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31 de julio de 2026

UTRERA 2026

Este verano está siendo sofocante en Sevilla y en sus alrededores. Por esa razón, y por otras, me pareció tan buena idea ir ayer a Utrera a participar en una actividad, denominada Utrera entre las Estrellas, que hizo que saliéramos al campo en plena noche.


El día fue muy caluroso, pero el hecho de que nos adentráramos en La Campiña cuando el sol ya se había puesto, posibilitó que disfrutáramos de un rato más fresco, realizando una original actividad que estuvo organizada por La Strada di Miguel.

Utrera entre las Estrellas

La Strada di Miguel es una empresa utrerana dedicada a organizar experiencias turísticas y de ocio, tanto en Utrera y en su entorno, como en Sevilla capital. Su alma mater se llama Miguel Ayala. Yo no tenía ni idea de su existencia, pero María se enteró hace poco de que Miguel iba a guiar, a lo largo del verano, varios paseos nocturnos para observar las estrellas desde las afueras de Utrera, y me propuso la actividad. La cosa prometía, y ayer no dudamos en ir a una de las citas programadas.


Miguel nos citó a las 22'00 horas en la Fuente de los Ocho Caños de Utrera. Una vez que se acabó de formar el grupo, desde allí salimos al campo en pocos minutos, cogiendo un camino de tierra que nos llevó hasta las Instalaciones del Club Deportivo de Aeromodelismo y Radio Control de Utrera.



Para mi sorpresa, para realizar la actividad nos juntamos más de una treintena de personas, que fuimos caminando cada uno a su ritmo, y cubrimos, en unos 45 minutos, los 3.500 metros que hay entre la Fuente de los Ocho Caños y la entrada de una zona vallada, en la que el Club Deportivo de Aeromodelismo y Radio Control de Utrera cuenta con una pequeña pista de aterrizaje y de despegue bastante bien montada. No obstante, dada la oscuridad que ya reinaba cuando llegamos, de las Instalaciones solo vi la parte acondicionada para pilotar los aviones, que tenía una red por encima.


Debajo de esa red y del tejadillo que tenía al lado, Miguel y su compañero Rafa, que había ido en coche, nos ofrecieron fruta y bebidas, que pudimos degustar junto con los bocadillos que habíamos llevado nosotros. Durante un buen rato, disfrutamos de la apacible noche de verano campestre, cenando tranquilamente.


Sin embargo, habíamos ido hasta allí para ver las estrellas, por lo que, tras el agradable receso, comenzamos la actividad propiamente dicha, para la que contamos con un telescopio profesional y con unos prismáticos de precisión. 

Tengo que decir que la parte de la experiencia que se centró en la observación astronómica fue la que me gustó en menor medida. Puede parecer paradójico, porque el objeto de la excursión era ver las estrellas, pero lo cierto es que el meollo de la actividad destacó menos que todo lo que lo acompañó. La causa es que la noche de ayer no era la más apropiada para distinguir las constelaciones, porque anteayer hubo luna llena.


Yo no había reparado en el detalle de la luz lunar que nos íbamos a encontrar, pero quizás los organizadores de la actividad sí deberían haber tenido en cuenta ese factor. Ayer, la luna apenas si había empezado a menguar y el firmamento estaba muy iluminado. Por eso, se veían pocas estrellas. 


Además, aunque nos hallábamos a 3 kilómetros de Utrera, el tamaño de esa ciudad aún provocaba algo de claridad en la bóveda celeste sobre nuestras cabezas. Yo, otras veces he disfrutado de cielos mucho más estrellados que el de la pasada noche. Sí es verdad que, como contrapartida, pude ver la luna preciosa con el telescopio y los prismáticos, pero la parte de las estrellas quedó un pelín descafeinada.

En realidad, la actividad no la dirigió Miguel ni su compañero, sino que estos solo fueron los meros introductores de las explicaciones que dio el verdadero experto, que fue un profesor jubilado que los acompañaba, el cual resultó ser un especialista en astronomía. Sus indicaciones fueron muy interesantes. Fue evidente que controlaba el tema, ya que nos mostró lo que se llegaba a apreciar, poniendo en contexto las constelaciones con historias de mitología. La pena es que se vio poco. 

De todas maneras, aprendí que el famoso carro, que es casi lo único que sé reconocer sin ayuda en el cielo, no es la Osa Mayor al completo, como yo creía, sino que es solo la cola. También acerté a distinguir Casiopea, con su forma de W, logré identificar la Estrella Polar, y, por último, fui capaz de localizar los puntitos de luz que configuran el llamado Triangulo de Verano, que se corresponden con tres estrellas denominadas Vega, Altair y Deneb

Sin embargo, todo lo comentado lo hice con una cierta dificultad, con el agravante de que, de otras constelaciones apenas si vimos algunas estrellas sueltas, que aportaron poco.

No obstante, en mitad del campo en plena noche estuve a gusto y relajado, me divertí, y, sobre todo, disfruté del rato compartido con María, con Ana, con Julia y con mi sobrina Laura, que también se vino con nosotros. Incluso, me gustó el camino de regreso, que nos devolvió a Utrera a eso de la 1'15 de la mañana.
 
Pincelada de Utrera

Utrera es el cuarto municipio más poblado de la provincia de Sevilla y cuenta con el décimo término más extenso de toda Andalucía. Estamos hablando, por tanto, de un lugar de una entidad considerable, que no se ve en un rato. Nosotros, además, no íbamos con la intención de recorrer su casco urbano. Sin embargo, fue una suerte que nos citaran en la Fuente de los Ocho Caños, porque eso me permitió conocer ese monumento, que se encuentra ubicado en el extremo sur de la localidad.


La Fuente de los Ocho Caños se construyó en el siglo XIV, aunque está muy reformada. En origen, se ubicaba extramuros de Utrera y ejercía de fuente de aprovisionamiento, tanto para los que residían en el interior de la villa, como para el ganado y los que transitaban cerca de la entrada sur de la población.

Precisamente, un poco más allá de la fuente está el arco que ejercía de puerta sur de la segunda muralla de Utrera, que, al igual que la fuente, también data del siglo XIV. 


Yo no esperaba tener la oportunidad de ver lugares de Utrera tan destacados, pero todo salió rodado, llegamos pronto, y, además, me encontré conque nos habían citado en ese interesante enclave. Utrera es un sitio importante y cuenta con una larga historia a sus espaldas, por lo que volveré para profundizar en sus tesoros, pero, de momento, ya he podido mencionar dos de ellos.


Aparte, colindante con el Arco de la Villa hay un restaurante, de esos en los que se disfruta de la gastronomía tradicional en un entorno cuidado que tiene una cierta historia. Se llama Restaurante El Arco, y está ubicado en una casa del siglo XV. 



En el Restaurante El Arco ponen mesas en la acera, algunas de las cuales son altas. En una de estas nos ubicamos nosotros, dado que habíamos llegado con tiempo y que pegaba tomar un piscolabis. Para picar, nos pedimos un aliño de melva, que en este caso resultó tener también alcachofas y palmitos. Me encantó.


Utrera tiene mucho que ver. Se trata de la típica población que daría perfectamente para un fin de semana. Lo que sucede es que se encuentra cerca de Sevilla capital y se suele obviar como destino turístico. No obstante, yo ya había estado en ella en una ocasión, pero aquella vez tampoco pude profundizar demasiado en sus encantos. A la tercera irá la vencida.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado UTRERA.
En 2006 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Sevilla: 100% (hoy día 100%).
En 2006 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 25% (hoy día 36'8%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado UTRERA.
En 2006 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 26'7% (hoy día 67'6%).
En 2006 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 9'8% (hoy día 22'4%).


26 de mayo de 2026

SEVILLA 2026

El 10 de mayo se cumplió una década desde que escribí el primer post en En Ole Väsynyt. La presente será la entrada número 367. Es una pasada. La verdad es que empecé con este diario público de mis viajes y de las carreras que corro con la idea de que la iniciativa perdurara, pero no tenía muy claro que fuera a mantener la constancia tanto tiempo. 10 años son muchos.


Mi situación han cambiado bastante en esta última década, como es lógico. El balance es positivo, pero he pasado por un buen número de vicisitudes, y, aunque el objeto del blog no es hablar de ellas de manera directa, la verdad es que he ido poniendo en contexto los post turísticos y los deportivos. Al final, he reflejado 10 años de mi vida de una forma que me encanta. Ahora, de nuevo, este artículo sobre Sevilla lo voy a introducir haciendo un apunte acerca del momento en el que me encuentro, por lo que va a quedar plasmada otra circunstancia más de mi existencia.

El caso es que, como es fácil de comprobar, no le he dado mucha bola al blog últimamente. Cuando empecé con él, me propuse parir un post al mes como mínimo, y he cumplido el objetivo, salvo en los meses de abril y mayo de 2020, en los que estuvimos encerrados en casa, y en febrero de 2021, cuando aún sufríamos los efectos de la pandemia y no pude atravesar los límites municipales de mi pueblo. En los restantes 118 meses que han transcurrido desde mayo de 2016, nunca he faltado a la cita. Sin embargo, es patente que unas veces he podido escribir más, y otras he estado menos libre. La presente primavera estoy pasando una de estas etapas de saturación que me ha impedido sentarme a redactar con regularidad, porque tengo que hacer un nuevo examen de oposición. 

Yo comencé a trabajar en enero de 2020 en la biblioteca de la Universidad de Sevilla, pero soy interino. Por ello, todavía no he dejado de examinarme. De esto ya he ido hablando, porque, como digo, me gusta insertar los post en mi contexto vital. En concreto, desde que empecé a escribir en el blog he participado en tres procesos selectivos, aunque uno estaba destinados a dotar de personal a la biblioteca de la Universidad de Valladolid, no a la de la Universidad de Sevilla. Lo de Valladolid fue una cosa puntual, pero en Sevilla está mi futuro y aún no he conseguido sacarme la plaza de técnico. Estoy cerca, espero que sea a la próxima. 

No obstante, esta vez lo que se han convocado han sido oposiciones al nivel superior al mío. En teoría, tenía libertad para ignorarlas y evitar el follón, pero me va la marcha y me he puesto a estudiar. El día 30 de mayo me enfrentaré a su primer examen, lo que implica que me he visto obligado a apretar en los dos últimos meses. Por esa razón, he estado abducido y no he podido inventarme casi ningún plan de los que son objeto de En Ole Väsynyt

A pesar de lo dicho, no he querido romper la tradición de redactar al menos un post al mes. En abril, pude engancharme a una excursión, precisamente organizada en el contexto laboral, y estuve de visita en Coria del Río. En mayo, la cosa se ha puesto más chunga, porque tengo el examen en unos días y no doy a basto (ni siquiera debería estar escribiendo esto). 


Pese a esto, también me he resistido a saltarme la tradición, de manera que el otro día, aprovechando que tuve la oportunidad de realizar una actividad fuera de lo normal, saqué la cabeza de los libros por una mañana y me curré un plan que se puede encuadrar perfectamente en este blog. Cierto es que fue en Sevilla, pero eso no es raro. De hecho, el presente es el post número 14 que escribo sobre mi ciudad, porque siempre digo que hay veces que me encanta hacer de turista en ella.


Sesión de masaje

El caso es que a María le tocó hace un tiempo, en un sorteo realizado en una fiesta del colegio de mis sobrinos, una sesión terapéutica gratuita en Inhala Massage & Wellness Center. Ese es el plan que he dicho que iba que ni pintado en este blog. Esa clase de experiencias, cuando las vivo en otras ciudades las cuento aquí, y siempre que las disfruto en Sevilla y me cuadra, pues también. En esta ocasión, me ha venido genial. Además, como he adelantado, dado que nos dimos el masaje el sábado, al salir nos fuimos a tomar una cerveza al corazón de la Sevilla guiri, y luego vimos una exposición en el Archivo de Indias. La mañana fue 100% En Ole Väsynyt.

Pero vamos por partes. Inhala Massage & Wellness Center es un centro de masajes que está en la Calle Monsalves, en pleno casco histórico de Sevilla


Como he contado, yo acabé allí de casualidad, pero estoy seguro de que volveré, porque la experiencia me encantó. Al principio de la sesión, la chica me preguntó si prefería un masaje suave, medio o fuerte, ya que en Inhala adaptan la terapia a las condiciones y a los deseos de cada uno. Yo, como no, me fui de guay y le dije que lo quería cañero. No es ningún secreto que me va la leña, pero también es una realidad que no soy un Navy SEAL, ni un GEO. No me han entrenado para soportar torturas físicas sin pestañear. Por eso, cuando la masajista llevaba 5 minutos liada con mi espalda, le tuve que pedir que aflojara un poco. La fuerza que tenía era tremenda, y estaba viendo las estrellas. Me gusta la intensidad, pero no soy masoca. A partir de ese momento redujo el vigor, y el resto del repaso fue espectacular. Durante una hora, apretó en su justa medida, por la espalda, por las piernas, por los pies, por el cuello y por la cabeza. Fue una gozada.

Por otro lado, el ambiente en Inhala era el que uno se espera en estos sitios. En efecto, en la sala de masajes había imágenes de Buda, cuadros de árboles de la vida y música suave. Es lo suyo. No obstante, el misticismo no fue excesivo, es decir, que hay gente que toma lo mejor de las filosofías vitales orientales, lo adapta a la vida real y lo transmite, y también hay personas en esa onda que no inspiran paz, sino que llevan el asunto al plano del mal rollo. En Inhala, las instalaciones invitaban al reposo y las dos masajistas me transmitieron buenas vibraciones, por lo que puedo afirmar que el centro es de los que le sacan partido a una atmósfera zen bien entendida.

Cervecita en el Salvador

Cuando salimos de Inhala Massage & Wellness Center ya habíamos dejado atrás el mediodía y estábamos en la hora del aperitivo. Yo había decidido tomarme la mañana libre, así que no dudamos en ir a disfrutar de una cervecita. Sevilla mostraba su cara más agradable, no hacía demasiado calor y había que aprovechar. Dado que el destino final era el Archivo de Indias, dirigimos nuestros pasos hacía la parte sur del centro de la ciudad. A medio camino, nos paramos en la Plaza del Salvador.


Los bares que dan la Plaza del Salvador son un clásico para cualquier sevillano. Lo de echar unas cañas en ella es algo que se hace desde siempre. Lo que pasa es que ahora, tanto La Antigua Bodeguita del Salvador, como la Bodega Los Soportales, se han adaptado a los tiempos y se han refinado un poco, con el objetivo de cautivar a los turistas. Antaño, te pedías las cervezas en la barra y te las ventilabas de pie en la plaza, o sentado en los escalones de la iglesia que tiene enfrente, a la vez que te quitabas el hambre gracias a las patatas fritas del puesto ambulante o del quiosco que hay no muy lejos. En la actualidad, esto ya es imposible de hacer. Sin embargo, he de reconocer que La Antigua Bodeguita del Salvador, que es donde nosotros estuvimos, se ha reconvertido bien, porque es verdad que han montado el tema con la idea de atraer a los guiris, pero yo soy sevillano y también me sentí a gusto. De hecho, las papas aliñás que me tomé fueron de las mejores que recuerdo.

Exposición en el Archivo de Indias

Después del agradable rato en La Antigua Bodeguita del Salvador, completamos la mañana de relax yendo a la mencionada exposición del Archivo de Indias, que se titulaba El Arte de Preservar la Memoria. La misma lleva montada desde marzo.


Lo cierto es que yo quería ver El Arte de Preservar la Memoria desde que la inauguraron, pero llevo una primavera de locos y no había visto el momento de ir. Como es imposible que pueda arrancar más ratos antes de examinarme, el otro día me di cuenta de que era mi última oportunidad para visitar la exposición, salvo que suspenda la primera prueba de la oposición, claro, que entonces el 30 de mayo estaré libre, pero como lo deseable es que eso no ocurra y que tenga que presentarme a la segunda, a finales de junio, pues opté por sacar el hueco el sábado y nos fuimos para el Archivo de Indias, tras el receso en la Plaza del Salvador.


En septiembre de 2019, ya hablé en este blog de otra exposición que vi en el Archivo de Indias, llamada El Viaje Más Largo, que estuvo dedicada a la expedición que dio la primera vuelta al mundo, entre 1519 y 1522. El Arte de Preservar la Memoria fue más modesta.


No obstante, a mí me encantó, aunque es cierto que mi nivel de imparcialidad fue mínimo, ya que El Arte de Preservar la Memoria se ha montado con motivo del 240 aniversario de la inauguración del Archivo General de Indias, y gira entorno al mundo de la archivística. En concreto, sus objetivos son revelar el valor histórico de los documentos que se conservan en el Archivo de Indias, ensalzar las labores de investigación que en él se realizan y poner en valor los quehaceres que lleva a cabo el personal técnico de la institución. María es archivera, así que una muestra que está focalizada en explicar cosas relativas al trabajo de ese gremio tan desconocido, necesariamente tenía que llegarme.


María no se parece en nada a la archivera que estaba tipificada en la exposición, como ha quedado patente en otros posts en los que hay fotos suyas, pero sí es verdad que a veces se pone una bata blanca para trabajar... 

El caso es que El Arte de Preservar la Memoria es una exposición pequeña, pero muy interesante, no solo por la información que proporciona del trabajo de los archiveros, sino también por los documentos que muestra, que pertenecen a los fondos del Archivo General de Indias. Todos los que vimos eran originales, lo cual es un lujo.


Nunca me han hecho tilín las exposiciones y los museos en los que se exhiben facsímiles o réplicas. Me parecen un timo. Por eso valoro tanto que, en las muestras, se puedan contemplar originales en las vitrinas. En ese sentido, en El Arte de Preservar la Memoria me gustó especialmente ver el Libro de Registro de Pasajeros a Indias, abierto por una página en la que hay verdaderas anotaciones de septiembre de 1509.


El Archivo General de Indias se creó en 1785, con el objetivo de que se custodiaran en él todos los fondos, generados desde 1492, relacionados con la administración de los territorios americanos españoles, lo cuales se encontraban dispersos por diversos archivos. Por esa razón, hay allí documentos incluso del siglo XV, como el que acabo de enseñar en la foto. Sin embargo, en el Archivo se conservan también curiosos manuscritos relacionados con el funcionamiento interno de la propia institución. Dado que la misma ha cumplido 240 años, está claro que muchos de ellos tienen un interés enorme. A mí, me gustó especialmente el Listado de Empleados Existentes en el Archivo General de Indias en Enero de 1788 y Necesidades de la Futura Plantilla, con Indicación de sus Sueldos y Dotación Anual.


También tiene un valor incalculable el documento original de las Reales Ordenanzas para el Archivo General de Indias, que está datado el 10 de enero de 1790.


Las Reales Ordenanzas para el Archivo General de Indias es el reglamento que organizó el archivo y es una de las principales fuentes precursoras de la archivística moderna, ya que define la manera de describir documentos, en un momento en el que aún no existían normas internacionales.

Aparte, en la exposición se le dio publicidad a todo lo que implica el trabajo archivístico hoy en día. Como archivero consorte que soy, creo que montarla ha sido un acierto.


Por otro lado, en la exposición vimos un cuadro de Francisco de Goya que es propiedad del Archivo General de Indias. Se trata de Retrato de Carlos IV.


Con respecto al edificio del archivo, el mismo, que en origen se construyó para ser usado como lonja de mercaderes, es un icono en Sevilla.



Sin embargo, hay que decir que la mayor parte de la actividad archivística de la institución no se realiza en el Edificio de la Lonja, sino en el contiguo Edificio de la Cilla.


El Edificio de la Cilla es un inmueble histórico que se encuentra enfrente del Edificio de la Lonja, tal y como se muestra en la maqueta.  A lo largo de los años, ha tenido un montón de usos, hasta que se acabó de rehabilitar en 2005 para que ejerciera de anexo de la sede principal del Archivo General de Indias. Lo curioso es que los dos edificios están unidos por un túnel subterráneo, que permite, por ejemplo, llevar fondos desde el depósito de seguridad, que se halla en la segunda planta del Edificio de la Lonja, a la Sala de Investigadores, que se ubica en el de la Cilla, sin sacar los documentos a la calle.

Por último, he de decir que en 2019 comenté que ya no había cajas vacías en las emblemáticas estanterías de madera de caoba del archivo. No es verdad.


Antaño, en esas estanterías se guardaban realmente los documentos, pero en la actualidad los mismos deben estar más protegidos, de manera que lo que ven los visitantes son un montón de cajas de cartón sin nada dentro. Se ve que, con motivo de la exposición que vi en 2019, las baldas las habían vaciado, cosa que yo alabé, pero lo cierto es que aquello fue algo temporal. 


El otro día, los pasillos que no albergaban la exposición presentaban su aspecto normal, y en ellos sí había anaqueles repletos de cajas de pega.

Tampoco pasa nada. Entiendo que no se pueden conservar los documentos ahí, y que no queda bien tener vacías las baldas. En todo caso, a mí me gustaría visitar los verdaderos depósitos del Archivo General de Indias, pero hoy en día eso no es posible, ni siquiera para María, que es del gremio, pero que no trabaja en esa institución. De momento, me conformaré con ver lo mismo que el resto del mundo. 


Por mi parte, tras el breve paréntesis, lo que que toca ahora es regresar al estudio. El próximo sábado tengo el primer examen. Si lo paso, habrá un segundo. Seguiremos informando.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Sevilla: 14'2% (hoy día 100%).
En 1977, % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 0'2% (hoy día 36'8%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado SEVILLA.
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 10% (hoy día, completada ya esta visita, 50%).
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'1% (hoy día, completada ya esta visita, 4'7%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 0'9% (hoy día 67'6%).
En 1977, % de Municipios de Andalucía ya visitados: 0'1% (hoy día 22'4%).


25 de abril de 2026

CORIA DEL RÍO 2026

Después de llevar unos cuantos meses un poco en stand by por motivos ajenos a su voluntad, el Grupo de Sostenibilidad de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla volvió a organizar una de sus excursiones culturales el pasado sábado. En este caso, el destino fue Coria del Río. Allí existe, desde 2012, una ruta turística llamada El Viaje del Samurái, a través de la cual se exploran los entresijos de la relación que hay entre el citado pueblo sevillano y Japón.

A mí me encantan las actividades de este tipo, y además reconozco que disfruto echando ratos con los compañeros de trabajo fuera de los límites de la biblioteca, por lo que no dejé pasar la ocasión de apuntarme a la visita.

La Biblioteca de la Universidad de Sevilla está dividida en 17 centros y cuenta con unos 285 trabajadores. Es evidente que, ni los trato a todos, ni me llevo igual de bien con tanta gente. Sin embargo, me gusta que se organicen iniciativas que me permitan ponerle cara a unos, que me den la oportunidad de conocer a las familias de otros, y también, como no, que posibiliten que pueda coincidir con los compañeros más afines fuera del ambiente laboral. Esta vez, se unieron unos 15 a las excursión, algunos de los cuales iban con sus parejas.


El caso es que me apeteció sumarme a la actividad, María se vino conmigo, y juntos fuimos a Coria del Río a visitar el pueblo de una manera diferente. Yo allí ya había estado haciendo cosas variopintas, e incluso había ido una vez en plan turista, como conté hace unos años, pero me faltaba tener una verdadera visión panorámica de la población. La misma tiene mucho que ofrecer. Gracias a la ruta del otro día y a las explicaciones de Antonio Bizcocho, que es técnico de turismo del Ayuntamiento de Coria del Río, y que fue nuestro guía, ahora tengo un conocimiento más profundo de la historia y del patrimonio de la localidad.

Coria del Río y Sevilla

Coria del Río es un pueblo de 31.000 habitantes, que se halla tan solo a 12 kilómetros de Sevilla. Realmente, si no se ha visto influido en mayor medida por la cercanía a la capital, es porque está en un fondo de saco, al otro lado del Río Guadalquivir. En ese sentido, si comparamos la evolución de Coria y la de Dos Hermanas, vemos que ambas tenían una población parecida en 1900. Sin embargo, ahora esta última ha superado los 142.000 almas, lo que implica que Dos Hermanas ha crecido un 327% más que Coria del Río, a pesar de que se encuentran en la misma dirección y de que su distancia a Sevilla es similar.


La clave de la diferencia son las comunicaciones, evidentemente. En efecto, las de Coria del Río con Sevilla son bastante pobres. Además, está en el lado opuesto del Río Guadalquivir, y, al sur, aunque tiene pegado otro pueblo, llamado La Puebla del Río, solo hay marismas hasta el mar (obviando la existencia de Isla Mayor, que es una pequeña localidad que se encuentra aislada entre los arrozales).

El tema es que Coria del Río es un pueblo familiar para todos los sevillanos, porque está muy cerca, pero, a la vez, ha podido mantener su idiosincrasia sin problema. La pregunta, entonces, es qué tiene que ver con Japón

Coria del Río y Japón

Todas las localidades, a la hora de promocionar sus encantos tienden a remarcar aquello que las hace únicas. En Coria, ese factor identificador es su relación con Japón, que es lo suficientemente relevante, como para que se pueda usar de elemento diferenciador del pueblo.


Lo primero que resalta el vínculo de Coria del Río con el país del sol naciente, es que 700 de las 1.900 personas que se apellidan Japón en España son corianas. Eso es por algo. Lo bueno es que el origen de los lazos tienen relación directa con unas circunstancias históricas concretas, rastreables e identificables. Para empezar a hablar de ellas, yo voy a irme lejos de Coria, de España, e incluso de Europa, como hizo Antonio Bizcocho

El caso es que Japón fue unificado por Tokugawa Ieyasu en 1603, después de un largo periodo de luchas feudales constantes y de conflictos internos. Así, a comienzos del siglo XVII, Ieyasu consiguió dominar, pacificar y estabilizar el archipiélago japonés, lo que hizo posible que pudiera poner el foco de su interés en el comercio y en los avances tecnológicos, como vías para asentar su posición. Como consecuencia de esto, Japón se abrió un poco al exterior, y entró en contacto con los portugueses y con los españoles, que hacía tiempo que pululaban por el Pacífico, y que llevaban muchos años mirando con ojos golosos a las islas niponas, ya que estaban llenas de riquezas y eran una rica fuente de potenciales infieles que evangelizar. Por eso, en cuanto Tokugawa Ieyasu y los suyos se mostraron favorables a recibir a extranjeros, los hispanos no tardaron en desembarcar en Japón.

Sin embargo, la apertura duró poco, porque el pragmático Ieyasu pronto se dio cuenta de que la influencia extranjera en realidad era una amenaza para la estabilidad del país. Por eso, decidió volver a cerrar las fronteras. Los primeros que pagaron el pato fueron los cristianos que se habían instalado allí, los cuales fueron expulsados en 1614. No obstante, en la década de relajación de los dirigentes nipones, un sevillano llamado Luis Sotelo, que era un evangelizador y un aventurero a la vez, había tenido tiempo de plantarse en Japón para dejar su huella. 

En principio, Sotelo se había asentado en la zona de lo que hoy en día es Tokio, pero en 1612 el hombre ya molestaba allí, lo que hizo que se tuviera que marchar más al norte, donde el que cortaba el bacalao era un señor feudal llamado Date Masamune. Masamune acataba la autoridad de Tokugawa Ieyasu y no se opuso a él cuando prohibió el cristianismo, pero, en el periodo de indefinición que se vivió entre 1612 y 1614, mostró aún simpatía por los misioneros y por los comerciantes españoles, por lo que Luis Sotelo encontró un cierto refugio en sus dominios, y fue capaz de convencerle de que montara una expedición que fuera a Madrid, y luego a Roma, para establecer relaciones oficiales con España y con la Santa Sede. Las posibilidades de esa vía diplomática y comercial eran inmensas, porque todavía estaba totalmente virgen. En vista de eso, Masamune envió a Europa una delegación de 180 personas, a la que se denominó Embajada Keichō, al frente de la cual iba Sotelo, así como Hasekura Tsunenaga, que era un japonés de la confianza del mandatario. 


El viaje de la Embajada Keichō fue una auténtica aventura, ya que los expedicionarios abandonaron Japón el 28 de octubre de 1613, atravesaron el Pacífico, cruzaron México a pie y embarcaron en Veracruz en otro galeón, con el que llegaron a Sanlúcar de Barrameda el 5 de octubre de 1614, tras un año de peripecias. Desde allí, remontaron el Río Guadalquivir hasta Coria del Río, donde esperaron unos días a que las autoridades de Sevilla terminaran de preparar un recibimiento oficial a la altura de las circunstancias. Este tuvo lugar el 21 de octubre de 1614.

Una vez que llegaron a Europa, la cosa parece que empezó bien, porque Luis Sotelo logró que Hasekura Tsunenaga fuera recibido en Madrid por Felipe III, en enero de 1615, y por el papa Pablo V en Roma, en noviembre de ese año. En un principio, el rey español se mostró favorable a las pretensiones comerciales de Date Masamune, pero cuando Tsunenaga regresó a Madrid desde Roma y quiso cerrar el pacto, en abril de 1616, ya había llegado a oídos de Felipe III que el clima anticristiano se había desmadrado por Japón. El buen rollo se había acabado para el monarca. Tsunenaga incluso se había convertido al cristianismo, para facilitar su empresa, pero no hubo nada que hacer, y finalmente volvió a su tierra, en julio de 1617, sin haber conseguido su objetivo.

Pese a esto, la expedición dejó huella de una manera no planeada, porque Luis Sotelo era sevillano, como dije al principio, y su hermano, Diego Cabrera, era uno de los caballeros veinticuatro de Sevilla en aquellos años. Sotelo y Cabrera compartían padre y madre, pero el primero había adoptado el apellido materno y el segundo el paterno. Aparte, los caballeros veinticuatro eran los regidores de la ciudad, que era la más importante del mundo occidental a comienzos del siglo XVI, por lo que estamos hablando de que Diego Cabrera era una persona bastante poderosa. El caso es que Hasekura Tsunenaga y Luis Sotelo se encontraban en España para hacer negocios, y viajaron a Madrid y a Roma junto con el núcleo duro de la Embajada Keichō, pero en esta también viajaban otros japoneses de rango inferior, que se quedaron en Sevilla, bajo la protección de Diego Cabrera, esperando a que Tsunenaga regresara. No obstante, los nipones no se instalaron en la capital, sino que se establecieron en Coria del Río. Allí, sin alejarse de la ruta a seguir, vivieron menos desprotegidos que en la mastodóntica metrópoli sevillana. El tema es que algunos echaron raíces a orillas del Guadalquivir.

Los datos a partir de aquí varían. Crónicas no demasiado fundamentadas cuentan que se asentaron en Coria una treintena de japoneses, pero Antonio Bizcocho nos dijo que, tras el regreso de la expedición a Japón, solo uno se quedó definitivamente. Sí es seguro que hubo tiempo para que se casaran dos de ellos, por supuesto ya cristianizados y bautizados con los nombres de Juan Agustín Japón y Juan de la Cruz Japón. En esas dos personas, y quizás en alguna otra, está el origen de los 700 corianos apellidados Japón que hay. Es curioso que, después de 400 años, los rasgos físicos nipones hayan desaparecido del todo en la zona del bajo Guadalquivir, pero que la ramificación del apellido esté tan extendida. 

Poniendo la historia en contexto

La ruta turística El Viaje del Samurái nos llevó a cuatro sitios de Coria del Río, aunque no pudimos entrar en el Ayuntamiento, porque era sábado, por lo que nos perdimos un audiovisual que parece que suelen poner allí. No obstante, sí observamos la fachada del consistorio, que da a la Calle Cervantes, y comprobamos que, entre las banderas que ondean junto a su puerta, se encuentra la de Japón. Esto es algo relevante, que da muestras de la oficialidad que hay en las relaciones coriano-niponas.


Antes de la parada delante del Ayuntamiento, habíamos comenzado el recorrido visitando la Ermita de San Juan Bautista, que está situada en el Cerro de San Juan.


El Cerro de San Juan es el punto más alto de Coria del Río y el lugar donde se han hallado los vestigios poblacionales más antiguos de la zona. En la actualidad, la elevación ha quedado totalmente inserta en el casco urbano de la localidad. Sin embargo, a principios del siglo XIV, cuando se construyó la ermita, esta se encontraba a las afueras de lo que entonces era Coria.


Un siglo después, cuando la Embajada Keichō desembarcó en el puerto fluvial del pueblo, la ermita estaba como se ve en el dibujo, y destacaba mucho más que ahora.


Aparte, la entrada original de la ermita estaba en la fachada sureste, que es la del dibujo, y caía de forma brusca sobre un pronunciado terraplén que llegaba hasta las inmediaciones del Río Guadalquivir. Por eso, en el siglo XIX se abrió otra puerta en lado noreste del edificio (la de la foto superior), que daba a la cuesta más tendida de la Calle San Juan. En esta, también se construyeron 33 escalones, que se han convertido en un referente en Coria.


Por su parte, el exterior del templo por el sureste se aterrazó en los años 50 del siglo pasado, de manera que los alrededores de la ermita quedaron muy bonitos por sus dos principales lados.


Desde la terraza del lado sureste de la Ermita de San Juan Bautista las vistas me gustaron bastante.


Quizás, lo más llamativo que se ve desde esa explanada aterrazada es el Río Guadalquivir, que es uno de los protagonista de la historia que unió a la Embajada Keichō y a Coria del Río. A principios del siglo XVII, todo lo que se extiende entre la Ermita de San Juan Bautista y el río era campo. En la actualidad, ese trecho está construido, pero el cauce del Guadalquivir se sigue distinguiendo perfectamente, y no es difícil imaginar lo que vieron los japoneses, a los pocos días de desembarcar en occidente.


Un aspecto muy interesante de la ruta es que nos llevó por un buen número de calles del centro de Coria del Río. Por la mayoría pasamos en plan rápido, ya que el recorrido solo tuvo cuatro paradas, pero no fuimos tan acelerados como para que no me pudiera ir fijando en los detalles.


Después de visitar con calma la Ermita, y de parar en la Calle Cervantes, delante del Ayuntamiento, nos encaminamos a ver la segunda gran iglesia de Coria del Río, que es la Iglesia de Santa María de la Estrella. La misma es del siglo XIV, por lo que también existía cuando la Embajada Keichō estuvo por Coria, aunque su aspecto actual date del XVIII.


La Iglesia de Santa María de la Estrella de Coria del Río es similar a un sinfín de iglesias de los alrededores. En efecto, en Andalucía occidental no había iglesias cuando el territorio regresó a manos cristianas, a mitad del siglo XIV, tras 500 años de presencia musulmana en la zona. Por eso, se construyeron muchos templos en poco tiempo, mezclando los elementos góticos típicos de la cristiandad en aquella época, con otros mudéjares, heredados del pasado reciente del entorno. Después, a todos se les añadieron componentes barrocos. 

Digamos que la trayectoria de un montón de iglesias andaluzas fue paralela, lo que hace que se parezcan. Sin embargo, la de Coria es especialmente llamativa, porque se trata de uno de los ejemplos de templo gótico-mudéjar más puros que se conservan. 


Lo que pasa es que yo solo me pude asomar a Iglesia de Santa María de la Estrella, porque acababa de finalizar una boda al llegar nosotros, y no era plan de que entráramos en masa para recibir dentro las explicaciones de Antonio, como habíamos hecho en la Ermita de San Juan Bautista. En este caso, nuestro guía nos habló de las conexiones entre la iglesia y la Embajada Keichō en la Plaza de Nuestra Señora de la Estrella, frente a la portada lateral del templo.

Después, tras el rápido vistazo que le eché a la iglesia, nos fuimos hasta el cuarto lugar donde paramos, que no es menos importante. En efecto, Coria del Río no sería nada sin el Río Guadalquivir, que está en la base del origen del pueblo. De hecho, el propio Antonio nos dijo que, aún hoy, la localidad vive de cara al río.


Por eso, el último ratito de la visita lo echamos en la Calle Martínez de León, junto al embarcadero donde se coge la Barca de Coria, y un poco más hacia el sur, a los pies de la Estatua de Hasekura Tsunenaga que da al Paseo de la Embajada Keichō.



Como se puede comprobar en las fotos, Coria del Río no está atravesada por el Río Guadalquivir, sino que se asoma a él. En el orilla oeste del río viven el 97% de los corianos, pero el 80% del término municipal del pueblo se halla en el lado este, por lo que es patente que el cauce fluvial ha ejercido de barrera, como si de un mar se tratase.

Nosotros terminamos la visita a los pies de la Estatua de Hasekura Tsunenaga, aproximadamente en el sitio en el que la Embajada Keichō desembarcó hace 411 años. Allí, además de un paseo fluvial hay un parque, que está vertebrado por el Paseo Carlos de Mesa. Junto a este hay un bar, llamado Kiosko Alfaro, donde acabé la mañana tomando una cerveza con los compañeros que fueron a la excursión. Desde el punto de vista turístico, la experiencia fue de diez, porque me permitió conocer Coria del Río mucho más en profundidad, pero el lado humano de la jornada no fue menos importante. Siempre que pueda, procuraré seguir yendo a actividades como esta.



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado CORIA DEL RÍO.
En 2005 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 24'8% (hoy día 67'2%).
En 2005 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 9'5% (hoy día 22'4%).