Después de llevar unos cuantos meses un poco en stand by por motivos ajenos a su voluntad, el Grupo de Sostenibilidad de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla volvió a organizar una de sus excursiones culturales el pasado sábado. En este caso, el destino fue Coria del Río. Allí existe, desde 2012, una ruta turística llamada El Viaje del Samurái, a través de la cual se exploran los entresijos de la relación que hay entre el citado pueblo sevillano y Japón.
A mí me encantan las actividades de este tipo, y además reconozco que disfruto echando ratos con los compañeros de trabajo fuera de los límites de la biblioteca, por lo que no dejé pasar la ocasión de apuntarme a la visita.
La Biblioteca de la Universidad de Sevilla está dividida en 17 centros y cuenta con unos 285 trabajadores. Es evidente que, ni los trato a todos, ni me llevo igual de bien con tanta gente. Sin embargo, me gusta que se organicen iniciativas que me permitan ponerle cara a unos, que me den la oportunidad de conocer a las familias de otros, y también, como no, que posibiliten que pueda coincidir con los compañeros más afines, fuera del ambiente laboral. Esta vez, se unieron unos 15 a las excursión, algunos de los cuales iban con sus parejas.
El caso es que me apeteció sumarme a la actividad, María se vino conmigo, y juntos fuimos a Coria del Río a visitar el pueblo de una manera diferente. Yo allí ya había estado haciendo cosas variopintas, e incluso había ido una vez en plan turista, como conté hace unos años, pero me faltaba tener una verdadera visión panorámica de la población. La misma tiene mucho que ofrecer. Gracias a la ruta del otro día y a las explicaciones de Antonio Bizcocho, que es técnico de turismo del Ayuntamiento de Coria del Río, y que fue nuestro guía, ahora tengo un conocimiento más profundo de la historia y del patrimonio de la localidad.
Coria del Río y Sevilla
Coria del Río es un pueblo de 31.000 habitantes, que se halla tan solo a 12 kilómetros de Sevilla. Realmente, si no se ha visto influido en mayor medida por la cercanía a la capital, es porque está en un fondo de saco, al otro lado del Río Guadalquivir. En ese sentido, si comparamos la evolución de Coria y la de Dos Hermanas, vemos que ambas tenían una población parecida en 1900. Sin embargo, ahora esta última ha superado los 142.000 almas, lo que implica que Dos Hermanas ha crecido un 327% más que Coria del Río, teniendo en cuenta que se encuentran en la misma dirección y que su distancia a Sevilla es similar.
El tema es que Coria del Río es un pueblo familiar para todos los sevillanos, porque está muy cerca, pero, a la vez, ha podido mantener su idiosincrasia sin problema. La pregunta, entonces, es qué tiene que ver con Japón.
Coria del Río y Japón
Todas las localidades, a la hora de promocionar sus encantos tienden a remarcar aquello que las hace únicas. En Coria, ese factor identificador es su relación con Japón, que es lo suficientemente relevante, como para que se pueda usar de elemento diferenciador del pueblo.
Lo primero que resalta el vínculo de Coria del Río con el país del sol naciente, es que 700 de las 1.900 personas que se apellidan Japón en España son corianas. Eso es por algo. Lo bueno, es que el origen de los lazos tienen relación directa con unas circunstancias históricas concretas, rastreables e identificables. Para empezar a hablar de ellas, yo voy a irme lejos de Coria, de España, e incluso de Europa, como hizo Antonio Bizcocho.
El caso es que Japón fue unificado por Tokugawa Ieyasu en 1603, después de un largo periodo de luchas feudales constantes y de conflictos internos. Así, a comienzos del siglo XVII, Ieyasu consiguió dominar, pacificar y estabilizar el archipiélago japonés, lo que hizo posible que pudiera poner el foco de su interés en el comercio y en los avances tecnológicos, como vías para asentar su posición. Como consecuencia de esto, Japón se abrió un poco al exterior, y entró en contacto con los portugueses y con los españoles, que hacía tiempo que pululaban por el Pacífico, y que llevaban muchos años mirando con ojos golosos a las islas niponas, ya que estaban llenas de riquezas y eran una rica fuente de potenciales infieles que evangelizar. Por eso, en cuanto Tokugawa Ieyasu y los suyos se mostraron favorables a recibir a extranjeros, los hispanos no tardaron en desembarcar en Japón.
La apertura duró poco, porque el pragmático Ieyasu pronto se dio cuenta de que la influencia extranjera en realidad era una amenaza para la estabilidad del país. Por eso, decidió volver a cerrar las fronteras. Los primeros que pagaron el pato fueron los cristianos que se habían instalado allí, los cuales fueron expulsados en 1614. Sin embargo, en la década de relajación de los dirigentes nipones, un sevillano llamado Luis Sotelo, que era un evangelizador y un aventurero a la vez, había tenido tiempo de plantarse en Japón para dejar su huella.
En principio, Sotelo se había asentado en la zona de lo que hoy en día es Tokio, pero en 1612 el hombre ya molestaba allí, lo que hizo que se tuviera que marchar más al norte, donde el que cortaba el bacalao era un señor feudal llamado Date Masamune. Masamune acataba la autoridad de Tokugawa Ieyasu y no se opuso a él cuando prohibió el cristianismo, pero, en el periodo de indefinición que se vivió entre 1612 y 1614, mostró aún simpatía por los misioneros y por los comerciantes españoles, por lo que Luis Sotelo encontró un cierto refugio en sus dominios, y fue capaz de convencerle de que montara una expedición que fuera a Madrid, y luego a Roma, para establecer relaciones oficiales con España y con la Santa Sede. Las posibilidades de esa vía diplomática y comercial eran inmensas, porque todavía estaba totalmente virgen. En vista de eso, Masamune envió a Europa una delegación de 180 personas, a la que se denominó Embajada Keichō, al frente de la cual iba Sotelo, así como Hasekura Tsunenaga, que era un japonés de la confianza del mandatario.
El viaje de la Embajada Keichō fue una auténtica aventura, ya que los expedicionarios abandonaron Japón el 28 de octubre de 1613, atravesaron el Pacífico, cruzaron México a pie y embarcaron en Veracruz en otro galeón, con el que llegaron a Sanlúcar de Barrameda el 5 de octubre de 1614, tras un año de peripecias. Desde allí, remontaron el Río Guadalquivir hasta Coria del Río, donde esperaron unos días a que las autoridades de Sevilla terminaran de preparar un recibimiento oficial a la altura de las circunstancias. Este tuvo lugar el 21 de octubre de 1614.
Una vez que llegaron a Europa, la cosa parece que empezó bien, porque Luis Sotelo logró que Hasekura Tsunenaga fuera recibido en Madrid por Felipe III, en enero de 1615, y por el papa Pablo V en Roma, en noviembre de ese año. En un principio, el rey español se mostró favorable a las pretensiones comerciales de Date Masamune, pero cuando Tsunenaga regresó a Madrid desde Roma y quiso cerrar el pacto, en abril de 1616, ya había llegado a oídos de Felipe III que el clima anticristiano se había desmadrado por Japón. El buen rollo se había acabado para el monarca. Tsunenaga incluso se había convertido al cristianismo, para facilitar su empresa, pero no hubo nada que hacer, y finalmente volvió a su tierra, en julio de 1617, sin haber conseguido su objetivo.
Pese a esto, la expedición dejó huella de una manera no planeada, porque Luis Sotelo era sevillano, como dije al principio, y su hermano, Diego Cabrera, era uno de los caballeros veinticuatro de Sevilla en aquellos años. Sotelo y Cabrera compartían padre y madre, pero el primero había adoptado el apellido materno y el segundo el paterno. Aparte, los caballeros veinticuatro eran los regidores de la ciudad, que era la más importante del mundo occidental a comienzos del siglo XVI, por lo que estamos hablando de que Diego Cabrera era una persona bastante poderosa. El caso es que Hasekura Tsunenaga y Luis Sotelo se encontraban en España para hacer negocios, y viajaron a Madrid y a Roma junto con el núcleo duro de la Embajada Keichō, pero en esta también viajaban otros japoneses de rango inferior, que se quedaron en Sevilla, bajo la protección de Diego Cabrera, esperando a que Tsunenaga regresara. No obstante, los nipones no se instalaron en la capital, sino que se establecieron en Coria del Río. Allí, sin alejarse de la ruta a seguir, vivieron menos desprotegidos que en la mastodóntica metrópoli sevillana. El tema es que algunos echaron raíces a orillas del Guadalquivir.
Los datos a partir de aquí varían. Crónicas no demasiado fundamentadas cuentan que se asentaron en Coria una treintena de japoneses, pero Antonio Bizcocho nos dijo que, tras el regreso de la expedición a Japón, solo uno se quedó definitivamente. Sí es seguro que hubo tiempo para que se casaran dos de ellos, por supuesto ya cristianizados y bautizados con los nombres de Juan Agustín Japón y Juan de la Cruz Japón. En esas dos personas, y quizás en alguna otra, está el origen de los 700 corianos apellidados Japón que hay. Es curioso que, después de 400 años, los rasgos físicos nipones hayan desaparecido del todo en la zona del bajo Guadalquivir, pero que la ramificación del apellido esté tan extendida.
Poniendo la historia en contexto
La ruta turística El Viaje del Samurái nos llevó a cuatro sitios de Coria del Río, aunque no pudimos entrar en el Ayuntamiento, porque era sábado, por lo que nos perdimos un audiovisual que parece que suelen poner allí. No obstante, sí observamos la fachada del consistorio, que da a la Calle Cervantes, y comprobamos que, entre las banderas que ondean junto a su puerta, se encuentra la de Japón. Esto es algo relevante, que da muestras de oficialidad que hay en las relaciones coriano-niponas.
Antes de la parada delante del Ayuntamiento, habíamos comenzado el recorrido visitando la Ermita de San Juan Bautista, que está situada en el Cerro de San Juan.
El Cerro de San Juan es el punto más alto de Coria del Río y el lugar donde se han hallado los vestigios poblacionales más antiguos de la zona. En la actualidad, la elevación ha quedado totalmente inserta en el casco urbano de la localidad. Sin embargo, a principios del siglo XIV, cuando se construyó la ermita, esta se encontraba a las afueras de lo que entonces era Coria.
Un siglo después, cuando la Embajada Keichō desembarcó en el puerto fluvial del pueblo, la ermita estaba como se ve en el dibujo, y destacaba mucho más que ahora.
Aparte, la entrada original de la ermita estaba en la fachada sureste, que es la del dibujo, y caía de forma brusca sobre un pronunciado terraplén que llegaba hasta las inmediaciones del Río Guadalquivir. Por eso, en el siglo XIX se abrió otra puerta en lado noreste del edificio (la de la foto superior), que daba a la cuesta más tendida de la Calle San Juan. En esta, también se construyeron 33 escalones, que se han convertido en un referente en Coria.
Por su parte, el exterior del templo por el sureste se aterrazó en los años 50 del siglo pasado, de manera que los alrededores de la ermita quedaron muy bonitos por sus dos principales lados.
Desde la terraza del lado sureste de la Ermita de San Juan Bautista las vistas me gustaron bastante.
Quizás, lo más llamativo que se ve desde esa explanada aterrazada es el Río Guadalquivir, que es uno de los protagonista de la historia que unió a la Embajada Keichō y a Coria del Río. A principios del siglo XVII, todo lo que se extiende entre la Ermita de San Juan Bautista y el río era campo. En la actualidad, ese trecho está construido, pero el cauce del Guadalquivir se sigue distinguiendo perfectamente, y no es difícil de imaginar lo que vieron los japoneses, a los pocos días de desembarcar en occidente.
Un aspecto muy interesante de la ruta es que nos llevó por un buen número de calles del centro de Coria del Río. Por la mayoría pasamos en plan rápido, ya que el recorrido solo tuvo cuatro paradas, pero no fuimos tan acelerados como para que no me pudiera ir fijando en los detalles.
Después de visitar con calma la Ermita, y de parar en la Calle Cervantes, delante del Ayuntamiento, nos encaminamos a ver la segunda gran iglesia de Coria del Río, que es la Iglesia de Santa María de la Estrella. La misma es del siglo XIV, por lo que también existía cuando la Embajada Keichō estuvo por Coria, aunque su aspecto actual date del XVIII.
Digamos que la trayectoria de un montón de iglesias andaluzas fue paralela, lo que hace que se parezcan. Sin embargo, la de Coria es especialmente llamativa, porque se trata de uno de los ejemplos de templo gótico-mudéjar más puros que se conservan.
Lo que pasa es que yo solo me pude asomar a Iglesia de Santa María de la Estrella, porque acababa de finalizar una boda al llegar nosotros, y no era plan de que entráramos en masa para recibir dentro las explicaciones de Antonio, como habíamos hecho en la Ermita de San Juan Bautista. En este caso, nuestro guía nos habló de las conexiones entre la iglesia y la Embajada Keichō en la Plaza de Nuestra Señora de la Estrella, frente a la portada lateral del templo.
Después, tras el rápido vistazo que le eché a la iglesia, nos fuimos hasta el cuarto lugar donde paramos, que no es menos importante. En efecto, Coria del Río no sería nada sin el Río Guadalquivir, que está en la base del origen del pueblo. De hecho, el propio Antonio nos dijo que, aún hoy, la localidad vive de cara al río.
Por eso, el último ratito de la visita lo echamos en la Calle Martínez de León, junto al embarcadero donde se coge la Barca de Coria, y un poco más hacia el sur, a los pies de la Estatua de Hasekura Tsunenaga que da al Paseo de la Embajada Keichō.
Como se puede comprobar en las fotos, Coria del Río no está atravesada por el Río Guadalquivir, sino que se asoma a él. En el orilla oeste del río viven el 97% de los corianos, pero el 80% del término municipal del pueblo se halla en el lado este, por lo que es patente que el cauce fluvial ha ejercido de barrera, como si de un mar se tratase.
Nosotros terminamos la visita a los pies de la Estatua de Hasekura Tsunenaga, aproximadamente en el sitio en el que la Embajada Keichō desembarcó hace 411 años. Allí, además de un paseo fluvial hay un parque, que está vertebrado por el Paseo Carlos de Mesa. Junto a este hay un bar, llamado Kiosko Alfaro, donde acabé la mañana tomando una cerveza con los compañeros que fueron a la excursión. Desde el punto de vista turístico, la experiencia fue de diez, porque me permitió conocer Coria del Río mucho más en profundidad, pero el lado humano de la jornada no fue menos importante. Siempre que pueda, procuraré seguir yendo a actividades como esta.
Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado CORIA DEL RÍO.
En 2005 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 24'8% (hoy día 67'2%).
En 2005 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 9'5% (hoy día 22'4%).
En 2005 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 24'8% (hoy día 67'2%).
En 2005 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 9'5% (hoy día 22'4%).


















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