el local donde está ese bar, ya hubo otros con anterioridad. Ninguno cuajó. Por ello, cuando Roberto Pérez subió de nuevo la cancela del establecimiento y lo bautizó con su nombre, yo no di un duro por él. Además, lo hizo en diciembre de 2020, en plena pandemia. Hay que tener valor. Sin embargo, es preceptivo decir que, aparte de ser valiente, el tío se lo ha currado tela. Yo lo he visto día a día. Gracias a eso, su negocio ha ido teniendo cada vez más incondicionales. Las razones han sido varias. Para empezar, cuenta con una amplia carta, aunque no lo parezca. En segundo lugar, los que cocinan lo hacen muy bien, eso es un hecho. Por último, tengo que reconocer que, siempre que he ido, me han atendido de lujo. En consecuencia, Casa Roberto tiene todo lo que se le puede pedir a un bar. Como prueba, el sábado por la noche nos acercamos a degustar su tapa, y nos llevamos una grata sorpresa. Tanto, que al final de las Jornadas, el Canelón de Espinacas, Gorgonzola, Pasas y Piñones con el que concursó, se llevó el voto de María a la mejor propuesta culinaria del certamen. 


Yo le di solo la medalla de bronce, pero, para mí, fue una tapa notable. Chapeau.

El sábado no había cuerpo para más. María y yo nos tomamos el rico canelón y nos fuimos a casa, a tirarnos en el sofá. Gracias a eso, el domingo estábamos totalmente recuperados, para rematar la ruta de la tapa. Llevábamos cuatro, y para optar al premio gordo, que era una cena pagada, en cualquiera de los establecimientos participantes, teníamos que duplicar ese número. Por ello, empezamos pronto, nada más salir de la visita a Bodegas Silva. En efecto, a las 13'00 horas del domingo, inaugurando la parte del día en la que ya puede uno beberse un vasito de mosto o una cerveza sin que resulte raro, nos sentamos en las mesas exteriores del Bar Avenida.


Al igual que Casa Roberto, el Bar Avenida está abierto en un emplazamiento por el que han pasado ya varios negocios. Cuando yo me mudé a Villanueva del Ariscal, ahí había una parafarmacia, que no tardó en cerrar. Después, le dieron una vuelta al local y montaron un bar, que estuvo abierto hasta que el dueño se jubiló. Al hacerlo, lo traspasó, pero, desde entonces, no ha acabado de tener éxito ningún otro establecimiento. Este último lleva abierto desde principios de 2022, que yo recuerde. Se come muy bien, y su velador es una magnífica opción en las calurosas noches de verano. En las Jornadas, su tapa fue la sugerente Tosta Explosiva de Pollo. La de Casa Roberto había subido el nivel de las que habíamos tomado el viernes, y la del Bar Avenida también alcanzó el notable. 


No me defraudó el Bar Avenida. Es un lugar que, siempre que he ido, me ha gustado mucho.

Tras matar el gusanillo, decidimos rematar la faena en los establecimientos que están al norte del pueblo. En esa zona septentrional del casco urbano ariscaleño hay cuatro bares-restaurante, que parece que han hecho piña, porque están separados del centro, pero, al estar juntos y al principio de una gran avenida, que desemboca en la carretera que lleva a Olivares, conforman uno de los epicentros de la localidad para comer y beber. De esos cuatro, tres participaban en las Jornadas, por lo que eran perfectos para nosotros, que ya solo necesitábamos tres sellos más para entrar en el sorteo. De ese último grupito de negocios de restauración, el primero en el que nos sentamos fue en El Cuervo Tapas. Se trata de un bar de tapeo de los de toda la vida. Ni es muy cutre, ni está demasiado puestito. A mí me gusta. Está bien para almorzar y el ambiente es llano, pero no traspasa la línea roja de la dejadez. Para tomar parte en la ruta de la tapa ofrecieron Saquito de Hojaldre Relleno de Brandada de Bacalao. El platito me resultó tan delicioso, que, para mí, se llevó la medalla de plata del certamen culinario.


Para la penúltima tapa del día nos movimos un poco, y nos instalamos en la explanada de albero de la Bodega La Perdiz


La Bodega de la Perdiz es un restaurante de los de mesa y mantel, pero no es excesivamente refinado. Como es una bodega, en su salón no faltan los pintorescos barriles, pero, en este caso, el aspecto del local es menos folklórico que el de otros similares. En realidad, es el típico mesón donde sirven comida tradicional muy buena, sin más. Allí, nos tomamos una tapa de Cabeza de Lomo con Tomate.


De cara a las Jornadas, en La Perdiz hicieron como en el Alondra, es decir, fueron a lo seguro. Así, la carne con tomate estaba de muerte, pero es que la misma es una especialidad en ese restaurante, por lo que se aseguraron de acertar el tiro. Para mí, de los ocho platos que probé, a lo largo del fin de semana, el mejor de todos fue el de La Perdiz. En un primer momento, dudé si darle mi voto, porque los responsables de esta bodega no arriesgaron nada, mientras que en otros bares afinaron un poco con las recetas, y también con las presentaciones. No obstante, al final me dejé llevar por el maravilloso mundo del sabor, y tuve que reconocer que el plato de carne con tomate de La Perdiz quitaba el sentido. Esa tapa fue la que más me gustó, y, por eso, se llevó mi medalla de oro.

Aparte, en La Perdiz nosotros nos sentamos en la agradable terraza que tiene. Allí estuvimos muy a gusto, pero dentro, el salón estaba hasta arriba de gente comiendo, por lo que corrimos el riesgo de quedarnos al margen. Sin embargo, nos atendieron con una diligencia que me dejó maravillado, teniendo en cuenta la que tenían liada en el interior.

Para cerrar nuestra ruta, no nos fuimos muy lejos. De hecho, nos movimos al restaurante que está pared con pared con La Perdiz. El mismo tiene un carácter completamente diferente, por lo que yo creo que no rivalizan.


Bar Cafetería Casa Eulogio e Hijos es una institución en Villanueva del Ariscal, porque rellena un nicho en el que no tenía competencia hasta el pasado verano. Ahora, desde septiembre, en el otro extremo del casco urbano han abierto un kebab, que me da que ha empezado a hacerle sombra, pero, aun así, sigue sin haber en el pueblo algo parecido al Eulogio. Hablando en plata, si hay un restaurante de batalla en la localidad, ese es el Eulogio. Allí, por poco dinero, lo mismo te comes una pizza, que un plato de patatas bravas, que una tapa de chipirones plancha, que una de menudo, que unos macarrones, que una hamburguesa o que un bocadillo de calamares. También te puedes tomar una simple caña viendo el fútbol. Da igual. Hay de todo, y todo te lo despachan sin protocolos ni historias. Por eso, es el lugar de reunión de los adolescentes que aspiran a llenar el estómago, de los padres que quieren que sus niños coman sin rechistar, de los currantes que han terminado la faena, y de los que no tienen ganas de líos para quitarse el hambre. En definitiva, Casa Eulogio es el sitio perfecto para los que, a la hora de zampar, no le temen a nada. Su tapa, por tanto, tenía que honrar esa fama.


Efectivamente, el nombre de la tapa de Casa Eulogio fue Montadito Pulled Pork con Barbacoa y Emmental, es decir, era pan con carnaca, salsa barbacoa por un tubo y queso rebosante. Lo necesario para acabar saciado de saborazo y de pringacha... Tampoco quiero ofender a nadie. A mí también me gusta llenar el buche por dos duros, de vez en cuando, y la propuesta del Eulogio para el concurso representó fielmente lo que es ese restaurante. En ese sentido, estuvo bien y no engañó a nadie. 

Después de haber trasegado el montadito del Eulogio, me pusieron el octavo sello y pude dar por terminada la ruta. Fui a muerte y salí vencedor. No obstante, reconozco que no fue fácil alcanzar el objetivo, pero, sin duda, me lo pasé de miedo.

No he dicho nada del mosto que tomé, en los ocho sitios que visité, y eso que el vino era la columna vertebral de las Jornadas Enoturísticas. No lo he hecho, porque quiero hacer especial mención a la competición vinícola, que corre paralela a la de las tapas. Esto no siempre fue así. En 2015, 2017 y 2018, a pesar del carácter que tenía el evento, lo cierto es que no se especificó el mosto que servía cada establecimiento. Fue en la cuarta edición, cuando los fabricantes de vino bajaron a la arena para competir entre ellos. De ese modo, en las Jornadas de 2019, 2020 y 2022 ya se pudo elegir el mejor vino, y en 2023 yo me he enfrentado, por primera vez, a la difícil prueba de decidir cuáles son los matices de esa bebida que más me atraen. La única salvedad, al respecto, es que no hay tantos proveedores de mosto como bares. Realmente, este año han participado en el concurso solo siete bodegas, y, curiosamente, ninguna ha sido Bodegas Góngora, que se harta de vender vino embotellado, pero que no suministra a la hostelería, según parece. Por lo que a mí se refiere, probé 6 de las 7 variedades de mosto que competían. Mi preferido fue el que tomé en la Peña Bética, que pertenece a un bodeguero llamado Manuel Silva Barba. El mismo no se dedica a comercializar sus caldos para hacer negocio, simplemente es propietario de unos viñedos, recoge las uvas, produce su vino y lo distribuye a granel, pero se ocupa de esa actividad por hobby. El mosto favorito de María, por su parte, fue el de la Taberna El Mellizo. Ahí nos asaltó un interrogante, porque teníamos la idea de que en El Mellizo despachan su propio mosto, tal y como ponía en el folleto de las Jornadas.


Sin embargo, en Bodegas Silva nos dijeron que ellos le dan salida a su producción, vendiéndole sus caldos a bares como... El Mellizo. Me entra la duda de si, en Bodegas Silva, sin querer (o queriendo) dejaron en evidencia a su cliente. Yo supongo que en El Mellizo no tienen capacidad para elaborar tantísimo mosto como el que logran despachar, de manera que es posible que compren también a terceros, lo introduzcan en sus bocoyes, y lo sirvan, sin decir que no es el suyo. Todo parece indicar que su vino es, en ocasiones, un poco de marca blanca, sin que eso signifique que empeora su calidad. De hecho, el que tomamos allí, a María fue el que más le gustó, así que, enhorabuena a quien corresponda.

Como curiosidad, en 2019 y 2020 el mosto que ganó el concurso fue el de Bodegas Loreto, todo un clásico que vende vino a lo grande, en supermercados y similares. Es, por tanto, menos artesanal. En 2022, en cambio, ganó el de Los Niños de la Casera, que es lo contrario. Los Niños de la Casera es un restaurante del pueblo, del que hablaré luego, que produce su propio mosto, pero, en este caso, lo hace a una escala considerable, por lo que se bebe en su establecimiento y también en otros. 

En relación al palmarés de la ruta de la tapa, los ganadores, en años pretéritos, han sido Casa Eulogio (en 2017), Bodega La Perdiz (2018), Bar Restaurante Pepe León (2019 y 2020) y Bar Centro de Mayores (2022). Desde 2019, también se otorga una distinción a la tapa más innovadora, elegida por un comité de expertos. En 2019, la galardonada fue la de La Bodeguita de Javi, en 2020 la del Bar Centro de Mayores y en 2022 la de Casa Roberto. Destaca que, después de la caña que le he dado a lo que se come en el Bar Cafetería Casa Eulogio e Hijos, en 2017 se llevaran el premio grande, con sus Canelones Rellenos de Carrillada, Acompañados de Crujiente de Verduras y Mostaza de Miel. La verdad es que el Eulogio siempre ha valido lo mismo, para un roto, que para un descosido, como se suele decir. Antes, comenté que allí despachan de todo, para todos, y no mentía. Si algo tiene de bueno, es que es un restaurante crossover de libro. Aparte, ya puedo decir que la tapa vencedora, en 2023, ha sido la del Bar Avenida. No se llevó mi voto, pero le di un notable. Por otro lado, el reconocimiento a la tapa más innovadora fue para el Bar Restaurante Pepe León y su Tosta de Morcilla de Burgos al Parmesano y Pedro Ximénez. No la probé, pero es evidente que estuvo a la altura de lo que voy a decir, más abajo, de ese sitio. Por último, el premio al mosto volvió a ser para el de Bodegas Loreto, que ya tiene su hat trick particular, aunque es verdad que jugó con ventaja, porque estaba presente en cuatro establecimientos. Yo solo lo tomé en Casa Roberto. Estaba rico, no me cabe duda. 

Como se puede comprobar, al hacer alusión a los ganadores de los sucesivos concursos de tapas han salido a la palestra nuevos nombres. Lo cierto es que la ruta es un pelotazo, pero no participan en ella el 100% de los establecimientos de la población. Algunos lo hicieron en ediciones anteriores, pero ya no se arrancan, y otros no han concurrido nunca. De momento, he hablado de 8 de los 26 negocios de restauración que hay en Villanueva. Ahora, para completar mi censo, voy a referirme a los demás, con pretendida brevedad. La verdad es que me he dado cuenta de que los conozco casi todos. Es evidente que me gusta comer fuera de casa...

A la hora de relatar como son los bares y restaurantes que me quedan, voy a empezar por los que han ganado premios en las Jornadas Enoturísticas en alguna ocasión. Son el Bar Centro de Mayores, el Bar Restaurante Pepe León y La Bodeguita de Javi. Estos dos últimos han participado este año, pero han sido de los que no he visitado. Con respecto al Bar Restaurante Pepe León, el mismo abrió en marzo de 2018, y está entre mis tres lugares favoritos de Villanueva para comer, tanto si se hace dentro, en un plan más formal, como si se tapea en la terraza.


En total, yo he ido 10 veces. Me hubiera gustado ir el pasado fin de semana, en el contexto de la ruta de la tapa, pero al final no pudo ser. No obstante, en la de 2017, el único negocio en el que estuve fue en su antecesor. Aquel cerró tras las Jornadas de ese año (las segundas), luego hubo otro restaurante, que no llegó vivo a las de 2018 (las terceras), y, unos días después de que se celebraran esas, José María León abrió su establecimiento, que sigue en buena forma. Lo que se come allí es de primera, en todos los sentidos, y el patio es uno de mis rincones predilectos en mi pueblo.

No muy lejos, abre sus puertas La Bodeguita de Javi, a la que le pasa lo mismo que a Casa Roberto. En efecto, se trata de un establecimiento que, en el exterior, apenas si puede poner unas pocas mesas en medio de la calle, que es feote y oscuro por dentro, y que siempre tiene en la puerta, como haciendo pantalla, a un puñado de bebedores empedernidos. Sin embargo, tengo entendido que la cocinera es muy buena, lo que cuadra con el hecho de que se llevara un premio en las Jornadas de 2019. Yo no he comido nunca allí, solo me tomé una caña una vez, pero a mi hija Julia le encanta. Ella, en lugar de ir con sus amigas a Casa Eulogio, a llenar el estómago por la vía rápida, va a disfrutar de las lagrimitas de pollo de La Bodeguita de Javi. Anteriormente, en ese local había otro bar, en el que desayuné una mañana, y que no me gustó nada. No obstante, como digo, ahora parece que es un sitio de buen yantar.

El Bar Centro de Mayores, por su parte, es un establecimiento muy particular. De hecho, se trata del típico bar que cambia cada cierto tiempo de dueños. En realidad, sus instalaciones están ligadas al Centro de Día de Villanueva, por lo que las personas que llevan la cantina van y vienen. En ocasiones, el negocio se ve que está cerrado, pero tarde o temprano aparece alguien que lo abre, para dar servicio a los mayores que paran allí, y también para sacarle partido a su terraza, que vale un potosí, puesto que está vallada, es amplia y tiene columpios. Para familias con niños, el sitio es magnífico.


Sin embargo, por la razón que sea, el Bar Centro de Mayores nunca ha acabado de despegar. En 2020 y en 2022 lo debía llevar alguien con buenas dotes para la cocina, pero este año no ha participado en las Jornadas. Yo creo que es porque los que lo regentaban entonces no son los que están ahora.

Dejando a un lado las Jornadas de 2015, que, como he comentado, fueron un algo distintas, son 8 los negocios que han participado en las seis ediciones restantes. Han sido el Alondra, El Mellizo, la Peña Bética, Casa Eulogio, La Perdiz, La Bodeguita de Javi, El Melao y Casa López. Por tanto, de los clásicos, me queda por mencionar a estos dos últimos. No obstante, los dos los visité en la ruta de la tapa de 2018, por lo que ya hablé de ellos en el post que le dediqué. Ahora solo añadiré un par de cosas. Por lo que respecta a la Taberna El Melao, este establecimiento es otro histórico. Se parece a El Mellizo, aunque es más antiguo. De hecho, es el bar más veterano de Villanueva, dado que se fundó en 1873. Su dueño actual, Antonio González, cogió el traspaso hace pocos años, y, sin cambiar la esencia, introdujo modificaciones, dándole más vuelo a la tasca. Junto con Casa Roberto, que está enfrente, es el bar que está más cerca de mi casa. Para María y para mí, su velador es perfecto para tomar una caña reposada con los amigos del pueblo, los viernes por la noche, para rematar la semana que acaba, o los domingos a mediodía, para encarar con buen ánimo la que empieza.


Casa López, por su parte, se parece mucho al Bar Restaurante Pepe León. Para mí, es otra referencia en Villanueva del Ariscal, a la que he ido 13 veces, en estos años. Se trata de un negocio sencillo, pero que mantiene bastante las formas, tanto por lo cuidado que está, como por lo que se come.


Me hubiera agradado meter en el grupito de negocios que han hecho pleno en las Jornadas Enoturísticas a la Taberna Memento, porque es otro bar que siempre me ha resultado simpático.


He ido 14 veces desde que abrió. Su oferta culinaria es simple, pero gusta, y su patio es muy acogedor. Sin embargo, este año ha hecho pellas en la ruta de la tapa, por lo que se queda con 5 participaciones.

4 participaciones en las Jornadas tienen El Cuervo Tapas y el Bar Restaurante Pepe León, aunque en el local de este último estaba la Bodega Marinera Bajo Guía, que en 2017 concurrió al concurso de tapeo a pocos días de su cierre. 3 intervenciones acumularon, antes de echar también la cancela, de manera definitiva, tanto la Taberna El Coco, como la Bodega Viya 9. La primera, que era otro clásico del pueblo, pero que no acabó de resistir el fallecimiento prematuro de su dueño, tuvo tapa en 2018, 2019 y 2020. La segunda, participó en la ruta en 2019, 2020 y 2022, y solo hace un año que ha cerrado. En 2018, en ese recinto estaba Bodega 4, que igualmente tomó parte en las Jornadas.

2 veces concurrieron un par de negocios que dejaron de existir (Bar La Paz Bar Cafetería De la Cava). También otros 4, que sí siguen en la brecha. Son el Café Bar Las Niñas del Parra, el Bar Centro de Mayores, la Venta Cuatro Caminos y el Bar Avenida. En el local donde está este último, el bar que se fundó, justo después de que cerrara la parafarmacia de la que hablé antes, se llamaba, igualmente, Bar Avenida, aunque no tenía nada que ver con su versión actual. En esa primera etapa, ese Bar Avenida participó en la ruta, allá por 2017. Con respecto al Café Bar Las Niñas del Parra, el mismo estuvo incluido en las Jornadas en 2017 y 2018, pero luego se ha especializado en servir desayunos, meriendas y cañas, por las buenas. Allí ya no se come. Por su parte, la Venta Cuatro Caminos, que despachó su tapa en 2017 y 2018, es la típica venta que estaba en los confines del pueblo, pero que ha quedado rodeada de casas con los años. Así, perdió su carácter de sitio de parada para gente de paso, quedó relegada a tasca cutre, y ahora le han lavado la cara un tanto, sin hacerle perder su aire de lugar para todos los públicos. No obstante, en su versión más reciente, no ha vuelto a bajar al ruedo de las Jornadas Enoturísticas.


Por último, 3 establecimientos, que ya no existen, participaron en una edición de las Jornadas. Fueron la Peña Sevillista Santiago (en 2018), que lleva años tan alicaída como lo está el Sevilla FC esta temporada, el Bar Lolo y Lola (en 2017), un negocio de efímera vida, que estuvo situado en un local de esos en los que ningún bar cuaja, así como Casa Eloy. Este presentó tapa en 2017, pero cerró después. En la actualidad, en ese lugar, un tanto destartalado, está el Café Bar Canela y Clavo, que tomó parte en la ruta en 2018, pero que ha hecho mutis desde entonces. 


En 2017, también participó en las Jornadas el Restaurante Los Niños de la Casera, que es una de mis referencias en Villanueva para comer, por lo que se merece un poco más de atención.


Para mí, el Restaurante Los Niños de la Casera es el lugar perfecto para almorzar en plan bullanguero. Yo diría que el sitio es una mezcla entre la Bodega La Perdiz y El Mellizo. Digamos que se come como en la primera, pero carece de ningún tipo de refinamiento, por lo que su ambiente se parece más al del segundo, aunque no tenga el suelo de albero. Abrió en 2011, y, al principio, yo creo que era un restaurante semiclandestino, porque la puerta de entrada parece un garaje, y hasta hace seis o siete años no tenía cartel. En consecuencia, cuando estaba cerrado pasaba totalmente desapercibido, y cuando estaba abierto tampoco llamaba demasiado la atención. Ahora, ya sí tiene un cartel que indica donde está. 

Para acabar, voy a hacer mención a los negocios ariscaleños que compiten en otras ligas, por lo que siempre han permanecido ajenos a las Jornadas. Por un lado, a nivel de grandes lugares para pegarse un buen homenaje, tengo que citar a la Bodega El Potro y al Restaurante La Pescadería. Se trata de los establecimientos más selectos de Villanueva. En el primero he estado 17 veces, y en el segundo, que es un sitio donde se come un pescado y un arroz de clase supreme, otras 2. El Potro tiene aire de bodega, pero sus hechuras son de restaurante de categoría. Abrió en 2006. La Pescadería, por su parte, se inauguró en 2016, y, por su aspecto y por su calidad, podría tener una Estrella Michelín, sin problema.


Por otro lado, tampoco sirven tapas, y, por tanto, nunca han formado parte de las Jornadas, las dos cafeterías del pueblo (Cafetería Aire Nuevo y Cafetería Go & Bar), un bar que solo sirve cañas y cafés (Cervecería La Excusa), el nuevo fast food de Villanueva (Moon Kebab) y dos establecimientos especiales que hay, que son el chiringuito veraniego de la piscina y el bar del campo de fútbol.

Y al hilo de nombrar al bar del campo de fútbol, no quiero acabar sin decir que el pasado sábado, por primera vez, fui al Campo de Fútbol Padre Miguel Caballero, a ver un partido, o un trozo de él, al menos.



Lo cierto es que yo ya había entrado en el campo de fútbol de Villanueva del Ariscal, sobre todo porque en su interior están las oficinas de la Delegación de Deportes del Ayuntamiento. También había estado un par de veces en el bar, y en una ocasión estuve jugando al tenis en las pistas anexas que tiene. No obstante, nunca había ido allí a ver un partido de fútbol, pese a que el Atlético Club Villanueva es una institución en la localidad. De hecho, en el pueblo, hasta hay una vía llamada Calle A. C. Villanueva


El club se fundó en 1962, y su equipo senior, en la actualidad, tras alguna temporada más boyante, milita en la división más baja que hay en el futbol español. Sin embargo, moviliza a mucha gente. Creo que no hay niño en Villanueva, que no haya pasado por su cantera. A mí me da un poco de coraje, porque el fútbol monopoliza las actividades deportivas en el pueblo. El sesgo es brutal, y cuenta con la complicidad de las autoridades municipales. Yo lo he sufrido en primera persona, pero esa es otra historia. Ahora, lo relevante es que fui a ver un rato del partido de cadetes del sábado (es la categoría de los adolescentes de catorce y quince años). El rival era la Unión Deportiva Pilas. Como he dicho, son multitud los niños ariscaleños que juegan en el Atlético Club Villanueva, y, por supuesto, algunos son amigos de mis hijas, que van a verlos de vez en cuando. Yo lo tenía pendiente, y decidí acercarme, al regresar de Sevilla, dado que vivo a dos minutos del campo. No vi el partido entero. Llegué en el minuto 30, vi hasta el descanso, y después me quedé hasta el minuto 5 de la reanudación. 


Al minuto de llegar yo marcó la Unión Deportiva Pilas. Tuve suerte de ver el gol, porque el partido acabó 0-1. En ese momento, no sabía que estaba viendo un choque entre los dos gallitos del Grupo 11 de la 4ª División de cadetes. En realidad, ni siquiera tenía idea de como se estructuraba el fútbol a esos niveles. Me he informado después. Resulta que no existen competiciones de ámbito nacional para los chavales de menos de 15 años. Para que las haya, hay que esperar a que los futbolistas sean juveniles. En cadete, por cada comunidad autónoma, en lo alto de la jerarquía se encuentra la División de Honor, y luego hay categorías inferiores, organizadas por provincias. En Andalucía, por debajo de esa División de Honor hay varias categorías. El Atlético Club Villanueva, en cadetes, está en la más baja de a provincia de Sevilla, que es la 4ª. Esta, a su vez se divide en 12 grupos, nada menos. Es una locura, porque el del AC Villanueva tiene 16 equipos. Si en 4ª División hay 12 grupos de 16 equipos cada uno, más o menos, y hay, por encima, 3 divisiones más... ¿qué porcentaje de chavales juegan al fútbol en Sevilla y su provincia? Es apabullante. No me extraña que las canteras del Real Betis y del Sevilla FC sean tan prolíficas, porque es imposible que, en su entorno, el talento futbolístico pase desapercibido.

En cualquier caso, por lo visto, esta temporada la UD Pilas marcha líder de su grupo, mientras que el AC Villanueva va segundo. El partido del otro día correspondía a la jornada 19. Habrá 30. Si el AC Villanueva ganaba, se ponía a dos puntos de la UD Pilas. No obstante, perdió. La distancia ahora es mayor. A final de temporada me enteraré de como termina la cosa.

En fin, acabo ya. El fin de semana de la edición de 2023 de las Jornadas Enoturísticas fue una gozada, de principio a fin.


Me lo pasé de miedo. En el presente post he hablado de los 26 negocios de restauración que están activos en la localidad, a día de hoy, así como de otros que existieron en el pasado. El tema de los bares ha quedado ya peinado en Villanueva del Ariscal. En el futuro, sin perjuicio de que vuelva a nombrar a alguno, me centraré en los lugares destacados del pueblo que aún no han salido en este blog, que son la Iglesia de Santa María de las Nieves, la Nave de la Cabalgata, la Hacienda Doña Caridad, la Hacienda Santa María, el Ayuntamiento, y la Casa de la Cultura.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado VILLANUEVA DEL ARISCAL.
En 2006 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 27'6% (hoy día 65'7%).
En 2006 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 9'8% (hoy día 21'3%).


20 de diciembre de 2021

UMBRETE 2021

Umbrete es un pueblo engañoso, porque tiene una iglesia enorme. Tanto, que se la conoce como La Catedral del Aljarafe. También tiene un gran palacio arzobispal, unido a esa iglesia mediante un llamativo arco, por el que se podía ir de un edificio a otro.



Por esa monumentalidad que muestra en su meollo, Umbrete aparenta ser una población de más entidad, pero realmente tiene unos 9.000 habitantes. Está en la segunda corona metropolitana de Sevilla, de las tres que tiene la capital por el lado del Aljarafe. En esta comarca, esa segunda corona está compuesta por diez municipios y Umbrete es el quinto más poblado. Con independencia de eso, desde un punto de vista personal, este pueblo es uno de los tres a los que voy más a menudo. Los otros dos son Espartinas y Olivares. Yo vivo en Villanueva del Ariscal, que queda en medio de todos. 


EspartinasOlivares y Umbrete están tan cerca de mi casa, que llego hasta ellos corriendo con frecuencia, pero aparte, son numerosas las circunstancias en las que tengo la oportunidad de visitarlos. Con respecto a Umbrete, lo cierto es que paso por su casco urbano cada vez que voy y vengo en coche de Sevilla. Llevo viviendo en Villanueva casi 14 años y siempre he trabajado en la capital, por no hablar de que toda mi familia vive allí, por lo que he atravesado Umbrete conduciendo miles de veces. Parar, no he parado tanto, pero sí lo suficiente como para conocer bien el pueblo. Actualmente, por ejemplo, llevo a Ana y a Julia a clases de atletismo un día a la semana a la Ciudad Deportiva Manuel Ruiz Vargas.

En definitiva, Umbrete es una localidad muy familiar para mí. Para hablar de ella en este blog estaba esperando a que se presentara una ocasión especial. La misma no ha aparecido sola, me la tuve que buscar, pero el pasado sábado lo hice, conocí Bodegas Salado y, a raíz de eso, voy a hablar de ese día y de los otros cuatro que he estado en Umbrete este mes. Entre todos, conforman una gran súper visita, en la que el pueblo ha quedado bastante explorado.

Para empezar, en tres de las cinco ocasiones en las cuales he estado en Umbrete en lo que va de diciembre, lo que he hecho ha sido ir a llevar a Ana y a Julia a atletismo. La escuela en la que están apuntadas entrena los miércoles en Villanueva, pero los viernes utilizan la magnífica pista de la Ciudad Deportiva Manuel Ruiz Vargas.


La Ciudad Deportiva Manuel Ruiz Vargas es otro lugar que hace que Umbrete parezca una población mucho más grande de lo que es, porque es digna de una gran ciudad. En efecto, en ella hay una zona de piscinas al aire libre, un gran gimnasio con una piscina cubierta, un estadio dedicado al atletismo, denominado Estadio Vicente Bautista García, otro para jugar al fútbol al que han bautizado como Estadio Carlos Ruiz Moreno, así como varias pistas de tenis, pádel y futbito. Por último, tiene un pabellón cubierto con capacidad para 500 personas. Con respecto a los estadios, que están contiguos, resulta muy curioso como se ha diseñado el graderío de ambos, ya que comparten la misma estructura rectangular, que por un lado tiene gradas a las instalaciones de atletismo, y por el opuesto las tiene mirando al campo de fútbol. En cada sector caben también medio millar de personas.

De los tres días de diciembre que he llevado a las niñas a la Ciudad Deportiva Manuel Ruiz Vargas, en dos me fui a correr por Umbrete y sus alrededores mientras ellas entrenaban. La tercera vez, sin embargo, lo que hice fue darme un buen paseo. Con idea de reflejar en este post como es el pueblo, quería recorrer con tranquilidad sus zonas más emblemáticas. Por eso, desde el extremo oeste del casco urbano umbreteño, que es donde están ubicadas las instalaciones deportivas, me encaminé al centro, que rodea la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación. Desde donde me encontraba, mi objetivo estaba claro.


Lo curioso es que elegí para pasear por Umbrete uno de esos días en los que todo el mundo parece que se ha echado a la calle. En efecto, conforme me acercaba a la Plaza de la Constitución, que está situada frente a la iglesia, empecé a sentir un poco de tumulto, luego oí unas notas de bajo y un breve redoble de batería, y cuando desemboqué en la plaza me percaté de que estaba montado un pequeño escenario tras la Estatua de Santa Ángela de la Cruz, que se inauguró en 2008 (la primera vez que recuerdo haber estado en Umbrete, allá por 2006, aún no existía). En ese estrado había músicos y un coro. La función empezó justo cuando yo llegué a su altura, como si me hubiesen estado esperando a mí para empezar.


Por lo visto, los artistas eran alumnos de la Escuela de Música de Umbrete y estaban promocionando sus actuaciones navideñas con un pequeño concierto de adelanto. Eso no fue, sin embargo, el único jaleo que me encontré en el centro de Umbrete, porque en el Antiguo Palacio Arzobispal había otro evento. Este edificio alberga en la actualidad un colegio, y en su entrada principal había una fila de gente esperando para acceder al interior. Aparte, la puerta lateral del palacio da acceso a una zona en la que se han habilitado varias dependencias municipales, y en estas también había algo organizado, a lo que estaban accediendo un montón de padres con niños. Por último, un poco más allá, en los Jardines del Arzobispo, todo parecía preparado para que diera comienzo una obra teatral. La animación era tal, que incluso habían montado en la Plaza del Arzobispo, frente al palacio, algunos puestecillos de dulces, de artesanía y de juguetes.

Se puede decir que el ambiente prenavideño era entrañable, pero desde luego no era el mejor día para explorar con tranquilidad el centro de Umbrete. Yo ya sabía que no iba a poder entrar en la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, pero mi intención era poder acceder al Antiguo Palacio Arzobispal, tanto al Colegio Marcelo Spinola, como a las dependencias municipales, en la que también hay un bar. En principio, pensaba hablar de ambas partes en este post, pero como no logré entrar en ninguna de las dos, pues dejaré la explicación para la próxima. 


Sin embargo, ahora sí diré que el edificio primigenio, que es donde está el colegio y que, en la imagen superior, tiene los tejados recubiertos de tejas de color marrón oscuro, tiene adosado en su esquina inferior derecha uno cuadrado, más moderno, con el tejado más claro. Ahí es donde se encuentran el Centro Cívico umbreteño, la Casa de la Juventud y el Bar Tercera Edad al que me referí antes. Desde la calle, parece que el Antiguo Palacio Arzobispal tiene dos puertas. No obstante, solo la más cercana al arco permite entrar en su parte histórica. La otra entrada (la que se ve más cerca, en la foto inferior), a pesar de su aspecto exterior da acceso a la zona anexa al palacio, que es la moderna.


Yo, esta última puerta sí la crucé, pero dentro me encontré con un patio de más reciente construcción en el que, como ya he dicho, había muchos padres con niños haciendo cola para entrar a ver algo en el Centro Cívico. Por eso, me di la vuelta y me fui. 

Con respecto a los Jardines del Arzobispo, que tienen su entrada a la derecha del edificio palaciego, los mismos eran, como es fácil deducir, la zona ajardinada del Antiguo Palacio Arzobispal. Datan de la segunda mitad del siglo XVIII y se construyeron aprovechando la existencia de una alberca. En ellos se instalaron más de 50 esculturas de mármol y una fuente. En 1844, este jardín artístico, propio de una residencia cortesana, fue desmantelado y las estatuas, hoy día, solo se conservan en parte, repartidas por diversas ubicaciones. Actualmente, el espacio es público y se ha habilitado como parque. Dentro, destaca el Merendero, que es heredero de la estructura de una antigua noria. 


El Merendero está muy cuidado, pero se encontraba cerrado y vacío. En los Jardines también hay un pequeño bar, que tiene un buen número de mesas repartidas por allí. Cuando yo estuve, tanto las mismas como la zona de juegos infantiles que hay cerca, estaban a tope. La tarde se había puesto muy agradable y reinaba un ambiente muy amable. Sin embargo, la mitad de los jardines los habían vallado y a esa parte no pude acceder, ya que había empezado a representarse la obra de teatro navideña a la que antes hice mención.

Se quedó un poco a medias, por tanto, la visita al patrimonio umbreteño que está ligado a la figura de Luis de Salcedo y Azcona. Fue este el arzobispo que impulsó la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación y que reconstruyó el Palacio Arzobispal, con el objetivo de que sirviera de lugar de descanso a los obispos y arzobispos de la diócesis de Sevilla. No obstante, el turismo de Umbrete no tiene como único eje a las obras de mecenazgo obispal. Los atractivos umbreteños también giran entorno a otro pilar bastante más prosaico: el mosto. En relación a esto, hay que explicar, antes de nada, que Umbrete es uno de los vértices del Triángulo Vinatero Aljarafeño, que está integrado, además, por Villanueva del Ariscal y por Espartinas. En realidad, toda la comarca del Aljarafe sevillano es famosa por el mosto que se produce en ella, pero el corazón de ese enclave vitivinícola está conformado por esos tres pueblos. Yo, en este blog ya he hablado de Villanueva y de Espartinas. Me quedaba hacerlo de Umbrete, que realmente es la población que está considerada como la capital del mosto. Por esa razón, el Centro de Interpretación dedicado a ese vino joven supuestamente se abrió allí, en una antigua bodega. Y digo "supuestamente", porque realmente, pese a lo que se anuncia en los carteles turísticos que hay por la localidad, el Centro de Interpretación del Mosto de Umbrete no existe como tal. Sí existe un edificio, que fue la sede primigenia de Bodegas Salado, empresa vinícola de la que hablaré en breve, y que se rehabilitó para albergar el pequeño museo.


Ese inmueble lo venden, incluso en el cartel de la puerta, como el Centro de Interpretación del Mosto de Umbrete. Dentro, sin embargo, apenas hay nada. Recuerdo que se inauguró con bastante boato en febrero de 2013, pero yo nunca llegué a verlo abierto. Un día, en 2017, me enteré de que había en él una exposición de pintura y me fui hasta Umbrete, no para ver los cuadros (que me perdone el artista, que no recuerdo ni quien era), sino para poder entrar en el Centro de Interpretación. Ni que decir tiene que lo que vi me decepcionó totalmente, ya que lo que allí había, aparte de los cuadros del pintor que exponía, eran unos cuantos barriles y unas máquinas con unos escuetos carteles, repartidos por un amplio espacio tremendamente desangelado. Aquello era una mierda de centro de interpretación, hablando mal y pronto. No me extraña que lo tuvieran cerrado. El otro día pasé por delante en coche y vi que volvía a estar abierto, dado que habían montado dentro un belén. Por eso, el viernes, tras ver los Jardines del Arzobispo, entré de nuevo y vi que aquello no solo no ha mejorado, sino que está casi desmantelado. De todas formas, el edificio por dentro está muy cuidado, por lo que se puede ver una antigua nave bodeguera bien conservada. En esta ocasión, vi también un portal de belén.

En Umbrete, además de lo ya comentado son dignas de mención las cruces del término. En el pasado, estas cruces estaban colocadas un poco a las afueras, en los diferentes caminos de entrada al pueblo. En la actualidad, se conservan seis, cinco de las cuales han sido engullidas por el casco urbano. Yo vi dos de ellas. Ambas, a pesar de que ya se erigen en un entorno totalmente urbanizado, se encuentran en zonas un poco más tranquilas de la población. La primera que vi fue la Cruz de Almarchar, que antaño delimitaba los términos municipales de Umbrete y Bollullos de la Mitación


La otra que pude fotografiar fue la Cruz de la Carrera, que, por su ubicación, yo deduzco que marcaba el inicio del camino que conducía a Sanlúcar La Mayor.


En cualquier caso, este post lo imaginé a raíz de la visita que hice a Bodegas Salado. La razón de ser de esta tuvo que ver con el hecho de que el pasado 9 de diciembre fue mi aniversario con María. Por eso, el día 8 yo había planeado una celebración redonda, que incluía un recorrido por la citada bodega, con degustación incluida, y un homenaje en forma de almuerzo en Casa Rufino. Sin embargo, al final ese gran plan tuve que partirlo en dos, porque lo de Bodegas Salado se aplazó al sábado 11 de diciembre. En consecuencia, el 8 nos limitamos a almorzar en el restaurante. Umbrete es un lugar de referencia para comer y, por tanto, los fines de semana se llena de sevillanos que van hasta allí, igual que a otros pueblos aljarafeños, a disfrutar de la buena mesa y del buen mosto. En ese sentido, a mí en Umbrete también me encanta el Bar Batato, pero es el Restaurante Casa Rufino el sitio de referencia para disfrutar de una comida sobresaliente.


Casa Rufino está en la Calle Traspalacio, es decir, en la vía que queda a las espaldas del Antiguo Palacio Arzobispal. Por fuera, el restaurante se parece a otros casoplones típicos del pueblo, pero por dentro está reformado. No obstante, parte de su encanto radica en que el interior del inmueble mantiene la estructura de la casa primigenia, de manera que las mesas están repartidas por las diferentes estancias y salones, que no han perdido su aire sevillano, dado que conservan todos los azulejos.


En Casa Rufino comimos de miedo. La celebración de aniversario con María estuvo a la altura de las circunstancias. Al finalizar, nos dimos un pequeño paseo, que nos llevó, sin pretenderlo, hasta la Plaza de la Constitución. El día 8 estaba mucho más tranquila que cuando la vi, casi diez días después, el viernes que ya he relatado.


Tres días después de nuestro almuerzo en Casa Rufino, exploramos Bodegas Salado y se completó lo que yo tenía previsto inicialmente. Podría parecer que el hecho de tener que partir el plan fue un fastidio, pero lo cierto es que al final el cambio fue para bien. Efectivamente, gracias al imprevisto, el almuerzo del día 8 adquirió todo el protagonismo de la celebración de aniversario y, por su parte, el 11 por la mañana pudimos ver la bodega, sin tener que guardar fuerzas para luego poder comer (y beber) en el almuerzo de celebración. A este respecto, tengo que decir que hacía tiempo que no me divertía tanto con una visita turística. El rato que echamos en Bodegas Salado fue sensacional.


El primer punto a favor que tuvo la visita a Bodegas Salado fue que salió una mañana maravillosa de finales de otoño. A las 11, nos juntamos cinco parejas desconocidas en la tienda donde, en horario comercial, la empresa despacha sus caldos al público. 


El grupito tenía el tamaño perfecto, ya que no era tan grande como en otras visitas similares que he hecho, pero era suficientemente numeroso como para que la experiencia no fuera fría en exceso. A todos los presentes nos unía, además, el gusto por los placeres de la vida. En mi día a día yo no soy muy de vinos, pero da igual. Se apreciar lo bueno, y a los demás tenía pinta de pasarles lo mismo. El tour comenzó en el patio central de la bodega.


Durante una hora, Paco, uno de los capos actuales de Bodegas Salado, que fue el que ejerció de cicerone, nos desgranó cual es el proceso de creación del mosto y de los demás tipos de vino que vende su empresa vinícola. El hecho de fuera uno de los jefes, y no un guía profesional, el que nos enseñó las instalaciones, le dio un punto extra de interés a la visita, porque nos contó muchas cosas que él sabe, por que sí, no porque se las haya estudiado. Quizás no fue tan exhaustivo con los datos y las explicaciones de los procesos como lo habría sido un guía, pero en cambio nos habló con la naturalidad del que ha mamado el entorno. Nos dijo, por ejemplo, que las bodegas se fundaron en 1810, que el negocio sigue siendo familiar y que las tierras donde estuvieron plantadas las vides estaban en Umbrete hasta 1984, pero que desde entonces la uva se cultiva en otras dos fincas aljarafeñas (una de 20 hectáreas, llamada Finca Las Yeguas, que está en Carrión de los Céspedes, y otra de 40, denominada Finca La Serrana, que se halla en Huevar del Aljarafe). También nos enseñó las instalaciones con detalle. En el propio patio vimos el sitio donde se descarga la uva de los camiones y donde se le da el primer meneo. Junto a ese lugar hay una nave que alberga la maquinaria para procesar los primeros caldos.




Después, vimos los tanques modernos, donde el vino pasa la primera etapa de su vida. Las explicaciones, que no tiene sentido reproducir aquí, fueron muy interesantes. 


Sin embargo, la parte más divertida de la visita fue la última. En ella accedimos a la gran nave en la que están los bocoyes, en los cuales el vino pasa su etapa final. Ese espacio, lleno de barriles, tiene el aspecto típico de las bodegas.


En esa nave acabaron las explicaciones. Una de las cosas más curiosas que nos dijo Paco, en ese lugar, fue que una serie de bocoyes, que estaban un poco apartados del resto, eran los que la familia propietaria de la bodega se reservaba cada año para ella. Eran unos cuantos barrilitos, más pequeños, que se hallaban como en una esquina, sin distintivos y más sucios que los demás. Su aspecto era el peor, pero resulta que eran los barriles apartados para los jefes y sus invitados, nada menos.


Fue tras recorrer la zona de barriles de la bodega cuando llegó el momento de la degustación, que iba incluida en el precio. En principio, la misma constaba de tres vinos, pero ahí se vio, una vez más, que lo de ser solo diez personas, además de convertir la visita en algo más personal y cercano, tuvo otras ventajas. En efecto, nosotros probamos cuatro vinos distintos, no tres, y nos bebimos cuatro o cinco copas en total. Yo, al apurar la quinta copa de vino decidí parar, porque no era plan de salir a rastras, pero nadie nos metió prisa ninguna, ni nos puso límites. Por ello, nos relajamos y el vino se nos subió un poco a todos. Eran las 12 de la mañana, y allí el que más y el que menos tenía el estómago medio vacío. Debido a eso, la lengua se nos soltó y acabamos hablando de nuestra vida con algunos, como si nada, pero lo más interesante fue que salió a relucir el tema de la política. Paco, nuestro guía, resultó ser de esas personas que, aprovechando cualquier excusa, desliza, como el que no quiere la cosa, opiniones personales sobre temas de lo más variopinto. Esas personas, ya sean de corte conservador o de corte progresista, suelen estar bastante politizadas, por lo que, al final, no es difícil que se les acabe viendo el plumero. De hecho, que se les vea el plumero es lo que pretenden. Por lo que respecta a Paco, sus opiniones eran más bien de corte tradicional, y a lo largo del recorrido abonó bien el terreno para que, después, con unas cuantas copichuelas de más, afloraran entre algunos de nuestros compis ciertas opiniones relativas a cómo nos vendemos los andaluces y a cómo es el trato que se dispensa a Andalucía, en general, por parte de la clase política española. De ahí saltamos a hablar de los políticos, y de ahí se pasó a sacar a colación el tema de Cataluña, los pactos de la izquierda con los amigos de los terroristas, etc. En fin, se montó un polvorín de lo más divertido. Es evidente que nos excedimos bastante de la hora a la que, teóricamente, acababa la visita. Tanto, que Paco acabó por dejarnos bebiendo y se fue a hacer algo. Luego volvió y entonces sí se tomó una copita de vino, pero hasta ese instante había estado debatiendo a pelo. Hay que decir, en todo caso, que el ambiente nunca dejó de ser afable. Como he dicho, me lo pasé muy bien, e incluso las personas que tenían ideas más distintas a las mías, fueron correctas y amables al 100%. En el debate no hubo energúmenos, ni actitudes reprobables, y así da gusto. Por otro lado, para compensar nuestra relajación a la hora de alargar nuestra estancia en Bodegas Salado, la mayoría acabamos yéndonos a casa con un buen puñado de botellas de vino.


En definitiva, de los tres días de diciembre que he llevado a las niñas a Umbrete a entrenar, en uno me di un largo paseo, y luego fueron especiales el día de la comida y el de las bodegas, por lo que he conseguido el objetivo, que era que cuando hablase del pueblo en el blog, el post tuviera suficiente chicha.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado UMBRETE.
En 2006 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 28'6% (hoy día 64'8%).
En 2006 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 10% (hoy día 21%).