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22 de agosto de 2024

PAMPANEIRA 2024

Hace menos de un siglo, Pampaneira ya era un pueblo tan bonito como lo es hoy, pero, seguramente, vivir en él era demasiado duro para muchos. Por eso, de las más de 1.000 personas que residían allí en 1950, 700 se fueron antes de que diera comienzo la década de los 90 del siglo XX. En la actualidad, los 300 vecinos que quedan viven del turismo, por lo que Pampaneira se asemeja un poco a un decorado.


Con eso que digo, no quiero criticar ni al turismo, ni mucho menos a los pampanurrios. De hecho, considero que es muy positivo que, gracias a los turistas, en lugares como Pampaneira haya gente que pueda vivir decentemente, y que mantenga impolutas esas localidades.


Pampaneira es uno de los pueblos más famosos de la Alpujarra. Esta es una región histórica, que se encuentra repartida entre las provincias de Granada y de Almería. Si uno se atiene a la demarcación tradicional del territorio alpujarreño, no es fácil definir con precisión sus límites, pero, hace unos años, se estableció una división oficial, que fijó un contorno y separó la zona en dos comarcas. La que está en Granada se denomina Alpujarra Granadina, y la que está en Almería se llama Alpujarra Almeriense. No lo han complicado mucho. 


La Alpujarra Almeriense la conforman 22 municipios, que se extienden por la falda sur de Sierra Nevada que se encuentra en la provincia de Almería, así como por el flanco norte de la Sierra de Gádor. Por lo que respecta a la Alpujarra Granadina, esta está integrada por 25 municipios, que ocupan la parte granadina de la vertiente meridional de Sierra Nevada. Sin embargo, Sierra Nevada se suele asociar solo con Granada, y la Alpujarra también. La Alpujarra Almeriense, en cambio, es una zona muy desconocida. Eso se debe a varias razones. La primera es que, poblaciones alpujarreñas granadinas como Lanjarón o como Trevélez, comercializan productos con su nombre que son bastante famosos. Este último pueblo, además, siempre se ha dicho que es el más alto de España, lo que le pone en el candelero en mayor medida, aunque ese dato no sea del todo cierto (cuando vaya a Trevélez hablaré de este tema). Por otro lado, son entes poblacionales de la Alpujarra Granadina los que se vinculan a escritores como Lorca o como Gerald Brenan. Finalmente, entre los 122 pueblos que pertenecen a la asociación Los Pueblos más Bonitos de España, hay cuatro de la Alpujarra Granadina (Bubión, Capileira, Pampaneira y Trevélez), pero ninguno de la Alpujarra Almeriense. Queda claro, por tanto, que esta comarca es una gran desconocida, a la que habrá que prestarle atención en el futuro. Ahora, no obstante, me voy a centrar en una de las localidades del núcleo duro del sector granadino de la Alpujarra, es decir, en Pampaneira, que es donde estuve el otro día.


Hay que decir, para empezar, que yo jamás había estado en la Alpujarra, a pesar de su gran fama, y pese a que viví dos años en Granada capital. La visita a Pampaneira, por tanto, fue solo un pequeño adelanto de lo que tendrá que llegar, tarde o temprano, que no es otra cosa que una ruta mucho más exhaustiva por la región. Con respecto a la citada localidad, pues no me defraudó. Yo esperaba ver un pueblo blanco, cuidado y pintoresco, y eso es justo lo que me encontré.


El principal atractivo de Pampaneira es que conserva muchas de las señas de identidad propias de las localidades de la comarca. Uno de esos signos distintivos clave es su trama de calles estrechas y empinadas, empedradas y con canalillos de agua en el centro. 



Además, en Pampaneira también se ven muy bien los terraos de las casas tradicionales de la zona. La definición de terrao, que he encontrado en una página web dedicada al pueblo de Timar, es sensacional, por lo que la voy a copiar, adaptándola un poco con mis palabras. Por lo visto, un terrao es un tejado plano, de color gris, recubierto, para su impermeabilización, por una arcilla especial llamada launa. De esa cubierta sobresalen chimeneas de forma troncocónica, que están rematadas por un sombrerete, realizado con una lasca de pizarra, sobre la que descansa una piedra castigadera, cuya misión es que el viento no se lleve la laja. 


Otro elemento característico, que se ve sin dificultad en Pampaneira, es el tinao. Un tinao es una solución arquitectónica que crea espacios cubiertos, al disponer una estructura de viguería sobre la calle. Encima del pequeño soportal, suelen situarse algunas habitaciones de las casas colindantes.


Por último, en Pampaneira no es complicado ver telares y tiendas de artesanía local, llenas de coloridas jarapas en sus fachadas. En definitiva, este pueblo es perfecto para tomar contacto con el poblamiento de la región, ya que no le falta ni uno de los elementos alpujarreños característicos.

Ni que decir tiene, que en Pampaneira los vehículos hay que soltarlos pronto. Ni por asomo puede uno pretender circular por la mayoría de sus calles. Nosotros, nada más llegar, dejamos el coche abajo, junto a la carretera. Pronto, vimos adónde teníamos que dirigirnos.


El epicentro de Pampaneira está en la Plaza de la Libertad. En ella, se encuentra el único edificio del pueblo que puede ser visitado por dentro, que es la Iglesia de Santa Cruz. La misma se acabó de construir en 1730. En su interior, destaca el artesonado.




Otros elementos destacados de Pampaneira son las fuentes y los lavaderos. De las cuatro fuentes que hay, nosotros vimos dos. La Fuente de San Antonio es la que está en pleno centro del pueblo, junto a la iglesia. 


La Fuente del Cerrillo, por su parte, se halla en la zona alta de la localidad, junto al Lavadero Fuente del Cerrillo.


Por lo que respecta al cuidado Lavadero Fuente del Cerrillo, desde sus ventanas se ven bonitas vistas, pero, además, el sitio es muy bello de por sí.


Pampaneira está lleno de atractivas calles, que serpentean para salvar la escarpada orografía de la zona. Dos de ellas son la Calle Rodadera y la Calle Camino del Rio. La primera es perpendicular a la pendiente, por lo que tiene su particular canalillo para conducir el agua. La segunda, en cambio, sigue las curvas de nivel, lo mismo que el Paseo Federico García Lorca. Este, al no tener casas a uno de los lados, se abre a la montaña sin trabas. 





Una de las calles más icónicas de Pampaneira es la Calle Verónica. A su canal, llegan las aguas que, partiendo de las cumbres de Sierra Nevada, bajan hasta la Fuente del Cerrillo y hasta el Lavadero. Después, al salir a la superficie en esos lugares, las frescas aguas siguen por la Calle Estación, y continúan su descenso por la citada Calle Verónica, buscando salir del pueblo por su extremo inferior.


Como he dicho, nosotros no tuvimos ocasión de profundizar en los encantos de la Alpujarra, y tampoco nos pudimos quedar a comer en Pampaneira. Lo cierto es que nuestras vacaciones en el cercano Valle de Lecrín habían terminado, y, aunque no quisimos regresar a Sevilla sin hacer esa pequeña incursión en la zona alpujarreña, no pudimos entretenernos demasiado. Sin embargo, aun así, nos dimos el gustazo de echar una caña, con su oportuna tapa de jamón de Trevélez. Para ello, nos sentamos en el velador del Café Europa, que estaba a la espalda de la Iglesia de Santa Cruz.


A la sombra de un toldo que habían puesto sobre las mesas, pasamos un delicioso rato, que hizo las veces de epílogo a mi primera visita a la Alpujarra Granadina.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado PAMPANEIRA.
% de Municipios ya visitados en la Provincia de Granada: 7'6%.
% de Municipios de Andalucía ya visitados: 22'1%.

Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado PAMPANEIRA.
% de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Granada: 25%.
% de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 36'5%.


18 de marzo de 2023

ARACENA 2023

Aracena es un bonito pueblo de 8.200 habitantes, que ejerce de centro neurálgico de la sierra a la que da nombre. 


En la actualidad, la Sierra de Aracena se encuentra integrada en un espacio protegido, denominado Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. En Andalucía hay 24 parques naturales, y este es el segundo más grande. Por esa razón, la zona es una referencia. Sin embargo, Aracena y su entorno no solo atraen por su relevancia, sino que actúan también a modo de imán por la belleza de sus paisajes de dehesa, formados por encinas y alcornoques, así como por el alto nivel de sus productos gastronómicos, que proceden, en su mayor parte, de los cerdos ibéricos. En efecto, la ganadería porcina es una de las principales fuentes de ingresos para la gente de la región. Esos animales se usan para la producción de carne fresca de categoría suprema y de delicioso jamón ibérico. Además, son la base de la elaboración de embutidos de calidad. Debido a todo lo comentado, y al hecho de que el pueblo está a poco más de una hora de Sevilla, el mismo es un destino recurrente para los sevillanos, cuando quieren disfrutar del ambiente serrano.


De todas formas, a los atractivos comentados de Aracena hay que sumarle otros, que son los patrimoniales. Efectivamente, en el pueblo onubense sobresalen un buen número de edificios, de diferentes épocas, que, ya de por sí, hacen que este merezca la pena, y, además, allí se halla una de las joyas naturales más destacadas de Andalucía. Se trata de la Gruta de las Maravillas. En resumen, Aracena es un sitio de visita indispensable para los sevillanos, para los andaluces, para los españoles y, como no, para los extranjeros. Por eso, en su casco histórico tiene una zona en la que uno puede sumergirse en el auténtico ambiente del turismo masivo. En esas calles, uno encuentra mesones con la carta en cuatro idiomas, tiendas con los típicos souvenirs y grandes grupos de excursionistas. No obstante, ese entorno, a la escala en la que se ha desarrollado en Aracena, no solo no resulta molesto, sino que es fácilmente obviable, si se desea. En definitiva, la capital de la sierra de Huelva es un destino obligado, al que yo estaba tardando en volver.


Y digo que estaba tardando en volver, porque lo cierto es que yo ya había estado en Aracena, antes del pasado fin de semana. En primer lugar, de niño fui con el colegio y un par de veces con mis padres. Como he dicho, es un destino recurrente para las excursiones de grupos, y también lo es para las familias. Sin embargo, entre 1990 y 2007 no regresé ni una vez. En ese último año sí lo hice, pero después se habría abierto un nuevo paréntesis en las visitas, si en 2008 no me hubiera salido un trabajo en las instalaciones del Grupo de Desarrollo Rural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Por aquel entonces, yo aún me ganaba la vida como documentalista freelance, y, aunque la gran mayoría de mis actividades profesionales las desempeñaba en Sevilla, aquella me hizo ir a Aracena 22 veces, a lo largo de 2008. Casi todas fui y regresé en el día, pero una vez me quedé a dormir en el propio pueblo, y otras tres pernocté en localidades vecinas. En noviembre de 2008 acabé el proyecto, y las escapadas de 2010 y de 2014 fueron, de nuevo, por motivos puramente lúdicos. En la de 2014 quise llevar a Ana y a Julia, cuando eran pequeñas, lo mismo que habían hecho mis padres conmigo. Tenían seis y cuatro años, respectivamente.


Desde 2014 no había vuelto a Aracena, hasta el otro día. Lo cierto es que no tenía planeado ir a ningún lado este mes de marzo, pero el pasado fin de semana a mi cuñada Rocío le dejaron, muy barata, una casa bastante grande, ubicada en la zona de expansión del pueblo, y nos sugirió que fuéramos con ella y con mis sobrinas.


Nosotros teníamos que estar en Sevilla el domingo, pero la oportunidad de pasar una noche y un día en la sierra no la podíamos desaprovechar, de manera que nos fuimos el viernes por la tarde a Aracena, y echamos allí un sábado muy completo.

En Aracena, el principal foco de atracción turística es la Gruta de las Maravillas. Como dije antes, se trata de una joya natural alucinante. Yo la he visto cinco veces, si no recuerdo mal. Pese a esto, tenía ganas de penetrar de nuevo en sus entrañas, por lo que intenté comprar entradas para el sábado. Fue imposible, ya no quedaban. Dado que ahora no entré en la cueva, no voy a hablar de ella. Lo haré cuando tenga oportunidad de recorrerla una vez más. En esta ocasión, me voy a centrar en lo que sí vi, que no fue poco. 

El caso es que el pueblo de Aracena se extiende por una zona, más o menos llana, que está situada al pie de una prominente elevación, denominada Cerro del Castillo.


Debajo de esa montaña está la Gruta de las Maravillas. Encima, como bien indica su nombre, hay un castillo, que domina el entorno por completo. 


En relación con el Castillo de Aracena, tengo que decir que me siento afortunado, porque yo, que no soy tan viejo, lo conocí cuando sus ruinas no eran más que un montón de piedras ignoradas. Por lo visto, en 2015 se rehabilitó la fortaleza, y se abrió organizadamente al público la parte del Alcázar. Esa es la que yo vi el otro día. La diferencia, con respecto a como estaba en 2007, es bastante considerable. 





En 2007, la muralla y las torres del Alcázar estaban abandonadas. Desde que se restauraron, esa parte presenta un aspecto totalmente distinto.



Seguramente, la próxima vez que vaya a Aracena y suba al Castillo veré nuevas mejoras. En efecto, el recinto es bastante grande, y, en la actualidad, solo se ha abierto al público el sector superior, donde estaban el Patio de Armas, el Aljibe y la muralla que los protege. En el centro, lo poco que queda de la Torre del Homenaje está igual de mal que estaba. La única diferencia es que, en 2007, uno podía trepar por sus ruinas, y ahora, con buen criterio, eso no se permite. Esa era la parte de la fortaleza destinada a convertirse en último reducto de resistencia, si había un ataque. A su alrededor se extendía el resto del Alcázar, que ofrecía un nivel de protección intermedio. Hoy día, su extremo sur es el que está más excavado.


Contigua al Alcázar hay otra parte, muy amplia, separada por un muro interior, que está a medio recuperar y que se encontraba cerrada. En verano de 2020 hablaban de que era inminente la apertura de todo el recinto del Castillo, así como de un centro de interpretación. Sin embargo, han pasado más de dos años, y ese proyecto se ha quedado estancado. No parece faltar mucho para su finalización, pero ahora ese sector no se visita. En el futuro lo podremos ver, supongo. De momento, hay que conformarse con lo que está abierto, que tiene un cierto interés.


En efecto, en el sector visitable hay una zona arqueológica. Al verla, creí que lo que se habían excavado ahí eran las habitaciones de la fortificación, pero lo cierto es que esa parte está hundida, porque en ella se encuentran los cimientos de varias viviendas que había en ese lugar en época islámica. Parece que el Cerro del Castillo estuvo habitado desde la prehistoria, pero en el siglo XIII, tras la conquista cristiana, se construyó la fortaleza y las casas preexistentes quedaron relegadas al olvido.

En definitiva, lo que se ve del Castillo tampoco es para tirar cohetes. No está mal para un paseo relajado, eso sí, pero la verdad es que lo mejor de la visita son las vistas que se ven desde el Adarve.


En realidad, para nosotros lo del Castillo fue la culminación al plan del sábado. Antes de eso, nos habíamos montado en el Tren Turístico, a media mañana, después nos habíamos dado un paseo por la parte baja de Aracena, habíamos almorzado en un sitio llamado Bar C, y nos habíamos marcado una ruta de senderismo, en el rato de la sobremesa. Más, no se puede aprovechar el tiempo. Yo, aparte, había intentado, a primera hora de la mañana, encontrar una copistería donde imprimir un documento que necesitaba para el domingo. No lo logré, pero mientras buscaba el negocio en cuestión, me di un buen pateo por Aracena, que me permitió ver la mayoría de sus lugares pintorescos.

Con respecto a lo del Tren Turístico, la verdad es que el viajecito no estaba previsto, pero pasamos por delante de la parada del vehículo cuando nos disponíamos a subir al Castillo a pie, y nos pareció buena idea ahorrarnos la caminata. Ana, Lucía, Julia y Laura lo agradecieron muchísimo.



La idea primigenia fue ir para arriba en el tren, y olvidarnos de él para bajar. Luego, resultó que decidimos no entrar en el Castillo por la mañana, sino completar el trayecto del vehículo, y regresar por la tarde a ver la fortificación. Gracias a eso, hicimos el recorrido completo. Estuvo bien. Siempre me gustan este tipo de tours, como complemento a una visita más detallada de los lugares. En este caso, dimos, yendo muy cómodos, una larga vuelta, que nos permitió contemplar los sitios emblemáticos de Aracena, mientras un audio grabado nos iba contando cosas. Una vez que el tren, callejeando y subiendo cuestas de una manera increíble, logró llegar a la cumbre del cerro, tuvimos un rato para entrar en la Iglesia Prioral de Nuestra Señora del Mayor Dolor.


De esa iglesia hablaré en un post aparte, porque es tan emblemática, que está incluida en mi lista Maravillas de Andalucía. Tras verla, es cuando decidimos descender de nuevo con el tren, que nos dejó en el lugar donde nos habíamos montado.

Tras bajarnos del tren, nos dimos un paseo en familia, que complementó al que yo me había dado por la mañana, buscando una copistería. Andando, llegamos hasta la Plaza Marqués de Aracena.


El Marqués de Aracena, que da nombre a la plaza, se merece unas palabras, porque las muestras destacadas del patrimonio inmueble de la población se deben a él, así como la adecuación del acceso a la Gruta de las Maravillas. Efectivamente, Javier Sánchez-Dalp fue un aracenero de buena familia, que nació en 1866, y que se metió en política al más alto nivel. Por lo visto, fue todo un cacique en la zona, durante casi tres décadas. Gracias a eso, fue elegido diputado a Cortes por Aracena en doce legislaturas consecutivas, por lo que ejerció entre 1896 y 1923. Además, llegó a ser una persona bastante cercana a Alfonso XIII, que le nombró Marqués de Aracena en 1917. Si nos quedáramos solo en esas credenciales, la figura de ese terrateniente daría un poco de tirria, pero la verdad es que Javier Sánchez-Dalp fue un activo mecenas, y realizó en su pueblo un ambicioso plan de obras públicas. Por un lado, sus paisanos contemporáneos se beneficiaron de ellas, al menos en parte, pero lo cierto es que, 92 años después de su muerte, los actuales habitantes de Aracena siguen sacándole jugo a las obras que sufragó, entre 1910 y 1926. No en vano, le encargó las mismas a Aníbal González, al que había conocido en 1906, y que acabó casado con su hija. El célebre arquitecto sevillano, que es famoso por la Plaza de España de Sevilla, y por otras edificaciones que proyectó en la capital andaluza, también dejó un considerable legado en la localidad onubense, gracias a la relación que mantuvo con el Marqués de Aracena, del que acabó siendo yerno. Una de las cosas que hizo Aníbal González en Aracena fue el Lavadero Público Fuente del Concejo.

 
Aníbal González también proyectó otros inmuebles, que están dispersos por el casco urbano de Aracena. Destacan el Casino Arias Montano y el edificio que alberga el Ayuntamiento en la actualidad.  

Aparte del Castillo, de la Gruta de las Maravillas y de la huella que ha dejado en Aracena Aníbal González, en la localidad también sobresalen otros detalles, que la hacen muy especial. Para empezar, sus calles están jalonadas de cuidadas plazas. La mayoría se caracterizan por las estatuas que las decoran.




De las plazas de Aracena, destaca, por encima de todas, la Plaza de San Pedro, debido a que, en ella, más que una estatua hay un museo.


En efecto, en la Plaza de San Pedro de Aracena se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo Andalucía, que presenta la notable particularidad de que está al are libre. El mismo se inauguró en 1986, y ha tenido tan buena acogida, con el paso de los años, que se ha visto ampliado a las calles y plazas de los alrededores.

En cualquier caso, Aracena destaca por algo más que por los espacios concretos. En realidad, su principal atractivo es que toda la población presenta un aspecto muy homogéneo y cuidado. Esa es su gran virtud. Así, la mayoría de las calles y plazas del centro están empedradas, de tal manera que, al final, uno se olvida de que las casas, que tampoco desentonan, no son nada del otro mundo.


En la Calle Constitución, que sale de la Plaza Marqués de Aracena, abre sus puertas la Confitería Rufino, que es toda una institución en el pueblo, ya que vende dulces desde 1875. Nosotros no nos detuvimos, pero sí compramos unos pasteles, que devoramos en la merienda. El merengue estaba espectacular.


No obstante, antes de merendar, comimos en un lugar que nos habían recomendado, cerca del donde estábamos alojados, en el extremo oeste de Aracena. El aspecto exterior del Bar C ya dejaba traslucir que aquello no era un restaurante para turistas.


En el Bar C, la comida y la bebida había que pedirlas en la barra, pero en su terraza se estaba de lujo. Era amplia y la tranquilidad era la nota predominante en ella. Estuvimos en la gloria, y comimos bien y barato. 

La zona de Aracena donde está el Bar C, y en la que nosotros pernoctamos, yo no la conocía. Esa parte no es demasiado pintoresca, pero es un escenario perfecto para desconectar y para respirar aire puro. Sin ir más lejos, el sábado por la mañana, antes de desayunar, salí a correr, y, al regresar, me quedé un rato en la Plaza Cercado de Reyes, disfrutando del sosiego y de la pureza del ambiente serrano en las primeras horas del día. 


Con todo, el verdadero contacto con la naturaleza no llegó hasta el mediodía. En efecto, tras la comida, María, Rocío y yo dejamos a las adolescentes en casa, y nos fuimos a andar por el campo. Aprovechando que nos encontrábamos casi en el límite occidental del pueblo, cogimos un camino que empezaba no muy lejos, y que nos permitió hacer una ruta circular de 3.700 metros por el Sendero La Molinilla (es el que está dentro del círculo azul, en la siguiente imagen).


Nosotros, la ruta la hicimos al revés, por lo que bajamos la cuesta que tenía una pendiente más pronunciada, en vez de subirla. Eso sí, al ser un recorrido circular, el desnivel tuvimos que ascenderlo, aunque el repecho estuviera menos empinado.


Lo cierto es que nos pegamos andando el rato que estaba destinado a la siesta, pero no cabe duda de que la sobremesa estuvo mucho más aprovechada que si nos hubiéramos quedado sobando. Fue una gozada disfrutar de la naturaleza típica de la Sierra de Aracena.


Haciendo la ruta, a medio camino nos encontramos con la peculiar Área Recreativa La Molinilla, en la que, además de bancos y de mesas de piedra para comer, han habilitado una serie de juegos tradicionales, que están perfectamente conservados.


Cuando acabamos de andar, recogimos a las niñas y fuimos a por la ultima etapa del día, que fue la del Castillo. Esta vez, nos acercamos en coche, pero no subimos del todo, sino que aparcamos en la Plaza Alta. Eso nos permitió pasar andando bajo la Espadaña Puerta del Castillo.


Al bajar, nos detuvimos en el Mirador de Aracena. Tras haber subido al Castillo, ese mirador no nos ofreció nada nuevo. De hecho, desde la Torre del Homenaje de la fortaleza se ven mejores vistas, ya que está más arriba. Sin embargo, nunca sobra una bonita ojeada desde las alturas.


Tras ese postrero vistazo, nos despedimos de Aracena por esta vez. En el pueblo hay sitios que conozco, de los que no he hablado. También me quedan otros por explorar. No pasa nada. Tengo muy claro que volveré.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado ARACENA.
En 1990 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales visitadas en la Provincia de Huelva: 33'3% (hoy día 100%).
En 1990 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 6'8% (hoy día 36%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado ARACENA.
En 1990 (primera visita consciente), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 1'3% (hoy día 30'4%).
En 1990 (primera visita consciente), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 0'6% (hoy día 21'3%).