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12 de julio de 2026

PUNTA UMBRÍA 2026 (VISITA DE JULIO)

En marzo, pasé un día en Punta Umbría y me despedí del pueblo con un "hasta pronto". No quería que transcurriera demasiado tiempo hasta que pudiera volver, pero he tardado en regresar menos de lo que me esperaba.


En efecto, la pasada semana inauguramos nuestras vacaciones estivales en el Camping Playa La Bota, que se encuentra a las afueras de Punta Umbría. El grueso del asueto veraniego los disfrutaremos en agosto, pero antes, para empezar el mes de julio echamos unos días en la costa de Huelva, yendo a la playa y gozando del sol y del mar.


En los últimos meses le he prestado escasa atención al blog, porque he estado de oposiciones, como ya expliqué en el post sobre Sevilla que escribí a mediados de mayo. Por aquel entonces, me faltaba poco para hacer el primer examen de las pruebas selectivas para el ingreso en la escala de Ayudantes de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Universidad de Sevilla. Pues bien, lo aprobé, me puse a prepararme el segundo, y, tras cuatro semanas de locos, lo hice el 30 de junio. El 1 de julio nos fuimos a Punta Umbría.

El caso es que el plan no estaba maquinado con tanta exactitud como parece, porque la mobil home del Camping Playa La Bota la reservamos a finales de primavera, pero el destino quiso que, un día después del examen definitivo, me pudiera ir a la costa de Huelva a soltar el estrés y a descansar de la locura que es enfrentarse a una oposición. Si me hubieran retrasado el ejercicio un pelín, mi estancia playera se habría ido al traste, pero al final coincidió todo de forma casi milagrosa. Los resultados no los sabré hasta septiembre, así que me ha venido de lujo tener la posibilidad de cambiar de aires en Punta Umbría para pasar página.

Camping Playa La Bota

El Camping Playa La Bota ocupa 13 hectáreas y se halla dentro de un inmenso pinar, que no está protegido, que yo sepa, pero que se ha respetado por completo, por lo que permanece casi virgen. La primera virtud del camping es que se encuentra en ese maravilloso entorno.



El segundo punto fuerte del Camping Playa La Bota es que está a 300 metros escasos de una playa fabulosa, denominada Playa de la Bota. 


Por último, las instalaciones del camping son magníficas, por lo que es un lugar muy recomendable para pasar unos días de descanso, cerca del mar y en un entorno natural al 100%. 


En relación con las instalaciones, hay que decir que el camping tiene áreas para acampar por las buenas y también zonas para instalar caravanas, pero lo que destaca en él, en mayor medida, es la amplia variedad de cabañas, de bungalós y de mobil homes con los que cuenta. Nosotros nos alojamos en uno de estos últimos. Estaba genial.


  

Me encanta el ambiente de los campings, pero las vacaciones en estos no dejan de tener partes un poco duras a veces. Sin embargo, en la mobil home del Camping Playa La Bota pude disfrutar de lo bueno del campismo, sin renunciar a ninguna comodidad, incluida la que proporciona un buen aparato de aire acondicionado.

Largo paseo por Punta Umbría

Como he comentado, el Camping Playa La Bota está aislado en medio de un enorme pinar, que ocupa gran parte del término municipal de Punta Umbría. En este viven 16.000 personas, que se reparten en tres núcleos de población. El más importante del trío se llama Punta Umbría, como es lógico. De él, es del que he hablado en los posts anteriores que le he dedicado al municipio. 

El tema es que esta vez solo he ido al pueblo de Punta Umbría el último día, cuando ya habíamos salido del camping. Esa mañana, para empezar desayunamos en un bareto muy poco lustroso, pero en el que estuvimos a gusto.


Tras la parada en Bar Casa Pamblanco, María y yo nos dimos un paseo enorme, que nos llevó a rodear por completo el meollo de Punta Umbría. Primero tiramos por la Avenida de Andalucía, que es una calle en la cual se concentran muchos de los negocios del pueblo. La misma lo corta en diagonal, y conduce desde el Océano Atlántico hasta la Ría de Punta Umbría.

Al llegar a su extremo noreste, la Avenida de Andalucía va a dar casi al comienzo de la Avenida de la Ría, que es la que va bordeando la Ría de Punta Umbría hasta la Plaza de Pérez Pastor. A continuación de esta, es la Calle Almirante Pérez de Guzmán la que sigue yendo paralela al agua, en un trecho en el que ya hay una pequeña playa. 


Nosotros no paramos hasta que no llegamos a las dunas que van a dar al Espigón de Punta Umbría.


Al llegar a la zona agreste que ocupa el extremo oeste de Punta Umbría, la atravesamos y salimos a la Playa de Punta Umbría. 


Una vez que pisamos la arena, fuimos caminando por la playa hasta el sitio en el que se habían instalado las niñas, las cuales, tras el lote de churros, habían decidido que era mejor tumbarse en la arena que pegarse más de una hora andando. Yo, sin embargo, supe enseguida que lo suyo era disfrutar de un largo paseo. Al encontrarnos con ellas, María y yo nos dimos un baño y recogimos los bártulos. Después, todos emprendimos la vuelta a Sevilla, no sin antes hacer una última y breve parada en el Chiringuito Cazorla.


El Portil

Decía arriba que Punta Umbría tiene tres núcleos de población. El menor se denomina El Rincón. En él no he estado. El tercero es El Portil, que es el que queda más cerca del Camping Playa La Bota.

En El Portil viven unas 1.300 personas. Estéticamente, es la típica población nacida para dar servicio a una playa. La de El Portil se llama Playa del Portil, claro. No se han comido mucho el coco. Yo no tuve la oportunidad de conocerla, ni de acercarme a la parte de El Portil que linda con ella, pero creo que esa zona no presenta ninguna particularidad especial. Lo destacable de este núcleo habitado es que, por el este, se asoma a la Laguna del Portil y al enorme pinar en el que se enclava el Camping Playa La Bota. La costa de Huelva es así de extraordinaria.


No obstante, lo más curioso de El Portil, a mi parecer, es su límite oeste, porque está conformado por una calle recta, denominada Calle Laguna Seca. 


La acera este de la Calle Laguna Seca pertenece a El Portil, y, por tanto, a Punta Umbría. La de enfrente, en cambio, es el limite oriental de Nuevo Portil, que ya forma parte del término municipal de Cartaya. Yo, en otros lugares ya he visto pueblos que están separados por una calle, pero no recuerdo ninguna división en la que los confines sigan una línea recta tan patente y perfecta. La historia de como se ha llegado a esa situación es curiosa y empezó en 1963, año en el que Punta Umbría se segregó de Cartaya y se constituyó como municipio independiente. En ese momento, los dirigentes del recién nacido ayuntamiento puntaumbrieño decidieron impulsar la creación de un nuevo núcleo, que se erigió a 9 kilómetros del casco urbano, colindando justo con el territorio de Cartaya. Se le denominó El Portil.


El Portil nació tan pegado a la linde con el término de Cartaya, que acababa abruptamente en una calle recta. Años después, los cartayenses parece que se picaron y también fomentaron el surgimiento de otro núcleo en su circunscripción, llamado Nuevo Portil, que llegó de igual modo, pero desde el lado opuesto, hasta el límite con el término de Punta Umbría, es decir, hasta la misma vía que los puntaumbrieños habían fijado como frontera. En la actualidad, lo único que denota que son dos poblaciones dependientes de ayuntamientos distintos son los vados de los garajes. En efecto, los de una acera los ha emitido un consistorio y los de enfrente el vecino. Por lo demás, no hay diferencia. Pese a esto, yo no traspasé los confines de El Portil. Lo cierto es que fui todos los días hasta allí desde el Camping Playa La Bota, andando o corriendo, pero no crucé la Calle Laguna Seca. 

Jugando al minigolf en El Portil

En El Portil hay alguna zona de casas unifamiliares, pero la mayoría de la población está conformada, básicamente, por urbanizaciones cerradas de adosados y de pisos. 


De puertas para adentro, todas esas urbanizaciones dan a piscinas y a zonas ajardinadas, por lo que he podido ver en la imagen satélite, pero, por el exterior, los bloques de pisos tienen locales y negocios. 


A falta de un espacio con una iglesia antigua o con algún edificio oficial, el epicentro de El Portil se ubica en la Plaza de la Sal. Se trata del único lugar de la localidad en el que hay una superficie un poco amplia que no está ocupada por pisos o por casas, por lo que yo vi. El Portil no es un núcleo hostil, es decir, que da sensación de desahogo, pero la verdad es que no cuenta con zonas verdes, y plazas tampoco tiene más.


En los cinco días que pasamos en el Camping Playa La Bota, nosotros fuimos a El Portil al supermercado y a la farmacia. Aparte, al margen de las veces que lo atravesé corriendo, yo estuve por allí dando un paseo una mañana, pero lo más divertido que hicimos fue ir a jugar al minigolf.


Me divierte jugar al minigolf, y en El Portil hay uno que está situado en el jardín del Restaurante Calamón. No pude ganar la partida, el triunfo se lo llevó Ana, pero la verdad es que echamos un rato sensacional.
 
Otros momentos de relax absoluto

Me encantan las vacaciones activas, pero hace años descubrí que me sienta muy bien reservar unos cuantos días del verano para montar un plan que no implique más que descansar e improvisar. Este 2026, esa semanita de relax poco preparado es la que hemos disfrutado en el Camping Playa La Bota. Sin embargo, dejarse llevar no significa necesariamente no moverse nada. Por eso, en las jornadas de asueto no faltaron los paseos por los maravillosos pinares que separan el camping y El Portil. 


Una de las noches también organizamos una buena, viendo el partido de la selección española masculina de fútbol en la mobil home. Se está celebrando la Copa Mundial de la FIFA 2026, y España jugaba los dieciseisavos de final contra Austria.


Por último, a lo largo de los días nos pegamos tres pequeños gustazos en tres sitios diferentes. En el primero, llamado Chiringuito Nómada, nos tomamos una cerveza en familia.



El llamado Chiringuito Nómada es una auténtica construcción efímera, que se encuentra en medio de la arena de la Playa de la Bota. Me pareció un lugar espectacular.

La segunda cerveza nos la tomamos María y yo en el jardín del Restaurante Calamón, otro día que fuimos allí y que no jugamos al minigolf.


Para acabar, el último día de playa nos pegamos un auténtico homenaje final en el Restaurante Chiringuito Rifeño.


El Restaurante Chiringuito Rifeño es un chiringuito parecido a los que están frente al mar en otros lugares de costa, pero en este caso no se halla en primera línea, sino al borde de la carretera. Nosotros pasábamos junto a él cada día, ya que se encuentra cerca de la entrada del Camping Playa La Bota que conduce a la playa. Por eso, aunque comimos y cenamos siempre en la mobil home, el último almuerzo decidimos hacerlo allí. 


En el Restaurante Chiringuito Rifeño comí sardinas, atún a la plancha y papas aliñás, rodeado de toda mi familia, disfrutando de otro de esos ratos que me regala la vida de vez en cuando.
 
A esperar la llegada del resto de las vacaciones

La primera parte de las vacaciones me supo a poco. Tras unos días de descanso mental y físico, que necesitaba mucho, tocó regresar a Sevilla a trabajar hasta final de mes. Julio se presenta tranquilo, en lo que a planes especiales se refiere, pero no pasa nada. En agosto me cogeré las tres semanas libres que me quedan, y volveré a tener otro buen puñado de cosas que seguir contando.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado PUNTA UMBRÍA.
En 1996 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 5%  (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 30'4%).
En 1996 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 2'5% (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 21'3%).


17 de marzo de 2026

PUNTA UMBRÍA 2026 (VISITA DE MARZO)

Punta Umbría se ha convertido, de forma un poco inesperada, en uno de los lugares a los que estoy más unido emocionalmente. 


Digo que mi vinculación sentimental con Punta Umbría ha sido inesperada, porque yo no he tenido nunca una conexión marcada con el pueblo. Ni iba de niño, ni tengo familiares onubenses o puntaumbrieños, ni poseo propiedades allí, ni tampoco conozco a nadie cercano que esté relacionado de manera estrecha con la localidad. De hecho, hasta 2020 solo había estado en ella dos veces. 


No obstante, sí es verdad que la primera vez que fui, en 1996, cuando contaba apenas con 19 añitos, lo hice con mis amigos, en una etapa de mi vida bastante especial. 


Luego, volví en 2007 con María, en otro momento dulce de mi existencia, pero esta segunda estancia fue fugaz, y la primera había tenido el puntillo caótico propio de la edad que tenía cuando fui y del plan que llevé, por lo que es innegable que mi idilio con Punta Umbría se ha creado después. Tan después, que ya ha quedado reflejado en este blog. Por eso, no me voy a repetir en exceso. Ahora, solo voy a apuntar que fui a Punta Umbría justo cuando nos levantaron los vetos derivados de la pandemia de COVID-19 que nos azotó en 2020, y que la bocanada de aire fresco que sentí no se me ha olvidado, que en 2022 pasé una balsámica semana de vacaciones en esa localidad, y que en 2023 estuve allí con mi padre, apenas unos días antes de que falleciera. De hecho, en Punta Umbría fue el último sitio en el que le vi disfrutar. 

Sobre lo de mi padre no di demasiada información en el post que escribí en su día, pero el resto de los detalles de aquellas tres estancias sí los plasmé en En Ole Väsynyt. Ahora sigo, y me voy a centrar en el rato que eché en Punta el pasado sábado.


El caso es que el otro día fue el cumpleaños de mi cuñada, y quiso celebrarlo en un chiringuito de Punta Umbría. Por tanto, se puede decir que fui allí a comer. Sin más. En consecuencia, este no va a ser uno de los prolijos posts que me caracterizan. Hoy no voy a enrollarme, ni tengo la tentación de remontarme a los romanos, ni amenazo con alargarme hasta el infinito narrando mis vivencias. Esta vez solo quiero reflejar que volví a ser feliz en Punta Umbría. En realidad, lo soy en todos lados, pero, no sé por qué, la localidad onubense que nos ocupa me produce una paz especial. Por eso, no he querido dejar de fijar en palabras como transcurrió la jornada en la Playa de Punta Umbría y en sus alrededores. Por eso, y porque almorzamos de lujo en el Restaurante Costa de la Luz.


Además, el sábado salió un día delicioso, y eso posibilitó que, después de comer, me pegara una siesta épica en la playa. Cierto es que no hacía calor, pero la tarde estaba clara, por lo que me tumbé en la arena, enfundado en mi chaquetón, con las gafas de sol y la capucha puestas, y me quedé cuajado, bañado por los suaves rayos solares del final del invierno. Felicidad pura, vamos.


Después, me di un pequeño paseo por los alrededores del restaurante donde habíamos comido, que daba por detrás a la Calle Miramar. La misma se encuentra tan cerca de la playa, que ni siquiera está asfaltada.


Resulta curioso que he comido ya un buen número de veces en Punta Umbría, pero nunca he repetido lugar. Allí, la oferta es amplia, pero eso no implica que el pueblo haya perdido ni un ápice de su encanto. El turismo que hay en él es de corte local, y no es nada masivo.

En mi breve paseo del otro día, no quise dejar de asomarme a la Avenida del Océano, que es la que discurre paralela a la playa. Empieza al principio de la población, y llega hasta la zona más céntrica de Punta Umbría. Por esa amplia calle me pegué unos cuantos buenos ratos corriendo y paseando, en el verano de 2022.


Y poco más. La jornada en Punta Umbría se me hizo corta. No obstante, sé que volveré, por lo que me despido de su mágica luz con un simple "hasta pronto".



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado PUNTA UMBRÍA.
En 1996 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 5%  (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 30'4%).
En 1996 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 2'5% (hoy día, confirmada ya esta visita en 2007, 21'3%).


26 de julio de 2025

PORTUGAL 2025 (VISITA DE JULIO)

Este año, teniendo en cuenta las perspectivas, parecía que se nos iba a ir el verano sin echar ni un fin de semana de playa. En vista de eso, decidimos buscar un alojamiento en algún lugar que estuviera cerca de la costa, con la idea de poder pasar un par de días de sol y de mar. Dada la improvisación y las fechas, para no dejarme un riñón, opté por alquilar un apartamento que aparentaba tener sus pegas, pero que era asequible. Su principal inconveniente era, en apariencia, que estaba en Vila Real de Santo António. 


Vila Real de Santo António es un municipio de Portugal que se encuentra justo en la esquina sureste del país. En principio, se halla en una zona muy propicia para el turismo veraniego, pero lo cierto es que su capital no está en primera línea de costa, por lo que no parece un buen sitio para pernoctar, si el plan es ir a la playa.


Como se puede ver en la imagen satélite, el pueblo de Vila Real de Santo António se asoma a la desembocadura del Río Guadiana, y se encuentra enfrente de Ayamonte. En realidad, es una localidad muy bonita, pero la definen dos características, que hacen que sea raro alquilar allí un apartamento. La primera es la que he comentado de que está alejada del mar, en una zona en la que el turismo playero lo copa casi todo. En ese contexto, queda como un destino incómodo. La segunda es que sus calles llaman poco la atención, porque la población surgió de la nada en 1774, diseñada ex novo con el objetivo de controlar la entrada de pescado y de otras mercancías a través del Guadiana. En aquella época, España era aliada de Francia, mientras que Portugal lo era de Inglaterra, por lo que los dos estados vecinos siempre estaban a la gresca, y Vila Real nació solo para plantar cara a la cercana Ayamonte. Debido a eso, tiene una estructura funcional tan cuadriculada, que parece artificial. 


En Finlandia, la tradición marca otra cosa, como conté hace poco, pero en Portugal se admiran las callejuelas serpenteantes, no las ciudades que parecen un tablero de ajedrez. En España también. Por eso, y por la ausencia de edificios destacados, es raro que los españoles vayan a Vila Real de Santo António a hacer turismo propiamente dicho. Hace años, los andaluces atravesaban el Guadiana e iban a comprar las célebres toallas portuguesas al país vecino. De este, Vila Real era el sitio más cercano donde se podía parar, lo que convirtió la localidad en el principal punto de venta de productos textiles de algodón del sur de Portugal. Hoy día, en los tiempos de Internet y de la globalización, todo llega a todos lados, y, si no, todo te lo llevan a casa, por lo que ya nadie hace excursiones para ir a por el ajuar. 

En consecuencia, las razones para ir de visita a Vila Real de Santo António han desaparecido, salvo que la diversión consista en coger la embarcación que cruza el Guadiana en 10 minutos y lleva de Ayamonte al Puerto de Vila Real. Por lo visto, durante esa breve travesía se ve una bonita panorámica del entorno del río, por lo que hay españoles que echan un rato en Vila Real con la excusa de disfrutar del paseo en barco, pero, desde luego, no es un lugar para ir a dormir. Por eso, yo localicé en él un apartamento a buen precio.

El tema es que, en realidad, yo lo que quería era aprovechar la playa, pero como nunca he necesitado alojarme en primera línea para eso, pues muchas veces he encontrado sitios para pernoctar baratos, no excesivamente lejos del mar. Es verdad que, a cambio, me veo obligado a coger el coche o a andar, según, y tengo que ir ligerito de bártulos, pero a mí me merece la pena. Además, gracias a la costumbre de salirme de los circuitos preparados para el turismo playero, he podido conocer pueblos como Vila Real, que, al final, resulta que tienen su atractivo. 


Realmente, Vila Real de Santo António es un pueblo digno de ser visitado, porque tiene un frente fluvial bonito, y porque no deja de ser curioso que una localidad en la que viven casi 12.000 personas, mantenga una estructura tan cuadriculada, dispuesta como una malla, a partir de un epicentro muy definido, situado en la Praça do Marquês de Pombal.


A mí, Vila Real de Santo António me pareció un pueblo pintoresco, que está muy cuidado, y que cuenta con un Paseo Fluvial que es maravilloso, tanto de día, como de noche. 


Resulta que, tras la puesta de sol, es una delicia ir a tomar un mojito al borde del Río Guadiana. Allí, en el Jardím da Avenida da Republica, ponen unos chiringuitos con mesas, en los que se puede beber algo en un ambiente relajado y fresco, mientras se echa un rato de agradable charla, en el que no falta la suave música de fondo. El primer día paramos en Boa Praça.


El segundo, nos quedamos en Saal, que era otro cocktail bar de carácter efímero, montado para despachar bebidas en plan tranquilo.


Aparte, es cierto que el pueblo de Vila Real de Santo António no tiene playa, pero en su término municipal sí hay unas cuantas. Sin embargo, los dos días nosotros optamos por irnos un poco más lejos.

Echando el día en la Praia da Alagoa

El litoral del Algarve, como el de la vecina Huelva, más que tener playas, tiene playa. Esos significa que, realmente, con lo que cuenta es con una uniforme barra de arena infinita, que se asoma al Océano Atlántico, la cual se denomina de diferentes maneras en función del municipio por el que discurra, o en base a lo que tenga a su espalda. El primer día, nosotros nos movimos hasta el trozo de costa que está delante de una localidad llamada Altura, la cual pertenece al concelho de Castro Marim. 


En ese tramo, el trecho de fina arena dorada se denomina Praia da Alagoa. Es un privilegio tener, no muy lejos de casa, arenales interminables de esa categoría.


Regreso a la Ilha de Tavira

El segundo día nos fuimos más al oeste. A partir de la Praia de Manta Rota, un brazo de agua de mar, que se va agrandando conforme avanza hacia occidente, separa del continente el cordón de arena del que hablaba antes. Se forma así una laguna salada, llena de canales e islotes, que es una zona húmeda de gran importancia medioambiental. Desde 1987, la misma conforma el Parque Natural da Ría Formosa.


Pertenecen al Parque Natural da Ría Formosa un total de 60 kilómetros de costa, que son los que van desde Manta Rota hasta Vale do Lobo. Por el este, el último tramo lo ocupa la citada Praia de Manta Rota, que todavía no se encuentra en ninguna isla. A partir de ahí, hacia el oeste, en el litoral se suceden, en forma de barrera, cinco islotes que están separados del continente por un canal de agua, así como dos penínsulas. A pesar de la cantidad de turismo que soporta el sur de Portugal, toda esa franja inmediata al mar conforma un paraíso natural, en el que la gran barra de arena se ha mantenido casi virgen.

De esas cinco islas comentadas, la Ilha de Armona y la Ilha de Tavira son las que yo conozco. Precisamente, a una playa que se ubica en esta última, es adonde fuimos el segundo día.


La Ilha de Tavira es toda de arena, y mide 11 kilómetros. Por el este, está separada de la Ilha de Cabanas por un canal artificial. En cambio, por el oeste, el espacio con la Ilha de Armona se formó de manera natural. En el post que le dediqué a Portugal en 2018, ya hablé de la Ilha de Tavira, porque accedimos a ella a la altura de la Praia do Barril, que se encuentra en su sector central. Por contra, en esta ocasión, y en las demás en las que he visitado la isla, he estado en su extremo oriental. Allí, hay un complejo turístico, integrado por un camping y por varios restaurantes.



A ese complejo se llega con un pequeño barco, que se coge en Quatro Águas, y que atraviesa la Ría Formosa.



Quatro Águas es un asentamiento en el que no tiene pinta de vivir nadie. Allí, lo que hay es un pequeño puerto deportivo, un hotel, un par de restaurantes, dos edificios que parece que pertenecen a la policía y al servicio de guardacostas, así como una caseta, en la que se compran los billetes para ir a la Ilha de Tavira.


La ruta desde Quatro Águas hasta Ilha de Tavira es breve, pero el entorno es precioso, por lo que se disfruta una barbaridad.


Tras el paseo, se arriba al muelle de la isla, y, desde allí, la distancia hasta la Praia da Ilha de Tavira no es grande. Para llegar a ella, hay que recorrer un camino de cemento, que se abre paso entre un buen número de restaurantes. La entrada al Parque de Campismo da Ilha de Tavira también da a ese sendero pavimentado. 


Dada la cantidad de gente que vi en esa zona, temí que nos estábamos metiendo en la boca del lobo, pero lo cierto es que, al poco, llegamos a la paradisiaca Praia da Ilha de Tavira, que se abre al Océano Atlántico sin trabas, y la aglomeración se diluyó.


Yo he estado en esa parte de la Ilha de Tavira en bastantes ocasiones. Son muchas las historias que he vivido ese sitio, desde que me estrené, yendo de camping con mis amigos en 1997. A pesar de su reducido tamaño, también podría contar alguna que otra anécdota acaecida en Quatro Águas. La próxima vez será. Ahora, del pasado solo voy a añadir que, en 2010, pasé una noche en el Hotel Vila Galé Albacora, que es el hotel de Quatro Águas al que antes hice referencia. El mismo se encuentra en el lugar donde el Río Gilão desemboca en la Ria Formosa, pero en el lado opuesto al del resto de Quatro Águas.


El hotel lleva abierto desde el año 2000, en las instalaciones rehabilitadas de un antiguo arraial atunero, es decir, de un asentamiento en el que vivían, de manera semipermanente, los pescadores de atún que faenaban en la costa del Algarve, y en el que preparaban el pescado. Alojarme en ese establecimiento fue un privilegio, que no he querido dejar de recordar.

Dos chiringuitos y un restaurante

Pero volviendo al último fin de semana, no quiero terminar el post sin hablar de los tres lugares donde comimos. En el primero, realmente lo que hicimos fue cenar. Estaba en la Avenida da República de Vila Real de Santo António, justo enfrente del puerto deportivo, y se llamaba Restaurante O Pescador.


De él, me gustó que pusieron de su parte para hacernos un hueco, dado que íbamos sin reserva y que estaban los restaurantes hasta la bola. Además, el bacalao dorado y los salmonetes a la brasa que nos sirvieron estuvieron buenos. También disfruté del hecho de que la inmensa mayoría de los comensales que atiborraban el salón eran gente local. Incluso, había allí una familia enorme celebrando un cumpleaños, así como otros grupos de personas que, evidentemente, no eran turistas. En resumen, cenamos en medio de un cierto caos, en un ambiente bastante poco refinado, pero la verdad es que todo fue muy auténtico.

Al día siguiente, ya cambiamos de tercio y comimos en un chiringuito de playa puro y duro. En concreto, reservamos una mesa en el Restaurante Das Marés, que está, literalmente, en la Praia da Alagoa.


Para mí, Das Marés fue el mejor restaurante de los tres que visitamos. El tercero se llamaba Restaurante Água Viva, se encontraba en la Ilha de Tavira, y tampoco estuvo mal, pero era más turístico, es decir, que si en O Pescador y en Das Marés nos atendieron con transparencia sendos camareros, que eran tan eficientes como antipáticos, en Água Viva nos captó un lisonjero vende motos, que nos despachó el pescado que le dio la gana, tras decirnos, estando ya sentados en la mesa, que no tenía carta, y luego se ocuparon de nosotros un par de jovenzuelos desganados, con pinta de estar trabajando como castigo, por no haber dado palo al agua en el instituto durante el curso. En consecuencia, la experiencia podría haber sido nefasta, pero lo cierto es que, al final, nos comimos unas sardinas asadas y un robalo bien cocinados. La relación cantidad-precio solo rozó el aprobado, pero, al menos, conseguimos salir de allí sin ser estafados.  

En definitiva, el improvisado fin de semana me ha dado la oportunidad de hablar de la parte oriental de la Ilha de Tavira. Tenía muchas ganas de hacerlo. Además, he podido reflejar en este post que ya acaba, otros cuantos momentos puntuales que me apetece guardar en la memoria. No obstante, continúa estando pendiente el viaje por Portugal que tengo pensado.


Reto Viajero TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO
Visitado PORTUGAL.
En 1987 (primera visita), de los 44 Países del Mundo que están en Europa, % de visitados: 4'5% (hoy día 43'2%).
En 1987 (primera visita), de los 196 Países del Mundo, % de visitados: 1% (hoy día 10'2%).