27 de septiembre de 2025

CASTELLAR DE LA FRONTERA 2025

En primavera de 2011, María y yo fuimos a Cádiz a echar unos días con las niñas. Uno de ellos, se nos ocurrió que era muy buena idea ir a Gibraltar, por los que nos plantamos en la frontera sin dudarlo. Por aquel entonces, Julia tenía un año y Ana tres. En el paso fronterizo, los policías españoles, al mirar dentro del coche y ver a los dos micos, nos pidieron el libro de familia. Nosotros no habíamos caído en que nos iba a hacer falta, por lo que no lo llevábamos. En consecuencia, tuvimos que volvernos por donde habíamos venido. 

El caso es que, aquel día, nos vimos a media mañana en la Línea de la Concepción, sin saber adónde ir ni cómo aprovechar la jornada. En principio, no llevábamos preparado un plan B, pero pronto caí en que un amigo me había contado hacía poco, que en Castellar de la Frontera, cerca de La Línea, hay un castillo muy bonito, dentro de cuyas murallas vive gente. En 2011, ni María ni yo teníamos smartphones, ni nada parecido, así que, a la antigua usanza, cogí el mapa de carreteras del maletero, busqué Castellar, nos encaminamos hacia allí, y conseguimos llegar... a Castellar Nuevo


Lo que se ve en la foto no es desagradable, pero tampoco es pintoresco. Entonces, no acabé de entender qué cojones había pasado, porque lo que yo sabía de Castellar se limitaba a un comentario de un amigo, cazado al vuelo, no tenía manera de mirar Internet en ningún lado, y en el mapa ponía bien claro que aquello era Castellar de la Frontera, pero en ese lugar era evidente que no había castillos. Es verdad que podría haber preguntado, o podría haber mirado el mapa con un pelín más de detalle, pero la realidad es que Ana y Julia iban ya hasta las narices de coche y estaban empezando a inquietarse, así que me di cuenta de que no iba a ser el día de ir a buscar la fortaleza, estuviera donde estuviera.

Unos días después de aquella fallida experiencia, ya sí me metí en Internet y descubrí que Castellar de la Frontera es un municipio que se divide en tres núcleos de población. Son La Almoraima, Castellar Viejo y Castellar Nuevo. Nosotros habíamos estado en este último, que es donde se encuentra el ayuntamiento, y que, hoy por hoy, es lo que se suele llamar Castellar de la Frontera. El Castillo de Castellar, en cambio, es el eje del asentamiento primigenio del pueblo, que se denomina Castellar Viejo, y que dista unos cuantos kilómetros.

He tardado 14 años en volver a Castellar de la Frontera. Siempre lo había tenido en mente, pero no había visto el momento de hacerlo. El pasado verano, a María le hablaron de las excelencias del Hotel Casa Convento La Almoraima, que se encuentra en el término municipal de Castellar, y me regaló la estancia de una noche en ese alojamiento. Ella no se dio cuenta de que ya habíamos estado en Castellar Nuevo, pero yo sí vi que era la oportunidad perfecta para regresar a Castellar de la Frontera, a completar por fin la visita. 

Castellar Nuevo y su interesante origen

Castellar Nuevo es un asentamiento extraño, que tiene pinta de decorado de cine. Está conformado por un montón de casas que son muy similares. Se ve que la mayoría se construyeron a la vez, siguiendo un modelo común. Así, desde que uno entra en el pueblo, percibe que todo surgió de la nada en la misma época. Lo que pasa es que, a diferencia de otras localidades similares, que se planificaron de una forma cuadriculada, en Castellar Nuevo el trazado urbano es más o menos irregular. Me imagino que lo hicieron queriendo, para reducir un poco la sensación de artificialidad del lugar. Sin embargo, lo cierto es que lo consiguieron solo a medias, porque nosotros no vimos a nadie hasta que llegamos a la Plaza de la Constitución. La impresión de sitio irreal no me abandonó hasta que vislumbré esa plaza, que es donde se concentraba la gente, a pesar de que la amplia explanada aparezca vacía en la foto que pongo a continuación.


En Castellar Nuevo no hay desniveles, las calles son espaciosas y abundan las zonas verdes. Por resumir como se ha llegado a desarrollar un sitio de esas características, resulta que en 1939 se creó el Instituto Nacional de Colonización, con la intención de reestructurar y de reactivar el sector agrícola español. Este objetivo estaba muy relacionado con el plan de autarquía que el gobierno de Franco preparó, al acabar la Guerra Civil, para que España sobreviviese a la contienda sin necesidad de depender de terceros. En ese contexto, el Instituto Nacional de Colonización fue el órgano responsable de repartir a un montón de agricultores, de una manera un poco sistemática, por el territorio nacional, de cara a que pudieran sacarle partido a las tierras de labranza infrautilizadas que había. Con esa idea, se financió la edificación de una buena cantidad de asentamientos de nueva planta por todo el país. A ellos, se trasladaron las familias que se mostraron dispuestas a mudarse a cambio de una casa y de un trabajo en el campo. El primer pueblo de colonización erigido fue El Torno, que pertenece al municipio de Jerez de la Frontera. Su construcción se aprobó en agosto de 1943, y en menos de dos años se encontraba ya operativo. Tras El Torno, se crearon más de 300 localidades de repoblación hasta 1971, que fue cuando el Instituto Nacional de Colonización desapareció. Algunas fueron realmente agrandamientos de otras preexistentes, pero la mayoría surgieron de la nada. Castellar Nuevo, que se fundó en 1971, fue una de las últimas.


Por lo visto, el primer encargado de dirigir el Instituto Nacional de Colonización fue el arquitecto falangista Víctor D'Ors, que tenía una idea muy clara de cómo debían ser todos los pueblos que se erigieran. Parece ser que este señor era un tanto inflexible, lo que provocó que le destituyeran en 1943. El régimen necesitaba a gente más moderada al frente de los diseños de las nuevas poblaciones, por lo que, desde ese momento, le dio la potestad creativa a varios constructores. Estos, en muchos casos terminaron planificando asentamientos que son perfectos ejemplos vanguardistas del racionalismo constructivo, que fue la principal tendencia arquitectónica en el mundo en los años centrales del siglo XX. 


En España, los proyectos del Instituto Nacional de Colonización acabaron siendo un laboratorio de pruebas sensacional para los arquitectos.

El tema es que, en 1968, en Castellar Nuevo se dieron los últimos coletazos del programa de repoblación. Por aquel entonces, Castellar de la Frontera era un municipio de una notable extensión, que tenía dos núcleos habitados. El primigenio estaba ubicado dentro de las murallas y en los alrededores del Castillo de Castellar, y el otro había surgido junto a las instalaciones de la empresa corchera La Almoraima. Los residentes de la antigua fortificación sobrevivían sin luz ni agua, y en La Almoraima muchas de las viviendas eran simples chabolas. Precisamente, fue a La Almoraima a quien el Instituto Nacional de Colonización le expropió las 700 hectáreas de terreno que se usaron para erigir el nuevo asentamiento y para roturar parcelas para los colonos. En 1971, Castellar Nuevo estuvo terminado, y hasta allí se trasladaron la gran mayoría de los vecinos del original asentamiento de Castellar, que empezó a ser conocido como Castellar Viejo. Por tanto, en este caso el grueso de los desplazados no vino de lugares lejanos, sino del entorno del Castillo de Castellar, que fue casi abandonado. 

La segunda juventud del Castillo de Castellar

En 1971, la fortaleza de Castellar de la Frontera estaba destinada a sufrir una inevitable degradación, ya que en sus modestas viviendas, salvo alguna excepción, no quedó nadie. Sin embargo, casi sobre la marcha, salieron a escena una serie de personas, que le dieron un inesperado giro de tuerca a la historia del castillo. En efecto, en 1967, 1968 y 1969, a la vez que alcanzaba su cenit en EEUU, el movimiento hippie había dado el salto a Europa, de manera que el viejo continente se había llenado de un considerable número de jóvenes de origen burgués, que se habían entregado a un modo de vida contracultural y ajeno a lo establecido. En 1971, a unos cuantos de ellos, naturales de distintos puntos de Alemania, de Reino Unido, de España y de Países Bajos, el recién despoblado Castillo de Castellar les pareció un sitio perfecto para acomodarse. Lo que se formó entonces allí no fue exactamente una comuna. Fue, más bien, un asentamiento de gente con un proyecto vital similar. Tras la progresiva adquisición de las casas, los nuevos pobladores las arreglaron, de acuerdo con sus necesidades, y durante unas décadas el enclave ha sido una pintoresca aldea, habitada por una curiosa comunidad de herederos del hippismo primigenio. Lo bueno es que eso ha contribuido a la conservación del lugar, al que se llega después de conducir un rato por una endemoniada carretera, que atraviesa una zona campestre deshabitada.

Por esa carretera, nosotros fuimos a ver el Castillo de Castellar a última hora de la tarde del sábado. Esta vez no hubo dudas de lo que buscábamos. Arriba, dejamos el coche en una explanada que han habilitado extramuros, y subimos a pie el trecho final del camino.


Antes de llegar al Arco de la Villa, que es el sitio por el que se puede atravesar la puerta de la fortaleza, nos cruzamos con dos hippies alemanes bien entrados en años, que venían andando por la carretera, no se sabe desde dónde. Uno de ellos iba caminando descalzo por el asfalto, como si la vida no fuera con él. Aquello me pareció la mejor tarjeta de presentación de Castellar Viejo. Pese a esto, dicen que el ambiente allí ya no es lo que era. Ahora, los verdaderos bohemios escasean en las casas de la fortificación, y los alojamientos rurales han proliferado por todos lados. Digamos que la fama ha acabado un poco con la autenticidad del lugar, pero, no obstante, en mi opinión el Castillo de Castellar está lejos de asemejarse a un parque temático. De momento, conserva su sabor.


Además, a mí me habían dado a entender que dentro de los muros del castillo había cuatro casas, y no es verdad, como se puede ver en el siguiente plano, que es magnífico.


Como se puede ver en la imagen, al Castillo de Castellar se accede por el norte, por la única parte en la que uno tiene la impresión de estar entrando en un recinto fortificado.


Luego, se empieza a callejear y se pierde un poco la noción de estar dentro de un castillo, ya que durante mucho rato no se ve la muralla, ni se camina por ningún adarve. Eso sí, no se dejan de ver esquinas y rincones que se merecen una foto. 



El sitio más pintoresco de todo el pueblo es el Balcón de los Amorosos. Se trata del único lugar público de la fortaleza en el que uno puede asomarse desde la muralla. Desde él, las vistas del Embalse de Guadarranque y de sus alrededores son sensacionales.



En definitiva, el Castillo de Castellar está compuesto por un entramado de calles preciosas y cuidadas, por las que merece la pena deambular durante un rato. En la población, hay ya más alojamientos rurales y turistas que hippies, pero no es un lugar que parezca impostado. A mí me gustó mucho.

La cena del sábado... y la comida

Nosotros subimos al Castellar Viejo con la intención de cenar algo tras el paseo, pero nos encontramos conque no es un lugar donde haya demasiada oferta culinaria. Allí, las opciones se limitaban a un restaurante de más postín del deseado, a la desierta cafetería del único hotel que hay en el Castillo, y a un pequeño bistró situado extramuros, en el que había, dentro una ruidosa actuación musical en su punto álgido, y fuera una serie de parejas alemanas de mediana edad muy animadas, pero también muy borrachas. Ninguno de los tres sitios nos llamó ni mínimamente.

Dado que cenar en Castellar Viejo no era una opción, decidimos regresar a Castellar Nuevo, a ver qué nos encontrábamos. Allí, acabamos en el Pub Los Naranjos, que me encantó por cuatro razones. Primero, porque tenía una terraza exterior, en la cual estuvimos tranquilos y relajados. Además, la chica que nos atendió resultó ser eficiente y amable. También disfruté de la comida, pero, por encima de todo, lo que más me gustó fue que me di cuenta de que aquel era el sitio de referencia de los vecinos de Castellar, a la hora de salir el sábado a picar algo. 

Realmente, lo de cenar en un bar de copas fue extraño, porque lo cierto es que el Pub Los Naranjos lo era, de puertas para adentro. Lo que pasa es que tenía fuera la agradable terraza mencionada, y, aparte, no solo contaba con cocina, sino que esta daba por atrás a la zona de las mesas exteriores. El tema es que, en esa salida trasera de la cocina habían puesto una barra portátil, por la que despachaban pizzas para llevar, y por la que también sacaban lo demás que ofertaban en la carta. Aquello era un rudimentario apaño, porque para ir al baño se entraba en el pub por las buenas, pero, como digo, me comí un churrasco de pollo que estaba muy bien hecho, la camarera fue un encanto, y nos juntamos allí con la verdadera gente del pueblo. Yo no pedía más.

He de añadir que habíamos comido a mediodía en otro restaurante de Castellar Nuevo, llamado Restaurante Virgil, que tampoco me decepcionó. En él, la experiencia fue diferente, porque este negocio es la referencia en todos los alrededores para darse un buen homenaje de sábado, por lo que vimos. En consecuencia, en su terraza no cabía un alfiler, con la cosa de que los dos camareros encargados de la logística habían petado un poco. A ambos se les veía sobrepasados, pero no lo reflejaban con hiperactividad, sino que estaban en shock, hasta el punto de que, las dos veces que me dirigí a ellos para que me anotaran en la lista de espera de los sitios, me miraron como si fueran Homer Simpson, se dieron la vuelta y no hicieron nada. Junto a mí, había más personas que tenían reserva y que querían sentarse. Sin embargo, los dos chavales sacaban platos y recogían el menaje sucio, pero, cuando llegaba el momento de mirar el cuaderno y de cuadrarlo con los puestos que se iban vaciando, se quedaban mirando las hojas como pillados y no reaccionaban. La cosa avanzaba a trancas y barrancas. El tema es que el asunto pintaba mal para nosotros, porque el resto de Castellar era un desierto, como dije antes, pero, por fortuna, María afinó el instinto y tuvo el ojo de darse cuenta de que dentro había una barra con clientes tapeando, así como una sola mesa con dos plazas, que se encontraba vacía.
 

En vista de eso, fue a preguntar, y se dio cuenta en seguida de que la que partía el bacalao en Virgil era la camarera de la barra. La chica nos dijo que nos podíamos sentar en la mesa y que, para tapear, nos atendía desde su puesto. Nosotros no necesitábamos más. Tampoco teníamos prisa, de manera que no atosigamos a la chavala, que era la que estaba haciendo de enlace entre la cocina y lo que se pedía en el exterior. Sin pisar la terraza, controlaba las comandas de una forma increíble. Fuera, lo que no funcionaba era lo que físicamente no alcanzaba a dirigir. El resto, marchaba gracias a ella. Además, ponía las bebidas y servía el mostrador, con la cosa de que todo lo hacía con eficacia, con un talante agradable y a buen ritmo. La hostelería es una profesión especializada, no el refugio de los que no valen para nada y no saben qué hacer con su vida, y ahí se volvió a demostrar. 

Una vez que nos sentamos a comer, yo desconecté, y no sé como se arregló el cierto descontrol con los sitios que había en la terraza. Nosotros almorzamos tranquilamente, y cuando acabamos nos fuimos. Además, en general, lo que nos sirvieron me gustó.

El hotelazo que nos hizo ir a Castellar

El Hotel Casa Convento La Almoraima tiene 4 estrellas, es decir, su nivel de exclusividad no es exagerado. No obstante, su historia es tan notable como la de cualquier establecimiento de la cadena Paradores.



Lo de que el Hotel La Almoraima esté en un convento en desuso no lo hace destacar especialmente, porque hay muchos establecimientos hoteleros que aprovechan las instalaciones de antiguos cenobios. Este, sin embargo, cuenta con la particularidad de que está en la Finca La Almoraima, que tiene una trayectoria bastante curiosa.


La Finca La Almoraima es la segunda más grande de España. Su superficie es de 14.113 hectáreas, por lo que estamos hablando de un señor latifundio. Por poner esa cantidad de tierras en contexto, solo hay que decir que en España hay 8.133 municipios, y que 7.366 tienen un término que es menor que La Almoraima


A mí, lo de que una porción tan grande de campo sea de una sola persona no me da muy buen rollo, pero, en este caso, lo cierto es que todo pertenece al Estado español desde 1982. La historia de cómo terminó esa heredad convertida en terreno público comenzó en 1434, año en el que fue conquistada para Castilla por las tropas que dirigía Juan Arias de Saavedra. Este gentilhombre, a raíz de su triunfo se erigió en señor de aquel feudo. Con el paso de los siglos, sus descendientes se emparentaron bien, hasta el punto de que entroncaron con la casa de Medinaceli, que es, seguramente, la segunda casa nobiliaria más importante de España, tras la casa de Alba. Por tanto, los duques de Medinaceli acabaron siendo propietarios de la inmensa finca, que abarca el 77'88% de lo que hoy es el municipio de Castellar de la Frontera, así como un trozo del de Los Barrios y otro del de San Roque.


El devenir de la finca no tuvo nada de particular durante muchas décadas, pero los acontecimientos dieron un giro en 1973, cuando el jerezano José María Ruiz-Mateos compró La Almoraima a los duques de Medinaceli, lo que implicó que esta pasó a estar integrada en Rumasa. Por poner en contexto el remate de la historia, hay que decir que Ruiz-Mateos fundó Rumasa en 1961, y convirtió esa sociedad, en 20 años, en el mayor holding de España, gracias a su habilidad, como no, pero también gracias a que era miembro supernumerario del Opus Dei y a que tenía interesantes contactos entre los que mandaban en época de Franco. El caso es que Rumasa creció tanto, que acabó siendo un peligro para la economía del país, ya que daba trabajo a 60.000 personas y generaba el 1'8% del PIB nacional. En 1983, Rumasa agrupaba, oficialmente, unas 400 empresas, en las que se incluían 18 bancos. Eso significa que controlaba cerca del 25% del mercado bancario español. 

Sin embargo, el mayor problema de Rumasa no era su tamaño, sino el reguero de deudas que iba dejando, la escasa confianza que provocaba el modus operandi de Ruiz-Mateos, el cierto descontrol en la gestión que translucía este, así como la opacidad con la que se manejaba, amparado por el poco control fiscal que había en aquellos tiempos y por su provechosos apoyos. La cosa era que el rastreo de las finanzas de la sociedad de Ruiz-Mateos era imposible de seguir, sobre todo porque él no permitía auditorias externas, pese a que los informes del Banco de España se hacían eco de las dudas que suscitaba su heterodoxa política empresarial, e indicaban que Rumasa ponía en riesgo la estabilidad de España. La realidad era que la corporación era un gigante con pies de barro y una especie de agujero negro incontrolado, valorado en 300.000 millones de pesetas, que tenía suficiente entidad como para arrastrar al resto de la economía española si quebraba. En 1982, con la llegada del PSOE al poder, el gobierno intentó poner algo de orden en ese disloque, pero Ruiz-Mateos no se avino a razones, por lo que, al final, le quitaron la macroempresa sin más. 

La historia de Rumasa y de Ruiz-Mateos no había acabado, como es lógico. De hecho, el empresario se convirtió en una figura pública muy pintoresca, lo que no evitó que fundara otro holding y modernizara las estrategias para ganar dinero a manta de manera oscura, mientras peleaba en los juzgados para que le devolvieran lo que él decía que era suyo. No obstante, lo que nos atañe a nosotros ahora, es que la Finca La Almoraima pasó a ser del Estado cuando Rumasa fue expropiada. Hoy día, ese extenso latifundio es un bien público, que está administrado por el Organismo Autónomo Parques Nacionales, el cual se adscribe en la actualidad al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

El caso es que, dentro de la Finca La Almoraima había un edificio religioso, denominado Convento de San Miguel, que se había construido en 1603 junto a una torre de vigilancia de época musulmana y a una ermita, la cual databa de 1526. Esta se había integrado como capilla del monasterio al erigirse este. 


En el Convento de San Miguel vivieron frailes hasta que el cenobio fue desamortizado en 1839. La expropiación implicó que el inmueble dejó de pertenecer a la Casa de Medinaceli durante un tiempo. Esta, tras años de litigios, consiguió recuperar su posesión en 1865. Poco después, el duque de turno acometió la remodelación del edificio, transformándolo en un palacete que sirviera de base para organizar monterías por la gran finca. Así, convertido en casa-palacio, el antiguo monasterio vio pasar lo que quedaba de siglo XIX y todo el XX. En 2010, cuando estaba ya en manos estatales, en él se inauguró el Hotel Casa Convento La Almoraima.


Ni María ni yo somos de los que van a los hoteles y no salen de ellos, pero reconozco que, en este caso, al ver el Hotel Casa Convento La Almoraima optamos por cambiar los planes que teníamos para el domingo, con la idea de sacarle todo el jugo posible a sus instalaciones. Para empezar, por la mañana nos marcamos una ruta por el Sendero de la Duquesa, que no abandona los límites de la Finca La Almoraima. El itinerario es circular y solo mide 1.608 metros. 


La Finca La Almoraima da para hacer senderismo del modo más exigente, pero la ruta que han apañado por los alrededores del hotel nos permitió conocer el entorno sin palizas. Además, dado que este, y el 90'4% de la finca, están en pleno Parque Natural de los Alcornocales, que eso no lo había comentado, pues fue chulo caminar bajo los alcornoques, los quejigos y los acebuches que caracterizan ese precioso territorio protegido.


Después del paseo, nos quedamos a comer en el magnífico Restaurante La Gañanía, que es el restaurante del hotel. El tema fue que, por la mañana, cuando habíamos decidido lo que íbamos a hacer, quisimos reservar, pero nos dijeron que ya iba a ser complicado. Por fortuna, como habíamos estado alojados allí, nos ofrecieron que podíamos almorzar a las 13:30, antes que nadie, y dijimos que sí. Fue un acierto, sin duda, porque dejaron que nos sentáramos en la mejor mesa de todas.


El nombre del restaurante me resultó curioso, porque una gañanía es un conjunto de gañanes. Sin duda, es una denominación original.


Lo cierto es que pasamos un rato muy bueno comiendo en La Gañanía. Por último, de nuevo nos volvimos a beneficiar de que habíamos estado alojados en el Hotel Casa Convento La Almoraima, porque nos dieron la posibilidad de echar unas horas en su magnífica piscina, y no la desaprovechamos.



Yo soy muy de secano, siempre lo digo, pero eché en esa piscina una tarde sensacional. En primer lugar, se estaba de maravilla a la sombra, por lo que me eché la siesta y no me moví de la hamaca en mucho rato. Aparte, estuvimos casi solos. Al final, incluso me di un chapuzón. Así da gusto.

Antes de acabar, tengo que decir que, en la explanada trasera del Hotel Casa Convento La Almoraima se celebró, durante todo el fin de semana, la primera edición del Mercado Artesanal La AlmoraimaEl evento fue un éxito de tal calibre, que sorprendió a los propios empleados del hotel con los que yo hablé. 


En efecto, tanto el domingo a última hora de la mañana, como el sábado por la tarde, que fue cuando yo me acerqué, la zona de puestecillos estuvo hasta la bola, la barra que habían montado en el lado de la explanada que pegaba con el hotel también, y las actividades paralelas que se planificaron tuvieron un éxito que ni los organizadores esperaban. La gente del entorno se volcó con el evento, cosa de la que yo me alegro. 


La principal particularidad del Mercado Artesanal La Almoraima fue que estaba ambientado en 1915, año en el que la Reina Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII, visitó la Finca La Almoraima. Por lo visto, en 1911 Luis Fernández de Córdoba, que era el duque de Medinaceli por aquel entonces, se había casado con Ana María Fernández de Henestrosa y Gayoso de los Cobos (ahí es nada...), la cual era dama de la reina. Eso explica por qué Victoria Eugenia de Battenberg se dejó caer por La Almoraima en 1915.

Debido a ese hilo conductor, tanto los que habían montado los puestos, como los responsables de las actividades paralelas, iban vestidos como si fueran insignes ciudadanos de principios del siglo XX. Nosotros, le echamos un vistazo al mercado, nos tomamos una cerveza en la barra, y nos unimos a una ruta guiada por las instalaciones del hotel. La misma la condujo una voluntariosa chica, que se esforzó por poner en contexto el edificio. No obstante, incluso el más avezado guía turístico hubiera sufrido para dinamizar una visita en la que se juntaron medio centenar de personas, por lo que la joven, que tenía muy pocas tablas, se las vio y se las deseó para contar lo que llevaba preparado y que viéramos algo. Por eso, después de un rato, María y yo decidimos aligerar el nutrido grupo y nos fuimos ya a Castellar Viejo.

En definitiva, los dos días en Castellar de la Frontera fueron un bálsamo. La segunda mitad del verano ha tenido un punto complicado, y el otoño se presenta intenso, por lo que necesitaba esta breve desconexión. Eso sí, nos quedamos sin ir a Gibraltar, que era el plan original para el domingo, a pesar de que estaba tan cerca, que se veía el Peñón desde el Castillo.


Lo de ir a Gibraltar continúa pendiente, pero no va pasar mucho tiempo antes de que salde esa cuenta. Seguiremos informando...


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado CASTELLAR DE LA FRONTERA.
En 2011 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 45'5% (hoy día 59'1%).
En 2011 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 16'6% (hoy día 22'4%).


24 de septiembre de 2025

CROSS URBANO LUIS MANUEL CONEJERO 2025

Nunca había disputado una carrera corta tan dura como el Cross Urbano Nocturno Luis Manuel Conejero Pontes. El perfil de su circuito fue salvaje.


Llevo participando en carreras desde el año 2000, y he corrido en muchos sitios. En algunos, me he encontrado con recorridos rompepiernas y con rampas leñeras, pero no recuerdo nada parecido a lo de la otra noche. De todas formas, está claro que no se podía esperar un trazado cómodo en una prueba atlética que se disputa en un pueblo llamado Castilleja de la Cuesta...

Castilleja de la Cuesta ya ha salido en este blog, por lo que no me voy a detener ahora en describir como es su casco urbano. No obstante, sí voy a recordar que el municipio alixeño se extiende por la ladera de una amplia meseta, que mide unos 15 kilómetros de lado a lado. Es cierto que la zona no es montañosa, pero también lo es que la segunda parte del nombre de Castilleja de la Cuesta no está puesto por nada.

El tema es que tengo el propósito de participar en, al menos, una carrera en cada uno de los municipios de la provincia de Sevilla. Castilleja está muy cerca de mi casa, por lo que podría haber tachado el pueblo de la lista hace mucho, pero sabía que, en él, es imposible escapar del perfil asesino de sus calles. Por eso, me había ido haciendo el remolón. Sin embargo, este mes de septiembre por fin he decidido echarle valor, y, ahora sí, ya puedo eliminar Castilleja de la Cuesta de la relación de pendientes. No creo que vuelva a correr allí.

En todo caso, la culpa de mi desafección no la tiene la carrera, porque estuvo organizada de una manera impecable. De hecho, empezó puntual, la vi bien dotada de voluntarios, el avituallamiento fue correcto, se tomaron los tiempos con exactitud, e, incluso, el recorrido estuvo marcado en el suelo con una línea. Desde el punto de vista logístico, la cita se merece un diez. Sin embargo, será difícil que se me olvide lo dura que es.

Sufriendo por Castilleja

La duodécima edición del Cross Urbano Nocturno Luis Manuel Conejero Pontes empezó en un pequeño bulevar, que hay delante del enorme edificio que alberga el IKEA y el Centro Comercial AireSur de Castilleja


Podría parecer que el exterior de un IKEA no es el lugar más propicio para iniciar y para terminar una carrera, pero la verdad es que ese mamotreto da, por el este, a una carretera que tiene al otro lado una urbanización de casas, y que conduce pronto al principio del casco urbano de Castilleja. Por tanto, no está en un entorno tan hostil como pudiera parecer. El complejo comercial sí da a un horrible polígono industrial por el oeste, y se asoma por el sur a la A-49, pero ni la autovía ni el entramado de naves se intuyen desde el mencionado bulevar. Además, junto a él hay una amplia explanada, que resultó ser un emplazamiento muy cómodo para montar la parafernalia que siempre acompaña a las citas atléticas.

En consecuencia, la salida y la meta del Cross Urbano Nocturno Luis Manuel Conejero Pontes no estuvieron situadas en un mal sitio, aunque, eso sí, el bulevar es de tierra fina, por lo que, cuando todos los presentes echamos a correr a la vez, se generó una polvareda similar a la que hubiera levantado una manada de búfalos. 



Sin embargo, salimos pronto a la carretera y ya no dejamos de pisar asfalto hasta la recta de meta. Al abandonar el bulevar, lo primero que hicimos fue bajar. En pocos minutos, alcanzamos una rotonda que está, prácticamente, en el extremo este de Castilleja. En ella, nos encontrábamos a 75 metros sobre el nivel del mar. El benevolente inicio fue un espejismo, porque, a partir de ahí, empezamos a ir para arriba, y no paramos hasta que habíamos corrido unos 2.700 metros. En ese trecho, mientras atravesábamos la localidad de lado a lado, subimos hasta los 116 metros. Ascender a la carrera una cuesta con un 2'1% de inclinación no parece mucho, pero sí lo es si esta mide 1.900 metros y no tiene ni un solo descansillo.

Como he dicho, empezamos a subir en una rotonda que está ubicada casi en el límite del casco urbano de Castilleja por el este, y el primer rellano nos lo encontramos en otra glorieta, que se sitúa en la esquina noroeste del pueblo. 


Dado que la rotonda del extremo noroeste es amplia, y que tuvimos que rodearla en gran parte, por primera vez en muchos minutos corrimos un poco sobre un terreno sin pendientes. Fue efímero, porque en los siguientes 400 metros ascendimos otra rampa, en la que el desnivel superaba el 2%. Esa subida nos centró en el casco urbano de Castilleja de la Cuesta, de manera que, poco después de llegar al kilómetro 3, giramos y comenzamos a bajar, cortando la población por la mitad. 

Sin duda, el tramo de descenso que nos encontramos a partir del kilómetro 3'1 fue el más vistoso de todo el recorrido, porque fuimos buscando el corazón de Castilleja, hasta que desembocamos en la Plaza de Santiago, que es el epicentro del pueblo. Tras entrar en esa plaza por un extremo y salir por el opuesto, continuamos corriendo hacia abajo por la Calle Convento.


Por suerte,  en Castilleja los adoquines no son muy bastos, por lo que el tramo por su meollo no se hizo duro por culpa del suelo. Ciertamente, los 1.300 metros de bajada fueron cómodos, porque pasamos de los 124 metros a los 87. La pendiente negativa al 2'8% fue corrible. No obstante, como conozco Castilleja de la Cuesta y había mirado por dónde íbamos a ir, sabía que aún nos quedaba otro leñazo. En efecto, al desembocar en la Calle Real, que es la arteria que ejerce de travesía del pueblo, viramos con brusquedad y empezamos a subir por ella. Los siguientes, fueron 1.500 metros más de ascenso, por una calle que tiene un 2'2% de desnivel, y que no nos dio ni un palmo de tregua.

Yo, en la primera subida había conseguido no pasarlo demasiado mal, pero, tanto el pedazo final de la Calle Real, como el trecho que recorrimos hasta que alcanzamos el sexto punto kilométrico, fueron una tortura para mí. A esas alturas, ya iba corriendo solo. Veía a lo lejos a otro sufridor, pero no llevaba a nadie a mi alrededor.

Como se puede intuir en el mapa que he puesto arriba, el tramo que transitamos desde que superamos el punto kilométrico 6, hasta que salimos de nuevo a la Calle Real, 1.600 metros después, volvió a ser muy benévolo. No en vano, pasamos desde los 120 metros de altura hasta los 75, corriendo, otra vez, por una pendiente descendente del 2'8% de inclinación media. 

No obstante, todavía quedaba la traca final. El 4% de desnivel desfavorable del medio kilómetro de la recta de meta estuvo a punto de costarme un disgusto.


En definitiva, tengo que decir que viví un calvario en la segunda gran subida de la carrera, en la que acabé avanzando al trote cochinero. Hubo momentos en los que mi objetivo fue no echarme a andar. De hecho, para evitar caminar tuve que hacer un esfuerzo psicológico similar, al que uno se impone en el kilometro 40 de un maratón. También lo pasé mal en la recta de meta, aunque en esta, al menos ya estaba terminando. 


Las subidas fueron mortales, pero, a cambio, lo bueno fue que recuperé bajando. Si no, no hubiera podido terminar los 8.000 metros sin andar. Eso sí, mi media final fue de 5:02. Es el tercer peor promedio de mi vida en competiciones de menos de 42 kilómetros. Con ese dato, casi que lo digo todo. En mi descargo, he de añadir que el viernes salió cruz con la temperatura, es decir, que hacía una horrorosa noche de calor veraniego. A la hora de la carrera, el termómetro marcaba 32º. En esas condiciones, más que el ritmo hay que mirar el puesto en la clasificación. Yo acabé el 64, de 201 personas que cruzaron la meta. Sin embargo, como referencia, también es interesante añadir que el ganador, que fue el portugués Claudio Pica, corrió a 3:33, teniendo en cuenta que le he visto completar el diezmil de Olivares a 3:13, y la Media Maratón La Cal y El Olivo, que es durilla, a 3:22.

Son detalles. No siempre soy tan prolijo con los recorridos, pero, en este caso, el perfil es clave a la hora de hablar de Cross Urbano Nocturno Luis Manuel Conejero Pontes. Disputarlo fue toda una experiencia, aunque no tengo la intención de volver a correrlo. No obstante, no sería la primera vez que he dicho eso de una cita y he acabado regresando. El tiempo lo dirá.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 265.
% del Total de Carreras a completar: 26'4%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en CASTILLEJA DE LA CUESTA.
% de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que he corrido una Carrera: 40%.


31 de agosto de 2025

LLANES 2025

No ha sido este el primer año en el que he ido dos veces desde Sevilla hasta Llanes en el mismo verano, pero nunca lo había hecho con tan pocos días de diferencia. En 2025, las circunstancias han querido que haya subido a principios de agosto, y que, tras regresar a casa, haya vuelto de nuevo a Asturias durante la tercera semana del mes.


En cualquier caso, como he estado en Llanes 33 veces en los últimos 29 años, y es previsible que siga yendo, ya que la casa que se hicieron mis padres en la aldea llanisca de La Galguera aún es un lugar en el que necesito echar unos cuantos días de vacaciones cada verano, pues he establecido tres pequeños retos, que me estoy esforzando por cumplir. Al ir a por todos, lo que pretendo es explorar de la manera más profunda posible lo que ofrece el concejo. No obstante, solo en dos de esos desafíos voy a intentar ser exhaustivo. En el tercero, que implica conocer las fiestas populares del municipio, es inviable elaborar un listado completo de las que hay. 

Sin embargo, las pretensiones de conocer todas las playas del concejo de Llanes y el 100% de sus pueblos sí son realistas, como he ido contando desde hace unos años. Este verano, lo comencé con 29 de los 71 núcleos poblacionales ya visitados (de 3 no he hablado aún en el blog), y con 23 de las 53 playas disfrutadas (hay una a la que no he mencionado todavía en En Ole Väsynÿt). En ambos casos, los retos han avanzado un poquito más en 2025.

Vidiago, Poo, El Mazuco, Nueva... y los pueblos clásicos

Huelga decir, que este verano he vuelto a echar buenos ratos en La Galguera, en San Roque del Acebal, y, como no, en Llanes capital.

Con respecto a la primera aldea, que es donde está la casa de mi familia desde 2004, el presente año he comprobado que siguen construyendo en ella. Omnia Mutantur, Nihil Interit...


Pues sí, Omnia Mutantur, todo se transforma. Ovidio ya reflejó esa verdad en La Metamorfosis hace 2.000 años, pero añadió que nada desaparece, Nihil Interit, y con eso es con la que hay que quedarse. Evidentemente, no me gusta que haya tres casoplones delante del balcón de mi cuarto asturiano, en vez de vacas, que es lo que llevo viendo dos décadas, pero no se puede detener la evolución de las cosas. La Galguera no ha dejado de cambiar nunca, en realidad, ni va a parar jamás de hacerlo. Por ello, para mí pesa más la alegría de que he estado vivo para ver su crecimiento, que la pena de que se ha volatizado el ganado que pastaba frente a mi ventana. Ahora, tendré que alejarme un poco para a ver a los animales.

En todo caso, decía que, en los diez días que he estado Asturias este mes de agosto, también he echado un par de ratos en San Roque del Acebal, que es la aldea vecina de La Galguera...


... así como en Llanes, que es un pueblo por el que nunca me desagrada un paseo.


La cervecita en el Café Bitácora, el helado en la Heladería Revuelta, el pixin y las rabas en la Sidrería El Bodegón... Llevo años yendo a Llanes, y no me canso de cumplir con esas tradiciones.


Este 2025, como novedad, una noche fuimos a un pub a tomarnos algo. Yo, el mundo nocturno de Llanes no lo tengo para nada trabajado, pero el sábado nos dio por salir a dar una vuelta tras la cena, y acabamos en la recogida terraza de un bareto llamado Al Copone Gin Club, que me gustó bastante.


Cuando empecé a ir a Llanes no tenía hijas, pero pronto nacieron Ana y Julia, lo que hizo que me olvidara de andar por la calle después de la puesta de sol. Ahora, ya son adolescentes y todo ha cambiado, por lo que no descarto nuevas visitas, con ellas a ser posible, a sitios como Al Copone.

No obstante, yo de lo que iba a hablar era de las localidades llaniscas que he conocido este año, que han sido El Mazuco, Vidiago y Poo. Aparte, he vuelto a Nueva, que es una aldea en la que había estado un par de veces, pero a la que aún no había mencionado en ningún post. Actualizando números, por tanto, ya he visitado 32 de los 71 entes poblacionales de Llanes. De todos ellos, solo me falta decir algo de El Allende, de Puertas de Vidiago, de Villahormes, de Puentenuevo y de Purón. Lo haré lo antes que pueda.

Por lo que respecta a Nueva, esta bonita población es la tercera con más habitantes del concejo de Llanes. Viven allí unas 600 personas.

       


No obstante, lo importante de Nueva es que está en el extremo occidental del término llanisco, a 8 kilómetros de Posada, que es el segundo núcleo más poblado del concejo, y a 18 de Llanes capital. Hoy día, eso no es mucho, pero antaño era lo suficiente, como para que Nueva sobresaliera en su entorno inmediato. Se nota, porque es un pueblo con un buen número de casonas de los siglos XVIII y XIX, así como con algún palacio incluso de mayor antigüedad.

De los nuevos pueblos que he conocido en 2025, el más pintoresco es El Mazuco. Se encuentra en el interior del concejo, enclavado en una zona bastante escarpada.  La misma, aunque se halla apenas a 6 kilómetros del mar, forma parte de la imponente Sierra del Cuera, que se ve al fondo en casi cualquier foto panorámica que se saque en Llanes.


El tema es que la Sierra del Cuera está dividida en varias cordilleras, y El Mazuco se encuentra en un pequeño valle que hay entre dos de ellas.



Nosotros fuimos a El Mazuco con la intención de ver la Cueva El Bolugo. Para llegar al punto en el que empieza el camino que lleva a ella, atravesamos el pueblo entero, por lo que vimos la Ermita del Santo Ángel, la Fuente y el Monumento al Emigrante, que está emplazado en la placita que ejerce de centro de la localidad.

       


Sin embargo, la Cueva El Bolugo no llegamos a verla, porque el punto en el que se supone que teníamos que acceder al sendero que conduce a ella estaba totalmente intransitable.


Yo no vi la manera de atravesar el montón de maleza que ocultaba el camino, por lo que desistimos. En el futuro, intentaré volver a ese lugar, para tratar de pasar, por ahí o dando un rodeo. Esta vez, no obstante, lo que hicimos fue irnos a tomar un café. Resulta que en El Mazuco, donde viven menos de 50 personas, está emplazado uno de los restaurantes más destacados del oriente asturiano. Se llama Bar Parrilla El Roxin.


El Roxin no es un restaurante de lujo, pero me lo han recomendado varias veces, en diferentes lugares, por lo que es todo un tapado. Yo no había acabado de ir, pero el otro día sí tuve una primera toma de contacto con el negocio. Regresaré a El Mazuco lo antes posible, para intentar ver la cueva y para pegarme un buen homenaje en El Roxin, matando así dos pájaros de un tiro.

Volviendo a la costa llanisca, otra población que he conocido este año es Poo. En su caso, se trata de una localidad de unos 400 habitantes, que se extiende a ambos lados de la carretera AS-379, que es la que atraviesa Llanes capital. 


La cosa es que Poo es la población más cercana a la capital del concejo por el oeste. Entre las dos hay una cierta distancia, pero yo fui andando de Llanes a Poo y volví sin problema, lo que denota que la separación es poca. En apariencia, Poo se ha desarrollado gracias a que la atraviesa la carretera, por lo que, pese a que tiene el mar a tiro de piedra, no se asoma a la Playa de Poo. La misma no está muy lejos, en todo caso. Aparte, se trata de un núcleo eminentemente residencial, aunque cuenta con zonas en las que las casas presentan un aspecto bastante tradicional.



Los dos puntos más relevantes de Poo son el ensanchamiento de la carretera general en el que se encuentra la Bolera, que está rodeada de varios restaurantes, así como la campa en la que se halla la Iglesia de San Vicente y el Monumento a Egidio Gavito.


Por último, la tercera localidad novedosa en la que he estado este 2025 ha sido Vidiago. Allí, asistimos a la Fiesta de la Sacramental, que es la primera de las dos celebraciones populares a las que voy a hacer referencia en el presente post.


Vidiago también se asoma a una carretera, en este caso a la N-634, pero, al estar más lejos de la capital del concejo, no ha crecido tanto. Allí residen menos de 100 personas. 


Sin embargo, los que viven en Vidiago y los que han crecido allí, siguen celebrando la fiesta veraniega de la aldea, que estuvo compuesta de todas las partes que integran este tipo de eventos, los cuales duran un par de días o tres. Lo primero, como es tradicional, fue la plantación de la hoguera. 


Lo de plantar la hoguera es un acto del cual creo que todavía no había hablado en En Ole Väsynyt, pero que es muy tradicional en las fiestas patronales de la mayoría de las localidades de Llanes. Su fase previa consiste en buscar, talar, pelar y sacar del monte un enorme tronco de árbol. Después, el día del jolgorio, los mozos del pueblo lo llevan a hombros a un lugar más o menos emblemático del mismo, y lo clavan en un gran agujero.


El proceso de plantar la hoguera tiene un punto ancestral y simbólico, claro, ya que es necesaria la colaboración, la organización y la solidaridad para trasladar el tronco varios kilómetros, y para clavarlo en la tierra, de forma que aguante un año sin caerse. La cosa es que, cuanto más grande sea el palo, más difícil será trasportarlo y dejarlo vertical, de manera que el pique consiste en intentar que su altura sea la mayor posible. Durante los meses entre una fiesta y la siguiente, el poste permanece en un sitio visible por todos, convertido en una especie de estandarte, que representa una serie de valores de los cuales hace gala la comunidad de vecinos, como la unión, la identidad colectiva, el orgullo de la pertenencia al grupo y el apego a las raíces.


Es obvio que hablamos de un rito cuyo procedencia se pierde en la noche de los tiempos, y que se vincula a costumbres celtas y a tradiciones de pueblos del norte de Europa que quedan lejanas. El símbolo de que la comunidad levante un árbol cada primavera, cuando vuelve la vida tras el invierno, y que ese tronco ejerza de eje simbólico colectivo durante un año, igual que el fuego del hogar congrega a la familia a su alrededor, no es un ritual difícil de comprender, y estaba tan arraigado, que en lugares como Asturias fue unido sibilinamente a las fiestas patronales veraniegas por la Iglesia Católica. Era mejor eso que luchar porque desapareciera. En consecuencia, lo de plantar la hoguera (es decir, el fuego simbólico que demuestra la unión de la comunidad que lo puso ahí), tiene un origen pagano. Por ello, hoy en día no es raro que el proceso esté unido al inicio de las verbenas.

El caso es que el acto de plantar la hoguera es similar en todos los pueblos de Llanes. Lo normal, es que los hombres corten el madero unos días antes y lo transporten desde monte, dejándolo en los límites de la localidad. Con motivo del inicio de la fiesta, los mismos acabarán el traslado, pero esta vez ya irán escoltados por las mujeres, que entran en escena en ese momento, y cuya misión es acompañar la parte final del porte, cantando y tocando la pandereta. En Vidiago, nosotros no seguimos esa procesión, sino que esperamos en la Bolera a que llegara el tronco, tomando una cerveza y viendo como los jóvenes bailaban al modo tradicional, al son de la gaita.


Cuando acabaron de plantar la hoguera, dio comienzo la mencionada verbena. Su primera parte la amenizó una actuación del grupo Trío Picos de Europa


Al principio, al ver a las tres integrantes del trío embutidas en chupas de cuero me vine un poco arriba, porque creí que íbamos a presenciar un concierto de Pop Rock. Para mí desgracia, no fue así, puesto que Trío Picos de Europa pronto empezó con las bachatas y la música melódica. A mí, el inicio del repertorio me lo puso fácil para tirar para casa cuando tocaba. No obstante, como está reflejado en el cartel, quedaba mucho por delante. El viernes, me hubiera gustado disfrutar de la sesión vermú y de los bailes regionales, pero teníamos planes diferentes para el mediodía. De todas formas, ya digo que el grueso de las fiestas patronales llaniscas se parecen, y que esa parte he tenido la suerte de vivirla en otros sitios.

Antes de terminar con los pueblos, voy a hablar de la otra festividad a la que he asistido el presente año. Como he dicho, con las celebraciones populares llaniscas no voy a ser exhaustivo, pero, poco a poco estoy haciendo un repaso de las que voy consiguiendo ver, por lo que la cosa acabará quedando bastante completa. Las Fiestas de San Roque de Llanes aún no habían aparecido en este blog. Su día grande es el 16 de agosto.


Ese día, a media tarde, tiene lugar el Encuentro Regional de Gaiteros, que es una pasada. Este año, se cumplía su edición 26, y yo conté que tomaron parte en él 8 bandas, aunque he leído que fueron 11. Las asturianas de fuera de Llanes eran de concejos como Aller, Onís, Corvera de Asturias, Cabrales u Oviedo. Luego, había otra de Valladolid, nada menos. Por último, abrió el desfile la Banda de Gaitas L'Alloru, que es de la localidad llanisca de Balmori, y lo cerró la Banda Gaites Llacín, que además de ser de Llanes, es de las más importantes de España en su género. 



Lo del desfile estuvo muy bien, pero lo mejor llegó al final del pasacalles, cuando todas las bandas se fueron instalando en la Playa del Sablón y acabaron interpretando, de manera emotiva, el himno de Asturias.



Para terminar, la descarga de fuegos artificiales, desde el Paseo de San Pedro y desde el mar, fue de las más espectaculares que he visto. 



En definitiva, ha quedado patente que los planes urbanos en Llanes me siguen dando mucho juego, pero, como siempre, allí también es indispensable hacerle un hueco en la agenda a la naturaleza y a sus encantos.

La Playa de La Capilla se suma a la lista

Decía antes que empecé el verano con 23 de las 53 playas llaniscas visitadas. Tras ir a la Playa de La Capilla, lo acabé con 24.



La Playa de La Capilla se encuentra en un lugar muy aislado, ubicado entre Poo y Celorio. A su lado, hay una capilla, como se deduce con facilidad por su nombre, aunque la misma está en ruinas.


De las 24 playas de Llanes que conozco, solo me faltaba hablar en el blog de la Playa de Cuevas del Mar. Ahora ya la he mencionado, pero me queda regresar a ella. Por otro lado, me he bañado en 12 de esas playas. La de La Capilla es muy pedregosa, pero parece que es sencillo meterse en el agua desde su orilla, porque está protegida. No obstante, hacía fresquete y no tuve narices. Este año, lo más que he hecho ha sido darme un rápido chapuzón en la Playa de Ballota

Los paseítos

En 2017 y en 2020, hice referencia al tramo llanisco del Sendero Europeo E-9, también denominado GR 204 Senda Costera. Este, junto con el trecho que discurre por el concejo de Ribadedeva, mide unos 69 kilómetros, aunque he encontrado una fuente que parece fiable, que dice que son 64'7. La diferencia estriba, seguro, en que hay muchos puntos del camino en los que uno puede coger variantes del mismo, para acercarse más a la costa de manera momentánea, por lo que la distancia final cambia en función de que se incluyan esos trayectos de ida y vuelta, o no. 

En cualquier caso, yo ese tramo de casi 70 kilómetros entre Bustio y la Playa de Guadamía lo estoy haciendo por partes. En total, llevaré unos 21 kilómetros, por lo que me resta bastante. Recapitulando, en 2017 fui de Llanes a la Playa de Poo, en 2020 salí de Llanes, yendo en dirección opuesta, y llegué a Andrín, también he ido un par de veces de la Playa del Cobijeru a Pendueles, y este 2025 he caminado desde Poo hasta Celorio






Aparte, como bonus extra, el presente verano he vuelto a unir Poo con Llanes, haciendo a la inversa el recorrido de 2017.



La ruta que va desde Poo hasta la Playa del Sablón de Llanes es espectacular, por lo que se puede hacer el número de veces que se quiera. En el tramo que está más pegado a Poo, a ratos se va tan cerca del acantilado, que hay que tener cuidado si se sufre de vértigo.  


Quizás, es más impresionante hacer el recorrido en el sentido en el que yo lo he hecho este año, porque se va uno aproximando a Llanes y puede ir contemplando unas panorámicas del pueblo que quitan el hipo.



Después, en un momento dado se atraviesa una estrecha abertura que hay en un murito, y se desemboca en el Paseo de San Pedro. Recorrerlo de principio a fin, como yo he hecho este año, merece mucho la pena.




Comer comer...

En 1997, estuve en Llanes por primera vez. Ese año, fui casi por casualidad a un restaurante llamado El Sucón, que estaba un poco escondido. Era un lugar escasamente refinado, donde se comía al modo tradicional asturiano. Pues bien, desde entonces hasta 2024, almorcé allí en 32 ocasiones. El caso es que la propietaria del Restaurante El Sucón nos reveló, en agosto de 2023, que lo iba a traspasar, porque el negocio era muy esclavo y ya no le compensaba. El verano siguiente, comprobamos que el mismo lo había cogido otra persona, la cual había introducido cambios absurdos en la carta, con el agravante de que no nos dieron un buen servicio. Era evidente que la cosa no iba a funcionar, y así ha sido, hasta el punto de que este 2025 nos hemos encontrado chapado El Sucón. Me gustaría pensar que el cierre es temporal, pero no se si aparecerá alguien que levante el vuelo del establecimiento.

El resumen es que este verano no ha habido suconazo. No obstante, la alternativa para una buena comilona a base de fabada no la encontré muy lejos, ya que almorzamos un día en el Restaurante Picu L'Salgar, que está en la misma carretera que El Sucón, pero menos aislado.


El Restaurante Picu L'Salgar abrió sus puertas en 2005, de manera que no existía las primeras veces que yo fui a El Sucón, pero lo llevaba viendo dos décadas en ese lugar, por lo que se ha convertido en un clásico para mí. Sin embargo, los cantos de sirena de El Sucón habían hecho que siempre hubiera ignorado a su vecino. Ahora, debido a la nueva coyuntura, ya puedo decir que he probado su afamado pote. Volveré, porque no me defraudó.

El otro sitio novedoso al que hemos ido a comer este verano también tiene su historia. Se llama Restaurante El Cuchareru. La anécdota es que, en julio, una semana antes de ir a Llanes, haciendo zapping me paré en un programa de Canal Sur, en el que estaban hablando de la costa llanisca. Creo que era Andaluces x España, aunque no he conseguido encontrar en Internet ese capítulo y no estoy seguro al 100%. De todas formas, lo que sí es indudable es que me atrapó, por lo que vi como uno de los protagonistas del episodio llevaba al presentador a un restaurante en Nueva, que resultó ser El Cuchareru.


En el programa, vi que en el Restaurante El Cuchareru se mezcla la tradición y la vanguardia, me gustó y me quedé con el nombre. Unos días después, estando ya en Llanes, apareció la oportunidad y fuimos a conocerlo. 


No me defraudó. El Cuchareru se vende como un restaurante que también cuenta con una tienda y con un microllagar. En realidad, es un negocio de restauración normal, que no tiene una carta demasiado amplia ni es barato, pero que ofrece cosas ricas, y que sirve unas raciones lo suficientemente grandes, como para que uno de por bien gastado el dinero. Nosotros tuvimos que comer temprano, porque, cuando llamé por la mañana para reservar, ya apenas había hueco. Me alegro. Por otro lado, la sorpresa fue que en la mesa vecina a la nuestra almorzó el conocido periodista Juan Ramón Lucas. Estaba con su mujer, Sandra Ibarra, con un par de parejas más, y con un señor mayor. Lo dejé tranquilo, claro, pero me resultó curioso.

Otro lugar clásico que ha evolucionado, y sigo con la cantinela del Omnia Mutantur, Nihil Interit, es el chiringuito de la Playa de San Antolín. Desde 2015, había comido en él casi una decena de veces, cuando su nombre era Bar Restaurante La Playa. Este verano se ha llamado Eni's Bar, pero no ha cambiado lo suficiente, como para que haya dejado de ser una gozada almorzar en su terraza.


Un segundo chiringuito en el que intentamos comer otro día fue en el Mamba, que se asoma a la Playa de Ballota. En este caso, no habíamos reservado, estaba lleno y amenazaba lluvia, por lo que nos tuvimos que conformar con tomarnos una cerveza en unas mesas que tiene a la intemperie.


Ese rato tampoco estuvo mal...

Los planes random del verano llanisco de 2025

Voy a acabar hablando de tres cosas que he hecho este año, que ha sido divertidas, pero que no han tenido cabida en ninguno de los apartados en los que he dividido el texto hasta ahora. Yendo de lo más turístico a lo menos, lo primero es que me volví a asomar, por fin, al Mirador de la Boriza. Desde 2010 no lo hacía.



El Mirador de la Boriza no está lejos de La Galguera, pero yo solo había ido una vez a otear la costa desde él. De nuevo, la clave para que me haya decidido a regresar este verano ha sido que ese sitio salió en el mismo programa de Canal Sur que mencioné antes. Cuando lo vi, me dije que no podía pasar otro año sin que me acercara al mirador. Desde el Mirador de la Boriza, si se mira hacia occidente se ve la Playa de Ballota, y si se mira hacia oriente se ve la de Andrín. El lugar es espectacular.



El segundo plan un tanto random que nos hemos marcado este año ha sido ir al Hotel Rural La Montaña Mágica, pero no a dormir en él, sino a visitar a sus dueños. La Montaña Mágica es un establecimiento hotelero que abrió sus puertas en 1996, en un lugar un poco inverosímil. 


En 1997, yo fui con mis padres a pasar allí una semana, con la cosa de que les gustó tanto el sitio, que estuvieron yendo a él hasta que se hicieron su casa en La Galguera, una década después. Yo, durante esos años, pernocté en el hotel una decena de veces, pero no había regresado desde 2007. Mis padres fueron en bastantes más ocasiones que yo, por lo que terminaron haciendo amistad con el dueño y con su familia. El otro día, fuimos a visitarlos. 



De nuevo, tengo que decir que muchas cosas ha cambiado en La Montaña Mágica desde que fuimos en 1997, pero esta vez el progreso ha sido para bien. Yo tengo fresco en mi memoria como era aquello al principio, y la verdad es que ahora están potenciadas las virtudes del establecimiento. En origen, el hotel lo abrió y lo echó a rodar un ovetense, llamado Carlos Bueno. Carlos es hijo del filosofo y profesor universitario Gustavo Bueno, que fue toda una eminencia en su espectro profesional hasta que falleció, y que tuvo su momento mainstream en 2000 y 2001, cuando participó en los debates de las dos primeras ediciones de Gran Hermano, tratando de aportar un poco de seriedad a ese circo. 

Con respecto a Carlos Bueno, estando ya embarcado en su aventura hotelera tuvo dos retoños, pero, según nos contó entonces, no tenía la intención de criarlos en ese sitio, por lo que la vida de La Montaña Mágica parecía que iba a ser efímera. Sin embargo, luego la historia ha cambiado, hasta el punto de que Carlos nunca regresó a Oviedo, y ahora son los propios Gustavo Bueno Jr. y Carlos Bueno Jr. los que regentan y han sabido modernizar el negocio de su padre, sin que este haya perdido la esencia. 

El tema es que el otro día fuimos a visitar a Carlos padre y a su mujer, pero Carlos hijo también estaba allí, y nos dedicó, sin prisa, sus buenas dos horas, mientras nos enseñaba como han ampliado las instalaciones del hotel, aprovechando que se halla en una finca de un tamaño brutal. Tan grande es, que el establecimiento tiene tres pequeñas rutas senderistas en el interior de sus instalaciones aledañas, las cuales se encuentran señalizadas. Nosotros, junto con la familia Bueno, hicimos la Circular Finca, que mide 790 metros, lo que nos permitió ver, por ejemplo, las cuadras para los animales, el colmenar de abejas, el huerto, el invernadero y el llagar. 


Después de un rato tan agradable, cuando nos fuimos me hice el firme propósito de volver algún día a dormir al hotel.

Y voy a acabar con el tercero de los planes llaniscos que he calificado como random. De los tres, este último es, sin duda, el más inopinado y fortuito. 


De hecho, para muchos, lo de ir al gimnasio en Llanes no tiene nada de llamativo, lo mismo que para mí no es especial levantar pesas en el de Villanueva del Ariscal. Sin embargo, me encanta confundirme con la gente local en los sitios adonde voy de visita, y lo de adentrarme en el edificio de la Piscina Municipal, curiosear por sus instalaciones y mezclarme con los llaniscos, en un quehacer diario relacionado con el deporte, me parece muy divertido.


No es la primera vez que voy al gimnasio de la Piscina Municipal de Llanes, y quizás no sea la última. La anécdota de esta ocasión fue que me equivoqué de puerta, me metí en el vestuario femenino y casi la lie parda. De hecho, vi de refilón a una señora medio en cueros, la cual, por fortuna no me vio a mí, de manera que pude salir de allí cagando leches sin morirme de vergüenza y sin violentar a nadie.

En conclusión, yo continúo viviendo en Llanes toda clase de experiencias. Ojalá pueda seguir yendo unos días al año durante mucho tiempo.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado LLANES.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 13'3% (hoy día 60%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 11'8% (hoy día 36'8%).