Bormujos es un municipio de 23.000 habitantes, que está situado en la segunda corona metropolitana de la ciudad de Sevilla. En 1991, vivían allí unas 5.300 personas, pero duplicó su población en la última década del siglo XX, y en la primera del XXI volvió a hacerlo. Desde 2010, la cosa ha seguido subiendo, pero el ritmo se ha ralentizado.
El caso es que yo, que resido cerca, a menudo encuentro razones para ir a Bormujos, pero ninguna tiene relación con su belleza. Curiosamente, la localidad es originaria del medioevo, puesto que el nacimiento de la villa se asocia a una alquería musulmana. Sin embargo, allí apenas queda rastro de algo que sea anterior a mediados del siglo XX. Hoy en día, la que se intuye que es la zona más antigua de Bormujos, que es la que ya existía en 1990, está compuesta por un conjunto de calles, en las que las casas presentan el típico aspecto de las viviendas populares modernas de muchos pueblos andaluces, que, con sus zócalos de ladrillo, de azulejo o de cemento, sus fachadas claras y sus tejados aterrazados, ofrecen un atractivo limitado.
No obstante, el entramado original de Bormujos presenta una curiosidad, que se puede apreciar desde el aire, y es que su centro está formado por una serie de calles casi rectilíneas, que se cruzan en aspa.
Por encima de ese aspa, discurre la travesía del pueblo, que está formada por un trozo de la A-474. Esta carretera nace en Castilleja de la Cuesta y va a morir a Almonte, después de recorrer 48 kilómetros. Al atravesar Bormujos, recibe el nombre de Avenida del Aljarafe.
Las calles que forman el aspa se llaman Calle Manuel Esquivias y Calle Vicente Aleixandre por un lado, y Calle Hernán Cortés y Calle Daoiz por otro. El punto en el que las dos diagonales se cruzan es la Plaza de la Cruz, que se está remodelando.
Quitando esas calles y las que quedan alrededor, Bormujos se ha extendido de forma bastante cuadriculada, dado que abundan en su casco urbano los adosados, que son los que hacen que sea un pueblo dormitorio de libro. Ese carácter residencial es el que provoca que la localidad sea pródiga en servicios. Por esa razón digo, que yo, que no vivo muy lejos, acabo yendo a Bormujos con cierta frecuencia. Sin embargo, no es un lugar donde haya demasiadas cosas que ver. En vista de eso, como quiero escribir al menos un poco acerca de cada municipio de Andalucía, voy a aprovechar que el otro día estuve en un sitio especial en Bormujos, denominado Baños Árabes Medina Aljarafe, para presentar la población en este blog.
Relax absoluto
Realmente, los Baños Árabes Medina Aljarafe son un reflejo, a escala reducida, de lo que es Bormujos, porque, cuando vas buscando un sitio en el que relajarte, a base de aguas termales, de masajes y de una atmósfera que te traslade a lugares y a costumbres remotas, y te topas con una especie de nave, que se encuentra ubicada junto a unas instalaciones deportivas, en una horrenda calle de un pueblo periférico de una gran ciudad, te llevas una pequeña decepción. Sin embargo, desde el mismo instante en el que atraviesas la puerta del spa todo cambia. La verdad es que allí dentro se está en la gloria.
Bormujos es un poco así. En apariencia, es un pueblo sin atractivo, pero, al final, uno termina yendo allí con frecuencia, al cine, a cenar rico, a disfrutar de alguno de sus parques o a un spa. Es evidente que no es un sitio tan hostil.
El caso es que el rato en los Baños Árabes Medina Aljarafe fue una gozada. El spa lo han montado tan bien, que dentro se pierde la noción de la realidad. En sitios así, no es relevante lo que haya fuera. Por otro lado, al final es contraproducente ir a hamames que se encuentren en zonas turísticas, por muy pintorescos que sean. En efecto, yo he estado en un buen número de baños árabes en Sevilla, en Córdoba y en Granada, y los de Bormujos son mucho mejores. Es fantástico lo de entrar en unas instalaciones que aprovechen un edificio histórico de una antigua medina, pero si luego, en las piscinas, te rodean tropecientos turistas que no paran de parlotear, pues la cosa pierde parte de su encanto. En los Baños Árabes Medina Aljarafe, María y yo estuvimos completamente solos durante dos horas. Fuera, todo sería más feo que los bajos de un camión, pero dentro el entorno fue idílico, relajante e íntimo. Como digo, al poco yo ya no sabía me encontraba en Bormujos, en Marrakesh o en Córdoba en el siglo XI.
La experiencia se compuso de varias fases. En la primera, pudimos pasar a nuestro antojo de la piscina caliente a la fría, y también a la templada. En la segunda, visitamos la sauna húmeda, y, después, accedimos a un jacuzzi, en el que estuvimos metidos casi veinte minutos. Para acabar, nos dieron un masaje sensacional. Me metí en el ajo hasta tal punto, que ni siquiera me importó que me untaran el cuerpo en esencia de vainilla.
En resumen, lo de los baños árabes en sitios del estilo del Barrio de Santa Cruz está genial, tal y como he reflejado en otros posts, pero lo del sábado en Bormujos superó con creces esas experiencias.
Además, en Bormujos se come muy bien. Es verdad que lo de unir un rato en pareja en los baños, con una cena o con un almuerzo tranquilo, es lo que pega, pero eso no solo se puede hacer en las grandes ciudades. Nosotros, al salir del los Baños Árabes Medina Aljarafe nos dimos un buen homenaje en la Bodega Pepe Girón, que es un clásico.
Comer en Bormujos
La gente, normalmente a lo que va a Bormujos es a comer. Allí, hay opciones para todos los gustos, por lo que yo mismo he ido a eso un buen número de veces. Por ello, podría hablar de unos cuantos negocios de restauración bormujeros, pero, para no alargarme en exceso, voy a hacer referencia solo a los dos que he visitado en el último par de semanas. Uno es, como he dicho, un sitio legendario. Se trata de la Bodega Pepe Girón.
Pepe Girón es un buen sitio para ir con amigos y ponerse fino de comer y de beber. Yo, en el pasado disfruté de ese plan en alguna ocasión, pero esta vez se trataba de sacarle el jugo a un rollo más tranquilo. Lo cierto es que María y yo tuvimos mucha suerte, porque cogimos una pequeña mesa apartada, en la que nos atendió un camarero que era una máquina. Para almorzar, me pedí, entre otras cosas, un plato de garbanzos con bacalao, que hizo honor a la fama del restaurante. Eso sí, la Bodega Pepe Girón no es un lugar refinado. Tampoco está en un emplazamiento pintoresco.
Pepe Girón, que lleva abierto desde 1979, es otro ejemplo de la idiosincrasia bormujera, ya que ofrece mucho más de lo que parece a simple vista.
El otro sitio en el que estuve en Bormujos, hace unos días, fue en el Cocomá Noodle Bar. En este caso, no hablamos de un restaurante rústico y tradicional, sino de asiático moderno, en el que la comida es asequible, pero cuya oferta se encuentra a años luz de la de aquellos chinos de siempre, a los cuales hemos sobrevivido no sé ni como.
Cocomá empezó, hace una década, como un negocio familiar de venta y distribución de productos caseros ecológicos, y ha acabado en un punto muy diferente. En efecto, ahora se trata de un restaurante más o menos barato, pero en el que se degusta comida asiática de calidad.
El tema es que a María le gustó Cocomá hace unos meses, y por esa razón fuimos el otro día. La comida, por supuesto, estuvo deliciosa. Yo pedí Noodles de arroz con pollo y gambas. Sin embargo, me fastidió el acoso de los camareros, que no fue casual. Yo, si salgo a cenar y me gasto 17 euros por persona, espero poder echar un rato medio tranquilo. En cualquier restaurante, es importante que el servicio no te ignore, pero tampoco es bueno que te pregunten por la bebida sin que te hayas sentado aún, que te la traigan a los 30 segundos de haberla pedido, que te tomen la comanda un instante después, que te sirvan los platos en 3 minutos, y que se los lleven y te dejen con la mesa vacía cuando aún estás masticando el último bocado. En Cocomá, nos atropellaron un poco, la verdad, pero, eso sí, lo hicieron con una educación extrema, no fuera a ser que nos mosqueáramos, porque era evidente que el plan era dar en nuestra mesa cuantas más cenas mejor.
María había ido a Cocomá un jueves a almorzar, y, por lo visto, entonces no fue igual. Si vuelvo, tendré en cuenta ese detalle, pero, para mí, que me despachen es de las peores cosas que me pueden hacer en un restaurante, así que no se si me quedan ganas de regresar.
Un rato de cine
De todas formas, no quiero acabar de mal rollo el post, así que voy a hacerlo hablando del tercer momento en el que he estado en Bormujos en las dos últimas semanas. Para mí fue un rato entrañable, por lo que pega mucho más como colofón.
Resulta que en Bormujos hay un centro de ocio, llamado, como no, Megaocio. No es un centro comercial al uso, porque allí no hay tiendas. Solo hay bares, restaurantes, cafeterías, una bolera y un multicines.
Nosotros fuimos a Megaocio para ver la reposición de Regreso al Futuro. Esta mítica película me marcó en mi infancia, y fue un placer disfrutarla en la pantalla grande, junto con Ana, con Julia y con María. Hasta ahora, solo la había visto en la televisión. En el cine, pude comprobar que ha envejecido de maravilla.
En definitiva, doy por presentado el pueblo de Bormujos. En el futuro, me gustaría profundizar en su oferta culinaria, y, quizás, también estaría bien partir de la Plaza de la Cruz y hacer un recorrido más exhaustivo por las calles céntricas de la localidad, pasando luego a ampliar un poco el radio, con la idea de plasmar como es el entorno residencial bormujero. Puede ser divertido, por lo que queda apuntado el plan.
Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado BORMUJOS.
En 2007 (primera visita consciente), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 35'2% (hoy día 67'6%).
En 2007 (primera visita consciente), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 12'2% (hoy día 22'4%).
Visitado BORMUJOS.
En 2007 (primera visita consciente), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 35'2% (hoy día 67'6%).
En 2007 (primera visita consciente), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 12'2% (hoy día 22'4%).











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