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15 de noviembre de 2024

ALMONTE 2024 (VISITA DE NOVIEMBRE)

En el séptimo post que escribo sobre el municipio de Almonte, por fin puedo hablar de su capital, que se llama igual. Hasta ahora, solo le había prestado atención a las dos pedanías de dicho municipio. En efecto, a la aldea de El Rocío le había dedicado un artículo, y a Matalascañas otros cinco, nada menos. El pasado domingo, de manera improvisada surgió la posibilidad de dar un paseo por el pueblo de Almonte, y después de muchos años logré poner mis pies en esa emblemática población. Es el momento de brindarle unas palabras.


El caso es que, el sábado 9 de noviembre María hizo la primera prueba de la oposición que empezó a preparar hace varios meses, y la aprobó, lo que implica que podrá ir al segundo ejercicio. La alegría y el alivio por haber pasado fase fueron tremendos. Dada la importancia del examen, la tensión que ella está soportando es brutal, y yo reconozco que también estoy nervioso. El esfuerzo lo está haciendo María, pero yo, aparte de cubrir el tiempo que echa estudiando, no puedo evitar acompañarla en el sentimiento. En vista de eso, tras el sábado agotador que vivimos, el domingo por la mañana, dado que las noticias habían sido buenas, al levantarnos de la cama los dos sentimos la necesidad de coger carretera y manta. Sobre la marcha, decidimos ir a disfrutar de una jornada de sol playero otoñal. 


Como siempre que se nos ocurre ir a la playa de una forma poco planificada, optamos por ir a Matalascañas, pero esta vez pensamos en explorar un nuevo recorrido. Lo normal para nosotros es ir por la autovía A-49, hasta la altura de Bollullos Par del Condado, y luego coger la A-483, que conduce a la costa. Sin embargo, hay una ruta alternativa, menos rápida, pero más bonita, que lleva hasta la localidad de Almonte por la A-747. La misma pasa por Bollullos de la Mitación, que está cerca de Villanueva del Ariscal. En nuestro caso, enganchamos esa carretera allí. En realidad, tanto la A-483, como la A-474, bordean Almonte, pero, por el camino habitual uno va lanzado en dirección al mar por una amplia y recta vía, que provoca que parezca absurdo entrar en el pueblo. El domingo, en cambio, yendo por la A-474, después una hora atravesando olivares y pinares, ignorando el reloj y el ritmo, hacer una parada en Almonte nos pareció una idea magnífica.


El término de Almonte es el decimonoveno más extenso de España. Dado que hay 8.132 municipios en nuestro país, no es una locura decir que Almonte pertenece a la élite, en lo que a superficie se refiere. Aparte, lo habitan unas 25.000 personas, lo que lo convierte en el tercero más poblado de la provincia de Huelva. De ellas, unas 2.700 viven en Matalascañas, otras 1.700 están censadas en El Rocío, y, por último, 21.200, aproximadamente, residen en la capital municipal, que tiene una entidad considerable. En esta, el lugar central, tanto simbólico, como físico, lo ocupa la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.


Se podría pensar que, en Almonte, cuyo término municipal acoge el destino de la que dicen que es la romería más multitudinaria del mundo, es decir, de la Romería de El Rocío, todo debería girar en torno a esta virgen. Sin embargo, no es así. Es verdad que la plaza principal del pueblo se denomina Plaza de la Virgen del Rocío...



... y que en ella está el Monumento a la Virgen del Rocío...


... pero, sin embargo, la iglesia más importante de la localidad está dedicada a la Virgen de la Asunción. Nosotros pudimos entrar a verla, porque coincidimos con el final de la misa de 12 del domingo.


Por tanto, no hay que confundirse. La Virgen del Rocío está siempre en El Rocío, y solo la llevan desde allí hasta Almonte en agosto, cada siete años. En la capital municipal permanece 9 meses, y regresa a su ermita antes de que llegue la fecha de su romería anual.

Además del de la Virgen del Rocío, por las calles de Almonte se reparten otros cuantos monumentos. Para mí, tampoco era el momento de ir a verlos todos, pero, en el paseo que nos dimos, sí nos encontramos con el original Monumento al Lince, que está en la Calle Niebla. Es obra del escultor bilbilitano Luis Moreno Cutando.


He dicho que la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es el centro neurálgico de Almonte, y esto es muy palpable si uno llega desde el este por la A-474, porque esta carretera prácticamente sigue una línea recta en sus últimos kilómetros, mientras se acerca al pueblo, y al convertirse en vía urbana continúa siendo rectilínea, hasta que alcanza la Plaza de la Virgen del Rocío, que se encuentra situada en el meollo de la población, y que alberga la iglesia. Eso sí, todo ese segmento urbano tiene dos tramos bien diferenciados. En el primero, la calle está asfaltada y se denomina Calle Padre José Antonio Domínguez Bejarano.


No obstante, a partir del ensanchamiento de la Plaza de España, hasta la Plaza de la Virgen del Rocío la vía pasa a llamarse Calle El Cerro, y está adoquinada.


Nosotros aparcamos en la Calle Padre José Antonio Domínguez Bejarano, al poco de entrar en el pueblo. Desde allí, nos dimos un buen paseo, contemplando lo arreglado que se conserva el centro almonteño. En él, las calles tienen un aspecto típicamente andaluz, ya que están flanqueadas por casas de una planta, con la fachada encalada y el zócalo de piedra o de ladrillo. 


Después de la paradita para tomar el aperitivo en La Martina Vinos & Tapas, regresamos al coche y reanudamos la ruta hacia nuestro destino, que era Matalascañas. Allí, aparcamos en el Sector C o Cerceta, donde ya había estado un par de veces. La bajada a la playa en esa zona, cuando no hay apenas gente en la arena, me encanta.


La principal novedad de esta visita a Matalascañas fue, que nos pegamos una larga caminata por la Playa de Matalascañas, hasta que llegamos a la altura de Caño Guerrero. La vuelta, la hicimos por el Paseo Marítimo, partiendo del ensanchamiento que abarca todo el frente costero del Sector P, y que ejerce de epicentro de Caño Guerrero. Desde allí, regresamos al tramo del Paseo que pertenece al Sector C, pasando por los trozos que son parte de los sectores N (Nutria), M (Malvasía) y D (Dehesa de las Marismas). 


El Paseo Marítimo de Matalascañas es muy estrecho y a mí no me gusta mucho, pero la playa a la que se asoma es una maravilla.



Aparte, en Caño Guerrero lo que hicimos fue comer como está mandado. El restaurante se encontraba muy cerca del otro al que fui en octubre.


Aquel me agradó, pero esta vez decidimos cambiar, y nos sentamos en el Restaurante Panseco. Yo no soy muy de pescado frito, pero María sí, así que pensé que el sitio para pedirlo era ese, y que era el día perfecto para que se diera el gustazo. Por eso, además de una rica ensalada, pedimos una fritura variada. No nos arrepentimos.


La jornada en Matalascañas en esta ocasión tuvo el valor añadido de que me pasé también, por primera vez, por la capital de su municipio. A la localidad costera está claro que volveré, más pronto que tarde. A Almonte, por su parte, le rendiré otra visita cuando pueda, pero, al menos, ya tengo una idea aproximada de como es.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado ALMONTE.
En 1994 (primera visita incompleta), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 2'5% (hoy día, confirmada ya esta visita, 30'4%).
En 1994 (primera visita incompleta), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 1'5% (hoy día, confirmada ya esta visita, 22'2%).


9 de octubre de 2024

ALMONTE 2024 (VISITA DE OCTUBRE)

En los años 60 del siglo XX, la gente ya iba al trozo de costa en el que hoy está Matalascañas, pero, en aquella época, en la playa solo había un puñado de chiringuitos. Para los que hemos visitado esta pedanía del municipio onubense de Almonte más recientemente, ver la siguiente foto es flipante.



La instantánea la he cogido prestada de un grupo que hay en Facebook, llamado Matalascañas Playa Doñana, y muestra que Matalascañas no existía hace 50 años. Hoy día, lo que hay es lo que se muestra en la siguiente foto satélite, en la que he marcado el sitio aproximado desde el está tomada la imagen de arriba, así como la dirección en la que se sacó.


La diferencia es abismal. Siendo estrictos, al edificar de esa manera se perpetró una especie de crimen, en el que el damnificado fue el Parque Nacional de Doñana, que es el que rodea Matalascañas por el sureste y por el noreste. Por el suroeste, la localidad se abre al mar, mientras que, por su noroeste, lo que se extiende es el Parque Natural de Doñana, que está menos protegido que el Nacional, por lo que se puede atravesar para llegar a la zona habitada. Sin embargo, voy a hacer de abogado del diablo, y voy a decir que, realmente, dado que se acotó, para que fuera urbanizado, un rectángulo de 4 kilómetros de largo por 1 de ancho, que dicho espacio se ha respetado con escrúpulo, y que el mismo se encuentra inserto en un área virgen que supera los 1.224 km², por lo que es como una gota en un vaso de agua, pues la conclusión es que Matalascañas no hace verdadero mal a nadie. En ese paraíso natural, se podría haber construido un pueblo más bonito, pero, desde luego, el entorno no se ha visto afectado por su presencia.

El caso es que, dado que Sevilla se encuentra a 80 kilómetros de Matalascañas, el litoral de esta localidad se considera como la playa de los sevillanos. Yo, además, vivo 10 kilómetros más cerca. Por esa razón, este es el sexto post que le dedico a Matalascañas en el blog, puesto que, en los últimos años, he ido en varias ocasiones a comer allí al sol. El sábado regresé a eso, precisamente, por lo que voy a escribir otro pequeño artículo. No obstante, por aportar algo nuevo, en él voy a contar como está organizado el núcleo habitado, y qué es lo que yo he visitado desde 2016.

Administrativamente, Matalascañas no está dividido en barrios, sino en sectores. En el post que escribí en mayo de 2019, incluí un mapa, en el que se reflejaba con claridad como ser distribuían esos sectores por la población. En esta ocasión, voy a poner otra imagen, que refleja lo mismo.


Como se entrevé, en Matalascañas hay 27 sectores, en los cuales las casas se organizan por números correlativos. Las calles, en cambio, no tienen denominación específica. De esos 27 sectores, 20 están designados con letras mayúsculas, que van de la A a la T (sin incluir la Ñ), y los 7 del extremo este, que se construyeron en una segunda fase, se bautizaron con las letras minúsculas que van de la a y a la g. Lo que pasa es que, parece que quedaba mal lo de limitar el nomenclátor de una población, en la que han acabado viviendo 2.500 personas, a un montón de letras y números, por lo que se le añadió a cada sector el nombre de una planta o de un árbol, cuya primera letra es la asignada a ese sector. De esa forma, es más fácil recordar las direcciones y se las puede mencionar de una manera menos áspera. Todo muy original y divertido.

Aparte, hay una serie de sectores que están agrupados bajo el nombre común de Caño Guerrero. Son los bautizados como K, O, P, Q, R y S, es decir, son todos los que se edificaron al final de la primera fase, quitando el T, en el cual se construyó una urbanización de casitas a la que se denominó, en concreto, Pueblo Andaluz

Así pues, al principio de la fase inicial de desarrollo de Matalascañas, salvo el Sector A, que tiene aspecto de un barrio del extrarradio de una gran ciudad, el resto se llenó de casas unifamiliares. Por eso, la mayoría del oeste de la localidad está conformada por una tupida trama de chalets con jardín, que se asoman a un montón de calles, desde las cuales solo se distinguen vallas con setos. Es impersonal, pero al menos queda uniforme. En Caño Guerrero, en cambio, se perdió el norte, y se empezaron a ejecutar promociones al tun tun, sin orden ni concierto, por lo que se alternan los pisos, con las urbanizaciones cuadriculadas de adosados, y con otras que se encuentran cerradas por muros. Por allí, también hay descampados, que se han quedado sin construir, un polígono, así como zonas de aparcamiento distribuidas sin una planificación aparente. Es un lugar poco atractivo, por decirlo finamente. De todos los sectores, el P o Palmito, que es el más céntrico de Caño Guerrero, es el que se ve cuadriculado en la imagen inferior. En él estuve el otro día. 


Como se puede apreciar en el centro de la imagen, el Sector P es bastante simétrico en su ordenación. Su espina dorsal la forman tres edificios, que están llenos de locales comerciales. Nosotros dejamos el coche en la rotonda que está delante del que se encuentra más alejado de la playa.


Yo quería comer frente al mar, por lo que había reservado una mesa en el Restaurante Zahara, que está en un ensanchamiento del Paseo Marítimo


Por ello, obviamos todos los bares y restaurantes que hay en los tres edificios comerciales comentados, y seguimos el camino que nos marcaba el mar. 


La tranquilidad era la nota predominante en toda la zona, dado que la temporada alta hace semanas que acabó. Aparte, una de los aspectos más característicos de Caño Guerrero, es que, en él, el Paseo Marítimo, que en Matalascañas ocupa por completo el frente costero, y que tiende a ser demasiado estrecho, se ensancha bastante. 


Es muy patente que ese ensanchamiento ejerce de centro neurálgico de Caño Guerrero, porque el nombre está escrito en el suelo con azulejos.

Por lo que respecta al Restaurante Zahara, lo cierto es que confié en lo que ponía en Tripadvisor y no me arrepentí. Yo quería comer cerca del mar, y para ello la oferta en Matalascañas es amplia, pero no tenía ni idea de cuál sitio elegir. Podría haber esperado, para decidir sobre la marcha. Eso es lo que he hecho otras veces, pero el procedimiento no siempre me ha salido bien, y en esta ocasión, en la que iba con mi madre y con las niñas, no quería para nada errar el tiro. Por esa razón, me puse en manos de la célebre página web de recomendaciones, y no me defraudó. En la misma, el Restaurante Zahara está en el puesto 6, de 72 establecimientos valorados. En su terraza, comimos de lujo, en primer lugar por la buena temperatura, pero también porque estuvimos muy tranquilos. Había otras mesas ocupadas, pero, en general, el ambiente fue de calma. Por último, lo que degustamos estuvo a la altura de las expectativas.


Después de comer, nos echamos una buena siesta junto al mar. La Playa de Matalascañas, que es el nombre que recibe el litoral onubense en todo el tramo urbanizado que se encuentra frente a Matalascañas, no destaca tanto como las zonas vírgenes que se extienden más allá de los extremos de la población, pero a mí me pareció que estaba deliciosa.


Antes de acabar, dado que he explicado arriba como se estructura Matalascañas, desde el punto de vista urbanístico, ahora voy a hacer un breve recuento de los sectores de los que he hablado en En Ole Väsynyt hasta la fecha. Así, para empezar, desde que escribo en el blog, he estado en el Sector A o Ánade Real las cinco veces anteriores que he ido a Matalascañas. Esa parte es lógico que atraiga, porque es conocida, de manera extraoficial, como El Centro, pese a que está en el extremo oeste de la población. También he visitado el Sector C o Cerceta (en marzo de 2016 y en 2022), el D o Dehesa de las Marismas (en mayo de 2019), el T o Torre Zalabar (este es de los pocos sectores que no tiene nombre de planta o de animal. Estuve en él en noviembre de 2019) y el c o Calamón (igualmente, me lo pateé en noviembre de 2019). Son solo 6 de los 27 mini barrios de la localidad. La verdad es que, en la mayoría no hay nada más que casas o bloques de pisos, pero quizás me de, en próximas ocasiones, por ir investigando, a ver si se puede destacar algo en ellos y en los demás.



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado ALMONTE.
En 1994 (primera visita incompleta), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 2'5% (hoy día 30'4%).
En 1994 (primera visita incompleta), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 1'5% (hoy día 22'2%).


11 de octubre de 2022

ALMONTE 2022

Dije hace poco que en Sevilla el verano se alarga mucho, pero en realidad tendría que haber dicho que ese fenómeno no es propio de la capital andaluza en exclusiva, sino que ocurre en toda Andalucía. Por eso, en el sur de España no es raro ir a echar un día a la playa en pleno mes de octubre. No obstante, lo cierto es que los ratos en la costa no son iguales en verano que en otoño. A mí me gustan más estos últimos, pero en ellos el calor ha disminuido tanto, que lo normal es que yo ni siquiera me bañe. Sin embargo, las cosas que se pueden seguir haciendo son una gozada, y permiten echar jornadas de auténtico ensueño.


Que más se puede pedir, que disfrutar, en buena compañía, del sol y de una cerveza fresquita, junto con unas gambas, mirando al mar. Aunque solo fuera para reflejar eso que nosotros hicimos el pasado sábado, este post tenía que ser escrito. En efecto, ese día María y yo nos vimos sin las niñas, y a media mañana decidimos tirar para Matalascañas. Nos apetecía pasar la tarde en una playa recóndita, pero como también queríamos pegarnos un buen homenaje culinario, optamos por ir a esa pedanía almonteña. En el Paseo Marítimo de la misma se puede comer muy a gusto, pero además, desde cualquiera de los extremos de dicho Paseo, es muy sencillo echar a andar y perderse en un paradisiaco arenal, puesto que el frente costero en esa zona es kilométrico y es virgen en su mayor parte. Por eso, allí si se quiere combinar un plan urbanita, con otro más salvaje, se puede hacer con comodidad. Nosotros aparcamos en Matalascañas, comimos en un restaurante, y después caminamos durante 15 o 20 minutos por la playa, hasta alcanzar un lugar en el que la presencia humana era mínima.



Nuestro plan, por tanto, en principio no tuvo más misterio. Primero comimos en un restaurante del Paseo Marítimo, elegido al azar, luego nos dimos un agradable paseo por la Playa de Castilla, hasta que encontramos el grado de aislamiento que buscábamos, y en tercer lugar nos pusimos cómodos y echamos una tarde deliciosa. He de decir que yo me pegué una siesta de las que te dejan como nuevo. Pongo a continuación una foto en la que está plasmada la pura personificación del placer.


Me pasé una hora en esa postura, o casi, porque me quedé dormido mirando hacia el acantilado, pero la foto demuestra que giré el cuello en algún momento. Ni que decir tiene que no recuerdo haberme movido. Un tsunami podría haber barrido la playa y yo no me habría enterado.

Pese a todo, no me dediqué solo a sobar. Es cierto que no fui tan valiente como María, que se bañó dos veces, pero sí disfruté de la arena y llegué a meter los pies en el agua.


En cualquier caso, de lo que venía a hablar no era de lo a gusto que estuvimos en la playa, sino de las novedades que trajo el día. Con respecto al restaurante en el que almorzamos, en el mismo no había estado nunca. Se llama Bar Restaurante Los Limones. Comimos bien, dentro de que no es un lugar de gastronomía selecta, pero lo cierto es que tuvo una cosa muy positiva, que yo es lo que más valoré, y es que nos sentamos junto al Paseo Marítimo y nos dejaron comer con toda la tranquilidad del mundo, sin meternos prisa. De hecho, ese mediodía fuimos los últimos en irnos del restaurante. Si me hubiera dado cuenta, al final habría espabilado, pero la verdad es que nos relajamos, fuimos pidiendo, no nos atosigaron, y cuando llegó el momento de pagar, vi que ya no quedaban clientes, sin que nos hubieran apretado ni un poco. Lo agradezco mucho, y así lo digo, porque íbamos buscando una comida calmada y en Los Limones tuvieron sensibilidad para regalar.


Después de nuestra tarde de playa, hicimos otra parada en el Chiringuito Heidi Bananas. Allí me tomé una simple Coca Cola, pero lo que destaca de ese lugar es el sitio en el que está.

Por último, la principal novedad del día fue que por fin pude entrar en el Parque Dunar de Matalascañas, que pertenece al Parque Natural de Doñana. Realmente, es la parte del mismo que está más pegada a Matalascañas. Ese sector ha sido vallado y se ha convertido en una especie de parque acotado, en el que lo que hay son 150 hectáreas de dunas y de pinos.


Dentro del Parque Dunar hay varios senderos marcados. Nosotros hicimos uno denominado Sendero Pasarela Diagonal. El mismo no es en realidad un sendero, sino que está compuesto, más bien, por una pasarela de madera, que atraviesa la zona acotada de dunas y pinos, de una punta a otra.


Por un lado, la pasarela da a la zona de la playa, y por el otro conduce a un centro de información turística que estaba cerrado.


Gracias a la pasarela de 500 metros pudimos avanzar a través de las dunas sin esfuerzo. En diferentes partes de la misma había accesos a otros senderos, que ya sí circulaban por la arena.


Al llegar al final de la pasarela salimos al extremo oeste de Matalascañas, que está conformado por una gran zona de aparcamientos, a la que da el frente occidental de la población.


Bordeando ese frente urbanizado, alcanzamos, de nuevo, el final del Paseo Marítimo, y nos despedimos de Matalascañas, hasta la próxima, con un bonito atardecer. Fue un precioso colofón a un maravilloso día.



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado ALMONTE.
En 1994 (primera visita incompleta), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 2'5% (hoy día 30'4%).
En 1994 (primera visita incompleta), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 1'5% (hoy día 21'3%).


15 de noviembre de 2019

ALMONTE 2019 (VISITA DE NOVIEMBRE)

El pasado sábado, apenas un par de horas después de acabar el examen que me ha tenido exprimido desde hace varios meses, María, las niñas y yo tiramos para nuestra playa más cercana, con la idea de echar el resto de la jornada. Yo estaba mentalmente muy cansado, y necesitaba un poco de aire puro, salió un día magnífico y desde que trabajo los fines de semana no está la cosa como para desperdiciar tardes de sábado libres, por lo que llegamos a Matalascañas a la hora de comer con la idea de disfrutar del aroma del mar y de la luz que regala la costa de la provincia de Huelva en cualquier época del año.


Este es el tercer post que le dedico a Matalascañas el presente año, no es la pedanía almonteña un lugar que se merezca una narración tan exhaustiva de mis visitas a ella y podría, por tanto, haber prescindido de este artículo, pero el examen que he hecho se que, a la larga, marcará un antes y un después en mi vida, por lo cual me apetece dejar por escrito como fue la tarde que pasamos después de que yo lo diera por finiquitado. Esa tarde transcurrió en Matalascañas, por lo que este enclave ha entrado por derecho propio a formar parte de esta etapa de mi pequeña historia personal y eso es, al fin y al cabo, lo que hace que vuelva a ser protagonista en En Ole Väsynyt

Matalascañas es un sitio que está volcado a su maravillosa playa y, por tanto, a mediados de noviembre no se puede decir que sea precisamente un foco de intensa actividad. Para mí eso, lejos de ser un problema, es un atractivo extra. Sin embargo, el sábado necesitábamos, antes de nada, dar con alguno de los lugares para comer que en Matalascañas aguantan abiertos todo el año. Mi primera idea fue ir a ver si estaba operativo el Chiringuito El Navegante, en el que estuvimos comiendo en 2010 y que está justo en el extremo este de la localidad. Junto a él comienza el Parque Nacional de Doñana, como queda patente por la cercana valla que corta la playa y se adentra en el mar. Esa empalizada está abierta y no impide el paso real, pero sí recuerda que lo que hay más allá es un espacio natural altamente protegido.


Por desgracia para nosotros, un chiringuito ubicado en un sitio así es de los primeros que echan la cancela en cuanto la temporada de verano termina, por lo que nos lo encontramos cerrado.


Aún así, dado que nos habíamos ido hasta el límite este de Matalascañas, que es un lugar donde no había estado desde que escribo en este blog, decidimos intentar encontrar por allí algún otro sitio para almorzar que estuviera abierto, en vez de ir al extremo oeste de la población, que es la parte de la que ya he hablado en otros post. Pronto vimos que todos los chiringuitos que hay a esa altura en el Paseo Marítimo estaban cerrados, así que nos alejamos un poco del mar y nos internamos en un sector que es eminentemente residencial y que está compuesto principalmente de viviendas unifamiliares con jardines privados.


En una zona así es evidente que no abundan los negocios de restauración, pero finalmente encontramos sin mayores problemas un lugar perfecto que se ve que no cierra en invierno.


Se trata del Bar Restaurante Benelux, que está como en tercera línea de playa y que es el típico lugar sin ínfulas de ningún tipo donde te puedes quitar el hambre tomando unas raciones por poco dinero. Se ajusta al perfil de restaurante de barrio en el que prima más la cantidad que la calidad de la comida. De todos modos, en ese momento era lo que buscábamos. Además, el bar tiene una terraza que es perfecta para los días de fuera de temporada en los que va uno buscando el sol como un lagarto.

En definitiva, en el Bar Restaurante Benelux Ana y Julia se zamparon sendos serranitos de un tamaño considerable, María pidió calamares fritos y yo me pedí un tomate aliñado que estaba criminal y un montadito de pollo que resultó ser medio bocadillo de filete con patatas precocinadas, pero ya digo que yo iba buscando un lugar tranquilo donde despejar mi mente y comer al sol con mi familia, y eso lo encontré en ese restaurante. Fue de esas veces en las que disfrutas del momento del almuerzo sin que te importe una mierda lo que te pongan por delante.


Después de comer llegó el momento de acercarnos al mar y fuimos de nuevo en dirección al Paseo Marítimo por la bajada más cercana.


Por lo que pude ver, el Paseo Marítimo por ese lado también es estrecho y tiene los muros de la primera línea de casas dando directamente a él. Sin embargo, a finales de otoño su morfología y su disposición son secundarias gracias a la inmensa playa a la que se abre.


Nosotros echamos un par de horas en la playa disfrutando de la amplitud, la tranquilidad, el fresco aire marino y el sol otoñal. A mí la combinación de esos cuatro factores me proporcionan un placer y una tranquilidad de espíritu difícil de explicar. Matalascañas como población no es un lugar bonito, pero si se le da la espalda a las casas y a los pisos ofrece una playa que quita el sentido. Por eso no me canso de ir.



Aún así, a finales del otoño cuando el sol deja de calentar lo suficiente la temperatura cae en picado. En ese momento nosotros salimos de nuestro universo paralelo, abandonamos la Playa de Matalascañas y nos fuimos para el centro de la localidad con la idea de merendar.


Como ya he dicho otras veces, en Matalascañas el centro no está en medio de la población, sino en el extremo oeste. Allí se encuentra la zona comercial, que está formada por un curioso entramado de estrechas callejuelas que se asemejan a las de un zoco. La diferencia es que aquello no tiene un aire moruno, sino que el ambiente más bien parece sacado de un barrio del extrarradio de una gran ciudad.



En cualquier caso, aunque la tranquilidad era también la nota predominante en aquella parte, no fue difícil encontrar un lugar para tomar un café y para que las niñas se pidieran unos pasteles.

Después de la merienda en la Cafetería La Naranja nos acercamos paseando al Faro de Torre la Higuera y apuramos hasta que el sol empezó a desaparecer por el horizonte.


La caída de la tarde señaló el momento en el que ya tocaba volver a casa, con ese cansancio tan característico y tan agradable que tiene uno cuando ha pasado gran parte del día al sol y recibiendo aire del mar en la cara.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado ALMONTE.
En 1994 (primera visita incompleta), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 2'5% (hoy día 30'4%).
En 1994 (primera visita incompleta), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 1'5% (hoy día 20'6%).