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26 de julio de 2025

PORTUGAL 2025 (VISITA DE JULIO)

Este año, teniendo en cuenta las perspectivas, parecía que se nos iba a ir el verano sin echar ni un fin de semana de playa. En vista de eso, decidimos buscar un alojamiento en algún lugar que estuviera cerca de la costa, con la idea de poder pasar un par de días de sol y de mar. Dada la improvisación y las fechas, para no dejarme un riñón, opté por alquilar un apartamento que aparentaba tener sus pegas, pero que era asequible. Su principal inconveniente era, en apariencia, que estaba en Vila Real de Santo António


Vila Real de Santo António es un municipio de Portugal que se encuentra justo en la esquina sureste del país. En principio, se halla en una zona muy propicia para el turismo veraniego, pero lo cierto es que su capital no está en primera línea de costa, por lo que no parece un buen sitio para pernoctar, si el plan es ir a la playa.


Como se puede ver en la imagen satélite, el pueblo de Vila Real de Santo António se asoma a la desembocadura del Río Guadiana, y se encuentra enfrente de Ayamonte. En realidad, es una localidad muy bonita, pero la definen dos características, que hacen que sea raro alquilar allí un apartamento. La primera es la que he comentado de que está alejada del mar, en una zona en la que el turismo playero lo copa casi todo. En ese contexto, queda como un destino incómodo. La segunda es que sus calles llaman poco la atención, porque la población surgió de la nada en 1774, diseñada ex novo con el objetivo de controlar la entrada de pescado y de otras mercancías a través del Guadiana. En aquella época, España era aliada de Francia, mientras que Portugal lo era de Inglaterra, por lo que los dos estados vecinos siempre estaban a la gresca, y Vila Real nació solo para plantar cara a la cercana Ayamonte. Debido a eso, tiene una estructura funcional tan cuadriculada, que parece artificial. 


En Finlandia, la tradición marca otra cosa, como conté hace poco, pero en Portugal se admiran las callejuelas serpenteantes, no las ciudades que parecen un tablero de ajedrez. En España también. Por eso, y por la ausencia de edificios destacados, es raro que los españoles vayan a Vila Real de Santo António a hacer turismo propiamente dicho. Hace años, los andaluces atravesaban el Guadiana e iban a comprar las célebres toallas portuguesas al país vecino. De este, Vila Real era el sitio más cercano donde se podía parar, lo que convirtió la localidad en el principal punto de venta de productos textiles de algodón del sur de Portugal. Hoy día, en los tiempos de Internet y de la globalización, todo llega a todos lados, y, si no, todo te lo llevan a casa, por lo que ya nadie hace excursiones para ir a por el ajuar. 

En consecuencia, las razones para ir de visita a Vila Real de Santo António han desaparecido, salvo que la diversión consista en coger la embarcación que cruza el Guadiana en 10 minutos y lleva de Ayamonte al Puerto de Vila Real. Por lo visto, durante esa breve travesía se ve una bonita panorámica del entorno del río, por lo que hay españoles que echan un rato en Vila Real con la excusa de disfrutar del paseo en barco, pero, desde luego, no es un lugar para ir a dormir. Por eso, yo localicé en él un apartamento a buen precio.

El tema es que, en realidad, yo lo que quería era aprovechar la playa, pero como nunca he necesitado alojarme en primera línea para eso, pues muchas veces he encontrado sitios para pernoctar baratos, no excesivamente lejos del mar. Es verdad que, a cambio, me veo obligado a coger el coche o a andar, según, y tengo que ir ligerito de bártulos, pero a mí me merece la pena. Además, gracias a la costumbre de salirme de los circuitos preparados para el turismo playero, he podido conocer pueblos como Vila Real, que, al final, resulta que tienen su atractivo. 


Realmente, Vila Real de Santo António es un pueblo digno de ser visitado, porque tiene un frente fluvial bonito, y porque no deja de ser curioso que una localidad en la que viven casi 12.000 personas, mantenga una estructura tan cuadriculada, dispuesta como una malla, a partir de un epicentro muy definido, situado en la Praça do Marquês de Pombal.


A mí, Vila Real de Santo António me pareció un pueblo pintoresco, que está muy cuidado, y que cuenta con un Paseo Fluvial que es maravilloso, tanto de día, como de noche. 


Resulta que, tras la puesta de sol, es una delicia ir a tomar un mojito al borde del Río Guadiana. Allí, en el Jardím da Avenida da Republica, ponen unos chiringuitos con mesas, en los que se puede beber algo en un ambiente relajado y fresco, mientras se echa un rato de agradable charla, en el que no falta la suave música de fondo. El primer día paramos en Boa Praça.


El segundo, nos quedamos en Saal, que era otro cocktail bar de carácter efímero, montado para despachar bebidas en plan tranquilo.


Aparte, es cierto que el pueblo de Vila Real de Santo António no tiene playa, pero en su término municipal sí hay unas cuantas. Sin embargo, los dos días nosotros optamos por irnos un poco más lejos.

Echando el día en la Praia da Alagoa

El litoral del Algarve, como el de la vecina Huelva, más que tener playas, tiene playa. Esos significa que, realmente, con lo que cuenta es con una uniforme barra de arena infinita, que se asoma al Océano Atlántico, la cual se denomina de diferentes maneras en función del municipio por el que discurra, o en base a lo que tenga a su espalda. El primer día, nosotros nos movimos hasta el trozo de costa que está delante de una localidad llamada Altura, la cual pertenece al concelho de Castro Marim


En ese tramo, el trecho de fina arena dorada se denomina Praia da Alagoa. Es un privilegio tener, no muy lejos de casa, arenales interminables de esa categoría.


Regreso a la Ilha de Tavira

El segundo día nos fuimos más al oeste. A partir de la Praia de Manta Rota, un brazo de agua de mar, que se va agrandando conforme avanza hacia occidente, separa del continente el cordón de arena del que hablaba antes. Se forma así una laguna salada, llena de canales e islotes, que es una zona húmeda de gran importancia medioambiental. Desde 1987, la misma conforma el Parque Natural da Ría Formosa.


Pertenecen al Parque Natural da Ría Formosa un total de 60 kilómetros de costa, que son los que van desde Manta Rota hasta Vale do Lobo. Por el este, el último tramo lo ocupa la citada Praia de Manta Rota, que todavía no se encuentra en ninguna isla. A partir de ahí, hacia el oeste, en el litoral se suceden, en forma de barrera, cinco islotes que están separados del continente por un canal de agua, así como dos penínsulas. A pesar de la cantidad de turismo que soporta el sur de Portugal, toda esa franja inmediata al mar conforma un paraíso natural, en el que la gran barra de arena se ha mantenido casi virgen.

De esas cinco islas comentadas, la Ilha de Armona y la Ilha de Tavira son las que yo conozco. Precisamente, a una playa que se ubica en esta última, es adonde fuimos el segundo día.


La Ilha de Tavira es toda de arena, y mide 11 kilómetros. Por el este, está separada de la Ilha de Cabanas por un canal artificial. En cambio, por el oeste, el espacio con la Ilha de Armona se formó de manera natural. En el post que le dediqué a Portugal en 2018, ya hablé de la Ilha de Tavira, porque accedimos a ella a la altura de la Praia do Barril, que se encuentra en su sector central. Por contra, en esta ocasión, y en las demás en las que he visitado la isla, he estado en su extremo oriental. Allí, hay un complejo turístico, integrado por un camping y por varios restaurantes.



A ese complejo se llega con un pequeño barco, que se coge en Quatro Águas, y que atraviesa la Ría Formosa.



Quatro Águas es un asentamiento en el que no tiene pinta de vivir nadie. Allí, lo que hay es un pequeño puerto deportivo, un hotel, un par de restaurantes, dos edificios que parece que pertenecen a la policía y al servicio de guardacostas, así como una caseta, en la que se compran los billetes para ir a la Ilha de Tavira.


La ruta desde Quatro Águas hasta Ilha de Tavira es breve, pero el entorno es precioso, por lo que se disfruta una barbaridad.


Tras el paseo, se arriba al muelle de la isla, y, desde allí, la distancia hasta la Praia da Ilha de Tavira no es grande. Para llegar a ella, hay que recorrer un camino de cemento, que se abre paso entre un buen número de restaurantes. La entrada al Parque de Campismo da Ilha de Tavira también da a ese sendero pavimentado. 


Dada la cantidad de gente que vi en esa zona, temí que nos estábamos metiendo en la boca del lobo, pero lo cierto es que, al poco, llegamos a la paradisiaca Praia da Ilha de Taviraque se abre al Océano Atlántico sin trabas, y la aglomeración se diluyó.


Yo he estado en esa parte de la Ilha de Tavira en bastantes ocasiones. Son muchas las historias que he vivido ese sitio, desde que me estrené, yendo de camping con mis amigos en 1997. A pesar de su reducido tamaño, también podría contar alguna que otra anécdota acaecida en Quatro Águas. La próxima vez será. Ahora, del pasado solo voy a añadir que, en 2010, pasé una noche en el Hotel Vila Galé Albacora, que es el hotel de Quatro Águas al que antes hice referencia. El mismo se encuentra en el lugar donde el Río Gilão desemboca en la Ria Formosa, pero en el lado opuesto al del resto de Quatro Águas.


El hotel lleva abierto desde el año 2000, en las instalaciones rehabilitadas de un antiguo arraial atunero, es decir, de un asentamiento en el que vivían, de manera semipermanente, los pescadores de atún que faenaban en la costa del Algarve, y en el que preparaban el pescado. Alojarme en ese establecimiento fue un privilegio, que no he querido dejar de recordar.

Dos chiringuitos y un restaurante

Pero volviendo al último fin de semana, no quiero terminar el post sin hablar de los tres lugares donde comimos. En el primero, realmente lo que hicimos fue cenar. Estaba en la Avenida da República de Vila Real de Santo António, justo enfrente del puerto deportivo, y se llamaba Restaurante O Pescador.


De él, me gustó que pusieron de su parte para hacernos un hueco, dado que íbamos sin reserva y que estaban los restaurantes hasta la bola. Además, el bacalao dorado y los salmonetes a la brasa que nos sirvieron estuvieron buenos. También disfruté del hecho de que la inmensa mayoría de los comensales que atiborraban el salón eran gente local. Incluso, había allí una familia enorme celebrando un cumpleaños, así como otros grupos de personas que, evidentemente, no eran turistas. En resumen, cenamos en medio de un cierto caos, en un ambiente bastante poco refinado, pero la verdad es que todo fue muy auténtico.

Al día siguiente, ya cambiamos de tercio y comimos en un chiringuito de playa puro y duro. En concreto, reservamos una mesa en el Restaurante Das Marés, que está, literalmente, en la Praia da Alagoa.


Para mí, Das Marés fue el mejor restaurante de los tres que visitamos. El tercero se llamaba Restaurante Água Viva, se encontraba en la Ilha de Tavira, y tampoco estuvo mal, pero era más turístico, es decir, que si en O Pescador y en Das Marés nos atendieron con transparencia sendos camareros, que eran tan eficientes como antipáticos, en Água Viva nos captó un lisonjero vende motos, que nos despachó el pescado que le dio la gana, tras decirnos, estando ya sentados en la mesa, que no tenía carta, y luego se ocuparon de nosotros un par de jovenzuelos desganados, con pinta de estar trabajando como castigo, por no haber dado palo al agua en el instituto durante el curso. En consecuencia, la experiencia podría haber sido nefasta, pero lo cierto es que, al final, nos comimos unas sardinas asadas y un robalo bien cocinados. La relación cantidad-precio solo rozó el aprobado, pero, al menos, conseguimos salir de allí sin ser estafados.  

En definitiva, el improvisado fin de semana me ha dado la oportunidad de hablar de la parte oriental de la Ilha de Tavira. Tenía muchas ganas de hacerlo. Además, he podido reflejar en este post que ya acaba, otros cuantos momentos puntuales que me apetece guardar en la memoria. No obstante, continúa estando pendiente el viaje por Portugal que tengo pensado.


Reto Viajero TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO
Visitado PORTUGAL.
En 1987 (primera visita), de los 44 Países del Mundo que están en Europa, % de visitados: 4'5% (hoy día 43'2%).
En 1987 (primera visita), de los 196 Países del Mundo, % de visitados: 1% (hoy día 10'2%).


30 de agosto de 2024

BARBATE 2024

Barbate es un municipio gaditano, que cuenta con varios núcleos de población. Zahara de los Atunes y Los Caños de Meca son los más conocidos, aunque ninguno de ellos ejerce de capital. En efecto, el Ayuntamiento de Barbate se halla en la localidad homónima, que es donde residen el grueso de los barbateños. Sin embargo, esta está totalmente eclipsada por Zahara y por Los Caños, que son dos de los grandes epicentros del turismo playero andaluz. No me extraña, porque son un par de sitios preciosos, que se encuentran enclavados en un lugar maravilloso. Reconozco que soy un enamorado de la parte de la costa que va desde Cádiz hasta Tarifa, y, de toda ella, mi trozo favorito es el que empieza en Conil de la Frontera y acaba en Punta Paloma


La costa del municipio de Barbate se encuentra al completo en ese pedazo de litoral, que a mí me enloquece. En él, está el Cabo de Trafalgar, al que, por desgracia, hace mucho tiempo que no voy. La foto que he puesto arriba me la sacaron en él. Sin embargo, hoy no voy a hablar de Zahara de los Atunes, ni de Los Caños, ni de toda la zona natural que rodea a estos dos núcleos, en los cuales apenas si residen con carácter permanente unas 1.000 y unas 350 personas, respectivamente, pero que se llenan de pijipis en verano. Hoy voy a narrar mi fin de semana en Barbate capital, que es una localidad de algo más de 19.000 habitantes, que yo había ignorado hasta ahora, pero que tenía ganas de conocer.


He dicho que, tanto Zahara de los Atunes, como Los Caños de Meca, se abarrotan de pijipis en verano, pero tampoco quiero que nadie se me ofenda. Es innegable que se juntan allí, en ciertas fechas, un montón de pocholos y de alternativos chic, pero también se ve gente que no se caracteriza por nada. En cualquier caso, reconozco que he intentado ir por la zona lo menos posible en época estival, porque es innegable que se peta. A mí me gusta en primavera, en otoño y en invierno, cuando apenas hay visitantes. No obstante, en cuanto pueda iré en julio o en agosto, para librarme de mis prejuicios, o para confirmarlos, pero esa es una historia aparte. Ahora, lo que pretendo es mencionar el marcado contraste que hay entre Barbate capital y el entorno de Zahara y Los Caños. En efecto, a pesar del nivel que alcanza el turismo en sus pedanías, Barbate está en la posición 2.185, de 2.964, en el ranquin de riqueza de los municipios andaluces. De hecho, de los que tienen costa en las provincias de Cádiz y de Málaga, todos le superan en renta per cápita menos uno. Además, en el clasificación municipal estrictamente gaditana, Barbate ocupa el puesto 36 de 45, teniendo en cuenta que la provincia de Cádiz es, ya de por sí, la 47 más pobre de España, de las 52 que hay, es decir, que Barbate se encuentra en la cola de la cola. Con esta avalancha de datos, quiero reflejar que Barbate es un pueblo humilde, y que se respira en él un ambiente muy popular. A él no van los turistas. Otra cosa es que la población estacional que llena el resto del municipio en vacaciones tienda a ser selecta, pero los barbateños no parecen beneficiarse demasiado de ello.

Nosotros fuimos a Barbate porque encontramos allí un alojamiento bastante barato. Eso me dio la posibilidad de conocer la localidad, que, como digo, no suele ser objeto de la atención de la mayoría de la gente. En cierto modo es lógico, porque es como un barrio enorme, gestado una vez que ya estaba bien entrado el siglo XX. 


En efecto, Barbate es un producto del siglo XX, porque en el XIX solo era una aldea de 50 vecinos, que dependía de Vejer de la Frontera. Gracias a la explotación de almadrabas en sus costas, el pueblo creció, de manera que alcanzó los 1.000 habitantes entorno a 1900. Después, su desarrollo no paró, pero fue a partir de 1938, año en el que se independizó, cuando su vitalidad económica, ligada a las empresas conserveras y a su puerto pesquero, hizo posible que su población aumentara con más rapidez. Así, en 1960 tenía casi 17.000 residentes, y en 1970 había superado los 19.000, cifra en la que se ha mantenido. La conclusión de todo esto, es que el pasado barbateño no se remonta mucho. Por eso, la parte antigua de la localidad no es demasiado vetusta, y está flanqueada, además, por una zona muy grande, totalmente cuadriculada y con aspecto de barriada, que nació con la llegada de la gente que se mudó a Barbate buscando trabajo.

Pese a lo dicho, Barbate también tiene su zonas especiales. La que se encuentra cercana a la playa es, por supuesto, la más importante. Dicha playa se denomina Playa del Carmen, y está bordeada por el Paseo Marítimo.



La Playa del Carmen ocupa todo el frente costero de la localidad, y algo más. Ese extra no urbanizado, se corresponde con el trozo de que hay entre el final del pueblo por el este y la desembocadura del Río Barbate




Además, como se puede ver en el mapa, a la izquierda del Puerto de Barbate hay otro arenal, denominado Playa de la Hierbabuena, que no es urbano, pero al que se puede llegar andando con relativa facilidad.


Nosotros estuvimos dos días y medio en Barbate, y, como no podía ser de otra manera, exploramos con interés su litoral asociado. Para empezar, el viernes por la tarde fuimos a la Playa del Carmen por las buenas, sin complicarnos la vida. Por eso, nos quedamos donde todo el mundo.


En cambio, tanto la mañana del sábado, como la del domingo, cruzamos el centro de Barbate y nos fuimos hasta el extremo de la playa, buscando, con éxito, un ambiente más tranquilo.




Por último, la tarde del sábado fuimos en coche a la Playa de la Hierbabuena. En principio, pensábamos aparcar en el descampado que hay junto a ella, pero vimos, al llegar, que había que pagarle a un gorrilla, y no teníamos ni un euro suelto. Por ello, seguimos por la carretera, y nos internamos un poco en el Parque Natural de La Breña y Marismas de Barbate. Algo más adelante, vimos un pequeño claro al lado de la carretera, y ahí sí dejamos el coche. A continuación, cogimos una especie de camino, que iba entre los pinos en dirección a la playa, y echamos a andar. No debíamos estar muy lejos. 



Sin embargo, no habíamos tenido en cuenta que, al avanzar por la carretera, la misma había subido una duna, por lo que, al ir a pie por ella, pronto nos topamos con un terraplén descendente insalvable. Además, no estábamos tan cerca...


Total, que nos echamos unas risas y nos volvimos por donde habíamos venido. Lo bueno fue que, entre unas cosas y otras, se nos fueron 45 minutos, de manera que, cuando volvimos a pasar por el aparcamiento de la playa, el gorrilla ya había acabado su jornada y se había ido. Al final, casi sin quererlo, solucionamos el problema del euro, y pudimos disfrutar de una tarde playera muy agradable.

Con respecto al centro de Barbate, el mismo lo vimos bien, porque lo atravesamos los dos días que fuimos a la parte virgen de la Playa del Carmen, y porque María y yo madrugamos el domingo, para recorrerlo a primera hora de la mañana.

El llamado casco histórico de Barbate es pequeño, y sus viviendas no son antiguas, pero están muy cuidadas y tienen mucho sabor. Por lo que yo vi, el meollo barbateño se articula a los dos lados de la Calle Agustín Varo, que más adelante se denomina Calle Niño Barbate hasta que llega a la Plaza de Carlos Cano.



Saliendo de la Plaza de Carlos Cano, y haciendo un ángulo de 90º con la Calle Niño Barbate, se extiende la Calle Real, que es muy bonita.



Si la Calle Real y la Calle Niño Barbate hacen de lados de un ángulo de 90º, lo que queda dentro de ese ángulo esconde también otros lugares de interés, como la Plaza Hoyo La Tota. Para mi sorpresa, al mirar como sale esa plaza en Google Street View, he visto que estaba hecha polvo cuando hicieron las fotos. Parecía el espacio más decadente del barrio más chungo. Hoy día, en cambio, es un enclave precioso.


No se cuanto hace que se tomaron las fotos de Google Street View, ni tampoco como ha podido cambiar tanto la Plaza Hoyo La Tota y sus alrededores, pero me alegra que los vecinos del barrio hayan conseguido que el aspecto de la zona mejore hasta ese punto.

Otros lugares destacados de Barbate son la Plaza de la Inmaculada, que está en uno de los extremos del centro, y que es donde se encuentra el edificio del Ayuntamiento, así como la Plaza del Faro, que colinda con el Paseo Marítimo.



Relacionada con esas dos plazas está la Avenida del Mar. Esta recta y larga calle parte Barbate en dos, con una perfección casi absoluta. Por tanto, aunque no destaca por su belleza, sí lo hace por su importancia, ya que atraviesa el pueblo de lado a lado.


Entre la Avenida del Mar y el Río Barbate está el casco antiguo barbateño. La Plaza de la Inmaculada se halla en uno de sus extremos, como he dicho, y se asoma a la Avenida del Mar en su tramo más alejado del océano. Luego, la gran arteria continúa, y no desvía su trayectoria hasta que no llega a la Plaza del Faro. Allí, deja de ir perpendicular a la costa, y recorre su último pedazo en paralelo a esta. Poco después, abandona el territorio urbano y se convierte en la carretera A-2233

Como he comentado, el casco antiguo de Barbate está a uno de los lados de la Avenida del Mar. Al otro, lo que tiene es el resto del pueblo, organizado en una gran cuadrícula. Todo ese entramado de calles son las que decía que parecen un barrio enorme. Allí nos alojamos nosotros.

Dos momentos especiales de nuestro fin de semana en Barbate fueron la noche del sábado y la mañana del domingo. En esta, bastante temprano, María y yo dejamos a las niñas durmiendo y nos dimos un largo paseo, como dije antes. Curiosamente, nos encontramos el pueblo sumido en una niebla fantasmagórica, que le dio un atractivo toque durante un rato.


Luego, la bruma fue levantándose poco a poco. De hecho, cuando paramos a desayunar en la terraza del Bar Restaurante El Mirador, ya estaba la cosa empezando a abrirse.


Lo del sábado por la noche fue distinto, aunque también estuvimos en el Paseo Marítimo. En este caso, fuimos a cenar, y pudimos comprobar hasta que punto estaba animada la zona cercana a la playa.


Después de la cena, no tuvimos más remedio que dejarnos contagiar por el ambiente festivo, y acabamos tomando algo en el Habana Café & Copas. La que había allí liada era tremenda.


Por lo que vi, el Habana se une con el bar del al lado, que es del mismo estilo, y juntos llevan a grupitos que amenizan las veladas. En la del sábado, había una buena banda sobre el escenario, que estaba tocando canciones españolas de los 80 y de los 90 del siglo XX. Ni que decir tiene, que a María y a mí nos tocaron la fibra.

Por lo que respecta a la cena, la tomamos en el Restaurante El Boquerón. El lugar lo elegimos al azar, y luego he visto que tiene, desde hace tiempo, unas críticas demoledoras en Tripadvisor. A mí no me encandiló, pero tampoco estuvo tan mal. No puedo esconder que nos barrieron un poco los pies al final, pero también es verdad que no era temprano cuando llegamos. En todo caso, me gustó bastante más el almuerzo del domingo, en el Chiringuito Flamenco Beach. El mismo está justo en el extremo del Paseo Marítimo, es decir, se asoma ya a la punta virgen de la Playa del Carmen. El domingo, como teníamos que hacer el check out del apartamento a primera hora de la tarde, fuimos a la playa pronto, y decidimos comer cerca de donde habíamos estado. Por eso, pillamos sitio en el Flamenco Beach sin problema. La comida allí fue una gozada.


No quiero acabar sin hablar de la Confitería Tres Martínez, porque es clásica en Barbate, y nosotros tuvimos la suerte de alojarnos cerca, por lo que nos topamos con ella a pesar de que no está en un sitio especialmente relevante. 


Sin embargo, está claro que sus pasteles son una institución. Por lo visto, el obrador lleva abierto desde 1886, regentado por la misma familia. Nosotros pasábamos por delante todo el rato, así que cayeron unos cuantos pasteles a lo largo del fin de semana.

En definitiva, nuestro verano de 2024 lo acabamos en Barbate, disfrutando del mar, de la playa, del sol, de la buena gastronomía y del relax. El lunes terminé mis vacaciones, y dio comienzo un nuevo curso, que seguro que nos traerá un montón de nuevas experiencias, dignas de ser contadas.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado BARBATE.
En 1999 (primera visita incompleta), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 18'2% (hoy día, completada ya esta visita, 59'1%).
En 1999 (primera visita incompleta), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 3'9% (hoy día, completada ya esta visita, 22'2%).