25 de abril de 2026

CORIA DEL RÍO 2026

Después de llevar unos cuantos meses un poco en stand by por motivos ajenos a su voluntad, el Grupo de Sostenibilidad de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla volvió a organizar una de sus excursiones culturales el pasado sábado. En este caso, el destino fue Coria del Río. Allí existe, desde 2012, una ruta turística llamada El Viaje del Samurái, a través de la cual se exploran los entresijos de la relación que hay entre el citado pueblo sevillano y Japón.

A mí me encantan las actividades de este tipo, y además reconozco que disfruto echando ratos con los compañeros de trabajo fuera de los límites de la biblioteca, por lo que no dejé pasar la ocasión de apuntarme a la visita.

La Biblioteca de la Universidad de Sevilla está dividida en 17 centros y cuenta con unos 285 trabajadores. Es evidente que, ni los trato a todos, ni me llevo igual de bien con tanta gente. Sin embargo, me gusta que se organicen iniciativas que me permitan ponerle cara a unos, que me den la oportunidad de conocer a las familias de otros, y también, como no, que posibiliten que pueda coincidir con los compañeros más afines fuera del ambiente laboral. Esta vez, se unieron unos 15 a las excursión, algunos de los cuales iban con sus parejas.


El caso es que me apeteció sumarme a la actividad, María se vino conmigo, y juntos fuimos a Coria del Río a visitar el pueblo de una manera diferente. Yo allí ya había estado haciendo cosas variopintas, e incluso había ido una vez en plan turista, como conté hace unos años, pero me faltaba tener una verdadera visión panorámica de la población. La misma tiene mucho que ofrecer. Gracias a la ruta del otro día y a las explicaciones de Antonio Bizcocho, que es técnico de turismo del Ayuntamiento de Coria del Río, y que fue nuestro guía, ahora tengo un conocimiento más profundo de la historia y del patrimonio de la localidad.

Coria del Río y Sevilla

Coria del Río es un pueblo de 31.000 habitantes, que se halla tan solo a 12 kilómetros de Sevilla. Realmente, si no se ha visto influido en mayor medida por la cercanía a la capital, es porque está en un fondo de saco, al otro lado del Río Guadalquivir. En ese sentido, si comparamos la evolución de Coria y la de Dos Hermanas, vemos que ambas tenían una población parecida en 1900. Sin embargo, ahora esta última ha superado los 142.000 almas, lo que implica que Dos Hermanas ha crecido un 327% más que Coria del Río, a pesar de que se encuentran en la misma dirección y de que su distancia a Sevilla es similar.


La clave de la diferencia son las comunicaciones, evidentemente. En efecto, las de Coria del Río con Sevilla son bastante pobres. Además, está en el lado opuesto del Río Guadalquivir, y, al sur, aunque tiene pegado otro pueblo, llamado La Puebla del Río, solo hay marismas hasta el mar (obviando la existencia de Isla Mayor, que es una pequeña localidad que se encuentra aislada entre los arrozales).

El tema es que Coria del Río es un pueblo familiar para todos los sevillanos, porque está muy cerca, pero, a la vez, ha podido mantener su idiosincrasia sin problema. La pregunta, entonces, es qué tiene que ver con Japón

Coria del Río y Japón

Todas las localidades, a la hora de promocionar sus encantos tienden a remarcar aquello que las hace únicas. En Coria, ese factor identificador es su relación con Japón, que es lo suficientemente relevante, como para que se pueda usar de elemento diferenciador del pueblo.


Lo primero que resalta el vínculo de Coria del Río con el país del sol naciente, es que 700 de las 1.900 personas que se apellidan Japón en España son corianas. Eso es por algo. Lo bueno es que el origen de los lazos tienen relación directa con unas circunstancias históricas concretas, rastreables e identificables. Para empezar a hablar de ellas, yo voy a irme lejos de Coria, de España, e incluso de Europa, como hizo Antonio Bizcocho

El caso es que Japón fue unificado por Tokugawa Ieyasu en 1603, después de un largo periodo de luchas feudales constantes y de conflictos internos. Así, a comienzos del siglo XVII, Ieyasu consiguió dominar, pacificar y estabilizar el archipiélago japonés, lo que hizo posible que pudiera poner el foco de su interés en el comercio y en los avances tecnológicos, como vías para asentar su posición. Como consecuencia de esto, Japón se abrió un poco al exterior, y entró en contacto con los portugueses y con los españoles, que hacía tiempo que pululaban por el Pacífico, y que llevaban muchos años mirando con ojos golosos a las islas niponas, ya que estaban llenas de riquezas y eran una rica fuente de potenciales infieles que evangelizar. Por eso, en cuanto Tokugawa Ieyasu y los suyos se mostraron favorables a recibir a extranjeros, los hispanos no tardaron en desembarcar en Japón.

Sin embargo, la apertura duró poco, porque el pragmático Ieyasu pronto se dio cuenta de que la influencia extranjera en realidad era una amenaza para la estabilidad del país. Por eso, decidió volver a cerrar las fronteras. Los primeros que pagaron el pato fueron los cristianos que se habían instalado allí, los cuales fueron expulsados en 1614. No obstante, en la década de relajación de los dirigentes nipones, un sevillano llamado Luis Sotelo, que era un evangelizador y un aventurero a la vez, había tenido tiempo de plantarse en Japón para dejar su huella. 

En principio, Sotelo se había asentado en la zona de lo que hoy en día es Tokio, pero en 1612 el hombre ya molestaba allí, lo que hizo que se tuviera que marchar más al norte, donde el que cortaba el bacalao era un señor feudal llamado Date Masamune. Masamune acataba la autoridad de Tokugawa Ieyasu y no se opuso a él cuando prohibió el cristianismo, pero, en el periodo de indefinición que se vivió entre 1612 y 1614, mostró aún simpatía por los misioneros y por los comerciantes españoles, por lo que Luis Sotelo encontró un cierto refugio en sus dominios, y fue capaz de convencerle de que montara una expedición que fuera a Madrid, y luego a Roma, para establecer relaciones oficiales con España y con la Santa Sede. Las posibilidades de esa vía diplomática y comercial eran inmensas, porque todavía estaba totalmente virgen. En vista de eso, Masamune envió a Europa una delegación de 180 personas, a la que se denominó Embajada Keichō, al frente de la cual iba Sotelo, así como Hasekura Tsunenaga, que era un japonés de la confianza del mandatario. 


El viaje de la Embajada Keichō fue una auténtica aventura, ya que los expedicionarios abandonaron Japón el 28 de octubre de 1613, atravesaron el Pacífico, cruzaron México a pie y embarcaron en Veracruz en otro galeón, con el que llegaron a Sanlúcar de Barrameda el 5 de octubre de 1614, tras un año de peripecias. Desde allí, remontaron el Río Guadalquivir hasta Coria del Río, donde esperaron unos días a que las autoridades de Sevilla terminaran de preparar un recibimiento oficial a la altura de las circunstancias. Este tuvo lugar el 21 de octubre de 1614.

Una vez que llegaron a Europa, la cosa parece que empezó bien, porque Luis Sotelo logró que Hasekura Tsunenaga fuera recibido en Madrid por Felipe III, en enero de 1615, y por el papa Pablo V en Roma, en noviembre de ese año. En un principio, el rey español se mostró favorable a las pretensiones comerciales de Date Masamune, pero cuando Tsunenaga regresó a Madrid desde Roma y quiso cerrar el pacto, en abril de 1616, ya había llegado a oídos de Felipe III que el clima anticristiano se había desmadrado por Japón. El buen rollo se había acabado para el monarca. Tsunenaga incluso se había convertido al cristianismo, para facilitar su empresa, pero no hubo nada que hacer, y finalmente volvió a su tierra, en julio de 1617, sin haber conseguido su objetivo.

Pese a esto, la expedición dejó huella de una manera no planeada, porque Luis Sotelo era sevillano, como dije al principio, y su hermano, Diego Cabrera, era uno de los caballeros veinticuatro de Sevilla en aquellos años. Sotelo y Cabrera compartían padre y madre, pero el primero había adoptado el apellido materno y el segundo el paterno. Aparte, los caballeros veinticuatro eran los regidores de la ciudad, que era la más importante del mundo occidental a comienzos del siglo XVI, por lo que estamos hablando de que Diego Cabrera era una persona bastante poderosa. El caso es que Hasekura Tsunenaga y Luis Sotelo se encontraban en España para hacer negocios, y viajaron a Madrid y a Roma junto con el núcleo duro de la Embajada Keichō, pero en esta también viajaban otros japoneses de rango inferior, que se quedaron en Sevilla, bajo la protección de Diego Cabrera, esperando a que Tsunenaga regresara. No obstante, los nipones no se instalaron en la capital, sino que se establecieron en Coria del Río. Allí, sin alejarse de la ruta a seguir, vivieron menos desprotegidos que en la mastodóntica metrópoli sevillana. El tema es que algunos echaron raíces a orillas del Guadalquivir.

Los datos a partir de aquí varían. Crónicas no demasiado fundamentadas cuentan que se asentaron en Coria una treintena de japoneses, pero Antonio Bizcocho nos dijo que, tras el regreso de la expedición a Japón, solo uno se quedó definitivamente. Sí es seguro que hubo tiempo para que se casaran dos de ellos, por supuesto ya cristianizados y bautizados con los nombres de Juan Agustín Japón y Juan de la Cruz Japón. En esas dos personas, y quizás en alguna otra, está el origen de los 700 corianos apellidados Japón que hay. Es curioso que, después de 400 años, los rasgos físicos nipones hayan desaparecido del todo en la zona del bajo Guadalquivir, pero que la ramificación del apellido esté tan extendida. 

Poniendo la historia en contexto

La ruta turística El Viaje del Samurái nos llevó a cuatro sitios de Coria del Río, aunque no pudimos entrar en el Ayuntamiento, porque era sábado, por lo que nos perdimos un audiovisual que parece que suelen poner allí. No obstante, sí observamos la fachada del consistorio, que da a la Calle Cervantes, y comprobamos que, entre las banderas que ondean junto a su puerta, se encuentra la de Japón. Esto es algo relevante, que da muestras de la oficialidad que hay en las relaciones coriano-niponas.


Antes de la parada delante del Ayuntamiento, habíamos comenzado el recorrido visitando la Ermita de San Juan Bautista, que está situada en el Cerro de San Juan.


El Cerro de San Juan es el punto más alto de Coria del Río y el lugar donde se han hallado los vestigios poblacionales más antiguos de la zona. En la actualidad, la elevación ha quedado totalmente inserta en el casco urbano de la localidad. Sin embargo, a principios del siglo XIV, cuando se construyó la ermita, esta se encontraba a las afueras de lo que entonces era Coria.


Un siglo después, cuando la Embajada Keichō desembarcó en el puerto fluvial del pueblo, la ermita estaba como se ve en el dibujo, y destacaba mucho más que ahora.


Aparte, la entrada original de la ermita estaba en la fachada sureste, que es la del dibujo, y caía de forma brusca sobre un pronunciado terraplén que llegaba hasta las inmediaciones del Río Guadalquivir. Por eso, en el siglo XIX se abrió otra puerta en lado noreste del edificio (la de la foto superior), que daba a la cuesta más tendida de la Calle San Juan. En esta, también se construyeron 33 escalones, que se han convertido en un referente en Coria.


Por su parte, el exterior del templo por el sureste se aterrazó en los años 50 del siglo pasado, de manera que los alrededores de la ermita quedaron muy bonitos por sus dos principales lados.


Desde la terraza del lado sureste de la Ermita de San Juan Bautista las vistas me gustaron bastante.


Quizás, lo más llamativo que se ve desde esa explanada aterrazada es el Río Guadalquivir, que es uno de los protagonista de la historia que unió a la Embajada Keichō y a Coria del Río. A principios del siglo XVII, todo lo que se extiende entre la Ermita de San Juan Bautista y el río era campo. En la actualidad, ese trecho está construido, pero el cauce del Guadalquivir se sigue distinguiendo perfectamente, y no es difícil imaginar lo que vieron los japoneses, a los pocos días de desembarcar en occidente.


Un aspecto muy interesante de la ruta es que nos llevó por un buen número de calles del centro de Coria del Río. Por la mayoría pasamos en plan rápido, ya que el recorrido solo tuvo cuatro paradas, pero no fuimos tan acelerados como para que no me pudiera ir fijando en los detalles.


Después de visitar con calma la Ermita, y de parar en la Calle Cervantes, delante del Ayuntamiento, nos encaminamos a ver la segunda gran iglesia de Coria del Río, que es la Iglesia de Santa María de la Estrella. La misma es del siglo XIV, por lo que también existía cuando la Embajada Keichō estuvo por Coria, aunque su aspecto actual date del XVIII.


La Iglesia de Santa María de la Estrella de Coria del Río es similar a un sinfín de iglesias de los alrededores. En efecto, en Andalucía occidental no había iglesias cuando el territorio regresó a manos cristianas, a mitad del siglo XIV, tras 500 años de presencia musulmana en la zona. Por eso, se construyeron muchos templos en poco tiempo, mezclando los elementos góticos típicos de la cristiandad en aquella época, con otros mudéjares, heredados del pasado reciente del entorno. Después, a todos se les añadieron componentes barrocos. 

Digamos que la trayectoria de un montón de iglesias andaluzas fue paralela, lo que hace que se parezcan. Sin embargo, la de Coria es especialmente llamativa, porque se trata de uno de los ejemplos de templo gótico-mudéjar más puros que se conservan. 


Lo que pasa es que yo solo me pude asomar a Iglesia de Santa María de la Estrella, porque acababa de finalizar una boda al llegar nosotros, y no era plan de que entráramos en masa para recibir dentro las explicaciones de Antonio, como habíamos hecho en la Ermita de San Juan Bautista. En este caso, nuestro guía nos habló de las conexiones entre la iglesia y la Embajada Keichō en la Plaza de Nuestra Señora de la Estrella, frente a la portada lateral del templo.

Después, tras el rápido vistazo que le eché a la iglesia, nos fuimos hasta el cuarto lugar donde paramos, que no es menos importante. En efecto, Coria del Río no sería nada sin el Río Guadalquivir, que está en la base del origen del pueblo. De hecho, el propio Antonio nos dijo que, aún hoy, la localidad vive de cara al río.


Por eso, el último ratito de la visita lo echamos en la Calle Martínez de León, junto al embarcadero donde se coge la Barca de Coria, y un poco más hacia el sur, a los pies de la Estatua de Hasekura Tsunenaga que da al Paseo de la Embajada Keichō.



Como se puede comprobar en las fotos, Coria del Río no está atravesada por el Río Guadalquivir, sino que se asoma a él. En el orilla oeste del río viven el 97% de los corianos, pero el 80% del término municipal del pueblo se halla en el lado este, por lo que es patente que el cauce fluvial ha ejercido de barrera, como si de un mar se tratase.

Nosotros terminamos la visita a los pies de la Estatua de Hasekura Tsunenaga, aproximadamente en el sitio en el que la Embajada Keichō desembarcó hace 411 años. Allí, además de un paseo fluvial hay un parque, que está vertebrado por el Paseo Carlos de Mesa. Junto a este hay un bar, llamado Kiosko Alfaro, donde acabé la mañana tomando una cerveza con los compañeros que fueron a la excursión. Desde el punto de vista turístico, la experiencia fue de diez, porque me permitió conocer Coria del Río mucho más en profundidad, pero el lado humano de la jornada no fue menos importante. Siempre que pueda, procuraré seguir yendo a actividades como esta.



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado CORIA DEL RÍO.
En 2005 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 24'8% (hoy día 67'2%).
En 2005 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 9'5% (hoy día 22'4%).


18 de abril de 2026

CARRERA POPULAR CERRO-AMATE 2026

La Carrera Popular Parque Amate del 2000 fue la segunda carrera que disputé en mi vida. El día de la prueba tenía 23 años.


Un mes antes, había debutado en la Nocturna del Guadalquivir y el veneno de las competiciones atléticas populares se me había colado en la sangre. 267 carreras y casi 26 años después, he vuelto al entorno del Parque Amate a correr contra el crono.


Dado que mi relación deportiva con el distrito Cerro-Amate viene de lejos, no está de más hacer un poco de historia...

Cerro-Amate y su carrera

Sevilla se divide en once distritos. El que tiene la renta per cápita más baja se denomina Cerro-Amate. Allí, la vida no es fácil y los problemas son frecuentes. Sin embargo, la competición atlética que discurre por sus barrios estaba bien asentada en el calendario de carreras populares de la ciudad, cuando yo participé en ella por primera vez. De hecho, la edición del 2000 de la cita fue la decimoquinta, como se ve en el cartel que he puesto arriba. Al año, la prueba se celebró de nuevo y yo regresé. Después, no volví a cruzar su meta hasta 2012. 

Sin embargo, entre 2001 y 2012 sí estuve apuntado al evento en otro par de accidentadas ocasiones. Llama la atención, porque en 26 años he sufrido muy pocos percances logísticos relacionados con carreras, y dos de ellos han sido en la prueba que circula por los barrios aledaños del Parque Amate. Del primero de esos problemas, que acaeció en 2002, hablé en un post en 2019, por lo que no me voy a repetir. La historia se puede leer allí. El segundo incidente fue en 2011. Entonces, ya daban un solo dorsal para todas las citas anuales del circuito de carreras del Instituto Municipal de Deportes de Sevilla, igual que ahora. 


La cosa fue que, aquel domingo de marzo de 2011 se me olvidó en casa el dorsal en el último momento, de manera que me planté en el Parque Amate sin él. Esa mañana completé el recorrido, pero lo hice en plan pirata, por lo que nunca he tenido en cuenta la prueba de cara a mis estadísticas personales. En 2012, volví y me desquité justo a tiempo, porque la carrera no se celebró más. Este 2026 ha regresado al calendario.

Hay que decir, no obstante, que la carrera ha cambiado de nombre varias veces. En mis primeras participaciones se llamaba Carrera Popular Parque Amate, como se ha visto, porque empezaba y terminaba dentro de esa zona verde, que actúa como eje de todo el distrito y separa a sus diferentes barrios. Posteriormente, la prueba se denominó Carrera Popular Amate, por las buenas, y en los últimos tiempos pasó a ser la Carrera Popular Este, que era la designación oficial del distrito en esos años. Ahora, este se ha rebautizado como Cerro-Amate y el evento también.

Una carrera masiva

Antaño, las antiguas versiones de la Carrera Popular Cerro-Amate que se celebraron comenzaban y acababan dentro del Parque Amate. Sin embargo, en esta ocasión no fue así. Dada la cantidad de personas que disputan las carreras del IMD hoy en día, el domingo fue mejor idea que la salida y la recta de meta estuvieran ubicadas en la aledaña Avenida La Revoltosa, que es mucho más ancha.


A modo de referencia, es relevante indicar que las ediciones de 2000 y de 2001 de esta carrera las acabaron 1.061 y 1.005 personas, respectivamente, mientras que el otro día cruzaron la meta casi 3.500 corredores. Con ese volumen humano no se puede correr por los caminos interiores del Parque Amate, eso es evidente. No obstante, en Cerro-Amate hay muchas calles que sí son capaces de absorber a esa muchedumbre, por lo que el circuito no ha cambiado demasiado.


Buen sabor de boca

No es habitual que yo acabe una carrera tan satisfecho con mi actuación como el otro día. Sin embargo, mis expectativas eran tan exiguas, que me conformaba con atravesar la meta en menos de 50 minutos. Teniendo eso en cuenta, es normal que mis 47:44 me parecieran una marca sensacional. Al final, todo es subjetivo.

El caso es que me lesioné levemente en noviembre, se me chafó una prueba que iba a disputar, y en ese momento desconecté y dejé de pensar en competir. Estoy estudiando oposiciones otra vez, y mi cabeza va a estallar, por lo que llevaba unos cuantos meses sin tener ni siquiera la tentación de apuntarme a ninguna carrera. 

Sin embargo, hace unas semanas hubo un par de días en los que no salí a correr pudiendo hacerlo, lo cual es rarísimo en mí, y al darme cuenta de que me estaba acomodando, pensé que me podía venir bien tener un objetivo competitivo. Lo que pasa es que, realmente, dado el examen tan importante que me acecha antes del verano, no era el momento de programar citas que me supusieran complicaciones logísticas. Por ello, rebusqué objetivos motivadores y asequibles, y se me ocurrió la posibilidad de disputar otra vez las cinco carreras anuales del circuito del Instituto Municipal de Deportes de Sevilla


En 2014 y 2017 ya hice pleno en el circuito, y a finales de febrero me planteé el objetivo de correr las cinco pruebas por tercera vez. Eso sí, en 2014 mi tiempo medio de todas las carreras fue de 41:17, y en 2017 fue de 42:17. Ahora, esas marcas me parecen ciencia ficción, pero da igual. Lo pensé, y el reto me motivaba. Sin embargo, por desgracia, apenas dos días antes de la primera cita, que fue el 15 de marzo, el sóleo me dio un inesperado leñazo que me dejó cojo. El desafío se me fue al carajo sin haber empezado aún a perseguirlo. 

No obstante, el dorsal ya lo tengo en casa y es el mismo para todo el circuito, por lo que sería una tontería ignorar las demás carreras de este. Por ello, en 2026 finalmente el objetivo es emular lo que hice en 2013 y en 2019, cuando solo me faltó una prueba para completar el pleno. En vista de eso, el pasado domingo me dirigí al Parque Amate, casi tres lustros después de la última vez, con la intención de bajar de 50 minutos. En 2025, los diezmiles que corrí, salvo uno, los hice en 47 minutos, pero ahora iba con la impresión de que estaba incluso peor. No en vano, la lesión del sóleo me había obligado a parar tres semanas. En consecuencia, el otro día me lancé a competir habiendo entrenado muy poco en el mes precedente. Por esa razón, me sorprendió el nivel que logré alcanzar, así como las sensaciones. 

El tema es que yo estaba dispuesto a avanzar junto a la liebre de los 50 minutos, pero, al echar a correr, la que se me quedó delante fue la de los 45. Yo, ni por asomo intenté seguirla, pero me animó el hecho de que se me fuera alejando lentamente. Pronto, vi que los parciales que iba marcando eran inferiores a 5:00 minutos el kilómetro, y me di cuenta de que tenía verdaderas opciones de lograr el objetivo. 

Ciertamente, fui estable mucho rato, aunque hubo un momento en el que tuve que levantar un poco el pie. En efecto, tras correr bastante tiempo a 4:40, más o menos, el kilometro 8 lo hice en 4:57. Lo cierto es que venía de hacer el 7 en 4:54 y pensé que el final se me iba a atragantar, pero, por suerte, había calculado bien y tenía gasolina aún en la reserva, por lo que pude apretar un pelín, clavé el 4:51 de media en los dos últimos miles, y entré en meta con margen. Ahora, miro la foto y me sorprende la cantidad de gente que llevaba alrededor. Yo iba tan a lo mío, que ni me di cuenta.



En definitiva, terminé con buen sabor de boca. Las carreras de la ciudad de Sevilla son llanas y suelen discurrir por calles largas y rectas, por lo que siempre me han gustado. El otro día acabé contento, y, aunque sigo teniendo que estudiar y no va a ser esta la temporada de ponerme grandes metas, por lo menos la próxima prueba del circuito, que será a mitad de mayo, sí me apetece correrla.

Por último, para finalizar quiero contar que María se pegó el madrugón y se vino conmigo a la carrera, por lo que no me fui a casa justo después de correr. En realidad, me apetecía aprovechar y desayunar por los alrededores del Parque Amate, dado que es una zona por la que no suelo ir en circunstancias normales. En vista de eso, acabamos en un bar que está situado en Palmete. El mismo es un barrio bastante humilde, pero cuenta con una parte moderna que tiene muy buena pinta. 


El barrio que colinda con el norte del Parque Amate, llamado Los Pajaritos, es el segundo más pobre de España, pero en Palmete, que queda al este, el desahogo es un poco mayor, sobre todo en la parte en la que nosotros estuvimos.

Total, que María y yo acabamos echando un buen rato de desayuno en la Cafetería Heladería Las Marismas. Esta temporada no va a ser, pero ahora ya tengo el objetivo de completar el circuito de carreras del IMD el año que viene, por lo que, si los del Ayuntamiento siguen manteniendo la presente cita en el calendario, volveremos por Cerro-Amate dentro de unos meses.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 269.
% del Total de Carreras a completar: 26'8%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 40%).


10 de abril de 2026

BOLLULLOS DE LA MITACIÓN 2026

Siempre me gusta conocer los pueblos en momentos en los que tengo la oportunidad de mezclarme con la gente local. En ocasiones, aprovechar la disputa de una carrera me ha valido como excusa para hacerlo, pero lo ideal es asistir a otros eventos más populares. En mi opinión, ver las procesiones de Semana Santa es una buena coartada para ir a algunos lugares. 


En el caso de Bollullos de la Mitación, a esta localidad sevillana yo ya había ido unas cuantas veces, precisamente a correr, pero, en efecto, no tiene comparación como pude explorar el pueblo el otro día, cuando fui a ver la salida procesional de la Hermandad de la Soledad, que como lo he hecho cuando el propósito de la visita ha sido participar en una carrera.

La Hermandad de La Soledad

En Bollullos hay dos hermandades que procesionan en Semana Santa. Una sale el Jueves Santo y la otra hace su estación de penitencia al día siguiente. En nuestro caso, fuimos a ver la del Viernes Santo, que se llama Hermandad de La Soledad

  

En realidad, María y yo no fuimos a Bollullos a disfrutar de su Semana Santa porque sí. Lo hicimos, porque el hijo de una amiga nuestra, que también es amigo mío, tiene una novia bollullera. El pasado Viernes Santo, esta salía de nazarena en la Hermandad de la Soledad. En vista de que los dos iban a hacer acto de presencia en el pueblo, me pareció que era un momento perfecto para ir allí bien acompañado. El plan era conocer sus principales calles, ver la procesión de la cofradía integrándonos un poco en el ambiente, y, finalmente, comer algo.

Con respecto a la procesión, lo primero que hicimos fue ir a ver su salida. Esta es impresionante, porque los pasos caben a duras penas por la portada de la Iglesia de San Martín de Tours, lo que implica que los costaleros se tienen que poner de rodillas para sacarlos.


De hecho, el paso de cristo pasó tan justo, que la parte superior de la cruz llegó a tocar con levedad la portada. Por lo que respecta al palio, el mismo también rozó el dintel. Fue espectacular. 


Un rato después, nos dejamos llevar y nos desplazamos hasta la Calle Calvario, para ver pasar la procesión de nuevo, en un sitio un poco menos multitudinario.


En ese nuevo lugar, tuve la ocasión de ver la procesión con calma, fijándome en los detalles sin ningún tipo de traba. En Sevilla también se puede, pero es más complicado, por el tamaño de los cortejos y por la cantidad de gente que hay presenciando el paso de las cofradías. En Bollullos, la relajación fue mayor. 

Tras ver de nuevo la procesión, llegó el momento de cenar. El tiempo había volado y yo ya tenía hambre. Por suerte, el plan era ir a un restaurante italiano.

Italiano de pueblo

Cuando digo que el Restaurante La Toscana es un "italiano de pueblo" no quiero decir que no esté bien. Me refiero a que pretende dar servicio a gente de todo tipo, con la mayor frecuencia posible, no ser un restaurante selecto. Por eso, no es caro, despacha pizzas enormes repletas de queso, tiene tanto raciones, como medias raciones de pasta, y cuenta con una carta muy amplia. Los objetivos son que las viandas entren por los ojos, que el 100% de las personas encuentren algo que les guste, y que nadie se quede con la sensación de que podría haber comido más. En contrapartida, las recetas no son demasiado excelsas en su factura y el lugar no destaca por su refinamiento.


En Tripadvisor, La Toscana se encuentra en el puesto 7, de los 28 restaurantes evaluados en Bollullos. En Google, su puntuación es de 4'5 sobre 5, tras los votos de 600 personas. Ambos indicadores señalan que allí se come bien. Otra cosa es que, lo que dicen que es pizza, realmente sea focaccia. Puede parecer que no hay diferencia, pero la focaccia se cocina con una mayor cantidad de levadura y de agua, por lo que es una masa más esponjosa y gruesa.


Supongo que el cocinero la hace así porque llena más, y porque entra por los ojos en mayor medida. En consecuencia, lo que nos dieron estaba bueno, pero no era pizza. Aparte, platos de pasta alle vongole los he probado mejores, la carne la acompañaron con patatas precocinadas y el tomate aliñado también era normal y corriente.

Pese a todo, no quiero que dé la impresión de me fui descontento. La relación calidad-cantidad-precio de La Toscana me pareció muy buena, el servicio fue impecable y el ambiente del restaurante me encantó. Cuando llegamos había poca gente, y pensé que era una exageración haber reservado, pero al rato el local estaba a rebosar. Tantas personas no pueden equivocarse. Sabiendo a lo que vas, en el Restaurante La Toscana se debe repetir visita.

Un poco de Bollullos

Bollullos de la Mitación es una localidad de 11.000 habitantes que pertenece a la comarca del Aljarafe, y que se encuentra a unos 17 kilómetros de Sevilla


Hasta hace 25 años, los vecinos de Bollullos eran menos de 6.000, pero la cercanía a la A-49 y el disloque de los precios de la vivienda en los municipios próximos a Sevilla, han hecho que su población, al igual que la de otros pueblos del entorno, se haya duplicado en poco tiempo. Sin embargo, por fortuna Bollullos no ha perdido su esencia, ni se ha diluido su autenticidad, como pude comprobar, aunque se hayan construido un montón de adosados al norte del casco urbano, que son los que han posibilitado el rápido crecimiento.

Aparte, Bollullos se vertebra alrededor de dos focos. Uno es la Plaza de Nuestra Señora de Cuatrovitas y el otro es la travesía. La primera se enclava en el mismo centro del pueblo, y la segunda está conformada por el pedazo de la A-474 que lo cruza por el sur.

Con respecto a la Plaza de Nuestra Señora de Cuatrovitas, en su lado este se encuentra el Ayuntamiento, y en el norte está la antes mencionada Iglesia de San Martín de Tours


Curiosamente, la portada principal de esta iglesia no da a la plaza, sino a una calle normal. No obstante, la entrada que da a la Plaza de Nuestra Señora de Cuatrovitas es tan grande como la principal, y, por lo que vi, es la que se usa para los actos solemnes.  

Alrededor de la Plaza de Nuestra Señora de Cuatrovitas se extiende el centro histórico de Bollullos. Sin embargo, no me pareció que hubiera ninguna parte verdaderamente antigua en la localidad. En general, como ocurre en muchos pueblos del Aljarafe sevillano, el meollo de Bollullos de la Mitación está conformado por un entramado de calles, que se encuentran flanqueadas por las casas populares modernas típicas de la zona, en las que se alternan los zócalos de ladrillo, de azulejo o de terrazo, y en las que abundan las fachadas claras y los tejados aterrazados.


Por lo que respecta a la mencionada travesía, la misma acumula un montón de bares y de restaurantes. Entre ellos se encuentra el Restaurante La Toscana. Ahora, esa arteria recibe el nombre de Avenida de la Constitución, pero se ve que antaño no era más que un trozo de la A-474 que pasaba por las afueras del pueblo. Lo que sucede es que este ha crecido y ha acabado integrando ese tramo de carretera en el casco urbano. En realidad, igual que se puede decir que la parte norte de la población es una zona de expansión, también es posible añadir que la mayoría de lo queda al sur de la Avenida de la Constitución lo es.

El caso es que nosotros empezamos la tarde en la Plaza de Nuestra Señora de Cuatrovitas, luego nos desplazamos a la Calle Calvario para ver otra vez la procesión, y fuimos desde allí hasta la Avenida de la Constitución para cenar. Gracias a eso, le eché un ojo a calles importantes de la parte sur del centro de Bollullos, como la Calle Antonino Ruiz.


También recorrí la Calle Larga, donde está la iglesia de la otra hermandad local, así como la Calle Sevilla. Esta última es la que nos llevó a la Plaza Juan Torres Silva, la cual colinda ya con la Avenida de la Constitución.



En definitiva, la Semana Santa me sirvió de excusa para conocer con calma Bollullos de la Mitación. Yo ya había estado allí, participando en varias carreras, pero yendo corriendo y con el corazón a mil por hora uno ve poco, y en los prolegómenos de las competiciones no había llegado a salir del entorno del Complejo Deportivo Alminar, que está al norte del pueblo, y que es el que ejerce de centro logístico de las citas atléticas. Por ello, tenía pendiente echar una tarde-noche en Bollullos tan calmada y agradable como la del pasado viernes.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado BOLLULLOS DE LA MITACIÓN.
En 2001 (primera visita incompleta al municipio), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 12'4% (hoy día, confirmada ya esta visita desde 2016, 67'6%).
En 2001 (primera visita incompleta al municipio), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 5'3% (hoy día, confirmada ya esta visita desde 2016, 22'4%).


17 de marzo de 2026

PUNTA UMBRÍA 2026 (VISITA DE MARZO)

Punta Umbría se ha convertido, de forma un poco inesperada, en uno de los lugares a los que estoy más unido emocionalmente. 


Digo que mi vinculación sentimental con Punta Umbría ha sido inesperada, porque yo no he tenido nunca una conexión marcada con el pueblo. Ni iba de niño, ni tengo familiares onubenses o puntaumbrieños, ni poseo propiedades allí, ni tampoco conozco a nadie cercano que esté relacionado de manera estrecha con la localidad. De hecho, hasta 2020 solo había estado en ella dos veces. 


No obstante, sí es verdad que la primera vez que fui, en 1996, cuando contaba apenas con 19 añitos, lo hice con mis amigos, en una etapa de mi vida bastante especial. 


Luego, volví en 2007 con María, en otro momento dulce de mi existencia, pero esta segunda estancia fue fugaz, y la primera había tenido el puntillo caótico propio de la edad que tenía cuando fui y del plan que llevé, por lo que es innegable que mi idilio con Punta Umbría se ha creado después. Tan después, que ya ha quedado reflejado en este blog. Por eso, no me voy a repetir en exceso. Ahora, solo voy a apuntar que fui a Punta Umbría justo cuando nos levantaron los vetos derivados de la pandemia de COVID-19 que nos azotó en 2020, y que la bocanada de aire fresco que sentí no se me ha olvidado, que en 2022 pasé una balsámica semana de vacaciones en esa localidad, y que en 2023 estuve allí con mi padre, apenas unos días antes de que falleciera. De hecho, en Punta Umbría fue el último sitio en el que le vi disfrutar. 

Sobre lo de mi padre no di demasiada información en el post que escribí en su día, pero el resto de los detalles de aquellas tres estancias sí los plasmé en En Ole Väsynyt. Ahora sigo, y me voy a centrar en el rato que eché en Punta el pasado sábado.


El caso es que el otro día fue el cumpleaños de mi cuñada, y quiso celebrarlo en un chiringuito de Punta Umbría. Por tanto, se puede decir que fui allí a comer. Sin más. En consecuencia, este no va a ser uno de los prolijos posts que me caracterizan. Hoy no voy a enrollarme, ni tengo la tentación de remontarme a los romanos, ni amenazo con alargarme hasta el infinito narrando mis vivencias. Esta vez solo quiero reflejar que volví a ser feliz en Punta Umbría. En realidad, lo soy en todos lados, pero, no sé por qué, la localidad onubense que nos ocupa me produce una paz especial. Por eso, no he querido dejar de fijar en palabras como transcurrió la jornada en la Playa de Punta Umbría y en sus alrededores. Por eso, y porque almorzamos de lujo en el Restaurante Costa de la Luz.


Además, el sábado salió un día delicioso, y eso posibilitó que, después de comer, me pegara una siesta épica en la playa. Cierto es que no hacía calor, pero la tarde estaba clara, por lo que me tumbé en la arena, enfundado en mi chaquetón, con las gafas de sol y la capucha puestas, y me quedé cuajado, bañado por los suaves rayos solares del final del invierno. Felicidad pura, vamos.


Después, me di un pequeño paseo por los alrededores del restaurante donde habíamos comido, que daba por detrás a la Calle Miramar. La misma se encuentra tan cerca de la playa, que ni siquiera está asfaltada.


Resulta curioso que he comido ya un buen número de veces en Punta Umbría, pero nunca he repetido lugar. Allí, la oferta es amplia, pero eso no implica que el pueblo haya perdido ni un ápice de su encanto. El turismo que hay en él es de corte local, y no es nada masivo.

En mi breve paseo del otro día, no quise dejar de asomarme a la Avenida del Océano, que es la que discurre paralela a la playa. Empieza al principio de la población, y llega hasta la zona más céntrica de Punta Umbría. Por esa amplia calle me pegué unos cuantos buenos ratos corriendo y paseando, en el verano de 2022.


Y poco más. La jornada en Punta Umbría se me hizo corta. No obstante, sé que volveré, por lo que me despido de su mágica luz con un simple "hasta pronto".



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado PUNTA UMBRÍA.
En 1996 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 5%  (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 30'4%).
En 1996 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 2'5% (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 21'3%).