18 de agosto de 2026

MIERES 2026

El año pasado, me dio por ponerme a curiosear sobre lo interesante que ofrece el concejo de Mieres, y me quedé impresionado por varias razones. En primer lugar, me sorprendió que alberga un total de 370 núcleos de población. Algunos son muy pequeños, pero me resultó llamativo que estuvieran identificados tantos pueblitos. Aparte, me pareció fascinante lo bien que han individualizado sus ítems turísticos las autoridades mierenses.


La cosa es que, al hablar de turismo en Mieres, está claro que es indispensable hacer referencia a todo el patrimonio industrial y minero que atesora. 


Durante mucho tiempo, el sustento de la mayoría de los habitantes de Mieres dependió de la minería, pero este sector entró en crisis en España y ya no da de comer a demasiada gente. En consecuencia, la zona se ha tenido que reinventar, apostando por convertir los vestigios de su pasado reciente en el eje de su presente y de su futuro. En Mieres, a día de hoy todavía se ven por doquier elementos, espacios e instalaciones, que nos cuentan que el carbón, los mineros y los movimientos obreros fundamentaron la cotidianidad de la región hasta hace poco. Para los aficionados a la historia y a la antropología, ir a Mieres es una gozada, porque allí aún se aprecia como se ha vivido en la Asturias profunda en los siglos XIX y XX. Por eso, es una suerte que los responsables del Ayuntamiento de Mieres, en su afán dinamizador, hayan detallado con tanta claridad los platos fuertes del concejo. Ese trabajo me va a facilitar bastante la exploración.

El contexto

El concejo de Mieres está vertebrado fundamentalmente por el Valle del Caudal, que ha sido horadado por el Río Caudal. A esa estrecha vega van a dar otros valles, por los que discurren una serie de cursos de agua, que son afluentes de ese río.

En base a esa configuración orográfica, en Mieres han dividido los elementos destacados del patrimonio en cuatro grupos. El primero se centra en lo que está situado en Mieres del Camino, que es la capital municipal. El segundo toma como referencia el Camino de San Salvador, que es una variante del Camino de Santiago que transcurre por el concejo, atravesando el Valle del Caudal. En ese tramo de la ruta jacobea, también se han identificado unos cuantos highlights que resultan de interés.


El tercer grupo individualiza el montón de lugares atractivos que se agolpan en el Valle de Turón. De todos lo valles formados por los ríos que van a dar al Caudal, este es el más importante.

Por último, el cuatro grupo reúne los enclaves relevantes que se reparten por los demás valles de Mieres, y también por los montes del concejo.

Mieres del Camino

Este verano no he estado en Mieres del Camino. Allí hay doce sitios que merecen la pena, pero, de ellos, yo solo he visto el Parque Jovellanos y la Antigua Estación de El Vasco con su Locomotora SHE 11. Realmente, nunca he ido a la capital del concejo con la intención de explorarla a fondo. Tengo pendiente pasearme más por ella. 

El Camino de Santiago por Mieres

Cuentan, que la primera persona que peregrinó a Santiago de Compostela para ver la tumba del apóstol Santiago fue Alfonso II. La sepultura había sido encontrada en el 813, y al rey de Asturias, que dominaba, a grosso modo, lo que hoy en día son los territorios de Cantabria, de Asturias, de las provincias de Lugo y de La Coruña, y del oeste del País Vasco, el hallazgo le vino de maravilla, ya que reforzó el papel del Reino de Asturias como principal defensor de la fe cristiana frente a Al-Ándalus. Por eso, Alfonso II no dudó en encaminarse desde la capital de su reino, que se emplazaba en Oviedo, hasta el lugar donde había aparecido Santiago, para verificar y legitimar el descubrimiento. En el sitio donde estaba ese enterramiento, con el paso de los años surgió la ciudad de Santiago de Compostela, por lo que Alfonso II es considerado el peregrino primigenio, y al trayecto que siguió se le denomina Ruta Primitiva del Camino de Santiago. 

Un tiempo después, cuando Santiago de Compostela se consolidó como uno de los tres grandes destinos de peregrinación de la cristiandad católica, junto con Roma y con Jerusalén, la ruta francesa del Camino de Santiago se convirtió en la preeminente, dado que unía Europa con Galicia, cruzando una zona mucho menos abrupta que Asturias. Sin embargo, la Catedral de Oviedo mantuvo un estatus de enorme importancia, por lo que siguió siendo una parada casi obligatoria para los peregrinos más devotos. Así, estos, al llegar a León por el Camino Francés, tiraban hacia el norte y se dirigían a Oviedo, para rendirle una visita a la Catedral de San Salvador, que había jugado un papel crucial en el inicio de la historia del Camino.

"Quién va a Santiago y no a Salvador, sirve al criado y deja al señor" se decía. En vista de eso, el Camino de San Salvador, que luego enlazaba con la Ruta Primitiva en Oviedo, se convirtió en una variante de notable importancia del Camino de Santiago, con la cosa de que ese ramal pasa justo por Mieres. Gracias a esa circunstancia, las autoridades turísticas mierenses han identificado cuatro ítems en el tramo del itinerario jacobeo que atraviesa el concejo. Yo no conozco ninguno aún, pero introduzco su existencia para cuando pueda ir a visitarlos.

Valle de Turón

Otro tema distinto es el Valle de Turón, que es lo que he podido explorar mejor en mis dos últimas estancias en Mieres. En la del año pasado estuve en Urbiés, y hace una semana fuimos a ver dos de los antiguos pozos mineros conservados que existen en la zona. Son el Pozo Espinos y el Pozo Santa Bárbara. El primero lo visitamos por nuestra cuenta, pero el Pozo Santa Bárbara nos lo enseñaron, por lo que le sacamos todo el partido a la experiencia.

El Valle de Turón está excavado por el Río Turón, y entronca con el Valle del Caudal al sur de Mieres del Camino.


Al hablar del Valle de Turón, estamos haciendo referencia a una zona en la que se llegó a superar el medio millar de bocaminas. Allí, se vivía de las explotaciones carboníferas hasta hace muy poco, y eso se nota. La clave es que una de las imágenes más claras que se le vienen a uno a la cabeza, cuando piensa en la clase obrera, es la de un minero. En esa línea, en el Valle de Turón lo que uno va a encontrar es ambiente proletario. Nosotros estuvimos tomando café en La Felguera y también anduve por El Llegu, y pude comprobar que son dos aldeas habitadas por currantes. En la actualidad ya no hay minas, pero la región no ha perdido su antigua esencia.


El tema es que el Valle de Turón, además de por el río homónimo, está atravesado de lado a lado por la AS-337, que va cruzando, en paralelo al curso de agua, una hilera de poblaciones conformadas por bloques de viviendas de corte humilde, que se asoman a la carretera.

  

Esas localidades no son muy grandes, es decir, no se extienden mucho más allá de lo que se ve desde la carretera, que ejerce de columna vertebral de todo el valle.

Como ya he adelantado, el Valle de Turón tiene una destacada historia vinculada al movimiento obrero y a la intensa actividad minera que allí se llevó a cabo. Sus valores ambientales y patrimoniales lo convierten en un territorio que se está intentando abrir al desarrollo turístico, pero que conserva casi intacta su identidad social. Su compleja orografía se articulaba por el Río Turón, por la citada carretera y por el ferrocarril de vía estrecha que montó la sociedad Hulleras de Turón, para enlazar las explotaciones y para comunicarlas con el centro neurálgico y logístico de las minas. Una buena parte de la pista abierta para que circulara el tren se ha recuperado como senda verde, pero el espinazo del valle, que es la AS-337, sigue funcionando a pleno rendimiento.


No obstante, a pesar de lo dicho, nosotros comimos en el merendero de un pueblo llamado Enverniego, que estaba un poco separado de la carretera y que tenía un aire un diferente. Dado que llevábamos bocadillos, busqué algún lugar con mesas en el que pudiéramos comer a gusto, y encontré uno muy tranquilo en esa pequeña población, junto a la Fuente de Enverniego. 



Enverniego también es conocido como Inverniego, por lo que es fácil gastar la broma de llamarlo Invernalia. No en vano, se trata de un lugar que está bastante recóndito y aislado, igual que la sede del cuartel general de la Casa Stark en Juego de Tronos. Chistes malos aparte, Enverniego no es más que una aldea que tiene un aire diferente al del resto de las localidades del Valle de Turón que vi.



Nosotros llegamos a Mieres a mediodía, y lo primero que hicimos fue comer. Luego, tomamos café en La Felguera, en el Café El Parador, y, por último, fuimos a conocer el Pozo Espinos y el Pozo Santa Bárbara, que era de lo que se trataba. Ambos se encuentran en dos de las pequeñas poblaciones que se asoman a la AS-337. Son, respectivamente, Santandrés y La Rebaldana.

Al igual que el Pozo Santa Bárbara, el Pozo Espinos se puede recorrer con una visita guiada, pero nosotros fuimos por libre. Por eso, solo lo vi parcialmente. Por ejemplo, me faltó entrar en el edifico que hacía las veces de lampistería y de almacén. Allí, en el sitio donde se guardaban y se preparaban los equipos de iluminación y de seguridad de los mineros, hoy en día se encuentra el centro de interpretación del conjunto. Sin embargo, sí vimos la torre de extracción, que se sitúa en medio del cobertizo de embarque, el cual mide 200 m².


Lo singular del Pozo Espinos es que la máquina de extracción se hallaba dentro de una garita de madera, que está construida encima de una estructura de 7 metros de altura. Debajo de esa torre, se encontraba la caña del pozo, que se hundía 33 metros en el suelo. 



Sin duda, me hubiera gustado ver el Pozo Espinos con un guía, pero también es verdad que el hecho de recorrer las instalaciones en soledad, hizo que no me cortara a la hora de permitirme ciertas licencias.


Además, gracias a los carteles que había por allí, me enteré de que el pozo fue construido en 1927 y de que se mantuvo activo durante 40 años, explotado por Hulleras de Turón. Aparte, también vi algunas de las antiguas jaulas que bajaban por el agujero, así como el puente de hierro que salva la carretera y el rio, y que todavía permite acceder a la trinchera por donde circulaba el ferrocarril. Este abastecía la instalación minera y servía para evacuar su producción. 


En el lado opuesto del puente vimos la entrada a la escombrera, que creo que también es visitable. Asomarme a esa abertura es otra cosa que me queda pendiente.


Me gustó mucho el hecho de poder ver tan bien el Pozo Espinos, pese a que no nos pudimos unir a ninguna visita concertada. Sin embargo, lo que de verdad me encantó fue recorrer el Pozo Santa Bárbara en compañía de una guía.


En efecto, en el Pozo Santa Bárbara disfrutamos de las enérgicas y apasionadas explicaciones de Fernanda, que es la guía que enseña todo el patrimonio minero del Valle de Turón. Yo la recordaba del año pasado, ya que fue la que nos mostró Bustiello de manera fenomenal. Gracias a ella, me he enterado de un montón de cosas en ambas ocasiones.


En el Pozo Santa Bárbara, la estructura que se ve es similar a la del Pozo Espinos, aunque es más grande. En este caso, el pozo es doble y cuenta con dos castilletes. El principal, que es el de la foto superior, mide 32 metros, nada menos, y no tiene encima la maquina de extracción, ya que en el Pozo Santa Bárbara la maquinaria se ubicaba en un edificio anexo, dado que fue una explotación de mayor entidad que el Pozo Espinos. Ambas están apenas a un kilómetro y pico de distancia. 


El Pozo Santa Bárbara empezó a funcionar en 1913, y no cerró sus instalaciones hasta 1995. Al principio, su profundidad fue de 113 metros, pero llegó a hundirse en la tierra 434, tras un par de ampliaciones. Trabajar allá abajo debía ser pavoroso. Además, era muy peligroso. Tanto, que murieron 115 personas entre 1925 y 1992. Del último accidente, acaecido en diciembre en 1992, yo mismo me acuerdo. Fallecieron 4 mineros. En 1994, las actividades extractivas cesaron en el Pozo Santa Bárbara, y unos meses después se cerraron definitivamente las instalaciones.

En la actualidad, solo se ha restaurado el edificio que alojaba las máquinas de extracción del pozo. En ese sentido, la antigua mina es una muestra a escala reducida de lo que es el Valle de Turón. Allí, tiene pinta de que el marasmo fue absoluto durante varias décadas, tras el colapso de las explotaciones de carbón. Ahora, la sensación es que las dificultades económicas persisten, pero hay pequeñas muestras de que se está trabajando por darle a la zona una nueva vida. De igual modo, en el Pozo Santa Bárbara, junto al edificio que se ha rehabilitado y que se usa para montar exposiciones del un cierto nivel, conviven otros tres que se encuentran en ruinas. 



Como decía, solo la antigua sala de máquinas del pozo principal se ha restaurado. No obstante, en 1995 la mayor parte de su maquinaria fue desguazada y vendida. Después, el edificio se quedó vacío. Ese armazón de hormigón hueco entró en el siglo XXI abandonado, y se fue degradando paulatinamente, hasta que el complejo entero fue declarado Bien de Interés Cultural en 2009. A partir de entonces, se comenzó la rehabilitación parcial de este. La primera fase se finalizó en 2015.


Sin embargo, el edificio remozado siguió vacío hasta 2021, año en el que se abrió como centro de exposiciones temporales.


Ahora, el contraste entre el edificio rehabilitado y sus ruinosos vecinos es como un símbolo de lo que es el Valle de Turón, que está luchando por sacar la cabeza gracias a su patrimonio, a base de adecuar y de poner en valor, poco a poco, pero con un entusiasmo encomiable, lo que se va pudiendo restaurar. En ese contexto, la empresa Pozo Espinos, que es la de nuestra guía Fernanda, es la adjudicataria encargada de gestionar la difusión de los recursos turísticos del municipio. En este caso, vimos los castilletes junto a Fernanda, y después cruzamos el puente, que, al igual que pasaba en el Pozo Espinos, salva el Río Turón y lleva hasta el estrecho espacio, hoy en día convertido en vía verde, por el que circulaba antaño el tren minero. Por último, fuimos hasta una de las bocaminas del Pozo Santa Bárbara.



En origen, las bocaminas eran galerías de explotación horizontal, que se usaban para extraer el carbón de las capas situadas en la montaña. Posteriormente, cuando se empezó a perforar el subsuelo en dirección vertical, las antiguas galerías pasaron a utilizarse para tareas de ventilación y de desagüe. También servían como salidas de emergencia.

Por nuestra parte, tras los comentarios al aire libre, entramos en la antigua sala de compresores. Allí, Fernanda nos siguió contando cosas de la historia de la mina, pero también dedicó un rato a hablar de la exposición que ocupaba la nave en ese momento. Se llamaba La Revuelta y la Nieve, su autor era el gijonés Dionisio González, y, en teoría, estaba concebida específicamente para el Pozo Santa Bárbara y relacionada con él. 


No me voy a detener mucho en describir La Revuelta y la Nieve, para empezar porque me interesa menos el arte conceptual que el patrimonio histórico, lo que implica que no estaba allí para ver la muestra, sino para conocer la mina, pero, aparte, no me apetece extenderme con detalles, porque el montaje concreto me pareció una fumada de primera categoría. A mí no me gustó nada, pero es que, además, lo que vi solo cobró un mínimo de sentido gracias a la extraordinaria explicación de Fernanda, que se volcó en que aquello lo entendiéramos un poco. Sin embargo, el problema mayor es que el grueso de la gente ha visitado la exposición sin guía, por lo que me temo que se ha ido sin tener ni idea de qué cojones era lo que se pretendía decir con ella. 

Por suerte, tras ver la muestra no me fui de allí directamente, sino que acabamos disfrutando de una experiencia inmersiva que sí mereció la pena. La misma la han montado en el exterior, en un contenedor de esos que se llevan en los barcos. Dentro, se ve una especie de documental, a la vez que se reproduce, con sonidos envolventes y con imágenes que se proyectan por las paredes y por el techo, la sensación de bajar a una mina. 


El audiovisual resultó emotivo y didáctico, y la experiencia fue divertida. Por fortuna, nos despedimos del Pozo Santa Bárbara y del Valle de Turón con buen sabor de boca.

Otros valles y montes

El Valle de Turón no es el único que desemboca en el Valle del Caudal, como he comentado. Otros ríos de diversa entidad, como el Aller, el Cuna, el San Juan o el Miñera, también han horadado el terreno y han sido testigos de la proliferación de más pozos mineros y de diferentes asentamientos. Bustiello, por ejemplo, se sitúa en el Valle de Aller, tal y como dije el año pasado. Ese poblado es lo único que conozco del concejo, al margen de Mieres del Camino y de los lugares del Valle de Turón de los que he hablado. Dejo para la próxima vez la visita a todos esos valles, y a algún enclave de interés que se encuentra ubicado en zonas menos accesibles.

A por lo que queda

Este mes de agosto le he pegado un buen bocado a lo que me falta por ver en Mieres. Además, he individualizado cuáles son sus principales ítems de interés, por lo que será fácil, en el futuro, ir a tiro hecho a conocer los más destacados que me quedan.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado MIERES.
En 2019 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales visitadas en Asturias: 60% (hoy día 60%).
En 2019 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 34'4% (hoy día 36'8%).


10 de agosto de 2026

CUDILLERO 2026

En los últimos 30 años he estado 38 veces en Asturias. Son bastantes, si tenemos en cuenta que vivo en Sevilla y que no viajo por trabajo. Una de las claves de esa cantidad de visitas es que mis padres se hicieron una casa en Llanes en 2005. Esa circunstancia me ha permitido conocer a fondo el oriente asturiano, pero, en cambio, ha provocado que solo haya ido dos veces a la parte del Principado que se encuentra al oeste del Aeropuerto de Asturias.


En la imagen, el Aeropuerto de Asturias se encontraría donde he dibujado el círculo verde. En los 94 kilómetros que hay entre ese lugar y Galicia, apenas si he estado en un par de ocasiones. La del otro día fue la tercera.


Lo que se ve a mi espalda en la foto que acabo de poner es Cudillero. Se trata de uno de las localidades más bonitas de Asturias. Yo, en una de las dos veces comentadas en las que anduve por el occidente asturiano, llegué a estar en el lugar del pueblo que he marcado con un círculo azul en el siguiente mapa, pero no había pasado de ahí.


Este verano he podido, por fin, ir un poco más allá y conocer de verdad la pintoresca localidad.

Cudillero y la masificación turística

En el concejo de Cudillero viven aproximadamente 5.000 personas. De ellas, unas 1.300 residen en la población homónima, que ejerce de capital. El problema en esta, como en tantos otros lugares bonitos, es que los turistas nos hemos convertido en un incordio. En el caso de Cudillero, este es bastante patente, porque el pueblo se encuentra encajonado en un pequeño entrante de la costa. 


De hecho, su belleza radica en que sus calles se desparraman por las laderas de un anfiteatro montañoso natural, que cae sobre el escaso terreno llano que tiene delante. En consecuencia, dadas las estrecheces, la capacidad de absorción de multitudes de Cudillero es muy limitada.



Allí, el desahogo se ha logrado gracias a una pequeña porción de terreno que se le ha ganado al mar. Sobre la superficie del mismo, se ha construido el Puerto de Cudillero.



En Cudillero, el poco aparcamiento que hay se ha habilitado, precisamente, junto al Puerto, en una porción de ese trozo de tierra artificial que se ha generado pegada a la costa. Las plazas para estacionar los vehículos están contadas. Eso significa que allí se nota la masificación turística de una manera considerable, porque, en determinados momentos, es patente la sensación de colapso en el escaso espacio existente, por culpa de los que quieren visitar el pueblo y no encuentran donde dejar el coche. Vivir en Cudillero en los meses de verano debe ser complicado. Sin embargo, hay que decir que la particular orografía de Cudillero también ayuda a su preservación. No cabe duda de que he visto lugares mucho más atestados de gente.

  

El hecho de que no haya donde aparcar el coche cuando se llena el parking es un problema, pero también marca el límite de los visitantes que puede llegar a haber en un día en el pueblo. Además, como en tantos otros lugares, en Cudillero, en cuanto pasa la hora punta, o en cuanto te alejas un poco del meollo de la población, el gentío se limita.


En todo caso, yo quería ver Cudillero de una vez, por lo que, al final, he tenido que ir como un visitante más, metiéndome en el atasco y jugándomela para encontrar aparcamiento. Por fortuna, lo logré. No obstante, siempre intento formar parte de la plaga turística de la manera menos nociva posible. Por ello, cuando conseguimos soltar el coche fuimos a comer a un restaurante muy poco obvio, y no me detuve en la Plaza de la Marina y en sus alrededores hasta la tarde, a una hora en la que había disminuido la cantidad de gente que estaba echando el rato por esa zona.


Espero que mi presencia en el pueblo tuviera más aspectos positivos que negativos.

Almuerzo en La Atalaya

El sitio recóndito al que decía que fuimos a comer se denomina La Atalaya. 

En realidad, La Atalaya es una población diferente a Cudillero. Está integrada en el concejo pixueto, pero se encuentra separada de la capital concejil y no se puede decir que sea atractiva. Por eso, no es un lugar turístico. 


Sin embargo, está bastante cerca. De hecho, nosotros fuimos andando, a pesar de que eso nos obligó a subir desde el Puerto, hasta la pequeña meseta sobre los acantilados en la que se encuentra la población.

En La Atalaya, almorzamos en la terraza del Mesón El Carbayu. Salir del corazón de Cudillero fue un acierto, porque acabamos en un restaurante de corte familiar, en el que la comida, el ritmo, el trato y el ambiente, posibilitaron que disfrutáramos de una experiencia distinta a la que se suele vivir en los negocios puramente turísticos. 



Yo me tomé un pedazo delicioso de bonito a la plancha, y también probé el pulpo a la gallega y el peculiar cachopo de la casa. Este se se ha convertido en la especialidad del lugar, ya que no está rebozado. En líneas generales, comimos genial y estuvimos muy a gusto.

Cuestas y escaleras por doquier

Como he comentado, el hecho de almorzar en La Atalaya posibilitó que nos saliéramos un poco del epicentro turístico de Cudillero, lo cual siempre suele ser positivo, pero, además, nos obligó a recorrer la localidad desde abajo hasta arriba, y a la inversa, yendo por dos sitios diferentes. En efecto, para subir dejamos atrás la Plaza del Comercio, tiramos en dirección sureste y fuimos por la sinuosa Calle San José, hasta que alcanzamos la embocadura de la Calle Cimadevilla, que realmente está formada por escalones al principio. Después, esta vía se convierte en un carrilito con barandilla, que va bordeando el pueblo por encima, y permite disfrutar de unas vistas preciosas.


Sin embargo, nosotros no recorrimos la Calle Cimadevilla entera. Realmente, no habíamos acabado de subir, por lo que cogimos pronto otra larga escalera, que nos sacó al Camín del Cementerio.



El Camín del Cementerio ya es llano, y fue el que nos condujo a La Atalaya, pero el ascenso, atravesando el sureste de Cudillero, tuvo mandanga.

Después de comer, para bajar cogimos el Camín de la Garita, que bordea el cementerio por el lado opuesto al Camín del Cementerio, y que nos devolvió a Cudillero por el norte de su casco urbano. 


La bajada por ese lado no fue más fácil, pero nos dio la posibilidad de callejear por la otra parte de la localidad, y también nos ofreció una bella perspectiva de la misma desde el Mirador de la Garita-Atalaya, que es uno de los espectaculares lugares que se han habilitado en el pueblo para verlo desde arriba.



En el casco urbano de Cudillero me dejé algunos rincones sin explorar. La verdad es que la exigencia de la ida y de la vuelta a La Atalaya me impidieron gastar energías y tiempo en ir a curiosear por un par de zonas del pueblo a las que no llegué a echarles un ojo. La próxima vez será. Lo que sí tuve la ocasión de hacer fue recorrer el interesante Túnel del Río Piñera, que hasta hace poco no sabía ni que existía.

El túnel

En Cudillero desemboca un curso de agua, denominado Río Piñera. Se trata de un corto regato, que nace a menos de 5 kilómetros del mar, pero que lleva bastante agua cuando llega al pueblo, incluso en verano. En época de lluvias, su carácter torrencial era un problema en la población, por lo que se soterraron los últimos metros del cauce de agua a finales del siglo XIX. 


En concreto, la galería se terminó en 1892. Antes, supongo que el río bajaba con ímpetu por el centro del pueblo y se desbordaba a menudo, debido a la notable pendiente de sus calles. El tema es que la parte final del rectilíneo Túnel del Río Piñera, que mide 310 metros, se construyó para que pudieran recorrerlo las personas con facilidad. 


En efecto, con la idea de que se pudiera usar el túnel para ir por él, se iluminó un poco, el techo se elevó más de dos metros, se cubrió por completo la roca natural con bloques de piedra y con ladrillos, y se habilitaron dos caminitos de hormigón, pegados a las paredes, para permitir el tránsito de las personas. Gracias a eso, el pasadizo se empezó a utilizar como atajo para bajar al Puerto, que es donde acaba. Hoy en día, somos los turistas los que lo disfrutamos.

Por un lado, el túnel termina cerca del Puerto de Cudillero, como he dicho, y por el otro llega hasta unas escaleras, que permiten subir hasta la Calle Doctor Flemming, que pertenece a la parte más moderna de Cudillero.


Por debajo de la escalera, el túnel continúa unos 150 metros más, aunque esa parte ya no se construyó para que se pudiera avanzar por ella con tanta facilidad.


Cudillero con lluvia y frío

La visita que realizamos a Cudillero fue bastante completa, pero me gustaría volver allí fuera de temporada. Me quedan rincones por ver, así que ese no va a ser el problema. Lo complicado será sacar el hueco para ir al occidente asturiano en otoño o en invierno. No obstante, me lo anoto para el futuro.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado CUDILLERO.
En 1998 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 40% (hoy día, confirmada ya esta visita, 60%).
En 1998 (primera visita incompleta), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 14'6%  (hoy día, confirmada ya esta visita, 36,8%).