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17 de abril de 2023

LLANES 2023 (VISITA DE ABRIL)

En 2022 estuve en Llanes en febrero. Fue una visita excepcional, porque todos los años cuando voy es en verano. No obstante, es cierto que en 2009 y en 2010 pasé allí parte de la Semana Santa. Se dieron las circunstancias apropiadas, y estuvimos en la casa que mis padres tienen en La Galguera del Miércoles Santo al Domingo de Resurrección. Desde entonces, no habíamos vuelto a ir en primavera, hasta ahora.


Este 2023, tanto María como yo hemos tenido la Semana Santa entera libre. No es normal, por lo que había que aprovechar la coyuntura. Por eso, renunciamos, por un año, a lo que nos ofrecía Sevilla en estas fechas, y el Domingo de Ramos cogimos carretera y manta. Tras hacer el trayecto del tirón, hemos estado en Llanes desde ese día, hasta el Sábado Santo. Gracias al maravilloso tiempo que nos ha hecho, han sido unas jornadas muy aprovechadas.


Por supuesto, me he dado buenos paseos por La Galguera. A pesar de la cantidad de turistas que llenan el municipio de Llanes en verano, ni siquiera en época estival esta pequeña aldea pierde su carácter tranquilo. Fuera de temporada, es más patente aún que en la localidad solo viven, habitualmente, 92 personas.




Además de en La Galguera, otras dos aldeas conocidas en las que hemos estado han sido Buelna y Pendueles. En julio hice, en solitario, una pequeña ruta, que empieza y acaba en la primera de esas poblaciones, y que atraviesa la segunda. Dicha ruta me gustó tanto, que decidí volver a hacerla con María, con Ana y con Julia, en cuanto pudiera. No he esperado mucho, como se va a comprobar. En efecto, en vista de los estupendos días que han salido, en uno de ellos nos fuimos hasta Buelna, y echamos un par de horas de relajado senderismo. En esta localidad viven 51 personas, por lo que no es muy diferente a La Galguera.


En nuestra ruta, tras dejar atrás Buelna, nos dirigimos a la zona del Complejo de Cobijeru, pero accedimos a él por los acantilados, no por el interior. Para mí, era la cuarta vez que iba a ver ese monumento natural, y la tercera que pisaba el Salto del Caballo, pero aún no había conseguido la foto perfecta. En esta ocasión nos la hicieron. El sitio es brutal.


La verdad es que, cuando se está arriba, no da la sensación de vértigo que me produce esta fotografía, pero, en la misma, no hay trampa ni cartón. El Salto del Caballo es un puente de roca sobre el abismo, así de impresionante.

En el Complejo de Cobijeru también le enseñé a María y a las niñas la Playa de la Presa, que es interior y que se encuentra escondida. Su nombre está relacionado con el molino de mareas abandonado que tiene en uno de sus lados, o más bien con la presa de este.



El resto de la ruta nos llevó, bordeando los acantilados, hasta la Playa de Pendueles, donde está tomada la foto mía que he puesto arriba. La costa de Llanes es una maravilla, que, por suerte, no se conoce tanto como se merece.



Tras abandonar la Playa de Pendueles, llegamos, como no, a Pendueles, una localidad cuyas casas están bastante dispersas entre los acantilados y la carretera N-634, aunque ninguna llega a asomarse a esta.


Pendueles suma 230 habitantes, por lo que es más grande que Buelna, pero esta última población es más compacta y bordea la N-634, lo que implica que llama la atención en mayor medida. No obstante, las primeras casas de Pendueles están, apenas, a 200 metros de la carretera nacional, y Buelna tampoco queda lejos.



Nosotros íbamos con la idea de finiquitar la ruta como está mandado, es decir, tomándonos un refrigerio y un tentempié. Nuestra intención inicial era parar en Pendueles, pero, al entrar en este pueblo tiramos por la calle equivocada, y, en vez de acabar en el centro, como hice yo en verano, lo bordeamos y nos alejamos de la zona de bares. Desandar nuestros pasos no era una opción, así que decidimos disfrutar del aperitivo en Buelna, junto al sitio donde habíamos aparcado. Hicimos bien, porque, en el Restaurante El Paso, degustamos un rico pincho de tortilla, regado con una cerveza fresca (María y yo) y con una Fanta (las niñas).


Otro día fuimos a Porrúa. En 2005, visité, por primera vez, el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias, que está allí. Desde hace años tenía ganas de volver, para refrescar mi memoria, pero no había encontrado el momento de hacerlo. Esta Semana Santa apareció la oportunidad. Gracias a eso, regresé a la población donde se asienta.


Porrúa es el sexto núcleo llanisco, en lo que a habitantes se refiere. Tiene 423 personas censadas. Sin embargo, por lo que destaca es por ser una de las localidades más bonitas de Llanes. De hecho, en 2005 se llevó el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias. Este galardón se otorga en el marco de los Premios Princesa de Asturias, nada menos, y reconoce, cada año, la excelencia de alguna población asturiana. Desde 1990, solo hay tres concejos que lo hayan recibido dos veces. Llanes lo ha ganado en una ocasión, y fue Porrúa el beneficiario.


Dentro de la ejemplaridad de Porrúa está incluida, sin duda, su belleza. No he logrado sacar ninguna foto que le haga justicia, pero las que he puesto ya muestran que es un pueblo muy cuidado y armónico. Además, en él se halla el mencionado Museo Etnográfico del Oriente de Asturias, que se abrió en 1994, en una finca donada por dos porruanos que residían en México


Tengo que decir que el museo no es gran cosa. Lo mejor de la visita a Porrúa fue el agradable paseo que nos dimos por sus calles, que nos hizo recorrer los lugares más pintorescos de la localidad. No obstante, también vimos el Museo Etnográfico, y lo cierto es que la encargada que nos vendió las entradas fue muy amable, pero la muestra no me dejó con la boca abierta, precisamente. La misma permite ver una casa tradicional completa, incluido su hórreo y sus dependencias anexas, por la que se reparten toda clase de utensilios tradicionales.



Por las dependencias del museo-casa también hay referencias a las industrias asturianas artesanas. No está mal, pero, quizás porque lo que se muestra no me parece tan exótico, o por la ausencia de explicaciones (estos museos ganan mucho cuando te acompaña un guía), lo cierto es que lo que vi me dejó un tanto frío. Recorrimos la exposición permanente con tranquilidad, sin cruzarnos con nadie, y nos fuimos. Sin más. En la visita de 2005 me quedé con una impresión similar, y ahora se que no es casualidad. 

Curiosamente, lo que me resultó más entretenido del Museo fue la exposición temporal que estaba montada en un anexo del mismo. A mí, las muestras de quita y pon no suelen llamarme demasiado la atención, pero este caso fue una excepción. La que vimos se denominaba Centenario de Helados Revuelta, y estaba centrada en el pasado y en el presente de Helados Revuelta, una empresa llanisca de fabricación y de venta de helados, de la que ya he hablado en otras ocasiones. 


Helados Revuelta se fundó en 1922, y no solo ha ido mejorando sus procesos de producción y de venta, sino que, en el camino, ha generado una abundante documentación fotográfica, que es la que se mostraba en la exposición. Me encantó contemplar un centenar de imágenes, históricas y contemporáneas, que permitían ver como ha evolucionado la empresa heladera. Revuelta ha sustentado sus 100 años de vida en la venta ambulante de helados, por lo que las fotos que ilustran su trayectoria, también evidencian como han ido mutando Llanes y sus gentes a lo largo del último siglo. Como no podía ser de otro modo, tras salir de la muestra fuimos a tomarnos un helado. En la actualidad, Revuelta sigue teniendo camiones que los despachan, en los lugares más variopintos del concejo llanisco, pero, desde hace un tiempo, también mantiene abierto un local fijo. Es la Heladería Revuelta a la que vamos a menudo.


Y dado que hablamos de Llanes capital, voy a dedicarle unas palabras al principal núcleo de población del concejo. En él, la verdad es que apenas si me quedan cosas por conocer. La principal novedad de esta visita fue ver el pueblo en temporada baja. El año pasado estuve en febrero y ya lo vi así, con la pinta que presenta los días normales y corrientes.


Ahora, lo curioso fue que, tras ver, el lunes y el martes, las principales calles de la localidad con el aspecto que tienen la mayoría del año, comprobé, también, hasta que punto cambia el entorno cuando se inicia la temporada alta. En Semana Santa, esta da comienzo el miércoles por la tarde, momento en el que empiezan a llegar hordas humanas, que convierten el meollo de Llanes, de jueves a sábado, en un hervidero rebosante de vida. Fue interesante asistir a ese proceso de explosión demográfica.

En cualquier caso, más allá de eso, me queda poco por ver en Llanes. Pese a esto, nunca me sobran los paseos por allí. Esta vez, además de recorrer las calles emblemáticas del centro y las que bordean la Ría de Llanes, nos dimos una vuelta por el Paseo de Las Marismas.


También aprovechamos que era Semana Santa, para ver que se cuece en Llanes en unas jornadas tan señaladas. Yo soy de Sevilla, y se lo que es que la semana grande del cristianismo alcance una magnitud tal, que desborde los límites de la religión y lo ocupe todo, durante unos días. En Llanes no es así, evidentemente.


Para tomar contacto con la Semana Santa llanisca, nosotros fuimos a ver la procesión del Miércoles Santo. Me gustó, porque todavía no había demasiados foráneos por las calles de Llanes y lo que vimos fue bastante auténtico. Presenciando el víacrucis había poca gente, y procesionando con las imágenes estaban las personas justas. Por supuesto, no vi largas filas de nazarenos, ni esforzadas cuadrillas de costaleros, ni penitentes, ni nada parecido. También es España, pero es otro mundo, distinto al que yo he vivido en el sur.


En otro orden de cosas, siempre que voy a Llanes trato de ver pueblos del concejo que no conozco. Mi idea es ir a todos. En esta ocasión, para explorar una nueva localidad aproveché que, como cada año, fuimos a comer al Restaurante El Sucón, para cerrar una mini cuenta pendiente.



El Sucón está en el interior del concejo de Llanes, y, siempre que voy, paso por delante de una aldeíta denominada Debodes, en la que nunca había parado, a pesar de los intentos. Yendo por la carretera, junto a este pequeño núcleo de población, que apenas si está habitado por 32 personas, se ve una cueva que había llamado mi atención desde hace años.


Sin embargo, había ido a almorzar a El Sucón 29 veces, y al final nunca había logrado parar... hasta esta vez. Efectivamente, el jueves reservé para ir a comer, y, como íbamos con tiempo, arrastré a María y a las niñas a una visita a la cueva y al pueblín de Debodes. La Cuevona de Debodes es una cavidad natural, que acaba siendo muy angosta y profunda (yo no me metí demasiado por el oscuro agujero que tiene al fondo), pero, en su parte exterior, han habilitado una capillita, donde se sigue diciendo misa algunos días.


La Cuevona de Debodes se asoma al Río Valcabrero, que es un afluente del Río Bedón. Unos 200 metros antes de llegar a ella, siguiendo un camino que bordea este río, se encuentra Debodes.




Tanto la Cuevona de Debodes, como la aldea, son dos pequeñas joyitas escondidas del concejo de Llanes, que ya puedo recomendar con conocimiento de causa. Aparte, además de dar rienda suelta a mi fijación por los núcleos habitados llaniscos, también pudimos prestarle atención a mi otra obsesión, que es la de conocer todas las playas de la costa. En este viaje, taché de la lista de pendientes la de Pendueles, como comenté antes, y también la Playa de Sorraos.


En la Playa de Sorraos me eché una siesta épica. Fuimos, después de comer en El Sucón, y no me pude resistir. Me tumbé en la arena, me puse cómodo, y, dado que la temperatura era perfecta, dejé que mi cerebro se desconectara durante un rato. Antes, nos habíamos tomado un café en la terraza del Hotel Restaurante Kaype-Quintamar, que da a la vecina Playa de Barro. No lo iba a mencionar, pero no puedo dejarlo pasar: ese café está entre los tres peores que he tenido la desgracia de ingerir en mi vida. De hecho, no me lo terminé. A mí me resulta muy difícil dejarme algo en un plato o en un vaso que me pongan por delante. Es casi un TOC, y el café de marras no tuve cojones de acabármelo. Con eso lo digo todo.

A la Playa de Sorraos accedimos caminando, desde la Playa de Barro, aprovechando la marea baja. Esta última no la doy por conocida, puesto que no paramos en ella. La dejo para la próxima.

Además de Debodes, hubo otro núcleo de población, en el concejo de Llanes, que tuve la oportunidad de conocer esta vez, y con esto ya acabo. Se trata de Meré.


Al igual que Debodes, Meré está en el interior del concejo de Llanes. Realmente, las dos poblaciones están cerca, aunque Meré se extiende a ambos lados de la carretera AS-115, mientras que Debodes solo se asoma a una carretera local, y se encuentra en un lugar algo intrincado, entre las montañas. Supongo que eso influye en el hecho de que, en Meré, estén censados 103 habitantes y sea más grande. En todo caso, ir allí no estuvo motivado por ningún monumento concreto, sino por un evento que descubrimos y que no nos quisimos perder.


En efecto, la Fiesta de los Tortos fue la excusa ideal para ir a conocer el pueblo de Meré, que está bordeado por el Río Bedón. Muchas veces he metido los pies en las frías aguas de este, en el sitio donde desemboca, en la Playa de San Antolín. En esta ocasión, lo vi hecho un auténtico río de montaña.



Gracias a esta visita, ya he estado en 25 de las 71 entidades de población que se reparten por el concejo de Llanes. Queda trabajo por hacer...

Con respecto a la Fiesta de los Tortos, la del pasado Viernes Santo fue la sexta edición.


Los tortos están hechos de harina de maíz moldeada en forma de tortilla. La masa va frita, y se sirve con múltiples cosas. Se trata de un plato típico asturiano, menos popular que el cachopo o la fabada, pero no, por ello, menos suculento. Yo probé los tortos que iban acompañados de pisto, y los que llevaban queso y miel.


Por supuesto, los tortos los regamos con sidra. Me gustó lo que comí, evidentemente, pero lo que más me encandiló fue el ambiente de la fiesta. En Meré, compartimos el rato con un montón de gente de los alrededores, que se dejó caer por allí para darse un pequeño homenaje a un módico precio.


Yo creo que no es normal el tiempo que nos ha hecho, a lo largo de los cinco días que hemos estado en Asturias. Todos las jornadas amanecieron radiantes, y se mantuvieron así hasta el final. Sin embargo, no hizo un calor chungo. En realidad, en Llanes nunca lo hace. En verano, cuando volvamos, no se si tendremos tanta suerte, pero, pase lo que pase, nos preocuparemos de seguir buscando lugares interesantes para ver por el concejo, y también de continuar viviendo experiencias chulas.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado LLANES.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 13'3% (hoy día 60%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 11'8% (hoy día 36%).


30 de julio de 2022

LLANES 2022 (VISITA DE JULIO)

Este verano apenas si he estado tres días en Llanes. Además, María no ha podido ir. Por motivos laborales se ha tenido que saltar esta primera etapa de las vacaciones, aunque se nos unirá en la segunda. Por lo que a mí respecta, tampoco he tenido posibilidades de alargar mi estancia asturiana, porque tenemos muchos planes y solo cuento con un mes de asueto. Aun así, la verdad es que he aprovechado el tiempo a tope. En tres jornadas, he hecho un buen número de cosas y me he quedado con buen sabor de boca.


Algunas de las cosas que he hecho en esta visita han sido bastante novedosas. Otras no tanto. Entre estas últimas, estuvieron la merienda que degustamos en la Cafetería Bitácora y el capricho que nos pegamos en la Heladería Revuelta. También los almuerzos en el Restaurante El Sucón y en el Bar Restaurante La Playa San Antolín de Bedón. Con respecto al Sucón, en él me tomé una fabada que no tiene parangón, mientras que en La Playa saboreé un delicioso filete de atún y una cerveza, sentado en una mesa que estaba situada al borde mismo de la playa. Es difícil disfrutar más de lo que yo lo hice.


Por tanto, los homenajes clásicos que nos pegamos cada año no faltaron. También me di un paseo por La Galguera, la aldea llanisca donde mis padres tienen la casa.


Sin embargo, todos los años trato de hacer cosas diferentes, con la idea de seguir conociendo el concejo de Llanes. Este verano tenía solo tres días, pero las circunstancias han cambiado mucho, y eso ha aumentado mi capacidad para hacer excursiones. En efecto, las niñas, con sus 12 y sus 14 años, respectivamente, se pueden pasar durmiendo hasta mediodía si se las deja, cuando se levantan son autónomas, y después son capaces de entretenerse por su cuenta durante bastante rato. Ya no reclaman tanta atención, por lo cual es posible improvisar planes como los que hice, sin que le supongan un problema a nadie. Por ello, una mañana me fui a Naves, a presenciar parte de los actos programados para festejar uno de los días grandes en este pedanía llanisca, y otra me dirigí a Buelna, donde comencé una ruta circular que me permitió explorar nuevos rincones de la impresionante costa de Llanes.

Con respecto a lo de las fiestas de Naves, lo cierto es que esta pequeña localidad la conocía desde 2019. Hablé de ella cuando comimos en la Sidrería Cabañón. Este 2022 regresé, porque, en vista de que a estas alturas me he pateado cada rincón del casco urbano de Llanes, estoy profundizando en los demás pueblos en los que viven los llaniscos, y también quiero conocer a fondo sus tradiciones. En relación con esto, los dos últimos veranos todos los festejos se han suspendido, debido a la pandemia, por lo que no había podido aún hablar de ninguno de ellos. Sin embargo, este año se ha regresado a la normalidad. La pega era, no obstante, que iba a estar en Llanes muy poco tiempo. Tenía que coincidir ese periodo con algún acto festivo. Dependía de la suerte, pero esta vez la fortuna estuvo de mi lado, porque vi que, casualmente, iba a andar por Asturias el 26 de julio, el día de Santa Ana, que se conmemora con bastante intensidad, tanto en Naves, como en la propia capital del concejo. En una sola jornada tenía, por tanto, un 2x1 en festividades. Era un buen punto de partida. Por eso, el 26 por la mañana me dirigí a Naves, donde disfruté del comienzo de la celebración de su día grande, y por la tarde fui, ya con las niñas y con mis padres, al Puerto de Llanes, a presenciar una procesión en la que pasean por el mar a la imagen de Santa Ana.

Por la mañana llegué muy pronto a Naves. Me creí lo que decían los horarios de las Fiestas de Santa Ana que se habían hecho públicos, y me planté allí a las 10:00. A esa hora, el pueblo estaba todavía más dormido que un koala en vacaciones.



No obstante, aproveché para darme un tranquilo paseo. Tras un buen rato, observé que en los alrededores de la Iglesia de San Antolín de Naves y Bedón se estaba juntando unos cuantos músicos, que resultaron ser de la Banda de Gaitas L'Alloru de Balmori. La fiesta estaba a punto de comenzar, aunque lo hizo con cierta timidez. El día estaba lluvioso, así que la banda se refugió debajo la carpa de la barra, que en ese momento otras personas estaban avituallando para cuando fuera la hora de empezar a brindar por la amistad. Allí empezaron a tocar. La veintena de curiosos que nos congregábamos en ese lugar a esa hora presenciamos un pequeño concierto, que sonó muy bien.



Pasado un rato, aprovechando que había escampado, la banda se fue, en plan pasacalles, a tocar por todo el pueblo. Yo llevaba allí un par de horas y en ese momento estuve a punto de irme, pero, por suerte, cuando me dirigía al coche me topé con el ramu.


El ramu es un elemento destacado en los festejos de los pueblos del oriente asturiano. Se trata de una ofrenda que se hace a la imagen agasajada. Tiene forma piramidal y va colocada sobre unas andas, que son portadas por cuatro personas. Estas llevan la estructura en procesión hasta el templo, al son de la música y de los cánticos. Cuando yo me iba de Naves, vi que el ramu de las Fiestas de Santa Ana estaba preparado en la puerta de una casa. Se avecinaba la segunda parte de la festividad, tras el pasacalles, que fue la de la mencionada procesión de ramu. En ella, la banda de gaitas volvió a jugar un papel importante. Ni que decir tiene que me quedé a ver el espectáculo.



Lo del pasacalles había quedado un poco frio, pero la procesión del ramu fue más multitudinaria. Acabó en la iglesia, donde estaba prevista la celebración de una misa. Cuando iba a empezar, yo me fui definitivamente. Tras los servicios religiosos, los actos que estaban programados para el resto del día ya estaban relacionados con la juerga. 

En otra ocasión me gustaría hablar sobre como se planta la hoguera. En Naves no lo hicieron, no se por qué. Yo esa parte de la festividad la he visto, en años pasados, en sitios como San Roque del AcebalVillahormes. Cuando pueda volver a presenciarla, reflejaré la experiencia en este blog. De momento, me quedo con la procesión del ramu y con el ambiente matutino que se vivió en Naves. La cosa tardó en arrancar, pero al final estuvo bien. Mola mucho ver la cantidad de hombres y de mujeres que se visten de llaniscos y de llaniscas con motivo de sus fiestas locales.

En todo caso, más multitudinario desde el principio fue la parte de la Fiesta de Santa Ana que vi, esa misma tarde, en Llanes. En la capital del concejo ese día siempre tiene lugar una original procesión, en la que la imagen de la santa que se conserva en la Capilla de Santa Ana es llevada al Puerto. Allí la montan en un barco y después le da una vuelta por el mar. 


Tras el breve tour marítimo, al que solo asisten los que van montados en el barco principal, y en otros tres o cuatro que lo acompañan, la imagen es devuelta a tierra y es llevada de nuevo a su iglesia. 




Yo ese evento ya lo había visto en una ocasión, hace años, pero lo recordaba vagamente. Esta vez presté más atención.

Después de la procesión fuimos a por un yogur helado y nos dimos una vuelta. Este verano solo he estado tres días en Asturias, como he dicho, así que ese paseo y el de la primera tarde, en la que fuimos a merendar a la Cafetería Bitácora, fueron los únicos que me di. Aun así, pude tomarle el pulso a la población, que ha recuperado, tras la pandemia, su nivel habitual de masificación estival. Las dos jornadas había mucha gente en el meollo del pueblo. Pese a esto, agradecí ver lugares como la Plaza de Parres Sobrino y recorrer la Calle Castillo, la Calle Mercaderes o la alameda arbolada de la Calle Egidio Gavito.


Gracias a que fuimos a ver la procesión del día de Santa Ana, también pasé, una vez más, por la Avenida del Sablón, por la Calle La Moría, y por la Calle Tomás Gutiérrez Herrero, que son las que dan a la vertiente marítima del pueblo y al Puerto por su lado norte.

Más allá de los paseos urbanos, lo que igualmente hice, una de las mañanas, fue la ruta circular que mencioné antes. Llanes destaca por su bonito casco urbano, pero sus paisajes costeros son igual de llamativos. Es por ello que quiero explorar todas las playas del concejo, y también estoy recorriendo, poco a poco, toda la costa, aprovechando que se encuentra llena de senderos. En esta ocasión, desde Buelna lo primero que hice fue ir hasta la zona del Complejo de Cobijeru. Allí visité los enclaves de ese monumento natural que aún no conocía. Además, fui hasta el Complejo por un camino distinto al que había usado las otras dos veces. Esta vez llegué hasta el Salto del Caballo bordeando el acantilado, sin pasar por la Playa de Cobijeru, que quedó abajo


Luego, desandando mis pasos desde el Salto del Caballo, y desviándome un poco del camino, vi dos enclaves naturales de gran belleza. Primero admiré el Entrante de Canales, que es una impresionante entrada del mar en los acantilados, que queda paralela a la línea de costa.



Después, caminando hacia el interior, me fui a buscar la Playa de la Presa. Como he venido comentando en años precedentes, tengo hecho un exhaustivo listado de todas las playas que hay en el concejo de Llanes. Para hacerlo, consulté diversas fuente y llegué a la conclusión de que son 53. Muchas son playas normales, pero hay otras muy singulares. Una de estas últimas es la Playa de la Presa, que es interior, por lo que es parecida a la Playa de Cobijeru, la cual he visitado un par de veces en el pasado, y a la famosa Playa de Gulpiyuri. No obstante, la Playa de la Presa es más grande que esas dos.


Las tres playas comentadas están formadas a partir de agujeros en los acantilados, por los cuales penetra el agua de mar, que llega por debajo de la roca hasta la parte posterior de esos acantilados, formando arenales de interior. Por ello, esas playas se encuentran en medio del campo. Están sujetas a las mareas y tienen agua salada, pero no parecen playas estándar. De las tres citadas, la menos normal es la Playa de la Presa. Desde el camino, permanece oculta por una especie de parapeto de vegetación y por el desnivel del terreno. Sin embargo, es fácilmente accesible, si se busca un poco.


Realmente, la Playa de la Presa no es un sitio donde uno pueda bañarse. Con la marea baja se vacía, y sus márgenes se quedan convertidos en un lodazal, con el que yo tuve un ligero encontronazo. En la imagen inferior, se ven huellas de pies que avanzaron bastante en el barro, quizás porque iban protegidos por un tipo de calzado apropiado. Las huellas inferiores, que son las más profundas, son las mías. Yo metí los pies hasta los tobillos en el fango, que tenía una fina capa de vegetación encima que despistaba. Mis botines no salieron muy bien parados del intento de avanzar.


De todas formas, la sangre no llegó al río. Los botines se me sacaron pronto y solo tuve que lavarlos al llegar a casa. En todo caso, con la marea alta la Playa de la Presa es un poco distinta, por lo que he visto en fotos, pero aun así, parece más una charca grande que otra cosa.


Su mayor particularidad, además de que es una playa que no da directamente al mar, es que conserva los restos de un antiguo molino de mareas, que está situado junto a la abertura de la montaña por donde penetra el agua marina.



La Playa de la Presa es un lugar muy curioso, y estaba muy tranquilo. Tras verlo bien, ya conozco 18 de las 53 playas del concejo de Llanes. Seguimos avanzando. 

Después de detenerme un buen rato en los dos enclaves naturales comentados, la ruta me llevó, bordeando los acantilados, hasta Pendueles, que es otro de los bonitos pueblos llaniscos. 


Como nunca no había estado en este pueblo, lo recorrí con cuidado, buscando sus rincones destacados. Se trata de un pequeño núcleo rural de carácter residencial.




Gracias a eso, puedo decir que ya he estado en 23 de los 71 pueblos que se reparten por el término municipal llanisco. Tras detenerme en Pendueles, regresé por otro camino hasta Buelna, que es donde tenía el coche. Fue una excursión cojonuda, en la que pasé cerca de un par de playas que no conozco. No obstante, no me detuve, porque me gustaría volver a hacer este recorrido con María y quise dejar cosas por ver.

En definitiva, este verano mi estancia en Llanes ha sido muy fugaz. El 28 empezamos nuestro viaje por la Bretaña francesa, por lo que mis aventuras de 2022 por el norte de España prácticamente se quedaron ahí. Sin embargo, los tres días los aproveché a tope. Conocí sitios nuevos, empecé a profundizar en las celebraciones populares del concejo y, como no, regresé a unos cuantos lugares que son de visita obligada, cada vez que voy a la casa asturiana de mis padres. El año que viene, más...


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado LLANES.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 13'3% (hoy día 60%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 11'8% (hoy día 35'7%).