10 de agosto de 2026

CUDILLERO 2026

En los últimos 30 años he estado 38 veces en Asturias. Son bastantes, si tenemos en cuenta que vivo en Sevilla y que no viajo por trabajo. Una de las claves de esa cantidad de visitas es que mis padres se hicieron una casa en Llanes en 2005. Esa circunstancia me ha permitido conocer a fondo el oriente asturiano, pero, en cambio, ha provocado que solo haya ido dos veces a la parte del Principado que se encuentra al oeste del Aeropuerto de Asturias.


En la imagen, el Aeropuerto de Asturias se encontraría donde he dibujado el círculo verde. En los 94 kilómetros que hay entre ese lugar y Galicia, apenas si he estado en un par de ocasiones. La del otro día fue la tercera.


Lo que se ve a mi espalda en la foto que acabo de poner es Cudillero. Se trata de uno de las localidades más bonitas de Asturias. Yo, en una de las dos veces comentadas en las que anduve por el occidente asturiano, llegué a estar en el lugar del pueblo que he marcado con un círculo azul en el siguiente mapa, pero no había pasado de ahí.


Este verano he podido, por fin, ir un poco más allá y conocer de verdad la pintoresca localidad.

Cudillero y la masificación turística

En el concejo de Cudillero viven aproximadamente 5.000 personas. De ellas, unas 1.300 residen en la población homónima, que ejerce de capital. El problema en esta, como en tantos otros lugares bonitos, es que los turistas nos hemos convertido en un incordio. En el caso de Cudillero, este es bastante patente, porque el pueblo se encuentra encajonado en un pequeño entrante de la costa. 


De hecho, su belleza radica en que sus calles se desparraman por las laderas de un anfiteatro montañoso natural, que cae sobre el escaso terreno llano que tiene delante. En consecuencia, dadas las estrecheces, la capacidad de absorción de multitudes de Cudillero es muy limitada.



Allí, el desahogo se ha logrado gracias a una pequeña porción de terreno que se le ha ganado al mar. Sobre la superficie del mismo, se ha construido el Puerto de Cudillero.



En Cudillero, el poco aparcamiento que hay se ha habilitado, precisamente, junto al Puerto, en una porción de ese trozo de tierra artificial que se ha generado pegada a la costa. Las plazas para estacionar los vehículos están contadas. Eso significa que allí se nota la masificación turística de una manera considerable, porque, en determinados momentos, es patente la sensación de colapso en el escaso espacio existente, por culpa de los que quieren visitar el pueblo y no encuentran donde dejar el coche. Vivir en Cudillero en los meses de verano debe ser complicado. Sin embargo, hay que decir que la particular orografía de Cudillero también ayuda a su preservación. No cabe duda de que he visto lugares mucho más atestados de gente.

  

El hecho de que no haya donde aparcar el coche cuando se llena el parking es un problema, pero también marca el límite de los visitantes que puede llegar a haber en un día en el pueblo. Además, como en tantos otros lugares, en Cudillero, en cuanto pasa la hora punta, o en cuanto te alejas un poco del meollo de la población, el gentío se limita.


En todo caso, yo quería ver Cudillero de una vez, por lo que, al final, he tenido que ir como un visitante más, metiéndome en el atasco y jugándomela para encontrar aparcamiento. Por fortuna, lo logré. No obstante, siempre intento formar parte de la plaga turística de la manera menos nociva posible. Por ello, cuando conseguimos soltar el coche fuimos a comer a un restaurante muy poco obvio, y no me detuve en la Plaza de la Marina y en sus alrededores hasta la tarde, a una hora en la que había disminuido la cantidad de gente que estaba echando el rato por esa zona.


Espero que mi presencia en el pueblo tuviera más aspectos positivos que negativos.

Almuerzo en La Atalaya

El sitio recóndito al que decía que fuimos a comer se denomina La Atalaya. 

En realidad, La Atalaya es una población diferente a Cudillero. Está integrada en el concejo pixueto, pero se encuentra separada de la capital concejil y no se puede decir que sea atractiva. Por eso, no es un lugar turístico. 


Sin embargo, está bastante cerca. De hecho, nosotros fuimos andando, a pesar de que eso nos obligó a subir desde el Puerto, hasta la pequeña meseta sobre los acantilados en la que se encuentra la población.

En La Atalaya, almorzamos en la terraza del Mesón El Carbayu. Salir del corazón de Cudillero fue un acierto, porque acabamos en un restaurante de corte familiar, en el que la comida, el ritmo, el trato y el ambiente, posibilitaron que disfrutáramos de una experiencia distinta a la que se suele vivir en los negocios puramente turísticos. 



Yo me tomé un pedazo delicioso de bonito a la plancha, y también probé el pulpo a la gallega y el peculiar cachopo de la casa. Este se se ha convertido en la especialidad del lugar, ya que no está rebozado. En líneas generales, comimos genial y estuvimos muy a gusto.

Cuestas y escaleras por doquier

Como he comentado, el hecho de almorzar en La Atalaya posibilitó que nos saliéramos un poco del epicentro turístico de Cudillero, lo cual siempre suele ser positivo, pero, además, nos obligó a recorrer la localidad desde abajo hasta arriba, y a la inversa, yendo por dos sitios diferentes. En efecto, para subir dejamos atrás la Plaza del Comercio, tiramos en dirección sureste y fuimos por la sinuosa Calle San José, hasta que alcanzamos la embocadura de la Calle Cimadevilla, que realmente está formada por escalones al principio. Después, esta vía se convierte en un carrilito con barandilla, que va bordeando el pueblo por encima, y permite disfrutar de unas vistas preciosas.


Sin embargo, nosotros no recorrimos la Calle Cimadevilla entera. Realmente, no habíamos acabado de subir, por lo que cogimos pronto otra larga escalera, que nos sacó al Camín del Cementerio.



El Camín del Cementerio ya es llano, y fue el que nos condujo a La Atalaya, pero el ascenso, atravesando el sureste de Cudillero, tuvo mandanga.

Después de comer, para bajar cogimos el Camín de la Garita, que bordea el cementerio por el lado opuesto al Camín del Cementerio, y que nos devolvió a Cudillero por el norte de su casco urbano. 


La bajada por ese lado no fue más fácil, pero nos dio la posibilidad de callejear por la otra parte de la localidad, y también nos ofreció una bella perspectiva de la misma desde el Mirador de la Garita-Atalaya, que es uno de los espectaculares lugares que se han habilitado en el pueblo para verlo desde arriba.



En el casco urbano de Cudillero me dejé algunos rincones sin explorar. La verdad es que la exigencia de la ida y de la vuelta a La Atalaya me impidieron gastar energías y tiempo en ir a curiosear por un par de zonas del pueblo a las que no llegué a echarles un ojo. La próxima vez será. Lo que sí tuve la ocasión de hacer fue recorrer el interesante Túnel del Río Piñera, que hasta hace poco no sabía ni que existía.

El túnel

En Cudillero desemboca un curso de agua, denominado Río Piñera. Se trata de un corto regato, que nace a menos de 5 kilómetros del mar, pero que lleva bastante agua cuando llega al pueblo, incluso en verano. En época de lluvias, su carácter torrencial era un problema en la población, por lo que se soterraron los últimos metros del cauce de agua a finales del siglo XIX. 


En concreto, la galería se terminó en 1892. Antes, supongo que el río bajaba con ímpetu por el centro del pueblo y se desbordaba a menudo, debido a la notable pendiente de sus calles. El tema es que la parte final del rectilíneo Túnel del Río Piñera, que mide 310 metros, se construyó para que pudieran recorrerlo las personas con facilidad. 


En efecto, con la idea de que se pudiera usar el túnel para ir por él, se iluminó un poco, el techo se elevó más de dos metros, se cubrió por completo la roca natural con bloques de piedra y con ladrillos, y se habilitaron dos caminitos de hormigón, pegados a las paredes, para permitir el tránsito de las personas. Gracias a eso, el pasadizo se empezó a utilizar como atajo para bajar al Puerto, que es donde acaba. Hoy en día, somos los turistas los que lo disfrutamos.

Por un lado, el túnel termina cerca del Puerto de Cudillero, como he dicho, y por el otro llega hasta unas escaleras, que permiten subir hasta la Calle Doctor Flemming, que pertenece a la parte más moderna de Cudillero.


Por debajo de la escalera, el túnel continúa unos 150 metros más, aunque esa parte ya no se construyó para que se pudiera avanzar por ella con tanta facilidad.


Cudillero con lluvia y frío

La visita que realizamos a Cudillero fue bastante completa, pero me gustaría volver allí fuera de temporada. Me quedan rincones por ver, así que ese no va a ser el problema. Lo complicado será sacar el hueco para ir al occidente asturiano en otoño o en invierno. No obstante, me lo anoto para el futuro.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado CUDILLERO.
En 1998 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 40% (hoy día, confirmada ya esta visita, 60%).
En 1998 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 14'6%  (hoy día, confirmada ya esta visita, 36,8%).


31 de julio de 2026

UTRERA 2026

Este verano está siendo sofocante en Sevilla y en sus alrededores. Por esa razón, y por otras, me pareció tan buena idea ir ayer a Utrera a participar en una actividad, denominada Utrera entre las Estrellas, que hizo que saliéramos al campo en plena noche.


El día fue muy caluroso, pero el hecho de que nos adentráramos en La Campiña cuando el sol ya se había puesto, posibilitó que disfrutáramos de un rato más fresco, realizando una original actividad que estuvo organizada por La Strada di Miguel.

Utrera entre las Estrellas

La Strada di Miguel es una empresa utrerana dedicada a organizar experiencias turísticas y de ocio, tanto en Utrera y en su entorno, como en Sevilla capital. Su alma mater se llama Miguel Ayala. Yo no tenía ni idea de su existencia, pero María se enteró hace poco de que Miguel iba a guiar, a lo largo del verano, varios paseos nocturnos para observar las estrellas desde las afueras de Utrera, y me propuso la actividad. La cosa prometía, y ayer no dudamos en ir a una de las citas programadas.


Miguel nos citó a las 22'00 horas en la Fuente de los Ocho Caños de Utrera. Una vez que se acabó de formar el grupo, desde allí salimos al campo en pocos minutos, cogiendo un camino de tierra que nos llevó hasta las Instalaciones del Club Deportivo de Aeromodelismo y Radio Control de Utrera.



Para mi sorpresa, para realizar la actividad nos juntamos más de una treintena de personas, que fuimos caminando cada uno a su ritmo, y cubrimos, en unos 45 minutos, los 3.500 metros que hay entre la Fuente de los Ocho Caños y la entrada de una zona vallada, en la que el Club Deportivo de Aeromodelismo y Radio Control de Utrera cuenta con una pequeña pista de aterrizaje y de despegue bastante bien montada. No obstante, dada la oscuridad que ya reinaba cuando llegamos, de las Instalaciones solo vi la parte acondicionada para pilotar los aviones, que tenía una red por encima.


Debajo de esa red y del tejadillo que tenía al lado, Miguel y su compañero Rafa, que había ido en coche, nos ofrecieron fruta y bebidas, que pudimos degustar junto con los bocadillos que habíamos llevado nosotros. Durante un buen rato, disfrutamos de la apacible noche de verano campestre, cenando tranquilamente.


Sin embargo, habíamos ido hasta allí para ver las estrellas, por lo que, tras el agradable receso, comenzamos la actividad propiamente dicha, para la que contamos con un telescopio profesional y con unos prismáticos de precisión. 

Tengo que decir que la parte de la experiencia que se centró en la observación astronómica fue la que me gustó en menor medida. Puede parecer paradójico, porque el objeto de la excursión era ver las estrellas, pero lo cierto es que el meollo de la actividad destacó menos que todo lo que lo acompañó. La causa es que la noche de ayer no era la más apropiada para distinguir las constelaciones, porque anteayer hubo luna llena.


Yo no había reparado en el detalle de la luz lunar que nos íbamos a encontrar, pero quizás los organizadores de la actividad sí deberían haber tenido en cuenta ese factor. Ayer, la luna apenas si había empezado a menguar y el firmamento estaba muy iluminado. Por eso, se veían pocas estrellas. 


Además, aunque nos hallábamos a 3 kilómetros de Utrera, el tamaño de esa ciudad aún provocaba algo de claridad en la bóveda celeste sobre nuestras cabezas. Yo, otras veces he disfrutado de cielos mucho más estrellados que el de la pasada noche. Sí es verdad que, como contrapartida, pude ver la luna preciosa con el telescopio y con los prismáticos, pero la parte de las estrellas quedó un pelín descafeinada.

En realidad, la actividad no la dirigió Miguel ni su compañero, sino que estos solo fueron los meros introductores de las explicaciones que dio el verdadero experto, que fue un profesor jubilado que los acompañaba, el cual resultó ser un especialista en astronomía. Sus indicaciones fueron muy interesantes. Fue evidente que controlaba el tema, ya que nos mostró lo que se llegaba a apreciar, poniendo en contexto las constelaciones con historias de mitología. La pena es que se vio poco. 

De todas maneras, aprendí que el famoso carro, que es casi lo único que sé reconocer sin ayuda en el cielo, no es la Osa Mayor al completo, como yo creía, sino que es solo la cola. También acerté a distinguir Casiopea, con su forma de W, logré identificar la Estrella Polar, y, por último, fui capaz de localizar los puntitos de luz que configuran el llamado Triangulo de Verano, que se corresponden con tres estrellas denominadas Vega, Altair y Deneb. 

Sin embargo, todo lo comentado lo hice con una cierta dificultad por culpa de la iluminación del cielo, con el agravante de que, de otras constelaciones apenas si vimos algunas estrellas sueltas, que aportaron poco.

No obstante, en mitad del campo en plena noche estuve a gusto y relajado, me divertí, y, sobre todo, disfruté del rato compartido con María, con Ana, con Julia y con mi sobrina Laura, que también se vino con nosotros. Incluso, me gustó el camino de regreso, que nos devolvió a Utrera a eso de la 1'15 de la mañana.
 
Pincelada de Utrera

Utrera es el cuarto municipio más poblado de la provincia de Sevilla y cuenta con el décimo término más extenso de toda Andalucía. Estamos hablando, por tanto, de un lugar de una entidad considerable, que no se ve en un rato. Nosotros, además, no íbamos con la intención de recorrer su casco urbano. Sin embargo, fue una suerte que nos citaran en la Fuente de los Ocho Caños, porque eso me permitió conocer ese monumento, que se encuentra situado en el extremo sur de la localidad.


La Fuente de los Ocho Caños se construyó en el siglo XIV, aunque está muy reformada. En origen, se ubicaba extramuros de Utrera y ejercía de fuente de aprovisionamiento, tanto para los que residían en el interior de la villa, como para el ganado y los que transitaban cerca de la entrada sur de la población.

Precisamente, un poco más allá de la fuente está el arco que ejercía de puerta sur de la segunda muralla de Utrera, que, al igual que la fuente, también data del siglo XIV. 


Yo no esperaba tener la oportunidad de ver lugares de Utrera tan destacados, pero todo salió rodado, llegamos pronto, y, además, me encontré conque nos habían citado en ese interesante enclave. Utrera es un sitio importante y cuenta con una larga historia a sus espaldas, por lo que volveré para profundizar en sus tesoros, pero, de momento, ya he podido mencionar dos de ellos.


Aparte, colindante con el Arco de la Villa hay un restaurante, de esos en los que se disfruta de la gastronomía tradicional en un entorno cuidado que tiene una cierta historia. Se llama Restaurante El Arco, y está ubicado en una casa del siglo XV. 



En el Restaurante El Arco ponen mesas en la acera, algunas de las cuales son altas. En una de estas nos ubicamos nosotros, dado que habíamos llegado con tiempo y que pegaba tomar un piscolabis. Para picar, nos pedimos un aliño de melva, que en este caso resultó tener también alcachofas y palmitos. Me encantó.


Utrera tiene mucho que ver. Se trata de la típica población que daría perfectamente para un fin de semana. Lo que sucede es que se encuentra cerca de Sevilla capital y se suele obviar como destino turístico. No obstante, yo ya había estado en ella en varias ocasiones, pero en ninguna pude profundizar demasiado en sus encantos. A la siguiente irá la vencida.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado UTRERA.
En 2006 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Sevilla: 100% (hoy día 100%).
En 2006 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 25% (hoy día 36'8%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado UTRERA.
En 2006 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 26'7% (hoy día 67'6%).
En 2006 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 9'8% (hoy día 22'4%).


25 de julio de 2026

LLANES 2026 (VISITA DE JULIO)

Mi trigésimo sexta visita a Llanes ha sido de las más fugaces. Apenas si pasé allí unas horas. Como siempre desde 2004, estuve en la casa que mi madre tiene en la aldea llanisca de La Galguera, pero esta vez solo dormí una noche en ella.


A pesar de lo breve que fue la estancia, tuve tiempo de darme un paseo por el centro de Llanes y de cenar en un lugar que no conocía, así que, continuando con la tradición, voy a redactar un corto post relativo a lo que dieron de sí las 15 horas que pasé en el bello pueblo asturiano.
 
Cenando en la casa de Juan Pariente

En 1516, Carlos de Habsburgo heredó el trono de España, y, tras unos meses de complicadas negociaciones diplomáticas, puso rumbo a Castilla desde Países Bajos para ser jurado como rey de nuestro país. El 19 de septiembre de 1517, desembarcó en el puerto de Tazones y comenzó un viaje a pie por el norte de España, que le hizo pasar por varias localidades asturianas, antes de llegar a Valladolid, donde debía convocar Cortes. El año pasado, cuando hablé de Colunga, que fue uno de los pueblos de Asturias donde hizo una parada, ya dije que algún día profundizaré en esa ruta. Ahora no voy a hacerlo, pero traigo a colación la historia, porque uno de los lugares donde pernoctó su majestad fue en Llanes. En concreto, pasó una noche en casa de Juan Pariente, que era un noble ligado a la monarquía desde los tiempos de Juan II. 


Como digo, no quiero enrollarme ahora con ese asunto, porque me gustaría hablar de él con más calma, pero sí voy a comentar que, el otro día, cenamos en un bar que se encuentra en los bajos de la citada vivienda de Juan Pariente. Lo que pasa es que, lo único que queda de la casona original es el arco de medio punto de la foto superior. De ahí que hayan bautizado a esa puerta como Puerta de Carlos V. Detrás, lo que hay es un pequeño local, que no tiene aparente conexión con el resto del inmueble, y que está completamente reformado. 

El mencionado bar se llama A Mi Bola, y también ha sufrido una transformación absoluta, aunque no ha cambiado de nombre. En efecto, A Mi Bola era un bareto de aire bohemio, en el que se organizaban pequeñas exposiciones y mini conciertos. Durante años fue una rara avis en el corazón de Llanes, que es una población muy turística. Sin embargo, según parece el negocio ha sido traspasado hace unos meses, y ahora es un sitio normal y corriente. Yo, en la versión antigua de A Mi Bola no llegué a entrar nunca, pero el sábado buscábamos un lugar donde tomar algo, a una hora en la que Llanes era un hervidero, y apareció un hueco de manera milagrosa en la terraza de A Mi Bola. No íbamos pensando en parar allí, fue casualidad, pero vimos la mesa libre, y en vista de la cantidad de gente que había por todos lados, decidimos detenernos. Fue un acierto, porque cenamos en plena Calle Posada Herrera, a los pies de la famosa puerta de la casa de Juan Pariente.


Más allá de eso, lo que yo me pedí para cenar fue un bocadillo de jamón y una cerveza. No me comí mucho el coco, pero estuve muy a gusto.


Un par de pequeños paseos

Con independencia de la cena, lo que me agradó de mi breve estancia en Llanes fue que me dio tiempo a darme un breve paseo por el casco histórico del pueblo, que es una maravilla. 


En verano, Llanes siempre está lleno de gente, pero eso, a mí parecer, no le resta encanto. Me gusta ese ambiente. Además, incluso en julio es posible contemplar estampas preciosas de la localidad.


Nosotros, mientras íbamos a buscar un lugar donde cenar, anduvimos por la Calle Alfonso IX y por la Calle Castillo, antes de enfilar desde el principio la Calle Mayor. Ese recorrido ya es, de por sí, muy bonito. Después, volvimos por la Calle Posada Herrera, pasando por delante de la Iglesia de Santa María del Conceyu y de la Casa de la Cultura de Llanes.



Al día siguiente por la mañana, tuve tiempo de salir a correr, y luego también me di un nuevo paseo, esta vez por La Galguera, fijando mi atención, tanto en rincones en los que he reparado menos en el pasado, como en otros que son de sobra conocidos para mí, pero que no me canso de visitar. Uno de estos es el Lavadero.

      


En La Galguera se levantó un día precioso. Fue un placer tener unos minutos de sosiego, para disfrutar de la belleza de su entorno, de sus calles y de sus casas. Algunas de estas son modernas, pero el pueblo no ha perdido ni un ápice de su encanto.



Todo fue breve en esta visita. No importa. En agosto regresaremos y nos quedaremos una semana, en la cual tendremos la oportunidad de aprovechar más el tiempo.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado LLANES.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 13'3% (hoy día 60%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 11'8% (hoy día 36'8%).