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10 de agosto de 2025

SANTUARIO DE COVADONGA 2025

Covadonga es el corazón de Asturias. El lado positivo de esa posición de privilegio es evidente, pero ese protagonismo también tiene algunas consecuencias negativas para el enclave. La peor es que se llena de gente en los meses de verano. He leído que, últimamente, suelen subir al Santuario entre 1'5 y 1'7 millones de visitantes cada año. Eso arrojaría una media de entre 4.100 y 4.600 personas por jornada, si tuviéramos en cuenta los 365 días del año, pero claro, no es lo mismo ir a Covadonga un martes de febrero por la mañana, que en agosto. Pese a esto, ahora matizaré que los alrededores de la Santa Cueva y de la Basílica de Santa María la Real no están tan masificados como pudiera parecer, ni siquiera en plena época estival. 


Lo que quiero decir, es que he visto sitios mucho más saturados de visitantes que Covadonga, por lo que no es tan malo lo menos bueno que tiene. Además, la cantidad de gente que deambula por el Santuario no impide que desprenda una energía especial. Resulta curioso que piense esto, porque yo no soy religioso, pero sí creo en el efecto que pueden ejercer determinados lugares en el espíritu de las personas. 


Quizás sea una sensación subjetiva, pero, incluso a mí, que soy menos místico que un botijo, no me resulta inverosímil creer que hay lugares donde se concentra de manera excepcional la energía, que, ya de por sí, está por todas partes. Nosotros, lo mismo que sentimos la energía solar en mayor medida cuando nos exponemos directamente a los rayos del sol, también tenemos que tener capacidad para percibir que hay sitios donde la fuerza fluye con más intensidad. No estoy hablando de La Guerra de las Galaxias ("que la Fuerza te acompañe"...), ni digo que en Covadonga se pueda encender una bombilla levantándola, ni tampoco he mencionado a Dios. Yo solo digo que, sin necesidad de ser creyente, uno nota algo especial en Covadonga.

Covadonga es un lugar singular desde tiempos inmemoriales, pero bueno, bajando un poco a la tierra, decía antes que no es un sitio tan masificado como pudiera parecer. Eso se debe a que tiene el acceso bastante restringido. Esa restricción es positiva, pero también provoca que no resulte sencillo llegar allí en los meses de verano. Al final, las dificultades hacen que uno tenga la impresión de que está metido en la rueda loca del turismo de masas.

Yo, el otro día traté de alargar la fantasía de que no es para tanto lo de que haya una multitud de personas que pugnan por ir a ver a la Santina en agosto, y subí en coche. Sin embargo, tras dar varias vueltas por el Santuario, me convencí de que era imposible estacionar, en él o en sus alrededores. En vista de eso, tuve que ceder a la realidad, y bajé al más cercano de los aparcamientos que se han habilitado para que los visitantes dejen sus vehículos particulares. En ellos, también se pilla el autobús que lleva a los Lagos de Covadonga, el cual tiene una parada en el Santuario. El tema es que, cuando logré encontrar un hueco en el parking turístico, que tampoco fue fácil, fui a la taquilla y quise comprar los billetes para tirar para arriba sobre la marcha, como si estuviera allí solo, pero no pude, claro. Los siguientes disponibles eran para la tarde. Las dos primeras tentativas para llegar a Covadonga habían fallado.

Por la tarde, volvimos con los tickets ya comprados, pero tampoco fue sencillo coger el bus, porque los horarios no parecen ser estrictos ni exactos, ni te dan mucha información. Nosotros nos pegamos más de 40 minutos esperando en una parada, que se encontraba en mitad de la nada, viendo pasar de largo autobuses de todos los colores. Finalmente, uno se paró y nos montamos. Cuando puse los pies en el Santuario respiré, porque me di cuenta de que, a lo tonto, llevaba medio día porfiando por lograr llegar a él. Si no hubiera perseverado, en plan cabezón, estas líneas no se estarían escribiendo. Luego, como he dicho, en Covadonga no vi a tanta gente. No me extraña, dadas las dificultades que hay que solventar para echar allí un rato.

Algo más que una cueva y una basílica

Lo cierto es que yo ya había estado en el Santuario tres veces. La ultima fue en 2018. Entonces, hablé en este blog de él, e hice un relato más o menos detallado de su historia y de su trascendencia. Ahora, voy a explicar un poco cómo se encuentra estructurado.


En este mapa, que fotografié en un cartel del propio Santuario, están identificados 13 ítems. En realidad, hay algunos más. Todos los elementos que componen el complejo se encuentran repartidos en cuatro niveles. El superior, que es donde nosotros nos bajamos del autobús, se organiza alrededor de una gran explanada.



A esa explanada dan, yendo de oeste a este, el Museo de Covadonga, la tienda del Santuario, la Casa Capitular y la Basílica de Santa María la Real


El Museo tendré que verlo en el futuro, pero no me llama nada el arte sacro, por lo que lo voy a dejar para el final. No obstante, habrá que darle una oportunidad, porque, además, el edificio en el que está es interesante, ya que antaño ejerció de hostal de peregrinos, y también fue sede de la Escolanía de Covadonga, hasta que esta echó el cierre en julio de 2023.

Con respecto a la Basílica, la misma la visité en 2018, aunque no entré en la cripta, que está pendiente. En la tienda del Santuario, por su parte, compré el otro día unas velas, de las que luego hablaré. En ella solo había souvenirs religiosos, como es lógico.

Por último, la Casa Capitular está enfrente de la Basílica, y tiene dentro la sala capitular del Santuario, un salón de recepciones, una biblioteca y una pequeña capilla anexa.

Al margen de esos cuatro edificios, que son los más relevantes de la parte alta del Santuario, en el entorno de la enorme zona aterrazada hay una torre, que se construyó hace medio siglo para albergar un cuartel de la Guardia Civil que ya no existe, así como otro inmueble con aseos. Además, entre la Basílica y la Casa Capitular se alza el Monumento a Pelayo, y enfrente de la tienda hay que echarle un ojo a la Fuente del León, que se encuentra situada en el Jardín del Príncipe. Por este no me he paseado. Está pendiente también.

Hay que decir, que toda la parte de la explanada que está delante de la tienda y de la Basílica se peatonalizó en 2020, por lo que ha ganado bastante desde la última vez que yo la vi.


Por otro lado, detrás del edificio de la tienda hay una pequeña zona residencial, por la que estuve curioseando esta vez. Por lo visto, en esas casas vive parte del personal del Santuario, así como algunos de los religiosos que atienden la Basílica de Santa María la Real.


Por último, junto a la Torre hay una escalera, que se encarama un pelín por la ladera del Monte Auseva, y que conduce al Hórreo Merendero y a la Campanona. Se trata de otra zona que me queda por explorar.

Bajando por la carretera desde la rotonda que queda delante del Museo, se llega al segundo nivel del Santuario. En él está, desde 1909, el Gran Hotel Pelayo, pero lo más importante es que el lateral de dicho hotel se encuentra a la misma altura que la Santa Cueva. Por eso, desde ese punto, que he rodeado en rojo en la siguiente imagen, se excavó un túnel en la roca, que atraviesa la montaña en sentido horizontal, hasta alcanzar la cueva en torno a la cual gira la existencia del Santuario de Covadonga.


Ese túnel de acceso alternativo a la Santa Cueva se construyó en 1908, y ofrece la posibilidad de llegar hasta ella sin subir tantos escalones.


A mitad del túnel hay un lugar que se encuentra lleno de velas. Yo no puedo soportar el olor de la cera derretida, que en ese sitio está muy concentrado, por lo que siempre he pasado por allí como una exhalación.


Sin embargo, en esta ocasión habíamos comprado unos pequeños cirios en la tienda, porque a veces hay cosas tan importantes por las que pedir ayuda, que da igual lo que uno crea. Con esa mentalidad, Julia puso una vela para aprobar las matemáticas el curso que viene, pero yo tenía mi propia plegaria. Si hay Dios, necesito que le le eche una mano a mi amigo Edu, que está luchando contra un cáncer de páncreas desde primavera. Dada la fatiga que me da la cera, las niñas encendieron la vela en mi lugar, y estoy seguro de que parte de la energía que flota en Covadonga, le dará fuerzas a Edu para pasar el trance.

Más allá de eso, resultó que, cuando llegamos a la Santa Cueva, un cura estaba allí rezando el rosario, delante de la pequeña capilla que hay. Yo me senté en silencio, en los bancos de atrás, y observé durante un rato. Luego me fui, porque no era el día de acercarse a la Santina ni a la tumba de Pelayo. En cambio, pude ver el enclave de la Santa Cueva cumpliendo sus funciones religiosas, en vez de las turísticas, lo cual fue interesante.


Si se bajan los 103 escalones de la Escalera de las Promesas (contando los 9 que van de la cueva al túnel), se llega al tercer nivel del Santuario, empezando por arriba. Ahí empieza otra escalera, que sube a la Casa de Ejercicios y a la Real Colegiata de San Fernando. Este último es el edificio más antiguo del Santuario, ya que fue construido en el siglo XVI. 

Sin embargo, lo que atrae la atención, cuando se desciende por la Escalera de las Promesas, es el Pozónque es el laguito donde vierte sus aguas el chorro natural que brota bajo la cavidad, en época de deshielo, así como la Fuente de los Siete Caños, a la que se llega por un camino de piedra que bordea el Pozón, y que recoge las aguas de otro pequeño manantial. 



No muy lejos del Pozón se ubican los Leones, uno a cada lado de la carretera, custodiando la entrada al Santuario. Están hechos de mármol de Carrara y se compraron en 1964. Hasta ese momento, habían decorado un parque de Betanzos.

Como se puede ver en la siguiente imagen, más abajo del tercer nivel todavía hay una cuarta zona, que también está ligada al Santuario. Se llega a ella descendiendo por otras escaleras.


Esa zona se denomina Parque del Príncipe. Por lo visto, por allí discurre un sendero, que avanza entre la frondosa vegetación. En ese nivel también hay algunas edificaciones, como la llamada Casa de los Músicos, que están ligadas a la actividad del Santuario. De nuevo, para mí es un enclave a descubrir, lo mismo que el Cementerio, que se encuentra un poco apartado, oculto no muy lejos de la carretera que sube a los Lagos.

En definitiva, el Santuario de Covadonga es un lugar en el que las máquinas expendedoras venden velas, en vez de refrescos... 


...pero que no me parece que sea un Disneyland religioso. Por ello, volveré pronto, para tratar de echarle un vistazo a los elementos que he identificado en este post, y que todavía no conozco. 


Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitado SANTUARIO DE COVADONGA.
En 1997 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados en el Principado de Asturias: 66'6% (hoy día 100%).
En 1997(primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados: 20% (hoy día 39%).


8 de agosto de 2024

LLANES 2024 (VISITA DE AGOSTO)

Un verano más, no he faltado a mi tradicional cita con Llanes. Este año he ido en agosto, y la estancia no ha sido muy larga, pero he podido cumplir con las tradiciones, y también he avanzado en mi propósito de conocer todos los núcleos de población del concejo, así como el 100% de sus playas. Con respecto a los pueblos, con los dos de este último viaje ya he explorado un total de 29, de los 71 que tiene Llanes. De 3 de los 29 no he hablado en este blog, por lo que tendré que volver. En cambio, he tachado definitivamente de la lista a Caldueñín y a Lledías. Este estaba en fiestas cuando fuimos.


Por lo que respecta a las playas, en la costa llanisca hay 53. Este 2024, el avance ha sido que he regresado a la Playa de Gulpiyuri, a la que no iba desde hacía años. Con esa visita, ya he mencionado en este blog a 21, de las 23 en las que he estado.


Gulpiyuri es más una atracción turística que una playa a la que la gente vaya a bañarse. El motivo es que es un enclave natural muy singular, pero ni tiene demasiada arena, ni acumula una gran cantidad agua. De hecho, esta desparece cuando la marea está baja. Realmente, se asemeja a un laguito en mitad del campo, pero contiene agua salada, gracias a que se encuentra conectada con el mar a través de un agujero. 


Ciertamente, se trata de un sitio que es digno de ver. Por eso es tan famoso. Sin embargo, me encontré el agua muy sucia, a pesar de que la mayoría de las personas que la visitan ni siquiera bajan a la arena, y se limitan a asomarse al enclave desde arriba. No se por qué había tanta porquería flotando.


Yo iba con la intención de bañarme, pero, entre que el día no acompañaba, y que me encontré el agua llena de una espuma más que sospechosa, finalmente decidí limitarme a meter los pies.


El atractivo de la Playa de Gulpiyuri se ve reforzado por su entorno, que es una maravilla. Para llegar a ella, hay que andar un rato por un camino, que serpentea entre prados. Caminando por allí, se cruza uno con bastante gente, que, como digo, no va buscando una playa al uso, sino un monumento natural.


Después de ver la playa, muchos la rodean y suben hasta el acantilado. Nosotros no fuimos menos, y nos aventuramos por un caminito, que atravesaba un auténtico bosque de helechos.


Subir merece la pena, porque las vistas son magníficas, tanto si se mira hacia el interior, como si se asoma uno al espectacular cortado.



Con respecto a las poblaciones que he visitado este mes de agosto, además de Caldueñín y de Lledías, he estado también en La Galguera, donde mis padres tienen la casa, así como en Llanes capital. 



Por las calles de la capital del concejo nunca falta algún paseo, ni tampoco solemos dejar de ir a tomar algo a un par de sitios. Uno de ellos es el Café Bitácora. El otro es la Heladería Revuelta. Este año, la novedad de este último, ha sido que el local lo han remozado por completo en invierno.


Tras la reforma, en Revuelta los helados siguen estando igual de buenos, pero comprobamos que no solo han renovado el local, sino también el servicio, y que las camareras parecían estar algo sobrepasadas. Por suerte, nosotros estábamos de vacaciones y nos tomamos con humor el patente caos que reinaba tras la barra.

Aparte, gracias a que este año estuvimos en el pueblo en febrero, tenía fresco en cabeza como están sus calles fuera de temporada. Evidentemente, en agosto hay bastante más gente.


En Llanes capital, lo cierto es que ya apenas restan cosas que no haya hecho, y casi no me quedan sitios que ver, pero cada vez que voy intento hacer algo original. Este año, mi hermana, que últimamente se está tomando muy en serio lo del fitness, me dijo que iba a ir al gimnasio, mi cuñado iba a ir a nadar, y yo me fui con ellos. En consecuencia, la novedad de este 2024, ha sido que entré en la Piscina Municipal de Llanes


El edificio en el que se halla la piscina cubierta de Llanes yo lo había visto por fuera miles de veces, pero no sabía que dentro había un gimnasio. El mismo está muy apañado.


Haciendo pesas echamos un buen rato, mi hermana Inés y yo, mientras Diego nadaba. Fue un plan diferente en Llanes, y me lo pasé muy bien.

No obstante, lo verdaderamente interesante de este verano han sido las citadas visitas a Lledías y a Caldueñín. En la primera localidad mencionada asistimos a la Folixa.




En bable, folixa significa fiesta, juerga o jolgorio, de manera que no hay duda de a lo que se va a la Folixa. No obstante, en nuestro caso, nos acercamos tan solo al mercáu de artesanos, el sábado a eso de las 13'00. A esa hora, la cosa estaba aún muy comedida. 


Eso sí, ya se anunciaba el principio de la comilona. En apariencia, estaba previsto que la jarana se alargara mucho.


Por lo que a nosotros respecta, nos limitamos a darnos una vuelta por el mercado tradicional, y yo también tuve la oportunidad de recorrer un poco las calles de la aldea, en la que viven unas 230 personas.



Con motivo de las fiestas estaba abierta la Capilla de San Francisco, por lo que pude entrar a verla sin problema y sin prisas.


Con respecto a Caldueñin, se trata de una aldea en la que hay nueve casas, por lo que es aún más rural que Lledías. De hecho, está en todo el meollo serrano del interior del concejo de Llanes, metida en un pequeño valle, que discurre entre la Sierra del Cuera y la Sierra de Peña Villa


Por lo visto, bajo todo ese extremo noroccidental de la Sierra del Cuera se extiende una zona de especial singularidad geológica, denominada Complejo Kárstico del Mazuco. Según parece, el subsuelo de lo que se encuentra dentro de la línea azul, en el siguiente mapa, está horadado por las aguas y lleno de cuevas.


Explorar bien ese complejo subterráneo solo está al alcance de los expertos espeleólogos, pero los demás también podemos penetrar un poco, por varios puntos, en sus entrañas. Una de esas entradas se denomina Cueva de Caldueñín, porque se halla muy cerca de la aldea del mismo nombre. Una vez que uno logra encontrar, en Caldueñín, el camino que lleva a la gruta, el trayecto es muy corto y no tiene ningún peligro. Pronto, se ve la gran boca de la caverna, que parece que está sostenida por una columna.



La Cueva de Caldueñín no es muy profunda, pero me pareció una pasada. También se denomina Cueva de L'Aguañaz.




A primera vista, parece que dentro de la cueva hay un lago, pero en realidad es un río subterráneo, que viene desde las profundidades de la montaña, aflora unos metros en la gruta, y, sin salir de ella, vuelve a desaparecer por un agujero, que tiene pinta de sumidero. Es impresionante.



A raíz de ir a la Cueva de Caldueñín, me he enterado de que el Complejo Kárstico del Mazuco tiene múltiples simas y cuevas. Por tanto, no será esta la última ocasión en la que hable de él, en este blog. De todas formas, ese valle, que comentaba antes que discurre entre la Sierra del Cuera y la Sierra de Peña Villa, yo ya lo había recorrido, aunque no me hubiera parado nunca en Caldueñín. Lo había transitado, porque siempre que he estado a Llanes, sin apenas excepción, he comido en el Restaurante El Sucón. Sin embargo, hasta hace poco había ido hasta él a tiro hecho, porque se encuentra a pie de la LL-7. Solo había visto los alrededores de esa carretera desde el coche. No obstante, en una de mis estancias en Llanes del año pasado, eso empezó a cambiar. Este agosto, con la visita a Caldueñín, he seguido profundizando en el conocimiento de la zona.

Por lo que respecta a El Sucón, ese restaurante es, probablemente, el más especial que existe para mí. Fui por primera vez en 1997, y, desde entonces, había comido allí otras 30 veces, hasta este año. A fuerza de ir, acabamos conociendo a la dueña, Lorena Meré. Tanto, que ya el verano pasado nos confesó que algo no marchaba. No se qué había variado, quizás la estacionalidad del negocio se había acentuado demasiado, a lo peor había crecido la competencia, o puede que fuera que el duro trabajo de regentar un restaurante le estuviera haciendo mella a su propietaria, pero el caso es que, en julio de 2023, percibimos que Lorena parecía desgastada. Yo me temía lo peor, y, en efecto, la semana pasada, cuando llegamos, vimos que El Sucón había cambiado de manos. 


Realmente, Lorena solo dirigía el restaurante desde 2005, y me consta que lo cogió cuando se enteró de que iba a cerrar. Sin embargo, tuvo la habilidad de que no se notara el traspaso. Ella aprovechó el rodaje y el buen nombre del establecimiento, y todo siguió igual de bien. Ahora, eso no ha sucedido. Efectivamente, el otro día, nada más coger la carta, observé que el viento había virado en El Sucón, porque, junto a la fabada y al cabrito de siempre, se ofrecían fingers, gyozas y poke bowl. Empezamos muy mal. Luego, nos dimos cuenta de que el menaje y la presentación de los platos eran diferentes, y, por último, lo que pedimos, que lo habíamos comido mil veces allí, vimos que lo habían cocinado de manera distinta. ¿Estaba buena la comida? Bastante ¿Le llegaba a la suela del zapato a la que se despachaba hasta el año pasado en El Sucón? Ni por asomo. Los camareros también habían cambiado, y ya no eran, como es lógico, familiares y conocidos de Lorena. El ambiente, por tanto, tampoco era el mismo. 

Ciertamente, me debería dar pena que uno de mis restaurantes de referencia haya perdido su esencia. No obstante, en realidad siento alegría, por poder estar viendo con mis propios ojos como evolucionan las cosas, y como la vida sigue. Pese a esto, ahora, bicheando por Internet, me ha dado la impresión de que no solo se traspasa de nuevo el negocio, sino que está en venta el inmueble en el que está. Eso sí que me produce algo de nostalgia. El próximo año veremos como nos encontramos el tema.

Antes de terminar, quiero hablar de otro negocio de restauración en el que estuvimos, llamado Restaurante Migal. Está en Cué. En este caso, yo ya lo conocía, y no me pareció gran cosa en su día, pero ahora regresamos para tomar una cerveza. En esta ocasión, no nos sentamos en su interior, sino que lo hicimos en una nueva terraza que han habilitado, la cual me enamoró.


En definitiva, unos lugares cambian a mejor y otros a peor. También varía la impresión que tenemos de ellos. Todo fluye y eso no es malo. Lo importante es poder verlo.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado LLANES.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 13'3% (hoy día 60%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 11'8% (hoy día 36'3%).