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13 de marzo de 2025

SEVILLA 2025

Desde que empecé con este blog en mayo de 2016, hasta 2022, escribí una docena de post sobre Sevilla. Sin embargo, hacía casi tres años que no le prestaba atención a la ciudad en la que nací. La había mencionado con motivo de mi participación en varias carreras que discurrieron por sus calles, y también le había dedicado artículos concretos a la Giralda, a la Catedral y a la Plaza de España, pero Sevilla, como población, no había sido la protagonista en En Ole Väsynyt desde junio de 2022. Ahora, en marzo de 2025, ha llegado el momento de volver a apuntar el foco a la capital de Andalucía.


La razón de que haya decidido volver a escribir sobre Sevilla es que, tras un montón de meses en los que hemos podido salir muy poco de la rutina, de repente, en cuatro fines de semana consecutivos se nos han juntado una serie de atractivos planes, sobre los que no puedo dejar de hablar. 


A modo de resumen previo, voy a decir que, en el primer fin de semana, los planes se enmarcaron en lo que serían un par de días divertidos para mí, pero normales, después de todo. El segundo, en cambio, vino nuestra amiga Ruth a vernos desde Madrid, por lo que nos centramos más en hacer verdadero turismo. Así pues, hicimos cosas como ir al Real Alcázar de Sevilla. El tercero, quedamos, por un lado con mi hermana y con mi madre la noche del viernes, y, por otro, con algunos compañeros míos de trabajo el sábado, para hacer una visita en grupo, que se alargó a la comida. Por último, el cuarto finde nos unimos a mi familia política, y no solo cenamos con ellos el viernes, sino que también regresamos el domingo al Alcázar, por segunda vez, para realizar un tour guiado, que fue el colofón perfecto a lo vivido durante el mes.


Como se puede comprobar, es tanto de lo que quiero hablar, que voy a dividir los momentos en categorías. Primero, voy a referirme a los sitios donde hemos comido, luego voy a nombrar otros lugares donde lo que hemos consumido no han sido almuerzos ni cenas, voy a continuar con los planes no turísticos que he hecho, y acabaré con los highlights objetivamente destacados que hemos visitado.

Comer y cenar, todo es empezar

Con respecto a lo de los lugares donde cenar y donde almorzar, no tengo queja de ninguno de ellos. De hecho, volvería a todos, pero voy a plantear la narración poniendo el contrapunto entre lo que más me gustó de cada uno, y lo que menos.
 
De Balcón Real, me quedo con el sitio en el que está, que compensó el caótico servicio. Sin embargo, lo que recordaré con el tiempo, es que eché un rato entrañable con María, con Ana, con Julia y con su amiga Lucía, el primer sábado, después de haber pasado una tarde de cine.


La Chalá, que es donde comimos con Ruth el segundo sábado, se encuentra en la misma placita que Balcón Real, por lo que su velador fue igual de agradable. De este restaurante, lo malo fue que la cerveza que me pusieron estaba un pelín caliente. En el paraíso de la Cruzcampo a -2º, es un crimen que te sirvan una cortaita pasada de temperatura. No obstante, tanto Balcón Real como La Chalá son muy recomendables.

En Manducare, el día después de comer en La Chalá, almorzamos a la hora de los guiris. Dio igual, porque unas papas aliñás tan buenas como las que nos pusieron, entran a cualquier hora. Además, esta vez me sirvieron una Cruzcampo cortada en vaso de sidra a temperatura perfecta. Chapeau. Manducare abrió en 2019 en la Calle San Esteban, en una de las partes del centro de Sevilla que más me gustan, y pone mesas en la Calle Vidrio, que es peatonal. Es un sitio para regresar. 

Un lugar parecido es el Ombú, pero este está en el barrio de Los Remedios. Allí cenamos el viernes del tercer fin de semana, con mi madre, con mi hermana... y con David. Me gustó el talante de los camareros, aunque en el local había un poco más de ruido de la cuenta.

En Caballito de Mar cenamos el cuarto viernes, pero esta vez con mi suegra, con mis cuñadas y con mis sobrinos. Durante muchos años, en el local de la Calle José Laguillo donde está, se ubicaba La Cigala de Oro, que era unos de los restaurantes de comida de batalla más míticos de Sevilla. La Cigala cerró en 2022, no porque fuera mal, ya que siempre estaba lleno, sino porque se jubiló su propietario. El negocio lo cogieron cuatro jóvenes inversores, de esos que tienen pasta para reventar aunque no lo parezca, le modificaron el nombre y le lavaron la cara. Ahora, es una marisquería, que yo creo que no ha cambiado de clientela, pero que tiene un aspecto un poco menos hardcore. Para mí, no tuvo nada negativo.


Por último, el de La Industrial fue mi almuerzo menos estándar, porque estuve allí con un amplio grupo de compañeros de trabajo, con los que había asistido a una visita guiada al CAAC. Aunque no me vi tan relajado como cuando tapeo en familia, lo pasé bien, y La Industrial no me decepcionó, porque, al ser una franquicia que se ubica en el Centro Comercial Torre Sevilla, me temía que iba a ser una trampa para víctimas del consumismo, pero comimos rico. 

Lo cierto es que el Centro Comercial Torre Sevilla, aunque permita perpetrar un plan en el que se combine una comida en el Burger King con una visita al Primark, por ejemplo, también es uno de los centros comerciales más amables que conozco. En primer lugar, no me resulta desagradable, porque está montado como una calle con tiendas al aire libre, pero, aparte, en él se ubica el CaixaForum Sevilla, que es un espacio expositivo interesante.

Desayunos y meriendas sin ColaCao

La mayoría de los sitios en los que tomamos algo, al margen de los almuerzos y de las cenas, los visitamos con Ruth. Dos de ellos estuvieron en la Alameda de Hércules. En el primero, denominado El Viajero Sedentario, desayunamos el día que ella llegó. Se trata de una cafetería de corte moderno, pensada para echar el rato con calma, saboreando productos de calidad. Nosotros, es lo que hicimos, sentados en la terraza que tiene delante.


En cambio, en el otro sitio de la Alameda en el que paramos, llamado Terraza Patio Alameda, estuvimos después de comer. En este caso, se trata de un pintoresco bar, frecuentado por sevillanos, que se ha habilitado en la terraza del Hotel Patio de la Alameda. En ella, se puede tomar café o una copa, disfrutando de las vistas desde lo alto. La pega fue que había bastante jaleo. Lo cierto es que un sábado por la tarde, la experiencia en un lugar así no es precisamente zen, ya que está muy lleno, y, aparte de las parejitas, hay que compartir espacio con grupos de personas que, quieras que no, llevan bebiendo alcohol un buen rato.

Menos tópico, y también menos bullanguero, fue el lugar donde nos tomamos una caña para rematar el primer día con Ruth, ya a última hora de la tarde. 


De la Sala El Cachorro cualquiera podría decir que se ubica en la Calle Procurador, en pleno barrio de Triana, en las antiguas instalaciones de una fábrica de gaseosa, que fueron rehabilitadas y convertidas en un espacio cultural a finales de los años 80 del siglo XX. Yo, además, puedo añadir que el establecimiento está regentado, desde 1996, por una prima hermana de María, por lo que lo he visitado por activa y por pasiva, para multitud de planes, y en todas las circunstancias imaginables. El otro día, al tomarnos una cerveza en su agradable patio interior, sumamos uno nuevo a la lista de buenos ratos pasados allí.

El cuarto lugar en el que estuvimos en estos cuatro fines de semana, integrado en la categoría de negocios de restauración en los que no almorzamos ni cenamos, serviría para finiquitar cronológicamente este post, ya que desayunamos allí el último domingo, después de la segunda visita al Alcázar, que culminó también los planes turísticos de los que voy a hablar en este artículo. El sitio en cuestión se denomina Bar Los Niños, y en él nos tomamos unos cafés y unas tostadas por las buenas, pero la experiencia está a años luz de la que vivimos en El Viajero Sedentario, por lo que sirvió para cerrar un poco el círculo y para devolvernos a la realidad.


El Bar Los Niños es el prototipo de bareto de barrio, en el que el trato es cercano y amable, pero donde los formalismos brillan por su ausencia. En su interior, un puñado de mesas y sillas de derrumbe se reparten, de manera un tanto caótica, por un local con una estructura peculiar, en el que todo, desde el suelo y la barra, hasta algunos de los clientes, presentan un nivel de desgaste considerable.

Diversión cotidiana

Y paso a hablar de tres lugares, que fueron el escenario de otros tantos planes, de esos que son más o menos normales, es decir, que se insertan en la vida diaria de uno, pero que se salen un poco de la rutina, y que se disfrutan a lo grande. Uno de ellos fue el rato de cine del primer fin de semana, que ya he mencionado, y los restantes fueron sendos partidos de fútbol, que se disputaron en dos sitios diferentes. 

Por lo que respecta a lo del cine, la película la vimos en el Centro Comercial y de Ocio Plaza de Armas. De él ya hablé en septiembre de 2019. El edificio en el que está la sala se construyó en 1901, para ejercer de estación de ferrocarril, pero se adaptó para convertirlo en un centro comercial varias décadas después, y como tal se usa desde 1999.


La reforma no fue muy profunda, porque el inmueble es Bien de Interés Cultural. Por eso, es un lugar espectacular. Pese a esto, el multicines siempre parece estar en peligro, pero, de momento, sigue funcionando. 


De hecho, nosotros esta vez vimos la película La Infiltrada, y la sala estuvo llena de gente, por lo que hay esperanzas para el Cine Plaza de Armas.

También vi hasta la bola el Estadio Benito Villamarín


En el estadio del Real Betis Balompié tuve la oportunidad de presenciar en vivo, una vez más, lo que es el fútbol de élite hoy día. Los partidos son espectáculos masivos, en los que todo se hace a lo grande. Al duelo con la Real Sociedad asistimos la friolera de 48.578 personas. Es una locura. 


Además, más allá del ambiente, tuve la suerte de presenciar un recital de mi equipo, por lo que fue una noche redonda.


No obstante, yo no soy socio del Betis masculino. En realidad, desde hace siete temporadas adonde voy regularmente es a ver los partidos del equipo femenino, que se disputan, por lo general, en la Ciudad Deportiva Luis del Sol, que está cerca del Estadio Benito Villamarín.


Lo que se contempla en los partidos de fútbol femenino en España es totalmente diferente a lo que se ve en los masculinos. En el Campo 1 de la Ciudad Deportiva Luis del Sol, que es donde juega el Real Betis Féminas desde hace un par de años, caben 2.100 personas, y nunca se llena ni siquiera a la mitad. Sin embargo, yo me divierto mucho. Todo es más relajado, más íntimo, y es necesaria menos parafernalia para ir a echar un rato de fútbol. Otra cosa es que el Real Betis Féminas no deje de darme disgustos, pero eso ya son temas deportivos que no puedo controlar. En este caso, el choque fue contra el Granada Club de Fútbol, fui con María, y el enfrentamiento acabó 1-3. O cambia una barbaridad el panorama, o esta temporada habrá segundazo del equipo femenino del Betis...

De turista por Sevilla

A continuación, voy a hablar de los planes eminentemente turísticos que hice en Sevilla en estos cuatro fines de semana, que tuvieron lugar en un museo, en un antiguo monasterio, en un mirador y en un palacio.

El museo al que he hecho referencia es el de Bellas Artes de Sevilla. A pesar de su excepcional importancia, en él solo había entrado dos veces. La segunda fue en 2019, por lo que ya lo mencioné en En Ole Väsynyt. Lo que escribí entonces no lo voy a repetir, aunque sí tengo que recalcar que la pinacoteca se ubica en el antiguo Convento de la Merced. Este se construyó en el siglo XIII, si bien su iglesia es del XVII y su portada data del XVIII. El otro día volví a comprobar que el edificio es una maravilla en sí mismo, y que conserva todo su atractivo, pese a que está perfectamente adaptado a su actual función.


El inmueble del antiguo Convento es enorme, y evidencia que la orden a la que perteneció, que fue la de la Merced, tenía bastantes posibles, ya que en él abundan los azulejos y los mármoles, por no hablar de que era más grande aún de lo que vemos hoy, puesto que un sector, que estaba en ruinas tras el paso por Sevilla de las tropas napoleónicas, se derribó en el siglo XIX para construir la actual Plaza del Museo. La parte que se conservó se organiza entorno a un patio y a tres claustros, denominados Claustro Grande, Claustro de los Bojes y Claustro del Aljibe.


Alrededor de los espacios abiertos, y distribuidas en dos plantas, se reparten un total de catorce salas, a las que se suman el vestíbulo y la sala de exposiciones temporales. En esta última nos encontramos una muestra muy interesante, titulada Del Greco a Zuloaga. Obras Maestras del Arte Español del Museo de Bellas Artes de Bilbao. La misma se inauguró el 2 de diciembre de 2024, y estará abierta hasta el próximo domingo. De lo que se exhibe en ella, guardé en la retina La Anunciación de El Greco. Se trata de una de las dos reducciones del inmenso lienzo denominado, como no, La Anunciación, que El Greco pintó entre 1597 y 1600, y que se conserva en el Museo del Prado. Por lo visto, Doménikos Theotokópoulos repetía en un formato menor todos los cuadros que le encargaban, para guardarlos él. De La Anunciación, se conserva una versión en pequeño en el Museo Thyssen-Bornemisza, y también la del Museo de Bellas Artes de Bilbao que yo vi en Sevilla.


Lo siento por los visitantes que haya tenido el Museo de Bellas Artes de Bilbao en los meses pasados, porque lo han debido dejar pelado, dada la cantidad de cuadros de esa pinacoteca que había en Sevilla.

En la exposición permanente del Museo de Bellas Artes de Sevilla, vi igualmente un montón de cuadros sensacionales. No en vano, se dice que esa colección es la segunda más importante de España. Yo, me fijé en lienzos de Murillo (en concreto, en San Pedro en Lágrimas, en San Jerónimo Penitente y en Inmaculada Concepción del Coro o La Niña), de Valdés Leal (en Inmaculada Concepción y en Las Tentaciones de San Jerónimo), de Herrera El Viejo (en Visión de San Basilio), y de Bartolomé Bermejo (en San Juan Bautista). En otro lugar, también estaba expuesta la obra Santa Catalina de Alejandría, de Murillo, que fue adquirida por el museo en 2022. 

De todas las estancias del Museo de Bellas Artes, es la sala V la que llama más la atención, ya que está situada en la antigua iglesia del Convento


La primera vez que yo visité la pinacoteca, allá por 1995, la sala V era diáfana. La segunda, ya la vi compartimentada por una serie de paredes artificiales, pero entonces creí que la división se debía a que había habido allí, hasta hacía poco, una importante exposición sobre Murillo, y que no habían desmantelado las estructuras. El otro día, la antigua iglesia seguía llena de paneles, supongo que para aprovechar más el espacio. Debido a eso, se contemplan a la perfección cuadros como Jesús Crucificado Expirante de Zurbarán, pero la sala ha perdido gran parte de su esplendor.

Hay que mencionar, que el Museo de Bellas Artes de Sevilla también tiene expuestas importantes obras escultóricas. Yo destacaría San Juan Neonato, que es de Juan de Mesa, así como San Jerónimo Penitente, que fue esculpida por Pietro Torrigiano. Esta última, en la instantánea que pongo a continuación a la derecha, aparece al fondo.


En la foto de San Jerónimo Penitente, el cuadro que se ve en primer plano es Retrato de Jorge Manuel, de El Greco.

Es muy llamativo que, en el Museo de Bellas Artes sevillano, San Jerónimo aparece por todos lados. Ya lo he nombrado en cuadros de Murillo, de Valdés Leal, y también se le ve en otros de Pacheco, de Pedro de Campaña o de Zurbarán, además de en San Jerónimo Abandona a su Familia, que es de Juan de Espinal.


Tengo que reconocer que esta pintura me hizo gracia, aunque después me he enterado de que me reí un poco por error, porque yo creí que San Jerónimo era el barbudo de la derecha, que parece que está diciendo "ahí os quedáis", antes de salir por la puerta, lo que concordaría con el título del cuadro, pero luego ha resultado que San Jerónimo es el joven del centro de la imagen, lo que implica que el de la barba blanca no se va ningún sitio, sino que solo quiere retener al santo. Con la interpretación real, la obra gana en seriedad, evidentemente.

Bromas aparte, y antes de dar por finalizada esta breve enumeración de cuadros, no quiero dejar de resaltar que no me olvidé de echarle un vistazo detallado a algunos lienzos de artistas que me sonaban menos, por aquello de ampliar los horizontes de mi conocimiento. Por ejemplo, estuve detenido un rato frente a Adoración de los Reyes, que es una obra del flamenco Cornelis de Vos, y también le eché un detenido ojo a Vista de Sevilla, que fue pintado por Nicolás Jiménez Alpériz


Antes de irme, me hice un selfie delante de Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer, que es el cuadro que Valeriano Domínguez Bécquer pintó de su hermano. La mirada que me lanzó el gran escritor sevillano por ello, me partió por la mitad...


No me voy a enrollar más con este museo, porque todavía quiero hablar de otro trío de sitios muy relevantes, que me van a ocupar un buen espacio. Sí quiero añadir, que me he dado cuenta de que, ya que soy sevillano, y que lo tengo fácil, tengo que hacer una visita detallada al Museo de Bellas Artes de Sevilla. Lo suyo es que sea guiada, aunque también me valdría si sigo el recorrido que he visto que se recomienda en la web. Me lo apunto para el futuro.


El sábado que estuvo Ruth con nosotros, además de ir al Museo de Bellas Artes, también aprovechamos para subir a la Terraza-Mirador Atalaya de la Torre Sevilla. Yo lo tenía pendiente, y ya tenía ganas. 


La Torre Sevilla se inauguró en 2015, después de casi una década de obras. Se trata de un rascacielos de 180 metros, que se ha convertido en el edificio más alto de Andalucía y en el octavo de España.


A la Torre Sevilla, en Sevilla todo el mundo la llama Torre Pelli, porque su arquitecto fue el argentino César Pelli. En mi opinión, el edificio es un auténtico pegote, y fue muy criticado al principio, pero lo cierto es que nos hemos acostumbrado a él. De hecho, en su subsuelo se hizo un aparcamiento enorme, que es gratis durante tres horas, y que se ha convertido en el lugar más cómodo para dejar el coche, cuando se quiere ir a Triana o al centro de la ciudad. Además, al lado se construyó el Centro Comercial Torre Sevilla, que ya he dicho que no está mal. Al final, el roce hace el cariño.

El caso es que la planta 37 de la Torre Sevilla, que es la última, está abierta a todos. Subir a ella vale dinero, claro, pero es un lugar que merece la pena. Lo primero que llama la atención es su ascensor, que tarda apenas unos segundos en subir 180 metros. Luego, una vez arriba, se puede gozar sin límite de las vistas, tomando algo en el bar, o sin consumir.



A mi me chiflan las vistas cenitales de las ciudades, así que disfruté a tope de esta visita, ya que pude contemplar Sevilla y sus alrededores en todas las direcciones.

El penúltimo sitio sevillano del que voy a hablar, en esta ocasión, es el Monasterio de Santa María de las Cuevas, que es un edificio que destaca, sobre todo, por haber tenido más vidas que un gato. En 2019 ya me referí a él, pero es ahora cuando he ahondado en sus encantos.

Por ponerlo en contexto, y aunque voy a reiterar un poco lo que conté hace unos años, no quiero dejar de comentar que el Monasterio se fundó en 1401 por monjes cartujos, en un lugar donde había una ermita, y que vivió varios siglos de una prosperidad tal, que recibió las visitas de reyes como Carlos I y como Felipe II, y de celebrities de la talla de Santa Teresa de Jesús o de Cristóbal Colón. De hecho, este llegó a estar enterrado entre sus muros, desde 1509 hasta 1536. También trabajaron en el cenobio artistas como Zurbarán o como Martínez Montañés. Sin embargo, su estatus no le libró de las implacables tropas napoleónicas, que lo usaron de cuartel, ni de la posterior desamortización de Mendizábal, que provocó la definitiva exclaustración de los monjes, en marzo de 1836. Hasta ese momento, la historia del Monasterio de Santa María de las Cuevas había sido brillante, pero normal. Lo que le ha sucedido al edificio en los últimos 150 años, en cambio, es lo que le confiere un atractivo especial. Para empezar, tras quedarse vacío, fue utilizado como prisión, pero pronto, en 1838, las instalaciones fueron arrendadas por un avispado empresario británico, llamado Charles Pickman, que pertenecía a una familia de comerciantes, la cual regentaba un negocio de loza en Liverpool. La actividad de ese business llevó a Charles a Cádiz, y luego a Sevilla, lugar donde comprendió que, ante la elevada demanda de productos cerámicos ingleses en la ciudad, podía ganar mucho más dinero si fabricaba y vendía in situ el género, que si lo importaba del Reino Unido. En vista de eso, el londinense formó una sociedad y adecuó el antiguo monasterio, que pasó a convertirse en una fábrica de utensilios cerámicos. 

En principio, las obras que Pickman acometió en el edificio fueron las indispensables para instalar la fábrica en él, pero el negocio prosperó, por lo que se acabaron adaptando más espacios, y también nacieron otros nuevos. 


En los albores del siglo XX, la empresa, convertida ya en una sociedad mercantil anónima, y regentada por los descendientes del fundador, alcanzó su cénit. A partir de ahí, comenzó un lento declive, motivado por la compleja coyuntura que caracterizó a Europa durante la centuria, así como por la incapacidad de los sucesivos dueños de la fábrica para adaptarse a la organización empresarial contemporánea. El paso de los años no le hizo ningún bien al edificio, que fue siendo abandonado por partes, hasta que, en 1981, el negocio se trasladó por completo a otras instalaciones, que llevaban años funcionando en Salteras. Hay que decir que, pese a los vaivenes, y aunque lleva varias décadas inmersa en el proceloso mundillo de las altas finanzas, curiosamente la firma sigue viva.

El Monasterio, por su parte, en 1981 fue vaciado, y entró en su quinta etapa, que fue la del abandono. En efecto, a mediados de los años 80 del siglo XX, el enclave estaba en ruinas, y era posible darse una vuelta por sus alrededores y regresar a casa con todos los trozos de cerámica que uno quisiera recoger de entre los matojos. Por fortuna, la decisión de organizar la Expo'92 en los terrenos de la Isla de la Cartuja lo colocaron en el lugar perfecto, en el momento idóneo. De cara a la muestra universal, el Monasterio fue totalmente restaurado, y, como premio a su histórico pasado, se le dio el estatus más importante de la exposición. Gracias a ello, el edificio se convirtió en Pabellón Real, por lo que se utilizó a diario para recibir a los jefes de estado que fueron viniendo a Sevilla. Los visitantes de andar por casa también podían verlo, pero, a pesar de que yo me pateé la Expo hasta la saciedad, ese fue de los pocos pabellones que no vi. Yo tuve que esperar a la séptima etapa, que es la actual, para penetrar los muros del antiguo complejo monástico. Hoy día, el enorme inmueble se usa para múltiples cosas, por lo que su salud es magnífica. 


En primer lugar, es sede del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. Además, está allí ubicado el rectorado de la Universidad Internacional de Andalucía, y, por último, alberga el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, que es lo que yo fui a visitar el otro día. En el croquis, todos los números que aparecen, identifican los diferentes espacios que componen el CAAC

El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo es una institución que se creó en 1990. Se dedica a la investigación, a la conservación y a la difusión del arte contemporáneo. En 1997, el Centro trasladó su sede al Monasterio de Santa María de las Cuevas, momento en el que absorbió los fondos del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla, que desapareció como tal, tras 27 años de existencia. Eso hace que el CAAC tenga un patrimonio de casi 1.000 obras, aunque lo cierto es que las mismas se hallan tan escondidas, que yo creo que no están ni expuestas. Se habla de ellas, e incluso se puede saber cuáles son, pero no hay ninguna información sobre su paradero, ni oficial ni extraoficial. Debí preguntarle a la guía de nuestra visita por su misterioso emplazamiento, pero no lo hice, y me he quedado con la duda de dónde se exponen. Espero poder resolverla en el futuro.

En todo caso, en el CAAC se desarrolla un amplio programa de actividades, que incluyen exposiciones temporales, cursos, talleres, ciclos de cine, conferencias, y, como no, espectáculos de música en directo... y digo "como no", porque la verdad es que yo no había ido mucho al CAAC hasta ahora, pero tres de las veces que lo había hecho, había sido para ir a conciertos. El último tuvo lugar en los Jardines del antiguo cenobio, que están señalados con un 12 en el plano que he puesto arriba. Se enmarcó en el festival Pop CAAC 2024, y tocaron Los Planetas.


El Pop CAAC se organiza desde 2016. Yo he tardado nueve ediciones en ir. Antes, en la misma pradera se celebraron once ediciones de Nocturama, entre 2005 y 2015. En 2016, este ecléctico festival, que ha dicho adiós definitivamente en 2024, después de veinte ediciones, cambió el Monasterio por otros escenarios sevillanos, aunque yo no he llegado a ir a ninguno de sus conciertos. Nunca he sido tan moderno...

... y no es que no me guste salir a veces de mi zona de confort musical, porque el segundo concierto al que asistí en el Monasterio también fue el año pasado, y la artista no fue de un estilo que yo tenga muy trabajado, precisamente.


Jazz en el CAAC se organiza en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo desde hace más de una década, y, a diferencia del Pop CAAC, tiene lugar en el interior del recinto. Al menos, el concierto al que fuimos María y yo se celebró justo delante del Claustrón Este (el 7 en el mapa), a la espalda de la antigua iglesia (marcada con un 5). La música fue Natalia Ruciero, y el aforo se llenó por completo, lo que implica que es una artista de un cierto renombre, aunque yo no la conociera. 

Como he dicho, yo no se nada de Jazz, pero fue un placer pasar una velada veraniega en el Monasterio, escuchando buena música, mientras me tomaba una cerveza y me comía un pincho de tortilla.

Del tercer concierto al que fui en el antiguo monasterio, hablé en un post que escribí en 2019, por lo que ahora solo voy a añadir que, el mismo, se enmarcó en el Soulville Festival, que celebró cinco ediciones, pero que no sobrevivió a la pandemia. Yo estuve en la cuarta, que tuvo lugar en un espacio cuadrangular que no tiene número en el croquis que he puesto, pero que se identifica con claridad, ya que está situado entre el 9, el 10 y las instalaciones de la Universidad Internacional de Andalucía.

Por terminar un poco con la oferta musical del CAAC, que no puedo evitar que sea la que me llama la atención en mayor medida, quiero añadir que en los Jardines del Monasterio de Santa María de las Cuevas también se celebraron 18 ediciones de un festival denominado Territorios, que pasó a la historia en 2015, pero que resurgió de sus cenizas en 2016, convertido en Interestelar. La edición de 2025 de la nueva versión será la novena, por tanto. Jamás fui a Territorios, que era igualmente un festival muy ecléctico, ni he pisado Interestelar. Este año, los cabezas de cartel serán Viva Suecia y Mikel Izal. En mi opinión, estos, y muchos otros de los que van a tocar, se dejan oír, pero prefiero gastarme el dinero en ver a Guns 'n' Roses en Coimbra, más o menos por las mismas fechas. 

Pero volviendo a la visita que hicimos al CAAC, la misma la organizó el Grupo de Sostenibilidad de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Yo ya he asistido a otras excursiones promovidas por ellos, porque no tengo problemas en gastar una pequeña porción de mi tiempo libre con los compañeros de trabajo o con los jefes, y me parece que lo de programar actividades culturales es una iniciativa sensacional. En este caso, lo que hicimos fue recorrer el Monasterio de Santa María de las Cuevas con una guía. A mí, las exposiciones temporales que vimos me interesaron menos, aunque pongo una foto de la antigua iglesia del conjunto, para que se vea como se ha reconvertido el edificio en espacio expositivo.


Personalmente, lo que de verdad me interesaba de la visita era conocer la historia del antiguo monasterio, y lo cierto es que, gracias a la explicación de la guía, recopilé toda la información que ya he comentado arriba, y más.


A lo largo de dos horas, recorrimos las instalaciones del antiguo cenobio, mientras nos explicaban qué era cada cosa, y como había sido la evolución del edificio. No me voy a enrollar más, porque creo que ya ha quedado claro por qué se mezclan en el interior de ese espacio las antiguas dependencias monacales, que se conservan muy bien, junto con elementos que denotan su pasado industrial.


Para acabar, voy a hacer mención a las dos visitas que hicimos, en dos fines de semana diferentes, al Real Alcázar de Sevilla. En 2018, ya hablé largo y tendido en el blog de este edificio, por lo que no me voy a repetir. Ahora, solo voy a relatar cuáles fueron las novedades, con respecto al recorrido de hace siete años.

La primera de las dos visitas fue la más estándar, y la realizamos con Ruth. A pesar de que ella ha venido a Sevilla una treintena de veces en los últimos 25 años, no conocía el Alcázar, lo cual era imperdonable. En vista de eso, el domingo por la mañana, aprovechando que salió un día sensacional, decidimos ir, y recorrimos el edificio de la misma manera en la que lo hacen todos los turistas que vienen a la ciudad. También los sevillanos hemos ido al Alcázar en ese plan, pero lo cierto es que yo, siendo adulto, solo había entrado en el palacio en dos ocasiones, y la segunda fue la de 2018, por lo que no me venía mal dar un paseo por sus maravillosas estancias, así como por un pequeño sector de sus impresionantes jardines, para actualizar mis recuerdos.


Hay que decir que los jardines del Alcázar son enormes, aunque, en realidad, se encuentran divididos en diferentes zonas. Las más visitadas estás dibujadas en verde oscuro en el siguiente mapa, mientras que las que van en verde claro, y en parte no se ven en el croquis, se suelen recorrer menos. 


Este sensacional mapa lo he cogido de la Wikipedia, y está creado por un usuario llamado Anual, a quien no conozco, pero al que le agradezco su gran trabajo. 

Como decía, los jardines del Alcázar son muy extensos, y están compartimentados en varias partes. Estas se subdividen en hasta 25 espacios concretos, cada uno de los cuales tiene un nombre. Yo, por el sector verde claro, y por el que queda más allá, solo había paseado una vez, que es diferente a las dos visitas al Alcázar que mencioné antes que había hecho como adulto. El otro día, cuando fui con Ruth, me interné un poco por esa zona del parque, pero fue un momento y no me detuve apenas, por lo que no voy a hablar ahora de cómo se reparten los elementos en él.

No obstante, sí recorrí mejor la parte coloreada en verde oscuro. En ella, se encuentra el Estanque de Mercurio, que está señalado con un 7 en el mapa que he puesto arriba, con la cosa de que, precisamente desde un lateral de esa antigua alberca de origen musulmán, se puede acceder a la Galería de los Grutescos, que es un peculiar pasillo de 160 metros de largo, el cual bordea por dentro lo que fue, en su día, un lienzo de la muralla almohade que protegía el Alcázar.


La muralla fue construida en el siglo XII, y la transformó Vermondo Resta entre 1613 y 1621, creando una galería que permitía ver, desde lo alto, la parte de los jardines del Alcázar que habían estado, en origen, al abrigo del cercado.


En la segunda visita, en teoría íbamos a recorrer por encima esa galería, que está recién restaurada, además de los tejados del Palacio Gótico. Eso nos iba a permitir ver el Alcázar desde otra perspectiva. La iniciativa de que los sevillanos podamos disfrutar de ese privilegio, acompañados por un guía, en pequeños grupos organizados, y entrando en el edificio una hora antes de que se abran las puertas al público en general, me parece digna de elogio. Nosotros nos apuntamos los cuatro, y a la vez lo hicieron mi cuñada y mis sobrinas. Luego, resultó que la mañana salió lluviosa.


La lluvia en principio fue un fastidio. Para empezar, lo de estar a las 9 de la mañana de un domingo tormentoso, en la puerta del Alcázar que da a los jardines, puso a prueba nuestra motivación. Luego, al llegar a ella nos topamos con un papel, que nos decía que el acceso trasero se encontraba cerrado por el mal tiempo, y que teníamos que dar toda la vuelta, para entrar en el recinto por la Puerta del León, que es la normal. Nadie nos había dicho que la visita se fuera a suspender por la climatología, pero esa circunstancia nos escamó. Sin embargo, al final, nos benefició que la mañana estuviera metida en agua, porque, a los pocos valientes que no nos habíamos echado atrás por las inclemencias meteorológicas, nos informaron de que el tour programado se tenía que cambiar de día, porque no se podía andar por los tejados con esa llovizna, pero que, en contrapartida, se nos iba a obsequiar con un recorrido por el Alcázar, realizado antes de que este se abriera al resto de la gente. Eso fue un privilegio.



Las fotos que acabo de poner son del Patio del Yeso, que se inserta en el Palacio del Yeso. El patio normalmente se tiene que observar desde la puerta. No obstante, a nosotros nos acompañó una guía llamada Irene, que no tuvo problemas en quitar la cinta que impedía el paso, y en dejarnos entrar a los 16 que estábamos con ella. Ese patio, que se encuentra en la zona marcada con un 2 en el plano de arriba, es el único musulmán de todo el Alcázar.

Otro sitio un poco peculiar que vimos con Irene, fue la Casa del Asistente, que en el mapa que he puesto está sin número y en blanco, debajo de la parte marcada con un 4. 


La Casa del Asistente se encuentra abierta, pero es menos llamativa. Por eso se suele dejar de lado en las visitas estándar que uno hace al Alcázar. A nosotros, Irene nos contó que esa porción del edificio se adaptó, para que fuera la residencia de Pablo de Olavide, que fue nombrado asistente de Sevilla en 1767, es decir, que fue una especie de alcalde de la ciudad. La remodelación realizada dio lugar a varios patios, que se convirtieron en epicentro de la vida cultural propiciada por Olavide, que era un ilustrado.

Tras ver parte de la Casa del Asistente, y escuchar allí un buen número de interesantes explicaciones, regresamos a las zonas más vistosas y conocidas del Alcázar, que seguían estando cerradas a los demás turistas. Gracias a eso, pudimos explorar el Palacio del Rey Don Pedro sin cruzarnos con nadie (está marcado con un 5 en el mapa). Pocos días antes, habíamos recorrido el mismo lugar como visitantes normales, en medio de una multitud de gente, y la diferencia fue abismal.


En el Palacio del Rey Don Pedro, nos detuvimos especialmente en el Patio de las Doncellas, que está fotografiado justo aquí arriba, así como en la Alcoba Real y en el Salón de Embajadores.


El Alcázar es impresionante, mires adonde mires, pero el hecho de que pudiéramos verlo de la mano de una persona entendida, que nos fue poniendo el edificio en contexto, realzó enormemente la experiencia. Yo, en el plazo de un par de semanas, recorrí las diferentes salas y patios con y sin la compañía de un guía, y aprecié más que nunca la diferencia que hay entre los dos tipos de visita.

Por poner un simple ejemplo de lo que supone ir acompañado de un cicerone, en el Patio de las Muñecas nos paramos delante de una mancha que había en el suelo, en la que yo no habría reparado jamás sin ayuda. 


Cuenta la leyenda, que el churrete que se distingue en el piso lo creó la sangre de Fadrique Alfonso, que fue asesinado por su medio hermano, el rey de Castilla Pedro I. Las crónicas, realmente hablan de que el padre de Pedro, Alfonso XI, tuvo diez hijos con su amante, Leonor de Guzmán, los cuales le disputaron el trono al heredero legítimo, que era Pedro. Este, que fue apodado el Justiciero por sus seguidores, y el Cruel por los partidarios de sus medio hermanos, lo cierto es que mandó matar a tres de estos, y al final fue asesinado por otro de ellos, que subió al trono con el nombre de Enrique II. Fadrique fue el primero en ser liquidado por Pedro, y, aunque la leyenda del Alcázar cuenta que la muerte se debió a un asunto de faldas, y hasta se disculpa a Pedro I diciendo que el deceso fue producto de un accidente, lo más probable es que el asesinato tuviera una motivación política. Tampoco creo que la mancha sea de la sangre de Fadrique, pero la historia mola.

Después de ver bien el Palacio del Rey Don Pedro, accedimos al Palacio Gótico (el 6 en el mapa), y allí finiquitamos la visita. Al poco, abrieron las puertas, y el Alcázar se empezó a llenar, pero, para ese entonces, nosotros ya estábamos terminando. 

Nos dijo Irene que las cubiertas las vamos a poder ver otro día que queramos, por lo que no hemos perdido la oportunidad, y, en cambio, hemos ganado una visita privada al Alcázar de Sevilla. Fue una gozada. La misma fue el colofón perfecto a los cuatro fines de semana sevillanos que he narrado en este largo post. En ellos vimos muchos lugares, a los cuales puede que vuelva, porque para eso soy local, pero que quedaron bien explorados, en todo caso.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Sevilla: 14'2% (hoy día 100%).
En 1977, % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 0'2% (hoy día 36'5%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado SEVILLA.
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 10% (hoy día, completada ya esta visita, 50%).
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'1% (hoy día, completada ya esta visita, 4'7%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 0'9% (hoy día 67'6%).
En 1977, % de Municipios de Andalucía ya visitados: 0'1% (hoy día 22'4%).


7 de junio de 2019

SEVILLA 2019 (JUNIO)

Las pasadas Navidades me volvieron a regalar un bono para disfrutar de Aire de Sevilla, el hamman más pintoresco de mi ciudad. Durante casi medio año lo he tenido a buen recaudo y en mayo reservé sitio para gastarlo el sábado 1 de junio. Hace un par de meses, por otro lado, María me propuso ir al Soulville, un festival de música negra que se celebra desde 2017 en los jardines del precioso Monasterio de Santa María de las Cuevas. Me pareció genial y compramos las entradas, pero se nos había olvidado y hasta hace unos días no caímos en que habíamos hecho coincidir en el mismo fin de semana el plan del spa con el del concierto, ya que este estaba programado para el viernes 31 de mayo. Por último, para ese día 1 por la mañana teníamos contratado en la tienda donde trabajo un tour en bici con una treintena de franceses. Nosotros no solo alquilamos bicicletas, sino que también organizamos rutas turísticas guiadas en ellas, y en esta me tocó a mí acompañar a los clientes y al guía como asistente técnico.

El caso es que por la confluencia de estos tres planes, que implicaban vivir a tope la ciudad durante dos días, me decidí a escribir un nuevo post sobre Sevilla, aunque finalmente el tour se pospuso y se me quedó algo cojo el proyecto. Para solucionar ese hecho el jueves encajé una visita al Museo de Bellas Artes, que en ocasiones ha sido considerado como la segunda pinacoteca más importante de España. Con dicha visita me aseguré de que el contenido de este artículo volviera a estar completito.


Aparte, entre tantos planes María y yo también tapeamos en tres sitios de los que voy a hacer sendos comentarios, para que se unan a los que ya he realizado con anterioridad en este blog de otros restaurantes y bares sevillanos.

He comentado repetidamente en los posts que he escrito últimamente que en febrero empecé a trabajar en un negocio de alquiler de bicicletas a turistas. Como he dicho arriba, en él también organizamos tours guiados que se adaptan a las necesidades de los clientes (a veces las rutas son personalizadas hasta el extremo y otras veces los montamos para grupos de hasta setenta personas, o incluso más). La tienda se llama Bici4city y está en la Calle Peral.


Currar en este negocio me ha dado la posibilidad de entrar en contacto directo con muchos visitantes que vienen a Sevilla. La Calle Peral es una bocacalle de la Alameda de Hércules, por lo que se puede decir que trabajo en uno de los actuales epicentros turísticos en la ciudad. Atrás quedaron los años en los que la Alameda era el meollo de los bajos fondos de Sevilla. Por aquel entonces, allá por los años 80 del siglo XX, en su entorno se contaban más de 35 prostíbulos, lo que convertía la zona en un hervidero de gente poco recomendable. Antes de esto, sin embargo, el lugar había gozado ya de una larga vida, puesto que se inauguró en 1574 y las célebres columnas que adornan su extremo sur se colocaron ahí con sus Estatuas en 1576. Las mismas representan a Hércules y a Julio Cesar con las caras de Carlos I y Felipe II.


Las columnas del otro extremo de la Alameda, por contra, son más modernas, ya que se añadieron en 1764, y tienen encima a dos leones con los escudos de Sevilla y de España.


Durante casi 450 años esas 3'3 hectáreas tan céntricas que conforman la Alameda de Hércules han permanecido a salvo de las idas y venidas urbanísticas, por lo que han visto de todo. Su última reforma data de 2008 y es la que le dio al sitio la fisionomía que tiene ahora. Allí ya no hay putas, ahora hay sobre todo hipsters y turistas. Para ambos grupos, la Alameda es uno de los enclaves predilectos de esparcimiento, por lo que hay infinidad de bares, restaurantes y pubs de todo tipo, repartidos por ella: yo he hecho un exhaustivo recuento y he anotado que hay una sala de conciertos, 19 bares de copas y cafés, 35 restaurantes y bares de tapas, 2 cafeterías de diseño moderno, 3 heladerías y una freiduría. En total, son 61 los negocios de restauración que están en funcionamiento en la actualidad en la Alameda, todo ello sin salir de sus 1.200 metros de perímetro y de los pequeños trocitos de algunas de su bocacalles, que se le han asimilado al haberse pavimentado también con las polémicas baldosas que se instalaron en la remodelación de 2008.


Resulta complicado establecer en cuantos de esos 61 negocios he estado, ya que algunos han cambiado de nombre con los años, pero centrándome solo en los que he catado desde que empecé a trabajar por allí en febrero, puedo decir que desde entonces he tomado café en el Alameda 5, en el Café Piola y en el Habanilla Café, he saboreado algún helado de Freskura, me he tomado unas cervezas en el Bar Versalles en un par de ocasiones (de una de ellas hable en otro post), también estuve tomando una caña en La Latina en marzo y en La Alternativa de Vulcano en abril y, como remate, en los últimos meses he comido alguna vez en Al Solito Posto (un italiano), en Pomodoro (una franquicia que es una especie de fast food a la italiana), en La Parrilla del Badulaque (un restaurante de comida internacional), en La Sureña (otra franquicia, esta vez de tapeo), en Norte Andaluza (todo un descubrimiento, ahí he almorzado cuatro veces porque me ha gustado mucho) y, por supuesto, en Corral del Esquivel, un bar que vale lo mismo para un roto que para un descosido, pues sirve desayunos por la mañana, tapas y cañas a mediodía, meriendas por la tarde y copas por la noche. En total, he ido a trece sitios, a los que hay que sumar ya El Patio San Eloy Alameda, el primer lugar donde cenamos el viernes cuando salí de la tienda, antes de ir al Soulville.


El primigenio El Patio San Eloy es un veterano bar que abrió sus puertas en 1972 y que se halla ubicado en la Calle San Eloy. Siempre está lleno de gente, pero además de mesas tiene unas originales gradas al fondo del local donde resulta muy pintoresco sentarse a picar algo, por lo que yo he ido bastantes veces. En su amplia carta cuenta con una buena variedad de montaditos que tienen un tamaño aceptable y un ajustado precio. Dado el éxito de la propuesta, los Patios San Eloy empezaron a proliferar hace unos años y en la actualidad ya hay diez sucursales franquiciadas en Sevilla con ese nombre y la marca ha dado el salto incluso a Badajoz (el Grupo San Eloy se ha convertido en todo un emporio, ya que tiene además otras tres marcas con varios establecimientos cada una). Por su parte, El Patio San Eloy Alameda tiene unas agradables mesas fuera, como casi todos los bares allí, y en ellas nos empezamos a quitar el hambre el viernes. Como no podía ser de otra forma, una de las cosas que pedimos fue la tarta vegetal, uno de los grandes clásicos del lugar.


Nuestra segunda parada antes del Soulville fue en La Tienda de la Azotea. La Azotea es un negocio diferente en cuanto a estilo a El Patio San Eloy, pero va a acabar igual, es decir, convertido en una cadena de restauración. La Azotea original era un pequeño restaurante que se inauguró en 2009 y que subió como la espuma en pocos meses gracias a su cocina de altura, basada en productos de primera calidad. Han transcurrido diez años, y en ese tiempo los dueños de La Azotea ya han abierto dos establecimientos más, han cambiado de ubicación el originario para ganar espacio, dejando el antiguo local para celebraciones privadas, y han abierto enfrente del nuevo La Tienda de la Azotea, un bar de tapas algo más informal en el que se degustan los mismos buenos productos que en el restaurante padre, pero cocinados en un formato algo más reducido.


La Tienda de la Azotea está a dos pasos de la Alameda y yo paso por delante siempre que voy al trabajo, por lo que tenía ganas de probar lo que podía ofrecer. El viernes fue el momento perfecto para ello y el bar no me decepcionó. No es un lugar barato, pero tampoco es caro para lo que se come. Nosotros pedimos, por ejemplo, un pan de la casa con anchoas, mayonesa de wasabi, tartar de tomate y albahaca, que estaba delicioso, el platito nos costó 14 euros, pero nada más que las anchoas de primera calidad que llevaba el pan ya valían ese dinero.


La cena del viernes la complementamos el sábado por la noche, ya que después de nuestra sesión de baño y masaje en Aire de Sevilla también tapeamos, y elegimos para hacerlo otro lugar de referencia, la Taberna La Fresquita. En el post que dediqué a Sevilla en marzo del pasado año ya hablé de los bares cofrades de la capital andaluza y este es uno de los clásicos en esa categoría. Está en la Calle Mateos Gago, una de las más señeras del centro sevillano, y no hay más que mirar la foto para entender el tipo de negocio que es.


Aparte del ambiente general, que cumple punto por punto el decálogo de la sevillanía más estandarizada y tradicional, en La Fresquita la cerveza la tiran de arte, valga la expresión local, y la comida es muy buena. Nosotros, por no romper la magia nos fuimos a por las tapas más clásicas que se pueden pedir en Sevilla, que son la carne con tomate y las espinacas con garbanzos. Ni que decir tiene que La Fresquita, como muestra de esa sevillanía tan tópica (pero tan real y cotidiana), es un lugar muy afamado para el turismo.



Por otro lado, también quiero hacer una breve reseña del Papanatas, el bar en el que tomo café con María los miércoles y los jueves desde que trabajo en Bici4city. El sitio me gusta, los desayunos en los bares hispalenses son toda una seña de identidad de la gastronomía autóctona, y los sevillanos una de las cosas que echamos más en falta cuando salimos fuera son las pizarras como la del Bar Papanatas.


Cambiando de tercio, tras dejar constancia, una vez más, de lo que me gusta comer en los bares y restaurantes, voy a hablar ahora de los tres pintorescos lugares en los que estuve el pasado fin de semana. Como dije al principio, el tour que iba a hacer con los turistas el sábado se pospuso, pero para compensar esa carencia me fui el jueves al Museo de Bellas Artes, que es una verdadera joya a pesar de que en Sevilla queda un poco eclipsado, y a pesar también de que muchos extranjeros critican que está centrado casi en exclusiva en arte barroco, que en España es mayoritariamente religioso.

Cierto es que la variedad de la pinacoteca es escasa, si se llamara Museo del Barroco quizás estaría más valorado, pero apenas tiene fondos de interés que no sean de los siglos XV, XVI y XVII, por lo que su nombre real confunde. Lo que sucede es que esos siglos son considerados el Siglo de Oro del arte español (se suele considerar que esa etapa va de 1492 a 1681), por lo que en el Museo de Bellas Artes de Sevilla lo que hay son obras maestras a nivel mundial. Hay poca diversidad, pero lo que hay es de primer orden.


Por lo que a mí respecta, como siempre hago en los museos que son inabarcables en una sola sesión, decidí elegir unos pocos cuadros y fijarme bien en ellos. Yo en el de Bellas Artes solo había estado antes una vez, lo vi en una excursión con el instituto que hice en 1996, el año que cursé la asignatura de historia del arte en COU. De aquel día solo me acordaba de la Escultura de Santo Domingo Penitente de Juan Martínez Montañés, así como del hecho de que, aprovechando que la colección está en el antiguo Convento de la Merced, se ha habilitado como gran sala su antigua iglesia. Aparte de eso, todo lo que recordaba de aquella visita poco tiene que ver con la pintura y la escultura (cuando fui tenía 18 años y mi atención tendía a fijarse más en cosas que no eran precisamente el arte barroco). Llevaba tiempo, por tanto, queriendo volver al Museo de Bellas Artes de Sevilla y el jueves lo recorrí durante casi una hora, antes de entrar a trabajar. Estuve casi solo.


Vi cuadros que pintó Velázquez con apenas 21 años, cuando todavía vivía en Sevilla (en la sala IV estaban, por ejemplo, el Retrato de Don Cristóbal Suárez de Ribera o la Cabeza de Apóstol, es increíble que un tío tan joven pudiera alcanzar ya ese nivel artístico). Me fijé también en obras de Valdés Leal, como Las Tentaciones de San JerónimoLa Flagelación de San Jerónimo, y de Zurbarán (San Hugo en el Refectorio, Cristo Crucificado y Cristo de la Misericordia, por ejemplo).


Sin embargo, la sala estrella del Museo sigue siendo la V, que se llama Murillo y la Escuela Sevillana del Barroco, y que es la que está en la antigua iglesia del Convento. Cuando yo la visité en 1996 recuerdo que los lienzos estaban por las paredes, pero en 2018 se conmemoró el IV centenario del nacimiento de Murillo y la última exposición dedicada a esa efeméride, que se montó precisamente en la sala V, se clausuró en marzo de este año. Para ella se ve que se levantó en la estancia una estructura efímera de paredes de madera que compartimentaba el espacio y que permitía exponer más cuadros, con la cosa de que el pasado jueves aún no la habían desmontado. La parte en la que se ve que han estado expuestas obras prestadas por otras instituciones estaba ya vacía y cerrada, pero la que albergaba las pinturas del genio sevillano que se exponen habitualmente en el Museo de Bellas Artes sí se encontraba abierta y los cuadros aún permanecían colocados sobre las mismas paredes de madera en las que se expusieron durante la muestra.


En realidad fue una pena, porque la sala V yo la recuerdo como un espacio grande y diáfano bastante impresionante, pero ahora con la estructura que tiene montada en el centro y por las paredes no se ve ni de lejos en todo su esplendor. Pese a esto, sí vi de maravilla los cuadros que se exponen de Murillo, que en mi opinión son los mejores de la pinacoteca: Santas Justa y Rufina, San Antonio de Padua con el Niño, Inmaculada del Padre Eterno y, como no, la obra titulada Inmaculada del Coro, que también es conocida como La Niña.


Antes de pasar a hablar de los otros dos grandes planes del finde, que fueron menos sesudos, no quiero dejar de mencionar que el Museo de Bellas Artes no solo tiene como atractivo las obras que alberga, sino también el lugar en el que está.


En efecto, como he comentado de pasada el Museo está en el céntrico Convento de la Merced, que data del siglo XIII (su iglesia es del XVII y su portada del XVIII), y que está perfectamente adaptado a su fin actual sin que por ello haya perdido en absoluto su encanto. El edificio merece la pena en sí mismo.


También es digna de mención la Plaza del Museo, un espacio que durante siglos fue parte del Convento. Ese sector del mismo, sin embargo, quedó destrozado tras la ocupación francesa, que en Sevilla duró de 1810 a 1812, por lo que se tiró abajo cuando se desamortizó el edificio religioso en 1835 y en el solar se creó la Plaza. Esta hoy día es una de las más bonitas de la ciudad, con la portada del Museo dando a ella, y está presidida, como no, por el Monumento a Murillo, obra de Sabino Medina.



Hablando de edificios religiosos que ahora se emplean para usos muy diferentes a aquellos para los que fueron concebidos, el viernes por la noche estuvimos en otro, el Monasterio de Santa María de las Cuevas. Por todo lo que ha vivido, esta cartuja es apasionante, pero estuvo injustamente olvidada hasta que se convirtió en uno de los ejes de la Expo'92. Haciendo un poco de historia, el Monasterio se construyó en el siglo XV sobre una ermita que databa del XIII, y con los años su destino fue similar al del Convento de la Merced, ya que primero fue machacado por los franceses, que lo usaron como cuartel, y luego desamortizado, pero antes de todo eso pernoctaron entre sus muros Felipe II y, sobre todo, Cristóbal Colón, que era asiduo y que estuvo enterrado en la Capilla de Santa Ana del cenobio desde 1509 a 1542. Tras la desamortización, Charles Pickman compró el inmueble y fundó en él una fábrica de loza y porcelana. Por ello, el mismo se reformó, se construyeron chimeneas y hornos, y todo el conjunto funcionó como factoría hasta 1981, año en el que se abandonó. En 1986 la Junta de Andalucía decidió restaurar y rehabilitar la abandonada edificación, conservando todos los elementos de su complejo pasado, tanto los monásticos, como los militares y los fabriles, para transformarla en el emblema de la Expo'92 (fue el denominado Pabellón Real, allí se recibieron a los más altos dignatarios de todo el mundo durante la exposición universal). Fue ese el momento en el que el olvidado edificio, que llevaba un siglo y medio convertido en fábrica, en medio de un erial a las afueras de Sevilla, pasó a estar integrado en la ciudad y empezó a brillar con luz propia. Al acabar la Expo la mayoría de los pabellones que habían formado parte de la muestra sufrieron una dolorosa vuelta a la realidad, pero al Monasterio, por su belleza y porque está realmente bien ubicado, se le supo encontrar un uso útil, de manera que ahora es sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, del Rectorado de la Universidad Internacional de Andalucía y del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. En sus amplios jardines, además, se organizan muchos conciertos de música.


Yo el edificio por dentro solo lo he visto una vez, en 1999, cuando se conmemoró el IV centenario del nacimiento de Velázquez con una gran exposición que se montó allí. Luego, en 2012, creo, estuve recorriendo los exteriores y vi las cinco chimeneas que se conservan de su época fabril. La parte del recinto donde se organizan los conciertos, por contra, no la conocía. Estos se desarrollan en una zona del Monasterio llamada Patio del Padre Nuestro.


Por lo que respecta al espectáculo en sí, la verdad es que me encantó, tanto el ambiente como la música. Tocaron tres grupos y las actuaciones estuvieron encuadradas en el IV Soulville Festival, el festival de música negra de Sevilla.


El Soulville está dedicado al Rhythm & Blues, al Funk y al Soul, no son mis estilos favoritos, pero son primos hermanos del Rock, por lo que me atraen sin duda, sobre todo en directo. El festi lo abrió Dry Martina, un grupo malagueño que por lo visto era más guitarrero hasta hace poco, pero que ha dado un giro y ahora hace una especie de electro Swing con toques de Funk, Soul, Calipso y Mambo. La música fue amable, estuvo muy bien interpretada y nos permitió a los que íbamos tomarnos unas cervezas y charlar un buen rato junto a la barra en una atmósfera genial. Después le llegó el turno a Aretha Soul Divas & The Silverbacks, que era el plato fuerte de la noche y que resultó ser algo así como un supergrupo formado para realizar conciertos en homenaje a Aretha Franklin, una de las grandes del Soul. Por lo visto, las cuatro integrantes de Aretha Soul Divas viven en Madrid y cantan en otras bandas, pero se han unido temporalmente a The Silverbacks, un grupo de R&B sin cantante que actúa con diferentes vocalistas.


En este caso lo que vimos fue a las cuatro artistazas acompañadas de unos músicos de primera, algunas canciones las cantaron todas las vocalistas al unísono, pero en la mayoría fueron tomando las riendas alternativamente de manera individual cada una de ellas, mientras las otras tres hacían los coros. La tercera canción que interpretaron fue Respect, todo un temazo, y para el bis dejaron Say a Little Prayer, otro clásico. Se me pasó el tiempo volando al ritmo de la mejor música. Después, como postre salieron con bastante presteza Los Mambo Jambo, el grupo encargado de cerrar el festival. Su misión era enloquecer al personal tras la elegante actuación de las Soul Divas, y para ello arrancaron a todo trapo, sin vocalista, porque no tienen, pero dándole una caña apabullante a sus cuatro instrumentos (saxo, batería, guitarra eléctrica y contrabajo). Su mezcla de salvaje Rock & Roll primigenio, Rhythm & Blues, Surf Rock y Swing fue una auténtico viaje a los orígenes de la mejor música. Por desgracia, no nos quedamos hasta el final, yo curraba por la mañana, ya pasaba la una de la mañana y hubo que coger el camino de vuelta.

El concierto, en cualquier caso, lo disfrutamos a tope, y por lo que respecta al Monasterio, fue muy interesante verlo funcionando como marco de una actividad así, aunque lo he visitado un poco a salto de mata y se merece una exploración más detallada, por lo que volveré.


Para terminar, voy a dedicarle unas breves palabras al plan estrella del sábado. Ya he hablado de donde cenamos, pero la razón de ser de la salida fue ir por tercer año consecutivo a Aire de Sevilla. Resulta curioso que solo había ido una vez a este spa antes de 2016, pero desde que escribo este blog ya he hablado de él en tres de los ocho posts protagonizados por Sevilla. La visita de 2017 fue la más sencilla, el año pasado, por contra, disfrutamos del paquete estrella que ofrece el hamman. Este año la opción fue la intermedia, pero la misma fue incluso mejor que la de 2018, ya que en aquella ocasión nos dieron un masaje de 45 minutos y este solo fue de media hora, pero tengo que decir que nunca en mi vida me habían dado un flete más agradable, la masajista, que se presentó como Joana, se lució tanto en las piernas como en la espalda. Cuando me levanté de la camilla casi tenía los ojos vueltos del revés...

Luego acabamos tapeando en La Fresquita, como he dicho, pero para llegar allí nos dimos un paseo por la zona que está al norte del Barrio de Santa Cruz, que en mi opinión es de las más bonitas de Sevilla (por las calles Aire, Abades o Guzmán el Bueno, y las de alrededor, no hay tanta gente como por el citado barrio, pero en ellas se ven estampas de lo más pintoresco).


Al final para llegar al coche sí atravesamos por su corazón el mítico Barrio de Santa Cruz, que es una maravilla y que entiendo que esté siempre hasta los topes de guiris. Para mí en esta ocasión esas bellas callejuelas fueron el colofón a otros tres días en los que he disfrutado a tope de lo que ofrece Sevilla. Tanto que ha dado lugar a otro post...



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Sevilla: 14'2% (hoy día 100%).
En 1977, % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 0'2% (hoy día 34'2%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado SEVILLA.
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 10% (hoy día, completada ya esta visita, 50%).
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'1% (hoy día, completada ya esta visita, 4%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 0'9% (hoy día 62'9%).
En 1977, % de Municipios de Andalucía ya visitados: 0'1% (hoy día 20'1%).