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13 de marzo de 2025

SEVILLA 2025

Desde que empecé con este blog en mayo de 2016, hasta 2022, escribí una docena de post sobre Sevilla. Sin embargo, hacía casi tres años que no le prestaba atención a la ciudad en la que nací. La había mencionado con motivo de mi participación en varias carreras que discurrieron por sus calles, y también le había dedicado artículos concretos a la Giralda, a la Catedral y a la Plaza de España, pero Sevilla, como población, no había sido la protagonista en En Ole Väsynyt desde junio de 2022. Ahora, en marzo de 2025, ha llegado el momento de volver a apuntar el foco a la capital de Andalucía.


La razón de que haya decidido volver a escribir sobre Sevilla es que, tras un montón de meses en los que hemos podido salir muy poco de la rutina, de repente, en cuatro fines de semana consecutivos se nos han juntado una serie de atractivos planes, sobre los que no puedo dejar de hablar. 


A modo de resumen previo, voy a decir que, en el primer fin de semana, los planes se enmarcaron en lo que serían un par de días divertidos para mí, pero normales, después de todo. El segundo, en cambio, vino nuestra amiga Ruth a vernos desde Madrid, por lo que nos centramos más en hacer verdadero turismo. Así pues, hicimos cosas como ir al Real Alcázar de Sevilla. El tercero, quedamos, por un lado con mi hermana y con mi madre la noche del viernes, y, por otro, con algunos compañeros míos de trabajo el sábado, para hacer una visita en grupo, que se alargó a la comida. Por último, el cuarto finde nos unimos a mi familia política, y no solo cenamos con ellos el viernes, sino que también regresamos el domingo al Alcázar, por segunda vez, para realizar un tour guiado, que fue el colofón perfecto a lo vivido durante el mes.


Como se puede comprobar, es tanto de lo que quiero hablar, que voy a dividir los momentos en categorías. Primero, voy a referirme a los sitios donde hemos comido, luego voy a nombrar otros lugares donde lo que hemos consumido no han sido almuerzos ni cenas, voy a continuar con los planes no turísticos que he hecho, y acabaré con los highlights objetivamente destacados que hemos visitado.

Comer y cenar, todo es empezar

Con respecto a lo de los lugares donde cenar y donde almorzar, no tengo queja de ninguno de ellos. De hecho, volvería a todos, pero voy a plantear la narración poniendo el contrapunto entre lo que más me gustó de cada uno, y lo que menos.
 
De Balcón Real, me quedo con el sitio en el que está, que compensó el caótico servicio. Sin embargo, lo que recordaré con el tiempo, es que eché un rato entrañable con María, con Ana, con Julia y con su amiga Lucía, el primer sábado, después de haber pasado una tarde de cine.


La Chalá, que es donde comimos con Ruth el segundo sábado, se encuentra en la misma placita que Balcón Real, por lo que su velador fue igual de agradable. De este restaurante, lo malo fue que la cerveza que me pusieron estaba un pelín caliente. En el paraíso de la Cruzcampo a -2º, es un crimen que te sirvan una cortaita pasada de temperatura. No obstante, tanto Balcón Real como La Chalá son muy recomendables.

En Manducare, el día después de comer en La Chalá, almorzamos a la hora de los guiris. Dio igual, porque unas papas aliñás tan buenas como las que nos pusieron, entran a cualquier hora. Además, esta vez me sirvieron una Cruzcampo cortada en vaso de sidra a temperatura perfecta. Chapeau. Manducare abrió en 2019 en la Calle San Esteban, en una de las partes del centro de Sevilla que más me gustan, y pone mesas en la Calle Vidrio, que es peatonal. Es un sitio para regresar. 

Un lugar parecido es el Ombú, pero este está en el barrio de Los Remedios. Allí cenamos el viernes del tercer fin de semana, con mi madre, con mi hermana... y con David. Me gustó el talante de los camareros, aunque en el local había un poco más de ruido de la cuenta.

En Caballito de Mar cenamos el cuarto viernes, pero esta vez con mi suegra, con mis cuñadas y con mis sobrinos. Durante muchos años, en el local de la Calle José Laguillo donde está, se ubicaba La Cigala de Oro, que era unos de los restaurantes de comida de batalla más míticos de Sevilla. La Cigala cerró en 2022, no porque fuera mal, ya que siempre estaba lleno, sino porque se jubiló su propietario. El negocio lo cogieron cuatro jóvenes inversores, de esos que tienen pasta para reventar aunque no lo parezca, le modificaron el nombre y le lavaron la cara. Ahora, es una marisquería, que yo creo que no ha cambiado de clientela, pero que tiene un aspecto un poco menos hardcore. Para mí, no tuvo nada negativo.


Por último, el de La Industrial fue mi almuerzo menos estándar, porque estuve allí con un amplio grupo de compañeros de trabajo, con los que había asistido a una visita guiada al CAAC. Aunque no me vi tan relajado como cuando tapeo en familia, lo pasé bien, y La Industrial no me decepcionó, porque, al ser una franquicia que se ubica en el Centro Comercial Torre Sevilla, me temía que iba a ser una trampa para víctimas del consumismo, pero comimos rico. 

Lo cierto es que el Centro Comercial Torre Sevilla, aunque permita perpetrar un plan en el que se combine una comida en el Burger King con una visita al Primark, por ejemplo, también es uno de los centros comerciales más amables que conozco. En primer lugar, no me resulta desagradable, porque está montado como una calle con tiendas al aire libre, pero, aparte, en él se ubica el CaixaForum Sevilla, que es un espacio expositivo interesante.

Desayunos y meriendas sin ColaCao

La mayoría de los sitios en los que tomamos algo, al margen de los almuerzos y de las cenas, los visitamos con Ruth. Dos de ellos estuvieron en la Alameda de Hércules. En el primero, denominado El Viajero Sedentario, desayunamos el día que ella llegó. Se trata de una cafetería de corte moderno, pensada para echar el rato con calma, saboreando productos de calidad. Nosotros, es lo que hicimos, sentados en la terraza que tiene delante.


En cambio, en el otro sitio de la Alameda en el que paramos, llamado Terraza Patio Alameda, estuvimos después de comer. En este caso, se trata de un pintoresco bar, frecuentado por sevillanos, que se ha habilitado en la terraza del Hotel Patio de la Alameda. En ella, se puede tomar café o una copa, disfrutando de las vistas desde lo alto. La pega fue que había bastante jaleo. Lo cierto es que un sábado por la tarde, la experiencia en un lugar así no es precisamente zen, ya que está muy lleno, y, aparte de las parejitas, hay que compartir espacio con grupos de personas que, quieras que no, llevan bebiendo alcohol un buen rato.

Menos tópico, y también menos bullanguero, fue el lugar donde nos tomamos una caña para rematar el primer día con Ruth, ya a última hora de la tarde. 


De la Sala El Cachorro cualquiera podría decir que se ubica en la Calle Procurador, en pleno barrio de Triana, en las antiguas instalaciones de una fábrica de gaseosa, que fueron rehabilitadas y convertidas en un espacio cultural a finales de los años 80 del siglo XX. Yo, además, puedo añadir que el establecimiento está regentado, desde 1996, por una prima hermana de María, por lo que lo he visitado por activa y por pasiva, para multitud de planes, y en todas las circunstancias imaginables. El otro día, al tomarnos una cerveza en su agradable patio interior, sumamos uno nuevo a la lista de buenos ratos pasados allí.

El cuarto lugar en el que estuvimos en estos cuatro fines de semana, integrado en la categoría de negocios de restauración en los que no almorzamos ni cenamos, serviría para finiquitar cronológicamente este post, ya que desayunamos allí el último domingo, después de la segunda visita al Alcázar, que culminó también los planes turísticos de los que voy a hablar en este artículo. El sitio en cuestión se denomina Bar Los Niños, y en él nos tomamos unos cafés y unas tostadas por las buenas, pero la experiencia está a años luz de la que vivimos en El Viajero Sedentario, por lo que sirvió para cerrar un poco el círculo y para devolvernos a la realidad.


El Bar Los Niños es el prototipo de bareto de barrio, en el que el trato es cercano y amable, pero donde los formalismos brillan por su ausencia. En su interior, un puñado de mesas y sillas de derrumbe se reparten, de manera un tanto caótica, por un local con una estructura peculiar, en el que todo, desde el suelo y la barra, hasta algunos de los clientes, presentan un nivel de desgaste considerable.

Diversión cotidiana

Y paso a hablar de tres lugares, que fueron el escenario de otros tantos planes, de esos que son más o menos normales, es decir, que se insertan en la vida diaria de uno, pero que se salen un poco de la rutina, y que se disfrutan a lo grande. Uno de ellos fue el rato de cine del primer fin de semana, que ya he mencionado, y los restantes fueron sendos partidos de fútbol, que se disputaron en dos sitios diferentes. 

Por lo que respecta a lo del cine, la película la vimos en el Centro Comercial y de Ocio Plaza de Armas. De él ya hablé en septiembre de 2019. El edificio en el que está la sala se construyó en 1901, para ejercer de estación de ferrocarril, pero se adaptó para convertirlo en un centro comercial varias décadas después, y como tal se usa desde 1999.


La reforma no fue muy profunda, porque el inmueble es Bien de Interés Cultural. Por eso, es un lugar espectacular. Pese a esto, el multicines siempre parece estar en peligro, pero, de momento, sigue funcionando. 


De hecho, nosotros esta vez vimos la película La Infiltrada, y la sala estuvo llena de gente, por lo que hay esperanzas para el Cine Plaza de Armas.

También vi hasta la bola el Estadio Benito Villamarín


En el estadio del Real Betis Balompié tuve la oportunidad de presenciar en vivo, una vez más, lo que es el fútbol de élite hoy día. Los partidos son espectáculos masivos, en los que todo se hace a lo grande. Al duelo con la Real Sociedad asistimos la friolera de 48.578 personas. Es una locura. 


Además, más allá del ambiente, tuve la suerte de presenciar un recital de mi equipo, por lo que fue una noche redonda.


No obstante, yo no soy socio del Betis masculino. En realidad, desde hace siete temporadas adonde voy regularmente es a ver los partidos del equipo femenino, que se disputan, por lo general, en la Ciudad Deportiva Luis del Sol, que está cerca del Estadio Benito Villamarín.


Lo que se contempla en los partidos de fútbol femenino en España es totalmente diferente a lo que se ve en los masculinos. En el Campo 1 de la Ciudad Deportiva Luis del Sol, que es donde juega el Real Betis Féminas desde hace un par de años, caben 2.100 personas, y nunca se llena ni siquiera a la mitad. Sin embargo, yo me divierto mucho. Todo es más relajado, más íntimo, y es necesaria menos parafernalia para ir a echar un rato de fútbol. Otra cosa es que el Real Betis Féminas no deje de darme disgustos, pero eso ya son temas deportivos que no puedo controlar. En este caso, el choque fue contra el Granada Club de Fútbol, fui con María, y el enfrentamiento acabó 1-3. O cambia una barbaridad el panorama, o esta temporada habrá segundazo del equipo femenino del Betis...

De turista por Sevilla

A continuación, voy a hablar de los planes eminentemente turísticos que hice en Sevilla en estos cuatro fines de semana, que tuvieron lugar en un museo, en un antiguo monasterio, en un mirador y en un palacio.

El museo al que he hecho referencia es el de Bellas Artes de Sevilla. A pesar de su excepcional importancia, en él solo había entrado dos veces. La segunda fue en 2019, por lo que ya lo mencioné en En Ole Väsynyt. Lo que escribí entonces no lo voy a repetir, aunque sí tengo que recalcar que la pinacoteca se ubica en el antiguo Convento de la Merced. Este se construyó en el siglo XIII, si bien su iglesia es del XVII y su portada data del XVIII. El otro día volví a comprobar que el edificio es una maravilla en sí mismo, y que conserva todo su atractivo, pese a que está perfectamente adaptado a su actual función.


El inmueble del antiguo Convento es enorme, y evidencia que la orden a la que perteneció, que fue la de la Merced, tenía bastantes posibles, ya que en él abundan los azulejos y los mármoles, por no hablar de que era más grande aún de lo que vemos hoy, puesto que un sector, que estaba en ruinas tras el paso por Sevilla de las tropas napoleónicas, se derribó en el siglo XIX para construir la actual Plaza del Museo. La parte que se conservó se organiza entorno a un patio y a tres claustros, denominados Claustro Grande, Claustro de los Bojes y Claustro del Aljibe.


Alrededor de los espacios abiertos, y distribuidas en dos plantas, se reparten un total de catorce salas, a las que se suman el vestíbulo y la sala de exposiciones temporales. En esta última nos encontramos una muestra muy interesante, titulada Del Greco a Zuloaga. Obras Maestras del Arte Español del Museo de Bellas Artes de Bilbao. La misma se inauguró el 2 de diciembre de 2024, y estará abierta hasta el próximo domingo. De lo que se exhibe en ella, guardé en la retina La Anunciación de El Greco. Se trata de una de las dos reducciones del inmenso lienzo denominado, como no, La Anunciación, que El Greco pintó entre 1597 y 1600, y que se conserva en el Museo del Prado. Por lo visto, Doménikos Theotokópoulos repetía en un formato menor todos los cuadros que le encargaban, para guardarlos él. De La Anunciación, se conserva una versión en pequeño en el Museo Thyssen-Bornemisza, y también la del Museo de Bellas Artes de Bilbao que yo vi en Sevilla.


Lo siento por los visitantes que haya tenido el Museo de Bellas Artes de Bilbao en los meses pasados, porque lo han debido dejar pelado, dada la cantidad de cuadros de esa pinacoteca que había en Sevilla.

En la exposición permanente del Museo de Bellas Artes de Sevilla, vi igualmente un montón de cuadros sensacionales. No en vano, se dice que esa colección es la segunda más importante de España. Yo, me fijé en lienzos de Murillo (en concreto, en San Pedro en Lágrimas, en San Jerónimo Penitente y en Inmaculada Concepción del Coro o La Niña), de Valdés Leal (en Inmaculada Concepción y en Las Tentaciones de San Jerónimo), de Herrera El Viejo (en Visión de San Basilio), y de Bartolomé Bermejo (en San Juan Bautista). En otro lugar, también estaba expuesta la obra Santa Catalina de Alejandría, de Murillo, que fue adquirida por el museo en 2022. 

De todas las estancias del Museo de Bellas Artes, es la sala V la que llama más la atención, ya que está situada en la antigua iglesia del Convento


La primera vez que yo visité la pinacoteca, allá por 1995, la sala V era diáfana. La segunda, ya la vi compartimentada por una serie de paredes artificiales, pero entonces creí que la división se debía a que había habido allí, hasta hacía poco, una importante exposición sobre Murillo, y que no habían desmantelado las estructuras. El otro día, la antigua iglesia seguía llena de paneles, supongo que para aprovechar más el espacio. Debido a eso, se contemplan a la perfección cuadros como Jesús Crucificado Expirante de Zurbarán, pero la sala ha perdido gran parte de su esplendor.

Hay que mencionar, que el Museo de Bellas Artes de Sevilla también tiene expuestas importantes obras escultóricas. Yo destacaría San Juan Neonato, que es de Juan de Mesa, así como San Jerónimo Penitente, que fue esculpida por Pietro Torrigiano. Esta última, en la instantánea que pongo a continuación a la derecha, aparece al fondo.


En la foto de San Jerónimo Penitente, el cuadro que se ve en primer plano es Retrato de Jorge Manuel, de El Greco.

Es muy llamativo que, en el Museo de Bellas Artes sevillano, San Jerónimo aparece por todos lados. Ya lo he nombrado en cuadros de Murillo, de Valdés Leal, y también se le ve en otros de Pacheco, de Pedro de Campaña o de Zurbarán, además de en San Jerónimo Abandona a su Familia, que es de Juan de Espinal.


Tengo que reconocer que esta pintura me hizo gracia, aunque después me he enterado de que me reí un poco por error, porque yo creí que San Jerónimo era el barbudo de la derecha, que parece que está diciendo "ahí os quedáis", antes de salir por la puerta, lo que concordaría con el título del cuadro, pero luego ha resultado que San Jerónimo es el joven del centro de la imagen, lo que implica que el de la barba blanca no se va ningún sitio, sino que solo quiere retener al santo. Con la interpretación real, la obra gana en seriedad, evidentemente.

Bromas aparte, y antes de dar por finalizada esta breve enumeración de cuadros, no quiero dejar de resaltar que no me olvidé de echarle un vistazo detallado a algunos lienzos de artistas que me sonaban menos, por aquello de ampliar los horizontes de mi conocimiento. Por ejemplo, estuve detenido un rato frente a Adoración de los Reyes, que es una obra del flamenco Cornelis de Vos, y también le eché un detenido ojo a Vista de Sevilla, que fue pintado por Nicolás Jiménez Alpériz


Antes de irme, me hice un selfie delante de Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer, que es el cuadro que Valeriano Domínguez Bécquer pintó de su hermano. La mirada que me lanzó el gran escritor sevillano por ello, me partió por la mitad...


No me voy a enrollar más con este museo, porque todavía quiero hablar de otro trío de sitios muy relevantes, que me van a ocupar un buen espacio. Sí quiero añadir, que me he dado cuenta de que, ya que soy sevillano, y que lo tengo fácil, tengo que hacer una visita detallada al Museo de Bellas Artes de Sevilla. Lo suyo es que sea guiada, aunque también me valdría si sigo el recorrido que he visto que se recomienda en la web. Me lo apunto para el futuro.


El sábado que estuvo Ruth con nosotros, además de ir al Museo de Bellas Artes, también aprovechamos para subir a la Terraza-Mirador Atalaya de la Torre Sevilla. Yo lo tenía pendiente, y ya tenía ganas. 


La Torre Sevilla se inauguró en 2015, después de casi una década de obras. Se trata de un rascacielos de 180 metros, que se ha convertido en el edificio más alto de Andalucía y en el octavo de España.


A la Torre Sevilla, en Sevilla todo el mundo la llama Torre Pelli, porque su arquitecto fue el argentino César Pelli. En mi opinión, el edificio es un auténtico pegote, y fue muy criticado al principio, pero lo cierto es que nos hemos acostumbrado a él. De hecho, en su subsuelo se hizo un aparcamiento enorme, que es gratis durante tres horas, y que se ha convertido en el lugar más cómodo para dejar el coche, cuando se quiere ir a Triana o al centro de la ciudad. Además, al lado se construyó el Centro Comercial Torre Sevilla, que ya he dicho que no está mal. Al final, el roce hace el cariño.

El caso es que la planta 37 de la Torre Sevilla, que es la última, está abierta a todos. Subir a ella vale dinero, claro, pero es un lugar que merece la pena. Lo primero que llama la atención es su ascensor, que tarda apenas unos segundos en subir 180 metros. Luego, una vez arriba, se puede gozar sin límite de las vistas, tomando algo en el bar, o sin consumir.



A mi me chiflan las vistas cenitales de las ciudades, así que disfruté a tope de esta visita, ya que pude contemplar Sevilla y sus alrededores en todas las direcciones.

El penúltimo sitio sevillano del que voy a hablar, en esta ocasión, es el Monasterio de Santa María de las Cuevas, que es un edificio que destaca, sobre todo, por haber tenido más vidas que un gato. En 2019 ya me referí a él, pero es ahora cuando he ahondado en sus encantos.

Por ponerlo en contexto, y aunque voy a reiterar un poco lo que conté hace unos años, no quiero dejar de comentar que el Monasterio se fundó en 1401 por monjes cartujos, en un lugar donde había una ermita, y que vivió varios siglos de una prosperidad tal, que recibió las visitas de reyes como Carlos I y como Felipe II, y de celebrities de la talla de Santa Teresa de Jesús o de Cristóbal Colón. De hecho, este llegó a estar enterrado entre sus muros, desde 1509 hasta 1536. También trabajaron en el cenobio artistas como Zurbarán o como Martínez Montañés. Sin embargo, su estatus no le libró de las implacables tropas napoleónicas, que lo usaron de cuartel, ni de la posterior desamortización de Mendizábal, que provocó la definitiva exclaustración de los monjes, en marzo de 1836. Hasta ese momento, la historia del Monasterio de Santa María de las Cuevas había sido brillante, pero normal. Lo que le ha sucedido al edificio en los últimos 150 años, en cambio, es lo que le confiere un atractivo especial. Para empezar, tras quedarse vacío, fue utilizado como prisión, pero pronto, en 1838, las instalaciones fueron arrendadas por un avispado empresario británico, llamado Charles Pickman, que pertenecía a una familia de comerciantes, la cual regentaba un negocio de loza en Liverpool. La actividad de ese business llevó a Charles a Cádiz, y luego a Sevilla, lugar donde comprendió que, ante la elevada demanda de productos cerámicos ingleses en la ciudad, podía ganar mucho más dinero si fabricaba y vendía in situ el género, que si lo importaba del Reino Unido. En vista de eso, el londinense formó una sociedad y adecuó el antiguo monasterio, que pasó a convertirse en una fábrica de utensilios cerámicos. 

En principio, las obras que Pickman acometió en el edificio fueron las indispensables para instalar la fábrica en él, pero el negocio prosperó, por lo que se acabaron adaptando más espacios, y también nacieron otros nuevos. 


En los albores del siglo XX, la empresa, convertida ya en una sociedad mercantil anónima, y regentada por los descendientes del fundador, alcanzó su cénit. A partir de ahí, comenzó un lento declive, motivado por la compleja coyuntura que caracterizó a Europa durante la centuria, así como por la incapacidad de los sucesivos dueños de la fábrica para adaptarse a la organización empresarial contemporánea. El paso de los años no le hizo ningún bien al edificio, que fue siendo abandonado por partes, hasta que, en 1981, el negocio se trasladó por completo a otras instalaciones, que llevaban años funcionando en Salteras. Hay que decir que, pese a los vaivenes, y aunque lleva varias décadas inmersa en el proceloso mundillo de las altas finanzas, curiosamente la firma sigue viva.

El Monasterio, por su parte, en 1981 fue vaciado, y entró en su quinta etapa, que fue la del abandono. En efecto, a mediados de los años 80 del siglo XX, el enclave estaba en ruinas, y era posible darse una vuelta por sus alrededores y regresar a casa con todos los trozos de cerámica que uno quisiera recoger de entre los matojos. Por fortuna, la decisión de organizar la Expo'92 en los terrenos de la Isla de la Cartuja lo colocaron en el lugar perfecto, en el momento idóneo. De cara a la muestra universal, el Monasterio fue totalmente restaurado, y, como premio a su histórico pasado, se le dio el estatus más importante de la exposición. Gracias a ello, el edificio se convirtió en Pabellón Real, por lo que se utilizó a diario para recibir a los jefes de estado que fueron viniendo a Sevilla. Los visitantes de andar por casa también podían verlo, pero, a pesar de que yo me pateé la Expo hasta la saciedad, ese fue de los pocos pabellones que no vi. Yo tuve que esperar a la séptima etapa, que es la actual, para penetrar los muros del antiguo complejo monástico. Hoy día, el enorme inmueble se usa para múltiples cosas, por lo que su salud es magnífica. 


En primer lugar, es sede del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. Además, está allí ubicado el rectorado de la Universidad Internacional de Andalucía, y, por último, alberga el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, que es lo que yo fui a visitar el otro día. En el croquis, todos los números que aparecen, identifican los diferentes espacios que componen el CAAC

El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo es una institución que se creó en 1990. Se dedica a la investigación, a la conservación y a la difusión del arte contemporáneo. En 1997, el Centro trasladó su sede al Monasterio de Santa María de las Cuevas, momento en el que absorbió los fondos del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla, que desapareció como tal, tras 27 años de existencia. Eso hace que el CAAC tenga un patrimonio de casi 1.000 obras, aunque lo cierto es que las mismas se hallan tan escondidas, que yo creo que no están ni expuestas. Se habla de ellas, e incluso se puede saber cuáles son, pero no hay ninguna información sobre su paradero, ni oficial ni extraoficial. Debí preguntarle a la guía de nuestra visita por su misterioso emplazamiento, pero no lo hice, y me he quedado con la duda de dónde se exponen. Espero poder resolverla en el futuro.

En todo caso, en el CAAC se desarrolla un amplio programa de actividades, que incluyen exposiciones temporales, cursos, talleres, ciclos de cine, conferencias, y, como no, espectáculos de música en directo... y digo "como no", porque la verdad es que yo no había ido mucho al CAAC hasta ahora, pero tres de las veces que lo había hecho, había sido para ir a conciertos. El último tuvo lugar en los Jardines del antiguo cenobio, que están señalados con un 12 en el plano que he puesto arriba. Se enmarcó en el festival Pop CAAC 2024, y tocaron Los Planetas.


El Pop CAAC se organiza desde 2016. Yo he tardado nueve ediciones en ir. Antes, en la misma pradera se celebraron once ediciones de Nocturama, entre 2005 y 2015. En 2016, este ecléctico festival, que ha dicho adiós definitivamente en 2024, después de veinte ediciones, cambió el Monasterio por otros escenarios sevillanos, aunque yo no he llegado a ir a ninguno de sus conciertos. Nunca he sido tan moderno...

... y no es que no me guste salir a veces de mi zona de confort musical, porque el segundo concierto al que asistí en el Monasterio también fue el año pasado, y la artista no fue de un estilo que yo tenga muy trabajado, precisamente.


Jazz en el CAAC se organiza en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo desde hace más de una década, y, a diferencia del Pop CAAC, tiene lugar en el interior del recinto. Al menos, el concierto al que fuimos María y yo se celebró justo delante del Claustrón Este (el 7 en el mapa), a la espalda de la antigua iglesia (marcada con un 5). La música fue Natalia Ruciero, y el aforo se llenó por completo, lo que implica que es una artista de un cierto renombre, aunque yo no la conociera. 

Como he dicho, yo no se nada de Jazz, pero fue un placer pasar una velada veraniega en el Monasterio, escuchando buena música, mientras me tomaba una cerveza y me comía un pincho de tortilla.

Del tercer concierto al que fui en el antiguo monasterio, hablé en un post que escribí en 2019, por lo que ahora solo voy a añadir que, el mismo, se enmarcó en el Soulville Festival, que celebró cinco ediciones, pero que no sobrevivió a la pandemia. Yo estuve en la cuarta, que tuvo lugar en un espacio cuadrangular que no tiene número en el croquis que he puesto, pero que se identifica con claridad, ya que está situado entre el 9, el 10 y las instalaciones de la Universidad Internacional de Andalucía.

Por terminar un poco con la oferta musical del CAAC, que no puedo evitar que sea la que me llama la atención en mayor medida, quiero añadir que en los Jardines del Monasterio de Santa María de las Cuevas también se celebraron 18 ediciones de un festival denominado Territorios, que pasó a la historia en 2015, pero que resurgió de sus cenizas en 2016, convertido en Interestelar. La edición de 2025 de la nueva versión será la novena, por tanto. Jamás fui a Territorios, que era igualmente un festival muy ecléctico, ni he pisado Interestelar. Este año, los cabezas de cartel serán Viva Suecia y Mikel Izal. En mi opinión, estos, y muchos otros de los que van a tocar, se dejan oír, pero prefiero gastarme el dinero en ver a Guns 'n' Roses en Coimbra, más o menos por las mismas fechas. 

Pero volviendo a la visita que hicimos al CAAC, la misma la organizó el Grupo de Sostenibilidad de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Yo ya he asistido a otras excursiones promovidas por ellos, porque no tengo problemas en gastar una pequeña porción de mi tiempo libre con los compañeros de trabajo o con los jefes, y me parece que lo de programar actividades culturales es una iniciativa sensacional. En este caso, lo que hicimos fue recorrer el Monasterio de Santa María de las Cuevas con una guía. A mí, las exposiciones temporales que vimos me interesaron menos, aunque pongo una foto de la antigua iglesia del conjunto, para que se vea como se ha reconvertido el edificio en espacio expositivo.


Personalmente, lo que de verdad me interesaba de la visita era conocer la historia del antiguo monasterio, y lo cierto es que, gracias a la explicación de la guía, recopilé toda la información que ya he comentado arriba, y más.


A lo largo de dos horas, recorrimos las instalaciones del antiguo cenobio, mientras nos explicaban qué era cada cosa, y como había sido la evolución del edificio. No me voy a enrollar más, porque creo que ya ha quedado claro por qué se mezclan en el interior de ese espacio las antiguas dependencias monacales, que se conservan muy bien, junto con elementos que denotan su pasado industrial.


Para acabar, voy a hacer mención a las dos visitas que hicimos, en dos fines de semana diferentes, al Real Alcázar de Sevilla. En 2018, ya hablé largo y tendido en el blog de este edificio, por lo que no me voy a repetir. Ahora, solo voy a relatar cuáles fueron las novedades, con respecto al recorrido de hace siete años.

La primera de las dos visitas fue la más estándar, y la realizamos con Ruth. A pesar de que ella ha venido a Sevilla una treintena de veces en los últimos 25 años, no conocía el Alcázar, lo cual era imperdonable. En vista de eso, el domingo por la mañana, aprovechando que salió un día sensacional, decidimos ir, y recorrimos el edificio de la misma manera en la que lo hacen todos los turistas que vienen a la ciudad. También los sevillanos hemos ido al Alcázar en ese plan, pero lo cierto es que yo, siendo adulto, solo había entrado en el palacio en dos ocasiones, y la segunda fue la de 2018, por lo que no me venía mal dar un paseo por sus maravillosas estancias, así como por un pequeño sector de sus impresionantes jardines, para actualizar mis recuerdos.


Hay que decir que los jardines del Alcázar son enormes, aunque, en realidad, se encuentran divididos en diferentes zonas. Las más visitadas estás dibujadas en verde oscuro en el siguiente mapa, mientras que las que van en verde claro, y en parte no se ven en el croquis, se suelen recorrer menos. 


Este sensacional mapa lo he cogido de la Wikipedia, y está creado por un usuario llamado Anual, a quien no conozco, pero al que le agradezco su gran trabajo. 

Como decía, los jardines del Alcázar son muy extensos, y están compartimentados en varias partes. Estas se subdividen en hasta 25 espacios concretos, cada uno de los cuales tiene un nombre. Yo, por el sector verde claro, y por el que queda más allá, solo había paseado una vez, que es diferente a las dos visitas al Alcázar que mencioné antes que había hecho como adulto. El otro día, cuando fui con Ruth, me interné un poco por esa zona del parque, pero fue un momento y no me detuve apenas, por lo que no voy a hablar ahora de cómo se reparten los elementos en él.

No obstante, sí recorrí mejor la parte coloreada en verde oscuro. En ella, se encuentra el Estanque de Mercurio, que está señalado con un 7 en el mapa que he puesto arriba, con la cosa de que, precisamente desde un lateral de esa antigua alberca de origen musulmán, se puede acceder a la Galería de los Grutescos, que es un peculiar pasillo de 160 metros de largo, el cual bordea por dentro lo que fue, en su día, un lienzo de la muralla almohade que protegía el Alcázar.


La muralla fue construida en el siglo XII, y la transformó Vermondo Resta entre 1613 y 1621, creando una galería que permitía ver, desde lo alto, la parte de los jardines del Alcázar que habían estado, en origen, al abrigo del cercado.


En la segunda visita, en teoría íbamos a recorrer por encima esa galería, que está recién restaurada, además de los tejados del Palacio Gótico. Eso nos iba a permitir ver el Alcázar desde otra perspectiva. La iniciativa de que los sevillanos podamos disfrutar de ese privilegio, acompañados por un guía, en pequeños grupos organizados, y entrando en el edificio una hora antes de que se abran las puertas al público en general, me parece digna de elogio. Nosotros nos apuntamos los cuatro, y a la vez lo hicieron mi cuñada y mis sobrinas. Luego, resultó que la mañana salió lluviosa.


La lluvia en principio fue un fastidio. Para empezar, lo de estar a las 9 de la mañana de un domingo tormentoso, en la puerta del Alcázar que da a los jardines, puso a prueba nuestra motivación. Luego, al llegar a ella nos topamos con un papel, que nos decía que el acceso trasero se encontraba cerrado por el mal tiempo, y que teníamos que dar toda la vuelta, para entrar en el recinto por la Puerta del León, que es la normal. Nadie nos había dicho que la visita se fuera a suspender por la climatología, pero esa circunstancia nos escamó. Sin embargo, al final, nos benefició que la mañana estuviera metida en agua, porque, a los pocos valientes que no nos habíamos echado atrás por las inclemencias meteorológicas, nos informaron de que el tour programado se tenía que cambiar de día, porque no se podía andar por los tejados con esa llovizna, pero que, en contrapartida, se nos iba a obsequiar con un recorrido por el Alcázar, realizado antes de que este se abriera al resto de la gente. Eso fue un privilegio.



Las fotos que acabo de poner son del Patio del Yeso, que se inserta en el Palacio del Yeso. El patio normalmente se tiene que observar desde la puerta. No obstante, a nosotros nos acompañó una guía llamada Irene, que no tuvo problemas en quitar la cinta que impedía el paso, y en dejarnos entrar a los 16 que estábamos con ella. Ese patio, que se encuentra en la zona marcada con un 2 en el plano de arriba, es el único musulmán de todo el Alcázar.

Otro sitio un poco peculiar que vimos con Irene, fue la Casa del Asistente, que en el mapa que he puesto está sin número y en blanco, debajo de la parte marcada con un 4. 


La Casa del Asistente se encuentra abierta, pero es menos llamativa. Por eso se suele dejar de lado en las visitas estándar que uno hace al Alcázar. A nosotros, Irene nos contó que esa porción del edificio se adaptó, para que fuera la residencia de Pablo de Olavide, que fue nombrado asistente de Sevilla en 1767, es decir, que fue una especie de alcalde de la ciudad. La remodelación realizada dio lugar a varios patios, que se convirtieron en epicentro de la vida cultural propiciada por Olavide, que era un ilustrado.

Tras ver parte de la Casa del Asistente, y escuchar allí un buen número de interesantes explicaciones, regresamos a las zonas más vistosas y conocidas del Alcázar, que seguían estando cerradas a los demás turistas. Gracias a eso, pudimos explorar el Palacio del Rey Don Pedro sin cruzarnos con nadie (está marcado con un 5 en el mapa). Pocos días antes, habíamos recorrido el mismo lugar como visitantes normales, en medio de una multitud de gente, y la diferencia fue abismal.


En el Palacio del Rey Don Pedro, nos detuvimos especialmente en el Patio de las Doncellas, que está fotografiado justo aquí arriba, así como en la Alcoba Real y en el Salón de Embajadores.


El Alcázar es impresionante, mires adonde mires, pero el hecho de que pudiéramos verlo de la mano de una persona entendida, que nos fue poniendo el edificio en contexto, realzó enormemente la experiencia. Yo, en el plazo de un par de semanas, recorrí las diferentes salas y patios con y sin la compañía de un guía, y aprecié más que nunca la diferencia que hay entre los dos tipos de visita.

Por poner un simple ejemplo de lo que supone ir acompañado de un cicerone, en el Patio de las Muñecas nos paramos delante de una mancha que había en el suelo, en la que yo no habría reparado jamás sin ayuda. 


Cuenta la leyenda, que el churrete que se distingue en el piso lo creó la sangre de Fadrique Alfonso, que fue asesinado por su medio hermano, el rey de Castilla Pedro I. Las crónicas, realmente hablan de que el padre de Pedro, Alfonso XI, tuvo diez hijos con su amante, Leonor de Guzmán, los cuales le disputaron el trono al heredero legítimo, que era Pedro. Este, que fue apodado el Justiciero por sus seguidores, y el Cruel por los partidarios de sus medio hermanos, lo cierto es que mandó matar a tres de estos, y al final fue asesinado por otro de ellos, que subió al trono con el nombre de Enrique II. Fadrique fue el primero en ser liquidado por Pedro, y, aunque la leyenda del Alcázar cuenta que la muerte se debió a un asunto de faldas, y hasta se disculpa a Pedro I diciendo que el deceso fue producto de un accidente, lo más probable es que el asesinato tuviera una motivación política. Tampoco creo que la mancha sea de la sangre de Fadrique, pero la historia mola.

Después de ver bien el Palacio del Rey Don Pedro, accedimos al Palacio Gótico (el 6 en el mapa), y allí finiquitamos la visita. Al poco, abrieron las puertas, y el Alcázar se empezó a llenar, pero, para ese entonces, nosotros ya estábamos terminando. 

Nos dijo Irene que las cubiertas las vamos a poder ver otro día que queramos, por lo que no hemos perdido la oportunidad, y, en cambio, hemos ganado una visita privada al Alcázar de Sevilla. Fue una gozada. La misma fue el colofón perfecto a los cuatro fines de semana sevillanos que he narrado en este largo post. En ellos vimos muchos lugares, a los cuales puede que vuelva, porque para eso soy local, pero que quedaron bien explorados, en todo caso.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Sevilla: 14'2% (hoy día 100%).
En 1977, % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 0'2% (hoy día 36'5%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado SEVILLA.
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 10% (hoy día, completada ya esta visita, 50%).
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'1% (hoy día, completada ya esta visita, 4'7%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 0'9% (hoy día 67'6%).
En 1977, % de Municipios de Andalucía ya visitados: 0'1% (hoy día 22'4%).


12 de junio de 2022

SEVILLA 2022

El 30 de junio de 2021 escribí el undécimo post dedicado a Sevilla en este blog. Desde entonces, le había dedicado un artículo al barrio de Triana, pero a la ciudad hispalense llevaba meses sin echarle cuenta. Ahora, con motivo de la semana más movidita que he vivido en mucho tiempo, voy a retomar la costumbre de hablar de los enclaves sevillanos que voy conociendo, o que voy visitando. En estos años he mencionado un montón de lugares, pero todavía no he acabado, ni remotamente, de peinar la capital. No obstante, después de los últimos días, ya puedo agrandar la lista de sitios de Sevilla a los que he aludido en En Ole Väsynyt.

El caso es que, entre el sábado 4 y el miércoles 8 de junio, he presenciado en mi ciudad dos grandes conciertos de música, he hecho un par de visitas turísticas, he ido a mi último lugar de trabajo, en el que estoy desde noviembre, y también al de los fines de semana. En general, lo he pasado de miedo.

Yo trabajo en la biblioteca de la Universidad de Sevilla. Hasta noviembre, mi puesto concreto se encontraba en la Biblioteca de Humanidades, pero ahora estoy en la Biblioteca Rector Antonio Machado y Núñez, que es la que ejerce de sede central. Además, algunos fines de semana también hago servicios extraordinarios en el CRAI Antonio de Ulloa, que alberga las bibliotecas de farmacia, física, química y biología. En total, tengo que echar allí siete domingos al año. Este 2022 ya llevo cinco, incluido el pasado día 5 de junio. 


En realidad, el CRAI Antonio de Ulloa no es un sitio que la gente vaya a ver por su belleza. Sin embargo, a mí me parece interesante, porque es una perfecta muestra de hacia donde se están moviendo las bibliotecas universitarias. En la actualidad, la función de estas, como lugar para guardar y servir libros, está unida a otros cometidos, relacionados con la información, con el estudio y con las nuevas tecnologías. No en vano, el acrónimo CRAI significa Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación. Pese a todo esto, lo cierto es que, un domingo de junio, los estudiantes a lo que van a esas instalaciones es a empollar para los exámenes, por las buenas. En cualquier caso, para un friki de las bibliotecas como yo, es una suerte conocer bien un edificio así. Se inauguró en 2013, y, antes de hacer servicios extraordinarios en él, trabajé allí, a diario, durante diez meses, en 2020. Fue mi primer destino como bibliotecario de la Universidad de Sevilla

Aparte, el CRAI Antonio de Ulloa está en el Campus Reina Mercedes, que es uno de los cuatro en los que se divide la Universidad.


En total, las instalaciones de la Universidad de Sevilla están repartidas en catorce ubicaciones distintas, aunque solo cuatro son denominadas campus. Las demás sedes están aisladas entre sí. Son facultades, escuelas, instalaciones deportivas y edificios destinados a tareas específicas, necesarios para que la institución funcione. 


De los cuatro campus, los dos más grandes, que son el Campus Ramón y Cajal y el Campus Reina Mercedes, tienen siete facultades o escuelas cada uno, pero este último cuenta, además, con cuatro edificios más. Uno de ellos es el CRAI Antonio de Ulloa.


El Campus Reina Mercedes se denomina así, porque da a la Avenida Reina Mercedes, que es una de las calles más bipolares de Sevilla. Lo digo, porque la misma es un auténtico hervidero durante el curso escolar, pero cae en una especie de letargo infinito cuando se baja el telón universitario, cada año. Por uno de sus lados está el campus, desde el principio hasta casi el final de la vía, pero por el otro tiene altos edificios, que no consiguen evitar que la calle sea un muermo en época de vacaciones.


Yo no hice la carrera en el Campus Reina Mercedes, pero todos los cursos fui varias veces a la semana al Instituto de Idiomas, que está en él. También iba allí a estudiar con frecuencia, pero lo que me liga a esa zona, desde niño, es que mis padres fueron ambos profesores de la Universidad, y ejercieron en facultades que están en ese campus. Mi padre enseñó e investigó, durante más de cuatro décadas, en la Facultad de Física, y mi madre hizo lo propio, inicialmente en ese mismo centro, y después, tras un parón, en la Facultad de Informática. Él estuvo más tiempo de profe, y ella algo menos, pero, en cualquier caso, yo he estado yendo al Campus de Reina Mercedes desde que tengo uso de razón. Además, desde 2003 hasta 2006, fui becario en el Servicio de Informática, que tiene sus instalaciones allí, y desde 2007 a 2009, primero, y desde 2011 hasta 2018, en otra etapa, trabajé como autónomo en dicho servicio, ejerciendo de documentalista. En 2018 finalizó mi relación con el Servicio de Informática. Los últimos años en él no fueron buenos, desde el punto de vista laboral, y mis padres ya estaban jubilados, por lo que pensé que mi andanzas por Reina Mercedes habían acabado para siempre, pero parece que hay unos lazos invisibles que me unen a ese lugar, porque el 2 de enero de 2020 me llamaron, por fin, de la bolsa de técnicos de biblioteca de la Universidad de Sevilla. El examen de oposición lo hice en 2010, pero tardé una década en poder meter cabeza como personal de pleno derecho de la institución. Mi primer destino fue el CRAI Antonio de Ulloa.

Con respecto al edificio de la Biblioteca Antonio Machado, el mismo es el tercero en el que trabajo en la Universidad (el segundo fue el de la Biblioteca de Humanidades, del que ya hablé). Se inauguró en 2017 y es muy moderno. Es sede de los servicios centrales de la biblioteca universitaria, a los que yo estoy adscrito ahora, y también alberga el archivo histórico y el fondo antiguo.


La Universidad de Sevilla tiene 17 centros bibliotecarios y este ejerce de corazón del sistema. Por otro lado, su ubicación es digna de mención, ya que da al Parque de María Luisa por uno de sus extremos. De hecho, yo tengo a mis espaldas, cada día, un gran ventanal, que se asoma directamente a la zona ajardinada sevillana más famosa.


Es evidente que conozco bien el edificio en el que trabajo. No obstante, precisamente este lunes realicé una visita guiada al mismo y vi cosas novedosas. En efecto, durante una hora me paseé por la biblioteca como si fuera un ocioso turista. Evidentemente, mi jefa, que tiene su despacho enfrente de mi mesa, estaba al tanto. Además, lo del tour no fue tan raro. La Biblioteca Rector Antonio Machado y Núñez los organiza periódicamente, dado que custodia fondos de gran valor y tiene unas instalaciones muy destacadas. Esta semana, con motivo del día internacional de los archivos, se montó una exposición y se programaron una serie visitas a ella, así como a zonas del inmueble. Yo, como he dicho, ya he recorrido gran parte de las instalaciones de este, pero no había visto sus principales fondos archivísticos. Por ello, me pareció el momento perfecto para acabar de profundizar en una de las principales edificaciones bibliotecarias y archivísticas de la ciudad de Sevilla. En consecuencia, pedí permiso, María José no tuvo problema en concedérmelo, y, gracias a eso, pude escuchar lo que mi compañera Almudena nos contó, a mí y a los que asistimos a la primera sesión.


Como he comentado antes, una buena parte de la Biblioteca Rector Antonio Machado y Núñez ya la conozco. El edificio está compuesto de una planta baja, donde está la sala de estudio y una de las grandes zonas de trabajo, así como de dos plantas más. En la primera está, a un lado, otra gran estancia con muchas mesas, adonde se asoman los despachos de los jefes de sección. Esa es la mía. En el lado opuesto, se encuentra Villa Moqueta, es decir, el pasillo con los despachos de los capos de la biblioteca universitaria. Más arriba, en la segunda planta, es donde está el archivo, el depósito de libros, el taller de digitalización y el espacio habilitado para la consulta de fondos. Además, en el vestíbulo se hallan las vitrinas preparadas para albergar las exposiciones.


Almudena fue la encargada de seleccionar los diez documentos del archivo que consideró más interesantes para la exposición. Me encantó lo que vi, porque todo era original. No había copias, ni tampoco facsímiles. Eran las piezas verdaderas, que es lo que le da valor a este tipo de muestras. No obstante, de lo expuesto me llamaron la atención tres documentos de gran importancia. El primero fue la Bula Fundacional de la Universidad de Sevilla. La promulgó el Papa Julio II el 12 de julio de 1505, nada menos. A través de ella, autorizó la creación del Colegio de Santa María de Jesús, que fue el embrión de la actual institución universitaria.


Los otros originales que me resultaron llamativos eran más modernos, pero, me impactaron en mayor medida. El primero era una especie de cuadernillo mecanografiado, en el que la autoridades franquistas, tras el golpe de estado de 1936, fueron anotando de que palo iba cada trabajador de la Universidad de Sevilla. Me parece muy fuerte, porque se hizo una minuciosa labor de depuración de los empleados de la institución, no solo de los profesores, sino también del personal administrativo y de servicios. Sevilla cayó del lado de los sublevados, pocos días después de que el golpe de estado tuviera lugar. De hecho, la capital andaluza se convirtió en una de las bases principales franquistas en los compases iniciales de la Guerra Civil. Por tanto, hasta el final de esta, las autoridades del bando nacional tuvieron tiempo de limpiar Sevilla de personas no afines. En la Universidad se redactaron las 141 hojas que vimos expuestas, en el que se hizo un análisis personalizado de la ideología de todos sus trabajadores, y se tomaron medidas contra los que fueron tachados de izquierdosos. Lo que impacta es que la relación se redactó con una inquina, que parece propia de un niño mimado de ocho años, pero tuvo consecuencias nefastas para gente que no hacía más que trabajar en la Universidad, como yo hago.


El otro documento que me pareció especialmente relevante también estaba relacionado con la represión franquista, acaecida tras el golpe de estado. Era el expediente personal de María del Rosario Montoya Santamaría, que fue la primera mujer docente de la Universidad de Sevilla. Por desgracia, solo pudo ejercer unos meses, porque fue represaliada en 1936 por el régimen y cesada en su cargo por ser "simpatizante con las izquierdas". 


Rosario Montoya no consiguió volver a las aulas universitarias, a pesar de que solicitó su rehabilitación varias veces. En una de sus reclamaciones, presentó testimonios exonerantes de compañeros, de su párroco y hasta de un alcalde, pero solo pudo retomar la docencia como profesora de instituto. Durante décadas, no hubo más mujeres impartiendo lecciones en la Universidad de Sevilla. Parece que mi madre, que empezó a dar clase en 1975, fue una pionera. 

Además de los documentos comentados, también vi otros interesantes, como los primigenios reglamentos de la Universidad, los primeros libros de matrículas, así como algunos expedientes de limpieza de sangre. Hasta 1835, para obtener un grado los alumnos tenían que demostrar que eran hijos legítimos, que no tenían antepasados judíos ni musulmanes, y que no habían tenido problemas de conducta.

Almudena nos explicó, de manera muy amena, todo lo relativo a lo expuesto, y luego nos condujo al Taller de Restauración, que era uno de los pocos lugares que yo no conocía del edificio. Esa sala se encuentra en la segunda planta y siempre está cerrada a cal y canto, por motivos de seguridad. Por lo visto, las máquinas de restauración de documentos que pudimos ver están a la altura de las de la Biblioteca Nacional. La pena es que parece que la biblioteca de la Universidad no anda tan sobrada de personal, como para usarlas con regularidad, pero lo cierto es que están disponibles para cuando se necesitan.

En conclusión, quitando sitios puntuales, por suerte me puedo mover con soltura por el edificio de la Biblioteca Rector Antonio Machado y Núñez. Soy un friki de las bibliotecas, ya lo he dicho arriba y en otros artículos, por lo que es un privilegio para mí trabajar en un lugar así.


Dejando a un lado ya los edificios donde trabajo en la actualidad, voy a hablar a continuación de los lugares que he visitado a lo largo de estos cinco días, y que han estado ligados a actividades más lúdicas. En efecto, los principales planes de la semana pasada, que realmente han sido los que me motivaron a escribir este post, han sido dos conciertos de música a los que he asistido en sendos grandes escenarios sevillanos. 

En julio 2021 fui a El Puerto de Santa María, a un concierto de Aitana. Con anterioridad, en noviembre de 2016, hice lo propio con Paul Simon, al que vi en Madrid. De ambas jornadas ya hablé en este blog. Soy muy aficionado a la música, pero lo cierto es que en los últimos cinco años y pico el tema de ir a conciertos ha estado un poco venido a menos, sobre todo a los de rock y a los de metal, que son mis favoritos. Paul Simon está dentro del círculo, y Aitana, aunque se sale de él, me sorprendió gratamente, pero a mí, lo que de verdad me chifla, es la música leñera. No obstante, todavía no había encontrado el momento de hablar de conciertos hard as a rock en algún post. Por suerte, en los últimos días he podido resarcirme un poco, gracias a los espectáculos de Red Hot Chili Peppers y de Guns N' Roses.



Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en este caso no tengo más remedio que echar a pelear a los dos conciertos. Ambos estuvieron cortados por un patrón similar. Al de Red Hot Chili Peppers asistieron 56.000 personas y se celebró en el Estadio de la Cartuja. Al de Gun's N' Roses fueron 49.000 almas y tuvo lugar en el Estadio Benito Villamarín. Las dos bandas californianas no tocan el mismo estilo de música, pero coinciden en el hecho de haber llevado a las masas el heavy, hablando en el sentido más general del término. Red Hot Chili Peppers empezaron su carrera haciendo Funk Metal, y, tras hacer algunas probaturas, han acabado convertidos en un grupo mainstream, gracias a su habilidad para fusionar el Funk Rock con el Rock Alternativo. Guns N' Roses, por su parte, arrasó en su día con su salvaje Sleaze Metal, y no han variado mucho, aunque también se han prodigado con las baladas y con las versiones jevis de canciones de otros estilos, circunstancia que les ha permitido llegar a más público. Por lo que respecta a mis gustos, no puedo negar que Red Hot Chili Peppers me gusta, y escucho con frecuencia sus discos, pero, para mí, Guns N' Roses está en un nivel superior. Mis apreciaciones sobre los conciertos de la semana pasada, por tanto, seguramente estarán influidas por eso, aunque creo que es vox populi que el de Guns N' Roses fue netamente superior. Axl Rose, Slash, Duff McKagan, Dizzy Reed, Frank FerrerRichard Fortus y Melissa Reese dieron un espectáculo memorable. Descargaron 25 temas, pródigos en solos de guitarra y en guiños al público, entre los que no faltaron Paradise City, You Could Be Mine o Rocket Queen, que es una de mis canciones favoritas. También tocaron varios covers. Entre todos ellos, destacaron Back in Black y I Wanna Be Your Dog. Este último lo cantó Duff McKagan. En resumen, derrocharon energía de una manera apabullante, durante casi 3 horas, aprovechando que el sonido fue bueno. Fue de estas veces en las que uno podría llegar a creer que los artistas están dando la última actuación de su existencia y, por tanto, están echando ya el resto sin guardarse nada. Los cracks de Guns N´ Roses nos hicieron sentir como si el concierto de Sevilla fuera el más importante de sus vidas. Cuando te dejas un pastizal para ir a un evento así, eso es lo que esperas ver.


Los integrantes de Red Hot Chili Peppers, por su parte, dieron un concierto muy correcto y profesional. Flea, Anthony Kiedis, Chad Smith y John Frusciante tienen tablas, talento demostrado y repertorio de sobra. Sin embargo, su show estuvo lejos de transmitir las mismas sensaciones que el de Guns N' Roses. Para empezar, el Estadio de la Cartuja es un recinto menos apropiado para conciertos, que el Benito Villamarín, aunque no lo parezca a priori.


Sin embargo, lo peor fue que en La Cartuja el escenario lo tuvimos muy lejos. Las entradas no las comparamos de reventa, pero sí de rebote, a la amiga de una amiga, por lo que los sitios no los elegí yo. Al llegar a nuestro asiento, me di cuenta de que estábamos en el quinto pino. A los músicos los vimos como si fueran los personajes de Cariño, He Encogido a los Niños. Además, las proyecciones que pusieron en las pantallas gigantes fueron pródigas en elementos psicodélicos, estuvieron bien, pero a los del grupo los vimos poco, y, en la mayoría de las ocasiones, cuando aparecieron en las imágenes, lo hicieron tuneados por colores y por efectos visuales. Eso no ayudó.

Por otro lado, el sonido no estuvo bien calibrado. En efecto, la voz de Anthony Kiedis sonaba en demasía por debajo del sonido del bajo y de la batería. Ese hecho se notó menos en canciones como Give It Away, que pertenecen al pasado funkmetalero del grupo. En ellas, hay menos melodía y Kiedis rapea con más vehemencia, por lo que su papel se hizo más notorio. No obstante, la mayor parte del setlist se compuso de canciones de la vertiente rockalternativa de la banda, en la cual la melodía es importante. Pese a esto, se distinguía poco. Algunas de ellas se convirtieron en una sucesión de líneas de bajo y de ritmos de batería, que sonaron espectaculares, pero que hicieron que la voz y la guitarra se quedaran sumergidas y perdieran relevancia. En los temas melódicos más conocidos, la colaboración del público mitigó un poco las carencias, pero en los que tocaron del nuevo álbum, que fueron cinco, y en otros menos conocidos de su discografía, el sonido fue manifiestamente mejorable, de una manera mucho más evidente. Además, Red Hot Chili Peppers tocó solo 17 canciones, en 90 minutos. Lo justo. Sus integrantes se mostraron enérgicos y están en buena forma. En general, dejaron sensaciones positivas, pero no apuraron el pastel. Faltó pasión. Lo de Guns N´ Roses fue totalmente diferente, como he comentado. Ellos se fueron exhaustos, y dejaron a la gente totalmente saciada.


En todo caso, para nosotros las dos experiencias fueron sobresalientes. Al concierto de Red Hot Chili Peppers llegamos a buena hora, de manera que María y yo pudimos tomarnos tranquilos el bocata y la cerveza, rodeados del típico ambiente hedonista que se estila en los eventos relacionados con el rock. Una vez concluida nuestra previa, accedimos al estadio con pasmosa facilidad, a tiempo de oír seis canciones de Beck, entre ellas la mítica Loser. Escuchar ese tema en directo fue un regalo inesperado para mí. Desde luego, el telonero fue de postín.


Después, ya con Red Hot Chili Peppers en escena, me quedé impresionado con la cantidad de gente que asistió al concierto.


A ver a Red Hot Chili Peppers fuimos tranquilos, pero, en cambio, llegar puntuales al concierto de Gun N' Roses nos costó más. No en vano, era martes, no sábado. Tanto María como yo habíamos trabajado por la mañana, y la jornada fue apretadita. Nos movilizamos a tiempo, y no fuimos con estrés, pero llegamos al Benito Villamarín muy justitos. El acceso al campo del Betis, además, fue menos fluido. Mis entradas estaban compradas desde 2019, el espectáculo se había atrasado dos veces debido a la pandemia, y pocas horas antes de su inicio había recibido un correo avisando que había que descargar una nueva versión de los tickets, contradiciendo así lo que habían venido diciendo durante meses. Yo no pude conseguirlos, por lo que me fui con los antiguos, con un poco de incertidumbre. Entre esa circunstancia, y la bulla que me encontré en los accesos, viví momentos de inquietud. Luego, me di cuenta de que nosotros podíamos entrar por una de las puertas en las que había menos gente. Lo cierto es que en su día hice la puta locura de gastarme 107'5 euros en cada entrada, en parte por precipitarme (me creí que ya no quedaban de las baratas, cosa que no era cierta, y me entró el pánico, por lo que me lie la manta a la cabeza y compré dos de las caras). Gracias a ello, nos libramos de la masificación. Visto lo visto, di por bien gastados los más de 200 pavos, porque pudimos acceder al estadio con comodidad. Por otro lado, la entrada que llevaba fue válida. Todo cuadró. Después, eso sí, tuvimos que ver el concierto sentados. No es algo que me guste mucho, prefiero ir a pista, pero sí es verdad que acabé bastante menos machacado que si hubiera estado tres horas de pie.


En definitiva, fueron dos experiencias míticas en dos de los grandes estadios que hay en Sevilla. En el de La Cartuja ya había estado en varios conciertos. En concreto, allí vi a U2, a Bruce Springsteen, a Mark Knopfler, a AC/DC y a Iron Maiden. Desde las gradas, también presencié, una vez, un partido de fútbol, y, por supuesto, asistí a todas y cada una de las jornadas del Campeonato del Mundo de Atletismo que se celebró en 1999, que es el evento para el que se construyó. En el Estadio de la Cartuja el atletismo se ve muy bien, lo demás no tanto.

Diferente es lo del Estadio Benito Villamarín. En él he disfrutado de dos centenares de partidos de fútbol, desde todas las ubicaciones posibles. El último fue el Real Betis-FC Barcelona de Liga del pasado 7 de mayo.


En cambio, nunca había visto un concierto allí. El 30 de junio de 1992, Guns N' Roses, Faith No More y Soundgarden tocaron en el estadio. ¡Vaya trío! Siempre me he arrepentido de no haber ido a ese evento, en el que tocaron tres bandas que están entre mis favoritas. Sin embargo, por aquel entonces yo tenía tan solo 14 años, y meterme en ese berenjenal me dio miedo. En cualquier caso, creo que no me hubieran dejado ir, pero lo cierto es que ni lo intenté. Ya nunca podré ver en directo a Soundgarden, al menos con Chris Cornell al frente. Faith No More sí siguen por ahí. Lo mismo aún tengo la oportunidad de disfrutarlos en vivo. Con respecto a Guns N' Roses, se volvió a demostrar que hay trenes que pasan dos veces. El espectáculo que vi el otro día compensó con creces lo que me perdí en 1992. No puedo pedir más.

Para acabar, voy a rematar el post con los planes con los que puse el colofón a los cinco días narrados. Siempre que escribo sobre Sevilla me gusta hacer algo que me convierta en turista, en el sentido más estricto de la palabra. Mi ciudad está llena de visitantes foráneos y es un destino para miles de personas, que llenan las calles del centro. A mí, me encanta unirme a veces a ellos, y lo hago, sobre todo, cuando me propongo escribir sobre la antigua Hispalis en En Ole Väsynyt.

El caso es que, en esta ocasión, sumé dos sitios emblemáticos a la lista de lugares turísticos de los que he hablado en este blog: son el Parque de María Luisa y el Antiquarium.

El Parque de María Luisa es el gran espacio arbolado sevillano. Fue el primer parque urbano de la ciudad y se inauguró en 1914. En origen, sus 34 hectáreas pertenecían al Palacio de San Telmo, que está en el entorno de la Antigua Real Fábrica de Tabacos y del Hotel Alfonso XIII. En 1848, dicho palacio fue adquirido por los duques de Montpensier, que eran María Luisa Fernanda de Borbón, hermana de la reina española Isabel II, y su marido Antonio de Orleans, el décimo hijo del rey Luis Felipe I de Francia. La pareja fijó en él su residencia. En 1893, María Luisa cedió a la ciudad los jardines palaciegos, en los que no se acometieron grandes reformas hasta 1911. Ese año, dado que los terrenos iban a formar parte de una gran exposición que se iba a celebrar en Sevilla en 1929, se decidió adecuarlos. El paisajista Jean-Claude Nicolas Forestier fue el encargado de remodelar el espacio, y lo transformó en un parque público, añadiendo más rincones monumentales y también más zonas de esparcimiento. Por último, se sumaron al recinto la Plaza de España y la Plaza de América. Hasta 1973, cuando se abrió el Parque de los Príncipes, el de María Luisa fue gran el pulmón de Sevilla.

En la actualidad, el Parque de María Luisa es uno de los espacios en los que se mezclan, en mayor grado, los turistas con los sevillanos. Para nosotros, los autóctonos, es normal ir allí a pasear con los niños los días de fiesta, por ejemplo. No es el típico parque boscoso, como pueda serlo el Parque del Alamillo, sino que es muy monumental, y está lleno de elementos que hacen que sea atractivo, tanto para los adultos, como para los pequeños. La Glorieta de las Palomas, por ejemplo, es un sitio muy socorrido, al que todos hemos ido alguna vez con nuestros padres, y al que también hemos llevado a nuestros hijos.


Aparte, el Parque de María Luisa tiene un gran estanque con patos, bastantes plazoletas y caminitos, una misteriosa montaña rocosa artificial, buenas explanadas con hierba y grandes árboles. Hay pocos niños sevillanos que no hayan ido a echar alguna mañana de domingo con sus padres a esos jardines. A mí, además, dado que viví muy cerca hasta los seis años, también me llevaron, junto a mi hermana, en muchas otras ocasiones. Luego, en 1983, nos mudamos a Tomares y me alejé, pero al regresar a Sevilla a vivir, en 1996, nos trasladamos al barrio de Los Remedios. El mismo está en el lado opuesto del rio, pero el parque me quedaba muy a mano para ir a correr. En él hay un circuito perfectamente medido de 2 kilómetros, que alterna la tierra y el asfalto, al que le he dado, en mi vida, cientos de vueltas. De hecho, ese trazado, o parte de él, ha sido escenario de numerosas carreras en las que yo he participado. Para mí, el recinto es un clásico, y ahora, además, lo veo cada día desde el ventanal de la sala donde trabajo.

Todo lo comentado, sin embargo, es lo que percibimos del Parque de María Luisa los sevillanos, pero el mismo también es un referente para los turistas, como he dicho. El miércoles, aprovechando que me quedé en Sevilla después del trabajo, decidí comerme un bocadillo en el parque y explorarlo con detenimiento, para refrescar mi memoria y poder hablar de él. Vi sitios que conocía, y otros en los que nunca había estado.

Yo dividiría el parque en seis espacios distintos. El más septentrional de ellos es el que incluye la Plaza de América, que es el ovalo que se ve a la derecha, en el siguiente mapa. 


La segunda zona sería la que está incluida en el espacio rectangular que queda en el centro del parque. La tercera estaría conformada por los dos laterales de ese rectángulo central, que quedan arriba y abajo en el plano. La cuarta sería la del triángulo que está a la izquierda del mapa, pasada la Avenida Rodríguez de Caso, que es la que une la Glorieta de los Marineros con la Plaza de España. La quinta sería, precisamente, la Plaza de España, mientras que el sexto y último sector sería el que está fuera del perímetro vallado del parque, pero que tiene su propio cercado y no está accesible, normalmente. Esta última parte yo no la conozco, y es la que queda a la derecha de la Plaza de España, Este monumento, por otro lado, está integrado en el recinto ajardinado, pero tiene una entidad de tal calibre, que le dedicaré un post independiente en el futuro. 

Con respecto a las zonas que sí conozco, quizás la menos llamativa es la que he mencionado en tercer lugar. La misma está salpicada de glorietas y es la que atrae la atención en menor medida, porque sus elementos ornamentales están semi ocultos entre la vegetación. No obstante, creo que ese es su mayor encanto. Merece la pena detenerse en las trece glorietas. Cada una está dedicada a alguna persona concreta, o a dos, en el caso de la Glorieta de los Hermanos Machado. En esta, precisamente, es donde el otro día me comí el bocadillo.


Los hermanos Machado eran, por supuesto, Manuel y Antonio Machado. No necesitan más presentación. En el caso de Manuel, no puedo dejar de destacar que uno de los documentos que vi en la exposición de la Biblioteca Rector Antonio Machado y Núñez era su expediente académico.


El mayor de los Machado era todo un empollón. Hay que aclarar, por otro lado, que el Antonio Machado que da nombre a la biblioteca de la Universidad de Sevilla no era el poeta homónimo, sino su abuelo, y el de Manuel, lógicamente.

Volviendo al Parque de María Luisa, la parte más expuesta del mismo es la de la Plaza de América. A ella dan los principales edificios del parque, que son el Pabellón Real, el Pabellón Mudéjar y el Pabellón de Bellas Artes. Los tres son obra del arquitecto Aníbal González, artífice también de la Plaza de España. En medio de todos ellos, hay un óvalo ajardinado y perfectamente estructurado.


De los tres edificios comentados, el primero contenía dependencias municipales hasta 2019 (yo estuve allí hace años), y ahora está en proceso de ser convertido en un centro de interpretación dedicado a Aníbal González. Por ello, muy probablemente en el futuro será objeto de otra visita por mi parte. El Pabellón Mudéjar, por otro lado, es sede del Museo de Artes y Costumbres Populares, en el que nunca he entrado. Con respecto al Pabellón de Bellas Artes, el mismo alberga el Museo Arqueológico de Sevilla. En 2019 lo critiqué en este blog, por todas las deficiencias que tenía. Unos meses después lo cerraron para reformarlo (no creo que fuera por lo que yo dije...), por lo que también iré a verlo, de nuevo, cuando lo reabran. A la espalda del Museo Arqueológico hay una pista de patinaje. A ella da el ventanal frente al que está mi mesa de trabajo. Está oculto, detrás del cúmulo de vegetación que se amontona tras la palmera que se ve en la siguiente foto.


En cualquier caso, la Plaza de América es una de las partes más transitadas del Parque de María Luisa. En ella está la Glorieta de las Palomas. No creo que haya sevillano o sevillana que no se haya visto alguna vez acosado por esas palomas, o por sus antepasadas. Es casi una tradición infantil la de comprar comida y darles de comer, sintiendo sus pequeños picotazos en las palmas de las manos. De hecho, es muy habitual que los niños llamen Parque de las Palomas a todo el Parque de María Luisa, pese a que estas solo están en ese lugar.

A la Plaza de América también dan los tres negocios de restauración que hay en el parque. Uno de ellos es el Kiosco Abilio, que está a la espalda del Pabellón Real, pegado a la valla del recinto por el lado de la Avenida de la Borbolla. Los otros dos, en cambio, están en el extremo opuesto de la Plaza de América, de manera que dan por fuera a la Avenida de la Palmera. Son la Terraza Alfonso y el Bilindo. El Abilio es un kiosco con aspecto de chiringuito, en el que se está muy a gusto comiendo, si hace buen tiempo. El Alfonso y el Bilindo, por su parte, son dos bares de copas. Lo que pasa es que el Bilindo abre igualmente por las mañanas, para dar desayunos. Yo no suelo ir, pero el miércoles sí desayuné allí, con mi jefa y con un compañero. Es un sitio agradable, pero tengo entendido que clavan a los turistas. No obstante, creo que les da cierto pudor hacerlo con el personal de la Universidad. No en vano, somos los únicos autóctonos que paramos en sus mesas, de vez en cuando, para desayunar, por lo que nos hacen un precio especial.


Como digo, no suelo ir al Bilindo. Desayunar en su terraza, frente a la Plaza de América, es muy agradable, pero yo seguiré siendo fiel al lugar adonde voy normalmente, que se llama Taberna La Auténtica. Está en la Calle Felipe II, al otro lado del parque.


En la Taberna La Auténtica, además de poner un tomate triturado muy rico, solo cobran 1'80 por el café y la media tostada, y como punto a favor extra, cuando acumulas nueve desayunos, te premian con el décimo gratis.

Para acabar con el Parque de María Luisa, tengo que decir que las dos partes de las que aún no he hablado son la central y la triangular que está en el extremo opuesto a la Plaza de América. En esta última destaca el Estanque de los Lotos y sus alrededores, así como la Glorieta de Gustavo Adolfo Bécquer, que esta vez estaba cerrada. Sin embargo, para mí, la zona más chula del Parque de María Luisa es la que ocupa su centro. Por allí es por donde deambulaban el miércoles, a pesar del calor, un buen número de guiris. Yo también tenía pinta de turista, así que no resultó raro lo que hice, que no fue otra cosa que recorrer los principales puntos de interés de ese trozo del parque. Los mismos son el Monte Gurugú, el Jardín de los Leones y la Isleta de los Patos

El Monte Gurugú, realmente, es una elevación que está situada en Marruecos, pero muy cerca de Melilla. En ese monte, a principios del siglo XX, murieron numerosos soldados del ejército español, a manos de los rebeldes encabezados por Abd El-Krim. Este hombre lideró la resistencia en la región del Rif, contra las administraciones coloniales de España y de Francia en Marruecos. Con respecto a los españoles, en el Monte Gurugú hubo encarnizados combates, en los que perecieron bastantes soldados, a los que se quiso homenajear poniéndole ese nombre a la pequeña elevación artificial del Parque de María Luisa. Hoy día, creo que las laderas del Monte Gurugú marroquí están llenas de migrantes subsaharianos, que esperan allí la oportunidad propicia para entrar ilegalmente en Melilla. La situación del montículo artificial sevillano, sin embargo, es más amable. En su cima hay un templete, al que se accede por una escalera de piedra.


Desde lo alto, parte una cascada de agua, que acaba en un estanque, que está rodeado de vegetación. Gracias a ello, esa zona tiene pinta de vergel.


El Jardín de Los Leones está enfrente del Monte Gurugú, y ejerce, prácticamente, de centro geográfico del Parque de María Luisa. Se trata de un sector organizado de manera muy simétrica. Más allá, está el otro gran punto de atracción del parque para los niños. Es la Isleta de los Patos y el estanque que la circunda, que está lleno de patos, de cisnes y de pavos reales. Además de dar de comer a las palomas, una actividad clásica para los niños es ir a hacer lo propio con los patos, y ese laguito es un lugar espectacular para hacerlo.


A la Isla de los Patos se puede acceder por dos pequeños puentes. Cerca, hay otro islote, al que solo pueden llegar las aves.

En definitiva, el Parque de María Luisa está repleto de rincones dignos de elogio, que tienen su pequeña historia a cuestas. En total, se pueden individualizar hasta 47 puntos de interés en él. Yo he nombrado 14, en los que he estado alguna vez en mi vida. No he querido ser ahora más prolijo, por lo que dejo otros para el futuro.

El miércoles, tras recorrer el Parque de María Luisa como un turista más, me encaminé al centro. Tenía que hacer unas cosillas allí, pero antes de regresar a casa hice una parada, para liquidar una cuenta que tenía pendiente desde hace unos años. Ya he hablado, en el pasado, de las Setas de Sevilla, de sus cinco niveles, y de los tres que yo he ido conociendo, desde que se inauguró la estructura en 2011. Hasta el otro día, no había estado en el bar de la cuarta planta, ni en el sótano, donde están los vestigios arqueológicos, que se denominan Antiquarium. Estos salieron a la luz al construir la novedosa construcción. Al bar no se si iré, en principio no me llama especialmente la atención, pero la visita al Antiquarium sí me apetecía. A primera hora de la tarde hacía un calor apañado, tenía tiempo, y me pareció que era el momento perfecto para ver las ruinas. Además, para los sevillanos de nacimiento o de residencia, que lo acrediten, la entrada es gratuita. Todo vino rodado, y los restos arqueológicos me encantaron.


Me gustaron, en primer lugar, porque los vi en un clima de relax total y absoluto. El Antiquarium estaba fresquito y apenas si había gente. Además, cogí un folleto explicativo y pude ir viendo, a la perfección, gracias al inteligente sistema de pasarelas que han montado por encima de los restos, lo que queda de las calles y de las casas romanas que, hace siglos, se alzaban en esa parte de la ciudad.


Es impactante comprobar todo lo que ha crecido Sevilla a lo alto, desde el siglo I a. C. También me impresionó ver como se había elevado el suelo, ya en el siglo XIII, puesto que en uno de los lados del Antiquarium se conservan los cimientos de una casa de época bajomedieval, que está un par de metros por encima de los restos romanos.

En definitiva, en el Antiquarium acabé estos cinco días, que vengo a sumar a los 31 que ya narré en el pasado. El verano se nos echa encima, y en julio y agosto ejerceré de turista real. Tenemos muchos planes, que quedarán convenientemente relatados en este blog, pero en este mes de junio, que aún se presenta calmado, no he perdido la oportunidad de volver a hablar de más maravillas de las que ofrece mi ciudad, Sevilla.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Sevilla: 14'2% (hoy día 100%).
En 1977, % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 0'2% (hoy día 35'7%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado SEVILLA.
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 10% (hoy día, completada ya esta visita, 50%).
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'1% (hoy día, completada ya esta visita, 4%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 0'9% (hoy día 65'7%).
En 1977, % de Municipios de Andalucía ya visitados: 0'1% (hoy día 21'3%).