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27 de agosto de 2025

SANTANDER 2025

No hace mucho le dediqué un post a la Catedral de Burgos, y en él establecí, de manera razonada, que en España tienen dignidad catedralicia 72 catedrales, 15 concatedrales, 7 antiguas catedrales y una basílica. Suman 95 grandes edificios. También dije que ya han salido 12 catedrales en En Ole Väsynyt, además de una concatedral. La pasada semana, durante nuestras vacaciones en Llanes, decidimos ir un día a Santander, que es algo que a veces hacemos cuando estamos allí. En la visita de esta ocasión, entramos en la Catedral de Santander, por lo que pude engrosar un poquito más la lista de seos nombradas en este blog.


En principio, no era mi idea destinar parte de nuestro día en la capital cántabra a conocer la magna iglesia santanderina, pero surgió la posibilidad de visitarla por la tarde, dado que habíamos aparcado cerca, y que ya habíamos acabado la actividad que realmente teníamos planeada para la jornada, que era recorrer la Bahía de Santander en barco. 


Por eso, voy a dedicarle una líneas a la Catedral de Santander, pero no quiero dejar de referirme también a la actividad marítima que llevamos a cabo, así como a alguna otra cosa que hicimos.

Santander y su bahía

En total, el presente es el cuarto post que escribo acerca de Santander en En Ole Väsynyt. Los otros tres datan de 2019, 2022 y 2024, con la cosa de que, en el primero de ellos, ya conté que nos habíamos montado en un barco de la empresa Los Reginas y que habíamos recorrido la Bahía de Santander en él. Además, con anterioridad yo había realizado esa travesía en 1998 y en 2002. Sin embargo, el paseo de una hora es tan maravilloso, que lo puede uno hacer 100 veces y nunca sobra. Por eso, cuando en este 2025 se planteó la posibilidad de repetir la actividad, no puse ningún reparo. Eso sí, como novedad, hay que decir que, en esta ocasión, no cubrimos el trayecto en el Bahía de Santander, sino en la segunda embarcación más moderna de la flota de Los Reginas, que es el Regina 14.



El caso es que el barco de Los Reginas nos llevó, una vez más, bordeando la ciudad hasta Cabo Mayor. Las vistas de Santander que se disfrutan a lo largo de todo el paseo son espectaculares.



El inicio del paseo tuvo lugar, como siempre, en el Puerto de Santander, que es enorme. El mismo se encuentra dividido en un buen número de tramos. La empresa Los Reginas opera en el Muelle de Calderón, que es el trozo de 270 metros que va desde el Palacete del Embarcadero, hasta el edificio del Real Club Marítimo de Santander.


En ese tramo del muelle destaca el Monumento a los Raqueros. Este está compuesto por cuatro estatuas de bronce, que fueron creadas por el escultor José Cobo, y que llevan en ahí desde 1999.


Los raqueros eran los niños que, a finales del siglo XIX y principios del XX, pululaban por la zona portuaria de Santander viendo a ver qué pillaban. Dada su pobreza, lo mismo sisaban a los incautos, que pedían limosna, pero no solo eso. También saltaban a menudo al mar a buscar monedas, o cualquier otra cosa que les tirara la gente y que les pudiera servir de sustento. No sé como empezó esa práctica, pero está claro que se convirtió en una tradición. Probablemente, algún pasajero les lanzó algo desde un barco, que cayó al agua por accidente, y los zagales se zambulleron para cogerlo de todas formas. 


El tema es que, con independencia de cómo se gestara la costumbre, lo que es seguro es que, con el tiempo, el Puerto de Santander se llenó de niños pobres, que correteaban semidesnudos y se lanzaban al mar cuando los pasajeros de los barcos les tiraban cosas. La práctica prosperó, hasta el punto de que se acabó convirtiendo en una cruel atracción turística, la cual, afortunadamente terminó desapareciendo. Sin embargo, el recuerdo de los raqueros ha perdurado, y en 1999 se les homenajeó de manera justa, haciendo que pervivan para siempre en la memoria en el extremo del Muelle de Calderón.

Un tradicional homenaje en Rampalay

Lo de navegar durante un rato era el principal plan para el que fuimos a Santander el otro día, pero comer en Rampalay también se convirtió en un objetivo prioritario, cuando vimos que la travesía la íbamos a tener que hacer por la tarde.

El Mesón Rampalay es un restaurante que fue fundado en 1984. Se encuentra en la Calle Daoiz y Velarde.


Hace años, mis padres, que iban con frecuencia a Santander, se encontraron un día por la zona Centro con necesidad de almorzar, pero sin saber dónde meterse. En vista de eso, ni cortos ni perezosos, vieron que estaba saliendo gente de una iglesia, se fueron derechos a por una señora que parecía ser local, y le preguntaron abiertamente que adonde iría ella a tomar algo por los alrededores, si fuera a comer en ese momento. Ella contestó que iría a Rampalay.


Desde entonces, ir a saborear unos pinchos al Mesón Rampalay se convirtió para mis padres en una tradición, cada vez que se dejaban caer por Santander. Yo, por supuesto, también he ido en muchas ocasiones. El otro día regresamos, y su comida volvió a no defraudarme.

En general, Santander siempre está a la altura. Para mí, es un gustazo pasear por lugares como la Plaza Porticada o por la Plaza de Pombo.


Bonus extra

En la primera parte de mi estancia en Santander de la semana pasada, no evitamos los clásicos, como he venido contando, de manera que a las 6 de la tarde todavía no podía decir que hubiera hecho nada novedoso en la ciudad. Yo, cada vez que voy a un lugar, al margen de disfrutar de lo que me gusta, siempre trato de profundizar un poco más en lo que no conozco. Por eso, en Santander me guardé una carta en la manga, para después del viaje en barco. Fue la visita a la Catedral.

Antes, sin embargo, me encontré con otro bonus extra, porque Julia había visto en sus redes sociales que, en Santander, la Heladería Regma es toda una referencia. Yo eso no lo sabía.


La primera Heladería Regma la abrió Marcelino Castanedo en 1933, en la Calle Hernán Cortés. 92 años después, hay 40 sucursales del negocio repartidas por España. Fuera de la cornisa cantábrica solo hay 3, que están en Madrid, en Burgos y en Pamplona, pero luego se pueden comer helados Regma en otros 37 establecimientos, que se distribuyen por diversas poblaciones del norte de España. La más oriental se encuentra en Santurce y la más occidental en Langreo. En la ciudad de Santander hay 11. Nosotros paramos en la heladería del Paseo de Pereda.


Después, ya sí nos encaminamos a la cercana Plaza de las Atarazanas, que es la que queda a los pies de la Catedral de Santander.



La Catedral de Santander es un edificio complicado donde los haya. Su principal particularidad es que está compuesto por dos iglesias diferentes, que se encuentran una encima de la otra. Además, la superior también tiene un claustro con dependencias anejas, así como un campanario.


En realidad, se podría decir que Santander tiene dos catedrales, pero se prefiere considerar que la Catedral de Santander está formada por un par de iglesias superpuestas. La más antigua es la de abajo, como es lógico. Se llama Iglesia del Cristo, y se construyó para que albergara las reliquias de San Emeterio y de San Celedonio. Antes, en ese lugar había existido un primitivo asentamiento romano, en el que no faltaban unas termas. Al parecer, en la cámara del horno de estas fue donde se escondieron, de inicio, los cráneos de los santos, que eran dos legionarios que habían sido martirizados. Después, durante la Edad Media se erigieron en esa ubicación sucesivas iglesias, hasta que, a principios del siglo XIII, se levantó la Iglesia del Cristo. Recientemente, en su suelo se han dejado algunos restos arqueológicos a la vista, bajo un cristal traslucido.


Como se puede comprobar, la Iglesia del Cristo tiene el techo bastante bajo, porque encima se construyó, a finales del siglo XIII, la otra iglesia, aprovechando el desnivel del terreno. 



Lo del desnivel del terreno significa que una iglesia está encima de la otra, pero ambas dan a la vía pública, aunque sea por sitios distintos. En efecto, a la Iglesia del Cristo se accede por el lado norte del conjunto, tras subir la escalinata que se ve en la primera foto que he puesto en este post. En cambio, al templo catedralicio propiamente dicho, que es la Catedral de la Asunción, se entra por oeste, tras salvar un cierto desnivel por la calle.


En un principio, las dos iglesias tenían la misma planta. Luego, junto a la Catedral de la Asunción se derribaron unas casas, a comienzos del XIV, y eso permitió la construcción del precioso claustro.



Mucho tiempo después, en 1941, un terrible incendio arrasó parte del casco histórico de Santander, incluida la Catedral de la Asunción, que sufrió daños importantes. A raíz de aquello, el templo se reconstruyó, y se aprovechó la coyuntura para ampliarlo, duplicando su capacidad. Así pues, a la Catedral se le añadió el crucero y el gran cimborrio, en la cabecera se erigieron un ábside y una girola, y el conjunto quedó como se ve hoy día. En la imagen aérea que he puesto arriba, todo el sector levantado en el siglo XX es el que está marcado con el número 2.

En el interior de la Catedral de Santander, el elemento más llamativo es la tumba de Marcelino Menéndez Pelayo.


Menéndez Pelayo, además de dar nombre al colegio en el que yo estudié la mayor parte de la EGB, en el pueblo sevillano de Tomares, fue un santanderino ilustre de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Durante un par de décadas, su presencia en la primera línea de la cultura española fue patente, puesto que fue director de la Biblioteca Nacional a lo largo de 14 años, director de la Real Academia de la Historia y académico de la lengua de la Real Academia Española, entre otras cosas. No obstante, lo que era, sobre todo, al margen de los cargos, era escritor. No se dedicó a la ficción, sino a la filología, a la filosofía y a la historia, pero su obra es extensa en esos campos. Aparte, también estuvo metido en política, ya que fue diputado y senador. En definitiva, fue uno de los grandes personajes de su época. 

El caso es que Menéndez Pelayo falleció en 1912 y fue enterrado en el Cementerio de Ciriego, en Santander. Sin embargo, dado que era muy católico, y que tendía al conservadurismo desde el punto de vista ideológico, durante el franquismo su figura fue bastante ensalzada. Por ello, en 1956, al cumplirse el centenario de su nacimiento, se trasladaron sus restos a la Catedral de Santander para darles una cierta preeminencia, y allí es donde siguen.

Bastantes cosas por ver

He garabateado en un papel una serie de lugares de la ciudad de Santander que aún quiero conocer. Lo cierto es que he ido a la capital cántabra un montón de veces, pero no siempre lo he hecho con la intención de profundizar en sus atractivos, por lo que tengo allí unas cuantas cuentas pendientes. Al ir a la Catedral, me he quitado ya una de ellas, pero trataré de volver el verano próximo, para poder tachar algo más del listado de cosas por ver.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SANTANDER.
En 1997 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Cantabria: 33'3% (hoy día 100%).
En 1997 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 12'7% (hoy día 36'8%).


12 de agosto de 2025

BURGOS 2025

Al terminar agosto, habré estado dos veces en la casa que mi madre tiene en el municipio de Llanes. La segunda estancia tendrá lugar durante la segunda quincena del mes, pero la primera ya ha acabado. Ha sido breve, dado que en Asturias he pasado apenas tres noches. Sin embargo, en esos días he tenido tiempo de ir a Mieres y a Covadonga, y también me he podido dejar caer, como no, por el propio pueblo de Llanes. No obstante, de lo que voy a hablar ahora, es de la jornada que echamos en Burgos, cuando regresábamos a Sevilla. Fue de lo más completa.


De todas formas, antes de hablar de la capital burgalesa, adonde llegamos a mediodía, quiero hacer referencia a la entrañable experiencia que vivimos por la mañana en Quintanadueñas. Esta localidad de 1.500 habitantes, se encuentra a tan solo 6 kilómetros de la ciudad de Burgos, por lo que está muy vinculada a ella.


El caso es que en Quintanadueñas nació, en 1828, Fernando Calleja, que fue el padre de Saturnino Calleja. De este último ya he hablado en En Ole Väsynyt, no solo porque fue el abuelo de mi abuela, sino también porque se convirtió en una de las figuras más relevantes de la cultura española de la segunda mitad del siglo XIX, gracias a la editorial que fundó. En realidad, Saturnino no nació en Quintanadueñas, sino en Burgos, adonde su familia se había trasladado, pero no perdió el contacto con el pueblo durante su niñez. 

La Editorial Calleja

En 1868, siendo aún un adolescente, Saturnino Calleja se trasladó a Madrid. No tengo muy claro si lo hizo con su familia o solo, pero sí sé que fue en la capital donde el joven se metió en el mundillo de la impresión, de la encuadernación y de la edición de libros. También es seguro que su padre estaba allí en 1876, porque ese año abrió una librería e imprenta en la Calle de la Paz. En 1879, Saturnino le compró el negocio a su progenitor y lo transformó en una editorial. Con el tiempo, llegó a convertirla en la segunda más importante de España (al poco de su muerte, en 1915, con su hijo ya al frente, la Editorial Calleja incluso alcanzó la cima). 

Sin embargo, el mérito de Saturnino Calleja no fue solo que hizo que una pequeña librería acabase siendo la versión decimonónica de la Editorial Planeta, sino que, a la vez que triunfó como empresario, revolucionó el mundo de la enseñanza en España. En efecto, en 1860 en torno al 75% de la población española era analfabeta, con la cosa de que las escuelas estaban muy poco preparadas. Calleja pertenecía a una minoría ilustrada y regeneracionista, que se había percatado de que el retraso de España partía del ínfimo nivel formativo de sus gentes. Para empezar a solucionar tal carencia, el editor se propuso intentar alfabetizar al mayor número posible de personas. Para ello, pensó que lo primero era acercar la lectura a los niños, convirtiéndola en algo atractivo y asequible. Esa es la razón de que acortara su margen de beneficios, para abaratar las publicaciones y para llegar a más lectores, y de que centrara el grueso de su actividad en poner en circulación libros infantiles bien ilustrados, así como clásicos de la literatura universal en versión adaptada.



Además, también dedicó parte de sus esfuerzos editoriales a renovar el escaso y anticuado material escolar con el que contaban los maestros. En definitiva, innovó en los materiales de los libros, en los contenidos y en los procedimientos didácticos, haciendo tiradas muy amplias, que vendía a un precio muy bajo, llegando así a una cantidad de población muy alta. Gracias a él, en gran medida, leer dejó de ser cosa de ricos. Por otro lado, se implicó en la mejora de la enseñanza pública y se comportó como un decidido impulsor de la modernización de la educación en España, hasta el punto de denunciar la precaria situación de las escuelas primarias, de llevar ese debate a las Cortes, y de enfrentarse a los sectores más conservadores por ello.

Por desgracia, la Editorial Calleja languideció tras la Guerra Civil, y acabó desapareciendo en 1958, pero, la mejor prueba de la relevancia de Saturnino Calleja es que, 110 años después de su muerte, la gente sigue diciendo "tienes más cuento que Calleja". Para mí, es un orgullo ser descendiente, aunque sea lejano, de un personaje así.

El Museo Calleja de Quintanadueñas

El caso es que Saturnino Calleja tuvo cuatro hijos y tres hijas. Una de estas últimas, llamada Pilar, tuvo, a su vez, otras dos hijas. La mayor fue bautizada también como Pilar y era mi abuela. Yo hice muchísima vida con ella en mi niñez, así que don Saturnino tampoco me queda tan lejos. No obstante, lo que han montado en Quintanadueñas para honrar la figura del eminente editor no ha tenido nada que ver con mi rama de la familia.


Porque, en efecto, en mayo de 2022 se inauguró en Quintanadueñas un museo dedicado a la figura de Saturnino Calleja. La idea de montarlo partió de uno de sus nietos, Enrique Fernández de Córdoba (un primo hermano de mi abuela), que había recopilado, a lo largo de los años, mucho material sobre su abuelo y lo quería donar. 


En vista de eso, sondeó la posibilidad de que el museo se montara en Burgos, pero, dado que sus autoridades le dieron largas, Gerardo Bilbao, el alcalde de Alfoz de Quintanadueñas, que es como se llama el municipio al que pertenece Quintanadueñas, estuvo vivo y recogió el guante. A raíz de esto, en el pueblo se construyó un edificio que está genial, destinado a albergar el consistorio médico, la biblioteca y la exposición permanente sobre Saturnino Calleja.



La encargada de seleccionar lo más interesante de la donación de Enrique Fernández de Córdoba, así como de darle un sentido a la exposición, fue María Victoria Sotomayor, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, la cual ya había intervenido en un par de muestras sobre Calleja en León y en Burgos. Por su parte, el diseño expositivo corrió a cargo de Alberto Urdiales, ilustrador y doctor en bellas artes, que también donó fondos qué él tenía, relacionados con el editor.


En la actualidad, una vez que el Museo Calleja ya es una realidad, los que tiran del carro en su día a día son Guillermo Martín, que es el bibliotecario municipal, y la escritora Concha Condado, o Emecé Condado, que es el nombre con el que publica. Esta última es vecina de Quintanadueñas.

Una mañana en el museo

Todo esto que he relatado viene a cuento, porque mi madre, que es bisnieta de Saturnino Calleja, no participó para nada en la puesta en marcha del museo, pero se enteró de su existencia poco después de su inauguración, localizó a Concha Condado y le transmitió su deseo de ir con nosotros a verlo. Lo que pasa es que hemos tardado tres años en encontrar el hueco, porque Burgos no nos queda muy a mano. Por fin, este verano cuadramos planes, y mi madre pudo comunicarle a Concha y a Guillermo que íbamos a ir. Tengo que decir que, el recibimiento que nos dieron ambos me dejó impresionado, ya que nos dedicaron gran parte de la mañana, nos enseñaron el Museo Calleja y la biblioteca, y se comportaron con una amabilidad que me alucinó.


Con respecto al Museo Calleja, el mismo es pequeñito, pero transmite seriedad. No es la típica exposición que inspira ternura, por estar montada con más buena voluntad que medios. En Quintanadueñas han hecho las cosas bien, de forma que el museo se encuentra en un edificio moderno y equipado, en el que se ha dedicado una parte a una muestra iluminada de una manera impecable, en la que no faltan las infografías de calidad y los expositores apropiados.


En las vitrinas, se muestran un montón de cosas vinculadas con la vida de Saturnino Calleja y con la trayectoria de su editorial.


Uno de los rincones más curiosos del museo es el que reproduce el despacho en el que trabajaba Saturnino Calleja. Todo lo que se muestra en esa parte de la exposición es original, y realmente estaba en el lugar donde el prócer llevaba a cabo su actividad profesional.


Otra cosa que me llamó poderosamente la atención, además del dibujo original de Forges dedicado a Enrique Fernández de Córdoba que he puesto arriba, fue un ejemplar del ABC del 9 de abril de 2012. En él, se incluyó un autorretrato de Antonio Mingote, que había muerto 6 días antes, en el que hacía referencia a Calleja y a sus cuentos.


Concha y Guillermo nos explicaron la exposición con todo lujo de detalles, por lo que la experiencia fue muy completa.
 
Tarde en Burgos

Y ya, por fin, después de un largo prólogo que no quería dejar de escribir, hemos llegado a Burgos, que era el objeto real del post.


Burgos es la segunda ciudad más poblada de Castilla y León. Cuenta con unos 175.000 habitantes. Se fundó en el año 884, por lo que nunca fue musulmana. No obstante, su origen sí es medieval, y estuvo relacionado con la llamada Reconquista, ya que la idea de Alfonso III de León fue crear un burgo fortificado a orillas del Río Arlanzón, a unos 85 kilómetros de la frontera con los territorios musulmanes en aquella época, la cual rondaba el Río Duero. Se inició así la repoblación de esa zona, que estaba destinada a convertirse en un nudo comunicativo básico, puesto que pasaba por allí la ruta que unía la Meseta con el Cantábrico, con Francia y con el resto de Europa, además del Camino de Santiago. Por tanto, la relevancia de Burgos durante la Baja Edad Media y el principio de la Edad Moderna no fue poca. Eso ha tenido como consecuencia, que el patrimonio gótico que atesora es de primer nivel. A la cabeza de los edificios medievales destaca la imponente Catedral de Santa María de Burgos, a la que le voy a dedicar un post aparte. Junto a ella, sobresale el Monasterio de Las Huelgas, la Cartuja de Miraflores y un buen puñado de iglesias, al igual que un castillo y los vestigios de la muralla. Por otro lado, todas las calles peatonales en las que se encuentran la mayoría de los citados inmuebles, merecen también mucho la pena. 


Por último, dado que Burgos se construyó a orillas del Río Arlanzón, y que este lleva bastante agua a esa altura, en tiempos más modernos se han podido arreglar sus orillas, que también son dignas de un buen paseo.

Con todo esto, lo que quiero decir es que Burgos no se explora en condiciones en un día. Yo, hasta ahora había estado allí dos veces, pero la primera fue un visto y no visto. La segunda también, pero al menos entré en la Cartuja de Miraflores y en la Catedral de Burgos. En esta ocasión, a la tercera, me he parado con un poco más de calma a tomar conciencia de como es la ciudad, pero lo cierto es que me quedan un montón de cosas por ver.

Paseo por el centro y por la orilla del río

Burgos está dividido en 25 barrios y en 3 polígonos industriales, que se integran en 6 distritos. Nosotros almorzamos en el barrio Huelgas-El Pilar, dormimos en Centro Sur y nos paseamos, principalmente, por Casco Antiguo.

Con respecto al almuerzo, nuestra idea era darnos un homenaje a base de lechazo asado, que es lo que pega en Burgos, por lo que acabamos en el Asador Los Trillos. Yo no soy muy de carnaca, la verdad, y, si lo pienso en frío, lo de zamparme un corderito me da un poco de reparo, pero me gusta meterme en el contexto más que nada, y en el corazón de Castilla lo suyo era comer en un sitio así.


Asador Los Trillos es un restaurante bastante poco refinado, como se puede ver. Está en la zona universitaria burgalesa, que se encuentra al suroeste de la ciudad. Sin embargo, para lo que íbamos buscando nos vino de lujo, ya que nos comimos un cordero lechal que habíamos encargado. Tampoco faltó a la mesa una ración de Morcilla de Burgos.


El restaurante donde comimos no fue muy distinguido, pero cambiamos de tercio para dormir, ya que nos alojamos en el NH Collection Palacio de Burgos, que está situado en el barrio Centro Sur.


Como es evidente, me gustó lo de dormir en un hotel de cuatro estrellas, pero no fue eso lo que convirtió en sobresaliente la experiencia en el Hotel Palacio de Burgos. Lo que me encantó, realmente, es que este está ubicado en el antiguo Convento de la Merced.

El Convento de la Merced se construyó a finales del siglo XV y principios del XVI, coincidiendo con los años de esplendor de Burgos. Luego, como tantos otros edificios desamortizados en 1836, el cenobio vivió unos azarosos siglos XIX y XX, ya que fue usado como hospital militar, como academia para ingenieros del ejército y como colegio jesuita. En 2002, se transformó en hotel, y, desde entonces, vive una plácida existencia. Yo he dormido en bastantes establecimientos de la cadena Paradores de Turismo, por lo que sé lo que es alojarse en un inmueble histórico adaptado, y el Hotel Palacio de Burgos no tiene nada que envidiarle a ninguno. El desayuno en el claustro rehabilitado del antiguo monasterio fue de los más flipantes que recuerdo.


Por otro lado, la iglesia del antiguo convento, llamada Iglesia de la Merced, está anexa al hotel, pero se mantiene independiente y no se ha desacralizado. Por eso, no se puede acceder a ella desde dentro del establecimiento hotelero, que yo sepa. Sin embargo, yo la vi abierta, en un momento dado que pasé por delante de su portada, y pude entrar a conocerla.


Por lo que respecta al resto de Centro Sur, el mismo me pareció el típico barrio de ensanche del centro de una gran ciudad. Eso significa, que lo que hay allí son bloques de pisos con muy buen aspecto, que flanquean a amplias calles con comercios de todo tipo.


En realidad, lo que sobresale de verdad de Burgos está al otro lado del Río Arlanzón, aunque uno de sus puentes más destacados, que es el de Santa María, une precisamente Centro Sur con Casco Antiguo.


El Puente de Santa María no es el más antiguo de los nueve puentes que tiene Burgos, porque el de San Pablo parece que tiene un origen anterior, pero, de todas formas, es históricamente el más importante, ya que da al Arco de Santa María, que es el que daba paso al entorno de la Catedral de Burgos desde el exterior de la muralla.



El Arco de Santa María data del siglo XIV, aunque en ese punto había una puerta desde el XI, por la cual salía y entraba en la ciudad El Cid, según se cuenta en el Cantar del Mío Cid.

No obstante, antes de meterse de lleno en el meollo de Burgos, llaman también la atención la sucesión de paseos arbolados que bordean el Río Arlanzón por el lado del casco histórico. Nosotros anduvimos por el tramo denominado Paseo del Espolón, que va pegado a la línea de casas, así como por el que recibe el nombre de Paseo de Marceliano Santa María, que discurre paralelo al primero, pero más cerca del río.


Una vez que se atraviesa el Arco de Santa María, se ve ya la Catedral, pero realmente adonde se llega primero no es la Plaza de Santa María, que está delante de la icónica portada de la seo, sino a la Plaza del Rey San Fernando, que se encuentra en uno de sus laterales.


Al oeste de la Plaza del Rey San Fernando hay unas escaleras, que son las que conducen a Plaza de Santa María. En el centro de esta, la Fuente de Santa María queda totalmente empequeñecida y eclipsada por la grandeza de la Catedral de Santa María de Burgos.


La tercera plaza importante del centro de Burgos es la Plaza Mayor, que no está muy lejos. En parte, su aspecto es el típico de las plazas mayores castellanas, ya que todo su perímetro se encuentra porticado. Sin embargo, presenta la particularidad de que su planta es irregular, y también de que los edificios que se asoman a ella no tienen fachadas uniformes, como pasa, por ejemplo, en lugares como Salamanca, Almagro o Madrid.



Todas las calles que unen esas plazas, así como las que las rodean, son peatonales, lo que convierte el centro de Burgos en un lugar magnífico para pasear, como dije antes. Nosotros dimos una vuelta de día, y también salimos a cenar por allí. Nuestra primera intención fue hacerlo en un sitio que nos habían recomendado, pero estaba hasta la bola y teníamos hambre, por lo que optamos por improvisar. En la terraza donde nos sentamos, yo estuve muy a gusto.


El bar en cuestión se llamaba Tapería El Soportal. Su carta era larga, y me encantó acabar la jornada burgalesa allí. A mí, la misma se me hizo corta, porque, como he dicho, Burgos tiene categoría para ser objeto de una visita más organizada. Tendré que buscar el hueco para volver...


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado BURGOS.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Burgos: 16'7% (hoy día 33'3%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 11'5% (hoy día 36'8%).