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25 de agosto de 2025

MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 2025

Felipe II accedió al trono de España con 28 años. La edad era perfecta para comenzar un reinado. Además, el hombre gozaba de la principal virtud que tienen las personas de éxito, que es que saben rodearse de gente que suma. Para colmo, se dice que era adicto al trabajo, austero, disciplinado y prudente, por no hablar de que fue un hábil estratega. Por último, sabía como separar su vida privada de la pública. En la actualidad, mantener una imagen intachable es imposible a ciertos niveles, pero antaño tampoco era fácil pasar a la posteridad como un gobernante ejemplar. Si lo hubiera sido, todos lo habrían hecho, pero la historia del planeta está llena de reconocidos dirigentes mequetrefes e inútiles. Por tanto, aunque hoy en día sabemos que Felipe II también era altivo, desconfiado, puritano y supersticioso, y pese a que la fama de asesino, de cruel, de déspota y de tirano ya le persiguió en vida, gracias a la leyenda negra que crearon sobre él sus enemigos europeos, la verdad es que su católica majestad, sin salir nunca de la Península Ibérica, conservó un imperio en el que no se ponía el sol.

No es que los dominios de Felipe II fueran una Arcadia feliz, precisamente, ni yo le debo nada, pero, si se acerca uno a su figura huyendo del peligroso presentismo histórico, es decir, cuando no se le juzga con la mentalidad actual, sino que se le compara con lo demás dirigentes que gobernaron el mundo durante la Edad Moderna, creo que el rey español sale muy bien parado.

Todo esto lo digo, para hacer hincapié en que Felipe II no hacía las cosas al tun tun. Por eso, es significativo que, apenas dos años después de heredar el trono, ya se pusiera manos a la obra para que se construyera un edificio que estuvo llamado a ser el centro del mundo occidental desde su concepción. El rey tenía un plan, y el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue el eje del mismo.


El caso es que Felipe II, al ser coronado en 1556, decidió que iba a promover la creación de un magno edificio, con la excusa de que acogiera la tumba de su padre, la suya y la de los de su estirpe. Para hacerlo, eligió un lugar estratégico en la Península Ibérica, dado que, de manera paralela, el monarca tenía la intención de trasladar la corte a Madrid, cosa que hizo en 1561, para alejarla de los tradicionales núcleos de poder eclesiásticos y de la nobleza. En consecuencia, el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial quedó emplazado muy cerca del nuevo epicentro de España, lo que ayudó a que pudiera pasar, de ser un mero panteón, a convertirse en el corazón del mayor imperio del mundo, que era la idea. Por eso, además de una iglesia y de un monasterio, al mausoleo se le anexó también un enorme palacio, un colegio y un seminario, el cual garantizaba la salud y la supervivencia futura del cenobio y del propio proyecto, así como una brutal biblioteca, destinada a servir de apoyo a las políticas reales.


Con respecto al palacio, que es una parte esencial de El Escorial, lo cierto es que Felipe II, cuando mandó construir su residencia, lo hizo pensando en su potencial estratégico, no en poder corretear por sus jardines o por sus salones. Por ello, no es casual que su morada estuviera unida a un monasterio, ya que pretendía institucionalizar su papel como estandarte del catolicismo. Por esa razón también, aunque podría haber sido más discreto, el soberano diseñó un edificio aislado que brillaba por sí mismo, y no tuvo reparos en gastar una fortuna para que causara el mayor impacto posible. 

El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial se empezó en 1563 y se dio por terminado en 1586. 439 años después de que se pusiera su última piedra, todas las partes en las que se encuentra dividido siguen en uso, con la cosa de que, salvo en el caso del sector palaciego, que está musealizado, la utilización que se le da a los espacios es la misma para la que fueron concebidos.

Espero que esta larga introducción haya puesto en contexto la descripción que sigue del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. En parte, he repetido lo que dije tras la visita de 2023, pero creo que es importante tener claros ciertos aspectos, a la hora de entender como está organizado el gran edificio. En lo que queda del post, voy a tratar de contar cosas nuevas, sin ser reiterativo, para que este artículo sirva de complemento al que escribí hace dos años.

De todas maneras, la estructura de la narración sí la voy a mantener. Así, en 2023 dividí el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en ocho partes, y ahora voy a hacer igual. En aquella ocasión, recorrí el edificio integrado en un grupo organizado, con la cosa de que, en algunos momentos, el tour me pareció que fue un poco atropellado. En este caso, íbamos por libre, pero consideré que ninguno de nosotros estaba preparado para sacarle el jugo al mastodóntico inmueble, si nos dedicábamos a deambular por sus salas por nuestra cuenta.


Por ese motivo, compramos la entrada con antelación y nos unimos a una visita de las oficiales del Monasterio. Fue un acierto, porque la guía, cuyo nombre no recuerdo, nos condujo con maestría por seis de las ocho partes del edificio. Gracias a ella, me enteré de un montón de cosas, y también me eché unas risas, ya que avivó las explicaciones con su humor ácido y un poco sarcástico.

La división en ocho partes de la que hablaba antes, es más didáctica y funcional que real, pero lo que sí que es patente, de manera formal, es que el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial tiene tres pisos (la planta baja, la planta primera y el sótano). Lo de intentar repartir los 33.327 m² de la superficie del edificio en sectores, se debe que me gustaría aclarar un poco como está organizada su laberíntica estructura interior.

La Zona Exterior, la Basílica y el Palacio de Felipe II

Todas las visitas al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial empiezan y terminan en la Lonja, por lo que este es el enclave más relevante de la Zona Exterior.


La Lonja es el nombre que reciben las explanadas que se extienden frente al Monasterio por sus lados norte y oeste. Alrededor de estas, hay unos cuantos edificios más pequeños que no conozco.

En 2023, accedí al Monasterio por su flanco oeste, que es el principal. El otro día, en cambio, lo hice por la puerta dispuesta para los visitantes que van por libre, es decir, por la que da paso al Zaguán del Personal de Boca. Antaño, por ahí entraba en el edificio el personal de servicio del rey. En la actualidad, las taquillas están un poco más allá, en la Antigua Cocina de Boca, que es donde se cocinaban las viandas que comía la familia real. 

El tema es que el orden en el que vimos las diferentes partes del complejo varió en esta ocasión, con respecto a lo que hicimos en 2023. Además, tampoco pudimos entrar en la Basílica de San Lorenzo de El Escorial, porque estaba cerrada. Por suerte, yo ya la traía vista de la otra vez. En ese sentido, la explicación de la guía, relativa a la gran iglesia, la escuchamos en el nártex de la misma, debajo de su sobria fachada. 



En la iglesia no entramos, pero, a pesar de ello, fue interesante el trayecto que hicimos para ir desde el lugar donde se había formado el grupo, cerca de las taquillas, hasta el mencionado nártex, ya que pude atravesar el Patinejo de Boca y el Patinejo de Oficios. Estos vertebraban las dependencias por las que se movía el servicio del rey, que estaban situadas en la parte del Monasterio conocida como Palacio de Felipe II.

  

Después de dejar atrás el Patinejo de Oficios, pasamos al Patinejo de Palacio, que ya colinda con la Basílica, atravesamos por debajo la Torre de Campanillas, y accedimos al nártex.

Ya he mencionado el Palacio de Felipe II, por lo que voy a seguir hablando de él, pese a que nuestra visita guiada dejó para el final la mayor parte de ese sector. 

El Palacio de Felipe II se distribuye en dos partes. Se denominan Casa del Rey y Palacio Público. En la primera, se diferencia a su vez entre el Palacio de Verano y el Palacio de Invierno. La mayoría de este último está en la planta baja del Monasterio, al nivel de las dependencias conventuales, y a la espalda de la Basílica. Sin embargo, la Casa del Rey se extiende también al sótano, donde se encuentra situado el Palacio de Verano. Hoy en día, esas salas se usan como un museo que yo no conozco, en el que se hallan expuestas muchas de las obras de arte de la colección de Felipe II.

Por lo que respecta al Palacio Público, el mismo se ignora en la visita, salvo la parte por la que se accede al edificio para llegar a las taquillas, que es el sector donde están las estancias en las que se manejaba el servicio, como ya conté antes, y también a excepción de otra sala de la que voy a hablar ahora. 


En efecto, hay una pieza del Palacio Público que se avista siempre, y que no deja indiferente a nadie. Se denomina Salón de Las Batallas o Galería Real. Se trata de un largo corredor, que comunica el Palacio Público con la Casa del Rey. Las paredes del mismo se encuentran pintadas con varios frescos, en los que se muestran escenas guerreras en las que las tropas españolas salieron victoriosas. En origen, el objetivo de esa profusa decoración era indicar a los visitantes, que estaban obligados a pasar por allí para ser recibidos por el soberano, que las campañas de Felipe II por la hegemonía europea, representadas por la Batalla de San Quintín y por la Batalla de la Isla Terceira, entroncaban con la actitud combativa demostrada por los monarcas cristianos castellanos de la Edad Media, que se refleja en las imágenes de la Batalla de la Higueruela. La ornamentación, por tanto, tenía un punto propagandístico.


Por su parte, el Palacio de Invierno de la Casa del Rey es uno de los sectores del Monasterio que se suele visitar con más detenimiento, ya que llama la atención, dado que nos acerca al lado humano de Felipe II y de su familia.

Cuando Felipe II se trasladó a vivir al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial contaba 59 años. En 1580, seis años antes, había enviudado por cuarta vez, y no se había vuelto a casar, por lo que se mudó sin reina. Sin embargo, sí había una mujer en su vida, y no estoy hablando de su querida, que amantes no se si tenía ya por aquel entonces. Me refiero a que, a esas alturas de su reinado, Felipe II se apoyaba para gobernar en su empoderada hija Isabel, que fue la mano derecha del monarca hasta su muerte. El caso es que, en el Palacio de Felipe II, está por un lado el Cuarto del Rey, y por otro el Cuarto de la Reina. Este iba a ser para Isabel de Valois primero, y para Ana de Austria después, pero no lo pudieron ver terminado ninguna de las dos. En efecto, Isabel era la reina consorte en el momento en el que se comenzó El Escorial, y Ana la sustituyó en el trono al fallecer la francesa, pero ella tampoco logró ver finiquitado el edificio. Tras estos últimos matrimonios, Felipe II no se desposó más, pero sí se dejó ayudar mucho por su vástaga, que se acabó instalando en el Cuarto de la Reina. Por eso, también se le conoce como Cuarto de la Infanta.

En general, todo el sector privado del Palacio de Felipe II destaca por la mesura, a pesar de lo exagerado que fue el monarca con las proporciones del edificio y con el nivel de los elementos decorativos de otras dependencias del mismo. Aparte, la estructura del Cuarto del Rey y del Cuarto de la Reina es simétrica. En efecto, en ambos, la Pieza Principal de la Cámara tiene dos puertas. La primera da paso a la Alcoba y la segunda al Escritorio.

 
El dormitorio de la foto de la izquierda es el de la parte de la infanta, pero, en cambio, el despacho es el de Felipe II. En ese lugar, el rey burócrata pasó muchos ratos trabajando. Los muebles no son los originales, pero sí son igual de antiguos. En líneas generales, el mobiliario de las habitaciones responde a lo que se sabe que había en ellas en el siglo XVI.

Por otro lado, tanto el pequeño despacho del rey, como el espacio equivalente de la reina, tenían una puerta, que se ve en la fotografía que he puesto arriba. Ese portón daba acceso al Oratorio, que se asomaba directamente al interior de la Basílica. Por su parte, los dormitorios tienen también sendos ventanucos, que permitían ver desde la cama, de manera directa, la zona principal de la iglesia.

Más allá de las estancias privadas del rey y de la reina, la parte de uso personal del segundo continuaba. En efecto, atravesando una puerta, Felipe II podía pasar de sus cámaras más íntimas a la Sala del Rey, que era donde comía.


Después, desde la Sala del Rey Felipe II tenía la posibilidad de acceder, a través del magnífico portón de marquetería alemana de la imagen, a la Galería de Paseo de Invierno. Sin embargo, nosotros tiramos por una puerta lateral, que nos condujo a la Pieza Grande de Secretarios.


En esa estancia hay dos puertas. La del fondo comunica con la Sala de Retratos o de Audiencias, y la segunda, que es la que cogimos nosotros, nos llevó a la mencionada Galería de Paseo de Invierno, que es por donde el rey se movía un poco los días en los que no podía salir al exterior por el mal tiempo.


Desde la Galería de Paseo de Invierno también hay un acceso a la Sala de Audiencias o de Retratos, que era donde Felipe II recibía a las visitas inexcusables.


Por explicarlo un poco mejor, el monarca pasaba mucho tiempo en sus aposentos, ya que en ellos dormía, trabajaba, comía e incluso paseaba. Estas últimas dependencias, es decir, las estancias en las que almorzaba o por la que estiraba las piernas en los días malos de invierno, estaban conectadas con las habitaciones en las que los secretarios curraban, las cuales, a su vez, daban a la Sala de Audiencias. A ella, el rey podía acceder directamente desde la Galería de Paseo de Invierno. Por su parte, el afortunado que llegaba a ser recibido en El Escorial (lo habitual era que el interesado se viera obligado a esperar a que Felipe II se trasladara al Real Alcázar de Madrid), hasta que le daban permiso para encontrarse con el soberano en la Sala de Audiencias permanecía en la Pieza de Guardias.


Cuando el personaje que iba a ser recibido ya estaba en la Sala de Audiencias, el rey entraba en ella desde la Galería de Paseo de Invierno, que también conectaba por dentro con la secretaría y con sus aposentos más privados. En la Sala de Audiencias, el monarca recibía al visitante. Esa habitación, daba también directamente a los despachos de los secretarios, de manera que, si había algún documento que estudiar, o había algo que estos tenían que ver, lo podían hacer en la dependencia contigua. 

En definitiva, el Palacio de Invierno del Palacio de Felipe II es uno de los sectores de El Escorial donde más se detienen las visitas. En él, destaca la moderación, la sencillez y la ausencia de ornamentos. Parece claro que Felipe II quería dar una imagen de hombre austero y sobrio a los que le trataban de cerca.

La Zona Conventual

La otras dos partes del Monasterio que se ven con más detenimiento son el sector conventual y el de los enterramientos. El primero de ellos está comunicado con la zona privada de Felipe II, pero la entrada principal se encuentra en el propio nártex de la Basílica. Desde este, se accede a una estancia, que se ubica bajo la Torre del Reloj o de las Campanas, la cual ejerce de zaguán del cenobio. A continuación, se pasa a la Sala de la Trinidad, que era el que hacía las veces de locutorio del mismo.


En la imagen, es el cuadro que se ve en el centro es que le da el nombre a la sala. Se titula La Santísima Trinidad, y lo pintó José de Ribera en 1635. Realmente, todo el sector conventual que se muestra a los visitantes está trufado de obras de arte. En origen, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial era un museo en sí mismo, ya que Felipe II lo llenó de lienzos de nivel top. Hoy día, muchos de estos se exponen en el Museo del Prado, pero hay unos cuantos que se han dejado en el cenobio. La Santísima Trinidad es el primero que uno se encuentra.

El sector conventual del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial ocupa la esquina sureste del edificio, y se vertebra a partir de un gran patio central, que no se puede ver. A su alrededor, el Claustro Principal Bajo ejerce de elemento distribuidor de un montón de estancias.


Las galerías del claustro están decoradas con 54 frescos, que narran la historia de la redención. Son obra de Pellegrino Tibaldi, que los pintó entre 1588 y 1595. En uno de ellos, se puede comprobar que ya había cretinos en el siglo XIX, dado que se observan grafitis incluso de 1825.


Cuando el efecto de una gamberrada es capaz de sobrevivir dos siglos, acaba adquiriendo su propio valor histórico, por lo que se han dejado para la posteridad las firmas que hay en los frescos de Tibaldi, los cuales ahora están protegidos por un panel de metacrilato.

Probablemente, el elemento más espectacular del Claustro Principal Bajo es la Gran Escalera. En su techo, está pintado un fresco de Luca Giordano, que se titula La Gloria de la Monarquía Española


Luca Giordano era famoso por su capacidad de trabajo y por la rapidez con la que pintaba, usando las dos manos. Ese par de circunstancias posibilitaron que fuera muy prolífico. En concreto, La Gloria de la Monarquía Española la terminó en 7 meses, cuando ya tenía casi 60 tacos.

Unos años antes de que Giordano plasmara su fresco, Pellegrino Tibaldi había pintado debajo cinco murales, titulados Cristo Resucitado de entre los Muertos, que le aportan una espectacularidad extra a la Gran Escalera. En ella, todas las visitas guiadas se detienen bastante, por las obras de arte y por la escalinata en sí, dado que esta es una de las primeras de tipo imperial erigidas en España. La misma une el Claustro Principal Bajo con la zona donde siguen viviendo los monjes del Monasterio.

Otro punto de referencia en el Claustro Principal Bajo es la Iglesia Vieja. Esta, en realidad, es solo una habitación que se habilitó para celebrar misas durante el tiempo en el que la Basílica estuvo en construcción.


La sillería de la Iglesia Vieja es la original del siglo XVI. Sin embargo, el elemento estrella de la sala es el gran cuadro de Tiziano que está colgado de una de sus paredes. Se titula El Martirio de San Lorenzo, y es otra de las obras de arte inmortales que se pueden seguir contemplando en El Escorial.


Las demás estancias destacadas que se abren al Claustro Principal Bajo son la Sala Vicarial y la Sala Prioral. En ellas, se celebraban antaño las asambleas de los monjes del cenobio. Hoy en día, en las paredes de ambas brillan más lienzos de primer nivel. Uno de los sobresalientes es El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana, de El Greco

El cretense Doménikos Theotokópoulos pisó España por primera vez con 36 años. Llevaba una década instalado en Italia, pero, en ese periodo, en el que empezó a ser conocido como Il Greco, su genialidad estuvo todavía en formación. En 1577, merced a unos contactos que había logrado hacer, tras una breve estancia en Madrid se instaló en Toledo, que era una de las mayores ciudades de Europa por aquel entonces. Allí vivió 37 años, hasta la misma fecha de su muerte, convertido ya en El Greco. El caso es que el Monasterio del El Escorial se encontraba en plena construcción en 1577, y Felipe II había invitado a los más reputados artistas italianos de la época a que se implicaran en su decoración. Por eso, en El Escorial hay obras de Tiziano, de Tintoretto, de Veronés, de Luca Giordano, de Pellegrino Tibaldi o de Federico Zuccaro. El Greco, que en Italia se había visto un tanto eclipsado por todos ellos, en España decidió apostar fuerte, logrando que Felipe II le encargara un cuadro. El mismo lo entregó en 1579, y trajo consigo otro encargo, que estaba destinado a ir colocado en el altar de la capilla noroccidental de la Basílica de San Lorenzo de El Escorial. Parece que El Greco sintió que, si se lucía con el nuevo lienzo, tenía opciones de pasar a ser el pintor de cabecera del rey, por lo que se empleó a fondo entre 1580 y 1582, y dio a luz El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana


Por desgracia para El Greco, a Felipe II su creación no le gustó nada. Por lo visto, no le moló la escena que se representó, ni la disposición de los personajes, ni el hecho de que el lienzo inspirara más a la reflexión que a la oración. En consecuencia, El Martirio nunca llegó a colocarse en la Basílica y El Greco no volvió a trabajar para el monarca. No obstante, este admitió la calidad de su cuadro y le pagó bien por él, por lo que el El Greco regresó a Toledo con su reputación intacta, y ya no se movió de allí. La pintura, por su parte, se quedó en El Escorial. En la actualidad, está ubicada en el Zaguán de las Salas Capitulares, entre la Sala Vicarial y la Sala Prioral. Por lo demás, las obras que hay en las paredes de estas son espectaculares. Dos ejemplos son La Túnica de José de Velázquez (en la foto de la izquierda), y La Última Cena de Tiziano (en el centro de la foto de la derecha).

  

En relación con La Ultima Cena de Tiziano, resulta curioso que esta obra estaba al principio en el refectorio del Monasterio, que era donde comían los monjes, con la cosa de que se recortó el lienzo original por sus cuatro lados, para que encajara bien en la pared de esa sala. Hoy en día, no se le pasa a nadie por la cabeza mutilar un cuadro de Tiziano, pero en aquella época no lo dudaron.

San Jerónimo Penitente es otra obra notable de Tiziano que se expone en la Sala Vicarial. Junto a ella, hay una puerta, a través de la cual se puede bajar a los Panteones.

Los Panteones

Desde su concepción, una de las funciones primordiales de El Escorial fue albergar las tumbas de los reyes de España. Sin embargo, al fallecer Felipe II los Panteones no existían. De hecho, la primitiva cripta sepulcral en la que el soberano enterró a su padre, Carlos I, estaba situada justo debajo del Altar Mayor de la Basílica, y él mismo murió, en 1598, pensando que iba a reposar para siempre en el presbiterio de esta. No obstante, en el siglo XVII se excavó el suelo del panteón original, y se construyó el Panteón Real, que se terminó en 1654. Por su lado, el segundo sector de los Panteones, que se corresponde con el Panteón de Infantes, se concluyó en 1888.

Nosotros accedimos a los Panteones por la escalera que los conecta con la Sala Vicarial, como he dicho. Después, fuimos recorriendo una a una las nueve cámaras sepulcrales del Panteón de Infantes, en las que reciben sepultura las reinas que no han sido madres de reyes, y también otros miembros de la familia real. En esas salas, todo está hecho de mármol. En ellas, yo destacaría, en primer lugar, la tarta poligonal de la Cámara IV, en la que se entierra a los infantes muertos antes de cumplir los 8 años. En total, hay 34 niños y niñas en el Mausoleo de Párvulos.


En la Cámara V, sorprende la especial preeminencia que se le dio a Don Juan de Austria, que fue un hijo ilegítimo que tuvo Carlos I, cuando su heredero Felipe tenía ya 20 años. El Sepulcro de Don Juan de Austria, esculpido por Giuseppe Galeotti, evidencia la reputación como militar que llegó a alcanzar el medio hermano de Felipe II, que había sido reconocido por su padre, por lo que siempre estuvo considerado como un miembro más de la familia real.


En la Cámara VI está enterrada buena parte de la familia directa de Isabel II, que fue la promotora del Pabellón de Infantes en el siglo XIX. 


No solo hay sepulcros vacíos en la Cámara VIII, pero sí es en esta sala donde se ven un mayor número de huecos para los cadáveres de los miembros de la familia real que mueran en el futuro.


Alfonso de Borbón-Dos Sicilias es la última persona que ha recibido sepultura en el Panteón de Infantes. Era nieto de Alfonso XII y sobrino de Alfonso XIII, y fue trasladado a su morada definitiva desde el Pudridero en 2004.

El Pudridero es una cámara no visitable de los Panteones, en la cual se reservan los cadáveres durante tres décadas, a la espera de que se descompongan y se pueda depositar lo que quede de ellos en la tumba que le corresponda a cada uno, ya esté esta en el Panteón Real o en el Panteón de Infantes. En momento presente, aguardan para ser llevados al primero Juan de Borbón y María de las Mercedes de Borbón, es decir, los padres de Juan Carlos I. Aparte, en el Pudridero hay otros tres miembros de la realeza, que serán trasladados al Pabellón de Infantes en los próximos años.

Por lo que respecta al Panteón Real, en él hay 26 tumbas. Todas están llenas, menos las que acogerán a Juan de Borbón y a María de las Mercedes de Borbón. Lo que va a pasar con Juan Carlos I y con la reina Sofía cuando fallezcan, así como con los actuales monarcas, es un misterio, porque parece que no tienen un sitio definido.

El Palacio de los Borbones

Quitando el Colegio de Alfonso XII, al que no pueden acceder los turistas, el Palacio de los Borbones es la parte del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial que peor he visto. Las razones son que no lo he recorrido con un guía, sino que he ido por libre, y también que las dos veces lo he dejado para el final. Por eso, he pasado por sus dependencias estando ya cansado, tras un par de horas de ruta por el resto del edificio, y sin que nadie me haya explicado un poco las cosas. Aun así, yo he tratado siempre de fijarme en algunos detalles concretos.

El Palacio de los Borbones ocupa la primera planta de la esquina noreste de El Escorial. Con los Habsburgo, en esas habitaciones era donde se alojaba la familia real, salvo el rey y la reina, así como los gentileshombres de la Corte que tenían categoría para dormir cerca de sus majestades. En el siglo XVIII, Carlos III hizo que se reformara todo ese sector, para que su parentela se sintiera más cómoda, dado que él seguía usando los aposentos que habían sido de Felipe II. Lo curioso es que estos también estuvieron decorados al gusto borbónico hasta hace unos 70 años, que fue cuando se les devolvió la apariencia original. Sin embargo, las demás estancias se dejaron con el aspecto barroco que mantienen hoy día.


En nuestro recorrido por el Palacio de los Borbones, pasamos, por ejemplo, por la Antecámara y por la Pieza del Ujier, que están en la zona conocida genéricamente como Cuarto de la Reina, así como por la Pieza de Entrada o por la Sala de Telémaco del Cuarto de la Infanta. En este, me volví a parar en el espectacular Salón Pompeyano, que en su día fue el cuarto de las amas de cría. 


En general, todas las dependencias borbónicas son una sucesión de habitaciones profusamente decoradas, que cumplían unas funciones concretas. Para verlas bien hay, que echar allí un buen rato. Mi idea es centrarme en esa parte la próxima vez.

La Biblioteca Laurentina

La Biblioteca Laurentina tampoco forma parte de las visitas guiadas. La nuestra acabó en el Patinejo de Boca, es decir, al lado de donde había empezado. Por tanto, para ir a la biblioteca desde allí volvimos a dirigirnos al Patio de los Reyes


En uno de los extremos de este se encuentra la Basílica, mientras que en el otro está el Zaguán Principal (en la foto que acabo de poner, es lo que hay tras los tres arcos que se ven al fondo). Desde el Zaguán Principal se puede subir a la biblioteca.

Con independencia del enorme valor de sus fondos, la Real Biblioteca Laurentina aparece a la cabeza de la mayoría de los listados en los que se detallan cuáles son las bibliotecas más grandiosas de España


Gran parte de la espectacularidad de la biblioteca de El Escorial se debe a las pinturas al fresco de los techos, que fueron ejecutadas por Pellegrino Tibaldi. El lombardo trabajó durante una década en el Monasterio, y es responsable de varias de las obras maestras del mismo, como ya ha quedado claro.

Realmente, lo que se visita en la Biblioteca Laurentina es el Salón Principal, que alberga libros impresos, pero, por lo visto, en ella hay más dependencias. En una, creo que se conservan los manuscritos, y antaño, he leído que había otra en la que se guardaban a buen recaudo las obras prohibidas. 

En las estanterías del Salón Principal, los libros se encuentran colocados con las cantos de las hojas hacia fuera. Están así para que el papel respire, parece ser. Por otro lado, en el centro de la gran sala hay una serie de mesas de la época de Felipe II, sobre las que reposan globos terráqueos, astrolabios y vitrinas con mapas.

El Colegio de Alfonso XII

El Real Colegio de Alfonso XII no se visita, porque se sigue usando como centro educativo. Este no es exactamente el que creó Felipe II, pero es heredero del mismo. En la actualidad, es concertado en infantil, en primaria y en la secundaria obligatoria, por lo que está al alcance de casi todos los habitantes de San Lorenzo de El Escorial. Para el bachillerato, en cambio, la institución sí pasa a ser privada al 100%, lo que la sitúa a otro nivel. Aparte, como se puede deducir con facilidad, se trata de un colegio religioso, pero, con independencia de eso, yo opino que estudiar en un sitio con tanta historia debe ser alucinante.

En el último par de años, he ido dos veces al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La visita de 2023 fue un pelín apresurada, pero la del otro día la pude saborear a la perfección. En realidad, la mayoría de las zonas del edificio que están abiertas a los turistas ya las he visto muy bien, salvo la parte del Palacio de los Borbones y la del Palacio de Verano, que aún tengo que recorrerlas con calma. También me gustaría echarle un ojo a los rincones del complejo que no se enseñan normalmente, que no son pocos, pero esto soy consciente de que va a ser más difícil. No obstante, nunca se sabe lo que deparará el futuro...


Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitado REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL.
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados en la Comunidad de Madrid: 50% (hoy día, confirmada ya esta visita, 50%).
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados: 1% (hoy día, confirmada ya esta visita, 43%).


31 de diciembre de 2023

REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 2023

Llevaba una década queriendo ir al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Al final, lo he logrado en las postrimerías de este 2023, pero la visita fue un tanto acelerada, por lo que tendré que volver. Por eso, después de haberme enrollado como una persiana en el post anterior, dedicado a Madrid, en este voy a intentar ser más sucinto. No se si lo conseguiré, porque este espectacular edificio da para mucho, incluso aunque se recorra un poco a la carrera. 


Para empezar, voy a poner la visita en contexto. En el citado post precedente, ya he explicado por qué he cerrado el año turístico participando en un viaje grupal, que estaba organizado por la empresa sevillana de turismo cultural Ispavilia. No me voy a repetir, pero sí es menester señalar, que los tres días que ha durado ese viaje los hemos pasado mayoritariamente en la ciudad de Madrid. Fue la última mañana, cuando nos llevaron a ver el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, tal y como estaba programado.


Luego, lo cierto es que el tour me supo a poco, porque ver bien en dos horas uno de los edificios con más miga de España es imposible. Es lo que tienen las visitas organizadas. La que montó Ispavilia no estuvo mal, en líneas generales, y el tiempo que estuvimos recorriendo El Escorial fue una gozada, pero fuimos muy justos, y no pude sacarle el jugo por completo. De todas formas, como toma de contacto cumplió. 

Sin irme por las ramas, antes de nada tengo que decir que el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue construido gracias a la iniciativa de Felipe II. Este, que era el monarca de España desde 1556, en 1558 recibió el encargo póstumo de su padre, Carlos I, de crear un edificio que albergara su tumba. A raíz de eso, el rey prudente puso a una comisión a trabajar, para encontrar el emplazamiento ideal para ese magno inmueble, destinado a servir de panteón. La única condición previa era que el sitio estuviera en un lugar céntrico de la Península Ibérica. El gato al agua se lo llevaron los alrededores de El Escorial, un pequeño pueblo que no hay que confundir con San Lorenzo de El Escorial, que es la población que surgió en los alrededores más inmediatos del Monasterio, y que hoy día es independiente de El Escorial, aunque ambas localidades estén casi pegadas.


De manera paralela, buscando alejarse de los núcleos de poder de la nobleza y de la Iglesia, y para ganar independencia, Felipe II decidió, en 1561, trasladar la Corte a Madrid. En consecuencia, el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial quedó emplazado muy cerca del nuevo epicentro de España, lo que, sin duda, influyó en que no acabara siendo un mero panteón, sino que se convirtiera en algo mucho más simbólico. En efecto, el edificio terminó agrupando varias funciones. En su concepción original era un cenobio, cuya iglesia estaba llamada a ejercer de mausoleo de Carlos I y de su mujer, así como de Felipe II, de sus allegados y de sus sucesores. En ella, los frailes tenían que orar por la salvación de las sucesivas familias reales. Luego, se le anexó también un palacio, para alojar al rey y a su séquito. Además, se añadió al complejo un colegio y un seminario, para completar la función religiosa del Monasterio, y, por último, se proyectó una tremenda biblioteca, destinada a servir a estas dos instituciones de enseñanza, al monarca y a la propia comunidad monástica. Felipe II, al unir su residencia a un monasterio, pretendió institucionalizar su dinastía como defensora suprema de la fe católica. Por esa razón, aunque todo se podría haber hecho con mayor discreción, el soberano no escatimó en medios para que la obra fuera impactante. 

El caso es que se puso la primera piedra de El Escorial en 1563, y los trabajos no se dieron por concluidos hasta 1586. Felipe II fue un hombre bastante longevo para la época, y gracias a eso pudo habitar su palacio 12 años. Cuando se trasladó a su nueva residencia, tenía 59 años, había enviudado ya cuatro veces, y había visto morir, también, a cinco de los hijos que había tenido y que habían logrado superar el año de vida. Le quedaban tres, incluido el futuro Felipe III. En su soberbio hogar, vivió con sobriedad hasta su muerte. Desde allí, reinó de manera activa, sin descuidar su intelecto, pero entregado a un estilo de vida casi monacal. 

Más de cuatro siglos después, sigue habiendo monjes en el Monasterio de El Escorial, el panteón de los reyes y de los infantes continúa en uso, en la Basílica se casa la gente con poderío, el Real Colegio Alfonso XII es un centro educativo de niños de todas la edades, y la Biblioteca presta servicio, por lo que el edificio sigue a pleno rendimiento. Además, desde 1984 es Patrimonio de la Humanidad, por lo que también se enseña a un buen número de turistas.


Desde fuera, el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial presenta un aspecto compacto, pero realmente es un edificio que está dividido en varias partes, repartidas en tres niveles (la planta baja, la planta primera y el sótano). Por dentro, es un auténtico laberinto, que ocupa una superficie de 33.327 m². La próxima vez que vaya, intentaré sistematizar la visita, pero en esta ocasión me dejé llevar, y me resulta imposible poner en pie el recorrido que hicimos, a pesar de que tengo un plano bastante detallado del inmueble. Con la idea de organizar un poco la narración de lo que vi, lo que voy a hacer es hablar por separado de sus ocho zonas básicas.

La Zona Exterior y la Basílica

Como es lógico, la primera parte que uno se encuentra del Monasterio es la del exterior. Fuera, cuenta con varias construcciones anexas, que antaño tuvieron sus funciones, y que hoy se siguen utilizando para los fines más diversos. En esta zona también podemos incluir la Lonja, que es como se denomina a las explanadas septentrional y occidental del edificio.

El segundo espacio del Monasterio es el de la Basílica, a la que se accede tras atravesar el Zaguán Principal y el Patio de los Reyes.


La Basílica de San Lorenzo de El Escorial es el corazón del Monasterio, por lo que las visitas empiezan en ella. Se trata de una iglesia tremenda, como no podía ser de otra manera. El punto más elevado de su techo está a 95 metros del suelo.


La Zona Conventual

No obstante, para mí lo bueno empezó en el sector monacal. En él, el Patio de los Evangelistas es el centro. A su alrededor, el Claustro Principal Bajo hace de elemento distribuidor de un montón de estancias.


Una de ellas es la Iglesia Vieja, que no es más que una gran sala, que se habilitó para celebrar misas durante el tiempo en el que la Basílica estuvo en construcción. Hoy día, allí se organizan conciertos, y de una de sus paredes cuelga El Martirio de San Lorenzo de Tiziano


El Martirio de San Lorenzo es una de las principales obras de arte que se conservan en El Escorial. Su emplazamiento iba a ser el altar mayor de la Basílica, pero Tiziano pintó el cuadro en Venecia, y lo mandó terminado. En principio, cuando fue colocado en el sitio previsto no quedó bien, dado lo oscuro que era, por lo que se reubicó en la Iglesia Vieja. No obstante, la plasmación de la ambientación nocturna que muestra es magistral.

Uno de los lugares que más me gustaron de toda la visita fue la Gran Escalera, porque en su techo está pintada otra obra maestra. Se trata de un fresco de Luca Giordano, que se titula La Gloria de la Monarquía Española.


Por lo que respecta a la escalinata en sí, esta comunica los dos pisos del claustro, y suele ser objeto de atención, ya que es de tipo imperial, es decir, que nace en un solo tramo y en el descansillo se divide a izquierda y a derecha.

Las otras estancias destacadas que dan al Claustro Principal Bajo son las salas capitulares, que servían para albergar las asambleas de los monjes del cenobio. Son dos, la Sala Vicarial y la Sala Prioral. En ellas, vuelven a brillar los lienzos que cuelgan de las paredes. El poderío de Felipe II era inmenso, y no escatimó en gastos a la hora de decorar a lo grande su monumental sueño constructivo. Algunos de los cuadros que se pintaron para ello se conservan, hoy día, en el Museo del Prado, pero en los muros de las salas capitulares siguen colgadas obras de José de Ribera, de Tintoretto, de Veronés o de Velázquez. La Sala Vicarial, por ejemplo, aún está presidida por San Jerónimo Penitente de Tiziano.


También, en el zaguán que hay entre las dos salas capitulares se encuentra expuesto El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana de El Greco.


Ese magnífico cuadro fue encargado por Felipe II para la Basílica, pero al recibirlo no le gustó, por lo que lo relegó a un lugar secundario de su palacio. En la actualidad, para reconocer su estatus se le ha colocado en un sitio por el que todos pasan.

El Palacio de Felipe II

La cuarta parte del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es la conocida como Palacio de Felipe II. Este está dividido en dos espacios. El privado se encuentra vertebrado alrededor del Patio de Mascarones, y recibe el nombre de Casa del Rey. En este sector, a su vez, se distingue entre el Palacio de Verano (ubicado en el sótano) y el Palacio de Invierno (situado en la planta baja, a la altura de la Zona Conventual, y a la espalda de la Basílica, así como en el primer piso). El segundo espacio del Palacio de Felipe II es el Palacio Público.

El Palacio Público y la Casa del Rey se comunican, en la planta primera, mediante la Galería de las Batallas, que es una larga sala de 55 metros, que servía tanto para el paseo a cubierto, como para las recepciones solemnes.


No es casual lo de que se usara, para organizar recepciones públicas, una enorme sala repleta de frescos, dedicados a representar batallas ganadas por el propio Felipe II o por sus antepasados.

La Galería de las Batallas conecta el sector público del Palacio de Felipe II con el privado, que es el que tiene más chicha. Lo digo, porque en la parte del Palacio de Invierno se ven las habitaciones reales que sirvieron de morada a Felipe II y a sus allegados. Entre estos, no hubo ninguna reina. Como he dicho antes, en 1586, cuando el monarca se trasladó allí, ya había fallecido, incluso, su cuarta esposa. En ese año, tan solo vivían las dos hijas mayores de su tercer matrimonio (eran Isabel, que tenía 20 años, y Catalina, que contaba con 19), así como el único hijo que le quedaba del último enlace, que sería el futuro Felipe III (aún era un niño de 8 años). Sin embargo, la hija menor se había casado, en 1585, con Carlos Manuel I de Saboya, y se había trasladado con su marido fuera de España. Seguramente, Catalina llegó a ver casi terminado El Escorial, porque, tanto ella, como su hermana Isabel, convivieron con su padre, pero la joven se marchó al extranjero antes de que estuviera finiquitado, y murió en 1597 sin haber vuelto a pisar la Península Ibérica. Isabel, en cambio, sí permaneció junto a Felipe II hasta su muerte, y hay constancia de que colaboró con él en las tareas de gobierno. Por eso, en el Palacio de Felipe II está, por un lado, el Cuarto del Rey, y, por otro, el Cuarto de la Reina o de la Infanta. En realidad, estos aposentos iban a ser para Ana de Austria, pero al morir esta en 1580, los acabó usando la infanta Isabel, en los largos periodos en los que ella y su padre estuvieron en El Escorial, entre 1586 y 1598.

En líneas generales, toda la zona privada de Felipe II destaca por la sobriedad, pese a lo exagerado que fue el monarca con las proporciones del edificio y con el nivel de sus elementos decorativos. La mesura se aprecia, por ejemplo, en la Sala de Audiencias, que hoy se denomina también Sala de Retratos


Los ornamentos son muy escasos en las habitaciones que Felipe II usaba a diario. Está claro que, en las distancias cortas, el rey quería trasmitir moderación, sencillez y austeridad.


Eso no significa, no obstante, que el monarca no se pegara caprichos, como el de poder escuchar, con la cabeza apoyada en la almohada, las misas que se decían en la Basílica


En efecto, es muy curioso que la disposición del Monasterio permitiera que Felipe II, desde su cama, pudiera ver el altar mayor de la Basílica, a través de un ventanuco. 

El grueso del Palacio de Felipe II se halla en la planta baja del Monasterio, pero, a diferencia de las demás partes en las que se divide este, la Casa del Rey se extiende al sótano. En él, está ubicado el Palacio de Verano. En 1963, las salas de ese piso bajo se habilitaron para exhibir la mayoría de las obras de la colección pictórica del Monasterio que no habían sido trasladadas al Museo del Prado. Así, en ese espacio expositivo hay nueve estancias, organizadas de una manera lógica. Además, hay otras dedicadas a la historia arquitectónica del edificio. Yo no vi ninguna de ellas. 

Los Panteones

De las ocho partes básicas en las que he dividido el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, ya he hablado de cuatro (recapitulando, han sido la Zona Exterior, la Basílica, el área conventual y el Palacio de Felipe II). La quinta es la de los Panteones, que es, quizás, la que más impresiona. El amplio sector destinado a los enterramientos está a continuación del Palacio de Verano del rey, en la planta sótano, aunque tiene un acceso bien diferenciado.


En origen, el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue creado como un sitio donde enterrar a Carlos I y a sus descendientes. En 1700, la dinastía real cambió en España, cuando Carlos II murió sin haber tenido hijos y le sucedió Felipe V, que no era un Habsburgo, sino un Borbón. Sin embargo, a pesar de que, desde comienzos del siglo XVIII, los reyes españoles ya no son de la estirpe directa de Carlos I, El Escorial no ha dejado de ser usado como su lugar de enterramiento. De hecho, 12 de los 16 soberanos que han reinado en España desde Carlos I, se hallan en la Cripta Real del Monasterio. Solo faltan allí Felipe V, precisamente, y su hijo Fernando VI, que descansan en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, así como los dos monarcas que lograron desplazar a los Borbón, pero que tuvieron que irse al poco por donde habían venido (uno fue Amadeo I, miembro de la Casa de Saboya, que duró en el trono 25 meses, y que murió en su Turín natal, y el otro fue el célebre José I, hermano de Napoleón, que no llegó a los 6 años de gobierno, y que fue enterrado en París). Todos los demás están en la cripta regia, acompañados de las reinas que fueron madres de reyes, y del único rey consorte de la España moderna y contemporánea, que fue el marido de Isabel II.
 

Según lo que he dicho, en la Cripta Real deberían estar enterradas 23 personas (11 reyes y una reina, más los consortes que engendraron monarcas a su vez, menos la esposa de Luis ILuisa Isabel de Orleans, que no tuvo hijos y está enterrada lejos). 

Sin embargo, en realidad hay 26 tumbas, porque se encuentran allí también los restos de Isabel de Francia, primera esposa de Felipe III, y los de Juan de Borbón y su esposa, María de las MercedesIsabel de Francia, sin ser madre de ningún monarca, se ganó el hueco, porque su hija, tras convertirse en reina consorte de Francia, además de tener descendientes en el trono del país vecino, los acabó teniendo igualmente en el nuestro, dado que su nieto (y bisnieto de Isabel de Francia, por tanto), terminaría inaugurando la línea sucesoria de los Borbón, al ser coronado en España como Felipe V. Por su parte, Juan de Borbón y María de las Mercedes, los abuelos del actual soberano, tienen su sitio en la Cripta Real, porque no renunciaron a los derechos dinásticos durante la dictadura de Franco, es decir, que se les considera reyes que no reinaron.

Hay que decir que en la Cripta Real solo tienen cabida 26 tumbas, por lo que es un misterio donde van a acabar el emérito y la reina Sofía, así como los actuales monarcas. Por otro lado, Juan de Borbón y María de las Mercedes no están en sus nichos, sino que yacen aún en el Pudridero. De este lugar, que tiene un nombre tan desagradable, por fortuna solo vimos la puerta. Allí es donde los cadáveres se descomponen y se quedan reducidos a la mínima expresión, antes de ser depositados en sus sepulturas definitivas, ya sea en las de la Cripta Real, o en las de los panteones anexos de El Escorial...

Porque en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial hay 102 tumbas más, además de las 26 comentadas. Aquello es un auténtico cementerio. Efectivamente, antes de la Cripta Real se encuentra uno el enorme Panteón de Infantes, que está compuesto por una sucesión de salas, las cuales contienen los sepulcros de la mayoría de las reinas consortes de España que no tuvieron hijos reyes. Junto a ellas, descansan los príncipes y las princesas de la familia real española, es decir, los infantes y las infantas. El hecho de que se les llame de esa forma no quiere decir que todos fueran niños.


Por ejemplo, Antonio de Orleans y Luisa Fernanda de Borbón, Duques de Montpensier, murieron ambos con 65 años. Los dos estuvieron muy relacionados con Sevilla y con Castilleja de la Cuesta, pero sus restos reposan en El Escorial, como hermana y como cuñado de Isabel II.


Sin embargo, sí hay un lugar especial en el Panteón de Infantes reservado a los integrantes de la familia real española que han fallecido antes de alcanzar la pubertad. Se trata del Mausoleo de Párvulos, que se encuentra en la Cámara IV. Se alternan en él los Borbón y los Habsburgo. En este caso, están ocupados 34 de los 60 nichos. 


Dado que la esperanza de vida al nacer ha mejorado una barbaridad, con un poco de suerte, durante mucho tiempo no se tendrán que enterrar más niños en el Mausoleo de Párvulos. Otro tema es el de los sepulcros vacíos que hay en cámaras como la octava. Ahí sí hay sitio para los próximos fallecidos de la familia real española que no hayan reinado.


El Palacio de los Borbones

La sexta parte básica, de las ocho en las que he dividido el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, es la del Palacio de los Borbones. En nuestro caso, al llegar a ella ya íbamos muy tarde. Esa zona no se puede decir que la viera bien. No obstante, pese a que pasamos como una exhalación por muchas de sus salas, sí me quedé con una idea general de como son. 

En origen, el Palacio de los Borbones era la parte del Monasterio donde se alojaban los parientes del rey, así como los gentileshombres de la Corte. Años después, en tiempos de Carlos III, eran los infantes los que se repartían esas estancias, en las etapas en las que la familia real residía en El Escorial. Desde entonces, la primera planta de la esquina noroeste de El Escorial es un suntuoso palacio de estilo versallesco, que contrasta con la austeridad de la zona filipina. Como ejemplos, recuerdo el Comedor de Gala, que fue montado por Isabel II en la sala donde su padre, Fernando VII, jugaba al billar, o el Salón Pompeyano, que era el cuarto de las amas de cría.


La Biblioteca Laurentina

La séptima y última parte de El Escorial que vimos fue la Biblioteca. Yo soy bibliotecario, así que se puede decir que dejamos para el final el sector del edificio que más me toca la fibra.


La Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es tremenda. Su ubicación, así como su riqueza decorativa, demuestran la importancia que le dio Felipe II, dentro del conjunto monacal, por el prestigio que le daba a la Corona atesorar semejante compendio del saber. 


La parte que se visita de la Biblioteca es el salón principal, en el que se conservan libros impresos, pero hay también una sala específica para manuscritos, y otra para más impresos. A pesar de los desastres acaecidos a lo largo de los años, la Biblioteca alberga 40.000 textos, entre ellos un buen número de riquísimos manuscritos latinos, griegos, hebreos y árabes.


Como se ha podido comprobar, pese a que nuestra visita fue, en determinados momentos, un poco atropellada, la verdad es que pudimos echarle un ojo a casi todas las partes del Monasterio. La única que no vimos fue la octava, que es la del Colegio Real Alfonso XII.

38 años después

En 1985, siendo muy niño, visité por primera vez el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Me llevaron mis padres. De aquel día, solo recuerdo la cama de Felipe II y la broma que me gastó un vigilante, mientras esperábamos para bajar a ver los Panteones. El señor hizo el amago simulado de ir a quitarme un pequeño souvenir que yo tenía en la mano, y eso me hizo tan poca gracia, que aún recuerdo la bromita. 38 años después he vuelto, y he podido ver el impresionante edificio con ojos de adulto. No obstante, todavía quiero regresar yendo a mi aire. Me apetece curiosear más, y fijarme bien en ciertos detalles. Intentaré que no falte mucho.

Mientras, vamos a despedir un año más. En efecto, en unas horas pondremos fin a 2023. Mi deseo es que 2024 nos traiga, a todos, trabajo y salud, y que disfrutemos en compañía de los seres queridos. Si, por lo que a mí respecta, se cumplen esas tres premisas, sin duda podré seguir reflejando momentos felices en En Ole Väsynyt.


Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitado REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL.
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados en la Comunidad de Madrid: 50% (hoy día, confirmada ya esta visita, 50%).
En 1985 (primera visita), % de Monumentos Destacados de España visitados: 1% (hoy día, confirmada ya esta visita, 43%).