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15 de julio de 2025

HELSINKI 2025

La verdad es que no pensaba ir a Helsinki este verano, porque ya estuve en la capital finlandesa en 2013, tenía la sensación de que la vi bien, y no es una ciudad que destaque por nada en concreto. Sin embargo, Julia dijo que quería conocerla, dado que la otra vez que fuimos no tenía ni 3 años, y no la recordaba. En vista de eso, María y yo reestructuramos sin dudar los planes, y pasamos en Helsinki el último día de nuestras vacaciones en Finlandia.


Además, lo de decir que ya conozco bien un sitio, y que no necesito volver a él, no va conmigo. Es innegable que Helsinki es una ciudad de talla humana, con una historia corta, pero no es cierto que no merezca la pena. Lo que pasa es que hay que degustarla con calma, disfrutando de los detalles. Los que viajen solo para ir a lugares mediáticos dirán que en Helsinki no hay cosas que ver, pero yo no soy de esos.

Un poco de historia

Helsinki se fundó oficialmente en 1550, pero a principios del siglo XVIII era un simple poblado de madera, en el que vivían unas 1.700 personas. La construcción de una fortaleza naval en unas islas que se encuentran situadas delante, hizo que aumentara de estatus, pero su importancia fue secundaria hasta que Rusia le arrebató a Suecia todo el territorio de la actual Finlandia, en 1809. Esa circunstancia provocó el nacimiento del Gran Ducado de Finlandia, como estado autónomo integrado en el Imperio Ruso. Su capital era Turku, pero los rusos consideraron, en 1812, que esta ciudad estaba demasiado influida por Suecia, por lo que trasladaron la capitalidad del ducado a Helsinki. Eso potenció su desarrollo demográfico y arquitectónico. El objetivo de Rusia era que Helsinki se pareciera a San Petersburgo, por lo que Johan Albrecht Ehrenströn planteó un proyecto urbanístico acorde a esa idea. Ese diseño lo puso en práctica el arquitecto alemán Carl Ludwig Engel. A lo largo de más de dos décadas, este hombre trabajó para darle a Helsinki una impronta que no ha desaparecido. Gracias a él, en gran parte, la población se convirtió en una referencia en el norte de Europa, hasta el punto de que, en 1917, cuando Finlandia se independizó, la cabecera del país se mantuvo allí.

En definitiva, hoy día Helsinki es una ciudad de 685.000 habitantes, que es muy paseable y muy amable. Por ello, es perfecta para ir con niños. Está dividida en 60 distritos. Los 5 que se considera que son su núcleo son Kruununhaka, Kluuvi, Kaartinkaupunki, Kamppi y Punavuori


Nosotros, en 2013 pasamos tres noches en Helsinki, y tuvimos tiempo de ver la Capilla Kamppi, que es conocida por todos como Capilla del Silencio (está en el barrio llamado Kamppi), así como la Estación Central de Helsinki (está en Kluuvi).


También visitamos el Parque Sibelius, con su Monumento a Sibelius (está en Taka-Töölö), la Catedral de Helsinki (se encuentra en Kruununhaka), así como la fortaleza de Suomenlinna, que es uno de los siete sitios finlandeses que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (en el post anterior hablé de Vanha Rauma, que es otro). El distrito de Suomenlinna está compuesto por ocho islas, que se hallan situadas a tres kilómetros del puerto de Helsinki. Seis de esas islas pertenecen a la fortificación homónima.

Asimismo, en 2013, como experiencia única, participé en la Maratón de Helsinki, lo cual me permitió entrar corriendo en el Estadio Olímpico de Helsinki, que también está en Taka-Töölö (el distrito de Taka-Töölö se considera que forma parte del sector más occidental del centro de Helsinki).

En esta ocasión, no nos hemos movido tanto por la ciudad, porque, además, la otra vez nos alojamos en dos lugares diferentes, y eso hizo que nos alejáramos un poco del epicentro de Helsinki. Ahora, ni siquiera hemos llegado a pernoctar allí, pero sí pudimos darnos un largo paseo. También volvimos a ver la Catedral por dentro.

Un día en Helsinki

El caso es que el pasado miércoles teníamos que coger el avión en el Aeropuerto de Helsinki-Vantaa a última hora de la tarde, pero, en vez de gastar la jornada en otro lugar, decidimos darle gusto a Julia y meternos de cabeza en el centro de Helsinki.


Tras llevar una semana conduciendo plácidamente por Finlandia, me costó llegar hasta el meollo de su capital, pero al final logré soltar el coche en un aparcamiento subterráneo, en el que nos dejamos un riñón. No obstante, lo positivo fue que estaba tan bien situado, que salimos enseguida a Aleksanterinkatu.


Aleksanterinkatu es la principal calle comercial de Helsinki. Está en Kluuvi. Nosotros, en vez de recorrerla, cogimos una perpendicular y nos desplazamos hacia el sur, con la idea de empezar el paseo andando por Esplanadi. Este amplio bulevar discurre paralelo a Aleksanterinkatu, y une la zona de la plaza del mercado de Helsinki con Mannerheimintie, que es la columna vertebral de la ciudad. La siguiente foto la saqué, precisamente, en el extremo meridional de Mannerheimintie.


La cosa es que Mannerheimintie es una avenida que mide casi 6 kilómetros, y que acaba en el distrito de Haaga. Si se mira el mapa de distritos que he puesto arriba, se puede ver que este se encuentra ya bastante al norte de la ciudad.

El tema es que el sur de Mannerheimintie, así como Esplanadi y Aleksanterinkatu, estaban hasta arriba de gente. Yo tenía el recuerdo de que Helsinki era una ciudad tranquila, incluido ese sector del centro, pero tuve que matizar semejante idea, en vista de la cantidad de personas que pululaban por allí.

Dado que nosotros lo que queríamos era almorzar tranquilos, para hacerlo optamos por elegir un restaurante que estaba un poco alejado de toda esa zona. Como era nuestro ultimo día de vacaciones, decidimos que era el momento de pegarnos un homenaje, a base de buena comida finlandesa, en un barrio menos turístico. Por eso, enfilamos Mannerheimintie, para ir hacia el norte. De paso, fuimos viendo algunos de los lugares emblemáticos de la ciudad que se asoman a esta importante calle. El primero donde hicimos un alto fue Latsipalatsinaukio, que es la plaza en la que se encuentra la Capilla Kamppi de la que hablé antes.


A finales de 2013, cambiaron Latsipalatsinaukio totalmente, ya que crearon sobre ella una especie de estructura irregular como de tejido sintético, sobre la que se puede pasear.


La Capilla del Silencio se ha quedado en un extremo de la plaza, un poco escondida. De nuevo, me pareció que esa zona estaba bastante más concurrida de lo que yo la recordaba. Nosotros nos detuvimos un rato en las estructuras de Latsipalatsinaukio, pero esta vez no íbamos a entrar en la pequeña capilla, por lo que pronto seguimos nuestro camino por Mannerheimintie, que, de repente, se convirtió en una calle muy espaciosa, salpicada de edificios modernos y relevantes.




El más importante que vimos fue, sin duda, el edificio del Parlamento de Finlandia.


A partir de un determinado momento, el volumen de personas que rondaban por la calle disminuyó una barbaridad, circunstancia que yo agradecí mucho. Pese a eso, nosotros aún no habíamos llegado a nuestro destino, que estaba en Etu-Töölö. Al final, la verdad es que nos alejamos bastante del centro, por lo que pude recuperar esa impresión que tenía, de que Helsinki es una ciudad tranquila y pausada.


El restaurante donde almorzamos estaba en la calle Museokatu. Se llamaba KuuKuu. Lo cierto es que no pudimos elegir mejor, porque comimos de lujo, rodeados de paz y de un ambiente muy agradable.



Después de comer, desandamos nuestro camino y regresamos al meollo de Helsinki. También era importante no irnos sin ver lo fundamental de la ciudad. Por esa razón, acabamos en la Plaza del Senado o Senaatintori.


La Plaza del Senado es el corazón de HelsinkiEhrenströn y Engel la diseñaron para que fuera el eje político, religioso, comercial y científico de la ciudad. Por ello, la bordean el Palacio de Gobierno, el principal edificio de la Universidad de Helsinki, Aleksanterinkatu, que ya dije que es la calle de las tiendas en Helsinki, así como la Helsingin Tuomiokirkko o Catedral de Helsinki.


Visitando la Catedral de Helsinki

La Catedral de Helsinki es luterana, es decir, es una iglesia de culto evangélico. No muy lejos se encuentra la Catedral de la Dormición o Uspenskin Katedraali, que es ortodoxa, pero yo esta no la he visto en ninguna de mis dos visitas a Helsinki. De todas formas, del 100% de los finlandeses, solo el 65% se declaran religiosos, y, de estos, el 62'5% dicen ser evangélicos luteranos. Apenas son ortodoxos el 1'1%, por lo que es evidente que la principal catedral de Helsinki es la que se asoma a la Plaza del Senado. Por desgracia, la fachada que da a ella la estaban restaurando. 


Sin embargo, resulta que la planta del edificio es de cruz griega, y el mismo no solo cuenta con cuatro brazos igual de largos, sino que tiene todas las fachadas idénticas. Eso hizo que, simplemente con rodear un poco la Catedral, ya pudiéramos ver como es.



Dada la hora que era, ya tan solo teníamos tiempo para entrar en un sitio destacado, y decidimos que lo que íbamos a visitar por dentro era la Catedral luterana. La mayoría de las iglesias que he visto en mi vida han sido católicas, por lo que tenía curiosidad por ver una evangélica como esa. Como no podía ser de otra manera, pronto me percaté de que era mucho más sobria que los templos que dependen del obispo de Roma.



En efecto, en las paredes de la Catedral de Helsinki apenas si vi un cuadro y unas pocas estatuas. Una de ellas era de Martín Lutero, y otra representaba a Mikael Agricola, que, además de estar considerado como el padre de la literatura finlandesa, es la persona que reformó la iglesia de Finlandia, siguiendo los preceptos luteranos. Por su parte, el cuadro era El Descenso de Jesús desde la Cruz. Lo pintó Carl Timoleon Von Neff, y se conserva en el altar mayor.

Aparte, la Catedral de Helsinki no es muy grande, por lo que pudimos verla bien antes de bajar a la cripta.


Yo he visto unas cuantas criptas de iglesias católicas, por lo que creí que sabía más o menos lo que me esperaba. En teoría, en los templos, las criptas son cámaras subterráneas destinadas a albergar sepulcros y reliquias de fieles o de clérigos. A veces, son simplemente sótanos dedicados al culto, pero, en todo caso, lo normal es que sean espacios sagrados. Cuando se abren al turismo, en parte cambian su valor espiritual por otro conmemorativo, pero lo que vi en la catacumba de la Catedral de Helsinki supera los límites del surrealismo que yo esperaba encontrarme en ese tipo de lugares. Quizás es un problema de choque cultural, porque, si no, no se entiende que en un sitio que no está desacralizado, además de una pequeña capilla, haya exposiciones profanas, una zona de almacén y una cafetería. 
A mí me da igual, porque no soy religioso, pero lo cierto es que me extrañó un poco lo que vi. De hecho, la cafetería se llamaba Café Krypta. Si me hubieran dicho, que en un sitio con un nombre así se originó la versión finlandesa del Inner Circle, me lo habría creído... 


Ahora me arrepiento de no haberme tomado algo en ese lugar. Realmente, hubiera sido muy heavy beberse una cerveza en el hipogeo de una iglesia.

Sin embargo, nosotros lo que hicimos fue volver a la Plaza del Senado y pedirnos un helado en Senaatintorin Jäätelökioski. Las vistas desde la terraza de ese kiosko merecen la pena, así que tampoco me quejo.


Para acabar la jornada, nos movimos hasta la cercana Kauppatori, es decir, hasta la plaza del mercado de Helsinki, que a esa hora seguía con los tenderetes abiertos. En total, habría allí unos diez puestos de fruta y una veintena de tiendecillas de souvenirs, por lo que no era un lugar demasiado destacado por su actividad comercial, pero estaba en un sitio bastante atractivo, al borde de los muelles donde atracan los barcos que van a Suomenlinna.


Sentados en un banco, al borde del mar, echamos nuestro último rato de asueto en Finlandia. Cuando llegó la hora, no nos quedó más remedio que ir al parking a por el coche, para tirar ya hacia el aeropuerto. Antes, sin embargo, hicimos un alto delante de Havis Amanda


Havis Amanda es el nombre que recibe la fuente con estatuas que decora el extremo oeste de Kauppatori. Se trata de uno de los lugares más fotografiados de Helsinki, por lo que me pareció el sitio perfecto para decirle "hasta pronto" a Finlandia y a su bonita capital. 


Reto Viajero PRINCIPALES CIUDADES DEL MUNDO
Visitado: HELSINKI.
En 2013 (primera visita), % de Principales Ciudades del Mundo que están en Europa que ya estaban visitadas: 29'7% (hoy día 48'6%).
En 2013 (primera visita), % de Principales Ciudades del Mundo que ya estaban visitadas: 13% (hoy día 20%).


6 de diciembre de 2024

MADRID 2024

Hace tiempo, me propuse ir a Madrid al menos una vez al año, y hay algo en el universo que se ha conjurado para que pueda cumplir con mi objetivo. Si no, no se entiende que, de los últimos 31 años, solo en 6 no haya estado en la capital, teniendo en cuenta que vivo en Sevilla, y que casi nunca he viajado por trabajo. Este 2024, pensaba que no iba a poder cumplir con mi aspiración por séptima vez, pero, como digo, alguna fuerza externa tiende a llevarme a Madrid periódicamente, aunque yo no lo planee. 


El caso es que el pasado fin de semana surgió la oportunidad de dejarme caer por Madrid una vez más. En realidad, yo fui de acompañante de María, que iba a hacer un examen de oposición, por lo que parte del plan estuvo mediatizado por esa circunstancia, pero eso no impidió que pudiera darme un par de paseos. Además, nos alojamos en un apartamento turístico que estaba situado en una zona de la ciudad que yo nunca había pisado. La misma se conoce popularmente como Villaverde Bajo, aunque, en la actualidad, ese nombre no se usa para designar ningún barrio oficial madrileño.


En realidad, Villaverde fue un municipio independiente hasta 1954, cuando se unió a Madrid y nació el distrito de Villaverde. Ese pueblo recorrió, por tanto, el mismo camino que Barajas de Madrid, que desapareció en 1950, y que pasó a ser un distrito de la capital denominado Barajas. De él hablé hace unos meses. En el caso de Villaverde, en 1954 era un ente municipal que estaba ya dividido en dos poblaciones, desde que, a mediados del siglo XIX, su zona se convirtiera en un nudo ferroviario, y eso provocara el surgimiento de Villaverde Bajo, a pocos kilómetros de lo que pasó a conocerse como Villaverde Alto, que era el núcleo original. Años después, esa dualidad entre Alto y Bajo sigue vigente, aunque ahora todo se encuentre unido y estemos hablando de dos simples barrios oficiosos de Madrid.

Desde que se creó, Villaverde ha sido el distrito más industrial de la capital. De hecho, varios polígonos industriales ocupan una gran porción de su territorio. Hoy día, se encuentra dividido en cinco barrios oficiales. Villaverde Alto forma parte del de San Andrés, que está al oeste, mientras que Villaverde Bajo se corresponde con todo el sector sur de Los Rosales. Esta es la zona que yo recorrí.

Los Rosales es una barriada obrera de libro, en la que abunda la multiculturalidad. Por lo visto, en 2019 eran inmigrantes el 15'9% de sus vecinos, según el Estudio Sociodemográfico de los Barrios de Madrid Ligados a los Planes Integrales de Barrio (PIBA), que es un documento oficial del Ayuntamiento de Madrid. El 15'9% de la población no parece mucho, pero tampoco sé que es lo que se considera inmigrante. Es posible que la cifra no contemple a las personas cuyos padres vinieron de fuera de nuestras fronteras, pero que ya han nacido aquí. Estos son españoles a todos los efectos, pero contribuyen a la diversidad cultural de los sitios donde viven. En Los Rosales está claro que los hay en cantidad.

En todo caso, en el citado estudio se afirma que Los Rosales es el vigésimo barrio más vulnerable de Madrid, de los 128 en los que está dividida la ciudad, teniendo en cuenta su composición social y su nivel económico. Ese dato sí es, quizás, más descriptivo de lo que uno puede encontrarse en esas calles del límite sur de la capital de España, que no es otra cosa que gente que es currante y trabajadora, pero que no lo tiene fácil. 

Nosotros, en Villaverde Bajo estuvimos muy a gusto. De hecho, dado que llegamos a Madrid a mediodía, lo primero que hicimos fue ir a comer. Para encontrar algún sitio donde hacerlo, atravesamos la barriada de lado a lado, hasta que dimos con un bar que nos convenció, junto al Parque de la Fuente


En efecto, en uno de los laterales de esa zona verde tiene su velador el Bar Cafetería Donde Siempre, que es donde nos sentamos. Al sol, en un ambiente muy tranquilo, estuvimos en la gloria. 


Donde Siempre es una tasca prototípica, con una amplia carta de comida. La experiencia me dice que, en ese tipo de bares, es mejor no pedir pescado, sobre todo frito, por lo que nosotros nos tomamos un par de cañas, con sus correspondientes tapas de salchichas con patatas, además de una ración de lacón, y nos quedamos tan a gusto. A María le hacía falta un rato así, porque se examinaba al día siguiente y a esa hora estaba ya más que nerviosa.

Con respecto al lugar donde nos alojamos, creo que nunca había dormido en un apartamento más minúsculo. Estaba situado en una especie de ensanchamiento de la Calle Eduardo Minguito, que estaba atestado de coches.



Lo que aparece en la foto superior es el apartamento entero (la instantánea está tomada desde el zaguán). Era tan chico, que el armario no podía usarse sin quitar la silla, y lo que se ve encima de ambos era la cama, que impedía que la puerta del baño se abriese del todo. Eso sí, tenía una ventana que daba a la calle. Por suerte, solo lo queríamos para dormir. 

Tras el agradable rato comiendo, y la correspondiente siesta en el infra apartamento turístico, volvimos a nuestra realidad y nos dirigimos a Ciudad Universitaria, que es el barrio donde tiene sus instalaciones la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. Allí es donde María iba a hacer su examen. 


Nuestra idea era que ella tuviera clara la manera encontrar el lugar del examen al día siguiente. Por eso, fuimos hasta la misma puerta de la Facultad. En contra de lo que yo pensaba, la Avenida Complutense, que atraviesa ese barrio universitario, estaba bastante animada a esa hora, teniendo en cuenta que era sábado por la tarde. Efectivamente, había por allí muchas familias, que iban a algún tipo de actividad que se iba a desarrollar. El ambiente era entrañable. 

Nosotros, sin embargo, no echamos raíces en la zona, sino que optamos por tirar para Lavapiés, para ir a tomarnos unas cañas con Ruth, como hacemos casi siempre que vamos a Madrid. Con ella, fuimos al Mercado de San Fernando. En apariencia, se trata de un mercado clásico, y todavía conserva puestos de carne, de fruta y de verdura, pero también tiene otros que se han transformado en pequeños bares, donde se puede comer de todo. En nuestro caso, nos detuvimos en uno de gastronomía portuguesa, llamado Tasquinha Lisboa.


Siempre es un placer degustar una cerveza Sagres y probar alguna receta portuguesa, sobre todo si lleva bacalao.  


Por lo que respecta al Mercado de San Fernando, hace años ya fui, creo que en unas circunstancias parecidas, y aquello me lo encontré muy tranquilo, pero el otro día estaba hasta la bola. Me encantó ver tanta animación.

María, Ruth y yo, tras esa primera ronda, decidimos cambiar de establecimiento para la segunda, y nos dirigimos a un bareto en el que ya había estado, pero que ha sido rebautizado. Está en la Calle del Mesón de Paredes, y ahora se llama Los Rotos de Lavapiés


Antes, su nombre era Taberna Dónde da la Vuelta el Viento. Su aspecto actual es el mismo, pero supongo que ha cambiado de dueño.

Tras una segunda caña y otra tapa, llegó el momento de volver al diminuto apartamento, dado que había que madrugar mucho. Nuestra tarde en Madrid esta vez no se alargó demasiado.

Al día siguiente, María se fue al examen muy temprano. Yo la acompañé a la boca de metro, y luego me fui a correr. Al acabar, me duché y salí de nuevo, dispuesto a aprovechar el tiempo, mientras la esperaba. Mi objetivo era entrar en el Templo de Debod, que es una cuenta pendiente que tengo en Madrid. Para ello, me fui hasta el barrio de Argüelles, que no lo tengo nada explorado. De hecho, creo que no había estado nunca en la Plaza de España.


Tras echarle un detenido vistazo al Monumento a Cervantes de la citada plaza, seguí mi camino hasta el Parque del Oeste. Estuvo bien que me diera un paseo por esa zona de Madrid que desconocía, porque realmente el Templo de Debod no pude verlo. Por desgracia, no había entradas.


No me esperaba no poder entrar en el Templo de Debod, pero lo cierto es que vi Madrid lleno de turistas, por lo que no es de extrañar que hiciera falta reserva. Sin duda, pequé de inocente. Por fortuna, como he dicho me pude dar una vuelta por sitios que no conocía, entre ellos el parque donde está el templo egipcio. Desde allí, avisté, a lo lejos, la Catedral de Santa María La Real de la Almudena, que se convirtió en mi nuevo objetivo.


Antes de entrar en ella, me asomé al Mirador de la Cornisa del Palacio Real, desde donde se ven unas bonitas vistas del suroeste de Madrid.


La Catedral de Santa María La Real de la Almudena, por su parte, nunca la había visitado con tanto detenimiento. Dada la hora que era, sabía que ya no me daba tiempo a ir a ningún otro lado, pero, sin embargo, aún no tenía prisa real, así que me explayé recorriendo el templo catedralicio madrileño.


La Catedral de la Almudena se consagró en 1993, por lo que uno no la mira como si fuera un templo medieval. No obstante, es un edificio impresionante.


Curiosamente, la Virgen de la Almudena, que es la patrona de Madrid, no está situada en el Altar Mayor, sino en otro elevado, que se ubica en el lado derecho del transepto. 



Yo subí a ver a la Virgen, claro está, pero lo que más me gustó fue poder contemplar, desde lo alto, el transepto de la Catedral y el crucero. 


Otra curiosidad que desconocía, es que en La Almudena se conserva el Arca de San Isidro, que albergó, en la Edad Media, el cuerpo de San Isidro Labrador. Algunos dicen que esa baúl es la pieza de mobiliario medieval más importante de Europa.


En definitiva, no era la primera vez que entraba en la Catedral de Santa María La Real de la Almudena, pero sí vi cosas que no conocía. Al final, la visita improvisada a Madrid fue muy fructífera.

María acabó su examen, y tiramos enseguida para el sur. Aún nos quedaba el segundo episodio de nuestra mini serie Opositores on Tour. En efecto, tanto esta prueba de Madrid, como la de Cádiz que esperaba a María al día siguiente, eran simples entrenamientos para la importante, que es la que tiene que darle estabilidad de una vez por todas. Esta, que tendrá lugar en Sevilla, será la segunda del proceso selectivo destinado a cubrir vacantes en los archivos de la Junta de Andalucía. La primera ya la aprobó en noviembre. La definitiva está al caer, y estoy seguro de que irá bien, pero, mientras la convocan, en Madrid hizo un buen ensayo. En Cádiz le aguardaba otro.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado MADRID.
En 1988 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Comunidad de Madrid: 7'7% (hoy día 30'8%).
En 1988 (primera visita consciente), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 4'4% (hoy día 36'3%).

Reto Viajero PRINCIPALES CIUDADES DEL MUNDO
Visitado MADRID.
En 1988 (primera visita consciente), % de Principales Ciudades del Mundo que están en Europa que ya estaban visitadas: 2'7% (hoy día 48'6%).
En 1988 (primera visita consciente), % de Principales Ciudades del Mundo que ya estaban visitadas: 1% (hoy día 20%).


29 de julio de 2024

ATENAS 2024

Atenas es un puro contraste, y por eso no creo que pueda dejar indiferente a nadie. Por un lado, se trata de una población clave en la historia de la humanidad. Es cierto que hay otras civilizaciones en el mundo, además de la occidental, y, por tanto, no se puede considerar que en Atenas esté ubicado el epicentro de todo, pero es innegable que en ella se gestaron muchos de los planteamientos vitales que definen la cultura europea, y esto, de manera indefectible, hace que se halle en la élite de las ciudades preeminentes a nivel global. Según mi parecer, Atenas fue la polis griega más relevante, y la Antigua Roma bebió de las fuentes la Antigua Grecia, antes de pasar a conquistar Europa y el Mediterráneo. Con los años, varios estados europeos dominaron gran parte del planeta, por lo que la herencia helena ha acabado llegando a la mayoría de los lugares. Actualmente, la mezcla cultural es la nota predominante, pero es innegable que el viejo continente es fundamental en el devenir de la humanidad, y que su germen se localizó en el núcleo urbano sobre el que, hoy día, se sitúa este de la foto.


No obstante, Atenas tiene un lado oscuro, como he dicho. El mismo no está relacionado con la forma en la que trata su pasado, porque los vestigios de este se pueden disfrutar a la perfección. No tengo ninguna queja sobre la manera en la que los atenienses ponen en valor su patrimonio. Es cierto que la Acrópolis estaba masificada, pero en la actualidad todos los lugares míticos del mundo lo están. Ese es un tema aparte. En realidad, el talón de Aquiles de Atenas es que Grecia ha sufrido una crisis económica brutal, de la que ya hablé en el post dedicado al país heleno, y sus consecuencias se ven a tope en su capital. Eso significa que las maravillas arquitectónicas se encuentran a salvo, porque parece que el grueso de los esfuerzos se han centrado en salvaguardarlas, pero estas conviven con la ruina y con el caos. Por desgracia, esto es normal en otros sitios del mundo, pero sorprende verlo en Europa en tan alto grado, y choca percibir tan entremezclados los extremos. Sin ir más lejos, es un hecho que en Atenas la suciedad está por doquier, pero lo que de verdad impacta es toparse con una decena de ratas correteando a su aire por una plaza de la zona noble de la ciudad.


El seto y el parterre de hierba de la foto están situados en el lateral del Museo de Historia Natural, y al fondo a la izquierda, lo que se ve es la Calle Stadiou, que es una de las principales del sector más honorable de la ciudad. Lo de que Atenas es un puro contraste no es una exageración. Lo de las ratas es, quizás, lo más salvaje, pero son muchos los casos que se ven. Por ejemplo, en la Plaza Klauthmonos hay un montón de sintecho acampados, pero en la Calle Skouleniou, que sale de esa plaza, comienza una zona repleta de restaurantes chic, donde la gente come en las terrazas, sin inmutarse porque enfrente haya una veintena de personas sin hogar tiradas por los suelos. Realmente, en cualquier calle se ven indigentes durmiendo entre cartones, y se alternan, con sorprendente frecuencia, negocios de postín, con edificios que se cerraron y se están cayendo. Esa cierta anarquía, los atenienses parecen llevarla con naturalidad. Otra anécdota, protagonizada por el caos, la viví mientras compraba en un supermercado normal y corriente. Resulta que, sin previo aviso, se fue la luz en la manzana, por lo que nos quedamos a oscuras. Se apagaron hasta las neveras. En consecuencia, solté lo que había cogido y me fui, pero no solo yo, sino todos los que se encontraban en las numerosas tiendas de moda de los alrededores.

En definitiva, yo me moví por el meollo de Atenas, no por los barrios, y aun así vi que allí la vida no es fácil para muchos. Sin embargo, hay que decir que no hay sensación de inseguridad, en absoluto, y que la dignidad de los atenienses es patente. Yo salí cada mañana a correr, poco después de las 6'00, y además de encontrarme conque hacía ya un calor apabullante, pude también comprobar como la gente estaba en marcha desde primera hora, e iba a trabajar con una notable buena predisposición.

Yo estuve en Atenas cuatro noches, pero en total solo le dediqué a la ciudad una mañana, una tarde y una jornada completa, aparte de un rato vespertino, tras regresar de una de las excursiones, y otro par de tempranas horas, el día que ya nos íbamos. Como iba en un viaje organizado, la mayoría del tiempo no fui a mi aire, pero el ritmo del grupo me pareció perfecto, por lo que yendo sin compañía no le habría sacado más partido a la estancia.


Además, en la jornada completa a la que he hecho referencia sí tuvimos tiempo libre, los que decidimos quedarnos en la capital, por lo que pude ir a ver cosas que me apetecían, y que no entraban en el plan del grupo.

Antes de pasar a relatar qué es lo que vi en Atenas, voy a explicar con brevedad como está organizada la ciudad. En realidad, el nombre Atenas puede designar a la municipalidad, a la Gran Atenas y al área metropolitana de Atenas. En el siguiente mapa, que he sacado de la Wikipedia, se ven con claridad esos tres niveles, dentro de un cuarto, que sería la periferia llamada Ática.


La Gran Atenas es un área urbana que incluye 40 municipios, entre ellos el de Atenas, y también otros como Marusi, Eleusina o El Pireo. Al área metropolitana abarca, incluso, unos cuantos más. 

Con respecto al municipio de Atenas, que es de lo que voy a hablar, el mismo se encuentra estructurado en siete distritos oficiales, que parecen no tener nombre. Los que sí que están bautizados son el casi medio centenar de barrios en los que se divide la ciudad, pero estos, en cambio, son fruto de una partición oficiosa. Hay más o menos consenso en cuáles son, pero la verdad es que surgen algunas divergencias, acerca de los límites de cada uno. En todo caso, sí tengo claro que yo estuve en Monastiraki, Emporiko Trigono, OmoniaPlaka, Kolonaki, Makryianni, Akadimia, Exarcheia, Thiseio, Syntagma y Pangrati. La mayoría se hallan al noreste de la Acrópolis.


La Acrópolis hace de eje en Atenas, sin que se pueda decir que pertenece a ningún barrio. De los once que he nombrado arriba, unos cuantos solo los pisé para visitar algún edificio puntual. Por ejemplo, en el caso de Pangrati, apenas si estuve en el Estadio Panathinaiko, que está en su extremo norte. A este mítico coliseo deportivo le voy a dedicar un post independiente, por lo que no voy a hablar ahora de él.

Tampoco puedo decir demasiado de Makryianni, que es conocido a veces como Acrópolis, porque se extiende al sur de esta. En consecuencia, la peatonal Calle Dionysiou Areopagitou, que ejerce de borde meridional de la ciudad alta ateniense, es el límite norte del barrio. En este, el principal edifico es el Museo de la Acrópolis, que da precisamente a la citada calle. De nuevo, por tanto, lo único que vi del vecindario fue algo muy concreto, que se halla en uno de sus extremos, para más inri. Además, a la Acrópolis también le voy a dedicar otro post aparte, y, aunque su museo no se encuentra inserto en ella, es innegable que está muy ligado a la misma, por lo que me voy a referir a él en el próximo artículo.

Por lo que respecta a Exarcheia, se trata del barrio más septentrional en el que estuve. Fuimos a él a tiro hecho en autobús, para ver el Museo Arqueológico Nacional


El gran museo arqueológico estatal de Grecia, que es un país top, si hablamos de patrimonio histórico, tiene que ser alucinante seguro. En efecto, el Museo Arqueológico Nacional heleno alberga la mayor y mejor colección de objetos de la Antigua Grecia que existe. Allí, incluso alguien que solo conozca de pasada la historia del arte, encontrará un buen puñado de piezas que le suenen. Una de las más significativas es la Máscara de Agamenón.


La máscara de oro del siglo XVI antes de Cristo, hallada en el Yacimiento Arqueológico de Micenas, podría estar en el Museo Arqueológico de Micenas, pero es tan importante que se llevó al Nacional. Lo mismo ocurre con otras piezas que se muestran en este, como el Diadúmeno, el Jinete de Artemisión, la Estatua de Zeus o Poseidón o la Atenea Varvakeion. Todas se encontraron en diferentes yacimientos, pero se han reunido en la soberbia colección nacional, que yo pude ver muy bien, gracias a las explicaciones de Giordani, el guía que nos acompañaba.



Continuando con los barrios que vi de refilón, hubo dos en los que puse mis pies en sus calles, pero solo en emplazamientos concretos, situados en sus extremos. Fueron ThiseioOmonia. Al primero fui el último día en metro, para comenzar, en la Estatua de Teseo de Georgios Vitalis, una ruta guiada que enseguida se metió en Monastiraki


En Omonia, por su parte, estuve en la modernizada Plaza Omonia, que siempre ha sido la más importante de Atenas. A ella desembocan seis de las principales avenidas de la ciudad, por lo que ejerce de nudo gordiano de la circulación ateniense. Yo cogí allí el metro.


Ni el lugar concreto donde se encuentra la Estatua de Teseo, ni la ajetreada Plaza Omonia, son sitios especialmente bellos, pero me alegra haberlos visto.

De todos los barrios que nombré antes, los seis de los que aún no he hablado son los que realmente visité en condiciones. Se trata de Monastiraki, Emporiko Trigono, Plaka, AkadimiaKolonaki y Syntagma. Para un foráneo, en ellos está lo básico que hay que conocer de Atenas.

Si cogiéramos un mapa y fuéramos de norte a sur, y de oeste a este, el primer barrio que nos encontraríamos, de todos los comentados, sería Akadimia. En él nos alojamos. En concreto, dormimos en el Hotel Titania.

    

Lo que hace único al Hotel Titania es la terraza de su Olive Garden Bar. Este es un bar que tiene unas vistas de la Acrópolis que quitan el sentido. Por la mañana, el desayuno lo servían en sus instalaciones, ubicadas en la undécima planta del hotel, por lo que era posible comenzar el día en un marco incomparable. Por la noche, de igual modo era posible tomar algo viendo iluminado el monumento.



El Hotel Titania se halla en la Calle Panepistimiou. Esta es una de las principales de Akadimia, que no es un vecindario muy grande, pero que sí es bastante relevante, ya que en él están algunos de los edificios más emblemáticos de Atenas. El barrio lo forman cinco avenidas paralelas, rectas y largas, que bordean por el noreste el considerado como casco histórico ateniense. Entre los importantes edificios referidos, se encuentran el que alberga las oficinas del Banco de Grecia, el de la sede central de la Universidad de Atenas, la Biblioteca Nacional griega y la Catedral de San Dionisio Areopagita. Este último inmueble es el único que yo pude ver por dentro, en esta parte de la ciudad. 


Atenas tiene dos catedrales, y la de San Dionisio Areopagita es la católica. Se terminó por fuera en 1865 y por dentro en 1869. Su mayor momento de gloria lo vivió en 1962, cuando se celebró en ella el matrimonio católico entre los futuros reyes de España, Juan Carlos y Sofía.



La Calle Stadiou separa Akadimia de Emporiko Trigono, que es el barrio de las tiendas. En Stadiou es donde vi el parterre con las ratas, por lo que me reafirmo en lo de que ese espectáculo no tuvo lugar en los bajos fondos atenienses, precisamente. De hecho, Emporiko Trigono es, junto con Monastiraki, el eje de la vida comercial y de ocio de Atenas


Emporiko Trigono significa, literalmente, triángulo comercial, por lo que es fácil deducir que es un barrio con forma de triángulo rectángulo. En él, Stadiou ejerce de hipotenusa, la Calle Ermou actúa como cateto por el sur y lo separa de Monastiraki, y la Calle Athinas hace de cateto por el oeste. En los vértices, están tres de las plazas más emblemáticas de Atenas. Son Omonia en el del norte, Monastiraki en el del oeste y Syntagma en el del este. Una cuarta plaza, ya mencionada antes, denominada Plaza Klauthmonos, se erige en centro neurálgico de la zona.


Una de las cosas curiosas de los barrios del centro de Atenas es que, a pesar de que se encuentran llenos de edificios modernos, en ellos se han mantenido intactas varias iglesias centenarias, que están fuera de contexto, pero que, a la vez, le dan a las zonas un toque surrealista y pintoresco. Así, en la Calle Ermou, a caballo entre Emporiko Trigono y Monastiraki, hay una capilla denominada Iglesia de Panagia Kapnikarea


La Iglesia de Panagia Kapnikarea es una de las más antiguas de Atenas. Data del siglo XI, y está formada por la unión de tres partes. La principal está consagrada a la Virgen María


Aparte, tiene adosada una capilla dedicada a Santa Bárbara y un nártex, que es del siglo XII. No obstante, lo más significativo, para mí, es que se trata de una iglesia ortodoxa, que ha sobrevivido en ese sitio a la transformación total del entorno.


En horario comercial, Emporiko Trigono y Monastiraki son un auténtico hervidero de gente. Luego, una vez que cierran las tiendas y las oficinas, allí cobran protagonismo los bares y los restaurantes de diseño.


Merece la pena visitar esos barrios antes de que despierten, para ver detalles que pasan desapercibidos cuando hay cientos de personas alrededor. Sin ir más lejos, yo recorrí entera, muy temprano, la Calle Aiolou, que atraviesa de norte a sur, tanto Emporiko Trigono, como Monastiraki, y a primera hora me percaté de que esa larga artería apunta directamente a la Acrópolis, que se puede vislumbrar al fondo.


Con respecto a Monastiraki, este es el barrio en el que conviven, en más alto grado, el presente y el pasado ateniense. El presente está representado por los cientos de pequeñas tiendas y negocios de restauración que llenan el vecindario. Todos juntos, convierten sus pintorescas callejuelas y plazas en un imán para la gente, que abarrota la Plaza Monastiraki (en la primera foto que pongo abajo), la Plaza Mitropoleos, así como las calles que hay en medio.




Sin embargo, no todo es modernez en Monastiraki, dado que en sus calles ya nos encontramos con vestigios de lo que fue la mítica Atenas de la Antigüedad Clásica. En efecto, allí están los restos de la Biblioteca de Adriano y del Ágora Romana, así como el acceso a la Antigua Ágora. Esta es tan grande, que supera los limites del barrio.

Nosotros, en el recinto de la Biblioteca de Adriano no entramos, y la del Ágora Romana fue, probablemente, la visita más atropellada que hicimos, en la semana que pasamos en Grecia. No obstante, en el poco tiempo que tuvimos, sí pude ver con detenimiento la Torre de los Vientos, que es la estación meteorológica más antigua que se conoce.


La Torre de los Vientos se construyó en el siglo I antes de Cristo, y contaba con un reloj de sol, con un reloj de agua y con una veleta. Sin embargo, se usó poco para menesteres meteorológicos, y, en cambio, tuvo diversas funciones religiosas a lo largo de la historia, que fueron fundamentales para que haya sobrevivido. En el siglo XVIII, las ruinas que circundan al torreón se encontraban bajo tierra, y el propio edificio estaba enterrado hasta la mitad de la puerta. En la actualidad, todo está de nuevo al aire.


Hoy día, la Torre de los Vientos llama la atención por lo bien conservada que se encuentra. No obstante, el Ágora Romana no tiene la entidad de la vecina Antigua Ágora, que fue el corazón de Atenas durante la Antigüedad Clásica. Ese amplio espacio, situado a los pies de la Acrópolis, estaba lleno de edificios públicos, y era el centro de la actividad política, administrativa, judicial, comercial, cultural y social de la ciudad.


En el recinto de la Antigua Ágora, la joya de la corona es el Hefestión. De nuevo, esta edificación de origen griego se usó como iglesia durante mucho tiempo, en este caso hasta el siglo XIX, por lo que se ha conservado bastante bien.



El Hefestión es un templo dedicado a Hefesto, dios de la metalurgia, y a Atenea, en este caso en su faceta de diosa de la artesanía. Eso justifica la presencia de ese gran edificio en un lugar como el Ágora.

Nosotros, tras ver el Hefestión nos dirigimos al Museo de la Antigua Ágora, que está ubicado en la Estoa de Átalo


La Estoa de Átalo estaba aceptablemente bien conservada, por lo que se pudo reconstruir casi igual a mediados del siglo XX. En su interior, me llamó la atención una escupi de niño de hace 2.500 años (Child's Commode, ponía en el cartelito), así como una numerosa colección de Ostraca, que dan fe de que, en la Atenas de la Antigüedad Clásica, a los indeseables se les llegaba a desterrar, mediante un proceso denominado Ostracismo, que consistía en escribir en un trozo de cerámica el nombre de alguien a quien se considerase persona non grata. Si ese individuo llegaba a los 6.000 detractores, se tenía que marchar de la ciudad durante una década.



Entre la Antigua Ágora y la Acrópolis se encuentra el Areópago. Se trata de una gran roca, que está en la misma colina que la que sirve de base a la de la Acrópolis, pero que no tiene un tamaño tan bestial. 


En ella, durante 900 años se reunió el Consejo del Areópago, que dictaba leyes y juzgaba los crímenes importantes. También aparece en la Biblia, que San Pablo pronunció allí un discurso.

Volviendo al barrio de Monastiraki, propiamente dicho, el mismo no solo destaca por sus tiendas y por las ruinas, sino que también tiene interesantes edificios más modernos, que lo convierten, junto con Plaka, en el epicentro turístico ateniense. El principal de esos edificios es la Iglesia Catedral de la Anunciación de la Virgen o Catedral Metropolitana de AtenasSu nombre popular es Mitropoli. Se trata de la catedral ortodoxa de la ciudad.


En este templo, Juan Carlos y Sofía también se casaron en 1962, esta vez por el rito ortodoxo. Está ubicada en la Plaza Mitropoleos.


Si la catedral católica se inauguró en 1865, la ortodoxa tampoco es mucho más antigua, ya que fue consagrada en 1862. Ciertamente, los templos catedralicios no son ningún must en Atenas, pero Mitropoli tuvo para mí el atractivo de que he visto muy pocas iglesias cristianas que no sean católicas. En ese sentido, Monastiraki me pareció un barrio interesante, porque allí entré también en la Iglesia de Agios Eleftherios y en la Iglesia de Santa María Pantanassa. La primera es conocida como Mikrí Mitropoli, porque está al lado de Mitropoli, pero es de menor tamaño.



La Iglesia de Agios Eleftherios es mucho más antigua que el templo catedralicio, aunque hay discrepancias acerca de su año de construcción. Por eso, yo solo voy a decir que es medieval, y así no me equivoco. En todo caso, su principal punto fuerte es que se erigió por completo con materiales reutilizados de otros edificios, por lo que sus muros muestran un curioso collage de relieves, que, pese a su variopinto origen, queda muy armónico.


Por dentro, la Iglesia de Agios Eleftherios es muy sobria, afirmación que me sirve para introducir el otro templo cristiano que vi en Monastriraki, que está en la homónima Plaza de Monastiraki. Se trata de la Iglesia de Santa María Pantanassa.


Por fuera, lo que llama la atención de la Iglesia de Santa María Pantanassa es que el nivel de la plaza ha subido y se ha quedado hundida, pero, lo que impacta de este templo es que su decoración interior es tan abigarrada, que el edificio parece más un trastero que otra cosa.


Siguiendo con los barrios, ya he dicho que Plaka es, junto con Monastiraki, el gran epicentro del turismo en Atenas.  


Una parte del barrio, que es atravesada por la Calle Adrianou, es eminentemente comercial. No cabe duda de que la misma tiene mucha vida, y, como es peatonal, resulta cómodo ir por ella disfrutando del entorno, pero yo no noté demasiada diferencia con lo que había visto en Monastiraki


No obstante, el punto fuerte de Plaka es que su parte meridional empieza a encaramarse por la ladera norte de la colina de la Acrópolis. Por el sur de esta, el barrio de 
Makryianni es mucho más moderno y exclusivo, y está algo menos pegado a la colina, por lo que la zona de Plaka denominada Anafiotika, acapara todo el protagonismo como sector pintoresco ligado al gran monumento ateniense. Por desgracia, esas calles yo no las vi. La próxima vez será.

Lo que sí hice en Plaka fue ir a un restaurante. Lo cierto es que en Atenas todas las cenas las hicimos en el hotel, y solo almorcé un día en la ciudad, por lo que la experiencia culinaria no fue muy amplia, pero sí nos dio para comer en Plaka un mediodía. En concreto, disfrutamos de un agradable rato en la terraza de la Taverna Vyzantino, que está situada en la Plaza Filomousou Eterias.


La Taverna Vyzantino tenía todas las papeletas para ser una trampa para guiris, y además hacía bastante calor, pero la verdad es que comimos muy bien y estuvimos a gusto.

He dejado para el final los dos barrios que me han marcado más en mi visita a Atenas. Lo han hecho por razones diferentes. Son Syntagma y Kolonaki

La palabra griega Syntagma significa Constitución, por lo que es fácil deducir que la Plaza Syntagma del homónimo barrio de la capital de Grecia, es el epicentro simbólico del país, desde el punto de vista político.


La actual Constitución griega data de 1975, pero la primera se dictó en 1843. La Plaza Syntagma acababa de ser diseñada, y se construyó a su vera el Palacio Real, que se terminó, precisamente, en 1843, poco antes de la revuelta que provocó la promulgación de la primera carta magna en Grecia. La monarquía no fue abolida allí hasta 1975, pero el suntuoso edificio ya no era morada de reyes y albergaba el Parlamento desde 1934. Por lo que respecta a la Plaza Syntagma, esta está atravesada por la Avenida Vasilisis Amalias, que la divide en dos. El sector oeste es más bajo, y tiene el aspecto de una plaza normal. El este, por su parte, queda delante del Antiguo Palacio Real, y es donde tiene lugar, cada hora en punto, un pintoresco cambio de guardia, protagonizado por un par de soldados del ejército heleno. Yo no llegué a verlo bien, así que dejo para la próxima la narración de cómo es.

En Syntagma también está el palacio presidencial. No obstante, para mí, lo que destaca en ese barrio es el Jardín Nacional de Atenas. Esa zona verde se halla a la espalda del Antiguo Palacio Real, y mide tan solo 15'5 hectáreas (el Parque del Retiro madrileño ocupa 118, por poner en claro las escalas). Se trata del típico parque decimonónico, montado como un jardín botánico, y conformado por un laberíntico conjunto de caminitos, que desembocan en cuidadas placitas. En él no falta alguna que otra pérgola, ni un lago. A su lado, están el Zappeion y sus Jardines


El Zappeion tiene una dilatada historia olímpica a sus espaldas, y por eso me gustó tanto verlo. Se acabó de construir en 1888, por lo que fue el primer edificio erigido de cara a los Juegos Olímpicos de Atenas 1896. En él, se celebró la competición de esgrima. Posteriormente, ejerció de Villa Olímpica en los Juegos Intercalados de Atenas 1906, y de Centro de Prensa en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. En otro ámbito, en 1979, en su atrio se produjo el simbólico acto de firma, que certificó la adhesión de Grecia a la Comunidad Económica Europea, es decir, al antecedente de la Unión Europea. En la actualidad, se usa para impartir conferencias y para organizar exposiciones.

Por último, en el barrio de Syntagma está la iglesia más pintoresca que vi en Grecia. No es la más bonita, ni destaca demasiado por sí misma, pero es inverosímil el lugar en el que se conserva.


Se trata de la Iglesia de Agia Dinami. Data del siglo XVI, y está ubicada en los soportales de un hotel. Evidentemente, la iglesia es anterior a todo lo que le rodea. Por lo visto, a mediados del siglo XX, el gobierno griego se empeñó en construir en ese lugar un edificio ministerial, y lo terminó haciendo, pero, por suerte, respetó la existencia previa de la capilla. Años después, el ministerio se trasladó, el inmueble se remozó, y hoy día alberga un hotel de 5 estrellas. Más surrealista, imposible.

Para acabar este largo artículo, voy a hablar de Kolonaki, que es el barrio que me falta. En él, vi un museo que me habían recomendado, llamado Museo Bizantino y CristianoEn abstracto, se trata de una institución de primer nivel, porque alberga una de las colecciones de arte bizantino más importantes del mundo. 


Sin embargo, yo soy un completo ignorante en todo lo relativo a esa rama de la historia del arte, por lo que me costó sacarle el jugo a las piezas, a pesar de que llevé a cabo una visita muy calmada. De lo que vi, destacaría los Frescos de la Iglesia de la Dormición de la Virgen. Este templo estaba en un pueblo llamado Episkopi, y desapareció debajo de las aguas del Embalse de Kremasta, cuando se construyó en 1965. 


El edificio pasó a mejor vida tras la construcción de la presa, pero los frescos de los siglos IX, XI y XIII, que decoraban sus paredes, se trasladaron al Museo Bizantino y Cristiano. También intenté fijarme en algún icono, dado que se exponían muchas de esas tablas, que están pintadas con técnica bizantina. 


En concreto, me llamaron la atención el Icono de la Virgen Hodigitria y el Icono del Cristo Pantocrator. Ambos son obras del pintor cretense Miguel Damasceno


Damasceno era paisano de El Greco, y solo tenía entre 5 y 10 años más que él. Este dato a mí me sirve para ponerlo un poco en contexto.

En definitiva, me pegué en el Museo Bizantino y Cristiano bastante rato, y traté de asimilar lo que pude. Pese a que iba solo, lo pasé bien. Sin embargo, el momento más divertido en Kolonaki, y seguramente en todo el tiempo que eché en Atenas, fue el de la subida al Monte Licabeto, que está en medio de la ciudad, y cuya cima se halla a 277 metros sobre el nivel del mar (en la foto inferior, que está tomada desde el Areópago, es la montaña que queda a la derecha)

 

En el municipio de Atenas viven 1.500.000 personas, pero su área metropolitana cuadruplica esa población, lo que explica que no se vean sus límites desde la cima de la montaña. A esta se puede llegar en funicular o andando. Yo subí con Carmen y con Conchi, dos compañeras de mi grupo, en la tarde que tuvimos libre. Nosotros no dudamos en echarle valor y ascender a pie, a pesar del calor que hacía. Eso me permitió recorrer parte de las cuadriculadas calles del meollo de Kolonaki, que se caracteriza por ser uno de los barrios atenienses más elegantes y selectos. El inicio de la subida al monte empezó en sus aceras, pero, en un momento dado, se acabaron las casas y empezamos a serpentear por la colina, hasta que llegamos al Mirador de Licabeto


En la pequeña explanada, que hace las veces de mirador, había muchísima gente, pero, con paciencia, pude acercarme a todos los bordes, y disfruté de unas vistas, al atardecer, que no tienen parangón. Para mí, ese lugar justifica por sí solo una visita a Atenas


Luego, en nuestro caso, como bonus pudimos presenciar la ceremoniosa arriada de la bandera que había en el centro de la pequeña explanada. La llevaron a cabo dos militares, exactamente a las 20'00 horas. Fue un acto muy solemne.




Con las maravillosas panorámicas desde el Monte Licabeto acabo este post. En los dos siguientes voy a hablar de sendos enclaves atenienses, a los que quiero dar una especial relevancia. Son la Acrópolis y el Estadio Panathinaiko.



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