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7 de abril de 2018

PORTUGAL 2018

Siempre he considerado a Portugal como nuestro país hermano, aunque por desgracia hay españoles que miran a los portugueses un poco por encima del hombro, e incluso se quejan de que nos tienen manía, así en general. Es evidente que habrá de todo, pero yo estuve varios meses compartiendo piso en Génova con un portugués, mi casa estaba siempre llena de compatriotas suyos, hice bastante vida con ellos y no sufrí ni un mal gesto en todo ese tiempo, lo que vino a confirmarme que la leyenda negra es falsa. Es cierto que a pesar de vivir apenas a 125 kilómetros de la frontera con Portugal conozco muy poco el país, pero las veces que lo he visitado tampoco he visto nada que indique que nos tengan hambre por sistema.

Pese a lo dicho, es evidente que avinagrados los hay, como pudimos comprobar María y yo el pasado viernes nada más entrar en tierras lusas, pero eso me temo que es más achacable al carácter intrínseco de algunos ejemplares de la raza humana que a la nacionalidad de los mismos. Lo que pasó fue que al llegar al lugar que habíamos elegido para pernoctar durante el fin de semana, que no era otro que el Parque de Campismo de Monte Gordo, la recepcionista nos dijo que las niñas sin su Documento Nacional de Identidad allí no se quedaban. También hubiera valido el Libro de Familia, pero era la primera vez que intentábamos dormir con ellas fuera de España sin haber cogido antes un avión y no caímos en la cuenta de que íbamos a estar en el extranjero (a quince minutos de la frontera, pero en el extranjero). Fue culpa nuestra, pero afortunadamente no siempre que se comete un error así se las ve uno con una señora a la que dan ganas de regalar un bizcochito de All-Bran. En cualquier caso, como decía antes, esa actitud no es achacable al lugar de nacimiento, también hay españoles reveníos que además de hacer su trabajo (el de la señora era no dejarnos pasar, estaba en su derecho de ser más papista que el Papa), te ponen cara de asco, como si tú fueras el responsable de todas sus desgracias.

Dada la entrada nada triunfal en Portugal estuvimos a punto de dar media vuelta y tirar para la costa de Huelva, ya que pensamos que no íbamos a poder dormir fuera de España con las niñas sin documentación, pero por fortuna decidimos hacer otro intento antes de arrojar la toalla y buscamos sobre la marcha otro camping en el que probar. El más cercano resultó ser el Caliço Park. El mismo se encuentra más al interior y por eso no lo habíamos considerado al principio, pero al final no tenía tan lejos el mar (de hecho se veía a lo lejos) y, en cambio, se encontraba en un lugar más apartado y atractivo. 



Además, lo importante fue que allí no nos pusieron pegas para que durmieran Ana y Julia (menos mal). El Caliço Park está lleno de casas prefabricadas que parece que están habitadas de manera perenne, o que, al menos, se usan como viviendas estacionales siempre por las mismas personas. En esta época el camping estaba muy tranquilo, pese a lo cual tenía la piscina y el bar abiertos. La terraza del bar era un lugar muy agradable.


Nunca habíamos ido de camping a principios de primavera con las niñas y no es de extrañar que el área de acampada del Caliço Park estuviera casi desierta, porque dormir en tienda de campaña a finales de marzo tiene un puntillo de dureza que hay que asumir. En efecto, en nuestro caso tuvimos que montar la tienda en medio de un auténtico huracán (resultó harto difícil), la primera noche se calmó el viento, pero en cambio llovió de lo lindo, y los dos días cayó tanto la temperatura cuando se puso el sol que nos fuimos todos a dormir a las 22'00 horas sin ninguna pena, con tal de meternos en el saco. Por contra, la sensación de sacar la cabeza de la tienda en mitad del campo con los primeros rayos de sol y respirar el aire fresco de la mañana en esta estación del año, es una delicia que no experimentaba desde que estaba en los scouts. 

Como he dicho al principio, apenas conozco Portugal, fuera del Algarve solo he estado en Lisboa (dos veces), en Elvas (otras dos), en Oporto y en Serpa. Por otro lado, en el propio Algarve solamente me he movido por el litoral y más allá de Olhão solo he estado tres veces en Vilamoura y otro par en Quarteira. Es poco bagaje para un país con tantas posibilidades.

Pese a esto, el tramo costero que va desde la frontera hasta Olhão sí lo conocía un poco y este fin de semana hemos profundizado más en él. El punto de referencia en toda esa franja de 45 kilómetros es Tavira, una bonita población de 26.000 habitantes que tiene un poderoso poder de atracción, el cual hace que acabe allí siempre que voy por el Algarve. Esta vez, sin embargo, cuando decidimos pasar los últimos tres días de la Semana Santa en la zona me propuse hacer un esfuerzo por mirar un poco más allá y explorar otros rincones.

El comentado trecho tiene una particularidad y es que una gran parte del mismo está integrado en el Parque Natural da Ría Formosa. Todo ese pedazo costero del Algarve es una maravilla natural formada por cinco islas y dos penínsulas que se hallan separadas de la costa por muy poco espacio. Las islas forman una barrera o cordón discontinuo que crea, entre ellas y el continente, una especie de laguna en la que hay un montón de canales e islotes.


Dicha laguna es una zona húmeda de gran importancia medioambiental que fue declarada Parque Natural en 1987. Eso ha hecho que a pesar de la alta densidad turística del sur de Portugal, toda la franja inmediata al mar desde Manta Rota hasta pasado Faro, incluidas las islas que están frente a ella, sea un paraíso natural en el que las infinitas playas de arena se han mantenido casi vírgenes y los pueblecitos conservan un cierto encanto marinero.


De esas cinco islas comentadas la Ilha de Armona y la Ilha de Tavira son las que yo conozco. En el extremo este de la de Tavira hay un camping al que fui tres veces, en 1996, 1997 y 1998. Se llega allí con un barquito que cruza desde el continente. En ese punto de la costa, un kilómetro hacia el interior, separado por una zona de salinas, está la ciudad de Tavira.

En la Ilha de Armona ocurre lo mismo que en la de Tavira: la isla, al ser Parque Natural, se ha conservado virgen y se accede a ella por medio de un barco que llega hasta Fuzeta, que a diferencia de Tavira sí está al borde de la ría. En el año 2000 estuve allí en otro camping que se encuentra junto a la marisma, en plena población, pero en aquella ocasión apenas si visité Fuzeta y no había vuelto. El pasado sábado por la mañana regresé después de 18 años y esta vez sí paseamos por el pueblo, que tiene un cierto atractivo, gracias a la desgastada belleza que muestran muchos de sus edificios.



Atravesando Fuzeta llegamos hasta la zona donde está el camping. Este tiene a un lado una preciosa explanada, el Jardim da Fuseta, que se asoma plácidamente a la ría


A espaldas del camping está el Puerto, el lugar donde más destaca el sabor marinero de la población. En él se coge el ferry que lleva a la Ilha de Armona.


Esta vez no cogimos ningún barco, pero sí volvimos a la Ilha de Tavira. La misma cuenta con cuatro playas, la Praia da Ilha de Tavira, que es la que yo conocía, la Praia da Terra Estreita, la Praia do Barril y la Praia do Homen Nu. Para acceder a la Praia do Barril no hacen falta barcos, ya que se ha construido un puente de carácter efímero que salva el estrecho.


Una vez en la isla hay que atravesarla, o bien cogiendo un simpático trenecito, o bien caminando por el camino de cemento que va paralelo a la vía.



Al final del recorrido uno se encuentra con la misma playa arenosa que empezaba en el extremo este de la isla, aunque aquí ya tiene otro nombre.


En nuestro caso, para ir hasta la playa hicimos el camino andando, no tanto por ahorrarnos el dinero del tren (cada billete vale 1'20 euros), como por dar el paseo. A la vuelta ya sí hicimos el viaje de diez minutos en el trenecito, para deleite, no solo de Ana y de Julia, sino también de las hijas de Fran y Belén, dos amigos con los que compartimos la jornada del sábado.


La Praia do Barril estaba espectacular, la primavera ha resultado ser maravillosa para disfrutar de estos arenales, que en marzo se encuentran desiertos y azotados por el viento. El premio extra de la visita a la Praia do Barril es contemplar el Cemitério das Âncoras, un curioso museo de anclas creado junto a las remozadas casas de una antigua aldea cuyos habitantes se dedicaban a la pesca de atunes, antes de abandonar el asentamiento en los años 60 del pasado siglo.



Las casas daban cabida a unas 80 familias que vivían ahí de abril a septiembre, durante la temporada de pesca del atún. Ahora las construcciones han sido restauradas, de manera que dan cobijo a varios establecimientos de restauración, también sirven de apoyo a los servicios que en época estival se prestan en la playa (enfermería, alquiler de toldos,...) y se usan, igualmente, para guardar material náutico y deportivo.


Precisamente el tren, en origen, servía de apoyo a la industria pesquera del lugar, aunque ahora, como tantas otras cosas, se utiliza para un fin mucho más lúdico.

El otro trozo del Parque Natural da Ría Formosa que conocimos esta vez fue el extremo este del mismo, que está situado en el pueblo de Manta Rota. La playa de esta población, la Praia de Manta Rota, es tan bonita como las demás de la costa, pero no está en ninguna isla, sino que en esa parte el continente da directamente al Océano Atlántico.

En Manta Rota, después de dar un buen paseo por la playa nos separamos un poco del mar, nos adentramos en la zona interior del Parque y volvimos hasta el pueblo por el terreno de marisma.



Manta Rota, al igual que Fuzeta, es un núcleo costero que conserva un cierto encanto, en especial la zona de la Praça da Manta Rota y las calles adyacentes.




Los otros dos pueblos que vimos dentro de los límites del Parque fueron Luz de Tavira y Santa Luzia. Todos están cortados más o menos por el mismo patrón, aunque su tamaño varía. Luz de Tavira gira entorno a Largo da República, adonde dan sus principales edificios.


A Largo da República se asoma el Café Luzense, un curioso establecimiento de decadente aspecto exterior que por dentro no deja de ser una tasca, pero que tiene curiosos guiños al rock & roll en la decoración.


Allí nos tomamos unos botellines de rica cerveza Sagres con Belén y con Fran antes de ir a comer, mientras las niñas se divertían con el futbolín.


El homenaje culinario del fin de semana nos lo pegamos en Santa Luzía, ya que comimos en el Restaurante Cervejaria O Chico.


Llegamos allí rebotados de otro lugar que nos habían recomendado y que estaba lleno. O Chico, por no encontrarse delante de la ría sí tenía sitio, para desgracia de su dueño, que nos comentó que tiene más problemas para llenar su local que los restaurantes que están más visibles, a pesar de lo bien que se come.

Realmente, doy fe de que almorzamos de lujo, bueno, barato y casero. Siempre es un placer comer bacalao en Portugal (en este caso fue Bacalhau na Caçarola), pero el mayor triunfo fue pedir feijoada de lingueirão, una receta típica del Algarve que es como un potaje de alubias blancas con navajas. Además, el dueño del restaurante, que hablaba bastante bien español, fue muy amable. Por lo visto, el establecimiento lo abrió su padre y él es el que está lidiando en la actualidad con los nuevos tiempos.

La mañana del domingo al dejar el camping ya no entramos en los limites del Parque de nuevo, sino que nos fuimos al trozo de la costa que está ubicado entre la frontera y Manta Rota, que no es espacio protegido. Esa parte es la más cercana al Río Guadiana y a España, y en ella hay una población llamada Castro Marim que se merece una visita, sobre todo por su castillo, que tiene una privilegiada situación.


Desde el Castelo de Castro Marim se divisa perfectamente Ayamonte al otro lado del Río Guadiana.


Yo conocía el Castelo de mi anterior visita a Castro Marim en 2007, en aquella ocasión me gustó y por eso aprovechamos el día tan claro que hacía para volver con las niñas. Lo mejor que tiene son las vistas, pero el propio Castillo en sí también merece la pena por lo bien que se conserva, lo que hace que se pueda imaginar uno a la perfección como estaba organizado cuando se encontraba en uso. Originalmente se construyó en el siglo XIII, aunque hubo en ese estratégico emplazamiento fortificaciones desde la prehistoria. Lo que se ve, sin embargo, es mayoritariamente del siglo XVII. 


En el Castillo destaca la zona fortificada interior, que era el corazón del mismo. Allí, en el edificio que está más restaurado hay una muestra del patrimonio arqueológico recuperado en las excavaciones.



Dentro del Castillo está también la Iglesia de Santiago, construida en el siglo XIV y hoy día desacralizada, que alberga una especie de museo bastante gráfico sobre el lado oscuro de la Inquisición, en el que está reproducida una sala de interrogatorios y en el que se muestran también una serie de instrumentos de tortura, humillación y ajusticiamiento.



Castro Marim también tiene otros lugares atractivos. Me gustó especialmente la Praça 1º de Mayo.


Tras el ratito en Castro Marim volvimos a cruzar la frontera rumbo a casa. El fin de semana supo a poco y se impone una visita más concienzuda a un país tan cercano y que ofrece tiene tanto potencial como Portugal.



Reto Viajero TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO
Visitado PORTUGAL.
En 1987 (primera visita), de los 44 Países del Mundo que están en Europa, % de visitados: 4'5% (hoy día 36'4%).
En 1987 (primera visita), de los 196 Países del Mundo, % de visitados: 1% (hoy día 8'7%).


24 de agosto de 2017

CAZORLA 2017

Cazorla es un pueblo que no queda demasiado lejos de casa y que es muy conocido por sus encantos, por lo que ha aparecido con frecuencia entre las posibles opciones cuando he planeado escapadas y viajes. Sin embargo, al final nunca había ido a la zona de la Sierra de Cazorla, realmente no había estado por allí ni de paso. 

Resulta, por tanto, un poco irónico que, tras haber barajado tantas veces la posibilidad de ir a Cazorla, haya acabado yendo por primera vez cuando menos pensado estaba. En efecto, la opción de pasar allí la tercera fase de las vacaciones de este año surgió de improviso en Madrid y estuvo irremediablemente unida a nuestro percance con el coche: íbamos a ir a Navarra al volver de los Países Bajos, pero el coche se calentó poco después de recogerlo del aparcamiento de larga estancia del aeropuerto y esto provocó que acabara en un depósito de Mapfre a la espera de que el seguro lo llevara a Sevilla. El caso es que, pese al incidente, no quisimos renunciar a la última parte de las vacaciones y decidimos alquilar otro vehículo, tras lo cual pensamos que Cazorla casi estaba en el camino de vuelta a Sevilla (todo lo contrario que la Selva de Irati), por lo que yendo allí ahorrábamos gasolina, podíamos recortar un día nuestras vacaciones sin que se notara mucho y, con todo ello, compensábamos un poco el sobrecoste resultante de alquilar un vehículo.

En consecuencia, 24 horas después de llegar a España, pensando aún que nuestro siguiente destino era Navarra, llegamos al Camping Cortijo San Isicio en Cazorla a bordo de un Fiat 500 alquilado. La ubicación de este camping, cerca del pueblo, fue clave en su elección, pero luego comprobamos que acertamos por otras muchas razones.


En primer lugar, el Camping Cortijo San Isicio resultó ser una buena elección porque sus dueños son muy escrupulosos con el cuidado de la hierba y aquello no es un secarral (no es nada fácil encontrar campings con hierba en Andalucía, ni siquiera en zonas de sierra). Por otro lado, su piscina está genial y tenía algo de sombra para pasar las calurosas horas del mediodía, además de que el ambiente general que nos encontramos fue familiar y sano. Es un camping modesto (no tiene supermercado ni bar, tiene pocos baños y duchas, y son unisex), pero las instalaciones bastaron para la gente que había, y para comprar comida o tomar algo Cazorla estaba a tiro de piedra, de hecho estuvimos en el camping tres días completos y en dos de ellos fuimos al pueblo.


El primer día fuimos por la mañana y nos dimos un buen paseo desde la Plaza de Santa María (en la foto de abajo) hasta la Plaza de la Constitución, pasando la Plaza de la Corredera, de manera que recorrimos de extremo a extremo la columna vertebral del pueblo.


En la Plaza de Santa María está la Fuente de las Cadenas, que data del siglo XVII, aunque ha sufrido alteraciones a lo largo de la historia.


En nuestro primer paseo fuimos atravesando el casco urbano de Cazorla, como ya he dicho, pero para volver al punto de partida recorrimos entero el bonito Paseo del Río Cerezuelo, que va bordeando el cauce de ese pequeño afluente del Río Guadalquivir.


Antes de los paseos habíamos hecho una visita guiada realmente interesante a la que nos unimos sobre la marcha cuando fuimos a la Oficina Municipal de Turismo, que está en una de las pocas partes que se conservan en pie en las ruinas de la Iglesia de Santa María.


En esa parte del antiguo templo, junto a la puerta grande que da acceso a la Oficina de Turismo, hay otra más pequeña que permite subir arriba por una preciosa escalera de caracol. Tras hacerlo también recorrimos lo que queda de la iglesia.


La iglesia fue un capricho de Francisco De los Cobos, secretario de estado del rey Carlos I, al que el mismo nombró adelantado de Cazorla, un prestigioso cargo que hasta entonces permanecía bajo la jurisdicción del Arzobispado de Toledo y que otorgaba el control de un amplio territorio que años atrás había sido fronterizo con el Reino Nazarí de GranadaDe los Cobos, que además de ser una de las personas más poderosas de su tiempo, era de Úbeda, a raíz de su nombramiento quiso hacer en Cazorla una iglesia que fuera digna de su figura, pero se encontró con el problema de que por allí no había ninguna superficie llana tan grande como para levantar un gran templo. Pese a esto, no se resignó y decidió sufragar una titánica obra de ingeniería consistente en abovedar el cauce del Río Cerezuelo y crear una superficie plana lo suficientemente extensa como para levantar la iglesia encima. La dirección del proyecto de la iglesia se la encargó a Andrés de Vandelvira, uno de los grandes arquitectos de la época. Por desgracia, De los Cobos murió antes de que se terminara su faraónica construcción y, además, sus descendientes vieron como el Arzobispado de Toledo recuperaba el Adelantamiento de Cazorla, lo que provocó que nadie siguiera soltando dinero y la obra quedara inacabada. Pese a eso, parte de la iglesia llegó a estar construida y se consagró, pero primero una enorme riada acaecida en 1694 y luego los franceses durante la Guerra de la Independencia dejaron la Iglesia de Santa María reducida a algo parecido a lo que es hoy. En la actualidad, lo que queda son los restos de la planta original que iba a tener el templo, los muros perimetrales, la torre de los pies con su escalera, una portada y la parte de la cabecera que llegó a estar en uso.

Aparte de esto, se conserva otro elemento relacionado con la iglesia y que es quizás el más interesante: la Bóveda sobre el Río Cerezuelo, que sigue pasando por debajo de las ruinas y de la Plaza de Santa María. La visita guiada a la que nos apuntamos recorrió esa bóveda por debajo.



Por otro lado, la entrada al túnel de la Bóveda daba derecho, pagando solo un euro más, a visitar La Casa de la Luz, un centro de atención al viajero que está dividido en dos partes, de manera que a última hora de la tarde volvimos a Cazorla para aprovechar esa posibilidad. Así pues, en primer lugar vimos el Centro Temático Frondosa Naturaleza, una pequeña exposición dedicada a la flora y la fauna de la Sierra de Cazorla. La visita al centro fue guiada por una chica muy amable, pero el mismo tampoco aportó mucho más que un par de datos interesantes.



A continuación, seguimos con la segunda parte de la visita a La Casa de la Luz, que consistió en entrar a ver otro edificio que está contiguo al del Centro Temático Frondosa Naturaleza y que fue en tiempos pasados un molino harinero (actualmente es el Centro de Interpretación Molinos del Río Cerezuelo).


En este caso, hay que reconocer que los cazorleños no tuvieron demasiada suerte con nosotros, ya que a esas alturas teníamos el listón bastante alto en lo que respecta a las visitas a molinos, tras haber visitado este mismo verano el molino de aceite De Zoeker en Países Bajos y, sobre todo, la Ferrería de Cades en Cantabria. La visita al molino neerlandés fue ilustrativa, pero la que de verdad no se puede comparar es la visita al molino cántabro: en Cades el molino propulsado por agua lo han restaurado al 100% y lo han puesto en marcha, de manera que vives realmente como era el funcionamiento de aquello. En Cazorla el molino lo han restaurado de una manera muy interesante, pero menos espectacular. La visita, explicada también por otra agradable chica, merece la pena, pero no pudimos evitar hacer odiosas comparaciones. Aún así, el triplete cazorleño del primer día nos permitió ver tres de los principales puntos de interés del pueblo.

El segundo día que estuvimos en el Camping Cortijo San Isicio fuimos a ver el Nacimiento del Río Guadalquivir, pero el tercero volvimos a Cazorla de nuevo dos veces. La primera de ellas fuimos a ver el Castillo de la Yedra, el imponente edificio que vigila desde lo alto a la población.


Para llegar a él le echamos valor y subimos andando desde la Plaza de Santa María, merece la pena acercarse al Castillo de esa manera por las panorámicas que se van viendo, pero hay que reconocer que la subida te deja sin aliento.


Nosotros enfilamos la cuesta pasadas las 12 y a esa hora el sol estaba empezando ya a caer a plomo.


El Castillo es interesante y alberga en su interior el Museo de Artes y Costumbres Populares del Alto Guadalquivir, por lo que se puede decir que vimos dos cosas en una. Sin embargo, todo está gestionado por la Junta de Andalucía y eso provocó indirectamente que viviéramos una visita un tanto surrealista: resulta que el Museo no lo puedes ver a tu aire, lo cual de por sí ya es un poco raro, pero además la visita la guían por turnos dos funcionarias de mediana edad que nos atendieron amablemente al llegar, pero que resultó evidente que no tenían demasiadas ganas de hacer de guías. Lo hicieron, sí, porque es su trabajo, pero poco más. Realmente, su labor se podría limitar a vender las entradas o algo así, pero el problema es que se dedican a enseñar el Museo y el Castillo, controlando los movimientos de los visitantes por el recinto. Por ello, tuvimos que esperar un poco a que se hiciera un grupo y al rato una de las dos señoras nos acompañó por las diferentes estancias del Castillo. Su labor se limitó a recitar mecánicamente en cada una un escueto discurso general y a esperar junto a la puerta con gesto impaciente a que los visitantes nos diéramos una vueltecita por la sala. En esas circunstancias costaba un poco relajarse y acababa uno deseando pasar a la siguiente habitación para no prolongar en demasía el suplicio de la señora. La misma, no se por qué, no podía pasar a la siguiente estancia hasta que no hubiera salido todo el grupo de la anterior, por lo que la visita acabó siendo un poco tensa. Sin embargo, lo que verdaderamente me dejó sin habla fue que junto al mostrador de entrada al Castillo las guías tenían instalada una televisión en la que, a esa hora, estaban sintonizando La Mañana de La 1. Al irme pude comprobar que lo mismo que las dos se turnaban para hacer las visitas, también lo hacían para sentarse y echar un rato viendo la tele...

El Castillo, aparte de todo, está bastante restaurado, pero es muy espectacular, está en un lugar impresionante y las vistas del pueblo desde él son sensacionales. Por su parte, el Museo sería normalito viéndolo con calma, pero viéndolo a jopo pierde casi todo su sentido.


En cualquier caso, la visión más espectacular que vimos de Cazorla no fue desde el Castillo, sino que fue la que disfrutamos al atardecer desde el Balcón del Pintor Zabaleta, un mirador que está dentro del casco urbano y desde el que se ve, precisamente, una panorámica espectacular de la fortificación. El caso es que la tarde de ese tercer día la pasamos descansando en la piscina del camping, pero a última hora decidimos despedirnos de Cazorla y de nuestras tres semanas de vacaciones itinerantes cenando en el pueblo. Antes de elegir el sitio donde picar algo nos dimos una vuelta por la zona más pintoresca de la población, que es la que se encarama por el principio de la ladera de la Peña de los Halcones, ya que por esa parte aún no habíamos ido.


Tras ese paseo acabamos casi por casualidad en el Balcón del Pintor Zabaleta, justo al final del atardecer, y eso me permitió contemplar una de las puestas de sol más bonitas que he visto en mi vida.

Allí, al borde del mirador, tiene sus mesas un bar llamado Lusco Taberna. Esas mesas se llenaron en un momento, pero al llegar nosotros aún había algunas libres y gracias a eso pudimos coger una junto a la barandilla del mirador y disfrutar de la espectacular puesta de sol saboreando una cerveza fresca. El momento fue mágico.


En la Lusco Taberna, además, nos dieron a elegir entre una serie de tapas bastante originales para acompañar la bebida, yo me pedí una de mejillones con bechamel que estaba riquísima, por lo que hasta en ese detalle el rato fue redondo.


La cena la completamos en Casa Tino, un bar situado en la Plaza de Santa María, el lugar donde empezaron y terminaron todos nuestros paseos por Cazorla. Esa plaza está llena de bares con veladores y a mediodía, tras bajar sudorosos del Castillo, ya nos habíamos tomado una cerveza con su contundente tapa de calamares a la romana en la Taberna Quinito, pero por la noche estaba llena su terraza y nos acomodamos en la de Casa Tino. La cena no estuvo mal y para la cantidad de gente que había nos sirvieron rápido. Para rematar, nos pedimos todos unos helados en la Cafetería Kebab Boabdil y nos los comimos sentados bajo la torre de la Iglesia de Santa María, contemplando una vez más la animación de la plaza. Fue el colofón perfecto.


Cazorla se merece una visita en temporada alta, que allí no es el verano (por lo visto aquella zona es espectacular en invierno). Todo se andará.



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado CAZORLA.
% de Municipios ya visitados en la Provincia de Jaén: 5'2%.
% de Municipios de Andalucía ya visitados: 19'4%.

Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado CAZORLA.
% de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Jaén: 40%.
% de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 32'5%.