31 de agosto de 2025

LLANES 2025

No ha sido este el primer año en el que he ido dos veces desde Sevilla hasta Llanes en el mismo verano, pero nunca lo había hecho con tan pocos días de diferencia. En 2025, las circunstancias han querido que haya subido a principios de agosto, y que, tras regresar a casa, haya vuelto de nuevo a Asturias durante la tercera semana del mes.


En cualquier caso, como he estado en Llanes 33 veces en los últimos 29 años, y es previsible que siga yendo, ya que la casa que se hicieron mis padres en la aldea llanisca de La Galguera aún es un lugar en el que necesito echar unos cuantos días de vacaciones cada verano, pues he establecido tres pequeños retos, que me estoy esforzando por cumplir. Al ir a por todos, lo que pretendo es explorar de la manera más profunda posible lo que ofrece el concejo. No obstante, solo en dos de esos desafíos voy a intentar ser exhaustivo. En el tercero, que implica conocer las fiestas populares del municipio, es inviable elaborar un listado completo de las que hay. 

Sin embargo, las pretensiones de conocer todas las playas del concejo de Llanes y el 100% de sus pueblos sí son realistas, como he ido contando desde hace unos años. Este verano, lo comencé con 29 de los 71 núcleos poblacionales ya visitados (de 3 no he hablado aún en el blog), y con 23 de las 53 playas disfrutadas (hay una a la que no he mencionado todavía en En Ole Väsynÿt). En ambos casos, los retos han avanzado un poquito más en 2025.

Vidiago, Poo, El Mazuco, Nueva... y los pueblos clásicos

Huelga decir, que este verano he vuelto a echar buenos ratos en La Galguera, en San Roque del Acebal, y, como no, en Llanes capital.

Con respecto a la primera aldea, que es donde está la casa de mi familia desde 2004, el presente año he comprobado que siguen construyendo en ella. Omnia Mutantur, Nihil Interit...


Pues sí, Omnia Mutantur, todo se transforma. Ovidio ya reflejó esa verdad en La Metamorfosis hace 2.000 años, pero añadió que nada desaparece, Nihil Interit, y con eso es con la que hay que quedarse. Evidentemente, no me gusta que haya tres casoplones delante del balcón de mi cuarto asturiano, en vez de vacas, que es lo que llevo viendo dos décadas, pero no se puede detener la evolución de las cosas. La Galguera no ha dejado de cambiar nunca, en realidad, ni va a parar jamás de hacerlo. Por ello, para mí pesa más la alegría de que he estado vivo para ver su crecimiento, que la pena de que se ha volatizado el ganado que pastaba frente a mi ventana. Ahora, tendré que alejarme un poco para a ver a los animales.

En todo caso, decía que, en los diez días que he estado Asturias este mes de agosto, también he echado un par de ratos en San Roque del Acebal, que es la aldea vecina de La Galguera...


... así como en Llanes, que es un pueblo por el que nunca me desagrada un paseo.


La cervecita en el Café Bitácora, el helado en la Heladería Revuelta, el pixin y las rabas en la Sidrería El Bodegón... Llevo años yendo a Llanes, y no me canso de cumplir con esas tradiciones.


Este 2025, como novedad, una noche fuimos a un pub a tomarnos algo. Yo, el mundo nocturno de Llanes no lo tengo para nada trabajado, pero el sábado nos dio por salir a dar una vuelta tras la cena, y acabamos en la recogida terraza de un bareto llamado Al Copone Gin Club, que me gustó bastante.


Cuando empecé a ir a Llanes no tenía hijas, pero pronto nacieron Ana y Julia, lo que hizo que me olvidara de andar por la calle después de la puesta de sol. Ahora, ya son adolescentes y todo ha cambiado, por lo que no descarto nuevas visitas, con ellas a ser posible, a sitios como Al Copone.

No obstante, yo de lo que iba a hablar era de las localidades llaniscas que he conocido este año, que han sido El Mazuco, Vidiago y Poo. Aparte, he vuelto a Nueva, que es una aldea en la que había estado un par de veces, pero a la que aún no había mencionado en ningún post. Actualizando números, por tanto, ya he visitado 32 de los 71 entes poblacionales de Llanes. De todos ellos, solo me falta decir algo de El Allende, de Puertas de Vidiago, de Villahormes, de Puentenuevo y de Purón. Lo haré lo antes que pueda.

Por lo que respecta a Nueva, esta bonita población es la tercera con más habitantes en el concejo de Llanes. Viven allí unas 600 personas.

       


No obstante, lo importante de Nueva es que está en el extremo occidental del término llanisco, a 8 kilómetros de Posada, que es el segundo núcleo más poblado del concejo, y a 18 de Llanes capital. Hoy día, eso no es mucho, pero antaño era lo suficiente, como para que Nueva sobresaliera en su entorno inmediato. Se nota, porque es un pueblo con un buen número de casonas de los siglos XVIII y XIX, así como con algún palacio incluso de mayor antigüedad.

De los nuevos pueblos que he conocido en 2025, el más pintoresco es El Mazuco. Se encuentra en el interior del concejo, enclavado en una zona bastante escarpada.  La misma, aunque se halla apenas a 6 kilómetros del mar, forma parte de la imponente Sierra del Cuera, que se ve al fondo en casi cualquier foto panorámica que se saque en Llanes.


El tema es que la Sierra del Cuera está dividida en varias cordilleras, y El Mazuco se encuentra en un pequeño valle que hay entre dos de ellas.



Nosotros fuimos a El Mazuco con la intención de ver la Cueva El Bolugo. Para llegar al punto en el que empieza el camino que lleva a ella, atravesamos el pueblo entero, por lo que vimos la Ermita del Santo Ángel, la Fuente y el Monumento al Emigrante, que está emplazado en la placita que ejerce de centro de la localidad.

       


Sin embargo, la Cueva El Bolugo no llegamos a verla, porque el punto en el que se supone que teníamos que acceder al sendero que conduce a ella estaba totalmente intransitable.


Yo no vi la manera de atravesar el montón de maleza que ocultaba el camino, por lo que desistimos. En el futuro, intentaré volver a ese lugar, para tratar de pasar, por ahí o dando un rodeo. Esta vez, no obstante, lo que hicimos fue irnos a tomar un café. Resulta que en El Mazuco, donde viven menos de 50 personas, está emplazado uno de los restaurantes más destacados del oriente asturiano. Se llama Bar Parrilla El Roxin.


El Roxin no es un restaurante de lujo, pero me lo han recomendado varias veces, en diferentes lugares, por lo que es todo un tapado. Yo no había acabado de ir, pero el otro día sí tuve una primera toma de contacto con el negocio. Regresaré a El Mazuco lo antes posible, para intentar ver la cueva y para pegarme un buen homenaje en El Roxin, matando así dos pájaros de un tiro.

Volviendo a la costa llanisca, otra población que he conocido este año es Poo. En su caso, se trata de una localidad de unos 400 habitantes, que se extiende a ambos lados de la carretera AS-379, que es la que atraviesa Llanes capital. 


La cosa es que Poo es la población más cercana a la capital del concejo por el oeste. Entre las dos hay una cierta distancia, pero yo fui andando de Llanes a Poo y volví sin problema, lo que denota que la separación es poca. En apariencia, Poo se ha desarrollado gracias a que la atraviesa la carretera, por lo que, pese a que tiene el mar a tiro de piedra, no se asoma a la Playa de Poo. La misma no está muy lejos, en todo caso. Aparte, se trata de un núcleo eminentemente residencial, aunque cuenta con zonas en las que las casas presentan un aspecto bastante tradicional.



Los dos puntos más relevantes de Poo son el ensanchamiento de la carretera general en el que se encuentra la Bolera, que está rodeada de varios restaurantes, así como la campa en la que se halla la Iglesia de San Vicente y el Monumento a Egidio Gavito.


Por último, la tercera localidad novedosa en la que he estado este 2025 ha sido Vidiago. Allí, asistimos a la Fiesta de la Sacramental, que es la primera de las dos celebraciones populares a las que voy a hacer referencia en el presente post.


Vidiago también se asoma a una carretera, en este caso a la N-634, pero, al estar más lejos de la capital del concejo, no ha crecido tanto. Allí residen menos de 100 personas. 


Sin embargo, los que viven en Vidiago y los que han crecido allí, siguen celebrando la fiesta veraniega de la aldea, que estuvo compuesta de todas las partes que integran este tipo de eventos, los cuales duran un par de días o tres. Lo primero, como es tradicional, fue la plantación de la hoguera. 


Lo de plantar la hoguera es un acto del cual creo que todavía no había hablado en En Ole Väsynyt, pero que es muy tradicional en las fiestas patronales de la mayoría de las localidades de Llanes. Su fase previa consiste en buscar, talar, pelar y sacar del monte un enorme tronco de árbol. Después, el día del jolgorio, los mozos del pueblo lo llevan a hombros a un lugar más o menos emblemático del mismo, y lo clavan en un gran agujero.


El proceso de plantar la hoguera tiene un punto ancestral y simbólico, claro, ya que es necesaria la colaboración, la organización y la solidaridad para trasladar el tronco varios kilómetros, y para clavarlo en la tierra, de forma que aguante un año sin caerse. La cosa es que, cuanto más grande sea el palo, más difícil será trasportarlo y dejarlo vertical, de manera que el pique consiste en intentar que su altura sea la mayor posible. Durante los meses entre una fiesta y la siguiente, el poste permanece en un sitio visible por todos, convertido en una especie de estandarte, que representa una serie de valores de los cuales hace gala la comunidad de vecinos, como la unión, la identidad colectiva, el orgullo de la pertenencia al grupo y el apego a las raíces.


Es obvio que hablamos de un rito cuyo procedencia se pierde en la noche de los tiempos, y que se vincula a costumbres celtas y a tradiciones de pueblos del norte de Europa que quedan lejanas. El símbolo de que la comunidad levante un árbol cada primavera, cuando vuelve la vida tras el invierno, y que ese tronco ejerza de eje simbólico colectivo durante un año, igual que el fuego del hogar congrega a la familia a su alrededor, no es un ritual difícil de comprender, y estaba tan arraigado, que en lugares como Asturias fue unido sibilinamente a las fiestas patronales veraniegas por la Iglesia Católica. Era mejor eso que luchar porque desapareciera. Lo de plantar la hoguera (es decir, el fuego simbólico que demostrará la unión de la comunidad que lo puso ahí), tiene, en consecuencia, un origen pagano. Por ello, hoy en día no es raro que el proceso esté unido al inicio de las verbenas.

El caso es que el acto de plantar la hoguera es similar en todos los pueblos de Llanes. Lo normal, es que los hombres corten el madero unos días antes y lo transporten desde monte, dejándolo en los límites de la localidad. Con motivo del inicio de la fiesta, los mismos acabarán el traslado, pero esta vez ya irán escoltados por las mujeres, que entran en escena en ese momento, y cuya misión es acompañar la parte final del porte, cantando y tocando la pandereta. En Vidiago, nosotros no seguimos esa procesión, sino que esperamos en la Bolera a que llegara el tronco, tomando una cerveza y viendo como los jóvenes bailaban al modo tradicional, al son de la gaita.


Cuando acabaron de plantar la hoguera, dio comienzo la mencionada verbena. Su primera parte la amenizó una actuación del grupo Trío Picos de Europa


Al principio, al ver a las tres integrantes del trío embutidas en chupas de cuero me vine un poco arriba, porque creí que íbamos a presenciar un concierto de Pop Rock. Para mí desgracia, no fue así, puesto que Trío Picos de Europa pronto empezó con las bachatas y la música melódica. A mí, el inicio del repertorio me lo puso fácil para tirar para casa cuando tocaba. No obstante, como está reflejado en el cartel, quedaba mucho por delante. El viernes, me hubiera gustado disfrutar de la sesión vermú y de los bailes regionales, pero teníamos planes diferentes para el mediodía. De todas formas, ya digo que el grueso de las fiestas patronales llaniscas se parecen, y que esa parte he tenido la suerte de vivirla en otros sitios.

Antes de terminar con los pueblos, voy a hablar de la otra festividad a la que he asistido el presente año. Como he dicho, con las celebraciones populares llaniscas no voy a ser exhaustivo, pero, poco a poco estoy haciendo un repaso de las que voy consiguiendo ver, por lo que la cosa acabará quedando bastante completa. Las Fiestas de San Roque de Llanes aún no habían aparecido en este blog. Su día grande es el 16 de agosto.


Ese día, a media tarde, tiene lugar el Encuentro Regional de Gaiteros, que es una pasada. Este año, se cumplía su edición 26, y yo conté que tomaron parte en él 8 bandas, aunque he leído que fueron 11. Las asturianas de fuera de Llanes eran de concejos como Aller, Onís, Corvera de Asturias, Cabrales u Oviedo. Luego, había otra de Valladolid, nada menos. Por último, abrió el desfile la Banda de Gaitas L'Alloru, que es de la localidad llanisca de Balmori, y lo cerró la Banda Gaites Llacín, que además de ser de Llanes, es de las más importantes de España en su género. 



Lo del desfile estuvo muy bien, pero lo mejor llegó al final del pasacalles, cuando todas las bandas se fueron instalando en la Playa del Sablón y acabaron interpretando, de manera emotiva, el himno de Asturias.



Para terminar, la descarga de fuegos artificiales, desde el Paseo de San Pedro y desde el mar, fue de las más espectaculares que he visto. 



En definitiva, ha quedado patente que los planes urbanos en Llanes me siguen dando mucho juego, pero, como siempre, allí también es indispensable hacerle un hueco en la agenda a la naturaleza y a sus encantos.

La Playa de La Capilla se suma a la lista

Decía antes que empecé el verano con 23 de las 53 playas llaniscas visitadas. Tras ir a la Playa de La Capilla, lo acabé con 24.



La Playa de La Capilla se encuentra en un lugar muy aislado, ubicado entre Poo y Celorio. A su lado, hay una capilla, como se deduce con facilidad por su nombre, aunque la misma está en ruinas.


De las 24 playas de Llanes que conozco, solo me faltaba hablar en el blog de la Playa de Cuevas del Mar. Ahora ya la he mencionado, pero me queda regresar a ella. Por otro lado, me he bañado en 12 de esas playas. La de La Capilla es muy pedregosa, pero parece que es sencillo meterse en el agua desde su orilla, porque está protegida. No obstante, hacía fresquete y no tuve narices. Este año, lo más que he hecho ha sido darme un rápido chapuzón en la Playa de Ballota

Los paseítos

En 2017 y en 2020, hice referencia al tramo llanisco del Sendero Europeo E-9, también denominado GR 204 Senda Costera. Este, junto con el trecho que discurre por el concejo de Ribadedeva, mide unos 69 kilómetros, aunque he encontrado una fuente que parece fiable, que dice que son 64'7. La diferencia estriba, seguro, en que hay muchos puntos del camino en los que uno puede coger variantes del mismo, para acercarse más a la costa de manera momentánea, por lo que la distancia final cambia en función de que se incluyan esos trayectos de ida y vuelta, o no. 

En cualquier caso, yo ese tramo de casi 70 kilómetros entre Bustio y la Playa de Guadamía lo estoy haciendo por partes. En total, llevaré unos 21 kilómetros, por lo que me resta bastante. Recapitulando, en 2017 fui de Llanes a la Playa de Poo, en 2020 salí de Llanes, yendo en dirección opuesta, y llegué a Andrín, también he ido un par de veces de la Playa del Cobijeru a Pendueles, y este 2025 he caminado desde Poo hasta Celorio






Aparte, como bonus extra, el presente verano he vuelto a unir Poo con Llanes, haciendo a la inversa el recorrido de 2017.



La ruta que va desde Poo hasta la Playa del Sablón de Llanes es espectacular, por lo que se puede hacer el número de veces que se quiera. En el tramo que está más pegado a Poo, a ratos se va tan cerca del acantilado, que hay que tener cuidado si se sufre de vértigo.  


Quizás, es más impresionante hacer el recorrido en el sentido en el que yo lo he hecho este año, porque se va uno aproximando a Llanes y puede ir contemplando unas panorámicas del pueblo que quitan el hipo.



Después, en un momento dado se atraviesa una estrecha abertura que hay en un murito, y se desemboca en el Paseo de San Pedro. Recorrerlo de principio a fin, como yo he hecho este año, merece mucho la pena.




Comer comer...

En 1997, estuve en Llanes por primera vez. Ese año, fui casi por casualidad a un restaurante llamado El Sucón, que estaba un poco escondido. Era un lugar escasamente refinado, donde se comía al modo tradicional asturiano. Pues bien, desde entonces hasta 2024, almorcé allí en 32 ocasiones. El caso es que la propietaria del Restaurante El Sucón nos reveló, en agosto de 2023, que lo iba a traspasar, porque el negocio era muy esclavo y ya no le compensaba. El verano siguiente, comprobamos que el mismo lo había cogido otra persona, la cual había introducido cambios absurdos en la carta, con el agravante de que no nos dieron un buen servicio. Era evidente que la cosa no iba a funcionar, y así ha sido, hasta el punto de que este 2025 nos hemos encontrado chapado El Sucón. Me gustaría pensar que el cierre es temporal, pero no se si aparecerá alguien que levante el vuelo del establecimiento.

El resumen es que este verano no ha habido suconazo. No obstante, la alternativa para una buena comilona a base de fabada no la encontré muy lejos, ya que almorzamos un día en el Restaurante Picu L'Salgar, que está en la misma carretera que El Sucón, pero menos aislado.


El Restaurante Picu L'Salgar abrió sus puertas en 2005, de manera que no existía las primeras veces que yo fui a El Sucón, pero lo llevaba viendo dos décadas en ese lugar, por lo que se ha convertido en un clásico para mí. Sin embargo, los cantos de sirena de El Sucón habían hecho que siempre hubiera ignorado a su vecino. Ahora, debido a la nueva coyuntura, ya puedo decir que he probado su afamado pote. Volveré, porque no me defraudó.

El otro sitio novedoso al que hemos ido a comer este verano también tiene su historia. Se llama Restaurante El Cuchareru. La anécdota es que, en julio, una semana antes de ir a Llanes, haciendo zapping me paré en un programa de Canal Sur, en el que estaban hablando de la costa llanisca. Creo que era Andaluces x España, aunque no he conseguido encontrar en Internet ese capítulo y no estoy seguro al 100%. De todas formas, lo que sí es indudable es que me atrapó, por lo que vi como uno de los protagonistas del episodio llevaba al presentador a un restaurante en Nueva, que resultó ser El Cuchareru.


En el programa, vi que en el Restaurante El Cuchareru se mezcla la tradición y la vanguardia, me gustó y me quedé con el nombre. Unos días después, estando ya en Llanes, apareció la oportunidad y fuimos a conocerlo. 


No me defraudó. El Cuchareru se vende como un restaurante, que también cuenta con una tienda y con un microllagar. En realidad, es un negocio de restauración normal, que no tiene una carta demasiado amplia ni es barato, pero que ofrece cosas ricas, y que sirve unas raciones lo suficientemente grandes, como para que uno de por bien gastado el dinero. Nosotros tuvimos que comer temprano, porque, cuando llamé por la mañana para reservar, ya apenas había hueco. Me alegro. Por otro lado, la sorpresa fue que en la mesa vecina a la nuestra almorzó el conocido periodista Juan Ramón Lucas. Estaba con su mujer, Sandra Ibarra, con un par de parejas más, y con un señor mayor. Lo dejé tranquilo, claro, pero me resultó curioso.

Otro lugar clásico que ha evolucionado, y sigo con la cantinela del Omnia Mutantur, Nihil Interit, es el chiringuito de la Playa de San Antolín. Desde 2015, había comido en él casi una decena de veces, cuando su nombre era Bar Restaurante La Playa. Este verano se ha llamado Eni's Bar, pero no ha cambiado lo suficiente, como para que haya dejado de ser una gozada almorzar en su terraza.


Un segundo chiringuito en el que intentamos comer otro día fue en el Mamba, que se asoma a la Playa de Ballota. En este caso, no habíamos reservado, estaba lleno y amenazaba lluvia, por lo que nos tuvimos que conformar con tomarnos una cerveza en unas mesas que tiene a la intemperie.


Ese rato tampoco estuvo mal...

Los planes random del verano llanisco de 2025

Voy a acabar hablando de tres cosas que he hecho este año, que ha sido divertidas, pero que no han tenido cabida en ninguno de los apartados en los que he dividido el texto hasta ahora. Yendo de lo más turístico a lo menos, lo primero es que me volví a asomar, por fin, al Mirador de la Boriza. Desde 2010 no lo hacía.



El Mirador de la Boriza no está lejos de La Galguera, pero yo solo había ido una vez a otear la costa desde él. De nuevo, la clave para que me haya decidido a regresar este verano ha sido que ese sitio salió en el mismo programa de Canal Sur que mencioné antes. Cuando lo vi, me dije que no podía pasar otro año sin que me acercara al mirador. Desde el Mirador de la Boriza, si se mira hacia occidente se ve la Playa de Ballota, y si se mira hacia oriente se ve la de Andrín. El lugar es espectacular.



El segundo plan un tanto random que nos hemos marcado este año ha sido ir al Hotel Rural La Montaña Mágica, pero no a dormir en él, sino a visitar a sus dueños. La Montaña Mágica es un establecimiento hotelero que abrió sus puertas en 1996, en un lugar un poco inverosímil. 


En 1997, yo fui con mis padres a pasar allí una semana, con la cosa de que les gustó tanto el sitio, que estuvieron yendo a él hasta que se hicieron su casa en La Galguera, una década después. Yo, durante esos años, pernocté en el hotel una decena de veces, pero no había regresado desde 2007. Mis padres fueron en bastantes más ocasiones que yo, por lo que terminaron haciendo amistad con el dueño y con su familia. El otro día, fuimos a visitarlos. 



De nuevo, tengo que decir que muchas cosas ha cambiado en La Montaña Mágica desde que fuimos en 1997, pero esta vez el progreso ha sido para bien. Yo tengo fresco en mi memoria como era aquello al principio, y la verdad es que ahora están potenciadas las virtudes del establecimiento. En origen, el hotel lo abrió y lo echó a rodar un ovetense, llamado Carlos Bueno. Carlos es hijo del filosofo y profesor universitario Gustavo Bueno, que fue toda una eminencia en su espectro profesional hasta que falleció, y que tuvo su momento mainstream en 2000 y 2001, cuando participó en los debates de las dos primeras ediciones de Gran Hermano, tratando de aportar un poco de seriedad a ese circo. 

Con respecto a Carlos Bueno, estando ya embarcado en su aventura hotelera tuvo dos retoños, pero, según nos contó entonces, no tenía la intención de criarlos en ese sitio, por lo que la vida de La Montaña Mágica parecía que iba a ser efímera. Sin embargo, luego la historia ha cambiado, hasta el punto de que Carlos nunca regresó a Oviedo, y ahora son los propios Gustavo Bueno Jr. y Carlos Bueno Jr. los que regentan y han sabido modernizar el negocio de su padre, sin que este haya perdido la esencia. 

El tema es que el otro día fuimos a visitar a Carlos padre y a su mujer, pero Carlos hijo también estaba allí, y nos dedicó, sin prisa, sus buenas dos horas, mientras nos enseñaba como han ampliado las instalaciones del hotel, aprovechando que se halla en una finca de un tamaño brutal. Tan grande es, que el establecimiento tiene tres pequeñas rutas senderistas en el interior de sus instalaciones aledañas, las cuales se encuentran señalizadas. Nosotros, junto con la familia Bueno, hicimos la Circular Finca, que mide 790 metros, lo que nos permitió ver, por ejemplo, las cuadras para los animales, el colmenar de abejas, el huerto, el invernadero y el llagar. 


Después de un rato tan agradable, cuando nos fuimos me hice el firme propósito de volver algún día a dormir al hotel.

Y voy a acabar con el tercero de los planes llaniscos que he calificado como random. De los tres, este último es, sin duda, el más inopinado y fortuito. 


De hecho, para muchos, lo de ir al gimnasio en Llanes no tiene nada de llamativo, lo mismo que para mí no es especial levantar pesas al de Villanueva del Ariscal. Sin embargo, me encanta confundirme con la gente local en los sitios adonde voy de visita, y lo de adentrarme en el edificio de la Piscina Municipal, curiosear por sus instalaciones y mezclarme con los llaniscos, en un quehacer diario relacionado con el deporte, me parece muy divertido.


No es la primera vez que voy al gimnasio de la Piscina Municipal de Llanes, y quizás no sea la última. La anécdota de esta ocasión fue que me equivoqué de puerta, me metí en el vestuario femenino y casi la lie. De hecho, vi de refilón a una señora medio en cueros, la cual, por fortuna no me vio a mí, de manera que pude salir de allí cagando leches sin morirme de vergüenza y sin violentar a nadie.

En conclusión, yo continúo viviendo en Llanes toda clase de experiencias. Ojalá pueda seguir yendo unos días al año durante mucho tiempo.


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado LLANES.
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en Asturias: 13'3% (hoy día 60%).
En 1997 (primera visita), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 11'8% (hoy día 36'8%).


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