Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte es un Estado de Europa que está compuesto por los tres países que se reparten la isla de Gran Bretaña, que son Inglaterra, Escocia y Gales, así como por el que ocupa el norte de la isla de Irlanda, que se denomina Irlanda del Norte. En 2016, cuando visité este último, ya comencé el post correspondiente diciendo justo esto. Ahora, voy a ir un poco más allá, porque voy a explicar como se organizan todos los territorios incluidos bajo el paraguas de la Corona británica, empezando por los enumerados, y terminando por el que va a ser objeto del presente relato, que es Gibraltar.
Para entender como está montado el sistema político de algunos de los territorios que antaño formaron parte del Imperio Británico, hay que saber, lo primero, que a la cabeza de todos se halla una institución concreta, que es la mencionada Corona británica.
Lo cierto es que el monarca británico es el jefe de Estado de 15 naciones soberanas, que están agrupadas en una mancomunidad conocida como la Commonwealth. A efectos prácticos, este asunto es poco relevante, porque en todas ellas el rey no ejerce sus teóricos poderes, pero, sobre el papel, en la actualidad Carlos III es la máxima autoridad del Reino Unido, y también de otros 14 países, entre los que se incluyen Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Jamaica. En ocasiones, se nos olvida que estos Estados son monarquías, que cuentan con un gobernador, o con una gobernadora, que representa a la Corona británica, pero es así.
Hasta ahí, la cosa no parece ser demasiado complicada. No obstante, el tema empieza a liarse cuando decimos que hay tres islas que son políticamente independientes, pero que no son soberanas, sino que acatan la autoridad del Reino Unido en determinados aspectos. Son la Isla de Man, la Bailía de Jersey y la Bailía de Guernsey. La diferencia entre todos los territorios mencionados que están bajo el paraguas de la Corona británica, es que Australia, Canadá, Bahamas, Papúa Nueva Guinea o Nueva Zelanda no se someten para nada al Reino Unido, mientras que la Isla de Man y las dos bailías sí le han transferido algunas competencias, entre ellas la defensa y las relaciones internacionales, aunque tampoco integren el Reino Unido (formalmente, tienen un estatus especial que las convierte en Dependencias de la Corona).
Para embarullar más el asunto, hay que terminar hablando de los 14 lugares que sí forman parte del territorio soberano del Reino Unido, pero que mantienen variados regímenes de autogobierno, lo cual les confiere una cierta independencia real en numerosos aspectos. Uno de esos 14 territorios es Gibraltar, que ya no está considerado oficialmente como una colonia, sino como un territorio británico de ultramar.
En España, el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación indica de una manera meridianamente clara en su web, que Gibraltar es una colonia, y que eso choca con la Resolución 1514 (XV) de 1960 de la ONU, la cual se subtitula Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales. De igual modo, en la página oficial del presidente del Gobierno y el Consejo de Ministros, que se denomina La Moncloa, se afirma de forma expresa, y en inglés, que "Gibraltar is not an integral part of the United Kingdom. It is a British colony in Spanish Country". Queda patente que no hay medias tintas en el conflicto entre Reino Unido y España por Gibraltar.
Gibraltar español...
Venga. No quiero entrar en polémicas, ni pretendo herir susceptibilidades. Gibraltar es un territorio perteneciente al Reino Unido, y lo va a ser siempre. No importa en qué circunstancias se lo arrebataron a España. Para bien o para mal, el tiempo provoca que los cambios eventuales terminen siendo definitivos, si no se regresa pronto a la situación primitiva. En Gibraltar, hace mucho que se cruzó la línea de no retorno. Allí residen 29.000 personas, que son gibraltareñas y británicas, no españolas. Ya no sería legítimo querer arrancarles las raíces, en virtud de un derecho que se convirtió en papel mojado cuando aún no habían ni nacido. A un llanito de 2026 le da igual lo que sucedió en 1704. Eso hay que entenderlo.
Sin embargo, esa realidad no significa que Gibraltar no acabara en poder de los ingleses por toda la cara. Es un hecho que se pusieron en plan matón, allá por los albores del siglo XVIII, cuando eran más fuertes y la impunidad internacional era mayor que la actual, si cabe, y se salieron con la suya. Aparte, según el Tratado de Utrech, que legalizó la invasión, pasaron a ser una propiedad de la Corona Británica "la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas", por lo que, encima, el Reino Unido se ha apropiado de un buen puñado extra de metros cuadrados en las últimas décadas. Vale que la población ha crecido, pero eso tampoco debería ser excusa para que se hayan convertido en territorios gibraltareños los terrenos que ocupan el istmo, así como para que hayan ganado 100 hectáreas a un pedazo de mar que era de España.
Lo cierto es que estas cuestiones tampoco me quitan el sueño. Gibraltar es territorio británico, hoy por hoy, y no es conveniente tener la piel demasiado fina con temas como dónde se pone una frontera. Yo tenía ganas de volver a Gibraltar, y eso es lo que he hecho. Sin embargo, no hay que echar tierra sobre las cosas. La historia nunca debe ser olvidada.
Una miradita al pasado
Resulta que Carlos II, al que apodaban El Hechizado, murió en 1700 sin descendencia. Cuando falleció, España se quedó como si fuera una especie de trasatlántico sin piloto, es decir, era una golosa posesión, pero no tenía nadie que la gobernase. En vista de eso, las grandes potencias de la época apostaron por poner a un rey en el trono español que fuera afín a ellas, e igualmente aprovecharon el vacío de poder para repartirse territorios de España sin ningún tipo de miramiento.
En principio, el racionamiento de la tarta fue equitativo y todos se quedaron contentos, pero Francia rompió la baraja antes de la conclusión del proceso y se desataron las hostilidades. En efecto, Luis XIV se movió con habilidad para colocar en el trono de España a su nieto, Felipe de Anjou, amparado en que era sobrino nieto de Carlos II, pero esa jugada fue en contra de los intereses de Países Bajos (que no incluían la parte que aún era de España), de Inglaterra y del Sacro Imperio Romano Germánico (que abarcaba lo que hoy son Alemania y Austria, más o menos). Por ello, estos tres países se aliaron y postularon a Carlos de Habsburgo como candidato. Este era primo segundo del último monarca español, por lo que también valía para el puesto.
El caso es que los Estados europeos se enzarzaron en una guerra, que duró 12 años. La razón de la disputa era que habían troceado parte de España y no se ponían de acuerdo en el reparto de los pedazos, dicho de una manera llana. Al final, en teoría la contienda la ganó Francia, que logró que Felipe V permaneciera en el trono, pero lo cierto es que la verdadera vencedora fue Inglaterra, que se apropió de Gibraltar y de Menorca, a la vez que ponía los cimientos del fabuloso imperio que estaba a punto de empezar a crear, gracias a los privilegios comerciales que consiguió en la América española. También Países Bajos y el Sacro Imperio cerraron el capítulo con concesiones territoriales. Es innegable que la nación realmente derrotada fue España, que solo había sido un convidado de piedra, y que no sacó nada positivo del litigio. Más bien al revés.
La clave del tema es que, en el contexto de la Guerra de Sucesión, en 1704 Gibraltar, que era una población tan española como Cuenca o como Aranjuez, fue tomada al asalto por las tropas angloholandesas. En principio, la presencia extranjera en el Peñón se debió a motivos estratégicos ligados a la contienda, pero, en 1713, cuando se firmó el Tratado de Utrech que puso fin a la guerra, Inglaterra decidió que se quedaba la ciudad. Sin más. A Francia, que era la teórica aliada de España, dado que había logrado mantener en el trono a su candidato a rey, como es lógico el asunto le dio igual. Regalar lo que no es tuyo no es algo que sea muy difícil. España, por su parte, con un monarca francés al mando y con una economía desecha, no tuvo capacidad para decir ni mu. De hecho, también perdió para siempre Cerdeña, Sicilia, sus posesiones en la Península Itálica y los territorios de Países Bajos que aún conservaba.
A lo largo del siglo XVIII, España intentó tres veces recuperar Gibraltar. No tuvo éxito, y el tren de volver a reintegrar esos 6'8 km² dentro de nuestras fronteras pasó. Desde entonces, Gibraltar es como un grano en el culo para España. Sin embargo, como he dicho antes, en esa porción de tierra ya no queda más remedio que respetar la voluntad de sus habitantes, y no creo que haya ni un solo llanito que ansíe ser español.
British Gibraltar...
Hace unos meses, leí que España y Reino Unido habían firmado un tratado político, mediante el cual redefinían su relación. El brexit ha tenido mucho que ver en el nuevo giro de tuerca. Es un hecho que los gibraltareños querían continuar formando parte de la UE, ya que, aunque se sienten británicos, en gran medida dependen económicamente de España. Las trabas a la libre circulación de personas y de mercancías no les benefician nada. Por esa razón, con una participación en el referéndum del 83'5%, un 95'9% de los votantes dijeron que sí a seguir en la Unión Europea. El resultado fue aplastante, pero ganaron por un pelo los euroescépticos en el global de la votación del Reino Unido, así que este país va por libre en Europa desde 2020. Desde entonces, España podría estar paladeado su venganza, pero ha optado por no putear a los llanitos y por mirar por los intereses de los 15.000 españoles que atraviesan la frontera cada día para ir a trabajar a Gibraltar. La prueba es que, lejos de aislar a la colonia levantando más la célebre verja, el Gobierno ha firmado un acuerdo, que implica que la misma va a desaparecer del todo. En teoría, eso iba a suceder en enero, pero es evidente que no la han quitado todavía, ni tiene pinta de que vayan a hacerlo pronto.
En efecto, nosotros entramos en Gibraltar con el coche, y tuvimos que pasar una aduana con todas la de la ley. En ella, tras esperar durante un buen rato en una cola, que avanzó de forma lenta, un guardia civil español nos dio el alto, nos pidió la documentación y la revisó con cuidado. Unos metros más adelante, un policía británico hizo lo mismo. Lo cierto es que la verja, ni ha desaparecido, ni da la sensación de que la vayan a quitar dentro de poco, porque el celo con el que se estaban empleando las autoridades fronterizas fue notorio.
De todas maneras, no saben, ni los guardias civiles ni los bobbies, la ilusión que me hizo que nos pidieran y nos chequearan los documentos. Yo aspiraba a vivir la experiencia de atravesar la aduana, porque mi reacción al enterarme de que, en teoría, en unos años se podrá pasar de La Línea de la Concepción a Gibraltar solo cruzando una calle por un semáforo, fue de cierta curiosidad. Me alegro de que se limen asperezas, cuantas menos verjas haya en las fronteras mejor para la humanidad, pero, en el caso de Gibraltar, antes de que se avance y se produzca el cambio, yo deseaba ver con mis ojos ese arcaico vestigio. Por eso, aunque estuve en Gibraltar con 15 años, y en aquella ocasión pasé andando, tenía un recuerdo vago del paso fronterizo, por lo que me apetecía volver para refrescar mi memoria. Ahora que lo he hecho, ya sí, por favor, eliminen esa cicatriz de metal de la faz de la tierra.
Un territorio de contrastes
Gibraltar está dividida en dos partes contiguas, que se diferencian con claridad. Una es urbana y la otra es una reserva natural. El contraste entre ambas es total, con la cosa de que se encuentran tan pegadas, que es posible pasar andando, en cuestión de minutos, de la ciudad a la montaña.
En efecto, gran parte de la superficie del Peñón de Gibraltar se ha mantenido en un estado casi virgen, y está incluida dentro de los límites de la Reserva Natural del Peñón de Gibraltar. Sin embargo, en las estribaciones de ese macizo rocoso ya empieza el casco urbano gibraltareño, que continúa por el resto de la Península de Gibraltar y por el istmo que la une con la Península Ibérica.
El tema es que, cuando se está en la Reserva, la ciudad ni se intuye. De igual modo, al pasear por las calles del casco urbano gibraltareño es fácil olvidar que el 40% del territorio de la colonia se halla conformado por un espacio natural protegido.
En realidad, en Gibraltar se pueden llevar a cabo dos planes antagónicos. En uno, el objetivo es pasear por un paraíso fiscal de unos 40.000 habitantes, que tiene una de las densidades de población más altas del planeta. En sus calles, cuesta no pensar que aquello es como una especie de parque temático del mundo british.
El otro plan, en cambio, implica visitar una zona natural protegida, en la que apenas vive nadie, llena de lugares que son historicos, pero que han quedado eclipsados por el lado un tanto pirata de la colonia.
De la historia ya he hablado, y no pretendo ocultar que ese trozo de tierra entra África y Europa ha sido, desde siempre, un imán para el contrabando y para los negocios opacos, sin que las autoridades locales hayan hecho gran cosa por evitarlo. No obstante, a mí Gibraltar me sorprendió gratamente, por lo que, a partir de aquí, me voy a ceñir en mi relato a lo que yo vi, que fue todo positivo.
La parte urbana de Gibraltar
Como he dicho antes, en Gibraltar el número de habitantes por km² es tan elevado, que ocupa la quinta posición en el ranquin de países y de territorios dependientes ordenados por densidad de población. Sin embargo, ese dato es engañoso, porque la superficie de Gibraltar es muy reducida. De hecho, incluso si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría de los llanitos viven realmente en 4'6 km², hay una veintena de municipios en España que superan en densidad poblacional a la colonia, sin ir más lejos. Eso significa que uno no va a encontrarse allí con una especie de hormiguero. Es verdad que en el casco urbano gibraltareño abundan los edificios altos, que apenas hay espacios verdes y que la planificación urbana brilla por su ausencia, pero sus calles yo las vi tranquilas, y en ellas el ambiente era amable.
Desde el punto de vista administrativo, la ciudad de Gibraltar se divide en siete distritos. Nosotros estuvimos en Westside, en Queensway Quay, en Upper Town y en Town Area.
Westside es el distrito financiero y económico de Gibraltar. Allí es donde se hacen los negocios al más alto nivel. Por eso, aunque aquello no es la City de Londres, ni recuerda a Lower Manhattan, es una zona en la que abundan los edificios modernos con muchos pisos.
En ellos hay oficinas, y también apartamentos, ya que es el sitio donde tienden a vivir los profesionales que no quieren separarse de su lugar de trabajo. Yo, para dormir reservé un alojamiento a través de Airbnb que estaba en Westside, precisamente. La verdad es que no pude elegir mejor, porque acabamos en el piso 21 del edificio de la foto superior. Las vistas desde su terraza quitaban el hipo.
A mí me gusta cada vez menos lo de los alquileres vacacionales. Siempre los he defendido en este blog, y antaño me parecieron una buena alternativa a lo que ofrece el exclusivo lobby hotelero. Ahora, sin embargo, el sistema se ha pervertido. La falta de regulación por parte de las autoridades, así como las ansias especuladoras de los particulares y de los profesionales del sector inmobiliario, están provocando que colapse el mercado de la vivienda en España. Por esa razón, yo estoy siendo cuidadoso con los sitios que reservo para dormir. No quiero contribuir al problema. Pese a esto, en Gibraltar pasé olímpicamente de tener escrúpulos. Dificultarle las opciones de alojamiento a un yuppie que hace sus negocios en un paraíso fiscal, y que no se aleja ni un rato de su fuente de ingresos, no me causa demasiado reparo. Por eso, reservé un apartamento ubicado en pleno Westside. Luego, me encontré conque estaba en la última planta de uno de los tres pequeños rascacielos de un complejo llamado Eurocity. A las niñas les encantó el piso y a mí también.
Más allá de eso, a pie de calle, Westside es un barrio en el que los grandes bloques de pisos se han ido construyendo sin una aparente planificación, en una zona de terreno ganado al mar.
Otra zona de Gibraltar que vimos fue Queensway Quay. La misma no tiene nada que ver con Westside, ya que se trata de un área residencial que está conformada en el entorno de un puerto deportivo. A mí pareció una versión tranquila y menos ostentosa de Puerto Banús.
Queensway Quay, con su atmósfera lujosa y serena, es un magnífico lugar para dar un relajado paseo al atardecer.
Sin embargo, Upper Town y Town Area son los dos distritos de Gibraltar que merecen más la pena, por su originalidad y por su historia. El segundo es el eje comercial, político y cultural de la colonia. En él, brilla con luz propia Main Street.
Main Street está repleta de tiendas de todo tipo, en las cuales puede uno dejarse un riñón, comprando productos de marca libres de impuestos. No obstante, yo anduve por ella el sábado al caer la tarde y el domingo por la mañana, por lo que vi cerrados los comercios. A pesar de eso, había gente por la calle, lo que parece indicar que debe llenarse a tope en horario comercial. En cualquier caso, a mí me gustó mucho.
Otro lugar relevante en Town Area es Casemates Square. Se podría decir que Main Street es la columna vertebral de Gibraltar, y que Casemates Square, que es una plaza que está en el extremo norte de esa gran arteria, es su corazón.
Casemates Square es amplia y está repleta de negocios de restauración de todo tipo, que hacen que sea un lugar muy animado. Por lo visto, allí se celebran eventos culturales, y también es el principal foco de la vida nocturna gibraltareña.
En todo caso, el centro político de Gibraltar no está en Casemates Square, sino en John Macintosh Square.
John Macintosh Square se ubica al final de Irish Town, que es una calle que discurre paralela a Main Street durante muchos metros, pero que es más corta. En esa plaza hay dos importantes edificios oficiales. El de la foto de arriba alberga el Parlamento de Gibraltar. El segundo, llamado City Hall, está justo en el extremo opuesto. En él, vive el mayor de Gibraltar, que podría decirse que es el alcalde, pero que solo tiene funciones protocolarias y ceremoniales. Aparte, hay otros dos edificios públicos destacados en la colonia, que son la residencia del gobernador y la sede del Gobierno gibraltareño. Los dos se encuentran en la parte sur de Main Street, por lo que yo no los vi.
Es curioso, porque en Gibraltar el poder real lo ostenta el ministro principal, pero este no está tan claro donde tiene su domicilio. Como atracciones, solo se publicitan las residencias oficiales del gobernador y del mayor, que apenas pintan nada, políticamente hablando.
Por otro lado, como he dicho antes el 40% del territorio de Gibraltar es un gran espacio verde, pero lo cierto es que en la parte del casco urbano apenas si se ven árboles. De hecho, yo solo vi un parque. Era el Commonwealth Park, que parece ejercer de frontera entre Town Area y Queensway Quay.
Tampoco Commonwealth Park es un prodigio de verdor, pero da para que los niños monten en bici y jueguen a la pelota, por lo que pude ver.
El último distrito de Gibraltar en el que estuve fue Upper Town, que también es conocido como Old Town. Se trata de la zona más antigua de la ciudad, ya que era la que se encontraba dentro de la muralla en el siglo XVIII. Desde entonces, el barrio se ve que ha cambiado un poco.
Nosotros subimos andando hasta la Reserva Natural, y luego bajamos también a pie, por lo que atravesamos Upper Town por dos partes distintas. Para ir para arriba, cruzamos una zona residencial bastante fea, llena de bloques de pisos que se han ido construyendo de manera desordenada.
No obstante, luego descendimos por otras calles que están más al sur, las cuales conservan el trazado y el aspecto aproximado que tenía la zona intramuros de Gibraltar cuando cayó del lado inglés. Esas callejuelas me recordaron a las del barrio portuario de Génova.
Luego, me he enterado de que, tras la conquista inglesa de Gibraltar, el grueso de la población española se marchó, y llegaron a la ciudad una importante cantidad de malteses y de genoveses. Por lo visto, a mediados del siglo XVIII estos últimos eran mayoría entre los civiles que residían en la colonia. Eso me confirma que no me inventé lo del aire ligur que se observa en la arquitectura de la parte más antigua del casco urbano gibraltareño.
La Reserva Natural
Hasta hace unos días, Gibraltar era para mí una larga calle llena de tiendas. Sabía que había monos en la colonia por algún lado, pero no tenía ni idea de que una porción enorme de la Península de Gibraltar es una zona natural protegida. Ahora, por fortuna soy un poquito menos ignorante, y ya conozco la realidad de lo que hay detrás de la verja. Para mí, la existencia de la Reserva Natural del Peñón de Gibraltar fue una grata sorpresa. Además, la misma tiene individualizados once ítems en su interior, que se pueden ver, en teoría, con una entrada conjunta, por lo que todo está muy bien montado.
Y digo "en teoría", porque la verdad es que no todos los ítems están abiertos. Esto, sin embargo, no supone una reducción en el precio de la entrada a la Reserva, que vale la friolera de 34'50 euros por persona. Nosotros los pagamos, claro. No habíamos ido hasta allí para volvernos sin haber visto nada, pero el sistema no me gustó, porque no te permite ahorrar un poco si no dispones de tanto tiempo y no vas a poder visitar el completo, ni les da a ellos la posibilidad de cerrar enclaves sin perjudicar al personal. No obstante, son sus atracciones y son sus reglas. Cada uno es libre de pasar o de no pasar por el aro, y nosotros elegimos rascarnos el bolsillo.
De todas formas, sí es verdad que, aparte de los once lugares específicos, hay otros sitios que se pueden ver, y que añaden un interés extra al espacio protegido.
Una de las cosas que yo quería ver dentro de la Reserva era el Castillo Árabe, por lo que tomamos su torre como referencia y subimos por esa parte de la ciudad, hasta alcanzar el acceso de ese lado de la zona protegida. Por desgracia, la fortificación fue lo primero que nos encontramos cerrado. Antes, sin embargo, como compensación habíamos visto la musulmana Puerta de Granada. Esta es interesante, aunque lo menos llamativo de ella son los restos del medioevo.
El caso es que Gibraltar en época nazarí se extendía por la ladera occidental del peñón y por parte de la llanura de la Península de Gibraltar. La ciudad, en esos tiempos, estaba triplemente fortificada. Su punto más elevado lo ocupaba la alcazaba, que es lo que nosotros no pudimos ver, y que se correspondía con el área de mayor protección de la población. En la foto que pongo a continuación, la torre de la fortaleza es la que se ve al fondo, con una bandera encima.
A los pies de la alcazaba, envuelto por otro recinto fortificado, estaba lo que había sido, en su día, el núcleo inicial de la ciudad. A él se accedía por la citada Puerta de Granada. Sus restos se ven en primer plano en la foto superior.
Lo que pasa es que los ingleses decidieron modernizar el sistema defensivo de Gibraltar en el siglo XVIII, y destruyeron la puerta. Además, durante la Segunda Guerra Mundial, ese enclave aterrazado se usó como puesto antiaéreo, por lo que hay más restos de construcciones del siglo XX que otra cosa. Por eso, ahora es difícil imaginar como era aquello cuando el lienzo de muralla bajaba desde el Castillo Árabe hasta el mar. En la actualidad, en la Puerta de Granada lo mejor son las vistas.
Algo más arriba de ese lugar, localizamos el acceso a la Reserva Natural del Peñón de Gibraltar. A partir de ahí, ya solo podían continuar los que soltaran la pasta.
Como he dicho, el Castillo Árabe nos lo encontramos chapado, pero lo que de verdad yo quería ver era The Tunnels, es decir, los túneles que se excavaron por debajo de La Roca durante la Segunda Guerra Mundial, así que nos dirigimos directamente hacia su entrada, que estaba cerca.
Durante el transcurso de ese gran conflicto bélico, la importancia estratégica que llegó a alcanzar Gibraltar fue tan enorme, que los británicos planearon convertir el Peñón en una fortaleza inexpugnable. Había que hacer lo que fuera necesario para que no cayera en manos enemigas, por lo que se creó una ciudad subterránea, en la que cabían hasta 16.000 soldados. En esa intrincada red de túneles, autosuficiente eléctricamente, se podían almacenar víveres para 16 meses. En la actualidad, como es lógico no se enseñan los 52 kilómetros de pasadizos que se llegaron a construir, pero sí se recorre un buen tramo, que permite que uno se haga una idea de como era aquello.
Al adentrarse en los túneles de la Segunda Guerra Mundial, lo primero que uno se encuentra es un sector de los mismos que se ha musealizado. A mí, muchas de las cosas que pude leer en esa parte inicial me resultaron muy interesantes.
Sin embargo, Victory Walk no solo tuvo fin, sino que el mismo nos deparó una muy grata sorpresa, ya que en el extremo nos topamos con Jock's Balcony, que es un balcón excavado en la roca, el cual se asoma al lado noreste de Gibraltar y a La Línea de la Concepción.
Durante el rato que anduve por Victory Walk pude ver varias cancelas con barrotes, que impedían el paso hacia otras galerías, las cuales se perdían en las profundidades del Peñón. En la exposición, consulté un mapa en el que se representaba como está conformada la laberíntica red de túneles gibraltareños, y la verdad es que semejante obra de ingeniería me pareció impresionante.
Después de salir de The Tunnels nos dirigimos al Ape's Den, que era la otra atracción que no nos queríamos perder. Eso nos hizo recorrer un buena porción de la Reserva por algunos de sus caminos. Por el que anduvimos, realmente era una carretera asfaltada, pero apenas si nos cruzamos con un par de coches, y el entorno era todo natural.
Además, a cada momento fuimos disfrutando de las vistas. La verdad es que, a lo largo del fin de semana, contemplé extraordinarias panorámicas cenitales de Gibraltar desde un montón de lugares.
Por lo que respecta a los monos, la verdad es que Gibraltar es famosa por ellos, casi tanto como por sus tiendas. Los primates en realidad son macacos de Berbería (Macaca sylvanus).
La cosa es que los monos gibraltareños son los únicos primates que viven en libertad en toda Europa. En total, son unos 300, que se reparten en cinco grupos familiares. Una de esas familias es la que habita en Ape's Den
Ape's Den se traduce como guarida de los monos. Sin embargo, en ese lugar no hay cuevas ni refugios. Ape's Den realmente es el nombre que recibe la Prince Ferdinand's Battery y su entorno.
Resulta que los túneles no fueron las únicas infraestructuras bélicas que se construyeron en Gibraltar con motivo de la Segunda Guerra Mundial. En efecto, debido a esa contienda, el Peñón también se llenó de baterías de artillería defensiva. La O'Hara's Battery es, seguramente, la más famosa. De hecho, es la única que se incluye dentro de los once ítems destacados de la Reserva, pero hay otras antiguas unidades de tiro por la montaña. La Prince Ferdinand's Battery es una de ellas, aunque ya no conserva su dotación militar, sino que se ha adaptado un poco, para que sea la casa de una manada de macacos.
Junto a la Prince Ferdinand's Battery nos encontramos, sin esperarlo, con la impresionante Muralla de Carlos V. Se trata de un largo lienzo de pared, que fue construido en tiempos de Carlos V (en Gibraltar, llaman por su apelativo de monarca del Sacro Imperio Romano Germánico al rey español Carlos I). El muro serpentea por la ladera hasta lo alto del Peñón. Junto a él, hay una escalera, que permite subir mucho. En principio, nosotros decidimos echarle valor y ascender los cientos de escalones, ya que arriba está el Skywalk Gibraltar, que es otra de las atracciones de la Reserva.
Sin embargo, no llegamos al final de la escalinata, ya que sufrimos un encontronazo con unos macacos. El incidente se convirtió en la anécdota del viaje. La historia es que, cuando habíamos cubierto la mitad de la subida, vi como bajaban por las escaleras cuatro o cinco con mucha decisión. El ancho de la escalera era bastante estrecho y los animales no parecían tener la intención de detenerse, así que fuimos nosotros los que nos paramos, nos apartamos todo lo que pudimos y nos protegimos un poco, para que pasaran por nuestro lado. A mí, el tema me intimidó un tanto. Está claro que los macacos no son gorilas, pero hay carteles por doquier en los que se avisa de que no se les moleste, porque se pueden poner flamencos. En vista de eso, yo permanecí quieto, con la esperanza de que me ignoraran. En mi caso, lo hicieron, pero detrás mía venía María con una bolsa de papel en la mano. Dentro, llevaba una taza de metal, que habíamos comprado como recuerdo en The Tunnels. La misma, no solo no era comestible, sino que, además, iba en una caja de cartón marrón, que a su vez se encontraba en el interior de la comentada bolsa, que también era marrón. No destacaba en absoluto, pero uno de los primates le echó el ojo al bulto, y, ni corto ni perezoso, se fue para María y se lo quitó de las manos con un pelín de brusquedad. Luego, se sentó muy tranquilo y no paró hasta sacar la taza de la bolsa y de la caja. Por último le pegó un mordisco. Tras el bocado, se convenció de que aquello no se comía y la dejó caer, pero entonces apareció otro mono, que la agarró enseguida, la miró, y optó por quedársela. El primero, por su parte, quiso asegurarse de que María no escondía nada más, se fue a por ella, pese a que se había dado la vuelta e iba para abajo, y se le subió en la chepa, literalmente.
De los tres monicacos de la foto, el del medio es el que cogió la taza, que era amarilla. En la imagen, se ve que la tenía en la mano. Durante un rato, siguió sobre la Muralla, y yo pensé que la iba a acabar soltando, pero no fue así. Más bien, pegó un salto, con ella en la mano, se enganchó a unos árboles, y despareció para siempre con nuestro souvenir. El macaco de la espalda de María, por su parte, vio pronto que esta no llevaba otros paquetes y la dejó en paz. Reconozco que me asusté por un momento, porque dicen que los monos a veces se ponen agresivos, y un mordico de ese animal puede provocar un problema muy serio.
La cosa no fue a más, así que no fuimos de Gibraltar sin taza, pero con una buena anécdota. No todos los días te acosan y te roban, con total impunidad, una manada de monos macarras. Aparte, con la movida habíamos vuelto casi a bajar lo que llevábamos subido de la escalera, y el incidente nos quitó las ganas de subir de nuevo. No pasa nada. Lo cierto es que, de los once ítems de la Reserva solo vimos dos, pero también nos encontramos con regalos como la Muralla de Carlos V, por lo que dejo los nueve restantes para otra ocasión.
La última sorpresa no esperada, con la que nos topamos en la Reserva Natural del Peñón de Gibraltar, fue la Devil's Gap Battery. Se trata de otra batería militar, que es una de las más antiguas de Gibraltar. Esta sí conserva su cañón.
Para regresar a la civilización tras la última parada, cogimos otro camino, que esta vez no estaba asfaltado. Por tanto, en este caso sí se puede decir que hicimos una mini ruta de senderismo, ya que recorrimos el Devil's Gap Footpath.
Devil's Gap Footpath mide apenas 320 metros, pero conduce a las calles más pintorescas de Upper Town.
La primera calle que uno se encuentra, al abandonar Devil's Gap Footpath, es Devil's Gap Road, que está llena de escalones. Los mismos ha sido decorados por los vecinos con una Union Jack que se ha convertido en toda una atracción.
Con nuestra rentrée en la parte urbanizada de Gibraltar dimos por concluida nuestra mañana de turismo, y, prácticamente, nuestro fin de semana en la colonia. El mismo me dejó un gran sabor de boca.
Unas pinceladas de british food
No obstante, antes de terminar este largo post voy a hablar de las comidas que degustamos. Todo el mundo sabe que la gastronomía británica no es demasiado brillante, pero yo tenía muchas ganas de meterme de lleno en ella. Por ello, mi objetivo para cenar el primer día fue encontrar el pub más british posible. Por fortuna, tuve éxito, ya que acabamos en un sitio llamado The Star Bar.
Por lo visto, The Star Bar es el bar más antiguo de Gibraltar. Yo no tengo claro que eso sea verdad, y, en todo caso, el negocio lo han reformado mucho, pero da igual. Allí me encontré con unos cuantos británicos prototípicos bebiendo cerveza, con una gran tele por la que estaban retransmitiendo en directo el Burnley-Tottenham de la Premier League, y con una carta en la que no faltaba el All Day Breakfast, los Fish & Chips y, por supuesto, el Club Sandwich que yo me tomé.
Al día siguiente, ya no teníamos tanta necesidad de almorzar en un pub, pero se nos hizo un poco tarde y tampoco había muchas opciones, por lo que estábamos dispuestos a cualquier cosa. Sin embargo, volvimos a tener suerte, porque acabamos en The Clipper, que resultó ser otro sitio magnífico.
The Clipper era un restaurante un poco más refinado que The Star Bar, pero yo me comí una buena pieza de pollo asado con patatas, lo que demuestra que la oferta culinaria no variaba demasiado. En general, estuvimos allí súper a gusto.
En definitiva, Gibraltar me agradó mucho. Me gustó su ambiente, colmaron mis expectativas las atracciones turísticas que pude conocer, me sorprendió lo que ofrece al margen de los tópicos, me encantaron también los tópicos que vi, por qué no decirlo, y, por último, me resultaron muy simpáticos los gibraltareños con los que me relacioné. Yo, por deferencia y para caer bien, hice por hablarles en inglés, y esa estrategia no me falló. En efecto, por lo general, en cuanto vieron que iba en plan respetuoso, fueron ellos los que saltaron al español para ponérmelo fácil, con más o menos acento británico. Por todo esto, opino que, pese a las rencillas históricas, Gibraltar es un lugar que merece ser explorado a fondo.
Reto Viajero TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO
Visitado REINO UNIDO.
En 1989 (primera visita), de los 44 Países del Mundo que están en Europa, % de visitados: 6'8% (hoy día 43'2%).
En 1989 (primera visita), de los 196 Países del Mundo, % de visitados: 1'5% (hoy día 10'2%).
























































