1 de octubre de 2019

CARRERA NOCTURNA DEL GUADALQUIVIR 2019

La noche del 24 de septiembre de 1999, volvía a mi casa a una hora inusualmente temprana para ser viernes, cuando, al llegar al Puente de Los Remedios, me cortó el paso una interminable hilera de personas corriendo. Estaban disputando la undécima edición de la Carrera Nocturna del Guadalquivir y yo nunca había visto nada igual. Cuando me topé con la carrera, era casi imposible cruzar la calle sin liarla. Poco a poco, los corredores que se aproximaban comenzaron a ir más lentos, pero durante un buen rato siguió siendo harto difícil encontrar un hueco por el que colarse. Al final, tras 15 minutos, los grupitos empezaron a estar algo espaciados y pude alcanzar la otra acera sin molestar. 

Si, ejerciendo de espectador de aquella Nocturna solo hubiera visto pasar a los primeros, me habría ido a mi casa con una idea tan equivocada de lo que son las carreras populares, que a lo mejor me lo hubiera pensado dos veces antes de tirarme yo a correrlas. Sin embargo, gracias a que aguanté mucho, pude ver que el nivel de los participantes fue bajando, hasta alcanzar el que yo, que ya salía a trotar de tarde en tarde, tenía por ese entonces. El mismo día que descubrí la Nocturna del Guadalquivir también vi que la disputa hasta el gato. Eso me quitó el miedo y fue clave para que me apuntara, doce meses después, a la siguiente edición. Fue mi debut competitivo.


Han pasado muchos años y durante este tiempo he mantenido con la Nocturna una relación bipolar de amor y de odio, porque esa cita fue para mí casi ineludible desde 2000 hasta 2007, pero me fui metiendo a la vez en el mundillo del running, conocí otras pruebas y, de repente, tras seis participaciones me di cuenta de que la Nocturna había dejado de gustarme. Efectivamente, en 2007 tomé conciencia de que había decenas de carreras mejores. La Nocturna, como todas las carreras que se organizaban en Sevilla en aquella época, se había convertido en un evento arrinconado, ya que, con la excusa de que terminaba en el Estadio de la Cartuja, tenía un trazado que apenas salía de la Isla de la Cartuja. Eso significaba que la gran mayoría de su recorrido era un desierto de público. De hecho La Cartuja, que es una zona donde no hay más que empresas y edificios universitarios, los viernes por la noche sigue siendo un lugar oscuro y solitario. Para colmo, la carrera era la más popular del calendario, pero, aun así, fue alargando su circuito de una manera absurda, hasta el punto de que llegó a medir 12.060 metros en 2006 y 2007. No acababa de entender por qué medía 12 kilómetros una carrera destinada a ser disputada por varios miles de personas que solo son corredores ocasionales. Por último, no se sacaban clasificaciones y solía hacer bastante calor (esas circunstancias no han cambiado), por no hablar de que a mí no me gustan demasiado las nocturnas, y menos si son en viernes, porque suelo estar cansado.

En consecuencia, después de 2007 no volví a participar en la Nocturna hasta 2013. Ese año, con la inscripción al circuito completo de carreras populares de Sevilla regalaron el dorsal de la Nocturna, por lo que me vi inscrito de nuevo en ella sin comerlo ni beberlo. Yo no tenía especial interés por correrla, pero decidí hacerlo en el último momento, con la cosa de que lo que me encontré en esa edición distó mucho de lo que había vivido anteriormente. Su cartel promocional fue tela de feo, pero dejaba patente el carácter aficionado que aún tenía la cita.


Además, muchas cosas habían cambiado, por lo que me encontré conque la carrera ya no empezaba ni terminaba en el Estadio de la Cartuja, sino que daba comienzo en el Paseo de las Delicias y acababa en plena Plaza de España, después de pasar incluso por Triana. 

Aparte, pese a que podría recordar esa edición de 2013 como un desastre, debido a la climatología, lo que pervive en mi memoria es que me divertí mucho. Fue una de las experiencias atléticas más chulas de mi vida. Ese año, el día de la carrera estuvo metido en agua. Hacía calor, pero se pegó la tarde diluviando, lo que no fue óbice para que se mantuvieran fieles a la cita varios miles de personas. La lluvia amainó en los instantes previos a la salida, pero fue poco a poco a más tras el pistoletazo inicial, y en el momento en el que yo estaba atravesando Triana por la Calle San Jacinto, el cielo decidió caerse. Jamás en mi vida me había llovido tanto encima, ni corriendo ni sin correr. En cuestión de segundos, cayó tal tromba de agua, que pasé a estar como si me hubiera tirado vestido a una piscina. Durante el medio minuto más virulento, apenas fui capaz de ver por donde iba, y sentí como si estuviera debajo de una ducha con el grifo abierto a tope Fue tremendo.. 

Ni que decir tiene que ese año mi carrera no acabó en la meta, porque estaba tan empapado que al llegar seguí al trote y no paré hasta que me metí en el coche, unos diez minutos después.


Fue mala suerte, pero con lo que vi me di cuenta de que la Nocturna había cambiado. Ya medía solo 8.500 metros, y se había diseñado un recorrido urbano que atraía al público. Lo de dar mil vueltas por la desierta negrura de la Isla de la Cartuja se había terminado. En 2014 no corrí, puesto que fue María la que lo hizo y yo me quedé con Ana y con Julia, pero en 2015 tuve la oportunidad de ponerme de nuevo el dorsal y entonces sí que se cerró el círculo, porque prescindieron de la Plaza de España como final, debido a que en 2014 había sido tal el volumen de participantes, que se había colapsado y los últimos casi que no habían podido ni traspasar la línea de meta. Por ello, en 2015 se decidió habilitar para la llegada el mismo lugar que para la salida, en el Paseo de las Delicias. Esta avenida es ancha e infinita, por lo que permite que se junten allí 20.000 personas antes de la carrera, y tiene capacidad para recibirlas también un rato después, favoreciendo que se vayan dispersando.


Además, en la salida se dividió por primera vez a la multitud en cajones por tiempos, para tratar de organizar a los corredores y que aquello, en la medida de lo posible, dejara de ser el coño de la Bernarda (perdón por la expresión, pero no hay ninguna forma mejor de expresar que, hasta entonces, en la Nocturna daba igual donde te pusieras, porque siempre tenías delante a gente disfrazada y a novatos a cascoporro, que echaban a correr al tran tran).

El ambiente festivo era la seña de identidad de la carrera, pero en 2015 la organización comprendió que el mismo no está reñido con un mínimo de competitividad, de manera que, desde ese año, se estructura la salida por cajones. Estos son muy laxos con los rangos de tiempo, pero hay uno para los que corren a menos de 4:00 minutos el kilómetro (este lo había desde siempre) y otro para los que acreditan que son capaces de bajar de 50 minutos en 10.000 metros. Por detrás, ya sí se sitúan las miles de personas que solo disputan esta carrera, los que no tienen marca y los que se plantean la cita como una fiesta. De esa forma, ahora los que optan por arrancar como un tiro pueden hacerlo sin obstáculos, y los que piensan ir al trote o quieren ir vestidos de pingüino, de novia o de flamenca, pueden tomárselo con calma sin molestar.

Yo, en ese 2015 estuve en el cajón sub 50. Había bastante gente, pero llegué temprano y me pude poner sin problemas delante en el mismo. Luego, quitaron la valla que nos separaba de los más rápidos, avancé, y, sin necesidad de meter codos, acabé en la primera fila. Era una posición tan preeminente, que al poco me dio vergüenza y me pasé a la segunda. No era plan de estorbar a los que iban a por la victoria. Lo bueno fue que, a pesar de eso, pronto me vi siguiendo apenas a una hilera de corredores, que volaba por el nuevo circuito, el definitivo hasta hoy, el cual rodea el centro de Sevilla por la ronda de circunvalación.


Esa ronda es ancha y es apta para recibir a una marea humana de más de 20.000 personas, pero aquel año avancé por ella en el puesto 200 o 300, por lo que me vi corriendo por el centro de una enorme avenida iluminada y casi vacía, a cuyos lados se agolpaba un infinito pasillo humano de espectadores. Yo, que recordaba como era la carrera hasta 2007, aluciné.

Desde ese día han pasado cuatro años y no había vuelto a correr la Nocturna, por diversas razones. Sin embargo, después de la experiencia de 2015 sabía que regresaría, más pronto que tarde, para repetir aquello. Desde hace unos meses, salvo para casos muy concretos y especiales, solo puedo ir a carreras los viernes por la noche, por lo que me pareció que este era un buen momento para participar de nuevo.

Según he visto, la cita en las últimas ediciones ha mantenido su nivel, digamos que los responsables tardaron en encontrar la manera de conjugar en un mismo evento el carácter festivo y la seriedad organizativa, y tampoco resultó fácil que se dieran cuenta de que, si se quieren recoger los frutos mediáticos de una prueba deportiva masiva, no se puede pretender que no moleste ni un poco. Ahora, todo eso ya está solucionado, es cierto que se colapsa el Paseo de las Delicias durante doce horas un viernes de septiembre, con los perjuicios que ello conlleva, pero, a cambio, a las 10 de la noche logran que se congreguen allí 20.000 personas, en el acontecimiento atlético más numeroso de Andalucía (yo creo que es Top Five de España). 

En efecto, ahora dan con el clavo en el tema del marketing, y uno desde dentro siente que forma parte de algo grande, también esas estrategias de publicidad hacen que acuda el público a animar, se corre por lugares emblemáticos y han conseguido que los que quieren ir a tope puedan lograrlo, sin que eso impida que haya miles de personas que se tomen el evento en plan de guasa. En definitiva, han convertido un tostón, al que dije que no iba a volver, en una fiesta deportiva que le deja un buen sabor de boca a casi todos. No hay clasificaciones, ni se ofrecen tiempos oficiales salvo a los primeros, pero se puede prescindir de ese grado de competitividad por un día.

La Nocturna de 2019

El pasado viernes, por tanto, me arranqué de mis estudios al caer la tarde y me fui con ganas a meterme de lleno en el meollo de la Nocturna. La logística cuadró, por lo que me planté a una buena hora en la línea de salida, donde vi que el ambiente, gracias a la música, a las luces y a la cantidad de gente, era mágico.


Sin problemas me inserté en mi cajón, y, aunque esta vez no llegué a estar en primera línea, sí conseguí, sin apenas esfuerzo, una buena posición para cuando echara a correr.


Con respecto a la carrera en sí, terminé satisfecho. Me sentí algo corto de pulmones, pero llevaba casi tres meses sin correr a tope y las sensaciones fueron las normales en esas circunstancias. Mi idea era ir a un ritmo inferior a 4:18, dado que mi primer objetivo de la temporada es acabar el circuito de populares de Sevilla habiendo completado las cinco pruebas en menos de 43 minutos. Con las cuatro de primavera lo conseguí, y solo me falta rematar la faena el próximo 20 de octubre en la última. Ese día tendré que volver a rondar todo el rato los 4:17, como mucho, por lo que quería comprobar hasta que punto es factible el reto, después de haber sobrevivido al verano. Afortunadamente, certifiqué que el propósito no es descabellado, es más, creo que tendré margen, porque, si bien es cierto que mi media en la Nocturna fue justo de 4:17, también es verdad que llevaba bastante tiempo sin buscar mis límites, y que cumplí a una hora que no me va nada, como ya he explicado.

En cualquier caso, aunque logré el objetivo, fue una carrera de las sufridas. Salí mejor de lo esperado e hice los dos primeros miles en 4:14 y 4:13, pero a mitad de la Calle Torneo ya noté que había perdido la frescura, y los siguientes 6 kilómetros fueron una lucha titánica por no hundirme. Iba muy justo, pero conseguí mantenerme estable, marcando sucesivamente 4:21, 4:21, 4:19 y 4:19. En todo momento sentí que a ese ritmo iba por el filo de la navaja, de hecho el kilómetro 7 lo hice en 4:24 y pensé que ahí había empezado el hundimiento, pero el octavo lo volví a cubrir en 4:21, y como aún me quedaba punch pude hacer los últimos 500 metros a 4:09.

Puede parecer raro que me vaciara de este modo en la Nocturna del Guadalquivir, precisamente la prueba menos competitiva del calendario sevillano, pero la verdad es que yo siempre doy el máximo, y en esta carrera tenía especiales ganas de volver a ir a tope. También quería sentir de nuevo la sensación de correr formando parte de la punta de lanza de una muchedumbre de 20.000 personas, y, como no, la de atravesar la línea de llegada y andar el largo trecho del Paseo de las Delicias que acotan para la meta, sintiendo la calma que precede a la tormenta (en cuestión de 20 minutos, ese tramo es un hervidero de gente).



Lo de disfrutar de la sensación de ir por delante de miles de personas esta vez lo viví algo menos que en 2015, porque fui un poco más atrás. Además, fui más asfixiado y se redujo mi capacidad para disfrutar del entorno, pero, de todos modos, me lo pasé genial. Ya he corrido la Nocturna en nueve ocasiones, y no me cabe duda de que esta carrera entrará pronto a formar parte del selecto club de pruebas en el que he alcanzado la decena de participaciones.



Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 224.
% del Total de Carreras a completar: 22'3%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en SEVILLA.
En 2000 (año de la primera carrera corrida en Sevilla), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 0'9% (hoy día 35'2%).


23 de septiembre de 2019

SEVILLA 2019 (SEPTIEMBRE)

No tenía previsto publicar otro post turístico sobre Sevilla este año, pero el fin de semana pasado nos vino a ver nuestra amiga Ruth y eso siempre provoca que hagamos un montón de cosas interesantes relacionadas con la ciudad, por lo que me ha parecido que hay material de sobra para otro pequeño artículo. Por otro lado, la visita me ha servido como excusa para escribir algo en estos días, en los que estoy estudiando a piñón para el examen que tengo el 9 de noviembre y no tengo tiempo para pensar en carreras, ni mucho menos para organizar excursiones.

El caso es que Ruth improvisó una escapada y se plantó en nuestra querida Sevilla el sábado de la pasada semana con toda la libertad que ella sabe que tiene. Hace 20 años aún no conocía bien la ciudad y sus visitas podían tener más motivaciones turísticas, pero a día de hoy viene principalmente a vernos y se ajusta sin problema a nuestros planes normales. Eso no impide que nosotros intentemos hacer cosas especiales cuando ella está aquí, el abanico de lugares atractivos que ofrece la capital andaluza es enorme, a ella le gusta profundizar en ellos y a mí también me da la oportunidad de refrescar mi memoria o, incluso, de conocer sitios que aún no he visto.

De todas formas, como digo, ella viene con la mentalidad de unirse a nuestros planes, sean cuales sean, y este sábado por la tarde nuestra intención era ir a ver al Betis Féminas a la Ciudad Deportiva Luis del Sol. Se lo dije y le pareció estupendo, así que al llegar a Sevilla vino a buscarme (el sábado por la mañana me tocaba currar), cuando acabé comimos en Norte Andaluza, un bar de tapeo que está cerca del negocio donde trabajo y que es de lo mejores de la Alameda de Hércules, y justo después tiramos para Los Bermejales, el barrio donde se ubica el campo en el que juega el equipo femenino del Real Betis. Allí nos reunimos con María y con las niñas.


Nosotros somos socios del Betis Féminas desde el año pasado y lo pasamos bien viendo los partidos de la máxima categoría de la Liga Española de Fútbol Femenino. En esta ocasión el encuentro era el primero de la presente temporada en casa y en él acabó perdiendo el Betis por 3-4. Su rival fue el Deportivo Abanca (Abanca es el patrocinador, el club realmente es el Deportivo de la Coruña).


No hubo suerte con el resultado. Al final de la primera parte se llegó con empate a un gol, la cosa no pintaba mal, porque Priscila Borja incluso había fallado un penalti y Marina Fedorova también había marrado una ocasión muy clara, se presumía que en la segunda mitad el choque podía caer del lado verdiblanco, pero la defensa del Betis fue una calamidad y el Depor acabó metiendo tres goles más. El Betis llegó a ponerse 2-3, y tras el cuarto gol coruñés marcó el 3-4 en el descuento, pero ya no hubo tiempo para más. Finalmente Ruth no pudo ver una victoria nuestra, pero disfrutó del ambiente, que es a lo que iba, y pasamos un rato agradable. Además, como en cada partido, yo me lo pasé bien buscando a las jugadoras del Betis que no estaban convocadas, las gradas del Campo 3 de la Ciudad Deportiva Luis del Sol tienen capacidad para poco más de 600 personas y las futbolistas que no juegan ni están en el banquillo no tienen más remedio que sentarse entre el público. Esta vez vi en el descanso junto a la cafetería a Merel Van Dongen, que ha sido subcampeona del mundo con Países Bajos el pasado verano, nada menos, así como a Ana Romero Willy, que comentó para la televisión los partidos de dicho evento. Ambas estaban tocadas, no pudieron jugar y el equipo las echó de menos, sobre todo a Van Dongen, que es fija en el centro de la defensa.

Hablando de personajes de renombre en lo suyo, el viernes por la tarde tuve la suerte de ver a otro (he escrito "personajes de renombre en lo suyo" y no "famosos", porque las futbolistas, incluidas las de mayor nivel, por desgracia están lejos aún de ser famosas). En efecto, el viernes vi a otro personaje que ha destacado en su profesión, en este caso la música. No lo comentaría si no fuera porque eso me va a dar pie a hablar de un sitio donde estuvimos cenando y que encaja perfectamente en este post sobre Sevilla, ya que es muy recomendable. El lugar en cuestión se llama La Chunga y fuimos allí en familia, dado que era el cumpleaños de Julia. La fiesta con sus amigas y amigos aún estaba pendiente, pero pegaba hacer algo especial en el día exacto de la efeméride y la reunión formó parte de los festejos. Yo este bar no lo conocía y me gustó mucho, por lo que no voy a perder la oportunidad de meterlo en un post.


En efecto, La Chunga me encantó, comimos muy bien, éramos doce y abultábamos mucho, pero nos buscaron un buen sitio y nos atendieron a la perfección, siendo incluso cómplices, con una sonrisa, de nuestro momento Vela y Cumpleaños Feliz, pese a que tenían el local hasta los topes. Aparte de esto, como he dicho vi a un personaje famoso, pero no fue dentro del bar, sino fuera. El caso es que llegamos a cenar bastante temprano, íbamos con niños pequeños y no era recomendable apurar demasiado, pero resultó que apuramos tan poco que cuando hicimos acto de presencia en la puerta de La Chunga nos pidieron, por favor, que esperáramos unos minutos para entrar. Nosotros, para hacer tiempo, nos fuimos a las mesitas altas que tiene fuera un famoso lugar que está justo enfrente, el Kiosco del Barranco.


El Kiosco del Barranco es un bar que lleva ahí toda la vida, que yo recuerde. Es realmente una construcción exenta que se encuentra situada sobre un ensanchamiento de la acera, creo que hace un año que cambió de dueños y lo han remozado un poco, aunque nosotros solo nos tomarnos una caña en él. Precisamente en esas estábamos cuando vi, justo delante de mí, como Kiko Veneno hacía honor a una de sus canciones de mayor fama, que empieza diciendo "En un Mercedes blanco llegó...", llegando, como no, en un Mercedes blanco, con la cosa de que lo dejó con los cuatro intermitentes puestos en un lugar de la Calle Arjona donde no es que no hubiera hueco, es que no había ni siquiera sitio para aparcar coches.


Allí el bordillo da directamente a los carriles de la calzada por los que circulan los coches, pero a él le dio igual, pegó el suyo a la acera y se fue. Tampoco se estresó demasiado, no sé que hizo, pero tardó sus buenos diez minutos en regresar. Cosas de los artistas, que ya están de vuelta de todo...

Antes de la cena y sus prolegómenos el fin de semana ya había empezado de uno de los modos más festivos que hay, que es yendo al cine con niños. Como he dicho, era el cumpleaños de Julia y también le dimos a la tarde un toque especial. En relación con esto, hace unos meses en otro post ya hice mención a la sala de cine con más solera que hay en Sevilla y ahora es un buen momento para hablar de la más bonita, que está en la antigua estación de trenes de Plaza de Armas.


Cuando se usaba como final de trayecto para los trenes que llegaban a Sevilla, Plaza de Armas era conocida popularmente como Estación de Córdoba. En su día el edificio se construyó para servir como estación de ferrocarril y como tal se usó desde 1901 hasta 1990. Yo tengo recuerdos de haber cogido trenes allí siendo niño. Poco antes del inicio de la Expo'92 se clausuró y en 1999 se reabrió como centro comercial, sin que por ello se le realizaran a su estructura grandes alteraciones, lo cual es importante dado lo bonita que es.

En la actualidad, la esencia neomudéjar del edificio está a salvo, ya que el mismo fue declarado Bien de Interés Cultural en 1990. Pese a esto, he oído repetidas veces que la presencia en él del multicines peligra, de momento no parece que lo vayan a cerrar, pero sí es cierto que hoy por hoy todos los cines están en la cuerda floja, por lo que no se cuanto tiempo logrará mantener su agradable entorno ese centro comercial, en el que también hay tiendas y varios locales de restauración. Mientras tanto, por si acaso, yo siempre que quiero ver una peli lo primero que hago es mirar que ponen en el Cine Plaza de Armas y si veo que cuadra es la sala que elijo.


En esta ocasión esa fue la circunstancia, queríamos ver una película concreta (Padre no hay más que uno) y al mirar la cartelera vi que allí la ponían a una buena hora, por lo que no me lo pensé dos veces.


El Centro Comercial y de Ocio Plaza de Armas, además, está al lado de la Calle Arjona, por lo que la ubicación nos vino de maravilla para acercarnos un rato después adonde habíamos quedado para cenar.

El sábado, como ya he contado, llegó Ruth a Sevilla y por la tarde fuimos al fútbol. Después, nos marchamos para el pueblo, ya que había que reservar fuerzas para el domingo, que fue cuando llevamos a cabo el plan verdaderamente turístico con ella.

En los post sobre Sevilla de este blog aún no he hablado del Archivo de Indias y ha llegado el momento de hacerlo, dado que es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad hispalense, no en vano es uno de los tres integrantes del hat-trick de edificios sevillanos que son Patrimonio de la Humanidad. Este triplete está conformado por la Catedral, por el Alcázar y por el propio Archivo, que también es conocido como Antigua Casa Lonja. Todos están muy cercanos unos de otros.


Todos tienen también la particularidad de que se usan para algo más que para fines turísticos, aunque quizás sea el Archivo el que tenga una utilidad más llamativa, ya que la Catedral es una iglesia y funciona como tal, y una parte del Alcázar sigue ejerciendo de residencia real, pero solo en determinadas ocasiones. Sin embargo, la Antigua Casa Lonja alberga las dependencias del Archivo General de Indias, una de las instituciones de custodia de documentación más importantes del mundo.


El Archivo de Indias, como hoy es conocido por la mayoría, se erigió en principio como lonja de mercaderes en tiempos de Felipe II, ya que estos se dedicaban a hacer sus transacciones comerciales en las gradas de la contigua Catedral y eso daba mala imagen, con el problema añadido de que si llovía llegaban a meterse dentro de la iglesia para continuar con sus negocios. Como remedio a esa circunstancia a finales del siglo XVI se construyó al lado un edificio específico para que los comerciantes realizaran sus tratos. Sevilla en aquella época era, probablemente, la ciudad más importante del mundo occidental, y ello favoreció sin duda que el Edificio de la Lonja tuviera semejante envergadura, belleza y refinamiento. De hecho, el resultado fue tan espléndido que, cuando dos siglos después, se decidió crear en Sevilla un lugar donde se custodiara junta toda la documentación referente a los territorios españoles de ultramar, la cual estaba dispersa hasta ese momento, se decidiera usar las instalaciones de la Casa Lonja.


Desde entonces han pasado más de dos siglos y el cometido del edificio no ha cambiado más, por lo que ahora a veces se le llama por el nombre de lo que fue en un principio, y otras se le nombra en base a la función que cumple actualmente, aunque hay que decir que puede llevar a error lo que uno espera encontrarse dentro cuando se lo enseñan, porque hoy día la praxis archivística está muy avanzada en temas de preservación de documentos y los de esta institución, además, son de gran valor, por lo que uno en el Archivo de Indias no pisa los depósitos, ni ninguna estancia que esté en uso, sino que ve la parte noble, que ya no se utiliza para menesteres archivísticos. Yo solo había entrado una vez en Indias, fue en 1.999 cuando estudiaba tercero de Historia en la universidad y tuve una asignatura, precisamente, sobre archivística. Aquel curso vi muchos centros de custodia documental, en Sevilla y también en Cataluña, en una viaje que hicimos, pero recuerdo que de todas las visitas la que me resultó más decepcionante fue la del archivo sevillano, ya que recorrimos los lugares donde hace años estaban los legajos, pero donde ya no se conservaba nada. Los mismos se habían trasladado a depósitos bien protegidos y en las salas que vimos lo que había eran cajas vacías, con las que habían llenado los estantes para que uno se imaginara como era aquello cuando se guardaban allí los papeles importantes. Por eso, cuando yo, con discreción, empujé levemente con el dedo una de las cajas, esta se hundió un poco en la balda sin oponer resistencia, dado que era de pega y que dentro no había nada. Cualquiera puede ver en Internet que las panorámicas de las estancias del Archivo son impresionantes, y a ello contribuye que las estanterías están rellenas de cajas perfectamente ordenadas, pero a mí me decepcionó un poco no ver como son las verdaderas dependencias que se usan en la actualidad. Después de aquello no había vuelto... hasta el pasado domingo.

En efecto, el pasado domingo se presentó la oportunidad perfecta para volver a entrar en la Antigua Casa Lonja. Yo en parte no había vuelto porque el edificio ya lo había visto y no tenía ganas de ver más cajas vacías, pero no hace mucho parece que se modernizaron las instalaciones y se adecuaron las galerías para la instalación de exposiciones temporales. Una de estas, precisamente, fue la excusa perfecta para regresar al Archivo. Se trataba de una muestra titulada El Viaje Más Largo, y estaba dedicada a la expedición náutica que culminó con la primera vuelta al mundo y que estuvo comandada por Magallanes y por Elcano. Cuando nosotros fuimos llevaba solo dos días inaugurada y había tenido repercusión a nivel nacional, por lo que Ruth sabía de su existencia y quiso ir a verla. La exposición se podrá visitar hasta el 23 de febrero de 2020, pero nosotros no esperamos tanto para ir a verla... y no fuimos los únicos.


Con respecto a como vi el edificio después de 20 años, la verdad es que me pareció tan espectacular como la primera vez, eso hay que reconocerlo.


La principal diferencia es que ahora en las estanterías de las galerías no hay nada, al menos en las de la segunda planta (muchas están tapadas por paneles explicativos y pantallas de la propia muestra). A mí me gusta más así. No me importaría echarle un ojo a los verdaderos depósitos y tampoco estaría mal que se mostraran en vitrinas algunos de sus fondos, pero lo de llenar las dependencias de cajas vacías me pareció un tanto decepcionante, ahora no engaña y se ha convertido en un magnífico edificio, en el cual se usa para exposiciones un gran sector que ya no tiene sentido que se utilice como archivo, por su falta de adecuación a las normativas archivísticas sobre conservación de documentación y por la imposibilidad de que esté abierto a las visitas turísticas un lugar donde se supone que los archiveros tienen que estar gestionando documentos. El uso de esas galerías para exposiciones me parece más lógico.


Por otro lado, la muestra que vimos me gustó mucho, pues refleja de una manera muy clara y entretenida como fue la aventura de Fernão de Magalhães y Juan Sebastián Elcano, una de las más grandes gestas de la historia de la humanidad, que tuvo lugar hace justo 500 años. La motivación de la expedición no fue científica, ni sus integrantes tenían la intención de lograr ningún récord, ni pretendían superarse a sí mismos, ni llevar más allá los límites de lo conseguido por el ser humano. Esa mentalidad llegó con el siglo XX, en el siglo XVI lo que querían era llegar a las Islas Molucas por el oeste, una vez que se había confirmado que la tierra era redonda y que eso era posible, con la idea de petar los barcos de especias y regresar a España por una ruta, en teoría, menos complicada (originalmente pretendían desandar el camino, lo de circunnavegar el globo fue un accidente). En aquella época un navío cargado de especias era casi más valioso que uno lleno de oro, por lo que el objetivo de los hombres que zarparon de Sevilla en las cinco naos era volver con ellas repletas de mercancía y hacerse extraordinariamente ricos. Para la Corona española, por otra parte, la perspectiva de abrir una ruta directa hasta semejante fuente de riqueza por aguas menos conflictivas que las de la costa de África era suficiente motivación como para sufragar aquella aventura loca hacia lo desconocido. La expedición partió el 10 de agosto de 1519 de Sevilla con cinco barcos.


El 20 de septiembre, es decir, hace justo 500 años y dos días, las naves con 244 hombres a bordo dejaron atrás Sanlúcar de Barrameda. La cifra exacta de las personas que emprendieron la travesía varía, se han hecho muchos estudios y la horquilla va desde los 239 individuos a los 265. Yo he dado la cifra que me parece más acertada, aunque hay que tener en cuenta que en Tenerife desembarcó un marinero y embarcaron cuatro, por lo que se lanzaron hacia lo inexplorado 247 valientes. De ellos, se dejaron el pellejo en la empresa 142 expedicionarios, más otros 12 que se quedaron en el camino y que tampoco acabaron muy bien. Hubo bajas por todo tipo de razones: por enfermedades, por peleas, por ejecuciones, por accidentes, por ahogamientos o por choques armados con indígenas. A uno, con las prisas se lo dejaron olvidado en la isla de Borneo, a dos para no ejecutarlos los abandonaron en una isla desierta y hubo algunos que murieron tras haber sido apresados por los portugueses, que por la cuenta que les traía dieron todo el porculo que pudieron (aunque involuntariamente fueron los que provocaron la gesta, ya que obligaron a los que habían llegado a las Molucas a seguir hacia el oeste, en vez de desandar el camino). Aparte, también hubo 58 deserciones, entre ellas la de los 55 tripulantes que viajaban en la nao San Antonio y que se dieron la vuelta sin decir nada en el Estrecho de Magallanes. A los otros tres desertores se les perdió la pista, pero los 55 de la San Antonio sí arribaron a España con vida, aunque no dieron la vuelta al mundo.

De los 35 hombres restantes, 12 fueron apresados en Cabo Verde por los portugueses cuando ya les faltaban menos de dos meses de viaje, y completaron la vuelta al mundo algo después, vía Lisboa. Otros cinco volvieron también a Europa tres o cuatro años más tarde, después de que el barco en el que viajaban, la nao Trinidad, se hundiera estando aún en el Pacífico, fueran apresados por otros portugueses y sobrevivieran a ese cautiverio. Con la propia expedición, a bordo de la nao Victoria, solo regresaron a Sevilla 18 personas. Aquello fue una auténtica escabechina. El propio Fernando de Magallanes se dejó la vida en una escaramuza contra un grupo de indígenas en una de las islas que hoy día pertenecen a Filipinas, por lo que fue Elcano el que comandó al grupo de supervivientes.

Todo esto está explicado de una manera muy gráfica en la exposición, en la que se enseñan, como no, multitud de documentos verdaderos que estuvieron relacionados con la expedición y que se conservan en el propio Archivo de Indias.


En definitiva, a mí, que soy un gran aficionado a las expediciones de corte aventurero, ya sean al Himalaya o al Polo Sur, del siglo XVI o del XXI, la exposición me atrapó durante un largo rato y me encantó. Las niñas también estuvieron mucho tiempo embebidas y, como siempre digo en este tipo de escenarios, si una muestra pensada para adultos es capaz de atraer la atención de un niño es que está bien hecha.


Después de echar la mañana en el Archivo de Indias no quedaba otra que comer, Ruth se iba de vuelta a Madrid a media tarde y teníamos tiempo de buscar un sitio chulo para almorzar. La elección no fue difícil, porque hay un restaurante cerca de la Catedral, junto al Arco del Postigo del Aceite, que tenía ganas de probar desde hacía muchos meses. Se trata del Milonguitas, una hamburguesería que conocí a través de un artículo que leí en el periódico hace tiempo, dedicado a las hamburgueserías gourmet de Sevilla. Del listado que aparecía en ese artículo ya conocí el Burgett y el Wurst & Burguer, y ambos lugares (sobre todo el primero) estuvieron a la altura de las expectativas. La lista, por tanto, es fiable y Milonguitas está en ella.


Es evidente que volvimos a comer de lujo, lo de zamparse una hamburguesa nos suele remitir al McDonald's y a su grasaza, pero también están las hamburgueserías que hacen sus productos con carne de tanta calidad que el concepto de comida basura les queda casi tan lejos como a los de Masterchef.


Hay que decir que cerca del Milonguitas hay un lugar que incomprensiblemente no conocía (o al menos no recordaba ni por asomo). Se trata de la Plaza del Cabildo y es cierto que está un poco escondida, ya que se accede por debajo de los edificios que la encierran, o por el lado del Postigo, o por el de la Avenida de la Constitución (por este lateral da directamente a la Catedral). Realmente, la plaza se asemeja más a un patio, de hecho por la noche sus dos accesos se cierran, es semicircular y por su lado rectilíneo da directamente a un lienzo de la muralla de origen almohade. En cualquier caso, es un rincón muy recomendable.


Para cerrar, ya sí, el fin de semana, nos dimos un último paseo. Había que llevar a Ruth a la estación de trenes, pero íbamos con tiempo y para llegar al coche atravesamos el centro de Sevilla de oeste a este, pasando por el siempre pintoresco Barrio de Santa Cruz. Este está turistificado al máximo, pero ello no impide que sea un enclave con un encanto inimitable.


Tras abandonar el Barrio de Santa Cruz por la Plaza Alfaro y desembocar en el Paseo de Catalina de Ribera llegamos al lugar donde teníamos el coche y eso dio por concluido nuestro balsámico fin de semana. A mí ya casi lo único que me queda en el próximo mes y medio es estudiar. Después, volverá el Rock & Roll...


Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Sevilla: 14'2% (hoy día 100%).
En 1977, % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 0'2% (hoy día 34'7%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado SEVILLA.
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 10% (hoy día, completada ya esta visita, 50%).
En 1977 (aún incompleta esta visita), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 0'1% (hoy día, completada ya esta visita, 4%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado SEVILLA.
En 1977, % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 0'9% (hoy día 62'9%).
En 1977, % de Municipios de Andalucía ya visitados: 0'1% (hoy día 20'6%).


2 de septiembre de 2019

CÓRDOBA 2019

Las vacaciones veraniegas de este año acabaron y ya casi hemos vuelto al día a día, pero antes de cambiar el chip definitivamente y de entrar en la rutina otoñal aún tuvimos tiempo María y yo de disfrutar la pasada semana de un finde de relax. Este mes de agosto no ha podido ser tan movido como otros pasados, pero hemos aprovechado las oportunidades que se nos han presentado para viajar. Aún así, me faltaban un par de días de esos que se disfrutan en pareja, por lo que lo maquinamos todo para poder escaparnos una noche a algún lugar que fuera cercano, bonito y asequible. Córdoba se presentó como el sitio que cumplía con los tres requisitos indispensables, así que finalmente fue el destino elegido. En este blog este será el segundo post que le dedique a la ciudad califal, pero dado que allí todavía me quedan muchas cosas por descubrir estoy seguro de que no será el último.


La narración del día y medio que pasamos en Córdoba se podría dividir en cuatro grandes bloques: el alojamiento, la noche del sábado, el rato de turismo dominical y el broche de oro en los baños árabes. Con respecto al alojamiento, fue determinante a la hora de ir a Córdoba a pasar el fin de semana el hecho de que dormir en el Parador de La Arruzafa costara relativamente poco gracias a una oferta, yo nunca había estado en él y había que aprovechar. Los Paradores suelen estar en castillos o en palacios erigidos hace siglos, pero no todos son así. El de Córdoba es uno de los que están en edificios de nueva construcción, se inauguró en 1960 y, pese a que se erigió en los terrenos que albergaron el palacete de verano de Abderramán I, lo cierto es que su atractivo en este caso no tiene que ver con su relación con el pasado, sino más bien con su emplazamiento y sus instalaciones. En efecto, el hotel está situado en El Brillante, el barrio que ejerce de limite de la ciudad por el norte y se encarama ya a la sierra. Por ese lado Córdoba se acaba en esa zona, por allí solo hay adosados y chalets de nivel medio-alto, por lo que todo es tranquilo y abierto. El Parador contribuye a esa sensación, ya que está rodeado de un sensacional jardín en el que destaca una gran piscina.



Además, gracias a que El Brillante es un barrio que está en cuesta, el Parador se abre a la ciudad desde lo alto y ofrece unas estupendas vistas de la misma. En él, por tanto, no se disfruta tanto del edificio como en otros Paradores, pero en cambio sí se obtiene desde una posición de retaguardia una magnífica panorámica global de Córdoba, que es historia en estado puro.

Nosotros llegamos al Parador a eso de las 7 de la tarde, porque yo trabajé hasta las 15 horas y salimos después de comer. Pese a esto, tuvimos tiempo de darnos un chapuzón en la piscina. Yo casi nunca me baño en las piscinas, no me suele apetecer, pero en este caso hacerlo era algo inexcusable, no solo porque esta es espectacular, sino también porque nos pilló uno de los días más calurosos que recuerdo. En ese contexto, nos pegamos media hora en remojo, y no estuvimos más tiempo porque a las 20 horas cerraron las instalaciones y nos tuvimos que salir.

Del resto del Parador también disfrutamos de la cafetería, donde nos tomamos una cerveza por la noche, y de las habitaciones, que fueron tan agradables como siempre. El domingo tampoco nos privamos del bufé, con la cosa de que desayunamos con tanta calma que eso acabó provocando que tuviéramos que cambiar los planes que teníamos para la mañana.

Antes de desayunar, sin embargo, hubo que cenar la noche antes, este fin de semana no quise dejar nada al azar y, aparte de reservar en el Parador, que siempre es una apuesta segura, me lo curré para encontrar en Córdoba un restaurante donde pudiéramos cenar a gusto. El sitio que elegí se llama El Patio de María, por lo que tiene un nombre que vino al pelo. El motivo de la elección no fue ese, realmente pesaron más las críticas en Tripadvisor, la descripción del lugar que leí en Internet y su magnífico emplazamiento en la Calle Don Rodrigo, pero me resultó atractivo ir con María a cenar en plan relajado a un restaurante con ese nombre.


En cualquier caso, elegí El Patio de María por lo bien que pintaba, pero luego tenía que estar a la altura de las expectativas y la verdad es que cumplió. La única pequeña pega que tengo que ponerle es que al fondo del susodicho patio había una celebración de cumpleaños, o algo así, tan multitudinaria que había camareros con bandejas y la gente estaba de pie. Los asistentes al festejo se comportaron con tremenda corrección, pero eran muchos y charlaban alegremente en corrillos, por lo que el ruido de fondo era considerable. En un sitio así hubiera pegado más oír el rumor del agua que las risas y los ecos de la animada charla de una treintena larga de personas, pero pese a esto María y yo pudimos hablar entre nosotros sin problema, por lo que no se puede decir que la situación llegara a ser molesta. Aparte, la comida estuvo muy buena, el encantador patio cordobés del restaurante es magnífico para cenar en pareja en una noche de verano, y nos atendieron perfectamente. El Patio de María no nos defraudó.

Como apunté antes, a la hora del desayuno disfrutamos del bufé como se merecía y se nos hizo tarde para la actividad que había previsto, que era un recorrido guiado por Córdoba que incluía una visita a la Judería. Fue una pena, pero llegamos quince minutos tarde al punto de encuentro y ya no hubo nada que hacer. Afortunadamente, el tour era de los gratuitos (se paga al final el dinero que cada uno estima oportuno) y, además, me dio la impresión de que María no tenía demasiadas ganas de pegarse un pateo de dos horas, pero aún así me dio coraje el retraso. Mi consuelo fue que al menos volví a la Plaza de las Tendillas, un lugar al que hacía muchos años que no iba.


Como alternativa al tour, a María se le ocurrió que intentáramos alquilar un par de bicicletas para recorrer Córdoba. Los que hayan leído los últimos post dedicados a Sevilla que he escrito en este blog ya sabrán que desde febrero trabajo en un negocio de alquiler de bicis a turistas, por lo que la idea de ver Córdoba sobre dos ruedas debería haberme entusiasmado. Sí que es cierto que tenía ganas de ver desde el otro lado, como cliente, como es un establecimiento como el mío en otra ciudad, por ese lado me apeteció el plan de pillar una bici, pero he de reconocer, aunque no se si debería, que yo prefiero hacer turismo a pie, me encanta caminar y mi manera preferida de ver los sitios es andando. El destino me ha llevado a un empleo en el que mi misión primordial consiste en alquilar velocípedos a personas que, precisamente, lo que no quieren es andar. También tiene sus ventajas conocer las ciudades a pedales, yo hago bien mi trabajo y esa es la visión que transmito. Además, tengo pinta de deportista, he hecho triatlones y, aparte, uso la bici como medio de transporte, por lo que no me resulta difícil meterme en mi papel, pero la verdad es que a la hora de hacer turismo, salvo en momentos puntuales, que los ha habido, prefiero ir a pata. El caso es que, pese a esto, pensé que esta vez alquilar una bicicleta no era mala idea, ya pasaban las 12 del mediodía y empezaba a cascar el calor de nuevo, María estaba para pocas palizas andariegas y yo, en realidad, tenía interés por acercarme a un negocio similar al mío desde el lado opuesto del mostrador. En consecuencia, buscamos en Internet si había alguno y, aunque parece que la oferta en Córdoba no es demasiado amplia, encontramos uno llamado Elektrik que se ubica en la Calle María Cristina, cerca de donde nos hallábamos.

Luego resultó que en Elektrik están especializados en bicicletas eléctricas, patinetes, segway y otros artilugios similares. Además, nos atendió un chico que no me recordó demasiado a mí en el talante, yo soy bastante más protocolario. De hecho, el propio negocio de alquiler era bastante menos formal de lo que lo somos nosotros a la hora de arrendar nuestro material. No es que yo me haya tragado un palo, ni tampoco nos ponemos pejigueras con el alquiler de nuestras bicis a los guiris, pero sí es cierto que allí era menos evidente cual era la función principal del establecimiento, había bicicletas eléctricas en venta, material para tours, toda clase de vehículos eléctricos de alquiler y muchos utensilios. Por otro lado, todo se encontraba menos bien dispuesto de lo que lo tenemos nosotros. El chico también parecía dedicarse a más cosas de las que yo hago, ya que lo pillamos reparando no se qué en otra habitación y me pareció entender que en ocasiones ejercía de guía, de hecho por un momento pareció que se había puesto a despacharnos casi por casualidad. Yo tomé nota. Prefiero darle a mi perfil un talante más profesional, pero está claro que el desparpajo con el que nos atendió y su seguridad me dieron que pensar. Con algo de eso también me he quedado, lo mismo que con su talante más polifacético.

Volviendo a Córdoba, que es lo que nos atañe, la verdad es que salimos de Elektrik con dos bicis eléctricas. Nunca había montado en ninguna y me pareció divertido, son como pequeñas motitos en las que no se hace esfuerzo alguno, al menos en ese contexto turístico. Es cierto que con ellas abarcamos mucho más espacio que si hubiéramos ido caminando. Primero fuimos hacia el norte e hicimos una parada junto a la Torre de la Malmuerta, que da a la ronda que bordea el centro por ese lado.


A continuación recorrimos las avenidas que forman esa ronda de circunvalación por el norte y por el noreste, y nos volvimos a meter hacia el corazón de Córdoba por la Calle María Auxiliadora, que atraviesa el Barrio de San Lorenzo. Este es el que está al noreste del centro de Córdoba, en el extremo opuesto a la zona más popular del casco histórico. En la Calle María Auxiliadora nos alojamos la última vez que fuimos a Córdoba y por ello en aquella ocasión pasamos varias veces por delante de la Iglesia de San Lorenzo, que data del siglo XIII y que por fuera es imponente.


Por dentro, sin embargo, no llegamos a visitarla, por lo que esta vez al verla abierta no dudamos en aparcar las bicis en la puerta y entrar.


Tras esta parada continuamos la marcha. En el rato siguiente dimos muchas vueltas y me desorienté en poco. Para mí es importante, cuando visito los sitios, hacerme una idea de como están estructurados a nivel interno, fijándome en su disposición urbana. Para ello no me importa ir con el mapa en la mano, prestando atención a la ruta que voy siguiendo. Me gusta saber como se configuran los barrios de las ciudades y como se distribuyen las calles en ellos, pero circulando en bicicleta percibir eso es harto difícil, en primer lugar porque no se puede ir pedaleando y mirando un mapa, y además porque va uno mucho más rápido. Si a esto le sumamos que yo me desoriento en mi propio cuarto de baño, pues el resultado es que yendo en bici en un contexto como este acabo teniendo la sensación de que voy dando vueltas por la ciudad como un pollo sin cabeza. Esa es la razón de que prefiera caminar cuando hago turismo.

Por todo lo dicho, en Córdoba lo único que recuerdo del final de la primera parte de nuestro recorrido es una serie de sitios concretos descontextualizados. Uno de ellos, por ejemplo, es la Plaza de San Agustín, que está en el meollo del centro, aunque no se como llegué allí.


No obstante, lo positivo de lo de las bicis es que, en efecto, pudimos unir puntos distantes de la ciudad casi sin esfuerzo, de hecho yo estaba empeñado en ver la Judería y, dado como se había desarrollado la mañana, no hubiera podido hacerlo si no hubiéramos ido sobre ruedas. Gracias a esto, tras dar unas cuantas vueltas por el centro bajamos hasta el paseo que corre paralelo al Río Guadalquivir y bordeamos por el sur todo el casco histórico cordobés hasta llegar al entorno de la Judería, en el Barrio de la Catedral. Antes de meternos en ese entramado de callejuelas aparcamos las bicicletas, por lo que recorrimos el antiguo sector judío a pie. Yo ya había visitado Córdoba, pero en esa parte nunca había estado y tenía ganas de que, en esta ocasión, ese lugar no se quedara pendiente.

Mi idea inicial era ver la Judería, comer sin alejarnos mucho de ella y cerrar nuestro fin de semana con una actividad que es ya casi indispensable si se va a Córdoba, que es ir a unos baños árabes. Yo en 2007 estuve en los Baños Árabes Medina Califal, que estaban en la Calle Corregidor Luis de la Cerda, junto a la Mezquita-Catedral, y que siguen en el mismo sitio, aunque ahora han cambiado de nombre. Esta vez, sin embargo, me decanté por otros que están precisamente en la Judería. Yo había planeado que nos quedáramos por allí después de verla, pero tuvimos que ir a devolver las bicicletas, por lo que regresamos al punto de partida. Finalmente, para ir al spa tuve la oportunidad de andar...

Con respecto a la Judería, no me extraña que sea uno de los enclaves más afamados de Córdoba, porque es espectacular. Realmente es una zona pequeña que ocupa una especie de triangulo isósceles al que parece que se le hubiera cortado el vértice a la altura de la Puerta de Almodóvar.


Los límites del triángulo los conforman las calles Judios y Tomás Conde por el oeste, la Calle Almanzor, la Calle Romero y el extremo de la Calle Deanes por el este, las calles Manríquez y Judería por el sur, y la Calle Puerta de Almodovar por el lado en el que debería estar el pico del triángulo.


En la pintoresca Calle Judios (es la de la foto que está justo abajo) se juntan tres de los principales highlights de la Judería: la Estatua de Maimónides, la Sinagoga de Córdoba y el Zoco Municipal.



Ver la Sinagoga era el principal objetivo turístico que me había marcado este fin de semana, dado que no la conocía a pesar de su importancia. Esta radica en el hecho de que es una de las tres únicas sinagogas de época medieval que sobreviven en España.


El templo judaico es una maravilla, su entrada es gratuita y está muy bien conservado, por lo que no se puede pedir más.



En la Calle Judios, a pocos metros, está también la entrada al Zoco Municipal. El mismo engaña un poco, porque está tan bien hecho que uno se cree que lleva ahí 1.000 años y que era el mercado de la Judería en época medieval, pero lo cierto es que tiene poco más de 60 años.


Lo bueno que tiene es que es precioso y, realmente, es tan espectacular que uno se imagina que en tiempos de Al-Andalus era el zoco del barrio judío. Pese a esto, en realidad hasta los años 50 de siglo XX esa gran sucesión de patios formaba parte de la Casa de las Bulas, cuya fachada da a la Plaza de Maimonides. Esta casa data del siglo XVI y fue adquirida a mediados del XX por el Ayuntamiento de Córdoba, que montó un museo en ella y habilitó los patios a modo de zoco para otorgar a los artesanos locales un lugar donde fabricar y exponer su género. Nosotros lo vimos un domingo casi a la hora de comer y quizás eso ayudó a que estuviera muy tranquilo. Es evidente que está en uso, se ve que hay negocios de artesanía en activo, pero el día que nosotros fuimos estaban casi todos cerrados, gracias a lo cual vimos muy bien la sucesión de patios.





Por último, nuestro fin de semana acabó de la mejor manera, en los Baños Árabes de Córdoba, que para mí también estuvieron a la altura de las expectativas. Están ubicados en una bocacalle sin salida de la Calle Almanzor.


Yo tenía el recuerdo de los Baños Árabes Medina Califal, que han perdurado en mi memoria como los mejores que he visitado.


Pese a esto, decidí no repetir y me decanté por reservar en los otros, que creo que son más pequeños, pero que cumplieron con los tres requisitos básicos que deben tener este tipo de sitios, que son estar bien ambientados, no abusar de la cantidad de gente para que se preserve el ambiente relajado y que las aguas tengan temperaturas apropiadas. Con respecto a todo esto, a los Baños Árabes de Córdoba no les puedo poner ninguna pega, el masaje que nos dieron también estuvo a la altura y se me pasaron las dos horas en un suspiro, por lo que la experiencia fue el colofón perfecto a un fin de semana que, ya sí, da por finiquitado para mí el verano de 2019, en lo que a excursiones y viajes se refiere. El otoño estará mediatizado por un examen muy importante que tengo que hacer en noviembre, por lo que van a ser pocos los post que escribiré en los próximos meses. Gracias a estos dos días empiezo este periodo con las pilas bien cargadas.



Reto Viajero POBLACIONES ESENCIALES DE ESPAÑA
Visitado CÓRDOBA.
En 2000 (primera visita real), % de Poblaciones Esenciales ya visitadas en la Provincia de Córdoba: 16'6% (hoy día 50%).
En 2000 (primera visita real), % de Poblaciones Esenciales de España ya visitadas: 17'1% (hoy día 34'7%).

Reto Viajero TESOROS DEL MUNDO
Visitado CÓRDOBA.
En 2000 (primera visita real, aunque incompleta aún para este reto), % de Tesoros ya visitados de la España Musulmana: 50% (hoy día, estando aún esta visita incompleta, 50%).
En 2000 (primera visita real, aunque incompleta aún para este reto), % de Tesoros del Mundo ya visitados: 2'6% (hoy día, estando aún esta visita incompleta, 4%).

Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado CÓRDOBA.
En 2000 (primera visita real), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Córdoba: 1'3% (hoy día 5'3%).
En 2000 (primera visita real), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 4'3% (hoy día 20'6%).