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19 de diciembre de 2023

MEDIA MARATÓN SEVILLA-LOS PALACIOS 2023

La Media Maratón Sevilla-Los Palacios y Villafranca ya es la carrera que más veces he terminado en mi vida. En total, he traspasado once veces la meta de la Decana de Andalucía. No está mal. En concreto, he corrido las ediciones 23, 25, 26, 27, 29, 31, 34, 35, 40, 43 y, desde el pasado domingo, también la 44.

Queda claro que la Media Maratón Sevilla-Los Palacios es una de mis carreras favoritas. El hecho de que sea una de las medias más antiguas de España ayuda a que me guste, sin duda. En Andalucía, es algo tan aceptado que es la media maratón más veterana de la comunidad autónoma, que esa circunstancia hasta aparece escrita en los carteles oficiales de la prueba, como se puede ver. 


Yo, en el post que escribí en 2018, cuando participé en la 40ª edición, hice un repaso de las medias más veteranas de España, y dije que no se celebra en territorio andaluz ninguna que remonte tanto sus orígenes como la clásica palaciega. Sin embargo, hace poco he visto que en Baza se enorgullecen de haber celebrado, el pasado mes de marzo, la 46ª edición de su media maratón. De repente, ha surgido en Andalucía una carrera de 21.097 metros más vetusta. El truco, creo yo, está en el hecho de que en el pueblo granadino consideran que la actual Media Maratón de Baza y la precedente Carrera de Fondo Ciudad de Baza son la misma prueba. En 2010, esta última ya constaba de 21 kilómetros, pero parece que, durante años, no se pretendió ajustar su distancia a los parámetros exactos de una media maratón.


Todo apunta a que la cita bastetana no nació como una media maratón, aunque ahora sus organizadores la hayan equiparado, e incluso hayan adaptado el nombre. Por eso, no creo que sea casualidad que, de manera paralela al cambio de denominación de la carrera de Baza, en Los Palacios y Villafranca hayan empezado a reivindicarse, llamando a su media, de manera explícita, la Decana de Andalucía.  

Sea como fuere, lo que está claro es que la Media Maratón Sevilla-Los Palacios y Villafranca es una de las más importantes de España. La primera prueba de esto es su mencionada veteranía. La segunda es que se coincide en ella con bastantes atletas de otros lugares de nuestro país. También destaca por su alta participación, aunque esta haya ido bajando, al menos en las ediciones a las que yo he asistido. En este sentido, en 2001, cuando debuté, terminamos la carrera 2.004 personas, y la cifra de finishers no paró de crecer hasta alcanzar su cénit, en 2013, coincidiendo con el boom del atletismo popular. Ese año, atravesaron la meta de Los Palacios 3.040 corredores. Sin embargo, un lustro después, en 2018, cuando todavía no se le podía echar la culpa a la pandemia, la cifra ya se había reducido a 1.652 almas, y en 2022 se tocó fondo, dado que solo acabaron 1.436 runners. Este 2023 lo han logrado 1.549. Ojalá la cita vaya recuperando brío poco a poco.

Por lo que a mí respecta, la verdad es que esta edición no pasará a estar escrita con letras de oro en mi pequeña historia personal, salvo por el hecho de que cumplí con el objetivo de superar las diez participaciones en la carrera. 


Por lo demás, mi participación en la edición de este año acabo viniendo a contrapelo, y eso hizo que todo me terminara importunando un poco. En principio, tenía ganas de competir, pero estaba a la expectativa de que saliera la fecha de un ejercicio de oposición que tengo que hacer, y en el que me juego mucho. Cuando me apunté a la carrera de Los Palacios, aún no tenía ni idea de cuando me iba a examinar. Tras esperar bastantes meses, finalmente la citada fecha se hizo pública el pasado 1 de diciembre. La importante prueba será el 20 de enero. No falta tanto, y las Navidades están por medio, con su infinidad de líos ineludibles, por lo que empecé la cuenta atrás del examen justo en el momento en el que me enteré del día exacto de su celebración. En consecuencia, me he metido ya de lleno en el papel de opositor, y el otro día me sentó como un tiro dedicarle la mañana entera a correr.

Está claro que, dado que no me venía bien competir, podría haber renunciado a participar, pero, una vez que estaba apuntado, también me daba coraje cambiar los planes, por lo que decidí seguir con lo que había previsto. Pese a esto, la verdad es que iba con pocas ganas de movidas, y en la Media Maratón Sevilla-Los Palacios tuve que afrontar unas cuantas. La primera fue la de ir hasta Los Palacios y Villafranca, que es un pueblo que queda a 45 minutos de mi casa, pero la más importante resultó ser la de tener que esperar en la salida una hora y pico, como siempre he tenido que hacer cuando he hecho uso del autobús que lleva hasta ella, desde el lugar junto al que se deja el coche, cerca de la meta. Hay que decir que el servicio de lanzaderas funciona a la perfección, pero no se puede negar que te suelta muy temprano en el punto de partida. Este 2023, incluso me metí en un bar a tomarme un café y media tostada, pero, aun así, la espera se me hizo larga y pesada. Es curioso, porque otros años he disfrutado del ambiente, de la charla con algún compañero, de la tranquilidad de vivir los prolegómenos sin estrés, así como del frescor mañanero invernal, pero, en esta ocasión, más bien me incordió pasar frio y estar tanto rato de pie, o sentado en un bordillo. No tenía ganas de hablar con nadie, y, en definitiva, me llegué a preguntar qué hacía allí perdiendo el tiempo, en lugar de estar aprovechando la mañana para estudiar.

Luego, lo cierto es que me vine arriba, porque llegaba en buen estado y había tratado de cuidar los detalles, para hacer un buen papel. De hecho, la carrera no empezó mal. En efecto, los dos kilómetros iniciales los hice a 4:23, y los tres siguientes apenas si bajé el ritmo unos segundos. Durante un buen rato, mantuve las buenas piernas y la sensación de fuerza. Al final, se me habían avivado las ganas de conseguir mi objetivo, que no era otro que bajar de 1h35. No obstante, los primeros toboganes y la tremenda cuesta del kilómetro 7 me obligaron a aflojar un poco el paso. Cuando marqué 44:52 en el kilómetro 10, ya supe que lo de lograr una media global de 4:29 iba a estar difícil.



Al poco de cruzar el ecuador de la media maratón me superó la liebre de 1h35. Tras mi mala experiencia con el práctico, el pasado año en esta carrera, tuve la tentación de no echarle demasiada cuenta, pero, por el paso que yo llevaba, intuí que, esta vez, el de la banderola de 1h35 iba bien. Al principio intenté seguirle, pero se marchó pronto. No obstante, no lo perdí de vista hasta mucho después, lo que, en el fondo, me animó. En efecto, en los kilómetros que transcurrieron desde el 10 al 18, que fueron los más duros, porque estaban plagados de toboganes, lo fui viendo a lo lejos. Hubo un momento, incluso, en el que me pareció que le recortaba terreno. Fue un espejismo... o no, no lo se, pero lo que está claro es que al adentrarnos en las calles de Los Palacios dejé de tenerlo controlado, en parte porque no logré avivar mi ritmo. Es raro, porque en los kilómetros finales no me sentí mal, y me dio la sensación de ir rápido, pero no fue así. Los últimos 2.097 metros los hice a 4:40, a pesar de que apreté, en teoría. En 2022 hice el postrero mil en 4:17, pero en este 2023 no hubo cambio de marcha para rematar. Mi impresión general es que me vacié, pero pienso que, de no haber estado con la cabeza en otro sitio, cosa que noté en varios tramos del recorrido, habría llegado al kilómetro 19 algo menos justo, y, sobre todo, habría sido capaz de bajar, como mínimo, de 1h36, acelerando de verdad en el kilómetro definitivo.
 

No importa. Pese a lo dicho, lo que logré no está mal, la verdad. Con 46 tacos, en un día en el que no se puede decir que estuviera rebosante de motivación, terminé en 1h36:21. Curiosamente, es justo la misma marca que hice en 2013, en este mismo evento. Meses después de aquello, volví a acabar una media en 1h28. Es cierto que han transcurrido diez años, y no han pasado en balde. Ese nivel ya no lo voy a recuperar, es obvio, pero tampoco está claro que no pueda mejorar aún un par de minutitos, o tres, la marca del otro día. De momento, toca seguir corriendo solo como terapia anti estrés, hasta que haga el examen el 20 de enero. Luego, tiempo habrá de buscar objetivos atléticos motivantes para la primavera.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 247.
% del Total de Carreras a completar: 24'6%.

Reto Atlético 102 MEDIAS
Medias Maratones completadas: 43.
% del Total de Medias Maratones a completar: 42'2%.

Reto MEDIAS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Media Maratón en la PROVINCIA DE SEVILLA.
En 2001 (año de la primera Media corrida en la Provincia de Sevilla), % de Provincias en las que había corrido una Media: 1'8% (hoy día 24'5%).

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en LOS PALACIOS Y VILLAFRANCA.
En 2001 (año de la primera carrera corrida en Los Palacios y Villafranca), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 2'8% (hoy día 37'1%).

Reto PRINCIPALES CARRERAS DE ESPAÑA
Completada MEDIA MARATÓN SEVILLA LOS PALACIOS.
En 2001 (año de la primera Media Maratón Sevilla-Los Palacios), % de Principales Carreras de España que había corrido: 2'3% (hoy día 27'9%).


25 de diciembre de 2022

MEDIA MARATÓN SEVILLA-LOS PALACIOS 2022

Por décima vez, enfilé la Avenida de Sevilla de Los Palacios y Villafranca con el corazón a mil por hora, y la recorrí casi entera, intentando ir lo más rápido posible hacia la meta. La diferencia con las nueve ocasiones anteriores fue que, en esta edición de la Media Maratón Sevilla-Los Palacios y Villafranca, la calle no estuvo vallada, de manera que la muchedumbre que se agolpó en ella formó un estrecho y largo pasillo humano. Solo en los últimos metros la gente se tuvo que conformar con ver a los corredores desde la barrera.


En todo caso, como digo, el pasado domingo participé por décima vez en la Media Maratón Sevilla-Los Palacios y Villafranca, que es una de las medias más antiguas de España. Este año se ha celebrado la edición 43. Ahí es nada.


La prueba se disputa, casi por completo, por carreteras interurbanas, pero sus últimos 2.500 metros, aproximadamente, ya sí se corren por las calles palaciegas, y son espectaculares. Cuando uno participa en carreras por los pueblos, es muy habitual que lo haga sin ver un alma en las aceras, sobre todo si son los domingos por la mañana. En Los Palacios y Villafranca, en cambio, los vecinos se vuelcan, y el gentío en el postrero tramo es brutal. Ese apoyo es uno de los puntos fuertes de esa media. Siempre lo ha sido, pero este año, además, resulta que permitieron, por la razón que sea, que en la infinita recta de meta los espectadores se adentraran en la calzada y formaran un multitudinario pasillo. Debido a eso, los corredores vivimos un final de los que ponen los vellos como escarpias.


Cuando corrí por última vez la Media Maratón Sevilla-Los Palacios ya escribía este blog, por lo que no me voy a repetir acerca de las cosas que conté. Solo voy a recalcar, para poner la prueba en contexto para el presente post, que el recorrido de la cita, pese a que empieza y termina en sendas zonas urbanizadas, y que no abandona el asfalto en ningún momento, discurre en su mayoría por terreno rural.


Además, también quiero añadir ahora, que el trazado, a pesar de que parece que es llano, está plagado de toboganes, que provocan que la carrera, sin ser explícitamente dura, sí acabe cascando más de lo normal. En efecto, hay dos datos demostrados, que dicen que la Media Maratón Sevilla-Los Palacios comienza en un lugar que se encuentra a 7 metros sobre nivel del mar, y que termina en otro que está a 6. Eso implica que se sube tanto como se baja. Ahí no hay trampa ni cartón. Sin embargo, al ir corriendo por la Carretera de la Isla y por la SE-9024, uno tiene la impresión de que siempre va cuesta arriba. No es así, pero lo cierto es que se hace frente a un buen puñado de rampas tendidas. Para empezar, en el primer mil se ascienden 10 metros. Se trata de una pendiente del 1%. No es una locura, pero te pilla motivado, y hay que tener cuidado, para no atacar ese desnivel en plan encendido, acelerando el desgaste. Después, la estabilidad es la nota predominante, durante la larga recta de 4 kilómetros que lleva a la SE-9024. Al tomar esta, no obstante, se inician las ondulaciones, que se desmadran en el gran repecho del kilómetro 7. Este es corto, pero es muy empinado. Lo bueno que tiene es que no engaña. Esto significa que, desde abajo, se atisba su punto álgido, que no guarda nuevas subidas detrás de ningún descansillo. De hecho, tras el brusco ascenso, la carretera se llena de árboles en sus márgenes, y tiende a descender. En consecuencia, los kilómetros 8 y 9 son bastante favorables.



Sin embargo, a partir del momento en el que se deja atrás la entrada al Parque Periurbano La Corchuela, en el kilómetro 9'5, empieza lo peor. Desde ahí, lo que queda hasta el kilómetro 17 es una interminable recta, que atraviesa un terreno pelado y ondulado. Es el tramo de los toboganes. En ellos, es donde se consuma el éxito o el fracaso en la prueba.

En el kilómetro 17, se pasa por encima de la N-IV. En ese punto, se asciende la segunda cuesta llamativa de la carrera. Subirla es la traca final al tramo complicado. Efectivamente, tras coronar el pequeño puente, este se baja, y ya no se sufre ninguna otra pendiente. Ni para arriba, ni para abajo. También se empieza a ver gente. Primero se cruza un polígono industrial muy feo, ahí todavía no hay mucha animación, pero, a partir del kilómetro 18, se penetra de lleno en el casco urbano palaciego, y comienza lo bueno. No se callejea demasiado. Los Palacios y Villafranca es un pueblo muy cuadriculado, por lo que se sigue corriendo de frente, doblando alguna esquina de 90 grados, pero poco más. En consecuencia, en el último trecho se puede volar, jaleado por las cientos de personas que salen de sus casas para animar. Es flipante. En la recta de meta, que mide unos mil metros, es donde la cosa se despendola. En ella, se crea el pasillo humano del que hablaba antes, y se avanza en volandas.

Así es la Media Maratón Sevilla-Los Palacios. Yo pienso que tiene tanto éxito, porque hay pocas carreras en las que tengas más sensación de tener que vivir una travesía en el desierto tan explícita, corriendo por un interminable sube y baja, recto y desnudo, para alcanzar una especie de paraíso, en forma de baño de masas. Todo el mundo eso es lo que recuerda. 

Por lo que a mí respecta, después de haber disputado la Media Maratón Sevilla-Los Palacios diez veces, he de decir que no creo que haya llegado mi última participación en esta carrera. El pasado fin de semana volví a disfrutar a saco del trazado, y sé que volveré a tener ganas de repetir, a pesar de que los prolegómenos de esta prueba son un poco incómodos. En efecto, como la misma empieza en un lugar y acaba en otro tan alejado, la logística es algo historiada. Pese a esto, tras más de 40 ediciones, los organizadores saben lo que hacen. Así, el domingo volví a dejar el coche bien aparcado en una calle de Los Palacios, y usé de nuevo el autobús de la modélica organización, para ir a la salida. Allí dejé las cosas en el guardarropa, y en la zona de meta me devolvieron la mochila ipso facto. No tuve ningún problema.

Por otro lado, en relación a la carrera en sí, lo cierto es que quería bajar de 1h35, como siempre, y no lo logré. Me sobraron 7 segundos. En realidad, me temía que iba a andar muy justito, y lo corroboré pronto. A lo largo de la prueba, hice bastantes parciales en torno a 4:29 y 4:30, e incluso tuve 4 kilómetros felices, en los que marqué entre 4:22 y 4:24, pero la verdad es que noté que tendía más a perder segundos, con respecto a la media final de 4:29 que quería hacer, que a ganarlos. De hecho, al acabar, mi promedio fue de 4:30. El último mil lo hice a 4:17, pero no llevaba suficiente margen, y no pude evitar terminar en 1h35:07. 

De todas formas, tengo que decir que parte de la culpa del desfase la tuvo el puñetero globito que ejercía de pacemaker. Los globos, también llamados prácticos, los ponen los organizadores de las competiciones para hacer de liebres, llevando un ritmo determinado. En mi opinión, los mismos sirven, a grandes rasgos, cuando lo ves a lo lejos, pero para afinar marcas no hacen más que estorbar. En este caso, en el kilómetro 6 miré para atrás, y vi que llevaba, a unos 30 metros, al globo que, teóricamente, aseguraba un tiempo final inferior a 1h35. Temí que me iba a adelantar, pero no lo hizo. En el transcurso de la carrera, llegué a mirar a mi espalda en otro par de ocasiones, y lo llevé siempre a una distancia similar. Pensé que esa circunstancia implicaba que estaba en condiciones de bajar de 1h35. Sin embargo, el práctico iba marcando una referencia equivocada. De hecho, como se puede ver en la foto inferior, el que lo llevaba entró a lo suyo. Para eso, se podían haber ahorrado la supuesta ayuda.


El caso es que yo fui controlando los parciales con el reloj, no llevaba la media total en mí cabeza, pero era consciente de que iba justo. Por eso, fue el globo de 1h35 el que me fue indicando que, en teoría, sí iba en disposición de bajar de ese tiempo, dado que lo llevaba detrás. Sin embargo, en realidad, lo que me fue es engañando, porque, cuando alcancé el punto kilométrico 19, vi que el crono marcaba 1h25:57 y eché una cuenta aproximada de lo que iba a señalar en la meta. Ahí me percaté de que no llegaba. Tendría que haber hecho el cálculo en el kilometro 16, a falta de 5, para tener más margen para apretar, pero me confié por culpa de la liebre. Cuando, a falta de 2.097 metros, reparé en que se me escapaba el objetivo, ya era tarde. Apreté, pero no es igual recortar 25 segundos en 5 kilómetros, que en 2. Para haber conseguido acabar en menos de 1h35, tendría que haber corrido los últimos 2.097 metros a 4:18. Logré hacerlo a 4:22, le pegué un bocado de unos segundos a la marca, pero no fueron 25, y resultó insuficiente. En consecuencia, entré en 1h35:07.

En fin, tampoco es tan grave. Acabé en el tiempo en el que acabé, y así son las cosas. En verdad, ese detalle no empaña la buena mañana que pasé. Al llegar, estuve charlando con mi cuñado Luis, que había ido a hacerle el soporte logístico a su sobrino Dani, que se estrenaba en la distancia (terminó en 1h52). A pesar del esfuerzo, me recuperé muy rápido, pude disfrutar del ambiente, vi entrar a algún que otro conocido, y, tras un rato, tiré para casa. Como he dicho arriba, desde que debuté en 2001, he corrido esta carrera diez veces, y la de este 2022 no ha sido la última.

Antes de acabar, quiero poner una foto, que me ha dejado de piedra. Se trata de la imagen que está incluida en el banner principal de la página oficial de la media maratón. Esa página lleva siendo la misma varios años, y la instantánea me sonaba, pero no me había fijado en que en ella... salgo yo.


Es cierto que salgo cortado, soy el que va de amarillo. Estoy en el centro de la imagen, tapado parcialmente por uno que va de verde, que está en primer plano. Solo se me ve una pierna y una mitad del cuerpo. No obstante, soy yo, en la edición de 2013, lo cual no deja de ser simbólico. No en vano, esta es la media en la que debuté en la distancia, y en la que he participado en un mayor número de ocasiones. Para mí, es una carrera muy especial, y esto es como un pequeño premio a la vinculación que me une a ella. En años venideros, más...


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 241.
% del Total de Carreras a completar: 24%.

Reto Atlético 102 MEDIAS
Medias Maratones completadas: 42.
% del Total de Medias Maratones a completar: 41'1%.

Reto MEDIAS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Media Maratón en la PROVINCIA DE SEVILLA.
En 2001 (año de la primera Media corrida en la Provincia de Sevilla), % de Provincias en las que había corrido una Media: 1'8% (hoy día 24'5%).

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en LOS PALACIOS Y VILLAFRANCA.
En 2001 (año de la primera carrera corrida en Los Palacios y Villafranca), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 2'8% (hoy día 37'1%).

Reto PRINCIPALES CARRERAS DE ESPAÑA
Completada MEDIA MARATÓN SEVILLA LOS PALACIOS.
En 2001 (año de la primera Media Maratón Sevilla-Los Palacios), % de Principales Carreras de España que había corrido: 2'3% (hoy día 27'9%).


30 de abril de 2022

MARATÓN DE MADRID 2022

Este post lo voy a empezar con una foto que es todo un spoiler.


Efectivamente. Acabé por quinta vez el Maratón de Madrid y el resultado de esta última participación no me pudo dejar más satisfecho. No voy a desvelar todavía el resultado final de la carrera. Antes, me voy a enrollar un poco, que es lo que me divierte.

Como digo, cinco han sido las veces que he cruzado la meta del Maratón de Madrid. En las dos primeras ocasiones, acaecidas en 2003 y en 2005, todavía se le podía llamar MAPOMA. Por aquel entonces, la prueba reina de la capital de España se denominaba oficialmente Maratón Popular de Madrid, por lo que era común designarla con el acrónimo comentado.


Después, regresé a Madrid a correr su maratón en 2007 y en 2010. En esos años, la prueba ya era denominada Maratón de Madrid, a secas. El adjetivo popular lo habían quitado del nombre, intentando, supongo, darle a la carrera una cierto aire de profesionalidad y de elitismo.


Desde entonces, yo no había vuelto. No obstante, en 2012 me enteré de que la cita había empezado a llamarse Rock 'n' Roll Madrid Maratón. La misma siempre había estado organizada por la Asociación Deportiva Mapoma, pero, desde ese 2012, la empresa estadounidense World Triathlon Corporation pasó a tener algo que decir en la puesta en marcha de la carrera. Esa sociedad, aparte de organizar los triatlones Ironman, había creado otra marca, denominada Rock 'n' Roll Marathon, con la que se dedicaba a participar en el desarrollo de maratones por todo el mundo, los cuales eran bautizados con el apelativo rockero. Por tanto, la implicación de World Triathlon Corporation en el Maratón de Madrid trajo consigo el cambio de nombre de este. Más recientemente, esta compañía ha variado un poco la mencionada marca, y ahora llama a sus eventos Rock 'n' Roll Running Series.


Para acabar de complicar el tema de la denominación de la carrera, en 2015 EDP empezó a patrocinarla, por lo que también empezó a formar parte del nombre, que fue hasta 2020 EDP Rock 'n' Roll Madrid Maratón, y desde 2021 EDP Rock 'n' Roll Running Series Madrid distancia Maratón (ahí es nada). Este 2022 se ha llamado casi igual. La diferencia ha sido que la aseguradora Zurich ha sustituido a EDP como principal patrocinador del evento, por lo que el galimatías de la designación ha sido definitivo (EDP es una empresa de producción de energía eléctrica y Zurich es una compañía aseguradora, pero además es una ciudad, por lo que lo de Zurich Rock 'n' Roll Running Series Madrid distancia Maratón ya no hay por donde cogerlo. Menos mal que, para entendernos, el común de los mortales denominamos a la prueba Maratón de Madrid o, todo lo más, Rock 'n' roll Madrid Maratón).

El caso es que mi idilio con la cita maratoniana madrileña, se llame como se llame, viene de lejos. Como he dicho, la acabé en 2003, 2005, 2007 y 2010. Además, me retiré en el kilómetro 5 de la edición de 2004. Desde hace doce años no había vuelto. Nunca dije que no fuera a regresar más, aunque no hay duda de que las probabilidades eran escasas, en primer lugar porque es un maratón muy duro, y en segundo porque las circunstancias han cambiado para mí, desde 2010. Ahora me cuesta, tanto o más, ir al Maratón de Madrid, que ir a muchos otros. Lo cierto es que, durante un tiempo, lo tuve fácil para organizar escapadas a la capital, dado que, entre verano de 2003 y finales de 2006, mi hermana Inés vivió allí. Por consiguiente, para disputar el MAPOMA en 2004 y 2005 apenas tuve que preocuparme por la logística, ni por el presupuesto. Esas dos veces me metí en su casa casi sin preguntar. Con respecto a 2003, ese año, el que era su novio en aquella época vivía en Villaviciosa de Odón, por lo que tampoco tuve que comerme el coco. Yo lo conocía bien y la confianza da asco, por lo que me instalé en su salón dos noches y santas pascuas. Cuatro años después, en 2007, mi hermana estaba de vuelta en Sevilla, pero conservaba frescas muchas amistades madrileñas. No recuerdo como surgió el tema, pero en aquella ocasión dormí en casa de su amigo Carmelo. Por último, en 2010 era yo el que tenía a un amigo de confianza viviendo a dos pasos del Parque del Retiro. Él iba a participar también en la carrera y me encalomé en su casa, sin que pasara nada. Desde entonces, no obstante, las facilidades para plantarme en Madrid para correr han desparecido. En parte, por eso, desde 2010 no había tenido demasiadas intenciones de volver al maratón del oso y el madroño... hasta ahora. Está claro que no había cerrado la puerta por completo. Este 2022, tras el bache de la pandemia, no andaba muy motivado con la idea de pelear mi maratón número 21. Sin embargo, tras las Navidades se me encendió la llamita, y en vez de intentar apagarla, decidí echarle gasolina. Para el Maratón de Sevilla no llegaba, pero ¿y volver a Madrid? Mecachis. Se me vino la idea a la mente, como un fogonazo, y ya no logré sacármela de la cabeza. Parecía el momento de quitarme el sabor agridulce que me habían dejado las ediciones de 2007 y 2010. El de 2007 fue uno de los peores maratones de mi vida (paré el crono en 4h02:51), y el de 2010 lo culminé en 3h43:09, mecho mejor, pero me golpeé más fuerte que nunca contra el muro, y terminé totalmente desfondado. Esas dos eran mis ultimas experiencias en el Maratón de Madrid, y me había quedado con el regustillo amargo de ese infernal maratón de 2007, y de los últimos kilómetros de la cita de 2010. Por ello, cuando decidí regresar, este 2022, lo hice tras haberme comprometido a darlo todo para correr en condiciones. Finalmente, he acabado en 3h39:07. Ni siquiera ha sido mi mejor marca en Madrid, pero, aun así, he corrido de maravilla. Ha sido uno de los maratones mejor competidos de mi vida, como ahora desgranaré. 


Antes de entrar en detalles, voy a hablar con brevedad de mis anteriores maratones en Madrid. He estado tentado de contar más extensamente como fueron. La verdad es que todos tienen sus historias y sus anécdotas. Sin embargo, no quiero extenderme demasiado. Cada una de las cuatro participaciones que llegaron a buen puerto, y la que no lo hizo, darían para un largo post cada una. No puede ser. Por ello, solo voy a escribir un resumen sobre mis experiencias pasadas, sin extenderme más. 

El primer Maratón de Madrid que corrí, en 2003, ya dio que hablar, porque perdí un cuarto de hora en un wáter. Años después, me pasó lo mismo en Berlín, pero en Madrid la situación fue mucho más extrema. Para empezar, descansé menos de la cuenta los dos días antes, pero es que, además, iba estreñido, me alimenté de pena... y hasta ahí puedo contar, sin ponerme escatológico (fue mi segundo maratón y acabé, finalmente, en 4h12:53. Esa marca sigue siendo la peor de mi historial). 

En la cita de 2004 me tuve que retirar por una lesión de rodilla en el kilómetro 5. Nunca sabré lo que me pasó, porque no había tenido ningún tipo de problema, entrenando en las semanas anteriores. En la carrera tampoco eché a correr como un caballo desbocado. Más bien al contrario, en esa ocasión me puse mal en la salida y empecé al trote cochinero. En el kilómetro 2 noté molestias en la rodilla izquierda, en el 3 se habían convertido en fuertes punzadas, en el 4 ya no podía con el dolor que sentía, y, aun así, llegué hasta el 5, forzando en plan salvaje, con la esperanza de que el fisio que había allí pudiera hacer algo. El chico lo intentó, pero no era mago, y mi dolor al trotar era insoportable. Esa mañana creo que fui el primer atleta que abandonó. No obstante, al año siguiente regresé. Lo hice después de la citada retirada de 2004, en Madrid, y de la que sufrí en Sevilla en febrero de 2005. En maratones, solo me he quedado por el camino dos veces, pero fueron seguidas, y tuvieron lugar cuando todavía no tenía demasiada experiencia. Tras esos dos fracasos, llegué a pensar que no volvería a poder culminar con éxito una prueba de 42 kilómetros. Aun así, me tiré al ruedo de nuevo, en Madrid en 2005, pasando por encima de mis miedos, y completé el que, hasta ese momento, era el mejor maratón de mi vida. Acabé en 3h38:19. Ese día lo recuerdo con mucha emoción.

El de la edición de 2007 he dicho que fue de los peores maratones de mi vida. No fue el peor, porque el de 2012 de Sevilla lo corrí tres semanas después de haber padecido una gripe, y ese día las pasé más putas, pero el Maratón de Madrid de 2007 se lleva la medalla de plata, en la categoría de calvarios de 42.195 metros. No obstante, en este caso me lo merecí, dado que me fui a Madrid a correr, después de llevar tres días dando vueltas por España en plan alocado. En ese viaje intenté cuidarme, pero llegué a la capital el sábado, a última hora, me pasó mi amiga Ruth el dorsal, que ella me había recogido, y me acabé acostando hecho puré, bastante pasada la medianoche. A la mañana siguiente tenía cuerpo de turista, no de maratoniano. Todo mi organismo era un galimatías, desde los pies al estómago. No tenía resaca, pero la cabeza era lo único que no me dolía. En circunstancias normales, trotar un rato en esa condiciones ya hubiera tenido mérito, y yo corrí 42 kilómetros. Lo que más me jode es que terminé en 4h02:41, que no está muy mal, la verdad, para como estaba de hecho mierda. Eso significa que no me hallaba en mala forma, realmente había entrenado, y habría podido lograr una buena marca, pero no supe decir que no, junté dos planes que no son compatibles, y eso me hizo desperdiciar una buena oportunidad de hacer un buen papel en Madrid. Eso sí, ese día, y el del maratón de la gripe, comprobé hasta donde soy capaz de llegar por amor propio, tirando de cabeza y de fuerza de voluntad. 

Con respecto a la mala experiencia de 2010, la cosa fue totalmente distinta. Ese año ya había corrido el Maratón de Valencia en febrero, en 3h32, pero mi amigo Peña se apuntó al de Madrid, y dado que estaba viviendo a tres pasos de la salida, y a dos de la meta, me comió el coco para que me fuera a correrlo yo también, utilizando su casa de piso franco. Ese día, durante mucho rato fui bien, de hecho pasé la media en 1h45:32, yendo muy cómodo. Pese a esto, salió una jornada muy calurosa, y se ve que no me había recuperado del todo de la paliza que me había pegado en Valencia, por lo que el tío del mazo me terminó golpeando salvajemente, con el agravante de que, en Madrid, el final del recorrido es asesino, como detallaré luego. En consecuencia, apretando los dientes me vi haciendo kilómetros, desde el 36, a 6:01, 6:06, 6:48,... El problema para mí no fue tanto la marca, como la sensación de acabar arrastrándome.

Por todo lo comentado, cuando se me pasó por la cabeza, en enero, la posibilidad de ir a Madrid, a su maratón, tuve que reconocer que nunca había desaparecido de mi interior el deseo de volver, para borrar el regusto amargo de mis dos últimas participaciones en él. Sin embargo, si me echaba de nuevo al ruedo en ese maratón, tenía que asegurarme de cumplir, para no acabar con tres experiencias negativas, en vez de con dos. Nunca me había decidido a aceptar ese compromiso, por lo que no había vuelto.... hasta este año. En 2022, se alinearon los astros y sentí que era el momento. Por suerte, puedo decir que he conseguido el objetivo. Por ello, ya sí que dudo que vaya a regresar a Madrid a correr su prueba de 42 kilómetros. Ahora mismo, mi recuerdo ha pasado a ser plenamente cojonudo, y mi mejor marca madrileña es muy difícil que la supere. Quiero conocer otros maratones, y creo que el capitalino lo he dejado en el lugar que se merece.

Aparte, tengo que decir que este maratón, con independencia de lo entrañable que ha sido, debido al entorno, me ha hecho vivir el mayor baño de masas de mi vida. Ese premio se lo debo al Real Betis Balompié y a su camiseta, aunque parezca mentira. Lo cierto es que soy bético, y tuve la mala suerte de que mi equipo se clasificó para la final de la Copa del Rey, 17 años después, y el partido lo programaron el día antes del maratón. Yo, la noche de la finalísima ya tenía que estar en Madrid, y eso me fastidió, como conté en el post anterior. No me voy a repetir sobre eso. Ahora solo voy a añadir que, antes del encuentro, prometí que si el Betis ganaba el título de campeón de España, yo correría vestido de verdiblanco, con el 17 de Rosa Márquez a la espalda. No soy mucho de esos folclores, una vez corrí un maratón con una camiseta heavy de Children of Bodom, pero en todos los demás he usado siempre indumentarias de lo más discreto. La duda ahora es si volver a correr sin la elástica del Betis... porque nunca en mi vida me habían animado tanto.


Por lo que pude comprobar, el Betis es un equipo que cae muy bien en Madrid. Además, tiene en sus filas a Joaquín, que es toda una figura mediática. Aparte, está haciendo una temporada sensacional y, por último, la final la habíamos ganado, de manera agónica, unas pocas horas antes. Por todo eso, o por la razón que sea, lo cierto es que me pudieron animar, a mí en concreto, a lo largo de la carrera, unas 200 veces. Me dieron la enhorabuena compis que me adelantaron y gente a la que yo pasé, también me jalearon muchos voluntarios, me gritaron desde la primera fila, me animaron desde lejos, en grupo, con un megáfono, tocando las palmas,... Hasta un policía local me dijo algo relacionado con el Betis, cuando pasé a su lado. Fue tremendo. El momento de la salida y de la entrada a la Casa de Campo, donde había un pasillo humano enorme, así como el tramo anterior al de la recta de meta, que igualmente estaba muy lleno de personas, fueron sencillamente espectaculares para mí. 

Desde un punto de vista puramente deportivo, la carrera también me fue genial. En Madrid, llegar a la salida no plantea los mismos problemas que en otros lugares, como Sevilla o San Sebastián, gracias al metro. En los dos maratones que corrí en 2019, en esos dos sitios, lo de conseguir llegar a tiempo fue un poco estresante. En cambio, en Madrid todo cuadró a la perfección, de manera que me vi accediendo a mi cajón media hora antes del pistoletazo inicial. Eso hizo que me pudiera colocar casi en primera fila, ya que, aunque no estaba en el cajón de los pros, estos salieron con cinco minutos de antelación, y, para cuando nos llegó el turno a los mortales, los del segundo cajón habíamos podido avanzar. Yo me había quedado prácticamente debajo del arco de salida.

Antes de hablar de cómo me fue la carrera, es menester dedicarle unas palabras al perfil del Maratón de Madrid. La principal cita atlética de la capital de España carga con el lastre de su sinuoso trazado. Eso ha hecho que la hayan superado, en cuanto a cantidad de participantes, Barcelona, Valencia y Sevilla. Además, ni por asomo puede competir en ese aspecto con los grandes maratones de otras ciudades europeas. La razón es que su recorrido es demoledor. No obstante, visto sobre el plano, el de esta edición moló mucho.


Otra cosa es ver su perfil altimétrico. El mismo siempre ha sido bastante jodido, y en esta ocasión, pese a que el circuito ya no acabó en el Parque del Retiro, no lo fue menos.


A lo largo de los años, el recorrido del Maratón de Madrid lo han ido cambiando, con la idea de ir buscando trazados lo más llevaderos posibles. En este caso, la salida se dio en el Paseo de Recoletos, y los primeros 4 kilómetros nos lo pegamos corriendo cuesta arriba por el Paseo de la Castellana. Luego, es verdad que tendimos a bajar, yendo por la Calle Bravo Murillo, pero lo malo fue que todas esas pequeñas tachuelillas que se ven en el perfil, hasta el kilómetro 26, fueron rampas de las que desgastan, aunque la mayoría fueran tendidas. Toda esa parte, que discurrió por los distritos de Salamanca y de Chamberí, estuvo conformada por largas rectas, que tenían un cierto desnivel. Correr cuesta arriba obliga a exigirle más al corazón y a los pulmones, pero hacerlo cuesta abajo no es tan bueno como parece, dado que castiga las piernas más de lo normal. Por tanto, en los kilómetros entre el 10 y el 21 estuvo la clave del Maratón de Madrid. Si me hubiera dejado llevar en ese tramo, cuando aún tenía fuerzas, el final hubiera sido una escabechina, porque el tema de los repechos se vio acrecentado, si cabe, en los últimos 16 kilómetros, que fueron en los que marchaba más cascado. En efecto, tras abandonar Chamberí, entramos en la Casa de Campo en el kilómetro 27, y corrimos 3 kilómetros cuesta arriba, sin descanso. Luego, los siguientes 6 fueron cuesta abajo, los 4 hasta salir de la Casa de Campo y los 2 siguientes. En esos 9 kilómetros observé como la gente empezaba a caer de madura. No obstante, la puntilla vino después, porque, desde el kilómetro 36 a la meta, ya no paramos de subir. Fue tremendo. A mí se me ocurrió que podían cambiar el sentido del circuito, para empezar y acabar cuesta abajo, pero no se si eso arreglaría gran cosa. Madrid es así.

Dado ese panorama, yo iba muy mentalizado para no cometer errores. La clave era correr por sensaciones, no intentando seguir ritmos preestablecidos. Para ello, tapé mi cronómetro y no lo miré ni una vez, hasta que no pasé por el punto kilométrico 37. Hasta entonces, no tuve ni la más remota idea del tiempo que llevaba. Gracias a eso, me desentendí de piques conmigo mismo. Si miro el reloj, me cuesta no apretar cuando me veo bien. Sin echarle cuenta, todo dependió de como me fui sintiendo. Esa táctica hizo, por ejemplo, que los 4 kilómetros iniciales, que fueron cuesta arriba, como ya he comentado, los hiciera sucesivamente en 5:02, 5:10, 5:09 y 5:02. Al pasar por cada punto kilométrico le di al botón del crono, para que se quedara registrado el parcial, pero la pantalla la llevé tapada completamente por el manguito elástico. Se de buena tinta que, de haber ido mirando el reloj, hubiera apretado, lleno de motivación, para superar el punto 4 en menos de 20 minutos. A hacerlo en 20:23 fui guardando unas fuerzas, que después resultaron fundamentales. 

El caso es que los primeros kilómetros en ascenso se sucedieron sin percances. Como se puede comprobar en las siguientes fotos, estos fueron multitudinarios, pero yo fui muy cómodo, corriendo a mi ritmo y protegido por la muchedumbre.



Una vez que llegamos al final del Paseo de la Castellana y dimos la vuelta, los siguientes kilómetros fueron cuesta abajo. Ahí sí empecé a correr a menos de 5:00 minutos el mil. 


Sin saberlo, en el kilómetro 10 me planté en 49:58. Ahí empezaron mis peores minutos de toda la prueba, porque se me juntó todo. En primer lugar, me empezó a doler el pubis. Eso fue lo peor. Lo cierto es que la zona púbica a mí me da la lata, en ocasiones, cuando me paso entrenando o cuando hago sobreesfuerzos. Como ya tengo mucha experiencia, en los últimos tiempos he aprendido a entrenar lo suficiente, pero también a saber escuchar a mi cuerpo para no colarme. Sin embargo, cuando llega el momento de comerse el coco, las supuestas molestias en el pubis son las que me suelen quitar el sueño. Me sucede en ocasiones, las semanas antes de algunas carreras señaladas, y me pasó corriendo el Maratón de Madrid. Ahora sé que aquello no fue más que el típico miedo escénico, que tantas veces me ha dado, cuando la cosa ha empezado a ponerse seria en los maratones, pasado el kilómetro 10. No obstante, es innegable que, durante ese rato, sentí dolor, y mucho. Eso se unió a la entrada en el Distrito Salamanca y al comienzo de sus largas cuestas inmisericordes. 


Hubo un instante, en el kilómetro 12 o 13, en el que llegué a pensar que no podría seguir mucho tiempo con el dolor que llevaba en el pubis. De hecho, como íbamos junto a los participantes de la media maratón, y estos se tenían que separar de nosotros en el kilómetro 16, valoré la opción de retirarme de manera digna, siguiendo la estela de los mediomaratonianos cuando tomaran su camino, para poder llegar a la zona de meta antes de tiempo sin que se notara mucho. Evidentemente no lo hice. En algún punto, entre el kilómetro 13 y el 16, las molestias se estabilizaron, y después se acabaron diluyendo en la sensación de piernas trabajadas que uno empieza a llevar cuando ya ha corrido 1/3 de un maratón. No me volví a acordar del pubis, pero durante un rato me hizo sufrir momentos de auténtica zozobra.

Acabo de comentar, de pasada, que corrimos junto a los participantes de la media maratón de las Rock 'n' Roll Running Series. Lo de juntar las pruebas de 42 kilómetros con las de 21 se está generalizando, y creo que va en perjuicio de los maratones. En algunos casos, veo lógico ese matrimonio de conveniencia. En Ciudad Real, por ejemplo, hacen un esfuerzo encomiable por sacar adelante el Quixote Maratón, en una ciudad pequeña. Montar allí una media un día, y un maratón otro, es inasumible, y además, el maratón lo corren menos de 300 personas, por lo que veo casi necesario que se planifiquen, simultáneamente, varias carreras, para llegar a los 1.000 participantes en total, y que la cita no sea deficitaria. Poner en funcionamiento la infraestructura de un maratón, solo para 300 corredores, no es sostenible. En Madrid, sin embargo, el maratón lo disputan más de 5.000 runners y, si bien ese número es inferior al de los grandes eventos del calendario maratoniano, lo cierto es que no es necesario, para nada, organizar a la vez una media. Madrid ya es sede de una prueba de 21 kilómetros en marzo. Lo de celebrar otra en abril solo tiene el objetivo de juntar a mucha gente, para que queden bien las fotos de las multitudes, y para sacar más pasta, pero es negativo para los maratonianos.

Yo noté más el impacto de tener corredores adelantándome por todos lados, precisamente cuando peor andaba. En el kilómetro 16, las dos carreras se separaron, pero durante el rato anterior los mediomaratonianos iban ya oliendo la meta y apretando, y yo no marchaba bien y me quedaban más de 25 kilómetros por delante. En esas circunstancias, se hace un esfuerzo, para que la rápida inercia que te rodea no te afecte, pero considero que, en casos como el del Maratón de Madrid, es una jodienda obligar a los maratonianos a aislarse del entorno, cosa que, por otro lado, no es nada sencillo. Estoy seguro de que un buen número de las catástrofes que se dieron en la Casa de Campo, y después, tuvieron que ver con la sobrexcitación de los primeros kilómetros, debido al jaleo de correr a más velocidad de la cuenta, por ir entre personas que tienen su meta en el kilómetro 21. Al final, por sumar a toda costa, juntando las dos distancias, el maratón pierde prestigio, ya que se diluye el aura mítica de la prueba reina en un galimatias de gente, corriendo a diferentes ritmos. Y que conste que a mí las medias me encantan. He acabado más de 40, tomándomelas en serio al 100%, pero una media maratón y un maratón son dos desafíos que hay que afrontar con talantes distintos, y mezclarlos no es bueno.

Dicho esto, lo cierto es que los trazados de la media y del maratón se separaron en el kilómetro 16, por lo que, a partir de ahí, esa excusa ya no valía para justificar problemas con el ritmo. De todas formas, en ese punto yo dejé de penar. De repente, durante 3.000 metros empecé a rodar de nuevo por debajo de 5:00 minutos el mil, yendo muy cómodo. Pasé la media maratón en 1h46:53.

Inmediatamente después nos internamos en la Ciudad Universitaria. Por allí, mi avance se enlenteció un poco, y pasé otra vez a hacer los kilómetros a un ritmo superior a 5:00, pero la verdad es que me notaba comodísimo. Esa zona es la más llana de la carrera. Acto seguido, cogimos dirección sur y nos dirigimos hacia la Casa de Campo. Las siguientes fotos están tomadas en los instantes antes de entrar en esa enorme zona boscosa. En la primera, iba recorriendo los últimos metros del Paseo de la Florida, en la segunda había accedido ya a la Glorieta de San Vicente, y en la tercera había cogido el corto caminito enlosado, que lleva directamente al Puente del Rey y a la Puerta del Río de la Casa de Campo.




El hecho de plantarme en la entrada de la Casa de Campo, en el kilómetro 27, tras haber pasado 10 kilómetros buenos, fue fundamental. Llegué con confianza. La Casa de Campo es el gran pulmón de Madrid. Es un lugar muy agradable, pero es una trampa mortal para los maratonianos, como dije antes. Si no te mata la cuesta arriba constante que se sube, desde su entrada, hasta el sitio donde está el kilómetro 30, te liquida la que pica hacia abajo, y eso si uno tiene suerte y no hace mucho calor. Lo de correr entre árboles puede estar muy bien, y supongo que refresca, pero a mí, en la edición de 2010, la humedad que sufrí en ese tramo me dejó listo. Esta vez, por suerte, el termómetro no subió tanto, y en los 7 kilómetros de la Casa de Campo fui genial. Entré bien, me vi con fuerzas y arriesgué. No forcé, pero tampoco me corté a la hora de tirar para arriba en la rampa de 3 kilómetros.




Al llegar al kilómetro 30 no había sufrido demasiado, y me lancé para abajo sin pensármelo dos veces. No hay que engañarse. Fui todo el rato a un ritmo que osciló entre los 5:15 y los 5:28. No me iba marcando un Kipchoge, precisamente. Sin embargo, llevaba ya una paliza considerable, fui corriendo cuesta arriba mucho rato, y me mantuve tremendamente estable. Por eso me muestro tan optimista. Es significativo que marchaba en el puesto 2150, en la clasificación masculina, en el kilómetro 25 (en los puntos de referencia parciales solo se han publicado las posiciones por sexo), y en el 35 había adelantado a más de 200 hombres, dado que iba el 1944. No obstante, mi verdadero avance en la clasificación se dio a partir de ahí. A mí, en 2010, donde me dio la pájara fue al salir de la Casa de Campo. En este 2022 no me pasó, pero la escabechina a mi alrededor sí la percibí. El tío del mazo esperaba agazapado en el Paseo de la Virgen del Puerto, y fue duro con mucha gente. Es significativo que, a mitad de esa calle, poco antes de llegar al kilómetro 37, estábamos a 574 metros sobre el nivel del mar. La meta, 5.300 metros después, se encontraba a 647 metros. La diferencia son 73 metros, que es lo que mide un edificio de 20 o 21 pisos. Evidentemente, nosotros no los subimos en horizontal, pero tampoco dejamos de ascender por una rampa continua, que, a esas alturas, me pareció el Angliru.  




Como he comentado, salí de la Casa de Campo en el puesto masculino 1944. En meta, entré en el 1696. Adelanté a 248 hombres en esos 8 kilómetros (y a 464 desde el kilómetro 25). En la general, quedé el 1768 de 5784 personas. La clave fue que seguí yendo al mismo ritmo, siempre entre 5:16 y 5:27. No obstante, a mi lado cada vez más gente se echaba a andar, desfondada. El final del Maratón de Madrid es tremendo, aunque, en esta ocasión, yo no mordí el polvo. Es más, el kilómetro 41 lo hice en 5:17, y el último en 5:13. A pesar del esfuerzo que llevaba dibujado en el rostro, corriendo cuesta arriba por el Paseo del Prado disfruté como un cochino en un charco. Pasé la Fuente de Neptuno, pasé la Fuente de Cibeles...


... y en el Paseo de Recoletos saboreé las mieles del triunfo (del triunfo personal, como es lógico). Acabé en 3h39:07. Ni gané nada, ni tan siquiera me acerqué a las marcas que hacen otros atletas muy populares, que logran rondar las 3h15, o menos. Para mí, eso es una quimera. Sin embargo, ser capaz de correr todo ese tiempo, sin parar, a un ritmo medio de 5:12, en un maratón tan duro como el de Madrid, me sabe a victoria.



Los maratones de 2007 y 2010 acabaron en el Parque del Retiro. Eso hizo que la recta de meta, en esas ediciones, fuera una gozosa cuesta abajo. A cambio, coincidiendo con los kilómetros 41 y 42, se hacia subir a los corredores, casi rozando el sadismo, por una última rampa de 45 metros de desnivel. Este año, la meta volvió a estar donde yo la atravesé en 2003 y 2005, en pleno Paseo de Recoletos.



En definitiva, como se puede comprobar, el regusto amargo que me producía el Maratón de Madrid ha desaparecido. Es lo que buscaba. En 2005 terminé muy contento, en 3h38:19. Luego regresé dos veces más, y la alegría se disipó, pero ahora la he recuperado. Creo que es la que conservaré siempre. Me quedé a menos de 50 segundos de mi MMP en Madrid, pero ni siquiera eso empaña el recuerdo. Lo cierto es que, hasta el kilómetro 37, no consulté el crono. Hacerlo me sirvió para asegurarme de que iba a bajar de 3h40, pero recortarle 50 segundos más a la marca que hice fue imposible. No hubo de donde rascar. A pesar de la euforia, que quizás he transmitido, hice un esfuerzo brutal, y acabé extenuado. Por otro lado, mirar el reloj antes, e intentar forzar el ritmo, con tiempo de limar esos segundos, hubiera sido un error. Corrí por sensaciones, hasta que ya vi que quedaba suficientemente poco, como para echar el resto sin miedo. En mi opinión, la táctica me salió bien.

No he dicho nada, a modo de introducción, de la feria del corredor, que fue en IFEMA. Esta vez no me entretuve mucho allí, pero me di una vuelta y me gustó. 


Hoy día, las ferias previas de todos los grandes maratones se parecen. La del Maratón de Sevilla ya es igual a la del de Madrid, pero todavía recuerdo la emoción que sentí en la feria del corredor de la primera edición del MAPOMA en la que participé, en abril de 2003. Vi a Abel Antón, y, aunque luego la tinta se corrió por culpa del sudor y del agua derramada, me firmó el dorsal Alberto García, que en aquel momento estaba en la cima, tras haber ganado el oro en los 5.000 metros del europeo de Múnich, en verano de 2002. 


Unos meses después lo pillaron con el carrito del helado, lo sancionaron dos años y nunca volvió a hacer nada relevante. Curiosamente, el día que yo lo vi e intercambié con él dos frases, ya estaba en serios problemas, puesto que había dado positivo tan solo tres semanas antes. Él lo debía saber, pero no lo hizo público hasta poco después. En cualquier caso, verlo allí me flipó, y no olvidaré nunca la excitación que me produjo aquella feria de corredor del Maratón Popular de Madrid de 2003. Han pasado casi dos décadas, y, para mí, el círculo se ha cerrado en este maratón de 2022. Lo he conseguido.



Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 234.
% del Total de Carreras a completar: 23'3%.

Reto Atlético 51 MARATONES
Maratones completados: 21.
% del Total de Maratones a completar: 41'7%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 37'1%).

Reto MARATONES DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Maratón en la COMUNIDAD DE MADRID.
En 2003 (año del primer Maratón corrido en la Comunidad de Madrid), % de Comunidades en las que había corrido un Maratón: 11'1% (hoy día 33'3%).

Reto PRINCIPALES CARRERAS DE ESPAÑA
Completado MARATÓN DE MADRID.
En 2003 (año del primer Maratón de Madrid), % de Principales Carreras de España que había corrido: 6'9% (hoy día 27'9%).

Reto 7 MARATONES 7 CONTINENTES
Completado Maratón en EUROPA.
En 2002 (año del primer Maratón corrido en Europa), % de Continentes en los que había corrido un Maratón: 14'2% (hoy día 14'2%).

Reto MARATONES DE LA UE
Completado Maratón en ESPAÑA.
En 2002 (año del primer Maratón corrido en España), % de Países de la UE en los que había corrido un Maratón: 3'5% (hoy día 14'2%).


1 de diciembre de 2019

MARATÓN DE SAN SEBASTIÁN 2019

El 16 de febrero de 2019, en la feria del corredor del Maratón de Sevilla, eché en una urna una papeleta con mis datos, para participar en el sorteo de una inscripción gratuita al Maratón de San Sebastián, que se iba a celebrar en noviembre. Siempre que puedo participo en ese tipo de sorteos, pero nunca me había tocado nada. Esta vez, sin embargo, tan solo nueve días más tarde recibí un correo electrónico con este mensaje: 


Ni que decir tiene que dije que sí, a pesar de los inconvenientes que había. El primero era que el 19 de febrero había empezado a trabajar en un negocio turístico y mi horario implicaba echar horas todos los fines de semana, tanto los sábados como los domingos. Aparte, me estaba preparando para un examen que iba a tener lugar un día de otoño aún por determinar. Ambas circunstancias ponían en serio peligro mi participación final en el evento, pero aún así decidí jugármela, ya vería después del verano como arreglaba los problemas.


Me animé a aceptar el premio porque sabía que no podía desaprovechar la oportunidad de participar en el Maratón de San Sebastián, pese a que me di cuenta de que, gracias a él me iba a ahorrar los 49'50 euros de la inscripción, pero me iba a dejar a cambio una buena pasta en ir un fin de semana de noviembre a Donostia. El regalo, por tanto, tenía trampa, pero en el fondo me chifla participar en carreras que se celebran en otros sitios y el gasto se asume, lo que cuenta es que surjan las oportunidades, y el premio en este caso era la excusa perfecta para ir a correr a un lugar que me queda tan a trasmano como el País Vasco. Si uno no se lía la manta a la cabeza en este tipo de circunstancias, los sueños, al final, se acaban diluyendo en el día a día como un azucarillo en un vaso de agua.

Y es que participar en el Maratón de San Sebastián era un sueño que tenía que llevar a cabo. Cierto es que tengo un montón de retos que quiero cumplir. Entre otras cosas, quiero acabar un maratón en cada comunidad autónoma de España, pero no se si podré lograrlo, probablemente no, por lo que tengo un especial interés en correr antes de nada los grandes maratones españoles, por si acaso. Mi idea es participar también en la mayoría de los pequeños maratones que en la actualidad salpican la geografía de nuestro país, pero, para empezar, es una prioridad para mí conocer nuestros majors particulares. El Maratón de San Sebastián es uno de ellos, por lo que el premio que me tocó era casi una señal que me decía que ahora era el momento.


Casi cualquier aficionado al mundo de las carreras populares sabe que en el mundo hay seis maratones que son considerados como los Majors. Son los más míticos y, en su caso, ese apelativo es oficial, hasta el punto de que esas seis citas se han unido y han hecho suyo el calificativo, al que no puede aspirar ninguna otra. En España, por contra, nadie ha creado un grupo de majors españoles, ni hay una serie de maratones que se hayan juntado y se consideren a sí mismos como los legendarios. Pese a esto, es tan descarado que hay cinco que están por encima de los demás, que yo los he etiquetado como los Spanish Big Five. Son nuestros majors. Los cinco maratones a los que me refiero son el de Madrid, el de Barcelona, el de Valencia, el de San Sebastián y el de Sevilla. La razón de que destaquen tanto es que están en lo alto de todos los rankings que se puedan hacer para comparar los maratones de España. Al acabar 2019 se habrán celebrado a lo largo del año, dentro de nuestras fronteras, 28 pruebas urbanas de 42.195 metros, pero hay una clara división entre las cinco top y el resto. En las siguientes clasificaciones se puede ver gráficamente como los cinco grandes copan los primeros puestos en todas:


Los datos de los maratones de Valencia y Málaga son de 2018, ya que este año aún no se han disputado.

En definitiva, hay advenedizos en algunos de los rankings que he hecho, pero lo que está claro es que solo cinco maratones están en arriba en todos, con registros de primer nivel mundial, y esos cinco son los ya comentados: Valencia, Madrid, Sevilla, Barcelona y San Sebastián. Yo he corrido diez veces el Maratón de Sevilla, porque se disputa en mi ciudad, y el de Madrid lo acabé en 2003, 2005, 2007 y 2010. A Valencia fui también en 2010, el último año que se celebró en febrero. Hasta la semana pasada, por tanto, de los cinco grandes españoles me quedaban dos, y ahora ya solo me queda organizar de una vez por todas una excursión atlética a Barcelona para completar ese simbólico pleno.

En lo relativo al Maratón de San Sebastián, que realmente es el protagonista de este post, el día que me inscribí me enteré de que iba a participar en la edición 42, justo en el año en el que he cumplido 42 tacos. Está claro que viajar en noviembre de 2019 a San Sebastián para correr era mi destino. Por ello, hace meses busqué alojamiento y también la manera más económica de llegar allí. En principio iba a ir solo, pero al barajar las opciones de transporte vi que volar en avión hasta el Aeropuerto de Bilbao y coger después un autobús a Donostia no solo era la opción más cómoda, sino que era muy barata. Tanto, que María y yo decidimos que vendría conmigo. En consecuencia, he estado con ella el fin de semana y, como es lógico, me acompañó al Velódromo Antonio Elorza a recoger el dorsal el sábado.


El marco en el que montaron la feria del corredor del Maratón de San Sebastián me pareció precioso y me dio la oportunidad de entrar en el velódromo, donde todo estuvo muy bien organizado. Con respecto a la organización, al maratón hay que darle un diez. De hecho, en el guardarropa, la voluntaria que me entregó la bolsa con mi ropa tras la carrera fue la más eficaz que he visto, porque vio desde lo lejos que me estaba acercando al mostrador y cuando llegué a él ya tenía mi mochila en la mano. Chapeau.


Por lo demás, todo en el maratón salió rodado y, además, vi bastante gente animando en la calle, lo que es señal de que la cita está bien publicitada y de que ha arraigado en la ciudad. Por último, sin que tenga ya nada que ver con los organizadores, me resultó curioso la cantidad de franceses que había corriendo (en torno al 21% del total de participantes, según he leído). San Sebastián está a 20 kilómetros de la frontera francesa, lo que hace que no sea raro el dato.

La organización me dio buenas vibraciones desde el principio, pero, para que no me relajara más de la cuenta, el sábado salió un día muy ventoso. Correr con ese viento hubiera sido un problema, lo que hizo que me estuviera comiendo el tarro el día entero. También había visto que, muy probablemente, durante la carrera iba a llover, por lo que ya estaba mentalizado para mojarme, pero lo de viento fue una sorpresa que me tuvo en vilo hasta el último momento.

Por fortuna, el sábado me fui a dormir con lluvia y viento, pero, como por arte de magia, el domingo amaneció con un leve chispeo, pero sin aire. La mañana no era muy fría y, además, tenía noticias de que el día no iba a estar metido en agua, lo que me hizo coger confianza desde que asomé la nariz por la puerta. Afortunadamente, esa previsión se cumplió, apenas si cayeron cuatro gotas poco después de las 9'00 y las condiciones para correr fueron espectaculares: entre 9° y 13° de temperatura, escasa humedad, sin sol y sin viento.


Para dormir habíamos alquilado un apartamento que estaba más o menos cerca de Anoeta, el estadio de fútbol junto al que comenzaba la competición. A la hora de elegir ese lugar para alojarnos había pesado mucho el hecho de que el día de la carrera pudiera ir desde allí caminando a la salida. Además, para no dejar cabos sueltos, el sábado habíamos realizado una prueba y habíamos visto que era factible. Aún así, recorrer el trayecto implicaba un pateillo de una media hora, por lo que el domingo intenté coger el autobús de linea en una parada que había cerca de nuestro apartamento, para ahorrarme el paseo. Sin embargo, dada mi penosa experiencia el día del último Maratón de Sevilla, me puse en la parada, pero no dejé de tener presente cuanto se tardaba andando hasta la salida, no me confié, y antes de traspasar el punto de no retorno me puse en marcha caminando sin esperar más. Había estado más de un cuarto de hora esperando y no tenía muy claro que fuera a funcionar el servicio de autobuses en condiciones, de manera que, cuando aún estaba a tiempo, decidí ir a pie. Así fui sobre seguro y no tuve que estresarme, pero tampoco pude relajarme, de hecho caminé a paso firme y, tras pasar por el guardarropa, llegué a la salida apenas un par de minutos antes del pistoletazo inicial.

El Maratón de San Sebastián tiene a gala que es muy plano y que es perfecto para batir marcas personales (llegué a leer un anuncio oficial en el que decían que el porcentaje de gente que hacía allí su personal best llegaba casi al 70%). Pese a esto, yo no puedo remediar comparar siempre el desnivel de los maratones con el del Maratón de Sevilla, y esa es una batalla perdida para la mayoría. El de Berlín, por ejemplo, pasó la prueba del algodón, pero el maratón donostiarra no es, ni de lejos, tan llano como el sevillano. Aún así, en él las cuestas no son una excusa y, siendo objetivo, tengo que decir que no es una carrera dura, ni muchísimo menos.


Por otro lado, era consciente de que llegaba al Maratón de San Sebastián muy cortito de kilómetros. Como he dicho al principio, me he enfrentado a varios inconvenientes en estos meses, que han provocado que finales de noviembre no fuera para mí la mejor época para participar en un maratón. Es más, he estado a punto de no poder correr, porque el examen que sabía que tendría que hacer en otoño al final me lo pusieron justo quince días antes de la carrera. Durante un tiempo temí incluso que acabaran coincidiendo. Ese examen era de capital importancia y me he vaciado para que saliera bien, intentando compaginar lo mejor posible el estudio con el trabajo y con las responsabilidades familiares. En esas condiciones, el entrenamiento estaba, como es lógico, en cuarto plano. Aún así, yo salgo a correr como parte de mi rutina, lo hago muy temprano y eso es fundamental para mi equilibrio diario, sobre todo cuando se me acumulan las situaciones de estrés. Es por ello que, ni siquiera en la semana previa al día del examen han faltado mis 10 kilómetros casi diarios de running. Pese a esto, no he hecho ni una tirada medio larga, ni una serie, ni he controlado ritmos, ni nada de nada. He salido a rodar para despejar la mente, sin más, y no he tenido capacidad para dedicar ni un segundo a pensar en entrenamientos ni en preparaciones específicas. Nunca en mi vida le había echado menos cuenta a un maratón. A pesar de esto, ni por asomo pensé en renunciar, por fortuna tengo callo en esto del atletismo popular y sabía que estaba en condiciones de bajar de las cuatro horas.

En cualquier caso, iba mentalizado para amoldar la velocidad a las sensaciones, no quería morir en el intento y decidí hacer un esfuerzo por no ir flechado al comienzo. No obstante, pese a las buenas intenciones salí embalado, como no, e hice los cuatro primeros kilómetros a 4:53 de media. En parte, la culpa la tuvo que esos primeros 4.000 metros fueron bastante rectos, pero los maratonianos íbamos corriendo junto a los que participaban en la media maratón que se organizó de manera simultánea, lo que provocó que la calzada se quedara un pelín estrecha. Esa circunstancia hizo que no pudiera centrarme en exclusiva en mi ritmo.


Al principio, con tanta gente no pude evitar avanzar adelantando corredores a base de ir buscando huecos, no quería correr demasiado rápido, pero tampoco me apetecía quedarme atascado detrás de nadie, y la carrera tardó un kilómetro en abrirse. A partir de ahí ya iba lanzado, y cuando quise darme cuenta había hecho los primeros 4.000 metros en 19:33. De todas formas, iba genial de piernas y eso me reconfortó.

Una de mis tácticas para aflojar el ritmo en este tipo de situaciones es distraerme y fijarme en el entorno. Esta vez lo tuve fácil, porque todo era novedoso. De los primeros kilómetros por el barrio de Amara Nuevo apenas había retenido nada, pero en el kilómetro 5 nos internamos en el Centro y allí tomé conciencia de que me encontraba en San Sebastián, gracias a la bonita visión de la Calle Urbieta, toda recta y flanqueada por enormes arces plateados. A esa hora ya no llovía, el ambiente estaba fresco y todo brillaba. Luego torcimos a la derecha, corriendo por la Calle San Martín pasamos por delante de la Plaza del Buen Pastor, donde está la Catedral, y poco después volvimos a hacer un giro de 90° a la izquierda. La parte del Centro de San Sebastián es muy cuadriculada, por lo que fueron inevitables las esquinas, pero aún así la carrera ya iba lo suficientemente abierta como para que no fueran molestos los cambios de dirección. En esta parte me gustó también el paso por la Plaza Gipuzkoa, donde había estado de paseo el día anterior.

Al salir al Boulevard, ya en el kilómetro 7, mi ritmo se había ajustado bastante a lo pretendido, unos segundos por encima de 5:00 minutos el kilómetro, pero ahí fui consciente de que se acercaba el lugar donde había quedado en ver a María, y aunque no fue queriendo, el reloj no engaña y dice volví a apretar y que hice ese kilómetro de nuevo en 4:53. Efectivamente, vi a María en el sitio donde habíamos quedado, junto al Kursaal, ya en el barrio de Gros. Por ese mismo punto iba a volver a pasar en el kilómetro 9, pero el recorrido por Gros lo hice cómodo. Iban pasando los kilómetros y yo seguía yendo suelto de piernas.


Al final de Gros hicimos uno de los cinco giros de 180° de la carrera. En ese primer momento lo del brusco giro lo llevé bien, pero no pude evitar pensar que esa revuelta me iba a sentar como una patada en la segunda media maratón (la prueba estaba compuesta de dos vueltas casi idénticas por el mismo trazado).

Hasta el kilómetro 13 no hubo más novedades en mi ritmo, la segunda vez que vi a María fui más estable y luego transcurrió el tramo en el que gocé con mayúsculas de la experiencia, ya que recorrimos entero el Boulevard, luego supe sobre la marcha que la Calle Zubieta iba a dar paso al Mirakontxa Pasalekua, y una vez allí corrí bordeando la Playa de la Concha, disfrutando a tope.


Tras pasar el Túnel del Antiguo miré a lo lejos y vi con total nitidez El Peine del Viento, en el extremo de la Bahía de La Concha.

Tras esa visión, me interné por primera vez en la parte más complicada de la prueba, que fue la que transcurrió por el barrio de El Antiguo. Llevaba un rato rodando cómodo unos segundos por encima de los 5:00 minutos el mil, pero en esos kilómetros, entre el 11 y el 17, está acumulado la mayor parte del desnivel de la carrera, en ellos hay unos cuantos toboganes que son tendidos, pero que desgastan y que a mí me pegaron el primer leñazo. Como ya he dicho, en mi entrenamiento las tiradas largas y las medio largas han brillado por su ausencia, me he hartado en los últimos meses de hacer rodajes de 10-12 kilómetros, y he subido puntualmente hasta 14, pero llevaba un año sin pegarme un buen entrenamiento paliza. No es raro, por tanto, que en el kilómetro 14 mi organismo se extrañara mucho de que yo me empeñara en seguir corriendo. Su reacción ante esa inusitada novedad fue protestar. Me quedaba un mundo y las piernas pasaron, en cuestión de unos cientos de metros, de ir genial a pesarme el doble. Fue un momento complicado, ya he contado también que no le he echado ni cuenta a este maratón durante meses, psicológicamente no me había preparado apenas y de repente me dio una pereza mortal tener que dejarme los higadillos. Faltaban mucho y la sensación no fue de agobio, sino de desgana. Durante meses he corrido sin hacer esfuerzo mental, ya que cuando he empezado a estar desgastado de coco he parado, todas mis energías mentales estaban enfocadas al examen y no quería gastar nada en tonterías. No han sido meses fáciles, la verdad, correr ha sido una terapia y, como tal, no he usado el running para darme caña, sino más bien para soltar lastre. Lo malo de eso es que, en la carrera, al empezar a estar un poco apretado, mi primera reacción inconsciente, como en los meses anteriores, fue la de dejar hablar a mi Smeagol interior ("nada de sufrir, hasta aquí ha sido divertido, pero no tenemos ganas de exprimirnos" le oí decir). Afortunadamente, junto al Smeagol que llevaba dentro también estaba oculto mi Gollum, que después de un rato afloró con rabia... ("Lo queremos, es nuestro, mi tesssoroooo" replicó). No hago spoiler si digo que finamente fue Gollum el que se salió con la suya. En el fondo quería estar allí y quería acabar el Maratón de San Sebastián lo mejor posible, así que encaré los toboganes de la zona de El Antiguo y me preparé mentalmente para sufrir una debacle... que no llegó.


En efecto, no hubo desastre, pese a que hice un esfuerzo tal, que al acabar tardé cerca de media hora en ser capaz de arrancarme del escalón donde me había sentado. Por motivos logísticos, María cogió el avión de vuelta esa tarde y abandonó San Sebastián sobre las 12 de la mañana. Yo, por contra, aún iba a estar en la ciudad hasta el día siguiente, ya solo. El caso es que, tras cruzar la meta me tuve que pegar sentado 30 minutos, no me sentí mal ni por un momento, pero sí estaba tan profundamente agotado, que llegué a preguntarme como cojones iba a volver yo solo al apartamento. Ni que decir tiene que volví, claro, es más, después de comer me fui a hacer turismo y me pegué un pateo de cuatro horas, pero la verdad es que la hora inmediatamente posterior a dejar de correr la pasé devastado. Aún así, como digo la debacle no llegó, eso fue lo que me ha dejado con mejor sabor de boca. Tras mi primer bajón, en el kilómetro 14, mi ritmo hasta el 25 solo descendió unos 15 segundos por kilómetro, y rondó los 5:20 todo ese tiempo, aunque la mayor diferencia estribó en que pasé de ir a 5:05 silbando marina, a ir a 5:20 haciendo un señor esfuerzo, físico y mental.

En ese tramo, el peor kilómetro fue el 20, en el que los maratonianos aún íbamos mezclados con los de la media maratón, que iban ya echando el resto. Debido a eso, por todos lados me empezó a adelantar gente que estaba apurando su carrera, se que es una tontería, otras veces no me ha pasado, pero esta vez llegó un momento en el que me dio por culo que me adelantaran sin parar corredores que iban a acabar su media maratón por encima de 1h45. Cuando las pruebas, por fin, se separaron, justo delante del Estadio de Anoeta, y los participantes de la media se desviaron buscando su meta, me sentí aliviado y los siguientes kilómetros no fueron malos.

Lo de los maratones a dos vueltas a mucha gente no le gusta, yo he descubierto que no me molesta, aunque, eso sí, el contraste entre las dos vueltas es abrumador. Yo, en este caso, durante la primera vuelta había disfrutado bastante del entorno, incluso en la parte de El Antiguo. En la segunda vuelta, por contra, me metí para adentro y apenas si fui consciente de por donde iba. Lo bueno de las maratones a dos vueltas es que no te pierdes nada, ya que la primera vez que pasas por los sitios, que es cuando vas bien, ya te da lugar a verlo todo.

Dado que había empezado a penar en el kilómetro 14, esperaba sufrir una auténtica debacle al final, y, ciertamente, el bajonazo a partir del kilómetro 25 fue tremendo, pero para mi sorpresa fue el último. Yendo a 5:45 desde tan pronto, lo lógico hubiera sido acabar andando y haciendo kilómetros a 9:00, algo que para mí empaña una carrera, hasta el punto de que prefiero retirarme. Sin embargo, no me vi en semejante tesitura y esa es la gran alegría que me deja este maratón. Será que ya soy un diesel, o será lo que sea, pero empecé a tragarme kilómetros a ese ritmo, hice alguno incluso por encima de 6:00, en el segundo paso por El Antiguo, pero sin andar, y aún me quedó cuerpo para apretar al final: en 5:53 corrí el kilómetro 40, en 5:41 el 41 y en 5:36 el último mil. Tiempo final: 3h49:27, a 5:26 de media.


Para no haber preparado la cita en condiciones, no está mal.


Mi experiencia en el Maratón de San Sebastián fue muy bonita y se encuadra dentro de un fin de semana que resultó entrañable. Mi siguiente objetivo será correr el Maratón de Sevilla en febrero, habiendo entrenado de una manera algo más ortodoxa. Me voy a encontrar con el hándicap, que quizás he sufrido ya en Donostia, de que desde hace un año trabajo de pie, lo cual se nota en las piernas. En mis trabajos siempre me había pasado las horas sentado, pero en esta etapa eso se acabó. No se hasta que punto ese hecho ha tenido consecuencias ahora y tampoco sé como me afectará en el futuro, en febrero lo veremos, pero lo que se seguro es que me lo volveré a pasar de miedo.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 226.
% del Total de Carreras a completar: 22'5%.

Reto Atlético 51 MARATONES
Maratones completados: 20.
% del Total de Maratones a completar: 39'2%.

Reto MARATONES DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Maratón en PAÍS VASCO.
% de Comunidades en las que he corrido un Maratón: 33'3%.

Reto PRINCIPALES CARRERAS DE ESPAÑA
Completado MARATÓN DE SAN SEBASTIÁN.
% de Principales Carreras de España que he corrido: 27'9%.

Reto 7 MARATONES 7 CONTINENTES
Completado Maratón en EUROPA.
En 2002 (año del primer Maratón corrido en Europa), % de Continentes en los que había corrido un Maratón: 14'2% (hoy día 14'2%).

Reto MARATONES DE LA UE
Completado Maratón en ESPAÑA.
En 2002 (año del primer Maratón corrido en España), % de Países de la UE en los que había corrido un Maratón: 3'5% (hoy día 14'2%).