Felipe II accedió al trono de España con 28 años. La edad era perfecta para comenzar un reinado. Además, el hombre gozaba de la principal virtud que tienen las personas de éxito, que es que saben rodearse de gente que suma. Para colmo, se dice que era adicto al trabajo, austero, disciplinado y prudente, por no hablar de que fue un hábil estratega. Por último, sabía como separar su vida privada de la pública. En la actualidad, mantener una imagen intachable es imposible a ciertos niveles, pero antaño tampoco era fácil pasar a la posteridad como un gobernante ejemplar. Si lo hubiera sido, todos lo habrían hecho, pero la historia del planeta está llena de reconocidos dirigentes mequetrefes e inútiles. Por tanto, aunque hoy en día sabemos que Felipe II también era altivo, desconfiado, puritano y supersticioso, y pese a que la fama de asesino, de cruel, de déspota y de tirano ya le persiguió en vida, gracias a la leyenda negra que crearon sobre él sus enemigos europeos, la verdad es que su católica majestad, sin salir nunca de la Península Ibérica, conservó un imperio en el que no se ponía el sol.
No es que los dominios de Felipe II fueran una arcadia feliz, precisamente, ni yo le debo nada, pero, si se acerca uno a su figura huyendo del peligroso presentismo histórico, es decir, cuando no se le juzga con la mentalidad actual, sino que se le compara con lo demás dirigentes que gobernaron el mundo durante la Edad Moderna, creo que el rey español sale muy bien parado.
Todo esto lo digo, para hacer hincapié en que Felipe II no hacía las cosas al tun tun. Por eso, es significativo que, apenas dos años después de heredar el trono, ya se pusiera manos a la obra para que se construyera un edificio que estuvo llamado a ser el centro del mundo occidental desde su concepción. El rey tenía un plan, y el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue el eje del mismo.
El caso es que Felipe II, al ser coronado en 1556, decidió que iba a promover la creación de un magno edificio, con la excusa de que acogiera la tumba de su padre, la suya y la de los de su estirpe. Para hacerlo, eligió un lugar estratégico en la Península Ibérica, dado que, de manera paralela, el monarca tenía la intención de trasladar la corte a Madrid, cosa que hizo en 1561, para alejarla de los tradicionales núcleos de poder eclesiásticos y de la nobleza. En consecuencia, el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial quedó emplazado muy cerca del nuevo epicentro de España, lo que ayudó a que pudiera pasar, de ser un mero panteón, a convertirse en el corazón del mayor imperio del mundo, que era la idea. Por eso, además de una iglesia y de un monasterio, al mausoleo se le anexó también un enorme palacio, un colegio y un seminario, el cual garantizaba la salud y la supervivencia futura del cenobio y del propio proyecto, así como una brutal biblioteca, destinada a servir de apoyo a las políticas reales.
Con respecto al palacio, que es una parte esencial de El Escorial, lo cierto es que Felipe II, cuando mandó construir su residencia, lo hizo pensando en su potencial estratégico, no en poder corretear por sus jardines o por sus salones. Por ello, no es casual que su morada estuviera unida a un monasterio, ya que pretendía institucionalizar su papel como estandarte del catolicismo. Por esa razón, aunque podría haber sido más discreto, el soberano diseñó un edificio aislado que brillaba por sí mismo, y no tuvo reparos en gastar una fortuna para que causara el mayor impacto posible.
El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial se empezó en 1563 y se dio por terminado en 1586. 439 años después de que se pusiera su última piedra, todas las partes en las que se encuentra dividido siguen en uso, con la cosa de que, salvo en el caso del sector palaciego, que está musealizado, la utilización que se le da a los espacios es la misma para la que fueron concebidos.
Espero que esta larga introducción haya puesto en contexto la descripción que sigue del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. En parte, he repetido lo que dije tras la visita de 2023, pero creo que es importante tener claros ciertos aspectos, a la hora de entender como está organizado el gran edificio. En lo que queda del post, voy a tratar de contar cosas nuevas, sin ser reiterativo, para que este artículo sirva de complemento al que escribí hace dos años.
De todas maneras, la estructura de la narración sí la voy a mantener. Así, en 2023 dividí el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en ocho partes, y ahora voy a hacer igual. En aquella ocasión, recorrí el edificio integrado en un grupo organizado, con la cosa de que, en algunos momentos, el tour me pareció que fue un poco atropellado. En este caso, íbamos por libre, pero consideré que ninguno de nosotros estaba preparado para sacarle el jugo al mastodóntico inmueble, si nos dedicábamos a deambular por sus salas por nuestra cuenta.
Por ese motivo, compramos la entrada con antelación y nos unimos a una visita de las oficiales del Monasterio. Fue un acierto, porque la guía, cuyo nombre no recuerdo, nos condujo con maestría por seis de las ocho partes del edificio. Gracias a ella, me enteré de un montón de cosas, y también me eché unas risas, ya que avivó las explicaciones con frecuencia con su humor ácido y un poco sarcástico.
La división en ocho partes de la que hablaba antes es más didáctica y funcional que real, pero lo que sí que es patente, de manera formal, es que el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial tiene tres pisos (la planta baja, la planta primera y el sótano). Lo de intentar repartir los 33.327 m² de la superficie del edificio en sectores, se debe que me gustaría aclarar un poco como está organizada su laberíntica estructura interior.
La Zona Exterior, la Basílica y el Palacio de Felipe II
Todas las visitas al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial empiezan y terminan en la Lonja, por lo que este es el enclave más relevante de la Zona Exterior.
La Lonja es el nombre que reciben las explanadas que se extienden frente al Monasterio por sus lados norte y oeste. Alrededor de estas, hay unos cuantos edificios más pequeños que no conozco.
En 2023, accedí al Monasterio por su flanco oeste, que es el principal. El otro día, en cambio, lo hice por la puerta dispuesta para los visitantes que van por libre, es decir, por la que da paso al Zaguán del Personal de Boca. Antaño, por ahí entraba en el edificio el personal de servicio del rey. En la actualidad, las taquillas están un poco más allá, en la Antigua Cocina de Boca, que es donde se cocinaban las viandas que comía la familia real.
El tema es que el orden en el que vimos las diferentes partes del complejo varió en esta ocasión, con respecto a lo que hicimos en 2023. Además, tampoco pudimos entrar en la Basílica de San Lorenzo de El Escorial, porque estaba cerrada. Por suerte, yo ya la traía vista de la otra vez. En ese sentido, la explicación de la guía, relativa a la gran iglesia, la escuchamos en el nártex de la misma, debajo de su sobria fachada.
Después de dejar atrás el Patinejo de Oficios, pasamos al Patinejo de Palacio, que ya colinda con la Basílica, atravesamos por debajo la Torre de Campanillas, y accedimos al nártex.
Ya he mencionado el Palacio de Felipe II, por lo que voy a seguir hablando de él, pese a que nuestra visita guiada dejó para el final la mayor parte de ese sector.
El Palacio de Felipe II se distribuye en dos partes. Se denominan Casa del Rey y Palacio Público. En la primera, se diferencia a su vez entre el Palacio de Verano y el Palacio de Invierno. La mayoría de este último está en la planta baja del Monasterio, al nivel de las dependencias conventuales, y a la espalda de la Basílica. Sin embargo, la Casa del Rey se extiende también al sótano, donde se encuentra situado el Palacio de Verano. Hoy en día, esas salas se usan como un museo que yo no conozco, en el que se hallan expuestas muchas de las obras de arte de la colección de Felipe II.
Por lo que respecta al Palacio Público, el mismo se ignora en la visita, salvo la parte por la que se accede al edificio para llegar a las taquillas, que es el sector donde están las estancias en las que se manejaba el servicio, como ya conté antes, y también a excepción de otra sala de la que voy a hablar ahora.
En efecto, hay una pieza del Palacio Público que se avista siempre, y que no deja indiferente a nadie. Se denomina Salón de Las Batallas o Galería Real. Se trata de un largo corredor, que comunica el Palacio Público con la Casa del Rey. Las paredes del mismo se encuentran pintadas con varios frescos, en los que se muestran escenas guerreras en las que las tropas españolas salieron victoriosas. En origen, el objetivo de esa profusa decoración era indicar a los visitantes, que estaban obligados a pasar por allí para ser recibidos por el soberano, que las campañas de Felipe II por la hegemonía europea, representadas por la Batalla de San Quintín y por la Batalla de la Isla Terceira, entroncaban con la actitud combativa demostrada por los monarcas cristianos castellanos de la Edad Media, que se refleja en las imágenes de la Batalla de la Higueruela. La ornamentación, por tanto, tenía un punto propagandístico.
Por su parte, el Palacio de Invierno de la Casa del Rey es uno de los sectores del Monasterio que se suele visitar con más detenimiento, ya que llama la atención, dado que nos acerca al lado humano de Felipe II y de su familia.
Cuando Felipe II se trasladó a vivir al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial contaba 59 años. En 1580, seis años antes, había enviudado por cuarta vez, y no se había vuelto a casar, por lo que se mudó sin reina. Sin embargo, sí había una mujer en su vida, y no estoy hablando de su querida, que amantes no se si tenía ya por aquel entonces. Me refiero a que, a esas alturas de su reinado, Felipe II se apoyaba para gobernar en su empoderada hija Isabel, que fue la mano derecha del monarca hasta su muerte. El caso es que, en el Palacio de Felipe II, está por un lado el Cuarto del Rey, y por otro el Cuarto de la Reina. Este iba a ser para Isabel de Valois primero, y para Ana de Austria después, pero no lo pudieron ver terminado ninguna de las dos. En efecto, Isabel era la reina consorte en el momento en el que se comenzó El Escorial, y Ana la sustituyó en el trono al fallecer la francesa, pero ella tampoco logró ver finiquitado el edificio. Tras estos últimos matrimonios, Felipe II no se desposó más, pero sí se dejó ayudar mucho por su vástaga, que se acabó instalando en el Cuarto de la Reina. Por eso, también se le conoce como Cuarto de la Infanta.
En general, todo el sector privado del Palacio de Felipe II destaca por la mesura, a pesar de lo exagerado que fue el monarca con las proporciones del edificio y con el nivel de los elementos decorativos de otras dependencias del mismo. Aparte, la estructura del Cuarto del Rey y del Cuarto de la Reina es simétrica. En efecto, en ambos, la Pieza Principal de la Cámara tiene dos puertas. La primera da paso a la Alcoba y la segunda al Escritorio.
El dormitorio de la foto de la izquierda es el de la parte de la infanta, pero, en cambio, el despacho es el de Felipe II. En ese lugar, el rey burócrata pasaba muchos ratos trabajando. Los muebles no son los originales, pero sí son igual de antiguos. En líneas generales, el mobiliario de las habitaciones responde a lo que se sabe que había en ellas en el siglo XVI.
Por otro lado, tanto el pequeño despacho del rey, como el espacio equivalente de la reina, tenían una puerta, que se ve en la fotografía que he puesto arriba. Ese portón daba acceso al Oratorio, que se asomaba directamente al interior de la Basílica. Por su parte, los dormitorios tienen también sendos ventanucos, que permitían ver desde la cama, de manera directa, la zona principal de la iglesia.
Más allá de las estancias privadas del rey y de la reina, la parte de uso personal del segundo continuaba. En efecto, atravesando una puerta, Felipe II podía pasar de su alcoba a la Sala del Rey, que era donde comía.
Desde la Sala del Rey, Felipe II tenía la posibilidad de acceder, a través del magnífico portón de marquetería alemana de la imagen, a la Galería de Paseo de Invierno. Sin embargo, nosotros tiramos por una puerta lateral, que nos condujo a la Pieza Grande de Secretarios.
En esa estancia hay dos puertas. La del fondo comunica con la Sala de Retratos o de Audiencias, y la segunda, que es la que cogimos nosotros, nos llevó a la mencionada Galería de Paseo de Invierno, que es por donde el rey se movía un poco los días en los que no podía salir al exterior por el mal tiempo.
Desde la Galería de Paseo de Invierno también hay un acceso a la Sala de Audiencias o de Retratos, que era donde Felipe II recibía a las visitas inexcusables.
Por explicarlo un poco mejor, el monarca pasaba mucho tiempo en sus aposentos, ya que en ellos dormía, trabajaba, comía e incluso paseaba. Estas últimas dependencias, es decir, las estancias en las que almorzaba o por la que estiraba las piernas en los días malos de invierno, estaban conectadas con las habitaciones en las que los secretarios curraban, las cuales, a su vez, daban a la Sala de Audiencias. A ella, el rey podía acceder directamente desde la Galería de Paseo de Invierno. Por su parte, el afortunado que llegaba a ser recibido en El Escorial (lo habitual era que el interesado se viera obligado a esperar a que Felipe II se trasladara al Real Alcázar de Madrid), permanecía en la Pieza de Guardias, hasta que le daban permiso para encontrarse con el soberano en la Sala de Audiencias.
Cuando el personaje que iba a ser recibido ya estaba en la Sala de Audiencias, el rey entraba en ella desde la Galería de Paseo de Invierno, que también conectaba por dentro con la secretaría y con sus aposentos más privados. En la Sala de Audiencias, el monarca recibía al visitante. Esa habitación, daba también directamente a los despachos de los secretarios, de manera que, si había algún documento que estudiar, o había algo que estos tenían que ver, lo podían hacer en la dependencia contigua.
En definitiva, el Palacio de Invierno del Palacio de Felipe II es uno de los sectores de El Escorial donde más se detienen las visitas. En él, destaca la moderación, la sencillez y la ausencia de ornamentos. Parece claro que Felipe II quería dar una imagen de hombre austero y sobrio a los que le trataban de cerca.
La Zona Conventual
La otras dos partes del Monasterio que se ven con más detenimiento son el sector conventual y el de los enterramientos. El primero de ellos está comunicado con la zona privada de Felipe II, pero la entrada principal se encuentra en el propio nártex de la Basílica. Desde este, se accede a una estancia, que se ubica bajo la Torre del Reloj o de las Campanas, la cual ejerce de zaguán del cenobio. A continuación, se pasa a la Sala de la Trinidad, que era el que hacía las veces de locutorio del mismo.
En la imagen, es el cuadro que se ve en el centro es que le da el nombre a la sala. Se titula La Santísima Trinidad, y lo pintó José de Ribera en 1635. Realmente, todo el sector conventual que se muestra a los visitantes está trufado de obras de arte. En origen, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial era un museo en sí mismo, ya que Felipe II lo llenó de lienzos de nivel top. Hoy día, muchos de estos se exponen en el Museo del Prado, pero hay unos cuantos que se han dejado en el cenobio. La Santísima Trinidad es el primero que uno se encuentra.
El sector conventual del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial ocupa la esquina sureste del edificio, y se vertebra a partir de un gran patio central, que no se puede ver. A su alrededor, el Claustro Principal Bajo ejerce de elemento distribuidor de un montón de estancias.
Las galerías del claustro están decoradas con 54 frescos, que narran la historia de la redención. Son obra de Pellegrino Tibaldi, que los pintó entre 1588 y 1595. En uno de ellos, se puede comprobar que ya había cretinos en el siglo XIX, dado que se observan grafitis incluso de 1825.
Cuando el efecto de una gamberrada es capaz de sobrevivir dos siglos, acaba adquiriendo su propio valor histórico, por lo que se han dejado para la posteridad las firmas que hay en los frescos de Tibaldi, los cuales ahora están protegidos por un panel de metacrilato.
Probablemente, el elemento más espectacular del Claustro Principal Bajo es la Gran Escalera. En su techo, está pintado un fresco de Luca Giordano, que se titula La Gloria de la Monarquía Española.
Luca Giordano era famoso por su capacidad de trabajo y por la rapidez con la que pintaba, usando las dos manos. Ese par de circunstancias posibilitaron que fuera muy prolífico. En concreto, La Gloria de la Monarquía Española la terminó en 7 meses, cuando ya tenía casi 60 tacos.
Unos años antes de que Giordano plasmara su fresco, Pellegrino Tibaldi había pintado debajo cinco murales, titulados Cristo Resucitado de entre los Muertos, que le aportan una espectacularidad extra a la Gran Escalera. En ella, todas las visitas guiadas se detienen bastante, por las obras de arte y por la escalinata en sí, dado que esta es una de las primeras de tipo imperial erigidas en España. La misma une el Claustro Principal Bajo con la zona donde siguen viviendo los monjes del Monasterio.
Otro punto de referencia en el Claustro Principal Bajo es la Iglesia Vieja. Esta, en realidad, es solo una habitación que se habilitó para celebrar misas durante el tiempo en el que la Basílica estuvo en construcción.
La sillería de la Iglesia Vieja es la original del siglo XVI. Sin embargo, el elemento estrella de la sala es el gran cuadro de Tiziano que está colgado de una de sus paredes. Se titula El Martirio de San Lorenzo, y es otra de las obras de arte inmortales que se pueden seguir contemplando en El Escorial.
Las demás estancias destacadas que se abren al Claustro Principal Bajo son la Sala Vicarial y la Sala Prioral. En ellas, se celebraban antaño las asambleas de los monjes del cenobio. Hoy en día, en las paredes de ambas brillan más lienzos de primer nivel. Uno de los sobresalientes es El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana, de El Greco.
El cretense Doménikos Theotokópoulos pisó España por primera vez con 36 años. Llevaba una década instalado en Italia, pero, en ese periodo, en el que empezó a ser conocido como Il Greco, su genialidad estuvo todavía en formación. En 1577, merced a unos contactos que había logrado hacer, tras una breve estancia en Madrid se instaló en Toledo, que era una de las mayores ciudades de Europa por aquel entonces. Allí vivió 37 años, hasta la misma fecha de su muerte, convertido ya en El Greco. El caso es que el Monasterio del El Escorial se encontraba en plena construcción en 1577, y Felipe II había invitado a los más reputados artistas italianos de la época a que se implicaran en su decoración. Por eso, en El Escorial hay obras de Tiziano, de Tintoretto, de Veronés, de Luca Giordano, de Pellegrino Tibaldi o de Federico Zuccaro. El Greco, que en Italia se había visto un tanto eclipsado por todos ellos, en España decidió apostar fuerte, logrando que Felipe II le encargara un cuadro. El mismo lo entregó en 1579 y trajo consigo otro encargo, que estaba destinado a ir colocado en el altar de la capilla noroccidental de la Basílica de San Lorenzo de El Escorial. Parece que El Greco sintió que, si se lucía con el nuevo lienzo, tenía opciones de pasar a ser el pintor de cabecera del rey, por lo que se empleó a fondo entre 1580 y 1582, y dio a luz El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana.
Por desgracia para El Greco, a Felipe II su creación no le gustó nada. Por lo visto, no le moló la escena que se representó, ni la disposición de los personajes, ni el hecho de que el lienzo inspirara más a la reflexión que a la oración. En consecuencia, El Martirio nunca llegó a colocarse en la Basílica y El Greco no volvió a trabajar para el monarca. No obstante, este admitió la calidad de su cuadro y le pagó bien por él, por lo que el El Greco regresó a Toledo con su reputación intacta, y ya no se movió de allí. La pintura, por su parte, se quedó en El Escorial. En la actualidad, está ubicada en el Zaguán de las Salas Capitulares, entre la Sala Vicarial y la Sala Prioral. Por lo demás, las obras que hay en las paredes de estas son espectaculares. Dos ejemplos son La Túnica de José de Velázquez (en la foto de la izquierda), y La Última Cena de Tiziano (en el centro de la foto de la derecha).
En relación con La Ultima Cena de Tiziano, resulta curioso que esta obra estaba al principio en el refectorio del Monasterio, que era donde comían los monjes, con la cosa de que se recortó el lienzo original por sus cuatro lados, para que encajara bien en la pared de esa sala. Hoy en día, no se le pasa a nadie por la cabeza mutilar un cuadro de Tiziano, pero en aquella época no lo dudaron.
San Jerónimo Penitente es otra obra notable de Tiziano que se expone en la Sala Vicarial. Junto a ella, hay una puerta, a través de la cual se puede bajar a los Panteones.
Los Panteones
Desde su concepción, una de las funciones primordiales de El Escorial fue albergar las tumbas de los reyes de España. Sin embargo, al fallecer Felipe II los Panteones no existían. De hecho, la primitiva cripta sepulcral en la que el soberano enterró a su padre, Carlos I, estaba situada justo debajo del Altar Mayor de la Basílica, y él mismo murió, en 1598, pensando que iba a reposar para siempre en el presbiterio de esta. No obstante, en el siglo XVII se excavó el suelo del panteón original, y se construyó el Panteón Real, que se terminó en 1654. Por su lado, el segundo sector de los Panteones, que se corresponde con el Panteón de Infantes, se concluyó en 1888.
Nosotros accedimos a los Panteones por la escalera que los conecta con la Sala Vicarial, como he dicho. Después, fuimos recorriendo una a una las nueve cámaras sepulcrales del Panteón de Infantes, en las que reciben sepultura las reinas que no han sido madres de reyes, y también otros miembros de la familia real. En esas salas, todo está hecho de mármol. En ellas, yo destacaría, en primer lugar, la tarta poligonal de la Cámara IV, en la que se entierra a los infantes muertos antes de cumplir los 8 años. En total, hay 34 niños y niñas en el Mausoleo de Párvulos.
En la Cámara V, sorprende la especial preeminencia que se le dio a Don Juan de Austria, que fue un hijo ilegítimo que tuvo Carlos I, cuando su heredero Felipe tenía ya 20 años. El Sepulcro de Don Juan de Austria, esculpido por Giuseppe Galeotti, evidencia la reputación como militar que llegó a alcanzar el medio hermano de Felipe II, que había sido reconocido por su padre, por lo que siempre estuvo considerado como un miembro más de la familia real.
En la Cámara VI está enterrada buena parte de la familia directa de Isabel II, que fue la promotora del Pabellón de Infantes en el siglo XIX.
No solo hay sepulcros vacíos en la Cámara VIII, pero sí es en esta sala donde se ven un mayor número de huecos para los cadáveres de los miembros de la familia real que mueran en el futuro.
Alfonso de Borbón-Dos Sicilias es la última persona que ha recibido sepultura en el Panteón de Infantes. Era nieto de Alfonso XII y sobrino de Alfonso XIII, y fue trasladado a su morada definitiva desde el Pudridero en 2004.
El Pudridero es una cámara no visitable de los Panteones, en la cual se reservan los cadáveres durante tres décadas, a la espera de que se descompongan y se pueda depositar lo que quede de ellos en la tumba que le corresponda a cada uno, ya esté esta en el Panteón Real o en el Panteón de Infantes. En momento presente, aguardan para ser llevados al primero Juan de Borbón y María de las Mercedes de Borbón, es decir, los padres de Juan Carlos I. Aparte, en el Pudridero hay otros tres miembros de la realeza, que serán trasladados al Pabellón de Infantes en los próximos años.
Por lo que respecta al Panteón Real, en él hay 26 tumbas. Todas están llenas, menos las que acogerán a Juan de Borbón y a María de las Mercedes de Borbón. Lo que va a pasar con Juan Carlos I y con la reina Sofía cuando fallezcan, así como con los actuales monarcas, es un misterio, porque parece que no tienen un sitio definido.
El Palacio de los Borbones
Quitando el Colegio de Alfonso XII, al que no pueden acceder los turistas, el Palacio de los Borbones es la parte del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial que peor he visto. Las razones son que no lo he recorrido con un guía, sino que he ido por libre, y también que las dos veces lo he dejado para el final. Por eso, he pasado por sus dependencias estando ya cansado, tras un par de horas de ruta por el resto del edificio, y sin que nadie me haya explicado un poco las cosas. Aún así, yo he tratado siempre de fijarme en algunos detalles concretos.
El Palacio de los Borbones ocupa la primera planta de la esquina noreste de El Escorial. Con los Habsburgo, en esas habitaciones era donde se alojaba la familia real, salvo el rey y la reina, así como los gentileshombres de la Corte que tenían categoría para dormir cerca de sus majestades. En el siglo XVIII, Carlos III hizo que se reformara todo ese sector, para que su parentela se sintiera más cómoda, dado que él seguía usando los aposentos que habían sido de Felipe II. Lo curioso es que estos también estuvieron decorados al gusto borbónico hasta hace unos 70 años, que fue cuando se les devolvió la apariencia original. Sin embargo, las demás estancias se dejaron con el aspecto barroco que mantienen hoy día.
En nuestro recorrido por el Palacio de los Borbones, pasamos, por ejemplo, por la Antecámara y por la Pieza del Ujier, que están en la zona conocida genéricamente como Cuarto de la Reina, así como por la Pieza de Entrada o por la Sala de Telémaco del Cuarto de la Infanta. En este, me volví a parar en el espectacular Salón Pompeyano, que en su día fue el cuarto de las amas de cría.
En general, todas las dependencias borbónicas son una sucesión de habitaciones profusamente decoradas, que cumplían unas funciones concretas. Para verlas bien hay, que echar allí un buen rato. Mi idea es centrarme en esa parte la próxima vez.
La Biblioteca Laurentina
La Biblioteca Laurentina tampoco forma parte de las visitas guiadas. La nuestra acabó en el Patinejo de Boca, es decir, al lado de donde había empezado. Por tanto, para ir a la biblioteca desde allí volvimos a dirigirnos al Patio de los Reyes.
En uno de los extremos de este se encuentra la Basílica y en el otro está el Zaguán Principal (en la foto que acabo de poner, es lo que hay tras los tres arcos que se ven al fondo). Desde el Zaguán Principal se puede subir a la biblioteca.
Con independencia del enorme valor de sus fondos, la Real Biblioteca Laurentina aparece a la cabeza de la mayoría de los listados en los que se detallan cuáles son las bibliotecas más grandiosas de España.
Gran parte de la espectacularidad de la biblioteca de El Escorial se debe a las pinturas al fresco de los techos, que fueron ejecutadas por Pellegrino Tibaldi. El lombardo trabajó durante una década en el Monasterio, y es responsable de varias de las obras maestras del mismo.
Realmente, lo que se visita en la Biblioteca Laurentina es el Salón Principal, que alberga libros impresos, pero, por lo visto, en ella hay más dependencias. En una, creo que se conservan los manuscritos, y antaño, he leído que había otra en la que se guardaban a buen recaudo las obras prohibidas.
En las estanterías del Salón Principal, los libros se encuentran colocados con las cantos de las hojas hacia fuera. Están así para que el papel respire, parece ser. Por otro lado, en el centro de la gran sala hay una serie de mesas de la época de Felipe II, sobre las que reposan globos terráqueos, astrolabios y vitrinas con mapas.
El Colegio de Alfonso XII
El Real Colegio de Alfonso XII no se visita, porque se sigue usando como centro educativo. Este es concertado en infantil, en primaria y en la secundaria obligatoria, por lo que está al alcance de casi todos los habitantes de San Lorenzo de El Escorial. Para el bachillerato, en cambio, la institución sí pasa a ser privada al 100%, lo que la sitúa a otro nivel. Aparte, como se puede deducir con facilidad, se trata de un colegio religioso, pero, independientemente de eso, yo creo que estudiar en un sitio con tanta historia debe ser alucinante.
En el último par de años, he ido dos veces al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La visita de 2023 fue un pelín apresurada, pero la del otro día la pude saborear a la perfección. En realidad, la mayoría de las zonas del edificio que están abiertas a los turistas ya las he visto muy bien, salvo la parte del Palacio de los Borbones y la del Palacio de Verano, que aún tengo que recorrerlas con calma. También me gustaría echarle un ojo a los rincones del complejo que no se enseñan normalmente, que no son pocos, pero esto soy consciente de que va a ser más difícil. No obstante, nunca se sabe lo que deparará el futuro...
Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitado REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL.
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados en la Comunidad de Madrid: 50% (hoy día, confirmada ya esta visita, 50%).
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados en la Comunidad de Madrid: 50% (hoy día, confirmada ya esta visita, 50%).
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados: 1% (hoy día, confirmada ya esta visita, 43%).

















































