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14 de diciembre de 2024

EL PUERTO DE SANTA MARÍA 2024

Decía en el post anterior, dedicado a Madrid, que María está de exámenes, y que el segundo episodio de nuestro periplo Opositores on Tour iba a tener lugar en Cádiz, apenas un día después de la prueba que había hecho en las dependencias de la Universidad Complutense madrileña, perteneciente al proceso destinado a dotar de personal a un buen número de archivos de titularidad estatal. Yo, que la había acompañado a la capital, también fui con ella a que hiciera este otro ejercicio, con el que se busca cubrir un puesto de archivero en la Diputación de Cádiz. Sin embargo, en esta ocasión no pisé la Tacita de Plata, porque no hallé ningún alojamiento a un precio razonable allí. En cambio, sí apareció una aceptable opción para pernoctar en El Puerto de Santa María, que se encuentra muy bien comunicado con Cádiz mediante tren. 


La mañana del examen, acerqué en coche a María a la estación, y todo salió rodado. No obstante, yo no me moví de El Puerto, por lo que el presente artículo está centrado en este pueblo, y complementa al que ya escribí sobre él en 2021. 

Antes de pasar a comentar qué es lo que vi en El Puerto de Santa María, en las 20 horas en las que estuve allí, es importante decir que, si bien a Madrid fuimos solos María y yo, a esta segunda parte del periplo también nos acompañaron Ana y Julia, así como David, que es un amigo de Ana que, de momento, se ha ganado el derecho a venir de vez en cuando con nosotros. En efecto, tanto María como yo, teníamos ganas de que los tres se unieran a la comitiva, por lo que hicimos una parada técnica en Sevilla y los recogimos, antes de seguir hacia el sur.

Al llegar a El Puerto, lo primero que hicimos fue ir al apartamento que habíamos alquilado, y luego, en seguida, nos fuimos a cenar. María venía de hacer un examen agotador por la mañana, y tenía el otro al día siguiente, así que necesitaba un rato de distensión. Por eso, decidimos darnos una alegría, y acabamos en la Pizzería Napolitana Ditaly.


Ditaly es una franquicia, que tiene locales por toda España. Eso le podría restar atractivo al restaurante de El Puerto, pero lo cierto es que el trato en él fue bastante personalizado, hasta el punto de que nos atendió, en parte, el capo del lugar. Además, la carta me pareció original, la comida era de calidad, y tenía un toque muy particular. El Ditaly portuense a lo mejor comparte la oferta con las demás pizzerías de la cadena, pero tampoco vamos buscando una exclusividad absoluta. A mí, me vale conque lo que me sirvan esté bueno, y la focaccía y la pizza de Ditaly me encantaron.


Más allá de eso, también me gustó el agradable paseo nocturno que nos dimos por el centro de El Puerto. Era domingo, y aunque no era demasiado tarde, lo vimos todo muy tranquilo, pero ya iluminado para las Navidades.


Al día siguiente, volví por esas calles, para verlas con luz natural. Realmente, la mañana tuvo tres fases. En la primera, estuve yo solo, ya que, tras dejar a María en la Estación de Tren de El Puerto de Santa María y correr un rato, me duché y salí sin compañía, a dar una vuelta matutina por la localidad. A la juventud la dejé durmiendo. 

El Puerto de Santa María es un pueblo que se merece una detallada visita, porque tuvo más importancia en la Edad Moderna de lo que parece, dado que su puerto estuvo muy vinculado al comercio con América en esa época. Efectivamente, ya en 1680 se decidió que la flota de Indias empezara a descargar sus mercancías en Cádiz, en vez de en Sevilla, pero fue en 1717 cuando la Casa de la Contratación, y, con ella, el monopolio de las transacciones, se trasladó a la Tacita de Plata. Eso hizo que El Puerto de Santa María, que se encuentra situado justo enfrente, en mitad de la Bahía de Cádiz, y en la desembocadura del Río Guadalete, pasara a jugar un destacado papel, desde el punto de vista mercantilista. Allí, se asentaron multitud de comerciantes, se estableció la Capitanía General del Mar Océano, y se fijó el sitio donde las galeras reales fondeaban en invierno. Por ello, la localidad está repleta de casas-palacio, de conventos, de iglesias, de hospitales y de otros edificios de interés. 

En consecuencia, El Puerto de Santa María no se ve en un rato, porque hay mucho patrimonio inmueble en el que entrar. Sin embargo, el dinero que llegó al pueblo no solo dejó huella en los edificios, sino también en el urbanismo, por lo que es igualmente interesante recorrer las calles del centro con calma, para tomar conciencia, en plan general, de lo que fue El Puerto de Santa María en su época de esplendor. En ese sentido, en la población hay un número importante de llamativas plazas que explorar. La Plaza del Polvorista, por ejemplo, se hallaba cerca de nuestro alojamiento, y, aunque está muy reformada, alberga una notable casa-palacio, así que es una buena muestra de lo que es, hoy día, el meollo portuense. En él, no se han dejado de hacer renovaciones, pero aún se conservan un montón de vestigios del pasado reciente de la localidad.



El Palacio de Juan Vizarrón es la casa-palacio que se encuentra situada en la Plaza del Polvorista, y es un buen ejemplo de cómo son este tipo de construcciones en El Puerto. Lo suyo sería verlas por dentro, dado que los interiores están llenos de ricos elementos característicos, pero los exteriores son igualmente peculiares. En ellos, destacan las portadas de piedra arenisca labrada. También llama la atención el forjado de las ventanas, las rejas y los balcones. Las fachadas suelen ser de piedra encalada, y, en ocasiones, presentan ornamentos, que pretendían hacer ostentación del estatus y de la fortuna de sus propietarios. El Puerto de Santa María es conocida como La Ciudad de los Cien Palacios, y, si bien hoy día ya no quedan tantos, la verdad es que se van viendo construcciones así, en el centro de la localidad, de manera constante. Otro enclave paradigmático es la Plaza de la Herrería. En ella, sobresale la Casa de los Diezmos.


En la Plaza de la Cárcel lo que destaca es la Fuente de la Cárcel. Se construyó en 1839, y tiene forma de pilar. En el edificio que tiene enfrente, se ubicaba la antigua cárcel de la ciudad (no se ve en la siguiente foto, ya que era el inmueble que me quedaba a la espalda cuando la hice).


La Plaza de Cristóbal Colón también es singular. Antaño, se la llamó, tanto Plaza del Carbón, como Plaza de la Aduana Vieja. En aquella época, se caracterizaba por su intensa actividad pesquera y comercial, dado que estaba cerca de los muelles. En ella, destaca la Casa-Palacio de Pablo Vizarrón, que albergó la Real Aduana durante un tiempo. En 1938, la plaza se reformó, y fue entonces cuando se dedicó a Cristóbal Colón. El marino está representado en los azulejos sevillanos que decoran la Fuente de Colón, que, si bien ya no se usa, sí se conserva aún al fondo.


No obstante, la plaza más señera, de las que yo vi, es la Plaza de Alfonso X El Sabio, que se abre en uno de los laterales del Castillo de San Marcos.


El Castillo de San Marcos es tremendo, y denota que El Puerto de Santa María ya destacaba en la Edad Media. Su visita es obligada, y yo no tuve tiempo de entrar, por lo que hablaré de él cuando pueda verlo de manera adecuada.

Además de las plazas, el centro de El Puerto también está lleno de atractivas calles, que unen aquellas y que se merecen un paseo.


Algunas de esas calles comparten las características de las plazas, ya que tienen inmuebles modernos, pero están salpicadas de palacios decimonónicos, y también de históricos edificios en los que, aún hoy, hay bodegas. Otras vías, como la Calle Luna, que es en la que estaba Ditaly, se han peatonalizado, y presentan bastantes casas arregladas, con cuidadas fachadas y con comercios en sus bajos.

Con respecto a las mencionadas bodegas, en El Puerto de Santa María también es menester visitar alguna de las muchas que hay, ya que el turismo del vino es otro de los puntos fuertes de la localidad. Todo se andará.

Otra calle que pude ver en mi rutilla matutina, y que es muy destacada, es la Calle Micaela Aramburu de Mora. Esta importante arteria, que al principio tiene pinta de avenida con palmeras, que se estrecha después, y que acaba cambiando de nombre en su tramo final, va todo el rato paralela al Rio Guadalete, pero la separa del curso del agua una manzana de casas, por lo que no ejerce de paseo fluvial.


Hay tres cosas concretas en El Puerto de Santa María que pude ver bien al pasear, y a las que voy a hacer referencia. La primera es el Mural de la Carta Universal, que está hecho de azulejos


La Carta Universal es el primer mapa cartográfico en el que se representó América. Hace menos de un año, yo vi el original en el Museo Naval de Madrid, tal y como ya conté. Sin embargo, no era consciente de que Juan de la Cosa realizó la carta en El Puerto de Santa María. Eso lo he aprendido ahora.

Otro elemento significativo concreto que vi, mientras paseaba, fue el Arco de la Santísima Trinidad, que se erigió en el Siglo XVIII. Se trata de un arco barroco, que sigue el modelo que se repite en la entrada de las casas dieciochescas de El Puerto. No obstante, esta vez la construcción no da paso a un inmueble, sino que comunica la Plaza de los Jazmines con la Calle de la Santísima Trinidad.


El tercer sitio destacado en el que estuve es el Paseo de la Victoria. El terreno en el que se encuentra, en origen lo ocupaban las huertas del Monasterio de la Victoria, que fueron cedidas para que se trazara este primer paseo público de El Puerto. En la actualidad, el parque conserva huellas de su pasado como bulevar.


Decía antes, que la mañana que pasé en El Puerto de Santa María tuvo tres fases. En la segunda, ya se unieron al plan Ana, Julia y David. Efectivamente, a eso de las 11'00 volví al apartamento y toqué diana. El trío se levantó con cierta diligencia, y, para empezar, nos fuimos a desayunar. Para hacerlo, tiramos en dirección opuesta a la que yo había tomado a primera hora, es decir, nos dirigimos a la parte del casco urbano portuense que queda al suroeste de la Plaza de Toros. Esa zona colinda con el centro de la localidad, pero en ella el panorama cambia bastante.


En efecto, el barrio que queda entre el casco histórico y el Parque Periurbano Dunas de San Antón es puramente residencial, y es más moderno. Nosotros nos paramos a desayunar en el Bar La Jarra, y luego nos dirigimos hasta la Playa de la Puntilla. Para llegar allí, callejeamos un poco, y tuvimos que bordear el mencionado parque periurbano, que, en El Puerto, separa el espacio habitado del litoral costero.

El municipio de El Puerto de Santa María cuenta con otros arenales, además de la Playa de la Puntilla, que tienen un carácter diferente al de esta. La Playa de Valdelagrana, por ejemplo, se llena de jerezanos y de sevillanos, mientras que las playas que quedan al este dan servicio a todos los chalets y urbanizaciones que han proliferado por esa parte del término municipal de El Puerto. Por lo que respecta a la Playa de la Puntilla, la misma la usan los portuenses, porque es la que está más pegada al centro. Desde luego, sus dimensiones son espectaculares. 


Otra cosa es que, por su ubicación, cerca de la entrada de la zona portuaria, nos encontramos la playa algo sucia. Además, la arena estaba como apelmazada y dura. Supongo que le darán una vuelta de cara al verano. En todo caso, nosotros no teníamos la intención de tumbarnos, sino que pretendíamos llegar hasta el final del Espigón de la Puntilla, que separa la playa de la embocadura del Río Guadalete


El espigón mide unos 1.800 metros, por lo que es el más largo de la provincia de Cádiz. Recorrerlo entero parecía una buena idea, pero, en primer lugar, nos topamos conque estaba lleno de basura. Eso, ya de inicio, le restó atractivo. Sin embargo, lo que nos hizo desistir de andar hasta el extremo de la escollera fue la aparición de Susi.



Lo de llamar Susi al enorme bicho que se cruzó en nuestro camino, con toda la tranquilidad del mundo, fue cosa de David. Yo me eché unas risas con la ocurrencia, pero lo cierto es que el animal se apostó en medio del espigón, y se quedó inmóvil. Además, ya habíamos visto otro enorme roedor entre las rocas, por lo que dejó de hacernos gracia lo de ir caminando por ese estrecho camino infestado de ratas, y nos dimos la vuelta a la mitad.

Una vez que acabó la segunda fase de la mañana, comenzó la tercera y última. En ella, Ana, Julia, David y yo cogimos el coche, y fuimos a buscar a María a la Estación de Tren de El Puerto de Santa María. La opositora llegó cansada, pero nos habíamos prometido un buen homenaje, después de un fin de semana muy intenso, y eso, en El Puerto, es sinónimo de ir al Restaurante Romerijo.


El germen del actual Romerijo hay que buscarlo en la empresa de venta de marisco cocido que montó José Antonio Romero en 1946. Durante mucho tiempo, este negocio fue un simple cocedero, que empaquetaba y distribuía su género para llevar, pero uno de los hijos de José Antonio tuvo la idea, en 1975, de inaugurar una cervecería, con una amplia terraza en la que podían despachar el producto para su consumo instantáneo. La versión evolucionada de esa marisquería primigenia sigue en el mismo local, que da a la Calle Ribera del Marisco. Nosotros fue donde almorzamos. Hoy en día, Romerijo tiene seis establecimientos, ubicados en El Puerto de Santa María, en Cádiz y en Sevilla, pero el originario es ese. A mí me recuerda a los veranos de mi adolescencia, porque estuve en él varias veces en esos años, comiendo con mis padres en las mesas que ponen, en época estival, en el Parque Calderón. Sin embargo, nunca había comido a mesa y mantel en el propio restaurante.

Como expliqué en el post anterior, tanto el examen que hizo María en Cádiz, como el de Madrid, fueron simples ensayos para la verdadera prueba importante, que es la que aspiramos a que le de estabilidad de una vez por todas. Esta será en Sevilla, y ya me buscaré la manera de hablar de ella. Cuando tenga lugar, será un placer para mí reflejar el éxito en el artículo que escriba.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado EL PUERTO DE SANTA MARÍA.
En 1993 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Cádiz: 21'4% (hoy día 78'6%).
En 1993 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 9% (hoy día 36'3%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado EL PUERTO DE SANTA MARÍA.
En 1993 (primera visita consciente), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 6'8% (hoy día 59'1%).
En 1993 (primera visita consciente), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 1'1% (hoy día 22'2%).


22 de agosto de 2021

EL PUERTO DE SANTA MARÍA 2021

Parece ser que fue Joselito El Gallo el que dijo eso de que quién no ha visto toros en El Puerto no sabe lo que es un día de toros... Pues bien, entonces yo puedo decir que sí se lo que es un día de toros, porque a pesar de que solo he ido una vez en mi vida a ver una corrida, esta tuvo lugar en El Puerto de Santa María.

Antes de nada, quiero decir que en este principio del post voy a intentar no meterme en berenjenales protaurinos o antitaurinos. Sin embargo, tampoco voy a mentir, y la verdad es que no puedo ocultar que a mí no me gustan los toros. Intento respetar a los aficionados a la llamada fiesta nacional, no abogo por su prohibición, así por decreto, ni soy de darle la paliza a nadie con el tema, pero lo cierto es que me desagrada el espectáculo, para que nos vamos a engañar. Quizás por ello, me alegra que la única lidia que he visto en vivo haya sido en la Real Plaza de Toros de El Puerto de Santa María. Vi en acción a Manuel Díaz El Cordobés, a Finito de Córdoba y a Curro Romero, el 15 de agosto de 1993. Estos diestros son tres grandes figuras, sin duda, por lo que me queda el regusto dulce de haber presenciado algo representativo. Curro Romero, además, tuvo la deferencia de escabechinar a su segundo toro, al que acabó matando por el costado, cuando el animal estaba ya tendido en el albero, más agujereado que un colador, pero vivo. Dicen que el Faraón de Camas era capaz de lo mejor y de lo peor, por lo que creo que tuve la suerte de verlo haciendo historia... aunque fuera en la segunda de sus facetas... En definitiva, solo he ido una vez a una corrida, pero es innegable que elegí bien cuando hacerlo, puesto que vi a uno de los grandes toreros de la historia tocar fondo, y también, de acuerdo con lo que dijo Joselito, disfruté de un verdadero día de toros. Ya he vivido la experiencia a tope, por lo que no tengo por qué volver a un coso a ver otra matanza taurina.

Todo esto viene a cuento, porque el pasado martes entré por segunda vez en la Plaza de Toros de El Puerto. En esta ocasión, sin embargo, no vi una corrida de toros, sino un concierto de Aitana.


Llegado este punto, tengo que explicar qué hacía un heavy de toda la vida viendo en directo a una triunfita. Lo cierto es que uno, antes que escuchador compulsivo de Rock y de Metal, es padre. Mi hija Julia ha resultado ser una fan incondicional de Aitana y pidió por su décimo cumpleaños ir al concierto que la cantante catalana iba a celebrar en Sevilla, en otoño de 2020. Por desgracia, la pandemia se cruzó en el camino de ese plan y el recital acabó cancelado. Este 2021 Aitana ha vuelto a salir de gira y, como le debíamos a Julia un regalo, intentamos sacar entradas para el espectáculo más cercano, que iba a tener lugar en Mairena del Aljarafe. Agua. No quedaban y se encendieron las alarmas. Por fortuna, en El Puerto de Santa María sí había aún sitios disponibles y no perdimos ni un segundo más. Sacamos cuatro tickets para el 17 de agosto y esperamos. Luego, hemos visto que era factible aprovechar el desplazamiento y disfrutar un poco de la playa, por lo que, finalmente, han quedado un par de jornadas muy completas.

Con respecto al concierto, he de decir que, si bien no tenía muy claro qué cantaba Aitana cuando dije que no me iba a perder esa cita tan especial para mi hija, la realidad es que luego hice los deberes y me puse al día con su música, lo suficiente como para hacerme una idea clara de cual es su estilo. Como consecuencia, no tengo más remedio que alabar el gusto de Julia y, ya puestos, puedo decir que mi trabajo, sutil pero constante, para educar su oído musical y el de Ana, marcha por buen camino. La música mainstream va cuesta abajo, la basura que en la actualidad oyen las masas da escalofríos, y el peligro de que entraran en mi casa el reguetón, el trap y ese tipo de pseudo-músicas, era evidente. De acuerdo. Hasta cierto punto mis hijas son permeables a esos estilos, no es mi intención que se conviertan en unas inadaptadas sociales, no es necesario oír de motu propio a Sepultura o a Metallica con diez años. Ni siquiera a The Beatles. No obstante, tampoco hay que irse al otro extremo. Por eso, me alegro de que sean unas niñas de su tiempo y de que estén algo integradas en los gustos de la mayoría, pero también de que, cuando ha llegado la hora de ser fan de alguien, Julia haya focalizado su atención en Aitana y no en Camilo, por poner un ejemplo. No es que tenga nada en contra de este último, de hecho creo que no es de los que cantan cosas aberrantes, pero la verdad es que este señor es a la música, lo que una hamburguesa de McDonalds a la comida. Aitana va bastante más allá. Tras haber escuchado sus discos, ya iba con la idea de que ella le da mil vueltas a los coetáneos suyos que hacen música para pandilleros. En vivo lo pude corroborar. La mujer tiene un vozarrón brutal, demostró tablas e iba acompañada por cinco músicos de categoría. En efecto, me llamaron la atención las guitarras de Guillermo Guerrero y Laura Solla, el bajo de Sergio Fernández y el teclado de Ale Romero, pero, por encima de todo, flipé con la batería de Matt De Vallejo. "¿Quién es ese máquina?", me pregunté. Pues resulta que es el batería de Ankhara desde 2017. Ankhara es un grupo de Heavy Metal, pues sí. Yo conocía a esa banda de su primera etapa, que acabó en 2004. En 2016 se reunieron de nuevo, pero un año después cambiaron de batería y entró en la formación Matt, que aparte de encargarse de las baquetas en Ankhara, también toca con Aitana en su gira. Sin duda, los acompañantes de la catalana demuestran que esta tiene cosas que ofrecer.


Ni que decir tiene que el concierto fue mágico para mí. Fue de esas veces en las que uno alcanza un relax mental difícil de explicar. El año no está siendo sencillo y esas dos horas fueron un bálsamo alucinante. Me encantó el ambiente, el entorno, el buen rollo general, y disfruté, también, viviendo la ilusión de Julia, así como la de Ana, que iba igualmente con muchas ganas. Además, musicalmente el espectáculo fue notable. Para mí fue una noche sensacional.



En cualquier caso, lo de ir a ver a Aitana, aparte de permitirme entrar en el recinto de la Plaza de Toros, también hizo posible que regresara a El Puerto de Santa María. Mí relación con este pueblo es larga y viene de lejos, pero no había pisado su casco urbano desde el 2000. Este verano, de manera similar a lo que ha pasado con Jerez de la Frontera, tras un periodo de varios años sin poner mis pies en la población, no solo he vuelto, sino que lo he hecho por partida doble. La primera vez estuve, en realidad, en Valdelagrana, que es un ente poblacional independiente de El Puerto, aunque pertenezca a su municipio. La segunda visita fue la del concierto y en ella sí estuve, entre otros sitios, en el meollo portuense. Esa ocasión resultó ser una buena oportunidad para refrescar en mi memoria cómo es el coso taurino. 


Sí es verdad que los alrededores de la plaza los recordaba más lustrosos, aunque lo cierto es que yo no conocía la parte donde esta vez dejamos el coche, que es la que está en su lado sur. Nosotros aparcamos en la Calle Villa de Rota y la realidad es que esa zona está un poco desgastada. Sin embargo, luego recorrimos un trecho de la cercana Avenida del Ejercito, buscando un desavío donde comprar bebidas, y pude ver que esta calle tiene muchos comercios y muestra bastante mejor pinta.

Con independencia del concierto, los dos días siguientes también regresamos a El Puerto de Santa María. Como expliqué en el post anterior, con la idea de aprovechar el verano decidimos alargar la estancia en la provincia de Cádiz y, en vez de reservar una sola noche para pernoctar tras el espectáculo, pillamos otra más, con la idea de echar un par de jornadas playeras. Sin embargo, para encontrar un apartamento asequible nos tuvimos que ir a Jerez. Como bien es sabido, esta ciudad no tiene playa y sus habitantes van a las más cercanas, que son las portuenses. Nosotros hicimos lo mismo, tanto el miércoles como el jueves.

El miércoles, de una manera un tanto casual acabamos en la Playa de Santa Catalina. Yo nunca había estado en ella, pero sí conocía Las Redes, la zona residencial que se asoma a ese arenal, debido a que mis tíos tienen allí una casa y son asiduos al Club Las Redes. Tanto, que han celebrado más de un evento en él.


Yo mismo estuve en ese club en la celebración de un bautizo en 2015. Su cafetería-restaurante tiene una alucinante terraza con césped, que se asoma a la Playa de Santa Catalina. El otro día pude ver la balaustrada desde abajo. 


En casa de mis tíos también he estado, como es lógico, e incluso había paseado por Las Redes y por los alrededores del Centro Comercial Las Redes. En esta ocasión estuve en él, ya que después de comer en la playa subimos a tomarnos un café. Paramos en La Talega de la Abuela, un bar-cafetería de escaso atractivo. De la comida de este lugar no puedo hablar, pero el bar resultó ser el típico sitio donde dos segundos después de acabarte la bebida te quitan de delante el vaso y te dejan sentado delante de una mesa vacía. En este caso, ni estaban cerrando, ni había problemas de aforo, porque estábamos casi solos. No se entiende muy bien, por tanto, la razón de ser de esa ansiedad. Por fortuna, tampoco pensábamos echar raíces allí.

Por lo que respecta a la Playa de Santa Catalina, la misma merece la pena. Tiene un paseo marítimo hecho de madera, muy agradable. A pesar de que es una estructura efímera, tiene nombre. Se denomina Paseo Almirante Don Blas de Lezo y Olavarrieta


La playa en sí es bastante larga. Gracias al paseo de madera uno puede alejarse sin dificultad del lugar donde se concentra más gente, y buscar un sitio tranquilo. Nosotros, tras ubicarnos, llegamos a ir hasta el Espigón de Punta Bermeja, caminando ya por el borde del mar. 


El Espigón de Punta Bermeja cierra la Playa de Santa Catalina y la separa de la de Fuentebravía, que es la última del municipio por occidente, y que llega hasta la alambrada de la Base Naval de Rota. Ese extremo occidental de la Playa de Fuentebravía es curioso, porque, a todos los efectos, esta playa es totalmente normal, pero en un momento determinado en la arena hay una valla. Ahí empieza la Base Naval de Rota. Más allá de la alambrada hay otras playas, ya pertenecientes al término municipal roteño, pero no son de libre acceso, dado que están incluidas en terreno militar.

El caso es que El Puerto de Santa María tiene oficialmente ocho playas. La de Fuentebravía la conocía del año 2014, y el miércoles fuimos a la de Santa Catalina, como he contado. El jueves fui yo con las niñas a la Playa de La Puntilla


La Playa de La Puntilla es la que está más cerca del centro de El Puerto de Santa María y yo ya la había visitado también, puesto que en el año 1998 estuve pasando un par de días en el Camping Playa Las Dunas de San Antón, que está contiguo. Entre el núcleo del casco urbano portuense y el mar hay un gran pinar, que es donde está ese camping. Muy cerca está la Playa de La Puntilla, que es muy ancha y llega a asemejarse a un desierto, observada desde algunos puntos.


La Puntilla es célebre, por lo visto, porque en ella pega el viento de lo lindo. Yo no lo sabía, pero lo viví en primera persona. María no estuvo con nosotros ese segundo día, ya que tuvo que volverse a Sevilla a trabajar, ella se libró del viento. En cualquier caso, nosotros tampoco estuvimos mal, de hecho nos comimos unos bocatas en la arena sin mayores problemas. Después, antes de emprender la vuelta a casa, nos internamos un poco en el centro de El Puerto de Santa María.


Yo no quería irme de El Puerto sin dar un pequeño paseo por el entorno del Parque Calderón, que es la parte del centro portuense que se asoma al Río Guadalete, poco antes de que desemboque junto a la Playa de La Puntilla. Siendo un chaval fui a ese parque varias veces, a cenar en el Restaurante Romerijo, que pone sus mesas en él.


Yo en esta ocasión no fui al Parque Calderón a comer marisco, solo quería verlo, pero para ello tenía que convencer a las niñas de que era buena idea parar en el centro de El Puerto tras abandonar la playa, en vez tirar directamente para Sevilla. Lo que hice fue decirles que las invitaba a un helado. Esa excusa fue infalible para que me acompañaran sin rechistar. Además, tuve suerte y pude aparcar con facilidad en la Avenida de Bajamar, cerca del parque. Caminando desde allí llegamos en unos minutos a la Calle Luna. La misma y su continuación atraviesan de manera rectilínea el epicentro del pueblo de extremo a extremo. Nosotros no anduvimos tanto, dado que antes encontramos una cafetería donde yo me tomé un café y las niñas sendos yogures helados. El paseo me sirvió para retomar el contacto con el meollo portuense. En el futuro profundizaré más en él.

Antes de acabar, tengo que hablar de Valdelagrana, un lugar que ya he mencionado y en el que estuve en mi primera visita al municipio de El Puerto de Santa María de este verano. Valdelagrana es uno de los grandes núcleos residenciales playeros de la costa de Cádiz. En esta provincia, lo que suelen abundar junto a la costa son las urbanizaciones de casas, pero Valdelagrana es una población en la que hay muchos pisos.


Se dice que la de Valdelagrana es la playa de Jerez de la Frontera. Teniendo en cuenta que esta ciudad, como ya dije en el último post, es una de las más grandes de Andalucía, ser su playa implica que mucha gente va a ella, por lo que se peta. También la disfrutan bastantes sevillanos.


De todas formas, yo siempre destaco como algo positivo la amplitud. La Costa del Sol, por ejemplo, está bastante masificada, y la sensación generalizada es que todo está amontonado junto a la costa. Valdelagrana también es un lugar urbanizado un poco a lo bestia, pero allí se respetaron más los espacios libres y, en consecuencia, a mí no me resulta un sitio desagradable. El Paseo Marítimo está separado de la playa y entre los enormes bloques de pisos siempre hay buenos trechos sin construir.


Nosotros fuimos a Valdelagrana el día que dejamos a Julia y a mi sobrina en el campamento de verano de Jerez. Ana no estaba con nosotros, así que María y yo nos vimos solos y decidimos acercarnos al mar a echar la tarde y a darnos un homenaje para almorzar. La playa más cercana era la de Valdelagrana y allí acabamos. Para comer, elegimos un chiringuito que ya conocíamos, por haber estado en él en 2014. Es el que está justo en el extremo oriental del Paseo Marítimo. Lo que pasa es que ha cambiado. Nosotros hace siete años comimos en un chiringuito al uso y ahora lo que hay es un negocio de restauración que se llama La Bahía Beach Club.


Por su mismo nombre, se deduce que La Bahía no es un chiringo de los de comer sin camiseta. Realmente, está muy bien puesto, aunque esté a pie de playa. En él se puede entrar en bañador, por supuesto, pero la carta y las hechuras que tiene el negocio son de restaurante. Me gustó.

Justo en el punto donde está el chiringuito y acaba el Paseo Marítimo finaliza, igualmente, la Playa de Valdelagrana y comienza la Levante, la más oriental de El Puerto de Santa María y, también, la más salvaje. A su espalda se extiende el Parque Metropolitano Marisma de los Toruños y Pinar de la Algaida, una zona protegida que queda entre el agua y el tramo bajo del Río San Pedro. En ese extremo del municipio portuense, en un momento dado, se acaban los pisos y lo que hay ya solo es naturaleza, hasta que se llega a la desembocadura del mencionado río. 



Nosotros, tras la comida caminamos bastante por la Playa de Levante, e incluso llegamos a adentrarnos un poco en el parque metropolitano.


La tarde de playa la echamos en medio de la naturaleza. En definitiva, lo que vi es que en El Puerto de Santa María la variedad es enorme. En la Playa de Santa Catalina hay un ambiente mucho más pijo que en la de Valdelagrana, que es famosa por su carácter popular. Aparte, en la Playa de Levante todo es silvestre, mientras que los otros arenales portuenses están mucho más urbanizados, aunque ese proceso de humanización se haya hecho aceptablemente bien, en mi opinión. 

Con respecto a las playas de la provincia de Cádiz y a mi proyecto de visitarlas todas, con las de esta última tirada ya llevo 26, de un total de 101. He sumado a la lista la Playa de Santa Catalina y la Playa de Levante. En La Puntilla había estado con anterioridad. También conozco de otras veces la Playa de Fuentebravía y la propia de Valdelagrana. En total, en El Puerto de Santa María solo me faltan dos por explorar.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado EL PUERTO DE SANTA MARÍA.
En 1993 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Cádiz: 21'4% (hoy día 78'6%).
En 1993 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 9% (hoy día 35'7%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado EL PUERTO DE SANTA MARÍA.
En 1993 (primera visita consciente), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 6'8% (hoy día 56'8%).
En 1993 (primera visita consciente), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 1'1% (hoy día 20'8%).