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9 de agosto de 2024

OVIEDO 2024

Comencé a desgranar en este blog los encantos de Oviedo en abril de 2023, cuando estuve allí la última vez. En aquella ocasión, empecé el repaso de los cinco lugares ovetenses que son Patrimonio de la Humanidad, y que definen el estilo prerrománico asturiano. Yo ya los conocía todos, pero decidí volver, para poder hablar de ellos en En Ole Väsynyt. Por eso, vi entonces Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, dos iglesias que realmente se ubican a las afueras de la ciudad, pero que se suele considerar que forman parte de ella. Como complemento, el presente mes de agosto he visitado San Julián de los Prados, la Fuente de Foncalada y la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, por lo que he completado el repóker de monumentos prerrománicos de la capital de Asturias.


La sexta obra de arte prerrománica que está reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco es Santa Cristina de Lena. Se encuentra ubicada en el concejo de Lena. En ella he entrado en tres ocasiones, aunque han pasado ya más de 20 años desde la última vez.

Con respecto a los tres emblemáticos elementos ovetenses que he visto este verano, los mismos los he visitado en momentos diferentes, porque, en el transcurso de una semana, fui en dos ocasiones a Oviedo. La primera vez, el objetivo real era recoger a María, que llegó en autobús para pasar unos días con nosotros en Llanes. Ella llegó muy temprano, después de viajar toda la noche, y yo no tenía claro qué iba a querer hacer, pero finalmente desembarcó con ganas de pasear, y dado que teníamos tiempo, nos acabamos marcando una mañana bastante turística. Antes, eso sí, desayunamos. Para ello, paramos en el Restaurante Cafetería Peña Tú, que no nos defraudó.


La Estación de Autobuses de Oviedo se halla al noroeste del casco histórico, en un barrio denominado Pumarín. Se trata de una zona residencial, multicultural y amable, algo más antigua en la parte cercana al meollo ovetense, y más moderna en el sector que circunda la estación. En este último está, por ejemplo, la Plaza de Eduardo Úrculo.

 
Nosotros queríamos ir al Centro, lo que nos permitió atravesar Pumarín. Después de dejar atrás este vecindario, nuestro paseo nos llevó a la Fuente de Foncalada. Como he dicho, yo no tenía previsto visitar nada esa mañana. De hecho, sabía que iba a regresar tras unos días, y era entonces cuando pensaba hacer turismo por Oviedo. Sin embargo, nos topamos con el monumento prerrománico, y no perdimos la oportunidad de echarle un ojo.


La Fuente de Foncalada es una fuente que data del siglo IX. Se trata del único edificio civil que puede encuadrarse dentro del estilo prerrománico asturiano. De hecho, es una de las obras altomedievales de carácter no religioso más notables de Europa. Por eso, la Unesco lo integró en el conjunto de monumentos que declaró Patrimonio de la Humanidad en Asturias.

       

Hay voces que afirman que la Fuente de Foncalada hunde sus raíces, incluso, en época romana. Sea como fuere, lo que parece evidente es que no se usó solo para beber. Su importancia radica en que es un elemento arquitectónico de utilidad pública, que se ha conservado durante doce siglos, lo cual ya es raro de por sí, pero que, además, no ha dejado de estar en uso.


Tras ver la Fuente de Foncalada con total tranquilidad y sin cruzarnos con nadie en los alrededores, María y yo seguimos nuestro camino, que nos llevó hasta la Plaza de Alfonso II el Casto


Dicen que Dios ayuda al que madruga. En general, dudo que eso sea cierto, pero, en este caso, tengo que reconocer que el hecho de estar muy temprano en la plaza de la Catedral de San Salvador hizo que la viera de una forma que, a otra hora, hubiera sido imposible. Nosotros, no solo contemplamos, libre de trabas, la parte delantera del edificio, sino que rodeamos la manzana sin ver un alma. 


Sinceramente, merece la pena descubrir las ciudades antes de que se llenen de gente. También entrar en los monumentos a primera hora acaba siendo un premio. En el caso de la Catedral ovetense, sus puertas no abren hasta las 10'00, por lo que tampoco se puede decir que, para verla sin personas alrededor, tenga uno que madrugar como si fuera un panadero. Basta con mostrarse un poco vivo por la mañana. Por lo que a nosotros respecta, eso no hizo ni falta, dada nuestra situación. En realidad, íbamos con tanto tiempo, que incluso pudimos tomarnos un segundo cafelito. Lo hicimos en un establecimiento muy peculiar, llamado Bar La Belmontina


Y digo que La Belmontina es un bar peculiar, porque está en un sitio muy relevante, pero no es nada refinado. De hecho, tenía aires de tasca de barrio, por lo que resultó curioso. En la era de la gentrificación, ya no es habitual ver negocios así, fundados en 1954, en los lugares emblemáticos de las ciudades.

El caso es que María y yo nos tomamos otro relajado café, pero a las 10 de mañana fuimos los primeros del día en entrar en la Catedral de San Salvador. Hacer eso es algo que recomiendo, porque luego se peta, y no se ve igual la Cámara Santa sin gente que con ella. Nosotros, para empezar, nos dirigimos a esa parte del templo catedralicio.



Unos minutos después, ver el piso superior de la Cámara Santa como se muestra en la foto ya era imposible. De hecho, antes de salir yo de la estancia, la gente ya había tenido que empezar a ponerse en fila, para asomarse a la reja y observar de cerca lo que hay detrás.

La Cámara Santa hay que visitarla prestando atención, porque no se ve de golpe, sino en tres veces, y se corre el riesgo de no percibirla como algo unitario. Realmente, es un pequeño edificio, que se encuentra adosado al Claustro de la Catedral por un lateral, y encajado, por delante, entre el extremo suroeste de dicho Claustro y la Capilla de Covadonga de la propia Catedral.


En su interior, la Cámara Santa tiene dos pisos, que no están comunicados por dentro. Cada uno se abre al exterior mediante de una celosía de piedra.


El tema es que a cada una de las plantas se accede por puertas diferentes, que se ubican, una en el Claustro, y la otra en el interior de la Catedral, a distintos niveles y en diversos lados, por lo que es fácil creer que son dos estancias que no tienen nada que ver. El que, además, no salga al Cementerio de Peregrinos, que es desde donde están tomadas las fotos que hay justo arriba, no tendrá ni idea de que está visitando un edificio independiente.

En definitiva, en la planta superior de la Cámara Santa es donde se encuentra la reja que se ve en la imagen que he puesto antes. Los menos curiosos se quedan ahí, y creen que la Cámara Santa es solo esa habitación, que se denomina Capilla de San Miguel. La misma está dividida en una antecámara y una cámara. En esta última, tras la citada verja, es donde se guardan las reliquias de la Catedral de San Salvador. Entre ellas, sobresalen el Santo Sudario de Oviedo, que es el pañuelo con el que, supuestamente, taparon la cara de Jesucristo al enterrarlo, la Cruz de los Ángeles, que data del 808, y la Cruz de la Victoria, que fue donada por Alfonso III en el año 908, y que es el principal símbolo representativo del Principado de Asturias, ya que aparece en el escudo y en la bandera de la región. 


El piso de abajo de la Cámara Santa tiene su puerta de acceso en el Claustro. Esa estancia se denomina Cripta de Santa Leocadia. Se construyó a finales del siglo IX o a principios del X, para albergar los restos de dos mártires cordobeses. Hoy día, en ella solo hay un par de laudas sobre el suelo, es decir, dos losas que recubrían sendas tumbas. Son valiosas, porque se tallaron en la Alta Edad Media, pero no pertenecen a nadie en concreto.


El caso es que la visita al segundo de los monumentos prerrománicos ovetenses del día la realizamos con detenimiento. Además, también recorrimos con interés el resto de las partes de la Catedral de San Salvador que están abiertas al público. Una de ellas es el Museo de la Iglesia.


De las muchas cosas que se custodian en el Museo de la Catedral de San Salvador, yo destacaría el Santiago Apóstol, que es una figura de madera del siglo XIII, el Díptico Consular Bizantino de Flavio Strategio Apión, que se hizo en marfil en el 539, así como el Díptico de la Pasión, que es también de marfil, aunque data del siglo XIV.



Otras partes de la Catedral que recorrimos, a lo largo de la visita, fueron la Sala Capitular, el Coro y el Claustro gótico.
 

Por lo que respecta al Cementerio de Peregrinos al que antes hice mención, el mismo no tiene tumbas, ni aspecto de camposanto. En él, lo que destaca es un Olivo, que dicen que ya ha cumplido 800 años, y cuya semilla fue traída por un peregrino desde Tierra Santa.


Por supuesto, también nos dimos una vuelta por las naves de la Catedral, que es gótica, por lo que destaca por su altura.


Decía al principio, que los tres sitios que he visto este verano en Oviedo los he visitado en dos momentos diferentes. El segundo tuvo lugar pocos días después del primero, pero mi compañía fue distinta. En efecto, esta vez no estuvo María conmigo, sino Ana, Julia y mi madre. Juntos, fuimos a la Iglesia de San Julián de los Prados, que es el monumento prerrománico ovetense que me faltaba por revisitar. En el siglo IX, ese templo se construyó extramuros de la ciudad, en un nudo de comunicaciones. Por eso, en la actualidad está apartado del centro, y se ha quedado un pelín marginado, a pesar de su valor. Ciertamente, choca ver lo cerca de él que pasa la autovía A-66.



No obstante, creo que está en marcha un proyecto, para acabar con el sinsentido de que la principal vía de acceso a Oviedo, pase a escasos metros de una iglesia que lleva ahí 1.300 años. Realmente, por el otro lado, lo que rodea el monumento no tiene mala pinta.



En efecto, a su espalda, San Julián de los Prados tiene una amplia zona verde, llamada Parque de Santuyano. De todas maneras, con independencia de los avatares por los que ha pasado la iglesia en el último siglo, debido a su ubicación, es indispensable entrar a verla por su valor histórico. Por lo visto, mucha gente que va a Oviedo se salta esa visita, pero eso es un error. 



Por el interior de San Julián de los Prados no se puede ir por libre, sino que hay que hacer un tour guiado y en grupo. Pese a eso, nosotros estuvimos casi solos. Al principio, nos acompañaban también unos octogenarios, que llegaron a la puerta con sus hijas y con sus yernos, por lo que pude deducir. Estos últimos, demostrando una desgana bastante patente, pasaron de la iglesia. La única que parecía interesada en que sus padres la vieran era una de las hijas. Tanto, que al final los señores entraron, pero hicieron un recorrido muy atropellado, obviando la explicación de la guía, y salieron. En consecuencia, nuestra visita se puede decir que fue privada. Esa marginalidad que sufre una de los monumentos más notables de Asturias, se explica por el hecho de que se ha quedado un poco escondido, en una zona residencial de Oviedo, y la gente no se molesta en ir hasta allí.

Como siempre pasa, el bonus de recorrer la iglesia con una guía realzó la visita. Gracias a ello, me enteré de que, a principios del siglo XX, su pinta por dentro era muy distinta, ya que estaban encalados los muros y el techo era más bajo. Entre 1912 y 1915, el historiador y mecenas Fortunato Selgas, sufragó la restauración del templo, con la intención de devolverle un aspecto parecido a como era en origen. Debido a eso, salieron a la luz los frescos y se suprimió la bóveda interior, quedando a la vista la cubierta primigenia. En la siguiente foto, se puede ver como perdura aún, en la pared, la marca semicircular de lo que fue la techumbre postiza.


Con respecto a los frescos originales, también me pude fijar en que no se representa en ellos ningún motivo de temática religiosa, salvo una cruz. Además, como si de un edificio musulmán se tratase, tampoco hay dibujos de personas, ni de animales, ni hay ilustraciones de los evangelios. Por otro lado, a diferencia de lo que se impondría en el románico, en el recinto religioso no hay retablos, ni imágenes, salvo el crucificado que cuelga. 

Por último, es muy llamativo que, encima de la capilla central, hay una cámara cerrada, cuyo fin es desconocido. La misma no está comunicada por dentro, y solo es accesible desde fuera, a través de una ventana, a la que es francamente difícil llegar. 


En definitiva, la Iglesia de San Julián de los Prados la vi a la perfección. Por lo demás, en esta segunda estancia del verano en Oviedo, también entré en el patio central del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, que es como se denomina al primer edificio que se construyó para albergar el principal centro asturiano de enseñanza superior, así como en la Capilla de la Balesquida, que está enfrente de la Catedral, al otro lado de la Plaza de Alfonso II El Casto.


Precisamente, en la Plaza de Alfonso II el Casto comimos este segundo día, en un restaurante donde seguro que no hubiéramos parado, si no nos hubiera invitado la abuela, sobre todo porque está en un sitio donde sabes que te van a cobrar el emblemático emplazamiento.


En la Taberna de la Catedral me pegué un buen homenaje. Aparte, como novedad, dado que mi madre se unía a un viaje organizado al día siguiente, y nosotros ya tirábamos para el sur, dormí en Oviedo por primera vez en las seis ocasiones en las que he estado en la ciudad. En concreto, nos alojamos en el Iberik Santo Domingo Plaza Hotel. No puedo decir que no fuera un buen establecimiento, porque tenía cuatro estrellas, pero su gimnasio daba pasión de ánimo, y su acceso principal, que se asoma directamente a la Ronda Sur, no puede ser más hostil. Por detrás, el hotel da a una zona residencial de pisos, que es también bastante fría. Caminando un rato por ella, podríamos haber llegado al centro ovetense, pero había que atravesar un puñado de calles desiertas, lloviznaba y estábamos cansados, por lo que nos quedamos a cenar en la Sidrería Galmar, que era el único lugar abierto por allí. En ese bareto nos trataron de lujo, y nos pusieron, por poco dinero, una cantidad ingente de comida, aunque fuera de batalla. El final de esta visita, por tanto, puso el contrapunto a la imagen que yo tengo de Oviedo, que se parece más a lo que se muestra en la siguiente foto. 


De todas formas, me encanta ver los contrastes de los sitio que visito, así que me fui de Oviedo tan contento y satisfecho como las otras veces.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado OVIEDO.
En 1998 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 33'3% (hoy día 60%).
En 1998 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 14% (hoy día 36'3%).


11 de junio de 2024

ÉCIJA 2024

Siempre digo que una de las mejores maneras de visitar los sitios es aprovechar los planes random que surgen. Estos no suelen tener que ver con el turismo, pero a veces te llevan a lugares inesperados, y te permiten conocerlos sin filtros. Algo de eso es lo que me sucedió la semana pasada con Écija.


Écija es una población sevillana de 40.000 habitantes, que presenta varias particularidades. La primera es que cuenta con el noveno término municipal más grande de España. El mismo es enorme, aunque la mayoría se encuentra cubierto por tierras de cultivo. Aparte, la localidad es conocida como La Sartén de Andalucía o como La Ciudad del Sol, ya que allí, cuando los termómetros suben en verano, se registran temperaturas que siempre se colocan entre las más altas de nuestro país. La realidad es que Écija se extiende por una hondonada, lo que hace que esté protegida de los vientos, que la refrescan poco. Por esa razón, al hecho de estar ubicada en medio del calurosísimo Valle del Guadalquivir, se le suma que se halla algo hundida, por lo que, en cuanto llega la canícula, los astigitanos asumen que casi van a ver como se derrite el asfalto.

En cualquier caso, aunque es una ciudad importante, junto a la que se pasa cuando se va de Sevilla a Córdoba, o a Castilla-La Mancha, o a la vertiente oriental de España, o viceversa, lo cierto es que a Écija no se le suele prestar demasiada atención. Parte de su problema estriba en que, a pesar de que es un municipio sevillano, dista menos de Córdoba capital (57 kilómetros), que de Sevilla (88 kilómetros). Eso ya lo sitúa en una especie de limbo. Además, el corto trecho que la separa de los dos colosos andaluces la opaca un poco más. Quizás es que no ha sabido venderse, pero la verdad es que yo no conozco a nadie que haya ido a Écija a hacer turismo. Ahora se que ese ostracismo es injusto, porque cuenta con un patrimonio inmueble notable, y su amplio casco histórico está repleto de calles bonitas y de rincones que son dignos de ver
.

Decía arriba, que la semana pasada me llevaron a Écija unas circunstancias sobrevenidas muy particulares. Sin ellas, con seguridad yo no hubiera puesto un pie en la ciudad hasta dentro de mucho tiempo, a pesar de que he visto que tiene bastante que ofrecer. Esa coyuntura estuvo relacionada con el trabajo, por lo que no pude explorar con detenimiento los encantos astigitanos, pero sí me convencí de que tengo que volver con más calma.

Con respecto al motivo de mi desplazamiento hasta Écija, el mismo tuvo un trasfondo laboral, como he dicho, porque yo trabajo en la Universidad de Sevilla, y este año me apunté para formar parte del tribunal que se encarga de realizar los exámenes que dan acceso a los estudios superiores universitarios en esta institución. Dicho tribunal estuvo dividido en varias sedes. Catorce de ellas se situaron en instalaciones de la propia Universidad en la ciudad de Sevilla, pero también hubo nueve sedes repartidas por la provincia, que se montaron en institutos de enseñanza secundaria de diversas localidades, para facilitar la participación de los alumnos que viven lejos de la capital. En concreto, en Écija las pruebas tuvieron lugar en el IES Luis Vélez de Guevara.


Aparte, en cada sede se encargaron del desarrollo de las pruebas un número variable de personas. La mayoría eran docentes, que son los que vigilan los exámenes y los corrigen después, pero también integraron los grupos un responsable de sede, un secretario, un administrativo y varios trabajadores de apoyo. En Écija, de estos últimos solo había uno, que era yo. Tampoco voy a ponerme a detallar en qué consistió mi labor, porque no viene a cuento. Lo relevante aquí, es que pude conocer con detalle las instalaciones del IES Luis Vélez de Guevara, y que recorrí parte del barrio en el que se asienta, que es el más chungo de Écija.


En efecto, parece que la barriada de El Valle tiene su punto conflictivo. Para mí, fue una suerte la coyuntura, porque la Plaza de Antonio Peláez Gómez y sus alrededores yo no los habría visto jamás, si no hubiera tenido que ir a trabajar al IES Luis Vélez de Guevara. Uno de los problemas en El Valle es que es un barrio que está aislado en el extremo septentrional de Écija. Más al norte empieza el campo, pero lo malo es que, por el sur, se encuentra separado del resto de la ciudad por unas enormes instalaciones militares, en las que se crían caballos, por otras deportivas y por un polígono industrial. En la siguiente imagen satélite, esas tres zonas las he rodeado con círculos azules, y El Valle lo he enmarcado con un cuadrado rojo.


¿Había necesidad de conocer un lugar así? Pues para mí, sí. Écija tiene numerosos encantos, y es en ellos en los que hay que detenerse, pero la barriada de El Valle también es Écija, y me alegro de haber tenido la oportunidad de echarle un ojo, para perder ciertos prejuicios, y para tener claro que los pueblos y las ciudades son algo más que un conjunto de iglesias y de céntricas plazas. Lo de los prejuicios lo digo, porque el IES Luis Vélez de Guevara está genial. Se halla en el corazón de El Valle, pero no es, para nada, una institución decadente.


El instituto de enseñanza secundaria tiene unas instalaciones magníficas, y se respira en sus pasillos y en su patio un sano ambiente bastante palpable. Por otro lado, fuera de sus muros tampoco rige la ley de la selva, por lo que yo vi. De hecho, todas las mañanas fui a desayunar, a eso de las 9'00 horas, al Fogón XI Torres, cruzando parte del barrio, y no tuve ningún problema. Sí es cierto que, el primer día, intenté regresar al bar a mediodía, para tomar café, y ya la cosa había cambiado un poco por sus alrededores. No es buena idea ir despistado, por plazas en las que hay grupos de jóvenes tatuados, sin camiseta, bebiendo litronas y fumando porros. En zonas en las que se ve que abundan los descuideros, es recomendable andarse con ojo con los paseos. 

En todo caso, al margen de mi experiencia en IES Luis Vélez de Guevara y en El Valle, en Écija también tuve tiempo de echarle un vistazo al centro. 

En realidad, hay que decir que, a pesar de que fui cuatro días a Écija, solo el primero me dediqué a curiosear por su casco histórico. Los tres restantes tuve que estar al pie del cañón de 7 de la mañana a 4 de la tarde, y al salir ya me quedaban pocas ganas de paseos, sobre todo porque tenía por delante una hora y media de carretera hasta casa. Sin embargo, la jornada inicial, dado que solamente tuve que asistir a la constitución de la sede, y que esta no duró demasiado, pude darme un vuelta antes, y otra más larga después.

En la primera, lo que hice, básicamente, fue desayunar en la cafetería del Mesón Restaurante Juan Antonio, pero, mientras buscaba un bar, ya me hice una idea de que Écija tiene un centro bastante grande. El mismo se extiende al oeste del Río Genil, que no corta la ciudad, sino que la bordea por el este. 

La reunión de constitución de la sede se despachó relativamente rápido, así que, a partir de las 13'00 horas, me di un segundo paseo por la zona noble de Écija, este más pausado. Para mí, no era el día de hacer recorridos detallados, por lo que solo pude irme con la impresión general de que el centro de la ciudad está muy cuidado. Eso ayuda a que las calles parezcan bonitas y pintorescas. 


En ellas, destacan un elevado numero de palacios, que conservan sus llamativas fachadas. Sobresale, por ejemplo, el Palacio de Benamejí, que está en la Plaza de la Constitución. El mismo alberga, en la actualidad, el Museo Histórico Municipal.


Aparte, a nivel patrimonial, la ciudad destaca por sus once torres. Si se transita por la autovía A-4, se pasa muy cerca de Écija, y se aprecia bien que se extiende por una llanura, que está como en un depresión, como comenté antes. Antaño, era fácil ver, de una manera mucho más llamativa de lo que suele ser habitual, como sobresalían un buen número de altas torres, por encima de los tejados de las blancas casas. Hoy día, junto a la carretera han construido un enorme centro comercial, por lo que la visión se ha limitado cuando se circula por ella en coche, pero las torres siguen ahí. 

Debajo de las torres, hay once iglesias. Yo no pude entrar en ninguna, pero sí voy a nombrar las cuatro que vi por fuera. La primera fue la Iglesia de Santa Ana, que está en la Calle Castelar. Su torre mide 32 metros.


No muy lejos, dando a la bonita Plaza de San Juan, se encuentra la Iglesia de San Juan Bautista. Su torre mide 46 metros, es la cuarta más alta de la ciudad, y cuenta con una decoración típicamente ecijana. Yo le hice la siguiente foto desde la Calle Juan de Angulo.


Al sur del centro, en la bella Calle Santiago, se alza la Iglesia de Santiago. Su torre es la tercera más alta de Écija. Mide 50 metros.


La última que vi fue la Iglesia de Santa María. Se encuentra en la Plazuela de Santa María, pero su torre, que mide 52 metros y es la segunda más alta de Écija, puede contemplarse incluso desde la Plaza de España.


La Plaza de España es el epicentro de Écija. Popularmente, es conocida como El Salón. A ella desemboca la recta Avenida Miguel de Cervantes, que vertebra todo el sur del casco histórico astigitano.


La Avenida Miguel de Cervantes y la cercana Calle Cinteria, que también sale de la Plaza de España, son las dos principales arterias comerciales del centro de Écija.


Con tanto paseo, la verdad es que me dio la hora de comer en Écija. Por eso, estuve a punto de meterme en algún sitio a picar algo, pero hacía muy buena temperatura, por lo que opte por el plan barato, que fue comprarme un bocadillo e irme al Parque San Pablo, que estaba muy agradable. El mismo se extiende paralelo al Río Genil, pero la vegetación que hay entre el parque y el río impide que se vea este último.


Mi jornada de paseo por Écija acabó en el Parque San Pablo, donde estuve sentado un buen rato muy a gusto. Los tres días siguientes, la intensa experiencia en el IES Luis Vélez de Guevara impidió nuevas exploraciones, pero ya he visto lo suficiente de Écija, como para saber que se impone volver a hacer verdadero turismo.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado ÉCIJA.
% de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 66'7%.
% de Municipios de Andalucía ya visitados: 21'8%.