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22 de julio de 2016

PONFERRADA 2016

Ponferrada es una ciudad de 41.400 habitantes (67.000 en el municipio completo) que está apenas a 30 kilómetros de Villafranca del Bierzo. Cierto es que no soy de los que tienen alergia a hacer paradas intermedias cuando viajan de un lugar a otro, para mi los desplazamientos forman parte de los viajes y me gusta hacer altos en el camino si se tercia. Sin embargo, tampoco parece muy lógico que en el trayecto de Villafranca del Bierzo al este de Asturias uno pare a apenas 30 kilómetros del punto de origen. Nosotros lo hicimos porque, en este caso, en Ponferrada había un motivo de peso para hacer un alto: ver por dentro el Castillo de los Templarios.

En julio de 2013 ya estuve con María, Ana y Julia en Ponferrada cuando fui a correr la Media Maratón Ciudad de Ponferrada, que aquel año se celebró en formato nocturno bajo el apelativo de 21 Lunas... y Media.



Por diversas circunstancias mi actuación en la carrera fue un desastre: acabé en 1h43 tras hacer uno de los mayores esfuerzos de mi vida atlética para no echarme a andar en ningún momento. Sin embargo, ese fin de semana pude ver que Ponferrada es un lugar que se merece una visita.


En aquella ocasión llegamos a la ciudad después de comer y nos alojamos en el Hotel Aroi Bierzo, que está en la Plaza del Ayuntamiento. La carrera empezó a las 22'30 horas y la tarde estuvo mediatizada por ese hecho: intenté descansar un poco en el hotel, apenas lo conseguí y al final nos dimos un pequeño paseo por el centro. Gracias a este puse mis ojos por primera vez en los muros del impresionante Castillo de Los Templarios, desde cuyas puertas, de hecho, esa noche salió la carrera. Por desgracia, no pudimos verlo por dentro, ya que lo estaban cerrando cuando llegamos, así que la visita quedó pendiente para otra ocasión. Esa ocasión ha resultado ser esta.


Esta vez nuestro punto de partida en la visita a Ponferrada también fue la Plaza del Ayuntamiento, porque en su subsuelo hay un aparcamiento donde dejamos el coche. El centro estaba muy tranquilo, quizás porque era martes por la mañana, por lo que nos dimos un agradable paseo por él. En la Calle del Reloj pasamos por debajo de la magnífica Torre del Reloj, que ya me sorprendió la primera vez que la vi (la torre, construida en el siglo XVI, está ubicada sobre el Arco de las Eras, la única puerta de la muralla medieval que se conserva).


La diáfana Plaza de la Encina también estaba tranquila, con su Escultura a la Virgen de la Encina, y pese a que estaba abierta, no nos detuvimos en la Basílica de la Encina, ya que teníamos muy claro nuestro destino: el Castillo de los Templarios.



La figura de los Caballeros Templarios es, ya de por si, atractiva: "El Temple tiene buenos caballeros, que traen capas blancas con una cruz roja sencilla y una bandera o estandarte de colores que llaman Baucent y que va delante de ellos en las batallas. Esperan a los enemigos y sus primeros ataques. En ir son los primeros, en volver los últimos. O del todo derrotan a sus enemigos o todos mueren, siendo siempre los últimos en retirarse". La figura de los Monjes Templarios, valientes, arrojados y que hacían gala de una determinación un tanto demente, suele estar envuelta en un legendario halo de misterio bastante llamativo, pero, más allá de esa imagen un tanto mitificada, la Orden del Temple fue real y tuvo gran importancia en la Edad Media, hasta el punto de que su poder llegó a ser un peligro para los estados europeos de la época, que acabaron con la orden usando todas sus armas: se la desacreditó todo lo posible y se le quitaron todas sus posesiones, como paso previo a su disolución. Este Castillo imponente fue una de esas posesiones. El mismo estaba ubicado al borde del Camino de Santiago, junto al puente que se creó en el siglo XI para que los peregrinos pudieran atravesar el Río Sil (el Pons Ferrata) y que dio origen al primitivo asentamiento de la ciudad.


No obstante, lo primero que aprende uno al visitar el Castillo es que en época de los Templarios (siglo XIII) el mismo era sólo un pequeño poblado reforzado con muros de cal y canto. Pese a esto, el conjunto fortificado era uno de los enclaves templarios más significativos de Europa. Sin embargo, no fue hasta mediados del siglo XIV, cuando ya había sido disuelta la Orden del Temple hacía casi tres décadas, cuando se empezó a levantar un verdadero castillo en el extremo de la fortificación, el Castillo Viejo, el cual se ve al fondo en la primera foto:




Con posterioridad se fueron haciendo sucesivas obras que transformaron lo que quedaba del primitivo recinto templario. Así, se erigió, por ejemplo, el Palacio Nuevo, un lujoso palacio ubicado en el lado opuesto al Castillo Viejo.


Actualmente, con sus 8.000 metros cuadrados, el Castillo de los Templarios, que fue declarado Monumento Nacional en 1924, es el conjunto fortificado más imponente del norte de España. No obstante, pese a que se asocia al Temple para unirlo a ese halo misterioso que envuelve a esta orden y darle así más interés, la verdad es que en el recinto que vemos queda poco de la fortificación templaria, aunque Ponferrada siga sacándole un cierto partido a la importancia que la población tuvo para dicha orden (por ejemplo, celebran la Noche Templaria coincidiendo con la primera luna llena de verano, e incluso la media maratón que yo corrí se asoció a los Templarios, ya que la salida solo estuvo iluminada por la luz de unas antorchas que portaban unos actores disfrazados de integrantes de la Orden del Temple. La carrera salía, bajaba del centro y volvía a subir, atravesando el conjunto histórico de lado a lado y pasando por la Calle Gil Carrasco que bordea el Castillo. La misma estaba completamente a oscuras y solo la iluminaban, de nuevo, los Templarios con sus antorchas, los cuales hacían un pasillo a los corredores. La verdad es que fue un momento único).

Con respecto al Castillo, el mismo por fuera es uno de los más impresionantes que he visto. Por dentro no está mal, ni mucho menos, pero el Castillo, como he dicho, no es un único edificio, sino un recinto amurallado en cuyo interior se fueron añadiendo construcciones en diferentes épocas. Algunas de ellas se han restaurado visiblemente y siguen en uso. La parte del Castillo Viejo es la menos modificada y tiene una auténtica escalera de caracol muy chula en la Torre del Homenaje Vieja. Entre el Castillo Viejo y el Palacio Nuevo hay un espacio de tierra con hierba que no es demasiado atractivo y la parte del Palacio Nuevo sí es preciosa, pero está totalmente reformada y, aunque me consta que se han respetado las estructuras, materiales y proporciones del primitivo recinto, no resulta fácil pensar que aquello era así en la Edad Media.


Sin embargo, para mi, que tengo alma de bibliotecario, la parte de la Biblioteca Templaria y la exposición bibliográfica permanente Templum Libri, las cuales están, precisamente, dentro del Palacio Nuevo, son una gozada. En las vitrinas de dicha exposición se muestran un centenar de libros facsímiles entre los que se encuentran muchos manuscritos iluminados. Por su parte, la Biblioteca Templaria se encuadra en el Centro de Investigación y Estudios Históricos, que también tiene en el Palacio Nuevo su sede y que está centrado en las órdenes militares y en la propia Orden del Temple. En la Biblioteca también se exponen manuscritos y obras impresas, incluido un incunable, pero, más allá de eso, me encantó el ambiente bibliófilo que allí se respiraba.


No obstante, pese a que me dieron ganas de irme allí a estudiar y a que las reformas se han hecho con mucha clase, la verdad es quizás esperaba algo más del Castillo en su conjunto. En mi opinión, en el recinto hay poca información sobre la historia y la estructura de la construcción (quizás hubiera hecho falta la audioguía que nosotros no cogimos, aunque siempre se debe dejar claro lo básico sin ese recurso). Pese a esto, el balance es positivo: por fuera es de las construcciones más impresionantes que he visto en entornos urbanos, algunos rincones interesantes sí ofrece su interior y, desde luego, las vistas desde sus murallas hicieron que diera por bien empleados los 6 euros de la entrada (soy muy aficionado a las vistas de pájaro).




Para ir con niños también es una visita recomendable, ya que estos se pueden mover con cierta libertad por allí y hay bastantes elementos por el Castillo capaces de ir captando su atención.

La visita, en general, se disfruta, lo mismo que la estancia en Ponferrada. Su cuidado centro, situado en una elevación que se asoma al Río Sil, es bonito y está enmarcado por una zona moderna bastante ordenada, desarrollada y racional, que pude ver mejor la otra vez (corrí por ella bastantes kilómetros y me volví andando al centro desde la meta, que se ubicó en el Estadio Municipal de Atletismo Colomán Trabado).

No me importaría volver a Ponferrada a sacarle su jugo a otros atractivos que también ofrece. Sería una buena oportunidad para visitar de nuevo Peñalba de Santiago, una minúscula y difícilmente accesible pedanía ponferradina a la que fuí en 2001 (allí está la Iglesia de Santiago de Peñalba, una joya de la arquitectura mozárabe del siglo X).

Sin embargo, en esta ocasión, tras almorzar en la muy recomendable Pizzería la Competencia (está en la Calle del Reloj), ya no tuvimos más remedio que coger, sin más paradas, el camino a Asturias.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado PONFERRADA.
En 2001 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de León: 60% (hoy día, confirmada ya esta visita desde 2013, 80%).
En 2001 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 18'7% (hoy día, confirmada ya esta visita desde 2013, 31'7%).


VILLAFRANCA DEL BIERZO 2016

Los días que hemos estado en el Bierzo nuestro centro de operaciones se ha ubicado en el Camping el Brejeo. El mismo está en Vilela, una pedanía de Villafranca del Bierzo que tiene unos 260 habitantes. En todo Vilela no hay un solo piso, es un pueblo residencial, pero está formado por casas con jardines independientes, algunas más remozadas, otras menos. El camping es pequeño, se encuentra al final del pueblo y es muy modesto, pero sus instalaciones están limpias y, sin grandes alardes, bastan para lavarse y para lavar. Su bar, que parece hacer las veces de bar del pueblo, no invita demasiado a consumir, pero, más allá de eso, estuvimos en la zona de acampada casi solos y dado que la misma está en mitad de la naturaleza, que es muy tranquila y que tiene abundante sombra, pues el camping resultó ser un lugar bastante agradable.


Como no había casi nadie las niñas se movieron por allí con total libertad y eso les gustó, pese a que el camping no tiene zona de baño, como dice la Web. Sin embargo, más barato no puede ser, por lo que, en conjunto, nos fuimos de allí suficientemente contentos. 

Villafranca del Bierzo queda a tiro de piedra de Vilela, así que acabamos yendo al pueblo matriz todos los días. De hecho, por una falta de previsión, el primer día, nada más llegar por la tarde, tuve que ir de un salto a comprar algo de cena. Por suerte encontré un supermercado abierto de milagro, pero compré lo justo y eso hizo que al día siguiente tuviéramos que volver a comprar más comida. El tercer día sí que fuimos a dar una vuelta algo más pausada por el pueblo: fuimos a tomarnos un café y después pudimos darnos un paseo bastante completo, antes de ir a bañarnos y a comer a la Piscina Fluvial de Toral de los Vados. Los dos días anteriores ya había visto que el pueblo merecía la pena, pero la verdad es que la visita había estado centrada en ir al super. El día del paseo la estancia en Villafranca del Bierzo, una villa señorial que fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1965, tuvo otro talante.


Villafranca del Bierzo es de esos pueblos que engañan, porque la cantidad y la entidad del patrimonio que tienen no es proporcional con su cantidad de población. En efecto Villafranca, seguramente porque pasa por sus calles el Camino de Santiago, tiene un buen número de edificios llamativos y tiene también una cantidad de servicios, al menos en verano, que no se corresponde con los 2.200 habitantes que pueblan su casco urbano (el municipio cuenta en total con unos 3.100). Así pues, peregrinos hay muchos por el pueblo, bares en su Plaza Mayor también y de edificios imponentes tampoco anda corto. 

La Calle del Agua (también llamada Calle Ribadeo), atraviesa de lado a lado el centro de Villafranca y fácilmente nos transporta al pasado por las fachadas blasonadas de sus casas señoriales renacentistas y barrocas, así como por la piedra de su suelo. Hoy día es una calle tranquila, pero se ve que en otro tiempo se concentró en ella gran parte de la actividad de la villa.



Al este de la Calle del Agua está la Plaza Mayor, un espacio amplio bastante atractivo y espacioso, pero que tiene, a mi parecer, demasiadas terrazas con sillas y coches que no permiten ver con perspectiva sus soportales y sus casas antiguas (seguro que en invierno es diferente). 


Sin embargo, la Calle Doctor Arén que sale de ella me gustó por su vida y por su trasiego de gente. Se ve que esta calle es la que ha heredado de la Calle del Agua la actividad comercial.

También me gustó el Puente Medieval, atravesado por los peregrinos, como no, que pasa por encima del Río Burbia, cuya ribera está acondicionada en ese punto para el paseo.


Igualmente es muy bonito el Jardín de la Alameda, un espacio que está adyacente a la parte más céntrica del pueblo, pero que queda entre esta y una zona de viviendas más modernas. El jardín, de estilo francés, está repleto de cuidados setos, flores y fuentes, todo distribuido de una manera bastante armoniosa. En su centro está emplazada La Chata, una fuente del siglo XVI.


En el centro de Villafranca hay hasta tres iglesias bastante monumentales, una colegiata y tres conventos. Todos son edificios llamativos. 


Es evidente que eso está relacionado con el hecho de que la ruta francesa del Camino de Santiago atraviesa la población unos kilómetros antes de adentrarse en Galicia


Aparte de los comentados hay otro edificio que seguro que sí que está relacionado con el Camino de Santiago y precisamente fue ese el que vimos por dentro, el último día, cuando fuimos a desayunar a la Plaza Mayor como manera de despedirnos de la zona. La misma ya la habíamos visto bien, es imposible no pasar por ella al moverse por el centro. Sin embargo, esta vez no solo la atravesamos, sino que nos detuvimos a desayunar en uno de los veladores que he criticado (agradables son, no lo niego). Por casualidad nos sentamos en un bar llamado Bar Restaurante Sevilla. Allí pudimos tomar nada menos que pan con aceite y tomate (esto ha cambiado, no hace tanto era difícil desayunar en el norte de España pan de verdad en tostadas, hoy día es habitual).

Después cogimos el coche y nos fuimos a la parte alta del pueblo, que no es muy extensa y que es la única por la que no habíamos paseado. En ella está el Castillo de Villafranca del Bierzo, que no se puede ver por dentro, ya que es de propiedad privada, y también la Iglesia de Santiago, un templo románico del siglo XII.

Durante todos los días me había resultado agradable ver a tantos peregrinos por el pueblo, me trajo muy buenos recuerdos de 2002, cuando María y yo hicimos el Camino de Santiago desde Oviedo. Fuimos por la Ruta Primitiva y enlazamos con el Camino Francés en Palas de Rei, algo más adelante de Villafranca del Bierzo. Ver la Iglesia de Santiago avivó más, si cabe, ese recuerdo, ya que la misma está ubicada precisamente a la entrada del pueblo por el lado por el que llega el Camino, al borde de la ruta que siguen los peregrinos.

Al Camino da la Puerta del Perdón, preciosa, pero que es lateral y se encuentra cerrada. Esta puerta es muy armoniosa y tiene una gran importancia en el conjunto del Camino de Santiago, ya que ante ella los peregrinos enfermos que no estaban en condiciones de proseguir la ruta podían obtener el jubileo.


Al templo se entra por la portada. Es muy sobrio, consta de una sola nave y no tiene altar en la cabecera, sino que el retablo de madera está en una capilla lateral. En el tiempo que estuvimos allí fueron varios los peregrinos que llegaron y pararon a sellar su credencial en la iglesia. A las niñas, que no conocían hasta hace unos días la existencia del Camino de Santiago, la idea de ir de aventura caminando con un palo y una mochila, siguiendo un camino marcado con conchitas, en plan Dora la Exploradora, les encantó, tanto que han estado tres días haciéndole fiesta a cada concha que hemos visto señalada. A mi también me ha traído muy buenos recuerdos, como he dicho, de manera que a lo mejor dentro de unos años, cuando crezcan un poco, repetimos la experiencia con ellas, quizás por este Camino Francés.

Tras la última parada llegó el momento de despedirnos por esta vez de Villafranca del Bierzo. Quedaba desmontar la tienda y coger el camino a la siguiente parte de nuestras vacaciones, la asturiana.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado VILLAFRANCA DEL BIERZO.
% de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de León: 80%.
% de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 31'7%.


19 de julio de 2016

LAS MÉDULAS 2016

Apenas cinco días después de volver de Chipiona empezamos las verdaderas vacaciones (tras volver de la playa aún tuve que trabajar cuatro días). El caso es que el viernes 15 de agosto, tras bastantes vicisitudes, cogimos carretera e inauguramos la primera parte de los viajes de este periodo estival. Nuestro primer destino: el Bierzo.

Tras pernoctar ese mismo día 15 en Cañaveral (Cáceres), pasamos al día siguiente unas horas en Benavente (Zamora). Tras dejar atrás la ciudad zamorana, el 16 por la tarde llegamos al Bierzo, la zona elegida para pasar unos días de camping este verano.

Cierto es que el Bierzo es la zona por la que hemos estado, pero la realidad es que hemos ido a ella, no a explorarla en general, sino a visitar un lugar concreto: Las Médulas, un entorno paisajístico, declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, formado a partir de la mayor mina a cielo abierto de época romana, una de las mayores obras de ingeniería de la antigüedad. Hoy día lo que vemos es un paisaje de gran belleza formado por picos y galerías, y cubierto de castaños centenarios. Es de uno de los lugares imprescindibles de mi reto Tesoros de España.


Sin embargo, pese a que nuestro objetivo estaba claro, gracias a nuestra estancia de tres días en la región son varios los sitios extra que hemos podido conocer. En concreto, eran para mi también un objetivo de mi reto Poblaciones Escogidas de España Villafranca del Bierzo y, como no, Ponferrada, la capital de la comarca. En Ponferrada ya había estado en 2012 y volvimos para poder saldar una pequeña cuenta pendiente que tenía: ver el Castillo de los Templarios por dentro. Villafranca del Bierzo no la conocía en absoluto y he de decir que me ha sorprendido gratamente. También hemos visto otros sitios como la Piscina Fluvial de Toral de los Vados, pero lo que hemos visto bien a fondo es lo que vinimos a conocer: Las Médulas.

La visita protagonista la dividimos en dos días. El primer día nos acercamos por la mañana al pueblo de Las Médulas, donde está el Aula Arqueológica, que fue nuestro punto de partida.


Al llegar nos informaron de manera escueta de cual era la ruta más rápida para llegar, por nuestra cuenta, a los dos puntos estrella de Las Médulas: La Cuevona y La Encantada. Conformes con esa posibilidad, decidimos ver primero el Aula Arqueológica, pero antes cruzamos la calle para ir a tomarnos un café a la cafetería del Hotel Medulio. Veinte minutos después volvimos al Aula y en el momento de pasar de nuevo por la recepción pude escuchar como la chica le comentaba a otra pareja que en 20 minutos existía la posibilidad de unirse a una visita guiada que hacía una ruta ligeramente más amplia que la que nosotros íbamos a hacer. No se por que la chica no nos había dicho nada a nosotros de eso, pero sin dudarlo le pregunté si era posible que nosotros cuatro también nos uniéramos a ese grupo. Resultó que sí había hueco.

Por esa casualidad nos vimos cambiando los planes sobre la marcha, dejando la visita al Aula para otro momento y atravesando el pueblo de Las Médulas para llegar al Centro de Recepción de Visitantes, que era donde empezaba la visita, en grupo y apta para todos los públicos.


Se gana mucho haciendo este tipo de visitas de la mano de alguien que conozca el lugar. Los 4'50 euros por persona que costó la excursión los doy por bien gastados (Julia por ser menor de 6 años no pagó nada). Durante dos horas recorrimos la llamada Ruta Corta con una guía (Isabel). Pese al nombre, la Ruta Corta es más larga que el recorrido que recomiendan a los que van por libre. Fueron 3 kilómetros en total, pero nos fuimos deteniendo con frecuencia para escuchar las explicaciones de Isabel acerca del yacimiento, las técnicas romanas de extracción, lo que implicó en la zona la existencia de la mina de oro y lo que queda hoy de todo aquello. Por lo visto los romanos se dedicaron a perforar con túneles ciegos la zona montañosa a la vez que acumulaban en depósitos de altura el agua que traían desde los nacimientos de los ríos y los neveros. Una vez construidos los túneles y almacenada suficiente cantidad de agua soltaban de golpe toda esa agua, la cual al bajar montaña abajo se colaba por los túneles sin salida, comprimía el aire atrapado en su interior y reventaba, literalmente, la montaña (el sistema de explotación se llamaba Ruina Montium, el nombre es bastante expresivo). Una vez que la montaña estaba hecha escombros era el momento de quitar los cantos rodados y de lavar con más agua la masa desprendida en canales de madera, filtrándola a través de ramas de brezo que retenían el oro. Los picachos que hoy día se ven es lo que el agua no echó abajo.



Nuestra guía también nos explicó por que hay tantos castaños en la zona (los cultivan allí, por lo visto, no son autóctonos y sirven para que la economía de la zona se beneficie del comercio de la castaña).




El destino del recorrido eran dos puntos concretos llamados La Cuevona y La Encantada. El trayecto fue muy interesante y bastante vistoso, pero fueron esos dos lugares los puntos más impactantes. Las rutas por libre también van a esos puntos, pero de una manera más directa, nosotros dimos un rodeo. De los dos lugares fue La Encantada el más digno de ver. En él se adentra uno en la roca y se pueden atravesar dos túneles que quedaron ahí, uno lleva a un agujero en una pared desde donde se ven bonitas vistas y el otro se asoma al camino que se ha venido recorriendo.




La segunda parte de nuestro plan del primer día nos llevó, tras acabar la visita a Las Médulas propiamente dicha, al Lago de Carucedo. El mismo está a unos kilómetros de la zona arqueológica, pero está íntimamente relacionado con ella, ya que el embalse de agua se formó debido a la acumulación de sedimentos y materiales estériles arrastrados desde la mina, que acabaron taponando la salida natural de aguas del valle. 

Hasta aquí el día para las niñas había sido bastante divertido: el pateo por Las Médulas, con todas sus explicaciones, lo aguantaron bastante bien. Sin embargo, fue la parte del lago la que les alucinó más, porque la razón de ir allí no fue otra que darnos unos cuantos chapuzones. En efecto, el Lago de Carucedo tiene habilitada una zona de baño donde no falta un chiringuito, donde se pueden consumir bebidas y helados, ni una zona sombreada con césped y con mesas preparadas para hacer pícnics (al ser domingo aquello estaba de bote en bote). Nosotros no llevábamos comida, así que nos bañamos antes y después de comer.


En medio, para almorzar, nos desplazamos andando al cercano pueblo de Carucedo, donde comimos en el agradabilísimo jardín del Mesón El Lago, donde había menús a 13 euros con muy buena relación calidad-precio (y pudimos pedir dos para los cuatro), aunque hubo que echarle paciencia, porque el único camarero era un señor que ya no cumplía los 70 y que estaba un poco sobrepasado.

El baño de después de comer fue muy calmado y echamos en la zona sombreada del lago un buen rato, hasta que a las seis nos desplazamos de nuevo al pueblo de Las Médulas para ver, ahora sí, su Aula Arqueológica (el dinero de la visita guiada daba derecho a ver esa exposición en la misma jornada). El día había sido muy caluroso y a las seis el sol cascaba aún de lo lindo, así que los 25 minutos que estuvimos en el Aula, que estaba bien acondicionada, ya fueron, de por si, agradables. Más allá de eso, el Aula tampoco nos dijo muchas cosas nuevas, después de haber oído las explicaciones de nuestra guía por la mañana. No obstante, fue interesante ver gráficamente algunas de las cosas que nos habían contado y, para mi sorpresa, los paneles y maquetas llamaron bastante la atención de Ana y de Julia, que supongo que se quedaron con la mitad de la mitad, pero que no es poco, teniendo en cuenta que tienen cinco y siete años.

El segundo día de visita lo planteamos de manera diversa. Durante el día anterior habíamos escuchado en repetidas ocasiones decir a nuestra guía lo bien que se veían Las Médulas en su conjunto desde el Mirador de Orellán y lo bien que se entendía como era el sistema de extracción del mineral visitando la Galería de Orellán, así que no quedaba otra, para completar la visita, que ir a la zona susodicha. Lo que sucede es que el día anterior había sido una auténtica paliza para las niñas, en danza desde las ocho, con rutas, baños y museos. El segundo día era preceptivo dejarlas dormir y afrontar la jornada de una manera más relajada. Por eso dejamos las visitas pendientes para la tarde y, tras pasar media mañana en el camping, fuimos a comer y a bañarnos a la Piscina Fluvial de Toral de los Vados. El día de calor fue apañado y, finalmente, agradecimos las horas de baño en las frías aguas del Río Burbia. La Piscina Fluvial es alucinante, también tiene su chiringuito, sus mesas y su zona sombreada de césped. Es evidente que hay muchos lugares de baño en el interior de España que merece la pena descubrir. No obstante, a nosotros nos quedaban dos visitas pendientes y a las seis volvimos a poner rumbo al entorno de Las Médulas. En este caso fuimos hasta Orellán, población que pasamos de largo, ya que nuestro destino era el aparcamiento habilitado para los visitantes del Miradoy la Galería de Orellán. Desde el parking una cuesta bastante considerable de unos 700 metros nos llevó andando hasta nuestro destino del día.


Primero realizamos la visita a la Galería de Orellán, que resultó ser un paseo por los verdaderos túneles que se conservan de cuando los romanos agujerearon la montaña para sacar el oro. El día anterior ya habíamos visto los de La Encantada, pero estos eran muchísimo más largos y profundos.



Realmente la visita nos sirvió para conocer mejor el trabajo en la mina: los túneles en muchas partes no superan el metro y medio de altura, por lo que un adulto ha de ir con cuidado de no chocarse contra el techo. También se comprende que la roca de la montaña, por fortuna, no era muy dura, sino que era más bien arcillosa. Aún así, hacer esos túneles a base de martillo y cincel tuvo que ser una labor extremadamente dura y ardua. Las vistas al final del túnel son realmente espectaculares.



El destino final de nuestra visita a Las Médulas fue el Mirador de Orellán. En algunos casos este mirador es lo único que ve la gente, lo cual es una pena, ya que ver la mina a ras de suelo es esencial para comprenderla. Sin embargo, hay que decir que lo más espectacular y fabuloso que se ve en toda la visita a Las Médulas son las vistas desde ese mirador. Yo me alegré de haberlo dejado para lo último, porque fue como un broche de oro. Desde allí se acaba de comprender perfectamente como los romanos, literalmente, echaron la montaña abajo para sacar el oro. El paisaje que ha quedado de todo ello y que se contempla desde el Mirador en toda su inmensidad es una auténtica maravilla.





Las Médulas pueden ser exploradas aún más profundamente. Hay hasta cinco rutas más que recorrer por diferentes caminos, con distintos grados de dureza. También hay otro par de miradores. Por otro lado, fuera del perímetro del yacimiento se pueden visitar los restos de los castros donde vivían los astures, los indígenas que fueron los que realmente cavaron los túneles, y también se pueden ver los canales que fueron construidos para llevar el agua desde los manantiales y ríos de los Montes Aquilianos hasta las minas. Nosotros todo eso no lo vimos, pero sí vimos las cosas claves, los elementos que nos permitieron comprender y hacernos una idea bastante exacta de los que son Las Médulas.


Decir, por último, que el pueblo de Las Médulas es una población pequeña, pero que se nota que recibe la influencia del yacimiento por la cantidad de lugares para comer que tiene. Vimos la Iglesia de San Simón y San Judas, que se encuentra enfrente del Centro de Recepción de Visitantes y que estaba abierta.



Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitadas LAS MÉDULAS.
% de Monumentos Destacados de España ya visitados en Castilla y León: 47'1%.
% de Monumentos Destacados de España ya visitados: 39%.