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6 de agosto de 2023

GAUCÍN 2023

La segunda fase de nuestras vacaciones de 2023 la hemos pasado en la Casa Rural Cortijo Don Pablo, que está situada en el término de Gaucín. Sin embargo, la misma se encuentra tan cerca del límite occidental del municipio, que su núcleo urbano de referencia es San Pablo de Buceite, una localidad que pertenece a Jimena de la Frontera. Esto ha provocado que, para abastecernos, hayamos ido a San Pablo. No obstante, a la hora de hacer turismo, sí hemos tirado para Gaucín, obviando por completo los encantos jimenatos.

Con respecto a la casa rural, el nombre le viene que ni pintado, porque el alojamiento es una especie de pequeño cortijo, ubicado en una parcela de considerables dimensiones, que se encuentra junto a la carretera, pero en mitad de la nada.




La estancia en la casa rural ha sido una gozada. En principio, íbamos a no hacer nada. Vegetar al borde de la piscina, o al lado del mar, suele ser el plan estrella de mi familia política, por lo que yo iba mentalizado para moverme menos que un gato de escayola. En el tiempo que llevo escribiendo en este blog, ya me he visto en coyunturas similares otras veces, y la verdad es que he aprendido, incluso, a disfrutar del hecho de pegarme una semana convertido en una planta. De todas formas, para evitar caer en exageraciones excesivas, tengo que reconocer que la mayoría de las vacaciones que me he pegado con mis allegados políticos, han tenido ratos de actividad, los cuales me han permitido explorar los lugares en los que he estado, que es lo que a mí me gusta. En esas situaciones, la clave, para sacar algo en claro del entorno, está en buscar, yo, algunos momentos para curiosear por mi cuenta, además de lograr que lo que hacemos juntos se concentre en un sitio determinado. En 2022 pasé en Punta Umbría siete días, y a base de unir unas cuantas pequeñas visitas, me marché de allí con un conocimiento bastante profundo del pueblo. En Cazalla de la Sierra, hace varios veranos, me sucedió igual. Este año, ha sido Gaucín la población que he recorrido lo suficiente, como para terminar satisfecho. Lo cierto es que he ido en cuatro ocasiones, por lo que he acabado con una sensación muy positiva.


Gaucín es un localidad de 1.600 habitantes, que pertenece a la provincia de Málaga, pero que linda con la de Cádiz. Está incluida en la comarca de la Serranía de Ronda. Pese a esto, como ocurre tan a menudo en Málaga, el mar se encuentra más cerca de lo que parece. De hecho, desde Gaucín se ve África.


En efecto, en la foto superior, la cordillera que se divisa en el horizonte pertenece a Marruecos, y el Peñón de Gibraltar es lo que se aprecia a la derecha, sobresaliendo tras primera línea de montañas. El mar no queda lejos, por tanto. Sin embargo, en Gaucín el ambiente es totalmente serrano.

Nosotros, el primer día que fuimos a Gaucín, lo hicimos para cenar. Gracias a eso, empecé por ver el pueblo al caer la tarde.


Luego, nos dimos un paseo y se nos hizo de noche. Tras dejar el coche en el extremo occidental de la localidad, bajamos caminando hasta la Plaza del Santo Niño. Las calles del pueblo estaban muy tranquilas, y me gustó lo cuidadas que las vi.




Gaucín está considerado un Pueblo Blanco, y sus calles están a la altura de ese apelativo. Además, la localidad tiene enclaves bastante interesantes. Así, por ejemplo, en la Plaza del Santo Niño vimos la Fuente de los Seis Caños, que es uno de los principales emblemas de la población. Fue construida en 1628, nada menos.


De todas formas, el objetivo de nuestro paseo nocturno no era ver la fuente, sino localizar un bar donde cenar. Por suerte para mí, el mismo tardó en aparecer, y eso me permitió echarle ese primer vistazo al pueblo. Por lo que respecta al bar, el que encontramos estaba en la citada Plaza del Santo Niño, que es uno de los epicentros de Gaucín.


En la Plaza del Santo Niño pone sus mesas Casa Antonia, que es donde cenamos. El bar me gustó, en primer lugar porque tenía llena la terraza, pero, a pesar a eso, las camareras pusieron de su parte para que nos sentáramos juntos, los cinco adultos y los seis niños que íbamos. Aparte, la plaza es una delicia, y, por último, la verdad es que comimos bien.

A la mañana siguiente, volví muy temprano a Gaucín para correr. En el entorno de nuestra casa, hacerlo era casi imposible, y la carretera que llega al pueblo, desde el oeste, vi que tenía un arcén ancho y seguro, por uno de sus lados, habilitado para los peatones. El mismo medía unos 2.500 metros de longitud, y era bastante llano, por lo que me vino de lujo para echar un rato de running. Al acabar, me di el gustazo de acercarme al Parque de la Alameda, dónde ya habíamos estado la noche anterior, para asomarme, de día, a su mirador, que ofrece una maravillosa perspectiva de la sierra y de la localidad. 



El Parque de la Alameda realmente es una pequeña plaza, con buena sombra, que está en uno de los laterales del Antiguo Convento de los Carmelitas Descalzos, edificio que hoy día ejerce de Casa de la Cultura.


Tras haber corrido casi una hora, fui al Parque de la Alameda, porque creí que no iba a volver a Gaucín, y quería ver las vistas de día. Sin embargo, para mi sorpresa, a la mañana siguiente regresé con mi familia al completo. Nunca sabe uno los planes que va a poder hacer en este tipo de vacaciones, pero esta vez tuve la suerte de poder echar un rato de verdadero turismo. Así, por iniciativa de mis cuñadas, nos levantamos no muy tarde, y nos desplazamos al pueblo, con la excusa de desayunar. Planazo.


A la entrada de Gaucín, en la terraza de un bar llamado Bodeguita Chaparro, disfruté de un buen desayuno, a base de tostadas de pan de pueblo y café. 

Después, cogimos los coches y nos fuimos a la otra punta de la localidad, atravesando la Plaza del Santo Niño y continuando, hasta el lugar en el que se encuentra el emplazamiento desde donde se sube al Castillo del Águila. Por allí, también comprobé que la blancura de las casas seguía siendo la nota predominante.


El Castillo del Águila es el símbolo de Gaucín. Su silueta se aprecia desde todos los puntos del pueblo, y contribuye, de gran manera, a la imagen pintoresca del mismo.


La fortaleza se asienta sobre un promontorio de 688 metros de altura, muy fácil de defender. En consecuencia, antes de la etapa de dominación islámica, el peñasco ya había sido usado como enclave inexpugnable, pero fue en el siglo IX cuando se levantó el castillo que hoy día se conserva.



Los muros del Castillo del Águila vivieron toda clase de enfrentamientos, desde época musulmana, hasta que cayó en manos cristianas. Después, se siguió usando hasta mediados del siglo XIX. En 1848, su polvorín explotó, y eso provocó que la fortaleza fuera abandonada. En la actualidad, el turismo ayuda a que los restos se conserven y no se sigan degradando, aunque el acceso a las ruinas es gratuito.

En todo caso, dada la ubicación del Castillo, para llegar a él hay que aparcar el coche abajo y subir a pie. Tras un ascenso de esos que te dejan sin aliento, se alcanza una de las entradas. La fortaleza está compuesta de dos recintos, aunque en los carteles se habla de tres, pero lo cierto es que, sobre el terreno, a mí me dio la impresión de que solo había dos líneas de murallas. La primera es la que engloba lo demás, y se accede a ella por la llamada Puerta del Este.


Tras entrar en el recinto grande, se abre un amplio e irregular espacio, que servía para proteger a la población en caso de necesidad. En el extremo norte de esa desigual explanada está la Torre de la Regente, que es de planta cuadrada. La misma se asoma al pueblo, proporcionando un espectacular panorama.


El segundo recinto, que está en medio de todo ese amplio espacio, es el de la Ciudadela. Dentro, bien resguardados, hay tres aljibes, y allí se ubica, también, la Torre del Homenaje, que en este castillo es conocida como Torre de la Reina.



En el Castillo del Águila, por tanto, la Torre del Homenaje está protegida, a su vez, por otra pequeña fortaleza amurallada, algo posterior, ya que está fechada en el siglo XIII. Desde el XVIII, la Torre de la Reina ejerce de campanario.





El Castillo del Águila es muy interesante. A diferencia de otras fortalezas que he visto, no está apenas reconstruido, pero conserva en buen estado muchas de sus partes. Además, tiene el atractivo extra de las espectaculares vistas que se ven desde él, en todas las direcciones. Esto es habitual en muchos castillos, pero, en este caso, la altura de la fortificación es significativa, y eso proporciona una perspectiva más bonita de lo normal.


Aparte, en el primer recinto fortificado, junto a la Puerta del Este, hay otra construcción. Se trata de la Ermita del Santo Niño, que data del siglo XVI. No es muy llamativa, pero su bonito acceso, así como lo cuidada que está por dentro, hacen que sea muy agradable de visitar.




En el recinto fortificado, en el extremo opuesto al de la Ermita del Santo Niño, está la segunda puerta del Castillo del Águila. Se trata de la Puerta Noroeste. Nosotros salimos por ella, tras pasar un buen rato recorriendo todos los rincones de la fortaleza. La bajada hasta el coche fue menos dura que el ascenso, y nos permitió ver otras bonitas calles que tiene Gaucín por ese lado.

Si ir a Gaucín a conocer el Castillo del Águila fue, para mí, una sorpresa, regresar un cuarto día a la localidad lo fue más aún. En principio, no estaba previsto volver, pero, mientras desayunábamos en la Bodeguita Chaparro, nos enteramos de que la feria del pueblo empezaba esa noche. Ir a ver el ambiente nos pareció un buen plan, sobre todo a los niños, que se morían de ganas de hacerle una visita a las atracciones.

La Feria de la Virgen de las Nieves, que así se denomina realmente la festividad, dura cuatro días, pero nosotros no esperamos mucho para ir. De hecho, cuando llegamos, los festejos todavía no se habían inaugurado, aunque había ya cierta animación. La Feria no tiene casetas, en el sentido sevillano de la palabra. Es el Polideportivo Municipal el que ejerce de gran caseta, y es en la calle que tiene delante, llamada Calle Jacobo Real, que es recta y llana, y tiene un pequeño ensanchamiento, donde se colocan los cacharritos y los puestecillos.


Nosotros tuvimos la fortuna de ver el como se desarrollaban los primeros compases oficiales de la festividad. En efecto, en un momento determinado, llegó a la zona ferial el pasacalles con la corte de honor, acompañado de la Banda de Música Villa de Gaucín. Al poco, se produjo el protocolario corte de cinta, y tuvo lugar el encendido del alumbrado. Fue el comienzo de la fiesta.



Por lo que respecta a los cacharritos de la Feria, la parte de la noche en la que estuvimos liados con ellos, fue, sin duda, la más movidita. En primer lugar, nos centramos en unas camas elásticas que había, así como en el toro mecánico para niños. Ahí no hubo conflictos. Sin embargo, para rematar la faena, nos acercamos a los coches de choque. No fue buena idea, pero es que tampoco había mucho donde elegir. El caso es que esta atracción siempre es algo brusca, pero en Gaucín el tema se desmadró, debido a la presencia, al volante de los autos, de un buen puñado de pajilleros, que estaban dedicados a embestirse entre ellos a lo bestia, pero que también iban a por las personas a las que querían, en teoría, impresionar, o vacilar. Sentados sobre el respaldar de sus asientos, conducían en plan kamikaze, buscando víctimas, y lanzaban los vehículos hacia adelante, impulsándolos con el cuerpo al ir a colisionar con los otros. Los impactos eran salvajes, pero los empleados de la atracción ferial pasaban olímpicamente. Ni yo, ni María, ni mis cuñadas, ni, mucho menos, mi suegra, teníamos la intención de subirnos a ningún coche, pero los menores compraron fichas para dar dos viajes cada uno, y se tiraron todos a la pista, sin percatarse de la presencia, en ella, de ese nutrido grupo de adolescentes descontrolados. Los mismos no parecían dispuestos a salir de la atracción, dado que enlazaban un turno con el siguiente. Estaban disfrutando del momento más excitante de su año, eso quedó tristemente claro. Cuando llegamos, ya estaban, y allí se quedaron al marchamos. Nuestro error fue que, tras ver cual era el panorama, en vez de prescindir del segundo viaje para el que los niños habían comprado tickets, nos limitamos a sacar del fregado a los dos pequeños, que se bajaron impactados, y a montarnos, María con mi sobrina Lucía, y yo con Ana, con la intención de protegerlas de sus coetáneos. Me jodió dejarme intimidar por un puñado de imberbes palurdos, y por esa razón me subí.


No puedo negar que montarme en los coches de choque fue una mala decisión. Yendo al volante, yo me dedique a huir de los conflictos, porque no era una opción liarme a puñetazos con ningún niñato, pelado por su peor enemigo, pero los cabrones estaban por todos lados, y, tras un golpe que no vi venir, me di un leñazo en la rodilla derecha, que me ha dejado lesionado. Hay que joderse.

En definitiva, ese último ratillo en Gaucín amenazó con empañar los demás, pero tampoco voy a permitir que un puñado de catetos me agüen los recuerdos. En verdad, el pueblo me encantó, y la mayoría de la gente a la que tratamos se portó de maravilla. Realmente, tengo la rodilla mal, y eso es un fastidio, pero todo quedará en una mera anécdota... cuando pueda volver a correr.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado GAUCÍN.
% de Municipios ya visitados en la Provincia de Málaga: 20'4%.
% de Municipios de Andalucía ya visitados: 21'6%.


30 de enero de 2023

GETAFE 2023

Fui a Getafe para participar en la Media Maratón Ciudad de Getafe. Esta prueba tiene bastante buen nombre, dentro del mundillo del atletismo popular, y, por fin, este 2023 me decidí a ir a la localidad madrileña a disputarla. Sin embargo, en el último momento no pude tomar parte en ella. En efecto, después de haber montado el plan y de haberme desplazado, la mañana antes de la cita, la del sábado, me levanté con unas inexplicables molestias en la cara interna del muslo de mi pierna izquierda, que se fueron convirtiendo en dolor con el paso de las horas. Tras todo el día, me acosté muy cascado, y el domingo de la carrera me levanté peor. En consecuencia, no pude correr. La aventura se me chafó cuando menos lo esperaba, y eso me jodió tremendamente. No obstante, me queda el consuelo de que aproveché a tope el finde. Para empezar, la excusa de la media maratón me dio la oportunidad de visitar Getafe, que es un lugar que no conocía.


Tengo que reconocer que el sábado me levanté con molestias, como he dicho, y aun así no paré quieto hasta la noche. Esto implica que fui responsable, en cierto sentido, del desastre de ir a Getafe para correr su media maratón, y finalmente no poder hacerlo. Sin embargo, ni se me cruzó por la mente la idea de pasarme la jornada sentado, reposando. Parte de la gracia del fin de semana era disfrutar de Madrid y visitar Getafe, y eso hice. De hecho, la diversión en la 35ª ciudad más poblada de España empezó el viernes a última hora, dado que pernoctamos en ella.


Lo de dormir la primera noche en Getafe tuvo que ver más con la logística del fin de semana, que con el hecho de que fuera a correr una carrera en esa localidad. En efecto, yo quería viajar en automóvil, porque, para dos personas que comen de la misma cuenta corriente, es más barato ese medio de transporte que desplazarse a Madrid en AVE. Sin embargo, no me apetecía entrar en la capital conduciendo, ni deseaba sufrir las consecuencias de no saber qué hacer con el coche, así que decidí que era buena idea aparcarlo en una calle de Getafe el viernes, movernos en metro el sábado y el domingo, y rescatar nuestro vehículo ya en el momento de regresar a casa. Tengo que decir que esa parte del plan fue un éxito. Aparte, en vista de la manera en la que estaba montado el programa, y de que, a la ida, no podíamos salir de Sevilla hasta la hora de comer, me pareció una buena idea llegar a Getafe y pernoctar allí directamente. Debido a eso, busqué un alojamiento y encontré uno, llamado Hostal Carlos III, en el que la habitación nos costó apenas 58 euros. Estuvo sensacional.


El hostal estaba totalmente reformado y tenía hechuras de hotel, por lo que fue un acierto dormir en él. Además, estaba muy bien ubicado. Gracias a su céntrico emplazamiento, tanto la noche del viernes, como la mañana del sábado, pudimos movernos por Getafe.


Getafe, en la actualidad, se divide en once barrios. Nosotros nos pateamos más en profundidad el Centro, y luego anduvimos por el extremo oeste de Las Margaritas, y por el este de Juan de la Cierva. También nos adentramos un poco en la parte sur de Getafe Norte. De esta última zona solo tuvimos ocasión de conocer el Complejo Deportivo Municipal Juan de la Cierva, adonde entramos por la puerta que da a la Avenida de las Ciudades. Dentro, dimos un pequeño rodeo para llegar al Pabellón Deportivo Juan de la Cierva, que fue el sitio en el que sábado por la mañana recogimos el dorsal de la fallida carrera.

Con respecto a los barrios de Las Margaritas y de Juan de la Cierva, que quedan al sur de ese gran complejo polideportivo, y que lo separan del Centro, ambos surgieron en la década de los 70 del siglo pasado, por lo que las calles limítrofes entre ellos, que son las que nosotros recorrimos al ir a por el dorsal y al regresar, son similares. Allí predominan los pisos de tres o cuatro plantas, así como el ambiente típico de barrio humilde, pero digno, que caracteriza a las zonas de expansión que nacieron, en muchas ciudades, en la segunda mitad del siglo XX. 


En todo caso, la mayoría del tiempo que estuvimos en Getafe lo pasamos en el Centro. Como he mencionado, nos alojamos allí, por lo que pudimos ver el ambiente de la zona el viernes. Ese día, cuando llegamos, al final de la tarde, las tiendas estaban aún abiertas, por lo que vimos mucha animación. Después, al salir a cenar los comercios ya habían cerrado, pero las calles se habían llenado de gente que parecía querer disfrutar de Getafe la nuit, a pesar del frío.

Al día siguiente, como en el hostal no teníamos desayuno, María y yo nos echamos a la calle al despertarnos, y buscamos un bar. Nos costó encontrar uno, pero, gracias a eso, llegamos caminando hasta la Plaza de la Constitución, siguiendo la torre del edificio del Ayuntamiento, que nos sirvió de referencia.


Desde la Plaza de la Constitución, llegamos a bajar un poco por la Calle Toledo, que también es peatonal y que tenía más tiendas. Hacía una mañana deliciosa, fría y clara, y disfrutamos mucho del paseo.

En líneas generales, tengo que decir que Getafe me sorprendió gratamente. De las localidades similares del extrarradio de Madrid no conocía más que Alcorcón y Leganés, y solamente de la primera había hablado en este blog. La percepción de Alcorcón, que quedó reflejada en el post que escribí en su día, no fue muy buena. Getafe, sin embargo, no tiene nada que ver. A lo mejor es una impresión mía sin fundamento, pero lo cierto es que Alcorcón no me gustó, y Getafe, en cambio, me ha parecido una ciudad cuidada, habitable y agradable. Tiene vida propia.

Pese a todo, en Getafe, la oferta turística propiamente dicha tiene pinta de ser inexistente. No obstante, en lo que a negocios de restauración se refiere, María y yo sí tuvimos la oportunidad de conocer cuatro, de muy diversa factura. Ninguno me defraudó.

El primero en el que estuvimos se llamaba Café El Violín, y estaba en la calle de nuestro hostal. En principio, nuestra idea fue cenar allí, pero luego vimos que solo era un bar, por lo que apenas servían de comer. Sin embargo, era pronto y decidimos tomarnos una cerveza, a modo de aperitivo, dado que el sitio parecía acogedor, estaba animado y tenía una amplia variedad de bebidas. También nos sirvieron muy bien, por lo que nos gustó. Tras el piscolabis, ya sí fuimos a quitarnos el hambre. La oferta era amplia por los alrededores, y podríamos haber optado por una opción alimenticia algo más local, pero cedimos a lo que se nos metió por los ojos, que fue una buena hamburguesa gourmet de Goiko Grill. Ni María ni yo somos demasiado carnívoros. De hecho, para cenar nos acabamos pidiendo una Edamami, ella, y una Guaca-Chicken, yo, es decir, María se tomó una hamburguesa vegetariana y yo otra de pollo al grill con guacamole. No eran hamburguesas de verdad, por tanto. No obstante, el rollo de los burguers de calidad sí nos mola, por el ambiente y por todo lo que acompaña a la carne. Además, aunque Goiko es una franquicia, no es un Mc'Donalds, precisamente. Yo conocía uno de los tres que hay en Sevilla, y el de Getafe me encantó igualmente, por la atmósfera, por el trato y, por supuesto, por la comida.

El sábado por la mañana teníamos que desayunar en un bar, como he comentado, y al final acabamos en uno que tenía reminiscencias andaluzas. Se llamaba Bar La Puente. En él, las camareras eran sudamericanas, pero la dueña era, seguro, de Puente Genil. Lo supimos por la decoración, que estaba dedicada a este pueblo cordobés. Aparte, tras ver los carteles y los cuadros que había en las paredes del local, nos dimos cuenta de que el nombre del negocio también hacía referencia al origen de, supongo, la propietaria (entiendo que lo de La Puente está relacionado con la manera como se la conoce en Getafe). Con independencia de esto, yo pedí un café y una tostada con tomate triturado, y me pusieron lo que se ve en la foto inferior.


Lo del brick me pareció entrañable. Los zumos de naranja de bote están regulín, pero me gustó tanto el detalle, que ese me lo tomé con gusto. María, por su parte, fiel al estilo intrépido y curioso que la caracteriza, decidió aculturarse y pidió un pincho de tortilla con un café. Este último fue normal, pero el pincho resultó ser 1/4 de tortilla de papas de tres dedos de grosor, acompañado de una pieza entera de pan. Dadas las dimensiones de todo aquello, yo también pude probar el típico desayuno Madrid style.

El sábado a mitad de la mañana nos fuimos a Madrid y ya no retornamos a Getafe hasta el domingo a mediodía. El plan inicial implicaba volver temprano, para que yo corriera, pero como no lo hice, apuramos más en la capital. A pesar de esto, teníamos que regresar a Getafe a por el coche y decidimos almorzar allí. A María se le apeteció comer en un restaurante japonés que habíamos visto el día anterior, llamado Jusco Sushi, y yo accedí. A mí, los japos me encantan, pero este era del tipo buffet libre a la carta, y esa clase de negocios all you can eat no me gustan, porque me da la sensación de que están hechos para que te cebes, a base de comida de derrumbe. No obstante, optamos por el japonés, y no me arrepentí. Barato no era, pero pude devorar deliciosos sushis y sashimis a discreción, sin que el exceso me sentara mal. De nuevo, el ambiente, el servicio, las viandas y el emplazamiento fueron sobresalientes.


En definitiva, Getafe es un lugar un tanto extraño para ir a curiosear, pero yo voy a tener que volver. No es ningún secreto que es complicado ir allí, si uno no tiene una excusa concreta. Sin embargo, yo sí tengo una cosa específica que llevar a cabo, que es por la que he ido esta vez. En efecto, la razón de ser de la visita del pasado finde era participar en la Media Maratón Ciudad de Getafe, en circunstancias normales lo habría hecho y mis motivos para regresar se habrían agotado, pero, dado que finalmente no pude correr, no me va a quedar otra que maquinar un viaje de retorno. No se cuando será, eso sí, pero, cuando sea, podré profundizar en los atractivos de Getafe, una localidad que ha resultado ser agradable en todos los sentidos.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado GETAFE.
% de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Comunidad de Madrid: 26'9%.
% de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 36%.


20 de febrero de 2020

ESPARTINAS 2020

En 2018 escribí un post sobre Espartinas con motivo de la visita que hice a Bodegas Loreto y quedé pendiente de escribir otro un poco más extenso en el que hablara de sus demás lugares de interés. En aquella ocasión ya relaté con brevedad como fue la evolución urbanística espartinera, por lo que no me voy a repetir sobre ese particular e iré al grano, haciendo un rápido repaso de lo que puede llamar la atención en la localidad. Para refrescar la memoria, relativo al tema del desarrollo de Espartinas solo diré que este era a principio de los años 90 del siglo XX un pequeño pueblo que se vertebraba a partir de la carretera que une las ciudades de Sevilla y Huelva, la cual atraviesa el casco urbano. La época del boom del ladrillo hizo que se quintuplicara el número de habitantes del municipio gracias a la proliferación de adosados, lo cual ha tenido dos consecuencias: la primera es que el núcleo tradicional de Espartinas en la actualidad apenas se distingue. Lo que queda se concentra en la parte central de la travesía de la A-8076 (antigua N-431), a la que se asoma la iglesia, y en la zona de casas que esta tiene a su espalda.


La segunda consecuencia es que Espartinas, según datos de 2016, es el segundo municipio con más renta per cápita de Andalucía y el 66 de España.

Teniendo en cuenta lo dicho, cuando uno decide recorrer Espartinas con la idea de identificar sus sitios más destacados ha de tener en cuenta que no va a ver demasiados rincones pintorescos, en el sentido estricto de la palabra, pero que tampoco se va a encontrar zonas sórdidas. A este respecto, desde un punto de vista general he de decir que Espartinas me decepcionó el otro día, porque lo vi muy sucio y descuidado. Su PIB es el segundo más alto de la comunidad autónoma y tengo información de primera mano que me confirma que los vecinos pagan cada año un IBI brutal, por lo que no entiendo que los barrenderos brillen por su ausencia y que haya tantos rincones y plazas que pidan un manguerazo a gritos. Pese a esto, hay que decir también que a nivel global Espartinas es un pueblo impersonal, pero muy amable, no hay pisos y el desarrollo urbano no provocó la aparición de barrios atosigantes, sino que el entramado de calles da sensación de amplitud y sosiego. Hay muchos adosados, pero en una mañana de buen tiempo como la que disfruté el pasado viernes dar un paseo por allí es muy agradable.


Hecha la presentación general, voy a hablar a continuación de los lugares más relevantes de la población. La parte más céntrica del mismo no es demasiado bonita, como he dicho arriba lo que queda de la Espartinas antigua se reduce a un trozo de travesía y a la zona que tiene la misma en uno de sus lados. Lo que sucede es que ese sector tradicional tampoco tiene pinta de datar de épocas demasiado pretéritas, de hecho las casas tienen el aspecto típico de las viviendas populares de principios del siglo XX de los pueblos andaluces, que con sus zócalos de ladrillo o terrazo, sus fachadas simples y sus tejados aterrazados apenas si ofrecen algo de atractivo.



En ese sector los dos puntos más importantes son la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en la cual no pude entrar, y la Plaza de la Cruz, que es el principal ensanchamiento de la travesía y que resulta agradable, aunque ya digo que estaba un poco sucia, pese a que en la foto haya evitado reflejar esa circunstancia.


El desarrollo del casco urbano está jerarquizado por la mencionada travesía, que recibió hasta el 2000 el nombre de Avenida de José Antonio Primo de Rivera. Ese año se modernizó un poco la denominación y pasó a llamarse Avenida Alcaldesa María Regla Jiménez, en honor a la regidora municipal que gobernó Espartinas desde 1983 a 2003 sin que nadie fuera capaz de quitarle la mayoría absoluta. Regla Jiménez era conocida por sus simpatías hacia el régimen preconstitucional español, pero durante dos décadas nadie le tosió, hasta el punto de que murió siendo alcaldesa.

Hacia el norte de esa travesía la localidad ha crecido, pero poco. El meollo se extendió principalmente hacia el sur, que es donde se alza la Hacienda San Rafael. A su alrededor se proyectó la que, en la actualidad, es la principal zona de servicios del pueblo. Junto a ella, en una enorme explanada acondicionada se ha situado el Ayuntamiento. Dicha explanada se halla dividida en dos y es atractiva por su amplitud, aunque de nuevo la recordaba menos descuidada.


Una de sus mitades está enlosetada y se llama Plaza del Ejército Español del Aire, porque en ella se ubica el Monumento al T-33. Viendo la foto que he puesto abajo huelga decir por qué se llama así el monumento y la plaza.


Sobre la razón de ser de la presencia ahí de ese avión hablaré más adelante.

La otra mitad de la gran plaza de denomina Plaza Nuestra Señora del Rocío, en ella los parterres con vegetación son más grandes que en la otra parte y es donde se sitúa el edificio del Ayuntamiento.


Frente a esta enorme zona de plazas se encuentra la entrada a la citada Hacienda San Rafael, que durante parte del siglo XX ejerció de convento de religiosas franciscanas y que, tras ser adquirida por el Ayuntamiento, ha sido convertida en un centro cultural que recibe el nombre de Casa de las Monjas.


Espartinas, como buen pueblo aljarafeño que es, tenía en su término varias haciendas, esta era una de ellas y se ha acondicionado para acoger diversas dependencias municipales y también culturales (allí hay una biblioteca, salas de estudio, aulas, espacios con ordenadores,...). Es un edificio muy bonito y, este sí, está muy arreglado y cuidado.




El centro ya no tiene mucha más historia. Más al sur de la Plaza Nuestra Señora del Rocío hay cientos de adosados que han transformado Espartinas en una ciudad dormitorio. Hacia el oeste hay más, siendo esta parte más interesante, dentro de la monotonía que suele caracterizar las barriadas de calles cuadriculadas y viviendas unifamiliares. En efecto, hacia el sur no hay nada que merezca la pena, pero al oeste de la población hay una zona que se ha convertido en el segundo foco de actividad espartinera y, aparte, en el límite mismo del casco urbano. En su extremo está el edificio más emblemático del pueblo, que en realidad son dos que se encuentran pegados. Uno de ellos es la Hacienda Loreto, donde se ubican las Bodegas Loreto de las que ya hablé en el post de 2018. El otro, que está anexo, es el Convento de Loreto, que es lo que vi el pasado viernes. Hace años ese conjunto se hallaba aislado y hoy día aún da al campo por tres de sus lados, pero por el cuarto los chalés han llegado hasta él, hecho que no le resta encanto.



Ninguna visita a Espartinas estará completa si no se ha visto el Convento de Loreto. Yo me fui para allá después de asegurarme de que iba a poder entrar, pese a lo cual al llegar me lo encontré cerrado. En un primer momento me dio palo llamar, pero resultó que coincidí con un grupo del Aula de la Experiencia que acababa de desembarcar allí para conocer el santuario (el Aula de la Experiencia es un programa de desarrollo cultural que la Universidad de Sevilla ofrece a los mayores de 50 años), ellos entraron y yo aproveché la coyuntura para hablar con el fraile responsable, que me indicó muy amablemente que yo también podía acceder. En consecuencia, pude deambular durante un rato por el interior del monasterio.


El Convento está muy bien conservado, en él viven 13 frailes franciscanos y se compone de una iglesia, un par de claustros de dos plantas a los que dan varias dependencias y un patio, que se acondicionó en 1982 junto a una torre de origen árabe que lleva ahí desde la Edad Media (a uno de sus lados se construyeron las instalaciones de la bodega y al otro las conventuales, de manera que ha quedado rodeada de edificaciones).


El primer claustro, llamado El Mudejar, es de 1526, fecha en la que se fundó el monasterio.


El segundo claustro, alrededor del cual vive actualmente la comunidad, está lleno de vegetación bien cuidada y flores, tiene un aspecto muy vistoso y data del siglo XVIII.



A este segundo claustro se asoman dos estancias que se han habilitado como un museo. El fraile que estaba acompañando la visita dijo que eran "la parte más importante del Convento", yo no soy muy aficionado al arte sacro, como bien es sabido, por lo que no suelo verle la gracia a ese tipo de exposiciones repletas de cuadros anónimos y de piezas de orfebrería religiosa, pero no cabe duda de que lo que allí se exhibe se ha colocado con mucho mimo y, además, en esta ocasión me vi sorprendido por la presencia en una vitrina de varios incunables muy bien conservados que, sin duda, elevaron el interés de la muestra.


Por su parte, al primer claustro da la Iglesia, que se erigió también en el siglo XVIII sobre los cimientos de otra del siglo anterior que, a su vez, se había levantado para sustituir a una capilla de 1525.


Hay que decir que este templo tiene en mi vida una importancia capital, ya que en él se casaron mis padres el 11 de septiembre de 1976. El por qué de la elección de ese lugar para la ceremonia no va más allá de la mera casualidad, porque mis padres no tenían ninguna relación con la zona, ni tampoco ninguno de mis abuelos, que no vinieron a vivir a Sevilla hasta bien entrada la edad adulta. Pese a esto, alguien les habló de que el Convento era bonito, por lo que mis padres contrajeron matrimonio en la Iglesia y celebraron el convite en el claustro principal (realmente el cenobio es precioso y lo debía ser aún más hace casi 44 años, cuando estaba en mitad del campo).


El destino me convirtió en 2008 en vecino de Villanueva del Ariscal, que está junto a Espartinas. De hecho, muy cerca de mi casa parte un camino que lleva directo al Convento, por lo que estoy apenas a diez minutos corriendo y paso por delante de él muy a menudo.


Para terminar, me voy a referir a Tablantes, la antes mencionada zona que ejerce de segundo foco de actividad en Espartinas. Tablantes es realmente otra hacienda que queda un poco más allá y que no ha llegado, por poco, a verse rodeada de adosados, la crisis y el final del boom urbanístico llegaron justo cuando se estaba iniciando el acondicionamiento de sus alrededores para la construcción de viviendas y eso provocó que no se acabara de hacer nada y que en su perímetro lo que aún haya sean olivos. Pese a esto, toda la parte que tiene al norte sí se urbanizó por completo y se levantaron, además de muchas casas, una plaza de toros, el campo de fútbol del Espartinas C. F. y un polideportivo cubierto llamado Pabellón Municipal de Deportes Rey Juan Carlos I. Allí está también la explanada donde cada mes de septiembre se monta la feria.


La razón de dedicarle ahora otro artículo en el blog a Espartinas se debe al hecho de que el pasado sábado Ana disputó en el citado pabellón un partido de voleibol, ella juega en los alevines del equipo de Villanueva del Ariscal y en el marco de la presente edición de los Juegos Deportivos Municipales le tocó ir con sus compis a nuestro pueblo vecino a jugar contra el conjunto local. En realidad la liga comenzó el 18 de enero y yo aún no había podido ir a verla por motivos laborales, pero el sábado hice encaje de bolillos y conseguí librar, por lo que pude ir al partido. Dado que ese día iba a entrar en el Pabellón y que me iba a pasear por Tablantes, y aprovechando que el viernes no empezaba a currar hasta las dos y que tenía que llevar a reparar el ordenador portátil (lo llevo a un negocio que está, precisamente, en Tablantes), decidí dedicar la mañana del viernes a dar una vuelta por Espartinas, con la idea de juntar esa jornada a la del sábado y reunir así suficiente material para el post. De lo que saqué en claro el viernes ya he hablado, ahora voy a finalizar con lo que hice el sábado, que estuvo centrado casi por completo en los alrededores del Pabellón.


En Tablantes el enclave que atrae la atención por encima de todo, más allá de la propia Hacienda, que está un poco apartada, es la Plaza de Toros. En Espartinas nació Juan Antonio Ruiz Espartaco, un célebre matador de toros que fue el número uno del escalafón taurino en 1982 y de 1985 a 1991. En esos años fue el torero top, yo solo puedo hablar de oídas de su talento en los ruedos, pero sí se que fue durante tres lustros una de las figuras más mediáticas del toreo. No es de extrañar, por tanto, que tenga una Estatua delante de la plaza de toros.


Lo de la estatua es normal, lo de la infrautilizada plaza quizás no, ya que por lo visto está por dentro en un estado algo destartalado, dado que se construyó en plan un tanto faraónico en 2005, en los años de derroche económico (en aquella época se proyectó una plaza con 5.000 asientos en un pueblo de 9.000 habitantes) y, pese a que ha albergado grandes eventos, se usa de higos a brevas y está muy dejada.

Otra imagen totalmente distinta es la que da el Pabellón Municipal de Deportes Rey Juan Carlos I, que fue inaugurado en 2014 y que me consta que se usa mucho. Yo nunca había entrado en él hasta el sábado, cuando pude ver que está genial. Ana disputó su partido ahí y aunque esta vez no le fue muy bien a su equipo (perdieron 25-4 y 25-3), sí pudimos comprobar que desde las cómodas gradas la visibilidad es perfecta.


Yo además tuve la oportunidad de bajar a la pista y constaté que todo está muy bien mantenido.


En Tablantes también está El Espartal, un centro comercial abierto donde hay un buen número de bares y restaurantes, así como negocios de otro tipo.


Yo he ido allí con cierta frecuencia, dado que esa parte del pueblo es la que queda más cerca de Villanueva y me resulta muy cómoda. En esta ocasión echamos un rato en la Cervecería El Gordito, ya que se me ocurrió ir al partido de Ana en el autobús del equipo (el trayecto no fue ni de cinco minutos, pero siempre ponen autobús), con la cosa de que en ese vehículo iban las alevines y las cadetes, que jugaban su partido a continuación del de Ana. Yo vi el partido de alevines, pero después tenía que regresar a Villanueva en el bus ejerciendo aún de padre acompañante, por lo que tuve que esperar a que acabara el partido de las mayores. Lo que pasa es que a Julia le entró hambre, no llevaba nada y nos acercamos a El Espartal a tomar algo mientras hacíamos tiempo. Eran las 12 de la mañana y no conseguí tomar café en el único sitio de desayunos que hay allí, que ya estaba cerrando. En El Gordito, que no es más que el típico bar de batalla, tampoco tenían café, pero al menos acababan de abrir, así que Julia se tomó un montadito y yo un refresco.


Es de destacar, a otro nivel, que en la zona de Tablantes vivió el célebre cantaor y actor Juanito Valderrama (si digo que es célebre es porque yo, que soy por lo general un ignorante en todo lo relacionado con el flamenco, la copla y su mundo, se perfectamente quién es). Valderrama era jiennense, pero residió hasta su muerte en Espartinas, donde en su honor erigieron una Estatua en 2006, no muy lejos de la de Espartaco.


La Calle Juanito Valderrama también está muy cerca, aunque no he podido averiguar si en ella es donde vivió el artista.

En Espartinas probablemente el lugar más afamado para comer sea Casa Pedro, por lo que el sábado tras el partido de Ana fuimos allí a almorzar. Se trata de una bodega fundada a finales de los años 50 del pasado siglo, que da a la travesía y a la ya mencionada Plaza de la Cruz.


Yo solo había estado allí una vez en 2012 y no lo recordaba muy bien, pero había leído que su menudo es excepcional, por lo que no me quedaba otra que ir y probarlo, a pesar de que no soy muy carnívoro y de que lo de la casquería casi que me supera (menudo es el nombre que reciben los callos hechos a la manera del oeste de Andalucía, es decir, es el estómago del cerdo guisado con pimentón). Aún así, le eché valor y me pedí media ración...


En mi opinión estaban buenísimos. Allí, de igual modo, es una especialidad la caldereta, por lo que fue otro plato que pedimos. En este caso, sin estar ni mucho menos mala, calderetas las he tomado mejores, pero de todas formas el rato que echamos en el patio interior que tiene Casa Pedro fue una gozada, yo repetiré, porque es de esos sitios donde puedes tomarte unas raciones y unas cañas en un emplazamiento agradable, disfrutando del benévolo clima que solemos tener en Sevilla, con toda la calma del mundo y a un precio ajustado.

No quiero terminar sin hacer referencia a la razón de que en la Plaza del Ejército Español del Aire haya un avión. Lo he dejado para el final, porque en uno de los extremos de Tablantes, justo en la rotonda que cojo yo a diario para tirar para Villanueva, hay otro elemento relacionado con la aviación. Se trata de la hélice de un T-12.


Esa rotonda se denomina Rotonda de Tablada y Tablada es un acuartelamiento aéreo que hay en Sevilla, por lo que pica ya a la curiosidad el por qué de esa relación tan aparentemente estrecha entre Espartinas y el Ejército del Aire español. La razón que yo le encuentro a la misma es que la Virgen de Loreto es la patrona de la aviación y de las Fuerzas Aéreas, pero también del Aljarafe sevillano y de Espartinas. Por ello, ha hecho de nexo de unión entre la localidad y el Ejército, y, dado que la devoción a la Virgen de Loreto es de las más arraigadas de Andalucía y que su epicentro está en el Convento de Loreto, dado asimismo que entre un sector de los militares es el referente devocional y dado, por último, que Espartinas se ha caracterizado durante años por ser un bastión de la derecha, justo en la zona en la que la solidez del PSOE es casi monolítica, no es de extrañar que en el pasado las autoridades locales hayan fomentado el acercamiento entre el pueblo y las Fuerzas Armadas, siendo esa la razón de que encontremos allí esos homenajes tan llamativos.

Por lo que a mi respecta, Espartinas es toda una referencia y he intentado reflejar el hecho de que,  aunque pueda no parecerlo, tiene sus atractivos.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado ESPARTINAS.
En 2008 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 42'8% (hoy día 62'9%).
En 2008 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 13'7% (hoy día 20'6%).